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Los sueños de Parvati

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Los sueños de Parvati

Mensaje por Akasha Shaanti el Vie Mar 29, 2013 9:36 am

Nada parecía fuera de lo normal en aquel invierno, el viento silbaba su dulce cantar friolento, las casas rechinaban entre tantas maderas y de cada una de aquellas chimeneas sólo se podía ver el denso humo de las calefacciones manuales que los habitantes de aquella pequeña aldea se ingeniaban… nada había sido fuera de lo normal, nada debía de captar la atención y desvencijar la credulidad esperanzada de cada uno de ellos… nada

La sutil escarcha goteaba de entre los árboles y los gritos risueños de los niños se doblegaban en membrecías infantiles de júbilo… para todos, menos para uno, menos para Byron. Byron curioso e implacable infante de ocho años de edad risoteaba entre un congelado charco de agua, escarbaba el hielo y con él golpeaba inocentemente a sus demás compañeros quienes le devolvían el juego con una bola hecha de nieve… si, era invierno o al menos en ese lugar siempre hacía frío, un ligero apartado de Thezeeroth donde el clima descomunalmente dominaba sobre los humanos, donde la fauna silvestre componía también el cobijo de las personas… así era Prathos, una pequeña villa situada muy por dentro y a la vez lejana del Bosque de Thezeroth.

Byron corría y corría y corría jugando al “Troll enojado” y sus amigos huían de él y de sus infantiles muecas fúricas. Todo era un juego de niños, una diversión, una acumulación de imaginación y sosiego que… de repente se vieron interrumpidas por la curiosidad. A pocos metros de Byron un ligero y astuto zorro roe el musgo de un distante pedregal, Byron nunca ha visto un zorro tan cerca y su curiosidad de niño lo hace caminar con sigilo hacía él, parece que el zorro no lo ha visto, sisea, sigue mordiendo el musgo… Byron está a menos de tres metros, ha pisado una crujiente vara de roble seco y… el zorro a levantado las orejas, sus ojos son descomunalmente grandes y de un profundo color carmesí, brillan cual el universo nocturno y ese brillo se ha fijado en el travieso infante. Byron no sabe qué hacer, se ha quedado quieto, inmóvil, casi paralizado, las piernas no le responden, su respiración es agitada y sin aviso alguno ante un parpadeo, el zorro ha desaparecido.

Los amigos de Byron se encuentran buscándole, lo llaman, gritan su nombre y a pesar de que para él sólo habían pasado breves segundos el niño lleva perdido casi media tarde completa ¿Qué ha sucedido? Nadie lo sabe. Finalmente la madre de Byron lo reconoce, corre hacía él y lo toma en brazos sacudiéndolo una y otra vez preguntando ¿Qué te pasó? ¿Qué te sucedió? ¿En qué estabas pensando? ¿Dónde estabas? Pero Byron no responde, ni dice ninguna palabra, él sólo quiere dormir y dejándose caer en brazos de su madre dice –Mamá… tengo mucho sueño-.Nereida, la madre del niño lo abraza contra su pecho dándole de besos en la frente y lo lleva hasta la casa…
Ha pasado una noche, es medio día, ya es media tarde y Byron no despierta…

Ahora es de noche, y Byron sigue sin despertar…

Ya es el segundo día, el niño no despierta… tres días, cuatro días…

Ya hace una semana, Byron comienza a adelgazar y a palidecer. Ya lo ha visitado el médico de Prathos, pero no tiene respuesta alguna, Han llevado a un alquimista, no tiene ni la más mínima idea de que hacer, entonces el sacerdote entra en acción. Byron ha sido “secuestrado”. Su cuerpo se encuentra aquí, en Noreth, pero no su cabeza, ni su alma, el niño está perdido y lo único que pueden hacer es tratar de alimentarlo como a un cachorro recién nacido, su cuerpo responde bien. Es inmune a la magia, es inmune al exorcismo externo, sólo hay una manera de salvar a Byron, pero todos tienen miedo de hacerlo…

Han pasado quince días, Byron sigue sin despertar y ahora Susuma, su mejor amiga ha caído en sueño también, ella lleva dos días dormida y parece que tiene pesadillas, muchas pesadillas. Su cuerpo se ha levantado al tercer día, pero Susuma enervada y cohibida por aquel secuestro ha caminado sola, ha salido de su casa sin que nadie se percatara. Para el cuarto día Susuma está perdida tanto almática como físicamente, la han encontrado… la niña ha caído por un barranco hasta un ligero río pedregoso y ha fallecido. Byron no ha despertado.

Ha pasado un mes… Byron ha muerto sin aviso alguno.

Ahora Rosalie, la hermana mayor de Susuma ha caído en sueño, dos días después el hermano menor del panadero, cuatro días después el hijo del tendero… los niños están durmiendo, no despiertan y sólo hay una manera de salvarlos.





Akasha ha caminado y caminado desde hace mucho tiempo sin rumbo fijo, Xiu le ha estado fastidiando desde hace ya varios kilómetros y está en su punto máximo de desesperación, tiene hambre, está distraída, tiene sed, está acalorada, siente frío, le dan escalofríos, simplemente está irritada.

-¡Ahhhhh!.... ¡Ya cállate maldito demonio de mierda! ¡CALLATE O TE JURO QUE TE CORTO LOS POCOS HUEVOS QUE TIENES XU!-

Fastidiada Akasha ha tomado a Xu por las piernas y lo ha lanzado hacía un árbol, pero testarudo el imp ha volado y algo irracional y miedoso permanece sentado en los hombros de la hembra, ella le ha tirado una fulminante mirada que ha hecho encoger al bicho. Ambos están perdidos, y en este momento han divisado humanos, el clima ha cambiado, es frío, muy frío, Akasha cubre sus cuernos con el regazo de sus caderas y se coloca las flores de sus muñecas en la cabeza para sostenerlo, huele la comida. Huele la carne… pero sobre todo, huele a “miedo”. Un extraño cosquilleo le recorre el estómago y siente un escalofrío recorrerle la piel, ha escuchado un siseo gira la cabeza y tras un roble un zorro roe el musgo del árbol, Akasha le es indiferente, se vuelve hacía el pueblo pero al parpadear el zorro ha desaparecido, gira la cabeza como lo hacen los búhos y nota que Xiu está gruñendo exacerbado, lo toma entre sus brazos y lo guarda en las telas holgadas de su mascada.

La Villa parece solitaria, dormida, no hay niños jugando, Akasha recuerda ese lugar… pero nada de lo que hay ahí en ese momento es lo que ella “recuerda”.


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Re: Los sueños de Parvati

Mensaje por Eindel Dundûl el Mar Abr 02, 2013 9:19 pm

La semana anterior había sido bastante productiva para la herrera y comerciante de los caminos del norte. Eindel Dundûl, una joven y talentosa enana con un don especial para la herrería y la ingeniería rúnica, viajaba por los caminos de las afueras del Borde Oeste siguiendo una ruta poco ortodoxa. Sus viajes siempre pasaban por varios puntos de interés entre ciudades de importancia comercial a los que ella se refería como Kazün Dónmen, lo cual significaba gran orbe.

Hacía poco menos de un ciclo que su carromato había abandonado la ciudad dorada de Erinimar para tomar el camino hacia Thonomer y sus grandes capitales de comercio. Los elfos de Erinimar habían aceptado a regañadientes a la enana, pero su hospitalidad cambió cuando admitieron la calidad del trabajo de Eindel haciendo que el comercio fuese muy fructuoso durante sus tres días de estadía. Había vendido todo a excepción de unas diez espadas, unas alabardas, un par de hachas de talla orca y cuatro estoques sin engarces. Eindel recordaba pocos días tan abundantes que hasta se permitió el lujo de gastar veinte monedas de oro en Enimïn’dul, una de las posadas más caras y prestigiosas de las que había oído hablar. Nunca antes, en su corta vida, había sufrido tanto al partir de una posada.

El camino del Borde Oeste atravesaba Efrinder de forma prácticamente recta hasta las tierras del norte, pasando a solo un par de kilómetros del bosque de Theezeroth haciendo que dicho camino fuese uno de los más transitados y seguros de toda la región. Pero a Eindel le parecía un camino que solo los abuelos sin medios de defensa tomarían. Ella sabía de varias comunidades dispersas al interior del bosque que pagarían una buena suma de monedas a cualquier mercader que se tomara la molestia de brindarles alimentos básicos como granos y jaleas que solo consigues en las ciudades agrarias así como también medicamentos y equipo de supervivencia, antídotos, vendajes y cualquier otra cosa que los pueblerinos pudiesen necesitar al estar rodeados de casi cualquier clase de peligros y depredadores.

El mapa de caminos de Eindel era una compleja maraña de trazos variopintos. Los caminos mercantiles y aquellos que la gente en general consideraba seguros estaban marcados con una línea negra, mientras que todos los demás caminos y rutas que ella consideraba atractivos estaban marcados con una gran cantidad de líneas de colores distintos aparentemente sin un sentido práctico pero si elaborado, casi como una telaraña atravesada por un arcoíris. Uno de esos caminos atravesaba el Bosque de Theezeroth por un camino al este pasando por dos aldeas de reciente apogeo, según los mercaderes que había cuestionado un par de ciclos atrás, y salía al norte cerca del camino empedrado de Hull el cual viaja con pocas bifurcaciones hasta Erenmios.
¡Ullgám!, Ya venía siendo hora de que encontrara este sendero – Se dijo así misma mientras el carromato salía del complicado camino cubierto de maleza y musgo para posar sus ruedas sobre el sendero de tierra seca al sur de Prathos. Le había llevado un día entero y la mitad de otro llegar hasta ahí. En teoría la villa no estaba a más de cuatro kilómetros del Camino Oeste, pero el bosque que se interponía entre ambos hacía especialmente duro el avance – Por lo que se ve no hay huellas de carro recientes. Posiblemente me haga de un botín bastante bueno, si Mithrodïn lo permite por supuesto.

Su vista se paseaba de un lado a otro mientras su mula halaba pesadamente el carromato de forma lenta pero constante. No había movimiento en las calles. La posada local parecía muerta a pesar de que el atardecer estaba casi en la cúspide. Por un momento había pensado en que quizá la gente había abandonado su aldea, pero la idea se esfumó rápidamente al ver el humo saliendo de algunas chimeneas. Todos estaban en sus casas como asustados o previniendo a sus familias de algún peligro en las afueras. Detuvo al fin el carromato a un lado de la posada al ver que ni siquiera habían niños rodeándola y curioseando entre sus mercancías foráneas como era habitual en estos sitios tan apartados – Esto no pinta bien Doh – Le dijo a su mula mientras esta respingaba de fastidio – Quizá sea gente muy cerrada a los forasteros, y eso nunca trae buenas ganancias.

Ató a su mula cerca de los bebederos para caballos y se apresuró a sacar de su carromato su gran martillo de acero templado y su bolso lleno de todas las cosas con las que suele viajar y comerciar, por si la oportunidad se daba. Cerró las puertas del carromato y se aventuró a entrar en la posada en busca de señales de vida y, con un poco de suerte, algo de información o noticias recientes. No estaba muy segura de que el posadero local le brindara información a una forastera, pues tal parecía que el pueblo en general no pasaba por buen momento, pero esperaba que al menos se conservara la costumbre de guiar a los viajeros y llenar sus jarras vacías de cerveza o hidromiel siempre que estos entraban en una taberna.


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Re: Los sueños de Parvati

Mensaje por Kain Shaffënsthrer el Miér Abr 03, 2013 7:46 pm

La cuchara revolvió el caldo con mucha, mucha lentitud. Cualquiera que hubiera pasado por aquel lugar medio muerto, incluso Kain, podía percatarse de que algo iba mal en ese pueblo. Demasiado silencio. Los aldeanos no caminaban, sino que se arrastraban por las calles con una actitud lamentable y rendida, como si hubieran abandonado toda esperanza. Nada más entrar, Kain había intentado comprar leche en una botella, pero incluso las vacas se habían mostrado reacias a entregar algo.

La taberna había sido su último recurso para gastar las pocas monedas que le quedaban y comprar algo decente que comer: una sopa con una patata a medio cocer por allí, algunas verduras en mal estado y un miserable trozo de carne cocido de forma exagerada. Y no es que tuviera mucho que cocer tampoco, era más hueso y pellejo que carne. El hechicero extrajo un trozo de pan de su zurrón y lo partió por la mitad. No valía de nada atesorarlo, de todas formas en aquel clima acabaría agusanándose tarde o temprano. Lo mejor era aprovechar que estaba comenzando a endurecerse para comerlo antes de que se volviera incomestible.

Tragó el caldo, al que le faltaba algo de sal, y masticó la patata de forma reiterada para molerla y acompañarla con algo de pan. Los sabores desabridos se mezclaban con el insípido pan en su boca, y su lengua tardaba en reconocer a que pertenecía cada uno. Cogió un trapo algo sucio que había conseguido que le prestaran en el mesón y se limpió la comisura de los labios antes de sacar el cuero de agua de la bolsa y beber un solo trago.

Hizo una pausa y observó el plato a medio devorar. De pronto le pareció desagradable y poco apetitoso, tenía antojo de algo más fresco. Con un suspiró arrojó el trapo sobre la mesa y guardó el cuero de agua. No había probado carne humana, animal o de cualquier tipo desde que saliera de la torre de hechicería en Seth-Hang. Y así como la carne se había escondido de sus dientes, la misteriosa joya que buscaba se escondía de su vista. Había recorrido ya tres pueblos, Prathos era la cuarta, y en ninguna había escuchado nada. Llegando a Prathos, había oído rumores, pero estos habían cesado nada más entrar él en la taberna para comer algo. Así era la gente de pueblo, no a todos les gustan los forasteros, sobre todo si no tienen buena pinta.

De modo que el hechicero, aferrado a su plato de comida, sabía que había rumores en aquel lugar, pero no los conocía y tampoco estos parecían venir a sentarse a su mesa para hablar. Volvió a morder el pan y a tomar algo de caldo mientras miraba por la ventana: divisó varias casas, una tienda, algunos villanos caminando, pero ningún niño. Se preguntó si esa misteriosa falta de actividad infantil tendría algo que ver con los rumores. Volvió la vista hacia adentro, escudriñando cada rincón del lugar.

Había dos tipos sentados en ese momento en las mesas: al fondo, uno de ellos fumaba de una pipa algo desvencijada. Estaba sentado en una silla de paja, junto a una mesa y no frente a ella. Una de sus manos descansaba sobre la rodilla correspondiente mientras que la otra subía de vez en cuando la pipa hasta los labios agrietados, donde le daba hondas aspiradas. Las gruesas bocanadas de humo se esparcían por el techo y salían en parte por una ventana junto a él. Era bastante viejo, su rostro marchito estaba poblado de cejas, barba y bigote espesos. Su nariz, bastante grande, estaba surcada por una infinidad de agujerillos y erupciones de piel, como si cientos de granos hubieran reventado en ella, y lucía enrojecida y abultada. Sus ojos, demasiado vivos quizá para pertenecer a un anciano, escrutaban al hechicero con detalle mientras fumaba. Kain le dirigió una mirada furtiva mientras mordía el pan y luego desvió la vista hacia el otro sujeto.

Permanecía sentado frente a una mesa y cabeceaba. Un gran sombrero cubría su cabeza y su rostro no era visible. Dormitaba sin importarle nada. Frente a él no había ninguna jarra ni ningún plato.
En ese momento, la puerta se abrió y una tercera persona ingresó a la taberna. Era una mujer, una enana. O al menos eso le pareció a Kain durante el escaso momento que se detuvo a mirarla cuando ingresó. Volvió a concentrarse en su plato y en su pan. El caldo ya se había terminado, de modo que levantó el hueso aprisionándolo entre dos de sus dedos y procedió a retirar la poca carne que tenía, acercándolo a los labios ocultos bajo la caperuza, que no se había tomado la molestia de quitar para comer. Aún así, no se había ensuciado.
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Re: Los sueños de Parvati

Mensaje por Akasha Shaanti el Jue Abr 11, 2013 8:00 am

Distinguida y un tanto exacerbada, nada de lo que ahí estaba presente pintaba bien, ni los niños jugando en su imaginación, ni el silencio, ni el abandono de aquella ciudad casi fantasma. Akasha ha dudado mucho al acercarse a la plazoleta principal, está vacía, si… pero esta mujer no es humana, y sabe si quiera que aún y cuando sea una persona, ver esos azulados ojos le causará problemas, Aún así ella ha continuado.

Un viejo herrero que se encontraba golpeando un yunke para amoldarlo ha visto la figura de la antropomorfa caminar insegura entre los adoquines de la aldea, el hombre parpadea un poco mientras entrecierra los ojos y comienza “buscar” alzando la cabeza y luego bajándola como si quisiera reconocer a Akasha, se acerca un poco más hacía los adoquines y hecha un chiflido a su compañero de en frente quien está más cercano a la mujer. El segundo hombre lleva por oficio ser un zapatero, agacha la cabeza y de reojo alcanza a ver la curiosa mirada de Akasha, en un grito ahogado se levanta de inmediato y corta el paso a la mujer.

-Sal inmediatamente de aquí antes de que entone en un grito tu presencia demonio…-

Todo ha sido casi un susurro, casi nadie se ha percatado (si es que había alguien), pero Akasha está confundida, parpadea tres veces continuas y tira un gruñido acallado.

-Debo cruzzar para sssalir…-

-Búscate otro camino pero sal de aquì.-

El herrero se ha percatado, deja sus labores y se dirije al lugar.

-Azeroth, no grites… los niños duermen y la taberna está abierta.-

-Grito si yo quiero anciano y este engendro aquì no entra, que se regrese por donde vino…-

Todo mundo se está dando cuenta ahora de lo sucedido, Azaeroth ha levantado la voz y Akasha no dice nada. En la taberna el primero en darse cuenta es el mesero, habìa sacado la basura y justo en ese momento se encontraba ya corriendo.

-¡Jefe! ¡Azeroth está iniciando un pleito, un engendro ha entrado a la aldea!-

Todos se han levantado de sus asientos, los más disimulados sólo levantan la cabeza en su lugar, otros se dirigen a la puerta y ventanas, pocos salen de la taberna.

-Idiota… quédate aquí Ruber, déjame liar con este hombre.-

Han sido las palabras del tabernero quien de inmediato sale del lugar haciéndose de espacio entre las personas. Akasha está confundida, no sabe que hacer, siente las miradas encima de ella, pero ella no ha hecho nada malo, ella sólo ha estado caminando sin golpear, tocar o si quiera mirar a alguien. Retrocede un poco y Xu asustado oculta la cola entre sus piernas temblando.

-Sòlo quiero cruzar…- Repite Akasha.

Una joven de unos 16 o 17 años se aproxima la rubia chica que acababa de llegar a la taberna, susurrándole le advierte lo siguiente.

-¿Tú no eres de por aquí verdad? Te sugiero que salgas de este lugar, de la taberna… ve a la calle, ahí tienes más espacio para correr por cualquier cosa…- Baja la mirada y poco después la posa en la fulminante mirada de un hombre mayor, un tanto miedosa la chiquilla se acerca y tímida le dice…- Disculpe… señor no me conoce, pero por favor, salga de este lugar inmediatamente, a la calle, hay una puerta trasera, sígame…-

Quizás la enana apenas se encontraba en la puerta, y el mismo tumulto de gente la había estado empujando, la extraña muchachita recién llegada la miró desde una de las mesas y le hecho una mirada casi cómplice para después asentir con la cabeza, para la enana era mejor entrar, pasar desapercibida y salir por detrás, de entrada por salida. La niá pasó por la barra abriendo la puerta trasera, en ella había una pequeña bodega llena de botellas de varios licores, platos, vasos, copas, un fregadero y demás utensilios, esta bodega llevaba a n estrecho pasillito de quizás un metro de ancho y finalmente la puerta que llevaba a un corto callejón.

-Dispensar, me llamo Dinorah, la gente de aquí no es buena con los forasteros que llegan solos.-

Respingó una sonrisa e hizo otro ademán de que la siguieran, a final d e cuentas terminarían llegando al mismo lugar de inicio, la plazoleta de la ciudad, ahora con un pequeño tumulto de gente armada con utilería de jardín. En medio del tumulto hay una mujer delgada de baja estatura, piel pálida y largos cabellos negros, su cabeza está cubierta con un “abultado” manto… es Akasha. Ella retrocede y mira hacía todos lados. A escasos metros una mujer de ala estatura se asoma entre las personas y agranda la mirada de inmediato, momento en el que grita…

-¡No!.... ¡Azeroth… no!....- Sus manos detienen los brazos del hombre y susurra algo…. –Themeza… es la hija de Themeza…-


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Re: Los sueños de Parvati

Mensaje por Eindel Dundûl el Sáb Abr 13, 2013 12:43 am

Por lo regular, los pueblos y las aldeas más pequeñas al interior del pantano o del bosque están habitadas por personas de mente muy pequeña y cerrada. Limitados por su propio medio y su ignorancia de las cosas, los aldeanos o pueblerinos del campo y las fronteras exteriores son conocidos por su gran testarudez, su intolerancia y sus cambiantes modales, siendo escasos ante forasteros con pintas sospechosas o muy amigables y atentos con aquellos con sus bolsos llenos de monedas. Eindel nunca había pasado por aquella aldea del interior de Theezeroth como para saber a qué clase pertenecían los aldeanos, pero iba bien arreglada y, por lo general, los dueños de las tabernas eran especialmente amigables con las doncellas jóvenes como ella. Siempre y cuando estos no tuviesen esposas ayudando en la barra o fregando los pisos del comedor.

La taberna era bastante ordinaria. Estructura de madera de encino y tamarindo talado en las cercanías con un techo de paja común y algunas tablas de madera y piedra caliza en la base de la chimenea. Estaba a punto de abrir las pequeñas puertas de madera de la taberna sin nombre cuando el sonido de una posible discusión llamó su atención.

A lo lejos, a unos treinta metros de distancia en dirección al centro del pueblo, un hombre gritaba alegatos sobre dar la alarma si la esbelta figura erguida en el centro de aquella plaza no abandonaba el lugar al instante. La curiosidad hizo que Eindel apartara su mano de la superficie de la puerta para colocarla en forma de visor, en un intento por apreciar mejor la discusión. A esa distancia, y con el brillo del medio día sobre sí, le era imposible saber si aquella persona encapuchada era una mujer o un hombre. Pero dudaba mucho que fuese un engendro tal y como aquel hombre afirmaba. Ya antes había visto engendros, incluso había negociado con más de una veintena durante sus viajes pasados, y sabía bien que estos preferían mantenerse alejados de las poblaciones humanas por el simple odio y miedo irracional que estos les tienen. Además, un engendro que se aventura al interior de un poblado no puede, por ningún motivo, estar buscando pelea. Sería un loco suicida si así lo hiciera teniendo en cuenta la cantidad de caza recompensas y mercenarios sueltos por ahí.

Un joven mozo entró a la taberna gritando de forma alarmada. Traía la noticia de los mismos alegatos que aquel hombre hacía mientras maldecía a la persona de la capucha abultada.

¿Pero que dem… – Su pregunta se vio interrumpida gracias a un tumulto de gente que rápidamente abandonó la taberna empujándola por la espalda y haciendo que casi trompicara y cayera de bruces al suelo. Los aldeanos que habían salido de la taberna, la mayoría ancianos y de edad por encima de los cuarenta, habían atendido a la alerta del joven y ahora miraban con curiosidad y cierta incertidumbre la escena que se estaba llevando a cabo en la plazoleta. Las habladurías de los clientes del lugar dejaban claro para la enana que los forasteros no eran bienvenidos ahí, confirmando sus sospechas. Detectaba cierto miedo en las palabras de las personas. Muchos hablaban sobre un mal relacionado con un largo sueño, cosa que no logró escuchar bien gracias a los empujones y los rechinidos de la madera tratando de soportar el peso de aquella pequeña multitud, mientras que otros simplemente se dignaban a maldecir a esa persona a los Siete Infiernos sin siquiera saber si en verdad se trataba de un engendro maligno o no. Eindel decidió que no era buen momento para elaborar preguntas y, discretamente, dio un paso hacia atrás para entrar en aquella taberna aprovechando que todos, o la mayoría, había salido del local. Tras dar la media vuelta, y entrar a la taberna sin mucho esfuerzo, sus ojos se cruzaron con los de una joven humana que la miraba con curiosidad.

¿Tú no eres de por aquí verdad? – Le preguntó a la enana mientras que esta hacía un gesto de complicidad a su pregunta obvia – Te sugiero que salgas de este lugar, de la taberna… ve a la calle, ahí tienes más espacio para correr por cualquier cosa…

Eindel pensó para sus adentros intentando recordar la última vez que la habían echado de un lugar tan solo entrar en él. Recordó la vez en que, por error, había entrado en una posada durante una revisión militar al norte de Malik-Thalish. También se le vino a la mente la vez que, estúpidamente, mencionó la palabra “Viva el Rey” al oeste de Zhakhesh. Aquella vez había esquivado hachas y cuchillos con una maestría que el mejor de los asesinos envidiaría. Pero en ninguna ocasión la habían interceptado, literalmente con un pie dentro y otro fuera de un local, simplemente para echarla de vuelta a la calle sin siquiera haber objetado nada. Rió para sí misma por lo bajo, ya que sabía que no eran malas sus intenciones, cuando la joven desvió su atención a uno de los clientes del local para advertirle lo mismo.

Zäz trumás!… Está bien amiga – le dirigió la palabra a la joven cuando esta se disponía a avanzar al interior de la barra a toda prisa – Solo quería algo de comer y un poco de información – Eindel se apresuró a seguir a la joven quien no tenía ni tiempo para responderle, haciendo entender la urgencia que debía adoptar para salir de ahí cuanto antes.

La moza la guió a través de la bodega de licores y granos para después mostrarle una puerta trasera que llevaba hacia un callejón. Sin pensar en una excusa aceptable, Eindel cogió una hogaza de pan no tan duro y una bola de queso que olía bastante bien, además de coger una botella de licor de fresas de Uzuri y metió todo rápidamente en su bolso de cuero a excepción del pan, el cual tuvo que partir en dos para poderlo meter.

Dispensar, me llamo Dinorah, la gente de aquí no es buena con los forasteros que llegan solos – Dijo la muchacha una vez que Eindel había abandonado el local por la puerta que le había mostrado – Descuida Dinorah, ya estoy acostumbrada – Dijo Eindel agradeciendo las molestias que se había tomado la mujer – Te he tomado esto prestado. Toma – dijo extendiendo su puño cerrado dejando caer quince doblines de plata en las manos de la joven – seguramente estas monedas cubrirán el precio de los alimentos que tomé y el del establo para mi mula y mi carromato en la parte posterior de tu linda taberna – Eindel no estaba segura de si estaba abusando de la amabilidad de la joven, pero estaba segura que aquella cantidad de monedas sería un buen incentivo para que ella le hiciera el favor de cuidar sus pertenencias y no decir nada sobre los alimentos que harían falta en la bodega cuando el dueño estuviese haciendo inventario.

La discusión en el centro de la plazoleta se había extendido de manera considerable los pocos minutos que estuvo alejada del camino. La gente se había comenzado a aglomerar alrededor del que acusaban de engendro haciendo que la curiosidad de Eindel tomara prioridad y la guiara a través del pequeño callejón enlodado en el que ahora estaba. Se trepó a la pared de madera del edificio contiguo a la taberna para poder ver por encima de las cabezas de la multitud y fue así como logró ver por fin a la mujer extraña que todos llamaban engendro. Sin duda, en esta ocasión, su limitada mente había acertado en algo. Pero de pronto algo llamó la atención de la mayoría de las personas ahí reunidas en la parte contraria a la que Eindel se encontraba. La enana no logró ver de que se trataba, pero pudo ver claramente a una mujer claramente más alta que el promedio de estatura del lugar la cual jadeaba y sujetaba con fuerza a un hombre corpulento mientras exclamaba su nombre. La enana decidió simplemente permanecer sujetada a la lámpara de aceite de esa pared prestando toda su atención posible a lo que ahí acontecía. Quizá no le sería posible hablar con nadie de aquella aldea por lo que prestar atención a los detalles era su única opción.


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Re: Los sueños de Parvati

Mensaje por Bastian el Miér Abr 17, 2013 6:46 am

Thezeroth, Tierra de los engendros, un sitio donde la magia carcome la carne y la mente como si fuese una nube de acido toxico en el aire, sin embargo, el sitio que posee la mayor densidad de plantas y animales exóticos en este lado del continente, cual es la utilidad de semejante sitio… pues, todo puede ser posible con semejantes recursos a la mano, y donde hay posibilidades, hay negocios, dinero y poder que obtener.

Luego de mi última visita a estas tierras, y de la mala pasada que tuve con el Señor Thekner, y a las desaventuras que había tenido dentro de esa tierra “maldita” aun sostenía la esperanza de poder obtener algo de utilidad de ese bosque, o de su periferia. Y una vez estuve de vuelta en Drunk thrond, pase un tiempo planificando una conquista en términos financieros de esa tierra, y aunque no fue tarea fácil, considerando la poca información con la que contaba, un punto se destaco de entre otros mientras revisaba los mapas del área circundante al bosque de la magia corrupta. Era un pequeño poblado llamado Prathos el cual reunía las cualidades necesarias para servir como punto de inicio a la construcción de puestos comerciales y de laboratorios locales en toda la región.

Estaba lo suficientemente cerca de Thezeroth como para permitir regulares exploraciones por parte de soldados y científicos, estaba bien ubicado en términos de infraestructura de caminos, y por sobre todo, estaba lo suficientemente lejos del bosque como para asegurar que no iba a ser atacado por una banda de engendros renegados, sin mencionar el terreno relativamente defendible.

Tras conversarlo un poco con Hagartern, el enano que me había recibido dentro de la ciudad enana, y convencerlo de que me debía unos cuantos favores mas de los que yo le debía a él, amablemente entrego unos pocos kulls y hombres para que me acompañaran en esta empresa, aunque tenía planes mayores dentro de la región, en ese momento solo me acompañaba de mi mismo, y otros tres reclutas enanos que habían quedado bajo mis órdenes.
Llegamos vía carromato al pueblo de Prathos, después de varios días de viaje y múltiples paradas de reabastecimiento en pueblos y ciudades varios, Nos detuvimos en las afueras del pueblo, luego del último tramo los dos caballos que teníamos como bestias de tiro estaban extenuados, sin mencionar que nosotros también lo estábamos, teníamos técnicamente un día entero dentro del carromato, por causa de que el enano que teníamos como conductor del carromato estuvo más interesado en hacer el recorrido de forma rápida que en siquiera dejarnos bajar a descansar nuestras posaderas del castigo de estar sentados en una silla por un tiempo más largo del debido.

-Eres un imbécil Golgain, te dije que pararas hace dos horas, casi se destruyen las ruedas por tu culpa- Dije mientras me bajaba de la carroza, ajustando mi piernas para que dejasen de tiritar luego de la turbulenta travesía final –¿Pero llegamos, rápido o no?- replico Golgain mientras bajaba del carromato, con lo que Hekatrok, otro de los enanos que me acompañaban, interrumpió -Ya cállate Golgain, casi nos matas a los tres con tu viajecito – Golgain no replico ante la frase, pero dedico una mirada que parecía el golpe de una piedra en el rostro a Hekatrok, -parad ya ambos, tenemos negocios importantes que hacer-

Dije mientras miraba alrededor, prepare la ballesta y el bolso donde transportaba equipos medicinales y alquímicos mientras me disponía a recorrer un poco el pueblo, sin embargo no me tomo dar más de dos o tres pasos para ver como un tumulto se había formado en una plazoleta, sin saber que era de lo que se trataba aquel asunto, preferí mantenerme a una distancia prudente, sin embargo, la curiosidad subconscientemente hizo que me acercara a la riña lentamente, hasta que pude empezar a escuchar lo que estaba ocurriendo.
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Re: Los sueños de Parvati

Mensaje por Farimir el Miér Abr 17, 2013 2:15 pm

Thezeroth, uno de los peores lugares que he recorrido desde el bosque de Jyurman. Al menos en Jyurman lo peor que podías encontrarte era drows, orcos, algunas plantas carnívoras o algún licántropo, pero al menos tenías una idea remota de que había. Aquí, en los bosques de Thezeroth, podías encontrar todo eso y más. Engendros de todas formas y tamaños, rarezas mágicas y biológicas nunca antes vistas, cosas que podían maravillar con una increíble belleza o espantar hasta el más valiente con su grotesca apariencia. En este momento, honestamente no sabía si era valiente o estúpido venir aquí solo, aunque me inclinaba más por la estupidez.

No estaba en una exploración, ni un viaje, ni una misión, por ese motivo no tenía mucha urgencia de entrar a bosque, a pesar de que a veces lo hice. Solo estaba recorriendo el área circundante a Thezeroth. Algunas veces como este pienso, mis viajes me llevan a muchos lugares peligrosos. Estuve caminando por no se cuánto tiempo sin encontrar nada. No sabía si habían pasado ya varias horas, o solo minutos, aunque estaba seguro de que habían pasado más de dos horas de caminata. Al menos no me había encontrado ningún engendro ni nada, ni siquiera una bestia. Aunque tampoco tenía prisa por hacerlo.

Tal vez conseguiría una misión de algún viajero o algún idiota desesperado, o un científico. Un bosque como Thezeroth es un lugar ideal para los científicos, alquimistas, o todo aquel que se interese en la genética o alguna investigación rara. Siempre que un mortal juega a ser un dios, pasan cosas malas, aunque eso no era de mi incumbencia ni de importancia, solo esperaba que me dieran el dinero. Lamentablemente, aún no había visto nada, parecía que el bosque se había calmado por algún maldito motivo.

Finalmente, luego de lo que llegaron a parecer años, conseguí llegar a una especie de pueblo, si se le podía decir así. La verdad es que, al principio creí que llegaba a un pueblo fantasma, o una ruina, una pueblo devastado pro engendros, pero sorprendentemente, no era así, pues aun salía humo de las chimeneas. No había ni un alma en la calle, ni mujeres, ni hombres, ni niños, ni siquiera perros. Parecía que todos estaban preparándose para un asalto ya previsto. Tal vez alguna banda de engendros merodeaba la zona, o alguna maldición, no lo sabía con certeza, en un lugar como Thezeroth, nunca se puede descartar una teoría como ridícula, pues en un lugar donde hay seres con partes animales saliendo hasta de sus cabezas, nada es ridículo o extraño.
Al menos lo único bueno de todo esto era que nadie me miraba fijamente por la tonalidad de mi piel, cosa que la verdad no me molestaba tanto, siempre y cuando no se atrevieran a opinar. La última vez fue en un pequeño poblado rural cuyo nombre me sonaba a trabalenguas, había un idiota borracho que se estaba burlando de mí, así me enoje, y le di un golpe directo en la nariz. El pobre idiota cayó al suelo como una mujer desmayada con la nariz sangrante, creo que se la había roto, aunque me sentí un poco mal por él.

Mis “Lindos” recuerdos terminaron de pronto, cuando escuche un par de leves voces, y lo que parecía ser un griterío. Tal vez esa era la razón por la cual no había nadie, pero no parecía ser así. Eso no me incumbía en nada, pero no podía resistirme a ver qué pasaba. Me acerque lentamente al tumulto; nadie seguía viendo mi piel. AL parecer todos estaban gritándole a…una mujer, supongo que eso era, la verdad, tal vez no era la más bonita, pero dudo que eso fuera razón para lincharla. Según lo que escuche, parecían decirle engendro. O esos tipos eran muy estúpidos, o había más debajo de la piel de la mujer que lo que se dejaba ver a simple vista.
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Re: Los sueños de Parvati

Mensaje por Akasha Shaanti el Jue Abr 18, 2013 9:37 am

El nombre resonaba en los oídos de Azeroth… “Themeza, Themeza… Themeza…” Miraba los ojos de aquella mujer tan sorprendido como los mismos ojos azules de Akasha. Justo ene se momento el tendero quien habiéndose percatado de la situación se ha acercado al tumulto, coge también por los brazos a Azeroth, mira a Doleida, la mujer que había intervenido y en un regaño susurrante baja la cabeza del corpulento y enfadado hombre.

-Azeroth… estás aquí bajo condición general, que no se te ocurra hacer esto más grande, regresa al hospital y deja que yo me encargue de esto…- Ha hecho un ademán de dominio y ante el tumulto de gente extiende las manos haciendo que todos se esparzan. –Bien… mujeres, hombres, aquí no hay nada que ver, regresen a sus casas, hay niños que duermen en silencio y debemos cuidarlos… váyanse ahora mismo. Doleida, tú quédate aquí…- Mira entonces a la taberna, echa un silbido y tras observar el derredor señala al joven Ruber una dirección.

En espera, el tabernero, un hombre quizás de unos cincuenta años observa de pies a cabeza a Akasha, ya no hay nadie en la calle, pero detrás de las puertas y ventanas las personas se asoman asustadas y aterrorizadas ante la presencia de aquella extraña mujer.

-Mislim… por favor, creeme, ésta mujer es la hija de Themeza. Por favor mírala bien…- Se gira ante Akasha, la toma por los hombros y desborda lágrimas de Magdalena por el rostro, ha quitado el velo que cubría su cabeza y sus bovinos cuernos han quedado a la vista… -¡Por los dioses… Evora… mi niña! ¿Me recuerdas? Soy yo, Doleida… tu nana Doleida…-

Pero antes de todo aquel palabrerío Akasha se ha apartado del tacto de la mujer, de la vista del hombre, lanza un rugido y empuja a la humana contra una pared mientras grita “¡No me toques! ¡No me toques! ¡No vuelvas a tocarme! Doleida está herida, una raspadura en su brazo hace negar su cabeza. Akashano comprende nada de lo que está sucediendo en ese lugar, ella está asustada, su furia, su enojo, su enervación ahora se convierten en un entero miedo repleto de confusión. Xu no ha parado de revolotear entre las personas y ahora observa desde lo alto de un techo la ocasión, baja precipitadamente en picada mientras vocifera “Kasha, kasha”. Xu no habla… pero es como los periquitos, emite sonidos similares a palabras.

Doleida herida y decepcionada muere por tocar los cuernos de Akasha… pero justo en ese momento la engendrada sale corriendo, cruza la plazoleta, ha pasado incluso frente a Dinorah y la enana quien atentamente observaba el tumulto de personas, Akasha sigue corriendo y hace a un lado a los viajeros solitarios que llegan, se ha topado de frente con los caballos, los cuales relinchan y ella asustada desvía la mirada perdiéndose en los árboles...
Por su parte, la chiquilla al recibir las monedas de Eindel no puede hacer más que mirarla atónita.

-No, no se preocupe, de verdad señorita…- Pero a final de cuentas ha aceptado las monedas, sonrojada y un tanto apenada le da las gracias -¿Cómo sabe usted que parte de esto es mío? Pero si, mi padre es el hombre de allá, dicen que parece mi abuelo…- Poco después de sus palabras, es en ese instante en el que la engendrada pasa corriendo por sus narices, la adrenalina y el pánico no la hacen ni voltear, ni flanquear. Dinorah se ha quedado pasmada y de inmediato gira el rostro a donde corre Akasha- Evora…- Exclama para sus adentros mientras una angustia se le hace presente en los ojos. –Sabe señorita… quizás sea mejor que se quede este día ¿Le gustan las ceremonias? Hoy va a haber muchas ceremonias, hay muchos niños enfermos y hay que orar por ellos-

Diciendo eso hace una reverencia para dirigirse con su padre, Ruber entonces la mira, mira hacía el callejón y frunce el ceño.

-¿De nuevo estás hablando con extraños Dinorah? Te ha dicho tu padre que no lo hagas… oye, espera ¿Aquello es un carromato?-Ruber extiende la cabeza y achica los ojos para divisar algo al sendero de entrada.- Diantres… venían hoy y no nos acordamos ¡Rápido Dinorah, dile a tu papá que los médicos llegaron!.-

De inmediato la chica imita las expresiones de Ruber, si, un carromato se acerca. Tanto Doleida como Cassio, el tabernero se percatan de la llegada. Prathos no suele tener visitas y peculiarmente ese día unas cuantas personas deciden visitarlo. Doleida se gira hacía el horizonte donde a pesar de ser poco después de medio día la luz se disuelve en la nubosidad del derredor, la luz del sol no llega, hay neblina a lo lejano y las figuras viajantes no logran apreciarse bien del todo.

El recién llegado, si, ese hombre con acompañantes seguramente debió de haber sido llamado, o quizás cayó ahí por accidente, quizás había sido el único que no se había perdido, fuera lo que fuera Prathos lo estaba esperando. Cassio dejó de lado a Doleida para recibir al hombre que recién llegaba, le dirigió la mirada y una áspera sonrisa severa.

-Menos mal… lo estábamos esperando, ha llegado y ya tiene algo que hacer, imagino que debió de haber visto a la mujer que salió corriendo del lugar, no haga preguntas y tráigala de vuelta o no recibirá su paga.- Dicho esto da la media vuelta, para dirigirse a la taberna, antes de alejarse lo mira una vez más y pregunta - Por cierto, dígame si hay zorros en el bosque.- Dicho esto y una vez “limpia” la plazoleta se percató de la presencia de la joven enana, la miró desde su punto con una severa y fija mirada madura y áspera, no dijo nada, siguió con su camino soslayando a la pequeña Dinorah.

Seguramente el hombre que acababa de llegar no tenía ni la más mínima idea de lo que sucedía, probablemente tenía muchas dudas, todas, acerca de todo ¿Lo sabía, no lo sabía? Doleida lo miró fijamente desde lejos como diciendo “Adelante… aquí estoy yo”.

Por otro lado, un nuevo recién llegado se internaba a la pequeña y áspera aldea, a diferencia de Eindel y el caballero del carromato, el nuevo inquilino no parecía indagar mucho en el interés de las personas que se desplegaban poco a poco del tumulto. Y lo primero con lo que se había topado claro está… Aquella figura femenina corriendo despavorida por el lugar. Akasha se había topado de frente con él, incluso lo había golpeado en el hombre, Xu, el imp se había aferrado a los cuernos de la engendrada. En ese momento lo que el humano había visto era a una mujer de estatura baja, esbelta de piel pálida, cornada con ojos más azules que el mar, más azules que el mismo cielo… más azules que el brillo topacio, sin esperar nada Akasha lo miró y siguió con su camino dejando en el suelo un collar de bronce que sonaba como los cascabeles. Y en donde Akasha había dejado su estela, lo que ahora quedaba era la silueta de un zorro rojo que parecía mirar mucho más allá de Farimir. Para ese momento Dinorah ya había llegado corriendo a donde el hombre, estaba agitada, incluso se agacho para poder tomar aire y descansar…

-Disculpe… ¿Vio a una mujer corriendo? Creo que su cabello era negro… ¿La vio? ¿Salió? Perdóneme…-

Ruber corría detrás de Dinorah, y vociferó.

-¡Dinorah voy a decirle a tu padre de una vez por todas, vuelve a la taberna ahora mismo y déjale el trabajo a los grandes!-

Ahora, Eindel tenía una propuesta, Bastian un trabajo… y Farimir algunas expectativas…


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Olvido para recordar y trato de recordar para poder olvidar...

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Re: Los sueños de Parvati

Mensaje por Eindel Dundûl el Dom Abr 21, 2013 8:02 pm

Es obvio pensar que nadie dejaría trabajar a una niña como tú en una taberna a no ser que fueses un pariente muy cercano – Fue lo último que le había contestado a la joven hija del tabernero antes de acercarse más al tumulto de personas. Ambas miraron sobre las cabezas de los demás el momento justo del drama que vivía una señora claramente demacrada mientras inspeccionaba la cornamenta de la extraña mujer. Sin duda habían tenido razón al llamarla engendro, pensó para sus adentros.

Tras una repentina embestida a través de la multitud, la mujer encapuchada paso a un lado de Eindel y Dinorah tratando de utilizar aquel callejón angosto como una ruta de escape improvisado. Eindel la miró claramente y ambas cruzaron miradas. La engendra sin duda había percibido la curiosidad y el asombro de la enana mientras que esta había detectado el dolor y una extraña melancolía en aquellos ojos azul profundo. Dinorah susurró algo por lo bajo, pero Eindel no supo si había hablado o había exhalado un suspiro. Volcó su atención sobre la posadera cuando esta le había extendido una invitación más formal.

¡Furnföst! – Exclamó con una risa honesta – Eso sería mucho mejor que pasar la noche en mi apretado carromato. Si crees que tu padre no tendrá problemas en hospedar a esta humilde comerciante sería un verdadero placer utilizar vuestras habitaciones y disfrutar de estas ceremonias que mencionas – La joven Dinorah era simpática y honesta. Había asentido amablemente mientras veía que el ayudante de su padre se acercaba dando pasos muy pesados. Intercambiaron unas breves palabras cuando la repentina presencia de un carromato en movimiento les recordó que había muchas cosas que hacer todavía.

Veo que estarán ocupados – Alcanzó a decirle a Dinorah antes de que esta desapareciera nuevamente al interior del establecimiento – Iré a dar una vuelta por la ciudad, te agradecería una habitación con vista a la calle a mi regreso – No alcanzó a ver si había atendido a su petición o no ya que la joven había partido a toda prisa, pero no dudaba de sus intenciones por lo que, sin pensarlo demasiado, Eindel dio media vuelta y cruzó el callejón hasta la calle principal de Prathos.

Una de las cosas que más disfrutaba Eindel durante sus viajes, además de hacer dinero vendiendo sus mercancías, era la oportunidad de conocer las distintas costumbres y tradiciones de los pueblos y las grandes ciudades que visitaba. Ella clasificaba cada una de ellas y mantenía un control en una pequeña libreta en la cual siempre apuntaba detalles como los días festivos, que eran una buena noticia para las ventas, y aquellos días sagrados en los que a la gente no les interesaba del todo comerciar. Ella sabía que Prathos no podría tener tantos días festivos como otros bosques del exterior de Theezeroth por la simple razón de que en un lugar así no podría haber demasiadas razones para festejar algo. Además aún estaba el misterio detrás de las caras largas de los pueblerinos, lo cual hacía menos probable que aquellas celebraciones, de las que le había hablado Dinorah, fuesen tal cosa. En sus viajes, Eindel había aprendido que los pueblos como aquel basaban sus festividades alrededor de su principal producto, como la agricultura, la minería o las bebidas embriagantes, la cuales atribuían su éxito o fracaso a dioses paganos y deidades olvidadas de la tierra, los bosques y los cielos.

La ciudad es muy bella – Se dijo así misma mientras paseaba por las callejuelas empedradas de Prathos, admirando la simplicidad de la arquitectura de sus viviendas y la distribución de los establecimientos comerciales y de interés general – No parece que estén muy habituados a las visitas, pero si lo que dijo Dinorah es verdad será mejor que coloque mi carromato cerca de la plaza antes de que otros comerciantes se lleven la escasa clientela del lugar.

La gente se preparaba para algún evento de cierta importancia. Algunos colgaban mantas desde las ventanas y otros colocaban algunos adornos y flores al exterior, pero la pesadez del ambiente era tangible. Eindel sentía que ahí no habían demasiados ánimos como para celebrar nada, pero simplemente no se atrevía a preguntarle a nadie pues no quería arruinar su suerte ni el día de algún buen pueblerino. Sin demorarse demasiado, Eindel fue por su carromato y dio la orden a Doh, su mula, para trasladarse a la plaza.

Un carromato encabezado por un humano y un grupo de enanos había arribado a la ciudad por el camino principal. Eindel los miró claramente y se debatió entre si bajarse a saludar o no, pero el tabernero hablaba enérgicamente con el líder de aquel carro por lo que no tendría oportunidad de dar sus respetos a un colega viajero.

La luz del día comenzaba a desaparecer detrás de la copa de los árboles cuando Eindel había terminado de desamarrar a su mula para llevarla de vuelta a los establos de la posada. Su carromato había llamado la atención de varios ciudadanos. Una señora de edad avanzada le había preguntado si llevaba medicinas consigo a lo que Eindel asintió, sin embargo la insistencia de la mujer por venderle algo para quitar el sueño le había llamado la atención. La desilusión de la mujer fue grande cuando Eindel le indicó que solo tenía medicinas convencionales y algunas hierbas.

Todos hablan sobre el sueño y niños dormidos – Dijo mientras metía a su mula en uno de los establos desocupados. Miró al interior de la taberna desde su posición y se percató que rebozaba en actividad – Tengo que averiguar qué diablos pasa aquí o no podré dormir tranquila – Sus palabras resonaron en su mente por unos segundos mientras la idea de dormir pasaba por su cabeza -- ¿Será seguro si quiera dormir en este lugar?

Entró rápidamente en la taberna intentando no llamar la atención y buscó rápidamente a Dinorah o a su padre en la barra. Estaba decidida a averiguar lo que pasaba en ese lugar y conseguiría respuestas a sus preguntas más importantes para ella ¿Qué se celebra en Prathos el día de hoy? ¿Por qué tanto interés en las medicinas? ¿Quién era la mujer de la plaza? ¿Puedo vender mis mercancías a la gente local? ¿Qué es eso de que los niños no despiertan?

Eindel no se caracterizaba por ser una mujer paciente, y su boca rebozaba en preguntas que urgían ser contestadas a la brevedad y no se sentiría aliviada hasta no recibir respuestas por parte de alguno de sus dos objetivos.


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Re: Los sueños de Parvati

Mensaje por Farimir el Mar Abr 23, 2013 12:01 am

AL parecer en ese pueblo no era precisamente el hombre quien mandaba en los matrimonios, o tal vez solo fuera un caso especial. Fuera como fuera la mujer había detenido a quien parecía ser el principal protestante, pro así decirlo. Poco después llego otro hombre, no tan corpulento como el primero, pero no era precisamente un esqueleto. Él le susurro unas cosas al primer hombre, las cuales me eran inaudibles desde mi actual posición. Antes de darme cuenta, ya casi no había nadie en la calle. Supongo que era costumbre del pueblo, irse cada quien para su casa cuando ese hombre hablaba. No sabía que pensar. En un momento había una multitud que parecía estar por linchar a la mujer “extraña” y al otro ya se estaba yendo cada quien para su casa, quedando muy poca gente en la calle.

De entre esa poca gente pude distinguir a una mujer, la cual se acercaba sin miedo ni arrepentimiento hacia la mujer “extraña”. Le dijo un par de cosas que de nuevo no alcance a escuchar, por lo que decidí acercarme un poco más. Entonces, pude contemplar con todo lujo de detalles como la mujer se acercaba a la posible engendra y le removía el velo que le cubría la cabeza, dejando al descubierto lo que parecían ser cuernos. Maldición, si eran cuernos. Vi muchas cosas raras en mi vida como para considerar eso una abominación, después de todo, yo también tengo una particularidad única, algo que cualquiera que me vea por dos minutos notaria. Sin embargo, mentiría si dijera que eso era algo que había visto antes, o si dijera que no me pareció para nada extraño, o que no me sorprendí.

Sin embargo, la engendra no parecía tener muchas ganas de que alguien le viera los cuernos, mucho menos de dejar que alguien se los toque. En ese aspecto estuve de acuerdo con ella, pues no debe ser lindo que te toqueteen los extraños como si fueras parte de un show de fenómenos o un gatito para acariciar. La engendra grito “No me toques, no me toques” y luego empujo a la mujer contra la pared, lo que pareció causarle una pequeña herida en el brazo. Poco después la engendra, posiblemente confundida y aterrada por toda esa situación, salió corriendo, acompañada por un extraño animal que con las prisas no logre identificar. Pobrecita, de seguro se sentía asustada más que enojada, pero aún no dejo de preguntarme, que haría en ese lugar.

Paso corriendo por entre medio de dos personas que estaban charlando, una de las cuales era una enana. Tal vez se hayan llevado el susto de sus vidas. No sé bien de que charlaban, pero poco después pareció que ya se había formado otro tumulto, pero este parecía ser del bueno. No pude mirar muy bien, puesto que al distraerme, no vi como la mujer engendra corría hacia mí y me chocaba, casi tirándome al suelo. Pude distinguir entonces, a la mujer: era de estatura baja, esbelta, de piel pálida, con ojos de una profunda tonalidad azulada como pocas veces en mi vida había visto, además de, claro, sus cuernos. Salió corriendo antes de que pudiera preguntarle algo. Me quede viendo como escapaba de la zona sin hacer mucho por detenerla. Justo cuando me estaba por voltear, pude notar un objeto en el suelo.

Me agache para recogerlo. Era un collar, bastante peculiar pero muy bonito. De seguro se le había caído a la engendra mientras escapaba. No sabía a donde se había ido y n o tenía muchas ganas de recorrer esta aldea buscándola. Aun así, lo conservaría hasta ver si podía encontrarla de nuevo. Aunque haya quien pueda considerar esto estúpido, yo no soy de los que venden algo que no es suyo. Justo en eso, vino una mujer, la misma que antes había intentado de tocarle los cuernos a la engendra. Me pregunto dónde estaba, a donde se había ido, si la había visto y esas cosas. Yo le dije – ¿Te refieres a la mujer de ojos azules con cuernos?, pues ella corrió en esa dirección- dije señalándole con mi dedo índice hacia donde había corrido. Sin embargo, un hombre llego casi a gritos y le dijo que se fuera, así que yo seguí mi camino.

Poco después de examinar el collar, me dirigí a la taberna. Entre sin causar mucho alboroto. Mientras caminaba pude escuchar un par de murmullos sobre como algunas personas dormían y no despertaban, o sobre que era peligroso dormir, al menos eso pude extraer de los pedazos de conversaciones que alcance a escuchar. Quería saber más sobre esto se decía, así que avance hasta ver al tabernero y espere a que se liberar. Cuando por fin pareció estar cerca mío, le pregunte en secreto –Discúlpeme, pero escuche algo acerca de gente de por aquí que se duerme y no despierta, podría contarme de eso, señor-
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Re: Los sueños de Parvati

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