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Una Caza En Condiciones

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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Dom Jun 02, 2013 2:34 am

Pronto nuestra conversación se vio interrumpida ante el grito de alarma, y ante eso supimos que no habría oportunidad de seguir la charla hasta que la criatura estuviera muerta, tarea que, francamente, estaba ansioso por llevar a cabo. Como guerrero experimentado siempre me ha gustado tener que hacer frente a todo tipo de situaciones, en parte porque así, si sucede algo que ya he hecho con anterioridad sabré reaccionar correctamente y en parte por el simple hecho de poder enorgullecerme de haber dado muerte a una criatura legendaria. Enya había contado que tuvo una hazaña con una criatura y le respondí, sonriendo: -Lo importante es que tú viviste, por lo que asumo que el monstruo no lo hizo. Sobre lo de la guerra, no se lo deseo a nadie, pero si es seguro que el Imperio y tus gentes van a entrar en conflicto no te contengas a la hora de preguntarme acerca de la guerra.-

Tras eso, fue Arthorius quien habló, hablando de una manera algo ausente que me hizo saber que él también tenía un recuerdo traumático referente tanto a bestias como a asedios, ante lo cual respondí, alzando una ceja: -Esa historia tienes que contarla nada más muera nuestra presa. Viendo que te miras las escamas, significa que os atacaron seres que también las poseían... Si fueron dragones, definitivamente eres el mejor guerrero de los tres, hermano.-

Cuando vimos a la criatura que nos atacaba los tres nos quedamos bastante sorprendidos al ver el salto que pegó y cómo gracilmente se hundía en la arena como si fuera agua, dejando un terremoto a su paso. Me agarré a la balista para evitar caerme, y tras eso me quedé a la espera de que apareciera la criatura tras dar algunas órdenes. Enya subió al mástil, mientras Arthorius empezaba a hablar. Me giré para poder mirarle y le respondí, gritando para que él también pudiera escucharme: -¿¡En ese caso cuál es el plan, Arthorius!? ¡Sabes que de barcos entiendo poco, y menos aún de barcos de arena, maldición! ¡Dales las órdenes a los marineros, y si necesitas que haga algo que no sea disparar dímelo! ¡Tú estás al mando, camarada! ¡Mientras no sea una locura peor que la mía, obedeceré!-

En ese momento vi que el hombre empezaba a sacar unas largas cuerdas y se disponía a atarlas en el mástil tan fuertemente como pudo. Su idea me tenía intrigado, de modo que esperé a que la completara antes de hacer nada más. Finalmente pude ver qué hizo, y me arrojó una de las sogas mientras me daba algunas indicaciones. Solté la balista de repetición y agarré la cuerda, pasándomela alrededor de la cintura y buscando que quedara en algún sitio donde no entorpeciera la armadura ni ninguno de los bordes de la misma pudiera cortarla. Hecho eso, la até bien fuerte, y escuché entonces que Arthorius le gritaba a Enya. Me giré a mirar, preocupado, pero no podía hacer mucho en esos momentos. Solamente mantener las manos fijas en la balista y buscar una buena oportunidad para descargarle una tanda de saetas.

Nuestro camarada empezó a explicarnos que el ser no se centraba en el barco y que estaba huyendo... De algo. Aquél pensamiento no me dio buenas vibraciones, pero aún con todo decidí hacerle caso al antropomorfo y apuntar mediante la cruceta que llevaba la balista. Me agaché, preparándome para poder disparar mejor, y tras eso agarré el mango que había debajo con la mano derecha, dejando que la culata reposara contra mi hombro, mientras la mano izquierda agarraba la manivela que se encargaba de disparar y recargar con rapidez. Fijando la cruceta en el sitio desprotegido más grande que pude encontrarle al Jhen Mhoran ese, grité para que Arthorius me escuchara: -¡A mí me preocupa saber de qué demonios está huyendo este ser, si es que realmente está huyendo! ¡A una criatura así no se la hace correr con facilidad!-

Desgraciadamente, no pude empezar a disparar antes de que la criatura desapareciera bajo las arenas. El barco empezó a escorarse a babor mientras la criatura aparecía de estribor, hallándose peligrosamente cerca. Afortunadamente el navío no acabó del revés, mientras la criatura seguía avanzando hacia adelante, y recé porque los bordes afilados del barco le hubieran hecho daño a la criatura, mientras yo giraba la pierna izquierda y la apoyaba extendida contra la borda, mientras hacía fuerza con las manos y el pie derecho, evitando así la caída. En ese momento, un par de gritos detrás de mí se escucharon, uno de Enya, y el otro de Arthorius. Me giré un instante para ver qué demonios pasaba mientras el barco recuperaba su posición normal, y entonces lo vi. La mujer estaba cayendo desde el mástil, y ahí no pude evitar soltar una imprecación: -Mierda...-

No podía reaccionar en aquellos momentos, no creía estar lo suficientemente cerca y encima yo llevaba toda la armadura puesta. Si ella se estampaba contra mí a aquella velocidad... Saldría muy mal parada entre los bordes afilados de mi defensa y todo. No, definitivamente no podía ayudarla yo mismo, de modo que me giré buscando con la mirada algunos marineros mientras gritaba: -¡Si hay algún marinero cerca que la ayude, maldición! ¡Un golpe desde esa altura puede ser bastante grave, y yo llevo demasiada armadura como para poder recogerla sin empeorar las consecuencias!-

Tras eso volví a girarme, rezando interiormente para que la muchacha no se matara ni se quedara incapacitada, y agarrando de nuevo la balista como antes, apunté a la espalda del Jhen Mhoran, buscando de nuevo un punto poco defendido para empezar a descargar sobre él una lluvia de virotes, manteniendo el ojo izquierdo cerrado para poder apuntar mejor y así maximizar el daño que le hicieran mis disparos. Esperaba que acertaran y que se clavaran, al menos la mayoría, o de lo contrario debería rendirme a la evidencia de que las armas de proyectiles no eran lo mío.
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Enya el Vie Jun 07, 2013 9:40 am

A mitad del ascenso escuché voces a mis espaldas. Era Arthorius y su cabreo era notable, entendible también. El antropomorfo escamoso no hacía más que gritar órdenes e insultos, más de los que me hubiera gustado escuchar en mitad de aquella complicada tarea que tenía entre manos, pero sin embargo a mis oídos no llegaron tal cosa… Llegó la razón. Maldita sea, ¿cuántos años llevaba yo cazando? No era una novata, desde luego, sin embargo había cometido el error que todo joven al que acaban de entregarle el arco y las flechas comete: El exceso de confianza.

Antes de que pudiera darme cuenta el barco se zamarreó, desconozco los motivos del por qué, pero la impresionante altura que había tomado, y que me permitía ver sin problemas la espalda del monstruo bajo los rayos de aquel sol de justicia, jugó en mi contra cuando me falló el agarre al cilíndrico madero que ejercía de mástil para aquel barco. En esos momentos no pude evitar precipitarme al vacío desde una altura más que considerable. Sabía que caer de forma seca contra la madera no me causaría sólo una contusión, como en el otro barco, ésta vez el impacto seguramente terminaría por romperme algo, pues además estaba falta de protecciones metálicas con las que guarecerme, así que pensé lo más rápido que pude en la solución.

-¡La cuerda! – Chillé.

Sin dudarlo un segundo me agarré a los bigotes de morsa trenzados para ralentizar la caída y hacerla más suave. Por desgracia aquello tampoco me evitó recibir una lesión dolorosa, aunque no desconocida para mí. Al caer desde tanta altura –no sé cuánta exactamente, para qué mentir- mi hombro no pudo hacer demasiado para sostener todo el peso de mi cuerpo, aumentado además por la velocidad, en un solo tirón seco así que se salió de su lugar haciéndome aullar a los vientos desérticos del mismo dolor. Me había dislocado un hombro, pero al menos estaba de una pieza y sólo tenía que buscar quien me ayudase.

“¡Khaelos!” Pensé primero, pero al momento descarté esa opción. Él estaba apuntando con la cruceta de aquella enorme balista al monstruo. A continuación Arthorius cruzó por mi mente, aunque no por demasiado tiempo cuando recordé su enfado. Maldición, tampoco veía marine alguno cruzar por delante de mí y ponerme a gritar como una damisela en apuros no era mi estilo, mucho menos en mitad de una cacería tan épica como aquella.

-¡Arthorius! –
Grité finalmente, tragándome el orgullo con todo mi esfuerzo: - ¡Necesito que me golpees en el hombro, me lo he dislocado! –

Sabía bien cómo actuar a continuación. En cuanto mi escamoso amigo me recolocase, no sin un dolor muy a tener en cuenta, la extremidad dislocada no tardaría ni diez segundos en atarme una de esas cuerdas que había por la cubierta en la cintura y ésta a su vez al mástil. No quería caer de nuevo, mucho menos a la arena con tal titán surcándola como si de agua se tratase.

Sin embargo… ¿Y si no me ayudaba? ¿Y si no me escuchaba a causa del crispante sonido del barco al partir las dunas tan cerca de aquella criatura? Si ocurría así, tendría que ingeniármelas para reajustarme yo misma el hombro, cosa que haría impactando con un placaje directo sobre la dura madera del mástil. Conocía bien las consecuencias de un mal golpe en lesiones como esa, pero confiaba en que las diosas me fueran propicias. Morrigan jamás olvidaría a una de sus hijas, de eso estaba tan segura entonces como lo estoy hoy.
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Cerverus Dante el Sáb Jun 08, 2013 8:29 pm

Conforme Dante entró en la estancia buscando señales de vida recibió como bienvenida un cuchillo en el cuello. Parecía que la tal Jasmine no era una persona muy lo que se dice muy sociable. –Valla, veo que he ido a dar con una mujer susceptible…¿Siempre recibes a las visitas así?- Dante no podía evitar ser insolente ni con un cuchillo en el cuello. El mismo no sabría decir si era una total seguridad de que saldría vivo de cualquier situación que viniese o, simplemente, le daba igual. Quizás había visto tanta muerte que le había perdido el respeto. Igualmente dio un paso atrás y levantó las manos dejando entender que ella ganaba. Sabía que podía cortarle el cuello mucho más rápido de lo que él podía recitar un conjuro.

La mujer les habló de la criatura, al parecer una especie de gusano o algo parecido, llamado Giginox, o algo así, que se movía por las paredes y el techo y aprovechaba los túneles para emboscar a sus víctimas. Le molestó el detalle de “averiguad vosotros lo que hace la bolsa gelatinosa” pero pensando en el rentintín de la advertencia, el mensaje probablemente venía a ser mas bien “no dejes de ninguna manera que te toque la bolsa”. Quizás era venenosa, o corrosiva… fuera como fuese, había que tener ese ataque en cuenta.

Finalizadas las explicaciones, la mujer les apuró a que saliesen de la cabaña. Definitivamente no acostumbraba a tener muchas visitas.

Dante bufó y salió de la casa. El frío montañés se hizo notar en cuanto pusieron el pié fuera, por suerte, el venía de una zona más bien fría, y la vestimenta de cuero grueso aportaba una protección respetable ante las inclemencias del viento helado, pero, de todas formas, no era recomendable pasar demasiado tiempo quieto.

Dante empezó a andar, nuevamente sin dar conversación a su compañero cánido. Caminaba de brazos cruzados, frotando los brazos contra el cuerpo para mantener el calor por fricción. El sendero principal no era demasiado duro y la llegada a la cueva se produjo con relativa facilidad. Dante se fijó en unas antorchas colocadas a la entrada. -¿Y esto? –Exclamó Dante en voz alta -¿Lo ha dejado aquí esa mujer o es que alguien acostumbra a usar este túnel?

Dante observaba mosqueado las antorchas. Dos antorchas sin ningún combustible para futuros encendidos no eran una iluminación segura para entrar en una cueva, al menos, no en una que estuviese habitada por monstruos, y si usaba magia para alumbrarse durante todo el camino, corría el riesgo de tener un fallo mágico, como ya había ocurrido previamente en el combate con el tiburón de arena. – No creo que esto sea suficiente…

Dante se alejó hacia atrás empezó a mirar hacia alrededor, hacia abajo, hacia arriba de la montaña. Quizás en la zona hubiese algún tipo de árbol del que sacar combustible o alguna otra población a parte de la casa de aquella mujer poco amigable donde aprovisionarse. La solución a su demanda vino de lo alto. Pendiente arriba, podía verse una pineda.

-Mira Schacal –Dijo el piromante en tono firme –Yo no te caigo bien y tu a mi tampoco, pero escucha lo que te estoy diciendo. Entrar ahí solo con estas antorchas no es un medio de iuminación seguro, y menos cuando empiece la pelea. La resina de pino es inflamable, y mucho. Se puede usar para mantener encendida la antorcha o podemos prenderla de forma independiente. Y si a ese bicho le atrae la luz, bien podríamos usar una pequeña llama como cebo. Antes de entrar, yo digo que deberíamos subir y recolectar una cantidad al menos suficiente para un par de usos. Si estás de acuerdo o no me da igual. Yo pienso subir.

Y dicho esto Dante ascendió por la pendiente, mirando en principio fijamente a la pinada, para no perder de vista el objetivo, pero, en cuanto la pendiente se hizo algo mas difícil, comprobó enseguida que lo que le convenía era mirar donde se sujetaba con las manos y dejar que el camino y la paciencia le llevasen hasta arriba. Tuvo que detener su avance un par de veces para recuperar energías y buscar el mejor lugar para continuar, aunque notar el frío le hacía ponerse en marcha de nuevo enseguida. Finalmente, llegó a la pineda, donde se disponía hacer su explotación resinera particular. Había sido una suerte que el ejército, además de dotarle con conocimientos de magia de combate, también le había enseñado a aprovechar los recursos naturales. Con su espada retiró la corteza del pino hasta llegar a la segunda capa, y allí clavó la espada, para después colocar un frasco debajo, donde recolectar el que iba a ser su combustible de emergencia. También embadurno con ella los virotes de la ballesta, por si en algún momento le era útil.

Una vez tuvo una provisión decente, descendió por la colina. Como suele ocurrir, la bajado era más fácil que el ascenso, aunque solo sea por tener la gravedad a favor.

Una vez ante la cueva, encendió la antorcha con su magia y caminó hacia el interior. La caverna era un complejo de múltiples túneles que se entrecruzaban unos con otros. En un lugar así, era bastante fácil perderse. Para evitar esto, fue untando con la resina varias zonas, conforme avanzaba, para después, encenderla. De este modo, la luz le serviría de ayuda para saber por donde había cruzada anteriormente.

El estrecho túnel dio posteriormente lugar a un ensanchamiento, que hizo que a partir de ahí el camino se volviese algo mas cómodo en cuanto a movilidad. Dante esperaba no tardar demasiado en encontrar a la criatura, pues cuanto mas se adentraban en esos túneles, mas probabilidad había de no conseguir salir después. ¿Cómo de grande podía ser el complejo de cavernas? ¿A que profundidad podía vivir ese bicho? La segunda pregunta fue pronto respondida por un sonido de succión viniendo desde arriba. Cuando el hombre alzó la mirada, se encontró con la que posiblemente era una de las criaturas mas horrendas que jamás hubiese visto. El cuerpo de la correosa criatura recordaba a una enorme sanguijuela , con patas palmeadas similares a las de un geco o una salamandra y una esepcie de alas en las patas delanteras. Tal como describió Jasmine, era difícil distinguir la cara de la cola de esa criatura, ya que, carecía totalmente de rasgos, a excepción de una luz morada situada sobre la cara (¿eran ojos acaso?) y por supuesto, la boca por la que un pobre animal estaba siendo engullida hacia dentro.

Había que pensar rápido. La criatura aún no había atacado, pues estaba ocupada engullendo su actual plato, pero era probable que decidiese convertirlos en postre en cuanto acabase. Su objetivo, eran unas glándulas situadas en cara, cola y abdomen, por lo que había que evitar atacar a cualquiera de estos lugares. Lo primero, era obligarla a bajar al suelo, ya que si se veían obligados a combatir mirando hacia arriba tendrían una desventaja palpable. La criatura, aunque parecía un gusano, o lo era, tenía cuatro extremidades, y claramente, eran estas con las que se adhería al techo. Si perdía una o dos, probablemente caería al suelo, y entonces el trabajo se facilitaría ampliamente. Con esto en mente, apuntó al brazo-ala derecho, realizó los mas que aprendidos gestos del conjuro y disparó al ala. No parecía un blanco muy difícil, pues el ala ocupaba una superficie notablemente grande y a juzgar por la comparación entre el grosor de su cuerpo y la longitud de sus patas no podía ser demasiado rápido. Una vez hubiese perdido dos extremidades, debía convertirse en una presa fácil, o eso esperaba.
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Snarl el Sáb Jun 08, 2013 11:54 pm

El buen cazador reconoce cuando está en desventaja
Es en esos instantes cuando su mente debe de trabajar más
Ya que debe de volver aquella desventaja en una ventaja
Debe de esperar el momento preciso, a pesar de ser perseguido
Y cuando pueda ver el blando de los ojos de su presa
Atacar, veloz como el viento y fuerte como la roca.

Christian Chacana 08 de junio de 2013

Un consejo de un viejo cazador, cuando decidas cazar a una bestia, es mejor no errar el disparo, ya que si lo haces, tú te volverás su presa y está en tu cazador. Desde el ardiente desierto, a lo mas gélido de las profundas montañas, la primera pisada de la bota del Schakal contra la nieve hizo que se estremeciera completo, y su pelaje se erizara de forma notoria, no le agradaba el frio en lo absoluto, y sinceramente, prefería estar completamente empapado por la lluvia a tener que soportar un solo minuto al frio de las montañas, lamentablemente para el, un trabajo era un trabajo y muy a su disgusto, camino por la nieve hasta lo que parecía el lugar donde debía de estar la hembra. Tan solo al entrar se sintió el ambiente tenso, si bien la experimentada cazadora parecía amenazante, algo en el interior del antropomorfo se retorcía, como si gritara a todo pulmón “ARRÁNCALE LA CARA, CÓRTALE EL CUELLO, SÁCALE EL CORAZÓN, ANTES DE QUE LO HAGA ELLA A NOSOTROS” pero solo era una voz en la mente del Schakal, por suerte se controlo, ya que el actuar contra el inútil del pirómano le tranquilizo algo. Después de una “agradable presentación” sucedió algo aun mas tranquilizante… la descripción de una maldita sanguijuela trepa muros. La explicación fue más que útil, aunque al parecer, el resto quedaba por ser averiguado por los cazadores, con desagrado el Schakal siguió al humano hasta la puerta, pero cuando este ya se habia marchado, el antropomorfo se giro hacia la mujer.

-Dime una cosa hembra… ¿Qué sucederá cuando traigamos la bestia? … ¿significara que logramos lo que tú no te atreviste? O ¿simplemente enfrentar lo que te dio miedo?-


No espero al contestación, ya que de un golpe cerró la puerta, mientras rodeaba la caza, si irían a una cueva y la bestia era atraída por la luz, era mejor llevar algo para tener fuego, por suerte, en un barril a medio cubrir por la nieve, encontró dos antorchas poco húmedas, lo suficiente para encender o eso esperaba. Nuevamente en la nieve Snarl no dejaba de mascullar, por una parte molesto, por otra parte, iracundo, por el frio, el camino no fue largo o por lo menos eso le pareció al antropomorfo.

Cuando la caverna estaba a la vista y las antorchas iluminaban su entrada, las palabras del humano le parecieron aun mas molestas, como la de un ratón chillando antes de ser reventado entre garras, de cualquier manera, no le siguió, no tenía interés en helarse el rabo y las patas, por lo cual espero en la abertura de la cueva, cerca de las antorchas que ardían inútilmente, ya que la luz del día era lo suficientemente luminosa para iluminar la entrada de la cueva y las antorchas se consumían inútilmente. Minutos más tarde el piromante volvió, no el presto mucha atención, tan solo agarro una de las antorchas, la que parecía menos consumida y siguió el camino, las galerías traían olores peculiares, algunos a muerte otros a piedra viva y fría, el pasillo termino en una serie de galerías y un ensanchamiento útil, por suerte, aun en la oscuridad, el aroma al exterior era posible sentirlo, una forma de estar seguro de que habría una salida si debía de sacrificar al humano.

Los instantes pasaron, y el sonido y aroma de sangre hizo que el Schakal subiera la mirada, a la vez que alejaba la antorcha de su cabeza, así podría tener una mejor visión de todo, cosa que le ayudo a ver a la criatura en su mayoría, blanca como un cadáver y horrible como los humanos, sin esperar que el actuar del humano funcionara, el Schakal retrocedió, hasta tener la pared de roca en su espalda, a la vez que desenvainaba, no quería darle la espalda a la bestia aun menos viendo su desagradable forma de … “comer”. Es mejor estar preparado … el poco conocimiento sobre como la criatura se movía, que tan rápida era o siquiera que tan fuerte seria, eran datos que es mejor precaver.


~La familia ... ¿Que sentido tiene cuando hay que despedazarla con tus propias fauces? ... ¿Cuando hay que caminar entre los cadáveres de aquellos que llamaste hermanos y pisar sus entrañas para seguir viviendo? ... la familia ... ~






~Sobrevivir es lo importante ... La forma no~
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Arthorius Bloodbane el Dom Jun 09, 2013 11:39 pm

Vi como la mujer caía desde el mástil, precipitándose al vacío mientras la voz de Khaelos resonaba rápido por toda la nave. Sin embargo, no quedaba ningún marinero en la cubierta, la única compañía que teníamos era el vigía y el resto de tripulantes en las bodegas preparándose para mantener el barco. Al igual que en la otra caza, parecía que allí estábamos solos.
Vi como la bestia se alejaba nadando, con un par de fracturas en las rocas de su espalda provocadas por el armamento del blindaje de la nave. Ese golpe no había sido gratuito.
Pero antes de que la mujer cayese al suelo, logró agarrarse a una cuerda y bajar deslizándose unos metros, pero finalmente cayó al suelo, cuando se había agarrado no pude evitar escuchar el sonido de algo al quebrarse, y lo que al principio pensé que se trataba del casco del navío al desplazarse por las dunas, me percaté de que era Enya, o más bien su hombro. La mujer, me pidió ayuda después de un pequeño silencio tras su grito de dolor ante la seria luxación de aquella articulación. Resoplé al escucharla, y me acerqué a toda velocidad hacia su posición.

-... No vuelvas a precipitarte...-Dije mientras colocaba mis manos en torno al hombro de la mujer, se podía notar firmeza en mi tacto, pero a la vez un cuidado y suavidad enorme, el mismo que tendría un padre con su hija. No era la primera vez, por desgracia, que veía algo así. Y sabía que mis oidos chirriarían cuando Enya gritase de nuevo, pues seguro que lo haría.-Esto te dolerá, y mucho... Contaré hasta cinco... Uno... ¡Cinco!

Saltándome varios números, la pillé de improviso, y de un fuerte tirón coloqué la cabeza del hueso en su sitio, y tal y como me esperaba, el grito retumbó en mis tímpanos, pero también había escuchado el crujir del hueso, y había notado como se desplazaba hasta dentro de la articulación. Le dolería, seguro, pero la peor parte tan solo serían unos minutos, después y durante unas semanas aquella zona quedaría muy sensible.. Esas lesiones no se superaban fácilmente, pero... La adrenalina le ayudaría a seguir combatiendo, eso si, no sin mucho dolor y esfuerzo. De hecho, empezaba a preguntarme si sería capaz de tensar el arco con esa lesión.
Después de eso me levanté y miré la situación a mi alrededor. Khaelos había descargado una andanada con su balista sobre el lomo de la criatura. Si bien parecían estar bien profundas, su tamaño era ridículo en comparación a la misma. Probablemente sintiese lo mismo que cuando nosotros nos pinchamos con una aguja, el toque es molesto, pero no causa un dolor propiamente dicho.

-Venga... Sigamos con ese malnacido... Y ten cuidado la proxima vez.-Le dije dándole la espalda, con la espada en la mano brillando a la luz del resplandeciente sol y con la melena ondeando por la brisa del desierto.

Contemplé el movimiento de la criatura, que continuaba su implacable avance por las arenas del desierto, con total tranquilidad y como si nada de lo anterior hubiese ocurrido. ¿Que podía hacer? Si, tenía una ballesta, que había dejado junto al resto de mi armadura en la bodega, al considerar sus virotes totalmente inútiles contra una bestia de ocho decenas de metros. Pero mi puntería no era espléndida, y eso hacía que a la distancia a la que se encontraba la bestia, utilizar las balistas habría sido una pérdida inútil de la munición que tenía el barco, lo mío era el cuerpo a cuerpo, el problema era ¿Como demonios hacía eso contra una criatura de ese tamaño? Mi mente repasó todo el armamento de la nave. Balistas, espolones, cañones, balistas de repetición, y varios artilugios que no tenía del todo idea de para que se usaban. Como aquel enorme Gong. Al principio creí que podría tratarse de una decoración, pero viendo que en aquel navío a parte de armas no había nada. Y que tampoco nos acompañaban otros barcos para comunicarnos ni dar señales, no se me ocurría que uso podría tener. Y mientras Khaelos y Enya se las apañaban para atacar como podían, aprovechando que ellos si poseían una precisión decente, me acerqué a la puerta que daba lugar a la parte inferior del barco, y lancé mi pregunta a los hombres que se encontraban allí, en su mayoría hombres que parecían encargarse del mecanismo que permitía que el barco surcase las arenas.

-El Jhen Mohran a veces ataca a la nave directamente, pero su vista no es del todo buena, por lo que se guía por el sonido. El Gong es para aturdirla si se aproxima en exceso, se puede activar golpeando con fuerza el mecanismo que hay justo ante el mástil central.-Me explicó con velocidad uno de aquellos hombres.

Sin mediar más palabras, cerré la puerta y me encontré de nuevo ante el brillante y reluciente sol del desierto. Aquel enorme bicho seguía sin dar signos de debilidad, pero tampoco de atacar a la nave. Continuaba nadando impasible por aquel enorme mar dorado. Tenía que hacer algo para que lográsemos vencerla... ¿Pero que?
En mi cabeza rápidamente se formó la figura de la bestia, que había visto cuando su enorme e imponente cuerpo se separó de la arena con aquel gigantesco salto. Las partes más destacables era la cola, los enormes colmillos de varios metros de longitud, y las patas. En si el cuerpo era ancho y alto, coronado por una cresta de rocas que iba desde la cabeza hasta la cola. Era prácticamente como lo había descrito Mushasi. Pero a pesar de sus enormes dientes, yo lo habría calificado como una Ballena de arena más que como un dientes de sable.
Ante la forma de conseguir golpearle, el primer pensamiento fue simple y llanamente colocarnos por detrás, dado que desde allí no podría alcanzarnos con los colmillos. Pero casi a la vez que la idea, se formó la desaprobación. La cola estaba en su mayoría sumergida en la arena, si posicionábamos el barco ahí atrás, fácilmente podría destrozarlo de un coletazo. Otra opción era atacar justamente por delante, donde podríamos estar a salvo de aquel miembro móvil tan peligroso, pero aquello no era mejor, los cuernos podían alzarse de las arenas un par de metros y aplastarnos con la misma facilidad que nosotros aplastábamos insectos.

-¿Entonces? ¿Que atacar?-Fue mi pensamiento... Y rápidamente me contesté.-Hay que ponernos en una zona que no mueva demasiado, y acercarnos. Su mayor ventaja es su tamaño, pero también su desventaja, a cierta distancia no importará cuan pésima sea mi puntería, tendría decenas de metros como margen de error. Teniendo en cuenta su estructura, las partes más móviles son, la cola, y las patas, que utiliza para nadar, y la cabeza, que debido al gran tamaño de los colmillos es realmente fácil abarcar una área amplia de un simple movimiento. Entonces ¿Que nos queda? ... El costado

Y como siempre, agradecí mi velocidad de pensamiento, pues mientras me dedicaba a analizar todos los datos obtenidos, apenas habían transcurrido unos pequeños segundos. Asentí satisfecho con mi elección y rápidamente me coloqué ante el mástil, donde todos pudiesen escucharme sin problemas por encima del ruido que provocaba todo el ajetreo que teníamos alrededor.

-¡ACERCAD EL BARCO A SUS COSTADOS, ENTRE LAS PATAS HAY UN GRAN HUECO QUE PODEMOS APROVECHAR, AHÍ NO HAY MUCHO MOVIMIENTO!-Grité con todas mis fuerzas, y tras unos segundos de incertidumbre, la madera del casco crujió y vi cono a gran velocidad el navío empezaba a aproximarse a la bestia. El vigía daba algunas vagas indicaciones de hacia donde debíamos ir, mientras que desde los ojos de buey, los encargados de la maquinaria precisaban más los movimientos. ME intrigaba como funcionaban aquellas cosas, pero ya lo descubriría más tarde. Sin esperar un segundo más me coloqué ante una balista, y cuando la bestia y nosotros estábamos ya a suficiente distancia como para que un fallo me pareciese poco probable, comencé a disparar como podía los grandes arpones, apuntando a la zona que se encontraba entre su costillar y la gran cresta de rocas.


"Ninguno de los hombres se tomó a bien el recibimiento de la experta cazadora, que dura como una roca y fría como el hielo les había despachado como si no se tratasen de nada importante. Ambos intentaron herirla con un par de palabras e insinuaciones, a la cuales ni tan siquiera prestó la más mínima atención. Al parecer, poco o nada le importaban sus palabras...
Ellos salieron de la cabaña, y cada uno continuó el camino como pudo. El humano fue quien encabezó la marcha, mientras que el Schakal se quedó atrás tomando un par de antorchas apagadas y algo húmedas de la reserva de la cazadora, y tras varios minutos andando hasta la cueva, hicieron una nueva pausa en su avance. Mientras el piromante se dedicaba a extraer la resina que utilizarían para sus antorchas, almacenándola en algunos frascos convenientemente adquiridos antes de aquella aventura... El otro hombre se intentaba calentar junto a las antorchas encendidas de la cueva, rodeado el frío de las montañas.

Una vez estuvieron listos, el mago encendió las antorchas con su magia, no sin antes empaparlas de la sustancia que había acabado de obtener, y procedieron a explorar la cueva.
Sus antorchas desprendían un olor más bien desagradable, fruto de la quema de la madera y el fluido inflamable de procedencia natural. Mientras avanzaban, a su camino iban dejando marcas con el mismo, y prendiéndoles fuego para dejar constancia de allá donde estuvieron, lo cual no parecía más que un desperdicio del material obtenido, pues aquella llama no ardería durante demasiado tiempo, mientras que posiblemente, el combate si se extendiese.
Sin más, avanzaban con lentitud, pero seguridad, rodeados de las frías rocas y el silencio solo roto por sus pasos, hasta llegar a la parte de la cueva donde sus muros se abrían dejando paso a una sala de roca decorada por estalactitas y estalagmitas acompañadas de témpanos de hielo.

Cuando escucharon un sonido sobre su cabeza, alzaron la vista y contemplaron como las patas de un pobre animal se deslizaban hacia el interior de su boca, mientras aquellas glándulas moradas parecían mirarles con odio y avidez. El schakal adoptó una posición defensiva, apoyando su espalda a la pared y preparado para atacar, mientras que era el mago quien lanzaba el primer golpe, o el primer conjuro más bien. Extendió su brazo hacia la bestia e intentó invocar el fuego de sus conjuros. Pero nuevamente, como había ocurrido en el desierto, solo surgió humo entre sus manos, quizás le habría ido mejor haber encendido las antorchas con las que tenían encendidas, que usar sus conjuros. En cualquier caso, aquellos primeros movimientos fueron perdidos, y la bestia los tomó como suyos. Un movimiento elástico de su cuello, y de pronto, la boca se abrió de nuevo, pero esta vez no como entrada, si no como salida.

Antes de que Dante pudiese hacer nada por evitarlo, sorprendido por la velocidad que había demostrado la bestia al considerarla un animal lento, una vesícula purpúrea le impactó en el rostro, y cayó al suelo por la sorpresa y el impacto.
En principio, sintió lo mismo que cuando una masa de agua choca contra tu rostro, pero al poco, empezó a notar dolor, como si ese agua estuviese hirviendo. Y al momento, la luz de su ojo derecho fue apagándose. Por suerte, el impacto había sido a la derecha, y no en el centro.
Escuchó un retumbo, mientras intentaba incorporarse, todo el rostro le dolía bastante, pero lo peor era el ojo, por alguna razón no conseguía ver nada con él, y por si fuese poco, era la parte más sensible en ese momento. Sentía como si se le estuviese derritiendo en aquel preciso instante, pero al menos aquello habría acabado cuando se hubiese disuelto, no. Su ojo seguía en su sitio, pero la pupila y el iris se habían transparentado, mientras que las venas que lo recorrían se habían hinchado y vertían su contenido sobre el blanco, tintándolo de un horrible color.

Mientras se intentaba recuperar, el hombre bestia pudo ver como la criatura se había desprendido del techo y había aterrizando, provocando el retumbo que había sentido Dante. Y se aproximaba a él atraída por el grito de dolor soltado cuando el veneno disparado había comenzado a hacer efecto, así como la luz de su antorcha. Se había percatado de su presencia también, y el hombre lo podía notar, pero había decidido ir primero a por la presa herida."


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Off: El Off en cuanto pueda... Sería recomendable que lo leyésemos todos.
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Mar Jun 11, 2013 3:00 am

Sonreí levemente cuando el monstruo se alejó nadando, con mis virotes clavados y unas pocas rocas de su espalda rotas. Aquella sonrisa se podría tildar de irónica, realmente, pues parecía que mis disparos no habían hecho más efecto que las picaduras de un mosquito, y aquellas fracturas no tenían la pinta de haberle dolido para nada. Definitivamente, seguíamos como estábamos. Me giré justo a tiempo para ver a Enya golpearse contra el suelo. Tuvo suerte de haberse agarrado antes a una cuerda y deslizarse como pudo. Se dislocó un hombro por lo que vi, lo cual le hizo bastante daño y no pude evitar torcer el gesto en una mueca. Sabía bien lo que dolía eso. Al menos no se había quemado la mano de la fricción.

Me acerqué a ella poco después de que Arthorius lo hiciera, ayudándola a recolocarse el brazo con todo el tacto posible en aquella situación. Estaba llegando hacia ellos cuando el camarada antropomorfo se giró, y cuando sus ojos pasaron sobre mí me encogí de hombros y le dije, negando con la cabeza: -Las ballestas están sirviendo de poco, ese bastardo es demasiado grande como para que le hagan daño si no le pego los tiros en el ojo o en la boca.-

Me quedé quieto en el sitio, desenvainando la espada y mirando a la criatura con gesto ceñudo. ¿Qué debíamos hacer para cargarnos a esa gran bastarda? Él se largó a ver a los marineros, así que encogiéndome de hombros me dediqué a repasar si alguno de los armamentos del barco podría ser útil. ¿Los cañones? No, necesitaría andanadas de tiros para hacerle un daño severo. ¿Las ballestas? Picaduras de mosquito para ese bicho. ¿El espolón? Mmm… Tal vez, pero esa cosa no dependía de mí, sino de él. Finalmente, Arthor tuvo una idea. El costado. Sonreí, y mientras él se acercaba a una balista, yo me acerqué a él: -¡Arthorius! ¡Tengo una idea! ¡Tenemos un espolón y esta nave va a mucha velocidad! ¡Si no puede alcanzarnos de atacarle el costado sugiero que nos lancemos con el espolón y le hagamos un corte que no olvidará! ¡¡¡MARINEROS!!! ¡Seguid acercándoos y manteneros a la distancia media entre sus patas delanteras y traseras, así no podrá alcanzarnos! ¡Hay que usar el espolón de la nave contra él!-

Me acerqué entonces al sitio que había mencionado, espada en mano y viendo si aquél armatoste tenía algún mecanismo más aparte del impacto en sí. Si de veras lo tenía, algo me decía que solo no podría usarlo posiblemente, de modo que llamé a la mujer: -¡Enya! ¡Acércate! ¡Ayúdame a ver si esta cosa tiene algún funcionamiento concreto o basta con estampárselo al Jhen Mhoran!-
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Enya el Dom Jun 16, 2013 9:37 pm

Arthorius fue quien finalmente acudió a mi llamado. Su rostro estaba serio, era normal después de que hubiese cometido un acto tan impulsivo, sin embargo su voz denotaba una preocupación casi paternal por mí así que no puse pega alguna. El hombro… Bueno, no puedo decir que no gritase. Casi me dejé las cuerdas vocales en aquel alarido, pero lo cierto es que no había sido un golpe leve que se dijese y además yo no tenía demasiada experiencia rompiéndose cosas, tal vez por mi juventud y porque normalmente no me enfrentaba a bestias que eran más de cuatro veces el tamaño de mi medio de transporte.
 
-Gracias, camarada. Y tranquilo, no volverá a ocurrir. – Aseveré tras que terminase de arreglarme la articulación, que todavía me dolía al moverla.
 
A continuación desapareció de la cubierta, para informarse mediante los marineros supongo, así que dejé de verlo y me centré en el conde. Él también parecía tener algunas ideas para atacar a la bestia. Dichas ideas coincidían con las del antropomorfo; atacar al lomo era su elección. Desde luego no me pareció una mala idea, pero tampoco era cosa de freírle el costal a balistazos y golpes de espolón, aquello nos costaría demasiada munición de balista y posiblemente más de un corte, así que rápidamente me puse a pensar en qué podíamos hacer para mejorar el plan.
 
-¡Ya lo tengo! – Exclamé, al tiempo que Khaelos requería de mi ayuda para algo: - Espera Conde, debo hablar con Arthorius. Tengo una idea para causar mayores daños que con una simple perforación. –
 
Cuando acabé de hablar con el conde me dirigí hacia donde se encontraba Arthur. Su figura oscura, con sólo la pechera de la armadura y la camisa roja debajo para atraer más el calor, destacaba muchísimo sobre la silla de la balista, así que no me costó localizarlo en el barco. Al llegar a él puse la mano sana sobre su hombro para llamar su atención y cuando la tuve procedí a contarle mi mejora del plan:
 
-Arthorius, no dispares directamente. Penetrar su piel no causaría tanto daño como puedas creer, al menos la experiencia me dicta eso. Además cuando se hunda de nuevo en la arena, el arpón se partirá y la herida quedará sellada por la punta así que la arena no podrá entrar en sus venas. Si queremos causar verdaderos daños lo mejor es que dispares hacia arriba; haz que el arpón describa un arco en el cielo y caiga con todo su peso. De éste modo conseguirás abrir una herida de mayor tamaño y no cerrará tan fácilmente. –
 
Terminado de explicar el plan, volví con Khaelos a paso ligero. Por dentro estaba bastante excitada; no todos los días se enfrenta una a tan titánica criatura, pero por fuera sólo podía notarse esa excitación por la feroz sonrisa que dejaba entrever en los labios. Ya hacía rato que estábamos en la cubierta, el sol había hecho de las suyas en mi piel, mucho más roja que al inicio y el aire que impulsaba nuestras velas también me quemaba. Maldita palidez. Era del norte, aquel clima me estaba empezando a pasar factura y tenía que terminar lo antes posible o me saldrían ampollas del tamaño de puños por todo el cuerpo.
 
-¡Vamos Khaelos, creo que sé cómo podría funcionar esta cosa! – Grité para que me escuchase, pues todavía me separaban algunos metros del conde: - Cuando me subí al navío aprecié lo que parecía ser un enorme interruptor cerca de la proa. A su lado había un martillo, supongo que de esa forma… -
 
Sin decir nada más, con mis ideas lo bastante claras y la seguridad de que mis pasos esta vez no estaban siendo impulsivos, empecé a correr hacia el mecanismo que había mencionado. El conde debería seguirme, pues estaba claro que con el brazo en aquel estado no podría ni soñar con elevar la gran maza que servía para presionarlo.
 
Por las diosas… Que funcionase. No quería fallar otra vez y pasarlo todavía peor.
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Snarl el Dom Jun 16, 2013 11:53 pm

El corazón latiendo
La sangre recorrido las arterias
Los oídos atentos y las manos inquietas
La cacería a comenzado y el derramamiento de sangre
La presa corre, el cazador aguarda
Es solo un instante y nada más
Hasta que se puede ver el blanco de los ojos
Y el cazador se lanza por su presa.

Christian Chacana 16 de junio de 2013

Snarl no era un simple Schakal, aunque es un poco ególatra que uno mismo lo diga, si bien su naturaleza traidora y taimada era el canon entre los de su propia raza, algo en él lo hacía diferente, podría ser su molestia ante los demás, su ira incontenible o desprecio hacia los de su propia raza, o tal vez, como veía en cada ser, una herramienta potencial para ser utilizada en sus trabajos. La lealtad no era una palabra que conociera muy bien, al igual que compañerismo o sacrificio propio, si el obtenía una parte más grande del botín deshaciéndose de sus “compañeros” de viaje, no dudaba ni un instante en apuñalar sus espaldas o degollarles mientras dormían.

Lamentablemente, en esta ocasión no tenía muchas herramientas a su lado o siquiera un lugar con cielo sobre su cabeza, en esta ocasión, estaba en lo profundo de una cueva, rodeado de oscuridad, con la única compañía de un idiota humano, que para colmo, era inútil cuando se requería de actuar. La pared tras su espalda impacto contra su armadura cuando en un abrir y cerrar de ojos, los cazadores se habían convertido en presas. El Schakal maldijo en su interior cuando la bestia, mas rápido de lo que hubiera deseado, casi como si fuera un mero juego, pero de seguro su forma de cazar, la bestia expulso una bolsa o saco hacia el rostro del humano, este grito y termino en el suelo, gritando por el dolor mientras el aroma a carne muerta llenaba las fosas nasales del Schakal, por su parte, la bestia se había desprendido del techo, dejándose caer hacia el suelo y dirigiendo su “mirada” hacia el humano caído, para avanzar furtivamente, como un perro ansioso de atrapar su presa. ¿Qué haría la bestia? Solo podría actuar y no planificar, confiar en la suerte y en su lado animal, algo que hacia continuamente, pero no hasta el punto de arriesgar su vida sin pensarlo… la vida del humano poco le importaba, viviera unos minutos más o menos, únicamente significaba una presa herida para la bestia, una presa donde podría concentrar su atención y no en un enemigo aun fuerte y sano.

El Schakal apretó sus colmillos, haciéndolos crujir mientras arrojaba la antorcha hacia el humano, claro, si no la evitaba de seguro terminaría incendiándose su ropa o quizás algo mas, pero lo importante era que la bestia fuera atraída por la luz y la presa fácil. La mano del semi bestia apretó la espada con fuerza, si la perdía seria el fin, mas su mano inconscientemente fue hasta la bolsa que tenia los colmillos del tiburón … ¿acaso los colmillos no tenían algo que paralizaba?, no podría aun confirmarlo, pero era mejor no olvidarlos, sin perder un instante, su marcha se dirigía hacia la bestia, esperaba poder girar en un instante y golpear una de esas patas con alas, aunque el cuello tan fácilmente móvil que tenia la bestia le preocupaba, de cualquier manera, si lo veía moverse hacia el o si tenía intención de lanzar aquella bolsa de veneno, tendría dos opciones, saltar o agacharse rápidamente, aunque cualquiera de las dos opciones le dejaría en desventaja, por lo menos no perdería la visión o algo mas … confiar en la suerte, ahora se jugaba el pellejo en el lanzamiento de una única moneda.


~La familia ... ¿Que sentido tiene cuando hay que despedazarla con tus propias fauces? ... ¿Cuando hay que caminar entre los cadáveres de aquellos que llamaste hermanos y pisar sus entrañas para seguir viviendo? ... la familia ... ~






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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Arthorius Bloodbane el Mar Jun 18, 2013 7:31 pm

De pronto, las palabras de Khaelos inundaron mis oídos. Era cierto lo que decía. La nave había demostrado ser capaz de moverse a gran velocidad sobre las arenas al lograr mantener el ritmo de la gigantesca bestia. Y el espolón de la nave bien podría ser usado como arma para atravesar a la criatura. Sin duda, aquello si podría hacer daño, aunque corríamos el riesgo de que el casco se quebrase con el impacto. La posibilidad era mínima, me había percatado de la gran cantidad de refuerzos metálicos que poseía nuestro transporte, y curiosamente estos se concentraban alrededor de la proa. Cuando Khaelos pidió ayuda a Enya para inspeccionar dicho espolón, caí en la cuenta de que, si el Gong tenía un mecanismo, era probable que eso también, lo que explicaría los refuerzos. Pero mi pregunta era... ¿Que sería lo que tendría? Era algo que debíamos descubrir nosotros a judgar por la precipitación de mis compañeros. Era arriesgado, pero tampoco había mucho más tiempo para preguntar a los tripulantes.

Veía como aquella mole de carne, hueso, piedra y arena iba creciendo ante mis ojos a medida que nos aproximábamos a él. Me coloqué en mi posición con la balista, preparado para disparar en cuanto tuviese blanco, cuando la mujer del norte se acercó para aconsejarme... Era una buena táctica, aunque reducía mi precisión, igualmente la criatura era muy grande, y con suerte, con uno o dos disparos de prueba habrían sido suficientes para calibrar los siguientes. Pronto, la mujer volvió con Khaelos, y comenzaron a inspeccionar el cacharro. A judgar por sus palabras, parecía ser que si podría tener un mecanismo útil. Y pronto sería el momento de utilizarlo.
Aferré con fuerza la palanca que accionaba el mecanismo de la balista, y cuando apenas había dos decenas de metros, la accioné con la cruceta apuntando al cielo, en parábola sobre la bestia... El arpón surcó el cielo, y cayó más allá de la bestia. Lancé una maldición a mi cálculo, y volví a intentarlo, corrigiendo la trayectoria. Ese segundo disparo si logró clavarse, llegando a ver como se hundía hasta más de la mitad cerca de las formaciones rocosas de su espina dorsal.
En aquel momento decidí prestar un poco de atención a mis compañeros, puesto que estábamos a punto de chocar de frente con la bestia... Y entonces lo vi.
El espolón empezó a girar, cada vez más rápido, y de pronto, salió propulsado hacia delante con una fuerza descomunal. Una barra de acero lo unía al barco, pero... De tamaño impresionante. Mediría al menos la mitad que la longitud del navío. Y todo aquello entró profundamente en el cuerpo de la bestia. La visión fue indescriptible...

La carne se separó cuando la punta rotatoria la rozó, y la sangre manó a borbotones cuando comenzó a entrar, derramándose sobre la arana y dejando un horrible rastro carmesí a su paso. La bestia lanzó un rugido espantoso, a la vez que se retorcía y se alejaba del espolón como podía, el cual comenzaba a retraerse con lentitud, cubierto de sangre, carne y vísceras.
Yo descargué una andanada de arpones sobre su lomo tan rápido como podía recargar. Y a pesar de la insistencia de la bestia para intentar alejarse, el barco lograba mantenerse a distancia, aunque el crujir de la madera y el  metal hacía ver que estaba poniéndose a prueba su resistencia. Logré incrustar media docena de arpones más hasta que el movimiento del animal se volvió demasiado inestable para poder apuntar. Entonces me separé de aquello y me acerqué a Enya y Khaelos, con un rostro serio pero de mirada jovial.

-No podemos darla por cazada, pero... Diablos, sin duda está herida de gravedad. Eso ha sido como clavarle una lanza en el pecho...-Dije mientras contemplaba su avance por el mar de arena. De pronto, ante mis propias palabras, un par de imágenes cruzaron mi mente... Un hombre de rostro negro y cuyos ojos eran luces verdes... Una cota de malla azabache tintileante... El brillo plateado del metal de una lanza, y el destello de su punta acercándose a mi... Sacudí la cabeza intentando apartar aquellos recuerdos por el momento.-Eh... Bueno...  Ahora queda ver como rematarlo. No creo que sea efectivo seguir usando esa máquina. Hay muy pocas zonas donde poder activarla con seguiridad, y alcanzarlas ahora que está tan herido, sería toda una proeza. Las balistas tampoco serían del todo efectivas...

No pude seguir analizando la situación, pues me percaté de algo alarmante. La bestia había variado su rumbo, y con un lento pero continuo giro, se había vuelto hacia nosotros, y nadaba en nuestra dirección en pos de devolvernos el ataque. Tenía sus fauces abiertas, y un grito gutural resonó en ellas, golpeándonos el rostro con fuerza a pesar de la distancia... Sus colmillos avanzaron hacia toda velocidad contra la nave, y durante unos momentos todo pareció perdido. No teníamos formas de evitar el ataque...
De que me di cuenta, los gigantescos apéndices estaban ante mi, a apenas unos metros, por encima de la nave... Al menos no iban a agujerearnos el casco pero...  Lo único que me dio tiempo a hacer fue poner mis brazos de por medio, sintiendo al instante un golpe tan potente que me estrelló contra la maciza madera del otro lado de la nave. Seguido por mi golpe, hubo un temblor en la nave, y esta comenzó a crujir y moverse con inestabilidad. Me costaron unos momentos entender lo que había sucedido.

Al parecer la bestia había abandonado su huida impasible para librarse de nosotros, girando y cargando contra el barco. Sin embargo, sus colmillos, por su forma de nadar, habían pasado por encima, golpeándome con fuerza. Por suerte había podido poner mis brazos de por medio, y en esta ocasión, el tamaño de la criatura jugó a nuestro favor. Si bien para un ser de ese tamaño, aquella dentadura debía estar afilada, a nuestra escala, su punta era roma. Me levanté dolorido, el golpe había sido fuerte, en brazos y espaldas, y sentía un gran entumecimiento en los antebrazos. Resoplé con ira ante el golpe, y me contemplé los brazos... Estaban sangrando.Pequeños ríos rojos corrían entre mis dedos y goteaban en el suelo, donde se acumulaban y empezaban a humear ligeramente. Cuando me fijé bien, descubrí que aquel maldito diente, con el impacto, me había arrancado la mitad de las escamas de la cara interior de los brazos... Puse una mueca de dolor, recordando la primera vez que me habían arrancado una escama... Pero me forcé a seguir peleando. No me iba a dejar vencer fácilmente. La criatura estaba alzándose en la arena, su cuerpo se encontraba casi sobre nosotros, pero en él se veían heridas... La nave tenía pinchos por su cubierta, y en el choque se los había clavado... Pero aquello no serviría de nada. Estaba a punto se lanzarse contra la cubierta, y aquello partiría el barco, y a nosotros con él.
Pensé lo más rápido que pude como evitarlo, y entonces lo recordé. El Gong. A esa distancia quizás pudiese hacer lo que quería.

Corrí como pude en dirección al mecanismo que los marineros me habían nombrado, sin pensármelo un momento saqué la espada del cinto y la tome entre mis manos, intentando agarrarla como podía, pues aún sentía los estragos del golpe en mis carnes. Y con toda la fuerza que fui capaz de sacar en ese momento, le dí un golpe a aquella placa metálica con la empuñadura de mi arma...
A nuestro alrededor de pronto resonó el golpe, mil veces amplificado...

"En las montañas, la desgracia se cernía sobre los cazadores. Dante se retorcía en el suelo por el dolor de su ojo, y sintiendo como los restos del fluido calaban en su carne y la ablandaban rápidamente. Sus gritos de dolor y sollozos resonaban por toda la cueva, haciendo evidente su posición, además de asustando a algunas pequeñas alimañas que se alejaban corriendo de allí. De pronto, una antorcha arrojada por el hombre bestia cayó a su lado, y sus llamas lamieron la tela de sus ropajes... Pronto, estos se tiñeron con su calor y empezaron a envolver al hombre, cuyos chillidos se hicieron más constantes y agudos, mientras todo su cuerpo empezaba a verse rodeado de una trampa del elemento que él mismo había llegado a controlar. La armadura que compró en la ciudad del desierto de poco le sirvió cuando se sometió al abrazo de las llamas. E incluso, por algún capricho de los dioses, las ascuas parecían arder con más vida allí donde se encontraban las piezas adquiridas por el piromante...
Y ante aquel horrible suceso, la bestia contemplaba el baile del fuego que consumía a su presa, impasible, imperturbable. Pronto terminó todo, cuando un nuevo escupitajo de aquella sustancia nociva cayó sobre el ardiente cadáver, apagando las llamas y dejando un cuerpo inerte.

Sin inmutarse, el Gigginox abrió aquel pequeño orificio que era su boca, de una forma que parecía imposible. Casi sextuplicando el tamaño original, y engullendo de un solo bocado al cuerpo del hombre que ahora se reuniría en sus tripas junto al del ciervo antes consumido.
Y mientras se lo tragaba, la atención sobre el Schacal disminuyó, haciendo que este fuese capaz de acercarse con sigilo hacia una de sus alas, con la espada firmemente aferrada en su mano, y trazó un corte contra la misma. Este acertó, creando una línea carmesí en el blando tejido del animal, que lanzó un chillido al sentir el golpe, girándose repentinamente y tirando al cazador hacia atrás por la potencia. La sangre empezó a salir con timidez de aquel cuerpo, pero su rival no parecía en absoluto igual. Con rabia y osadía encaraba al hombre bestia, moviendo su cuerpo como si de una medusa se tratase, avanzando con lentitud y fijación, pero siempre atento a los movimientos del cazador. Si el schacal era inteligente podría ver rápidamente que su oponente no era sencillo. Quizás la cazadora hubiese tenido razón cuando hablaron en la cabaña... Y quizás le fuese imposible matar a la bestia él solo."


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Off: Pues nada, lo de siempre. Info en el off, y por cierto... Uno menos en el rol -w- En fin... Espero que nadie más muera... Que a este paso, quizás debería haber llamado a la partida "El Cazador Cazado".
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Miér Jun 19, 2013 4:47 am

Cuando llamé a Enya ésta me dijo que esperara un poco, que debía hablar con Arthorius. Asentí mientras envainaba la espada y me colocaba a la espalda el escudo, observando aquél curioso mecanismo. Me crucé de brazos mientras el barco empezaba a dirigirse a velocidad vertiginosa hacia la criatura, apuntando hacia el sitio que habíamos ordenado el hombre de Keybak y yo. Después de que la princesa guerrera acabara de hablar con él se dirigió de nuevo hacia mí y empezó a hablarme. Cuando acabó de explicarme lo que había visto le respondí, asintiendo: -¡En ese caso no perdamos tiempo! Solamente dime qué hay que accionar... Y lo accionaré. ¿Vamos a hacer brocheta de Jhen Mhoran? Y por cierto, luego te tocará darte un baño en agua helada... Estás muy quemada.-

Me dispuse rápidamente a seguir a la mujer, corriendo con ella hasta llegar al mecanismo del espolón. Al tener ella solo un brazo activo me correspondió a mí activar la maza, cosa que rápidamente hice. Tras hacer fuerza logré mover el gran mecanismo, y pronto pude ver cuál era la verdadera utilidad de aquél objeto... Sonriendo observé como el espolón empezó a girar y salía propulsado hacia adelante con una fuerza enorme, viendo que aquella cosa medía al menos la mitad del barco, taladrando prontamente el costado de la bestia. En ese momento solté un feroz grito de júbilo, y podía ver que la sonrisa de Enya demostraba que ella también disfrutaba de la cacería.

Aquella cosa me recordaba a aquellos instrumentos que, según había escuchado a un viejo ingeniero, usaban los enanos para abrir con rapidez túneles en las montañas, una... ¿Taladradora? Creo que ese era el nombre. Con rapidez se abrió paso en la carne del ser, dejando un enorme reguero de sangre sobre la arena mientras el monstruo gritaba de dolor, retorciéndose y alejándose como pudo. El espolón, por su parte, fue retrayéndose poco a poco, ahora cubierto de restos de carne y tripas... Un espectáculo muy sangriento y agradable para la vista, sin duda. Arthorius por su parte siguió descargándole virotes, y el barco perseguía incansable a la criatura.

El antropomorfo se acercó a nosotros, notándosele en el rostro que estaba satisfecho por lo que había sucedido. Empezó a hablar pero vi que cuando mencionó lo de la lanza se quedó trabado unos instantes antes de seguir. Alcé una ceja con curiosidad, aunque el yelmo y el turbante no permitieron ver mi expresión. Ante sus palabras, mi respuesta fue rápida y acompañada de una sonrisa. Desenvainé la espada y respondí, mirando al monstruo: -Ahora toca el abordaje. Y hablando de abordaje, ¡ahí viene esa bastarda!-


El Jhen Mhoran empezó a cambiar su rumbo, girando para poder enfrentarse a nosotros. Abrió la boca, disponiéndose a morir matando al tratar de embestirnos, devorarnos o lo que fuera que quisiese hacer, soltando un poderoso rugido gutural. El ataque iba a ser brutal, de modo que no tardé en arrodillarme y agarrarme al mástil para evitar darme el golpe del siglo. Miré hacia arriba mientras la criatura se alzaba a unos metros sobre el navío, y tras el poderoso impacto caí al suelo. Creí por unos instantes que iba a perder el sentido, pero afortunadamente no fue así.

Al incorporarme vi que la criatura había cargado contra el barco, aunque no entendí muy bien todo lo que había pasado, solo vi que Arthorius sangraba por los brazos pero afortunadamente no estaba gravemente herido. Quien sí tenía heridas era el Jhen Mhoran, al cual el casco del barco le había hecho bastante daño gracias a sus púas afiladas. Iba a lanzarse contra el barco, pero entonces... Un poderoso sonido me hizo soltar un quejido de dolor por lo que noté en las orejas, y supe que Arthorius había activado algo al verle donde estaba. En ese momento vi la oportunidad clara para atacar. Sujeté bien el escudo a mi espalda, mantuve agarrada firmemente la espada con la mano derecha, y empecé a correr hacia la criatura, saltando por la baranda de la proa y lanzándome hacia la criatura. Iba a usar sus dientes como pasarela para poder acercarme a su cabeza y clavarle la espada entre ceja y ceja, hundirla tan profundamente como pudiera, rematarlo de una vez. Era el momento de acabar con aquello de una vez por todas.
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Re: Una Caza En Condiciones

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