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Una Caza En Condiciones

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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Enya el Sáb Ago 03, 2013 2:22 am

A medida que la nube de polvo fue desvaneciéndose a causa del aire que bajaba por la montaña mi vista iba pudiendo distinguir formas, siluetas que se recortaban contra las faldas de la tierra y que se movían con violencia como si se tratasen de un conjuro diseñado por brujas para atemorizar a los niños. Cuando finalmente terminó de disiparse la cortina de humo observé, no sin asombro, a los tres seres de oscura y marchita piel que intentaban dar fin a un ser alado. Dicho ser era… era… ¡Un grifo! ¿Podía ser posible? Yo no lo creía, de esas criaturas sólo se hablaba en las leyendas más antiguas de tierras lejanas a las mías pero sin embargo yo tenía delante a algo que se parecía mucho a lo descrito por los antiguos textos que narraban esas leyendas.

-Son seres mitad águila y mitad león. Tienen la altura de un orco y su fuerza sólo es comparable a su honor y su orgullo... Grifos los llamaban… - Repetí, casi sin darme cuenta, las mismas primeras palabras que había leído en un pergamino de antigüedad considerable.

Justo entonces una de las criaturas sin rostro se giró reaccionando ante mi voz–a día de hoy todavía me pregunto cómo pudo oírme sin tan siquiera tener orejas- y emitió un horrible grito parecido al gorgoteo de un ave regurgitando antes de lanzarse directamente hacia mí. Aquello activó automáticamente mis aptitudes como cazadora y sin apenas darme cuenta solté la cuerda del arco con tal puntería que la saeta fue a parar justo al centro del lugar en el que debería estar su rostro. Cayó casi fulminado al suelo, restándole sólo unas gotas de vida en el cuerpo que el muy hijo de puta usó para alertar a los otros dos de la presencia enemiga; yo. Inmediatamente después otro salió a mi encuentro, furioso, al parecer, por la muerte de su congénere. Siendo éste más rápido en su afán por matarme, logró que mi cuerpo diese con los huesos contra el duro suelo de la roca madre con una brutal embestida.
El otro se quedó atacando al grifo, al menos aquella mística bestia tenía menos garras de las que preocuparse y sus posibilidades habían aumentado drásticamente.

Cuando vi aquellas garras, largas, afiladas como cuchillas y acabadas en punta como si de dagas se tratasen, vi a la mismísima muerte reflejada en el óvalo oscuro que la criatura tenía por cabeza. Sin embargo, y una vez más gracias al favor de mis diosas, logré que una de mis manos se encontrase con una de las hachas de mi cinturón. Aquel afortunado encuentro me permitió golpear a la criatura, aunque no con toda la fuerza que me hubiese gustado, en el pecho raquítico y de apariencia enclenque que poseía la bestia. Le dolió, fue fácil saberlo gracias a la fuerte vibración de su garganta, pero no lo bastante como para que se retirase del combate. Sólo había ganado tiempo y espacio, ya que él se apartó de encima de mí y pude ponerme en pie.

Una sonrisa soez se formó en mi rostro bajo el yelmo al momento en que estuve de pie. Desenvainé la espada y arrojé el hacha por encima de la cabeza de mi contrincante hacia el otro. A continuación pasé la espada de mi familia a la mano diestra para poder blandir con la siniestra otra de las Franciscas que había en mi cinto. Cuando tuve el ligero mango de madera entre los dedos de mi mano izquierda la sonrisa se perfiló todavía más debajo del casco, asemejándose casi a la que mostraba por fuera con los dientes afilados sobresaliendo:

-Llevo varios días matando criaturas que apenas notan mi presencia… Me vendréis bien para distraerme, malditos engendros sin rostro. –

Adopté postura de combate, con la pierna derecha adelantada por delante de la izquierda y con ésta última levemente flexionada para actuar como un resorte si necesitaba propulsarme hacia delante. Mi mano diestra cubría, con el filo de la espada en diagonal y la punta mirando hacia el grisáceo firmamento, desde la mitad de mis abdominales en adelante, hasta que el destello de la punta de mi herencia familiar quedaba justo por delante de mis ojos. Mientras tanto la siniestra cubría desde la cintura hasta la rodilla aproximadamente. El hacha mantenía su testa afilada apuntando al cielo y de vez en cuando era balanceada por mi hábil mano izquierda para ganar más peso antes de un muy probable impacto. Quería sangre; deseaba matar algo que pudiese usar como sacrificio a mis diosas para así ganarme su favor.

En aquellos momentos agradecí en voz baja haber dejado el morral con la cría dentro a buen recaudo en un barril lo bastante cercano como para poder controlarlo pero lo bastante alejado como para no alertar a los dos supervivientes, con la peste a sangre joven y fresca, de la presencia de una presa potencialmente sabrosa y exótica.
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Snarl el Sáb Ago 03, 2013 11:50 pm

No se puede subestimar a un cazador
Es verdad que en un momento de duda puede morir
Pero también es cierto, que cuando todo está en su contra
Puede salir airoso de las dificultades y obtener su presa
Los cazadores son criaturas extrañas…
De todas formas y tamaños
Pero aun así… no dejan de ser mortales
Condenados a dejar de existir, como sus presas.

Christian Chacana 03 de agosto de 2013

Arriesga todo en un único ataque es para los dementes y para quienes viven por el todo. Arriésgalo todo, solo lanza la moneda y espera que la fortuna te sonría y puedas volver a ver un amanecer. Los cazadores viven arriesgando sus vidas, sus existencias por un solo instante, cuando el mundo se detiene y el corazón pareciera dejar de latir. Que el tiempo no existiera y que solo existen dos seres, el cazador y la presa.

El schakal se lanzo, arriesgaba el todo por el todo, heridas, dolor, cansancio, fatiga, eso no existía, solamente la desesperación, de poder terminar con todo de una sola vez. Como alguien que ha golpeado una y otra vez el tronco de un árbol y viendo que falta poco, golpea más fuerte, más rápido, como si fuera una necesidad, como si con el último golpe llegara la paz y la tranquilidad. Las garras del antropomorfo sonaron contra las rocas, cuan cuchillas contra los muros. El schakal sentía la sangre en su boca, sus dientes habían crujido tanto y su corazón latía con fuerza. Un salto y la bestia lo arriesgo todo, como si fuera un simple parpadear la mujer actuó. Un fulgor hizo que la criatura retrocediera y expusiera su cuello, era una oportunidad de oro, algo que no se debía de desperdiciar.  

¿Se podría ver como las garras del schakal habían apretado su espada? Quizás no, ya que fue un único corte, la espada había atravesado carne y piel, tendones y cartílago. Fue un único movimiento, cuando el hombre bestia dio el grito, sintiendo toda la ira acumulada ser expulsada en un único corte. El eco de aquel grito resonó contra los muros, mientras aterrizaba en la dura roca, la cabeza de la bestia rodo por el suelo, con la boca abierta, mientras que el schakal apoyaba su espada en el suelo y se apoyaba de ella, jadeando … dejando ver todo el cansancio acumulado, no solamente en aquella batalla ante las llamas de las antorchas, sino también con la del desierto… A pesar de todo, el schakal se sentó, apoyándose contra la fría roca, sin soltar la espada o bajar la guardia completamente, no olvidaba las sanguijuelas y su presencia. Contra todo pronóstico y muy a su pesar, el schakal miro a la mujer que no había cambiado de posición, y mientras se levantaba le ofreció unas palabras.

-Sabes humana… nunca hago esto… pero debo de agradecerte el actuar…-


El schakal no miro si aquello le sorprendería o irritaría, de cualquier forma, para el schakal había sido como vomitarlo o por lo menos, así lo sentía. No era común dar las gracias pero en aquella ocasión, había comprendido que de seguir la lucha, simplemente hubiera muerto, morderse la lengua por vivir un día mas, la bestia creía que era un buen precio…

Después de unos minutos de reposo, y de estirar los cansados huesos, el schakal comenzó el trabajo que debía de efectuar, arrancando al carne para llegar a las glándulas, no se puede decir que fue un trabajo sencillo o agradable, ya que la carne de la bestia era más blanda de lo que había imaginado el animal y un movimiento mal hecho podía dañar esas glándulas. La luz dada por la yegua fue suficiente para acabar el trabajo en un par de minutos, metiéndolas en una bolsa de cuero que la mujer había traído. Las glándulas parecían babosas, pero el schakal limpio sus manos en el cadáver del animal.  Después de ello, quedo el largo camino para volver, mas antes hecho una mirada a las sanguijuelas, que se reunían alrededor del cadáver de la que había sido su madre… que miserable y desagradable eran.

Tan solo al salir de la cueva, el schakal estornudo, mascullando que odiaba el frio con toda su alma, sin importar ello, la caminata hacia la cabaña fue más corta de lo que esperaba o recordaba, aun así… el frio hacia que anhelara el desierto, aunque igualmente le odiaba.


~La familia ... ¿Que sentido tiene cuando hay que despedazarla con tus propias fauces? ... ¿Cuando hay que caminar entre los cadáveres de aquellos que llamaste hermanos y pisar sus entrañas para seguir viviendo? ... la familia ... ~






~Sobrevivir es lo importante ... La forma no~
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Arthorius Bloodbane el Dom Ago 04, 2013 1:21 am

A mi alrededor muchas imágenes danzaban. Recuerdos de tiempos pasados, tiempos felices, y no tan felices. Pero recuerdos al fin y al cabo, que como fantasmas del pasado regresaban para mostrarnos lo vivido y aconsejarnos para el futuro. Tomé mi espada, de rojo ferrystalum, supuestamente bañado en la sangre de innumerables dragones... Taladrándome la mente, una hilera de nombres golpeó mi mente... Sus nombres... Aquella maldición tenía detalles que a veces olvidaba... Pero que desgraciadamente volvían cada poco tiempo. Casi podía sentir la risa de Grahim resonando en mi cabeza, burlándose de mí, de mis acciones, de mi... ¿Debilidad?
Si... Él consideraba una debilidad el hecho de haber dejado a esa criatura, de ser incapaz de hacerle daño a una simple cría, y de sentir remordimientos al haber acabado con la vida de dos madres cuyo único pecado había sido... Tener algo que otros querían. Siempre me había planteado la caza de los dragones como un bien mayor. Por la libertad de las personas, por acabar con el poder que los mismos ostentaban desde hace mucho tiempo, y que usaban a su antojo sin preocuparse de a quien dañasen. Pero... No había llegado a pensar que aquellas criaturas, aquellas abominaciones que todos temían y odiaban a partes iguales pudiesen no ser tan agresivas como creía. Dos criaturas habíamos cazado, la primera fue perseguida y atacada... Y cuando iba a morir, y tenía la oportunidad de matarme. No lo hizo...
La segunda se dedicaba a huir. Su único propósito era escapar de aquellos que la seguían e intentaban dañarla, y finalmente, defenderse como pudo, mientras nosotros no dudábamos en atravesar su cuerpo, lacerarlo y hacerlo sangrar. Aquello me parecía cruel, injusto... Y ahora, sus crías las teníamos nosotros. Podíamos ayudarlas a crecer, mantenerlas sanas, fuertes, vigorosas. Y así poder compensar aquella matanza que hacíamos. O acabar con su vida y ayudar a la extinción de dos especies que según habíamos descubierto, no eran muy comunes. ¿Era de débiles dejarlas vivir? O... ¿Era Humano?

Humano... Me había convertido en una bestia, en una aberración... Y de eso hacía mucho tiempo. Y ciego, había estado viendo a aquellas bestias de la misma forma en la que la gente me veía a mi. ¿Por que había cometido semejante estupidez? No lograba entenderlo. Y a pesar de tener claro que era un acto cruel e inhumano, seguía sintiendo algo dentro de mi que me empujaba a continuar la matanza. Un sentimiento de rabia, de odio... Que era ajeno a  mi, y a la vez me pertenecía.
Apreté con fuerza la empuñadura de mi espada y dirigí una mirada hacia el frente. No lograba ver la parte mas lejana del paso montañoso, pues una ligera bruma se hacía notar, cada vez mas húmeda y densa. Dirigí la mirada entonces al cielo, y sentí como las nubes avanzaban con lentitud por el firmamento, cubriendo el astro rey con un velo que solo dejaba pasar algo de luz. Hacía frío, y este, aliado con la humedad, intentaban penetrar en mi armadura para calar mi cuerpo. Como el gélido abrazo del invierno. Parecía una región dura. Pero me seguía trayendo recuerdos de Keybak, a pesar de ser tan diferentes... Un rostro claro y firme, de mirada violeta se empezó a formar ante mi... Recuerdos, y más recuerdos... Un marco de plumas delimitaba el suave contorno de su cara. Cerré los ojos, recordando aquel día vagamente... El río, los niños, el tocón. Aquella espada... Su espalda, su piel, la sangre, el hielo... Hacía mucho tiempo... De pronto, el firme tacto de una mano en mi hombro me hizo girar la mirada, y con el rostro desprovisto de yelmo desde la pelea en el desierto contemplé a Khaelos, con una mirada cargada de nostalgia asentí.

-Todos necesitamos una razón para pelear. Para continuar adelante. Es el apoyo que usamos para levantarnos cuando tropezamos en el camino.-Le respondí, pues realmente entendía sus motivos para continuar con aquella cacería.-Pero no dudo de la importancia de acabar con este. Si no de lo correcto que fue acabar con los anteriores, Khaelos... Y para esos no tengo apoyo alguno.-Sin más, me giré hacia delante, con las preguntas que me había hecho rondándome en la cabeza... Algunas de ellas me respondían que lo matase, y otras que le dejase vivir...-... Mi deber es para con mi pueblo...-Dije firmemente.-Todo lo que amenace su paz y prosperidad es asunto mío, y mi trabajo es solucionarlo... Y... Esa bestia...-Paré un momento, pensando bien mis palabras.-... Esa cría... No amenaza sus vidas... No lo hace ahora, ni lo hará en el futuro, pues de eso me encargaré yo. Ninguna de las que cazamos hasta ahora hizo más que defenderse de un ataque injustificado... Si soy un buen señor, sabré controlar a una criatura que por naturaleza no desea la muerte... O al menos, su madre dejó escapar la mía mientras abrazaba la suya.-Respondí finalmente. Y con energía dejé colgando la espalda de mi cinto, mientras me volvía hacia el hombre con mirada firme y decidida.-Odio que la gente me judgue por mi aspecto. Que considere que por tener escamas soy una bestia sin corazón. Y sin embargo, hasta ahora consideraba que todo los dragones merecían la muerte. ¿No es acaso injusto que pida comprensión cuando no soy capaz de darla? Que le den a Grahim. Que le den a todos los que me consideren débil. Prefiero demostrar mi fortaleza en combate, y no masacrando la vida de recién nacidos... No soy un monstruo.

Durante un momento. Casi pude ver a través de las escamas de mi brazo. Casi pude comprobar mi aspecto humano. Piel clara, brazos esbeltos y musculados, cubiertos de una fina capa de vello rojizo... Solo fue un instante, pero aquello me reconfortó. No importaba el aspecto. Si no el interior.

[...]

Estábamos en medio de aquel paso montañoso. Y habíamos dejado la fortaleza atrás hacía ya varios minutos. La niebla impedía ver el horizonte (A pesar de ser tan sutil que apenas se notaba en distancias cortas), y aunque hubiese estado despejado, los giros que habíamos tenido que hacer en aquel descomunal desfiladero habrían tapado de todas maneras la visión de la imponente fortificación. Ante nosotros se abría un trecho más de roca alzándose a los lados. Al menos hasta donde llegaba la vista. Más allá, solo el blanco grisáceo.
Y el ruido... Parecía un silencio, si, pero eso era solo el fondo. Sobre él, el retumbar del suelo y de las rocas componían el ritmo de una melodía inaudible.
Pum... Pum... Pum... Pum... Pum... Pum...
Un golpe que hacía temblar todo a nuestro alrededor, uno por segundo... Se acercaba... Y pronto, una mancha borrosa empezó a aclararse en la lejanía. Una figura pequeña, difusa... Que poco a poco fue tomando forma... Su cabeza era enorme, y sobre su nariz crecía un enorme cuerno de filoso aspecto. Cabeza rodeada de una corona de escamas puntiagudas, y unos ojos de un negro rojizo. Sobre su mandíbula, una hilera de dientes se movían lentamente, independientes los unos de los otros, y exteriores a los propios labios. Con paso tranquilo y despreocupado, y sin fijar la mirada en nosotros, la bestia caminaba en nuestra dirección, guiada por el único camino posible a seguir. Gigante, imponente, imparable...

-Aún tenía la esperanza de que hubiesen exagerado, pero veo que, desgraciadamente no...-Dije finalmente, dirigiéndole una última mirada de compañerismo al conde antes de que empezase el combate.

"La mujer de las montañas se había topado con una leyenda viviente. Una criatura que jamás esperó hallar en sus viajes, y mucho menos en aquel lugar... ¿Que hacía allí un Grifo? ¿Por que estaba siendo atacado? Preguntas sin respuesta que carecían de sentido para la mujer, y que impulsada por un sentimiento de amabilidad, o quizás simple instinto de supervivencia propia, se encargó de dar fin a una de las criaturas que castigaban a la bestia. Tan solo un flechazo bastó para hacer que su cuerpo inerte cayese al suelo, derramando su sangre, roja como los cabellos de la mujer, y alertando con ello a sus otros compañeros, que se volvieron hacia ella al presenciar la muerte de su compañero.
Con pasmosa velocidad uno de ellos se adelantó, placando a la bárbara con una carga bestial, mientras que el otro continuaba enzarzado en una feroz batalla contra la leyenda viviente.
El golpe que la muchacha recibió fue intenso, pero embutida en su armadura resistió implacable el embiste, y en un desesperado intento por lograr que se apartara, la golpeó con su hacha en pleno pecho. El golpe fue potente, mas no letal, y herida, pero no vencida, la bestia negra saltó hacia atrás, llevándose una de sus garras al pecho, donde una herida dejaba escapar su sangre, así como un poco de su propia vida.

Sin pensárselo dos veces, Enya tomó el hacha y la lanzó en dirección a la última bestia, intentando así herir a ambas y poder darle un respiro al grifo, pero sin olvidarse de su verdadero oponente, desenvainó su espada y tomó su otra hacha, preparándose para lo que parecía un combate físico.
La criatura agitó su cuerpo con violencia, y con una velocidad mayor que la última vez cargó hacia ella, pero esta vez no con intención de golpearla solamente, si no que, con las garras por delante preparadas para atacar, arremetió contra su rostro protegido bajo el yelmo, haciendo que si deseaba pararlo, debiese ser sumamente precisa. Pues con aquel ataque había dejado su guardia abierta, desprotegida ante cualquier contraataque...
Mientras la otra lanzaba furibundos zarpazos al rostro emplumado del grifo, que se debatía por evitar recibirlo, mientras el hacha de la mujer yacía en el suelo clavada con fuerza. Un tiro errado, pero no inútil. Pues aquella acción había permitido que el grifo comenzase su contraataque, y poco a poco fuese comiendo terreno a la bestia, hasta que finalmente un picotazo directo al pecho la derribó, y segundos mas tarde una de sus descomunales zarpas cayó sobre su cuerpo."


"Victorioso tras el combate, el cazador decidió tomarse un pequeño respiro. Pues aquel día había vuelto a ver la muerte de cerca... Pero una vez más había salido resuelto de su encuentro con la segadora de almas. Que había decidido que aquel no era buen momento para recoger la del hombre bestia... Pero aquello no había sido solo obra suya. El destino había querido que la humana acudiese en su ayuda y le brindase su habilidad y conocimientos para enfrentar a la criatura, y aquello era que ni siquiera su orgullo era capaz de negar. Escupió unas palabras de gratitud, casi como si se las hubiesen sacado a punta de espada. Pero... Aquello sorprendió a la mujer, que incrédula alzó una ceja, sin esperarse que el hombre que tan bruscamente parecía tratar a todos, y cuyo desprecio por la vida de los demás era más que patente, hubiese siquiera logrado superar el esfuerzo que debía suponerle pronunciar la palabra Agradecido. La mujer, finalmente asintió con una sonrisa de medio lado, y su respuesta fue corta y concisa. Con tan solo cuatro palabras.

-No hay de que

No tardaron demasiado en lograr extraer las glándulas entre ambos, alumbrados por los destellos que emitía el corcel de las tormentas. Y tras fácilmente almacenarlas en un saco de cuero emprendieron el regreso a la casa de la mujer. Aquel trayecto fue corto, o al menos eso les pareció a ambos, menor que el que habían sufrido a la hora de llegar. Quizás por ser cuesta abajo, quizás por tener ya la victoria en una bolsa, quizás por la silenciosa compañía. O quizás simples distracciones Sea como fuere, finalmente llegaron a la humilde morada de madera y piedra de la experta cazadora, que sin mostrar ninguna intención de prolongar la estancia del hombre, se dirigió inmediatamente a la puerta, situada en medio de aquel erial de nieve y hielo. Los copos ya empezaban a caer con fuerza cuando el hombre bestia se aproximó al umbral, y la mujer sin ningúna palabra más la abrió, mostrando al otro lado la habitación donde Mack reposaba contemplando los ingredientes en una mesa. Le hizo una seña, mostrandole el interior, y cuando se hubo acercado, le sonrió.

-Dale recuerdos de mi parte...-Se detuvo un instante y soltó una carcajada que solo parecía hacerle gracia a ella.-No te molestes en responder, se que no lo harás. Bastante has hecho ya por hoy. ¡Vamos! Vete y haz lo que te plazca... Ya arreglaré el estropicio que creaste.

Sin mediar mas palabras, se giró y caminó hacia la puerta de su casa, con la mano puesta en el pomo de su espada y un ojo puesto en la puerta, vigilando que la marcha de aquel hombre fuese correcta y sin incidentes."


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Off: Otro turno. En fin. No hay nada que decir especial. Ya haré aclaraciones en el tema Off. Suerte.
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Vie Ago 09, 2013 11:11 pm

Observé a Arthorius en silencio, dejando que mis palabras llegaran a él mientras el hombre pensaba en silencio, mirando su espada y tratando de encontrar un camino que le permitiera aliviar su conciencia. Dejé que mi vista se perdiera en el sur, observando las oscuras llanuras de Zhakhesh extenderse hasta el horizonte. ¿En los días que había estado ausente le habría pasado algo a mi tierra? No parecía, todo estaba tranquilo según rezaban los informes. De los tres cazadores, creo que era quien más tranquilo estaba de todos. Enya había ido a realizar unos rezos tradicionales según dijo aunque no los había hecho en las otras dos cacerías, y Arthorius estaba justo en medio de una crisis existencial. ¿Y yo? Disfrutaba del paisaje y dejaba que los olores de mi tierra me relajaran y me hicieran sentir alegre de estar de nuevo en mi nación.

Apoyado en la baranda esperé hasta que finalmente el hombre se decidió a hablar. Sus palabras me hicieron asentir. Así es... Todos necesitamos algo por lo que luchar. Cada uno tenía lo suyo, y en aquellos momentos se podría decir que, de forma más o menos directa, tanto él como la cazadora de las montañas iban a luchar por mi causa. Aquella criatura amenazaba la seguridad de Zhakhesh de modo que, Dan o no Dan, había que detenerla cuanto antes. Entonces él mencionó lo de acabar con los anteriores, y ahí no pude evitar suspirar, asintiendo levemente. Sabía bien lo que es saber que no todo lo que haces es correcto. Entonces siguió hablando, y tras decir que su deber era para su pueblo, afirmó que se encargaría de que esa criatura no supusiera nunca un peligro para los suyos. Finalmente concluyó diciendo que odiaba que la gente le juzgara por su aspecto, y tras eso dijo que era injusto pedir comprensión siendo incapaz de darla. Sonreí ante sus palabras y le puse la mano en el hombro: -Así se habla, hermano. La apariencia no lo es todo, y te lo dice alguien cuya faceta de nigromante no suele ser muy bienvenida por las gentes de Noreth. Por lo demás... Piensa una cosa, los otros dos murieron porque fuimos engañados, y a Dan le tocará responder por ello. Y ahora... ¿Vamos a detener a un dragón que sí amenaza vidas?-

Rápidamente nos dirigimos hacia el paso montañoso, dejando atrás la fortaleza, mientras a lo lejos la niebla bloqueaba el horizonte. Tal vez eso nos daría horas extra sin lluvia al concentrarse la humedad tan a ras de suelo. Pronto pudimos escuchar el sonido rítmico y el retumbar de algo muy pesado acercándose. Nuestra presa, sin duda. Todo alrededor temblaba, mientras desde un saliente buscaba con la mirada a la mancha borrosa que pronto empezó a incrementarse y volverse más lúcida. Era enorme, sin duda, y no nos había visto al parecer. Arthorius me miró y le respondí, riendo levemente: -Los zhakheshianos nunca exageramos, amigo mío. La vida es suficientemente dura aquí como para encima sumarle más peligro a las cosas del que realmente tengan. Y ahora... Tengo una idea, hermano, pero necesitaré tu ayuda. Le vamos a dar a esta criatura una bienvenida que no va a olvidar... Nadie amenaza a Zhakhesh y vive para contarlo, sean cuales sean sus razones. Vamos, sígueme, hay que subirse al lomo de la criatura, y una vez allí... Ayúdame a hacer un boquete suficientemente grande como para que yo pudiera caber por él. Ya sé la forma de matarlo sin que se acerque a la fortaleza...-

Empecé a prepararme, buscando un sitio alto por donde saltar sobre el dragón montaña. Mi intención era simple, saltarle encima y abrir en su espalda un agujero suficientemente grande como para poder entrar por él. Tras eso... Haría un viaje bastante sangriento al centro del monstruo.
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Enya el Sáb Ago 10, 2013 5:27 pm

En cuanto fijé mi vista más allá de la criatura que tenía delante maldije mi puntería, mala en esos instantes, y el poco tiempo que me había tomado para calcular un mejor tiro. El hacha había errado. Yacía clavada en la nieve. Inútil. ¿O tal vez no? Al parecer el grifo iba comiendo terreno a la bestia y…

“¡Blam!”

Otra carga del engendro sin rostro que tenía justo delante de mí logró desequilibrarme. Sus garras, afiladas con cuchillas, se hundieron suficiente en el acero de la armadura como para que lograse ver los destellos de sus puntas apagarse justo antes de llegar a mi rostro. Sin duda la criatura tenía armas naturales muy parecidas al metal que me protegía y al que usaba para atacarla, pero no por ello me rendiría. No.
Fui rápida, reaccioné a tiempo y logré hacerme con el control de la situación gracias a la postura tomada unos minutos atrás; la pierna izquierda, que estaba flexionada como un muelle, ganó fuerza rápidamente y logré incrustar un rodillazo en la boca del estómago a la criatura que la dobló del dolor. A continuación le hinqué el hacha en el hombro, haciéndola chillar y retroceder adolorida. Aunque no tenía rostro, parecía que en el óvalo negro podía verse el espíritu mismo del odio retorciéndose en su interior, pero todavía no había acabado. Aun la tenía que rematar, y de eso se encargó mi espada. Con ella logré amputarle una de sus garras cuando dirigía un colérico ataque hacia el pecho, seguidamente arremetí contra ella empuñando el acero familiar con ambas manos y atravesé su pecho hasta que más de la mitad de la espada surgió de nuevo por su espalda. Su hoja estaba cubierta de sangre y vísceras, igual que la empuñadura sobre la cual se derramaban.

-Regresa al lugar que te pertenece, engendro. – Dije enfatizando sobre todo la última palabra. Inmediatamente después retiré el acero de su pecho y dirigí un último y letal corte contra su cabeza, la cual partí por la mitad como si se tratase de una fruta madura.

Su sangre me salpicó buena parte de la mitad superior de mi cuerpo, siendo el yelmo la parte que recibió más gotas carmesíes, pero no podía detenerme en esos momentos: todavía quedaba una criatura o… eso creía yo.

Cuando terminé con el segundo engendro del día me apresuré a llegar hasta el grifo. Tenía intención de ayudarlo, sin embargo no parecía hacerle falta demasiado apoyo. Con sus poderosas garras y su fuerte pico había hecho ya buenos estragos en el sin rostro, aunque todavía no lo había matado ya estaba a punto de hacerlo con el peso que su cuerpo, apoyado en una sola de sus garras de águila, estaba ejerciendo sobre la endeble cavidad torácica. La criatura tenía los brazos cubriéndole el rostro, con miedo al parecer, un miedo que por algún motivo jamás llegué a sentir. Aquel grifo me transmitía una sensación de seguridad inenarrable, era como si todos mis pecados se expiasen con sólo contemplar unos segundos el majestuoso plumaje dorado de su pecho y su testa.

Finalmente el grifo extendió sus alas, enormes y majestosas, y pio con tal fuerza que incluso el eco fue como el de un millar de águilas juntas, antes de asestar el golpe mortal con el que desgarró desde el cuello del engendro hasta su cintura, dejando toda esa parte como un amasijo de sangre, vísceras y huesos indistinguibles incluso para el ojo más experto. A continuación giró su cabeza para encontrar su vista con la mía.
Sentí que podía ver a través del acero, la carne, la sangre y los huesos hasta llegar a mi alma, y escrutarla con la dureza de un juez. Supuse que los segundos siguientes estuvo hocicando en mi interior, conociéndome para después poder hablar conmigo con aquella soltura tan sorprendente, pues mencionó varias cosas que… vaya, sólo yo sabía, sólo yo había sentido durante esa cacería de madres y por lo tanto nadie más podía entender. Nadie más salvo… él.


[…]

Un rato después me permitió montarlo. Su ala había sanado gracias a la ayuda de los últimos restos de magia que le quedaban de su anterior señor y ahora podía surcar de nuevo los cielos con un nuevo jinete blandiendo un arma a sus espaldas. Conmigo esgrimiendo la espada de mis ancestros en dirección a la batalla más gloriosa que jamás hubiese librado en la vida. Por primera vez iba a matar a un dragón, mi espada iba a probar la sangre de las grandes sierpes, pero es que además lo haría a lomos de otra criatura igual de mística que ellos.

Y años más tarde, cuando ella fuese anciana, lo haría también a lomos de otra criatura. De la cría que llevaba, ahora, en una de las amplias pero seguras alforjas del grifo.
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Snarl el Dom Ago 11, 2013 1:57 am

Mil rostros tiene la muerte
Mil formas tiene la fortuna
Mil razones tiene el destino
Mil anhelos tiene la vida
Más solo una cosa es verdad en este mundo
Que el fuerte pisotea al débil
Y que cuando das la espalda a un schakal
Saborearas el metálico sabor del acero en tus labios.

Christian Chacana 10 de agosto de 2013


¿La cacería había terminado? No era posible, aun quedaba mucho que hacer, pero el hijo del desierto lo desconocía aun, el simplemente cumplía la misión para la cual se le había contratado. Mas ahora, las heridas en su pierna, el sabor de sangre en su boca y la leve migraña que ahora subía desde su nuca para alojarse en su frente.  A pesar de ello, más que esas molestias, más que la herida caliente en su pierna, era el frio, aquel frio que le rodeaba y que el obligaba a anhelar el desierto.  

La visión de la cabaña trajo algo de alivio al schakal, quien entro sin muchos modales y sacudió su cuerpo de la nieve que se había acumulado en sus hombros. Eran contradictorios sus sentimientos, por un lado, deseaba abandonar cuanto antes aquel lugar y la presencia de la hembra humana, por otro lado, deseaba calentar su frio cuerpo un poco más en el danzante fuego que había en la chimenea, para su fortuna o desgracia, dependiendo de cómo se mirara, la mujer abrió nuevamente la puerta por donde había llegado a las congeladas montañas. La visión tras la puerta no le hizo mucha gracia, miro al alquimista, de la misma forma que vería a un cerdo grasiento, de cualquier manera tomo el saco con su presa, saco que había dejado sangre y una sustancia verdosa en el suelo donde estaba.

Mientras se dirigía hacia la puerta, la mujer la hablo, como si fuera el causante de todos los problemas y no fuera al revés, la poca gratitud o casi inexistente que quedaba en él, le hizo gruñir, mirando desafiante a la mujer que mantenía su mano en su espada ¿Si le atacaba… moriría él o ella primero?, no hubo necesidad, simplemente atravesó la puerta, para quedar frente al grasiento.

EL alquimista estaba en sus asuntos, cuando uno de los portales se abrió y el schakal entro, con una apariencia de pocos amigos y el claro aroma a sangre en su cuerpo, junto a las manchas que cubrían el mayor parte de sus ropas y pelaje, sin casi mediar palabras, le quito el saco de las garras al schakal, colocándolas en una mesa y revisándolas, como si fueran gemas preciosas y buscara grietas o rasguños, entre sus quehaceres, pregunto por el “compañero” del schakal, a lo cual este respondió sin tacto, como era de esperar en el.

-Le mate… necesitaba carnada-

Al parecer, la respuesta no fue de su agrado y si lo fue, lo disimulo muy bien, después de unos minutos mirando las glándulas, suspiro y comenzó a decir lo que tenía que decir simplemente. La nueva cacería seria en otro lugar desagradable para el schakal Drakenfang, lugar claramente frio e inhóspito y muy similar a donde había estado recientemente.  El schakal gruño molesto, mientras se apretaba el vendaje que comenzaba a sangrar nuevamente y camino hasta el portal, mas antes girarse hacia el joven alquimista.

-Espero… que tu maestro pague bien, o me pagare con su carne y su sangre-


No espero la respuesta del alquimista, simplemente atravesó el portal y sintió nuevamente el aire helado, gruño más sonoramente, mientras las garras de sus patas hacían sonar el frio piso. La habitación era una habitación simple, un lugar frio, y muerto al parecer, lo único que había en la sala era una puerta de madera negra por el hollín, una mesa de dura madera y un par de sillas viejas pero resistentes. El schakal arrastro una de las sillas, apoyándola contra la pared y sentándose en esta.  Con lentitud comenzó a quitar el vendaje de su pierna, dejando que la sangre corriera por su pelo lentamente. Para sus adentros, maldijo a las sanguijuelas, que ahora mismo debían de estarse comiendo el cuerpo fofo de su madre.


~La familia ... ¿Que sentido tiene cuando hay que despedazarla con tus propias fauces? ... ¿Cuando hay que caminar entre los cadáveres de aquellos que llamaste hermanos y pisar sus entrañas para seguir viviendo? ... la familia ... ~






~Sobrevivir es lo importante ... La forma no~
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Arthorius Bloodbane el Mar Ago 13, 2013 1:38 am

Sonreí de medio lado al escuchar las palabras con las que el conde me respondían. Eran ciertas, si, pero no hacían menos dolorosa la situación. Eso era algo que nunca cambiaría...
El dolor de la soledad...
Una imagen fugaz cruzó mi mente. De nuevo, su rostro envuelto en plumas blancas, cálido, y a la vez fresco, severo, y a la vez tranquilizante... No... Habíamos algunos que parecíamos destinados a sufrir aquella pena durante toda nuestra vida. O a aprender a llevarla y convivir con ella.

-Como tú mismo dijiste antes, compañero... Todos tenemos algo que ocultar...-Dije posando mi mano sobre su hombro derecho como muestra de afecto.-Solo que tu ocultas la naturaleza de tu magia... Y yo el rostro de una aberración...-Le miré a los ojos directamente, algo que podría parecer agresivo... Pero en mis ojos no había rabia, ni ningún otro sentimiento. Lejos de eso, hundía mi mirada en los suyos, como si escrutase lo más profundo de su alma... Desde que le había vuelto a ver había notado que estaba algo extraño, pero no me había dado cuenta bien hasta que había tomado el huevo del leviatán de aquella manera. Realmente parecía como si me hubiese encontrado con alguien diferente. Apenas durante un segundo estuve mirándole, y después torcí mi sonrisa frunciendo el ceño.-Y yo el rostro de una aberración...

Aquella ultima frase la repetí mientras retiraba mi mano y volvía a dejar colgando mi espada del cinturón. Quise haber añadido otra palabra, pero preferí dejarla en el aire. Mi mirada y mi voz deberían haberle comunicado el mensaje sin necesidad de recitarlo...
"¿O quizás hay algo más que ocultamos? ¿Que más hay, Khaelos...?"
Miré mis brazos, allí donde la ballena de las arenas me había arrancado las escamas. La costra de sangre seguía allí, dura y seca... Me pregunté cuanto tiempo tardarían en volver a crecer aquellas placas negras. Seguramente no demasiado. Nunca tardaba demasiado en recuperar mi monstruoso aspecto.
Me giré hacia las escaleras por las que se descendía a la parte baja del paso montañoso, parte que habríamos de recorrer para llegar a nuestra presa. Pero antes de descender el primer peldaño volví a detenerme para hablar con el hombre.

-Si... Lo detendremos... Pero una vez tengamos lo que ese saco de mantequilla sudorosa quiere, vamos a hablar seriamente con él...-Dije con un tono de crueldad mientras acariciba el pomo negro de mi arma.-Nosotros hablaremos... Y él chillará...

[...]

Khaelos pareció divertido ante mis palabras... Probablemente fuese cierto que nunca exageraban. Pero aun así, la esperanza es lo último que se pierde, y yo aún tenía mucho por delante como para haberme quedado sin nada.
El plan del conde podría parecer muy adecuado, subirse a la bestia nos daría una posición estratégica. Pero otra cosa era que fuese inteligente. Escalarla parecía una tarea de proporciones colosales, literalmente. La única forma que teníamos de acceder era subirnos a uno de los salientes que divisábamos en las paredes, y desde allí poder colocarnos a la espalda de la bestia. El mayor problema sería encontrar uno a la altura adecuada, pues si no nos tocaría saltar, y en aquella ocasión no tenía una cuerda para ayudarnos. Y aunque lo lográsemos, abrirse paso entre escamas carne y músculo de un ser tan descomunal parecía más un suicidio que una buena idea. Aun así... Parecía totalmente dispuesto a ello, y algo me decía que no iba a cambiar de opinión dijese lo que dijese. Me resigné suspirando, y yo también busqué alguno en el sitio adecuado. No tardé demasiado, lo cierto es que el sitio estaba plagado de rocas prominentes escapando de la pared vertical. El único problema era... Que la única forma de subir era a través de una escala, y Khaelos y yo no eramos lo que se dice, ligeros. Mi mayor temor era que se desprendiese mientras intentábamos subir. Se la señalé, y mientras corríamos en su dirección le mostré mis inquietudes.

-No dudo de la buena fabricación de vuestro equipo. Pero esos salientes creo que están diseñados para arqueros con nula o poca carga. No creo que esto hubiese sido pensado para que guerreros de nuestro tamaño y con una armadura tan poco ligera la subiesen a toda prisa. Y me parecería un triste final que nuestras vidas acabasen con la simple frase: "Cayeron de una escalera que no soportó su peso".-Pero al llegar al lugar me percaté de que otra escala asomaba en el otro lado de la roca.-Bueno, al menos previsores sois... Espero que cada una aguante al menos el peso de uno de nosotros...

"El Schakal atravesó la puerta, el el silencio volvió a Keybak. Jasmine volvió a su casa, más relajada que antes y se sentó de nuevo en su sillón a leer... La vida seguía sorprendiéndola... Un orgulloso Schakal dándole las gracias... Y marchándose sin causar problemas. No podía haber pedido mucho más.
El hombre bestia regresó a los pantanos, donde vio al joven aprendiz inspeccionando con ojo crítico aquellos objetos, buscando cualquier mínimo defecto, parecía contento de no encontrar ningún problema que mencionar a su maestro. Cuando se percató de la presencia del mercenario, descubrió también que había vuelto a regresar con un compañero menos. Y ante su pregunta, le llegó la respuesta... Una que no le agradó. Ese hombre parecía ser la perdición de todos sus aliados. Pero finalmente tomó las glándulas que el hombre le tendía, y tras observarlas con detenimiento, las dejó junto a todo lo demás. La información que le dio sobre la siguiente caza no fue mayor que al otro grupo, y tras una advertencia sobre la paga, el hombre bestia salió por la misma puerta que minutos antes habían cruzado los otros, llegando a una estancia vacía, de cuyas paredes solo salía frío, y donde el silencio reinaba.

Se tomó unos momentos para intentar poner fin a los problemas de la herida sangrante abierta por las sanguijuelas. Aún seguía saliendo un poco del fluido vital del hombre, pero por suerte, el efecto anticoagulante de su saliva había perdido ya fuerza. No tardaría demasiado en comenzar la curación.
Pronto saldría al mismo patio que los demás, y allí vería a Conan, ultimando los detalles. Al verle llegar, se aproximaría a él, y tras examinarle un instante, le explicaría que los demás ya habían ido a por la bestia. Indicándole las escaleras de bajada hacia el paso montañoso, le diría que continuando el camino los hallaría... Si deseaba prepararse, tenía al lado una habitación. Quizás encontrase algo que fuese de utilidad contra semejante criatura..."


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Off: Disculpad la ligera tardanza. Entre que fue un turno complicado, y que hubo retrasos en el posteo, ha sido ahora cuando he podido acabar de escribir. En fin, intentaré tener pronto el off. Buena suerte.
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Enya el Lun Ago 19, 2013 5:11 pm

-¿Qué te ha impulsado a ayudarme, humana? – Preguntó con voz solemne la criatura.

En un principio me sorprendió, sabía que yo era una mujer y sin embargo todavía no había escuchado mi voz ni visto mi rostro debajo del yelmo. ¿Me delató la altura? No lo creía, aquella criatura muy alta, casi todos los hombres, a su lado, parecerían pequeños tanto física como espiritualmente. ¿Entonces qué? ¿Cómo lo podía saber?

-Eres una criatura legendaria. No muchos han visto a uno de tu especie, y yo misma no había hallado a uno hasta que te encontré a ti. No creí que abandonarte a tu suerte fuese del gusto de mis diosas. –

-¿Entonces sólo lo hiciste por complacer a esas diosas tuyas? –

En aquel momento se me hizo un nudo en la garganta que me impidió responderle todo lo rápido que me hubiese gustado. Sin duda la criatura tenía la dureza de un rey y el temple de un caballero, todo ello aunado para juzgar a una persona: a mí.

-No… No he querido decir eso. Te he ayudado porque así me lo ha dictado la razón… Parecías indefenso contras esas tres criaturas. -

-He de asumir pues, que si sólo hubieses escuchado mi piar jamás hubiera recibido tu ayuda, ¿no? – De nuevo, su voz sonó solemne pero dura, con un matiz extraño que infundía respeto con tan sólo escucharla.

-Tampoco quise decir eso… -

-Como tampoco quisiste asesinar a dos criaturas inocentes. Y sin embargo lo hiciste. Luchaste a brazo partido hasta las dos madres pasaron por el filo de tu espada y la punta de tus flechas, y cuando eso ocurrió te lamentaste. No preguntaste, no quisiste saber nada de ellas salvo cuándo, dónde y cómo atacar sus cuerpos. –

Aquellas palabras volvieron a hacer mella en mí. Tenía… tenía razón, demasiada razón. En ningún momento durante toda esa maldita cacería había hecho pregunta alguna sobre los hábitos de las criaturas, sólo me había interesado por la mejor forma de darles fin y ahora… de nuevo.

-¿Qué pretendes con tus preguntas, grifo? ¿Deseas que abandone a mis camaradas y huya para no continuar caminando por una senda pavimentada con sangre inocente? Si es así ya puedes desistir. Puede que haya cometido errores, que haya acabado con criaturas que únicamente pretendían proteger a sus retoños, pero no cometeré el peor de todos. No abandonaré a quienes me han salvado la vida y me han confiado secretos que a nadie más le han contado. En mi vida he cometido muchos errores que me perseguirán hasta el fin de los días, pero jamás llevaré a las espaldas el peso de una traición o una deserción. – Ésta vez mi voz había sido firme, casi tan dura como la suya y sin atisbo alguno de duda.

Después de esa contestación la criatura se tomó unos minutos para sí mismo; me observó y me volvió a analizar con su ojo crítico. Esperaba que no se fuese, que no se hubiese ofendido pero, si así era, tampoco me sentiría del todo mal. Había dicho lo que realmente creía y pensaba, por lo tanto no tenía nada que reprocharme a mí misma si tan noble criatura no compartía la visión humana de una situación.

-Dime tu nombre, humana. – Dijo, pasados largos minutos desde mi respuesta

-Enya. –

-De acuerdo, Enya, he podido ver que has sido sincera, que no te ha temblado la voz, pero no creas que sólo con eso te ganarás mi confianza. Por ahora monta a mi lomo, te llevaré hasta tus compañeros, pues estoy en deuda contigo y mis códigos me obligan a saldar la deuda antes que nada. – Hizo una pequeña pausa y agachó un poco su cabeza para que yo pudiera subir. Lo hice, pero antes recogí al pequeño que había dejado en un barril y lo puse en una de sus grandes alforjas: - Conocerás mi nombre más tarde. –

Ambos pensamos igual en ese instante: ya estaba bien de charla, había una última batalla que librar y debíamos apresurarnos para no llegar tarde. Yo no quería perder la gloria que me reportaría matar a un auténtico dragón y él no deseaba desaprovechar su ocasión de saldar la deuda que había contraído conmigo.
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Mar Ago 20, 2013 3:58 am

Arthorius me puso la mano sobre el hombro derecho y yo hice lo mismo, devolviéndole el apretón y sonriéndole con camaradería. Ante sus palabras negué con la cabeza, dejando que mis ojos siguieran fijos en los suyos, dándome cuenta de que me escrutaba... Aunque pudiera ver que había preocupación genuina hacia él... Lo que el hombre no podía era traspasar una barrera que ocultaba todo lo que había detrás de mí, de Khaelos, el hombre. Mi respuesta no tardó en llegar, pudiendo entender lo que me estaba diciendo: -En ti veo un corazón noble, camarada, y sé que lograrás demostrárselo al mundo. Aprovecha que tú no has aceptado el papel que quieren darte de monstruo. Mi error fue hacerlo y encontrar placer en ello. No caigas en lo mismo, hermano.- Tras eso me separé de él mientras Arthur bajaba por las escaleras, siguiéndole y respondiendo con una carcajada ante sus palabras: -Comprobará en carne propia por qué las mazmorras zhakheshianas son las más temidas de todo Noreth...-

Poco después nos hallábamos viendo ya a la enorme criatura avanzar hacia nuestra posición sin siquiera molestarse en saber que estábamos allí. Caminaba a paso lento y tranquilo, y ante las palabras de Arthorius no pude evitar que me hicieran gracia. Habíamos llegado demasiado lejos ya como para ponernos pesimistas en ese momento. El plan que formulé no fue el más brillante de mi carrera, aunque sí se mantenía en consonancia con las arriesgadas estrategias que solía llevar a cabo cuando se trataba de luchar en un grupo pequeño o en solitario. El hombre parecía dudar de mi plan y aquello era más que obvio, pues no sabía si disponíamos de medios suficientes para poder ejecutarlo. Empezó por decir que creía que aquellos salientes estaban diseñados para arqueros, no para guerreros pesados. Cuando dijo lo de caer de la escalera no pude evitar reírme, y ante lo de que éramos previsores le respondí en voz alta: -¡Si he decidido aplicar este plan es porque ya me conozco las fortificaciónes zhakheshianas, camarada! ¡Cuando acabe la pelea te contaré para qué sirven exactamente!-

Atándome el escudo a la espalda empecé a correr por la escalera, pisando fuerte y seguro para evitar tropezarme o caer cuando no tocara hasta llegar al final del saliente, momento en que salté sobre la criatura. Usé la espada para quedarme afirmado sobre ella, y tras eso me acuclillé, haciendo fuerza con los talones para evitar caerme y usando una mano para agarrarme a una de las rocas del monstruo. Una vez estuve bien afirmado fue cuando empecé a golpear con la espada, esperando que Arthorius se me uniera prontamente. Mi espada subía y bajaba, buscando apartar las escamas del monstruo y atravesar su piel. Debía lograr hacer un corte suficientemente grande como para poder hacer un agujero y separar piel y carne, dejándome un acceso a su interior. Sí... Si a un monstruo así no puedes matarlo desde fuera sin arriesgarte demasiado... La opción era matarlo como si yo fuera un parásito. Además no lo negaba, la posibilidad de matar a un ser colosal desde el interior era demasiado divertida como para dejarla pasar. Debía aprovechar aquél momento, sin duda...
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Snarl el Mar Ago 20, 2013 5:59 am

Enfrentarse al reto máximo
Vivir al límite y sin dudar
Saborear la sangre en tu boca
Y el latir de tu corazón en tu pecho
Es la emoción del futuro
Y de la presa perfecta para el cazador.

Christian Chacana 19 de agosto de 2013


La espera para una bestia siempre es larga, acostumbrada a estar siempre atenta y jamás bajar la guardia, aquellos instantes de “paz” y “quietud” eran demasiado para la criatura con sangre de animal. Por suerte, no fue tanto, ya que después de revisar como la herida poco a poco dejaba de sangrar y cambiaba el vendaje, notando recién la molestia al caminar y que decir cuando intentara correr, debería de apretar los dientes en esos instantes. Después de unos minutos aguardando que alguien apareciera, la bestia decidió tomar las riendas del asunto y abrió la puerta, para llegar a un patio de armas.

De por sí, el lugar parecía listo para una batalla, armas de grueso calibre se encontraban dispuestas para atacar o defender, maquinarias que el schakal ya había visto en su anterior… “hospedaje” en la fortaleza enana, donde terminaron todos muertos. Pero volviendo al asunto, el schakal sintió el aire frio golpear su rostro, maldición, mas aire frio y por ende nieve cerca, mas antes de poder mascullar maldiciones y desagrado, alguien camino hacia el. Un humano al parecer de alta estatura, de barba y bastante cabello en su cabeza. El schakal no se puso a examinarlo tanto, ver los ojos o cualquier otra parte era innecesario y una pérdida de tiempo, mas si observo algo y que no era para pasar desapercibido. Portaba una armadura de cuero endurecido y una descomunal hacha en la espalda, cosa a la cual había que estar pendiente si había que utilizar a otro ser humano para sus planes y encargos, aunque de seguro el alquimista grasiento estaría más que contento al saber que no tendría que gastar recompensa en aquellos dos humanos ya muertos.

El ser humano se acerco y durante un instante ambas miradas se cruzaron, de seguro para el hombre, el schakal no le pareciera más que un perro sobre desarrollado, mientras que para el schakal, el humano tenia ojos de cordero degollado, mismo estado que tendría el resto de él si no le miraba de mejor forma. Por lo menos sus primeras palabras fueron de información, aunque breve.

-Supuse que enviarían a mas, Dan menciono algo, pero no que enviaría a un Schakal y menos a estas montañas, estas menos preparados que el rio anterior, pero de seguro encontraremos algo en que utilizarte *sus palabras solo lograron que el schakal mostrara los dientes, aun pendiente del hacha que portaba* bueno, información rápida, se enfrentan a un dragón de 120 metros, su nombre es "Lao Shan Lung" o como el decimos “Dragón Montaña” , el grupo anterior ya debe estar luchando contra él, así que dos consejos, el vientre y la cabeza son más débiles, pero no tanto como para morir de un solo golpe, olvídate de su espalda, si no quieres terminar con tus garras rotas, si necesitas equipo, en la armería encontraras lo que requieres… ahora márchate, que el tiempo apremia-

El schakal simplemente asintió y camino hacia la armería, realmente estaba repleta de armas, en su mayoría pesadas lanzas y espadas, hachas y garrotes, armas rusticas de fuego y otras cosas. El schakal se decidió por algo más útil, una larga cuerda con un gancho triple, muy similar a los anzuelos usados para pescar, hecho de acero de seguro. Lo otro, fue cambiar su oxidada daga, por una algo mejor, no encontró muchas, pero tras revisar un arcón, encontró una buena daga, similar a la propia, pero de mejor filo y menos oxidada. Encontró algo que le llamo la atención, un pequeño barril de pólvora negra con mecha, el barril no era más grande que dos cabezas juntas, y tenía una buena mecha, quizás podría usarla o para volarle el vientre a la bestia, o siquiera para cegarla, bueno, ya lo pensaría. Antes de marcharse de la armería, tomo una pesada ballesta y varios virotes de acero grueso, ¿utilidad? Ya la tendría más adelante. Por ahora, la visión del pulgoso tan armado, debió de parecerle graciosa al guerrero humano, quien el indico hacia dónde ir, el descenso por el desfiladero le fue más fácil de lo que supuso, ya que sus patas se agarraban de las rocas y el peso extra que llevaba, lo había atado a su espalda. Los minutos pasaron cuando el sonido de esas inmensas pisadas hizo que elevara su mirada y viera a la mole moverse lentamente en esos instantes, pero era una visión de una montaña caminando. De las fauces del schakal solamente una palabra surgió.

-Maldición-



~La familia ... ¿Que sentido tiene cuando hay que despedazarla con tus propias fauces? ... ¿Cuando hay que caminar entre los cadáveres de aquellos que llamaste hermanos y pisar sus entrañas para seguir viviendo? ... la familia ... ~






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Re: Una Caza En Condiciones

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