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El paraíso de los tontos

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Re: El paraíso de los tontos

Mensaje por Necross Belmont el Vie Mayo 03, 2013 2:39 am

El plan fue perfecto, Necross se llevó ambas manos a la cintura, orgulloso. El repentino abrazo de Sam lo desconcertó, –No, no fue nada. No te preocupes.- Lentamente rodeo la cintura de la chica con sus manos, devolviendo el abrazo y apretándola un poco a él. Se soltó rápidamente cuando vio que los demás ebrios se acercaban a él. ¡Solo quería una noche tranquila! Al parecer eso no iba a ser posible, no por ahora.

Por un momento miró a su alrededor, las botellas y las sillas volaban por el aire, fichas de póker eran usadas como armas y algunos sujetos rompían botellas en las cabezas de otros. Se sentía a gusto, así era como pasaba sus días en las tabernas, con sus amigos provocando peleas solo para sentirse vivos, y la mayoría de las veces los golpeaban hasta casi matarlos pero después de unas copas todo estaba bien.

La chica advirtió que debían largarse de allí, no era mala idea. Antes de poder moverse, Necross ya tenía a tres sujetos golpeándolo, uno de ellos le dio un fuerte golpe en el brazo izquierdo, el tipo grito de dolor, según sus gritos, pareciera que había golpeado una armadura. Los demás le golpeaban la panza y la cara, mientras era aprisionado por un tercero.

–¡Sucias sabandijas! ¡Les sacare las piernas y se las daré a los buitres!-Ahora era el alcohol el que hablaba, aunque su enojo y burlas eran propias, no solía a gritar estupideces…. Bueno si, pero no en una situación así… eso tampoco es verdad, la cosa es que lo estaban golpeando y el maldecía como si no hubiese mañana.

Ella le dijo que cerrara su ojo, él no la escucho, un fulgor blanquecino lo cegó por completo y sintió una mano que jalaba la suya, solo se dejó guiar, esperando que fuese Sam la que lo jalaba -¡Foxhound! ¡Ron!- Se encontraban a la salida de la taberna, desde adentro se podía escuchar que alguien puso precio por la pareja, Necross aun sin poder ver del todo creo sonidos con su boca, cuando Foxhound le alerto que estaba tras él, el hombre del lobo dijo. -Tu sigue caminando hacia adelante, cuando el camino se divida, corre hacia la derecha, me tendrás que guiar porque yo no veo nada.-

Cuando recupero su visión, Necross apretó la mando de Sam, cambiándose el al frente y guiándola a ella. La llevo hasta una pequeña plaza, los arboles dejaban caer algunas hojas y la luna se encargaba de iluminar cierta parte de la pequeña plaza, Necross mientras tomaba lo que su lobo tenía en el hocico, el lobo se había robado una botella de ron, estaba llena y Necross sonrió ampliamente. –No podemos estar a la luz, sígueme hasta donde los arboles cubren la luna, allí estaremos seguros, por ahora.- comento mientras se sacaba la gabardina y cubría con ella a Samantha.



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Re: El paraíso de los tontos

Mensaje por Samantha J. el Vie Mayo 03, 2013 3:28 am

Samantha siguió sus instrucciones. Tomándole la mano, siguió corriendo tanto como sus pies permitían. Tanto la loba como el lobo venían tras ellos, aunque Gigi tenía más dificultades para andar. Sam no se percató, pues estaba mas ocupada en correr tanto como sus pies le permitian, el peligro era demasiado a su forma de ver y el hecho de que pudieran alcanzarlos y golpear nuevamente a Belmont le ponia los pelos de punta. Tomo el arma que Gigi cargaba valientemente en el hocico y noto que tenia una mancha roja... supuso que seria sangre de ebrios, pero, no pudo detenerse a mirar tratando de no perder el paso rápido –buena niña. Te lo recompensare…- dijo mientras sostenía la lanza con fuerza y seguía andando… solo quería llega a donde quiera que él le llevara.

Una vez que Necross recupero su visión, siguieron andando hasta una pequeña plaza. Un fresco viento se alzaba agitando las copas de los árboles, arrojando hojas al suelo que se movían traviesas. La luna, enorme y redonda yacia con calma sobre el cielo, como si se deleitara con el paisaje. Sam respiraba pesadamente, cansada… La joven lo siguió hasta la parte oscura del sitio, donde los arboles eran más espesos y los cubrían de mirada ajenas –de acuerdo… -su voz se escuchaba temblorosa. El hombre coloco la gabardina sobre ella y fue cuando la joven pudo notar el brazo. Eso explicaba porque el golpe de aquel ebrio había sido más perjudicial para el hombre que para Belmont… Iba a preguntar algo, pero un quejido de su loba la alerto.

Sam se arrodillo junto a Gigi, que se había recostado sobre el suelo. –¿Qué tienes bonita?- pregunto con una mueca de preocupación. Gigi era todo para ella… si le llegara a faltar… Acaricio el pelaje del animal y entonces lo sintió. Justo en la oreja derecha, la humedad manchaba el hermoso blanco de la loba. –Diosa…- murmuro Sam. Su corazón dio un vuelco y lo sintió empequeñecerse. La idea de que hubieran lastimado a la única amiga que tenía por su culpa… -Estarás bien…- dijo con lágrimas en los ojos. Sam guio su mano a través de la herida. La luna apenas permitía ver en aquel sitio, debido a lo grueso de los árboles. El cuchillo de aquel hombre abrió una herida que iniciaba en la oreja derecha y bajaba al borde del hocico, lastimando incluso la nariz. Samantha miro a Necross. -¿Me harías un favor? –pregunto sorbiendo por la nariz. –puedo curar a Gigi. Sé que puedo hacerlo… -acaricio a su loba con suavidad –pero si lo hago, probablemente me quede sin energía alguna... – Sam entendía las implicaciones. ¿Quedaría realmente a merced de un desconocido? La chica sonrió –es… mi tesoro más importante… no hay nada que no haría por ella… ¿sabes? – Suspiro, cerrando los ojos –solo, cuida bien de Gigi. Ni siquiera tienes que hacerte cargo de mi... solo... –Era dificil. ¿Como pedirle a Belmont que cuidara de ellas? no... Sam rezo porque su energia fuera suficiente como para sanar a la loba y seguir conciente.


(lee el cantico al tiempo 00:24)

Sam coloco las manos sobre el rostro de la loba, que se quejaba quedamente. Comenzó un cantico bajo, con una voz suave

-Luz del gran sol…
Que en el cielo estas…
Ruego de tu amor…
Para sanar…
Quita todo mal.
Regresa el tiempo atrás…
Sana las heridas
Que el tiempo abrió…
Te necesito hoy… -


Las manos de la joven comenzaron a brillar. Conforme acariciaba las heridas, estas se recubrían de aquel brillo. Una sensación de calidez surgía de su cuerpo, opacando el frio que les rodeaba. Poco a poco, el corte se cerraba, mientras que el rostro de Samantha perdía color. Traspasando lo que quedaba de energía dentro de ella, Gigi sanaba. Varios segundos después, la herida se había cerrado. Sam levanto la vista hacia Necross y sonrió, mientras el brillo se desvanecía como llego, con la misma calma…. La joven intento levantarse, fallándole las rodillas. Se apoyó con la mano derecha, cerrando los ojos, luchando por no caerse. -Al... menos... sigo despierta- dijo en un susurro debil



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Re: El paraíso de los tontos

Mensaje por Necross Belmont el Vie Mayo 03, 2013 5:24 pm

Necross no recordaba que tenía un brazo de acero, le entrego la gabardina a Samantha sin pensarlo, pero por la mirada que le dio la chica recordó su accidente, y le dio algo de vergüenza. Comenzó a mover los dedos de la mano izquierda mientras la observaba, aunque su brazo sea de acero, aún tiene la capacidad de sentir. Es extraño, pero así funciona la magia.
Su loba fue herida en la pelea, Samantha se preocupó mucho. Necross miro de manera extraña a Samantha, no conocía a nadie que tuviera tanto aprecio por los lobos, aunque a su mente vino rápidamente el nombre de una elfa que conoció en el pasado, con el mismo cariño hacia los peludos.

Ella le pidió que cuidara a la loba, ¿pero qué hará? ¿Morirá para recuperar una herida? No, solo quedaría agotada. -Si, no te preocupes, yo las cuidare.- No le agrado mucho la idea de tener que cuidar a ambas, no es de ese tipo de personas, podría ayudar, sí. Pero es distinto tener que resguardar por mucho tiempo a una persona, cuando él se encariña con alguien, ese alguien termina sufriendo.

Ella canto, la tonada dejo a Necross con la boca abierta, su voz era muy armoniosa y bella. No solo la melodía relajo el corazón de ambos lobos y el humano, ni no que también recupero las heridas de la loba. El hombre del lobo al principio no vio el brillo que salía de las manos de Samantha.

Foxhound con toda confianza se sentó al lado de la muchacha, el lobo mira curioso como sus manos brillaban. Su rostro perdía color, Necross se acercó lenta y preocupadamente. Ella le sonrió, le demostró que todo estaba bien, o eso parecía.

Foxhound gruño al vacío, Necross se alertó y tomo en brazos a Samantha.
– Hola, ¿quieres un paseo?.- Dijo sonriente y con tono burlón, llamo a Gigi y se adentró más en la pequeña plaza, tres sujetos con espadas en mano pasaron corriendo, al parecer los estaban buscando, el hombre del lobo miro con enojo como pasaban.- No podremos estar afuera por mucho tiempo, yo me hospedo en una posada cerca, por ahora es el único refugio que conozco, esta ciudad es nueva para mi.-

-Por suerte sigues despierta, ¿sería raro que te desvanecieras y aparecieras en una habitación con un tipo que no conoces no?- dos hombres estaban de espaldas, uno con un mosquete y otro con una cuchilla, por lo que hablaban estaban buscando a dos sujetos con lobos como mascotas, Necross bajo a Samantha y se aproximó lentamente a ellos, con un gesto con su cabeza Foxhound apareció frente a ambos.

Los hombres, desconcertados miraron al lobo que sentado frente a ellos estaba, con el pomo de su espada Necross golpeo la cabeza del que tenía el mosquete, dejándolo inconsciente. Se lanzó sobre el otro hombre y ambos cayeron al piso, el hombre del lobo en el forcejeo sintió algo en su estómago, el hombre lo había golpeado pero Necross golpeo más fuerte, dejándolo fuera de combate. Regreso con Sam con la mano en su vientre, por alguna razón sentía algo liquido allí, pero no le dio importancia y no se lo hizo saber a Samantha, no la preocuparía por algo así, no es de su agrado.



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Re: El paraíso de los tontos

Mensaje por Samantha J. el Vie Mayo 03, 2013 7:24 pm

Tal vez fuera por gracia divina, o porque Sam se había vuelto más resistente con el paso del tiempo, pero, fuera lo que fuere, agradeció no quedar inconsciente. No es que no confiara en Belmont… bueno, no confiaba del todo. Lo acababa de conocer y parecía tener el hábito de beber demasiado. Aun así, lo que más le preocupaba a ella era el no saber que sucedía. La sensación de que su futuro era incierto o dependía de alguien simplemente le volvía loca y, sabía que si quedaba inconsciente eso pasaría. ´

Sonrió al hombre un momento, antes de agachar la cabeza hacia Gigi. Era extraño, lo sabía y hasta cierto punto Sam no entendía porque esa conexión con la loba, pero… era así. Los ojos de su compañera le daban la sensación de familiaridad… como si de antes los conociera. O quizá solo es que se sentía sola y necesitaba pensar que algo o alguien la acompañaban y protegía. No importaba… de pronto el hombre del lobo la levanto en brazos, diciéndole que darían un paseo. Ella asintió, recargando la cabeza sobre su pecho, cerrando los ojos. Respiro profundamente… si hubiera podido, habría dormido en sus brazos. Samantha se dio cuenta de que no le importaba que Belmont tuviera un brazo metálico… de hecho le daba cierta seguridad extra. Sonrió, era algo que iba a decirle, pero no en este momento en que huían de unos tipos de mala cara.

Llegado a un punto que podía ocultarlos más de las vistas ajenas, el bajo a Samantha con cuidado… la joven lo miro, con una genuina preocupación en el rostro. Tal vez no se conocían más que de hacia unas pocas horas, pero eso no significaba que Sam no se preocuparía por él. Toda persona que cruzaba por su vida era importante… y eso le hizo pensar en el tabernero. El pobre hombre tendría destrozos en todo el lugar por su culpa. Sam bajo la vista, mordiéndose el labio inferior, hoy había causado muchos problemas. El movimiento de Necross le distrajo, al observar como noqueaba a los hombres. Ella asintió, mientras él se acercaba –vaya…- murmuro dulcemente –mi héroe… - Gigi se acercó a él, olfateándolo. Sam no se percató de aquella herida, si lo hubiera hecho, habría entrado en pánico. Lo último que quería era que el hombre fuera lastimado.

-am… creo que me han gustado mucho tus brazos…- dijo en tono de broma, dándose cuenta de que no podría levantarse y caminar como quisiera. Su cuerpo se sentía demasiado débil e incluso podría pensar que tenía fiebre, pero, estaría bien en un rato, comida y dormir es lo que necesitaba. Necross la volvió a levantar en brazos, con lo que ella se sintió algo avergonzada, sonrojándose. Aun así, aprovecho la situación… ¡hey! No dejaba de ser una chica! Se recargo sobre su pecho, sintiendo la musculatura del humano. Acomodo uno de sus brazos alrededor de su cuello y el otro, sobre su vientre, dejando que las yemas de los dedos acarician la tela que cubría el torso de Belmont. -Sip, hay que admitirlo, el sueño de toda chica es que un hombre fuerte la levante en brazos… - ¿lo había dicho en voz alta? Oh, por si fuera poco, se avergonzaba a si misma –emm… es decir… gracias…- sonrió nerviosamente, cerrando los ojos. No supo en qué momento se quedó dormida, vencida forzosamente por el cansancio.
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Re: El paraíso de los tontos

Mensaje por Necross Belmont el Vie Mayo 03, 2013 8:35 pm

-¿Tu héroe? Jé. Todos deberíamos tener el propio.- Dijo mientras destapaba la botella que Foxhound “tomo prestada”. Necross le sonrió a la loba, se agacho para acariciarle la cabeza y sonrió ampliamente, mientras bebía de la botella. -No lo había notado, pero tienes una loba hermosa, al igual que la dueña.-

-¿Mis brazos? Creo te gusta el frio del acero, jajajaj.- Su manera de actuar del día a día volvía a ser la misma, los fantasmas que lo atormentaban desaparecían lentamente, pero aún queda noche y tal vez los recuerde y se vuelva a atormentar. Tomo a Sam con sus brazos y se quejó levemente, la herida en su vientre estaba aún muy fresca. El lobo mientras caminaba comenzó a jugar con Gigi, se había encariñado rápido porque Foxhound no es precisamente “cariñoso”.

Ella hablo y Necross noto que se enrojeció al instante, no hablo más simplemente sonrió. -No creo que falte mucho, el problema es que solo recuerdo el nombre de la posada, esta ciudad es nueva para mí, ¿tú no…?- El hombre del lobo noto que ella estaba durmiendo, sonrió cariñosamente y continuo su camino, a veces gruñía por su herida pero apuraba el paso. Necesitaba llegar pronto a la posada y recuperarse.

Su vista se perdía a ratos, el hombre del lobo poso gentilmente en su cama a Samantha. Un una mesita cercana a la cama dejo algo de fruta y pan, por si ella despertaba. Necross se dirigió al baño, con el torso desnudo se dio cuenta que la cuchilla del enemigo había cortado su vientre, la herida era leve, pero estaba sangrando. Se ilumino con una vela y busco vendajes con que cubrirse, tomo la botella de ron y se vertió un poco en la herida, dio un pequeño grito de dolor y se envolvió la susodicha con los vendajes.

Se miró al espejo que estaba frente a él, recordó el día pero esta vez sonrió, -Querida Elizabeth, que tengas un feliz cumpleaños, y cuida a tu madre. Espero que desde arriba me vean con orgullo, Foxhound las extraña.- por última vez su ojo lagrimeo, se llevó la mano a la cara y bebió otra vez de la botella de ron, esta vez no bebió demasiado, solo fue para probar. Miro su cuerpo, lleno de cicatrices, miro su brazo. Recordó sus viejas amistades. Pensó en su difunta esposa, ¿ella lo querría ver así? ¿Alguien quisiera verlo así? Miro la botella -Tal vez tenga que dejar esto…- Luego volvió a beber.


Última edición por Necross el Sáb Mayo 04, 2013 9:04 am, editado 1 vez



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Re: El paraíso de los tontos

Mensaje por Samantha J. el Vie Mayo 03, 2013 9:32 pm

-¿Mis brazos? Creo te gusta el frio del acero, jajajaj.-

Samantha sonrió, suspirando –te queda bien… además… es una buena protección…- La loba parecía gustosa de tener a uno de sus iguales cerca, porque se mostraba más juguetona que de costumbre. Era como si la presencia de Necross y de Foxhound relajaran mucho las cosas. Gigi siempre estaba tensa, esperando batalla. De momento, ambos animales correteaban, as que, las cosas no estaban tan mal.

Sam se había quedado dormido en brazos del hombre, sin siquiera sentir cuando este la coloco en la cama. La chica se hizo ovillo, apretando las sabanas contra su pecho. Como un eco lejano, un canto suave llego a su mente, las voces de un pasado que dejo huella en ella.

-…Cierra ya tus ojos y olvida el dolor…
Siempre aquí estaré, nunca te abandonare,
Mi pequeña princesa tú serás… -


Esas palabras parecían repetirse una y otra vez… y de pronto vio los ojos azules más hermosos y tranquilizadores del mundo… una sonrisa en el rostro de una mujer de cabello rubio, rodeada por oscuridad, suciedad y… alguien grito. La voz de un hombre… Samantha abrió los ojos, sentándose en la cama con un mareo. Miro a su alrededor, se encontraba en una habitación, para ser más exacta, en la cama… aun lado, en una mesita un poco de pan y fruta. Se dio cuenta de que había estado llorando cuando sintió la humedad en las mejillas. ¿Cuánto tempo habrá dormido? Ambos lobos se encontraban acurrucados en una esquina, por lo que Belmont tenía que seguir ahí. Tomo el pan y le dio un mordisco. Su estómago gruño, dolía pues no había comido en un tiempo, pero lo ignoro. Siguió devorando (literalmente, pues masticaba como si no hubiera mañana) la pobre barra y seguidamente, fue tras la fruta. Apenas un tentempié para el hambre que tenía, pero aun así, una delicia.

Se analizó a sí misma en busca de heridas, un hábito cada vez que despertaba, pues uno nunca sabía lo que pasaba mientras dormías. Se dio cuenta de que su blusa estaba manchada con sangre y rápidamente entro en pánico. Por un segundo pensó que sería de Gigi, pero no podía ser así, pues la mancha iniciaba en la parte derecha de su estómago y bajaba a su espalda. Ella estaba bien y nada salvo las mismas cicatrices de siempre, cerradas y sin cambio. Frunció el ceño… quizá del hombre de la taberna. Una tenue luz surgía del baño, cuya puerta aún estaba abierta. Sam se levantó, tambaleándose… aún se sentía débil, pero escuchaba a alguien murmurar dentro.

Belmont se encontraba mirándose en el espejo. Samantha alcanzo a verlo y, aunque pensó que sería un acto mal educado quedarse, no pudo evitarlo. Muchas cicatrices marcaban su espalda y el pecho… un brazo de metal, que antes había visto pero no había contemplado realmente. Le pareció… el hombre más apuesto que había visto en su vida. Quería decir algo pero… ¿Qué? –Eran… tu hija y tu esposa...- mas que una pregunta, fue una afirmacion. Miro al hombre, mientras se abrazaba a si misma. –Lo siento mucho… - dijo sin saber exactamente que más decir al respecto. Se sintió triste por él, perder a su familia… –Si… quisieras dejar de beber…- dijo con una voz tímida, esperando no molestarlo por su intrusión –yo… podría ayudarte- Sam miro hacia abajo, sus mejillas de un color rojo brillante. Levanto la vista de nuevo, notando el vendaje –estas herido.. –lo dijo como si no lo creyera, pero pronto la preocupación tiño su voz –Estas herido… ¡Te hirieron!- fue hacia él, haciendo un ademan de querer tocarlo, pero dudando. Parecia que se había hecho cargo, pero aun así, el instinto de Sam por proteger a todos le hacía querer revisar la herida –tu ahora te vas a descansar y dejaras que vea esa herida y que… - miro la botella de ron y noto que el olía a alcohol –¿oh, limpiaste la herida con eso? No, no y no. No en mi turno.- Tomo su mano y lo trato de guiar con suavidad a la cama –y con que se te ocurra negarte o decirme que no…-

Aun así, Sam temió que el rechazara su contacto o su ayuda, después de todo… eran extraños. –Por cierto…- dijo a medio camino de la cama –tengo que decir dos cosas… la primera es que… me gustaría saber tu nombre. Solo se tu apellido. –Se mordió el labio inferior –la segunda es que creo que eres apuesto…- no hubo una razón específica para decir eso, solo era Sam siendo... Sam. Le sonrio con amabilidad, antes de tratar de hacerle ir a la cama
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Re: El paraíso de los tontos

Mensaje por Necross Belmont el Sáb Mayo 04, 2013 3:36 am

El hombre del lobo se volteó rápidamente al escuchar a Samantha, quedo con la boca abierta y los ojos nerviosos, nadie nunca ha escuchado sus lamentos y esperaba mantenerse así, no le gusta que los demás sepan sobre su vida. -No, yo lo siento. No tendrías que haber escuchado eso…- Bajo la mirada, estaba algo enojado, no con Sam, sino consigo mismo.

-Dejar de beber… en incontables ocasiones lo he intentado, pero la vida que llevo me lo hace imposible, creo que el día que deje de beber, será el día que muera. Espero falte mucho para eso.- le dedico una sonrisa a Samantha, como si de una broma se tratase. Ella noto su herida y el rió con su reacción y su intento de acercarse. No te preocupes, no es la primera ni la última herida que agregare a mi colección.-

Mientras ella lo guiaba él pensó en beber más, pero se arrepintió, antes de llevarse la botella a su boca la bajo y la alejo de él, dejándose guiar por la suave mano de la muchacha. –Mi nombre es Necross, Necross Belmont. Es un verdadero placer. Y tú también eres atractiva, existe un brillo en tus ojos que no deja de fascinarme.-

Ella lo guio hasta la cama, Necross se sentó en el borde de la cama e hizo que ella se sentara con él. - esta cicatriz me la hice cuando luche contra un licántropo, la primera vez que conocí a Foxhound.- Tomo ambas manos de la muchacha y las coloco en su pecho. -Esta fue el mismo día en que perdí el brazo.- -Continuo guiando las manos de Samantha por su torso marcado por las cicatrices. Su cabeza se acercó a la de Samantha, sus narices se tocaron y el hombre del lobo miro fijamente los ojos de la muchacha. –Si, definitivamente hay algo en esos ojos que me fascina.-

Se dejó llevar por el momento y beso tiernamente a Samantha, pensó un momento y se separó de ella, tal vez no quisiera ser besada por un semi hombre como él. Alguien como ella merece a un buen hombre, no alguien que tomo ron como si de agua se tratase. No él no era bueno para ella, probablemente muera el día de mañana, según lo que le informaron, el lugar del destino no es seguro, debía ir a la ciudad de Arthias a enfrentarse al peligro.

–Discúlpame por eso, fue un ímpetu mío, no lo volveré a repetir… Tenia vergüenza, no hace mucho que conocía a Samantha, pero algo en ella le causaba confianza, confianza que hace tiempo no sentía con nadie. Estaba con la mirada cabizbaja, ella no decía nada y hace solo unos segundos la había besado, el silencio molestaba al hombre del lobo. ¿No se quejara? ¿O tal vez esté pensando en golpearlo? Si iba a hacer algo que lo hiciera pronto, Necross no soporta el incómodo silencio, si hay algo que le molesta es eso, tal vez después vuelva a beber. Sí, eso suena bien…



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Re: El paraíso de los tontos

Mensaje por Samantha J. el Sáb Mayo 04, 2013 5:02 am

Dijo que dejaría de beber el día que muriera. Sam lo miro con seriedad –Entonces, nunca lo dejes. No quiero que mueras… - aun y cuando le preocupara el hecho de que el rol fuera tan importante para él, Samantha prefería que el hombre viviera mucho más tiempo. Eso le llevaba al punto de la herida… Sam se sonrojo al escuchar lo de sus ojos, levantando la mirada hacia él le sonrió -¿en serio? Sera la luz de las velas… - Sam no se sentía realmente especial, más bien como una chica común.

Él le hizo que se sentara en la cama. La joven le siguió, escuchándole atentamente… observo cada cicatriz. Acaricio con la yema de los dedos las marcas… licántropo. Siguió cada surco de piel, imagino cada herida y se sintió mal por el… ¿desde cuándo estaba solo? Levanto la vista y se encontró con su ojo. Levantando la mano, acaricio la mejilla de Necross, subiendo hasta el borde de su parche, donde acaricio la piel... se vio tentada a quitar el parche y mirar, pero no quiso incomodarlo. Él dijo algo de sus ojos y entonces… la magia comenzó.

La muchacha recibió el beso de forma tan tierna y dulce… los labios de él se posaron sobre los suyos, encendiendo una chispa en el pecho de la joven. Cierto, la habían tratado de besar antes y si, habían terminado con una tremenda hinchazón en la entrepierna, pero como esto nada. La manera tan suave… la química… las mariposas. Se separó más rápido de lo que a ella le hubiera gustado y se disculpó. Dijo que no lo volvería hacer… Sam puso la mano derecha sobre el muslo derecho, donde tenía la pierna de metal. La otra mano fue hacia su mejilla izquierda. Coloco el dedo pulgar sobre su labio, acariciando con suavidad. –shhh… - murmuro. El hombre lucia nervioso y preocupado, supo Sam que vio en él. Soledad. La misma soledad que ella sentía la mayoría del tiempo…

Sam acerco su rostro, esta vez, más segura de sí misma, no iba a dejar pasar esta oportunidad. Y mucho menos, pensaba en rechazarlo. Tal vez no lo conociera de hace mucho, pero, así era la química. Se sentía y ya, sin explicaciones… y en este momento, mientras los labios de samanta acariciaban los de Necross y los probaban, a ella no le importaba la razón. Se acercó más a él, de forma que sus labios se tocaron completamente… y aunque la chica no sabía besar y era la primera vez que tomaba la iniciativa (en realidad, era su primer beso real) supo por instinto que hacer.

En aquel beso simple y sencillo, Samantha trato de trasmitir que no sentía rechazo o repulsión hacia él. Al contrario, este hombre le agradaba, le interesaba. Deseaba conocer más cosas del… ¿sería eso posible? No sabía. Tampoco quería pensar en ello… -no hay porque disculparse. – Dijo con una voz suave, separándose con lentitud de él. Le sonrió –Gracias. No hubiera pedido un primer beso mejor… - Sam deseo que haberlo hecho bien, porque… sería un horror darse cuenta de que el sentía desagrado.
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Re: El paraíso de los tontos

Mensaje por Necross Belmont el Sáb Mayo 04, 2013 7:22 am

Un pulgar cubrió su boca, el suave dedo de Samantha rozaba los labios del hombre del lobo, él la miro confundido y sonrió. Un nuevo beso se pronunció, Necross solo se dejó llevar. Samantha parecía saber lo que hacía. El hombre del lobo devolvió el beso esta vez más agresivamente, aunque no dejaba de ser tierno se notaba el ímpetu de su actuar.

Bajo su mano izquierda al muslo de la chica mientras la derecha recorría el camino de sus curvas, estaba excitado, la boca de ella era la causa, su lengua continuaba explorando delicadamente la cavidad bucal de la chica con blanquecinos cabellos. Su mano se detuvo en la cintura, mientras la izquierda continuaba acariciando los muslos ¿será ella virgen? Necross dudo y su cara demostraba su duda.

Ella le hablo y él sonrió, era su primer beso. Necross abrió su ojo como plato. –Oh, lamento que tu primer beso supiera a ron.- Río levemente. Se acercó nuevamente para probar los dulces labios de Sam, pero algo lo detuvo. Un sonido extraño salió del estómago de Samantha.

- Wow, tengo el leve presentimiento de que tienes hambre, quédate aquí. Iré por algo.- Necross se colocó la gabardina y salió de la habitación. Abajo la dueña de la taberna se acercó a él mientras llenaba una canasta con pan y se llevaba una jarra de agua. –Esa putita que trajiste, ¿no se quedara o sí? Porque si se queda te cobrare extra.- Necross miro con su peor cara a la ancianita. –No se preocupe anciana, ella no es de esas mujeres, dudo que algo pase. Solo… estamos conversando.-

Necross le guiño su ojo sano a la anciana, la escena se vio rara ya que el parche interrumpía sus gestos. Subió la escalera lentamente, no quería botar lo que llevaba en sus manos. Intento abrir la puerta pero no podía acomodar las cosas, pensó algunos, varios segundos, como hacerlo. Miro hacia arriba con cara de bobo. Dejo las cosas en el piso y abrió la puerta, tomando nuevamente las cosas.

-Hey, no es mucho pero es lo más que pude traer a estas hor…- Él la vio sentada, no recordaba que fuera tan bella, la miro con una sonrisa cálida, se acercó a la cama y dejo las cosas en la pequeña mesita, se alejó de allí. Regreso con un vaso y su querida botella de ron. – Tu come sin preocupación, yo no tengo hambre. No te preocupes por mi.-

El estómago de Necross hizo ruido, puso una cara de enojo pero divertida a la vez y tomo algo de pan para comer y le sonrió a la chica. - sabes, para ser tu primer beso lo haces muy bien. Jé, de nuevo lamento que te supiera a ron, es un feo habito mío el beber… Dicho eso bebió un poco de la botella y carraspeó la garganta, esta vez sintió demasiado fuerte el sabor del ron.



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Re: El paraíso de los tontos

Mensaje por Samantha J. el Sáb Mayo 04, 2013 5:38 pm

El beso por parte de él fue más impetuoso, su mano izquierda acariciaba el muslo de la joven, mientras que la derecha inicio un lento camino por su curvas hacia arriba. Sam sintió una suave sensación, como si fuera una corriente eléctrica recorrerle… ¿excitación? Había oído hablar de eso, e incluso había recibido un entrenamiento teórico de parte de sus compañeras, pero jamás lo había sentido en piel propia. Él se disculpó por el sabor a Ron. Con que eso era… Sam en realidad no se quejaba. Sonrió, a punto de otro beso cuando su estómago grupo horriblemente, rompiendo el ambiente.

Sam puso las manos sobre su estómago, sonrojándose –emmm supongo que el pan y la fruta de antes despertaron el apetito- sus mejillas se sonrojaron, parecía que era ya una costumbre en ella. Necross se ofreció para ir por comida, colocándose la gabardina salió de la habitación. Mientras el bajaba, Sam no pudo evitar ponerse en pie y dar algunos giros. Gigi alzo la cabeza, como preguntando el porqué de su repentino baile –ahh Gigi! Estoy muy feliz! – Se acercó a los lobos, inclinándose –no vayan a decir nada –rio con alegría –pero… creo que me gusta. –

Cual chiquilla en primavera, se levantó, dando un par de giros más… podría haber cantado, pero... no estamos en una pelicula disney. En cambio, termino mirándose al espejo… lucia algo desaliñada, con la ropa manchada y… bajo la vista sus pies. De pronto, como si estos supieran que Sam les prestaba atención comenzaron a doler. Tomo sus cosas, un par de vendajes y hiervas que servían para mitigar dolores, fue al baño y mientras el buscaba comida, se aseguró de lavar sus pies. La verdad es que eran un desastre… pero un precio muy pequeño a pagar por la libertad que tenía ahora. Cuando estaba en el templo, sus pies eran preciosos… ahora… lucían algunas ampollas y heridas abiertas. Mordiéndose el labio inferior, lavo las heridas con un poco de jabón que consiguió en el último pueblo y tallo suavemente.

Para cuando Necross regreso, ella se había sentado en la cama, esperando. Después de cepillar su cabello lo había dejado caer suavemente sobre su hombro. La luz de la luna se colaba a través de las cortinas que cubrían la ventana y la vela terminaba de iluminar la habitación. La chica sostenía una almohada en su regazo, pensando en mil cosas y en nada a la vez. El entro hablando, aunque interrumpió su frase al verla. Sam frunció el ceño algo confuso, pero le sonrió. –agradezco todo lo que pudieras darme… - dijo con calma. Saco de nuevo un vaso de Ron, recordando sus palabras en la taberna.

-Si bebo es porque quiero olvidar, quiero apagar mi cerebro, quiero dejar de ver las imágenes que me atormentan. No quiero seguir sufriendo.- Sam no olvidaría esa frase y para ella, cada vaso era eso, un intento de olvido. Su estómago también se quejó de hambre y la chica sonrió –sí, creo que evidentemente tu estomago dice lo contrario- juntos tomaron algo de pan. El volvió a disculparse por el beso, Sam respondió sin pensar –entonces deja de beber si no te gusta…- lo miro, mordiéndose el labio inferior –am, lo siento, no debí decir eso… Además, sabía que bebías. No te disculpes por algo que yo elegí… - dio un mordisco al pan, que a esto, estaba delicioso. -cosa de lo cual, estoy orgullosa. - Para Sam, el tener poder de elegir, era un tesoro muy preciado.

-Tú me enseñaste algo… ahora… es mi turno –Sam termino de comer el bocado que quedaba y se acomodó en la cama –Creo que eres un hombre valiente. Aunque con un mal habito… - puso la mano sobre el regazo de Necross –pero a fin de cuentas, un hombre valiente. Tus cicatrices solo dan constancia de la fuerza que tienes. Seguro que las criaturas que te hirieron quedaron peor. – Sam se quitó las muñequeras lentamente, dudando al principio. Fue hacia sus tobillos y lo pensó un segundo, antes de quitarse también las bandas que usaba de “adorno”. Estiro las manos hacia él, a finde que pudiera ver las marcas sobre la piel. Marcas viejas –yo… no estoy segura de haber siquiera hecho un daño real al culpable… pero… - Se le hizo difícil hablar. Un nudo en la garganta le recordó que había cosas que jamás podría superar. Levanto la visa hacia él, avergonzada mientras retiraba las manos, ocultándolas bajo la almohada – gracias por el pan. Estaba delicioso… ¿queda un poco más? – no supo que más decir. Al principio la idea sonaba bien, mostrar algo de ella a quien le había regalado un poco de confianza. Pero ahora no lucia tan adecuado. Miro la canasta de pan, dudo un poco en tomar algo extra, pero al final, lo hizo, era difícil ver las marcas y no sentirse un poquito miserable. Mordió la pieza, un silencio incomodo se había levantado. ¿Qué diría él? Tratando de llenar el silencio hizo una pregunta que en realizar no tenía una gran importancia -¿Qué es lo que le gusta comer a Foxhound? -
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