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Una Caza En Condiciones

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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Arthorius Bloodbane el Sáb Jul 13, 2013 4:44 pm

La mujer salió de entre la sangre y las vísceras sin hacer mención alguna sobre las vendas, pero si nos agradeció nuestras palabras, así como lanzar una invitación para ver sus tierras en alguna ocasión. Sonreí de medio lado ante aquella proposición con la que intentaba lanzarnos una pequeña broma.-Ya sabes que el frío no me sienta muy bien. Y mis mejores canciones las toco cuando estoy bien templado... ¿No has visto lo bonita que ha sido la melodía del Gong?

Enya había cubierto su pecho con una tela sacada del turbante de Khaelos, a quien ya apenas le hacía falta. Íbamos a pasar la mayor parte del trayecto de regreso a casa sentados en el camarote del barco, donde la luz del potente sol no nos causaría más problemas.
Pero aun con eso, seguía cubierta de sangre, y de forma imprevista, se lanzó hacia las arenas del desierto, rebozándose en ella y logrando que esta se pegase a su piel gracias a los fluidos que la cubrían. Y poco a poco, mientras caminábamos de regreso al barco, esa masa se iba secando y cayendo a pedazos, dejando en su lugar una limpia y clara piel, aunque se notaba ligeramente las quemaduras en su piel... Agradecía que a mi no me pudiese pasar gracias a mis escamas... Pues antes de la maldición si tenía tendencia a quemarme. Sobre todo cuando llegaba el invierno, y los suelos de Keyback quedaban cubiertos de una gruesa capa de nieve. Por alguna razón aquellos que teníamos el cabello rojo teníamos mayor tendencia a quemarnos por el sol. Era algo cuya explicación aun no tenía clara.
Cuando alcanzamos la cubierta del barco, me paré a fijarme que hacían los marineros. Estos se afanaban en cortar y amarrar los colmillos de la bestia, al parecer íbamos a tirar de ellos por todo el desierto hasta llevarlos a la ciudad. Tras darme por satisfecho con lo que vi, contemplé como un hombre nos detenía, y al igual que habían hecho conmigo en el anterior barco le entregaron una piedra a Enya, de un bello color purpúreo que llamó mi atención. Aquella gema era más grande que la que a mi me habían entregado, algo a lo que no le di mucha importancia. Al fin y al cabo la presa también había sido bastante mayor.

Sin embargo lo que si me llamó la atención fue el hecho de que aquella criatura también poseyese un tipo de piedra así... ¿Tendrían alguna relación con los objetivos de Dan? No estaba seguro, y no poseía suficiente información para sacar conclusiones. Me encogí de hombros decidiendo que era mejor dejarlo para otro momento, y simplemente continuamos todos hacia el camarote. Aunque antes de llegar me desvié para volver a la bodega a recuperar todas las cosas que había dejado en el barril. Y ya de nuevo con mi equipo, entré en la habitación. Nada más hacerlo Khaelos nos asaltó pidiéndonos las gemas. No tenía problemas en entregárselas, pero algo en su mirada y forma de hablar tenían algo extraño. Era como si lo ordenase, como si quisiese saciar su curiosidad ante todo... Aquello me hizo dudar un instante... ¿Que le pasaba?
Pero finalmente creí mejor entregársela, yo mismo sentía curiosidad, aunque más adelante debía hablar con él sobre aquella extraña reacción de curiosidad.
Saqué la piedra de mi bolsa, que desprendió ligeros destellos entre plata y celeste cuando la luz del candil que colgaba en el centro de la habitación iluminó su superficie. Sin esperar un segundo, Khaelos la tomó y la colocó en la mesa junto a la de la mujer, y tras sentarse en la silla que había enfrente, posó sus manos en ellas...

No entendía del todo que se suponía que estaba pasando. Pero parecía realmente concentrado. al cabo de unos momentos escuché unos crujidos, y cuando se giró hacia nosotros con las manos extendidas y las gemas en ellas, pude ver el rostro emergente de una pequeña criatura de cuerpo plateado que intentaba escapar de la gema... No... No era una gema. Era un huevo. Lo tomé y lo contemplé extrañado. Mientras salía dejando finalmente aquel cascarón que le había protegido ese tiempo... Me percaté de que era como una versión en miniatura del leviatán que habíamos cazado antes, el Lagiacrus. Respiré con dificultades sin apartar mis ojos de aquello... ¿Que se suponía que debía de hacer? Había matado a... A una madre. Y ahora tenía a su cría entre mis manos... Aquella criatura entonces me miró... Abrió sus ojos, mostrando unas pequeñas canicas de color rojizo me miraban directamente, y tras lanzar un pequeño alarido se pegó a mi mano, descansando sobre ella del esfuerzo hecho para salir de su antigua prisión... Sentí la calidez de aquel pequeño cuerpo contra mi palma.
No podía dejarla abandonada... Pero era una bestia.
Aquello fue un duro golpe para mis ideales. Por una parte, deseaba abandonarla, pero por otra, me sentía incapaz de hacer daño a una criatura indefensa, recién nacida... Algo que podía exterminar simplemente cerrando el puño con una mínima fuerza.

De pronto, la imagen final del lagiacrus volvió a mi memoria. Él.... Ella... Me había tenido delante, en las frías aguas de tormenta... Y habíamos visto que era capaz de desprender rayos a voluntad... Me podría haber matado allí mismo. Pero en vez de eso, me miró... Y me dejó.
Aquella misma mirada que había visto en los ojos de la cría... Aparté los ojos de la misma y miré a Khaelos. Definitivamente, no podía acabar con la vida de aquella criatura. Sentía que le debía algo. Aunque desconocía la razón o el origen de aquel sentimiento.

-... Khaelos... ¿Que hiciste para... Para despertar a estas... Criaturas?-Dije mientras me sentaba en la silla y contemplaba la criatura que en ese momento yacía durmiendo entre mis grandes manos. Pero de repente sentí una presencia molesta a mi lado, y pronto, mis temores se vieron confirmados cuando la voz de Grahim resonó por aquella habitación.

-Vaya vaya... ¿Quien iba a decir que tenías corazón, Arthorius...?-Dijo mientras se paseaba por la habitación, contemplando de soslayo a las dos crías recién nacidas.-Arthorius Bloodbane. Señor de las tierras del legendario Cazadragones Rain Bloodbane... Seguro que estaría orgulloso de que su tataratatara... De que su nieto acogiese a una cría de dragón entre sus manos...-Añadió con un sonrisa maliciosa... Aquellas palabras no lograron más que hacerme hervir la sangre. Y realmente, aunque supiese que no servía de nada, le habría golpeado en ese mismo instante de no tener a aquella pequeña criatura entre mis manos.

-Mira, maldito bastardo hijo de una hiena. No vuelvas a mencionarle en lo que te queda de existencia o te aseguro que cogeré tu ponzoñosa lengua fantasmal y haré que te lamas el trasero durante el resto de la eternidad. ¿Has escuchado, puto espectro tocapelotas?-Le respondí fulminándolo con la mirada, al borde de entrar en cólera... Rains no habría dudado en matar a la cría en el preciso instante de su nacimiento... Pero... Era por él por quien la maldición había caído sobre mi familia. Aunque intentase seguir sus pasos... Convertirme en un cazadragones legendario... No. En ese momento no podía pensar en mi objetivo. Solamente era incapaz de seguir sus pasos en ese aspecto.

[...]

Una vez ya más calmada la situación que se había dado hacía unos momentos, pudimos distraernos un poco con preguntas algo menos serias. Y a la vez más importantes. Miré a Enya con una sonrisa cuando habló de los colmillos, y casi no pude reprimir una carcajada.

-Pues, si por mi fuera, se los llevaría en mano y se los metería por allá donde no da el sol. Pero me parece que nos tendremos que quedar con las ganas...-Dije, intentando demostrar que no me había olvidado de los líos en los que nos estaba metiendo el viejo.-Pero bueno, supongo  que al igual que con las conchas del Lagiacrus...-Hice una pausa, volviendo a recordar las imágenes de la bestia plateada.-... Solo habrá que llevarle un trozo. A mi me preocupa más a por que nos mande ahora. Ya hemos ido en barco por mar, y por arena. ¿Que será lo siguiente? ¿Cazar una bestia en un volcán con una nave de lava? No estoy seguro siquiera de que existan... O, no sabría decir si mejor o peor... ¿Cazar a una bestia voladora con algún tipo de barco volador? Además. Si cada vez son más grandes, lo siguiente fácilmente podría ser una montaña.

[...]

Entramos finalmente por la puerta que nos llevaba de regreso hacia Shuwap. No sin antes despedirnos de aquel hombre que nos había ofrecido tanta información. Lo cierto es que había sido de tremenda utilidad. Había logrado ganarse mi respeto. Pero cuando atravesé la puerta y vi ante mi al chico, a Mack aquella alegría se desvaneció de un plumazo. Se acercó a nosotros, y le entregamos el trozo de colmillo que mediría al menos un metro de largura. Se trataba de la punta de uno de aquellos huesos. Lo cogió a duras penas, pues aquella pieza pesaba lo suyo, y lo llevó como pudo hasta la mesa. Ni yo ni los demás parecimos tener gana alguna de ayudarle con ese trabajo. Puede que no tuviese culpa de lo que hacía Dan, pero su sola presencia me lo recordaba. Volvió al instante, sonriente y bastante contento por como avanzaba la cosa. En la mesa había también lo que parecía ser una cola, cuya piel era de tonos amarillos y verdosos, de tonos terrosos. Debido a la ausencia del otro grupo, supuse que habría regresado entregando su parte del encargo y habría viajado hacia el siguiente objetivo... Algo que parecía también tocarnos a nosotros en ese momento.

-Oh, fantástico... Muchísimas gracias por vuestro trabajo. Seguro que Dan estará contento con él.-Dijo con presteza aquel joven. Y sin pensárselo un momento más caminó hacia una puerta. Una solitaria montaña con varios símbolos sobre ella que parecían copos de nieve era el símbolo que tenía en ella.-Esta puerta conduce a Drakenfang. A las faldas de la montaña, la parte mas sur. Llegareis a una fortaleza situada en la frontera entre Zhakhesh y Drakenfang. Allí encontrareis a un hombre llamado Conan. Él probablemente os dará más datos sobre la bestia a la que os enfrentareis. Yo no puedo deciros más que lo que se. Debéis conseguir su cuerno. Es una protuberancia ósea muy delicada. Por lo que no podéis atacarle en la cabeza. Centraos en el resto del cuerpo-Y sin más, repitió el proceso que ya teníamos más que visto y abrió la puerta, de la que emergió una brisa fría y húmeda... Parecía que se había acabado mis momentos de tranquilidad... Volvía a sitios complicados. Aunque en cierta manera, el olor del aire que entraba me recordaba al de Keybak.

"Desesperación. Era lo que sentía en schakal en aquel momento. ¿Que hacer? ¿Hacia donde ir? ¿Como atacar? Todas las opciones parecían una mala idea. Y realmente no parecía encontrar camino seguro por el cual avanzar. No tenía que preocuparse de una bestia. Si no que ahora también debía estar atento a aquellas sanguijuelas que no perdían detalle de su situación.
Sin más opciones tras incorporarse, decidió que si la situación era tan complicada y arriesgada. Realmente el camino no importaba. Y decidido a causar todo el daño posible, se lanzó en un ataque que algunos calificarían de suicida.
Lo primero que hizo fue arrojar la antorcha que le estaba protegiendo de aquellas diminutas criaturas blancas hacia la que se suponía que era su madre. Si igual que antes, las llamas la alcanzaban y comenzaba a arder, quizás generase suficiente luz como para seguir manteniendolas a una distancia prudente. Instantes después de aquel movimiento corrió en dirección a la bestia para atacarla con sus armas, así como para acercarse a lo que, si su puntería había sido suficiente, la luz que le salvaría de morir desangrado por un  ejército de sanguijuelas gigantes.

Su plan funcionó, o al menos en su mayor parte. La antorcha surcó el aire húmedo de la cueva, y finalmente impactó de nuevo en un ala de la bestia, prendiéndola en llamas como la vez anterior. Los gritos de dolor se hacían eco por toda la caverna, mientras la criatura se agitaba intentando apagar las llamas.
Y mientras el hombre bestia se aproximaba, pudo escuchar como a sus espaldas se movían con velocidad aquellas criaturas, intentando saltar a su espalda y beber toda su sangre. Pero, a pesar de todo eso, no se detuvo... Hasta que un coletazo le derribó, haciéndole caer al suelo dolorido. Y un momento después, sintió un picotazo en el pie derecho. Cuando su mirada se posó en él pudo ver a una de aquellas criaturas agarradas a él, y agitándose como un pez fuera del agua, mientras su cuerpo se marcaba con venas rojas que palpitaban.
Cuando se dio cuenta, tenía ante su rostro a la enorme criatura, meciéndose como una hoja al son de la brisa de otoño. Y a su alrededor, los otros gusanos blancos se acercaban con lentitud, aun algo desconfiados por la luz que emitían las pequeñas llamas de la antorcha que ahora descansaba en el suelo. Llamas que se consumían con velocidad.

¿Iba a morir allí? No era algo que podía permitirse. Se negaba a hacerlo. Y agotaría todas sus fuerzas antes de darse pon vencido... ¿Que iba a hacer?
Aquella pregunta quedó sin sentido cuando de pronto una luz blanca y azulada llamó la atención de todos los presentes allí... Una luz brillante, intensa. Y después, un fuerte chasquido.
La bestia gritó, y se alejó de él, mientras una estela blanca como un relámpago surcó la cueva hasta colocarse a su lado... Al alzar la mirada pudo ver la fuente de la que procedía.
Una bestia que emanaba luz propia, era similar a un caballo, y su pelaje parecían agujas de cristal. En su cabeza, un cuerno que parecía un carámbano de hielo emitía pequeñas descargas eléctricas que saltaban hacia su crin. Si el hombre bestia había oído hablar alguna vez de los unicornios, debió de dudar sobre aquel, pues aunque lo pareciese en silueta, no era en absoluto como uno de ellos. Pero la sorpresa no fue la bestia, si no su jinete. Sobre ella iba montada Jasmine, la cazadora que le había dado aquella espantosa bienvenida tras su llegada.

-Te dije que no lo podrías cazar tu solo...-Le dijo la mujer con voz firme, casi como si le reprendiera, pero en el fondo había cierto respeto.-Supongo que puedo hacer una excepción con mi juramento... Esta montaña ya está plagada de cadáveres, no quiero otro más... Y por cierto, si vas a decirme que podrías haberla matado tu solo te lo puedes ahorrar. Estabas más jodido que una yegua recién follada. No hará falta que me des las gracias.

Sin pensárselo un segundo más, tomó el arco que colgaba de uno de los costados de su montura, y cargando su flecha en un segundo la disparó al cuerpo del Gigginox, donde se clavó con profundidad. Al sentir el dolor de aquel proyectil en su cuerpo retrocedió otra vez. La criatura era inteligente, pero parecía haberse dado cuenta de que la situación había cambiado por completo cuando aquella mujer entró en escena, y ahora dudaba sobre si acercarse a atacar. Además, las pequeñas sanguijuelas se mantenían alejados de la mujer y el schacal debido a la luz que desprendía la montura de la mujer, que de impoennte aspecto y cargada de electricidad mostraba ser más que un simple caballo."


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Off: Bueno, aquí está el mastereo. Estuve intentando acabarlo ayer, pero no me dio tiempo, así que nada más he cogido el ordenador lo terminé de escribir. Así pues, ya está el siguiente turno. El off será en breves, en cuanto pueda. :3
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Snarl el Jue Jul 18, 2013 10:00 pm

La desesperación tiene muchos rostros
Algunos conocidos, otros no tanto
Pero en el momento de la verdad
La verdadera imagen surge de lo más profundo
Y deja ver, lo que realmente uno es.

Christian Chacana 18 de julio de 2013


Es irónico, como quien tiene tantas habilidades, termina utilizando lo más elemental. Es irónico, como un cazador termina volviéndose presa, rodeado de bestias que anhelan su carne y sangre. Pues eso es lo que sucedió, ni más ni menos. El cazador, el schakal, ahora veía como sus limitaciones le jugaban en contra. Siempre había sido auto suficiente, y cuando no, había utilizado a los demás como herramientas para lograr sus metas, sin importar si vivían o morían, espero ahora era diferente, ahora estaba solo y sus destrezas, su conocimiento, únicamente eran como dagas, luchando contra un enemigo de hierro. Había perdido algo que le hubiera sido más que útil, si no hubiera tenido la genial idea de ser tan lento y dejarse matar, ahora no solo debía de luchar contra un feroz enemigo, si no con su maldita prole igualmente.

Como llamas del averno, la antorcha golpeo el cuerpo de la bestia, el schakal esperaba que con ello pudiera tener suficiente luz para no ser devorado por las sanguijuelas, en parte, su plan funciono, ya que como lenguas de fuego que lamian su piel, la bestia gruñía de dolor, al sufrir las quemaduras, era la oportunidad perfecta y aferrándose al suelo con las garras, tras cada paso, la bestia se acerco para aprovechar y atacar al animal, pero antes de poder siquiera producirle un corte, un golpe de su cola le impacto. El cuerpo del schakal retrocedió un par de metros, cayendo al suelo. Mientras la bestia se levantaba, sintió como los colmillos atravesaban su carne, su mirada se clavo en esta y vio como una de esas sanguijuelas se hinchaba con su sangre, retorciéndose cual pez fuera del agua y succionando su líquido vital. Un gruñido de dolor surgió de sus fauces y cuando se dio cuenta, la bestia se había acercado a su persona, moviéndose lentamente, junto con las sanguijuelas, habidas de sangre. El schakal apretó sus dientes, haciéndolos crujir con la fuerza de estos, mas no hubo más dolor en su cuerpo, si no en el contrario.

La bestia se detuvo, el schakal miro la luz y la presencia que emitía esa luz, un maldito unicornio, o eso parecía. El caballo o yegua, que importaba, se acerco, en su lomo traía a esa despreciable mujer salvaje. Las palabras de la mujer hicieron que la sangre de la bestia del desierto hirviera, ¿le había llamado yegua?, era una humillación que no olvidaría y con gusto le clavaria el puñal en el corazón en cuanto hubiera la oportunidad, no era agradecido el animal.

-Cierra el hocico hembra o terminaras como el inútil del otro… muerto. Busca las gracias en tu madre y déjame trabajar o aquí otro cadáver adornara la montaña y no será el mío-


La mujer disparo una flecha, y el amorfo gusano grito de dolor. Retrocediendo unos pasos, la bestia permaneció quieta, el schakal comprendió que era la oportunidad que buscaba, incluso las sanguijuelas se habían alejado levemente, con miedo al parecer del caballo presente. Los ojos del schakal miraron a la sanguijuela que aun se retorcía, bebiendo sangre con desesperación. Snarl sin contemplación ni delicadeza agarro el cuerpo de la sanguijuela, apretándola con sus garras y clavándolas en su carne, para tirar de ella, aunque claro, era lo mismo que despegarse una sanguijuela, doloroso en extremo, pero sin mostrar dolor, sino mas bien molestia y odio la arranco, haciendo que chillara con ira. El schakal miro la sanguijuela, para aplastarla en su mano, atravesándola con sus garras y haciendo que la sangre que le había robado escurriera por sus garras, la bestia estaba realmente molesta.

Snarl se levanto, la herida sangraba, y de seguro no se detendría si esos animales actuaban como sanguijuelas, mas quitándole importancia al dolor, pero este siempre presente, sostuvo su espada con fuerza, volvería a tacar a la bestia, sin importa nada. Colocándose en posición, se lanzo, dirían que era un suicida o alguien que no pensaba en su actuar, pero Snarl era una bestia con apariencia de hombre, era un animal y como tal, se guiaba por sus instintos. Con cada paso un poco de sangre brotaba de la herida, no sabía si era seria o no, pero antes de encargarse de ella, le arrancaría el corazón a ese animal, y se encargaría de destrozar su cuerpo, sacando todo el provecho que pudiera. ¿Su plan? Muy simple, la bestia había retrocedido, su “rostro” aun estaba visible, un corte a la parte superior, al nivel de donde estarían sus ojos, si es que tenia, haría que no pudiera ver y después seria fácil atravesar su cabeza de lado a lado con la espada. Por otra parte, debía de pagarle a la mujer por ayudarle… claro, le pagaría con frio acero y su propia sangre.



~La familia ... ¿Que sentido tiene cuando hay que despedazarla con tus propias fauces? ... ¿Cuando hay que caminar entre los cadáveres de aquellos que llamaste hermanos y pisar sus entrañas para seguir viviendo? ... la familia ... ~






~Sobrevivir es lo importante ... La forma no~
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Enya el Jue Jul 18, 2013 10:44 pm

-Grahim, aunque en mi cultura respetamos a los muertos más incluso que a los vivos, te recomiendo cerrar la boca porque de tanto venerarlos nos hemos inventado conjuros para atarlos a la tierra, a objetos y hasta para mandarlos de vuelta a su mundo. Y puede que yo no sea una bruja, pero conozco unas cuantas que encantadas te enlazarán a un conejo y te soltarán en una jaula de zorros.- Le dije al espectro de la espada de Arthorius antes de que desapareciera. No me había importunado en sus otras apariciones, pero aquella última me resultó especialmente molesta y se lo hice saber con presteza y voz férrea y segura.

[…]

Pasamos un rato más charlando de cosas menos tensas que aquel asesinato indiscriminado de madres pero igual, o incluso más importantes hasta que Arthorius comentó la posibilidad de meterle los colmillos a Dan por donde la espalda pierde su honroso nombre. En ese mismo instante no pude reprimir una sonora carcajada que acompañé con unos golpes al hombro embutido en metal del engendro:

-Créeme que de ser por mí le haría cosas peores, pero tranquilo, ya tendremos tiempo cuando haya pagado lo que nos debe.

Justo después mencionó algo sobre llevarle sólo un trozo, cosa a la que asentí mientras observaba los gigantescos colmillos frente a nosotros. Al menos no habría que meterlos por aquella puerta, ya que por muy tentadora que fuese la idea de hacer sufrir un rato al alquimista no tenía demasiadas ganas de quebrarme la cabeza buscando el modo de hacerlos pasar por el marco de la ya mentada.

Un rato después ya nos encontrábamos en el lugar de reunión; la casa de Dan. Allí volvió a recibirnos el ayudante, Mack, cosa que me puso un poco la mosca detrás de la oreja. Le estábamos llevando poderosos componentes a aquel intento fallido de mago y su ausencia por “enfermedad” coincidía sospechosamente con la llegada de nuevos materiales: ¿Qué estaría planeando en su alcoba? ¿A caso nos traicionaría? Desde luego para mí no sería una sorpresa, no sería la primera vez que un patrón me la intentaba pegar, aunque por lo que sentía curiosidad en esos momentos era por saber cómo. Era poderoso, podía sorprenderme como nunca lo hubiesen hecho y eso sí que me asustaba un poco.

Fuere como fuere, tampoco importó mucho pues en aquella ocasión Mack casi nos echó a patadas por una nueva puerta. En ésta ocasión tenía el grabado de una solitaria montaña con varios copos de nieve y al abrir una fría brisa se coló por los huecos de mi armadura. Conocía aquel frío, aquel olor penetrante a monte y aquellos aullidos que resonaban al final…

-¡Drakefang!– Dije casi en el mismo momento en que me internaba por la puerta. Era imposible que no reconociese mi tierra al más mínimo contacto con ella, pero sin embargo Mack había hablado de una fortaleza y de un tal Conan, un nombre que me sonaba de algo pero no termina de caer de qué. ¿Un aliado de mi padre tal vez?
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Vie Jul 19, 2013 6:44 am

Las palabras de Enya cuando aceptó el trozo de tela que le ofrecí para taparse me hicieron reír levemente antes de responderle, encogiéndome de hombros: -En mi tierra estamos acostumbrados a cazar hombres, no bestias, aunque ya has visto que nos las apañamos bastante bien contra esas criaturas... Si el tiempo es favorable, te acompañaré a tus tierras, sí. Alguien tiene que testificar en tu favor acerca de tus hazañas.- Enya no tardó en tirarse a la arena, rebozándose en ella para lograr que la sangre se despegase de su piel. Estaba bastante roja y le dije, dándole una palmada maliciosa en la espalda: -Mira que te dije que yo tenía una forma de combatir en el desierto... Ahora tú estarás quitándote piel durante al menos una semana y yo en cambio con beberme unos cuantos vasos de agua estaré como nuevo.-

Rato después nos hallábamos finalmente en el barco, y fue entonces cuando aquella gema que le entregaron a Enya desató mi curiosidad, así como la que había recibido Arthorius. Eran demasiado grandes, demasiado extrañas, ¿y por qué las daban justo cuando se acababa de matar a una criatura? Aquello era demasiado misterioso, todo era demasiado misterioso y debía investigarlo. La ansiedad con la que les pedí las gemas a ambos fue notoria, y mientras que Enya no pareció darle importancia, Arthorius al principio se mostró algo suspicaz pero acabó cediendo. Pronto las tomé, empezando a examinarlas. Aunque no supe bien cómo lo hice, deduje que el influjo de esencia sobre aquellos huevos fue lo que finalmente los indujo a eclosionar. Ciertamente eso explicaba por qué me sentí cansado, suspirando y viéndome obligado a sentarme. Cerré los ojos durante unos instantes, y los abrí cuando percibí la mirada de Arthorius sobre mí. Ante sus palabras esbocé una sonrisa cansada y le respondí: -Les di lo que necesitaban para eclosionar. Algo de esencia. Al menos es la teoría que tengo para explicarlo...-

Fue entonces que una presencia y una voz desagradablemente familiar hicieron acto de presencia. Grahim. Ante sus palabras hizo evidentes mofas contra Arthorius, pero éste le respondió con un insulto bastante creativo. Cerré los ojos unos instantes, escuchándoles tanto a él como a Enya hablar. Mi frase fue mucho más corta y simple que las que ellos soltaron: -Conozco herreros que podrían sacarte de esa espada y ofrecerte gustosamente a seres que devoran almas. ¿Te arriesgarías a una muerte eterna?- Aquello pareció bastar para el espíritu en teoría. Poco rato después, mientras yo descansaba ya despojado de mi armadura, escuché hablar a la dama del norte y al hombre de Keybak. No me había metido todavía en la conversación, centrándome en recuperar mejor la respiración hasta que decidí intervenir cuando mencionaron las posibilidades: -Mientras no nos vuelvan a mandar a matar madres y raptar crías no me importará demasiado qué pase.- Sí, mi ánimo se había ensombrecido desde el descubrimiento.

Finalmente nos encontrábamos de vuelta en el hogar del alquimista. El muchacho, a pesar de las miradas poco amistosas que le dedicábamos, no parecía muy afectado en su ánimo. Cuando dijo que Dan estaría contento por el trabajo no pude evitar fruncir el ceño, velado por mi yelmo. Tras eso dijo que la próxima misión sería en Drakenfang, en la frontera entre Zhakhesh y las montañas. Aunque aquello me alivió en parte, seguía bastante enfadado, y encima parecía que Dan seguía indispuesto en sus aposentos. Mientras Arthorius y Enya se dirigieron hacia la puerta yo suspiré pesadamente y dije, mirando a Mack antes de irme: -Espero que tu maestro se sienta orgulloso, Mack. Ya son dos madres a las que hemos tenido que matar y dos crías a las que hemos tenido que acoger, todo por conseguirle ingredientes al tal Dan para que juegue a hacer magia con pociones. Si hemos de matar a la próxima criatura, más le vale que sea un macho agresivo que está causando el caos y no una hembra que trata de proteger a sus hijos porque de lo contrario pienso hacerme un abrigo con su piel y arrojar su cuerpo a los zombis.-

Dicho aquello me giré, suspirando y dirigiéndome con paso lento hacia la puerta de nuestro próximo destino. El olor a vegetación mojada y el aire de las montañas se filtraban por ahí, llenando mi nariz de olores agradables, buenos recuerdos y una sensación de hogar. Sí... Aquél sitio sí era mi especialidad. Acercándome a los otros dos cazadores susurré, apoyando la mano contra el pomo de la espada:-Por fin luchamos en mi terreno...-
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Arthorius Bloodbane el Sáb Jul 20, 2013 1:01 am

Grahim fue sacudido por la fría y severa voz de los tres juntos. La mirada de todos estaba posada en él, sin piedad parecíamos fulminarle solo con nuestra mente. Tras mirarnos a todos, lanzó una carcajada al aire y se desvaneció. Sabía sin embargo que no le habíamos intimidado... Las amenazas de Enya y Khaelos eran infundadas. Bien sabía yo que la magia que lo ataba a mi era más poderosa que la de los herreros y las brujas. Pero al menos me había dejado en paz por un tiempo. Suspiré con alivio relajándome un poco. Volvería, como siempre, pero hasta entonces no podía dejar que me distrajese. Cada vez tenía más cosas de las que preocuparme, como si fuesen ya pocas.
Enya parecía intentar tranquilizarme con sus palabras y unos golpes en el hombro. Pero Khaelos por su parte parecía más molesto con el alquimista. Realmente no le parecía hacer mucha gracia matar a madres y quitarle a sus hijos, aunque... Ni yo mismo comprendí aquello. Ni Dan ni Mack nos habían pedido a las criaturas, solamente los materiales, y eran los marineros quienes nos entregaban las supuestas gemas.
Pensé en silencio en Mack y su maestro... ¿Que dirían si nos veían aparecer con las bestias en las manos? Temía que me pidiesen que se las entregamos... Y obviamente no lo haría en caso de que lo hiciesen. Más que eso, les clavaría la espada en el vientre y les abriría en dos para comprobar si su alma mezquina habría ennegrecido también sus órganos. Pero aun así... Si podía evitar el derramamiento de sangre... Por el momento... Lo haría.

-Enya, considero buena idea que ni Mack ni Dan vean a las crías. Cuando vayamos a desembarcar escóndela. Tengo mis motivos para pensar que sería mala idea que las descubriesen.-Dije finalmente, mientras acariciaba el suave cuerpo de la criatura.

[...]

Podía sentir el ambiente tenso en la habitación de las puertas. Era como un polvorín, tan solo había que acercar una llama y todo estallaría... Sin embargo, me alegré de que finalmente todos lograsen controlarse y no hubiese incidentes. El pequeño levitarán estaba durmiendo en la bolsa donde antes había estado el huevo, que colgaba a mi espalda con la parte superior abierta para que pudiese respirar. Y no sabía donde estaba el de Enya, pero no lo veía, y eso era buena señal.
Cuando Khaelos salió por la puerta dedicó unas palabras de reproche para salir inmediatamente, yo le seguí, pero antes de hacerlo, quise quedarme un segundo contemplando su rostro por el rabillo del ojo para corroborar mis pensamientos... Pude ver con satisfacción como esbozaba una mueca de confusión... Y tras ello, salí por la puerta sin perder un segundo.
Al otro lado había una habitación hecha de roca. Ladrillos de roca apilados que nos rodeaban por todas partes, excepto al frente donde un arco marcaba la entrada o salida de aquella habitación.
Un frío húmedo se filtraba a través de cada hueco entre las rocas, haciéndome tiritar ligeramente. El frío no era mi mejor aliado, y sin embargo me sentía ligeramente alegre. Era Drakenfang, no Keybak, pero eran montañas igualmente, y aunque el clima era levemente diferente, podía sentir las similitudes.

-Montañas Drakenfang... Al norte. Y al sur Zhakhesh... Mm... Luchamos en un terreno que está entre ambos-Dije mirando a mis compañeros.-Me pregunto como será el exterior. Aunque me hago una idea. Me apostaría una mano a que se ven las montañas.

[...]

Cuando finalmente salimos de aquella habitación y los largos pasillos desiertos que allí habían salimos al exterior. Parecía el patio de un castillo, pero con muchas diferencias. Nuestro suelo era de ladrillos de piedra, pero las paredes eran roca pura. Y si mirábamos hacia arriba se podía ver que ascendían durante metros. Era como si nos encontrásemos en un paso montañoso... A nuestro alrededor habían cañones y balistas, y algún extraño mecanismo que no lograba ver. Además, mirando a la izquierda podía ver como el suelo del paso descendía varios metros más. Era como estar en el segundo o tercer piso del castillo. Pero claro. Más que eso, aquello era una fortaleza. Un fuerte.
Parecía un lugar pensado para resistir el ataque de una invasión  de... De prácticamente lo que les viniese en gana. Los enemigos solo podían atacar frontalmente, cargando por el paso montañoso. Y podía ver en las paredes de roca salientes con escaleras descendiendo de ellos, puntos perfectos para posicionar arqueros y hostigar a los enemigos. Descender desde la parte alta parecía un suicidio, la caída era considerablemente alta, y además de lento consumiría muchos recursos hacer bajar a un ejército por allí. El suelo era rocoso, por lo que hacer un túnel también parecía inefectivo. En resumen... Estaban bien preparado para cualquier ataque. Y sin embargo, no habíamos visto ni una sola persona en todo ese trayecto, es como si hubiesen abandonado el lugar... Pero... ¿Por qué? Poco a poco se escucharon unos sonidos al otro lado de una puerta, en el otro extremo del castillo. Unos momentos después, la puerta se abrió y apareció una figura alta, de barba bien cuidada y una mata de pelo bastante largo, aunque no tanto como el mío o el del conde. Era de color oscuro, y sus ojos eran duros y castaños. Portaba una armadura de cuero endurecido y una descomunal hacha en la espalda. Al vernos arqueó una ceja y se acercó.

-¡Vaya! Si habéis venido...-Nos miró uno a uno el rostro, y se detuvo en el de Khaelos, el último a quien contempló.-Voy a tener que darle las gracias al cabrón de Dan a este paso... No puedo quejarme de lo que veo. No parecéis débiles, y para colmo me manda a un paisano... Y de los buenos. Un placer conoceros en persona, Kolheim. Se habla mucho de ti en estos tiempos. Por aquí a los Imperiales les tiembla el culo cuando oyen tu nombre.

"El schakal, orgulloso como pocos se negaba a permitir que la mujer le hablase así. Pero esta se limitó a sonreír y esperar mirando al hombre, para ver sus acciones. Si bien las palabras habían sido duras, no era la primera vez que encontraba gente así, ni de la raza de aquel hombre bestia. Era una experta, y no se dejaba llevar por aquellas palabras en medio de una cacería. Sabía que habían cosas más importantes.
Se había arrancado sin piedad a aquella criatura. Y aquello le había costado arrancarse un trozo de carne y un abundante sangrado. Pero como si esto no importase simplemente se lanzó de nuevo, en uno de los que ya parecían empezar a ser comunes, ataques suicidas. Quizás estaba funcionándole por el momento. Pero nada le aseguraba que si continuaba en su enpeño y arriesgándose de esa forma siempre acabaría bien. La serte parecía estar de su lado. Pero como los jugadores bien saben. La diosa fortuna es voluble y cambiante. Y tan pronto como te da su favor, lanza sobre ti su maldición.
Pero el destino quería que por el momento esta continuase a su lado.
Con gran velocidad corrió hacia la bestia, y esta, amedrentaba por la luz eléctrica que despedía el brillante corcel de la cazadora, no supo reaccionar con suficiente tiempo de evitar el ataque. El ataque del schakal consiguió abrirle un corte en lo que sería la mejilla de la criatura, que retrocedió de nuevo moviéndose con lentitud y emitiendo sonidos guturales y extraños.

-... 2... 1... Yo que tú me...-Empezó a decir la mujer, y de pronto sonrió. Sorpresivamente para el Schakal, la cola de su adversario se intercambió por su rostro con un rápido salto y golpeó al hombre en el rostro, con fuerza. Aquel impacto lo dejó aturdido y sintiendo como todo a su alrededor daba vueltas.-... Apartaría... Je...

Mientras el hombre se recuperaba de aquel golpe. El aire los surcaron una ráfaga de tres flechas que impactaron de forma impecable y profunda en el blando y gelatinoso cuerpo del Gigginox, que nuevamente retrocedió ante los ataques. Encontrándose finalmente con la pared de la cueva a sus espaldas. Sin escapatoria y ante dos rivales, ahora en posición más ventajosa. Solo le quedaba luchar hasta donde las fuerzas le permitiesen... El Schakal no era la única bestia allí que daría hasta su último aliento por vencer y sobrevivir."


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Off: Siguiente post. Habrá más datos en el off. Aunque tampoco hay demasiado que contar. La mayoría ya lo sabéis.
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Snarl el Miér Jul 24, 2013 9:07 pm

Arriésgalo todo en un parpadear
Deja que tu corazón se detenga un instante
Que la música de la muerte se escuche
Más no son para sus sirvientes
Si no para aquellos que perecen
Bajo la voluntad de los fuertes
De quienes no temen arriesgarse
Para obtener lo que anhelan
Esa es la diferencia entre los hombres
Entre las bestias y los dioses.

Christian Chacana 24 de julio de 2013


Somos la aglomeración de actos, esperanzas y sueños que nos precedieron. Somos la unión de amarguras y tristezas, que conllevan a nuestra existencia. Cada acto del pasado tiene una repercusión en el presente y es el pasado, quien nos enseña a actuar para el hoy.

Un schakal, es un animal, una bestia, que ha vivido en jauría toda su vida, pero a veces, algunos individuos son más solitarios que el resto. No se sienten parte del grupo, si no que sienten que son diferentes y poco a poco, comienzan a alejarse del resto, algunos lo hacen con la esperanza de encontrar donde pertenecen, otros lo hacen por que saben que no requieren de nadie para sobrevivir. Entre ellos estaba Snarl, su historia fue corta, la sangre de sus hermanos mancho la arena y el simplemente se marcho, se retiro, como quien le da la espalda a la familia por decisión propia y no obligación. Ahora un mercenario es, alguien que sobrevive por la fuerza de sus músculos y su determinación, no por la compasión de otros o la misericordia de los demás. Pero de la misma forma en que ha vivido… morirá también, solo y por la fuerza de sus brazos. Quizás muera en el campo de batalla, quizás lo haga contra una bestia, tal vez atorado por un trozo de carne o apuñalado por quien le contrato. Sea como sea, la muerte le tomara de la mano y con ello, su paso por el mundo será efímero, no dejando ninguna huella o marca que le recuerde…. Y así es como será y como vivirá, hasta que la última campanada de su mundo toque y todo se vuelva silencio por fin.

El dolor es una señal de que uno está vivo, y el schakal lo conocía a la perfección. La herida sangraba en abundancia, pero no sería mortal si la trataba pronto, de cualquier manera, con cada paso, la sangre quedaba regada por el suelo de roca, que parecía cada vez mas frio y negro de lo que era. La presencia de la yegua y la hembra no le agradaba, nada en lo absoluto, pero debía de aceptar que eran de utilidad, a pesar de sus palabras… el schakal tenía su temperamento, pero sus palabras no eran vacías, si no que las afirmaba en su espalda y esfuerzo. Quizás el ataque no había sido el mejor, había tentado nuevamente a la suerte y esta le había jugado cruelmente. Sus garras se habían aferrado a la roca, con cada paso se había acercado a su presa y su espada había blandido. Pero cual cruel fortuna, la bestia le había recibido de forma violenta. Un golpe en su rostro lo hizo rodar por el suelo, golpeando su cuerpo  contra la roca, y obligándolo a sujetar su arma o perderla. La mujer había dicho algo, mas ahora parecía divertida con la situación del schakal, cosa que para el no era para nada agradable.

El golpe hizo que un leve pero molesto dolor de cabeza quedara en el cráneo del schakal, agregando el dolor del rostro por el golpe y el sabor a sangre en sus fauces, con molestia escupió hacia un lago, un escupo rojo carmesí. De seguro se había lastimado con sus propios colmillos, pero por lo menos no había perdido ninguno. De reojo vio como las sanguijuelas aun permanecían alejadas de la luz y como la bestia mayor, ahora tenía cuatro flechas clavadas en su blanquecino cuerpo, y diversas heridas por todo su cuerpo, ya era hora de terminar con todo eso. Su rostro se giro hacia la mujer, y aunque no le gustaba la idea, debería de confiar en ella.

-Humana, si tú le distraes, yo intentare acabar con el de una buena vez…-


Esperaba que la humana lo hiciera, ya que esta vez, esperaba acabar todo de un último golpe. Comenzaría la misma carrera que antes, esperando que la bestia actuara de la misma forma, aunque estuviera herida, tratando de golpearle con la cola, mas el schakal estaría pendiente de cualquier movimiento de la bestia y se movería hacia un lado, a pesar de que con cada movimiento su pierna dolía cada vez más, debía de apresurarse. Si todo iba bien, la bestia le recibiría con un golpe de cola, el cual intentaría evitar y aprovechar para enterrar su espada en el pecho del animal, si la bestia no dejaba su pecho a la vista, debería de atacar otro lugar, quizás el cuello, atravesándole de lado a lado y utilizando su cuerpo para hacer un profundo corte … el problema con esto último, seria que podría dañar las glándulas que tanto había pedido el alquimista … pero debería de ser un riesgo que tomar, apostarlo todo en un último lanzamiento de la moneda.


~La familia ... ¿Que sentido tiene cuando hay que despedazarla con tus propias fauces? ... ¿Cuando hay que caminar entre los cadáveres de aquellos que llamaste hermanos y pisar sus entrañas para seguir viviendo? ... la familia ... ~






~Sobrevivir es lo importante ... La forma no~
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Vie Jul 26, 2013 6:00 am

Afortunadamente el espíritu desapareció finalmente antes de que le pudiera llegar a suceder alguna cosa. Cuando se largó me quedé de nuevo en silencio, sumido en mis propios pensamientos mientras escuchaba medio ausente las palabras que Arthorius le decía a Enya. No sabía muy bien de qué serviría esconder las criaturas cuando si alguien intentara tocarlas posiblemente se toparía con tres espadas apuntándole al cuello. Nunca está de más ser precavido, de todos modos. Quién sabe de qué es capaz un alquimista, aparte de envenenarte el estofado.

Rato después ya habíamos entregado el siguiente ingrediente y se nos dijo dónde sería la siguiente misión. En mi tierra, o más bien en la frontera entre mi tierra y las Drakenfang. Aquello fue una buena subida de moral para mí al menos, al saber que esta vez combatiría en casa. Nos metimos por la puerta de la cual surgía el frío de las montañas, y no pude evitar respirar profundamente, dejando que el aire entrara en mis venas. Afortunadamente llevaba en aquellos momentos mi ropa habitual, que me protegía adecuadamente del frío. Aunque no era de tan al norte de Zhakhesh, las antiguas tierras de mi familia se encontraban en una de las zonas frías de mi patria donde nevaba cada invierno. Arthorius habló, y ante sus palabras reí levemente: -Estando en esta zona... Aunque es menos posible que en el resto de Zhakhesh, probablemente en el exterior estará lloviendo tan densamente que apenas se podrá ver más allá de cincuenta pasos. En esta época del año, afortunadamente, no estará nevando todavía.-

Caminamos a lo largo de los largos pasillos de la habitación por donde habíamos aparecido hasta llegar finalmente al exterior. En esta ocasión iba yo el primero al tratarse de una fortaleza de mi tierra. Solo la había visitado una o dos veces, de modo que aunque me sabía orientar... No la recordaba en demasía. Finalmente salimos al exterior, a un patio de castillo. Las paredes eran de roca pura que ascendía en metros, casi como un paso montañoso. Aquello entre otras cosas respondía a la afición zhakheshiana de disimular las cosas con la roca y de camuflar nuestras fortalezas. Algunas son indetectables a no ser que te las topes de frente y a menos de cinco metros, otras en cambio están diseñadas para dar la sensación de ser más grandes o más pequeñas de lo que realmente son, según si se quiere usar la fortaleza como cebo o como elemento disuasorio. Armas defensivas se encontraban a nuestro alrededor como balistas, cañones y catapultas. Los cañones eran las más escasas y estaban tapadas por lonas y carpas. Al fin y al cabo, en una tierra lluviosa hay que tener cuidado extremo con las armas de pólvora porque muchas veces pueden acabar estropeándose al humedecerse la pólvora u oxidarse el mecanismo. Sí... Aquella fortaleza era al tipo de fortificación al que estoy acostumbrado.

El sitio poseía un solo acceso por donde cargar contra los defensores del castillo, un paso montañoso, y en las paredes se encontraban baluartes y terrazas donde los arqueros y ballesteros podrían disparar al enemigo desde una cobertura más que decente, evitando represalias y sembrando el caos al caer los ataques desde dos bandas distintas. Sí, como toda buena fortaleza zhakheshiana estaba bien preparada para hacer frente a fuerzas mucho mayores de forma segura. Aquél sentimiento me fue reconfortante, y guardé mi yelmo en la mochila para dejar que el aire de mi tierra me acariciara el rostro. El silencio del lugar no me sorprendía en demasía. Si los soldados no habían salido a continuar con la guerra de guerrillas que manteníamos contra el Imperio, habría por lo menos una docena de arqueros que en aquellos momentos ya nos estaría apuntando y esperando a que diéramos un paso en falso para convertirnos en alfileteros humanos. No es raro que a veces se deje pasar a las tropas enemigas hasta un embotellamiento en la fortaleza. En ese punto se les rocía con aceite desde las almenas y los baluartes y los ballesteros y arqueros disparan saetas incendiarias contra el enemigo. Gracias al embotellamiento los soldados no pueden reaccionar adecuadamente, y los que no mueren quemados vivos lo hacen aplastados por los intentos frenéticos de sus compañeros para evitar el fuego. Cruel tal vez, pero extremadamente efectivo.

Al cabo de unos minutos finalmente se abrió la puerta y de ella surgió un hombre con barba y cabello largo. Su sangre zhakheshiana se percibía principalmente en el tono de piel, pues sus ojos eran castaños y el pelo era oscuro. Tal vez era hijo de una zhakheshiana violada por un soldado imperial. Desgraciadamente, aquellos casos no eran para nada raros, y en el ejército son muchos los bastardos alistados. Es la forma de compensar el daño que sus padres de sangre les infligieron a sus madres. Curiosamente solían ser los que con más odio se enfrentaban a los imperiales. Conan, así se llamaba nuestro contacto, nos saludó y parecía satisfecho. Reí ante lo que dijo sobre mí y le di el saludo militar, extendiendo la mano y agarrándole el antebrazo a la vez que el hombre lo hacía, estrechándonos fuertemente tras un par de sacudidas. Aquél era el formal, mientras que el que se da entre hermanos de armas, osease, a los miembros de tu escuadrón, suele incluir un abrazo tras el gesto de estrechar los antebrazos. Al ofrecerle tu mano hábil a un camarada le ofreces vulnerable el brazo con el que combates, en señal de confianza y camaradería. Simbologías que fuera de Zhakhesh tal vez fueran consideradas extrañas por lo menos. Tras estrecharle el brazo le respondí, sonriendo: -El placer es mío, Conan. ¿Verdad que es curioso que en Zhakhesh se hable de un norteño?- Reí levemente, pues aquella broma era bastante común entre los que nos habíamos criado en la zona norte del reino. Se nos suele considerar más bárbaros y salvajes que los compatriotas del sur además de menos comprometidos, debido a que la frontera con el Imperio como tal queda lejos. De ahí que sea raro que en el resto de la nación se hable de un norteño respetado como matador de imperiales. Seguí hablándole: -Mis hermanos de armas son Enya, princesa guerrera proveniente de las Drakenfang, y Arthorius Bloodbane, noble de las Keybak. Antes de pasar a asuntos más ociosos me gustaría preguntarte a qué nos vamos a enfrentar exactamente y qué consejos podrías darnos para vencerle... Y si puede ser, cuándo fue la última vez que llovió, así sabremos si vamos a tener que cazar con mal tiempo o si tendremos que cazar bajo la lluvia.- Sí, tan normal era la lluvia en mi tierra que habíamos llegado a acostumbrarnos a que un bonito día fuera uno lluvioso y a que un mal día fuera uno soleado. Aguardé a su respuesta, cruzándome de brazos y mostrando un ánimo considerablemente mejor que el anterior.
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Enya el Vie Jul 26, 2013 8:46 pm

El viento húmedo colándose a través de los huecos entre rocas aseveraba más lo que yo ya había asegurado. Aquello era Drakefang, pero sin embargo en el aire percibía un ligero matiz salado –ventajas de tener mayores sentidos que los comunes en mi raza- que también aseguraba la cercanía con las tierras del conde. Aquello ya lo sabía, claro está, lo habían dicho antes tanto Mack como Arthorius, pues de otra forma no hubiese sido capaz de relacionar un olor a sal tan débil con la proximidad de la costa, pero aun así me sentí realizada al comprobar como mis sentidos seguían tan agudos como siempre; no tuve que usar tanto la vista como me hubiera gustado, ya que la cabaña era austera, como las otras dos en las que nos habían recibido. Su construcción con bloques de piedra apilados unos sobre otros era típica de la tierra en la que yo había nacido, aunque no tanto así la falta de una puerta tangible. No acostumbrábamos a dejar las casas abiertas a cualquiera, así que allí también elementos de la otra cultura.

El paso de mis compañeros me sacó del ensimismamiento y me hizo recuperar rápidamente la noción del tiempo que había perdido nada más entrar por la nueva puerta, la última de todas ellas esperaba. Tuve que caminar a la retaguardia de ambos hombres de metal por los desiertos pasillos de aquel lugar. Eran enormes, oscuros y húmedos como una cueva, así que no podía evitar que de vez en cuando una mueca de desagrado se formase en el rostro bajo la armadura al recordar ciertas experiencias en oquedades de la Madre Tierra que sin duda no eran agradables. Al menos la cosa acabó pronto y salimos a un espacio bastante amplio parecido –si es que no lo era- al patio de armas de un castillo. La diferencia no radicaba en el suelo, que como todos los demás era de ladrillos de roca, sino en las altas paredes que ascendían en busca de las nubes del cielo de Drakefang. Durante unos segundos no pude evitar que la admiración me hiciese suya; era increíble la perfección con que habían sido tallados los muros de aquella grandiosa fortaleza, tan altos como montañas y de aspecto tan robusto que ni tan siquiera un ejército entero podría derrocarlos con catapultas y maquinaria de asedio, es más, juraría que eran tan altos que las torres de asedio quedarían como simples taburetes para niños a su lado ya que las escaleras que nacían en algunas paredes indicaban que no estábamos en el primer piso del fuerte. Sin embargo la admiración se perdió en cuanto que divisé las balistas, los cañones y algunos otros mecanismos para la guerra contra… Contra madres. Hasta el momento no habíamos hecho más que aniquilar a madres que intentaban proteger a sus crías… ¿Y si esta vez también era así? Cada vez sentía un peso mayor sobre mis hombros, empezaba a necesitar algo de espacio, un tiempo lejos del grupo para penar, pero de momento eso no era posible.

Afortunadamente pronto llegaron a mí unos sonidos de pasos que me distrajeron lo suficiente como para no pensar más en el asunto de momento.

Lo lógico hubiese sido llevarme la mano a la empuñadura del acero que llevaba al cinto nada más escuchar el eco de los pasos rebotando en la roca, o que tomar el arco y tensar en su cuerda una flecha para ensartar la rodilla de cualquiera que se atreviese a dar un paso más, pero estar tan cerca de mi casa me daba una confianza sorprendente así que me quedé parada observando como una figura avanzaba hacia nosotros.
Era un hombre alto, con el pelo y la barba de color oscuro, bien cuidados ambos y de color oscuro. Sus ojos castaños eran casi del mismo tono que el tratado cuero que portaba por armadura; a su espalda pude discernir la clara figura de un hacha de guerra tan grande como yo misma y que parecía llevar sin esfuerzo alguno. Sin duda alguna un hombre que de haber sido enemigo hubiese resultado duro de pelar. Su actitud hacia el conde de Zhakesh demostró que era aliado –por fortuna- y que conocía bastante bien al nigromante de sangre azul que nos acompañaba a mí y a Arthorius. También dejó claro la repugnancia que le causaba la “escoria Imperial”, como Khaelos se había referido varias veces a los habitantes y soldados de Sacralis, y algunas otras cosas más hasta que el hombre de la armadura de mythril lo interrumpió.

-Supongo que a mí no me conocerás tanto como a Khaelos, Conan, sin embargo yo sí he oído historias de ti y ahora puedo ver que no eran simples exageraciones de los juglares de la corte. – Me acerqué unos pasos más al hombre y retiré el yelmo de mi rostro para dejar que me viese el rostro: - - Es un placer conocer a una leyenda viva como tú. Soy Enya, hija de Angus, El Rey Oso. –

A continuación extendí mi brazo derecho hacia el hombre y lo posé sobre su hombro siniestro. Él hizo lo mismo y ambos bajamos la cabeza durante unos segundos como muestra de confianza. Era un saludo semejante al del Khaelos, pues también se demostraba la confianza que tenías en la persona que había a tu frontal apartando la vista y bajando la cabeza ante él sin miedo a perderla, pero al mismo tiempo se hacía para observar al aliado, comprobar su armamento y su estado físico si su armadura lo permitía. Jamás pecamos de desprevenidos los norteños.

La charla se extendió un poco con la pregunta de Khaelos, aunque finalmente terminó y tuve ocasión de retirarme del lugar con una excusa apropiada para el momento:

-Conan, Arthorius, Khaelos, voy a retirarme un rato de vuestra presencia. Que nos hayan traído aquí indica que la batalla no será sencilla y por ello necesito realizar ciertos rezos a mis diosas que no permiten ser vistos por alguien ajeno a las creencias. Estaré presente para el combate, no dejaré que sólo vosotros os llevéis la gloria de esta batalla… Si es que la hay. –

Sin decir nada más me coloqué el yelmo de nuevo y giré sobre mis talones en dirección a una de las escaleras. Las descendí cuidadosamente para no caer al vacío desde tantísima altura y a continuación busqué el lugar más apartado de todos, después de todo no era completamente mentira aquello de que necesitaba rezar de una forma especial, pero sin embargo unos sonidos provenientes de la otra punta de la nueva planta llamaron mi atención. En éste caso sabía que no podían ser mis camaradas, confiaba lo suficiente en ellos como para saber que no me espiarían durante una ceremonia religiosa, pero aun así me encontraba en una fortaleza amiga y no podía pasearme por el lugar con las armas en alto, seguramente allí los ánimos estarían tensos como la cuerda de un laúd y hace eso sería sinónimo de dar la orden a los arqueros de que me cubrieran con sus mortales flechas.

Avancé rápidamente, recorté metros con la fuente del sonido y cuando llegué a la esquina de una de las paredes me paré para observar mejor una nube de polvo que terminaba de disiparse del lugar: ¿Una poción mal cocinada por algún brujo? ¿Un accidente desafortunado con la pólvora? No podía saberlo pero consideré que la falta de visibilidad sí que era un buen motivo para llevarme las armas a las manos, con lo cual no lo dudé un segundo y tomé de mi aljaba el arco y un par de flechas de las cuales una situé en la cuerda antes de empezar a tensar. ¿Qué demonios habría ocurrido allí? ¿Había comenzado ya la batalla?

Off: Arthorius por Skype te comento un par de dudas que me han surgido mientras hacía el post y por lo cual he decidido no cerrar ninguna acción referente a la nube de polvo.

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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Arthorius Bloodbane el Dom Jul 28, 2013 2:33 am

Conan atendió a las palabras de Khaelos en cuanto este comenzó a hablar. Parecía tenerle un cierto respeto, similar al que teníamos entre nosotros, pero de forma diferente, era algo un tanto más formal. Tras el saludo militar realizado fue el turno de Enya, que parecía afirmar haber oído hablar de aquel tipo, y muy bien a judgar por sus palabras. Cuando el guerrero (Pues tenía un aspecto de guerrero realmente evidente) escuchó mencionar el nombre y apodo del padre de Enya alzó una ceja visiblemente sorprendido, y después soltó una buena carcajada.

-¡Angus! El Viejo Oso... Que recuerdos de cuando vine a vivir aquí... Es grato saber que en las cumbres aún se habla de mi... Pero bueno, espero que seas tan digna de admiración como tu padre, Enya.-Le respondió con calma y tranquilidad.

Pero tras aquellas presentaciones, borró la sonrisa de la cara y se centró en las palabras que Khaelos había dicho antes. O mejor dicho, sus preguntas acercas de la criatura que debíamos de cazar en ese momento ¿Otra madre? Casi con toda seguridad, habiendo sido dos los cazados, era muy probable que también la siguiente lo fuese...
Pero había algo mas, la pose firme que había adoptado, la mueca seria... Algo parecía diferente a las anteriores.

-Un placer conoceros a ambos. Mas, pasemos a cuestiones practicas para dejar esto zanjado. Os vais a enfrentar a, lo que los come-libros llaman "Lao Shan Lung". Aquí lo llamamos "Dragón Montaña". Es una bestia poco usual de ver por aquí, y menos mal. Se dice que habita en Drakenfang, pero al parecer uno ha bajado de las montañas. No se a que os habréis enfrentado antes, pero os aseguro que esto es muy distinto.-Empezó a decir, tomando su voz un tono bastante más serio, haciéndonos saber que realmente lo que enfrentaríamos no parecía una criatura normal.-Es un dragón, con todas las de la ley. No tiene alas, pero no le hacen falta, es una mole de carne cubierta de escamas. Y cuando digo mole, me refiero a que es colosal. El que se nos acerca a nosotros, según me han informado, mide ciento veinte metros...
Por si fuera poco, es una criatura que se alimenta de roca, y sus escamas absorben los minerales del terreno que tienen alrededor. Es perfecto para hacer minería. Le dejas al lado de una mina, y una semana después te ha hecho un túnel, te ha quitado las rocas, y se le han caído las escamas con todo el mineral valioso en ellas.
-Continuó... A mi ya me bastó con que dijese que era un dragón y su tamaño para quedar convencido de que esa cosa sería un reto.-Sobre como acabar con él. Tiene un cuerno en la cabeza, es bastante fácil de romper, y su cabeza es bastante débil a los golpes. Como generalmente camina a cuatro patas es fácil golpearla, pero cuando se pone sobre los cuartos traseros... Bueno, es todo un peligro. Pero hay una zona aun más sensible. Su estómago. Las escamas del estómago son mucho más delgadas, y es más efectivo atacar ahí que por la espalda, donde las escamas con roca y minerales dificultan bastante la entrada de armas. Respecto a la táctica, vais a tener la fortaleza para vosotros solos. Esa cosa se dirige hacia aquí, podéis aprovechar que no se encuentra en campo abierto, si no en un paso montañoso, y solo puede ir de frente para concentrar vuestros golpes. Además... Tenemos "Las Lanzas". Esta fortaleza tiene un mecanismo. Si activáis esa palanca que veis ahí, se activará y unos clavos de hierro de 15 metros emergerán del muro frontal para empalar a esa bestia. Lo malo es que para usarlos, obviamente tiene que llegar aquí, y sinceramente... Espero que podáis acabar con ese dragón antes. No es por nada, pero quiere cruzar este paso, y el castillo está de por medio. No se si me entendéis. Todos los que lo habitaban están encargándose de unos Imperiales conflictivos a unas cuantas leguas de aquí. Quedamos yo y una pequeña guarnición para mantener el fuerte, y tenemos problemas con unas pequeñas bestias que atacan la parte este del castillo, al otro lado del paso. Mientras nosotros nos encargamos de ellas, vosotros debéis hacerlo del grandote. Sobre la lluvia... Cayó con abundancia hará seis horas. No se si volverá otra vez, pero el cielo está cubierto de nubes, así que es posible.

Cerré los ojos cuando terminó de hablar, había dicho muchas cosas. mucha información, y tenía que procesarla.
Resumiendo. Nos tocaba matar a un Dragón, no a simples Wyverns. Además, sus escamas superiores tenían minerales adheridos, así que debían ser duras como rocas. Sus puntos débiles eran, la cabeza, a la cual no podíamos atacar, y su estómago, que, si caminaba a cuatro patas, estaría en el centro del cuerpo, y sobre nosotros tendríamos toneladas de carne y rocas. Pero en esta ocasión contábamos con toda una fortaleza a nuestra disposición. Y según parecía, bien armada y abastecida. Sin embargo, debíamos evitar que el dragón la echase abajo, y para variar, estábamos solos.
Aquello pintaba peligroso. Pero no lograba hacerme una imagen mental con aquella información. Antes de trazar cualquier plan tenía que verlo. Estaba perdido en mis ideas, me sentía incapaz de idear. Me llevé una mano a la cabeza, que empezaba a dolerme con tantas cosas rondando. Cuando escuché a Enya informar sobre que se ausentaría, la despedí con un gesto mientras me acercaba a la baranda del patio, contemplando ante mi el gigantesco paso montañoso y los metros que descendían hacia los pisos inferiores.

-Mm... Khaelos... Deberíamos adelantarnos y dejar que Enya llegue cuando haya terminado. Tengo que ver a esa bestia para pensar en algo. Dice que es un Dragón... Va a ser otro que añadir a nuestras listas pero...-Suspiré y me detuve en mis palabras.-... Mm... Nada...-Me dirigí hacia Conan, y saqué con cuidado a la pequeña cría de leviatán de ella, mostrándosela.-Dime ¿Hay sitio en el castillo, alguna habitación donde dejarlo? No creo que sea bueno que esté en el combate, está recién nacido.

"Enya se alejó de Arthur y Khaelos. Con su excusa de ceremonias religiosas cuyos objetivos reales no estaban del todo claro, se alejó bajando por las escaleras que conducían hacia los pisos inferiores de la fortificación. Allí donde el suelo del castillo dejaba de pertenercerle, y se convertía en roca pura de montaña.
No tardó en llegar a un lugar apartado, donde creía poder estar en tranquilidad... Pero esta tampoco duró mucho hasta que fue perturbada. Una misteriosa nube de polvo llamó su atención, así como ruidos de golpes, como si un enfrentamiento hubiese tenido lugar. Con la curiosidad por saber que era lo que había provocado eso, y temiendose que el combate ya hubiese empezado, se acercó al lugar del que provenían los sonidos y el polvo... Pero no fue el combate contra el gigantesco dragón lo que vió. Ni tan siquiera sus compañeros se encontraban allí. Lo que vio en su lugar fue la batalla entre un imponente grifo contra tres extrañas criaturas. Su cuerpo era negro, y su piel arrugada y de apariencia seca y marchita. Carecían de rostro, más allá que un óvalo azabache. Y sus manos acababan en filosas garras con las que intentaban desgarrar el cuerpo del animal, que como podía se defendía a base de picotazos, aleteos y arañazos de sus garras.
Aquel animal estaba en apuros, y estaba en su mano ayudarle o no... Ella aún no lo sabía. Pero aquel encuentro sería un punto importante en su vida. Y quizás... Incluso en aquella cacería."


"La mujer cazadora miró al sckahal cuando este se acercó a pedirle su ayuda. La había llamado "Humana", pero no lo consideró un descalificativo, al fin y al cabo era su raza, y la seguía con orgullo. Además, para ella suponía un gran avance y satisfacción el hecho de que al fin hubiese accedido a pedir su ayuda. Aunque no lo reconociese de forma directa, parecía haber entendido la utilidad que tenía. Antes de que el hombre bestia emprendiese su carrera, la mujer acarició la electrificada crin del caballo, que le dirigió la mirada durante un segundo, y al siguiente, se alzó sobre sus cuartos traseros, mientras el cuerno de su cabeza se iluminaba con fuerza. Cuando los cascos tocaron el suelo, una descarga eléctica viajó desde la punta hasta el cuerpo gelatinoso de la presa. Esta fue recorrida por la corriente, atendiéndola durante unos momentos, tras los cuales fijó por completo su atención en la mujer. Contrajo su cuerpo de nuevo, y desde su estómago empezó a cargar un escupitajo. El objetivo estaba claro, y aun así, Jasmine no se movió. Permaneció con el arco en la mano, contemplándola directamente... Y un momento más tarde, un destello plateado brillo en la cueva.
El acero del arma del schakal descendió sobre el cuello de la bestia antes de que la bola ácida llegase a la cabeza. No había logrado conseguir el ángulo del cráneo, pero con aquel ultimo intento de ataque, la bestia había expuesto su cuello, y siendo un objetivo valido y tan sencillo, sin perder la ocasión atacó cortándolo de un solo golpe.
La cabeza del Gigginox cayó al suelo, y tras ella el resto del cuerpo. Sin fuerza, sin vida. Esta vez había sobrevivido, pero le quedaba algo peor que afrontar."


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Off: Pues ale, siguiente mastereo. Dios como ha costado este... Snarl, tu parte es muy corta. Lo se, pero sinceramente, no puedo poner más sin meter relleno descarado que a nadie interesa leer. Pero aun así creo que dice todo lo que hace falta saber. En el off te explicaré como continua la situación, pues aunque mi mastereo llegue solo hasta aquí, tu post avanza más. Solamente que no lo narro porque no puedo controlar a tu personaje, ni lo que dice ni lo que hace. Pondré el Off en cuanto pueda.
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Lun Jul 29, 2013 9:59 pm

Aunque el respeto que Conan me brindaba era más formal que el de Enya o el de Arthorius, también aquél hombre se permitió la familiaridad en el momento, más que nada porque entre militares zhakheshianos hay siempre esa buena relación derivada del ritual de la Phârz Nulohk que todos los soldados realizamos al menos una vez en la vida. Por lo que el hombre dijo, al parecer no era natural de Zhakhesh si no que, justamente, había venido de las tierras de Enya. Aquello me hacía ver que nuestras naciones tenían más unión de la que recordaba, al menos con la sección más septentrional de la Tierra Negra.

Pronto se acabaron las presentaciones y entonces empezamos a hablar del asunto más serio, que era el monstruo al que debíamos cazar en aquella ocasión. Algo había en aquella que tal vez me daría menos remordimientos a tener que matar a una criatura pacífica que posiblemente tuviera crías, así que decidí escuchar a mi compatriota. Al parecer nos enfrentaríamos a un monstruo denominado Dragón Montaña, olvidando prontamente el nombre científico de la criatura. Había bajado de las montañas y según decía... Empezaba a acercarse. Por lo que dijo de su tamaño y de que era un dragón, no un wyvern, parecía a todas luces que sería una batalla dura. Se alimentaba de roca y minerales al parecer, y su cabeza era débil según decía junto con un cuerno fácil de quebrar. Aquello debía ser lo que teníamos que sustraerle para Dan. Generalmente el ser caminaba a cuatro patas, pero podía ponerse a dos pies, y su estómago era una zona sensible en esos momentos, siendo más efectivo atacar ahí que a su espalda, aunque no sabía yo cuál de los planes iba a ser factible.

La fortaleza iba a estar para nosotros solos, y se vería obligada a ir por el paso montañoso lo que nos permitiría hostigar mucho mejor a la criatura. Por último nos habló de las Lanzas, unos clavos de metal de quince metros que podían usarse si el ser llegaba al muro frontal, aunque el hombre deseaba que no llegara hasta ahí, más que nada para evitar posibles daños en la fortaleza. Los soldados estaban en su mayoría atacando a soldados imperiales, y el resto que quedaba estaba enfrentándose a bestias que atacaban la parte este. A nosotros tres nos tocaba hacernos cargo del premio gordo. Luego dijo que la lluvia cayó hacía unas seis horas y el cielo estaba encapotado como casi... Siempre, de modo que según mis cálculos, la lluvia volvería entre dentro de una hora y otras seis. Solía ser así en esa época del año.

Me alejé con Arthorius mientras Enya desaparecía, yendo a hacer unos rituales o algo por el estilo. Dedicándole una sonrisa destinada a ayudarla a aliviar un poco su gesto atribulado le dije: -No tardes mucho.- Tras eso me giré hacia Arthur, suspirando al escuchar sus palabras. Vi que el hombre estaba algo preocupado, y tras dejar a su cría de leviatán con Conan decidí responderle, poniéndole una mano en el hombro: -Deberíamos ir y ver, sí... ¿Sabes? Aunque este dragón fuera una madre... Por lo menos aquí tenemos un motivo por el que matarle. Recuerda la situación entre Zhakhesh y el Imperio... Si esta fortaleza es destruida por esa criatura... ¿Cuántas vidas correrían peligro? Al menos, esa es mi motivación y lo que evita que, de repetirse la situación de los casos anteriores, me sienta mal. Una vida no es nada comparada con miles, y eso es algo que, como noble y como militar, he tenido que aprender de formas no muy agradables. Sé también que te preocupa la cría que tienes bajo tu cargo, no sabes qué hacer con ella, ¿verdad? Dime... ¿Esa criatura amenaza tus ideales? ¿Amenaza vidas inocentes? ¿Lo hará ahora o en un futuro? Perteneces a la nobleza... Tu deber, antes que cazar dragones, es el de proteger a tu gente. ¿Ese ser pondrá en peligro a tu gente? Piensa bien la respuesta, Arthorius, y no actúes hasta que sepas con firmeza si es si o no. Siempre hay que anteponer el deber a uno mismo, y a los demás a uno mismo.- Dicho aquello empecé a caminar, examinando las defensas del sitio. Con lo que vi fue suficiente, contrafuertes afilados ideados, en un principio, para destrozar torres de asedio y evitar que se pudieran colocar escalas. Contra el dragón también serían útiles, pero. Además, en los bordes habían rocas que podían ser lanzadas. Las armas de asedio estaban en la fortaleza en sí, de modo que, a no ser que llegara a acercarse, no harían falta. Esperaba que la criatura no llegara a acercarse... No me podía permitir arriesgar la fortaleza. Zhakhesh no se lo podía permitir.
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Khaelos Kohlheim
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Re: Una Caza En Condiciones

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