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Una Caza En Condiciones

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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Arthorius Bloodbane el Lun Ago 26, 2013 2:24 am

-¡Cuando acabe la batalla habrá que hablar mucho!-Le dije esbozando una sonrisa que podía ver gracias a que aún no había llegado a ponerme el yelmo. Por alguna razón empezaba a sentirme más cómodo mostrando mi rostro.

Mi compañero no tardó en emprender la escalada, ni yo en seguir sus pasos. La escalera chirriaba y crujía con cada movimiento que hacía, como si se quejase de mi descomunal peso. Pero aguantaba, y poco a poco fui subiendo los metros que se alzaba sobre el suelo, cada vez más lejano y de aspecto más amenazador. Una caída desde aquella altura podría resultar muy dolorosa. Y en esa ocasión, no tenía blanda arena removida para amortiguar mi golpe, si no fría y dura roca. Yo respiraba profundamente mientras mis ojos rojos como brasas se mantenían clavados siempre hacia arriba, en el siguiente asidero.
No tenía miedo a las alturas, por lo que no podía decirse que fuese un problema, pero aun así, no estaba acostumbrado a todo aquello. Iba a saltar al lomo de un dragón descomunal desde un saliente a varios metros del suelo. ¿Soy cobarde por sentir un cierto respeto? Creo más bien, que si tu no lo tuvieses, eres un loco o un temerario... Un ejemplo era el propio conde, que más que asustado parecía divertido por la propia situación. A veces parecía alguien sabio y maduro, y en otras, solo un joven en busca de aventuras y diversión. Era un aspecto que siempre me había sorprendido del Zhakheshiano... Aunque bueno, cada cual tenía su forma de ser. Y no tengo derecho a juzgarle por ello. Solamente era un detalle de su personalidad que siempre había logrado resultarme llamativo... Era tan cambiante como el clima de su región.

Pero finalmente mis dedos se cerraron sobre el borde rocoso, y haciendo un último esfuerzo subí hasta arriba, y miré hacia... ¿Delante? ¿Abajo?
Apenas un  par de metros bajo nuestros pies el lomo de la bestia se balanceaba con tranquilidad, pero su longitud y anchura era tal, que mirando hacia el frente podía verse sin ningún tipo de problema. Dirigí mi diestra a mi cadera, mientras el hombre se lanzaba hacia la criatura... Y rocé mi yelmo. Pero no me lo puse... ¿Para qué? No había nada allí que nos fuese a atacar, tampoco un motivo para proteger mi cabeza. Tampoco era necesario cubrir mi rostro, allí no había nadie que me juzgase. Y en caso de caer ¿Realmente lograría salvarme? Negué y suspiré mientras descolgaba mi espada del cinto y la asía con fuerza. Sin esperar un momento más, me lancé, no sin antes, durante un segundo, dudar de nuevo sobre aquel plan. No podía dejar de parecerme casi una estupidez. Pero aun así, no había demasiadas opciones más.
Mi caída duró tan solo... ¿Uno, dos segundos? Sin embargo a mi me parecieron horas, mientras esa carne repleta de gigantescas escamas se movía y acercaba bajo mis pies. No me frené con ellos, obviamente. Eso habría sido una insensatez. Con la caída, la armadura y mi propio peso, sobre una estructura tan inestable, me habría hecho demasiado daño, y habría quedado desestabilizado. Pero el impacto frenó un poco la caída, y cuando el filo de mi arma atravesó su carne despidiendo antes un leve destello apenas me alejé de mi posición original. El resto fue cosa de lograr colocarme en su parte superior y estabilizarme. Desde allí arriba todo se sentía más insignificante. No podía ni imaginar como debería sentirse el propio dragón, que ni aun con nuestra caída o el uso de nuestras armas para agarrarnos había notado nuestra presencia.

Sin más dilación, clavé hasta la empuñadura el arma, y trazando un corte con una facilidad sorprendente, abrí una buena herida en su cuerpo. El filo del ferrystalum era capaz de atravesar casi cualquier superficie, y el poder que se encontraba en el arma, capaz de herir a los dragones, facilitaba aun más la tarea. Con unos cuantos cortes logré levantar lo que me pareció carne y escamas. Pero que tras unos instantes quedé sorprendido, al descubrir que tan solo había levantado la coraza de piedra, minerales y la escama.
Aquella cosa tenía una protección formidable, y no se me ocurría como alguien sin nuestras armas sería capaz de lograr atravesarla. Dirigí la mirada hacia mi compañero, que se afanaba en la misma tarea que yo, aunque con algunas más dificultades. Se notaban los materiales de los que estaban forjadas nuestras armas...

-Esta cosa tiene mucha piel- Le dije mientras intentaba agrandar el agujero en la coraza que tenía.-Debería haberme traído mi pico. Aquí habrá una fortuna en metales.

Seguimos afanados en nuestra tarea durante unos segundos más, hasta que alcé mi mirada para contemplar el entorno. Allí arriba todo se sentía como si estuviésemos en un mundo distinto, y no podía saber cuanto habíamos avanzado. Por suerte, descubrimos que no demasiado. En ese preciso momento me percaté de una sombra en el cielo. Al principio no me pareció más que un pájaro, pero no tardé mucho en percatarme de que el tamaño era demasiado grande. Además, volaba en nuestra dirección.
Tardé varios segundos en percatarme de lo que era, tras lo cual, golpee el hombro del conde para que él también alzase la mirada. Cabalgando sobre una bestia alada. un Grifo a judgar por su apariencia, se encontraba Enya que regresaba al combate... ¿Acaso su diosa había respondido a sus oraciones entregándole una ayuda especial? Si así hubiese sido, hasta yo mismo habría empezado a volverme algo más religioso. No se podía decir que muchos de los dioses de Noreth nos escuchasen.
Me puse en pie, aprovechándome de que el tamaño de la bestia era suficiente como para mantener un mínimo equilibrio, y con la espada en la mano empecé a hacer gestos para atraer su atención... Fue entonces cuando lo vi, en el suelo, ante nosotros, también se encontraba el Schakal, el hombre bestia que formaba parte del otro grupo ¿Habrían vuelto a ayudarnos? No estaba mal, tres cazadores más no serían una ayuda despreciable en aquel combate.

-¡HEY!-Le grité cuando la bestia terminó uno de los pasos, para intentar hacerme oir sobre ella. El eco del lugar ayudaba, aunque no hacía milagros. Esperaba que me pudiese escuchar.-¡ESTAMOS AQUÍ!

No sabía que podría hacer él para ayudarnos. Ni tan siquiera si podría hacerlo, pero al menos sabría que nos estábamos encargando de una parte.

-------------------------------------------------------
Orf: Y otro mastereo. Se podría decir que ha sido un turno de transición. Así que no hay mucho que decir en este post. Intentaré teneros el off pronto.
Buena suerte.
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Snarl el Dom Sep 01, 2013 5:52 am

La mole estaba frente a el
Como un obstáculo imposible de superar
Su sangre hirvió y su aliento se hizo pesado
Al ver la titánica empresa que debía iniciar
La más grande presa de su vida
La más difícil misión en su existencia
El luchar contra algo muy superior a el
Que no solo le superaba en fuerza y tamaño
Si no que de seguro en poder y algo más.

Christian Chacana 31 de agosto de 2013


Con cada paso, la tierra temblaba, las rocas de los altos muros crujían y caían, cual fina arena que les única. La moles, infinitamente más alta que el hombre bestia, se movía sin detenerse, paso a paso, como si el resto del mundo no existiera. El schakal no sabía donde se encontraban los demás, no es que le importara, pero ya habiendo perdido dos compañeros, perder otros pocos no le complicaría su existencia realmente. Con cada paso de la enorme criatura, el schakal debía de mantener el equilibrio y estar atento a las rocas que caían cerca suyo, algunas era pequeñas, como guijarros, otras podrían matarle si llegaban a caer sobre él.

Si bien era posible que los demás le hablaran, desde ese punto y con los pasos de la gigantesca criatura, sumado a los escombros que caía era imposible oír, ya que el eco de cada paso, duraba más que la llegada del siguiente, aun así, el olfato del schakal sintió un leve aroma, rastros del aroma humano, aunque solo eso, fuera como fuera, el hombre bestia no debía de permanecer en ese lugar, demasiado arriesgado. No debió de pensar mucho antes de arrojarse contra el muro más cercano y buscar la forma de subir, era mejor estar en lo alto en ese instante que bajo las patas de la bestia. No le costó mucho encontrar las escaleras, la mayoría hecho de cuerdas y adosadas a las rocas por estacas de metal o madera. El schakal comenzó a subir, las cuerdas crujían con su peso, además del extra de las armas obtenidas. El sonido de las piedras era notorio al comenzar el ascenso, pero a medio camino, el schakal debió de saltar, no por hacer alarde o gala de sus atributos físicos, si no porque las rocas se habían desprendido y ahora la escalera caía al suelo, junto con varias rocas que se habían desprendido.

A medida que ascendía, podía ver las verdaderas dimensiones de la presa, lo que en un minuto le parecía gigantesca, ahora le parecía titánica, con cada metro que subía, se sentía más pequeño, cosa que no le agradaba en lo absoluto, esa bestia sería algo imponente, algo verdaderamente digno de ser cazado y asesinado. Mientras elevaba su cuerpo, la duda de cómo poder subir a su lomo quedaba más incierta, mas no fue hasta que llego a una saliente lo suficientemente resistente como para no desmoronarse que tomo realmente una idea de que hacer. Quitando la ballesta de su espalda, la cargo, no con algo de dificultad al no haber usado un arma de ese tipo jamás, pero el mecanismo era suficientemente simple, como para que el schakal lo pudiera usar, con tranquilidad amarro una soga al virote, además del gancho triple, era mejor una doble oportunidad, con calculo apunto hacia el lomo, la parte más cercana, su corazón latía rápidamente, mescla de emoción y miedo, como la primera vez que se enfrentaba a algo así. Con cada latido, la mira de la ballesta se movía, por lo cual, debió de calmarse y en el intervalo de un latido y otro, disparo. Si todo resultaba, el virote daría contra la espalda, no esperaba que lo atravesara o quedara clavado, si no que el gancho se pudiera sujetar a alguna de esas escamas y el poder subir por esa cuerda… todo arriesgado en un único tiro, ya que demoraría mucho en recuperar el gancho y quizás la criatura ya se hubiera alejado demasiado para no disparar con más riesgo de no estar lo suficientemente alto o cerca.


~La familia ... ¿Que sentido tiene cuando hay que despedazarla con tus propias fauces? ... ¿Cuando hay que caminar entre los cadáveres de aquellos que llamaste hermanos y pisar sus entrañas para seguir viviendo? ... la familia ... ~






~Sobrevivir es lo importante ... La forma no~
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Lun Sep 02, 2013 5:50 am

Correspondí a la sonrisa que me dio el hombre, asintiendo ante sus palabras y respondiéndole mientras echaba a correr para lanzarme a por el monstruo: -¡Y que lo digas! ¡Más le vale a Enya darse prisa o llegará a tiempo para conversar pero no para pelear!- La escalera por donde íbamos crujía y chirriaba a mi paso, y más al de Arthorius, pero yo no me preocupé. La arquitectura zhakheshiana es más sólida de lo que aparenta, y a lo largo de la historia nuestros enemigos se habían dado desagradable cuenta de que reducir una fortificación de la Tierra Negra es mucho más complicado de lo que a simple vista pueda parecer. Pronto quedó claro que la confianza de ambos en las edificaciones de aquél lugar era considerablemente distinta, avanzando yo con la espada en una mano y la otra libre mientras él buscaba constantemente asideros, sabedor de que la caída no sería especialmente agradable de producirse. El viento agitaba mi melena al viento, y una sonrisa feroz permanecía dibujada en mis labios.

Finalmente ambos saltamos, yendo yo primero a caer sobre el monstruo y agarrarme clavando la espada a la criatura, aferrándome con fuerza a la empuñadura y hundiéndola todo lo que pude mientras usaba las piernas para no perder el equilibrio y aferrarme bien al lomo de la criatura. Una vez asegurada la zona, observé como Arthorius caía cerca mío, logrando también mantener la estabilidad y no caer hacia abajo. Ambos empezamos a abrir una buena herida en el cuerpo de la criatura, agrandándola y asegurándonos de que yo pudiera caber por ella, cercenándola con bastante facilidad. Pronto descubrimos, pero, que para nuestra desgracia aquella coraza pétrea solo llevaba hasta su carne, no era carne en sí... Lo cual significaba que por los dioses, aquella cosa tenía una protección más que espectacular para evitar el daño. Escuché las palabras de mi camarada y habló, haciéndome reír levemente mientras le respondía: -¡Cuando este bicho esté muerto se le podrán sacar fortunas enteras de la piel! ¡De momento sigamos cavando, que aquí hay mucho que sacar para llegar a lo que nos interesa!-

Seguí afanándome con lo mío mientras Arthorius se dedicaba a contemplar los alrededores, cosa que yo hice en un vistazo rápido. No parecíamos haber avanzado mucho, pero cada paso que daba aquella criatura era un segundo menos que nos quedaba. No pensaba desperdiciar el tiempo, de modo que continué abriendo una herida que poco a poco iba ganando profundidad hasta que noté un golpe en el hombro que me hizo alzar la mirada... Y entonces vi a Enya sobre un grifo. Por los dioses, ¿de dónde había sacado aquella criatura? Si de veras había estado rezando, por la Madre Muerte que las diosas de la norteña eran efectivas a la hora de responder plegarias. Sin embargo, no era momento de perder el tiempo. Seguí golpeando con mi espada mientras Arthorius daba el aviso de dónde estábamos él y yo. Yo por mi parte continué con los cortes abriéndome un cada vez más sangriento camino hasta que la carne sobre la que estaba cedió bajo mis pies. Apenas tuve tiempo de decirle algo al hombre: -¡Adentro que voy!- Y desaparecí por la herida.

Algo blando frenó mi caída mientras notaba como poco a poco la sangre de la criatura se me iba colando por algunos sitios de la armadura. Deseé no haber cortado ninguna arteria, o de lo contrario era más factible que yo muriera ahogado antes de que la criatura lo hiciera desangrada. Afortunadamente yo estaba arriba, y la sangre debía ir hacia abajo. Tenía tiempo, todavía. Me incorporé, desenvainando la espada corta con la mano izquierda y clavándola en el órgano o músculo que fuera que estaba pisando. Aquél sitio era... Extraño. El interior de un monstruo... Escuchaba sonidos raros, posiblemente la respiración, los latidos del corazón, los movimientos intestinales... ¡Aquél lugar era maravilloso! Era como haber encogido y estar dentro del cuerpo de una persona... Pero no podía perder tiempo, aquella cosa amenazaba una fortaleza de mi reino. Avancé afirmándome bien en el terreno, pues resbalaba y era bastante irregular. Iba medio agachado y usaba la espada corta como seguro, clavándola a cada paso que daba para evitar caer a los dioses saben donde. Mi objetivo era simple... Debía encontrar el corazón, cuyos latidos resonaban en el interior de su cuerpo. Me guiaría por aquello, además de ir reconociendo los órganos o músculos sobre los que me encontraba en aquél momento. Debería evitar el sistema digestivo, y no sería muy recomendable ir hacia la zona de los pulmones. Había que moverse rápido, sí, pero con cuidado. No sería muy digno de mención morir en los intestinos de un dragón montaña.
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Arthorius Bloodbane el Dom Sep 15, 2013 12:11 am

No me quedó claro si me escucharon o no, pero yo por mi parte regresé junto a Khaelos para ayudarle con la sangrienta tarea que estábamos llevando a cabo. Coincidía en gran medida con las palabras del conde. Quizás no fuese del todo bueno que matásemos a madres, pero aquella era prácticamente obligatoria, y además, estaba claro que ese cuerpo podría suponer una inyección económica grande para todos, aunque por lo que había podido comprobar, los tres pertenecíamos a familias de alta cuna y no es que pasásemos problemas financieros precisamente... Aun así, mi familia se había dedicado durante generaciones al comercio y la extracción de minerales, y hasta que yo comencé con mis andanzas, ese había sido el trabajo que los Bloodbane habían efectuado y... Allí podía ver una fortuna en bruto. Vetas de oro y plata recorrían como venas las pétreas escamas de la bestia, pero en su mayoría portaba una coraza roja que fácilmente se podía intuir que se trataba de hierro. También habían otros minerales más escasos, de hecho, pude apreciar zonas cuyo tono parecía indicar concentraciones de mitrhil, y una mancha del tamaño de un puño cerca de la cabeza parecía adamantio.
Escuchaba el piar de la montura de Enya de un lado a otro, y por el rabillo del ojo podía notar como la bestia volaba ante los ojos de la criatura, la cual parecía ignorarla de todas formas. Para ella probablemente aquello no significase más que una simple mosca, algo molesta, pero insignificante. Aunque cuando empezamos a entrar más profundamente en su carne, escuché gruñidos de molestia procedentes del interior de aquella mole andante. Un sonido que se propagaba a nuestros pies como un ligero temblor. Aquello era... Increíble. Nunca creí que acabaríamos metidos en un combate contra algo así.

El tejido donde estaba de pie Khaelos cedió bajo sus pies, y el con una voz bastante animada, que no parecía indicar sorpresa si no más bien satisfacción, anunció su casi instantánea desaparición. Ver como una masa de carne sanguinolienta se tragaba a mi compañero  no fue una escena agradable, pero así ocurrió. Allí donde andes estaba, solo quedaba un agujero rojo oscuro, casi negro, que apenas tendría un palmo de diámetro. Era diminuto en comparación con el tamaño que había alcanzado cuando el nigromante entró, pero se había cerrado al momento en cuanto dejó de haber peso que le empujase. Suspiré y me llevé una mano a la frente, sintiendo como el frío metal acariciaba mi carne y mi cabello e intentaba, con poca efectividad, apartar el sudor de mi frente. Pero tras ese breve descanso, continué con mi trabajo, ensanchando la herida abierta dado que la profundidad ya no era necesaria.
No me di cuenta de cuando o como, pero en un momento dado me percaté de que allí arriba se encontraba el schakal. Le saludé rápidamente, pero no me demoré demasiado, y seguí asestando cortes contra las gruesas escamas y la carne que escondía bajo ella. En apenas un minuto ya había un hueco de al menos metro y medio de profundidad y tres o cuatro de largo, aunque el ancho apenas superaba el metro. Era obvio que el Lao San ya sabía que había algún problema. Pues notaba como de vez en cuando lanzaba un alarido de dolor y movía aquella sección de su cuerpo como si notase una profunda molestia en aquel lugar.
Vi entonces algo que me dejó realmente sorprendido. El Schakal se acercó con un barril de un tamaño considerable con una mecha que sobresalía de él. Parecía una bomba. Una de esas cosas sería capaz de reventar fácilmente a una persona, y contra el dragón montaña sería un arma... De mediana utilidad. Las escamas duras podrían aguantar la explosión con facilidad. Sin embargo... La herida abierta era un objetivo mucho más tentador. Seguro que ahí eso dolía mucho más.

Mi mirada se detuvo en las paredes de aquel paso montañoso. Ya habíamos alcanzado la zona en la que varias púas metálicas sobresalían de las rocas, y dado el gran tamaño de nuestro adversario y la estrechez de ese espacio, pronto estos pinchos se clavaron en los costados del animal y empezaron a herirlo, creando profundos surcos que arrancaron un rugido de dolor. Y... A lo lejos pude ver entre la niebla la figura del castillo. Estaba llegando. Pero... La bomba, las heridas y... Khaelos.
No sabía nada de él desde que se había hundido, y no había señal alguna de que hubiese sobrevivido o no. No podíamos conocer su suerte, pero deseaba que estuviese bien. Adentrarse en aquella cosa no podía ser realmente seguro.
Pronto la bomba estuvo colocada en su sitio, hundida hasta casi la mecha en la carne de la bestia, y el cordón fue prendido, mientras el fuego lo consumía rápidamente. Sabiendo que, de ser alcanzado por la explosión, no resultaría bien parado, me alejé del lugar y me coloqué tras una de aquellas enormes escamas sobresalientes para evitar que me afectase. Y esperé...
1... 2... 3... Los segundos pasaban realmente lentos. Sentía como retumbaba el ambiente pero ¿Era la bestia con sus colosales pasos, o era mi corazón que latía nerviosamente en mi pecho? 7... 8...
Y explotó.

Pude sentir y escuchar cuando sucedió. Como la carne de la espalda de la criatura tembló con virulencia. Y como su sonido llenó el aire, como un trueno en plena tormenta. Pude oir como la bestia lanzaba el rugido más fuerte que jamás había escuchado. Un sonido que casi se asemejaba a un alarido humano. Y como se detenía en seco mientras giraba la cabeza, intentando ver que ocurría a sus espaldas. Yo también me asomé de aquella escama, y vi lo que había ocurrido. La herida, al menos bajo las escamas, había duplicado sus dimensiones en todas direcciones, y la sangre brotaba con abundancia de cada parte, llenando aquello de un profundo rojo carmesí.
El cuerpo volvió a temblar, y pronto sentí como mis pies empezaban a perder sujeción. No entendí que pasaba hasta que me fijé en como las paredes bajaban... Pero no. No bajaban. Eramos nosotros los que subíamos. Con toda la velocidad que pude, di la vuelta a aquella protuberancia de su espalda y la usé de pared mientras el cuerpo de la bestia se erguía. Cuando el movimiento se vió estabilizado, contemplé hacia arriba, donde como una verdadera montaña, el cuerpo se prolongaba, y aquello que antes me había parecido un suelo de escamas de roca y minerales, en esos instantes me parecían las piedras y asideros de la ladera. Y bajo mis pies... Se extendía una muy larga caída ¿Cuanto? ¿Cien metros? Quizás algo menos. Pero desde luego, caerse en ese momento significaba la muerte.

Los pasos de la criatura se habían vuelto lentos y torpes. Por el dolor, las heridas, y el hecho de estar en pie. Levantar aquel tamaño y peso implicaba gran fuerza, y su cola actuaba como contra peso, moviéndose de un lado a otro a cada paso. Inspiré y expiré profundamente ¿Y qué hacía ahora? No me quedaba mucho más... Si intentaba subir, acabaría cayendo por los temblores, y si intentaba descender lo mismo. Tampoco podía volar como Enya, ni había una escalera o cuerda para descender. Estaba atrapado. Lancé una carcajada nerviosa y cargada de frustración.

-Bestia hija de puta... Me has encerrado...-Me dije a mi mismo mientras buscaba con la mirada al Schakal. No le veía a mi lado, quizás se habría ocultado en otro sitio o se habría caído. No importaba en ese momento.-¿Que te parece, Grahim? Como no venga Enya con su nuevo amigo para rescatarnos, estaremos bien jodidos.

-Que varonil por tu parte. Una mujer que viene a rescatarte.-Respondió él, siempre hiriente. Pero no salía de la espada. El bastardo era incapaz de tener ese mínimo de valor.

-Bueno, también podemos quedarnos aquí esperando a que le de por tumbarse. Con suerte solo tardará unas horas.

Pero no hizo falta esperar tanto. De pronto, todo el cuerpo fue recorrido por un espasmo que casi me hizo caer, por el cual tuve que hundir la espada en el cuerpo de la bestia y agarrarme a ella para no caer... De pronto, poco a poco el cuerpo fue cayendo hacia delante. Primero despacio, y cada vez más rápido. No sabía que estaba pasando exactamente, pero el Lao San estaba cayéndose. Y... Con ese tamaño, probablemente el golpe contra el suelo fuese como un maldito terremoto. Y teniendo en cuenta la dureza de las escamas, supondría un muy duro golpe.
Como pude, me lancé hacia la gigantesca herida de la bestia, cayendo entre carne y sangre, y al cabo de unos momentos, sentí todo temblar a mi alrededor. Fue como si una tormenta me hubiese sacudido, y durante varios segundos permanecía aturdido, pataleando en el interior del agujero. Pero finalmente conseguí incorporarme, mareado y con todo el rostro lleno de sangre. Aunque en mi pelo casi ni se notaba.

[...]

Logré alcanzar al final el suelo firme. Y cuando mis pies se posaron en algo que o temblaba ni se hundía me sentí extraño, como si hubiese pasado tanto tiempo allí arriba que ya ni me acordaba de como era caminar. Jadeante me alejé de la mole de carne inerte... Ya había muerto. Aunque no supe exactamente por qué. Miré a Enya, que también había aterrizado, buscando alguna explicación que desde al aire hubiese podido notar que yo no, pero no parecía tener respuestas.
Estaba empezando a idear mis propias teorías cuando inesperadamente, un trozo de carne empezó a moverse, y al momento una escama se partió y. Entre sangre y vísceras apareció Khaelos cubierto con una armadura roja.

-¿¡Pero que...!?-Empecé a exclamar ante esa visión, hasta que empecé a comprenderlo... El conde lo había matado... Desde dentro.

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Off: Bueno, la partida llega a su fin. Khaelos ha acabado con el Lao San, aunque bastante rápidamente, ha sido un buen plan. En el off intentaré dar más datos. Aunque poco hay que decir.
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Snarl el Vie Feb 21, 2014 12:49 am

Deja los juegos para los niños
Y la matanza para los adultos
Deja que las risas se extingan
Y los llantos y lágrimas empapen la tierra
Los días y noches avanzaran
Y con cada segundo del reloj
Un día menos al mundo el quedara
Un día menos de existencia para los mortales.

Christian Chacana 20 de febrero de 2014


El gancho fue disparado, mientras el Schakal esperaba acertar en el blanco, algo “sencillo” tomando en cuenta que el blanco eran inmenso, pero difícil si uno pensaba que jamás había usado esa maldita arma en su corta vida. Snarl vio como el gancho y virote chocaban contra una de las enormes escamas, cayendo ante su mirada, el rostro de la bestia se torno en una mescla de ira y furia, mas esta desapareció cuando el gancho, por fortuna o gracia divina, quedo enganchado entre dos protuberancias, sin perder tiempo, el Schakal se lanzo al vacio, sosteniendo la cuerda y llevando en su espalda el pesado barril de pólvora, esperaba que le fuera de utilidad.

El aterrizaje no fue sencillo, mas utilizando sus patas, Snarl logro no darse de cabeza contra la mole que con pesados pasos, se movía. Por primera vez, el Schakal se sentía insignificante, cual pulga en el lomo de un perro, cosa que claramente le irritaba, pero uno podría pensar ¿Qué cosa no le irritaba?, utilizando sus afiladas garras, comenzó a subir, desde la zona cercana a la cadera, hasta el lomo, el aroma a sangre y a “humano”, le guiaban, con cada paso, la bestia debía de aferrarse a los bordes de las escamas y púas que parecían surgir de la colosal criatura. La mente del canino no conto el tiempo, ni era necesario, ya que con cada instante, parecía ser el último en su existencia, más un par de gotas de sangre que cayeron en su rostro le hicieron reaccionar en su subida, a lo lejos, se podía ver a los desgraciados atacar la espalda del ser, como si minaran la tierra. Con rapidez comenzó a “subir”, o bueno, tan rápido como podía hacerlo en esas condiciones, tomando en cuenta que la herida de su pierna dolía como mil demonios y que los vendajes se habían manchado de sangre, no demoro mucho en tener que desviarse por las protuberancias de las espaldas y cuando se dio cuenta, noto que había avanzado más de lo necesario y que únicamente se podía ver a uno de esos “enlatados”, no importaba, bajando algo, noto la profunda herida y sin percatarse mucho de si el otro estaba de acuerdo, el pulgoso se quito el barril de su espalda y literalmente, metiéndolo en la herida sangrante, dejando la mecha sobresaliendo y utilizando las escamas cercanas y sus propias garras, encendió la mecha. Como es natural, el hombre bestia se oculto tras una de las “espinas” rocosas, esperando la detonación y esperando lograr una buena herida abierta.

Quizás el tiempo pasa más lento cuando uno desea que pase más rápido, más en esta ocasión, no fue así, el Schakal comenzó a contar y antes de llegar a diez, sintió aquello, fue como un temblor apagado, pero que hizo que sangre y carne volaran por el aire, llenando todo con aquel aroma tan familiar para el hombre bestia. Girándose hacia la herida, vio como esta había aumentado enormemente y ahora podría decirse, que era un pequeño lago de sangre que chorreaba por los bordes, la criatura donde estaban parados, por primera vez dio un gesto de dolor, casi humano, cosa que hizo que el animal sonriera afiladamente, mientras podía ver como al sangre comenzaba a correr por entre las escamas, alejándose de la herida. Quizás para la bestia, esa herida no era similar a la que Snarl poseía en su pierna, y si era así, el dolor seria considerable. Mas no hubo tiempo para festejar, ya que la sangre, que había empezado a escurrir por todos lados, ahora solo tenía una dirección, la maldita criatura se estaba levantando, como si una montaña durmiente se elevara hasta su tamaño máximo.

Snarl debió de sacar su espada y clavarla entre las escamas, donde había algo de carne, y curiosamente, le pareció que la espada goteaba, como si estuviera mojada, mas no le dio importancia, ya que sus patas de pronto quedaron en el aire, y con un movimiento, logro aferrarse con estas a una saliente de su piel, el Schakal miro hacia arriba, y contemplo lo pequeño e insignificante que era realmente, maldiciendo en su interior y negándose a dejarse vencer por tamaña bestia, y apretando los dientes maldijo a la criatura, jurando que caería … que correcto era.

Con un espasmo, la bestia dio un largo gruñido, casi ahogado por su enorme cuerpo, lentamente, el ser comenzó a caer, primero lentamente, después a una velocidad que claramente, traería consecuencias, el Schakal miro como el tipo de armadura se lanzaba a la herida abierta, Snarl comprendió la intención, mas el no compartiría la misma idea, y viendo que la criatura estaba cerca de un muro, el hombre bestia se lanzo hacia este, aferrándose a las rocas de una saliente y escuchando como el enorme cuerpo impactaba contra el suelo, produciendo un temblor que casi le hace caer. Mientras Snarl descendía, escucho una exclamación de asombro y contemplo como desde la carne el otro hombre surgía, al parecer había estado dentro de la criatura, quizás devorado o bendecido por algún extraño y demente dios que el había permitido sobrevivir. Cuando coloco las patas sobre la tierra, el peludo mercenario se sacudió, como queriendo quitarse el cansancio que claramente le aquejaba, mientras avanzaba hacia los mercenarios, pensaba que se merecía un descansó, un buen trozo de carne y un par de jarras de cerveza, con una buena cama de paja y dormir hasta que ya no pudiera mas, al fin y al cabo, era pariente de los caninos, conocidos por dormir con facilidad.




~La familia ... ¿Que sentido tiene cuando hay que despedazarla con tus propias fauces? ... ¿Cuando hay que caminar entre los cadáveres de aquellos que llamaste hermanos y pisar sus entrañas para seguir viviendo? ... la familia ... ~






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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Arthorius Bloodbane el Sáb Abr 19, 2014 11:01 pm

Había ocurrido allí una batalla sin precedentes. Quizás podrían haber pasado a la historia con aquel combate, o tal vez no. Podrían haber llegado a hablar sobre ellos y su hazaña durante años e incluso generaciones... O quizás no. Pero por una razón u otra, nunca ocurriría tal cosa. Lo sucedido en aquel paso montañoso quedaría olvidado y, quizás por los deseos de algún dios caprichosos, los mercenarios no hablarían en muchas ocasiones sobre lo ocurrido en aquel lugar.

La bestia había caído muerta gracias a la espada del conde nigromante, a juicio de muchos, ayudada e infundida por el poder de los dioses para producir semejante daño a la ancestral bestia que moraba en las montañas. Y los otros mercenarios habían cumplido un papel más bien secundario en aquella última cacería. Cansados por el duro enfrentamiento, por el esfuerzo físico y mental que había supuesto regresaron en silencio hacia la fortaleza, y desde allí pudieron acceder a la puerta que les llevaría a Dan y su recompensa. Arthorius portaba el pedido hecho, aquello que daba fin al trato que habían hecho con el alquimista y con lo que de una vez por toda podrían exigirle las explicaciones que llevaban tanto esperando.

Atravesaron el umbral de madera y se encontraron de nuevo entre las paredes del árbol donde se había tallado toda la casa. Junto a la mesa, el ayudante del alquimista esperaba, y este se encontraba sonriente ante las escaleras. Sin pensarlo mucho, el cazador de dragones dejó aquella parte del coloso caído en la mesa, y junto a los demás se dirigieron a su contratador con intención de hacerle pagar las penurias sufridas. Sin embargo, este no parecía sentirse amedrentado por las miradas de odio y rabia que se podían apreciar en los rostros de los mercenarios, y cuando estos llegaron ante él no pudo si no reir... ¿Acaso estaba loco y no era capaz de darse cuenta de lo que iba a suceder... O... Había algo que ellos no sabían?

-¿Y bien...? ¿Hice bien mi papel... maestro Dan...?-Dijo el anciano, con una sonrisa enfermiza y una mirada febril, mirando al joven que, si antes parecía inocente y débil ahora estaba rodeado de un aura de poder que superaba la esencia de todos los hallados en esa sala.

-Si, Mack... Has hecho un gran trabajo...-Le respondió él, y con un solo movimiento de manos unas terribles raices que emergían de muros y suelo rodearon al grupo apresándolos sin que pudiesen ofrecer resistencia.-Y a vosotros... Gracias... No sabía que sería tan fácil engañaros... Soy alquimista, pero tambien mago... Y estos materiales que me habeis proporcionado me ayudarán mucho en mi futuro, en cuanto a vosotros... Bueno, no parecéis muy contentos... Y menos aún ahora que habeis descubierto que os he engañado todo este tiempo. Solo sois un estorbo... Pero gracias de todas formas... Ahora, marchaos.

Un solo movimiento hizo que todos saliesen propulsados por la puerta que acababan de llegar, rumbo a la patria del conde. La puerta se partió en mil pedazos tras su salida, haciendo imposible que regresasen por aquel lugar. Si querían volver a ver a aquel que les había traicionado deberían hacer un largo viaje hacia Swash otra vez, y era evidente que para entonces el mago ya no estaría allí.
Frustración, ira, rabia... ¿Quien sabe qué otros sentimientos envolverían a los guerreros en ese momento? Pero en cualquier caso, aquello sería otra historia. Lo que el mago no sabía era que ellos también habían conseguido algo en esa partida de caza, a parte de sed de venganza, y es que ahora cada uno llevaba una bestia consigo, símbolo de aquel a quien habían vencido.
El Schacal fue el que más tarde descubrió que con el último hechizo del mago aquella gema que le habían entregado se había abierto en contacto con la fuerte magia, y un pequeño reptil de mirada aguda y temibles colmillos se resguardaba del frío entre el calor de sus ropas. Y quizás algo más había cambiado en aquello que portaba consigo.


FIN

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Off: Termino esta partida solo como favor a Snarl, al cual, cuando se lleve a calificar, cedo (Si es que se me da algo) toda la puntuación que se me de.
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Re: Una Caza En Condiciones

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