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Los sueños de Parvati

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Re: Los sueños de Parvati

Mensaje por Bastian el Miér Abr 24, 2013 5:19 am

¿Qué diablos acaba de pasar? – fue lo único que pude preguntarme cuando un sujeto, del cual por cuya indumentaria supuse trabajaba como tabernero, y que por su porte parecía ser alguna figura de autoridad en la localidad, sin embargo había cinco palabras que en su discurso me llamaron más la atención por sobre todas las otras estas eran "esperando", “mujer”, , “preguntas”, “tráigala” y “paga”.

El ambiente tenso que había en el pueblo era algo que no había examinado en detenimiento hasta ese segundo, y en el mismo segundo en el que pensé que no había pensado, pensé sobre el asunto, llegando a una rápida conclusión: Ese pueblo tenía un problema, donde hay problemas, hay soluciones, y mi negocio es vender soluciones.

Sin embargo, y mas allá de los pensamientos monetarios que me llenaron por unas milésimas de segundo , el caso se presentaba mas misteriosamente de lo que sería conveniente, y las preguntas que tenía en un principio solo se dividían en muchas otras: ¿Quién era esa mujer? ¿Qué pasaba ene l pueblo? ¿Por qué la querían? ¿Qué parte en todo el asunto mantenían los zorros? ¿Qué ganaba de responder a todas estas preguntas? y ¿y cuanta era la paga por resolver los asuntos pendientes que tenían los pueblerinos?.... Muy poco tiempo, demasiadas preguntas.

En tal caso, no había tiempo que perder, primero lo primero, obedecer las ordenes que me dieron –Golgain, Hekatrok, ya escucharon al hombre, sigan a esa mujer, y nadie de violencia innecesaria Golgain- dije, remarcando la última frase con la voz y una mirada capaz de dejar en vergüenza el impacto de un cañón, ambos enanos asintieron y se alejaron al unisonó, armas en mano y mala disposición, un segundo antes de dirigirme a la mujer que me observaba a la distancia, golpee la puerta del carromato lo más fuerte que mis nudillos pudieron aguantar bajo la protección de los guantes diciendo –Corki, ya llegamos, ¡mueve el culo!-.

Mientras el enano empezaba a despertar, decidí dejar de perder el tiempo con una espera que se alargo por escasos treinta segundos, y antes de que la mujer se retirase a sus labores, me acerque apresuradamente a ella, serenando un poco mi voz con tal de pasar de una voz de mando a una voz de conversación, -Saludos mi lady- dije, tomando su mano y besando sus nudillos, tal y como mi educación me dictaba debía de hacer –creo que de forma más abrupta de la que acostumbro… he terminado metido en un trabajo…- dije, refiriéndome a la intempestiva manera de darme trabajos del tabernero local, para proseguir diciendo –Pese a que se me pidió no hacer preguntas, espero pueda darme algunas pistas sobre lo que está ocurriendo en este pueblo-.

De forma inconsciente, o quizás mas consciente de lo que me gustaría admitir, al ajustar mi postura pase mi mano por sobre una bolsa de dinero que colgaba pesadamente en mi cinto, mas de una vez había tenido la mala sorpresa de descubrir que mis interlocutores comprendía que la información era una comodidad…. Y que pro las comodidades se ha de pagar, así que preferí asegurarme que la mujer que me escuchaba estuviese pendiente de que ayudarme tendría su recompensa, tras esto, empecé a señalar educadamente algunas de mis inquietudes, esperando a que se respondiera la primera para responder sobre la segunda.
¿Quién era el hombre que me hablo primero?
¿Quién era ella? –refiriéndome a mi interlocutora
¿Quién era la mujer que paso corriendo, y por que la quieren?
¿Qué pintan los zorros en todo este asunto?
¿Qué ocurre en el pueblo?
Y por último, la más importante de todas las preguntas: ¿Cómo puedo ayudarlos?
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Re: Los sueños de Parvati

Mensaje por Akasha Shaanti el Jue Abr 25, 2013 9:07 pm

Y de sus palabras nació un sentimiento… Y la narración comenzó a presentarse en una especie de pasado incompleto…, las lágrimas derramadas por las madres desesperadas se unían en una especie de canto melancólico no religioso, los paradigmas se concentraban en los susurros adyacentes de cada persona en aquel lugar…


Eindel seguramente se encontraba curioseando entre las casas, y como toda buena comerciante había decidido colocar ya su puesto, mientras lo hacía, Ruber el joven ayudante del tabernero se le acercó observándola de pies a cabeza.

-¿Tú eres la enana que le dio las monedas a mi prima verdad? La hija del tabernero, toma, éstas son las llaves de la habitación en la que puedes quedarte, es la número seis o siete… no lo recuerdo muy bien, de todos modos todas están desocupadas y tienen la vista que pediste, están justo ahí arriba, son las que se ven.-

Ruber señaló hacía el segundo piso de la taberna, había ventanas cuyos contornos estaban cubiertos por pedacitos de nieve congelada. Mientras Ruber hablaba y explicaba probablemente las reglas de la taberna y las habitaciones, a través del vidrio Eindel pudo ver claramente la silueta de una pequeña tal vez de unos cinco o seis años de edad, vestía un camisón de color rosa y miraba a través de la ventana con súbita tristeza, aquella infantil mirada se cruzó con la curiosidad de Eindel y un ligero “Ayudame…” llegó a los oídos de la rubia enana, parecían haber sido milésimas de segundos y para cuando Eindel “escuchó” finalmente a Ruber, el chico terminó con una frase.

-… Después de todo ello, puedes hacer lo que se te plazca aquí, menos salir muy tarde y mucho menos al bosque, a las siete de la tarde ya no debe haber nadie en las calles, hay un toque de queda y éste se respeta seas quien seas y de donde vengas, no hagas ruido ni si quiera durante el día, hay personas que duermen en la posada hospitalaria… ¿Me escuchaste?- Ruber chasqueó la lengua y volteó los ojos fastidiado.- Ah, como sea… una última cosa, a los zorros no se les toca a menos que sea para matarlos, hay muchos por aquí y que no se te ocurra traer uno vivo al pueblo.-

Para cuando Ruber se giró las ventanas de la taberna se encontraban vacías, pero Eindel podía ver con claridad las pequeñas manos enmarcadas en la frialdad del cristal. Una mujer se le había acercado pesadamente, preguntaba algo para no dormir, Eindel no supo que responder y la mujer en una especie de desesperación tomó a la enana por los hombros mientras la sacudía.

-Algo… ¡Algo para no dormir! ¡Dime cómo hago para no dormir! Despiertala… ¡Despiértala! Sino ¿Qué haces aquí?.-

Finalmente Dinorah había llegado para explicarle, como minutos atrás ella se presentaba con una sonrisa un tanto confidente. Tomo a la mujer por los hombros tratando de tranquilizarla mientras ésta rompía en llanto, Dinorah observó a Eindel y negó con la cabeza.

-Haz de estar acostumbrada a cosas grandes, quizás la palabra “festival” fue mucho… ¿Sabes? Aquí hay personas que duermen y no despiertan, las personas tienen miedo de dormir, no es para todos, no sé porque. –La chica bajó la mirada.- Hoy es día del zorro, aquí recibe el nombre de Huli Jing ¿Lo conoces? Es un espíritu femenino que habita en los bosques, sulfura un aura de magia muy, muy grande y las personas que lo han visto dicen que no encuentran palabras para describir lo que sienten, no te sientas mal si alguien te ofende y te dice que si no tienes nada que sirva, nada funciona aun que intentes no dormir, aun que no tengas sueño terminas dormido como todos los demás… Sólo sabemos que sueñan y sea lo que sea que sueñen eso los mata…-

La tarde había sido corta, y las personas finalmente salían de sus casas, hasta ese momento tanto Eindel, Bastian y Farimir habrían de ver lo que no habían visto al llegar. Las madres cargaban en sus brazos a pequeños indefensos dormidos, parecían pálidos angelitos, algunos regordetes, otros tantos desnutridos, uno que otro dejaba notar la protuberancia de los huesos en las manos y en los pómulos. Pero todos esos niños habían sido bañados, aseados y vestidos con sus mejores ropas, las madres trataban de ocultar el dolor de su corazón en un semblante áspero, casi cadavérico.

Todas las personas se dirigían a un pequeño templo situado aún más allá del centro, caminaban enfilados entre los angostos pasillos de Prathos mientras entonaban todas las féminas un agradable canto como una canción de cuna. Dinorah respingó, ella también vestía igual que las otras mujeres, extendió unas telas a Eindel.

-Serán capaces de lincharte si te presentan así, este era de mi hermana, tal vez te quede, vamos a que te cambies y cierra bien tu carromato, puedes dejarlo en el establo o en el pasillo trasero de la taberna, creo que si cabe…-

Farimir por su parte había recogido el collar que Akasha había dejado tirado, claro, el humano no se había percatado si esa joya era o no de ella, casi despreocupado y un tanto desconcertado respondió a las preguntas de Dinorah quien al observar el collar extendió la mano con un tanto de miedo como si quisiera tocar el collar, finalmente sacudió la cabeza alejando de inmediato el brazo y dio la bienvenida al recién llegado.

-Mucho gusto señor…. Mi nombre es Dinorah ¿Es usted nuevo aquí verdad? De aquel lado se encuentra una taberna muy bonita con habitaciones disponibles, no haga caso a la resongonería de las personas, a veces refunfuñan mucho pero no es nada, me gustaría acompañarlo, pero tengo cosas que hacer, mi padre es el tabernero, seguro que lo atenderá muy bien, muchas gracias por decirme.-

Dinorah parecía ser la única persona amable que quedaba en ese pueblito y antes incluso de que Farimir fuese a recibir la bienvenida ya había pasado por su mente el acercarse a aquella taberna, llevaba dudas en la cabeza, tal vez esas dudas le habían hecho llegar ahí, o quizás sólo había sido mera coincidencia. Farimir había hecho una pregunta que probablemente lo habría vuelto enemigo al instante, pero para su fortuna sólo un viejo abuelo lo había escuchado pues Casio a pesar de estar cerca de él parecía haberlo ignorado, a propósito hecho a reir a carcajada abierta fingiendo demencia y ebriedad, se giró del asiento a donde el humano y chocando con él lo atrajo poniéndole una mano en el hombro, poco antes de que Farimir pudiese soltarse el anciano le escudriñó el estómago mientras decía.

-Si quieres salir vivo de aquí sígueme la corriente… -Continuó riéndose hasta que lo llevó a la mesa. –De inmediato se nota que no eres de por aquí ¿Eh? Que no se te ocurra preguntar algo como eso de nuevo con tanto público… ¿Cuál es tu nombre hombre? No soy más que un viejo borracho pero tengo aún mis palabras, llámame como quieras, para serte sincero no me acuerdo ni de mi nombre. –Volvió a soltar otra carcajada, el hombre desbordaba el olor del licor, del ron y de todo aquel alcohol habido y por haber. Levantó el dedo índice tambaleante y comenzó a hablar. – Parvati… ¿Lo conoces? Es una leyenda de lugares desconocidos, se dice que es un hombre que duerme y que sueña y que nosotros somos productos de sus sueños y que si Parvati despierta… bueno patrañas, como sea… y si, si, claro que la hay, aquí los niños duermen y pueden pasar meses dormidos sin despertar, ha habido muchos niños que mueren finalmente de inanición aún estando dormidos. Pero ¿Sabes una cosa? La culpa la tienen esos malditos zorros, son espíritus del bosque que sacan a jugar a los niños, son celosos y quieren seguir jugando y si no les haces caso… ¡Zas! Te llevan a su mundo para que juegues por siempre con ellos… ¿Tú qué opinas eh?-

Tras decir eso el hombre comenzó a reír y a reír como si no sólo hubiese bebido, no, el olor de la marihuana era irreconocible
Mientras los Prathorianos culminaban sus últimas preparaciones la taberna de Casio aún tenía una que otra clientela, la potente vos de Casio había calmado el tumulto que hacía breves momentos se había iniciado, entró a la taberna como si nada mirando de soslayo a cada uno de los presentes quienes de inmediato desviaron los ojos haciendo como si no hubiesen visto nada. Al encontrarse con la escena del anciano carcajeándose, Casio tuvo la necesidad de dirigirse hacia él, miró severo a Farimir y lo “olfateo” alejadamente.

-¿Qué te ha dicho este borracho?. –Ante su pregunta el abuelo respondió “Parvati”.- Sin pensarlo dos veces Casio vociferó ardiendo en cólera. -¡Salgan todos de aquí, ya fue suficiente, ya me cansé de vuestro escándalo sin sentido, todos a sus casas rápido a cambiarse y que no haya retrasos…! ¡RAPIDO!.-

Casio parecía tener mucha autoridad en Prathos, y de inmediato las personas lo obedecieron, tras ello severo se acercó a donde Farimir y se sentó a un lado de él.

-Escucha forsastero… si eres de esas personas que sólo buscan burlarse de la “flojera” del pueblo más vale que te vayas largando de aquí.- Casio lo miró de pies a cabeza. –Supongo que no. –Suspiró profundo y con una mirada algo melancólica comenzó a hablar. –Si, aquí las personas duermen sin despertar, es simplemente como si les arrebataran el alma, hemos buscado por todas partes una cura, hemos pasado noches enteras sin dormir, pero nada funciona y quienes màs sufren son nuestros niños…-

No tuvo la necesidad de decir una sola palabra más, Casio caminó rumbo a la barra y aún de espaldas al hombre le preguntó.-¿Piensas quedarte o ya partirás? Si et quedas aquí que este día las personas no te vean con ese atuendo, o si prefieres puedes quedarte aquí adentro.-

Después de limpiar la barra se dirigió a la puerta colocando un letrero de cerrado.

Bastian estaba inundado de preguntas, todo había sido tan repentino para él y no tenía ni la más mínima idea de lo que estaba ocurriendo, él tan sólo había llegado a ese lugar con la mesura de investigar muy, muy a su tiempo, él iba a ser su propio jefe, él sólo había llegado con la idea de “trabajar” por gusto y no por que se lo pidieran… si, había reaccionado como cualquier ser humano ante una propuesta de trabajo donde ni si quiera nos han dicho las clausuras… pero claro, ya todo estaba “firmado”.

Doleida se quedó ahí, firme de pie con una vaga sonrisa solidaria, en cuanto vio el gesto de Bastian su sonrisa se atenuó más haciendo ver las vagas arrugas que yq pintaban alrededor de sus ojos y labios, negó con la cabeza y le sostuvo las manos.

-Yo no pido ni dinero ni servicios hombre…, es usted muy precavido. –Doleida le observó las manos.- Veo que tiene un gran futuro por delante, mucha fijación… mucha paciencia, eso es bueno, es usted lo que este pueblo necesita, acompáñeme por favor…-

Dicho eso y casi por naturalidad Doleida se tomó del brazo de Bastian como la abuela que se sujeta a su nieto, si, esa mujer era muy maternal, y en su sonrisa se podía ver el amor de madre que quizás alguna vez había regalado.

-Puede usted dejar esto aquí, no habrá ningún problema, o si gusta puede pedir que lo dejen en el establo… Verá, perdón, antes que nada mi nombre es Doleida, soy la madrona de este pueblo como sabrá, ahora como se ha dado cuenta éste lugar está lleno de misterios, las personas la llaman “Enfermedad del sueño” otros le dicen los sueños de Parvati y otros tantos dicen que es un juego de niños, sea lo que sea al principio sólo atacaba a nuestros niños, dejando que se fueran a jugar sólos, regresaban con fiebre y con mucho cansancio, y cuando dormían simplemente no despertaban, muchos de nuestros niños han muerto… Entonces comenzamos a prohibirles las salidas y poco después fueron los adultos quienes empezaron a dormir y a no despertar…-

Durante esa caminata Bastian podía ver cada una de las cosas que hacían las personas y mientras Doleida se centraba más en su relato las familias salían de los hogares con los niños cargados en brazos, otros tantos llevaban a personas adultas en camillas, todos ellos vestidos con sus mejores ropas. Los colores blancos y rojos sobresalían ese día en el poblado de Pathos, las personas extendían hilos de color rojo carmesí en las puertas y ventanas de sus casas, y de ellos colgaban algo muy curioso, colas de zorros, debajo de las colas colocaban una manzana roja situada sobre un manto blanco adornado con inciensos de patchuli, el aroma del sándalo se combinaba con éste y generaba un ligero humo aromatizado y tranquilizante, de hecho provocaba sueño, peor un sueño taciturno, de ese sueño que sólo nos hace bostezar y recostarnos mientras cerramos los ojos sin el más mínimo interés de dormir, tan sólo de descansar. Estaba nublado y la neblina descendía poco a poco, no nublaba la vista pero a unos cincuenta metros ya era difícil distinguir las cosas, la temperatura comenzaba a bajar y de las bocas de las personas podía verse claramente un cálido aliento que se congelaba como el humo de una pipa al salir por la nariz y garganta.

El semblante de las personas era un tanto melancólico, todas las mujeres vestían de blanco, llevaban una especie de túnica con cintillos rojos alrededor de la cadera, muñecas, cintura y cuellos, los hombres vestían una especie de traje negro, nadie había salido de su casa, pero podía verse un poco a través de las ventanas.
-¿Ve las colas de los zorros? Es algo curioso, al principio eran animales que nos daban protección a alimañas y otras cosas, pero después de que sólo una persona logró despertar comenzamos a tenerles miedo… los zorros son el principio del sueño y tenemos por ley matarlos cada vez que nos encontramos con uno, no podemos dejar que entren al pueblo, pero debe usted saber que no son los zorros… sino “un” zorro. Para que usted pueda ayudarnos tiene que conocer a Azeroth, usted decide si quedarse aquí a ver las oraciones o ir directamente al hospital.-

Dicho eso Doleida se soltó de los brazos de Bastian y comenzó a caminar por las angostas calles de Prathos…

Akasha sin embargo corría y corrí y continuaba corriendo y sin darse cuenta sólo había estado corriendo en círculos, Xu estaba completamente asustado, agitado, en ningún sólo momento se había dejado ver y ahora se abrazaba casi llorando al cuello de Akasha.

-Xu… mhegdo…- Musitó el bicho intentando generar palabras.

Akasha estaba cansada, más que por haber corrido había sido el tacto de la mujer lo que le provocó el escalofrío, sus azulados ojos estaban llenos de rojizas lágrimas saladas, si… así era el llanto de Akasha, rojizo, casi purpureo, no podía creerse ella misma lo que había sucedido en ese momento, montones de recuerdos tintineaban en su cabeza como queriéndola acribillar. Ensimismada en la locura se tomó a sí misma de los cuernos y después de ello comenzó a golpear un árbol con la cornamente llena de rabia, de miedo, de pánico mientras gritaba…-
-¿Por qué? ¡¿Por qué a mi?!... ¡¿Por qué?!... ¿Qué pasa? ¿Qué me está pasando? ¿Qué es este lugar? ¿a Dónde he llegado Xu?... A donde ha llegado Akasha…-
Una voz comenzó a resonar en su cabeza inundándole aún de más preguntas.- ¿De dónde eres? ¿De dónde vienes? ¿Quién es Akasha?... ¿Evora?... –

-¡Ya cállate! ¡CALLATE… CALLATE, CALLATE!-

Y entonces un silencio lúgubre se extendió por el lugar y cuando Akasha volteó pudo verlos el mismo zorro que le había dado la bienvenida al principio, el zorro la miró con aquellos enormes ojos y un murmullo se hizo presente “Bienvenida… bienvenida mamá”. Para cuando Akasha había reaccionado un parpadeo hizo desaparecer al zorro y para cuando finalmente había regresado a la realidad de Thezeeroth los enanos que acompañaban a Bastian ya se encontraban a un lado de ella, la miraban con cierta cautela, pues habían visto como la mujer se golpeaba los cuernos contra un árbol. Akasha sin pensarlo dos veces les cerró el paso colocándose frente a ambos enanos, casi taciturna, pesada y un tanto altanera, chasqueó los dientes y lanzó un rugido. Uno de los enanos caminó detrás de ella intentando cerrarle el paso, Akasha estaba fastidiada, pero confusa, sentía que no podía moverse del todo y sacudió la cabeza, se dió cuenta de que estaba mareada y entre aquel somnífero placer ella lo volvió a mirar, al zorro, el mismo zorro en distintas partes le hablaba, la llamaba, pero ella no se dormía, sólo quedaba perdida, varada en la frialdad del bosque.

La engendra se quedó quieta y los enanos aprovecharon el momento, la ataron de manos, la ataron de pies, uno de ellos le dijo al otro.

-¿No es mucho? Ni si quiera se está moviendo… ¿La cargas tú o la cargo yo?-

-No tengo la más mínima idea de cuanto pese… pero esos cuernos de seguro se han de llevar el trofeo, échamela al hombro parece que se está durmiendo.-

-Pero si no está dormida, sólo está un poco… ¿Oye que es eso?-

Golgain se había percatado de un curioso fuego que descendía y bajaba como si de un alma se tratase, Hekatrok miró con atención y un súbito pánico le inundó el pecho a ambos.

-Date prisa, rápido, rápido no sé que sean y no quiero saberlo, ya mucho es suficiente con venir tras ésta cosa… ¡Pesa como no tienes idea!-

Ambos enanos se dieron a la fuga, Golgain pudo ver como detrás de ellos las curiosas orejas de zorros y lobos en el bosque se percataban, los lobos se escondían, los zorros se asomaban.

-¿Recuerdas qué dijeron sobre los zorros?-

-Que viéramos si había, yo no he visto ninguno, sigue caminando…-

Golgain calló y no quiso decir nada más por el momento, al llegar al carromato ya Doleida los estaba esperando, Bastian seguramente no se había percatado de habían dado casi una vuelta completa a Prathos. Con lágrimas en los ojos Doleida corrió para abrazar a Akasha entre sus manos, la miró, la observó y le sonrió, Akasha aún permanecía perdida… y como la madre que protege a sus hijos Doleida le desató furiosa los pies y las piernas a la engendra echándoles una fugaz mirada a ambos enanos.

-Por favor… ayudadme a llevarla al hospital…-



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Re: Los sueños de Parvati

Mensaje por Farimir el Jue Mayo 02, 2013 1:09 am

“Al parecer la taberna tiene algo de bonita, como me dijo la mujer, sin embargo la gente puede no ser tan amistosa por estos lares” Pensaba mientras esperaba a que mi pregunta fuera respondida. Al parecer el hombre a quien le pregunte me había ignorado, o no había querido responderme mi pregunta. Estaba a punto de preguntarle de nuevo, cunado un viejo me llamo la atención poniéndome la mano en el hombro y tirándome a su lado antes de que pudiera si quiera reaccionar para impedirlo. Estaba a punto de retirarme hasta que el hombre me dijo que si quería salir vivo de ese lugar debía seguirle la corriente. Eso me llamo un poco la atención. Rezaba por que no fueran simples palabreríos de un lunático y borracho.

Antes de darme cuenta el hombre comenzó a contarme la leyenda de su pueblo. Un hombre, llamado Parvati, y de como nosotros éramos producto de sus sueños, y de que si el despertaba, aparentemente nosotros dormíamos; o eso deduje a juzgar por el rumbo que estaba tomando la historia, pues el viejo no acabo de contarla. Al parecer ese era el mal que rodeaba al pueblo. Los niños dormían, dormían y jamás despertaban, solo dormían y morían de inanición luego de unos meses. Después de escuchar esa leyenda, el hombre comenzó a decir como la culpa de todo era de los zorros, espíritus del bosque, muy celosos, que se llevaban a los niños a jugar y no los traían de vuelta. Aunque sonara sencillamente lunático, y aquel hombre apestara a licorería, tenía algo de ligero sentido, a pesar de que las carcajadas lunáticas tampoco contribuían mucho a su causa.

Antes de que me diera cuenta, un hombre, bastante robusto y de voz potente, llego a donde estábamos. Me miro con severidad, a lo cual respondí dándole un gesto de indiferencia, y luego olfateo en el aire. Pregunto qué me había dicho el borracho, y antes de que pudiera responder el viejo dijo Parvati. Pareció como si hubiera sido la mecha que encendió un barril de pólvora, puesto que el hombre comenzó a vociferar iracundamente. Hecho a gritos a toda su clientela y luego volvió a dirigirse hacia mí. Puse la mano en el mango de mi espada, pues me esperaba lo peor. Sin embargo aparte rápidamente la mano de ahí cuando el hombre comenzó a hablarme.

Para empezar me advirtió, aunque yo lo tome como amenaza, que si era un forastero que venía a burlarse de la flojera del pueblo, me fuera yendo, aunque luego supuso que no. Antes de que comenzara hablar le dije- Yo no me burlo de nadie, y tampoco de la flojera, solo la compadezco. Y déjame advertirte a ti que no me gusta que los desconocidos me amenacen. El hombre pareció no prestarme mucha atención, solo suspiro profundo y comenzó a hablar, esta vez con una distinta tonalidad de voz. Ahora sí que me quedaba claro el problema de este pueblo. Los niños dormían y no despertaban, tal y como el borracho dijo. Los pobres intentaron de todo para solucionarlo, pero sin ningún tipo de mejoría. Ahora comprendía cosas como por que ese hombre parecía estar tan furaco, posiblemente no le gustara ni siquiera pensar en lo que pasaba. Debía sentir una gran impotencia, intentado todo para solucionar un grave problema, y la desesperación de saber que después de dar hasta el último de sus esfuerzos no logro nada. De seguro tampoco ayudo el escuchar a un borracho hablando lo más campante del problema a un forastero cualquiera, como un constanet recuerdo de que no podia hacer nada.

Antes de continuar hablando, el hombre se fue de nuevo hacia la barra y luego de un pequeño silencio me pregunto si deseaba quedarme aquí o partir. En caso de que me quedara aquí, debería conseguir un traje o quedarme en la taberna hasta que acabara ese aparente festejo. La verdad no me apetecía quedarme encerrado ahí, pero tampoco me apetecía mucho la idea de quitarme mi armadura, pues no tendría donde ponerla. Me acerque al hombre y le dije- Te daré 25 kulls de oro si me consigues uno de esos trajes y otros 25 si me cuguardas en un lugar seguro la armadura y todas las cosas que tengo ahí y de paso me sirves una cerveza. Luego de hablar saque una bolsita llena de monedas de oro y la coloque sobre la barra, para demostrar que no era un pobre hablador. Siempre tuve la costumbre de dar demasiado dinero por simples servicios, pero que puedo decir, siempre fui de alma generosa cuando se trata de dar dinero.
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Re: Los sueños de Parvati

Mensaje por Eindel Dundûl el Jue Mayo 02, 2013 7:47 pm

Recién comenzaba a volver hacia la taberna cuando el mozo de la taberna había interceptado el paso de Eindel y su tosca mula. Parecía que las noticias volaban en boca de todos los lugareños por más insignificantes o secretas que fuesen, pues sabía bien del dinero que le habían ofrecido a Dinorah y conocía quien había sido su mecenas. En todo caso no hay más enanas rubias por aquí, pensaba Eindel quitándole importancia al asunto.

El joven le hablaba sobre las reglas del local y le había entregado las llaves de sus habitaciones ¡Por los dioses de la forja! Exclamaba su mente cuando la mera idea pasó por su cabeza. Aquella posada, perdida en el medio de la nada del bosque encantado, contaba con habitaciones con cerrojos individuales o algún candado con cadena, daba igual, pues ni las posadas de las ciudades más grandes cuentan con tales comodidades, al menos no las de medio y bajo perfil. Esto hablaba por si solo sobre lo mucho que estas personas apreciaban la privacidad.

La mirada de Eindel viajó hasta la ventana de sus habitaciones cuando la visión de una niña, no mayor de ocho años a los ojos de Eindel, apareció de pie al interior de la misma. Los ojos de ambas se cruzaron brevemente y la enana sintió una terrible pena en sus ojos. La niña exclamaba con gritos mudos por su ayuda. Pocas cosas dejaban sin habla a la mujer de las colitas de caballo. Estuvo a punto de salir corriendo a su encuentro cuando el joven mozo de la taberna la sacó de su letargo. Al parecer no había dejado de hablar desde hacía unos instantes, pero Eindel no había escuchado una sola palabra, razón por la cual el joven se giró en torno a si mismo y se retiró fastidiado. Eindel buscó nuevamente a la niña en su habitación, pero ya no había nadie ahí. Solo la silueta cálida de una mano apoyada sobre la fría ventana había quedado claramente impresa en la superficie.

Una anciana, o quizá una mujer joven muy demacrada, le había exigido medicinas para no dormir. Una petición extraña, pensó ella, pues por lo general lo que la gente quiere es somníferos para preparar venenos de caza o para conciliar el sueño en lugares demasiado ruidosos o problemáticos pero nunca nada para no dormir a menos que fueses un miembro de la guardia de alguna ciudad amurallada, donde dormir durante tu labor significaba traición. Por suerte Dinorah viajaba cerca y logró controlar la situación y contestar algunas de las preguntas que ya se habían formulado en la mente de la enana.

He escuchado sobre eso aunque jamás la he presenciado – Contestó a Dinorah cuando mencionó el Huli Jing – Mas hacia el sur las personas de los Pueblos Escasos veneran a los zorros como deidades. El día de celebración lo llaman El Día Bermellón, pero me parece que no tienen nada que ver una festividad con la otra.

Eindel continuó escuchando sobre los espíritus del bosque y los zorros. Se le escuchaba indignada y preocupada con respecto al asunto de Los soñadores, como la enana ya les comenzaba a decir. Sin duda aquello era un problema grave. Dormir por lo general no representa un peligro, pero si esto te lleva a la muerte entonces merece solución inmediata. Las personas comenzaban a abandonar sus hogares vestidas de forma cultista, a los ojos de la forastera. Los hombres vestían de negro mate y las mujeres vestían largos vestidos blancos con algunos adornos rojizos mientras sostenían en brazos a sus infantes y familiares fulminados con el sueño. Amablemente, la joven Dinorah ofreció un atuendo similar al de las mujeres del lugar, aunque claramente tenía que ser de una niña. La advertencia de la humana fue percibida por Eindel, quien no dudó en tomar el vestido y avanzar junto a la hija del tabernero hasta sus habitaciones para cambiar de mudas.

¿Puedes cuidar a Doh? – Le preguntó al hijo del mozo mientras le pasaba las riendas de su mula – Ya he pagado por el servicio de establos. Te agradecería le dieras algo de comer pues no ha comido desde esta tarde y se pondrá remilgosa si no cena – Eindel confió en el mozo y continuó el camino por donde Dinorah la estaba guiando. La hija del tabernero sugirió colocar su carromato en el callejón, a un lado de la posada, pero Eindel prefirió dejarlo en la plaza donde lo había dejado varios minutos atrás principalmente porque no se atrevería a entrometerse entre la multitud durante una fecha tan crucial para ellos.

La gente de la taberna había salido a regañadientes mientras ambas mujeres entraban en el lugar. Pareciera que el señor Casio había tenido algún disgusto, lo pudieron notar claramente en el ceño fruncido del propietario mientras colocaba un letrero de “cerrado” en la puerta. Sin cruzar palabras con él, Eindel y Dinorah subieron por las escaleras hasta llegar a la habitación de la enana. Tal como esperaba, la puerta tenía cerrojo. Aunque le pareció extraño encontrar la puerta cerrada bajo llave. Pensativa, se apresuró a abrir la puerta de madera y miro en todas las direcciones como si buscara algo.

Es mucho más amplia de lo que pensaba – Dijo mientras inspeccionaba su dormitorio. Era amplio y con un piso bastante resistente. De robles, sin duda. La cama era casi un tocón de algún árbol viejo. Era redonda e imperfecta, pero con un hermoso acabado para ser tan ordinaria lo cual hablaba bien del carpintero. La mesita de madera era maciza y había dos sillas y un escritorio cerca de la ventana que daba al exterior. Aparte encontró un par de sandalias de cuero, una bata de lino, algo de agua dulce en una cubeta de madera y una cesta de frutas frescas. Incluso había ahí un cuenco de metal con una tapa gruesa de madera, sin duda para sus necesidades básicas, pero no veía presencia alguna de nadie más.

Gracias Dinorah, haz sido de mucha ayuda y mucho más servicial de lo que podría esperar – Dijo la enana de manera muy formal mientras se adentraba en su habitación – Dale las gracias a tu hermana por el atuendo, y por arreglar mi habitación. Le daré un obsequio en cuanto la vea – Eindel hablaba sobre la niña que había visto al interior de su habitación, cuando hablaba con el mozo. Dinorah había dicho que el atuendo era de su hermana y, siendo que sería improbable que nadie más, aparte de la familia, atendiera las habitaciones de los clientes supuso que aquella niña melancólica habría de ser la hermana menor de la joven.


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Re: Los sueños de Parvati

Mensaje por Bastian el Sáb Mayo 11, 2013 9:34 am

La recipiente de mis preguntas no tuvo la reacción que yo esperaba al mostrar los recursos de que disponía, su expresión mostraba que no le interesaba el dinero ni los bienes materiales, sino, los resultados respecto a la solución que pretendía venderle, no resultaba algo malo, pero ciertamente la convertía en una cliente mucho más dura de complacer al largo plazo. Ella tomo mi brazo y empezó a caminar conmigo, en cuanto a la carroza, la deje en la calle bajo el cuidado de Corki –Corki, cuida el sitio, los otros volverán eventualmente- le dije mientras, la señora me guiaba lentamente.

La mujer conto sobre la enfermedad, maldición o como se llame que afectaba al pueblo, al parecer, esto era un problema que había existido desde siempre, ya que había marcado vívidamente la vida de la mujer que estaba a mi lado, durante la caminata observe fijamente mis alrededores, al parecer la noche empezaba a caer, y junto con ella, la temperatura, con lo que ya era posible ver el aliento de uno y de otros en cada exhalación, notoriamente, el pueblo se hallaba preparando los preparativos para celebrar algún festival religioso.

A medida que las explicaciones de la señora me llegaban, me dedique a atar los cabos que tenia, pero algo me decía que solamente estaba viendo los síntomas de una enfermedad, pero de conocer sus causas estaba muy lejos, y aun mas lejos de conocer una cura.

De momento la información que poseía era poca, pero podía resumirse en lo siguiente: El pueblo de Prathos era afectado desde hace muchos años por un trastorno del sueño, específicamente atacaba a los niños, los cuales jamás despertaban cuando se iban a dormir, eventualmente morían de inanición, sin embargo hace poco, la enfermedad empezó a afectar a adultos también. Según leyendas locales, uno de los niños se curó espontáneamente de su enfermedad, con lo que los espiritus que antaño protegían al pueblo ahora lo atacaban, estos espiritus eran los zorros, o “un” zorro. Simplemente queriendo adivinar, puede que la mujer que habia huido hace un rato haya sido “la que desperto” pero necesitaba mas información para seguir avanzando en una ruta concreta, esperaba que los enanos bajo mi mando se convirtieran en portadores de buenas noticias.
Sin embargo, ahora tenia aun mas preguntas, necesitaba más información: ¿quien era parvati? ¿Qué relación tenia la mujer de hace poco con esto, si es que la tenia? ¿Qué causaba la caída al sueño de los enfermo? Y más importante aun… como los curo.

Lo mas lógico era dirigirme en dirección de las pistas que la señora me habia dado, por desgracia, no pregunte el nombre de la mujer que me tendio la mano, pero supongo que el nombre de “Azeroth” seria suficiente para proporcionarme algunas pocas piezas para seguir armando el puzle que se mostraba frente a mi.

Cuando la señora dejo mis brazos, habiendo acabado el recorrido que pareció dar una vuelta entera al pueblo, quede en mitad de la calle, a unas pocas manzanas de donde debería estar mi carromato, y rodeado de pueblerinos que de seguro estaban más dispuestos a proseguir con los rituales de su religión que a colaborar conmigo, pero bueno, no se podía culpar a simples pueblerinos por creer en lo que creían. Me detuve a observar más detenidamente lo que había a mi alrededor, los hombres vestían de negro, a la par, las mujeres combinaban armoniosamente el rojo y el blanco en sus ropajes, muchas de ellas llevaban mascaras de zorros en sus rostros, notoriamente, el zorro era algo sagrado y temido en sus creencias, quizás debía seguir mi investigación en el bosque, cazando zorros una vez que tuviese una situación más estable en el pueblo.

Al voltear mi cabeza para seguir observando, di un pestañeo que se alargo innecesariamente, y sentí el cuerpo cansado y pesado, eran los adornos que usaban en las ventanas de las casas, el incienso tenía un leve efecto adormecedor, debido a la mezcla de olores y la cantidad de humo que generaba el multitudinario uso del adorno de manzanas y colas de zorro, sacudí la cabeza y se me ocurrió una idea… me acerque a una de las ventanas y empecé a inspeccionar el adorno que había en ella, preste especial atención a la cola de zorro, quizás la excesiva fascinación por los animales ya tan mencionados era contagiosa, pero algo llamo mi atención con respecto a estas plantas que se colgaban sobre manzanas… quise tomar uno de esos adornos como muestra, pero, robar un objeto religioso en plena celebración, era como golpear a tu madre en su cumpleaños… y bajo la misma lógica, no esperaba que uno de los pueblerinos vendiera uno a un forastero. Tenía ganas de revisar la cola de zorro en busca de propiedades anómalas, pero de momento, no iba a poder.

Con el paso pesado, pero rápido, me dirigí nuevamente a mi carromato, esperando que los enanos hubiesen conseguido el objetivo que les propuse, sin embargo mucha fue mi sorpresa al notar que no solamente lo habían conseguido, sino que la señora que me había ayudado hace un rato estaba liberando a la mujer que estaba supuesto a capturar, apreté el paso, casi llegando a trotar – ¡Esperen!- dije ya habiéndome acercado lo suficiente a la escena.

-Señora… solo queremos ayudar-
le dije a la anciana, mirándole fijamente con una mezcla de compasión y de seriedad, esperando transmitir que iba a hacer todo en mi poder con tal de ayudar, pero que si ella protegía en demasía a esa mujer, solo estaba impidiendo el progreso de mis objetivos, y con ello, el de una posible cura al mal del sueño de parvati.

-Hekatrok, Golgain, ¿que ocurrió?- pregunte a ambos enanos, dejando resurgir mi voz de mando, mas fuerte, mas autoritaria que la que usaba para conversar, con lo que el enano respondió –pues… la encontramos dándose golpes contra un árbol usando sus cuernos, parecía medio dormida y confusa, no se opuso a que la atásemos para llévarla, tal vez tantos golpes en la cabeza le hicieron daño lord Bastian.

Golgain parecía perdido en su pensamiento, continuamente mirando hacia atrás, como si algo o alguien lo persiguiese, sin embargo, no le di mayor importancia, ya que probablemente era el ambiente y el encargo que le acababa de pedir lo que le habían causado algunos nervios al soldado recluta del ejercito enano de Drunk thrond.

Di una mirada a la señora y le di una sonrisa –En marcha al hospital, Señora, puede mantener a su… hija, tranquila, puede que necesite hablar con ella mas tarde-
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Re: Los sueños de Parvati

Mensaje por Sheoldred el Vie Oct 03, 2014 4:27 pm

Sheoldred respiro hondamente el aire fresco, era la segunda vez que pisaba los corruptos bosques de Theezeroth, había sido un largo viaje desde sus dominios en los pantanos de Swash así que lo primero que busco fue una cueva o algo que le diera resguardo, la aracne no sabía qué clase de criaturas habitaban aquí y menos si había humanos cerca por lo que su escondite era primordial recién había llegado. Camino por un par de horas evitando senderos y llanos abiertos, no era su intención dar a conocer que una tejemuertes había llegado a la región.

En un principio su paso fue lento, le costaba caminar entre los arboles pero conforme se iba internando más el espacio iba creciendo y el paso era más fácil. Era raro para la aracne respirar el ambiente mágico de los bosques de Theezeroth al hedor fétido y a mugre de los pantanos, incluso Sheoldred dudo en empezar su colonia de arañas en este lugar, pero sería empezar desde cero y no tenía tiempo para eso.

-Demonios de haber conocido bien este lugar hace años que habría venido- Dijo Sheoldred mientras se abría paso entre los árboles.

La aracne no ponía mucha atención a su alrededor, sus mente esteba en otro mundo, divagando entre sus fantasías de poder  y sus metas, le preocupaba la idea de ser vista, le llamaba la atención el lugar para un nido, soñaba con tener una ciudad como las humanas repleta de sus arañas, pero se conformaba con que fuera de cualquier engendro, y aun así entre tanta distracción mental era imposible no verlo, un pequeño zorro.

Aquél zorro detuvo su camino para ver de reojo a la tejemuertes, seguramente para aquel animal una tejemuertes era algo nuevo, Sheoldred sabía que a pesar de estar en la cuna de los antropomorfos era muy difícil encontrar a alguien como ella, tenía años de no ver a alguien de su gente, pero ese no era problema, las tejemuertes por lo regular trabajan solas,  Sheoldred regreso sus pensamientos al zorro y se limitó a hacer un ademan con la mano para correrlo del lugar pero el animal como era de esperarse no entendía tal seña, a la aracne no le importó que le hiciera o no caso siguió su camino en dirección al zorro pero el zorro no se movió, se quedó de pie en su lugar y obligo a Sheoldred a esquivarlo con sus patas.


-Zorro orgulloso, si tuvieras cerebro estarías muerto- mascullo la araña y siguió su camino, pero el zorro que se había quedado atrás se sentó y se dedicó a ver como se alejaba la tejemuertes.

-¿qué animal tan raro, será a causa del bosque?- se preguntó Sheoldred una vez que estuvo fuera de la vista del animal mientras seguía caminando.

Al cabo de unos minutos Sheoldred llego a lo que parecía las orillas de un pueblo, la aracne se detuvo, no estaba en sus planes ser vista por humanos, pero la curiosidad de espiar al poblado le ganaba, lo siguiente que hizo fue espiar al poblado toda la tarde.

No era muy entretenido espiar como Sheoldred pensó, la actividad humana era tediosa, odiosa y tonta, vio que desechaban cuerpos de niños muertos, a lo que la aracne puso mucha atención, pues eran un bocado que no se podía desperdiciar cada vez que había la oportunidad, trato de aprenderse el lugar donde habían dejado el cuerpo para regresar después, así que siguió su camino en busca de más actividad desde las orillas para ver si podía ver otras cosas.

Se quedó toda la tarde, pero nada pasaba, el pueblo parecía muerto, rara vez salía gente de su casa y a la distancia era imposible detectar sus palabras si es que pronunciaban algunas.

Pasaron los días y la gente seguía teniendo cadáveres de niños, esto hizo que Sheoldred se preguntara que era lo que los había matado, alguna clase de veneno pensó pues eso era lo que la detenía para robar aunque fuera un solo pedazo de un cuerpo. Sheoldred estuvo a punto de largarse de la zona, le empezaba a aburrir la monotonía de un pueblo humano, ver tonterías a diario y tener que soportar las ganas de comer un niño muerto por el peligro de ser vista, ya estaba en camino de salir pero algo le hizo recapacitar.

Rápidamente Sheoldred se internó en el bosque unos cientos de metros para no estar lejos del pueblo y para no estar muy cerca como para toparse con humanos por error, busco unos buenos árboles para empezar su telaraña, unos gruesos que resistieran su peso, cogió unas buenas ramas para dar forma y empezó a hacer una red complicada pero bien hecha, lanzando redes por aquí y otras por allá, a simple vista parecería que solo estaba haciendo un lio con su seda pero debajo de tal apariencia un método bien aprendido y eficiente se escondía, cuando termino una buena red se pudo apreciar, de forma cónica, de diámetro ancho al frente y angosta en la parte de atrás, alta como los árboles y resistente como el acero, no le serviría para cazar pero si algo salía mal seguro que le ayudaba a perder una turba furiosa por si algo salía mal.

La aracne paso el resto del día trabajando en más telarañas, débiles para no dejar ver todo el potencial de su seda y también para no tardarse mucho en hacerlas, cuando contemplo el fruto de su trabajo, una serie de redes bien entrelazadas entre varios árboles se percibía, a simple vista era casi imposible que una aracne del tamaño de Sheoldred la hubiera hecho pero el secreto estaba en hacerla de adentro para afuera, cuando la aracne estuvo lista partió en dirección al pueblo, le intrigaba saber que era lo que estaba matando tantos niños, como no conocía muy bien el terreno la aracne dejo varios trozos de telaraña regados para poder seguir el camino de regreso a su telaraña.







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Re: Los sueños de Parvati

Mensaje por Akasha Shaanti el Miér Oct 08, 2014 9:16 am

A veces el sueño es la única escapatoria de la cruda realidad...

En el pueblo todas las personas se acomodaban en el centro de la plazoleta principal, podía distinguirse muy bien los niños y adultos fallecidos y los que aún seguían con vida, los primeros se encontraban completamente cubiertos; mientras los segundos sonreían cual angelitos dormidos. Algunas personas llevaban máscaras de zorro hechas de madera, otras tantas sólo llevaban la vestimenta principal, y algunas llevaban ambas cosas, Prathos tenía simplemente un silencio sepulcral, un silencio que parecía ser a propósito.

Una vez acomodados al centro todos, hombres y mujeres comenzaron a entonar un canto al sonar de las cuerdas de un harpa, sin embargo conforme los segundos pasaban parecía resonar más el instrumento que las débiles voces de las mujeres, que poco a poco se iban apagando cegadas por los sollozos de las madres, de los padres… de todos los familiares, decían que cantando los niños seguirían dormidos, pero los escuchaban y al escucharlos podían encontrar el camino regreso a casa, era curioso, pero al escuchar la música algunos niños parecían sonreír haciendo que los padres esbozaran una sonrisa de felicidad pues sus hijos seguían vivos, los escuchaban, estaban aquí todavía, en éste mundo. Algunos niños incluso suspiraban y como atraídos por el sonido poco a poco todos los zorros del bosque iban haciendo acto de presencia, caminaban con sigilo y quedábanse algunos de pie, otros sentados observando el melancólico espectáculo, Eindel podía escucharlo todo con atención, curiosa se sentía somnolienta, pero tranquila, cerró los ojos por un momento mientras estaba en la habitación que le habían dado, cerró los ojos por un momento para adentrarse más al tranquilizante sonido y una diminuta voz lejana y suplicante cortó su inspiración “Ayúdame ¡Ayúdame por favor…!” Eindel giró de inmediato la cabeza, el sonido provenía de un espejo, al acercarse lo que veía del otro lado no era su reflejo, sino el de una niña de unos cinco años era la misma que había visto desde afuera, pero al parpadear la niña “desapareció”…

Doleida acompañada por Bastian y por sus enanos ayudantes habían entrado al centro médico más cercano, en realidad era una pequeña clínica lo suficientemente grande como para que cupieran el doctor, su ayudante y un espacio más donde revisar a lso enfermos, no más de cinco personas, como era de esperarse, no había nadie en aquel lugar, todo mundo se encontraba en el centro de la plazoleta. Bastian estaba tan intrigado por la antropomorfa que no pudo evitar preguntar a Doleida el porqué de esa aferración maternal hacía ella, un semblante de tristeza se le hizo presente, bajó el rostro y suspiró como si el aire le hubiera hecho falta por varios minutos,  y comenzó a relatar.

-Mi hermana se llamaba Themeza, era una mujer muy singular, siempre sonriente, talentosa, activa, era la mujer más hermosa por dentro y por fuera de Prathos, pero había un problema con ella, no podía engendrar hijos. Nuestra madre decía que de pequeña Themeza había tenido un accidente en el cual casi moría, su matriz quedó destrozada y sus sentimientos también, y a pesar de ello mi hermana era muy feliz. –Hizo una pausa para acariciar el rostro de Akasha, observó sus cuernos y los palpó con cariño y con tristeza hasta besarlos… -Pero cuando Themeza se enamoró su máxima preocupación era que su esposo la dejara al enterarse de que jamás podría darle una familia, nunca se lo dijo, mi cuñado se enteró por su cuenta, claro  que se puso triste, pero él la amaba, y comprendiéndola ambos decidieron que adoptarían un bebé. Sin embargo nunca llegó la oportunidad de adoptar uno, nunca salieron del pueblo para buscar en algún otro lugar, pues las mujeres se aquí sentían envidia por Themeza porque mi cuñado era un hombre apuesto, justo era un buen partido, muchas decían que cómo era posible que una discapacitada como mi hermana pudiera haber conocido a  un hombre así…-

Doleida parecía frustrada y mientras pedía que colocaran a Akasha en una camilla prosiguió.

–Ninguna de las mujeres quiso… bueno, ser una madre sustituta mientras el bebé nacía, eso puso muy triste a mi hermana y entro en una depresión de la que no podía salir, Lenard, mi cuñado se cansó de la situación y buscó ayuda por otra parte decidió salir de Prathos, pero como si los dioses lo hubieran escuchado en el camino se topó con una carreta de pasajeros que había sido atacada por bandidos, todos estaban muertos, menos uno, una niña, una pequeñita de no más de cinco años, estaba herida de gravedad, tenía una grave lesión en la cabeza y Lenard no dudó ni un segundo en traerla al pueblo, al verla Themeza salió de su depresión y entre ambos comenzaron a cuidarla, pero la niña no respondía a nada. Y Lenard hizo algo que quizás no debió haber hecho, pero era la única manera de salvar a la niña. Utilizó la alquimia y la magia negra, utilizó partes de animales para otorgar a la niña lo que había perdido y sobrevivió, pero no era una niña normal, era un engendro, un hermoso engendro con cara de ángel. Mi hermana y mi cuñado la amaban, yo también yo era su nana y su nombre era Evora.
Bastian comenzó a atar cabos y a darse cuenta de muchas cosas con respecto a esa antropomorfa y al pueblo, y casi, casi dedujo lo siguiente de la historia. No quiso interrumpir a la mujer, así que se limitó a observar sorprendido a Akasha y asintió con la cabeza.

-La gente del pueblo no la quería, la veía como un monstruo, pero ella tan sólo era una niña, no era ningún demonio, ningún monstruo sólo era una niña con ganas de jugar, de tener amigos como cualquier otro niño de su edad. Pronto la furia de la gente se hizo notar, mi hermana tenía que ocultar a la niña, pero era inevitable que se escapara en ocasiones, los otros niños no se quejaban de ella, jugaban por igual pero sus padres… Un día Evora cayó enferma, jamás supimos lo que sucedió, sin embargo ahora creo que fue envenenada por Azeroth, estoy segura, tan segura como que ella es Evora. Mi cuñado pensó que la niña moriría, peor no lo hizo, permanecía dormida la mayor parte del tiempo y conforme más dormía mejor parecía estar, pero cada vez que despertaba había algo diferente en ella día tras dpia su sonrisa dejó de ser tan amplia, sus ojos se tornaron vidriosos pero opacos, su semblante cambió y Themeza supo que algo le había pasado a su hija. Un día Evora salió de casa y entre Casio y Azeroth la capturaron, se la llevaron lejos y jamás regresaron con ella, mi hermana no lo soportó y cayó presa del suicidio, Lenard tampoco soportó la idea de perder a mi hermana… y días después se aventó por un barranco, supe por medio de chismes que la habían vendido a un circo, intenté buscarla y cuando encontré el circo, el dueño de éste la había vendido a otro lugar y así sucesivamente. Cuando Lenard murió los zorros comenzaron a llegar, nunca encontramos relación alguna hasta que los niños comenzaron a  caer dormidos…

Así había sido, así era la historia de Prathos, y ahora las personas parecían estar pagando un error de hace años.

..............

Para Sheoldred ver todos esos cuerpos era un banquete, un manjar intocable, no se atrevía a tocarlos por temor a que fuera una epidemia la que provocaba sus muertes, o peor aún algún tipo de envenenamiento, así que mientras no supiera el porqué de las muertes quería mantenerse alejada de los cadáveres, inspeccionando mejor a los humanos del lugar. Su encuentro con el zorro había sido por demás curioso, el zorro la observó como cuando alguien quiere decirnos algo, sus descomunalmente enormes ojos se centraban ella de patas a cabeza mientras inclinaba la cabeza hacía un lado, había alcanzado a parpadear antes de desaparecer. Su decisión había sido acercarse un poco más al pueblo, lo mucho que se podía acercar le era lo suficiente como para ver que aproximadamente unos cinco hombre cavaban agujeros en el suelo, eran tumbas…

-Es en estos momentos en los que agradezco no tener hijos, Godric.- Comentó uno de los más jóvenes solemnemente.-

-Mi hija tiene más de medio año que no sale de casa ¿Sabes lo que se siente tener miedo de salir con ella? ¡Ni si quiera pude sacarla el día de su cumpleaños!- Mencionó otro  de forma agitada y perturbante.

-En cuanto termine de cavar esto me largaré lejos con mi familia, Julios tiene cuatro meses sin salir de casa, ni si quiera dejo que se asome por la ventana, esos malditos zorros se están llevando a nuestros hijos y…- Mencionó un tercero, pero justo antes de que terminara su frase el más grande de todos y más sabio hizo un comentario que los dejo helados.

-¿Y de qué sirve que sus hijos no salgan si ustedes día y noche se encuentran fuera de casa? Últimamente los zorros ya no se conforman con los niños.-

Sheoldred pudo escuchar muy bien toda aquella conversación pero antes de que pudiera si quiera pensar en ello algo la sacó de sus pensamientos.

-¡Ayúdame, ayúdame por favor! sé que tú si puedes ayudarme ¡Por favor!-

Era la voz de una niña quizás de entre seis o siete años, sonaba casi dentro de su cabeza, pues mirara por donde mirara no había una preferencia de sonido alto.  Era hasta cierto punto molesto, pues parecía que alguien le estuviese gritando en el oído, sin darse cuenta un repentino momento ya se encontraba rodeada por una docena de zorros, todos sentados alrededor de ellos, uno, el más curioso, el mismo que había visto al principio echó la cabeza abajo como si fuera a acostarse y la observó directo a los ojos, ninguno se movió, y la voz de aquella niña seguía perturbando su cabeza.

Desde el momento de su desmayo Akasha no había despertado en ningún sólo momento, Xiu la cuidaba sin separarse de ella, fuera de ser agresivo con las personas se mantenía aferrado a su pecho, abrazado como un bebé, gemía y lamía el mentón de Akasha esperando si quiera que le jalara la cola, algo. Su dueña estaba herida y eso lo preocupaba. Pero por la cabeza de Akasha pasaban otras cosas…

.................

Akasha "despertó” aparentemente, en realidad seguía desmayada, aun que ahora se había dormido,  se encontraba descalza en medio de un verdoso bosque lleno de altos árboles, parecía de fantasía, el silencio en ese lugar parecía relajante pero extraño pues se esuchaba el sonido de los pájaros a pesar de no haber ninguno cerca, no se había dado cuenta pero estaba soñando, uno de esos sueños “vívidos”. Comenzó a caminar sin saber a dónde pero por alguna razón quería dirigirse directamente a donde el agua se escuchaba, sus pasos eran ligeros como si flotara sin tocar el suelo, solamente rozando el pasto, se sentía extraña, pues por primera vez no sentía aquel vacío, ni se sentía perdida a pesar de que aparentemente lo estaba, Xiu no estaba con ella y eso tampoco la preocupó así que siguió caminando. El pasto era verde, verde, los árboles eran frondosos y hermosos, el cielo despejado y etéreo, completamente azul celeste con el sol brilando, las nubes parecían haber sido pintadas en la bóveda celeste, se distrajo mirando el firmamento hasta que una silueta captó su atención, era un lobo, un gigantesco lobo sentado a lado de uno de los árboles- El animal la escudriño de pies a cabeza sin gruñirle, sin alterarse, se limitó a ladear la cabeza y se echó de lado sin dejar de observarla.

-¿Dónde habías estado? Nos dejaste abandonados y ahora la Sombra nos consume… - El lobo hablaba y Akasha quedó más desconcertada de lo que ya estaba, a pesar de su inestabilidad mental estaba segura de una cosa, los lobos ni ningún otro animal hablaban, así que se quedpo inmóvil y tragó saliva repleta de pánico. -¿Qué ocurre? ¿Acaso no me reconoces? Soy Muga, el guardián del bosque, el lobo negro… bah, es imposible, no eres la niña que conocí…-

Dicho esto el lobo se levantó y dio media vuelta para seguir su camino, pero Akasha finalmente un poco estable pronunció palabras.

-Espera, no sé dónde estoy, Akasha está perdida-

-¿Akasha? ¿Así te llamas?- Preguntó el lobo sin voltear el cuerpo, Akasha asintió –Debe ser un error ¿Te golpeaste la cabeza?-

-Akasha no sabe…-

El lobo giró el cuerpo por completo, estaba desconcertado y asustado, entrecerró los ojos y caminó directo  a donde Akasha, la olfateó, la examinó de pies a cabeza y sorprendido se alejó un poco de ella.

-Es cierto, no hueles a “ella”- Desilusionado bajó la cabeza  y miró al suelo, respiró profundo y sin ánimos volvió a hablar –tienes que seguirme, debemos encontrar a tu otro yo antes de que la sombra lo haga.-

Akasha simplemente no entendía nada de lo que estaba ocurriendo, pero algo en ella le decía que tenía que seguir al animal…


Yo vivo y muero, vivo y muero... vivo...

Olvido para recordar y trato de recordar para poder olvidar...

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Re: Los sueños de Parvati

Mensaje por Sheoldred el Vie Oct 10, 2014 12:55 am

Sheoldred empezaba a impacientarse, si seguía esperando para saber que estaba matando a tantos niños los cuerpos se descompondrían y perderían su sabor fresco. La aracne miro con ansias los cuerpos a la lejanía, eran varios que a la distancia era difícil apreciar la cantidad correcta pero la araña estaba segura que eran más de dos cuerpos y eso ya era un festín para ella.

La aracne apretó los nudillos, era difícil tener hambre y no comer de sus alimentos favoritos cuando los tienes enfrente, miro de reojo los cuerpos y se dio la vuelta, no era oportuno ni robar uno solo así que siguió su idea de espiar más al pueblo, las siguientes horas fueron de lo más aburridas, platicas tontas por montones, peleas en la calle, familias llorando, algunos pocos borrachos, pero nada que llamara la atención de sheoldred, almenos nada importante, hasta que un par de comentarios le captaron su atención.

Cerca de unos árboles, donde la luz del pueblo era más escasa era el lugar perfecto para espiar, lo que estaba esperando todo este tiempo había llegado, tumbas, seguramente después de que enterraran un cadáver ya a nadie le importaría si faltaba o no un cuerpo, así que la tejemuerte se acercó lo más que pudo para ver si podía averiguar un poco más de información o por lo menos que se enterraría.

La conversación no fue de mucha ayuda, nada de lo que había escuchado le servía para su propósito pero eso era lo de menos, profanar una tumba no era difícil, lo que le causo aún más interés fue lo de los zorros, casi instantáneamente después de haber escuchado esa palabra su memoria regresaba rápidamente a su cabeza, la imagen del zorro que había visto antes se reflejó en su mente, ese había sido un encuentro por demás extraño sin mencionar lo raro del comportamiento de aquel animal, por un momento sheoldred sospecho de que fuera un cambia pieles o algo por el estilo pero era difícil de creer, después recordó el comentario humano, a que se refería con que esos malditos zorros se estaban llevando a sus hijos, entendía que no los quisieran por ladrones o cosas de ese tipo pero el tono con el que lo dijo era más negro de lo normal, que zorro no podría raptar a un niño y mucho menos a más de uno.

La aracne repaso el comentario una y otra vez inmóvil e hipnotizada por sus pensamientos, hasta que recordó el siguiente, ya no se conforman con los niños, eso hizo que se preguntara aún más cosas, porque no simplemente los exterminaban como a una plaga, no eran un depredador que amenazara la vida de un humano, además porque dejaban que lo hicieran, el zorro mandaba en la zona, era su deidad o le pagaban tributo pensó la tejemuerte pero nada en su cabeza tenía sentido para ella.

Sheoldred todavía no se daba cuenta de lo que pasaba a su alrededor, hasta cierto punto seguía pensando, mientras que uno a uno, una docena de zorros iba rodeando a la aracne como si tuvieran un plan contra ella, la tejemuerte tardó en reaccionar, pero no ante los canes salvajes, una voz hizo que saliera de su mundo, una voz femenina, joven e inocente, de esas voces que casi nunca oye, y que cada que las escucha es porque va a comer deliciosamente, la aracne ignoro por completo a los zorros, miro en todas las direcciones, incluso giro en su lugar, pero ni haciendo todo eso pudo siquiera tener una vaga idea del origen de la voz.

Después de unos segundos de completa desorientación y empezando a tener problemas en su cabeza sheoldred bajo la mirada, bajo la mirada para tratar de poner en orden sus ideas pero al ver lo que tenía a sus pies fue como cayo en la cuenta de que una jauría zorruna le había rodeado.

-Y esto... Qué demonios pasó... En qué momento llegaron...- la cara de sorpresa era muy clara en la araña, pero eso cambio rápidamente, sheoldred miro a uno de los zorros, quizá era coincidencia o en ese momento su memoria estaba al cien, pero el zorro que la miraba fijamente le resultaba muy similar al que le había dado la bienvenida antes, la tejemuerte no supo que hacer al principio pero no tardó en reaccionar, justo cuando sheoldred enseñaba los dientes de ambas bocas y soltaba un gruñido de advertencia la voz de la niña de hacía unos segundos volvía a resonar en su cabeza, la tejemuerte estaba muy confundida, no sabía qué hacer, se sintió estúpida al verse amenazada por unos simples zorros.

-Haaaaa, malditos, lárguense, no ven lo que soy, largoooo- grito la aracne mientras se tapaba los oídos e intentaba alejarse de los zorros pasándoles por encima mientras arrojaba telarañas a los animales para que le abrieran paso sin importarle si los dañaba o no, tampoco le importo si en el pueblo le habían escuchado o no, eso ya la tenía sin cuidado.







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Re: Los sueños de Parvati

Mensaje por Akasha Shaanti el Miér Oct 15, 2014 9:23 am

Azeroth era un joven viejo, o mejor dicho un viejo amargo en el cuerpo de un joven, su edad no pasaba los 35 años, pero las ojeras de sus ojos y las arrugas en el rostro lo hacían ver aún más viejo de lo que era. Escuchó las voces y los susurros desde el segundo piso de la habitación y como si de un zombi adormilado se tratase, bajó por las escaleras sin hacer ruido y finalmente apareció detrás de los dueños de las voces, Doleida y Bastian. Azeroth al ver el cuerpo dormido de Akasha posada ahí en un mueble vociferó con el rostro lleno de horror.

-¿Qué hace ella aquí? ¿Por qué la han traído?-

-Azeroth tranquilo, ambos sabemos que la única manera de parar todo esto es por medio de ella.- Explicó Doleida.

-Si, por medio de ella, lo más seguro será matarla antes de que despierte y.- Azeroth se aproximaba a tomar un candelabro de metal para golpear a Akasha, pero tanto Bastian como Doleida lo detuvieron. –Por favor, no entiende lo que está pasando aquí, Hay que matar a este monstruo ¡Hay que matarla! Para que nuestros niños regresen… hay que matarla…-

Bastian no comprendía en nada la situación, tragó saliva y quiso verlo todo de un modo científico.

-Escuche, Azeroth tratemos de calmarnos ¿Está bien? Ahora, yo estoy aquí porque m ehan informado de éste problema, pero las personas que me lo dijeron mencionaron que se trataba de una enfermedad, si es una enfermedad ¿Por qué la cura sería matar a éste engendro?-

Azeroth lo miró sarcástico y burlón, soltó una carcajada abierta golpeándose las rodillas y echándose hacia atrás, respiró profundo y comenzó a hablar…
Las personas que vienen de lejos nunca saben de qué se trata esto, vienen una o dos veces por año y se van pensando que hacen el bien a venir a visitarnos y traernos sus medicinas y conocimientos, peor le diré algo, las personas que vienen no tienen ni la más mínima idea de a donde han llegado cuando tocan la tierra de   Prathos. La cura es matarla a ella, porque esto no es una enfermedad, los niños duermen porque están malditos ¡Malditos! ¡Esos malditos zorros vienen y se los llevan porque ella se los ha estado pidiendo desde que la echamos del pueblo! ¿Bo lo entiende? Es su venganza… ¡Se está vengando de nosotros por haberla abandonado!-

-¡Eso es una vil mentira Azeroth! No le crea Bastian, no es verdad… Nunca he entendido por qué hace referencia a Evora cuando los niños duermen y…- Doleida había sido interrumpida por Azeroth una vez más.

-Por qué yo estuve ahí, yo dormí y desperté y la vi, ella es una bruja es la creadora de todos esos sueños, por las noches se transforma en ese maldito Huli Jing y se lleva a nuestros niños, a los hombres y a nuestras mujeres, los lleva al mundo de sus sueños para comérselos, por eso mueren en vida lento y despacio, porque ella los devora ahí adentro en sus cabezas y…-

-¡Ya basta Azeroth! Todo lo que dices es una mentira, tú mismo te gas creado esas ideas. Evora jamás lastimaría a nadie, era una niña ¡Una inocente niña hasta que ustedes la tacharon de demonio!-  Vociferó la dama frustrada y enojada para después respirar y mirar a Bastian. –Bastian, hay algo de cierto en esto… es cierto, Evora solía soñar, solía tener sueños muy complicados y extraños, parecía como si del otro lado de su almohada hubiera un mundo paralelo al nuestro, día con día nos platicaba de personas que conocía, de lugares, de todo… y su personaje favorito era un zorro. En un principio los niños que dormían eran muy pocos uno cada año, luego dos, después tres… hasta hace poco fueron muchos niños y adultos también. Yo estoy segura de que los zorros no son malos, los zorros son guardianes porque eso decía Evora, que ellos cuidaban algo en sus sueños y…-

Pero Bastian confundido detuvo a Doleida y observó a Azeroth.

-Espere, por favor… me está diciendo que los niños duermen por que la proyección onírica de otra persona ¿Los llama? Eso es imposible, los sueños son propios no pueden compartirse, son como algo privado, nuestra mente es un laberinto que ni nosotros mismos conocemos ¿Cómo vamos a traer a otras personas aquí adentro y…?-

-Yo sé cómo hacerlo…- Susurró Azeroth en un tono lúgubre e intimidante. –Llevo años trabajando en ello y finalmente he encontrado la forma de meterse en los sueños de otras personas por medio de la energía y la magia combinadas… sé que suena fuera de lugar, pero si “Doctor” es posible…”-

®®®®®®®
Sheoldred comenzó a escuchar cosas que sabía que no venían de la realidad, pero existía, comenzó a desplazarse y uno a uno los zorros se hicieron a un lado, algunos quedaron atrapados entre sus telarañas pegados a los troncos de los árboles, sin embargo casi, casi en un parpadeo todos los zorros desaparecieron, todos menos uno. Un pequeño zorro rojo con grandes ojos descomunales fuera de ésta realidad. El zorro había dado un brinco quedando justo frente al rostro de Sheoldred. La mirada de ambas criaturas se volvieron a topar frente a frente la Aracne se sintió paralizada observando su reflejo dentro de los enormes ojos ambarinos de aquel zorro, poco a poco su visión se vio viendo borrosa, taciturna, cambiaba casi  como lo hace la noche del día y viceversa, en tan sólo un segundo Sheoldred ya no vio su reflejo en los ambarinos ojos del animal, lo que había frente a ella era un bosque, un enorme bosque silencioso lleno de altos árboles cuyo color parecía rondar el otoño, las hojas caían lentamente y lo único que podía escucharse era el crujir de una hoja tras otra al caer y quebrarse en el suelo, no se escuchaba ni el cantar de los pájaros, ni el siseo de alguna serpiente, ni si quiera el susurro del viento a pesar de sentirse en el rostro… no, no había sonido alguno.

Mirando al cielo podía verse la hermosa luminiscencia del sol a través de las copas de los árboles, sin embargo Sheoldred se dio cuenta de que “algo no andaba bien en ese lugar, al mirar sus piernas Sheoldred no vio otra cosa más que sus piernas humanas… sus manos, su torso, sus piernas toda ella era humana de nuevo y fuera hacía donde fuera lo único que veía eran árboles y más árboles hasta que finalmente volvió a escuchar aquella infantil y suplicante voz.

-Ayúdame por favor, si me ayudas te prometo que yo también te ayudaré. Sé cómo te sientes así que por favor ayúdame…-

Sheoldred no estaba en otro lugar más que en un sueño, era un sueño sin duda alguno vívido pero eso ella no lo sabía todavía. De pronto cuando la voz se hiso presente Sheoldred había llegado a un claro en medio del bosque, pero en ese claro había un enorme pilar que parecía llegar al cielo, del pilar surgía una ligera y delgada cascada que caía hasta un redondo pozo cuya superficie se encontraba recubierta por un aro de oro, en éste aro había unas cuantas runas inscritas pero lo más sorprendente ante su vista por ese instante fue que al pie del pozo había una mujer atada de pies y manos, parecía que las cuerdas que la ataban provenían dentro del pozo, era una mujer de baja estatura, esbelta, pálida y de cabello negro más sin embargo al observarla bien Sheoldred pudo darse cuenta de que no era una humana, era una hembra antropomorfa, la mujer la miró de pies a cabeza.

A diferencia de Sheoldred que llevaba un camisón largo de color blanco la otra mujer se encontraba desnuda, sus curvados cuernos sobresalían de su cabeza de una forma tan natural y el azulado brillo de sus ojos no despedía nada más que tristeza y melancolía… La mujer de los cuernos señaló un riachuelo que pasaba frente al pozo, al asomarse Sheoldred pudo ver un reflejo, pero no era el suyo, no, era el de una niña humana, era la niña que la llamaba.

-Ayúdame… por favor, sácame de aquí.- El reflejo de la niña la miró asustada con el rostro lleno de lágrimas. –No tienes otra opción… si no me ayudas jamás podrás salir de éste bosque y te quedarás dormida como todos los demás…-

A pesar de las palabras el tono en la voz de aquella chiquilla no parecía ser amenazante, era más bien como una advertencia, sin embargo Sheoldred era libre de hacer lo que ella quisiera.

En el mundo real, los hombres que habían estado cavando las tumbas escucharon el alarido de Sheoldred, asustados y nerviosos tres de ellos decidieron ponerse en marcha para ver qué había sucedido, los otros se quedaron inmóviles en el sitio. Al avanzar ninguno de ellos pudo evitar estremecerse ante el enorme cuerpo de una araña frente a ellos, uno incluso había salido corriendo y vociferando, sin embargo otro de sus compañeros lo detuvo… encima del cuerpo de la gran mujer araña varios zorros descansaban, algunos sentados, otros recostados sobre ella, pero el más peculiar permanecía en guardia interponiéndose entre los hombres y la araña, sin más que decir los tres sujetos salieron corriendo del lugar dejando las herramientas de sus trabajos en el suelo botadas sin orden alguno…

®®®®®®

Detrás del lobo Akasha observaba cada una de las cosas que la rodeban, jamás había visto un bosque tan verde como ese, ni un cielo tan azul y tan limpio, sin ninguna nube que cubriera la luz del sol y por extraño que fuera la luz no le molestaba en lo más mínimo.

-¿De dónde vienes Akasha?- Preguntó el lobo sin mirarla.

-Akasha no tiene un origen, viene de muchas partes ¿Has visto a Xiu?-

-No sé qué es “Xiu”-

-Xiu es amigo de Akasha es pequeño y travieso.-

-Bueno, aquí hay muchas “cosas” pequeñas y traviesas, escucha Akasha, temo por lo que te haya pasado y me doy cuenta de que no tienes ni la más mínima idea de donde te encuentras, bueno, éste mundo lo craste tú hace mucho tiempo, éste es el segundo nivel de tu propia utopía, el primer nivel está allá arriba y parece que no te encuentras sola…-

-Akasha no entiende nada…-

-Lo sé, estás completamente desconectada de tus “hermanas” por eso no tienes ni la más mínima idea de lo que sucede, aun así espero que lo que te diga te…-

Pero era imposible, Akasha se detenía casi, casi con cada árbol para lamer su corteza, lamer las ramas que de ellos surgían e incluso el pasto que crecía, el lobo la miró de pies a cabeza y suspiró desdichado.

-Akasha… debo llevarte a una casa por encima de aquella colina, es una casa blanca, ahí te encontrarás con la persona que te espera…-

La engendra observó al lobo y sin pensarlo se abalanzó sobre él lamiendo su pelaje, pronto el lobo se dio cuenta que sería un viaje un tanto difícil…


Última edición por Akasha Shaanti el Mar Nov 11, 2014 10:03 pm, editado 1 vez


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Re: Los sueños de Parvati

Mensaje por Sheoldred el Vie Oct 17, 2014 5:49 pm

Sheoldred estaba espantada, no sabía qué hacer, no era normal aparecer en un bosque silencioso del que no recordabas como había llegado ni haber querido ir.

Pero eso era una miseria de problema si lo comparaba con lo demás, su cuerpo, su cuerpo de tejemuerte había desaparecido, todo desde la punta de su cabeza hasta las piernas humanas que hacia siglos que no tenía, nada era normal en ese momento.

Por alguna razón Sheoldred se calmó después de ver su cuerpo con piernas, muy en el fondo Sheoldred añoraba volver a ser humana, y no le importaba si era peligroso tenerlas ella disfrutaría de ahora en adelante el tener piernas.

Camino un par de minutos, el bosque parecía muerto en vida, no había ningún ruido, ni pájaros, ni viento, ni hojas, al principio Sheoldred no le dio importancia, creyó que más adelante habría algún animal o incluso un pueblo, pero cuando siguió caminando esa voz la detuvo en seco. Una voz femenina que le recordó que ella debería ser una tejemuerte.

Algo había cambiado dentro de la aracne, no solo su cuerpo había sido transformado, su mente también era humana por completo, pero aun recordaba que había sido tejemuerte, al principio Sheoldred estaba asustada pero cuando vio que su cuerpo humano estaba como ella había sido ya no sintió ningún temor ni se preocupó por como había terminado así, alguna magia del bosque será, pensó la aracne.

De pronto su mente recordó la voz, por instinto Sheoldred se apresuró a tratar de ubicar el origen, sabía que tenía que estar cerca pues la voz era intensa, la muchacha troto cuidando sus nuevos pies pues no quería perderlos tan pronto, el piso del bosque no era el mejor amigo para unos pies delicados como los suyos.

Cuando por fin pudo detectar el origen de la voz Sheoldred empezó a correr más aprisa hasta que llego a un claro, la boscosa tierra se había quedado atrás y ahora u pasto suave y abundante acariciaba las plantas de los pies de Sheoldred.

Frente a ella un pilar dejaba brotar una cascada, Sheoldred nunca había visto algo como eso pero creyó que en theezeroth algo así era común, la muchacha camino cautelosa hacia un pozo donde caía la cascada, cuando estuvo cerca del pozo pudo ver que una joven mujer estaba sentada junto al pozo, desnuda de pies a cabeza, se sentía insegura siendo humana cuando se percato deque la mujer desnuda tenia un par de cuernos en la cabeza, un signo muy comun en antropomorfos.
Pero eso no le importo a Sheoldred, su mente humana le hacia audar a los demas. -¿Estas bien, como te ayudo, sabes donde hay alguna cuerdo o algo para que subas?- pregunto Sheoldred, su voz había cambiado, no era la voz rasposa y de ultratumba que había tenido los últimos tres siglos, Sheoldred se sorprendió y se llevó las manos a la boca, pero cuando vio bien a la muchacha se dio cuenta de unos cuernos, un par de cuernos sobresalían de la cabeza de la chica, Sheoldred se asustó un poco pero no tuvo que quedarse mucho tiempo pues la chica parecía haber respondido a su pregunta señalando hacia un riachuelo que pasaba cerca.

Sheoldred volteo en la dirección que le habían señalado, no lo había notado pero un riachuelo corría cerca de ella, quizá sus sentidos habían disminuido al ser humana o estaba muy distraída pero escucho nada, camino un poco más segura y aprisa, se asomó al agua y vio su reflejo.
-Mi cara se ve más joven de lo que creí- dijo al ver un rostro de una niña en el agua Sheoldred examino su cara, pero cuando se movía ella su reflejo no, algo no estaba bien en aquel rio.

Ayúdame, ese había sido el boom para Sheoldred, su corazón casi se detenía en ese punto, la niña del rio no era su reflejo, la joven humana se encontraba tumbada a un lado del rio, trataba de calmarse después de aquel susto, tenía su mano derecha sobrepuesta en su pecho, sentía como explotaba su corazón a cada segundo, las lágrimas se le habían escurrido sin querer, en su nariz entraba un olor a sangre similar al que hueles por un tiempo después de un fuerte golpe a la nariz, sus manos le temblaban por completo, parecía que tenía un tic nervioso pues no las podía controlar. Como pudo, Sheoldred se puso de rodillas intentando controlarse, gateo hasta la orilla del rio nuevamente y se acercó lentamente mientras iba viendo como aparecía en el reflejo la cara de la niña.

La niña parecía estar sufriendo ahí dentro, su cara no era de felicidad pero quien iba estar contento si estaba atrapado en un rio.


-Espera un poco, deja buscar algo para sacarte- Sheoldred corrió a donde empezaba el bosque, se acercó a un arbusto frondoso que estaba cerca y le corto varias ramas, eran ramas delegadas y flexibles, seguro que resistirían el peso de la niña pensó, pero no solo intentaba ayudar a la niña, la antropomorfa seguro que también querría salir de ese pozo. Cargo con dificultad varias ramas y volvió corriendo al rio.

-Toma el otro extremo y sujétalo fuerte- dijo Sheoldred mirando a la niñita der rio, mientras sujetaba fuertemente el otro extremo para poderla sacar. –Por cierto, ¿Cómo es que no puedes salir del rio, no se ve muy fuerte la corriente, tu sabes porque está amarrada aquella chica?- pregunto Sheoldred tratando de hacerse amiga de la niña. Era raro para ella ser amigable y solidaria pero nunca había sentido la necesidad de ayudar a sus semejantes quizá porque siendo tejemuerte no tenía muchos semejantes, pero estaba decidida a ayudar a aquella niña y a la chica de los cuernos.







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