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Escapando del Imperio

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Escapando del Imperio

Mensaje por Farimir el Sáb Abr 27, 2013 4:24 pm

Ya caía la tarde para cuando finalmente llegue a mi destino. En realidad no era tan un destino sino más bien simple casualidad. Todo lo que estaba haciendo era sencillamente ir de aquí haya. Nunca tuve un hogar la verdad, al menos desde que mi único hogar fue destruido por una combinación de bandidos, orcos y malas casualidades. De todos modos, supongo que tampoco me va tan mal. Tengo dinero, salud y recorro los confines de Noreth. Esta es mi mundo ahora y hace tiempo que ya tuve que hacerme a la idea. No diré que pienso todos los días en mi hogar, pero mentiría si dijera que no siento nostalgia de casa. Sin embargo, si uno camina por la vida viendo hacia atrás, se chocara, o eso escuche por ahí. Es por eso que ya no me preocupo por lo que paso, solo por lo que está pasando, y lo que está pasando es que acabo de llegar a una aldea zakhesiana.

Acababa de llegar. Sin embargo, parece que llame de nuevo la atención, sin embargo esta vez más de lo usual. No era solo por mi piel roja que me veían, al menos eso me gustaba pensar. Parecía como si la presencia de los forasteros fuera ya motivo suficiente como para que en aquel lugar se produjera una atmosfera de miedo. Aunque claro, estando constantemente en guerra con ese tal imperio del que tanto había oído escuchar, era más que lógico que fueran precavidos con los extraños. Por cada vuelta que daba en la aldea, las miradas me seguían, a veces con enojo, otras con miedo, y nunca faltaban las que simplemente expresaban curiosidad. Algunos de los campesino incluso comenzaban a tomar armas rusticas de jardinería.

Ya había pasado cerca de media hora para cuando llegue a una tienda. La mujer que la operaba era una señora bastante adulta, con piel blanca y ojos pardos. Su edad se notaba por que comenzaban a aparecer algunas canas en su pelo y su cara tenia arrugas. La mujer vestía ropas casi harapientas de campesina. Al parecer no le iba tan bien a su tienda. Estaba por comprar algo de comer cuando de pronto escucho muchos pasos, y cada vez más cerca. Entonces me voltee para ver de dónde provenía tanto escándalo. Al parecer, el escándalo provenía de una pequeña multitud de campesinos rústicamente armados con antorchas, horquillas, rastrillos y guadañas, inclusive algunos tenían espadas mal hechas. Todos se acercaban hacia mí, con enojo en sus rostros, algunos gritando insultos y amenazas. Se detuvieron a pocos metros de mí. Entonces, note como un campesino en particular avanzaba entre los demás. Era un hombre grande, quizás más grande que yo. Llevaba una camisa manga larga color blanco con unos pantalones marrones, ambos bastante sucios y rotos. Sin embargo, se podía apreciar que el tipo tenía una gran musculatura, posible producto de años de trabajo manual o entrenamiento. Tenía pelo y barba largos, ambos de color negro y bastante sucios. Iba armado con una gran espada, un mandoble.

El hombre se acercó tan cerca de mí que casi podía sentir su respiración en mi cara. Tenía un ceño fruncido como el de un toro a punto de embestir. El hombre solo me dijo- Este no es lugar para forasteros, ellos no duran mucho aquí.- Ahora entendía por que tanto escándalo desde que llegue. Estas personas eran demasiado territoriales. Sin embargo no dejaría que eso me desalentara. Estaba en busca de algo de comer y no me iría hasta conseguirlo.- Solo vengo a comprar algo de comer, y luego me iré- le dije, intentado acabar con el lio que se me había formado antes de que estallara en violencia. Lamentablemente aquel fuerte campesino no parecía compartir mi deseo por una solución pacífica de los conflictos.- No, yo te explicare lo que pasara, primero serás desarmado, luego, comprobaremos si nos dices la verdad, y si resultas no ser un espía imperial, volverás por donde viniste y jamás regresaras.- ¿Así que eso era todo? ¿Ese era el maldito problema? Solo porque creían que era un espía imperial. Ahora resulta que querían desarmarme, interrogarme y luego echarme. Estaba en una situación difícil, sin embargo no podía mostrarme cobarde. –Desarmado, eh… puedes intentarlo si quieres- dije al mismo tiempo que sacaba mi espada y levantaba mi escudo. AL parecer no había elegido tan mal camino. Note como los campesinos ya no se sentían tan seguros. Algunos rostros de rabia se cambiaron pro rostros de miedo, incluso algunos retrocedieron un par de pasos. Sin embargo no tuvo el mismo efecto en el hombre, quien solo pareció enojarse. Ahora parecía que solo quedáramos él y yo. Los demás solo nos rodearon, esperando ver la pelea, cosa que a estas alturas era inevitable.
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Re: Escapando del Imperio

Mensaje por Farimir el Sáb Abr 27, 2013 5:13 pm

Una vez más, resulto que estaba equivocado. Al parecer la pelea consiguió ser evitada, aunque para ser honesto, hubiera preferido mil veces pelear contra aquel grandulón, que lo que ocurrió después. De repente, uno de los campesinos soltó su rastrillo y, segundos después, cayó al suelo, haciendo un ruido sordo que consiguió ser escuchado en medio de todo ese aquelarre. El hombretón se giró para ver qué pasaba, mientras yo me hacía a un lado para poder ver mejor. Era una flecha. En la espalda de aquel pobre campesino ya muerto, había una flecha clavada. Casi de inmediato, todos miraron hacia el cielo, incluyéndome, con rostros horrorizados. –Cúbranse todos- fue lo único que grite, mientras me cubría con mi escudo. Casi un segundo después, note como una lluvia de flechas caía sobre la aldea, matando a montones de campesinos. Era un horrendo espectáculo. Centenares de flechas caían del cielo, clavándose en los cuerpos de los pobres campesinos, quienes corrían asustados, gritando y lloriqueando, solo para ser detenidos en el acto flechas que atravesaban su carne. No sé cuántos llegaron a cubrirse, pero estoy seguro que al menos la mitad de los aldeanos murieron bajo la lluvia de flechas.

Finalmente, las flechas pararon de caer. Esto me tranquilizo un poco, pero no lo suficiente como para notar que algo iba mal. Los campesinos no paraban de correr. Algunos corrían a encerrarse en sus casas, otros comenzaban a vaciar sus mercados o carretas, incluso algunos se pusieron a rezar, aunque la gran mayoría corría de un lado al otro sin detenerse, posiblemente sin saber siquiera hacia donde corrían. Entonces, paso lo peor: Imperiales. Pude verlos bien. Sus infantes descendieron sobre la aldea. Entraron por todos lados, matando, robando y destruyendo, como un monstruo de hambre insaciable, atacaron la aldea. Este era un espectáculo aun peor. Podía ver a los infantes correteando a los aldeanos como si fueran simples perros asustados. Mataban a todo aquel que se les atravesara, hurtaban todo lo que tenían al alcance de la mano, quemaban toda casa por la cual pasaban, y destruían todo cuanto tocaban. Tenía que ayudar, aunque muriera. No paso mucho tiempo hasta que algún que otro imperial corriera hacia mí, sin embargo, no me moví de mi posición. El primero que vino me tiro un espadazo en diagonal, el cual logre detener con mi espada, entonces le di un rodillazo en el estómago, provocando que se doblara de dolor, ante lo cual clave mi espada en su espalda. Continúe avanzando, hacia una casa que estaban saqueando. Había varios imperiales ahí, yo solo vi como corrían contra mí.

El primero me quiso dar una estocada. Yo incline levemente mi escudo, de modo que cuando me tiro la estocada, yo me hice a un lado y el imperial se pasó de largo, dándome tiempo suficiente como para que le diera un corte de lado a lado de la espalda con mi espada. Suponiendo que no se levantaría por un ratito, continúe hacia otro que corría hacia mí. El me tiro un corte descendente de derecha a izquierda con si mano izquierda. Detuve su corte antes de que iniciara golpeando su espada con la mía, la cual tenía en mi mano derecha. Aprovechando la inercia, di un giro completo y golpee su desprotegida cabeza con mi escudo, rompiéndole la cara y provocando que cayera al suelo. Instantáneamente, le atravesé el estómago con mi espada. Llegue a la casa y me coloque contra la pared. Entonces pude escuchar a alguien corriendo hacia mi espalda. Espere el momento indicado, vi su sombra en la pared. Justo cuando iba a tirarme un espadazo al cráneo, puse mi escudo para que cubriera mi nuca. Apenas sentí el impacto de su espada en mi escudo, clave hacia atrás mi espada, esperando atinarle desprevenido. En efecto, al girarme comprobé que le había atravesado el pecho. Entonces vino otra persona, esta vez de frente a mí. Comenzamos a luchar. Este tipo era más difícil. Espada contra espada, parecía no acabarse, ninguno de los dos podíamos encontrar un punto débil en el otro. Por cada ataque que yo daba, el tenía una respuesta perfecta.

Entonces me vino a la mente una frase “Donde no puede entrar la espada, debe entrar la daga”. Sin pensar mucho mis acciones, solté mi espada y saque mi daga mientras me cubría con mi escudo. El hombre esbozo una sonrisa de victoria asegurada. Yo sabía que no podía ganarle una lucha con una daga, sin embargo esos no eran mis planes. Para cuando este hombre ataco, yo le lancé mi daga hacia su cuello desprotegido. La daga se clavó en su cuello, y lentamente, el hombre cayó al suelo mientras se ahogaba en su propia sangre. Recogí mi daga y la enfunde, luego recogí mi espada y entre a la casa. Solo había tres imperiales, los cuales parecían estarse divirtiendo con unas mujeres. Esos perros estaban violando a las pobres; eso sí que me hizo enojar. Ni siquiera se habían percatado de que yo entre. Avance corriendo hacia ellos. Eran dos espadachines, uno en el medio y otro a la izquierda, y un arquero, ubicado a la derecha. Uno de los espadachines, el de la izquierda, advirtió mi presencia a sus compañeros. El del medio apenas llego a voltearse antes de que atravesara su estómago con mi espada. Acto seguido solté mi espada, agarre mi kukri y lo lancé hacia la cabeza del arquero, la cual fue atravesada por su filo. Todo eso paso en segundos. El cuerpo del primer hombre ni siquiera había caído para cuando el de la izquierda me vino a acatar. Atrapar el cuerpo del hombre cuando comenzaba a tambalearse, evitando que callera al suelo de espaldas, con mi espada aun clavada en el estómago, y lo utilicé como escudo humano. La espada de aquel imperial se clavó en su pecho. Entonces, empuje mi escudo humano en dirección al imperial que acababa de clavarle su espada. El imperial intento sacarla, pero no le alcanzo el tiempo y antes de que se diera cuenta, de espaldas contra la pared. Se encontraba literalmente, entre la espada y la pared. De un fuerte empujón conseguí que mi espada, aun atravesada en el estómago de mi escudo humano, se clavara en el pecho del imperial, clavándolos a ambos a la pared.

De un fuerte tirón, saque mi espada, luego de lo cual los dos cuerpos inertes cayeron al suelo, uno encima de otro. Por un leve momento sentí calma. Sin embargo, era la calma que solo precede al desastre. Casi por obra del demonio, la casa fue invadida repentinamente por imperiales. Eran demasiados, más de veinte de seguro. Me rodearon. Entes de que pudiera darme cuenta dos de ellos me sujetaron por los brazos. Entonces avanzaron lentamente hacia mí, mientras me resistía con todas mis fuerzas. Sin embargo, fueron repentinamente frenados por el sonido de la voz de una mujer, o al menos eso parecía. Poco a poco, comenzaron a abrirse paso mientras dejaban pasar a una mujer con armadura. Esta mujer llevaba un cuchillo en su mano izquierda. No podía distinguir mucho como era debido a que llevaba un casco. De hecho, de no ser por el sonido de su voz ni si quiera hubiera podido saber si era mujer.

Ella se acercó hasta estar frente a frente conmigo. No me compartió palabra alguna, simplemente se dedicó a observarme. Luego de un ratito de ese incomodo silencio, les comentó a sus hombres sin dejar de verme- Este hereje puede sernos útil, lo quiero vivo- Dicho eso solo me sonrió mientras bajaba su cuchillo. Este era mi oportunidad. De un salto, despegue ambos pies del suelo y los use para empujar a la mujer hacia atrás. Los hombres que la rodeaban se apresuraron a atraparla para que no callera al suelo. Entonces, con mi pierna derecha, pise con fuerza el costado de la rodilla izquierda del guardia que tenía a mi derecha, presionándola contra el suelo, posiblemente rota. El hombre pego un alarido de dolor, el cual instantáneamente fue callado por mí, dándole una patada a la nariz con mi pierna izquierda. Ahora solo quedaba el hombre de la izquierda, quien, en un desesperado intento, trato de aferrar mis dos brazos, sosteniéndome en un agarre por debajo de las axilas. Yo le di un cabezazo en la nariz con la nuca, yéndome hacia atrás, y posteriormente, logre estirar mis brazos lo suficiente como para agarrar su armadura. Luego tire de él hacia adelante mientras agachaba mi espalda, de modo que el hombre prácticamente paso por encima mío, cayendo de espaldas al suelo.

Justo cuando me había liberado, una masa casi uniforme de imperiales se abalanzo sobre mí. La envestida fue tal que me tiraron contra la pared. Comencé a dar patadas y golpes desesperados. Algunos imperiales desafortunados recibían fuertes patadas en el estómago. Al ver eso, comenzaron a darme golpes y forcejeos, tratando de noquearme. Con lo último de mis fuerzas sujete al primer hombre que tuve cerca con ambas manos y le di un cabezazo a la nariz. Entonces, escuche de nuevo, la vos de la mujer, esta vez en forma de grito- Sáquenle el maldito casco- fue lo que grito. Haciendo caso de sus órdenes, uno de los imperiales me quito el casco. Lo único que llegue a ver después fue la punta del mango de una espada viviendo contra mí a gran velocidad, antes de que todo se volviera oscuro
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Re: Escapando del Imperio

Mensaje por Farimir el Sáb Abr 27, 2013 6:36 pm

Desperté un rato después, con un enorme dolor de cabeza. Lo único que recordaba era a alguien golpeándome la cara con el mango de su espada. Sin duda tenia suerte estar con vida. Según lo que había escuchado los imperiales no eran famosos por su piedad. No sabía hacia donde me dirigía, ni que pasaría conmigo. Justo entonces, un pensamiento pasó por mi mente como un rayo en un día de lluvia. Mis armas, mi armadura, todo lo que tenía, incluso mi ropa. No tenía ninguna de mis cosas y estaba vestido con ropa harapienta de prisionero. Al menos eso me daba una pista de que estaba haciendo. Sin embargo, me horrorizaba la idea de que hubieran examinado mis cosas. Si alguno de ellos había tocado mi libro, lo asesinaría aunque me costara la vida.
Lo único que sabía es que estaba en una carreta. Tenía la vista baja, pero a juzgar por el sonido y los pies que veía, la carreta en la que estaba era parte de un pequeño convoy de prisioneros. Debería haber al menos cinco personas más conmigo. Mis brazos y piernas estaban atados, por lo que no podía moverme demasiado.

Mis pensamientos se vieron prontamente interrumpidos por la voz de un hombre. Era una voz que me sonaba desagradablemente similar. Levante la vista lentamente para contemplar al hombre con quien casi me había peleado en la aldea. –Veo que al fin te has levantado. Te dieron un golpe fuerte, deberías estar agradecido de seguir con vida.- Esta vez el hombre no hablaba con el mismo tono de voz enojado que me había topado en la aldea. Esta vez parecía un poco más preocupado. No pude contener mi duda así que pregunte- ¿Por qué te preocupas por mí?, estabas dispuesto a matarme en la aldea- . El hombre rio un poco, aunque uno de los guardias sentados delante de la carreta le ordeno que callara, lo cual hizo- Creía que eras un espía, pero cuando vi como defendías la aldea, supe de inmediato que estaba equivocado. Ver como matabas imperiales fue un bonito espectáculo, jejeje- El hombre hizo una pausa para continuar – Por cierto, hablando de la aldea, creo que nos presentamos mal, soy Veterhok Dhuraiser- dijo extendiendo sus manos atadas. Lo mire por un momento con desconfianza, recordando lo que había pasado hace unas horas. Sin embargo, era posiblemente el único amigo que tendría en el lugar a donde íbamos.- Farimir-. Dije tendiendo ambas manos. Los dos nos dimos un extraño apretón de manos.

Entonces contemple quienes eran nuestros compañeros. Uno de ellos era un orco de mirada seria. Tenía dos enormes colmillos saliendo por encima de su mandíbula inferior, y una mirada asesina todo el tiempo. Era totalmente calvo y tenía ojos marrones, además de su clásica piel verde. El otro era un merrow u hombre gato, como a veces les decía yo, ya que se me podía olvidar el nombre. Parecía no ser precisamente frágil, lo que me hizo pensar que podía ser un militar, o alguien acostumbrado a usar la fuerza; tenía la misma tonalidad de piel que un tigre y ojos de gato y posiblemente su pelo fuera del mismo color que su piel porque me costaba identificar donde iniciaba y terminaba. Otro de los compañeros era un humano de piel blanca y mirada asustada. Constantemente temblaba y gemía de susto ante todo; sin duda no estaba preparado para lo que sea que nos esperara. El último miembro de nuestro grupo era un elfo, de pelo largo y rubio, con piel pálida y las orejas puntiagudas orejas que caracterizaban a su raza. Probablemente fuera un elfo silvestre.
Desconozco cuanto tiempo estuvimos viajando, bajando y subiendo por angostos senderos, escuchando los temblores del humano miedoso y el constante sonido de los cascos de los caballos pisando la tierra, casi siempre al mismo ritmo. Para cuando me había despertado, el sol apenas había salido; para cuando llegamos, el sol se estaba poniendo. El lugar al que llegamos no era lo que me esperaba. Yo esperaba un enorme castillo lleno de guardias, sin embargo, era una estructura de diseño muy simple sin ventanas, y con cuatro torres, una en cada esquina. El lugar era muy lúgubre. Las paredes ni siquiera tenían pintura, enredaderas trepaban por las paredes y estaba seguro de que nadie había limpiado el exterior en un buen rato. Lo que si era como yo creía era el tamaño. Ese lugar era enorme.

La carreta se detuvo cerca de la puerta y uno a uno, mis compañeros bajaron de la carreta. Justo cuando yo estaba por bajar de la carreta, sentí una patada en mi espalda, lo que provocó que cayera de cara al suelo. Me gire y comencé a pararme con dificultad, mientras miraba al hombre que había pateado. Pude contemplar que tenía la nariz cubierta de sangre, y algo desviada. –Tú me hiciste esto, cabeza dura, ahora camina- Dijo mientras de empujaba de una patada en las espalda, lo que casi me hace caer de nuevo, aunque conseguí hacer equilibrio y no caer. Ahora ya me quedaba todo claro. Ese tipo era el último que golpee, a quien le di un cabezazo en la nariz. AL parecer lo había dañado más de lo esperado. Aun así, tenía cosa más importantes que preocuparme que un guardia rencoroso. Era claro para mí que el lugar al que íbamos era una especie de prisión para los enemigos del imperio. Eso fue aun peor. Había escuchado rumores horribles de las cárceles imperiales.

Apenas entre, ya pude contemplar el lugar, y lo que contemple no me gusto. El interior de la estructura era exactamente igual al exterior. Era solo una enorme caja de metal. Sin embargo, a diferencia del exterior, el interior parecía estar compuesto por celdas. Literalmente, parecía haber una celda por cada metro y medio de pared, casi juntas una a la otra. Estaba lleno de celdas hasta donde alcanzaba la vista. Sin embargo, el edificio era más de lo que aparentaba. La zona donde estábamos parecía ser solamente el primer piso. La construcción continuaba hacia abajo, como una construcción subterránea. Debían ser al menos tres pisos. No tuve mucho tiempo para contemplar esto antes de que el guardia nariz rota me golpeara en la espalda y me hiciera seguir avanzando. Descendimos hasta el piso más bajo posible y comenzamos a caminar hacia nuestras celdas. Uno a uno, mis “compañeros” fueron tirados a sus celdas, dejándonos a Veterhok y a mí al último. Finalmente Veterhok entro a su celda y yo a la mía. AL parecer nuestras celdas estaban una junto a la otra. Practicante me tiraron a la celda después de desatarme. La celda parecía estar compuesta nada más que por un gran trozo de piel tirado en el suelo, posiblemente para que durmiera. La celda no tenía ni ventana, ni baños, ni nada de eso. Los guardias cerraron la puerta y se alejaron.

Desde el primer segundo que estuve en ese basurero, supe de inmediato que tenía que salir de ahí. Las prisiones son lo que menos me gusta en el mundo, va en contra de todo lo que defiendo, la libertad. Mi libertad era una de las cosa que más apreciaba y ahora estos perros del diablo me la había n quitado. No se los permitiría, no les daría ese gusto. Encontraría la forma de salir de ahí, y me llevaría a todos los presos conmigo. Antes de que me diera cuenta, se hizo de totalmente de noche. Supuse que lo mejor sería dormir después de un día agotador. Me arrastre por el suelo hasta agarrar el trozo de piel, y lo use para cubrirme. Sorprendentemente, la piel basto para cubrirme completo. Cerré los ojos por un segundo, y antes de darme cuenta ya estaba dormido. No sé cuánto tiempo habrá pasado antes de que me despertara un sonido particular. Era el sonido de un cuerpo siendo arrastrado. Me levante rápidamente, a pesar de que aún estaba bajo el efecto del sueño, y me esforcé lo más posible por escuchar de donde provenía.

El sonido se detuvo justo al lado de mi celda. Escuche como uno de los guardias abría la puerta de la celda con la llave y como arrojaban un cuerpo en su interior. Esa sin duda era la celda de mi Veterhok. No podía evitar preguntarme para que se lo había llevado, aunque mucha posibilidades pasaban por mi cabeza. Justo entonces, vi como dos guardias abrían la puerta de mi celda, mientras uno de ellos me decía- Prepárate rojito, es tu turno- Lo único que pude decir fue- Mi turno para que- Sin embargo, los guardias solo se rieron, entraron a la celda, me levantaron a forcejeos y me llevaron a rastras fuera de la celda- Ya lo veras- dijo uno de ellos mientras el otro erraba la puerta
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Re: Escapando del Imperio

Mensaje por Farimir el Sáb Abr 27, 2013 9:24 pm

A pesar de mi situación, no me encontraba tan mal. Parecía derrotado, sufriente y con un rostro de muerto, pero en realidad, estaba revisando mis alrededores lo más disimuladamente que me era posible. Pude presenciar muchas cosas: la forma en que los guardias se desplazaban de un momento a otro, la cantidad de celdas por piso, algunos presos de especiales características y también pude notar que algunos guaridas nocturnos estaban disimuladamente dormidos, cosa que a nadie parecía ni importarle. No observe mucho más después de eso, solo contemple como poco a poco bajábamos hasta que finalmente llegábamos al último de los tres pisos. Este piso en particular tenía una diferencia. En una de las pareces, había un lugar donde ni había celda alguna, sino una gran puerta de madera. Los guardias me arrastraron hasta allí, abrieron la puerta y continuaron arrastrándome por ahí.

Los “pasillos” por los que me llevaron hacían que la prisión pareciera un paraíso. No era más que un túnel de mina mal hecho, con antorchas cada cierto tramo de camino, y estoy seguro haber visto más de una vez a las ratas caminando. Me arrastraron pro ese túnel al menos por unos 10 minutos hasta que finalmente llegaron a su destino: otra puerta, exactamente igual a la primera hasta en el más mínimo detalle. La abrieron y me llevaron dentro. El cuarto en el que entre era seguro la peor parte de la prisión que había visto hasta el momento. Era una habitación grande y perfectamente iluminada, llena de artefactos de tortura, sillas cubiertas con sangre y jaulas colgando de los techos con esqueletos en ellas. De espaldas a mí, junto a lo que parecía ser una camilla de madera extraña, se encontraba una persona que no logre identificar. Una vez más, todo lo que me basto para diferenciarla de los demás fue su voz. Ella era una mujer. Era la misma mujer que me encontré antes en la aldea, probablemente la única otra mujer en todo el lugar. –Pónganlo en la camilla- fue todo lo que dijo.

Los guardias se apresuraron a atarme a la camilla. Una vez que la contemple bien, pude notar que había cuatro sogas, dos abajo, una para cada pie, y dos arriba, para los brazos. Las sogas de los brazos parecían estar atadas a un mecanismo parecido a un engranaje, con una palanca a un lado. Una vez amarradas mis extremidades, la mujer se acercó a mi espalda y me susurro con vos desagradable-¿Cómo te llamas?- No tenía idea de qué importancia tenía mi nombre en ese momento, pero igual decidí responder para evitar problemas- Farimir- le dije. La mujer no pareció alterarse ni nada, y continuo con sus preguntas- Dime, ¿qué sabes de la actual situación de Zakhesh?- Sabia que si respondía lo que en realidad pensaba mi situación empeoraría, aunque por otro lado, no podía estar mucho peor.- Según lo que escuche, el Imperio invadió las tierras pacificas de Zakhesh, matando y robando todo a su paso por…- Antes de que acabara de hablar, la mujer me cayó de un grito- Cierra tu boca hereje- grito en mi nuca-El imperio es la luz, que destruye la oscuridad de las tierras bárbaras de Zakhesh- Cuando acabo su discurso, durante el cual no paro de escupirme la nuca mientras hablaba, los dos guardias comenzaron a girar las palancas del mecanismo. Entonces sentí como mis manos eran jaladas hacia arriba, pero mi cuerpo quedaba atrapado debido a las sogas de los pies.

Ahora entendía el propósito de esta camilla. Sentía como si mis brazos estuvieran por ser arrancados de mi cuerpo. Casi podía sentir mis huesos a punto de dislocarse. Sin embargo, un chasquido de la mujer detuvo todo. Aunque los guardias dejaron de jalar los mecanismos, yo me quede en esa posición de dolor. Cunado creía que la tortura había terminado, la mujer se acercó a mí con un cuchillo, y comenzó a pasar el filo por mi mejilla. Podía sentir la dolorosa caricia del filo del cuchillo pasando por mi cara, sentía como mi sangre caía poco a poco hasta gotear por mi mentón. Entonces, tan repentinamente como un parpadeo, sentí un terrible y punzante dolor en mi espalda. Fue algo sorpresivo. No sabía que había pasado, solo sentí un terrible y punzante dolor en mi espalda. A los pocos segundos, el dolor se repitió, una, y otra, y otra, y otra vez.
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Re: Escapando del Imperio

Mensaje por Farimir el Sáb Abr 27, 2013 10:17 pm

No estoy seguro de cuánto tiempo duro. Pero para cuando acabo, ya no podía sentir mi propia espalda o mis brazos. Finalmente, me desataron los brazos, luego de lo cual caí al piso de cara, sin poder levantarme, aun con los pies atados. Los guardias rieron mientras me desataban los pies. Desde ahí pude ver como uno de los guardias portaba un látigo. De seguro con eso me habían torturado.

El regreso no cambio mucho. Fue arrastrado hasta mi celda otra vez. La única diferencia es que ahora dejaba un pequeño rastro de sangre a mi paso. Me tiraron a mi celda de nuevo sin ningún cuidado. Moví un poco los brazos para comprobar que no tenía nada dislocado o desacomodado. Afortunadamente, no era así, pero de todos modos casi no podía sentir los brazos. También tenía las manos moradas por la acumulación de sangre, provocada por la presión de las sogas sobre mis muñecas. Tuve que sacudir los brazos un buen rato a pesar de las molestáis de mi espalda. Mientras lo hacía, escuche un comentario –Que tal tu primera noche, Farimir- Lo identifique de inmediato. Era Veterhok.- Veo que a ti también te hicieron pasar una mala noche. Eso es lo que nos hacen a los prisioneros. Nos torturan constantemente hasta el punto en que enloquecemos o morimos. No duraremos ni una semana en este lugar.

Sin embargo, yo no estaba totalmente de acuerdo con Veterhok, excepto en una cosa, no podíamos estar ahí- Entonces, nos iremos de aquí, en cualquier momento.- Veterhok trato de no reírse ante mi comentario, posiblemente por lastima. Tal vez creía que me había vuelto loco- A no ser que puedas atravesar las paredes, dudo mucho que puedas salir de aquí.- Le dedique una sonrisa a Veterhok, aunque no pudiera verla- Si consigo salir de aquí, me ayudarías a escapar, liberar a todos, y matar a los imperiales.- El tono humorístico de Veterhok seso de repente- Si es que lo consigues, te ayudare a salir de aquí- dijo antes de volverse a dormir. Yo decidí hacer lo mismo, después de todo tenía pocas horas antes de que volvieran y tenía que estar descansado.

Me puse a dormir, todo adolorido, tapándome con la piel gruesa, la cual se llenó rápidamente de sangre. No fue sencillo dormirme, en parte por el dolor y en parte porque estaba durmiendo sobre mi propia sangre. Aun así, logre milagrosamente concebir el sueño. Desgraciadamente, no duro mucho. En poco tiempo, dos imperiales me despertaron a patadas diciendo- Vamos hereje, toca la segunda ronda- Me levante, tambaleándome patéticamente. Los guardias me agarraron de los brazos como la vez anterior y comenzaron a arrastrarme hacia la salida. Sin embargo, esta vez no me dejaría. De golpe, apoye mis pies el en el suelo, y de un salto, me impulse hacia mi lado derecho, embistiendo al guardia de mi derecha contra la pared. Los guardias se dieron cuenta demasiado tarde de que todo habia sido mera actuacion. Apenas lo tuve contra la pared, le arrebate su espada, la cual no alcanzo a sacar de la funda, y la clave en el cuello del guardia de la izquierda, quien apenas había sacado su espada de la funda. Acto seguido, le arrebate al guardia de la izquierda su espada y de un giro corte el cuello del guardia de la derecha, quien cayó de rodillas, ahogándose en su sangre. Todo esto sucedio en cuestion de segundos. El escape, comenzaba ahora. Rápidamente, desvestí a uno de los guardias y me puse su armadura. Afortunadamente me quedo bien. Entonces tape el cuerpo de dicho guardia con la piel de oso. Luego agarre el cuerpo del otro guardia, al cual le había cortado el cuello. Lo levante y lo arrastre fuera de la celda, la cual luego cerré con la llave que venía en la armadura del primer guardia.

Me acerque a la celda de Veterhok, la abrí con la llave, y entre cargando disimuladamente a mi compañero. Veterhok se volteo al verme entrar y me dijo- Esperan, aun no es mi turno, volví hace no más de dos minutos.- Apenas dijo eso, deje caer el cuerpo del primer guardia y me saque el casco, para que pudiera reconocerme. Pude notar como el enojo de sus ojos cambiaba rápidamente por asombro, y luego por una felicidad indescriptible.

Pero...Como…lo hiciste- fue lo único que pudo decir sin tartamudear- Te explico luego, ahora cámbiate de traje- le dije mientras sacaba algo de una bolsita de cuero en el cinturón del guardia y se lo arrojaba- Es una poción de curación del guardia, te ayudara a sanar en parte, te necesito bien para el escape, ahora apresúrate, hoy salimos de este lugar
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Re: Escapando del Imperio

Mensaje por Farimir el Sáb Abr 27, 2013 11:33 pm

Estoy seguro de haber visto que Veterhok casi llora de la emocion. Aunque no podía culparlo, yo no llevaba ni un dia aquí y ya estab ansioso por volver a ver la luz del dia. Una vez tomada la poción de curación, Veterhok se apresuro a cambiarse lo mas rápido posible. Por suerte la armadura también le quedaba a el. Cuando acabo de vestirse realmente parecía un guardia imperial.

Realizamos el mismo proceso con el guardia desnudo, ocultandolo con la piel que teniamso a mano. Una vez ahí, salimos de la celda, como dos guardias cualquiera. Podia sentir la emocion y la adrenalina fluyendo por mis venas. Literalmente, era el paraíso estar ahí afuera. Pero mas que un paraíso resulto ser un espejismo, ya que aun seguíamos en la prisión. Salimos caminando en dirección a la salida. A partir de aquí, ya no disponíamos del “punto siego” que nos proporcionaban nuestras celdas, ahora todos los guardias podían estar atentos a nustros movimientos.

Veterhok no pudo evitar preguntarme cual era mi plan- Te explicare. Hay diez guardias en todos los pisos, haciendo un total de treinta, sin embargom aquí hay cerca del dolbe de prisioneros. Una vez liberados, mataremos a los guardias y nos escaparemos de aquí. – Veterhok asintió con cierta timidez mientras caminábamos. Avanzamos en dirección a las escaleras. Los únicos dos guardias atentos en todo el piso eran lo que cuidaban la puerta, mientras lso demás se distraían con inútiles charlas. Caminamos hacia los guardias que cuidaban la escalera; dos tipos que estaban charlando de mujeres. Me acerque y les dije- La jefa desea verlos.- Esperaba no equivocarme, o se arruinaría todo. Senti como traspitaba por los nervios.

Por suerte, los guardias se lo creyeron y nos se fueron escaleras abajo. Nosotros los seguís de cerca. Una vez estuvieron lo suficientemente cerca como para no ser vistos por lso guardias del primer o segundo piso, le hice una seña a Veterhok y ambos les cortamos el cuello con nuestras espadas. Entonces acostamos con suavidad los cadáveres contra las escaleras. Dos menos, faltaban ocho. Esta era posiblemente la parte mas difícil del plan. Debiamos prodecer con suma cautela, o todo se iria a la mierda. Volvimos hacia el piso superior y hablamos con los guardias que vigiliaban la puerta desde adentro. – La jefa quiere que vayamos a esperar un cargamento de provisiones que llegara a la prisión dentro de poco.-

Una vez mas, sentí muchos nervios mientras los guardias se tardaban en responder. Senti que paso una eternidad. Finalmente, los guardias abrieron la puerta y salieron, seguidos por nosotros. Habia dos hombres cuidando la puerta de afuera. Primero pasaron los dos hombres de adentro, luego nosotros. Apenas estuvieron lo suficientemente lejos, Veterhok y yo clavamos nustras espadas en los estómagos de los guardias de afuera. Para cuando los guardias de adentro se dieron cuenta, la espada de Veterhok y la mia ya estaban a centímetros de sus cuellos. No alcanzaron ni a emitir un sonido antes de caer muertos al suelo. Escondimos los cuerpos detrás de un par de arboles y volvimos a entrar.

Ahora solo quedaban 6 guardias adentro, y todos bien distraídos. Sin embargo, al entrar, dos guardias que estaban de frente nos preguntaron- Oigan, por que vuelven, no se suponía que debían ayudar con un cargamento.- Estuve a punto de colapsar por el pánico, sin embargo, se me ocurrio de repente una idea- Si, pero resulta que el cargamento acaba de llegar y es gigantesco, necsitamos mas hombres para cargarlo, asi que ustedes dos tienen que ayudar a cargarlo, y tal vez ustedes dos también.- dije señalando a otros dos que estaban cerca de la escalera. Ahora tenia una idea para eliminar rápidamente a los guardias faltantesPrimero sacamos a los dos guardias con los que acabábamos de hablar. Al segundo que pasaron por la puerta, yo la cerre. Los guardias preguntaron- Ey donde esta el cargamento- Sin embargo, en vez de responder, les atravesamos el cráneo con nuestras espadas.

De nuevo escondimos los cuerpos y volvimos a entrar. Grite- Oigan, ustedes dos- señalando a los mismos de antes- están de suerte, el cargamento es demasiado, tienen que venir a ayudar.- Los dos guardias se levantaron de mala gana. Apenas salieron, repetimos el mismo procedimiento y esocondimos los cuerpos. Una vez volvimos a entrar, solo quedaban dos guardias. Sencillamente nos acercamos a elos, y cuadno nos preguntaron que pasaba, nosotros los matamos antes de que pudieran reaccionar.

Los presos que vieron esto se quedaron bastante asombrados. Algunos casi gritan incluso. Sin embargo, los calle rápido- Cierren la boca- Entonces, me acerque a la primera celda que tuve a la vista, donde habia un elfo silvestre encerrado- Si te libero, me ayudaras a rescatar a todos-, y mataremos a nuestros carceleros- Luego de pensarlo un tiempo el elfo acepto. Repeti el procedimiento. Antes de darme cuenta, ya tenia todo el primer piso liberado. Unos 20 hombres, calculo. Uno de ellos, un orco grandote se acerco a preguntarme- Ahora que hacemos- Lo mire con una sonrisa en mi rostro y le dije- Ahora vamos a por el segundo piso
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Re: Escapando del Imperio

Mensaje por Farimir el Dom Abr 28, 2013 1:48 am

Ahora, no solo tenía a mi compañero Veterhok de mi lado, sino también a orcos bestiales, escurridizos elfos, antropomorfos tipos y formas inimaginables, incluso algunos humanos. Este no era el ejercito del siglo, de hecho ni siquiera era un ejército. Era un grupo guerrero, multicultural y multiétnico, formado por todo tipo de razas. El factor que los unía era el odio hacia los imperiales, y el deseo de verlos muertos; y yo era el líder, la cabeza de ese equipo particular. Ahora, ellos habían depositado su confianza en mí. Claro que yo los había casi obligado, pero aun así, desde que mi pueblo murió que nadie ponía ningún grupo o ejercito bajo mi cargo. Sin embargo, no era el momento para sentir inseguridades, ellos me necesitaban en este momento, y yo no los defraudaría.
Al principio todos querían correr hacia abajo como locos, gritando y corriendo, esperando caer sobre los guardias, como si su sola presencia los aterrara. Sin embargo, Veterhok y yo pudimos frenarlos.- Escuchen, vamos a liberar a los prisioneros y matar a todos, pero si corren como barbaros, los mataran, esto es lo que haremos, necesito un elfo que pueda correr rápido.- Cuando dije eso, un elfo silvestre, el mismo que con anterioridad había sido el primer liberado, se acercó a mí. Le dije- Escucha, estos es lo que vas a hacer….

Cinco minutos después, el elfo corría escaleras abajo. Avanzo lo suficiente como para ser visto por los guardias, luego de lo cual salió corriendo. Uno de los guardias grito- Se escapa un prisionero, vamos.- El guardia corrió tras el elfo, con cinco hombres detrás suyo, dejando a los cinco restantes vigilando el segundo piso. Los guardias corrieron escaleras arriba tras el elfo. El elfo corrió hasta la puerta, casi chocando contra ella, en vez de frenar. Sion embargo, la puerta estaba cerrada, por lo que el elfo fue incapaz de abrirla. Horrorizado, se volteo hacia los hombres que tenía enfrente. Uno de ellos dijo- Estas atrapado, monstruo, entrégate ahora y solo sufrirás un poquito- Sin embargo, el guardia no noto que acababan de caer en una trampa.

El elfo le preguntó- Tú y cuantos más- con una mirada desafiante. El hombre rio y le dijo- Yo y mis cuatro compañeros- Dicho eso, volteo hacia atrás, pero lo que vio no fueron cuatro compañeros armados, sino cuatro cadáveres, sobre los cuales estábamos parados yo, Venterhok, un merrow y un humano. El guardia apenas logro darse vuelta de nuevo antes de que el elfo que hasta hace unos segundos perseguía, le clavaba una daga en la cintura, provocándole una herida que en pocos minutos podría matarlo. Segundos después, las celdas, que habían sido mal cerradas intencionalmente, se abrieron, dejando salir a toda la multitud de criaturas, que rodearon al guardia caído.

Me acerque a él y le dije- Donde están las cosas confiscadas por los guardias, nuestras armas, armaduras, dime eso y tal vez vivas- El guardia contemplo sus opciones un par de segundos, y finalmente dijo- En el último piso, la última celda a la izquierda de las escaleras, primero se abre la reja, luego cuentas seis ladrillos desde el inicio de la pared izquierda, encontraras uno flojo, lo sacas, metes dentro la llave, y ahí están sus cosas, ahora por favor…- No alcanzo a terminar la frase antes de que el elfo atravesara su corazón con una daga.

Sin darle importancia, me voltee hacia la escalera y comencé a avanzar. Justo antes de bajar les dije a mis “hombres de armas”- Si alguno tiene ganas de embestir a los guardias, esperen la señal momento, pero no quiero que ninguno baje esas escaleras hasta que lo diga. Llame a los guardias de las escaleras a gritos, y estos acudieron corriendo. Apenas los tuve cerca, yo y Veterhok matamos a los guardias. Entonces los guardias corrieron hacia nosotros. Antes de que esos últimos llegaran, se frenaron en seco para contemplar a una bestial multitud de seres que ellos definirían como “Abominables”. No pasó ni un segundo hasta que mis hombres corrieran hacia los imperiales, quienes, lejos de mantener su puesto, corrieron hacia la pared contraria, en un inútil intento de escapar, como si hubiera ventanas o como si pudieran atravesarla.
Desgraciadamente, no pudieron, solo consiguieron tener unos segundos más de vida, luego de lo cual fueron aplastados por una masa semi uniforme de seres. Podíamos escuchar los vítores y aplausos de los demás seres. Quitando las llaves de los guardias muertos, poco a poco liberamos a los demás seres, llegando a ser casi 40. Ahora, los demás imperiales no tenían oportunidad.

Sus gritos no duraron más de unos segundos, justo antes de ser acallados súbitamente por sus atacantes. –Muy bien, atención todos- Dije, parándome junto a las escaleras. Sentía que era momento para un discurso. – A partir de aquí, lo último que queda de los imperiales en este maldito edificio nos espera. Los que quieran, pueden irse ahora, los demás, pueden ayudarme a liberar a sus camaradas. Así es, camaradas, porque todos hemos sufrido maltratos, hemos sufrido abusos, hemos sido arrancados de nuestros hogares, de nuestras esposas, de nuestras familias, ¿Por qué? Por la ambición de unos perros. Si se van ahora, admitiréis que son menos audaces que los perros que nos aguardan ahí abajo. Si os quedáis, puede que algunos mueran, pero, ¿no es mejor morir con honor, que correr por toda la vida?, para mi si, ¿y para ustedes?- Tras decir eso todos los presentes lanzaron gritos y rabiosos. Estaban sedientos de sangre, sangre imperial, y se las daría. Ahora bajábamos al último piso

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Re: Escapando del Imperio

Mensaje por Farimir el Dom Abr 28, 2013 2:20 am

Descendimos por las escaleras gritando como demonios. Algunos corrían, otros saltaban. Algunos daban poderosos gritos de batalla, que aturdían a sus compañeros, algunos sacudían sus armas al aire. Casi a empujones, descendimos las escaleras. Yo y Veterhok íbamos al frente, casi corriendo de nuestros aliados. La verdad es que no los culpaba, estaban ansiosos, esta era su revancha, y en cualquier momento, esos pobres diablos conocerían la furia de los monstros a los cuales siempre tacharon de “inferiores”. Algo bastante irónico a mi parecer.

Llegamos bajando las escaleras, seguidos de nuestro pequeño ejército. Los guardias corrieron contra nosotros, pero éramos indetenibles. Los guardias fueron bestialmente aplastados. Ellos eran diez, nosotros cuarenta. Cayeron en segundos. Estoy seguro de que la mayoría del escándalo ni siquiera era por el asesinato de los guardias, sino por la simple exaltación de mis compañeros. Pasaron cinco minutos antes de que todos se calmaran, y estoy seguro de que al menos cuatro de esos minutos fueron después de que los guardias murieran.

Cuando se consiguió poner orden, me acerque a una celda. Había tres celadas vacías, pero yo fui a la última de la izquierda. Abrí la celda y comencé a buscar por la pared ese ladrillo suelo de que me había hablado. En efecto, ahí estaba, el guardia había dicho la verdad, casi me daba pena que haya muerto. Removí el ladrillo e inserte la llave. Entonces, la gire como con una cerradura cualquiera. Poco después, se escuchó el sonido de un mecanismo en la pared y poco a poco, los ladrillos comenzaron a retirarse hacia atrás, mostrando un tune, casi igual al túnel que me había llevado a la sala de la torturadora.
Nuestro heterogéneo grupo entro por el tune, conmigo y Venterhok adelante. Finalmente llegamos a una enorme puerta de madera. Esta puerta era el doble de ancha y grande que cualquier otra puerta de la prisión. Aun así, se abrió igual que las demás puertas. Dejando lugar a la vista de un enorme salón. Era posiblemente del tamaño de todo un piso, y estaba lleno de armas, mochilas, todo tipo de cosas. Al escuchar los gritos de nuestros compañeros, supe que lo más lógico no sería hacerlos esperar. Entramos inmediatamente al salón y comenzamos a recoger nuestras cosas.

Encontré mi espada, mi escudo, mi mochila y todas mis demás armas y objetos personales. Venterhok encontró sus ropas y su querido mandoble. Todos tenían algo que habían perdido. Algunos armaduras, otros armas filosas de todo tipo y forma, asesinos con sus atuendos, y también muchos arqueros. Ahora que cara quien había recuperado lo suyo, podríamos irnos.
Salimos caminando del puente hacia el primer piso. Sin embargo, lo que nos encontramos no era lo esperado. Había imperiales, muchos de ellos, rodeando las escaleras, ocupaban medio piso casi. Aun cuando todos nosotros acabábamos de salir del túnel, ellos parecían ser más. Uno de ellos avanzo de entre los demás y dijo, con un tono de voz bastante horrible- Creyeron que podrían escapar, ridículos. Constantemente vigilamos este lugar. Nuestros espías vieron como mataron al os guardias en la puerta de la cárcel. Me sorprende que unos herejes inferiores hayan llegado tan lejos, pero no avanzaran más.

Ahora, estaba en duda. Ellos eran mas, estaban armados, eran un ejército de verdad, nosotros éramos más una masa. Sin embargo, de repente, sentí un impulso, algo que, contra toda lógica, me decía que continuara. Era extraño, pero no tenía ninguna mejor opción. De pronto grite- Arqueros, disparen, los demás agáchense- Acto seguido, me agache, seguido de Venterhok, y de los demás. Los únicos que quedaron parados fueron los arqueros, cuyas flechas tomaron por sorpresa a varios imperiales. Antes de que sus arqueros dispararan, grite- Ataquen- y con eso, nos levantamos del piso, todos juntos, como un ejército, corrimos hacia los imperiales, blandiendo nuestras armas, con feroces gritos de guerra. Esta era la batalla decisiva, una batalla digna de ser contada. Ellos eran más, pero nosotros teníamos más corazón, ahora veríamos que valía más a la hora de la verdad
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Re: Escapando del Imperio

Mensaje por Farimir el Dom Abr 28, 2013 2:52 am

La batalla acababa de iniciar. Esto sin duda alguna definiría todo. Corrí con todas mis fuerzas y patee el escudo de un imperial, haciendo que perdiera el equilibrio y se fuera par atrás, lo que me dio la ventaja perfecta para atravesarle el pecho. Venterhok, por su parte, daba golpes tan poderosos y certeros que algunos imperiales caían al suelo al primer impacto. Respecto al resto de nuestros camarada, peleaban según su estilo. Los orcos partían escudos con sus poderosas hachas, los elfos disparaban sus arcos, diestros como ningún otro. Los drows apuñalaban por la espalda a los imperiales. Antropomorfos de todo tipo les arrojaban desde veneno hasta acido en la cara. Nuestra poderosa embestida logro dividir un poco a los imperiales, y la batalla se extendió por todo el piso.

Sin embargo, estábamos aún lejos de ganar. Los imperiales estaban mejor entrenados que varios de nuestros hombres. Podía ver bien ya varios de los nuestros habían caído. La batalla estaba muy igualada y no pareciera que se había definido aún un claro ganador. Los imperiales estaban mejor organizados, pero habíamos conseguido dividirlos, quitándoles su mejor ventaja. Aun así, todavía les quedaba bastante vigor, y no parecía n dispuestos a rendirse, una conducta muy honorable. Sin embargo, eran perros genocidas, así que no me importaba si morían o no.

En un momento, justo después de atravesar la cabeza de un imperial con mi espada, pude ver como Venterhok estaba forcejeando con un gran imperial con ambas manos. Se le había caído su mandoble y se encontraba en aprietos.
Entonces sin dudarlo, saque mi Urumi y se la lance. Venterhok pateo al imperial en las bolas justo antes de agarrar mi arma, acto seguido, le dio un fuerte latigazo en la cara al imperial, provocando que los pilos de la Urumi le dejaran cuatro cortes graves en la cara, uno de ellos en los ojos, el cual lo segó. Venterhok aprovecho esta oportunidad para retorcerle el cuello. – ¿Te molesta si me la quedo- Pregunto mientras se disponía a enfrentar al siguiente.

Claro, no hay problema- dije, mientras peleaba contra un imperial. El tipo estaba usando un mandoble, me dio un golpe descendente, el cual logre frenar con mi escudo, pero también quede casi agachado contra el suelo, resistiendo el poder de la espada con mi escudo. Entonces, aprovechando mi posición, clave el filo de mi espada en tobillo. El hombre grito de dolor, justo antes de que sacara mi Katar de su funda y se lo clavara en el mentón, con tanta fuerza que se lo atravesó hasta el mango, y quedó atrapado en su boca. Entonces, saque mi espada del tobillo y continúe peleando. Tendría que dejar ahí mi katar, aunque nunca me había servido mucho en realidad.

La batalla fue dura y cruel. Más de una vez las cosas se pusieron a nuestro favor, para luego pasar a favor de los imperiales y viceversa. Sin embargo, la batalla acabo siendo nuestra. Para cuando todo termino, había tantos cadáveres en el suelo que no podía ni siqueira distinguirse. La sangre regaba las pareces y los cuerpos de vivos y muertos por igual. Algunos incluso vomitaron ante tan grotesco espectáculo, o porque el simple olor ya les producía nauseas. Yo no me sentía orgulloso de lo que había pasado sino más bien avergonzado. Cuando llegamos éramos cuarenta, ahora apenas éramos 10. Aun así, con todo este lio casi se nos olvida liberar a nuestros compañeros. Poco a poco, caminando entre cadáveres, los liberamos, les dimos sus cosas, luego de eso un silencio nos invadió.

Sin embargo, aún había un último negocio que atender, un último “cabo suelto”. La puerta que nos conducía a la mujer, a la torturadora, a quien le había hecho pasar el infierno, a algunos más que a otros. No deseaba ver más muerte este día, pero si nos íbamos ahora, si la dejábamos con vida, por más que no quisiese, esto no habría terminado, pues esa mujer podría continuar torturando inocentes, y no dejaría que eso pase, sin importar cuanto me doliera hacerlo. Abrí la puerta con la llave de uno de los guardias, y avanzamos todos hacia el interior del túnel. Esta vez, sin embargo, íbamos en silencio, pues no había nada que festejar, habíamos ganado, pero no había nada por qué estar contentos, no aun. Solo un cínico podría llamar a eso una buena victoria
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Re: Escapando del Imperio

Mensaje por Farimir el Dom Abr 28, 2013 3:51 am

Finalmente llegamos al final de nuestro camino. Detrás de esa puerta estaba la mujer que había torturado hasta la muerte y la demencia, aquella que no parecía tener alma, misericordia o clemencia. A la torturadora le había llegado el momento. Gire la llave dentro de la cerradura y de un empujón abrí la puerta. Ahí estaba, la mujer que me había provocado mi flagelación, así como la de muchos otros antes que yo. Pero esta vez, no estaba tan sonriente como la última. Ahora se podía ver la ira y el miedo en sus ojos. Sabía perfectamente que era impotente ante el bestial poder de nuestro grupo. Aunque estábamos horriblemente diezmados, aun la superábamos por demasiado.

Antes de mis compañeros se den cuenta, ya corría hacia ella. Cuando me tuvo cerca, me tiro un espadazo, el cual cubrí con mi escudo. Esta no era una pela cualquiera. Ahora estaba realmente enojado, el solo pensar en que muchos otros había muerto en esta misma habitación antes que yo, el solo pensar en cuantos fueron, ya me hacía hervir la sangre. Continúe dándole espadazo tras espadazo, cada vez con mayor fuerza. Pude ver como las fuerzas de la mujer flaqueaban poco a poco. Finalmente, cuando la tuve arrinconada contra su camilla de tortura, la empuje con mi escudo, provocando que retrocediera hasta caer de espaldas cobre un costado de la camilla. Antes de que pudiera levantarse, le clave mi espada en su pierna izquierda.
La mujer pego un grito de dolor. Ahora ya estaba claro que la batalla había acabado. Saque mi espada de su pierna y contemple como caía patéticamente al suelo, tal y como yo había caído antes, pero bajo diferentes circunstancias. Me acerque hacia ella, pude ver el miedo en sus ojos, el horror. Estaba indefensa ahora más que nunca en su vida y lo sabía. Solo podía suplicar por piedad, cosa que no paraba de hacer.

-No te voy a matar, porque sería romper mi código.- le dije, dándole la espalda. MI código de Guardia rojo era lo único que no podrían quitarme. Por más horrendos que fueran sus catos, por más malvada que fuera esa mujer no me cambiaria. –Sin embargo, tu castigo aun le corresponde a otros- le dije, mientras observaba a Venterhok quien solo afirmo con la cabeza y dijo- Pónganla en la camilla. La mujer grito desesperadamente, aun sabiendo que nadie la socorrería, mientras los seres la colocaban en la camilla y le amarraban manos y pies.

Acto seguido, comenzaron a tirar del mecanismo. Todos festejaban el hecho de ver a su captora en tan patecito estado. Yo, sin embargo, la observaba con el ceño fruncido. Esto no me hacía sentir mejor, pero era lo justo al fin y al cabo. La mujer continúo hablando y gritando amenazas e insultos, sin embargo, en un momento dijo- ¿Creen que esto hará una diferencia? Malditos herejes, ¿Creen que si líder triunfara?, ¿Creen que Kolhein y sus ciervos harán algo más que caer?- Esa palabra “Kolhein” me llamo la atención. Me acerque y grite- Esperen, detengan esto- Llevo un momento hasta que los compañeros pararon de hacerlo. Entonces me acerque a la mujer y le pregunte- ¿Quién es Kolhein?-

La mujer rio fuertemente ante lo que aparentemente era un pregunta demasiado ignorante. – Khaelos Kolhein, el Conde Nigromante. Descendiente de fieros guerreros, asesino de dragones, por cuyas venas corre la sangre de héroes zakheshianos de inmortal fama, el actual líder de la resistencia. Ahora veo que no trabajas para él, eres solo un ignorante que cayó en mal momento- dijo, terminando con una gran risa. Yo solo dije- Seré un ignorante, pero al menos yo saldré vivo de este cuarto.- Apenas acabe de hablar, casi como si yo hubiera dado la orden, continuaron girando del mecanismo. Los gritos de la mujer se hicieron cada vez más estruendos, hasta que, finalmente, sus brazos fueron separados de su torso. Luego, su desmembrado cuerpo fue apuñalado, golpeado, pisoteado, escupido y hasta orinado, por todos los presentes, exceptuándome.

Ya había acabado, había acabado todo, y ya nadie tenía por qué estar ahí. Agarre una antorcha del lugar y la tire sobre la cama de tortura, la cual comenzó a quemarse. Luego me di la vuelta y salí de ese lugar, acompañado por Venterhok y los demás. Pasamos por el campo de cadáveres, subimos hasta el primer piso, y salimos por la entrada. En el momento exacto en el que salimos. Sentí un alivio indescriptible, uno que pocas veces había sentido en toda mi vida. Era un hombre libre otra vez. Lo mejor que pude sentir en ese momento fue la caricia de los rayos del sol en mi piel, la suave briza del viento en mi cada, ver el pasto, los árboles, todo era majestuoso.

Pero no era el único que estaba feliz. Muchos de los presentes, quienes me acompañaron en la batalla, todos los sobrevivientes, se encontraban mudos. Ni uno solo emitía palabra alguna. Me gire hacia mi grupo y les grite- Ahora, somos libres- acto seguido comenzaron a festejar. Vítores y gritos llenos de euforia comenzaron a escucharse. Bailes de victoria se vieron, incluso algunos lloraron de la emoción. Los orcos blandían sus hachas en señal de victoria mientras gritaban. Los elfos contemplaban al sol con una armoniosa mirada. Los drows simplemente se alejaron. Muchos de los humanos lloraron. Los antropomorfos reaccionaron de formas muy variadas, algunos incluso haciendo sonidos de animales.

Venterhok se acercó hacia mí, y me dijo. –Lo hiciste, tal y como dijiste que lo harías, nos liberaste, mataste a los imperiales y nos liberaste. Sé que empezamos con el pie izquierdo, pero ahora te considero mi hermano. Tú me salvaste la vida. Te debo más de lo que alguna vez poder pagarte. Te estaré agradecido de por vida. Si alguna vez vuelves a mi aldea, por favor, no dudes en buscarme, y recibirás un banquete digno de un rey.- Lo mire con una sonrisa de oreja a oreja, vi la felicidad en sus ojos, podría volver a su aldea, y tendría una buena historia que contar. –Tratare de ir lo más pronto posible, pero antes tengo que atender unos asuntos.

Buscaras al Kolhein- dijo astutamente Venterhok- Así es- fue todo lo que dije mientras miraba el horizonte- Espero que puedas encontrar lo que buscas, Farimir- dijo Venterhok, a punto de irte. Sin embargo, lo detuve poniéndole la mano en el hombro- Espera, quiero darte esto- dije mientras me sacaba la funda de mi Urumi del hombro y se la entregaba- Te será más útil a ti que a mí, cuídala bien- Venterhok agarro la funda y se la colgó del hombro. Antes de que pudiera hablar le tendí la mano- Fue un honor pelear a tu lado, gran Venterhok-. El me contemplo un momento, y con una sonrisa me dio un apretón de manos.- El honor fue mío, valiente Farimir-

Ya sin más que decir, cada quien se fue para su lado. Venterhok volvería a su aldea, para protegerla. En cuanto a mí, ahora tenía un objetivo. Encontraría a ese tal Kolhein, me uniría a su resistencia, y me aseguraría de vivir lo suficiente como para ver a Zakhesh libre, esta era mi meta ahora.

off: pues aca acaba esta solitaria. Tiene cambios en mi ficha por que perdi dos armas, y tambien eln la pscilogia, mas o menos, proboca un cambi ode asporaciones, ahora, otra ade sus aspiraciones es ayduar a liberar a Zakhesh
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Re: Escapando del Imperio

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