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Las deudas se pagan

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Las deudas se pagan

Mensaje por Bediam el Dom Abr 14, 2013 10:51 pm

-¿Y no tienes pociones del amor?- preguntó la muchacha.

Bediam, empleando toda su voluntad, consiguió mantener una amplia sonrisa.

-Me temo que no, preciosa- se disculpó el alquimista- pero si compras un poco de granos de luz y te los echas por el pelo, estarás irresistible.

La muchacha le miró con decepción.

-Cuando tengas pociones del amor, me avisas- dijo a modo de despedida, mientras se daba la vuelta y se iba.

Bediam suspiró, derrotado. Llevaba todo el día dando vueltas por el distrito comercial, con la esperanza de hacer alguna venta, pero no había habido suerte. Al parecer, la clase media de la ciudad no estaba interesada en lo que tenía que ofrecer. Y no se atrevía a la venta ambulante en el distrito imperial ni en el pesquero. Había escuchado demasiadas historias sobre vendedores desvalijados o encarcelados como para no darles, como mínimo, el beneficio de la duda. Se frotó las piernas, las tenía agarrotadas de estar todo el día en pie. Se merecía un descanso.

A paso ligero, se dirigió a una taberna que conocía: sabía que era peligroso volver a su ciudad y lo era aún más ir a su taberna de siempre. Durante el breve lapso de tiempo en el que había tratado de sacar adelante el negocio familiar después de la muerte de su padre se había endeudado poderosamente. De esa corta y caótica etapa de su vida había sacado una conclusión muy clara: la frase “si quieres, puedes” era completamente falsa. Hace falta algo más que buena voluntad y ganas para sacar un negocio adelante. Hace falta preparación, y él no la tenía. Sus padres se habían esforzado por enseñarle todo lo concerniente al arte del negocio, las leves sutilezas que separan al buen comerciante del malo. Pero a él no le interesaba el comercio, solo le interesaba la alquimia, y por eso no había hecho caso. En consecuencia, cuando trató de salir adelante, se le habían comido vivo. Había pedido dinero para tratar de salir del paso, pero tal como vino, el dinero se fue, dejándole sin blanca y endeudado.

Y si hay algo que todo imperial sabe, es que las deudas se pagan.


Última edición por Bediam el Dom Jun 28, 2015 9:46 pm, editado 2 veces
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Re: Las deudas se pagan

Mensaje por Bediam el Lun Abr 15, 2013 12:33 am

Después de un breve paseo, llegó a la taberna. “El arpón”. No le gustaba nada el nombre, ni tenía nada que ver con la taberna. No tenía ambientación náutica, ni vendía pescado, ni su propietario, el Gordo Roger, había cogido un arpón en toda su vida. Simplemente, el nombre no encajaba, era como si lo hubiesen elegido al azar, o por pereza Roger no hubiese cambiado el del establecimiento anterior después comprarlo y remodelarlo. Era una de esas pequeñas molestias de la vida con difícil solución contra las que uno acaba inmunizándose, excepto en los malos días.

Abrió la puerta de “El arpón” y entró en la taberna. El Gordo Roger le clavó los ojos desde su silla tras la barra. Aquello de permanecer en pie o no comer y beber mientras trabajaba no iba con él y a los parroquianos no parecía importarles. Es más, disfrutaban de lo singular de la taberna y su propietario. Les hacía sentir especiales.

-Cuanto tiempo, chico- gruñó Roger sin perderle de vista.

Bediam saludó con una inclinación de cabeza, tratando de no mostrarse nervioso y se sentó en la barra. Su interior le gritaba que saliera corriendo de allí: si Roger le había reconocido, cualquiera podría. Y no era ningún secreto que le debía dinero a los hermanos Lanning, los prestamistas. Tampoco era ningún secreto que había tenido que huir de la ciudad para evitar una paliza cuando no pudo pagar.

-Aguardiente- pidió.

Roger tardó bastante en moverse. Se quedó mirándole, como tratando de averiguar si todo aquello iba en serio, si era consciente del peligro. Bediam le mantuvo la mirada obstinadamente. Alguien se levantó y salió. Y, desde luego, no era ningún secreto que los Lanning recompensaban generosamente a quienes les ayudaban a encontrar a quienes andaban buscando.

-Aguardiente- repitió Bediam. Ya le daba igual todo, excepto conseguir la bebida.

Roger se apoyó en la barra y se inclinó mucho hacia Bediam. Ambos se quedaron mirando a los ojos unos segundos.

-Tu padre era un imbécil de mierda y no me habría importado que le partieran los dientes- aseguró- pero no tengo nada en tu contra y no quiero que esto acabe bañado con tu sangre, así que vete ahora mismo de aquí y no se te ocurra volver.

Bediam tenía la cabeza embotada. No podía dejar de mirar la gorda cara de Roger.

-Aguardiente- repitió por tercera vez.
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Re: Las deudas se pagan

Mensaje por Bediam el Lun Abr 15, 2013 1:02 am

Sin mediar palabra, Roger cerró la mano y le propinó un puñetazo en la nariz a Bediam. Este trató de apartarse, pero le acertó entre la nariz y la mejilla. El golpe desequilibró al alquimista que tras bracear inútilmente unos segundos, se estrelló contra el suelo. Bediam se llevó las manos a la nuca, se había golpeado la cabeza contra el suelo y el dolor latía con fuerza en su cabeza.

-Joder- masculló.

-He visto putas aguantar mejor los golpes que tú- aseguró Roger- si tu plan es plantarle cara a Ander Lanning, que sepas que te va a arrancar los huevos.

Bediam permaneció tendido, palpándose la nuca. Estaba sangrando, y por la nariz también.

-Aguardiente- repitió.

Roger golpeó con fuerza el mostrador cuatro o cinco veces, furioso, sacó una jarra y la llenó de aguardiente. Bediam se levantó, pálido y sonriente y le dio un sorbito: estaba muy fuerte, no estaba acostumbrado a beber.

-Ya has demostrado que eres un completo imbécil- dijo Roger- ahora vete.

-No le dará tiempo- comentó uno de los parroquianos- deben estar al caer.

Roger apretó los puños mientras Bediam seguía bebiendo a sorbitos, como si todo aquello no fuese con él.

-Métete detrás del mostrador- le ordenó Roger- le diré que te has ido.

-Te vas a meter en un lío, Gordo- le advirtió el parroquiano- Ander sabe muy bien que no le guardas simpatía y no te creerá. Y no tiene más que preguntar a los aquí presentes con un tono algo brusco donde está el chico para que se descubra el pastel. Me caes bien, Gordo, pero no me voy a jugar el pellejo por ti ni por él.

Roger volvió a golpear la barra con furia. Bediam, sorbito a sorbito, ya se había bebido medio vaso. El tabernero volvió a desplomarse sobre su silla.

-Solo los Dioses saben porque te he intentado salvar, chico- comentó amargamente- pero es obvio que quieres que te maten. Me rindo.

Se cruzó de brazos y se quedó mirando al joven alquimista, que seguía bebiendo tranquilamente. Tampoco el resto de parroquianos parecía nervioso. De nuevo, en la taberna “El arpón”, había un único elemento discordante, el Gordo Roger y su humanidad frente a la apatía que le rodeaba.
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Re: Las deudas se pagan

Mensaje por Bediam el Lun Abr 15, 2013 1:43 am

Bediam dio el último sorbo y exhaló una bocanada de aire, satisfecho.

-¿Cuánto es?- preguntó.

-No me toques más las narices- le advirtió Roger- y vete de una puta vez.

-Tranquilo, nosotros nos lo llevamos- dijo una voz de hombre.

Roger levantó la vista y se quedó mirando la puerta con fiereza. Se abrió lentamente y entró un hombre alto y musculoso. Llevaba el pelo rubio muy corto y lucía un bronceado propio de marineros y pescadores. Pero era un prestamista. Era Ander Lanning, el mayor de los hermanos Lanning. Vestía una camisa blanca de manga corta, por lo que se podían ver perfectamente sus enormes brazos, de los que se sentía muy orgulloso. Le seguían dos hombres más, no tan grandes como él, pero de todos modos imponentes. No llevaban armas, o por lo menos no a la vista.

-Si rompes algo, lo vas a pagar, Lanning- amenazó Roger.

Ander Lanning sonrió, cogió una silla y la estrelló contra una pared, haciéndola pedazos. Roger se puso rojo y se levantó atropelladamente. Ander le mostró las palmas en gesto de paz.

-Te pagaré el doble de lo que valía- le aseguró.

Roger se detuvo y entrecerró los ojos, tratando de decidir si se estaban burlando de él o no. Bediam no se inmutó, ni siquiera se había girado a mirarle, no parecía enterarse de nada, mientras daba vueltas al vaso vacío.

-Te pagaré… en cuanto esta rata me pague a mí- dijo señalando a Bediam.

Todos los ojos se clavaron en él. Bediam seguía sin prestar atención; cogió uno de los frascos que llevaba en el cinturón, lo observó un poco a contraluz y lo vertió en el vaso.

-Porque te acuerdas que me debes dinero, ¿verdad?- insistió Ander.

-Ya os di el negocio de mis padres- masculló Bediam, con la mano tapando completamente la boca del vaso: se estaba formando en su interior una neblina negra cada vez más densa, que hacía vibrar el vaso.

-Sabes tan bien como yo que no valía ni la mitad de lo que debías- replicó el prestamista mientras daba un pequeño paso hacia el alquimista- y además están los intereses acumulados y los extras por no pagar a tiempo….

-No tengo dinero- admitió Bediam- en cuanto tenga, te pagaré.

-¿Y cuándo será eso?- preguntó Ander sin dejar de avanzar hacia el alquimista- supongo que entiendes que no me fie de ti. Al fin y al cabo, huiste como una rata la última vez…
Entonces dio un brinco y agarró a Bediam fuertemente por el hombro, mientras sonreía.

-Las deudas hay que pagarlas con oro…- murmuró- … o con sangre.
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Re: Las deudas se pagan

Mensaje por Bediam el Lun Abr 15, 2013 11:39 am

“El arpón” no era un local especialmente grande. Debía medir unos 3 o 4 metros desde la puerta hasta la barra y unos 12 metros de lado a lado y no llegaba a tres de altura, lo que lo convertía en una taberna bastante modesta. La barra abarcaba tres cuartas partes de la longitud de la taberna, dejando un espacio para unas escaleras que daban al piso superior, en el que vivía Roger. Siempre cerraba antes de subir, por lo que se especulaba si realmente subía las escaleras o no. Había mesas diseminadas por todo en local, pegadas en la pared la mayoría, dado que el local era estrecho. En ese momento había dentro del local unas 10 personas, contando a Roger, Bediam, Lanning, sus secuaces y los clientes. Descontando el mobiliario y los allí presentes, debían quedar unos 100 metros cúbicos de aire.

Era, sin duda, un espacio bastante modesto para liberar un frasco entero de preparado de nube alquímica. Pero eso era precisamente lo que había hecho.

El preparado de nube alquímica es un compuesto muy curioso. Para explicarlo, se puede hacer un símil con un saco lleno de moscas: mientras el saco está cerrado, todo está en calma. Pero si abres el saco, aunque solo sea un poco, las moscas se apoderarán de todo.

Así que cuando Bediam retiró la mano de la boca del vaso y éste empezó a vomitar un espeso humo negro que no parecía tener fin, todos retrocedieron, amedrentados. Incluso Ander Lanning, que se jactaba de no tenerle miedo a nada, dio un paso atrás, soltando a Bediam.

-Brujería- masculló.

Bediam, sin inmutarse, sacó de su zurrón unas gafas de protección: era una tira de cuero con dos agujeros en los que estaban firmemente pegados los cristales, se las había hecho él mismo. Se puso la tira de cuero alrededor de la cara y se lo ató en la nuca. Ajustó los cristales para que coincidieran con sus ojos y cerró el zurrón.

-Es alquimia- respondió mientras cogía el vaso, que se había calentado un poco por la violenta reacción del aire con el compuesto.

Bediam se levantó, con el vaso expulsando humo negro sin cesar en la mano y les miró seriamente. Aunque el humo se estaba acumulando principalmente en el techo, ya había mucho y cada vez se veía peor. Muchos se frotaban los ojos y tosían, pero los matones de Lanning bloqueaban aún la puerta y nadie se había movido.

-Hay que salir de aquí- gimió alguien.

Todos miraron a Lanning. Éste tenía los ojos llorosos, pero trataba de mantener la entereza. Dio un paso hacia adelante, pero Bediam hizo amago de lanzarle el vaso y retrocedió atropelladamente.

-No te vas a escapar esta vez- le aseguró a Bediam.

Uno de los matones se puso a toser. Ander gruñó, frustrado.

-Vale, todos fuera- ordenó- en cuanto salga, le cogemos.
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Re: Las deudas se pagan

Mensaje por Bediam el Lun Abr 15, 2013 12:16 pm

Apenas Ander Lanning hubo acabado de hablar, todos se lanzaron atropelladamente hacia la puerta. Los matones fueron los primeros en salir y los demás se apresuraron, empujando a Ander hacia la salida. Éste maldijo ruidosamente porque no quería perder de vista al alquimista, pero no pudo mantener la posición y los otros le arrastraron.

-Sube arriba, en mi habitación hay una ventana- le dijo Roger a Bediam- no sé cómo te las apañarás para bajar, eso es cosa tuya.

Bediam asintió, dejó el vaso en el suelo y subió escaleras arriba, mientras Roger se dirigía a la salida. Fue agachado, el humo también había subido y era cada vez más denso conforme ascendía.

-¿Dónde coño está?- oyó que le rugía Ander a Gordo Roger.

-No soy su puta niñera- respondió el tabernero- si no sale se ahogará.

Bediam sonrió y llegó al piso de arriba. El humo se había extendido bastante, pero las puertas de las habitaciones estaban cerradas, por lo que no había podido escapar por ninguna parte y apenas se veía nada: si no llevase las gafas, no habría podido orientarse en absoluto. Se puso a andar a gatas hacia una puerta, tanteó para encontrar el pomo, lo abrió y rodó adentro. En cuanto estuvo al otro, lado, cerró de un portazo: no quería que el humo escapase de la taberna, no le convenía.

-¡Vigilad las ventanas!- escuchó que gritó Ander.

Bediam sonrió: la ventana daba a la parte trasera y no era tan fácil alcanzarla. La ciudad estaba hecha de círculos concéntricos de hileras de edificios, de ese modo la segregación entre clase era mucho más sencilla. Además, esto era una buena medida de control ciudadano: los pasos entre círculos eran limitados, por lo que era fácil vigilar a quienes cambiaban de círculo. Los esbirros de Lanning tendrían que correr si querían llegar al paso más cercano y volver a la taberna por detrás antes de que él escapara.

-¡Tú, ves a llamar de Fen y que traiga más gente!- gritó Ander- ¡tú, entra conmigo!

Bediam se levantó, ahora más tranquilo. Si uno iba a avisar a Fen Lanning y el otro entraba con Ander a por él, nadie iba a vigilar la ventana, podría escapar sin preocuparse de que le esperaran abajo. Ahora tenía que pensar en los que le perseguirían. Abrió la ventana y miró abajo, había unos tres metros y medio de caída: no era suficiente para disuadirle de bajar, pero era demasiado para dejarse caer sin más. Empezó a observar la pared: no era difícil ver las imperfecciones y los salientes en esa estructura de brillante mármol tan típica de las ciudades imperiales. Se encaramó a la ventana y sacó el cuerpo entero. Buscó apoyo con el pie y lo encontró, apoyó el otro pie en el mismo sitio y confió en que su peso no fuese excesivo.

Oyó entonces paso que subían atropelladamente. No tenía tiempo que perder.


Última edición por Bediam el Lun Abr 15, 2013 5:08 pm, editado 1 vez
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Re: Las deudas se pagan

Mensaje por Bediam el Lun Abr 15, 2013 12:52 pm

Era la primera vez que subía a la parte de arriba de “El arpón” y el humo no le había dejado ver apenas nada, pero no creía que con el tamaño de la planta baja del local hubiese muchas habitaciones entre las que escoger, por lo que no tardarían en mirar por esa ventana. Y más teniendo en cuenta que estaba todo lleno de humo negro y lo más probable es que fuesen primero a la que estuviese más cerca. Si simplemente empezaba a bajar poco a poco, sin duda le atraparían. Necesitaba algo que les hiciese perder tiempo. En el precario equilibrio en que se encontraba, tanteó su cinturón: sabía en qué posición se encontraba cada compuesto: ahora le quedaban cinco, tras haber gastado su preparado de nube alquímica. Cogió uno de sus frasquitos y con una maestría que solo da la práctica, lo destapó. Era enlazante, un adhesivo muy potente. Lo vertió por la parte interior de la ventana y cerró desde fuera. De nuevo oyó ruidos, esta vez muy cerca: alguien tanteaba la puerta a ciegas para encontrar el pomo.

Bediam cerró el frasco, aún medio lleno y lo volvió a guardar en su cinturón. Se agachó para que desde dentro no pudieran verle y empezó a tantear con una mano para encontrar otro punto de apoyo. La puerta se abrió bruscamente y entraron Ander y esbirro, tosiendo ruidosamente.

-La boca me sabe a mierda- se quejó el matón.

-Abre la ventana- le dijo Lanning- necesito aire.

Bediam tanteó frenético en busca de un apoyo mientras escuchaba como el matón se acercaba a la ventana. La ventana se abrió de par en par y el hombre respiró hondo, con sincero alivio. Bediam encontró por fin un saliente, se asió con fuerza y descendió un poco. Empezó de nuevo el ritual, esta vez buscando un nuevo apoyo para el pie. El matón bajó la vista y sus miradas se encontraron. La sonrisa que se le dibujó en el rostro le duró un instante, hasta que se dio cuenta que tenía las manos pegadas a las ventanas.

-¡No puedo quitar las manos de la ventana!- chilló, alterado.

Dio un tirón hacia atrás, pero solo consiguió que la ventana se cerrara. Bediam sonrió y encontró el apoyo del pie. Era muy estrecho y no le cabían ambos, así que dejó el otro pie en el mismo sitio. Bajó ahora la mano que aún estaba apoyada en la repisa de la ventana y la apoyó donde tenía el pie que estaba más arriba, para acto seguido bajar el pie y empezar a buscar apoyo: si conseguía apoyar ese pie, ya estaría lo bastante bajo como para dejarse caer sin demasiado riesgo.

Solo un poco más y podría escapar.


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Re: Las deudas se pagan

Mensaje por Bediam el Lun Abr 15, 2013 1:19 pm

La ventana se abrió bruscamente y apareció de nuevo el matón, asustado. A su espalda, empujándole para que se mantuviese con las manos extendidas y por tanto la ventana abierta, estaba Ander.

-¡Eres una rata!- le gritó a Bediam- ¡deja de escabullirte!

Bediam le ignoró y siguió buscando apoyo con el pie. Ander intentó sacar el cuerpo por la ventana, pero su matón le obstaculizaba.

-¡Quita de ahí, joder!- le rugió.

-¡No puedo!- le espetó- ¡estoy pegado!

Ander no dudó ni un instante: dio un fuerte codazo a uno de los cristales y lo rompió. Los pedazos de cristal roto se desprendieron del marco y el matón, aún con parte de los cristales pegados a la mano, puedo bajar el brazo. Bediam se pegó a la pared todo lo que pudo; tuvo suerte y no le cayó encima ningún cristal. Ander no le dio a su esbirro tiempo a nada, le agarró del hombro y lo empujó a un lado para hacerse sitio. El matón tropezó y cayó al suelo, haciendo que la otra mitad de la ventana se cerrara y golpeara a Ander en un hombro. Este gruñó y rompió la otra mitad de los cristales, dando luego un empujón a la ventana ya totalmente rota para abrirla completamente. Bediam encontró apoyo para el pie, descendió rápidamente y se dejó caer. Aterrizó un poco inclinado hacia atrás, por lo que resbaló y cayó de culo, pero no se hizo demasiado daño. Rodó a un lado y se levantó.

Ander y él se miraron, desde sus respectivas posiciones.

-Más te vale correr- masculló el prestamista- si te atrapo, aunque tengas hasta el último kull que me debes, no acabarás bien.

Bediam no esperó más, echó a correr en dirección hacia el paso que daba al círculo más exterior, pero no el paso más cercano, donde sin duda le esperarían Fen Lanning con toda un ejército, sino en dirección contraria: la ciudad era lo bastante grande y confiaba en poder despistarles. Se giró un instante, Ander había desaparecido de la ventana, por la que ahora únicamente se podía ver una columna de humo. Un humo denso, caliente y negro, que iba remitiendo lentamente, el efecto de la pócima se agotaba.

La duración la poción no era ilimitada. Los recursos de Bediam tampoco.


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Re: Las deudas se pagan

Mensaje por Bediam el Lun Feb 16, 2015 7:50 pm

Hacía rato que había dejado de correr; ahora solo trotaba mientras trataba de recobrar el aliento. Las personas con las que se cruzaba lo miraban, recelosas, y se metían en sus casas. Era una decisión inteligente: el motivo más común por el que alguien corre desesperadamente es porque le están persiguiendo. Fuese por el motivo que fuese, era mejor no inmiscuirse.
Hacía ya algunos años que Bediam no visitaba la ciudad, pero ésta parecía inmune al paso del tiempo, y cada fachada y esquina le eran familiares. Era por eso que sabía que estaba a punto de llegar al paso entre anillos. Aminoró la velocidad hasta que su trote se convirtió en marcha, y poco después en tranquilo paseo. Los pasos siempre tienen guardias, que no suelen ver con buenos ojos las conductas que perturban la tensa paz de la ciudad: alguien corriendo alocadamente se llevaría, con toda seguridad, un garrotazo. Bien podía perder un par de minutos andando tranquilamente (y de paso recuperar el aliento) para recibir una muy asumible mirada de indiferencia.

Llegó al paso y, efectivamente, un guardia con cara de hastío observaba sin gran interés el lento circular de los habitantes de ambos círculos. Dependiendo de la pinta que tuvieses y el estado de ánimo del defensor de orden, te podían parar para un breve y hosco interrogatorio, aunque Bediam confiaba en que le pasaran por alto: los círculos más interiores alojaban a gente de estatus gradualmente más alto, por lo que realmente preocupante para los gobernantes era el paso de indeseables hacia círculos interiores y no al revés. Pero uno nunca estaba del todo a salvo, por eso el corazón del alquimista latía con fuerza (por eso y por la carrera que se había echado, claro).

Disminuyó todavía más el ritmo y se dispuso a atravesar el paso entre anillos. El guardia le observó sin interés al principio, pero frunció el ceño al ver el sudor que le corría por las mejillas y el cuello.

-¿De dónde vienes?– preguntó con aspereza el guardia.

Bediam compuso una sonrisa cansada y le miró, tratando de ocultar su prisa: los esbirros de Lanning podía aparecer en cualquier momento.

-Estaba dando un paseo –contestó Bediam-. Me vuelvo ya a casa, hace demasiado calor.

El guardia no parecía muy convencido. Le examinó con calma.

-¿Siempre sales a pasear por la ciudad con ropa de viaje?  –le preguntó.

Bediam vaciló: siempre llevaba una túnica oscura y bastante holgada, perfecta para ocultar su cinturón de miradas curiosas. Llevaba unas botas, gastadas por el uso prolongado y permanentemente manchadas de tierra y barro. Tenía el aspecto de un viajero que solo estaba de paso… Justo lo que era.


Última edición por Bediam el Sáb Feb 28, 2015 12:21 pm, editado 2 veces
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Parte 10

Mensaje por Bediam el Lun Feb 16, 2015 8:28 pm

Unos ojos fijos en los suyos. Una mueca tensa, poco amigable. Un balanceo suave del garrote. Los pies ligeramente separados. Todo su cuerpo inclinándose lentamente hacia adelante.

-Yo… -balbuceó Bediam.

El guardia no necesitó nada más. Saltó sobre él y le atenazó la muñeca con su manaza. Levantó su arma, amenazante, pero no le golpeó.

-No sé qué has hecho, pero no eres trigo limpio –masculló.

Bediam intentó decir algo, pero el guardia lo zarandeó con violencia y aplastó su cara contra la del alquimista.

-En esta ciudad no nos gustan los maleantes  –continuó-. Y si fueras de aquí lo sabrías.

-Soy de aquí  –murmuró Bediam, aturdido.

El guarda arrugó la nariz, molesto. Echó un vistazo furtivo a la ropa del alquimista y luego retomó el contacto visual.

-¿Qué es ese olor tan asqueroso?  –inquirió.

Se fijó entonces en lo sucio que tenía el pelo, en lo oscurecida que tenía la piel y en la marca de las gafas protectoras. Y ató cabos.

-Tienes algo que ver con ese humo negro de hace un rato  –afirmó. No fue una pregunta.

-No, no  –respondió Bediam, sin convicción-. Yo solo estaba paseando.

El guarda frunció el ceño y zarandeó al alquimista de nuevo. Bediam dio un tirón, tratando de soltarse, pero fue en vano: el otro hombre era mucho más fuerte que él, no tenía nada que hacer en un combate cuerpo a cuerpo. Solo le quedaba una opción. Fingió perder el equilibrio y quedó de rodillas, aún con el brazo firmemente sujeto. Desde esa posición, deslizó su brazo libre hasta su cinturón y agarró un frasco concreto. El guardia dio un tirón para levantarle y Bediam aprovechó para sacar el frasco todo lo rápido que pudo y estrellárselo en la cara. El frasco se rompió con un chirrido y los trozos de cristal salieron despedidos en todas direcciones.El hombre gruñó, más sorprendido que dolorido y dio un paso atrás, aún sin soltarle. El líquido le resbalaba por la cara, junto con unas pocas gotas de sangre que brotaban de los cortes que le había producido el cristal roto. A Bediam también le sangraba levemente la mano, pero por suerte no se le había quedado ningún cristal incrustado.  
El guardia, sin abrir aún los ojos, levantó su garrote con decisión. Bediam tragó saliva.

Quizás no había sido una buena idea.


Última edición por Bediam el Sáb Feb 28, 2015 12:22 pm, editado 1 vez
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Re: Las deudas se pagan

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