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El paraíso de los tontos

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El paraíso de los tontos

Mensaje por Necross Belmont el Jue Mayo 02, 2013 2:40 am

El atardecer caía lento y hermoso, el hombre del lobo caminaba por alguna ciudad de Thonomer con una idea fija en su cabeza, beber. Antes de llegar a esta desconocida ciudad para él, había pasado por el reino de los hermanos Fígaro, necesitaba hablar con ellos. Este no es un día agradable para el hombre del lobo.

Hoy es el día en que la pequeña Elizabeth cumplía años, No podrá celebrar dicha fiesta ya que está muerta. La pena, la depresión toman la mente del hombre del lobo, el dolor es difícil de aguantar y conoce una y solo una manera de apagarlo. En la ciudad busca desesperadamente una taberna en la cual pasar las horas.

Mientras caminaba miraba como los soles se escondían lentamente, su ojo comenzó a lagrimear con pena, estuvo acostumbrado a llevar a su pequeña a ver el ocaso, cosa que nunca más podrá volver a hacer, su mente lo torturaba con hermosos recuerdos sobre ella. No podría aguantar así por más tiempo.

Entro en la taberna y se sentó en la barra, no pidió nada y paso largos minutos en silencio. Perdido en sus ideas pensaba en su difunta hija. ¿Qué hacer ahora? Solo una respuesta apareció en la mente de Necross, beber. Beber hasta ahogar sus penas, beber y perderse, beber para no recordar. Foxhound a sus pies intentaba dormir, pero el sonido de los ebrios del lugar se lo imposibilitaban.

El cantinero observo al can y se dirigió a Necross. -Hey tú, no se permiten animales dentro de esta taberna, así que saca al pulgoso de aquí.- Necross sin levantar la mirada puso dos monedas de oro en la barra. Creo con eso el lobo se podrá quedar, y es suficiente para que me traigas una botella de ron. Ve, apresúrate.-

Al momento de, el cantinero entregarle la botella a Necross, este la tomo apresurado y bebió la mitad de su contenido, aun no era suficiente. Se levantó y busco la mesa más alejada y solitaria, no quería nada de compañía, no por ahora. Vio algo de su agrado, una mesa en un rincón con una ventana en un costado, la luz lunar se colaba por ella. El hombre del lobo camino rápidamente ante de que alguien se sentara primero.

Al sentarse saco el libro de su padre, en el estaban escritas sus memorias y la historia de Adrammalech, que el mismo Necross escribió según lo que escucho de Hudson el anciano. En voz baja iba leyendo las páginas del pequeño libro, llego a el verso que recito en la isla que lo condeno y pensó en Arthur, su camarada que se perdió en el mar, no podía evitar sentirse culpable.

Volvió a beber, esta vez dejo a un cuarto el contenido liquido de la botella, mientras las paginas avanzaban continuaba sintiéndose peor, su ojo se abrió como plato al ver algo que no había visto antes, en las páginas finales del libro había un dibujo de un hombre y un perro. Con mucho colores, parecía que lo había hecho un niño pequeño. -No… no dios no…-

No pudo evitar el llanto, se lanzó sobre la a la mesa cubriendo la cara con sus brazo, los demás clientes del local guardaron silencio, lo único que se escuchaba era el lamento del hombre y su lobo. El tabernero con una expresión fría alerto a todos de que solo era un borracho y sus penas, en su pequeño refugio Necross continuaba su lamento, cada vez más triste, cada vez más deprimido, el libro estaba en la mesa con la imagen que destrozo el alma del hombre del lobo.



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Re: El paraíso de los tontos

Mensaje por Samantha J. el Jue Mayo 02, 2013 3:28 am


Samantha sostenía un plato en una mano, una charola en la otra y una botella de whisky bajo la axila, mientras que hacia equilibrios para no tirar la canasta de pan que su cabeza soportaba. Era lo que había que hacer si quería comer y dormir en algún sitio. Mientras repartía con una facilidad dada solo por el trabajar durante mucho tiempo sirviendo, su mente vagaba, distraída completamente del sitio donde estaba. Recordando el como había llegado ahí, no entendía en un principio lo que el tabernero le dijo al aceptar su petición de trabajo por comida “Chica, no sé porque carajos vienes a este sitio de mierda a pedir empleo, pero allá tú. Bienvenida seas al infierno en la tierra…”. Sin comprender sus palabras, se alegró de tener un sitio donde poder quedarse, pues había sido rechazada por al menos 6 tabernas. A estas alturas del día, sus pies se sentían como si cargaran rocas pesadas y hasta estaba segura de que se habrían abierto alguna que otra herida. El hambre ocupaba gran parte de su mente y el sueño era ya una cosa de obligatoria necesidad… Pero, así era la cosa… después de caminar día y medio, no podía permitirse descansar, pues sabía que sus posibilidades de conseguir otro lugar donde comer y dormir ahora mismo eran nulas.

Obligo a sus pies a moverse nuevamente, mientras la mesa del fondo levantaba la mano. Sonrió mirando al tabernero que le echaba un ojo de vez en cuando, su mente aun ocupada en el pasado de hacia algunas horas -te daré trabajo de inmediato, pues mi moza no vino hoy por alguna tontería de enfermedad. Como sea, te daré instrucciones: uno, no hables más de la cuenta con los clientes. Dos, no quiero putas aquí, así que mantienes esas piernas cerradas… tres, tienes derecho a una cama donde dormir y un platillo de tu elección, con su bebida a cambio de que finalices la jornada, que es justo antes de la media noche. Entonces te daré tu paga. ¿Entendido? Ah y nada de chuchos aquí, así que tu mascota se queda afuera o en la caballeriza. después de rogarle un poco, Sam había logrado que Gigi permaneciera en la esquina más alejada del lugar, con la condición de que si mordía a alguien, las echarían a ambas.

Ya la noche había caído y aunque se sentía a punto del desmallo, Sam siguió con su trabajo. No se percató del hombre que acaba de entrar ni de que iba acompañado por un lobo, pero, tampoco es que pudiera darse ese lujo de observar. Hecho una ojeada a Gigi, y entonces noto a aquel ebrio que se sentaba en la esquina. Inmediatamente le invadieron los nervios al darse cuenta de su compañero canido… Sam frunció el ceño, si a Gigi le daba por pelear ahí… pero la loba solo se limitó a acurrucarse más en la esquina, ignorando a ambos varones. Sam respiro tranquila, dirigiéndose a la mesa contigua que requerían de sus servicios.

Distraídamente fingía tomar nota por escrita de lo que pedían aunque cierto es que, tenía que memorizar. La lectura no estaba entre sus habilidades… una vergüenza, pensó para sí, pero ¿Qué se le iba a hacer? Se dio la media vuelta y entonces… el hombre de la esquina, al que había apodado “El solitario” comenzó a leer un libro… Sam lo observo unos momentos, la luz de la luna entraba directamente por aquella mohosa ventana, remarcando los rasgos del su solitario. No supo porque, pero, le gusto llamarlo “su” y no “el”. Con charola en mano, observo como algunos mechones de cabello se agitaban con alguna que otra brisa que entraba vagando por la vieja taberna. Sam suspiro… su solitario lucia tan triste… ¿eso era una lagrima? Tomando valor, decidió acercarse a él y justo cuando estaba a medio metro, su solitario comenzó a llorar... algo en ese libro le entristecia y deseo poder saber que.

La naturaleza curiosa y bondadosa de Samanta la empujo a avanzar al hombre hasta quedar delante de él. Se mantuvo en silencio un momento, pensando en que decir… miro de reojo al tabernero que parecía muy al pendiente de ella. Incluso este le hizo la seña de que dejara al hombre en paz pero, ¿Samantha alguna vez dejaba a alguien en su propio sufrimiento? No. Una vez, hace mucho tiempo una persona la hizo sufrir, ella no deseaba eso a nadie. La joven carraspeo, inclinándose un poco, varios mechones de cabello caían sobre su hombro hacia adelante y sostenía una charola de metal frente de si, jugueteando con el borde, mirando hacia abajo–disculpe… yo… ah… -algo nerviosa, pues, se sentía una intrusa, trato de preguntar -¿se encuentra bien, señor…? Quiere… ¿necesita algo?- observo la botella, casi por acabarse, Sam no supo cuánto había bebido, pero hizo una pregunta que antes escucho al tabernero decir a varios ebrios -¿no cree que ya ha bebido mucho por hoy? -
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Re: El paraíso de los tontos

Mensaje por Necross Belmont el Jue Mayo 02, 2013 4:22 am

Una voz interrumpió su llanto, no quería levantar la cabeza, en su “refugio” pensó en Foxhound, ¿porque no le ladraba a la muchacha? Sabía que era una mujer por el sonido de su voz. –Tráeme más ron, es lo único que necesito.- Dijo sin levantar la cabeza. – No creo que sea de tu interés la cantidad de alcohol que he bebido…-

La mujer se fue y Necross por fin levanto la cabeza, secándose su ojo miro a la chica que lo intento ayudar, se llevó una mano a la cara y cerro con enojo el libro que estaba en la mesa, mas no lo guardo. Allí solo miraba a través de la ventana, su mente se volvía a perder en sus ideas, ¿Quién era la chica de hace unos segundos? El lobo se levantó y bostezo, se relamió el hocico y miro a Necross, el hombre del lobo sonrió, aunque era una sonrisa tenue, de su bolsillo saco carne seca y se la entregó al lobo, que movía la cola alegremente.

Su mente continuaba pensando en la misteriosa muchacha, fue grosero, pero… no está en el mejor de los estados, no es por causa del alcohol, es personal. Su alma está destrozada y la única opción que tiene es beber, tal vez, beber hasta morir. Una vez más abrió el pequeño libro, esta vez fue directo al dibujo que anteriormente lo rompió. Con sus dedos acariciaba lentamente el papel mientras sonría, esta vez, su sonrisa era amplia.

Su ojo no dejaba de lagrimear, pero no lloro, estaba contento. Reposo su espalda en el apoyo de la silla y miro hacia el techo, luego bajo la mano hasta la botella y se bebió lo poco que quedaba de ron. Tenía ganas de destrozar la botella con su mano, no lo hizo porque tal vez lo echen a patadas, mientras esperaba su nueva botella y a la muchacha desconocida acariciaba al lobo que estaba sentado a su lado.

Vio por fin que la muchacha se acercaba a su mesa, la miro de pies a cabeza con su único ojo, aun no cambiaba su expresión de frialdad. Sus cabellos blanquecinos le causaron curiosidad, pensó un momento ¿Por qué ella se preocuparía por uno de los tantos ebrios del lugar? ¿Tal vez quiera asaltarlo? ¿Tal vez quiera cazar al lobo? Muchas dudas rondaron su cabeza, y no se disiparon hasta que la botella de ron fue entregada.

-Mujer, disculpa por hablarte groseramente como lo hice antes. No fue mi intención, solo que… esta noche es demasiado fría para mí.- Tomo la nueva botella e hizo lo mismo que antes, bajo su contenido hasta la mitad, miro de reojo a la desconocida y pregunto Si no es mucho el atrevimiento, ¿me dirías tu nombre? Mi apellido es Belmont, es un placer. Los ojos de la muchacha le decían que podría confiar en ella.



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Re: El paraíso de los tontos

Mensaje por Samantha J. el Jue Mayo 02, 2013 4:49 am

El hombre grito a Sam que se fuera a buscarle más alcohol. La joven no supo que hacer, así que siguió su orden… Gigi se puso de pie, mirando fijamente a la pareja, como si esperara tan solo un gesto de Sam para lanzarse. Pero no hubo respuesta, la chica, sintiéndose humillada, no tuvo otra opción más que ir por la bebida. El tabernero sonrió al ver a Sam acercarse a la barra, buscando otra botella de ron. Las mejillas de la chica estaban tan rojas que fácilmente se podía notar su vergüenza. Tan pronto como ella llego, el hombre no pudo evitar burlarse de ella -¿ves? Eso te pasa por meterte donde no te llaman. Esto es una cloaca niña… ¿Qué nunca habías entrado en una taberna? Toda esta escoria tiene una historia seguramente triste que contar –el hombre dio una carcajada –ah, ve y lleva esa orden y vuelve, hay más mesas que limpiar… -

Sam sostuvo la botella contra sí misma. Dejo que el cabello le cubriera el rostro… hacia cerca de dos años que nadie le ordenaba de ese modo. Llego hasta el hombre, que parecía más tranquilo… claro, seguro necesitaba alguien con quien desquitar su furia. ¿Eso era ella? Si… seguramente que sí. ¿Por qué iba cambiar algo que había sido toda su vida? Solo un objeto del cual obtener algún provecho. De pronto Sam se sintió miserable… el tabernero tenía razón. ¿Qué pensaba que pasaría? ¿Acaso él le sonreiría y agradecería su interés? Tomo aire antes de llegar a la mesa, puso la mejor sonrisa que pudo y entrego la bebida. Él se disculpó... o al menos eso intento. Samanta le miro por debajo del cabello que le cubría el rostro –amm.. Sí, no es una noche agradable para nadie… - estaba cansada, hambrienta y acababa de sentirse humillada. Si, era una noche bastante fría y no solo por el viento helado del cambio de estación. El dio su apellido… -Belmont… si, también es un placer –dijo con una voz apagada –Soy Samantha. No… no tengo apellido, aunque tampoco es que importe mucho –Sacudió la cabeza, quitándose el cabello del rostro, mirándole directamente a los ojos –de cualquier forma, lamento haberme metido donde no me llamaban. Que disfrute su ron señor Belmont… -
Se decidió a alejarse del… dándose la media vuelta, comenzó a avanzar, pero claro, la maldita curiosidad no iba a dejar que se fuera sin hacer la pregunta. Samantha se mordió el labio inferior, intentando contenerse. Finalmente, no pudo y se obligó a regresar. –em… sé que no me importa pero… yo… si no quiere responder está bien, es solo que… ¿Por qué bebe tanto? – Samantha no comprendía ese habito, simplemente… para ella era como matarse a sí mismo, solo que sin un cuchillo o arma. No… matarse lentamente. Observo el parche que ocultaba la falta de un ojo del hombre y ladeo el rostro, preguntándose si acaso tendría más heridas de gravedad. ¿Acaso seria culpa del alcohol…? No iba a preguntar una cosa así, hasta ella sabía que a veces, era estúpido meterse con cierto tipo de cosas –no se ofenda pero… yo… bueno, no comprendo. El alcohol no sabe muy bien y sus efectos son… malos –y eso que no conocía realmente todas sus efectos, solo lo que veía –de cualquier forma señor, tenga cuidado, porque hay quienes buscan tomar sus pertenencias tan pronto y se descuide –Sam miro hacia una mesa al fondo. Esos cuatro hombres no parecían para nada agradables y se sentía observada por ellos, aunque se habían comportado toda la noche. Si… ese lugar le daba miedo.
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Re: El paraíso de los tontos

Mensaje por Necross Belmont el Jue Mayo 02, 2013 6:08 am

-Samantha.- Dijo en voz baja, dijo para sí mismo. La actitud que tenía Samantha ahora era muy distinta a la que tenía cuando le hablo por primera vez. Tal vez fue culpa del hombre del lobo. Una chica sin apellido tiene pocas alternativas, o fue una esclava o deserto de su antiguo nombre, la chica se alejó y Necross se sintió mal, una vez más por culpa de él alguien sufría.

Ella volvió, Necross quedó intrigado y ella volvió a preguntar. -Si bebo es porque quiero olvidar, quiero apagar mi cerebro, quiero dejar de ver las imágenes que me atormentan. No quiero seguir sufriendo.- Normalmente Necross es una persona extremadamente reservada, no cuenta nada de su vida, eso lo demostró cuando dijo su apellido y no su nombre, aunque si mal no recuerda, Samantha es la única que lo ha escuchado.

Necross rio, le causaron gracia las palabras de la mujer En efecto, el licor no tiene buen sabor, pero para gente como yo, es un gran aliado. ella advirtió sobre el peligro de la taberna. -Agradezco tu preocupación, pero se cómo son las tabernas, he pasado gran parte de mi vida en ellas, siempre existen los ladrones o matones que se embriagan y no saben controlarse. Nuevamente te agradezco y te pido perdón por lo sucedido anteriormente.-

La vio alejarse nuevamente, sentía su mano nerviosa. La llamo. Samantha, espera. Por tus palabras sé que no bebes, pero me preguntaba si me acompañarías con un vaso de agua o algo… ¿Qué estaba haciendo?¿ Después de como la trato de verdad cree que ella bebería junto a él?

Estaba dudoso, el tiempo se detuvo un momento, con su ojo miraba todo, la luz de la luna entrar por la ventana, los ebrios que jugaban al póker, y al tabernero que lo miraba con cara de pocos amigos. Esperaba la respuesta de la muchacha, ¿un sí? ¿Un no, jodete? Estaba asustado y la noche era cada vez más fría para él.

Antes de que la muchacha le respondiera sintió unas horrendas ganas de orinar. – Discúlpame, ¿me harías el favor de vigilar al lobo? Vengo en un segundo.- Necross entro rápidamente al baño de la taberna, aun podía caminar de manera recta y derecha, aunque se desestabilizaba a momentos.

Termino con su “trabajo”, se lavó las manos y regreso a su asiento. Los cuatro tipos de antes le dieron una fea mirada. Necross no separo el contacto visual, si quería pelear él les daría pelea… luego recordó que debe comportarse. La chica no estaba, se maldijo para sus adentros y continúo bebiendo. -Tal vez tiene muchas mesas que atender.- dijo en voz baja, para mantenerse tranquilo dijo el poema del demonio.

Ferocious Wroth,
Your anger I sense,
What does thou bring to these lands?
Betrayal and hate,
You fuel the spirit,
Such malice in your gaze
Release thy fury,
Adrammalech

Su mente se calmó y sintió el poder de la bestia correr por su cuerpo. Alzo la botella de ron hacia la luna y hablo despacio. Por ti, querida mía, por ustedes dos que desde el cielo me observan, prometo no dejarme abatir por la culpa, cargare con ella como cargo mi espada. Comento mientras sonreía, esta vez lo hacía con felicidad.


Última edición por Necross el Sáb Mayo 04, 2013 8:33 am, editado 1 vez



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Re: El paraíso de los tontos

Mensaje por Samantha J. el Jue Mayo 02, 2013 7:06 am

Sopeso la respuesta a su duda. Olvidar… Samantha entendía perfectamente esa sensación, ese deseo por callar las voces que gritaban en la mente una y otra vez. El deseo de golpearte la frente hasta que perdieras el conocimiento y todo quedara en silencio… Dijo que no tenía buen sabor y eso, era cierto. Las veces que lo había consumido… un escalofrió le recorrió y decidió alejar su mente de esa línea de pensamiento o terminaría haciendo alguna tontería. Dijo que había pasado gran parte de su vida en las tabernas y eso intrigo a la joven. ¿Qué tipo de vida tuvo que llevar para verse obligado a vivir siempre entre ebrios?. Samantha no considero pertinente preguntar. Se dio la media vuelta, dispuesta a irse, aunque, deseaba encontrar alguna clase de excusa, algo que pudiera permitirle quedarse… pero nada. Y de pronto, como salido de la nada, un rayo de destino golpeo.

.-Samantha, espera. Por tus palabras sé que no bebes, pero me preguntaba si me acompañarías con un vaso de agua o algo…-

Samantha se detuvo, sonriendo para sí misma. Qué curioso es el deseo de los dioses que en el momento preciso, surge una oportunidad. Aun así… tenía la preocupación de que el tabernero se quejara de que holgazaneara. No quería arriesgar la posibilidad de comida y hospedaje. De pronto él se disculpó y ella aprovecho. Tomaría un descanso… si es que la dejaban. Se armó de valor y fue hacia la barra, donde el tabernero le miraba con una sonrisa socarrona -¿ahora quieres tener una cita con el borrachín? – se cruzó de brazos, mirándola fijamente –sabes qué tipo de persona es…? ¿Qué tal si es de esos que buscan un follón? No tienes pinta de querer eso, ¿o sí?- Samantha negó con la cabeza, recargándose en la barra –solo quiero un pequeño descanso. Estoy cansada, sedienta y hambrienta… no hay mucho trabajo. Todos tienen prácticamente más alcohol del que deberían…. Por favor… solo un pequeño descanso?- El tabernero suspiro, asintiendo, mientras pasaba distraídamente el trapo por la barra –bien, pero no digas que no te advertí. Ese muchacho es un problema, puedo verlo a distancia-

Samantha sonrió, encantada y agradecida. De un rápido movimiento, beso la mejilla grasienta de sujeto y fue a la cocina, tomando una jarra de agua y un plato para ella y su loba. Fue hacia donde estaba Belmont, quien ya había regresado. Justo cuando ella llegaba, el recitaba un especie de… poema o cantico. ¿Rezaría a alguien? Quizá solo estaba ebrio y quería cañar… trato de entender lo que decía, pero su conocimiento en lengua se limitaba a lo que había aprendido, que era el común. Luego... el hizo una promesa. A alguien en el cielo… no tuvo que ser muy lista, el hombre tenía una perdida y una grande. ¿Hermanas? ¿Esposa? ¿Madre? Tal vez él le dijera luego. Carraspeo un poco, tratando de hacerse notar. –em… volví- dijo con una sonrisa, mientras se sentaba en la mesa, como si conociera al hombre del lobo de años. Levanto la vista hacia él y ella se dio cuenta de que solo llevaba un plato –amm… te traje algo de comer –dijo mientras ponía el plato delante suyo –no se mucho sobre eso de la bebida, pero sé que si no comes, tu cuerpo se pone… algo fastidioso –de nuevo, trato de evitar viejos recuerdos… difícil, pero no imposible. Cuando te centras demasiado en los demás, no te queda tiempo para pensar en ti –y traje algo para mi loba y tu… -observo a la criatura, sonriendo –hermoso lobo. Me encantan, son criaturas tan fieles… -suspiro –ojala y los humanos fueran así de compasivos y bondadosos… -

Repartió la comida entre las dos criaturas, colocando una porción a cada cual, aunque tuvo cuidado de no acercarse al lobo del hombre, más bien coloco el platillo en el suelo, mientras murmuraba –chico, aquí tienes, si deseas comer… - se sentó nuevamente en la silla, sirviéndose agua –es, muy bonito eso que dijiste –dijo distraídamente -¿crees que algún día me dirás que significa? –sí, asumiento que se volvieran a ver. Uno nunca sabia –no se mucho sobre otros idiomas… - Samantha mantuvo la vista en el agua, acariciando el borde del vaso de vidrio con su dedo índice. -¿puedo decir algo?... entiendo esa sensación. Ese.. deseo por acallar las voces de un pasado que te atormenta… de un pasado que… no hace mas que recordarte el tipo miserable de persona que eres y que, por más que deseas no puedes olvidar… -bebió un sorbo del agua, levantando la mirada hacia el –pero … no quiero morir. Yo también busco maneras de acallarlas, formas en que el sufrimiento sea apenas perceptible… -la chica sonrió, mirando el vaso –solo… quería decirte eso –

Tratando de distraerse, miro al lobo de Belmont. Un hermoso animal… obviamente tan letal como leal. -¿Cómo se llama? –pregunto, mirando a la criatura. –Es hermoso realmente-
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Re: El paraíso de los tontos

Mensaje por Necross Belmont el Jue Mayo 02, 2013 8:10 am

Exaltado vio nuevamente a Samantha, una gran sonrisa que mostraba sus dientes se marcaba en su cara. -Me alegro que aceptaras mi invitación, no quiero causarte problemas con el cantinero.- ella trajo comida, aunque no sentía hambre, Necross sabía que beber con el estómago vacío nunca es bueno.

-Ciertamente, el cuerpo se siente raro cuando uno bebe, lo que me hace preguntar. ¿Has bebido alguna vez?- Ella tenía una loba, la gente que actúa de alfa con un lobo es reducida y escaza, a menos que sean licántropos, pero las lunas están llenas y ella no es una abominación peluda.
-No te preocupes, ahora que le das comida el lobo será tu mejor amigo.- Comento burlón, su expresión se volvió fría, no creyó que ella escucho sus palabras. Malos recuerdos venían a su mente pero con un movimiento de cabeza los disipo rápidamente. Eso fue un verso que escuche de la boca de un buen amigo, que en paz descanse.-

Comento que entendía el sufrimiento de Necross, él la miro de manera comprensiva. Todos tienen un pasado oscuro y doloroso, para Necross es diferente, vive su vida con tranquilidad, disfrutando cada aventura, disfrutando de los días en armonía, pero hoy… hoy era una fecha especial. – Me preocupa que sepas lo que es vivir así, más me alegra saber que lo tomas de una manera distinta a la mía, solo el alcohol puede apagar mis recuerdos, pero es un remedio temporal. Se en el fondo de mi corazón que nunca dejare de beber, es casi como un pasatiempo.-

El lobo… su nombre es Foxhound, ha estado conmigo desde que es un cachorro, no soy su dueño ni el mi mascota, es casi como un hijo para mi.- Necross miro sonriente a su lobo que estaba aún comiendo lo que le dio Samantha. Es verdad, Necross crio al lobo desde cachorro, él lo ayudo a sobreponerse ante su primera gran perdida, la muerte de su maestro de armas.

–Sobre el verso, lo tengo aquí, puedes leerlo si quieres.- abrió su pequeño libro y enseño a Samantha la parte que debía leer, el levanto la botella y bebió, pero noto algo. Un conflicto en sus ojos demostraba que no sabía leer. Necross acerco su mano al libro y lo guardo. – Creo mejor lo diré yo, me han dicho que tengo buena voz para esto, jajajaja.-

Dijo las palabras, esta vez con un tono más calmado y poético. Al terminar guardo el libro en sus ropajes. Me pregunto, ¿Qué te ha traído a una taberna como esta? Los ebrios de aquí parecen violentos. al decir eso miro fijamente a los cuatro ebrios que antes lo miraron mal, siempre existe un grupo que le gusta causar problemas.

Mientras seguía hablando con Samantha noto que el grupo se levantó en dirección a ellos, Necross rápidamente llevo su mano derecha al lugar donde su espada bastarda descansaba, en su cinto. Como anteriormente se dijo, si ellos quieren luchar, Necross les hará frente, aunque ahora la presencia de Samantha cambia drásticamente su pensamiento, por ahora solo esperara a ver qué pasa, puede ser que ni siquiera ellos se acerquen a su mesa.



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Re: El paraíso de los tontos

Mensaje por Samantha J. el Jue Mayo 02, 2013 10:02 pm


-Ciertamente, el cuerpo se siente raro cuando uno bebe, lo que me hace preguntar. ¿Has bebido alguna vez?-

Samantha guardo silencio un segundo, observando el agua cristalina que se había servido. Pensó bien las palabras antes de decirlas, sopesando que tipo de información quería revelar. –Bueno… si… he bebido antes… trabaje en un templo -¿Trabajar? Había sido algo más al estilo esclava, pero él no tenía que saberlo –y, las mujeres bebíamos cierto tipo de preparaciones para… estar en condiciones de acercarse más a los dioses… ya sabes, recibir su palabra…- sí, claro. Su “palabra”. Samantha estaba segura que esa sucia practica nada tenía que ver con las deidades, más bien, con el hecho de que las mujeres estuvieran lo suficientemente embotadas como para que pudieran meterles mano o quitar cualquier resquicio de voluntad en ellas. Sintió escalofríos y asco de tan solo pensar en aquello.

Samantha definidamente escucho aquel verso tan curioso y se percató del cambio de expresión. Quiso decir algo reconfortante pero… no pudo decir nada. Solamente asentir y recargar la cabeza sobre su mano. Apoyándose en la mesa.

Dijo el nombre del lobo y ella sonrió –ahh es un bonito nombre. Para mi Gigi es… - la loba levanto la cabeza, acercándose a Sam como si esta le hubiera llamado –suena loco, pero a veces la veo como si mi madre la hubiera enviado... Ella me encontró a mí y me cuido. –Acaricio la cabeza de gigi, con suavidad –nunca ha demostrado que no le guste el nombre, aunque sé que suena extraño. Él dijo que tenía el verso anotado y se lo ofreció a leer. Samantha observo el libro y un rubor rojizo cubrió sus mejillas, mientras lo tomaba entre sus manos. Observo las páginas escritas… regreso la pieza a Belmont cuando él dijo que la leería. Ella lo observo con curiosidad, no supo si el entendió que ella era una ignorante o solo quiso leerlo por su cuenta, en todo caso, Sam se sintió aliviada y sonrió, cerrando los ojos al escuchar su voz. Las palabras sonaron suaves a sus oídos y muy hermosas. Algo en la voz del hombre le gusto. Calmante… casi como una promesa de un sitio seguro.

Abrió los ojos cuando el pregunto qué le había llevado a la taberna. Samantha ni siquiera noto a los 4 ebrios que se levantaban de su mesa y avanzaban en su dirección. Era lo suficientemente distraída como para no notar el peligro hasta tenerlo delante –oh, bueno… voy viajando. Paso de pueblo en pueblo, conociendo y aprendiendo cosas… trabajo a cambio de comida y hospedaje. Es mi primer día aquí después de dos días de camino y hoy pase casi toda la mañana buscando sitio –suspiro –pero nadie tenía lugar. Todos tenían “la plantilla completa”, sea lo que sea que eso significa. Finalmente, aquí fue el único sitio donde me dieron trabajo… -recargo el codo sobre la mesa, soplando un mechón de cabello –pero nunca había estado en un lugar así. Es extraño e interesante a la vez… aunque todos se ven tan… tristes. Debería haber una canción o algo que…-

Samantha guardo silencio de pronto al ver a los cuatro hombres de pie casi junto a ellos. El líder era un sujeto bastante musculoso y grande, aunque se movía torpemente, seguro por el alcohol. –Oye… linda…- dijo el hombre en un tono adormecido –si vas a darle trato especial a este, nosotros también queremos algo de azúcar…- los otros tres rieron. Toda la taberna de pronto se quedó quieta... incluso el tabernero pareció no quererse mover, como si cualquier pequeña cosa pudiera hacer estallar un problema mayor. Samantha miro hacia arriba, al hombre, ladeando el rostro. –no entiendo de que habla. Déjenos en paz por favor, no hemos hecho nada por…- el sujeto hizo ademan de seguir avanzando, mas, en lugar de moverse hacia delante por su camino, decidió que sería mejor dar un paso más cercas de Sam, tomándola del brazo, al mismo tiempo, los otros tres rodearon al hombre como si fueran sus guardias, por si Necross intentaba cualquier cosa–No, no has hecho nada por nosotros… nena, tenemos muchas más monedas que él. ¿Por qué no vienes con nosotros y la pasas… bien?- el aliento alcohólico podía olerse a kilómetros. Sam forcejeo, mientras él acercaba su rostro a ella, tratando de rodear su cintura con una mano, aunque no se sabría si fue a propósito o si era un efecto de la embriaguez y el poco equilibrio. La chica se agito, cada vez más molesta mientras que gigi saltaba hacia delante… y todo se dio muy rápido.

Sam ni siquiera se percató de la reacción de Necross o de que hacía, estaba demasiado concentrada en la situación. En un segundo, la loba estaba mordiendo el tobillo del hombre y al otro, este la pateaba. Gigi salto hacia atrás con la nariz sangrando, Sam grito, el tabernero quiso salir de la barra… y el ebrio saco un cuchillo, sosteniéndolo con su mano derecha delante de él, mientras Gigi no dejaba de gruñir tratando de proteger a Sam. Los otros tres ebrios se habían lanzado ya sobre el hombre del lobo y su lobo, dejando de momento a Sam arreglárselas con el ebrio líder. Este se movió hacia delante, con el cuchillo en mano, hacia Gigi, Sam hizo lo mismo, moviéndose en dirección a la loba -¡GIGI!- grito, mientras el filo del cuchillo relucía con la mala iluminación del lugar.
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Re: El paraíso de los tontos

Mensaje por Necross Belmont el Jue Mayo 02, 2013 11:58 pm

Miro atentamente los gestos de la muchacha, cuando vacilo en contestar si había bebido en el pasado hizo que Necross tuviera la peor de las ideas. Una muchacha que es forzada a beber en un templo solo podía terminar en la destrucción de su inocencia. ¿Tal vez le arrebataron su virginidad? Malditos monjes que creen que tienen poder, por cosas como esa Necross no cree en los dioses de Noreth, solo cree en el Vástago que guarda en su alma.

-Gigi, extraño nombre para un lobo… aunque Foxhound no es mejor. ¿Foxhound a ti te gusta tu nombre?- El lobo ladro a Necross mientras movía la cola. -Bien, tomare eso como un si.- la conexión que ella tenía con su loba era parecida a la de Necross, solo que ella tenía una sensación de protección maternal con la loba, quizás es mucho más profunda su conexión que la que Necross tiene con Foxhound.

-Interesante, como tu yo voy de vago por el mundo. El día de mañana he de partir a la ciudad de Arthias en la región de Shading, eso queda en Zhakhesh. Ya que estas en Thonomer, deberías viajar al norte, al reino de Fígaro. Allí la gente es muy agradable y cálida con los extranjeros, pero ten cuidado con el príncipe Edgar, es un mujeriego sin remedio.- Necross recordaba con cariño a su amigo Edgar, mas su recuerdo traía malestar a su mente, al recordarlo a él, pensó en lo sucedido en su ciudad natal, cuando todo se fue a la mierda…

suprimio esos pensamientos con un trago de ron, Ella se refirió a una canción. ¿Una canción? En este momento. Necross miro confundido, no había conocido a alguien así en el pasado. -Una canción para el momento… en mi cabeza suena una melodía pero no puedo recordar la letra…- Su intento por recordar la canción fueron interrumpidos por los cuatro ebrios de antes.

El sujeto que parecía ser el líder intento flirtear con Sam, Necross se cruzó de brazos y solo sonrió. El ebrio cada vez se acercaba más y Necross solo arqueo una ceja, aún mantenía su posición y su sonrisa. Necross hizo un extraño sonido con la boca y Foxhound se escondió bajo la mesa, los dos sujetos al no tener otro blanco que él, se lanzaron al mismo tiempo. Ya de pie, el hombre del lobo intento quitarse a ambos sujetos, su enojo causo que desde su cuerpo fluyera la electricidad, que dejo a ambos enemigos en el piso tiritando.

-No hay necesidad de luchar compañero, si quieres te la puedes llevar, después de todo no es mucho para mí, estoy seguro que al momento que me descuidara me robaría el dinero.- Necross se giró y se alejó del lugar con los brazos cruzados, el hombre sonrió y tomo del brazo fuertemente a Samantha, mientras acercaba su cara. -Hey tú, después de que te diviertas con ella tal vez… ¡Foxhound ahora!- El lobo salió de la parte posterior de la mesa, separando al ebrio de Samantha,

Necross rápidamente se lanzó con un puñetazo directo a la nariz, lo golpeo con su brazo izquierdo, el brazo de acero, causando que rápidamente el estúpido ebrio cayera al piso sangrando. -Disculpa lo que dije anteriormente, no fue con mala intención.- Los ebrios que crearon el silencio gritaron fuertemente, todos los clientes de la taberna comenzaron a pelear entre ellos, el caos cada vez era más grande, al igual que la sonrisa de Necross. Mierda… esto se pone cada vez más divertido.- comento burlón.


Última edición por Necross el Sáb Mayo 04, 2013 8:48 am, editado 1 vez



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Re: El paraíso de los tontos

Mensaje por Samantha J. el Vie Mayo 03, 2013 1:40 am

Todos se detuvieron cuando Necross hablo. Sam giro el rostro al escuchar sus palabas… su expresión reflejaba lo que sentía: sorpresa, miedo… decepción. El ebrio se sintió ganador e independientemente de sus demás compañeros, tomo con fuerza el brazo de Sam, acercándola a su boca. La chica entro en pánico, sus manos comenzaron a emitir destellos dorados, apenas perceptibles… sin embargo, al ver el rostro del sujeto, se quedó paralizada.

-Pronto será tu cumpleaños número 21… eres muy hermosa ¿lo sabias? ¿Sabes cuánto pagaran por tenerte? Pero… no te preocupes hermosa. Tendrás un entrenamiento propio de ti…- Sam recordó aquellas palabras y vio aquel rostro canoso, obeso y de ojos verdes que le miraba con lujuria. Las últimas veces que el sacerdote había hablado con ella… el ebrio pareció contento de que la chica dejara de agitarse. Necross dijo algo a lo que Samantha no presto atención… se había bloqueado.

Los labios sucios y mal olientes estaban tan cercas de ella… Sam cerró los ojos, cuando, de pronto, algo la empujo hacia atrás y la separo del tipo. La chica miro alrededor, y Necross acababa de golpear al hombre en la nariz, noqueándolo. Confusa, la chica miro alrededor, sin saber qué hacer, mas Necross se disculpó… todo había sido parte del plan. Tan pronto como Sam pudo comprenderlo, sonrió, abrazando al hombre en un gesto de genuina gratitud. –gracias…- murmuro a su oído. Sam noto que Necross desprendía cierta electricidad, pero no dijo nada. Pensó que tal vez eran figuraciones suyas…

El caos comenzó a reinar. Los ebrios peleaban unos contra otros… y algunos venían sobre Necross y Sam. Ya sea porque pensaran que el sería una buena forma de probar su hombría, o porque vieran a Samantha como un delicioso trofeo, se las arreglaron para coordinarse e ir tras ambos. Samantha comenzó a mirar alrededor –tenemos que irnos –dijo con la voz temblorosa. No tenía que ser un genio para saber que si se quedaban, pasarían cosas malas. El posadero gritaba cosas y los vidrios volaban por doquier. Una botella dio cercas de ella, haciéndola saltar –GIGI, mi lanza!- grito y la loba al instante desapareció entre la multitud. De todas sus cosas, solo faltaba su lanza, que había dejado tras la barra. La loba estaba lo suficientemente entrenada como para saber traerla.

Belmont, tenemos que salir o…- ya venía uno de los ebrios adelantados, tirando un puñetazo a Necross, pronto eran dos… tres… - Sam entro en pánico nuevamente y aunque tanto el lobo como el hombre eran hábiles luchadores, no controlo su impulso –Belmont! Cierra los ojos!- y dijo ojos porque no pensó en que solo tenía uno. En el momento en que las palabas salieron de su boca, ella apunto al centro de aquellos ebrios que los atacaban –Luz de día, imploro tu cuidado- las palabras apenas fueron un susurro, sus manos se iluminaron… y de las palmas, un rayo dio justo al centro de aquel tumulto que caía sobre ellos, iluminando la zona, dejando temporalmente ciegos a aquellos ebrios. Tomando la mano del hombre, tiro de el –tenemos que irnos ya. No se cuánto dure el efecto- y se dirigió a la salida. Cierto, ese despliegue de magia le iba a cobrar duros favores…
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Re: El paraíso de los tontos

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