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Una Caza En Condiciones

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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Enya el Vie Jun 21, 2013 9:16 pm

Una canción para el combate :

Antes de activar nada, Khaelos hizo un comentario sobre el estado de mi piel que… En fin, no me molestó, pero me pareció inoportuno para el momento: ¡Estábamos en mitad de una batalla! Dejando eso de lado, el conde demostró porque había llegado a tener todo su equipo, mágico e indiscutiblemente mejor que el mío. Muchos pensarían que lo había heredado generación tras generación, que sus poderes siempre habrían estado activos, pero lo cierto es que él había contado lo contrario, nos había asegurado que se había tenido que ganar cada parte y ahora estaba demostrando porque.
Su fuerza era enorme y por suerte suficiente para levantar el mazo y dejarlo caer sobre el mecanismo de presión que activaba el espolón.

Poco después de la activación, una barra de acero finalizada en lo que parecía ser un garfio surgió del mascarón de proa, incrustándose en el lomo del animal en cuanto nos acercamos un poco más a éste. La sangre manaba a borbotones y teñía la arena con su rojo pigmento; la bestia sufría, así lo demostraban sus gritos de lamentación, y nosotros cada vez estábamos más cerca de la victoria… ¿O acaso era a la muerte a quien nos acercábamos paso a paso?

La bestia, que tras el golpe del espolón había quedado sentenciada a muerte, comenzó a virar la trayectoria de su nado hacia nuestro navío. En un principio aquello parecía que iba a hundirnos, pero gracias a las púas metálicas con las que contaba el barco, no fue más que una mala pasada para ambos bandos, en especial para el nuestro; Arthorius había resultado herido. A simple vista sólo parecía sangrar por los brazos, así que quedaba descartada cualquier tipo de herida mortal, pero en su expresión se podía leer la rabia, el dolor y la ira a la perfección así que aquello tenía que estar matándolo. Aun así, logró empuñar su espada con la fuerza suficiente como para que el eco metálico de aquel redondel de metal enorme o “gong”, como lo llamaban los marineros, afectase a los oídos de todos los presentes. Yo no sabía cómo tendrían los demás los sentidos, pero conocía bastante bien los míos y sabía que estaban por encima de los de un humano normal y corriente, con lo cual sentí un gran dolor de cabeza cuando el grave sonido del metal al ser golpeado empezó a rebotar por el barco.

-¡Espera, Khaelos! – Grité, cuando lo vi lanzarse tan a la carrera por aquellos colmillos.

Mi vista tardó unos segundos en decidirse entre él y el engendro, pero finalmente tomé la decisión de acercarme primero al herido, quien también había demostrado ser merecedor de mi respeto y admiración como cazador y guerrero. Con una mano desaté el nudo de las vendas que había en mi pecho, retirándolas y entregándoselas:

-Póntelas Arthorius, las necesitas más que yo. –

Sin mediar más palabra, estando desnuda de cintura para arriba, me di media vuelta y eché a correr hacia el otro colmillo de la bestia.

Mi intención era la de trepar por él, al menos todo lo que pudiera, y una vez que llegase a la cabeza continuar ascendiendo por su piel hacia la cresta, que era la parte que parecía no hundir nunca. Eran rocas, sí. Mis armas puede que no lograsen hacer mucho allí, pero si mi teoría era cierta, aquella criatura debería tener carne debajo de la roca y cuando se había acercado, gracias a mi prodigiosa vista, me había parecido ver un oquedad más o menos a mitad de la espalda, como si fuese un pequeño túnel que comunicaba ambos lados de la espalda. Si aquello era así, podría hundir allí mi espada.
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Snarl el Lun Jun 24, 2013 11:48 pm

La muerte no es el fin
Si no parte del todo
Es el fin de algunos
El comienzo de otros
Los anhelos de muchos
El temor de tantos
Y aun así
Algo que no se puede evitar
Puedes escapar
Puedes ocultarte
Pero esta tarde o temprano te encontrara
Y probaras le frio beso de la muerte.

Christian Chacana 24 de Junio del 2013



La muerte es parte natural de la vida, es como una existencia se consume y deja espacio para otra, y así mismo, el schakal aceptaba que su “compañero” había muerto irremediablemente, utilidad cero en esos momentos, aunque realmente, si había tenido utilidad, su actuar había hecho más que suficiente, había logrado distraer a la bestia como para poderla atacar. Rápidamente el schakal se deslizo por la oscuridad, como una bestia salvaje y como si se tratara de su enemigo natural. Mas la espada corto la delicada carne, mas suave que la de un conejo. Mas el corte no fue algo indoloro y como si fuera golpeado por una enorme masa, el schakal fue impactado, pero sus hábiles reflejos hicieron que pudiera aterrizar sin daños, mas la bestia estaba enfurecida, el cazador había desaparecido en sus fauces,  tragado cual simple bocado, lamentable, el schakal hubiera deseado que durara mas para poderle atacar, mas ahora se encontraba solo, con la bestia claramente molesta y enfurecida, algo que el animal podía utilizar si era listo.

Snarl, no es un cazador, pero no debe de pensarse mal, no es un cazador, es una bestia, es como un animal que goza con la cacería, con el juego y al diversión, esperando el momento preciso para dar la estocada final, de la misma manera había sobrevivido y ante esa bestia, no moriría, no encerrado en una cueva inmunda y alejada del sol. Rápidamente el schakal pensó que la mejor forma de tener cierta ventaja, era no demostrarla, como decían algunos cazadores, algunas presas hay que atraerlas, y que mejor presa que el propio  cazador, era algo arriesgado, no hay que dudarlo  y aun mas si tomábamos la diferencia de tamaños, pero el schakal tenía una ligera ventaja, la bestia había comido y no una vez, si no dos veces, por muy grande que fuera su estomago, tenía dos presas en su interior y con el suficiente movimiento, tendría problemas para no vomitar o que sufriera un calambre… los ojos del schakal lentamente se acostumbraban a la luz que las antorchas podían ofrecer y no es que duraran demasiado, porque algunas, las más viejas, comenzaban a sonar, dejando ver que su luz menguaba ligeramente, de cualquier forma, el schakal guardo su espada ¿Por qué?,  pues fácil, era demasiado larga y molestaría, en cambio saco la daga, oxidada y mellada, pero aun útil para lo que deseaba hacer… y en esos instantes, se detuvo y espero.

El schakal aguardaría que la bestia diera el primer paso … si estaba en lo correcto, le atacaría con una de esas bolsas de veneno, si no era así, le atacaría de frente con la boca abierta, fuera cualquiera de las dos formas, el podría esquivar el ataque si se esforzaba, cosa que haría e intentaría encajar la daga en alguna articulación, por mucho poder que tuviera ese animal, una articulación es sensible … en cambio, si retrocedía e intentaba volver a escalar, no el quedaría otra opción que aguardar y estar pendiente de su olfato y oído, para evitar un ataque desde arriba o los costados. Habían demasiadas opciones y el schakal debía de pensar en cada una… la cacería seria difícil… pero no imposible, mas… ¿Cuánto estaría dispuesto a sacrificar por sus convicciones?


~La familia ... ¿Que sentido tiene cuando hay que despedazarla con tus propias fauces? ... ¿Cuando hay que caminar entre los cadáveres de aquellos que llamaste hermanos y pisar sus entrañas para seguir viviendo? ... la familia ... ~






~Sobrevivir es lo importante ... La forma no~
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Arthorius Bloodbane el Jue Jun 27, 2013 11:00 pm

Buuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuummmmmmmmmmmmmmmmm....
Aquel sonido metálico resonaba en todas direcciones, envolviéndome y aplastándome con su fuerza... Entrecerré los ojos mientras buscaba con la mirada, y la boca abierta, el gong... El sonido era ensordecedor, y eso que ni tan siquiera llevaba el yelmo. Casi podía sentir el mismísimo aire temblando a mi alrededor, porque el barco si que temblaba. Aunque no estaba seguro de si era por el viento, el Jhen Mohran, o el gong. Fuese cual fuese la respuesta, la bestia emitió un grave grito mientras se alejaba de nosotros de forma inestable. Mi plan había funcionado, y casi mejor de lo que había esperado, puesto que aquella reacción mostraba que la criatura tenía una sensibilidad auditiva considerable, y no solo por la cercanía del instrumento metálico que habíamos activado. Quizás era también su forma de guiarse. Algo que parecía tener sentido, pues en la arena, sería bastante difícil ver. Pero ¿Que sabía yo? Realmente podría no haber sido así, si podía nadar en la tierra como si fuese un lago ¿Por que no ver a través de ella? Realmente había sido una apuesta arriesgada, pero... ¡Había resultado!
Rápidamente, todos comenzaron a contraatacar sin perder ni un instante. Cuando me levanté, vi ante mi a Enya, que se quitó con presteza las vendas de su pecho, dejándolo al descubierto, y me las entregó.

No mentiré, y por muy caballero que fuese, y la batalla que tuvimos. Seguía siendo un hombre, y mi mirada se paró durante unos breves instantes en el busto de la mujer.
Finalmente tomé las vendas y asentí como agradecimiento mientras contemplaba ahora al conde. Este caminaba por los colmillos de la criatura a velocidad pasmosa, acercándose con velocidad a su cuerpo, mientras la cuerda que le protegía se iba tensando cada vez más... Y me alegré de haber decidido comprar de las largas. Enya le siguió haciendo lo mismo, y yo, sin dudarlo, les seguí. Mientras corría me colocaba las tiras de tela alrededor de los brazos, tiñéndola del fluido carmesí que las bañaba abundantemente. Por alguna razón, además de tener sangre ácida, tenía también más que cualquier humano corriente, era por ello que cuando alcancé la borda, la prenda ya estaba tenida de carmín y tras de mi algunas marcas de sangre empezaban a corroer ligeramente la cubierta del barco.
Sin dudar un instante me lancé junto a mis compañeros en aquella carrera por los enormes colmillos del Jhen Mohran, momento donde comenzamos a separarnos. Khaelos alcanzó la cabeza, y allí permaneció. Pero Enya continuó más adelante, parecía querer llegar al otro extremo del animal. Aunque la cuerda fuese larga, no tenía del todo claro si podría llegar a donde pretendía con ella atada, lo cual suponía un problema. Solamente esperaba que fuese inteligente y no hiciese tonterías.

Yo por mi parte, me encontraba entre ambos, en el cuello de la criatura, si es que se le podía llamar así, puesto que no quedaba claro donde terminaba la cabeza y empezaba el cuerpo. Vi como Khaelos alzaba su espada, y esta empezaba a hundirse en su cabeza... Al principio lento, pero pronto cobrando más presteza. Hasta donde sabía, el conde poseía una espada que, al igual que la mía, estaba destinada a cazar a los que poseían la sangre de los dragones. Sin embargo, a pesar de que se hundió hasta casi la empuñadura, no logró matar a la bestia, mas si sacarle un grito de dolor. Pronto entendí, que si estaba cubierta de una capa de roca en su parte superior, llegar, no solo hasta el cerebro, si no a causarle un daño considerable en él no era tarea de una simple espada. Enya continuaba alejándose, acercándose a la mitad de la bestia, y yo... Alcé una de mis manos cubiertas de escamas ahora rojas, y en ella apareció mi espada. Y con ella, a su lado se materializó Grahin, que llevaba bastante sin aparecer. Casi parecía demasiado.

-Vaya, vaya, Arthur... Esta cosa se resiste a morir ¿Eh? Si no teneis cuidado acabareis todos muertos...-Dijo mientras se apoyaba en una roca sobresaliente del cuerpo de la bestia.

-¡Maldita sea! Ya tardabas en aparecer ¿Eh? Empezaba a pensar que te habías decidido a dejarme en paz de una puta vez.-Repliqué yo mientras empuñaba con rabia el mango del arma, y finalmente lo hundía con todas mis fuerzas en el cuerpo de la bestia... Pero en vez de dejarlo allí moví mi brazo trazando una curva, y creando en su cuerpo un corte que pronto empezó a sangrar. No lo mataría, pero le dolería. Y mucho.

-Oh... Si... Eso debe estar matándole...-Añadió con sarcasmo.

-Como no te calles ahora mismo, pediré que usen contigo ese cacharro que SI está matándolo. Y creeme que encontraré la forma de que no te atraviese.

El espectro se encogió de hombros y se desvaneció con una mueca de resignación. Desgraciadamente, sabía que volvería a verlo.
Yo me dediqué a repetir el proceso anterior, intentando causar la mayor cantidad de cortes posible. No sería mucho, pero ayudaba más que quedarse de brazos cruzados...
Y en uno de aquellos ataques, se revolvió. El Jhen Mohran lanzó un alarido y se agit´ bruscamente, haciéndome perder el pie y resbalando hacia las arenas del desierto, que se aproximaron hacia mi, y finalmente, choqué contra ellas... Por suerte, momentos después noté un tirón en mi cintura, y me encontré tras el barco, siendo arrastrado por él. A mi alrededor, la arena saltaba empujada por nuestra velocidad... Sentía el consquilleo de aquellos granos rozando mis escamas. Sonreí contento de que gracias a ella no sentía el dolor de la abrasión... Y de que mi coraza protegiese la zona más expuesta a esta, donde no tenía pieles... Y durante un momento, agradecí a Enya sus vendas, dado que sin ellas... Las heridas de mis brazos habrían resultado sin duda dolorosas. Empecé a tirar de ella, acercándome a la embarcación, cuando vi de pronto que empezába a aminorar la velocidad...
Mi mirada se posó en el Jhen Mohran... La criatura se había detenido en la arena, con todo su cuerpo fuera de la misma... Miraba directamente hacia el barco, y parecía haberse cansado de nadar... Mas en su lomo aun continuaba cayendo con abundancia la sangre. Sin duda, no le quedaba mucho para morir.

"El schacal estaba comenzando a comprobar la dureza de su enemigo. Que hasta el momento apenas había mostrado sus capacidades. Tan solo que era capaz de lanzar bolsas de veneno, que era muy flexible, y sobre todo ágil. Pero ¿Que más guardaba aquella criatura? Guardó su espada, y permaneció quieto, viendo como la bestia le correspondía... El silencio se hizo en la cueva, y el único sonido audible, era el de las llamas devorando la antorcha del hombre bestia.
Tras unos momentos, la bestia se movió. Pero no como él esperó. No lanzó el veneno... Y tampoco se subió al techo. Por el contrario, comprimió su cuerpo, como si estuviese teniendo un retortijón... Momentos después, la parte final de su cuerpo tocó el suelo, mientras que la delantera se estiraba hacia el frente y contemplaba a su oponente. Poco a poco fue levantando lo que era su cola, y donde había estado, se vio ahora una especie de saco viscoso. El hombre pudo comprobar aquello que la cazadora le había comentado, sobre los sacos que era capaz de producir, aquellos sobre los que le había advertido. Poco podía ver con la iluminación tan lejana de las llamas de su antorcha, pero apreciaba lo que parecía una bolsa amorfa de algún material blando que rezumaba un líquido viscoso. Estaba pegada al suelo, y se notaba como se movía ligeramente. Como si estuviese compuesta de multitud de pequeños órganos palpitante.
¿Que era realmente? Era imposible decirlo por la distancia y la poca información que poseía. Pero ante todo, algo estaba claro. Aquello no era bueno, en absoluto. Si el ser era tan inteligente como había demostrado ser hasta el momento, aquello sería algo que pondría en apuros al schacal... La cuestión era ¿Podría él superar a su presa?"


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Off: Bueno, el off en cuanto pueda. Sobre la parte de Snarl, perdona que no tenga mucha cosa. Pero poco puedo hacer si el turno es que estas quieto xD Disculpa si te parece poco material, pero no he visto de donde sacar más, y no creo que quieras que le meta relleno xD
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Vie Jun 28, 2013 4:18 pm

Apenas me paré siquiera a comprobar qué estaba pasando a mis espaldas mientras me dirigía hacia el Jhen Mhoran. Pude ver de reojo que Enya le ofrecía sus vendas a Arthorius para que éste se pudiera tapar las heridas de forma medianamente efectiva, y sabía que cuando acabara la batalla no iba a evitarme decir algo al respecto. Esas visiones no suceden todos los días... Bueno, en la Academia Negra sí me sucedían casi todos los días, pero ese no es el tema. Volviendo al asunto, una cosa que no me pasó desapercibida fue que, mientras la madera donde caía la sangre del antropomorfo empezaba a humear por lo ácido de su sangre, las vendas parecieron aguantar sin problema alguno el líquido. Curioso, cuanto menos. Nunca había oído de un ácido tan selectivo.

Pocos instantes después me hallaba caminando a paso rápido sobre los colmillos del monstruo, acercándome velozmente al cuerpo de la criatura para poder clavarle la espada donde fuera, aunque todo sea dicho, teniendo en cuenta el tamaño de la criatura y todo... Me estaba quedando sin ideas, así que probé el remedio más tradicional a la hora de matar cualquier cosa. Apunta a la cabeza. Enya y Arthorius no tardaron en venir detrás, abordando conmigo a la criatura aunque al parecer yo fui el que primero se paró, pues el antropomorfo tenía como objetivo el cuello y Enya a saber dónde quería golpearle.

Situado en la cabeza del monstruo empecé a clavar la espada, la cual poco a poco fue rompiendo la resistencia hasta llegar a la empuñadura... Y apenas logró sacarle un grito de dolor al maldito bicho. Desclavé la espada y me quedé mirando a Arthur, encogiéndome de hombros para darle a entender que definitivamente no era tan fácil como parecía rematar al bicho a espadazos. El antropomorfo parecía estar algo ocupado debatiendo con Grahim y suspiré, mirando de nuevo a la capa de roca de la criatura y teniendo una idea que, aunque fuera algo desesperada, tal vez pudiera llegar a funcionar. Sin dudarlo dos veces, saqué mi fiel mazo con la mano izquierda y furiosamente empecé a golpearle a la capa protectora, coreando el movimiento de forma adecuada: -¿¡Por qué no te mueres, monstruo de mierda!? ¡A ver si así te reblandezco un poco la maldita cáscara de piedra!-

Empecé a estampar el mazo contra la costra de minerales y roca alrededor de la herida que ya le había causado y manteniendo la esperanza de que, tal vez, aquella táctica sería mínimamente efectiva. Si no, supuse que seguiría golpeándole aquél sitio para desestresarme un poco, porque aunque disfrutaba de la cacería me enervaban las criaturas que parecían completamente invencibles. Aporrearle una y otra vez la piel hasta que pasara algo por lo menos me ayudaría a calmarme y pensar mejor dónde demonios podía hincarle la espada al monstruo. Parecía que funcionaba, o tal vez fue que Enya o Arthorius encontraron un punto más débil, porque repentinamente el Jhen Mhoran soltó un poderoso grito y empezó a agitarse. Di gracias que tengo los reflejos rápidos y me arrodillé, clavando la espada en el punto donde anteriormente la había alojado, evitando así irme de cabeza a la arena. Por muy atado que estuviera dudaba que un golpe a esa velocidad fuera agradable...

Aquello tuvo una consecuencia inesperada pero por lo menos fue una buena noticia bastante agradable. El Jhen Mhoran se había quedado quieto de una maldita vez, y ahora solo se dedicaba a mirar el barco que ahora estaba parado al igual que él. Decidí que lo mejor sería acercarse al punto que anteriormente había atacado Arthorius, y guardando el mazo me dediqué a tratar de apuñalar a la criatura una vez logré quedarme estable ante la inmovilidad del bicho. Ya le quedaba poco... Era cuestión de rematarlo y aquello estaría listo. O al menos, eso esperaba...
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Enya el Miér Jul 03, 2013 8:26 pm

Aquella bestia estaba dándome uno de los combates más memorables de toda mi existencia; era fuerte, resistente y feroz como la que más, pero no se asemejaba a otros animales contra los que hubiese batallado antes… era inteligente no instintiva como otros. Me lo demostró cuando fue decelerando a medida que surcábamos las dunas. Desde un primer momento supuse que su frenada se debía a la herida del costado en el que me encontraba, causada minutos atrás por el espolón de la nave.

Mientras tanto, yo seguí avanzando por su costado, atada todavía a la cuerda del navío y procurando hacerlo con el suficiente cuidado como para no caer al vacío, donde la arena esperaba ansiosa por más sangre, que había a mis espaldas. Durante el avance no podía evitar echar alguna que otra mirada hacia abajo mientras suplicaba a las diosas porque aquella fortuna que me acompañaba, sin embargo no me detuve hasta que la cuerda atada a mi cintura no me dejó avanzar más. En ese momento giré la vista hacia atrás, doblé medio cuerpo y saqué el arco junto con una flecha. Para ese entonces la bestia ya estaba casi detenida. Gracias a ello pude apuntar mejor. Aunque sentí un pinchazo de dolor en el brazo derecho –que estaba usando para sostener la madera del arco en lugar de para tensar la cuerda-, logré resistirlo y pude disparar con suficiente precisión como para que la flecha volase directa hacia su objetivo, que no era otro que el mástil en el cual estaba atada mi cuerda. A continuación guardé el arco y di comienzo a mi plan.

Si todo iba bien y lograba cortar la cuerda que me ataba lo que haría a continuación podía resultar de dos formas: Con una victoria gloriosa o con una muerte espantosa y para nada memorable. Mi intención, una vez cortase la cuerda, era la quitarme el lazo que me rodeaba y engancharlo con un preciso tiro a alguna de las protuberancias rocosas de la bestia. Seguidamente cogería algo de cuerda restante, la cual según mis planes debería colgar por el lomo de la bestia, y la usaría para descolgarme por su lomo rajándolo en el proceso con la espada. Allí, en el costado, la piel y la carne parecían más blandas, así que con suerte lograría hendir lo suficiente mi acero como para desgarrar algún tejido importante o al menos hacerle un corte que lo debilitaría aún más.

Si durante el descenso hacia la arena lograba alcanzar la herida que había causado el espolón, hincaría allí mi espada, tal y como había hecho con las flechas en la anterior batalla contra el leviatán, para producir un mayor dolor en una herida ya abierta y, con suerte, algo de puntería y mucha ayuda de las diosas, alcanzaría algún tejido que no hubiese sido dañado por el espolón pero que éste si hubiese dejado al descubierto.

En aquellos momentos todo me pasaba a cámara lenta… Era imposible no estar nerviosa. La dama de la guadaña se me presentaba más cerca que nunca, acechándome. Morrigan, mi diosa, debía sentirse orgullosa de mí por tener tanto valor como para intentar tal proeza y puede que si todo iba según lo pensado pudiese alzarme victoriosa sobre el cadáver de la bestia y llegar una vez más a casa del Dan el alquimista, aunque en ésta ocasión no me callaría. Estaba muy cabreada y tenía unas cuantas cosas que decirle a ese viejo, gordo y desgraciado maniático de los ungüentos y las pócimas. Si por el contrario acababa estrellada contra la arena… Que Epona me tuviese entre sus brazos… Al menos moriría en combate, como una buena guerrera que era.
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Snarl el Miér Jul 03, 2013 11:48 pm

El cazador sabe cuando la presa es mucho para el
Sabe cuándo debe dar marcha atrás y dejarlo todo
Pero también sabe que con ello, será su vergüenza
Pueden llamarle estupidez u orgullo
Pero el cazador debe arriesgarlo todo por la presa
Debe darlo todo y salir triunfante
O morir en el intento y no vivir cual cobarde

Christian Chacana 03 de julio de 2013


Las garras contra las rocas, cual dagas de acero contra las armaduras. EL latir de dos corazones, a la espera de un momento de duda, de un instante de miedo, para abalanzarse y derramar la sangre del contrario. Mas en la oscuridad de la cueva, nada sucedía. El schakal se mantenía atento a los movimientos de su presa, había tenido compañeros en el pasado, pero uno a uno habían perecido estúpidamente, ahora se había quedado solo, como siempre lo había estado, solo el contra el mundo, contra todo lo que le rodeaba. Uno puede pensar que una vida como esa no es vida, mirar a todos como enemigos o simples presas, sentir que el mundo a uno le presiona violentamente y que debe de abrirse paso en este con garras y colmillos, pero… él lo había vivido desde que había abierto sus ojos, desde su primer llanto, siquiera antes de probar sangre o leche, el ya había estado solo, ¿familias? ¿Compañeros? Nada de eso tenía valor para él, el mundo no era un lugar feliz, el mundo no es un lugar bello, si no un enemigo que lucha cada día para destrozar tu cuerpo, para acabar con tu vida y hacer que exhales por última vez, antes de desaparecer y volverte un simple cadáver frio. Ahora en esa cueva estaba él y la bestia, nadie más… y  no daría pie atrás, ni correría cual perro asustado, sino que se llevaría entre sus fauces a la bestia que tenía por delante.

La estrategia del schakal hubiera servido si no hubiera visto algo repugnante cual es literalmente, defecar una enorme bolsa verdosa de quien sabe qué cosa en su interior. El schakal recordó vagamente la advertencia de la mujer, y maldijo en su interior que el pirómano fuera tan idiota como para morir sin ser de ayuda o por lo menos, demorar más en morir. El schakal apretó con fuerza la daga, no tenía muchas opciones, más que correr hacia una de las antorchas y avivarla, la luz podría hacer que se moviera, pero también le daría una ventaja si aquello que había dentro del saco, y esperaba estar equivocado, saliera de ese.

Rápidamente, utilizando sus garras contra la dura roca, corrió a toda velocidad para agarrar una de las antorchas más cercanas, la cual aun ardía, a pesar de que esta sonaba mientras se consumía lentamente la grasa entre los trapos. No sabía que debía de hacer realmente … debía de hacer algo con aquel saco que se movía, ya que le erizaba los pelos del lomo esos movimientos, como si sus instintos le gritaran “corre”, “huye”, pero esas palabras se diluían en su sangre y cuando llegaban a su corazón, estaban frías y muertas. Sin perder un momento miro a su alrededor, no quedaba nada de la resina del pirómano, y solo veía otro par de antorchas, que parecían que en cualquier instante se apagarían, dejando a oscuras todo. El schakal apretó los colmillos, frunciendo el ceño al no saber que saber, con un largo suspiro trato de pensar, no tenía mucho tiempo. Lo único que se le ocurrió era arriesgarlo todo, con fuerza arrojo la antorcha hacia la bestia, si la evitaba podría lanzarse contra aquel saco… si tenía suerte, podría atrapar alguna otra antorcha en el camino y quemar aquel saco blanquesino… el cual se movía grotescamente.


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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Arthorius Bloodbane el Vie Jul 05, 2013 10:22 pm

Me incorporé con dificultad entre las arenas del desierto, sin perder de vista la imponente figura... Se había alejado bastante... Gruñí una maldición entre dientes y de nuevo invoqué la espada a mis manos, dirigiendo con presteza un tajo a la cuerda que aún me unía a la bestia. Se veía que por el momento no era necesaria. Dirigí la mirada el resto de cuerdas, y me percaté de que a parte de la mía solo quedaba una. Di por supuesto que la otra habría sido cortada cuando caí del lomo de la criatura, pero fue la tensión a la que parecía verse la otra la que me llamó la atención. Antes de que pudiese identificar quien era su portador, se aflojó repentinamente, y vi caer de la cabeza del Jhen Mohran una figura que no logré distinguir. Sin perder un momento comencé a correr en aquella dirección ¿Quien habría caído? ¿Enya o Khaelos? No estaba seguro, sabía que era el hombre quien estaba en la cabeza cuando había sido derribado, pero desconocía que había pasado en ese tiempo, puesto que la otra cuerta estaba seccionada. De hecho, no veía rastro de ella.
Tardé unos momentos, pero finalmente alcancé el punto donde había visto caer a uno de mis compañeros, y vi tendido a Khaelos en el suelo, levantándose de las arenas como yo mismo había hecho. Le dirigí una mirada de sorpresa, pues aun no me explicaba la causa de aquella caida. Hasta que me percaté que seguía estando atado a la cuerda, y recordé la tensión que tenía cuando la había mirado. Sonreí de medio lado mientras de un tajo le liberaba de aquel nudo que le ataba al barco y le ofrecía mi mano para levantarse.

-En el fragor de la batalla, olvidaste cortar tu cuerda cuando la bestia se alejó demasiado ¿Eh, compañero?-Le dije dedicándole una mirada de complicidad. Segun me parecía, cuando la criatura se había alejado del barco, había llegado un punto en el que la cuerda tiró de él, y esto le hizo caer.-Parece que este caballo es duro de montar ¡Ja!

Sin duda, había sido un fallo por parte de ambos haber sido derribados de la criatura. Pero al menos ambos estábamos vivos... Aunque podría afirmar que el golpe del conde había sido mayor. Dado que yo caí al lado de la criatura, donde las arenas estaban revueltas por su nado. Aunque, igualmente yo había sido arrastrado por el barco durante un par de metros. Lo cierto era que no importaba, en aquel momento solo pensaba en Enya. Ella ¿Donde estaba? Su cuerda no estaba atada al barco. Y desconocía si había caído también, o si había logrado aferrarse a la bestia. Apreté el puño con fuerza, sintiendo como los músculos de mi brazo se comprimían, y como las vendas se rompían. Dirigí una mirada hacia allá, y comprobé como la costra de sangre ya se había formado. Y es que mi sangre lograba coagularse más rápido que la de otras personas. La venda que la mujer me había proporcionado me había servido para evitar la salida masiva de sangre, así como facilitar su secado y coagulación, sin embargo... Podía ver como apenas unos jirones de tela ahora carmesí estaban unidos a la masa de sangre seca que tapaba mi herida. Parecía que no podría devolvérselas...
Resoplé un momento antes de dirigir la mirada a Khaelos de nuevo, la verdad es que estaba siendo más intenso que el anterior combate, por mucho que fuese en unas mejores condiciones. Sentía mis escamas negras ardiendo, y el pelo parecía desprender calor propio tras la exposición prolongada a aquel sol de justicia. Mientras el metal que cubría mi pecho convertía este en un horno que me daba fuerzas. Y aun así. La caída, el esfuerzo, el golpe, la carrera, y el hecho de que un barco me arrastrase varios metros por el desierto, habían sido suficiente para quitarme el aliento unos segundos.

-Bueno, ya está. Se acabó lo de mirar. cacemos a esa puta ballena de arena de una vez.-Dije mientras reemprendía la marcha hacia la bestia con el conde a mi lado... Pero apenas pudimos avanzar unos pasos, cuando me percaté de una figura en uno de los laterales de la bestia. Fue como una mancha. Veloz y mortífera. Descendió con celeridad, y a su paso hacía crecer una ola de sangre que la seguía hasta alcanzar el suelo, donde desapareció cuando el torrente rojo la alcanzó. La bestia lanzó un aullido y se revolvió entre espasmos de dolor. Me quedé paralizando ante la escena, sin terminar de comprender lo que había sucedido.-¡¿Que demonios?! ¿Eso ha sido...?-De pronto lo recordé... La cuerda... Enya... ¿Sería posible?-¿Eso lo ha hecho Enya?

Pude ver como finalmente, la bestia que habíamos intentado cazar dejaba caer su cabeza sobre la arena, y contemplaba el horizonte con mirada cansada. Moribunda, y a punto de expirar su último aliento. Decidí cambiar el rumbo y dirigirme al lugar del grotesco espectáculo que había ocurrido unos segundos antes. Al llegar, pude ver como Enya salía con tranquilidad. Su cuerpo estaba cubierto de sangre, y a su alrededor se esparcían algunas vísceras de la bestia. No pude evitar contemplar la enorme raja que le había abierto a la bestia. Sin duda, era la mayor herida infligida después de la del espolón...
Le sonreí finalmente y le tendí la mano derecha para ayudarla a salir de aquel cúmulo de arena, sangre, y vísceras.

-Buena caza, Enya... Buena caza...-Al extender el brazo pudo ver como algunos trozos las vendas, medio rotas y medio corroídas caían al suelo. Agrandé mi sonrisa en gesto amable.-Por cierto, parece que las vendas no soportaron el cálido tacto de mi sangre.

"Y a pesar de que el otro grupo hubiese completado la misión con éxito. El schakal de Keyback tenía una situación bien distinta. La criatura a la que se enfrentaba parecía demasiado fuerte para poder con ella solo. En el ambiente, la muerte se respiraba a cada segundo, y la certeza de que aquella bestia le superaba en practicamente todos los aspectos, era palpable. Sin embargo. Si algo no se le puede echar en cara, era la falta de coraje. Estaba dispuesto a cazarla, o morir allí mismo. Pero jamás huir... Su actitud recordaba a la de una de las sociedades guerreras más famosas, y a una de sus más famosas frases.
Con el escudo. O sobre el escudo... Pero jamás sin el escudo.

Tras contemplar como la bestia había depositado un horrible saco de aspecto amenazante. Veía que su tiempo se agotaba. Y debía encontrar la forma de librarse pronto de la criatura y de lo que había engendrado. O pronto no tendría más de que preocuparse.
Sus opciones eran reducidas, y las palabras de la cazadora le habían advertido. Todo era peligroso, todo era demasiado. Y su mejor baza para sobrevivir, había muerto envuelto en las llamas que él mismo le había arrojado ¿Quizás aquello hubiese sido un error? Jamás lo sabría. Sin nada que perder, y con su vida ya puesta en juego, se dispuso a comenzar con su plan. Lanzándose hacia una de las pocas antorchas que continuaban ardiendo en aquel lugar. El descuidado y húmedo suelo había apagado la mayoría, y la resina obtenida había sido devorada junto al otro cazador. Apenas dos antorchas aguantaban ardiendo colocadas en diferentes posiciones de la cueva, y sus llamas amenazaban con extinguirse a cada segundo que pasaba. Pero logró hacerse con una, y blandiendo esta, llamó la atención de la criatura que, atraida por el fuego, giró su mirada hacia él... Para más tarde comprobar como estas se aproximaban a su rostro.

Sin perder un segundo, el hombre bestia había arrojado la antorcha al rostro de la bestia, mas esta, demostrando su agilidad, la consiguió evadir...
Parcialmente. El palo ardiente no tocó su rostro, pero llegó a impactar contra una de sus alas, prendiéndola en llamas con velocidad, y arrebatándole un grito agudo y poderoso del interior de su gelatinoso cuerpo. Las llamas se extendieron un poco por su cuerpo, y el hombre bestia intentó alcanzar el saco... Mas la criatura, furiosa por el ataque, le golpeó con fuerza lanzándole contra el suelo de la cueva. Con un par de gritos de dolor y golpes contra el suelo, logró finalmente apagar las llamas que habían empezado a consumir su cuerpo, pero se podía apreciar que en el ala derecha, su piel estaba semi derretida y de aspecto más horrible que el que presentaba antes... Realmente, haber tenido al mago vivo en aquel entonces, habría supuesto una ventaja considerable.
Aprovechando esos momentos, el hombre pudo ponerse en pie. Pero para cuando quisiese volver a emprender el camino hacia el saco, comprobaría con horror como este se rompía, liberando unas veinte criaturas de aspecto similar a la que se enfrentaba, pero de tamaño reducido. Parecían sanguijuelas blancas y muy veloces, que se dirigían en todas direcciones en busca de algo... Y finalmente se acercaron al hombre. Pero no llegaron a él. A su lado, la luz de una antorcha titilaba débilmente, a punto de consumirse, y tras el haz que desprendían aguardaban unas bocas repletas de pequeños pero afilados dientes..."



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Off: Bueno, aquí el siguiente mastereo. Pondré el off en cuanto pueda. Allí habrá más datos e información. Porque en este post hay cosas que no puedo decir bien por el estilo de narración xD
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Miér Jul 10, 2013 1:19 am

Logré quedarme durante los primeros instantes en el Jhen Mhoran, haciendo fuerza para no irme ante la sacudida de la criatura. Tras eso, la frustración hizo presa de mí, conminándome a aporrear, aporrear y aporrear de nuevo hasta que escuché un sonido similar al que hace una cuerda de balista tensarse. Noté un fuerte tirón alrededor de mi cintura mientras la criatura seguía nadando, y agarrando mis armas con fuerza apreté los dientes, preparándome para la caída. No tardó en llegar, y un fuerte sonido metálico hizo aparición cuando mi cabeza rebotó contra el yelmo. Dejé ir un gruñido de dolor y durante unos instantes no veía nada. Estaba adolorido, ciertamente, y me costaba levantarme o siquiera pensar con claridad. Finalmente logré empezar a ver de nuevo, viendo puntos luminosos por doquier. Escuché el sonido de una cuerda al ser cortada y tras eso vi la mano de Arthorius. Algo mareado se la estreché, levantándome y tambaleándome antes de quedar en pie de nuevo. Bamboleándome levemente le respondí: -Argh... Malditas cuerdas... Espero que ese maldito caballo muera rápido...-

Estiré los músculos, dejando que mis huesos soltaran un sonoro crujido. No me había roto nada de milagro, pero por los dioses que el chasquido dolió suficiente para tensarme hacia adelante de nuevo. Sintiéndome algo más recuperado aunque todavía atontado y dolorido, decidí observar al monstruo. El sudor corría por mi frente y mis mejillas, notándome acalorado por el ejercicio y el clima. Sabía que de no ser por el equipo que me había puesto ahora mismo estaría deshidratándome en lugar de aguantar como estaba aguantando. Finalmente el antropomorfo habló, y andando con él pudimos ver a una forma bajando por el lateral del Jhen Mhoran que prontamente evisceró a la criatura, provocando una auténtica cascada de sangre bajo la cual desapareció dicha figura. Tenía un presentimiento, y cuando Arthorius habló le respondí: -Me juego lo que quieras a que sí ha sido ella...-

Ambos nos acercamos al sitio donde la sangre había hecho su mayor impacto, y cuando llegamos vimos que la mujer estaba completamente bañada en sangre. Alcé las cejas al darme cuenta también de que la mujer no poseía la parte de arriba de sus ropajes ya claramente. Mientras Arthorius la ayudaba a levantarse yo no pude evitar hacer un par de comentarios, mostrando en mi tono la confianza de la camaradería: -Bello espectáculo, Enya, aunque no sé si decidirme por el colosal sangrado que le has infligido a esa criatura con un golpe magistral o porque la mezcla de sangre y mujeres hermosas siempre me ha fascinado. Por lo demás, ¡mira! Ahora puedes disimular la piel quemada.- Tras eso me acerqué y le puse una mano en el hombro, mirándola con aprobación: -Buen trabajo. El mérito de esta victoria es tuyo. Por cierto, hasta que puedas asearte y ponerte ropa nueva...- Me arranqué un trozo de tela del turbante, suficiente para que ella pudiera envolver su pecho y no tener que mostrarse ante los marineros con los dones al aire.

No tardamos en subir al barco, dejando que los marineros hicieran su trabajo. A Enya le entregaron una piedra preciosa igual que sucedió con Arthur, pero... En aquella ocasión, dicha gema era incluso mayor que la que había recibido el antropomorfo. Alcé una ceja, con curiosidad. Una piedra para el que daba el golpe final... ¿Pero qué propiedades tendrían esas piedras? Me los quedé mirando con curiosidad unos instantes antes de dirigirme al camarote. Una vez ahí me senté sobre la cama, empezando a quitarme los ropajes exteriores y la armadura. El viaje de regreso no iba a ser el más corto, y quería estar cómodo hasta llegar. Justo acababa de ponerme las ropas cómodas que tanto Arthorius como Enya entraron en la habitación. Me levanté, con un gesto extraño en el rostro, mezcla de curiosidad y necesidad de saciar algo y extendí las manos hacia ellos: -Dadme las piedras. Necesito saber qué son y creo que tengo una manera de descubrirlo.-

Con más o menos reticencias por mi actitud de pronto extraña, finalmente accedieron, momento en que sonreí misteriosamente y me dirigí a la mesa, posando aquellas gemas con cuidado sobre la misma, sentándome entonces en la silla que había frente al mobiliario. Hice crujir mis dedos, empezando a concentrar mi magia en las manos. Cerrando los ojos, posé una mano sobre cada gema. La izquierda en la de Arthorius, la derecha en la de Enya. Podía notarles detrás mío, aunque no sabía si estaban mirándome con curiosidad, con suspicacia o cómo. Tampoco me importaba en aquellos momentos. Debía saber qué eran aquellas gemas... La primera me había suscitado curiosidad. Ver una segunda me hizo saber que la similitud de ambas recompensas no era pura casualidad. Había algo más... Mis sentidos mágicos entraron en contacto con aquellas piedras preciosas, y pronto percibí algo curioso cuanto menos. Albergaban vida... ¿Qué serían...? ¿Trampas mágicas? ¿Celdas arcanas? La verdad se reveló mucho más pacífica... Aunque no menos extraña. Abrí los ojos e interrumpí el contacto cuando, tras un minuto de examen, empecé a escuchar unos crujidos provenientes de las piedras. Se estaban rompiendo. Estaban... Eclosionando... Eran huevos. Muy extraños, pero huevos al fin y al cabo. Una cabeza asomó de cada gema, y vi que tenían los ojos cerrados. Aquellos seres no me pertenecían, y no sabía si tenía ganas de cuidar a alguna criatura, de modo que levantándome tomé las piedras con las manos y me giré, tendiéndole a Arthur la suya y a Enya la suya, mientras les dedicaba una sonrisa de medio lado: -Tomadlos... Enhorabuena, son unos niños preciosos.-
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Enya el Jue Jul 11, 2013 10:08 pm

Mi puntería fue lo bastante fina como para atinar en el punto exacto de la cuerda, sin cortar la de mis compañeros pero sí desligando la mía de la de ellos. Seguidamente hice lo que tenía en mente para mi plan, cogí la cuerda que colgaba de un costado de la criatura y salí del lazo formado alrededor de mi cintura cuan rauda pude; ese mismo nudo lo usé a modo de amarra tras lanzarlo, también con fortuna, hacia una de las protuberancias rocosas que tenía la criatura a pocos metros de mi cabeza. El resto fue sencillo. Épico pero sencillo.

El mango de la espada temblaba, pero mi mano no. Se mantenía firme rodeando la empuñadura de aquella herencia familiar a medida que iba descendiendo por el lomo de la bestia dejando tras de mí la inconfundible hendidura de un acero bien afilado y cuidado. Lo cierto es que ni tan siquiera recuerdo cuánto tipo tardé en llegar al suelo, ya que durante el descenso tenía la vista fija en aquella cascada de sangre que parecía a punto de aplastarme con todo su peso en cuanto tocase el suelo con los pies. La otra mano tampoco estaba pasando por poco; puede que no tuviese que hacer fuerza con ella, al menos no mucha, pero entre que había de sujetar mi peso y que la fricción estaba empezando a carcomer las vendas, sentía un cosquilleo en el hombro que, sumado al calor cada vez más intenso sobre la palma de mi mano, me hacían sentir un tanto indefensa allí arriba.

Por fortuna llegué al suelo sana y salva, sin percances más allá de una cascada de sangre que se derramó por encima de mi cuerpo semidesnudo en apenas unos segundos y me derribó por su enorme peso. A continuación la mano de Arthorius, sin apenas vendas por culpa, seguramente, de su ácido y de la abrasión sufrida a causa de la caída sufrida, me fue tendida para ayudarme a levantarme. Sin dudarlo la acepté, al igual que pocos minutos después acepté el trozo de tela que me tendía el conde nigromante:

-Gracias, Arthorius – solté su mano y giré mi vista hacia el conde: - Así es como cazamos en mi tierra, Khaelos ¿Se puede decir lo mismo de los centinelas de Zhakesh? – hice una pequeña pausa para respirar y terminé mi monólogo con unas palabras dirigidas a ambos: - Gracias a esta cacería tendré buenas historias que contar cuando regrese a mi tierra… ¿Me acompañaréis? Necesito músicos – sonreí con sorna.

Lo que hice a continuación… Bueno, ¿qué decir? Hasta yo me sorprendería, a día de hoy, de la actitud tan infantil que demostré cuando tras atarme la tela azulada del conde y cubrir mis pechos, me lancé hacia la ardiente arena como si se tratase del agua del lago más fresco del mundo; rodé unas cuantas veces y me levanté cubierta por una costra de barro rojizo que se iba endureciendo poco a poco con el fustigante sol que caía encima de mi piel, que aunque cubierta, estaba quemada de una forma indecible.

Después llegamos al barco, donde recibí la atención de la mayoría de los marineros mientras se dedicaban a atar a la bestia al barco por los colmillos para remolcarla –o eso supuse yo.- Sin embargo, más llamó mi atención el hecho de que se me fuese entregada una gema, igual que la de Arthorius pero de un tono amatista muy suave y casi translúcido que, aun así, era lo suficientemente lechoso como para no permitirme ver lo que había en su interior. Khaelos me la pidió, al igual que a Arthorius, para analizar su contenido así que se la tendí sin pensármelo demasiado y me quedé observando cómo posaba sus manos sobre las gemas para intercambiar esencia con ellas. Siempre me habían fascinado los magos, no puedo negarlo, y si encima sabían manejar armas como aquel hombre… Por las diosas, parecía enviado por la mismísima Morrigan para hacerme caer en sus brazos, y aunque iba por buen camino, no le resultaría fácil; Arthorius, aunque no contaba con magia, tampoco me parecía una mala opción para engendrar hijos que llevasen Coladragón cuando mi vida estuviese llegando a su fin y tuviese que nombrar un sucesor digno del puesto.

Y hablando de niños: ¿Qué decía Khaelos de retoños? Me enteré cuando casi tenía a la pequeña criatura de piel grisácea en mis manos, todavía con los ojos cerrados y con tal parecido a la bestia que acababa de matar de forma tan grotesca que el estómago me dio un vuelco sólo de pensar que aquella pobre criatura estaba defendiéndose de un ataque cruel como el nuestro.

[…]

-Bueno… Ya hemos terminado con éste, ¿ahora qué? ¿Cómo le llevamos los colmillos a Dan? Porque está claro que no entran por la puerta y mucho menos en su casa, creo yo. Así que… ¿Alguna idea, camaradas? – Esto lo dije pasado un buen rato, cuando ya tenía la armadura puesta y al pequeño ser, de más o menos el tamaño de una cría de foca –a las que estaba acostumbrada gracias a mi vida cerca de los lagos helados- cogido en brazos.
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Snarl el Jue Jul 11, 2013 11:52 pm

Roja sangre que corre por mis venas
Escucha las pegarías que mi corazón canta
Dame la fuerza para levantar mi espada
Dame el coraje para sostener mi escudo
Dame la fiereza de utilizar mis garras
Y que la sangre de mis enemigos pueda saborear
Deja que la luna se tiña de carmesí
Y dame el tiempo de poder llevar a cabo
Todo esto escrito.

Christian Chacana 11 de julio de 2013

Malditos sea la fortuna y el destino, malditos sean los dioses y los hombres que le siguen, ya que no importa cuál sea el futuro de un ser, este será forjado por la fuerza y el sudor de los mortales, sin importar los deseos de los dioses o los planes trazados por el destino. Somos el resultado del sudor en las frentes de nuestros padres, no por intervención divina o demoniaca, somos el resultado de miles de elecciones, miles de sufrimientos, para posar los pies en un mundo cruel e inhumano, y aun así, contra un mundo que golpea el rostro con piedras y puños, los mortales levantan torres que rasgan el cielo, imperios que se alzan desde el océano, pero que tarde o temprano se derrumban, para volverse polvo y nada más.

El plan hubiera funcionado, la bestia ardió como si se tratara de un barril con grasa, pero aun así defendió el amorfo saco, alejando de un golpe al schakal que rodando por el suelo logro incorporarse, no sin leves molestias, para que mentir, el golpe le dolió como si hubiera dado contra un muro de ladrillos, y aun así, apretó los colmillos para no quejarse, mas sus ojos, acostumbrándose levemente a la oscuridad y ayudados por una antorcha que había logrado tomar entre sus garras, vio como aquel saco se abría, derramando su contenido, el que temía la bestia, si no se podían contar, podría decirse que eran cientos de esos gusanos repugnantes, que rápidamente se deslizaban por el suelo, mostrando colmillos y hambre, el schakal movió la antorcha y fue ello lo que evito que le dejaran seco como un cuero sin vino o devorado por esos gusanos amorfos, maldijo el momento en que no había tomado las suficientes precauciones para esa misión, ya que muy diferente de tiburón era esa presa y aun mas, ya que había aprendido que el fuego le lamia y devoraba, a diferencia del escualo del desierto.

De tal forma, la bestia luchaba, colmillos y garras de acero, con sudor y esfuerzo. La antorcha danzaba, chispeando levemente mientras el humo de esta se elevaba, frente a él, aquellas repugnantes bestias se arrastraban, cual sanguijuelas esperando la caliente sangre, no muy lejos, la madre, porque la bestia debía de ser hembra para terminar siendo un dolor de cabeza para el schakal, con intentos vanos, la espada danzaba, pero no importaba lo fuerte o rápido que lo intentara, las sanguijuelas esquivaban los golpes, como si se tratara de una danza demasiada coreografiada. El schakal debía de pensar, la antorcha no duraría mucho y si se extinguía cual brazas de fogata, no muchas ideas vinieron al duro cerebro del schakal, que aunque era flexible en la batalla, su mente era aun salvaje y violenta, si la fuerza no solucionaba el problema, la astucia podría hacerlo… y aun así, quizás ninguna de las dos tuviera la solución. ¿Qué haría? … ¿arriesgarlo todo nuevamente? … si había funcionado en el pasado, y aun respiraba… bueno, descontando aquella ocasión en que había hecho caer el pilar sobre su cabeza. El schakal suspiro, y apretó sus dientes para lanzarse.

La antorcha seria lo único que le salvaría, y aun así esperaba deshacerse. El schakal lanzaría la antorcha hacia la maldita bestia, si tenía suerte, ardería como la vez anterior, lo suficiente como para evitar que las sanguijuelas lo devoraran, mas debía de ser rápido, más de lo que había sido, junto con diestro para evitar a las sanguijuelas, sinceramente … no le importaba ser devorado por esa bestia, por que le rajaría el vientre desde adentro si era necesario, no moriría dentro de esa maldita cueva, no lo haría … ya que sin importar como, sobreviviría y se llevaría la presa como el cazador y mercenario que era.


~La familia ... ¿Que sentido tiene cuando hay que despedazarla con tus propias fauces? ... ¿Cuando hay que caminar entre los cadáveres de aquellos que llamaste hermanos y pisar sus entrañas para seguir viviendo? ... la familia ... ~






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Re: Una Caza En Condiciones

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