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Relatos de sangre

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Re: Relatos de sangre

Mensaje por Robyn el Jue Jul 04, 2013 8:25 pm

La sangre manó con lentitud del muñón desgarrado en que había quedado convertido el cuello del cenobita. Robyn apartó con asco y desagrado el cadáver. Dio un paso atrás y se limpió los restos del pegajoso fluido que la había salpicado el rostro. El cuerpo se quedó en pie, temblando con violencia como si estuviera sufriendo alguna clase de ataque convulsivo. Los brazos se movían con violencia, por lo que la sangre de las muñecas abiertas saltó por el aire y salpicó a su vez la estatua y el altar. La divium completaba con cierto horror el baile del cadáver demente, hasta que un fuerte temblor la obligó a agarrarse a uno de los bancos de la capilla en el momento en que notó una leve y repentina sensación de mareo. El repugnante cadáver del sacerdote continuó agitándose y estremeciéndose, negándose a caer a pesar de la carencia de cabeza. Ambos alados pudieron notar en el aire el inconfundible olor a magia demoníaca. Tanto tiempo habían pasado cerca del demonio Mizano y semejantes, que ya apenas tenían problemas en identificar cuando algo demoníaco estaba en situación. Se miraron entre ellos sorprendidos, al final sí que resultaba que se encontraban en un plano demoníaco. Jamás lo hubiesen dicho al esperarse encontrarse en otro tipo de ambiente y situación. Deberían de buscar respuestas en ese demonio al que antes había mencionado el cenobita, Agrat-Bat-Mahlaht.

Del silencio comenzaron a manar aullidos de terror y de lamentos. Comenzó a apreciar como en las paredes y suelos empezaban a aparecer figuras deformes, rostros y extremidades sobre las superficies.

- ¡No! – gritó Draco al ver como el cadáver se abalanzaba sobre Robyn.

Desenvainó su espada y se abalanzó contra aquella grotesca parodia de vida. El cuerpo cargó a su vez contra él con los brazos abiertos de par en par, pero un tajo vertical de la espada lo partió casi de la garganta al pecho. Se sorprendió con la facilidad con la que casi había partido su compañero a aquel individuo. Ahora comprendía mejor por qué Draco prefería el entrenamiento físico al espiritual como el que había pasado ella. El divium también parecía un poco sorprendido por lo que acababa de ocurrir, se limitó a suspirar y limpiar su espada con un trozo de túnica del caído.

- ¿Dónde narices estamos? Creía que nos enviarían a un pequeño trozo del plano infernal donde poder negociar con un demonio menor. No a una maldita capilla llena de locos. – El tono de Robyn era de nerviosismo junto con el de incertidumbre, odiaba no saber lo que estaba pasando.

- No tengo ni idea de lo que está pasando, pero creo que el demonio al que antes se ha referido esta “cosa” nos podría indicar qué está sucediendo y donde estamos. – Respondió tranquilo a la vez que preparaba su espada ante los siguientes enemigos que apareciesen. – Acuérdate que esto ya no es el plano de los mortales, ahora estamos en plano demoníaco y aquí cualquier cosa por imposible que parezca puede suceder. Tampoco nos podemos fiar de cualquier criatura, la mayoría nos querrá matar y pocos pactar. Mantengámonos juntos y… Supongo que todo irá bien.

Robyn no pudo evitar sonreír un poco al ver como había hablado Draco. Por fin dejaba de hablar como un crío y había madurado un poco, llegando a decir cosas sabias que jamás se hubiese pensando que diría en voz alta. Solo esperaba poder salir con vida de ese lugar para poder ver como iría madurando cada vez más con el paso de los años. Ambos se dirigieron a la puerta que debía de ser la salida de ese edificio. Sin embargo ante sus ojos, podían comenzar a ver como el espacio que les rodeaba empezaba a cambiar de formas cada vez que pestañeaban. Manteniéndose erguidos gracias a sujetarse mediante los bancos, comenzaron a andar entre grandes trompicones debido a que el suelo que antes era de piedra se había convertido en un suelo blando y rezumante, de donde surgió un líquido rojo brillante. Bajó durante unos segundos la vista para ver de qué se trataba. Vio que del suelo sobresalían huesos y cráneos blancos, y se dio cuenta de que no estaba encharcado de agua, sino inundado con sangre recién derramada de las paredes.

Mientras intentaban abrirse paso por el pasillo que iba alargándose y contrayéndose con cada nueva mirada que lanzaban, Robyn percibió unos gritos de un individuo que estaba cerca, que tenía el cuerpo hundido hasta la cintura en la tierra y la cara cubierta de lágrimas de agonía.

- ¡Ayúdame! ¡Por el amor de Matre, ayúdame! – aulló.

La divium corrió todo lo que pudo para ayudar a lo que parecía ser un humano. Este alzo los brazos en gesto implorante. Apenas podía agarrarle con fuerza  debido a que se le escurrieron las manos por la sangre que las cubría, así que lo agarró de la camisa. Tiró con todas sus fuerzas de él y dio un trompicón hacia atrás al descubrir horrorizada que el hombre se había quedado sin carne de cintura para abajo. Toda la parte inferior del cuerpo tenía arrancada la piel y los músculos. El suelo hambriento devoró, ante asombro y perplejidad de la divium, lo que quedaba del moribundo mientras él miraba, ansiosa por evitar que le arrebataran el festín.

Robyn notó que lo inundaba una sensación de impotencia mientras veía como varios cuerpos de todo tipo de razas imploraban ayuda pero eran devorados como el humano por el suelo ensangrentado. El monstruoso sonido de la médula de los huesos al ser sacada por succión resonaba en las paredes pétreas del lugar. Se llevó las manos a la boca para intentar no vomitar, pero había visto demasiado, se apoyó en un banco antes de perder algo de fuerzas y devolver.

- ¡Por todos los dioses! ¡No! – gimió Draco mientras se esforzaba por salvar a una mujer aullante de un destino igual. Al ver como no podían hacer nada por ayudar a esas pobres almas, se giró para comprobar que su amiga estuviese bien. - ¡No podemos hacer nada por ellos, debemos salir cuanto antes!

No supo con seguridad cuanto tiempo paso antes de que llegasen a la puerta. Segundos, minutos, horas… El tiempo allí parecía eterno. Por cada paso que daban el pasillo parecía haberse alargado varios metros más. Mientras un gemido sibilante los acompaño hasta el final de su recorrido. Al abrir la puerta, descubrieron el origen de aquel gemido.
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Re: Relatos de sangre

Mensaje por Robyn el Vie Jul 05, 2013 2:26 pm

Capítulo 6

Draco siguió a Robyn y ambos cruzaron la puerta y el infierno que estaba sucediendo en la capilla, en dirección al andén que había aparecido de la nada. Cuando subieron los peldaños, descubrieron de donde procedían los gemidos sibilantes. Cada una de las traviesas sobre las que se asentaban los rieles era un conjunto de cuerpos y miembros que se retorcían con movimientos agónicos y unidos por alguna clase de brujería maligna. Gritaban en un delirio enloquecido con unas voces estremecedoras y suplicantes. Aunque no reconoció ninguno de los rostros, los rasgos le indicaban que se trataba de gente procedente de todo tipo de razas y lugares de Noreth, y que las almas de los que habían sido devorados por aquel lugar abominable todavía estaban sufriendo. Los ojos y las bocas que aparecían en la materia fluida que formaba cada traviesa transmitían con tremenda angustia sus sufrimientos antes de verse obligados a desaparecer para que otra alma se desahogara en ese purgatorio interminable.

Robyn conocía las diferentes maldades que podían realizar los demonios, ya que para ellos la vida humana era un juguete algo ínfimo de lo que preocuparse. Sabía que adoraban torturar a los mortales y utilizarlos para sus fines mas malvados. Sin embargo, nunca hubiese podido imaginar tanta maldad junta. Esperaba poder encontrar pronto un demonio que quisiese pactar con ellos, antes de tener que convertirse en una de esas pobres víctimas condenadas al sufrimiento eterno. Tuvo que cerrar los ojos ante tal horror y luego los abrió al sentir una vibración repulsiva en los huesos y una tremenda agitación del aire. Los fragmentos de hueso que sobresalían de la superficie del suelo se hundieron en sanguinolentas profundidades y las traviesas gimieron con fuerzas renovadas. Unos chorros de materia multicolor comenzaron a rezumar de las piedras donde los rieles penetraban en las paredes. Diversas espirales de luz cegadora surgieron del cemento que unía las piedras y mostraron una imagen retorcida detrás, como si se viera a través de una lente deformada. Las paredes parecieron extenderse, como si las absorbiera un vórtice invisible, hasta que no quedó nada más que un velo ondulante de oscuridad impenetrable, un túnel hacia la locura rodeado de calaveras aullantes enviadas a la muerte.

Y llegó el Daemonium Agrat-Bat-Mahlaht.

Surgió del túnel recién formado como un monstruo destructivo broncíneo propio del final de los tiempos. El Daemonium Agrat-Bat-Mahlaht avanzó aullante sobre los rieles ensangrentados hacia los horrorizados diviums. Unos enormes pistones de hueso lo propulsaban, con los costados de hierro y acero cargados de energías sobrenaturales. De cada remache rematado por un rostro esquelético surgía un chorro de vapor sanguinolento mientras las ruedas de almas torturadas aplastaban los rieles para darse un festín con la sangre rezumante del suelo empapado. El retumbar de su llegada se podía percibir con otros sentidos aparte de los escasos cinco que conocían las razas de Noreth, ya que resonaba por todos los planos que existían y se entrecruzaban más allá del velo de la realidad. Detrás lo seguía una hilera de vagones de hierro oscuro con la madera manchada por eones de sangre y desechos humanos. Sin saberlo a ciencia cierta, Robyn podía presentir que a bordo de aquellos habitáculos infernales habían viajado millones de seres hacia la muerte, transportados a donde quisiera llevarlos aquella monstruosa máquina antes de ser exterminados de las peores formas que puedan ser concebidas. La enorme máquina demoníaca se detuvo poco a poco, y las traviesas chillaron más allá de la capacidad de audición cuando el gigantesco artefacto se detuvo al extremo del andén. A ambos les parecieron oír una risa estruendosa y el chirrido de las deformadas puertas de madera al abrirse deslizándose sobre unas guías oxidadas por la sangre.

Varios chorros de vapor sanguinolento salieron siseando del costado blindado del Daemonium Agrat-Bat-Mahlaht y una risa maligna los sacudió mientras serpenteaban atendiendo a sus propios asuntos perversos. Los zarcillos de vapor se engrosaron y se hicieron más sólidos a medida que avanzaban hacia los alados. Jamás en su vida habían visto semejante cosa, ni escuchado hablar de eso ni leído. Todo le hacía indicar a Robyn que se trataba de un invento propio del plano demoníaco y esperaba que se quedase allí ya que eso en el mundo de los mortales solo podría traer muerte y desolación como podían ver.

- Prepárate –dijo Draco.
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Re: Relatos de sangre

Mensaje por Robyn el Lun Ago 26, 2013 11:32 pm

Poco a poco los humos procedentes del vagón se fueron disipando, dejando al descubierto a seis figuras. Todos estos portaban trajes de trabajo de color gris, donde se podían observar las marcas de todos sus años de trabajo en aquella máquina. Cada uno de ellos llevaba atado a sus cinturones una serie de cuchillos y ganchos, manchados por lo que parecía ser sangre y hollín en las mismas proporciones. Sus caras humanas estaban desprovistas de cualquier tipo de piel, dejando al descubierto su musculatura facial. A lo largo de su rostro, se podían observar diferentes y toscas suturas que iban de un lado a otro. Tampoco poseían ningún rasgo físico. Ni ojos, ni nariz ni orejas, sólo unos abultamientos que sobresalían de sus cráneos.

- Algo me dice que eso son los demonios que podríamos andar buscando. – Murmuró Robyn. – Acabemos de una vez con esto, quiero volver a casa cuanto antes. – Antes de que pudiera dar un paso para poder encaminarse hacia aquellas criaturas, Draco la agarró con fuerza del hombro pero sin brusquedad.

- Ten cuidado, no sabemos a qué clase de demonios nos enfrentamos. Prepárate para lo peor. – Comentó con un tono suave y algo más bajo de lo normal, mientras desenfundaba una de sus espadas del cinto que tenía sujeto a su espalda entre las alas.

Uno de los rostros se volvió hacia él y un trozo de músculo de la garganta del demonio palpitó en señal de horrible apetito. Sin embargo, ninguna de las criaturas se movió. Si hubiesen tenido ojos, los Diviums hubiesen pensado que les estaban observando pero al carecer de ellos no sabían que rondaría por sus cabezas. En ese momento, una gruesa puerta de hierro de la máquina se abrió con un fuerte estampido metálico y chirrió para dar paso a una figura gigantesca que bajó del andén. Aquel gigante les sacaba a los dos mortales, dos cabezas y hombros. Llevaba puesto una armadura de planchas de hierro con remaches y partes vulcanizadas que emitían estruendosos chillidos con cada movimiento que hacía. Sobre la armadura oxidada tenía colocado un delantal chamuscado que había perdido hacia siglos su color original. De su casco con el visor alzado, se podía observar como sobresalían un par de cuernos de color rojizo que rivalizaban con el de sus ojos. Estos denotaban toda la ira y rabia que corroía en su interior.

Su armadura estaba repleta de símbolos de sobra conocidos para Robyn. Ya los había visto tanto en libros como con la presencia de Mizano. Se trataba de un guerrero demoníaco y al juzgar por su apariencia y séquito, parecía ser muy poderoso. Iba armado con un largo machete curvo de empuñadura de hierro. Los demonios despellejados sin recibir orden alguna, se colocaron a espaldas del gigantesco guerrero.

- Hemos venido a negociar con vosotros. Nosotros os ofrecemos un pasaje al mundo mortal, si accedéis a estar bajo nuestro mando. – Dijo en voz alta Robyn, con cierto tono temeroso en su voz. Nunca antes había lidiado con otros demonios aparte de Mizano. Cabía decir que la atmosfera, los sucesos antes acontecidos en la capilla y el aspecto del demonio, la había amedrentado bastante. Una cosa era atacar a simples comerciantes y viajeros que deambulaban por su zona, pero otra muy distinta era enfrentarse cara a cara con un demonio tan apabullante.

Durante varios segundos, todos estuvieron en un sepulcral silencio. Robyn observó de reojo a Draco para ver si estaba tan asustado como ella. Al contrario que la divium, este se mostraba impasible y lejos de cualquier temor. Aunque sí que pudo notar como empuñaba con más fuerza su espada, con la mano humana. De nuevo dirigió la mirada hasta el demonio que, en esos momentos, estaba alzando su brazo en dirección hacia de donde había salido de la siseante máquina infernal.

- ¡Vamos! –Bramó el gigante-. Tengo una tarea para vosotros. ¡Obedecedme u os convertiré en carne muerta para mi máquina. ¡Soy el Daemonium Agrat-Bat-Mahlaht y es mi voluntad lo que mueve este trozo de carne, y os convertirá en carne muerta si no me obedecéis! ¡Vamos he dicho!

Si antes ya estaba asustada, ahora lo acababa de rematar. Su voz resonaba en su cabeza como miles de gritos de agonía encerrados en su cuerpo, como si con cada sonido que pronunciase un alma fuese devorada en ese momento. No supo que responder. Sabía que no tendría nada que hacer contra él en un combate y menos aún en su mundo. No estaba preparada para esto. Solo quería volver a casa, aunque eso significase ser una deshonra para su pueblo. Simplemente no podía con eso.

- No nos vamos a ir a ninguna parte. Si quieres negociar será aquí. No vamos a aceptar tus amenazas y menos aún tus órdenes. – Contestó con severidad y en tono alto pero tranquilo Draco. – Si aceptas nuestra oferta bien, sino, nos marcharemos y buscaremos a otro que esté interesado en abandonar esta mierda de existencia.

Antes siquiera que Robyn pudiera lanzarse al cuello de su amigo por decir eso, las criaturas comenzaron a desplegarse por el andén en su dirección mientras sacaban de sus cinturones unos largos cuchillos serrados.

- Supongo que eso es un no…

Draco acabo de empuñar con su otra mano su espada y se lanzó contra las criaturas. Robyn durante unos segundos se mostró indecisa y paralizada. Sin embargo, al ver luchar con confianza a su amigo comprendió que debía de ayudarle si querían tener una posibilidad.

- Si salimos de esta con vida te juro que… - No logró acabar su frase, ya que en ese momento disparó con su arco contra una de esas cosas que intentaba acercarse a ella.

El arma del divium atravesó estómagos y pechos, sin embargo, ante su mirada incrédula pudo observar cómo se regeneraban a gran velocidad hasta el punto de casi atrapar su arma en sus cuerpos. Lograba esquivar a duras penas los golpes, ya que las alas lo hacían un blanco fácil para las criaturas. Robyn tampoco lo tenía fácil, pues las flechas apenas lograban penetrar en su carne sin impedir que dejaran de avanzar hacia ella. Sin mediar palabra, el gran guerrero demoníaco se abrió paso hasta donde se encontraba Draco. Este le intentó lanzar un corte perpendicular, no obstante, apenas hizo una magulladura a su armadura tan solo rasgar un poco el delantal. Agarró con su mano ennegrecida a Draco por el cuello y como si fuera una mera muñeca de trapo, lo lanzó con fuerza al interior del andén. Robyn lanzó un grito de furia al ver como lo lanzaba, e intentó alcanzarle con alguna de sus flechas. Pero de nuevo sus intentos fracasaron y como el divium, fue lanzada hacia el interior de la máquina que bien podría ser en esos momentos el mismo infierno para aquellos dos pobres mortales.
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Re: Relatos de sangre

Mensaje por Robyn el Mar Ago 27, 2013 6:23 pm

Capítulo 7

Se esforzó por recuperarse del impacto, pero antes de que pudiera ponerse en pie las criaturas demoníacas la rodearon y comenzaron a manosearla. Su tacto recordaba a la carne quemada, y los dedos se retorcían recordando el movimiento de los gusanos. Los rostros muertos estaban a escasos centímetros de su cara, lo que hacía que pudiese oler el aliento de las criaturas que recordaba al olor de una pila de cadáveres podridos y quemados. Las criaturas la inspeccionaban todo el cuerpo con sus inertes caras, como si la olisquearan mientras la mantenían inmovilizada con una fuerza increíble pese a sus complexiones.

- Los engendros te muestran su aprobación, mortal. – Le dijo el gigante riéndose mientras se acercaba hasta ella. – Son la corrupción de los espíritus, a la que se le ha dado una forma y un propósito. Quizá noten una cierta relación contigo y seas de verdad lo que buscaba.

Robyn, todavía dolorida por el impacto, se limitó a esperarla muerte cuando una de las criaturas le colocó la boca sobre la garganta, pero el Daemonium Agrat-Bat-Mahlaht tenía reservado otro destino para ella, uno distinto al simple asesinato, por lo que rugió impaciente. Los demonios despellejados sisearon en tono de sumisión y levantaron a la divium para llevarla hacia uno de los vagones de la enorme máquina demoníaca. Del interior del vehículo salían vaharadas de aire muy caliente y hedor a carne quemada que hizo lamentar tener olfato a la joven alada. Supuso en ese instante que si salía de allí con vida, ya no volvería a ser la misma. Si es que lograba salir con vida.

En su boca aún tenía el amargo sabor metálico de la sangre del tremendo golpe recibido. El incesante olor a carne quemada provocó que le lagrimearan los ojos y le provocara unas cuantas arcadas bastante desagradables. No paraba de parpadear para intentar aclararse la vista, pero apenas lograba deslumbrar algo entre tanto humo y sombras. Sabía que no podía fiarse de su vista, ya que el interior de la máquina le confundía los sentidos y se burlaba de cualquier noción relacionada con la realidad. Desafiaba la geometría más elemental. Un fogón de caldera de amplias puertas rugía y humeaba en uno de los extremos del lugar. Del techo oscuro y goteante pendían varias líneas de cadenas y poleas. De cada una colgaba mediante garfios oxidados un torso humano sin miembros.

Delante suya, pudo ver como llevaban también arrastras a Draco. Pasaron al lado de varios montones de miembros humanos, cada uno mayor que el anterior. Su carne, al contrario que el de los demonios, estaba simplemente podrida por el tiempo que podrían haber estado allí. Dos de las criaturas abandonaron a los prisioneros y se apresuraron a tomar un tronco sin cabeza y arrojarlo al fogón. Ya sabía como hacían avanzar aquella máquina infernal, con carne y sangre. ¿Serían ellos las próximas pilas de combustible? Gracias a eso, ya sabía de donde procedía parte del olor a quemado y las cenizas que rondaban por el aire. El gigante de la armadura de hierro, agarró a su amigo y lo agarró a uno de los ganchos colgantes que había libre. Robyn gritó al ver esto e intento zafarse de los demonios, pero su fuerza era muy superior a la de la divium. A ella también la alzaron por los aires para colocarla al lado de su amigo en otro gancho. No pudo evitar soltar un tremendo grito de agonía, al sentir como la piel de su espalda era atravesada por el objeto afilado. El gancho se limitaba a sujetarla por una fina capa de piel, haciendo que con cada meneo notara como poco a poco se iba desgarrado cada vez más y más.

El Daemonium los contempló durante unos instantes, antes de acercarse a Robyn y agarrarla con fuerza de la mandíbula al ver como intentaba zafarse de la trampa. Notó en la lengua la ceniza que le cubría los dedos y olió la carne quemada que había bajo de su guantelete. Notó en ese momento que no era un simple guerrero demoníaco, era algo más poderoso que se escondía en ese cuerpo. Sería imposible negociar con él, era demasiado poderoso para necesitar a simples mortales para llegar a la superficie. Él solo seguramente podría. Necia y estúpida, ¿cómo no se había dado cuenta antes? Cuando el ente se le acercó, pudo notar como su aliento apestaba como el aire salido de una tumba vieja recién abierta. Con dolor, le soltó una patada pero su pie reboto con fuerza y sin causar daño alguno contra la placa pectoral de factura antigua.

- Desperdicias tus fuerzas, mortal. Ni tienes poder para destruirme ni es tu destino hacerlo. Tienes algo grande reservado, pero hoy no será ese día. Guárdatelas para el mundo de hierro. Las necesitarás.

- Aléjate de mí, maldito hijo de puta. No quiero saber nada de mi destino, solo déjanos irnos y no te molestaremos más. – le gritó Robyn, forcejeando con todo el cuerpo para soltarse de la mano de su captor a pesar del tremendo dolor en el espalda.

- No tiene sentido que te resistas – le insistió el demonio-. He viajado por las vías de sangre entre las realidades incontables eones y todo me ha sido revelado ahí. Lo que ha sido, lo que es y lo que está por ser. He apagado vidas que todavía no han nacido, he cambiado historias que aún han de escribirse, y he viajado por caminos por los que nadie más puede caminar. ¿Y crees que alguien como tú puede desafiar mi voluntad?

- Joder, cállate de una puta vez y haz lo que tengas que hacer. Al contrario que tú, nosotros tenemos cosas que hacer y…

Antes de que pudiera acabar, el Daemonium le dio una bofetada con su guantelete en la barbilla y lo hizo girar sobre la cadena. Draco resopló de dolor cuando notó que el gancho se le clavaba más en la carne.

- Guarda tus palabras, simple mortal. O haré que lamentes el resto de tu existencia de haberlas pronunciado.

Las criaturas comenzaron a lanzar cada vez más cuerpos a la caldera, mientras el poderoso guerrero tiraba de una palanca. Robyn notó como aquel lugar imposible, comenzaba a estremecerse de un extremo a otro cuando acabó de accionar el mecanismo. La puerta del andén por donde habían entrado se cerró con un chirrido de metal. De nuevo, sintió una oleada de dolor cuando el gancho comenzó a perforar aún más su piel debido al repentino movimiento de la máquina. Los cadáveres de los demás ganchos también se balancearon y comenzó a notar una sensación de nausea que antes había notado al saltar a la capilla. ¿Sería capaz aquella máquina de viajar por la realidad demoníaca? La sensación de nausea aumentó por momentos y Robyn tuvo que apretar los dientes para soportar el creciente dolor.

- ¿Adónde nos llevas?- preguntó Draco a través de los dientes apretados.

- Allí donde debéis ir-  le contestó el gigante. –Conozco el deber que tenéis y que os ha traído hasta este plano. El Señor de los Cráneos tiene más herramientas que el simple arte de la muerte.
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Re: Relatos de sangre

Mensaje por Robyn el Miér Ago 28, 2013 3:20 pm

- Cuando salga de aquí, te juro que te atravesaré el cráneo con una de mis flechas. – Gruñó Robyn con dureza.

Por fin había despertado del todo de su aletargamiento. No podía mostrarse más débil ante el demonio, no si la vida de Draco también estaba en juego. Debía de encontrar una manera de salir de allí antes de perder la vida a manos de aquel ente demoníaco. Sin embargo por ahora solo podía seguir apretando los dientes y esperar a que el viaje no fuese muy movidito. Observó de reojo a su amigo para ver como se encontraba. Como ella, el divium no parecía muy feliz con su situación actual. También se le podía ver dolorido y mareado. ¿Dónde se habían metido?

- Tu cráneo reposará delante del trono del Dios de la Sangre antes de que eso ocurra, mortal. Ya he visto cómo morirá. ¿Quieres saberlo?

- Todo el mundo sabe que las palabras de un demonio no son más que mentiras. No me creeré nada de lo que digas. – Comentó con rabia.

El Daemonium lanzó un tajo con el gran machete. La hoja fue directa al cuello de Draco. Una salpicadura de sangre saltó del leve corte que le hizo en la garganta. Robyn, al ver esto, se intentó zafar del gancho pero como antes solo estaba consiguiendo hacerse más daño.

- Quieres morir, mortal, y me encantaría sacarte y destrozarte el alma. Te arrancaría la carne de los huesos mientras gritas de dolor y me adornaría con tus entrañas, pero la muerte que te espera es mucho peor incluso que la que alguien como yo podría preparar. Tu cráneo tendrá el honor de disponer de un lugar en una de las montañas de huesos que el Dios de la Sangre tiene a la vista.

Ninguno de los dos volvió a decir nada. Aquella amenaza había sonado demasiado real como para tomársela a broma. Otro estremecimiento, más intenso, sacudió la máquina y a Robyn le pareció que le estaban lacerando la espalda y cabeza con clavos ardientes. El ente demoníaco alzó los brazos hacia el techo y estalló en carcajadas.

- Viajamos por las vías de sangre. ¡El Corazón de Sangre!

La máquina demoníaca rugió al entrar en lugares más allá de la existencia. Robyn y Dracon gritaron de dolor como nunca lo había hecho en la vida. El espació se dobló. La máquina demoníaca, el fogón de la caldera, los demonios, Draco… Todo desapareció cuando lo que lo rodeaba se volvió del revés y se convirtieron en conceptos sin sentido. Sintió al mismo tiempo que explotaba en mil millones de pedazos y que implosionaba hacia su interior. Vio rostros que flotaban en el aire delante de él, algunos familiares otros desconocidos. Los mundos y las personas pasaban como un borrón continuado, pero cada uno se le mostraba con tanta claridad como si los examinara al detalle. Vio a Noreth presa de las llamas, rodeado de humos asfixiantes donde la gente era convertida en cenizas. Contempló como las huestes del Imperio y Zhakhesh eran devorados por las contingentes oleadas de demonios que parecían surgir de la tierra. Como poderosos nigromantes intentaban en vano defenderse de las llamas del caos. Como los elfos lloraban al ver sus bosques reducidos a cenizas. Su hermanos diviums, todos aplastados bajo la bota de seres como la que la tenían cautiva. Todas estas visiones la hicieron derramar lágrimas de rabia e impotencia por su indefensa al no poder ayudar a sus hermanos. El tiempo avanzó con más lentitud, pero corrió. Todo lo que había conocido o estaba por conocer, lo estaba viendo destrozado por aquellos poderes con los que se había atrevido a jugar. ¿Habían tenido razón los antiguos diviums al expulsar a su gente por jugar con esa magia prohibida? No, no quería colaborar con aquella matanza indiscriminada.

El lazo que le mantenía unida la mente e impedía que se volviera demente comenzaba a deshacerse. El desagradable reconocimiento de la insignificancia de su ser y de la futilidad de cualquier acto desgarraban su identidad como ser. Debía mantenerse y recordar quién era. Era… ¿Quién era? Su existencia titilaba. Se esforzó por mantenerse firme, mientras los fragmentos de su vida comenzaban a desvanecerse y veía como cada uno de ellos daba inicio a una nueva serie de realidades. Vidas alternativas, donde podía verse como sería si fuese una gran líder de ejércitos en Nubibus Ferreum, o su vida como madre de una gran familia. Intentaba mantenerse fuerte y seguir manteniendo su cordura, que iba desvaneciéndose poco a poco con las diferentes variantes de su vida. Hasta que de nuevo todo iba desapareciendo, sus pensamientos se iban arremolinando en su cabeza sin nada coherente a lo que agarrarse que poco a poco la iba conduciendo a un vórtice de locura donde solo quería morir de una vez para acabar con ese tormento infernal. Pasó una eternidad o un instante, aunque no sabía discernir con exactitud cuál de los dos ya que el tiempo se había convertido en un concepto sin sentido, carente ya de significado.

En ese instante, sonó una voz en mitad de aquella locura y lo poco que quedaba de Robyn se aferró a ella, como un arma a un guerrero en mitad de una batalla.

- No temas, mujer–dijo la voz-. Este viaje es como la vida de cualquier mortal.

La máquina demoníaca pasó con un rugido al universo real.

- Se acaba…
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Re: Relatos de sangre

Mensaje por Robyn el Miér Ago 28, 2013 4:36 pm

Capítulo 8 y final del primer tomo

Robyn empezó a toser con fuerza. El corazón le latía con tal fuerza que iba a partir su pecho. Notaba como la sangre le recorría rugiente el cuerpo. Tenía la cara cubierta del mismo líquido carmesí que le había salido de la nariz y de los ojos. También se había mordido la lengua, ya que notaba la boca llena de aquel sabor metálico ya más que de sobra conocido. Poco a poco iba recuperando su respiración normal. Escupió a un lado y captó en el aire el hedor de los humos y la pestilencia acre del hierro caliente. Se quedó quita durante unos largos segundos mientras intentaba hacerse a la idea de dónde se encontraba. Aunque antes agradeció el silencio que ahora reinaba en su mente. Sabía que por poco no había acabado demente y temía encontrar dentro de poco secuelas de aquella experiencia tan poco agradable. Lo único que veía por encima de ella era una inacabable extensión blanca, sin profundidad ni escala de medida. Parpadeó confusa y alargó una mano para limpiarse la sangre coagulada que tenía sobre la cara. Se pasó la mano por el rostro y de repente lo atacó una tremenda sensación de vértigo.

Le pareció notar que se caía y lanzó un grito mientras manoteaba a su alrededor para agarrarse a algo. Las manos se posaron sobre una superficie metálica y el vértigo desapareció cuando se dio cuenta de que estaba tumbada de espaldas y que estaba mirando lo que parecía ser el cielo. Un cielo muerto, sin nubes, sin nada que interrumpiera aquel horrible vacío. Intentó moverse, pero le dolía todo el cuerpo. Sentía los músculos cansados hasta el extremo del agotamiento y un dolor lacerante en la espalda, en la zona donde había tenido clavado el gancho. Con lentitud, se fue incorporando. A su lado vio a Draco, vomitando sobre el suelo metálico. Su amigo llevaba una expresión ceñuda en el rostro, con las mandíbulas apretradas, como si llevara el peso del mundo sobre sus hombros.

- Levantaos- dijo una voz áspera a su espalda.

Los recuerdos de todo lo sucedido invadieron la mente de Robyn. Al parecer no había sido un mal sueño después de todo. Se esforzó por ponerse en pie, pero el cuerpo todavía se estaba ajustando a su regreso a la realidad y sólo pudo quedarse de rodillas. Ante ellos se encontraba el Daemonium, gigantesco y monstruoso con su armadura ennegrecida de diseño muy antiguo. Detrás de su captor había un reluciente e imposible rectángulo de refulgente luz roja, una puerta de regreso al interior infernal de la máquina demoníaca. Las armas de los dos diviums se encontraban en unas rocas cerca de ellos. Al parecer estaban intactas.

- Tendréis que recuperar el equilibrio con rapidez, mortal – les dijo la criatura demoníaca con una breve risotada-. Los espectros del delirio oirán los latidos de vuestros corazones, y un manjar como vosotros no pasará desapercibido durante mucho tiempo.

- ¿Los qué? – logró preguntar Robyn al cabo de unos momentos.

- Unos monstruos – contestó el gigante como si fuera la cosa más simple del mundo.

- ¿Monstruos? – repitió Robyn con los dientes apretados para ponerse en pie por fin. Draco también logró erguirse y se quedó a su lado, con la cara blanca por el esfuerzo pero con la expresión furiosa que había tenido dentro de la máquina.

- La piel de los asesinos cosida sobre criaturas bestiales en las que han introducido las almas enloquecidas de aquellos a quienes han matado – les explicó el Daemonium como si se tratasen de niños pequeños-. Cazan en estas montañas y los reconoceréis cuando oigáis los gritos de los condenados al perseguiros.

- ¿Dónde estamos? – le preguntó Draco -. ¿Dónde nos has traído?

- Estamos en uno de los muchos planos en los que se encuentran los demonios – contestó el demonio señalando hacia algo que estaba detrás de los diviums. - ¡Mirad a este mundo plagado de cenizas y caed en la desesperación!

Robyn se giró hacia donde había señalado la criatura. Se quedó sin respiración ante el panorama que se abría ante ellos.

Se encontraba en lo alto de una meseta rocosa que a su vez se alzaba sobre un amplio paisaje gris de una desolación absoluta. Si antes creía que la máquina de donde habían salido era una visión del infierno, eso no había sido más que el preludio para aquella desolación destructora. La superficie del planeta estaba cubierta de enormes fortalezas sobre las cuales había ingentes cantidades humo, seguramente de sus centenares de herrerías para el abastecimiento de sus ejércitos. Ríos de metal fundido serpenteaban cerca de estas fortalezas como canales de lava. Una enorme cadena montañosa se alzaba por encima de todo aquello, compuesta por una clase de roca negra sobre la que ningún ser vivo había conseguido sobrevivir ni lo haría jamás. Las cimas parecían tocar el propio cielo muerto. Su sangre se heló al contemplar la terrorífica altura a la que podían llegar aquellos enormes riscos. Vio que algunas repugnantes columnas de humo negro se elevaban ondulándose desde detrás de las montañas.

Detrás de las montañas también se veían unas extrañas torres, y Robyn tuvo la desagradable certeza de que allí se alzaba alguna clase de ciudad de pesadilla donde las murallas y los bastiones se extendían por todos lados. Era un abominable puesto fronterizo rodeado de maldad y de muerte que todo ser vivo aborrecería con razón. Casi podía ver figuras fantasmales en eterno sufrimiento deambulando por los alrededores de esta fortaleza obedeciendo los terribles designios de su amo.

- Ese odio…-susurró Robyn-. Tanto odio y amargura.
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Re: Relatos de sangre

Mensaje por Robyn el Jue Ago 29, 2013 2:26 pm

- Sí – comentó el Daemonium-. Imagínate toda la rabia que huelo en tu interior, pero podrida y más fuerte después de miles de años de tener sentimientos de venganza… Pues eso no es más que una insignificante fracción de lo mucho que puede llegar a odiar el ser que reina aquí.

Robyn cerró los ojos para dejar de ver aquel paisaje de pesadilla. Sabía que acercarse demasiado a aquella ciudad significaría la muerte, pero la inmensidad ciclópea de aquello se le había quedado grabado en la mente de tal modo que nada sería capaz de borrarlo jamás. La inutilidad de la existencia ante semejante horror sin nombre era casi imposible de soportar, así que alzó los ojos al cielo muerto. Los fantasmales tentáculos de humo negro atravesaban el cielo, y se dio cuenta de que se dirigían hacía lo único que mancaba aquel vacío. Un enorme sol negro, con una superficie tan oscura que su negrura no era simplemente la ausencia de color y luz, ya que sus profundidades absorbían toda la vida y alma del planeta. Un escalofrío recorrió su espalda. Jamás se había imaginado que se encontraría en semejante panorama desolador.

- ¿Por qué…? – logró articular Robyn tras un momento, después de apartar su temblorosa mirada de aquel sol mortecino-. ¿Por qué nos has traído aquí?

- Vuestro destino desde un principio era llegar aquí. Aquel demonio que manteníais entre vosotros, se encargó de llevar a todos los que querían pactar con nosotros aquí. Donde como podréis comprobar dentro de nada, solo os querrán para sus cazas particulares y otros fines que pronto averiguareis. Habéis sido su fuente de entretenimiento durante mucho tiempo. Durante años he estado observando cómo iban muriendo uno a uno sin impedirlo. Sin embargo vosotros sois diferentes y por eso he decidido interceptar vuestra llegada y poder llevaros a un lugar más seguro del que en un principio ibais a estar.

No podía creerlo. Mizano les había estado engañando todo este tiempo. Ahora todo encajaba. Desde su llegada ningún divium llegaba de su prueba y si lo hacía moría al poco tiempo a causa de su locura. No les enviaba cerca de algún demonio menor interesado en pactar con ellos. Les llevaba al coto de caza particular de sus amos. Y seguramente su madre lo sabía pero estaría bajo el influjo de sus poderes, como todo su pueblo. Pero, lo más perturbador, es que ese demonio los había salvado en apariencia de un destino fatal.

- ¿Entonces, por qué nos has traído a este lugar si sabias que nos iban a cazar? –le exigió saber Robyn tras recuperar parte de su autocontrol. - ¿Por qué querría ayudarnos una criatura como tú?

El Daemonium lanzó otra de sus risotadas discordantes antes de contestar.

- Porque haréis lo que os ordene, mortal. Y si lo hacéis, tal vez podáis conseguir a alguno de mis esclavos y cumplir así lo que habéis venido a buscar.

- ¡Jamás! – Le contestó Draco-. Nos estas volviendo a condenar como lo hizo Mizano. No voy a ayudarte, prefiero morir antes de ayudar a alguno de vuestra especie.

- Quizá – contestó el guerrero gigantesco-. Sin embargo, ¿estáis dispuestos a arriesgar todo por lo que habéis luchado y sufrido por proteger lo que amáis para desafiarme? Todo quedará en nada en cuestión  de segundos.

- Mientes – contestó el divium con un gruñido.

- Estúpidos y simples mortales. ¿Para qué necesito mentir? El Arquitecto del Destino tiene mentiras suficientes para todo este universo. El Señor de los Cráneos no exige nada de eso. Sé lo que visteis mientras viajábamos por las vías de la sangre: todo Noreth envuelto en llamas y toda la gente muerta y convertidas en cenizas.

Ahora que lo mencionaba, volvía a recordar aquellas terroríficas visiones que casi la hicieron caer en la locura y desesperación.

- Puedo hacer que ocurra – le prometió-. Todos los futuros posibles que visteis pueden materializarse, y me aseguraré de que vuestro querido hogar sea pasto de las llamas. ¿Me creéis?

Robyn se quedo mirando a los repugnantes ojos rojos del demonio y supo con absoluta seguridad que podía hacer todo lo que había dicho.

- Sí, te creo- dijo al cabo de un momento. - ¿Qué quieres que hagamos?

- ¡Robyn! – gritó Draco.

- Me parece que no nos queda otra opción – le contestó Robyn con lentitud. – Confía en mí. Tienes que confiar en mí.

- Pero piénsate lo que estás diciendo – insistió Draco con voz incrédula-. Sea lo que sea que este cabrón quiere que hagamos, sólo puede ser algo malvado. Ya nos ha engañado un demonio una vez, no quiero que nos vuelvan a engañar otra. ¿Quién sabe lo que podemos provocar si aceptamos lo que nos ordena? ¡Esto es una locura!

- Tienes que confiar en mí – le insistió Robyn.

Draco abrió de nuevo la boca para seguir protestando, pero vio la mirada en los ojos de la divium y se limitó a asentir con brusquedad.

- Muy bien – dijo con tristeza tras un momento.

- Bien – dijo el Daemonium con voz triunfadora, disfrutando de su victoria sobre ellos. – A muchas leguas de aquí se alza una fortaleza en lo más alto de las montañas del sur. El señor de ese lugar tiene algo guardado en su cripta más profunda, algo que me pertenece. Lo recuperaréis y me lo entregaréis.

- ¿Qué es?

- Es el Corazón de Sangre, y lo único que necesitáis saber es que para mí es muy valioso.

- ¿Qué aspecto tiene? ¿Cómo sabremos qué es eso lo que buscamos?

El Daemonium se echó a reír.

- Lo reconoceréis en cuanto lo veáis.

- ¿Por qué nos necesitas a nosotros? – le exigió saber Draco -. Si es tan importante, ¿por qué no vas tú en persona a recuperarlo?

El demonio se quedó callado un momento antes de contestar.

- Os he visto hacerlo y ése es vuestro destino. No necesitáis saber más.

En ese momento, todos los allí presentes escucharon un lejano chillido agudo. El Daemonium inclinó la cabeza y dio media vuelta para dirigirse de nuevo a su máquina demoníaca que seguía custodiada por esas horribles criaturas. Les habló una vez más al llegar a la entrada.

- Llegan los espectros del delirio. Oyen el latir de vuestros corazones y el hambre los obliga a buscaros. Sería mejor que no os encontraran.

- ¡Espera! – le gritó Robyn, pero la criatura cruzó el umbral y solo pudo contemplar impotente cómo desaparecía por completo delante de sus ojos.

Se dejó caer de rodillas, cuando oyó de nuevo lo que parecía ser un coro de gritos cada vez más cercanos. Levantó la mirada al cielo muerto y vio una bandada de… cosas aladas híbridas. Aleteaban de forma rítmica con unos penachos carnosos mientras descendían hacia ellos desde las cimas montañosas.

- ¿Qué demonios…? Esas cosas deben de ser los malditos espectros del delirio, supongo.

Robyn asintió con la cabeza mientras se apresuraba a recoger sus armas del suelo polvoriento.

- ¿Qué hacemos? – le preguntó Draco enfundando sus espadas.

- Echar a volar – contestó Robyn con una pequeña sonrisa al mismo tiempo que aquella bandada enloquecida se lanzaba a por ellos.

Lo que no sabían aún es que cuando saliesen de allí, no volverían a ser los mismos.
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Re: Relatos de sangre

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