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Destellos de Luz y sombra

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Destellos de Luz y sombra

Mensaje por Shanaia el Jue Abr 25, 2013 5:45 am


*tres horas después el anochecer*

Shanaia revisaba el papeleo de la última noche. Contratos por escrito con proveedores, pagos a guardias, informes médicos… anotó mentalmente que necesitaban otro médico. Analizo los gastos y entradas, sonriendo satisfecha al resultado. Cierto, no era la gran ganancia y se dijo a si misma que tendría que abrir algún otro local si quería seguir pagando el estilo de vida de su madre, pero, a fin de cuentas por el momento eso estaría bien. Se giró, observando por la única ventana reforzada de aquella habitación. Afuera, el jardín se expandía a su gusto, creciendo salvajemente, aunque bien cuidado. La luz de la luna se derramaba dulcemente sobre las plantas que, aun en esa época fría del año se mostraban verdes y lozanas. La brisa fresca acaricio las hojas y las agito dulcemente. Shanaia deseo estar afuera, ahí, donde alguna que otra hada se movía oculta entre las sombras nocturnas. En un arranque de espontaneidad, decidió seguir su instinto, poniéndose de pie, abrió la puerta que permanecía cerrada con todo tipo de candados, Pasaron varios minutos antes de que todos los cerrojos cedieran ante llaves, movimientos y combinaciones. La máxima seguridad tenía su oficina de trabajo, después de todo, no querría que ciertos documento cayeran en malas manos. Tan pronto y como el frio golpeo su piel, cubierta solamente por el corto vestido, sonrió. Cerrando los ojos aspiro profundamente y el aroma a humedad inundo sus fosas nasales. La quietud y la paz que rodeaban aquella zona era simplemente sagrada… se sentó en medio de un pequeño claro, apenas lo suficientemente grande como para que apenas cupiera ella. Cerro los ojos un rato, escuchando algún que otro insecto nocturno… de pronto, el aire se enrareció. Detecto una extraña fluctuación, como si la tierra misma esperara algún acontecimiento. Se puso de pie de un salto, sacando su daga directamente de una funda en su pierna derecha. Escucho… si alguien se atrevía a pisar su maldito terreno, terminaría con las tripas embarradas en el suelo, abonando la tierra con su cadáver… y, es que, Shanaia era territorial en cuanto a su santuario se refería. Soportaba borrachos, malvivientes, gente de todo tipo, incluso esos sujetos de sombreros altos que te creen mierda solo por no tener su estatus… pero, en su santuario no. Era su lugar… y acababa de ser violado.

El agujero que se abrió en el aire le obligo a retroceder, con sorpresa observo como un hombre caía de rodillas al suelo, jadeando y temblando. Este vestía una camisa de manga corta y pantalones de lana delgada. Algunos mechones de cabello cubrían su rostro, empapado en sudor frio… el hombre se aferró fuertemente a la tierra, clavando las uñas sobre la húmeda tierra. Shanaia se preparó, mientras el demonio despertaba, rodeándola con esa aura de “perderás tu jodida cabeza”. Después de unos segundos, el sujeto levanto el rostro hacia Shanaia y, con una expresión extraña como de esperanza, estiro la mano hacia ella –por favor… ayuda…- dijo antes de caer inconsciente.

***
Varias horas antes, ciudad de Minash.

La alarma sonó alta y clara. El cuerno lleno con sonido estridente la ciudad, partiendo desde el centro mismo de esta , en el palacio, expandiéndose luego a cada una de las gruesas murallas, donde centinelas se ocuparon de esparcir el sonido por cara rincón de Minash. Alrededor de 5 minutos el eco reboto entre los bosques que rodeaban aquel oculto lugar, espantando a bestias y aves por igual. La tragedia había finalmente golpeado al rey mismo, quien, desesperadamente ahora ladraba órdenes a todo lacayo, guardia y sirvienta que estuviera cercas. La gente salió de su casa, temerosos todos de la situación… sabían lo que sucedía. El temor que aquel cumulo de personas sentía se volvió realidad: la princesa había desaparecido.

Samanta, la llamada Neshma del pueblo era una joven doncella de 18 años de edad recién cumplidos. La joven permanecía casi siempre recluida en el palacio, sin embargo, tres veces al año salía a la ciudad, visitando cada templo en un periodo de 24 horas, durmiendo y comiendo en el sitio. La leyenda en torno a Samanta era tan fielmente creída por todos los súbditos de aquel reino, que, durante esos cuatro días se proclamaba fiesta en honor a la doncella, ofrendando en cada uno de los cuatro templos que eran visitados por ella. Ahora, el pánico crecía en la ciudad, pues, la “semana de la regeneración” como la llamaban los citadinos, se acercaba y sin la principal pieza de dicha celebración el ciclo se rompería y Minash se perdería para siempre…

Los jefes de las cuatro casas principales se reunieron en la sala real, cada uno con alguna perdida. Habían pasado 6 horas desde la supuesta desaparición de la joven y eso podía notarse en el rey. El hombre yacía encorvado en su trono incrustado en joyas preciosas. Sus ojos inyectados en sangre debido a las lágrimas derramadas… su piel pálida y lucia 100 años más viejos de lo que en verdad era. La pena cubría las sala completamente… incluso, el día parecía haber desaparecido, al igual que la noche, pues las nubes grises cubrían aquella ciudad, dejando caer gruesas gotas de agua que pronto inundaron las calles. El silencio reino durante unos minutos, hasta que el rey lo rompió.

-Hemos llegado al punto de la desesperación. Todos sabemos lo que pasara si nuestra “Neshma” no regresa. Lo hemos platicado antes y, ciertamente yo me oponía más que nadie, sin embargo… esto no puede continuar. Nuestras hijas… sus esposas, tienen que volver. Necesitamos ayuda, nuestra propia guardia no puede con esto. Sin pistas, sin rastro… solo el maldito templo de la oscuridad, que coincide con el inicio de nuestras perdidas. –

Un leve murmullo se alzó entre los cuatro varones, padres de las casas más importantes, directamente fundadores. Se miraron uno a uno, asintiendo al final. Todos habían perdido a alguien… finalmente, hablo el más viejo.

-Habla ahora Gael, hijo de la familia de Corintio, uno de los cuatro fundadores de esta ciudad. Sin duda, la tragedia ha golpeado fuertemente y nuestro pueblo decae. Todo lo que conocíamos desaparece lentamente y nuestras mujeres tienen miedo. ¿Acaso no podremos poner fin a este dolor? ¿Hemos de padecer más por el capricho cruel de algún malvado? No. Sin embargo, señores, tengan a consideración una cosa: el mundo afuera es cruel. Cruel y malvado… y nunca da nada a cambio. Por eso, y por nada más, hemos decidido mi rey, la recompensa a dar. Sin duda, usted la tomara a bien, porque, daremos la misma moneda con la que el mundo nos podría tratar. Ojo por ojo, diente por diente… todos sabemos bien lo difícil que es acercarse al templo, por lo que, será necesaria cada una de las joyas… -

Un gemido conjunto interrumpió al hombre. Cada jefe, incluido el rey, palidecieron ante la mención de las cuatro joyas, sin embargo, no podían darse el lujo de titubear. Gael espero un momento a que todos se calmaran, alisando la solapa de su costoso traje hecho a mano, muestra de que aun en ese sitio olvidado de los dioses, la opulencia y el descaro existía. –así pues, caballeros… ellos tendrán que ir por dichas joyas. Pero no olviden lo que digo… ojo por ojo… diente por diente…-

***
Un par de horas después, al anochecer.

-Entonces, está dispuesto. – dijo el rey con voz cortante. Los planes habían sido puestos sobre la mesa, y cada hombre se disponía a partir. –caballeros. El hechizo funcionara solamente dos veces, ida y vuelta. Tendrán que accionar el regreso con la palabra “Neshma”. Una vez que la digan, asegúrense de tener sujetos a sus elegidos… o no podrán volver a ellos. ¡Que los dioses y el destino los guíen…! Recuerden, el sitio donde ustedes caigan, probablemente será el lugar donde encuentren a sus elegidos…-

Cada uno de aquellos hombres tenía una misión: Traer a alguien que pudiera ayudarles en su búsqueda y rescate. Hombres y mujeres valerosos, dispuestos a ir por sus mujeres. Valientes y fieles a la promesa, y por sobre todo… dispuesto a aceptar la paga.

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Re: Destellos de Luz y sombra

Mensaje por Kalu'ak Colmillar el Jue Abr 25, 2013 9:06 pm

Ah, nada mejor que una visita a una taberna en los días de ocio. Aunque, si no fuera por el aroma a alcohol constante y las incoherentes balbuceadas de borrachos seria aún mejor. De todos modos no iba a quejarme, la verdad me lo paso bien en las tabernas. Mi aspecto de hombretón forzudo hacia que nadie se metiera conmigo, aunque algunas ligeras ocasiones pasaban, que de alguna u otra manera terminaba al descubierto. Desgraciadamente, esta era una de esas ocasiones. El tabernero estaba tomando mi orden, cuando de repente, un borracho tambaleante camino hacia mí y término apoyándose en mi espalda. Trato de levantarse apoyándome en mí, agarrándose de mi ropa, especialmente de mi capucha. Para cuando finalmente se cayó al suelo estaba colgando de mi capucha, lo que hizo que me destapara la cara, mostrándole al tabernero mi cara, el cual grito de espanto, provocando las miradas de todos los presentes, los cuales reaccionaron de forma parecida al verme. Otro día arruinado.

Sin embargo, antes de que me fuera, como siempre, algunas personas querían patear a la morsa, más específicamente unos cuatro humanos pendencieros, afortunadamente estaban desarmados, según la política del tabernero. El primero vino directo para golpearme. Yo recibí su golpe directo en la cara. Sin embargo, no me hizo efecto, en parte pro que el hombre estaba borracho, en parte porque tuvo que casi saltar para golpearme y en parte porque tengo piel resistente. Sin embargo, yo aún estaba sobrio, así que pude darle un golpe realmente fuerte en la cara, cosa que basto para derribarlo, posiblemente le haya roto la nariz.

Sus compañeros no perdieron tiempo. El segundo trato de darme un golpe a la cara con su brazo izquierdo, pero lo detuve con mi brazo izquierdo, y con el derecho le propine un puñetazo en el estómago que hizo que se inclinara de dolor. Lo levante con ambas manos y lo arroje hacia el tercero que venía corriendo, de modo que ambos cayeron. El último se acercó corriendo hacia mí, gritando como idiota, dando golpes al aire. Simplemente me hice a un lado para que pasara de largo. Cuando lo tuve cerca puse mi mano en su nuca y golpee con fuerza su cabeza contra la barra, luego de lo cual cayó al suelo sangrando. Ahora solo quedaba uno, el tercero, que ya estaba levantándose. Saco un cuchillo y se acercó a mi amenazadoramente. Yo simplemente saque mi cuchillo de carnicero de su funda y le di una mirada seria. El tipo se quedó congelado un momento, luego soltó su cuchillo y salió huyendo de la taberna. Desgraciadamente, estaba tan asustado mirándome que no miro hacia donde iba y acabo noqueándose a si mismo de un cabezazo a la pared.

Ahora me disponía a irme, un hombre de extraño aspecto entro en la taberna. Estaba vestida con una armadura típica de los hombres del norte, con un gran escudo de madera que tenía un extraño símbolo en él y una gran lanza. El tipo en si era de pelo largo y rubio, con dos trenzas largas a los lados, en ese aspecto parecía más una mujer que un hombre. Sin embargo, esa cara de ceño fruncido denotaba seriedad, y esa cicatriz en su ojo de seguro era el fruto de años de experiencia en combate, o de una total estupidez, y a juzgar por su armadura prefería creer en la primera opción.

El hombre pareció echarle una mirada al lugar, examinando cada cosa extraña que había. De golpe, y como era de costumbre, se quedó con su mirada posada en mí. Era una mirada de sorpresa. Me habían mirado así antes, pero no como este tipo, casi parecía que no sabía de la existencia de mi especie, cosa bastante extraña. Creía que todos los humanos de donde el proviene sabían de nuestra existencia y por algo nos cazaban. Sin embargo, este tipo parecía no haber visto u oído jamás de una criatura como yo. Le tomo casi un minuto salir de estado de shock. Entonces observo a los tres hombres tirados en el suelo y luego vio al hombre que estaba tirado a su lado, tirado cerca de la pared. Casi al segundo, redirigió su mirada hacia mí, y entonces le dije- Ellos empezaron, yo acabe- Sin darle mucha importancia al asunto. Era obvio que este tipo no me buscaba, al menos eso era un avance.

El hombre se quedó con cara pensativa. Me vio a mí y a los hombres que noquee unas cuantas veces mientras parecía reflexionar algo. Finalmente, puso un rostro de resignación y se acercó a mí con la lanza en la mano. Yo me prepare para defenderme, aun con mi cuchillo de carnicero en la mano, sin embargo lo guarde cuando me di cuenta que el hombre no buscaba hacerme daño. El me miro con rostro algo suplicante y luego dijo- Emmmm…. ¿Señor?...me llamo Rhasek, comandante de infantería.- En efecto, era un militar- y vengo aquí para hacerle una petición. Por favor, mi pueblo necesita ayuda- Hizo una pausa para esperar contestación alguna y yo sencillamente le hice un gesto con la cabeza para que continuara.- Mi ciudad tiene un grave problema. Nuestras mujeres desaparecen. Cualquiera que tenga de 15 a 30 años desaparece sin dejar rastro. Necesitamos ayuda, por eso estamos buscando a grandes guerreros capaces de cumplir la tarea, y a juzgar por lo que creo que paso, diría que usted está a la altura de las circunstancias. Por favor, necesitamos que forme parte de un grupo de búsqueda para rescatar a nuestras mujeres. Si acepta, su recompensa será su peso en oro, ósea que recibirá una cantidad increíble de oro jejeje- dijo, tal vez tratando de aligerar el ambiente, sin embargo, mi cara no cambio a una de seriedad. Al ver que su chiste no me hacía gracia, el hombre continuo- y…y una gema de grandes poderes mágicos, muy valiosa.- Eso ultimo me intereso un poco más. Además, aunque había sido algo ofensivo el comentario del hombre, era cierto que si recibiría mi peso en oro, necesitaría una carretilla para cargarlo, y la verdad tendría bastante para invertir. Sin embargo, aún no estaba del todo seguro.

Justo entonces, irrumpieron un par de guardias armados en la taberna y al ver lo que pasaba, me gritaron- Ahí está, es el engendro, a por el- Yo instintivamente levante la primera silla que tuve al alcance y se la lance a los guardias para distraerlos, entonces le grite a Rhasek- Está bien, acepto, vámonos.- Rhasek se mostró muy complacido, aunque en mi opinión tendría que preocuparse más que estar complacido. Pero no fue así, simplemente me dio la mano y antes de que pudiera objetar, todo se volvió oscuro. Antes de que me diera cuenta, ya estaba en lo que parecía ser una ciudad o un pueblo, y junto a una fuente, y para colmo, de pronto había un castillo gigante enfrente de la fuente. Maldita sea, un castillo, una fuente, y encima dentro de una ciudad. Casi me caigo al suelo. Esto sí que era algo que pocas veces había experimentado. Era peor que miedo, era casi como si me fuera a dar un infarto. Un segundo estaba en una taberna y en otro a las afueras de un castillo. Casi me hiperventilo. Incluso tuve que apoyarme en mi lanza y quedarme un momento recuperando el aliento. Susurre- Magia…condenada magia…agradezco que mi pueblo no pueda usarla…- dije entre jadeos. Sin embargo, el hombre solo dijo- Se nota que es tu primera vez en la trasportación mágica.- luego de lo cual lo mire con algo de enojo. El lugar se veía algo deprimente, aunque posiblemente eso fuera porque estaba oscureciendo. Otra cosa rara. Cunado partí de la taberna juraría que apenas comenzaba a caer el sol, y ahora era prácticamente de noche, cosa rara. Luego de un silencio largo, le pregunte al hombre- Y ahora que hacemos- a lo cual el me contesto- Esperamos a que lleguen los demás-Entonces la palabra “grupo” resonó en mi cabeza. Claro, seriamos un grupo. Al parecer tendría que esperar unas horitas. Solo espero que no se tarden demasiado.
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Re: Destellos de Luz y sombra

Mensaje por Necross Belmont el Vie Abr 26, 2013 6:12 am

Spoiler:
Creo esta melodía es perfecta para leer la ridiculez que es mi post

Thonomer, Oh Thonomer, ¿qué mejor lugar para beber? El hombre del lobo se encontraba recorriendo alguna de las ciudades de Thonomer en busca de una taberna, paso varias horas caminando en busca de ella, caminaba con su fiel compañero Foxhound y con su armadura de lobo protegiéndolo, aunque no llevaba puesto el casco.

Encontró un local, al entrar noto que era una taberna simple, con ebrios riendo, ebrios jugando y ebrios en el piso vomitando. Necross estuvo a punto de largarse pero no quería seguir caminando, se acercó a la barra y le hablo al cantinero. –Noble tabernero, sería tan amable de venderme una botella de ron, y si quiere que la paga sea buena, le pediré agua para el can a mi lado. -

El cantinero arqueo una ceja y en un platillo le sirvió agua, Necross lo tomo y lo bajo al piso para que su lobo bebiera, luego le entrego la botella al hombre del lobo mientras este pagaba el precio de ambos servicios. De un gran sorbo bajo la mitad del licor y una gran sonrisa se dibujaba en su cara, invito a algunos comensales que a su lado estaban bebiendo cerveza -¡HEY! ¡Esta ronda va por mi parte!- grito a todo pulmón mientras los ebrios clientes gritaban festejando, el hombre del lobo en un instante se hizo muy popular y todos querían beber y hablar con él, el problema es que Foxhound no dejaba que nadie se acercara.

Cuando llego a la taberna el sol estaba en el cielo calentando el planeta, aún es demasiado temprano para embriagarse, pero poco y nada le importaba al hombre del lobo. Ya algo mareado pidió la segunda botella de ron y decidió marcharse del lugar, antes de salir del antro todos los ebrios al unísono gritaron el nombre del tipo que les pago los tragos. Necross al llegar a la posada en donde se hospedaba se revisó los bolsillos, no tenía nada de dinero. Maldijo al cielo y se sacó la armadura, se lanzó a la cama y se durmió al instante.

Algunas horas después se despertó de golpe, tocio fuertemente y sintió la boca seca, miro por la ventana y ya estaba oscuro. Llevo una de sus manos a su cara y se desvistió; quiera tomar una ducha para reponer energías.

Cuando termino con la ducha vio como el lobo le gruñía a la nada, –¿Foxhound que demonios te pasa? Si tienes hambre tengo comida en mi gabardina, no te preocupes.- de un momento la basura y el polvo que estaba en el piso se movían violentamente, un agujero apareció de la nada y un hombre salió de él. -Yo… tengo que dejar de beber… estoy viendo cosas…- El lobo se lanzó sobre el hombre mordiéndole un brazo y Necross al ver que no era producto de su borrachera se lanzó sobre él, con solo una toalla que le cubría su intimidad.

El desconocido no alcanzo a hablar y ya tenía al lobo mordiendo la tela de su ropa y a Necross doblándole el brazo derecho, el hombre del lobo se levantó y amenazo al desconocido con su espada bastarda, el lobo seguía mordiendo. -¿¡Quién demonios eres y como llegaste aquí!?- el hombre en el piso levanto las manos demostrando que no portaba armas, comenzó a hablar explicando su situación. –Tranquilo noble hombre, mi nombre es Edward, y vengo en busca de guerreros, no de pelea. ¡Por favor dile al lobo que deje de morderme!-

Necross arqueo una ceja y con un silbido el lobo se posó a sus piernas, gruñéndole a Edward. -Muy bien, no te muevas si no quieres que el lobo te saque los ojos, yo vengo en un momento.- Comento mientras tomaba sus ropajes y entraba en otra habitación, necesitaba vestirse. -Bien, explícame que es eso de que buscas guerreros.- comento desde la otra habitación, –preferiría hacerlo cuando se vista noble hombre, además su lobo no me da confianza. - Necross salió de la habitacion con su ropa común sobre él, se colocó la gabardina y escucho atentamente las palabras del desconocido Edward.

–Entiendo, la promesa de dinero siempre es un buen incentivo, pero mi pregunta es. ¿Por qué yo?

- Noble hombre, no lo tome a mal pero… yo aparecí aquí, no esperaba este tipo de bienvenida, pero por sus cicatrices sé que es un guerrero apto para el trabajo.-

Necross frunció el ceño cuando se refirió a sus “cicatriz” un brazo de acero no es una cicatriz, es un recuerdo de que fallo como guerrero, el hombre del lobo anclo su espadón a su espalda, se apretó el escudo al brazo derecho y dejo descansando en su cintura a su espada bastarda. Un movimiento de cabeza sello el trato, Edward advirtió que necesitaban partir inmediatamente, Necross regreso a su cama y busco algo, por todos lados busco la botella de ron que compro anteriormente, -Listo, ya podemos irnos- comento mientras tomaba al lobo con su brazo izquierdo y Edward posaba su mano derecha en el hombro de Necross.

En un pestañeo cambiaron de lugar, Necross se alejó del tipo y miro en donde estaba, un castillo era cubierto por la luz lunar, lo que más le llamo la atención fue que a una corta distancia estaba otro hombre, y una morsa. Tal vez no sea al único que reclutaran.- pensó para sí mismo, el lobo estaba erizado e inquieto, como Necross nunca antes había sido trasportado mágicamente, pero el impacto fue menor en el hombre del lobo ya que aún estaba algo mareado a causa del alcohol. -Bien, supongo debemos esperar a…- sin terminar de hablar vomito en el piso, se llevó una mano a la cara y le sonrió a Edward, que para sí mismo dudaba sobre las capacidades del hombre y su lobo.



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Re: Destellos de Luz y sombra

Mensaje por Rhaegar Targaryen el Sáb Abr 27, 2013 2:44 am




Un grito desgarrador, agudo como el llamado de las águilas, agonizante como el dolor más profundo, y aterrador como la muerte. La heredera, hija de regentes, había girado su cuerpo entero para mirar al fondo, la oleada de gritos y sangre, rojo elixir que comenzó a teñir las claras ropas de los presentes a la ceremonia, a cubrir el suelo lentamente como una serpiente que ondea su cuerpo sobre el suelo, dejaba la marca de la muerte para que el mar envidiara aquel rojo escarlata. Ella dejó caer al suelo la copa de la ceremonia, y al crujir el cristal contra el suelo de mármol, no pudo escucharlo. Solo podía escuchar el coro de dolor, el canto de la muerte abriéndose pasó en la masacre más temible que su clan varia en mucho tiempo…

Aquellos hombres, acuchillaban y mutilaban a su gente. A quienes nació para proteger, y ella solo podía observar, hasta que la sujetaron con una fuerza cargada de odio, tres de aquellos traidores la arrastraron mientras la joven heredera batallaba con su cuerpo por liberarse. Pero no teniendo éxito en sus intentos, su cuerpo había sido sometido, cuando las grandes cuerdas ataron su torso y muñecas a una de las grandes sillas del comedor principal. Aquella misma en la que su padre se sentaba cuando la reprendía siendo ella muy pequeña aún.

Y entonces su mirada desesperadamente busco a su padre, a su madre… sus hermanas. Cuando pudo ver a su padre, en medio del gran salón al aire libre, luchando con puños, con golpes y furia, con la bravía digna de solo él. Los ambarinos ojos de su padre brillaban en una tormenta de odio. De indignación.

Nos han traicionado…

Sus ojos se ensancharon, cuando vio detrás de su padre a un hombre atacarle, con la espada desenvainada, para darle cobijo al filo, en las costillas derechas del regente de la aldea. No podía con esto… cerró los ojos un instante, solo para que un segundo después, el calor abrasara su mejilla. Un fuerte golpe en ella, la hizo reaccionar al instante, y sentir el sabor oxidado de su sangre en la boca, su rostro no mostraba miedo, no mostraba ira… hasta que trajeron a su padre, debilitado…

Su padre la miro con firmeza, como lo había hecho cuando ella hacia algo asertivo, cuando tenía éxito en sus entrenamientos, cuando le ganaba un duelo… él la celebraba con esa mirada. Y casi se le escapa el aire y el corazón en aquel momento. Ambas miradas, cual oro derretido e hirviendo, se cruzaron antes de que le amputaran un brazo, sin miramientos, sin titubear, con una sonrisa socarrona y sádica, sus verdugos fueron cortando pedazo a pedazo. Su cuerpo era un manojo de sangre y trozos mal cortados.

Casi podía escuchar a su padre decirlo…

“No muestres tu debilidad hija mía… no les des, esa satisfacción.”

Un dolor punzante se depositaba en sus ojos, eran las lágrimas gritando por ser liberadas, forzando y empujando por salir, y casi sentía que se asfixiaba ante el nudo que se formaba en su garganta, un trémulo remolino de dolor que no podía huir, que se quedaba atrapado en Rhaegar. Su padre murió, en medio del caos, de la traición y el sufrimiento. Murió de en manos de seres sin honor…

“ ¿De qué nos ha valido el honor… padre?”

Alzo la mirada para encontrarse a su madre siendo devorada por halcones justo sobre el techado de uno de los kioskos del patio. Sus vísceras esparcidas por el suelo y a su alrededor, su rostro ya sin vida, desfigurado por el dolor y el terror que la albergaron justo al ser asesinada.

Las lágrimas no les devolverán la vida.

Se afirmaba ella misma, esa frase una y otra vez. Su padre no la querría ver llorar, ella era Rhaegar Tormenta, heredera de la gubernatura, era…

Sus hermanas comenzaron a rogar por misericordia, jóvenes y frágiles, débiles de cuerpo y mente, sus hermanas nunca pudieron concebir en su ser, la fuerza y dureza. Rhaegar solo podía mirarlas, ser golpeadas, y abiertas como flores en primavera, para ser mancilladas por la lujuria de los traidores. Sus hermosos cuerpos maltratados, sus rostros manchados por la deshonra, sus piernas temblando sin control, siendo penetradas una y otra vez, en cada rincón posible de sus cuerpos… delicadeza desgarrada, pureza profanada. Una vida y otra más, arruinada, arrebatada… marcada.

Su familia se había convertido en cadáveres… sus hermanas asesinadas mientras fueron violadas… sus padres destrozados sin el menor atisbo de piedad. Toda la gloria, el honor, la lealtad de su clan, habían sido desgarrados desde los cimientos.

¿Qué quedaba de ellos?
Miedo.
Por la comisura de su labio, se derramaba una fina línea de sangre, que se detuvo hasta llegar debajo del mentón, su mirada entonces se separo de los cadáveres de sus hermanas, para depositarse en los ojos de quien ahora se posaba frente a ella. Con altivez, con arrogancia, con desquicie. Tanatos, uno de los líderes del clan de los Halcones, el mismo a quien ella había sido prometida, el mismo que había prometido a su padre, prosperidad si la unión se llevaba a cabo… ella siempre supo que nada seria así. Pero jamás, pudo imaginar un final como este. Con un tono de voz por demás infantil y arrogante, el traidor la encaró para proclamarla como suya.


Las lágrimas se mezclaban con las gotas de lluvia que repetidamente resbalaban desde su cabello hasta su rostro, sus ojos entrecerrados con la mirada fija en el infinito, ella estaba en cuclillas, bajo el inmenso árbol que la resguardaba de la lluvia. Su cabello había acabado empapado, pero el cuero había repelido el agua bastante bien de su cuerpo, ahora que había encontrado un refugio bajo el inmenso árbol, se había concentrado en descansar aprovechando el momento. Pero el descanso solo existe para las personas sencillas, para quienes no tienen el peso de un pasado y un reino en sus hombros… y las lágrimas no se detenían, pero ella no sollozaba. Rhaegar no se detenía a lamentarse. Solo permitía que las lágrimas fluyeran silenciosamente a lo largo de sus mejillas hasta su mentón…

Todo aquello que había visto, todo lo que había perdido, todo el honor mancillado. La perseguían día y noche, así como lo hacían los halcones. Desde que abandono el asentamiento, sabía que los lideres mandarían asesinos por ella, pero no estaba cazando a una simple aldeana, no les permitiría atraparla… y entonces miro hacia abajo, a sus manos. Ya había matado dos espías de los halcones, con aquellas manos que una vez sostuvieron las de su madre, sus hermanas… y en pocas pero no nulas ocasiones, las de su padre. Y no pudo usarlas cuando los mataron. Solo pudo observar. Solo pudo quedarse atada con grandes y duros nudos, a observar la muerte de su familia, de su pueblo. Solo pudo ser espectadora de la escena en la que destruyeron a la princesa Rhaegar… ya no hay vida. No hay nada…

-Tiempo… solo queda el tiempo. Y la sombra de lo que una vez fue dicha…

El dolor le oprimía el pecho, pero no se inmutaba. Cientos de espinas habían envuelto su corazón en el instante en que el cuerpo de su progenitor fue destrozado ante sus ojos. Y desde entonces, las espinas se aferraron a ella, para nunca abandonarle. No quiere vida, no quiere muerte. ¿Qué es lo que la princesa sin reino, espera entonces?

Venganza. Destruirlos a todos, y … ¿y entonces qué más?

Sus puños se cerraron con tal fuerza que casi se entierra las uñas en las palmas. Pero entonces algo sucedió, en medio de la oscuridad pudo sentir algo más que su propia presencia… su cuerpo grácil y ligero se preparaba, cada musculo comenzaba a sentir la necesidad de moverse rápido y atacar. Pero la inteligencia del águila predominó el instinto de la guerrera. Cubrió de inmediato su rostro con la media mascara que brindaba el cuello de su traje diseñado para el sigilo. Las lágrimas dejaron de hacerse presentes, ignoro su angustia, su pena y su soledad. Como cada segundo de su vida desde hacía casi medio año. Su mirada se fijó en el fondo, entre dos árboles aun jóvenes, a solo unos diez pasos de donde se encontraba ella con sus piernas flexionadas y la mano alzada tocando el mango de la kijil. Estrechando su privilegiada vista, se asombro a penas ligeramente, cuando una especie de agujero negro, comenzaba a extenderse, sinceramente ella pensó en largarse de ahí, pues algo que nunca le había causado gracia era la magia negra y eso solo daba aquella pinta. Pero lo que sucedió después, fue lo que le causó quedarse en su lugar, inmóvil, abrazada de las sombras. No por miedo, si no por mera costumbre. Ella no se movía tosca y llamativamente. Había dedicado su vida de entrenamiento y los últimos meses de su vida a ser una sombra, o el suave viento que apenas percibes.

Un hombre salió de dicho agujero, uno con una altura superior a la de ella, quizá mediría casi los dos metros, cabello era castaño oscuro y formaba suaves bucles aceitosos cayendo sobre sus hombros, el cuerpo tonificado y endurecido lo cual la alertó. El rostro de aquel desconocido era despreocupado pero al mismo tiempo parecía dar nota de que jamás bajaba la guardia. Unos rasgos varoniles y toscos. Y entonces la mano de Rhaegar se tenso sobre el mango, en cualquier momento podría desenvainar y atacar pero, no solía iniciar ella las peleas, esperaba… sus ojos ambarinos, y ligeramente enrojecidos por el callado llanto de hacia unos instantes, estaña expectantes a cualquier movimiento amenazador. Rhaegar no gustaba de ser la presa.



Johan, pensó por un momento en que aparecer así podría haber asustado a quien viniese a buscar, lo cual abiertamente hizo que se sintiera frustrado, pues si realmente lo había asustado entonces… no era digno, y había perdido su tiempo. Sus parpados cayeron solo para estrechar el rango de visión, quería esforzar la vista en la oscuridad a penas iluminada por la luna. Luna… se detuvo justo en aquel reflejo platino, el húmedo cabello largo que asemejaba la belleza pálida de la luna, y ahí estaba. Por quien él había venido, y la sonrisa de victoria se ladeaba en su marcado y tosco rostro. No la había asustado, la había alertado… por una parte se sintió orgulloso.

“He elegido bien.”

Esa posición, ese silencio, su mirada determinada y su cuerpo como un depredador listo para derrumbar a su presa. Y algo le dijo, que si no se iba con cuidado en esto, terminaría muy mal… no sabía quién saldría más perjudicado, pero al menos ambos acabarían jodidos…

Alzó las manos a la altura de sus propios hombros, alejándolas completamente de los mangos de aquellas dos cortas y curvas espadas que el gurrero y mensajero tenía en su poder. Dio dos pasos adelante, pero al ver a la mujer balancear levente su cuerpo hacia atrás se dio cuenta de que, no confiaría en el en ningún momento… por ahora. Así que se limitó a permanecer en donde estaba ahora parado y habló. Con toda cautela.

“Mujer, he venido de un pueblo bastante lejano a esta frontera montañosa, no vengo a haceros daño, ni mucho menos. Me han enviado, para buscar un guerrero que nos ayude, pues la tragedia se está abriendo paso en nuestro reino. Doncellas jóvenes son secuestradas durante las n noches y… los dioses nos libre, no sabemos qué sucede con dichas muchachas. No contamos con calidad suficiente de guerreros y hemos debido recurrir a este medio.”

Hizo una pausa, pues el cuerpo de la mujer había cambiado de tensión, ya no estaba flexionada lista para lanzar el primer golpe, solo estaba erguida pero sin alejar las manos de sus armas. Eso, hasta cierto punto, causo en él una especie de alivio… lo estaba escuchando. Se aclaro la garganta y continuó hablando con firmeza pero sin prisa.

“No te pido ayuda, te estoy ofreciendo un trabajo realmente. Queremos encontrarlas, muchos han perdido esposas, hijas, hermanas... pero lo peor es la angustia de no saber que sucede con ellas.”

Se detuvo, aunque no sorprendido, de que ella bajase la guardia aparentemente, aunque es bien cierto que estaba consciente de que la mujer se movería en segundos para defenderse si se siente amenazada…

“Todos tenemos pérdidas… pero tenemos la esperanza de que continúen con vida, sin embargo, de no ser así. Por lo menos… las personas podrán saber que ha pasado, y no continuar a la deriva sin saber. Y por supuesto, los culpables pagarán. Y cuando todo eso termine podrás recibir tu recompensa. Y algo más, se te otorgará una joya… una que aumentara el aspecto o los aspectos que desees… solo uno o dos de estos, estas es, más que nada, una ayuda para quienes acepten esta contienda. No te aseguro que podrás conservarla después pero… no sé, cualquier cosa podría ser.”

Se mantuvo callado, esperando su respuesta. Pero sin dejar de lado su postura de tranquilidad a pesar de sentir un poco de presión por el tiempo… el tiempo que no espera.





Rhaegar lo miraba a los ojos, pero eso no decía que su visión no abarcara también estar al tanto de cualquier movimiento en falso. Más cabe destacar, que ante la constante tranquilidad, y el evidente mensaje de paz que aquel hombre quería transmitir. Su cuerpo se fue relajando, al grado en que dejó de adoptar aquella postura depredadora, no dejando de lado que tuviera al alcance de sus manos, sus propias armas. Pero llego un punto, al escuchar lo que tenía que decir él, y cuando hubo terminado, en que la princesa bajó los brazos, sus ojos ambarinos no suavizaron su mirada, parecían, al contrario, encontrarse aun más recelosos.

A pesar de su facilidad para sobrevivir, tenia que ganar algo, necesitaría dinero en algún momento. Ahora estaba sola, no habría el herrero familiar para reparar sus objetos, ni tendría siempre un seguro techo sobre su cabeza, ni ropas confeccionadas por las costureras de la aldea. El mundo fuera, puede ser dominado con fuerza y economía, estaba consciente de ello. Sin decir una sola palabra, cosa que al mensajero no sorprendió en lo absoluto, camino despacio hasta él, sus pies a penas parecían tocar el suelo, y cuando la tuvo de frente, supo que era el momento.

Aquel hombre extendió la mano hacia ella, y Rhaegar dubitativa aun de tocarlo, ofreció la suya. No era la típica mano suave de una mujer, aunque conservaba textura femenina y tersa, tenia durezas en ella, que denotaban su manejo de las armas. Y ella misma sintió la áspera mano del mensajero, tocando la suya. Por un momento sintió el impulso de aventar la mano. Pero se contuvo… y fueron atrapados por aquel agujero mágico que parecía los llevaría de nuevo, al lugar de donde él había llegado.

Después de un pasaje de oscuridad que duro apenas unos parpadeos, ella estaba de pie en medio de un inmenso patio, para entonces de un movimiento rápido arrebato su mano de la del mensajero, a quien por cierto no había preguntado su nombre, aunque no era algo que le intensara. Aquel patio bañado por la oscuridad y el cielo estrellado. En medio de todo había una fuente, llamativa, grande, que denotaba la habilidad artística de su creador. El suelo del patio era de mármol, en tonos diferentes unos de otros bloques, dio un par de pasos guardando distancia del mensajero. Solo para contemplar el palacio que se levantaba imponente frente a ella, un reino… tan imponente pero frágil. Pero entonces supo, que aun estaban en las montañas Drakenfang, sus tierras natales… sintió una especie de nudo en el estómago ante la idea de que pudiera encontrarse a uno de esos malditos halcones aquí, si algo estaba asegurado era que como siempre, haría lo menos por pasar desapercibida y nunca quitarse la máscara que parcialmente ocultaba su identidad.

Bajando la mirada, se encontró con más personas ahí, tres hombres, diferentes tanto en apariencia física como en vestimentas, una especie de morsa… fuera del agua. Eso de inmediato la hizo pensar que podría ser una especie de antropomorfo. Se detuvo un segundo en el hombre que montaba una escenita, vomitando en el suelo, aquel hermoso suelo de brillante elegancia, estaba ebrio sin dudas. Y le miro con desprecio. O al menos, eso aparentaba expresar su distante mirada. No fue, si no hasta que el oro liquido de sus ojos se aferraron a la hermosa imagen de aquella criatura.
Un lobo grande, aunque juraría que ella era un más grande en su forma de águila, de inmediato su semblante había dado un giro impredecible, era armonía… ella paso de tener la mirada más distante y gélida a una que solo podía mostrar simpatía y calma. Bajando su guardia solo para dar unos pasos hacia al lobo, guardando casi metro y medio de distancia. Sintió ella misma, una punzada en su pecho, el aire llenando sus pulmones como si pudiera respirar con calma después de tanto tiempo. Debajo de aquella media máscara que cubría desde la mitad de la nariz hasta unirse al traje de cuero, había una delicada y apenas perceptible sonrisa. Solo una curva en sus labios… se fue inclinando, flexionando las rodillas para que la derecha terminara tocando el marmoleado suelo del gran patio, mientras la otra se mantenía a la altura del pecho de Rhaegar, su brazo izquierdo se recargo en la rodilla alzada, y el derecho se extendía hacia el lobo, deteniéndose a una distancia prudente. Ella conocía a los animales, sobre todo a aquellos que eran depredadores, respetaría el espacio del lobo. Y solo dejaría que él tomara la decisión de acercarse a ella o no. De lo contrario violaría el espacio personal de la criatura.

Mientras eso sucedía, se impregnaba en la oscuridad brillante de su pelaje, en su mirada tensa, y su cuerpo encrespado por el estrés. Parecía ensimismada, parecía aislarse en un mundo reducido a la hermosa criatura y ella. Pero su voz se hizo presente por primera vez desde que el mensajero había llegado. Sin alejarse de su posición y sin desviar su mirada del lobo, preguntó al mensajero:

- ¿Esperamos algo o alguien? Si realmente quieren recuperarlas, es mejor que me las cosas comiencen a tomar su curso, información, mapas, todo… el tiempo, no espera.




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Re: Destellos de Luz y sombra

Mensaje por Shanaia el Miér Mayo 01, 2013 12:22 am

Un hueco negro se abrió a tres metros del suelo, justo después de que n cambia formas llegara. El humano que comandaba aquel viaje de regreso callo de golpe, apenas logrando interponer sus brazos y evitando así, dar directamente de cara. El sujeto permaneció unos segundos en el suelo, jadeando mientras otro ser más salía del hueco. Shanaia se sentía mareada y se sorprendió cuando sus pies no tocaron tierra firme, sino que callo directamente hacia abajo. Mas por instinto que otra cosa, abrió las alas en el segundo exacto, evitando así quedar como su guía, jadeante y lleno de lodo. La joven sacudió la cabeza, estabilizándose en el aire antes de bajar con cierta delicadeza –mierda…- murmuro con una voz apagada. Al abrir las alas, la capa hecha de piel de oso polar había caído al suelo y ahora se manchaba de barro. La mujer finalmente aterrizo, levantando primeramente la prenda, sacudiéndola, antes de ir hacia el hombre y estirar la mano hacia el –me debes un abrigo de piel de oso. Nuevo. ¿Sabes cuánto costo esto? – Suspiro –caramba, ni siquiera puedes aterrizar bien. El vuelo siempre es mejor, digo yo… - Gael levanto la vista hacia la divium con una mueca de enfado -¿es que nunca cierra la boca, bella dama?- pregunta con un tono que por más cortes que trato de parecer, no lo logro. Shawn sonrió desafiante –sí, pero sabiendo lo mucho que te irrita, lo hago de todas formas – fue entonces cuando la desorientación provocada por el viaje fue menguando y sus sentidos se recuperaron del todo. La tierra dejo de dar vueltas y se dio cuenta de que había otros 6 extraños en el área donde habían caído…

-Supongo… que son compañeros… ¿verdad señor Gael?- a pesar de la pregunta Shanaia se llevó la mano con cierta lentitud hacia su ballesta. Se preparó para volar si fuera necesario –sí, desde luego, son compañía esperada y, me temo que somos los últimos. –aun así, Shawn no soltó su arma. Se limitó a observar alrededor, tornándose la persona más seria y amargada de Noreth. Arqueo la ceja al ver a los otros “elegidos”. Un humano, vampiro, o algún ser humanoide vomitando en el suelo. –Apuesto a que es humano…- pensó para sí misma. Tantas veces había visto a ebrios vomitar porque consumían más de lo que podían digerir… fue la vista hacia la derecha. Una chica, igual, de alguna raza humanoide cuyo rostro iba cubierto, dejando ver solo un par de ojos ambarinos, desconfiados… esa chica, definitivamente era de las que o son tus mejores amigas, o un reverendo dolor en el culo. El siguiente en la lista era… -o, por las Diosas…- murmuro al ver al enorme ser… era… una morsa gigante que andaba a dos piernas. En su vida, Shanaia había visto muchas cosas pasar por la taberna, seres extraños vistos desde el cielo donde ella volaba. Pero, un ser así, superaba sus expectativas. ¿Sería amistoso? Tendría que serlo… ¿no? Igual, no se arriesgaría. Aun así, el deseo innato de su raza por saber más de todo, le obligo a mirarlo fijamente por un buen rato. No podía dejar de pensar en un millón de preguntas. ¿Alimentación? ¿Dónde vivía? ¿Hablaba el lenguaje común? ¿Tendría su propio idioma? Todo apuntaba a que aquel viaje, sería interesante.

No sonrió ni cambio de expresión, solamente se quedó ahí, mirándolo… se obligó a seguir reconociendo el terreno, no deseando perturbar a aquella criatura. Estaban todos junto a una fuente de piedra sin agua, rodeada de varios bancos. Shanaia trato de imaginar aquel sitio en su máximo apogeo, cuando los niños correteaban por ahí, las madres conversaban y uno que otro varón vendía sus neceseres. Ahora, a plena noche y con la luna cubierta por las nubes, no era más que un escalofriante sitio. Varias antorchas iluminaban el lugar, permitiendo ver más de su arquitectura. Bastante extraña… muy… peculiar…

****

Finalmente, las 8 personas habían llegado al punto de inicio de aquella aventura. Necross, Kalu'ak Colmillar, Rhaegar y finalmente, Shanaia. Los hombres que les habían guiado hasta ese sitio se miraron uno al otro, especulando sobre si la elección de su compañero había sido la correcta. Finalmente, asintiendo casi todos a la vez, dando la idea de algún tipo de conversación telepática, concluyeron en que solo el tiempo diría si era lo correcto. Johan, quien había traído consigo a Rhaegar fue el que rompió el curioso silencio.

Bienvenidos sean a la ciudad de Minash. Cuna de la magia de toda el área montañosa de Drakenfang. Tiene razón, dama mía –dijo en respuesta a la petición de su elegida – información y mapas son precisos. Para eso, iremos con la persona más sabia de este lugar… por favor, sírvanse de seguirnos, no separarse del grupo y no perturbar al resto del pueblo…-
El ambiente en aquel sitio era por demás extraño. Si los aventureros prestaban atención, se darían cuenta de que aquella plaza estaba conformada por la entrada principal al castillo y cinco casas separadas una de la otra por una distancia exacta, acomodadas en forma de media luna. Cada una de aquellas cabañas tenía una fachada idéntica: de madera negra, techos hechos a base de troncos y paja del mismo color. Dos pisos, un balcón en la planta alta, dos ventanas en la planta baja, una puerta y una entrada empedrada. A pesar de que el resto de las calles eran de tierra, cada casa tenía un empedrado pequeño a la puerta e incluso, los mismos tipos de arbustos con flores azules dispuestas en una misma posición. Como si hubieran clonado la primera casa, duplicándola cuatro veces más. Johan encabezo el camino, yendo directo a la casa que quedaba en medio de aquella media luna, justo delante del castillo.

Todos iniciar la marcha… a excepción de Shanaia. La joven giro su rostro en dirección a la parte más densa del bosque, mirando fijamente a zona. Una brisa extraña agito con dulzura las llamas de las antorchas. La divium casi podía jurar que había algo en el aire que acariciaba sus sentidos… como una voz cálida… cerro los ojos un momento. –Ven…- murmuro y ella se vio tentada a ir en dirección contraria. Era como si el boque le ofreciera algo, un regalo especial… fue esta vez Gael quien rompió la ilusión –mi dama… -dijo el hombre tomando su brazo-debemos apresurarnos…- la joven asintió, regresando al grupo, aun distraída en aquella área…

–El… es… especial- dijo el caballero delante de la puerta, antes de tocar –es importante que no le interrumpan mientras habla y que, no cuestionen sus palabras. Le gusta usar más de las que debería, pero es altamente apreciado por el rey…- el hombre toco la puerta y al cabo de unos momentos, esta se abrió, dejando ver un pasillo iluminado perfectamente. Este daba hacia una salita que constaba de dos sillones, una alfombra de piel y una chimenea.

Avanzaron todos en grupo, hasta quedar delante del cálido fuego. –Bienvenidos sean viajeros a este nicho de conocimiento.- dijo un hombre, apareciendo por una de las puertas de la izquierda, alzando las manos en un gesto de presentación. Vestía de la forma más peculiar posible. Con un sombrero de plumas, una camisa de color azul brillante, abombada, pantalones de lana ajustados y, detrás de su espalda un laúd. Sus pantalones tenían parches y su cara era la de alguien que es más hablador que listo. El hombre sonrió, adentrándose a la sala, dejo su copa sobre la chimenea y volvió a levantar la voz. –Sé que vienen por saber y que desean la verdad escuchar. Pero no se dejen engañar, porque lo que yo sé que se, tal vez sea lo que usted no sepan, pero ustedes sabrán lo que yo no sé ––tomo un trago de su vino y sonrió- pueden llamarme bruno, y con esto ustedes ya más sabios son. Recuerden mis palabras…y así sin más, relato lo que de los hechos se. –

El hombre se quitó el sombrero y haciendo una caravana, dijo lo que a los viajeros venía a trama. -me disculpo si hoy no tengo mi instrumento… soy un juglar y ahora les cuento. Pero tomen en cuenta que mis palabras pueden verse afectadas por el juicio de mi razón que a la razón de la situación se forma… - carraspeo un poco y alzando la mirada, analizo a cada uno con una expresión calmada.



- hace 20 años al amanecer, una mujer dio a luz a una niña, hija de la magia…
Los rayos del sol y la luz de luna la amaron. Y La pequeña creció. La niña se volvió doncella y la doncella mujer sin igual.
Su nombre fue dado por el mismo rey, fue cuidada como la joya y estrella de ese pueblo… Hija del cielo fue llamada. Gustaba pasear por los cuatro templos de Minash conociendo a cada guardián… El templo de la fuerza, de la abundancia, de la guerra y del errante.
Su dulzura y belleza permitieron que ellos confiaran en ella y le abrieran las puertas… y entonces nos dimos cuenta…
Cada vez que ella iba a un templo la energía de este crecía. El pueblo pronto estuvo en equilibrio… fuerza, espíritu, destreza y agilidad. Prosperidad y paz eran otorgados por cada uno de los guardianes… y al final, después de que ella los visitaba, regresaba pronto a su lugar…
Esta joven, tenía el poder dentro de sí. La fuerza misma de la naturaleza, del día y la noche moraban en ella… y por lo tanto, su destino había sido sellado. Mantenida cada día de su vida en su horrible prisión de cris…-
uno de los guardianes carraspeo, mirando fijamente al hombre, quien sonrió, asintió y prosiguió –la joven era feliz –la mueca de él se exageró a un punto caricaturesco – muy feliz, cumpliendo con su propósito. Cada mes, dejaba su… hogar, para pasar tiempo con cada guardián. El pueblo jamás había sido tan prospero… de ahí, mis queridos, es que realizamos el festival del cielo una vez al mes, durante cuatro días en los que se ofrecen regalos a la joven dama… -el hombre dio un trago a su copa y suspiro. - pero no todo es belleza en este relato. También existe el inicio atroz de este retrato. Hace cuatro meses que apareció el castillo, al noroeste de nuestra amada ciudad, surgió aquel vil lugar. Custodiado es por un dragón, y la magia lo rodea alejándonos sin una verdadera razón… desde que en nuestro territorio aquel horrendo lugar nació, nuestras mujeres caen presas de la desaparición.
Al dormir en su lecho están… más al amanecer, ellas han desaparecido. Durante días buscamos y no encontramos… hasta el día de ayer que nuestra princesa dejo su menester. La desesperación ha golpeado a nuestro pueblo… y yo lo sé, pues soy del rey el juglar. –


Edward tomo la palabra una vez que el hombre se quedó en silencio, mirando fijamente al suelo, como si de pronto hubiera perdido energía. Shanaia lo observo, recordándole a una marioneta que se queda sin dueño. –bueno, eso es todo lo que sabemos. Hemos intentado atravesar el campo de magia, pero nos es imposible. Quien lo intenta, sufre un dolor insoportable… por eso llegamos a ustedes. Tal vez, si traíamos a algún extraño, la magia de ese ser no serviría…- Shanaia se puso rígida, cruzándose de brazos –espera, ¿Dijiste lo que creo que dijiste? ¿Qué? Piensan que vamos a ser unas ratas para experimentar? Disculpa, pero planeo sentir el menor dolor posible en esta misión.-

-hay otra forma…- dijo Rhasek. El hombre miro a los demás, tomando aire –tenemos la teoría de que si ustedes consiguen la bendición de cada uno de los guardianes del templo su magia será suficiente para romper el escudo… - El hombre avanzo hacia la puerta, mirando a sus compañeros –pero eso será al amanecer. Ahora mismo ningún templo está abierto y durante la noche este sitio es… - guardo silencio como si sopesara las palabras –peligroso seria lo correcto decir. Edmundo, estoy seguro de que trataras a nuestros invitados como merecen, comida, cama, baño. Lo que requieran dales. Señores, al amanecer vendrá uno de nosotros, entregándoles un mapa con las ubicaciones exactas de cada área. Realmente estamos agradecidos y confiamos en que ustedes traerán a nuestras mujeres a casa… sea como sea. –

Finalmente, los cuatro hombres salieron. Tan pronto como la puerta se cerró, el juglar volvió a la vida (por así decirlo) –bien, mis damas, caballeros… ¿les apetece algo de comer?- Shanaia se estiro, manteniendo siempre la ballesta a la mano –bien, supongo que sí. Aunque primero, permítanme presentarme. Shanaia Malik, apellido de mi madre. Realmente poco importa de done vienen o lo que harán de su futuro… solo me importa el ahora. –Shanaia no creía mucho en eso de “hacer amigos”. ¿Para qué? Mejor era hacer compañeros. Ellos te salvan, tú los salvas, punto, ahí acaba la historia. -Supongo que seremos un equipo, así que… espero contar con ustedes si mi trasero está en riesgo, porque yo cuidare su culo si es necesario. Ojo por ojo señores y señorita– Shanaia miro a Bruno, arqueando una ceja –somos cuatro… deberás preparar mucha comida ¿no crees?-


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Re: Destellos de Luz y sombra

Mensaje por Necross Belmont el Miér Mayo 01, 2013 11:03 pm

El hombre del lobo se sentía pésimo, el ron en su sangre y el extraño viaje han causado su repentina enfermedad. Se sentó un momento cerca de la fuente y se tranquilizó, levanto la vista hacia Edward y con un tono alegre le dijo –Porque no me avisaste que esto sería un viaje mágico, no hubiese bebido si me hubieras dicho.- Edward lo miro con una expresión que claramente decía “mentira”.

Su expresión cambio, se volvió fría y seria cuando una mujer llamaba al lobo, se arriesga mucho. Foxhound miro a Necross antes de avanzar y Necross le hizo una seña con la cabeza, le permitió caminar hasta la extraña mujer. Extraño, el lobo no suele ser amistoso, pero allí estaba, olisqueando la mano de esa extraña mujer mientras movía la cola alegremente, comenzó a gruñir, por un segundo le gruño a Rhaegar, pero ella no era su enemigo, se volteó y se erizo mientras mostraba los dientes, un portal salió de la nada y dos personas salieron de él, los últimos integrantes del grupo.

Mientras bebía una vez más de la botella en su mano llamo al lobo, que rápidamente volvió a los pies de Necross. Ya parecían estar todos listos, ya algo más calmado el hombre del lobo se dio el lujo de observar el lugar en donde se encontraba. Un lugar deprimente, si la fuente estuviera con agua le recordaría el reino de Fígaro, donde vive su camarada Edgar, la nostalgia nuevamente llegaba a él pero con un trago de ron logro ahogarla.

El nombre de la ciudad era Minash, según les comentaron. Los hicieron avanzar, Necross caminaba al lado de Kalu'ak y él lo separaba de Rhaegar que era seguida de cerca por el lobo. Una duda rondaba su cabeza, ¿las morsas de ese tamaño hablaran su idioma? – ¿Quieres? No tengo idea si los de su raza beben alcohol, solo no te lo bebas todo.- El hombre del lobo le ofreció la botella de ron a Kalu'ak, no sabría cómo reaccionaría el sujeto pero esperaba que no se ofendiera, estos bichos siempre se ofenden por tonterías.

Cuando Shanaia se perdió en sus pensamientos el lobo gruño a la oscuridad, Necross no le dio importancia y lo llamo nuevamente, les dieron una pequeña advertencia antes de encontrarse con alguien que al parecer era apreciado por el rey de dicho reino. Por unos breves momentos quedaron solos en la habitación, hasta que un digamos peculiar, hombre apareció por un costad. Sus palabras le daban dolor de cabeza a Necross, ¿Por qué simplemente no hablaba como todos los mortales?

Su nombre era Bruno, un juglar, les conto una historia. Necross bebía con él, cada vez que el hombre llevaba a su boca el vaso con vino, Necross bebía de su botella, inconscientemente. Una idea paso por su cabeza. -¿Qué tal si ella escapo para no volver?- Penso para si mismo. El hombre termino de hablar y comenzó a hacerlo Edward, Necross lo escucho atentamente hasta que otra voz interrumpió su discurso.

La Divium comenzó a hablar, otro de los desconocidos la interrumpió. Recibir la bendición de los templos, por primera en el corto trayecto Necross se puso serio, el problema es que deberían esperar hasta el amanecer para continuar, Rhasek confiaba en ellos, o por lo menos sus palabras expresaban la confianza que en el extraño grupo depositaba.

La voz de Bruno interrumpió el breve silencio que se provocó, les estaba ofreciendo comida. La Divium hablo, se presentó y Necross creía que sería educado hacer lo mismo. -Bien, siguiendo con lo que hizo Shanaia, mi nombre es, Necross. El apellido no es de su importancia, el peludo es Foxhound, creo es un placer conocerlos, el tiempo me dará la razón.-

- Y les puedo dar mi palabra de que seré un buen camarada, es cosa de ustedes si me creen o no. Y bruno, el lobo también come, espero que tengas carne fresca.-



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Re: Destellos de Luz y sombra

Mensaje por Kalu'ak Colmillar el Jue Mayo 02, 2013 12:38 am

No fue necesario que esperara mucho para que llegara alguna otra persona. El primero en llegar fue un hombre de pelo negro, con un parche en el ojo. No pude notar mucho mas ya que iba cubierto, ocultando todo rasgo que no fuera un ofacial. Llevaba un par de espadas grandes y una armadura. Al parecer tenía un pequeño acompañante: un lobo negro de aspecto feroz. Sin embargo, al parecer su deño no era tan “duro” o al menos no tanto como aparentaba, ya que después de una pequeña charla con quien parecía haberlo transportado, el hombre se puso a vomitar en medio del piso. Una pena, la verdad en gustaba el color del piso antes de que lo “pintaran”. La siguiente en llegar fue una especie de mujer de rasgos bien definidos. Su apariencia deslumbraba un poco, mas no por si figura sino porque su pelo era de un tono platino, además de que tenía ojos color ámbar y su piel no parecía de la tonalidad blanca o negra característica de los humanos; ella pidió información y mapas de inmediato, signo de anterior experiencia en estos trabajos, definitivamente me hacía sentir minúsculamente más seguro. Finalmente, llego o más bien aterrizo, ultima, una especie de mujer piel oscura. Casi parecía una humana, de no ser por que ostentaba un bonito par de alas en su espalda, sin duda una divium; al menos era mejor que una humana, no tengo nada contra los diviums, se dice que son muy abiertos de mente. No pude evitar notar como la divium me miraba fijamente, sin embargo no era como las miradas que generalmente se me daban. No era una mirada de miedo o de asco, era más como, una mirada de curiosidad, lo cual me callo mejor.

No paso mucho tiempo antes de que uno de los “transportistas”, como yo los llamaba, nos diera la bienvenida a la ciudad. Al parecer se llamaba Minash, la cuna de la magia de las montañas Drakenfag. Comenzamos a caminar hacia una de las casas. La construcción de la zona era algo bastante curioso. Había varias casas construidas en forma de medialuna, una junto a la otra, hechas exactamente iguales hasta en el más íntimo detalle exterior. Mientas caminabamos el hombre del lobo me ofrecio un poco de alcohol, a lo cual no me pude resistir. Tome la botella al mismo tiempo que le dedicaba una pequeña mirada. Luego, tome un sorvo de la botella. Era ron del bueno. Casi me daba pena soltarla, pero termine dejandosela de nuevo a su dueño- Gracias- dije mientras continuaba avanzando.Luego de una pequeña caminata, llegamos al lugar indicado. Allí, nos recibió un hombrecito vestido de forma simplemente rara: Tenía un sombrero de plumas, una camisa abombada de color azul brillante, pantalones de lana ajustados y, detrás de su espalda podía observarse un instrumento cuyo nombre no conozco. Parecía ser del tipo de personas habladoras.

El hombre hablaba de una manera muy peculiar. No pude seguirle el paso a la primera sarta de cosas que dijo, la verdad me quede algo perdido, desorientado pro como decía las frases. Sin embargo, pude escuchar con perfecta claridad lo que vino a continuación. Nos contó la historia de su pueblo. Como al amanecer, hace unos 20 años, nació una niña, aparente hija de la magia. Otra vez la magia; supongo que tendría que acostumbrarme a que todo en esta misión girara en torno a la magia. La mujer se volvió una doncella, aparentemente hermosa. La mujer, comenzó a visitar los cuatro templos importante de esa ciudad. Con el paso del tiempo la gente noto como en los templos aumentaba energía. La mujer era poseedora de un gran poder, pero aparentemente con un gran castigo. El hombre estaba hablado de una prisión de cris….y justo entonces uno de los guardias interrumpió. Al parecer, algo ocultaban, información sobre la doncella. A juzgar por lo que yo escuche, el hombre podría estar a punto de decir “cristal”. Una prisión de cristal, posiblemente.

Luego de la interrupción del guardia, el hombre comenzó otra nueva frase, alegando la felicidad de la joven. Como ella dejaba su “hogar” para ir a los cuatro templos, y también que esa era la razón para la cual hacían una especie de festival. Sin embargo, a partir de aquí es cuando las cosas se ponen trágicas. Surgió un castillo, custodiado por un dragón, como en los cuentos de hadas, pero este estaba rodeado además por una especie de aura mágica que les impedía a los ciudadanos ir allí; una vez más, la magia empeora todo. A partir de su surgimiento las doncellas comenzaron a desaparecer, hasta que finalmente, le toco a la princesa, supongo que ahí era donde interveníamos nosotros. Al finalizar el hombre, uno de los guardias dijo que el campo de fuerza mágico les causaba dolor a quienes intentaban cruzarlo, por lo cual ellos nos usarían a nosotros como “conejillos de indias” para ver qué pasaba. La divium estuvo en desacuerdo con esta idea, y para ser franco, no me apetecía ser una morsa para experimentos.

Sin embargo, surgió otra idea después, la idea de que fuéramos a los cuatro templos de la ciudad, recibiéramos una supuesta bendición, y eso nos diera el poder suficiente para cruzar el capo de fuerza. Sin embargo había una pequeña falla en todo eso. Yo soy un Bereskarn, los de mi pueblo no pueden usar magia, y además se ven poco afectados por ella. Con algo de suerte tal vez estos templo tendrían el suficiente poder como para inmunizarme o algo así, pero eso no me quitaba la preocupación.

Finalmente, los hombres se fueron, dejándonos al improvisado grupo junto con el juglar real. Entonces, la divium, llamada Shanaia se presentó. Supuse que entonces, debería presentarme, o algo así, por lo que baje ligeramente mi cabeza, para poder mirar mis futuros posibles compañeros y dije- Kalu’ak Colmillar, engendro por si no se nota. Si hay algun problema con mi especie, les recomiendo se vayan llendo por que no planeo cambiar de raza, asi que tendran que confiar en mi- dije sin darle mucha importancia al asunto. Entonces llego el momento de pedir la comida. –A mí me gustarían unos….2….3..4…- dije mientras contaba con mis dedos- Si, cuatro kilos de pescado y una jarra enorme de cerveza por favor- Entre que no había comido nada en todo el día, y que los problemas en la taberna me habían impedido disfrutar de una buena cerveza, estaba realmente hambriento
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Kalu'ak Colmillar

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Re: Destellos de Luz y sombra

Mensaje por Rhaegar Targaryen el Vie Mayo 03, 2013 1:01 am

La soledad a la que Rhaegar misma y su pasado, le habían confinado, había sido larga y probablemente lo seria por mucho más tiempo aun en el futuro. Su mirada dorada se cruzó de inmediato con la de aquel hermoso lobo, y le vio dudar, pero sabía que era una reacción natural. No la conoce, y ella no esperaba que saltara a sus brazos. Pero en cuanto tuvo la confianza de acercarse, olerle la mano y dar un par de lamidas fue suficiente para que la mirada de Rhaegar se suavizada ante ello. De un momento a otro hubo un gruñido de parte del ejemplar lobuno, pero ella sabia porqué, pues también pudo sentir esa incomodidad en el ambiente, como cuando había llegado el mensajero Johan con ella, y cuando miro hacia donde el lobo ahora dirigía su malestar, otro portal oscuro se extendió hasta permitir ver a dos personas más, pero lejos de interesarse en ver al acompañante, su mirada se desvió a la Divium, y por un segundo sintió la necesidad de irse. Muchos Diviums habían conocido a su familia e incluso hubo grandes alianzas intelectuales y culturales, y evidentemente muchos de ellos estarían enterados de la atrocidad en su clan… pero no sabía de qué lado estarían ahora mismo.

Cuando se volvió a poner de pié, ella observo ahora si en su esplendor, el tamaño de la morsa mutante… si era bastante imponente pero no era algo que le causara preocupaciones, él podría tener la fuerza pero ella era rápida y criaturas así nunca atrapan al águila. Su mensajero, es decir, quien la había ido a buscar al bosque a los pies de las montañas de la frontera, tomó la palabra para darles una bienvenida a lo que ella, por educación, inclino su cabeza en una especie de agradecimiento por la acogida.

Pero había algo ahí que la llamaba, aun en la posición en que estaba tuvo que ladear la cabeza un poco y mirar casi por sobre su hombro, con los ojos fijos en el bosque. Si algo sabia de sus tierras natales, era que sus bosques y montañas estaban colmados de misterios escondidos, y por alguna razón, sentía que algo mal estaba pasando en ello ambiente del bosque. Aprovechando la agudeza natural de su vista, quiso distinguir alguna silueta entre los grandes arbustos y árboles, pero no había nada. Estrechó la mirada, pero no encontró indicios de algo que ameritara más empeño… pero estaba sintiéndose meramente curiosa al respecto. Sin más se dispersó de aquella curiosidad.

Se puso de pie de nuevo y tomo rumbo para seguir a los guías, ella estaba caminando cerca de la Divium y el lobo venia a solo unos pasos de Rhaegar, cosa que la hizo sentir de alguna manera… como si ya no estuviera sola, al menos no por ahora. Miraba hacia el frente cuando avanzaron pero parecía comenzar a perderse en su pasado, raspando las paredes de sus emociones que a pesar de en su mayoría encontrarse apagadas, había aun en ella un latente dolor y una pena que parecían no tener manera de apagarse. Su mirada de nuevo, se tornaba fría y distante, separándose aparentemente de su presente. Pero estando completamente alerta a todo, sus ojos aguileños se mantenían a la vista de su alrededor, los rincones a los lados, entradas, salidas, lo que fuera. Cuando el cazador es la presa…

Pero precisamente, al prestar meticulosa atención al ambiente que le rodeaba, se percato de la peculiar estructura de las únicas casas que estaban alrededor, pareciera que la decoración era casi uniforme, armoniosa pero al mismo tiempo tenía un aire perturbado. Tal vez se debería a las desapariciones o secuestros que estaban sucintándose en el lugar.

Cuando habíamos llegado ante las puertas del lugar donde se encontrarían con el sabio que menciono Johan, escucho las palabras del mismo al describir y dar instrucciones antes de pasar, Rhaegar asintió. En su clan también tenían consejeros de los Regentes, y también de vez en cuando eran un poco presuntuosos o irritantes de tanto hablar. Entonces, al abrirse la puerta se presento un ambiente iluminado a lo que las pupilas de Rhaegar volvieron a estrecharse por la recepción de luz. Una vez que entraron no se tomo la molestia de sentarse, se quedo cerca del fuego de la chimenea, pero no demoro demasiado en aparecer quien se supone les daría lo necesario de información para llevar a cabo la misión. Para la cual se habían tomado el tiempo de reclutar a otros. La imagen que presentaba el sabio, le pareció por mucho dramática y extravagante, había escuchado que muchas veces mientras más sabiduría poseía una criatura, mayor desequilibrio mental se adueñaba de ellos. Pero no lo había podido comprobar hasta ahora…

Pero el respeto que ella tuvo desde jovencita ante los sabios de su clan, ahora también era el mismo que usaría para tratar con éste sabio. Quien comenzó a hablar y lo primero que a Rhaegar le vino a la mente fue el curioso juego de palabras, una oración sencilla acomplejada por una serie de palabras en juego. Una historia comenzó a ser contada por el juglar, con una dramatización por mucho exagerada, pero al avanzar la narración, hubo ciertos detalles que la dejaron un tanto desconfiada e intrigada. Pero limitándose a escuchar, silenció sus preocupaciones… pero sabía que muchas cosas les serian ocultas, porque todos los reinos grandes tenían secretos…

Rhaegar comenzaba a barajar varias opciones y versiones en su cabeza, pero no para buscar un bando, ni resolver misterios, todo era para pensar en la mejor de las opciones para llegar hasta ellos, una de ellas era que evidentemente las mujeres fueron secuestradas, pero… si en verdad fueron llevadas a dicho castillo donde supuestamente un aura de magia impedía el paso, entonces, solo las mujeres podrían pasar por dicha barrera. O eso era una de las conclusiones que tenía en mente. Pero por ahora, tenía que esperar a que al amanecer les entregasen la información física.

Bruno entonces, el sabio del rey, ofreció una cena. A lo cual Rhaegar no se negaría, aunque podría cazar su comida ella misma, pero no era el lugar más indicado para mostrar su comportamiento de su clan racial, y mucho menos tomando en cuenta que esta área parecía tener muchos más problemas de noche que de día. Rhaegar asintió ante el caballero Bruno. Aceptando así el amable ofrecimiento de la cena. Pero de inmediato giro el rostro y la atención hacia la Divium, la misma que se presentaba de una manera poco usual… para Rhaegar. Usaba un lenguaje coloquial y bastante burdo, uno que no imagino alguna vez escuchar en una de su raza, ella los había conocido educados, inteligentes y sabios. Después de ella continuo presentándose el hombre que había hecho su escena de vomito en el patio principal y aparentemente el amo del lobo, y también proporciono el nombre de su ejemplar lobuno. Y por último el mutante, la inmensa morsa. Todos parecían pedir lo mismo, confianza camaradería, y ese tipo de cosas que Rhaegar bajo casi ninguna circunstancia llevaría al pie de la letra, soltó un bufido cuando todos terminaron de dar su presentación. Ella no podía dar su nombre, su apellido ni muchos datos de interés, caminó rodeando uno de los sillones, para llegar a estar lejos del fuego y a unos metros de los demás presentes, a pesar de tener las botas con tacones, ella tenía esa gracia de no hacer casi ningún ruido.

-Rá, pueden llamarme así.

En realidad, había considerado la idea de trabajar por su lado, no estaba muy deseosa de compartir tiempo con estos seres, exceptuando al único de su simpatía que era el lobo. Pero si era inteligente, no podía adentrarse sola, si estaban secuestrando a tantas mujeres y realmente dicho castillo estaba poblado, ir sola no solucionaría muchas cosas. Su estrategia seria trabajar en conjunto pero no dependiendo de ninguno. Pero de ello se preocuparía al amanecer, ahora solo tomaría una cena ligera y descansaría un poco antes de ir a su misión, de la que no estaba segura que tendrían tiempo para dormir… mientras les dejaba a ellos el trabajo de hacer amistad, ella se encerró de nuevo en el terror de su pasado, y el rostro de su padre la invadió de nuevo… la firmeza ante la dura cara de la muerte. Y la ambarina mirada de la única regente por derecho, con vida, se torno atormentada. Cada día era más sencillo hacer al un lado su emoción y tormento, pero al mismo tiempo cada vez se aferraba más a ello. Su dolor la mantenía viva, su pena la impulsaba a la venganza.




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Re: Destellos de Luz y sombra

Mensaje por Shanaia el Sáb Mayo 04, 2013 12:54 am


Shanaia se cruzo de brazos. Necross se llamaba el humano y dijo que igual, seria de apoyo. Bien, el tiempo lo diría, aunque le preocupaba esa manía por el alcohol, tal vez les traería más problemas. EL siguiente que se presento fue el… señor morsa. Kalu´ak… como se pronunciaba eso sin morderse la lengua, no sabía. Sonrió con su peculiar presentación, soltando una suave carcajada –ah, tú me agradas- dijo mientras se movía a la chimenea, cerca del fuego. Tanto el juglar como ella se quedaron boquiabiertos con la cantidad de comida. –Joder, ¿Cómo te pagas una noche de posada?- pregunto Shawn sonriendo. La ultima en presentarse fue la joven de ojos ambarinos. Pidió que le llamaran Rá. La divium le miró fijamente, su voz hizo un “click” en su memoria. Ladeo el rostro, enfocando a la joven –tu…- murmuro, frotándose la barbilla –me pareces familiar… ¿nos hemos visto antes?- Shawn suspiro –aunque claro, seguro no me reconocerías sin el “acento” de “un placer madame”. – Definitivamente eso no era algo que iba con ella. Tal vez si estaba delante de su madre.

Bruno miro a cada uno de los aventureros que ayudarían al pueblo. El hombre parecía decepcionado. –Bueno mis visitantes. Debido a que es mucha la comida que llenara sus estómagos y que sin dicho combustible no podrán avanzar en la aventura de buscar a nuestras damas, me es preciso decir que necesito ir a buscar más reservas. Pero sírvanse de descansar y dejar que vuestros cuerpos cobren fuerza, con las bebidas que dejare preparadas para ustedes. – Una a una fue trayendo, jarras de Ron, bebidas hechas a base de fruta, agua. Lo suficiente incluso para dar de beber a una morsa.-bien, ahora es momento de que me retire a cumplir la misión que me he encomendado.- dirigiéndose a la puerta, antes de salir se giró un segundo, mirando al grupo –Espero que descubran el verdadero acertijo en este cuento. –El hombre sonrió de forma perturbadora –varones… cuiden bien de las damas. Dos joyas preciosas traídas desde el exterior son una moneda de cambio muy cara para algunos… - el rostro del hombre perdió expresión de pronto, se giró y se fue sin decir nada más.

-Que rayos… no soy una damisela en peligro a ser cuidada- murmuro Shawn, sentándose en el sofá con un vaso de agua de arroz en mano. Entonces… ¿Cuánto habrá que esperar?

***
Una hora después de que el juglar se marchara, aun no había ninguna señal de él. El tiempo parecía correr lento. Cada cual se concentraba en lo suyo, ya sea hablando con sus compañeros o pensando en solitario, cuando de pronto, una de las ventanas que daban al patio posterior de la casa se abrió de golpe, con un viento fuerte que derribo un par de jarrones que descansaban tranquilamente sobre una mesita. Las piezas de cerámica se esparcieron por el suelo, mientras las cortinas se agitaban. Shanaia se puso de pie de un salto, mirando hacia el exterior. Esa ventana había estado cerrada antes…

Tanto la joven cambia formas como la divium, gracias a su agudeza visual podrían ver una figura moviéndose entre las casas. Aquella seria perceptible por un suave resplandor que rodeaba su cuerpo. La persona avanzaba hacia una de las orillas del pueblo que se conectaba con los arboles del bosque del norte. La brisa azoto nuevamente y Shanaia sintió deseos de ir tras él o ella.. -¿ven eso?- pregunto la divium al resto del grupo. –Una persona… - murmuro, con una voz ausente. De pronto y sin avisar a nadie, la chica salto por la ventana y echar a correr, aunque pronto cambio a sus alas, como si alguna clase de fuerza le llamara a ir tras aquella persona. Con bayesta en mano, se preparó para luchar….

OFF: instruciones importantes en el off.


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Re: Destellos de Luz y sombra

Mensaje por Necross Belmont el Sáb Mayo 04, 2013 2:35 am

Bruno se fue, su mirada no le daba confianza al hombre del lobo ¿si los llamaron para batallar, porque no confiaban en ellos? Por lo menos eso represento la mirada que el juglar les dio. Bebidas y agua fueron entregadas para el grupo, Necross sonrió ampliamente. - Bien, estas son las fiestas que a mí me agradan.- Como si se tratara de la casa que no tiene, Necross se acercó a las jarras de ron, arqueo una ceja y le hablo a la morsa de dos patas. -Hey, Kalu, ¿te puedo decir así no? ¿Qué tal una competencia de bebidas? Después de todo, no tendremos que luchar hasta mañana.-

Los minutos pasaron, pero Necross después de un rato decidió no beber, tanto. Se sentó cómodamente en un sofá con Foxhound a sus pies, pensó un momento. ¿Por qué el lobo le tomo cariño a la chica de ojos dorados? Se rasco la barbilla mientras sentía un leve mareo, se llevó una mano a la cara y luego se levantó a beber agua. – Suficiente por hoy.- Dijo mientras se levantaba.

Recordó algo que dijo el juglar, algo sobre proteger a las damas, según el ellas no necesitaban protección, se veían bastante poderosas, sobre todo la misteriosa Rá. – Hey, el hombre hablo sobre un acertijo, y eso no me causa confianza. ¿Creen que tal vez seamos algún tipo de experimento o juego para ellos?- Le comento al grupo.

Foxhound violentamente se levantó y gruño a una de las ventanas, estas se abrieron de par en par. La Divium dijo que vio algo, Necross por más que miraba no veía nada. La chica de un salto persiguió a sea lo que fuese que vio. -¡No demonios no vayas!- se supone que un sitio como este debería tener guardias, quizás eso fue lo que Shanaia vio. Como dijo el tipo loco ese, deberíamos proteger a las mujeres.- Tras decir eso chasqueo la lengua y le mostro el pulgar a Kalu’ak y Rhaegar, acto seguido fue tras Shanaia.

De una gran salto cruzo la ventana y con él lo hizo Foxhound, rápidamente paso a Shanaia corriendo. -¡Jeje! ¡Yo me encargo!- Sin duda estaba ebrio. Instintiva e inconscientemente antes de salir disparado por la ventana había tomado la botella de ron. Algo más cerca pudo ver por los ropajes del “ser” que era una mujer, ella se adentró en el bosque, el hombre del lobo continúo su carrera.

El lobo iba delante de él, indicándole que camino debía seguir, salió del bosque y se encontró en un campo lleno de flores purpuras, Necross miro la botella de ron y se rasco el ojo, la extraña mujer estaba de espaldas, a unos metros de distancia. De pelo negro y buenas curvas era la mujer, sus ropajes eran de campesina, Necross quedo embobado por la belleza de la fémina. – Señorita, ¿se encuentra bien?- pregunto tímidamente. La dama grito como algún demonio lo haría, su cuerpo comenzó a cambiar, su pelo se volvió blanco y su cara se descompuso como lo haría un cadáver. -Tengo que dejar de beber, me hace ver cosas…-

El enemigo se lanzó como lo haría una mujer en el mejor estado físico, Necross no alcanzo a sacar su espada cuando ella lo golpeo con la palma abierta, Necross se cubrió con sus dos brazos pero la fuerza lo mando a volar. – ¡Mierda! De verdad tengo que dejar esto.- Se levantó rápidamente y saco su bastarda. Se colocó en posición defensiva y avanzo lentamente. Su lobo se separó y camino hacia la derecha mientras él lo hacía hacia la izquierda, el lobo se lanzó primero, pasando debajo de las piernas y quedando del lado de Necross, mientras este lanzaba un corte horizontal a la altura del busto, si el lobo distrajo a sea lo que sea con lo que estaban peleando, tal vez tenga una oportunidad de acertar el golpe



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