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Las deudas se pagan

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Re: Las deudas se pagan

Mensaje por Bediam el Dom Feb 22, 2015 6:40 pm

-El tabernero gordo avisó a tu madre de que estabas en problemas, y ambos salieron a buscarte –dijo la mujer, sin darle tiempo a decir nada- Cuando te encontraron, estabas tendido en el suelo sobre un charco de sangre, según me han contado.

Bediam se palpó la cara: no había rastro de heridas. A la mujer no le pasó por alto la sorpresa del hombre y sonrió.

-El tabernero gordo te cargó hasta aquí y tu madre me llamó para que te ayudase –continuó la mujer-. Cuando vine tenías muy mala pinta, pero te curé.

Un sentimiento de gratitud le llenó y se desbordó en forma de quedas lágrimas. Llevaba tanto tiempo en los caminos que apenas recordaba lo que era que se preocupasen por uno. El Gordo Roger y su madre le habían ayudado todo lo que habían podido, y él solo les había correspondido con problemas y desgracias. Pensó en su madre, perdiendo el negocio familiar a manos de los buitres Lanning por su incompetencia. En Roger, tratando de limpiar su ennegrecido local del humo oscuro que él había desatado allí por tozudez. Y la culpabilidad lo azotó como nunca lo había hecho. También a esa mujer le debía mucho, y ni siquiera sabía su nombre.

-¿Cómo te llamas? –preguntó Bediam.

La mujer sonrió con la boca y con los ojos.

-Kheme –respondió-. Encantada.

Bediam le devolvió el saludo.

-Pues muchas gracias por curarme, Kheme –dijo Bediam con sinceridad-. Aún no me puedo creer que me haya recuperado completamente en apenas unas horas.

La mujer se alisó la ropa con aire de divertida suficiencia.

-Bah, no ha sido nada –respondió-. Para eso me pagan.

Alguien tocó la puerta. Kheme dio permiso para entrar y el enorme corpachón de Roger entró en la habitación. Estaba sudado y llevaba en la mano el cinturón de Bediam.

-¡Mi cinturón! –exclamó, sorprendido.

Roger se lo tendió con gesto brusco, y Bediam lo cogió con delicadeza. No tenía ningún frasco y al romperse las lágrimas rojas había decolorado y agujereado parte del cuero, pero seguía bastante entero.

-Muchas gracias, Roger –musitó Bediam.

Roger bufó, indiferente.

-Por mí se podría haber quedado en la calle tirado –rezongó-. Pero ella insistió en que fuese a recuperarlo, que si no irías tú y te meterías en un lío.

Bediam miró a Kheme, sorprendido.

-Muchas gracias –le dijo-. No sabes lo importante que es ese cinturón para mí.

La mujer se rió con disimulo y meneó el dedo, haciéndole ver que se equivocaba. Apartó a un lado la túnica que llevaba y le mostró a Bediam lo que llevaba debajo.

El joven alquimista abrió mucho los ojos. Kheme llevaba su propio cinturón de alquimista.
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Re: Las deudas se pagan

Mensaje por Bediam el Lun Feb 23, 2015 3:31 pm

Los ojos de Bediam resbalaron, vidriosos, por el cinturón de Kheme. Tenía, igual que él, frascos cogidos mediante tiras de cuero al cinturón. Una sensación reconfortante le invadió el corazón: era la primera vez que hablaba con otro alquimista.

Os puede parecer raro que sea así, pero hay que entenderlo: los alquimistas son muy celosos con sus secretos. Una receta inventada por uno de ellos es lo que le hace destacar del resto. Si alguien más la aprende, se quedará con toda seguridad sin el monopolio de su producto estrella, lo que significa inevitablemente menos dinero para el bolsillo. Así que los alquimistas, que ya son de normal reservados con su trabajo, huyen como de la peste de los otros alquimistas, ya que son los únicos capaces de desentrañar los secretos de sus pócimas. Por eso, a pesar de que había visto a otros miembros de su gremio, estos se habían negado a hablar con él en el mismo instante en que había sido reconocido como alquimista. Era frustrante, porque todos sus conocimientos los había obtenido de los libros, no poder hablar de su pasión con nadie que le entendiera.

El Gordo Roger le palmeó la espalda, le insultó un poco a modo de despedida y se fue por donde había venido: tenía, desde luego, mucho trabajo por delante, pero prometió volver. Bediam apenas le prestó atención: estaba absorto mirando los frascos de la alquimista.

-¿Ese frasco es de Prisa de Eryth? –aventuró Bediam, señalando un vial con un líquido blanquecino.

Kheme torció el gesto, incómoda, y volvió a poner la túnica en su lugar, ocultando los frascos. Ambos se miraron a los ojos, y Bediam pudo ver reproche en la expresión de su interlocutora.

-Uhm… –murmuró Bediam, incómodo- Lo siento.

Kheme le restó importancia con un gesto de su mano, pero seguía tensa.
No dijo nada, pero tampoco hizo ademán de marcharse.

-Bueno, ¿y vives por aquí? –preguntó Bediam cuando no pudo soportarlo más, tratando de romper el incómodo silencio que se había instalado en la habitación.

La alquimista se encogió de hombros con ambigüedad. Bediam sintió como se le caía el alma a los pies: había puesto a la mujer en guardia y ya no parecía dispuesta a decirle nada.
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Re: Las deudas se pagan

Mensaje por Bediam el Lun Feb 23, 2015 4:03 pm

De nuevo, se produjo un incómodo silencio que Kheme no parecía querer disipar. Bediam apretó los dientes, tratando de resistir la tentación de seguir haciendo las preguntas que le quemaban las entrañas, pero era imposible resistirse: llevaba toda su vida buscando hablar con un alquimista más experimentado que él. Quería información de primera mano, trucos, consejos, historias, curiosidades. Y jamás había tenido nada de eso. Todo lo que sabía era una mezcla de lo que había aprendido mediante libros sazonado con todos sus experimentos más o menos temerarios y sin fundamento. Echaba de menos un aprendizaje formal, como el que recibían los carpinteros o los soldados. Era algo con lo que solo había podido soñar.
Cuando no pudo más, una nueva pregunta se le escapó de entre los dientes.

-¿Cómo me has podido curar tan rápido? –preguntó- ¿Qué has usado? No conozco ningún compuesto así.

Kheme compuso una sonrisa forzada, se alisó la ropa y se levantó. Sin dirigirle la palabra, le hizo un cortés gesto de despedida y salió de la habitación. Se planteó seguirla, pero estaba claro que no conseguiría nada. No pensaba rendirse aún, pero sabía cuándo había que dejar que una situación reposara: era algo que había aprendido a base de ser demasiado impaciente, que al final las prisas siempre retrasan el desenlace. Así que dejó que pasase un tiempo más que suficiente para que Kheme se pudiese despedir de su madre con tranquilidad y, pasado ese tiempo, empezó a moverse. Estaba prácticamente desnudo, pero le habían dejado una muda limpia en una silla. Se puso la ropa y se sintió limpio por primera vez en mucho tiempo. Se colocó después el cinturón y se sintió más seguro al instante, aún sin sus frascos. Roger también había traído su zurrón, pero no se lo colgó al hombro, pues no tenía intención de irse aún. Abrió la puerta y vagabundeó por su antigua casa, dejando que los recuerdos se difundieran desde las paredes y los muebles hasta él. Había cosas nuevas que no le despertaban ninguna emoción, pero otras, las más antiguas, estaban fuertemente ligadas a su pasado, a su infancia, y le hicieron sonreír con añoranza. Encontró a su madre en el salón, hablando con un hombre algo mayor que él, con el pelo grasiento. Al verle aparecer, ambos se quedaron callados y le miraron.

-¿Es él? –preguntó el hombre.

Su madre asintió mientras le hacía a Bediam un gesto para que se acercase.

-La guardia te está buscando –le informó-. Vas a tener que huir de la ciudad.

El alquimista frunció el ceño, preocupado.

-Apresaron a Fen Lanning hace algún rato –comentó el hombre-. Le van a acusar de resistencia a la autoridad, así que le darán unos cuantos latigazos, pero no está acusado de brujería. El guardia al que noquearon, cuando despertó, no le identificó como la persona que le había atacado. Así que ahora la están buscando por toda la ciudad.

Bediam tragó saliva. Sus problemas aún no habían terminado.
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Re: Las deudas se pagan

Mensaje por Bediam el Lun Feb 23, 2015 7:37 pm

El plan era sencillo. Grep, el hombre de pelo grasiento, viejo amigo de su madre, le alojaba en su casa hasta la noche. Si Fen Lanning les había dicho quién era él, no dudarían en ir a buscarlo a casa de sus padres, por lo que permanecer allí era peligroso. Una vez llegada la noche, Bediam se escabulliría de la ciudad y no volvería en una larga temporada.

-Nunca debiste juntarte con los Lanning, hijo –le reprendió su madre con tono seco-. Fue una mala decisión.

Bediam se encogió de hombros, molesto. Él no había pedido heredar el negocio, pero de todos modos había tratado de sacarlo adelante. No lo había conseguido, pero se había esforzado. No podía culpar a su madre de sus errores, ella no había tenido nada que ver, pero le fastidiaba que le restregara por la cara sus peores decisiones.

-¿Cómo encontraste a Kheme… la mujer que me curó? –preguntó Bediam, cambiando de tema.

Su madre señaló a Grep con un movimiento de mentón.

-Él fue quien la trajo –contestó-. Estaba alojada en su casa.

Bediam miró al hombre de pelo grasiento, que corroboró su historia con un movimiento de cabeza. El alquimista no hizo ningún comentario más: iba a pasar unas horas en su casa, ya tendría tiempo para interrogarlo con calma. Ambos se despidieron de la mujer y salieron de la casa. Bediam se había calado un sombrero viejo y gastado, que había pertenecido a su padre, para evitar que le reconocieran. Caminaron a paso ligero, charlando de nimiedades. Se cruzaron con un grupo de guardias que apenas les dedicaron una mirada hosca, pero casi murieron ambos de un infarto.
Llegaron a casa de Grep sin un rasguño.

-Nunca me había parecido tan largo el camino desde casa de tu madre –confesó el hombre con una sonrisa de alivio.

Bediam asintió, dejó sus cosas en un rincón y se sentó en una silla. Estaba muy nervioso. No era solo el hecho de que le estuviese buscando la guardia, sino el no tener pociones. Tener el cinturón era algo, claro, pero lo realmente importante era tener pociones. El peso de los frascos llenos de líquido bamboleándose siempre le tranquilizaba, pero ahora sentía el cinturón desapaciblemente ligero. Ni se planteó preparar sus pociones allí: era demasiado arriesgado y no sabía si aquello podía incomodar o molestar a su anfitrión.

Estaba sumido en sus pensamientos cuando una voz le sobresaltó.

-Hola de nuevo –dijo la voz.

Bediam se giró y allí estaba Kheme. No sonreía, pero tampoco parecía enfadada.

-Hola –saludó el alquimista, cauteloso.

Tenía otra oportunidad. No la desaprovecharía.
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Re: Las deudas se pagan

Mensaje por Bediam el Lun Feb 23, 2015 10:11 pm

Grep saludó a Kheme con educación. Les entregó una llave de su casa y les dijo que se iba a trabajar: así tenía una excusa para haber cerrado la puerta con llave y evitar la entrada de curiosos… o guardias. Bediam asintió, conforme, y Grep le dedicó una sonrisa confiada.

-Todo saldrá bien –le aseguró, antes de salir.

Quedaron, entonces, los dos alquimistas solos.

-Me gustaría disculparme de nuevo –se apresuró a decir Bediam, para evitar que se aposentara el silencio-. Siento haberte incomodado, no tendría que haber preguntado por tus pociones.

Kheme se encogió de hombros, pero esta vez acompañó el gesto con una leve sonrisa. Bediam sonrió también, con timidez, aliviado de ver que ella no le rechazaba de pleno nuevamente.

-Ha sido un día bastante malo para mí –continuó el alquimista-. Y estaba emocionado de poder hablar por fin con otro alquimista que…

Kheme frunció el ceño y Bediam se calló al instante, temeroso de volver a contrariarla.

-¿Nunca has hablado con otro alquimista? –inquirió la mujer.

Bediam dudó un poco, pero negó con la cabeza, algo avergonzado.

-¿Entonces cómo has aprendido? –insistió Kheme- ¿Nadie te enseñó?

-He aprendido de los libros –confesó Bediam al instante.

La mujer chasqueó la lengua y empezó a pasearse por toda la habitación.

-¿Qué libros has leído? – le preguntó.

Bediam enumeró los libros que recordaba haber leído sobre la alquimia. Conforme iba hablando, la alquimista iba irritándose más y más.

-¿Sabes lo que es el aleb? –continuó Kheme con su interrogatorio, cortándole cuando ya empezaba a costarle recordar.

Bediam negó con la cabeza y la mujer se relajó un poco, aunque aun así no parecía contenta.

-¿Qué sabes hacer? –inquirió con brusquedad.

Bediam empezó a sentirse incómodo, pero obedeció y empezó a enumerar: lágrimas rojas, comecorazas, frío líquido, preparado de nube alquímica, enlazante, esencia de sueño

-¿Cómo haces la esencia de sueño? –volvió a cortarle Kheme.

Bediam se planteó sentirse ofendido por una pregunta tan directa sobre sus métodos, pero la mujer parecía ansiosa y no quiso disgustarla. De todos modos, seguramente no había un solo compuesto que él supiese hacer y ella no.
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Re: Las deudas se pagan

Mensaje por Bediam el Miér Feb 25, 2015 6:41 pm

Organizó su mente con rapidez. No era una pócima difícil, aunque uno de los ingredientes era endiabladamente complicado de obtener.

-Pulverizas corteza de oniroble, la mezclas con un poco de agua hasta que se hace una pasta y luego vas añadiendo alcohol de Keton mientras remueves hasta que se disuelve todo –explicó Bediam.

Kheme asintió, de acuerdo, y miró al joven con intensidad.

-¿Qué función hace cada uno de los ingredientes? –le preguntó.

Bediam dudó. ¿Cómo que qué hacían los ingredientes? Kheme no se impacientó ante las dudas del alquimista, así que éste lo pensó detenidamente.

-El agua es para disolver la corteza del oniroble –dedujo Bediam-. Porque en alcohol de Keton no se puede.

Una vez había intentado juntar la corteza de oniroble directamente con el alcohol de Keton, pero no había conseguido que ambos componentes se mezclaran. Había sido frustrante y había perdido una valiosísima mercancía. Aún lo recordaba con bochorno.

-Bien –concedió la alquimista- ¿Y los otros dos?

-El alcohol de Keton es para conseguir que la mezcla sea líquida –continuó Bediam.

-Pero eso se puede conseguir también con agua –argumentó Kheme-. ¿Por qué usar una sustancia menos común para un propósito tan mundano?

El alquimista se rascó la cabeza, incómodo. Trató de recordar algunas característica resaltable del alcohol de Keton. Olía muy fuerte, eso seguro. Se estrujó los sesos, pero no recordaba ninguna otra característica destacable… Hacía meses que no tenía nada, porque se había dejado accidentalmente abierto el frasco en el que lo llevaba y se había evaporado por completo en cuestión de horas. Soltó una carcajada seca, pues su propia torpeza le daba de nuevo la respuesta.

-El alcohol de Keton se convierte en gas con mucha facilidad que el agua –respondió el joven alquimista-. Por eso se usa en vez de agua, para que se aspire cuanto antes.

Kheme volvió a asentir, permitiéndose una sonrisa. Bediam se sentía orgullo de cómo estaba siendo capaz de superar las respuestas de su mayor, aunque había algo que lo turbaba: ¿Cómo es que nunca se había planteado esas cosas?

-Y, por último, ¿para qué sirve la corteza de oniroble? –finalizó la alquimista.

Bediam se zafó de sus reflexiones con un gesto elegante y miró a Kheme con seguridad. Ahora veía todo el proceso cristalino.

-Es el somnífero, el ingrediente principal -contestó-. Al respirarlo, te duermes. Pero es difícil respirarlo, por eso se pulveriza y se mezcla con otros ingredientes, para facilitar su acción.

La mujer asintió nuevamente y Bediam se sintió triunfante. Si aquello era una prueba, sin duda la había superado. Tal vez ahora le contara los secretos de la alquimia, las pociones más poderosas y los procedimientos más osados…
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Re: Las deudas se pagan

Mensaje por Bediam el Jue Feb 26, 2015 8:22 pm

Una nueva pregunta, más afilada y más profunda, le sacó de su ensoñación.

-¿Y por qué el alcohol de Keton se vuelve gaseoso a menor temperatura que el agua? –preguntó Kheme, sin vacilar.

Bediam se rascó la cabeza, aturdido.

-¿Cómo que por qué? –murmuró- Pues porque sí, porque es más volátil.

La alquimista negó con la cabeza.

-Ya sé que es más volátil –respondió-. Quiero saber POR QUÉ es más volátil.

El alquimista se quedó allí plantado, con el ceño fruncido, tratando de organizar sus ideas. Pero fue inútil. No lo sabía y no había forma de deducirlo.

-No tengo ni idea –confesó Bediam con un hilo de voz.

Kheme sonrió abiertamente y le puso una mano en el hombro, en señal de ánimo.

-¿Quieres saberlo? –le susurró.

Bediam la miró a los ojos. Vio en ellos sabiduría. Y fue entonces cuando se dio cuenta de lo fragmentado que era su conocimiento de la alquimia. La usaba como un ser sin cerebro: seguía las instrucciones del libro y obtenía un producto con propiedades definidas. Rara vez se preguntaba para que servía cada uno de los componentes de las pociones, aceptaba sin más que su conjunto tenía tal o cual efecto. Y jamás, en toda su vida, se había preguntado por qué cada compuesto tenía unas propiedades definidas. ¿Por qué la corteza de oniroble era somnífera? ¿Por qué el alcohol de Keton olía mal? ¿Por qué la piedra sulbari era amarilla? El torrente de preguntas fue tan intenso que se sintió ahogado por ellas, como si cada rincón de su cerebro estuviese asediado por una pregunta distinta.

- –rogó Bediam-. Quiero saberlo.

Kheme entrecerró los ojos con ternura y le dio unas palmaditas en el hombro.

-Me alegro –respondió.

Entonces la mujer se dio la vuelta y subió las escaleras de la casa. Bediam se quedó allí aturdido, mientras trataba de calmarse. Aún no lo había conseguido cuando Kheme bajó de nuevo, con una capa de viaje y una pesada bolsa al hombro.

-Si consigues salir de la ciudad, ven a verme –le dijo la alquimista-. Estaré encantada de responder a tus preguntas en un ambiente más apropiado.

Sin dejarle tiempo a responder, Kheme se le acercó y le tendió un papel con unos garabatos que pretendían representar Ujesh-Varsha. Había una zona señalada con una X.
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Re: Las deudas se pagan

Mensaje por Bediam el Jue Feb 26, 2015 9:07 pm

Bediam le dedicó un segundo al mapa y volvió a mirar a la mujer.

-¿Cómo voy a encontrarte solo con esto? –preguntó.

Kheme sonrió, sacó la llave que les había dado Grep y abrió la puerta.

-Tendrás que esforzarte –respondió.

Y esas fueron sus últimas palabras. Salió y cerró la puerta tras de sí, sin dar tiempo a una irritada réplica o a una desesperada súplica. Bediam sintió el impulso de ir tras ella, pero el miedo le detuvo. ¿Y si le reconocían los guardias? ¿Y si se topaba con algún esbirro de los Lanning?

Decidió que si Kheme consideraba que la información era suficiente, seguramente lo sería, de algún extraño modo que no alcanzaba a comprender. Dobló el tosco mapa y lo ocultó en su bota. Si le confiscaban el cinturón y el zurrón, tal vez podría salvar la nota y llegar a Kheme. Por primera vez en mucho tiempo, las pociones en sí pasaron a un segundo plano. Ahora era todo el proceso que se ocultaba tras ellas lo que le tenía fascinado y no podía esperar para descubrir los secretos de la alquimia… y del mundo.

A las pocas horas llegó Grep, sudoroso pero feliz. Charlaron con cordialidad, comieron y repasaron el plan, aunque era sencillo. Jugaron a cartas y recordaron tiempos mejores de la ciudad.

Por fin, anocheció. Cenaron frugalmente y repasaron una vez más el plan. Cuando la noche ya era fría y espesa, Bediam preparó sus cosas. Grep le deseó suerte y le abrió la puerta. El alquimista dudó.

-¿Por qué me ayudas tanto? –quiso saber-. Apenas nos conocemos.

Grep se encogió de hombros.

-Todos necesitamos ayuda a veces -respondió-. Cuando yo la necesité, tu madre me la prestó sin dudar.

Bediam sonrió y le tendió la mano. Grep le devolvió la sonrisa y se la estrechó. En cuanto se aflojó el apretón, Bediam salió de la casa y la puerta se cerró tras de él.

Callejeó con precisión: sabía que calle sucedía a cada una de las anteriores, llevaba horas repitiéndoselo a sí mismo y lo tenía grabado a fuego en la memoria. La ciudad estaba en penumbra y los pasos sin vigilar. No era ningún secreto que la guardia solía negligir su deberes de vigilancia a altas horas de la noche en las zonas exteriores.

Total, no había suficientes reclutas dispuestos a patrullar día y noche y no se podían vigilar todos los pasos entre los anillos, así que se concentraban las fuerzas en la zona noble, donde sus esfuerzos se veían recompensados con jugosas propinas y no con pedradas y palizas.
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Re: Las deudas se pagan

Mensaje por Bediam el Vie Feb 27, 2015 6:15 pm

Las puertas exteriores, las que conectaban con los horrores del mundo, eran otra historia. Existían solo cuatro grandes portones y, al caer la noche, los cerraban a cal y canto. Por suerte, y como todo buen merodeador de aquella ciudad sabía, las ornamentadas planchas de metal que componían la puerta norte eran fáciles de trepar por la cara interna, por lo que lo único preocupante era la posibilidad de un resbalón al bajar por la cara exterior, aunque ya se ocupaban los usuarios habituales de tener la zona circundante libre de piedras y rocas, y con la tierra suelta para acolchar la caída.

Bediam llegó, después de un frío rato, al portón norte. Un vistazo rápido le reveló que no había guardias a la vista. No se confió, pues sabía que le andaban buscando y no parecía imposible una emboscada para capturarlo. Avanzó con cautela hasta la pesada puerta. La empujó con la vana esperanza de que se abriera sin rechistar y le evitara trepar, pero se mantuvo sólidamente cerrada. Meneó la cabeza e inició el ascenso. No estaba acostumbrado a esa clase de esfuerzo, pero no le quedaba más remedio.

Cuando aún no había ascendido ni un metro, oyó unos pasos apresurados a su espalda. Se giró justo para ver como una figura oculta bajo una capa con capucha le agarraba de la ropa y lo arrancaba de la pared, estrellándolo contra el suelo. Bediam solo pudo pronunciar un gruñido ahogado, pues el misterioso encapuchado le agarró del cuello con una de sus enormes manos y le aplastó la garganta. Se llevó la otra a la espalda y emergió con un puñal, que centelleaba, sediento de sangre, a la luz de la luna. Bediam trató de golpear a su agresor en el estómago, pero no podía respirar y apenas consiguió reunir fuerza en el golpe. El hombre soltó un gruñido, le soltó la garganta y le cruzó la cara con una atronadora bofetada. El mundo de Bediam empezó a dar vueltas de forma caótica.

-Ya te dije que si te cogía no acabarías bien –le recordó su sombrío agresor.

Bediam veía todo borroso y un zumbido le impedía escuchar correctamente, pero reconoció la voz cargada de odio de Ander Lanning.

-Por tu culpa mi hermano está apresado –continuó- y mañana le van a dar diez latigazos. Fen no está acostumbrado al dolor: chillará, suplicará y llorará. Todo el mundo podrá verlo.

Mientras hablaba no le golpeaba, por lo que el alquimista fue, poco a poco, recobrando el control de su mente. Consiguió enfocar los oscuros ojos de Ander y vio tanta furia en su mirada que se le encogió el estómago.

-Le has arrebatado su honor –le espetó-. Eres una rata ladrona y cobarde.

Ander acercó el cuchillo a su garganta, aunque sin dejar que el metal helado tocase su carne. Bediam lo vio en su mirada: quería matarlo. Recordó entonces las palabras de Fen, en las que aseguraba que su hermano no tenía madera de asesino. Nunca había matado a nadie, pero siempre hay una primera vez para todo.
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Re: Las deudas se pagan

Mensaje por Bediam el Vie Feb 27, 2015 7:26 pm

Estaba sin pociones. No le restaban fuerzas para luchar. Era noche cerrada y no había nadie a quien pedir ayuda. Y aunque llegase la guardia, lo único que conseguiría sería posponer su muerte hasta la mañana siguiente. El único modo de salvar su vida era consiguiendo que Ander decidiera no matarlo y parecía bastante decidido a ello: por eso había venido solo, porque se proponía hacer algo que nadie debía ver. Suspiró y se sintió extrañamente libre. Nada dependía de él, así que se relajó y miró a su verdugo a los ojos.

-Tu hermano merece el castigo –se sinceró-. Es una mala persona.

Ander puso una mueca de enfado y le golpeó con el duro mango del puñal en el pecho. Bediam sintió un dolor intenso, pero apretó los dientes y no gritó.

-¿Has… hablado… con él? –consiguió articular el alquimista.

Ander volvió a levantar el puñal para golpearlo de nuevo, pero la pregunta le detuvo.

-No he podido –contestó, hosco-. Lo tienen encerrado e incomunicado hasta que se ejecute la sentencia.

Bediam se llevó las manos al pecho y se lo presionó. El dolor le latía con violencia, acompasándose con su corazón. Si le volvía a golpear ahí, le haría trizas las costillas.

-Yo no… hice nada –gruñó el alquimista-. Fue… tu culpa.

Ander apretó los dientes con ira. Le agarró de la ropa y le levantó ligeramente. Empuñó el cuchillo y le apuntó con él. Bediam le hizo un gesto para que esperase y el prestamista se detuvo, aunque se mantuvo rígido, congelado en su ataque. Con un movimiento de brazo, le clavaría el puñal en el cuello y lo mataría.

Bediam inspiró hondo a pesar del dolor y se concentró. Si paraba de hablar, sería su fin. No podía balbucear por mucho que le doliese.

-Un guardia me detuvo en mi huida y me hirió en la pierna antes de que yo lo noquease –explicó Bediam-. Entonces llegó Fen. Como estaba malherido, no pude huir. Tu hermano mandó a uno de sus hombres llamar a la guardia para presionarme, porque sabía que si llegaban y veían la situación me apresarían. Estaba arrinconado, así que me rendí a cambio de clemencia.

Ander frunció el ceño, pero no le atacó. Permaneció quieto, expectante. Bediam tragó saliva y continuó.

-Pero tu hermano me traicionó en cuanto le entregué mis pociones –recordó el alquimista amargamente- y me reveló que me iba a entregar a la guardia para que me ahorcasen.

El prestamista estaba muy atento. No pareció gustarle lo que Bediam contaba, aunque éste no sabía si era porque pensaba que mentía o porque no aprobaba el comportamiento de su hermano.
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