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Sobre forjas y artilugios

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Sobre forjas y artilugios

Mensaje por Eindel Dundûl el Miér Mar 27, 2013 8:01 pm

1
EL CAMINO AL OESTE


El día anterior había sido muy agitado para la caravana. Uno de los carromatos, el de los Thinkers, se había quedado atascado en lo profundo de una fosa creada por las intensas lluvias que habían azotado esa parte de Thonomer durante los últimos cinco días. Para la caravana de Treepe, aquello no era más que gajes del oficio del viajero. Las lluvias siempre son un problema para los que no están acostumbrados a viajar por caminos de tierra. Pero para Treepe, y sus cinco carromatos, aquello no significaba un problema demasiado serio.

La Caravana de Treepe era un grupo de al menos seis carromatos que viajaban a través de las tierras de Thonomer. Mercaderes y artistas itinerantes conformaban el grupo principalmente. Los dos carromatos del fondo eran de los Thinkers, una pareja de mercaderes artífices que se pasaban sus días elaborando complicados esquemas y trazando mapas de viaje y otros bocetos. Eran muy observadores, cualidad que la mayoría de los humanos con más de sesenta años de edad desarrollan y ellos no eran la excepción. El siguiente carromato era el de un joven bardo de poca monta llamado Hemme, aunque en las ciudades todos lo conocían como Lengua de fuego por su facilidad para enervar a los borrachines con sus palabras y a los novios de bellas doncellas cautivadas por su música. Era un joven y apuesto elfo, pero muy problemático. A la cabeza del grupo iban los carromatos de Fross Treepe, un mercader de gran reputación a lo largo de Genastrum. Su especialidad era la compra y venta de artículos inusuales foráneos. Siempre que tenía la ocasión comerciaba con reliquias y artilugios de extraña procedencia y las vendía a precios desorbitantes en las ciudades más grandes, principalmente en Erenmios y Malik Thalish, donde los nobles adinerados gastaban una fortuna por cualquier cosa que pudiesen presumir durante sus elegantes fiestas formales.

No tenemos tiempo que perder muchachos – dijo Fross montado sobre el techo de su carromato mientras contemplaba el cielo matutino de aquél día despejado – Ayer no hemos ni avanzado tres kilómetros por culpa de los señores Thinker – fulminaba con la mirada a los pobres viejos que habían perdido uno de sus carromatos – y aún nos hacen falta unos veinte kilómetros más para llegar a Erenmios – Nadie refutó sus palabras pues sabían que él era el líder de la caravana y mientras viajaran en ella todos estaban bajo sus reglas.

Pocos son los comerciantes que se atrevían a viajar sin compañía. El robo era un negocio bastante fructifico para los asaltantes de caminos, y ellos siempre se concentraban en emboscar caravanas de pocas personas estuviesen llenas de riquezas o no.

Ya hemos terminado de cargar los carros de los Thinker señor – dijo uno de los mozos que le ayudaban a Treepe – Bien – asintió Fross con sencillez – en ese caso ya podemos continuar el camino. Andando, que tengo una venta muy importante con Lord Vanitus y no desearía faltar a la cita.



La luz del sol matutino brillaba a un costado del camino y bañaba a los empapados carromatos con mucha intensidad en ese día. El camino era de tierra y rocas lisas, poco cómodas para las mulas y los caballos pero ideal para los pesados carros de madera y hierro. En un par de horas ya habían recorrido un buen tramo del camino y si todo seguía así llegarían a Erenmios antes del atardecer. Fross Treepe iba a la cabeza de la caravana haciendo un plan mental de las cosas que le ofrecería a Lord Vanitus una vez llegados a la ciudad mientras que su esposa, Gerdur, manejaba el segundo carromato mientras hacía una lista de las mercancías de su marido y las posibles ganancias que podrían obtener ese siguiente fin de semana.

La sonrisa de Gerdur era amplia y ambiciosa, pues sabía que las mercancías de esa jornada eran de las más raras que habían transportado en los últimos cinco años. Entre las más sobresalientes estaban unas vasijas de cerámica de las tierras del sur, las cuales habían sido datadas de más de quinientos años de antigüedad. También tenían un conjunto de armamento Zhakheshiano el cual era extremadamente difícil de conseguir pues comerciar con dichas armas dentro del territorio de Zhakhesh era considerado un crimen por el que colgaban a las personas. Había vasijas de coral y esmeralda hermosamente talladas provenientes de Eblumia, aquella ciudad sumergida de la cual pocos hombres saben de su existencia. Incluso tenían varias rocas flotantes, un mineral similar al hierro en cuanto a su resistencia pero capaz de mantenerse a flote permanentemente. Era un mineral bastante raro pues solo se consigue en lo más profundo de la Jungla de Uzuri y es el principal culpable que permite que sus islas floten por encima de los bosques.

Pero nada de lo anterior se comparaba con el valor que tenía la Reliquia de Engranajes. Gerdur no tenía idea de que era aquél objeto de forma bastante extraña. Solo sabía que era tan grande como un cerdo adulto y tan lleno de piezas metálicas como un galeón moderno, de esos que poseen hélices y un armazón de metal. Su esposo lo había recibido hacía un par de ciclos atrás de manos de un mercader ilegal, a las afueras de Malik Thalish. El sujeto parecía bastante feliz de librarse del objeto, como si se hubiese quitado un peso de encima, pero para los Treepe aquel armatoste significaba muchas monedas de oro noble en sus bolcillos. No tuvieron que esperar demasiado tiempo para que los rumores llegaran a oídos de uno de los nobles más prominentes de Erenmios, el cual solicitó expresamente la presencia de la caravana en Erenmios antes del final del ciclo actual.

¡Tronco! – La voz de Fross se escuchó al frente de la caravana mientras su carromato se detenía lentamente seguido por los demás – ¡Hay un tronco atravesado en el camino! ¡Simmon, trae el hacha! – El mozo que ayudaba a los Treepe salió del carromato de Gerdur empuñando una gran hacha de leñador seguido por el viejo Thinker, el cual también deseaba ayudar en una especie de retribución por haberlos retrasado la noche anterior.

Los troncos atravesados en los caminos eran una constante en aquellas tierras Northeñas. Las lluvias y los vientos fuertes son constantes debido a la cercanía con el océano y el Mar del Norte, por lo que el trabajo de limpiar dichos caminos recaía en los viajeros que los utilizaban. Por su parte, Hemme subió al techo de su carromato mientras hacía de visera con su mano y miraba a los alrededores en forma de vigía. Otra de las razones constantes para encontrar troncos en medio del camino eran los asaltantes por su puesto.


Habían pasado un par de horas desde que la caravana se detuviera a talar el árbol caído sin ningún otro percance. El fastidio en el rostro de Fross era evidente, pero al menos ahora se había ahorrado el tiempo y el esfuerzo en conseguir tocones de madera de buen tamaño para tallar un proyecto de sillas y sillones que había sugerido el viejo Thinker días atrás. El medio día estaba a punto de concretarse cuando Hemme por fin dio señales de vida – ¡Veo humo negro a un par de millas de distancia! ¡Hacia el este! – las miradas del grupo rápidamente se enfocaron en el cielo del este para corroborar las palabras del trovador. Parecía un incendio a varios cientos de metros adentrados en el bosque – Será la casa de algún ermitaño – concluyó rápidamente la esposa de Milos Thinker, Yuuna – es poco probable que sea un incendio forestal considerando la época del año y las lluvias de los pasados días.

Su lógica era bastante probable, pero un incendio es un grave problema considerando que podrían pasar semanas, incluso meses, antes de que un fuego desbocado fuera apaciguado si se llegase a propagar sin control a través del bosque – Maldita sea mi suerte – Maldijo por lo bajo el jefe Treepe – Gerdur, continúa el camino junto a los demás – Indicaba a su mujer mientras sacaba de su carromato la invitación de Lord Vanittas – Tómalo, si no llego antes del anochecer haz tú la venta – Se paró a considerar rápidamente un precio justo – Pide cinco mil monedas pero no aceptes menos de cuatro mil. Estoy seguro que ese condenado noble podrá pagarlos – Fross buscó a Simmon y le indicó con la mirada que serían ellos los que investigarían el fuego justo cuando Milos Thinker se ofreció de voluntario – Bueno, supongo que un par de manos extra no nos vendrían mal – Miró al viejo Thinker de pies a cabeza – así sean las de un viejo seco.


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Re: Sobre forjas y artilugios

Mensaje por Eindel Dundûl el Miér Mar 27, 2013 11:43 pm

2
UN ENCUENTRO EXPLOSIVO

La caravana continuó su camino hacia la ciudad de Erenmios después de un momento para planear su ruta. Más adelante había una bifurcación complicada para los carromatos y viajeros en general que utilizaran el camino de piedra hasta la ciudad portuaria. El problema radicaba en el clima de la región, pues el camino más directo a Erenmios podría no ser accesible tras las lluvias de los días anteriores. Esto era por la posibilidad casi certera de que el río Thoniler estuviese desbordado y hubiese cubierto el camino con su corriente. La caravana tendría que gastar dos horas de camino hasta el puente del río para verificar que estuviese desbordado, lo cual era casi un hecho, y debían gastar un par de horas más regresando a la bifurcación para tomar el otro sendero. Gerdur era más calculadora que su marido y pocas veces tomaba riesgos – Vamos a tomar el camino de Nudos – Indicó a su esposo y al resto del grupo mientras elegían sus opciones – Ya hemos perdido demasiado tiempo en estos caminos y estoy completamente segura que el río nos bloquea el camino. Nudos es la mejor opción que tenemos – Las miradas de los demás iban de un lado a otro con cierta incertidumbre y pesadez. Fross miró bien a su mujer y casi pudo tocar la seguridad que emanaba Gerdur – Muy bien – Dijo al fin Fross asintiendo a la opinión de su compañera de viajes – En ese caso viajarán por Nudos hasta Erenmios. Si no encuentran más obstáculos deberían llegar a la ciudad justo antes de la caída de la tarde – Los demás asintieron sin objetar – y si no tenemos demasiadas complicaciones con este fuego posiblemente los podamos alcanzar antes de iniciar la venta de la reliquia – Fross sintió como Simmon le jalaba la camisa por la espalda mientras señalaba el humo negro sobre sus cabezas. Ya no había tiempo que perder, por lo que simplemente se despidió de su mujer con un beso que más pareció el toque que alguien haría sobre algo previamente caliente para comprobar si ya se hubiese enfriado, un toque de labios rápido y casi imperceptible.

Nadie estaba contento de viajar a través del sendero de Nudos, pues aquél sendera era una complicada secuencia de curvas y caminos a todo lo largo del desfiladero este. Los caminos subían y bajaban constantemente haciendo del viaje a través del camino algo demasiado tedioso y agotador. Por supuesto que, por su altura, los caminos deberían estar libres de obstáculos pues las aguas del río no atraviesan el sendero y las rocas del desfiladero son sólidas y rara vez ocurren derrumbes.

Fross y Simmon entraron echando una carrera a través de los grandes árboles del bosquecillo seguidos de lejos por el viejo Milos Thinker. Sauces y cedros abundaban ahí, tan grandes que la luz del día casi no atravesaba hasta el suelo rugoso cubierto por hojas, ramas y maleza. No hubo platicas pues debían ahorrar toda su energía en caso de encontrar un fuego más grande del que podrían controlar, pero marcaban los troncos de algunos árboles con el filo de sus hachas para no olvidar el camino de vuelta a su carromato.

¿Huelen eso? – Indicó el joven mozo, el cual ya llevaba varios minutos a la cabeza del grupo – Estamos cerca del incendio – era difícil saberlo pues los árboles eran tan grandes y frondosos que no podían ver claramente el cielo, y mucho menos saber el camino directo hacia el incendio – Creo que nos harán falta menos de… – Una potente explosión, a escasos metros de distancia, sacudió los árboles e hizo que los hombres se arrojaran al suelo instintivamente y cubrieran sus orejas. Un gran número de aves emprendieron el vuelo asustadas – ¿Qué diablos ha sido eso? – Preguntó Fross sabiendo de antemano que ninguno de ellos lo podría saber – Aprisa, pero con precaución.

Los últimos metros hasta el origen de aquella explosión los avanzaron de forma más lenta y precavida. No estaban seguros de que aquello fuera un incendio común y cabía la posibilidad de que alguna reserva de explosivos de algún nido de ratas estuviese quemándose. Debían estar atentos si no querían terminar como invitados a un sitio al que no debían asistir. Simmon hizo una seña con el brazo y los otros dos detuvieron el paso -- ¿Qué hay? – Preguntó el viejo Milos.

Los tres podían ver un claro del bosque y varios pedazos de madera destrozada y chamuscada. Un poco más al norte de su posición había una humareda negra que se elevaba varios metros por encima de los árboles. Esa era la columna de humo que los había llevado hasta ahí sin duda alguna – Bueno, tal parece que aquí no hay ni casas de ermitaños ni un incendio desbocado – puntualizó Fross mientras el grupo se relajaba un poco, pues poco y nada hubiesen podido hacer si se trataba de un incendio descontrolado y mucho menos si lo que habían hecho les llevaba a la boca de algún lobo buscando carne en bolsillos ajenos – Parece como si algo se hubiese estrellado ahí – dijo señalando el centro de la columna de humo – ¿sería eso lo que escuchamos? – el humo se comenzaba a disipar revelando más de aquel claro de bosque. Al fondo lograron divisar un pequeño sendero oculto y un carromato de madera cargado en mercancías – ¡Señor Treepe! – Gritó Simmon desde su posición por encima de unos arbustos frondosos – Hay una persona en el suelo. Parece herida – Los tres abandonaron la seguridad de su escondite y entraron sin miramientos al claro. Rápidamente lograron divisar a una mujer de raza enana tirada a un lado de su carromato. Tenía el rostro completamente chamuscado y algunos rastros de fuego en sus ropas. Simmon fue el primero en llegar y la cogió por los hombros para revisar si estaba respirando pero fue fulminado por la mirada de su jefe y enseguida la volvió a colocar en el suelo con muy poca delicadeza – Serás idiota mocoso. Qué tal que estuviera lastimada de la espalda o del cuello y tu vienes pensándote un príncipe azul y la terminas de joder – el joven mozo comprendió su error tras las duras palabras de su jefe y sin decir palabras se hizo a un lado mientras el viejo Thinker se acercaba a la joven y le revisaba el pulso de forma más cordial – Qué piensas viejo ¿está bien? – Milos asintió tras comprobar que el pulso de la joven era estable y que no presentaba heridas visibles más que algunos moretones en los brazos – Solo está inconsciente – puntualizó Milos – por las pintas que tiene, y el olor a pólvora, deduzco que algo le explotó a muy corta distancia – señaló el cráter que había debajo de la columna de humo que casi se disipaba por completo – y la lanzó hasta aquí, dejándola inconsciente.

Fross se levantó del suelo, dejando atrás al viejo, y avanzó hacia el carromato para conocer un poco más sobra la extraña mujer tirada en el suelo. Por su parte, Simmon había ido a apagar algunos restos de madera que aún ardían en las cercanías encontrando un enorme martillo de guerra clavado en el suelo. El martillo era de gran calidad y, por lo que se podía ver, había sido forjado a partir de una sola pieza de metal. Un trabajo que solo un puñado de herreros haría hoy en día por lo complicado que resulta. También notó el olor a pólvora quemada emanando del martillo y un ligero hilo de humo. Solo se percató de su peso cuando el enclenque muchacho intentó levantar sin éxito el pesado martillo, dejándolo clavado donde estaba. Rápidamente miro alrededor para cerciorarse que su jefe no lo había visto fallar o sería la comidilla de la caravana por meses.

Parece que es una colega comerciante – dijo Fross mientras echaba una mirada al interior del carromato – Tiene muchas cosas de muy buena calidad aquí, pero la mayoría son propios de un herrero – volteó a revisar con mayor detalle el cuerpo de la mujer y no encontró relación entre un oficio tan complejo y su porte – seguramente ella será la hija de algún maese enano de por aquí, o quizá una aprendiz – esbozó una sonrisa como si la mera idea le hubiese sido demasiado graciosa – claro que podría equivocarme – echó una risotada más amplia y continuó inspeccionando las mercancías del carromato.

Eh, muchacha – dijo el viejo Thinker mientras daba unas palmadas en el rostro a la mujer – despierta muchacha – la joven enana frunció el ceño y lentamente comenzó a abrir los ojos – Haz tenido un accidente, tómate tu tiempo y aguar… ¡Ay! – El corto grito de dolor del viejo hizo que los otros dos volvieran la mirada hacia su posición. La mujer se había levantado demasiado rápido, como una persona que despierta tras tener una terrible pesadilla, y había golpeado su cabeza contra la de Milos – Tienes la cabeza dura mujer ¡Que daño! – Dijo el viejo mientras Simmon y Fross reían abiertamente y la joven enana se frotaba vigorosamente la cabeza por el dolor – ¡Mucha razón tendrá alguien con la cabeza de más dura que mi martillo! Viejo loco.


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Re: Sobre forjas y artilugios

Mensaje por Eindel Dundûl el Jue Mar 28, 2013 5:33 pm

3
LA CHICA DE LA GUERRA

La muchacha no aparentaba tener más de veinte años, pero el jefe Treepe sabía que aquello seguramente era por la increíble longevidad de los de su raza y posiblemente era mucho mayor. No medía más del metro y medio pero se veía que tenía bien una excelente condición física y manos curtidas. Fross se comenzaba a inclinar por la idea de que era la aprendiz de algún artesano de la forja – Dime pequeña – dijo Fross Treepe al momento en que la joven comenzaba a reincorporarse – ¿Estará tu maestro por aquí cerca? Me gustaría hablar con él de ser posible – La muchacha se levantó del piso con un gesto de fastidio y sacudió su vestido de algodón. Frunció el ceño cuando se percató del estado de su vestimenta – ¡Vuk tozz! Esta es la tercera falda que estropeo – dijo mientras atravesaba los agujeros de su vestido con las yemas de sus dedos. Todo indicaba a que el fuego la había chamuscado, tal y como había dicho el viejo Thinker – ¡Ah! ¿Y mi martillo? – Volteó rápidamente en todas las direcciones en busca de su martillo hasta que lo vio a un par de metros al lado de Simmon. La joven avanzó hacia el arma con algo de pereza dibujada en la cara sin apenas importarle las miradas de los presentes. El gesto de asombro por parte del mozo había sido inmenso al ver como la mujer cogía el mazo con una sola mano y lo levantaba de su actual posición para después apoyarlo sobre su hombro.

Fross no había comprendido el gesto del muchacho pero le fastidió el hecho de que una mujer lo estuviera ignorando – Oye tú, te he preguntado si tu maestro está cerca de aquí que tengo cosas importantes que hablar con él – La joven enana lo fulminó con su mirada y muy indignada enterró la cabeza del martillo en el suelo provocando un sonido seco y pesado – Pero que altanero es usted señor ¿Ni siquiera se presenta y exige respuestas de buena gana? – negó con la cabeza de forma un poco petulante – está claro que la gente del campo no tiene modales – Fross se ruborizó, pero aceptó que había verdad en lo que la joven moza decía – Tiene usted razón – se aclaró la garganta e hizo una ligera reverencia – Mi nombre es Fross Treepe, un humilde comerciante de artículos exóticos – Señaló con la diestra al anciano – aquel señor con la cabeza más dura que una roca – no logró esconder su risa al recordar como lo había llamado antes – es Milos Thinker, un artífice retirado – Milos ignoró la broma de Fross e inclinó su cabeza en señal de respeto – y aquél flacucho de allá es mi hijo Simmon – el joven mozo intentó imitar la educada referencia de su padre, pero no logró coordinar sus manos con su cabeza y terminó picándose un ojo. La joven sonrió y desapareció la tensión que se había generado antes de las presentaciones.

Pues yo soy Eindel Dundûl, herrera e ingeniera rúnica a sus servicios – Hizo una reverencia digna de una dama de la nobleza, sin embargo el deplorable estado de su atuendo y el rostro carbonizado amainaron la seriedad de su saludo – Si usted está en busca de un maestro déjeme decirle que justo ahora está hablando con él – señaló orgullosamente su pecho con el pulgar de la mano derecha como esperando sorprender con sus palabras al robusto hombre. Sin embargo no hubo más que una risotada seguida por unos ademanes de desaprobación.

Eso ha sido tremendo muchacha – continuó Fross una vez que había recuperado el aliento – Apenas eres una cría, deberías dejar de jugar al herrero con las cosas de tu padre o te va a aporrear esa cabezota – el rostro de Eindel pasó de un amistoso personaje a una enfadada persona en cuestión de segundos mientras el viajero y su hijo se reían abiertamente ante la mera idea de una mujer herrera. Una potente explosión hizo callar las risas casi tan rápido como estas habían comenzado – ¡Pero qué demonios ha sido eso! – Fross gritó mientras permanecía boca abajo en el suelo con las manos en la cabeza. Por su parte el viejo Thinker se había caído de espaldas sobre su trasero mientras que Simmon había salido corriendo a tomar refugio detrás del carromato de la enana -- ¡Escúchenme bien pues no lo volveré a repetir! – La voz de Eindel sonó de manera autoritaria por encima de los gemidos de sorpresa de los viajeros – Yo soy Eindel Dundûl, maestra herrera de la Forja de Rindal. Ingeniera, artífice, inventora, aventurera y maestra de armas – Eindel continuaba dando títulos como si fuese algún noble de una importante casa mientras sostenía con firmeza su pesado martillo negro, cuya cabeza estaba al centro de un pequeño cráter de explosión – Yo soy Eindel Dundûl, la Maestra del acero templado y de la invención… -- su volumen fue disminuyendo al mismo tiempo que todos los títulos que se le habían ocurrido se le iban terminando hasta el punto en que simplemente se quedó callada y ruborizada.

Los hombres, aún impactados por la vigorosa presentación de la mujer, poco a poco volvieron a ponerse de pie ante ella, pero manteniendo su distancia – Vale niña ya he entendido, yo he sido el cabezota – dijo Fross con un tono de sinceridad que convenció a Eindel, no así a sus acompañantes – Simplemente digo que es muy extraño ver a una mujer herrera por estos lares, aunque me imagino que tu gente son todos unos grandiosos herreros y artesanos – las palabras de Fross la hicieron titubear un momento, pero al final Eindel relajó sus músculos y su mirada volviendo a un estado más amigable – Sí. Supongo que hay mucho machismo en estas tierras del norte – avanzó hacia su carromato arrastrando con pesadez su martillo, el cual iba dejando un surco – Bueno, la verdad no es como que importe demasiado el sexo del herrero si su acero es resistente y de buena calidad – Fross asintió e hizo una seña a sus compañeros para que no se preocuparan -- ¿Qué deseaba hablar conmigo? – Dejo la pregunta en el aire mientras buscaba entre sus pertenencias un pequeño espejo – Bueno, la verdad es que nosotros somos parte de una caravana que iba de paso por el camino oeste y nos hemos detenido al ver una humareda elevarse hacia el cielo pensando que se trataba de un incendio – volteó a mirar ambas marcas de explosión tras de sí – pero por lo visto has sido tú la causante de tal señal ¿Podría preguntar que ha pasado? – Sin sacar su cabeza de la parte trasera del carromato, Eindel contestó la pregunta mientras maldecía por lo bajo – He tenido un pequeño percance con un experimento. He usado demasiada pólvora para una prueba de calor y cuando he traído mi martillo para apaciguar las flamas sin quererlo detoné la pólvora que tenía almacenada en mi arma – Cogió el martillo por el mango y sacó la cabeza del arma mostrando una serie de muescas en la superficie de ambas caras – aquí va el material explosivo como pueden darse cuenta y créanme, una herida de un martillo de guerra ordinario no se compara al daño de un martillazo aunado al de una explosión – Fross miró el martillo impresionado por lo simple de su idea y lo efectiva que ella sería en un combate contra una bestia de mayor tamaño. El interés del comerciante enseguida se encendió – Valla pues, me ha dejado sorprendido señorita Eindel ¿Tendrá usted interés en venderme su arma? – Eindel seguía sin salir del carromato – Lo lamento señor Treepe, pero esa es un arma con un significado especial y no puedo disponer de ella. Sin embargo puedo fabricarle armas similares si a cambio usted me hace un favor – Un trueque. Justo lo que al comerciante veterano le gustaba escuchar – Por supuesto que sí, diga su petición y si está dentro de mis posibilidades con gusto le ayudaré – Eindel salió al fin del carromato sosteniendo un pequeño estuche de pinturas femeninas – Ah pues, como puede observar – dijo señalando la parte delantera del carro -- mi carromato ha perdido todo el eje delantero después de que mi estúpida mula saliera corriendo histérica y chocara contra aquella enorme piedra de allá – era una avería importante que solamente un experto podría reparar – ¿Necesita ayuda para reparar su vehículo? – preguntó el comerciante claramente identificado con el problema de una colega en apuros – No eso no. Yo misma puedo repararlo en uno o dos días, el problema es que debía llegar a Erenmios este mismo día y en estas condiciones me sería imposible – Fross pensaba que aquello era perfecto y sin dudarlo demasiado se ofreció a llevarla hasta la ciudad a la que él también debía arribar antes del anochecer no sin antes especificar los términos del intercambio de servicios – No tengo problemas en llevarte hasta Erenmios, pero no creo que puedas elaborarme ningún arma en tan poco tiempo y tampoco me parece que yo valla a abandonar la ciudad durante el próximo ciclo – se tomó la barbilla con su mano derecha y pensó en las cosas que había visto al interior del carromato de Eindel – ¿Qué te parece si me das un par de espadas? Supongo que tendrás algunas almacenadas para venta y a mí me vendría bien algún arma de verdad – en realidad tenía algunas armas en el carromato, incluyendo mosquetes y arbalestas, pero en caso de emergencia solo contaban con las pesadas hachas de leñador que llevaban consigo y él sabía reconocer un arma de calidad al verla. Eindel lo consideró un momento y asintió.

La mujer se apresuró a regresar a su carromato para cargar con todas las cosas que necesitaría para el viaje. Cargó su bolso de cuero con una diversa cantidad de objetos de entre los que se destacaban unos frascos de vidrio con azufre, carbón pulverizado y sulfato de sodio, algunos frascos de especias, sal, varias monedas de plata, un morral con gemas preciosas, yesca y pedernal, algunas mechas y dos recipientes de cerámica redondos del tamaño de un puño de un niño llenos de pólvora. Además cogió su martillo de guerra y su gran e inseparable espada Einhdelmêzt, la cual casi media tanto como ella y era claro que pesaría alrededor de los cinco kilos. Los hombres la miraron atónitos, pues si antes habían pensado que aquel martillo era demasiado para ella esa espada simplemente parecía ridícula. Fross sospechó que la razón para traer esa espada consigo era para venderla a algún noble adinerado tal y como él haría. Eindel por fin bajó del carromato por la parte trasera. Llevaba además tres espadas envueltas en lino y un arma peculiar colgada a un costado del cinto. Cualquiera hubiera dicho que se preparaba para la guerra. Cerró las puertas del carromato y se acercó a Fross el cual ya no sabía que pensar de ella.


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Re: Sobre forjas y artilugios

Mensaje por Eindel Dundûl el Sáb Mar 30, 2013 10:24 pm

4
EL CAMINO DEL INGENIERO

Disculpe la demora – se apresuró a decir mientras entregaba al jefe Treepe el paquete de espadas que llevaba en la mano – Estoy segura que estas armas le serán de utilidad cuando viaje por estos caminos tan peligrosos – Fross las cogió con cuidado y rápidamente se percató del peso por encima de lo ordinario. Eran tres espadas de acero que al menos pesaban un kilo extra cada una con respecto a las espadas de acero ordinarias. Las sacó del envoltorio de lino para examinarlas en el suelo y así comprobar su calidad. Lo que vio fue de su total agrado. Las tres espadas eran similares pero no idénticas. El material y el estilo de forjado era el mismo para las tres, forjadas a partir de una sola pieza de acero templado de buena calidad, pero cada una se distinguía de las otras por los grabados de runas enanas a lo largo de la hoja y el acabado de la empuñadura. Unas partes huecas en las empuñaduras llamaron la atención de Fross el cual sabía que se trataba de espacios especiales para engarzar gemas preciosas y se preguntaba que habría pasado con ellas – Se las quité – Eindel leyó su mente y se adelantó a la pregunta que le harían en cualquier momento – Consideré justo el valor de esas tres armas a cambio de mi pasaje seguro a Erenmios – extrajo un morral de cuero que agitó ligeramente haciendo sonar las gemas que tenía dentro de él – Si usted desea las decoraciones podemos llegar a un arreglo adicional. – El jefe Treepe sonrió y asintió a la oferta de la herrera, si había algo que respetara ese hombre era a un buen negociador.

¿No le parece muy arriesgado dejar su carromato abandonado a la mitad del bosque? – Pregunto Simmon justo antes de que el grupo partiera de vuelta al carromato de Treepe, Eindel volteó a verlo de manera despreocupada mientras desamarraba a su mula para que vagara libre por la zona durante su ausencia – Para nada – Contestó de forma segura y tajante – ese camino no está en los mapas y solo un puñado de gente lo podría conocer – señalaba el camino rodeado por una arboleda prominente – y la mayor parte de ellos no acostumbra estar en estas tierras durante épocas de lluvia. Por otra parte, me preocupa más que mi mula se valla a perder en el bosque pero no puedo dejarla atada a un árbol. No sería correcto – Eindel miraba a su mula la cual no daba muestras de estar interesada en lo que fuera a hacer el grupo – Confío en que su flojera cotidiana la mantengan rondando este lugar durante el tiempo que me demore – la mula rebuznó y se tiró en el suelo para tomar una siesta – Solo vámonos.

Seguir el camino de vuelta no había sido tan complicado gracias a las marcas que habían dejado en los árboles. Salir al camino principal solo había sido cuestión de quince minutos a través de la maleza y las raíces superficiales de los arboles más grandes. Fross subió al frente del carromato y tomó las riendas de su caballo mientras que Simmon trepó al techo de madera del mismo. Por su parte, Milos y Eindel abordaron por la parte trasera tratando de hacer espacio entre las mercancías del jefe e inmediatamente después continuaron su camino a la gran ciudad de Erenmios.

Fross calculaba que al menos les había llevado una hora y media el entrar al bosque y salir de él por lo que esperaba, si el camino no tenía más complicaciones, llegaría a Erenmios un par de horas después que su mujer y el resto del grupo. Posiblemente a tiempo para el intercambio de mercancías con Lord Vanitus. Era pasado del medio día y las nubes de lluvia ya se habían dispersado casi por completo, lo que auguraba un clima mucho más amable que el de los días anteriores.

Así que… – comenzó a hablar el viejo Thinker pasados unos treinta minutos de haber iniciado el viaje -- ¿Qué hace una doncella enana por estos lugares? Si no es demasiado atrevido preguntar – Eindel esbozó una discreta sonrisa mientras volvía su mirada hacia el arrugado ceño del anciano – Solo llámeme Eindel pues de doncella no tengo nada – levantó sus manos y extendió las palmas hacia él para mostrar lo duras que eran – no me parece que una doncella que se dé a respetar posea manos tan callosas y duras – Milos rió sin discreciones y asintió al comentario de la honesta mujer – Como le comenté antes, soy una herrera, maestra herrera para ser exactos – había enfatizado la palabra para aumentar su impacto – un título que mi gente otorga a aquellos que son capaces de crear una pieza maestra de armamento, aunque debo decir que lograrlo no fue nada sencillo y casi me costó la vida en un par de ocasiones. – Milos la escuchaba atentamente mientras la observaba con mayor detenimiento. Su cuerpo era pequeño, pero era evidente la fuerza de sus músculos y su agarre, Eindel no lo aparentaba mucho, pero era digna de ser incluida dentro de la categoría de enanos fuertes que había conocido a lo largo de su vida. – Esta es mi obra maestra -- Eindel continuó mientras colocaba su gran espadón color plata ahumado entre los dos – Su nombre es Einhdelmêzt, eso en el idioma común quiere decir La hoja rúnica – Milos intentó levantarla por el lado plano de la hoja pero su peso lo hizo algo demasiado complicado de lograr – Ha sido forjada con una sola pieza de acero templado y posee todas las runas de combate que el gran Rhindalf utiliza. Claro que, aún no posee los componentes adecuados para conservar la magia de forma permanente. No quieras devorar el mundo de un solo bocado chamaca, es lo que siempre me decía mi maestro. – Fross escuchaba la conversación con atención a pesar del ruido que sus mercancías y las pisadas del caballo generaban. Por su parte Simmon se había quedado profundamente dormido entre dos grandes rollos de lana que iban amarrados al techo del carromato.

Es bastante extraño encontrar una maestra herrera de tu edad. – Continuó Milos al terminar de inspeccionar la gran espada rúnica – Uno pensaría que la maestría en ese arte llega muy adentrados en la adultez de tu gente y no durante su temprana juventud. – Había elegido con cuidado sus palabras con la intención de no ofender a la mujer. Ya había visto lo que era capaz de hacer si llegaba a encapricharse – Pero ¿haz mencionado antes que también eras una ingeniera rúnica?… Eso es incluso más extraño todavía – Eindel sonrió como lo haría un padre al ver que su pequeño hijo desea lastimarlo con un juguete – Pues sí, también eso soy – contestó Eindel de forma más tajante – He investigado mucho sobre las runas de movimiento y otros artilugios. Soy capaz de hacer algunos artefactos autónomos utilizando piezas de metal, madera y barro, pero… – desvió su mirada hasta el camino que iban dejando tras de sí, El silencio se prolongó por unos minutos haciendo que Fross parara más la oreja pensando que ahora susurraban o que ya habían terminado de hablar -- ¿Pero? – prosiguió el viejo Thinker con la curiosidad dibujada en su rostro – Pero aún no soy capaz de controlar esa arte. Soy demasiado joven y ambiciosa según mi maestro, y la ingeniería rúnica requiere de más dedicación y paciencia de la que yo le puedo disponer – Milos vio la frustración de la mujer y comprendió que era un tema que la molestaba a cierto nivel. Esbozo una pequeña sonrisa mostrando sus dientes mal alineados y amarillentos y palpó la espalda de la enana, la cual volteó a verle sorprendida. Milos saco de su bolcillo un muñeco de madera y susurró una palabra que nadie logró escuchar. Segundos después, el muñeco comenzó a andar solo por todo el interior del carromato – ¡Eres un ingeniero rúnico! – Milos asintió.


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Re: Sobre forjas y artilugios

Mensaje por Eindel Dundûl el Sáb Abr 13, 2013 6:20 pm

5
TRUEQUES Y SUICIDIOS


El pequeño muñeco de madera de encino caminaba controladamente alrededor de todo el piso de la parte trasera del carromato, a pesar del irregular contoneo que el propio vehículo ejercía mientras pasaba por el camino empedrado. Por su parte, Eindel no dejaba de mirar al muñeco que no hacía más que caminar de un lado a otro. Su mirada era como el de una niña pequeña viendo un maravilloso truco de magia elaborado. Milos reía y se abrazaba el pecho tratando de contenerse mientras la herrera enana no podía ocultar su emoción infantil.

Esto es maravilloso anciano – Habló por fin después de colocar de vuelta en el suelo al muñeco tras examinarlo un poco – ¿Cómo haces para obtener tal control de movimiento? ¿Qué palabra es la más apropiada para lograr el nexo rúnico? ¿Cuál es tu secreto para mantener el movimiento motriz en un simple pedazo de madera?

Las preguntas de Eindel abrumaron rápidamente al viejo Thinker mientras este trataba de interponer las palmas de sus manos entre ella y su rostro. Después de un momento, Milos Thinker logró apaciguar la curiosidad de la enana con algunos suspiros mientras se rascaba la insípida barba blanquecina.

Bueno hija mía – comenzó a hablar utilizando un tono serio pero amable – el secreto está en la práctica y en la calidad del objeto encantado por supuesto – Eindel asintió esperando más detalles, sin embargo el viejo ya había terminado de hablar, cosa que la dejo con un sabor de insatisfacción.

¿Esperabas que te explicara, lo que me ha tomado una vida entera dominar, en tan solo unos segundos? – Milos esbozó una amplia sonrisa al percatarse de la repentina cara de vergüenza que la enana demostró en su rostro – Es mucho, mucho, más complicado que eso obviamente. Pero quizá podamos llegar a un mutuo intercambio de conocimiento tu y yo – Milos se halaba la barbilla con los dedos de su mano derecha lanzando una mirada de interés a la gran espada de la mujer – como, por ejemplo, podrías enseñarme un poco sobre tu arte rúnico. A cambio, yo podría mostrarte el secreto fundamental detrás de la ingeniería de movimiento – La idea se alojó rápidamente en la mente de Eindel, quien volvió a coger su espada por el mango para interponer entre los dos como anteriormente había hecho.

Sujétense bien allá atrás – Advirtió Fross Treepe desde la parte delantera del carromato -- ¡Tú también mocoso! – Un movimiento brusco se escuchó en el techo de madera del vehículo. Eindel se desplazó a la parte delantera del vagón en el que viajaba para ver mejor el camino y, al reconocer el lugar por el que viajarían, regresó nuevamente a la parte trasera para contemplar el paisaje.

El camino que habían tomado era el de Nudos, un complicado sendero irregular que desfilaba por todo el borde sur de un gran desfiladero que dividía el mar del norte con el territorio de Erenmios y el río Thoniler. Eindel pocas veces viajaba a través de ese camino tan complicado ya que era mucho más sencillo y rápido viajar a través del Puente de Rocagris algunos kilómetros al lado contrario, pero era evidente que el río se había desbocado por las lluvias constantes y el señor Treepe no tenía mejor opción que atravesar Nudos sin arriesgar a perder tiempo en el camino. Por lo demás, la enana se había quedado maravillada del paisaje a espaldas del carromato. Sentada al borde del mismo, podía ver bajo sus pies el gran rio Thoniler serpenteando a lo largo del Valle de Crisálidas, el cual había adquirido su nombre gracias a las formaciones rocosas dispersas por todo el territorio llano, las cuales asemejaban bastante bien los capullos de las mariposas azuleas que abundaban por estas tierras. Desde ahí también podía ver las montañas Daz-Gümm, a cientos de kilómetros hacia el sureste. Hacía más de dos años que sus caminos no la hacían volver a la gran ciudad enana de Dazzlar Kazüm, y ya venía siendo hora de hacer un viaje de negocios pues el acero enano de esa montaña era especialmente resistente al fuego gracias a la forja de lava en el corazón de la montaña donde los herreros funden sus lingotes. Por último, más hacia el oeste, la gran Placa Glacial y la enorme ciudad amurallada de Erenmios. Incluso a esa distancia se podía saber que la mano de obra enana había tenido mucho que decir en su elaboración, pues pocas cosas son tan majestuosas incluso a la distancia.

¿Y bien? – La voz de Milos Thinker la sacó de su ensimismamiento – ¿Qué me dices muchacha? ¿Estarías dispuesta a compartir algunos secretos de la forja con un viejo seco como yo? – Milos arqueaba sus prominentes cejas de forma complicita mientras sostenía frente a él el pequeño muñeco de madera que aún movía sus piernas enérgicamente. Eindel rió abiertamente y asintió a la petición del maestre con una sincera sonrisa.

El resto del camino a través de Nudos habría de ser más sencillo de lo que Fross Treepe había esperado. El camino era llano, obra de la guardia de Erenmios no le cabían dudas al respecto. Su señora y el resto del grupo de mercaderes seguramente ya habría de haber llegado a la ciudad con horas de anticipo, lo cual solo parecían ser buenas noticias para Fross pues no deseaba tener que perder la oportunidad de sacarle algunas monedas extra al noble ávido de mercancías extranjeras e inútiles para él. Al interior del carromato, Eindel y Milos habían pasado las tres horas del camino hablando sobre la herrería y la ingeniería rúnica. Eindel explicaba el poder de las palabras rúnicas y la forma correcta de grabarlas en las piezas de armas y armaduras de forma que el principio fundamental del poder de las palabras pudiese ser explotado con mayor efectividad por el herrero, y así evitar infortunados accidentes. Milos asentía rápidamente la compleja explicación de la joven maestra como si fuese un erudito especializado en el tema a pesar de ser la primera vez que alguien le explicaba sobre la herrería enana, cualidad que Eindel rápidamente logró apreciar y agradecer, pues habían pasado años desde que alguien había podido seguir el hilo de una conversación sobre herrería rúnica. Por su parte, Milos explicó los principios fundamentales del movimiento y un poco de física, materia que no era dominada a la perfección por la mujer ya que su mente era práctica más que teórica, sin embargo esta no tuvo problemas en comprender la forma de explicar del anciano y rápidamente se familiarizó con sus teorías. Al final de la conversación, Eindel ya había sido capaz de labrar una runa de movimiento en el muñeco de madera. La alegría de la enana había sido mayúscula al ver como su muñeco se movía por si mismo, pero la sorpresa había sido mayor cuando el muñeco de madera, en vez de caminar, comenzó a correr abandonando el carromato y cayendo al vacío por el desfiladero como si de alguna manera el muñeco hubiese preferido el suicidio que seguir siendo manipulado por ingenieros rúnicos por el resto de su existencia. Las risas eran incontenibles, y Eindel pensó que aquél había sido un día que sin duda quedaría grabado en su corazón, agradeciendo así de alguna manera la instrucción del anciano que casi moría frente a ella a causa de la tos que las carcajadas le habían ocasionado.


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Re: Sobre forjas y artilugios

Mensaje por Eindel Dundûl el Dom Abr 14, 2013 7:49 pm

6
LAS CLASES DE ERENMIOS


La caravana de Treepe había arribado una hora antes del anochecer a la ciudad de Erenmios, lugar de sospechas y civiles armados. Gerdur Treepe odiaba a esta gente un poco más que el resto del mundo civilizado. Siendo hija de gitanos y trovadores, la esbelta mujer prefería mantenerse en los caminos comerciando aquí y allá sin restricciones ni leyes o normas que acatar, como no era el caso de las grandes ciudades. Sin embargo no era de ella la decisión si no de su esposo, y a ella le habían inculcado bien la idea de servir a su compañero en cualquier ocasión y circunstancia.

Hemme – Gerdur dirigió su mirada hacia el carromato del bardo, el cual se había detenido a espaldas del suyo – Podrías quitar las correas de los caballos y llevarlos a los establos de allá – Elevó su mano apuntando el pequeño establo a la entrada de la ciudad. El joven trovador asintió de mala gana mientras bajaba de su carro y daba un par de azotes a su propio caballo – Toma estas monedas y paga por sus cuidados y su paja en lo que Yuuna y yo negociamos con el posadero. Perece que hoy se celebra algún evento en especial y no quisiera pasar la noche acampando a las afueras de esta ciudad repleta de ladrones.

La ciudad estaba decorada con listones rojos como la sangre y azules intensos como el del cielo nocturno. La gente iba y venía de un lugar a otro aprovechando las rebajas en las mercancías antes de que los tenderos cerraran sus puertas. Muchos más se aglomeraban en las posadas y los merenderos donde ofrecían el famoso y extraño estofado de cien carnes, una especialidad típica de la región que se servía solamente tres veces en el año, dato que la hizo recordar de qué día se trataba.

Parece que llegamos a tiempo para la Fiesta de la eterna noche – Dijo la señora Treepe mientras la anciana Tuuna asentía con alegría.

La fiesta de la eterna noche era una festividad que se celebraba en la región norte de Thonomer durante la primera semana de invierno en conmemoración de la victoria que se había alcanzado después de la guerra librada en contra de La Reina Roja, hacía ya más de diez generaciones. Los listones rojos representaban la sangre de la reina maligna mientras que los azules representaban la noche despejada y fría en la que por fin murió. Ambas mujeres se aventuraron al interior de la posada llamada El Oso Pardo, la cual estaba abarrotada de gente y canciones de fiesta. El sonido de las jarras chocando entre sí y las conversaciones ebrias de más de una veintena de hombres abrumaron los sentidos de las mujeres acostumbradas a la tranquilidad de los caminos.

Gerdur había conseguido hospedaje para toda la caravana en aquella posada. Cuatro habitaciones en total en la segunda planta. Un par de habitaciones grandes para ella y su esposo y para los Thinker. Una pequeña para su hijo Simmon, frente a su habitación y otra más pequeña para el bardo, quien seguramente no dormiría en su habitación si no en la habitación de alguna chica tonta que se hubiese dejado engatusar por su lengua de plata y sus melodías.

Voy a ponerme en contacto con Lord Vanitus – Le indicó a la vieja Thinker – Quiero que tú y Hemme permanezcan aquí para recibir a los demás – Yunna asintió amablemente mientras ambas dirigían su mirada al pequeño estrado al fondo del local, donde Hemme ya había comenzado a tocar Tan solo con un puñal, la cual tenía un estribillo muy pegajoso que rápidamente había hecho al público unírsele al unísono.

La luz del atardecer aún alumbraba los caminos de Erenmios. Las vastas construcciones de piedra blanca tallada brillaban con un tono ambarino peculiar que le recordaba el color dorado de la miel. Incluso una viajera como Gerdur era capaz de maravillarse por el hermoso trabajo que la mano enana podía crear pero lamentaba el hecho de que aquella ciudad fuese un nido de bandidos y mercenarios que no distinguirían un diamante en bruto de una piedra ordinaria aún que les explicaras sus diferencias. La ciudad había sido perfectamente planificada por sus arquitectos. Caminos circulares dividían las cuatro secciones de la enorme ciudad amurallada comenzando por la zona comercial, conocida comúnmente por el nombre de El Mercado. Era en este lugar donde se habían dispuesto todas las posadas y tabernas de clase media y baja. Las herrerías, los establos y algunas sastrerías y zapaterías también se localizaban aquí. Pero lo que en verdad le daba aquel nombre a la zona baja de la ciudad era el gran mercado de Erenmios, el cual se trataba de una serie de puestos ambulantes de diversas índoles ubicadas una después de la otra en una especie de caracol a lo largo y ancho de la plaza central. La mayoría de estos puestos ambulantes eran de viajeros y mercaderes como la caravana de Treepe. Pero mientras las mercancías de algunos eran legítimas, la gran mayoría de los mercaderes comerciaba con artículos robados o de dudosa calidad, lo cual le había dado mala fama a la ciudad entre los sindicatos de mercaderes quienes habían clasificado a ese mercado como un mercado negro. Claro que esto no importaba mucho para quienes buscaban las mejores mercancías al menor precio.

El segundo nivel de la ciudad era conocido como Colonias. Una complicada red de caminos y callejones que atravesaban la mayoría de las viviendas de mediana y baja clase. Por lo general, aquellos con negocios en El Mercado vivían aquí, ya que les era más sencillo desplazarse y los precios de renta eran considerablemente más bajos que en los niveles superiores. Aquí mismo se encontraba el cuartel de la guardia, el cual albergaba cerca de doscientos hombres los cuales se encargaban de proteger a los ciudadanos y sus murallas. Claro que la mayoría de estos vivía de las extorciones que hacían a mercaderes y delincuentes por igual, cosa que denigraba mucho el respeto que se le tenía a la guardia.

El tercer nivel era Bellas Artes. Un viajero que entrara por primera vez al tercer nivel de la ciudad pensaría que había abandonado Erenmios y había ingresado a una ciudad completamente diferente. En esta zona las lámparas eran urnas de metal negro con aceite que hacían perfecta armonía con la roca blanca de sus edificaciones, no como las antorchas y recipientes aceitosos de las zonas más bajas. Había cinco fuentes dignas de cualquier plaza principal a lo largo de la avenida central de la zona cuyas aguas cristalinas descendían y transitaban a lo largo de la zona a través de pequeños canales exteriores sobre el camino peatonal. Las posadas de mayor prestigio se encontraban aquí al igual que algunas sastrerías y zapaterías de gran costo y, al menos, ocho librerías y dos teatros. La guardia tenía puestos de vigilancia en los tres caminos que llevaban a Bellas Artes para negarle el paso a cualquiera que no tuviese un comprobante de renta en la zona o que no tuviese alguna invitación formal de algún habitante del lugar o de un noble del cuarto y último nivel, conocido por el nombre de Las Nubes.

Las Nubes era la zona más refinada de Erenmios. La crema y nata de la sociedad vivía en casas de más de tres plantas, algunas de las cuales tenían patios tan grandes como la plaza del mercado negro. En Las Nubes vivían por lo menos cuarenta familias nobles y más de un centenar de familias adineradas gracias al comercio en su mayoría. La Akademia y La Gran Biblioteca se encontraban en ese lugar, un par de razones bastante aceptables para presumir pues prácticamente decía que la educación era exclusiva para aquellos con los bolcillos suficientemente amplios y la clase como para merecerla. Este era el hogar de Lord Vanitus y a donde, con algo de suerte, la familia Treepe conseguiría afianzar una buena fortuna.


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Re: Sobre forjas y artilugios

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