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Relatos de sangre

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Relatos de sangre

Mensaje por Robyn el Jue Abr 25, 2013 4:17 pm

Prólogo

Odiaba ese juego, había llegado a aborrecerlo hasta términos inexplicables. No obstante, allí se hallaba de nuevo. Esperando sentada en una silla, observando su jarra de agua medio vacía. Medía el tiempo a través de las personas, cada vez que una acababa su consumición y se marchaba por la vieja puerta de esa pútrida taberna. Dos clientes habían salido ya. ¿Cuánto más tardaría esa maldita lilim? Sus dedos volvieron a tamborilear sobre la desgastada mesa de madera aún húmeda, seguramente por la torpeza de algún cliente.

Todavía era muy temprano, demasiado para que un lugar como ese estuviese lleno de pobres infelices. Por eso habían elegido ese lugar a esas horas, para no llamar demasiado la atención. Xana y su naturaleza de lilim la obligaban a tener sexo diario para poder alimentarse. Un dolor de cabeza para la divium. No podía alimentarse de moscas o las hojas de los árboles, debía de ser más exquisita e irse por los placeres carnales. Sin embargo, no debía del todo quejarse. Fue ella quien acepto el pacto, con sus ventajas y consecuencias, de todas maneras, seguiría siendo una auténtica molestia.

Aburrida, observó a una pareja de hombres apostados en la barra. Por su manera de hablar y de alzar las jarras, se podía ver que ya habían bebido algo más de la cuenta pese a ser demasiado temprano para eso. No era difícil de escucharles, puesto que había poca gente en la sala. Estaban hablando sobre asuntos triviales sobre cómo habían ido las cosechas esa temporada o el tiempo, aunque acabaron contando chistes sobre enanos, orcos y centauros. Pero cuando empezaron a contar chistes sobre mujeres, no pudo evitar soltar un suspiro de agotamiento a la vez que se marchaba en dirección hacia las escaleras para ir a las instancias superiores.

No podía entender a los hombres de las ciudades y sus costumbres. Hasta ahora había aprendido a que no podía confiar en nadie, pues todos los hombres se traicionan entre ellos solo pensando en su propio bienestar. Esas no eran sus costumbres. Desde pequeña aprendió a tratar a cualquiera de su aldea como igual. Incluso a los que iban a ser sacrificados ante el altar, aunque estos no se diesen cuenta del honor que era aquello para gente ajena a su tribu. A veces no sabía de qué temían a los demonios, ellos eran lo más parecido que habitaban en ese plano llegando en ocasiones a poder ser confundido con uno.

Oyó unos cuantos gritos al final del pasillo de la segunda planta. Se había cansado de esperar, quería irse de allí cuanto antes. No le gustaba ese lugar y menos aún los que allí habitaban. Antes de que pudiese golpear la puerta de madera de la habitación, donde debería de estar su compañera, se abrió de pronto. Se trataba de un enano semidesnudo y justo detrás de esta grotesca figura, se encontraba Xana casi en la misma situación.

- ¿Has traído a una de tus amigas para que se una a la fiesta? No te preocupes, hay mucho Pilgrim para las dos.

- ¡Robyn! Ven, este buen hombrecito me está enseñando como lo hace un hombre de las montañas. Vamos, únete.

Rodó los ojos ya con exasperación. Su paciencia tenía un límite, pero como siempre se mostró calmada y sin sentimiento alguno de impaciencia. Observó que la lilim había ocultado sus cuernos y alas; al menos tenía la decencia de no llamar demasiado la atención.

- Lo siento, no creo estar a la altura. – Respondió con cierta ironía. – Te esperaré abajo, no tardes que aún tenemos muchos kilómetros de viaje.

- Que lástima, bueno, si me disculpas. Pilgrim quiere enseñarme su gran mina de oro. – Comentó con una sonrisa de oreja a oreja, a la vez que se agachaba para agarrar la entrepierna del famoso minero.

No quiso saber más, de nuevo se giró sin querer saber lo que pasaría a continuación. Cuando cerraron la puerta aceleró más sus pasos, dejando crujir las viejas tablas del suelo. No tenía intención de escuchar su búsqueda de tesoros. Cuando llegó de nuevo al primer piso, observó que solo uno de los dos hombres estaba en pie. Al parecer, por la herida que tenía el otro individuo en su cabeza, habían tenido una discusión. El agresor murmuraba que él era el único que podía hablar sobre su mujer.

De nuevo se sentó sobre su sitio, por suerte, el tabernero aún no había limpiado su mesa debería de estar demasiado ocupado intentando reanimar a su cliente, así que podría seguir allí sin consumir mucho. Se recostó otra vez sobre el respaldo de su silla. En esos momentos echaba de menos su antigua vida, antes de haber decidido salir de su hogar para buscar nuevas aventuras. Aún se podía acordar del día en que pasó de ser una niña a una mujer y encontrarse por primera vez a Xana.


Última edición por Robyn el Sáb Abr 27, 2013 5:22 pm, editado 1 vez
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Re: Relatos de sangre

Mensaje por Robyn el Sáb Abr 27, 2013 5:00 pm

Capítulo 1

Respiró profundamente, antes de tensar el arco. Debía de mantener la concentración, no moverse y no pensar en nada más aparte de su objetivo. En ese momento, una corriente de aire comenzó a mecer suavemente las ramas de los árboles mientras estas dejaban traspasar los primeros rayos del Astro Rey. Comenzó a oler esa fragancia primaveral, combinado con el rocío de la mañana. Una experiencia gratificante que pocos conocerían.

Mantuvo la concentración, sin dejarse llevar por todo lo que la estaba envolviendo. Solo tendría una oportunidad y no la iba a desaprovechar. Durante unos segundos dejó de respirar, necesitaba la máxima precisión posible. El grito agónico del animal, confirmó su fatal destino. Bajó el arco y comprobó que había dado de pleno, justo en su garganta. Con una pequeña sonrisa satisfactoria, bajó de la rama de un salto. Amortiguó su caída agitando un par de veces sus alas, antes de descender hasta el suelo del claro donde se encontraba. Con rapidez, volvió a colocarse el arco detrás junto con las flechas. Sin perder el tiempo, sacó de la funda que tenía atada en su pierna derecha la daga.

Se situó delante del animal, que pese a la fatal herida, se mantenía con vida a duras penas. El cervatillo había caído desplomado hacia el suelo. Todavía intentaba ponerse en pie, pero solo conseguía emanar finos hilos de sangre de su boca. Con un rápido y limpio corte, hizo que dejara de sufrir. Antes de que pudiera comenzar a despellejar al animal, escuchó unos ruidos cada vez más cercanos. Creía que a estas horas de la mañana no habría nadie rondando por allí. ¿Sería un animal salvaje? Sabía que se había alejado más de la cuenta de su tribu y que por esa zona era bastante transitada por viajeros, pero de nuevo mantenía que era demasiado pronto para que hubiese alguien.

No pudo evitar ponerse nerviosa. Comenzaba a notar como sus piernas empezaban a temblar sin que lo pudiese evitar. Frías gotas de sudor comenzaron a recorrer todo su cuerpo. Con cierta torpeza, guardó de nuevo su cuchillo y empuñó su arco. De espaldas al cadáver del animal y con su mirada, empezó a rebuscar entre los arbustos que había a unos metros suyos. Los sonidos de los pasos, se mezclaban con los de las ramas rotas que provocaba a su paso y el cantar de las aves al despertarse junto con las ramas mecidas por el viento.

Estaba sola, no había avisado a nadie de su escapada. Eso era lo que más temía, que nadie supiese del peligro que la estaba acechando. Desvió rápidamente la mirada hacia el cielo, como temía no había rastro de él, estaba todo cubierto con gruesas ramas. No podría salir volando en esa dirección. Y seguramente si intentaba correr hacia cualquier lado, no podría tener una visión clara de su atacante. Estaba bien jodida. Cada vez los ruidos eran más fuertes y cercanos, ya estaba ahí. Con suma dificultad debido a sus continuos temblores, preparó una flecha. Su única esperanza sería poder derribar a lo que quisiera que fuese, a distancia. Ya que ella cuerpo a cuerpo no era la más diestra y menos si no tenía una buena arma de combate cuerpo a cuerpo.

Pero, antes de que pudiera reaccionar, notó como algo se abalanzaba sobre ella sin poder evitarlo. Su cuerpo cayó pesadamente, sobre la húmeda hierba, incluso juró que la pudo saborear en su boca. Intentó levantarse con rapidez, pero lo que la había atacado estaba ejerciendo su peso y fuerza para impedirlo. Al dirigir su furiosa mirada de impotencia ante el atacante, no pudo evitar exclamar con voz de incredulidad:

- ¡Tú!
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Re: Relatos de sangre

Mensaje por Robyn el Jue Mayo 02, 2013 3:23 pm

- Deberías de haberte visto la cara. Parecía que habías visto a un fantasma. – Dijo Draco con tono de burla, a la vez que se levantaba de Robyn.

Esta, algo molesta, le lanzó las hojas que había por el suelo, mientras ella también se recuperaba de la estrepitosa caída. No pudo evitar sonrojarse un poco al darse cuenta del ridículo que había hecho. Se trataba de Draco, un chico de su poblado. Nacieron el mismo día, tal vez eso es lo que los haya vuelto como uña y carne. No obstante, eso no evitaba que se gastasen bromas bastante pesadas. Robyn comenzó a limpiarse la tierra húmeda que se la había pegado por todas partes del cuerpo, a la vez que de vez en cuando soltaba alguna maldición. Por parte del chico, no pudo evitar seguir riéndose hasta casi caer de nuevo al suelo. Una vez recompuesta del todo, se giró y volvió hacia donde se encontraba el cervatillo.

- ¿Sabes? No deberías de haberte ido tan lejos de la tribu y menos aún sin avisar a nadie. Tienes suerte de que tu madre aún no se haya despertado. – Comentó con cierto tono de reproche, mientras se acercaba para ver la pieza que había cazado. – No está nada mal, casi un disparo limpio.

- Lo mismo digo. Yo solo estaba aquí practicando mi puntería antes del rito de esta noche, hasta que un capullo me ha atacado por sorpresa. – Ni siquiera se molestó en mirar a su compañero, se limitaba a despellejar al animal con suma concentración.

Draco se encogió de hombros, decidió ayudar a Robyn a despellejar al cervatillo. Cuando acabaron, ella llevó la piel mientras que él tuvo que hacer acopio de fuerzas para poder llevar el cadáver. De nuevo, pusieron rumbo en marcha hacia su aldea. Debían de darse prisa, ya que pronto se despertarían los demás y si descubrían que se habían marchado podrían ser severamente castigados. Durante su vuelta ninguno de ellos habló, aunque sus miradas esquivas lo decían todo. Tenían miedo y nervios por lo que se les avecinaba. Hoy era el día de su nombramiento, dieciséis veranos habían pasado ya. Hoy sería el día en que harían su cambio de niño a adulto.

Descendían de una élite de magos Diviums, que fueron expulsados de Nubibus Ferreum por practicar hechizos de magia prohibida; como conjuros de sangre o relacionados con el culto demoníaco. Debido a esto, vagaron por toda Noreth, dispersándose en pequeños grupos y asentándose donde pudieran. Uno de estos grupos llegó al bosque de Physis, donde se establecieron y se fueron poco a poco expandiendo, recogiendo a más exiliados por la misma razón que la de ellos. Se trataba de una comunidad heterogénea, donde tenían cabida todo tipo de razas y magias. Hasta que, con la tatarabuela de Robyn todo se desmoronó. Muchas malas lenguas dijeron que todo cambió cuando apareció su invocación. Un viejo demonio con un gran poder de persuasión. Con su pérfida lengua convenció a la anciana para expulsar de la tribu cualquiera que no fuera de su raza y no practicara la magia demoníaca. Nadie quería irse, pero al ver que todos los que estaban en contra de ella, eran utilizados como sacrificios hacia los dioses demoníacos. Casi todo el mundo abandonó en ese momento la tribu, nadie quería ser utilizado para eso. Solo se quedaron los más leales a la líder y los que no sabían a donde ir.

Más cosas cambiaron a lo largo de los años. Se dejaron de adorar a los dioses Diviums, para dar solo paso al culto demoníaco. Antes la gente debía de invocar a un demonio por su cuenta, en una cueva y vigilado por si este quería escaparse y causar estragos. Ya no, ahora debían de pasar por un ritual al cumplir dieciséis años. Debían de sacrificar a alguien y enviar el espíritu, del que quería pasar la iniciación, hacia el plano de los demonios donde debía encontrar alguno que quisiera ayudarlo. Todo eso había quedado en la teoría, porque en la práctica no se había conseguido. Ya la gente sabía que si hacías el ritual te podían pasar dos cosas: no despertar nunca o lograr superarla pero volverte loco y a los pocos días acabar suicidándote. Vamos, era sinónimo de morir.

Por eso, ya no quedaba gente joven en la tribu. Solo Robyn y Draco. Los demás habitantes, son gente mayor que parece que las ganas de vivir hayan desaparecido hace mucho tiempo. Debido a esto, no querían hacer la prueba aunque por dentro sabían que era lo único que podían hacer.
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Re: Relatos de sangre

Mensaje por Robyn el Jue Mayo 02, 2013 5:46 pm

Capítulo 2
Tan sumida estaba en sus pensamientos, que no se dio cuenta de que ya habían llegado a las lindes del poblado. Se quedó parada, intentando relajar el ritmo de los latidos de su corazón. De nuevo observó el paisaje que se mostraba ante ella. Los rayos del Astro Rey se dejaban ver de nuevo entre las ramas de los árboles e incluso se podía llegar a ver un poco del cielo azul. El claro donde estaban situados, era uno de los menos espesos en cuanto a lo referente a la vegetación. Las casas de la aldea, estaban hechas mediante barro y ramas de los árboles. En el centro, había una gran estatua que parecía ser de piedra. Pero la falta de limpieza y arreglos a lo largo de los años, hizo que fuera recubierta por musgos, hierbas y restos diversos de vegetación. Lo único que se puede entrever, sería un par de alas. Algunos decían que la estatua representaba al primer exiliado que llegó al bosque. Otros, dicen que pertenece a un dios antiguo y olvidado. Eso ya daba igual, ya nadie le prestaba atención o pretendía limpiarlo para buscar la verdad. Casi se podría considerar un elemento más de la naturaleza.

Draco se colocó en silencio a su lado. Durante unos minutos permanecieron en completo silencio, sumergidos en las profundidades de sus mentes. Eran conscientes de que tal vez esa sería la última vez que podían contemplar un paisaje así, por eso querían aprovechar hasta el último momento antes de volver allí. Robyn observó de reojo al joven. Podía ver el miedo en sus ojos, el temblor en sus manos que aún sujetaban el cadáver del animal; que ya había atraído a un par de insectos. Draco también la observó y lo mismo que había visto en él, se podía aplicar a ella. Puede que tuviesen dieciséis años, pero seguían siendo los dos críos asustadizos que buscaban aventuras en la copa de los árboles y soñaban con ver mundo. Ahora, solo estaban preocupados por salir vivos del ritual.

- Vamos, debemos volver antes de que tu madre nos empiece a buscar. No quiero volver a escuchar los sermones de ese viejo demonio sobre nuestro deber. Juro que si lo vuelvo a oír yo… - Agarró el cuello del animal, mientras lo zarandeaba con fuerza casi haciendo salpicar la sangre.

- ¡Para, no me manches con la sangre! – Exclamó divertida, mientras se apartaba de un salto. – No te preocupes, no creo que nadie ande despierto a estas horas. Solo hay que procurar no hacer mucho ruido. Así ni mi madre, ni el cornudo se enteraran y no nos volverán a echar la bronca.

Caminaron procurando no hacer mucho ruido. A primera vista no había nadie despierto, todo estaba en completo silencio. Sonrieron tímidamente, nadie les había descubierto. Antes de poder llegar al centro de la aldea, escucharon un par de toses secas a sus espaldas. No hacía falta que se girasen para saber de quién se trataba. Se miraron con temor, habían sido pillados. Aunque Draco también hizo un gesto de rodar los ojos, al saber lo que iba a suceder a continuación. Antes de girarse intentaron poner una cara de pena para intentar reducir la reprimenda que iban a sufrir, aunque supiesen que no surtiría mucho efecto. Pero había que intentarlo.

- Déjame que te lo explique madre. Todo esto no es más que un mal entendido
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Re: Relatos de sangre

Mensaje por Robyn el Vie Mayo 03, 2013 11:14 pm

No se impresionó al ver que efectivamente los que tenían a sus espaldas eran su madre y su acompañante cornudo. Hace tiempo que había dejado de sentir aprecio por ambos. Desde que se dio cuenta de que su progenitora seguía los designios del demonio sin tener una voluntad propia. No era como los demás demonios que había visto en dibujos o los viejos libros de hechicería que tenían, no. A pesar de los dos cuernos que sobresalían de su frente, tenía un aspecto casi humano. Incluso quitando este pequeño detalle, podía parecer bello, incluso más que una persona normal y corriente. Siempre con una pequeña sonrisa en la poca. Con un aura de sabiduría y misterio. Como si conociese todos los secretos del universo y todos los que le rodeaban fuesen inferiores a él. Se hacía llamar Mizano. Nadie osaba cuestionar las decisiones que tomaba por la líder. Y si alguien lo hacía, lo observaría con su fría mirada de color azul y con un simple par de palabras le convencería de lo erróneo que era su punto de vista. Mizano, había pasado de generación en generación, tras la muerte de cada una de las matriarcas, hasta llegar a su madre. Era raro verle sin la madre de Robyn.

MIZANO:

Mahare. Así se hacía llamar su progenitora. Al lado del demonio, parecía una pobre mujer con el peso del mundo sobre sus espaldas. En su cabellera apenas quedaban algunos cabellos de color castaño, casi todos eran ya blancos como la nieve. Su rostro estaba completamente repleto de arrugas y marcas de expresión. Sus ojos de color castaño apenas emitían esa luz que todas las personas tienen en su mirada. Esa que decía que estabas vivo y estabas luchando por algo. No, Mahare no lo tenía. Como si estuviese en un trance, dejándose llevar por la corriente. Costaba creer que apenas había cumplido los cuarenta. Cualquiera que fuese de fuera de la tribu pensaría que se trataría de una anciana. Las malas lenguas decían que su espíritu vital estaba siendo consumido por Mizano. La verdad es que no era algo muy descabellado. Su pronto envejecimiento comenzó al morir su madre. El demonio accedió ser su invocación, tal y como había hecho anteriormente con su abuela. Desde ese día, la joven guía espiritual experimentó un vertiginoso proceso de envejecimiento. A partir de ese momento, no volvieron a separarse como había ido pasando anteriormente. Lo curioso de este cambio, es que ya había pasado anteriormente por culpa de esa criatura. Otro síntoma que sufrían, era que poco a poco iban perdiendo su fuerza de voluntad y solo obedecían a los consejos de Mizano. Como si ya no tuvieran fuerza para pensar por sí mismas. Todo el mundo sospechaba que algo ocurría, no obstante, nadie decía nada por miedo al demonio.

- Sabéis que no podéis adentraros solos en la profundidad del bosque. Y menos aún sin haber avisado antes. Podría haberos sucedido cualquier cosa. Y nadie quiere eso ¿Verdad? – El tono de Mizano era sereno, transmitía tranquilidad con tan solo dejándose llevar por sus palabras. – Más aún cuando hoy es un día tan especial. Por fin daréis el paso de niños a adultos. Veo que habéis traído una pieza para la celebración de esta tarde. Perfecto. Creo que es hora de prepararos para lo que os espera. ¿No piensas así, Mahare?

La mujer se limitó a asentir, sin apartar su vista de un punto fijo en el suelo. Robyn sonrió tristemente. Ya había comenzado y a su madre no le parecía importar el destino que iba a padecer. Hasta ahora sus predecesoras no habían realizado este nuevo ritual, ya que su progenitora había muerto antes de que esto sucediera. Entonces Mizano accedía a ser su invocación, por lo que no tenían que pasar por esto. Sin embargo, su madre todavía no había muerto aunque su aspecto fuera más de alguien que ya no pertenecía a este mundo que de alguien vivo. Por tanto, debería de realizarlo aunque no fuese de su agrado. Pero, para bien o para mal, estaría acompañada por Draco.

- Mahare, llévate a tu hija para los preparativos. Yo me ocuparé del joven Draco y de paso le explicaré de nuevo lo glorioso que es nuestro deber para con la tribu.

El demonio, con su fiel sonrisa en el rostro, se llevó al chico hacia la parte contraria a las que ellas irían. Juraría que vio como el Divium ladeaba ligeramente la cabeza hacia Robyn y hacia, sin que se diese cuenta Mizano, un pequeño gesto de estrangulamiento. No pudo evitar soltar una pequeña carcajada. Sabía cómo odiaba esas charlas sobre honor y deber.

- Es hora de prepararnos, querida.
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Re: Relatos de sangre

Mensaje por Robyn el Lun Mayo 06, 2013 6:17 pm

Capítulo 3

Al tratarse de un cambio radical de niña a mujer, debía cambiar tanto psicológicamente como físicamente. Por eso, su madre a lo largo del día la llevó por diferentes casuchas para que se arreglara. La primera parada, se trataba de una pequeña tienda de tela. La anciana que allí vivía se sentía más segura cerca de la naturaleza, por eso se situaba a los lindes del bosque lejos de la tribu pero no tan alejada para que nadie la pueda vigilar. Adoraba estar rodeada por sus aceites y varillas de incienso, las cuales robaban cuando los mercaderes pasaban cerca del bosque. Esa era la manera de suministrar al pequeño grupo de exiliados. Antes se hacían pequeños grupos para esas incursiones. Pero, con la repentina muerte de muchos y la marcha de otros, ahora solo podían ir los más jóvenes. Y eso les dejaba con Draco y Robyn. Los dos únicos capaces de poder saltar sin romperse un hueso o con algo de sangre en las venas. Cada día estaba más segura de que estaba rodeada de muertos vivientes en lugar de Diviums. Tenía la sensación constante de que algo les había consumido las ganas de vivir, de luchar, de ser ellos mismos.

Cuando llegaron a la tienda, se encontraron a la anciana sentada sobre una vieja silla desgastada de mimbre, como siempre rodeada de ese humo procedente de las varillas de diferentes tipos de inciensos. Desde la distancia se podía percibir la humareda. Porque no había signos de que hubiese fuego, que sino cualquiera podría pensar que estaba ocurriendo un incendio. A Robyn no le agradaba mucho el olor mezclado de los inciensos. No podía evitar arrugar su nariz e intentar taparse los orificios nasales. Aunque ya era casi demasiado tarde, ya podía notar en su paladar ese peculiar sabor que dejaban esos aromas. Su madre, al contrario que ella, no parecía inmutarse ante el olor. No podía evitar preguntarse si sería la única a la que le molestase. Al menos, sabía que a Draco tampoco le hacía mucha gracia deambular cerca de aquella tienda. Decía que cada vez que se acercaba se le ponía la piel de gallina, algo bastante curioso en un Divium a decir verdad. No obstante, a Robyn no le quedaba más remedio al ser parte del ritual.

- Buenos días Natalie. Veo que estas utilizando las nuevas varillas que ha traído Robyn. – Comentó a modo de saludo Mahare, sin un atisbo de alegría en su rostro. Tan seca y fría como siempre.

La anciana asintió levemente, a la vez que apretaba el mango de su bastón. Robyn seguía con su boca y nariz tapadas, si fuese otra persona no lo hubiese hecho al ser un gesto de mala educación. Pero ella no sabía que lo estaba haciendo, así que se permitió ese lujo.

- Oh, mi adorada Mahare. Sí como puedes ver no he dudado en poner algunas varillas, con diferencia son las mejores que ha traído tu hija. – Emitió una pequeña sonrisa, a la vez que abría sus ojos muertos. – Ese olor es de la querida Robyn, ¿no es cierto? Acércate y disfruta de lo que me has traído.

La divium no pudo evitar sorprenderse. ¿Tan mal olía que la había podido detectar incluso con esa humareda? Vale que no se había bañado en unas semanas, pero apenas había salido a correr ya a cazar… Su madre le dio un puntapié para que se acercara a saludar a la anciana.

- Sí, soy yo. Encantada de ver como sigue en plena salud y disfrutando de lo que he traído. Que lo disfrute por mucho tiempo – Saludó de forma cordial, aunque fuese más bien por protocolo.

Natalie asintió con esa sonrisa que solo las ancianas saben hacer cuando están contentas. Pese a que detestaba los olores de su tienda, debía de admitir que era la única cara amable que había por ahí. Tal vez por estar alejada de la tribu, no se veía influida por la negatividad y pesadumbre de los demás.

- Bueno, ya sabes a lo que hemos venido. Hay que preparar a Robyn para el ritual y precisamos de su ayuda.

La anciana casi pego un brinco en su silla, como si hubiese recordado algo importante. Se acercó con sumo cuidado a las mesitas que tenía por su alrededor y apagó, una por una las varillas. Y con un gesto de la mano, las invitó a entrar a su hogar.


Última edición por Robyn el Sáb Mayo 11, 2013 8:23 pm, editado 1 vez
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Re: Relatos de sangre

Mensaje por Robyn el Lun Mayo 06, 2013 9:32 pm

Casi tal como era en el exterior, se podía aplicar al interior. Las varillas que habían fuera, se podían multiplicar por dos ahí dentro. ¿Cómo podía siquiera oler alguno en concreto dentro de tal caos de olores? Si antes podía saborear los olores en su boca, ahora los podía masticar. Apenas podía respirar bien. De nuevo se tapó la boca y la nariz, pero ya era demasiado tarde, los aromas la habían mareado hasta tal punto de querer irse antes de que se desmayase o algo peor, se quedase sin olfato. Seguía sin entender como Natalie podía aguantar eso e incluso encender más. Tendría que no tener olfato y recobrar la vista, a ver si así dejaría de utilizar esos malditos instrumentos. Era difícil ver dentro de aquel lugar por dos razones: una, la gran humareda y otra, porque apenas había luz dentro. Pese a que fuera hacia un esplendido sol que aunque no llegase al cien por cien a la aldea, algunos rayos sí que llegaban. Al parecer, tan solo estaba iluminada por una pequeña vela colocada sobre una vieja mesa en uno de los laterales del interior. El suelo estaba cubierto por alfombras con bordados tribales. Otra cosa que destacaba, es que pese a todo, estaba bastante limpio y organizado.

- Vamos pasar, no os quedéis en la puerta.

La anciana se sentó delante de la mesa ya mencionada. Empezó a tantear la superficie de esta, hasta encontrar un cuenco al que empezó a mezclar diferentes sustancias. Robyn no prestó demasiada atención al proceso, estaba bastante ocupada intentando no marearse. Todo le estaba dando vueltas. No era normal, nunca antes le había pasado. Solo hace unos años, en esa misma tienda. La anciana le recomendó para unos dolores de cabeza que tuvo de joven, fumar una planta que curaría todos sus males. Aparentemente la curó, pero se mareo como en la vida y no pudo evitar reírse de cualquier tontería o tener mucho apetito. No quiso volver a probarlo, aunque fuese bastante adictivo. Se intentó concentrar un momento, dejando de lado sus mareos. Olfateo el aire durante unos segundos. Juro que podía volver a oler aquella planta, junto con otros olores hipnóticos. Intentó levantarse, pero sus piernas fallaron estrepitosamente provocando que cayera de bruces contra el suelo. Antes de desmayarse por completo, pudo escuchar como la anciana decía que ya estaba lista para comenzar los preparativos.

No sabría decir cuántas horas había estado inconsciente. En sus sueños de vez en cuando podía notar como algo punzante la perforaba, pero no podía hacer nada para evitarlo. Durante unos segundos pensó que había llegado su final, que no había sido capaz siquiera de aguantar los primero preparativos. Siendo la vergüenza de toda la tribu y una deshonra para su familia. Sin embargo, poco a poco pudo empezar a abrir los ojos y oler de nuevo los malditos aromas de la tienda. Se encontraba tumbada sobre las alfombras. Sus músculos estaban entumecidos, apenas podía mover algún dedo. Intentó levantarse, pero una corriente de dolor atravesó todo su cuerpo. Con esfuerzos, se llevó la mano a la frente ya que era uno de los puntos que le dolían. Notó algo frío y redondo, atado con unas finas cadenas que llegaban hasta su oreja. No comprendía nada ¿Qué la habían hecho? Con dificultad, ladeó la cabeza hasta su brazo derecho. Se encontraba totalmente tatuado y con una especie de joyas pegadas a su piel y unidas con cadenas del mismo estilo que había en su frente. Haciendo acopio de sus fuerzas, se levantó tambaleante hasta llegar al cuenco de agua que había en la mesa de Natalie. Observó como la habían tatuado e insertado esas joyas en el cuerpo. Y como habían perforado sus dos orejas y el labio. Ya tenía el aspecto de una mujer.

- Veo que te has despertado. Entonces es que todo ha ido bien. Aunque no pueda ver sigo pudiendo hacer los mejores tatuajes y perforaciones. – Comentó con una pipa de olor sumamente conocido en la mano, girando su cabeza levemente hasta donde estaba la divium. – Te hemos dado un baño también. Aunque no hemos podido acabar de peinarte. Al lado del cuenco verás un cepillo y un precioso coletero del mismo color que tus tatuajes y perforaciones. Te dejo elegir como quieres peinarte. Ya sabes, es tu día.

Robyn se limitó a asentir con la cabeza de manera cansada. No le apetecía pensar en qué ponerse, así que se limitó a cepillarse el pelo y con solo dos mechones o tres, hacerse una coleta aunque dejase pelo libre. Reconoció el coletero nada más verlo, e incluso las joyas que tenía incrustadas y las cadenas. Todos se trataban de regalos que hizo a su madre en uno de los primeros asaltos a una de las caravanas. Al parecer ya tenía la edad suficiente para llevarlos ella. Pudo observar como su madre la esperaba fuera. Con cierta dificultad, empezó a salir de la tienda. Quería irse de allí cuanto antes. No obstante, algo la agarró con fuerza del hombro.

- Debes de tener cuidado – Murmuró Natalie, a la vez que la arrastraba hacia ella con los ojos bien abiertos. Pese a que no tuviesen vida, pudo notar el temor en su mirada. Estaba muy aterrada. – No te fíes de él, no acabes como los demás. Llévate esto, lo necesitarás. – Antes de que pudiera objetar nada, guardó un cuchillo en su bota derecha.

- ¡Robyn, debemos irnos! Ya está todo listo.

La anciana se giró sin dar más explicaciones y se sentó de nuevo sobre la silla a fumar su pipa. Quería preguntarle tantas cosas, pero su madre la estaba llamando con bastante urgencia. Así que se limitó a irse, intentando no volver a caerse en el intento.
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Re: Relatos de sangre

Mensaje por Robyn el Sáb Mayo 11, 2013 8:26 pm

Capítulo 4

Aún la cabeza le daba algunas vueltas y lo que acababa de suceder en la tienda no la ayudaba a tranquilizarse. Nunca había visto a Natalie tan alterada por algo. Aún se acuerda cuando hubo una fuerte ráfaga de viento que se llevó su tienda volando. Y ella no se movió de su silla, con su pipa en la mano y las varillas por el suelo. Pero esta vez algo la había hecho cambiar radicalmente. Juraría que en su mirada se podía ver un fuerte temor, al igual que en su tono de voz. ¿A qué se referiría con tener cuidado? ¿Estaría hablando de la prueba? No obstante, lo que más la inquietaba era el hecho que tenía que tener cuidado de él. ¿Quién sería? Cuando llegó hasta su madre, dejó todas las dudas de lado. Todavía le dolían los tatuajes y las perforaciones. Peor aún era el mareo, pero ya era bastante más soportable que antes. Su progenitora la esperaba, como siempre, con un gesto serio sin rastro de emoción alguna. Al llegar casi a su lado, Mahare reanudo de nuevo la marcha esta vez hacia la tribu. Con la cabeza más asentada, gracias al tomar aire fresco, observó el cielo. Ya era de noche. No se podía imaginar que había pasado durmiendo la mayor parte del día. Esas drogas la habían afectado más de lo que había podido pensar en un principio.

Espero uno segundos antes de reanudar su marcha, para así cerciorarse de que no volvería a desfallecer. Pudo retomar el mismo ritmo que su madre en poco tiempo. En el centro de la aldea, ya se podían vislumbrar luces y sombras en movimiento. Seguramente la fiesta estaría ya a punto de comenzar. Mentiría si dijera que no se encontraba nerviosa. Ahora lo que la esperaba era una cena tranquila, rodeada de los demás habitantes antes de dar paso al ritual. Hacía mucho tiempo que no celebraban una de esas cenas. Debido a que apenas quedaba gente joven que aceptara en hacer la prueba. La mayoría se habían ido antes de hacerla. Era comprensible. Si ella hubiese tenido el valor de hacerlo, lo hubiese hecho hace mucho tiempo. Pero ya era tarde y no podía volverse hacia atrás.

No tardaron en llegar de nuevo al centro de la aldea, donde la estatua abandonada se encontraba. A su alrededor, iban y venían los habitantes, todos llevando algo entre sus manos ayudando en todo lo que pudiesen. Estaban ultimando los preparativos de la fiesta. Su madre la condujo hasta donde la celebración iba a ser llevada a cabo. Multitud de esterillas desplegadas por el suelo, sobre ellas varios platos de barro junto con copas. Sobre una pequeña mesita de madera, una gran fuente de comida presidida por el ciervo que habían cazado antes pero ya cocinado. Cuando ellas llegaron, la gente comenzó a sentarse en sus sitios mientras felicitaban a Robyn. Mahare la indicó que fuera a la esterilla principal, la que se encontraba delante de todos los asistentes para presidir la celebración. Aún no había rastro ni de Draco ni del demonio. Seguramente todavía estarían preparándolo. Pero, al sentarse por fin notó como una figura se situaba a su derecha.

- Vaya, veo que te han cambiado totalmente. Debo decir que a sido para mejor. Casi ni te había reconocido. – Comentó sorprendido Draco, mientras se sentaba a su lado y cogía una copa de vino. – Creo que a mí también me han hecho un cambio. Pero no he podido ver si ha ido a mejor o a peor.

Tenía razón le habían hecho un cambio, pero a mejor. Tenía los dos lados de la cabeza totalmente rapados, pero una larga melena, que llegaba a superar a la de Robyn, crecía por la parte central. Al igual que a ella, le hicieron varias perforaciones y tatuajes. A él le ataviaron con un simple taparrabos ritual y unas pequeñas placas de armadura en los hombros y brazaletes en sus antebrazos. Cosa que resaltaba completamente su musculatura, al llevar apenas ropa que le cubriese. Desde pequeño, prefirió centrarse en el combate cuerpo a cuerpo antes que la magia y los conocimientos; por eso, destacaba sobre los demás Diviums de la tribu en cuanto a fuerza y disciplina con las armas. Aunque tampoco es que fuese el mejor de todos, si que sobresalía. Por eso, esta prueba la consideraba más una pérdida de tiempo que algo útil. Mientras que Robyn era todo lo contrario, aunque tuviese algo de manejo con el arco, jamás le gusto tener que combatir. Ella prefería estudiar y aprender sobre los demonios, que tener que mancharse en las luchas. No obstante, pese a sus diferencias, los dos respetaban las habilidades del otro.

Draco, imaginarle unas alitas:

- Debo de decir lo mismo, tu cambio ha sido totalmente a mejor. Veo que también te han dado un baño. Por fin puedo andar cerca de ti sin tener que marearme. Bueno, creo que nos merecemos una copa en este día tan “especial” – Dijo con una sonrisa, mientras imitaba el gesto de su compañero de beber de una copa. Si lo que la muerte era lo que les esperaba, al menos disfrutaría de la cena y de la compañía.

Pudo observar, como el demonio también había llegado y se había sentado al lado de su madre situada en una esterilla cercana a la suya. Había sido la primera vez que su madre había pasado tanto tiempo lejos de su invocación. Apenas antes se había separado cuando llegó a su vida. Era la primera vez que veía a alguien tan atado a su invocación, casi como si fuese ella la que estuviese sometida.

- Hermanos y hermanas. – En ese momento Mizano interrumpió sus pensamientos. – Brindemos hoy por nuestros queridos Robyn y Draco. En este día, pasaran de ser simples niños a adultos, completando el ritual en que por primera vez podrán tener contacto con nuestros hermanos demoníacos. Hoy observaran como dos razas completamente opuestas, pueden completarse mutuamente si superan sus pruebas. Os puedo asegurar, que confió plenamente en ellos y sé que podrán volver a nosotros con el gran poder del otro mundo. Y si no es así, guardaremos su recuerdo del día de hoy como los grandes héroes que han sido.

Sabía que el discurso del demonio eran simples palabras huecas, pronunciadas sin sentimiento alguno. Podía notar en las miradas de todos la certeza sobre el destino que les esperaba. Muchos de los allí presentes, habían visto morir a sus hijos en un día como ese y como pronto ellos los iban a acompañar sin poder hacer nada por evitarlo. Nadie lo impediría, todos aceptarían su destino. Como si fueran sumisos a las órdenes de alguien.

- Vaya, no sé que se le da peor. Dar discursos o intentar disimular su estupidez. Lo mejor será que comamos hasta reventar antes de marchar a nuestra búsqueda de “gloria”.

Robyn no pudo evitar asentir, a la vez que se llevaba un trozo del ciervo asado a su boca.
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Re: Relatos de sangre

Mensaje por Robyn el Mar Jul 02, 2013 8:16 pm

El banquete duró menos de lo que había pensado. Apenas unos cuantos platos variados y unas copas de agua, debido a la facilidad que poseían los diviums de rebasarse con el alcohol y llevarlo todo al plano sexual. Esa no era la finalidad del banquete, por lo tanto, debían de asegurarse de que entrasen sobrios al ritual. Tal vez fuese tan corto en su pensamiento, al saber que después de eso probablemente llegaría su muerte. Mientras comía, observaba a los demás asistentes. Como siempre, se encontraban como ausentes, limitándose a ocupar sus sitios, comer algún bocado y de vez en cuando compartir algunas palabras con los que estaban sentados cerca de ellos. ¿Se volvería así de desanimada si pasaba el ritual? En esos momentos dudaba cual sería su mejor destino, convertirse en uno de ellos o morir a manos de los demonios. En otra cosa en lo que se fijo, fue en el brazo de su compañero de raza.

Hace un par de meses, mientras patrullaban la zona en busca de caravanas de mercaderes a las que asaltar para buscar provisiones, se toparon con unas antiguas ruinas. Embriagados por su inexperiencia y su búsqueda continua de aventuras, se adentraron en su interior sin saber los peligros que allí habitaban. Esta historia debe de contarse en otro tiempo. Solo cabe destacar como Draco fue herido de gravedad en esa mano, hasta tal punto de casi perderla. Por suerte, Mizano y su madre pudieron curarla casi totalmente. Sin embargo, adquirió la forma de una garra de aspecto demoníaco. Esto atrajo la completa atención y curiosidad de Mizano, que a partir de entonces lo llamaría varias veces para observarlo detenidamente y ver como progresaba su recuperación ante las heridas. Para Robyn solo era una mano más, solo con un aspecto más llamativo. Aunque creyó ver de vez en cuando en la mirada de Draco, cierto asco cada vez que contemplaba su extremidad.

Y allí estaba, de nuevo observándolo detenidamente. Le llamó especialmente la atención, como el divium había intentado taparla con los brazaletes e intentado hacer marcas tribales sobre este pero aún así destacaba de sobremanera su naturaleza. Draco se dio cuenta de sus miradas y con cierta incomodidad, intentó taparlo como pudo y comer solo con una mano. Avergonzada al ver sido descubierta, se centró de nuevo en su comida. Cuando todos acabaron, faltaban apenas unos minutos para que fuese medianoche, la hora en que daba comienzo el ritual. Como si fuesen autómatas dirigidos por el demonio, todo el mundo comenzó a recoger las cosas. Había llegado el momento.

- Llegó la hora, por favor sed tan amables de acompañadme. Hemos de realizar los últimos preparativos. – Comentó la criatura, con su habitual tono gélido y distante.

Junto con los demás habitantes de la aldea, se dirigieron a una pequeña elevación del terreno justo delante de la estatua y de donde habían cenado. Allí dos grandes mesas de piedra se encontraban situadas justo en medio con una pequeña separación entre ellas. Ya sabían lo que tenían que hacer, desde pequeños los habían preparado para eso. Sin mediar palabra, cada uno se sentó sobre una de las mesas. Mizano se colocó entre ellos, con una pequeña daga entre sus manos mientras que la madre de Robyn se colocó con los demás alejada un poco de las mesas. Un par de hombres del clan, llevaron hasta el demonio a una figura repleta de moratones y pequeñas heridas. Se trataba de uno de los últimos rehenes encontrados en uno de los asaltos a las caravanas. Había sido mantenido con vida solo para esa ocasión.

- ¡Malditos blasfemos, arderéis todos bajo la llama de Luminaris! Adoradores de demonios, espero que los templarios os encuentren y os rebanen el cuello a todos. En especial a ti demonio. Los maleficariums como vosotros solo merecen la muerte y…

Antes de que pudiese acabar, Mizano rebano con un simple tajo el cuello del desafortunado hombre. Robyn nerviosa observó por última vez a su madre, en sus ojos pudo ver una mirada tranquilizadora como si todo fuese a salir bien. Notó como la sangre del hombre empezaba a recorrer el trazo que marcaban sus tatuajes. Lo último que recuerda fue como una fuerza le hacía tumbarse sobre la mesa, mientras una siseante carcajada la envolvía hasta quedar en completo silencio.
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Re: Relatos de sangre

Mensaje por Robyn el Mar Jul 02, 2013 11:09 pm

Capítulo 5

Cuando recobró el sentido, lo primero que hizo fue notar una superficie lisa y fría sobre su espalda. Con dificultad, se levantó del suelo apoyándose con los brazos cada vez que sus piernas fallaban. A su lado se encontraba Draco, también recuperándose de lo que había parecido ser un viaje ya que como podía observar ya no se encontraban en su clan. Se hallaban en una habitación oscura, apenas iluminada por unas cuantas antorchas y cirios. Juraría que se trataba del interior de una capilla o algo parecido a lo que había visto en algunas viejas ilustraciones en los libros que había leído. Era la primera vez que estaba en una, pero sabiendo la naturaleza de su viaje no pudo hacer más que recelar de la apariencia del lugar y su función actual. Si todo había salido bien, se encontrarían en un plano inferior demoníaco donde deberían de pactar con un demonio para que este accediese a ayudarlos y entonces se podrían ir a casa. Por eso le extrañó de sobremanera encontrarse en un lugar como ese. Se esperaba más un lugar de aspecto demoníaco o de misticismo, no una simple y mundana capilla.

Justo delante de ellos, se alzaba una gran hilera de bancos de madera y justo al final de la sala un pequeño altar. Sobre una de las paredes de este, se alzaba una figura de madera. No podía identificar si se trataba de un dios o de un demonio, puesto que el rostro se hallaba completamente deformado como si fuese una deformación lo que ocupase su puesto. Un escalofrío recorrió su espalda, tenía la sensación de que algo iba mal pero que muy mal. Pudo notar un cierto aroma a sangre en el ambiente, más no había pruebas de su presencia. ¿Y si había ido mal el ritual y habían llevado sus almas a otra parte? ¿Y si en verdad estaban muertos y esto era el Purgatorio de la religión de los humanos? Observó que Draco también se mostraba desorientado a la par que desconcertado. Nada de esto encajaba con las teorías que les habían contado. Unos leves murmullos alcanzaron sus oídos. Venían del altar. Sin mediar palabra entre ellos, se dirigieron simultáneamente hacia el origen del ruido esperando encontrar respuestas.

Para su sorpresa, se encontraron la figura de un hombre arrodillado frente al altar repitiendo sin cesar unas plegarias que no llegaron a entender ninguno de los dos. Ambos se miraron sin saber qué hacer. Nada tenía sentido. Robyn se encogió de hombros y tocó el hombro del desconocido mientras le llamaba.

- Predicador – dijo Robyn a modo de saludo.

- ¡No, todavía no! – le contestó el sacerdote con voz chillona mientras le daba vueltas a un collar de cuentas alrededor de las muñecas, apretándoselo todavía más. – No, no soy predicador. Sólo soy un pobre cenobita, mi ángel de la muerte.

La divium se dio cuenta de que el individuo tenía las palmas de las manos cubiertas de sangre. Seguía sin entender nada. ¿Qué hacían ellos allí? ¿Dónde estaban los demonios? Algo en su interior le repetía que tenía que salir de allí cuanto antes, que todo esto estaba siendo una mala idea. Draco se acercó un poco más al hombre con la intención de hacer algo con sus heridas.

- ¿Puedo ayudarle? – insistió mientras Draco se colocaba a su lado a la vez que buscaba algo con que vendarle las heridas.

- No- dijo entre carcajadas con una sonrisa torcida-. Yo ya estoy muerto. ¡El Daemonium Agrat-Bat-Mahlaht ya viene! Lo siento empujando desde dentro del cráneo. Me llevará a mí y a todos los demás a su locomotora infernal. Cuerpos muertos para el fogón, carne para su mesa y sangre para su cáliz.

Robyn miró de reojo a Draco y puso los ojos en blanco. Estaba claro que el cenobita había perdido hacia tiempo la cabeza. Mencionaba a un demonio, pero no veía a ninguno por aquí y menos aún una locomotora, o lo que fuera ya que no sabía lo que era y menos aún había visto una. Lo mejor sería una manera de salir de allí y volver a casa, ya que eso definitivamente no era lo que estaban buscando.

- Le agradezco sus palabras, predicador – le dijo Robyn-, pero creo que nos hemos equivocado de destino y debemos marcharnos.

- No-le contestó el cenobita con voz enfática.

- ¿No? ¿De qué está hablando? – le preguntó Robyn.

Estaba empezando a perder la paciencia con el sacerdote lunático, si todos los religiosos humanos eran así no le extrañaba que hubiesen tantas guerras religiosas.

- ¿Es que no puedes oírlo, hija de Ubeno? ¿Traqueteando por las vías, con los odiosos vagones sacudiéndose detrás?

- Yo no oigo nada – se limitó a contestar la divium, dejando atrás al cenobita y dirigiéndose junto con Draco a la puerta de hierro de la capilla.

- Lo harás – le prometió el individuo.

Sin embargo antes de poder dar un par de pasos hacia la salida, se giró para ver como el cenobita empezaba a reírse y a babear por la comisura de los labios. Alzó los brazos heridos por encima de la cabeza y la sangre que le salía de las muñecas abiertas le cayó en la cara y le bajó por las mejillas como lágrimas de rubí. Cayó de rodillas al suelo.

- Es demasiado tarde-susurró-. El Señor de los Cráneos ya llega…

Robyn sintió un espasmo de náusea por la espina dorsal al escuchar las palabras que pronunció el cenobita. Ya no aguantaba sus sandeces. Se dirigió hacia él dispuesto a cerrarle la boca con algunos golpes. Las luces de la capilla comenzaron a atenuarse, a la vez que el suelo comenzaba a zarandearse junto con todo el edificio. Cuando agarró por el cuello al joven sacerdote, la cabeza del cenobita explotó.
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Re: Relatos de sangre

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