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El paraíso de los tontos

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Re: El paraíso de los tontos

Mensaje por Necross Belmont el Sáb Mayo 04, 2013 9:00 pm

Ella le enseñaría algo, Necross miro confundido. Ella le dijo hombre valiente, Necross sonrió. En su vida le han llamado de muchas formas, ebrio, idiota, hombre del lobo, idiota de nuevo, pero muy pocas veces valiente, solo sonrió cuando ella le dijo valiente. –por supuesto que las otras criaturas quedaron peor, aunque su marca vengativa me seguirá hasta el descanso eterno.-

Ella se quitó las muñequeras y los pedazos de tela que cubrían sus tobillos, la expresión de Necross cambio rápidamente, sentía enojo, sentía asco. Pero no al verla a ella, más bien al pensar en lo que le pudieron hacer. Existen personas que ven de manera despectiva, como si de seres inferiores se tratasen. Eso provocaba el enojo en el hombre del lobo, que intentaran dañar a alguien como ella, que solo busca el bien en el mundo.

Necross vio que ella se estaba arrepintiendo de enseñarle sus marcas, es normal. A alguien extraño. -No te preocupes por el pan, aún queda bastante. Tampoco te preocupes por tus heridas, después de un tiempo te acostumbraras a ellas. Son parte de tu pasado, y te seguirán por todo tu futuro.-

Ella volvió a tomar el pan, Necross nuevamente veía las marcas que la atormentaban, su cara avergonzada preocupaba al hombre del lobo, de un impulsivo movimiento él la abrazo. Ella pregunto por la que comía Foxhound, Necross entre risas respondió. -Ehh… gente…- al separar se de ella, su mano derecha acaricio las suaves mejillas de la chica.

La beso nuevamente, si bien fue tierno, su ímpetu era un poco más agresivo, sus manos nuevamente recorrieron el cuerpo de la chica, se separó de ella un momento. –No importa que tengas esas marcas en tu cuerpo, creo eres la chica más bella del salón.- Volvió a acercar sus labios con lo de ella.

El hombre del lobo sintió una creciente necesidad de sentir los labios de Samantha, continuo explorando su boca con su lengua. Inconscientemente empuja el cuerpo de Sam hacia la cama, pero se detuvo un momento. Pensó por unos segundos, al parecer ella era virgen. Una duda corrió por la cabeza del hombre del lobo.

Se separó de ella. Discúlpame, mi vejiga no soporta muy bien el líquido.- Se levantó y se dirigió al baño. Nuevamente se miraba al espejo, se miró la barbilla, quería ver si estaba bien afeitado, tomo un poco de agua y se lavó la cara. Pensó en sacarse el parche, lentamente su mano subía, a su ojo derecho, pero se arrepintió a último momento, ni siquiera él quiere ver lo que hay detrás del parche.

Recordó que estaba en el baño por una razón, termino de orinar y nuevamente se lavó las manos, por última vez se miró al espejo, suspiro. Volvió donde estaba Samantha con una sonrisa en el rostro. Regrese, ¿me extrañaste?.- Comento burlón, volvía a ser el Necross de siempre. La influencia de la chica lo ayudo mucho.



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Re: El paraíso de los tontos

Mensaje por Samantha J. el Sáb Mayo 04, 2013 10:32 pm

- Tampoco te preocupes por tus heridas, después de un tiempo te acostumbraras a ellas. Son parte de tu pasado, y te seguirán por todo tu futuro.-

Sam miro a Necross con timidez, no había rasgo de rechazo hacia ella y eso el alivio. Observo fijamente sus muñecas, y el abrazo de él le tomó por sorpresa. Sam cerró los ojos, mientras levantaba los brazos y rodeaba el cuerpo del hombre, apoyando la cabeza sobre su pecho. Respondió a su pregunta y ella sonrió. –A gente…- no lo creyó mucho, su sonrisa se borró con la caricia sobre su mejilla… su expresión cambio por una de alivio y calma.

Entreabriendo los labios, vio venir el beso y esta vez, estaba preparada. Su beso fue tierno… Sam se dio cuenta de que Necross la trataba con dulzura, cosa que le gustó mucho. Aun así, a pesar de la suavidad, sintió el ímpetu en sus labios, su lengua se aventuró en su boca y Sam lo recibió. Era hábil para aprender y esto no sería la excepción. Sus manos comenzaron a recorrerla, y lo que le dijo termino por derretirla.

El creía que era hermosa… -y… creo que tú eres guapo. De una forma distinta a lo que todos creerían que es ser apuesto. Me gustas…- El beso se reanudo y esta vez, ella, con manos inexpertas y algo nerviosa, comenzó a acariciar los hombros de Necross por sobre la ropa. Inconscientemente, ambos terminaron recostados en la cama, el sobre ella, ella respirando un poco más rápido, con el corazón palpitando con fuerza. Sam había dejado de pensar, pero aparentemente, el no, pues se separó, disculpándose para ir al baño.

Sam quería hacerlo también, aunque no sabía exactamente que o como. Solo la teoría… los movimientos que sus compañeras le habían dicho. Nerviosa, fue hacia el espejo y se miró de arriba abajo. Según su “hermana” mayor, que era una de las mujeres que estaban ahí por gusto, había tres cosas que un hombre querría usar durante “eso”. Boca, pechos y… se sonrojo al pensar en la palabra. Sam reviso su sonrisa, sus labios. Se miró de cercas en el espejo y acomodo su cabello… Su busto. Bajo la vista hacia una de sus principales curvas y las miro. Las puso entre sus manos y apretó, levanto y acomodo dentro del top… quería verse bien, aunque no sabía exactamente como hacer eso. Vio la mancha de sangre y pensó que es no sería bueno, así que se sacó la blusa, quedando solamente en el top de tela blanca que hacia un contraste contra su piel morena clara. Satisfecha, paso la vista hacia sus caderas, la falda cubría un poco más arriba de las rodillas. No estaba segura si debía quitársela o dejarla, pero, opto porque el tomara esa sección. Finalmente, se observó completamente. Los pies… bueno que iban algo vendados pero, seguro el ignoraría eso ¿no? Es increíble como una chica puede sentirse insegura de sí misma por el más mínimo detalle.

Ahora… ¿Qué seguía? Cierto. La posición. Según su hermana había muchas, pero la que más pedían era… Sam se mordió el labio inferior, no estaba segura de sí hacerlo o no, pero finalmente se decidió. Fue hacia la cama esperando el momento en que fuera a salir, para recibirle en la cama, con las piernas dobladas hacia atrás, uno de sus brazos apoyado en la cama entre sus piernas, ligeramente inclinada hacia adelante. Cuando el salió, Sam lo miro tímidamente.-si, te extrañe…- dijo con una seguridad en la voz que cambio cuando volvió a hablar –yo… jamás he estado con un hombre. Aunque ya pase de la edad en que deberia… - y es que, según las costumbres del templo, a los 21 años debía ser “entregada a los placeres carnales” a fin de que los dioses pudieran disponer de ella y el pueblo pudiera entregar ofrendas mediante sus cuerpos. –Pero… yo… quisiera que tu fueras el primero- bajo la mirada, estaba algo avergonzada, no sabía bien cómo proceder. Sus mejillas se teñían de un color rojo vivo. –no sé cómo se hace… pero, me esforzare. ¿Está bien así? O…- se reacomodo, poniéndose de rodillas mientras le daba la espalda. Miro hacia él, mordiéndose el labio inferior -¿o así? No sé mucho… pero, podría aprender…- Solo esperaba no arruinarlo.

OFF: Por si no me explique, tendría esta posición en un principio. Luego sería la típica posición de rodillas

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Re: El paraíso de los tontos

Mensaje por Necross Belmont el Dom Mayo 05, 2013 12:04 am

Su primera vez, un nerviosismo se causó en la mente del hombre del lobo, nerviosismo que olvido con un trago de ron, claro ella no vio cuando el bebió, lo hizo rápido. Ella se volteó y le se acercó lentamente. Se sentó detrás de ella y le beso el cuello. -Seria un verdadero placer ser el primero.- dijo mientras besaba el cuello e la muchacha.

Aun el de espaldas subió las manos sin timidez hasta el busto de Samantha, la chica giro su cara para encontrarse con la del hombre del lobo, él la beso tiernamente. Sus manos inquietas continuaban rozando la tela que cubría el busto de la muchacha de blanquecinos cabellos. Su cuerpo estaba cada vez más cerca del de Samantha.

Necross giro el cuerpo de Samantha para quedar frente a ella, con una mano en su espalda y otra en la cintura Necross recostó a Sam en la cama.
Nuevamente se decidió a probar el dulce sabor de la boca de ella. En la nueva posición, el hombre del lobo bajo su izquierda hasta el muslo de ella y comenzó a acariciar lentamente, casi llegando a su zona intima. Esperaba que el frio del acero no fuera una molestia para ella, mas él podía sentir cada centímetro de piel que recorría.

El hombre del lobo se quitó la gabardina, se sentó un momento para ayudarse y volvió a besar a Samantha. Decidió cambiar la boca de Sam por su cuello, luego comenzó a bajar cada vez más, hasta llegar a su busto. Se ayudó con sus manos a quitar la tela, una mirada de él pidió permiso antes de su actuar.

Coloco el brazo izquierdo bajo la almohada, sobre ella descansaba la cabeza de Sam, su mano derecha bajo pero hasta la sabana que cubría la cama, se cubrió con ella y a Sam también. Tenía que dar lo mejor de sí, no quería que la primera vez de Samantha fuera un asco. La luz que entraba hacia aún más mágico el momento, la luna se veía gigante y pareciera que estuviera observando…que pervertida…

-Seré tierno en todo momento.- comento cerca de su
oídio, se retiró el pantalón por debajo de la sabana y lo tiro lejos, su mano derecha estaba cerca de la pelvis de ella, casi rozando, acariciando y abarcaba varios centímetros de piel. Nuevamente observo a la muchacha, pidiendo permiso, solo con su mirada.

Comenzó a bajar la ropa interior lentamente, disfrutando del momento. La sangre se agolpo rápidamente en su virilidad, dejándola erecta pero alejada de ella, solo su mano jugueteaba cerca de su intimidad, estaba esperando una señal, el visto bueno. No quería actuar apresuradamente, no ahora.



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Re: El paraíso de los tontos

Mensaje por Samantha J. el Dom Mayo 05, 2013 12:48 am



Necross se acercó besando su cuello. Un dulce escalofrió recorrió su espalda, al menos, la invitación había estado bien. Sam se sentía nerviosa… ansiosa… y un cálido deseo surgió desde su centro, recorriendo todo su cuerpo y se acomodó cálidamente en su corazón. Las manos de Necross fueron hacia arriba, posándose sobre su busto, la joven suspiro, cerrando los ojos, la primera vez que alguien le tocaba de esa manera. Ella giro el rostro, buscándole con la mirada. Un nuevo beso tuvo lugar, mientras sus manos juguetonas continuaban con las caricias, ambos cuerpos se juntaban cada vez más y Samantha se olvidó de los nervios…

Quedando uno frente al otro, igualaron terreno. Los ojos de Samantha brillaban con una chispa de cálido deseo, ella se dejó llevar, recostándose hacia atrás mientras se apoyaba en la mano del hombre. El cabello de la chica caía en cascada sobre la almohada, su cuerpo, arqueado suavemente hacia arriba resaltaba sus pechos, como torres que se ciñen en un claro. La mano del viajo hacia arriba, a través de su muslo… Sam titirito, no de frio, sino por la sensación placentera de anticipación. Más aun, ese sentir fue aumentado por el metal que debido a su frialdad, aporto un efecto extra.

Él se quitó la gabardina y los cubrió. Ella, con manos temblorosas acaricio su nuca, bajando lentamente mientras los besos de Necross se movían hacia su cuello. Pronto, Samantha paseaba sus manos por la espala de él y hacia abajo. El instinto le pedía piel y eso buscaría. Ella asintió al ver como el bajaba hasta su busto, quitando la tela que los cubría. Sus pechos surgieron libres de la opresión blanca del algodón, su tez morena clara contrasto contra el blanco de las sabanas y más aún, sus pezones ya mostraban signos de excitación, destacando en un color aún más oscuro que el resto de su cuerpo. Samantha suspiro al sentir la boca de Necross sobre estos, derritiéndola por dentro. La joven noto cuando la humedad en su centro se hizo manifiesta junto a la aumentada excitación, pero no tuvo tiempo de pensar en ello pues el hombre realizaba un siguiente movimiento.

La luz de la luna lanzaba su luz por la habitación, como observadora silenciosa de la escena. ¡Ah! Malo era mirar, pero inevitable. La piel de ella parecía reflejar más aun esa luz blanquecina. Ella asintió –lo sé. Por eso deseo hacer esto contigo…- la voz del hombre fue sedosa a su oído, un tono más bajo que le avisaba la excitación que el sentía. Supo cuando se quitó el pantalón, su mano derecha de nuevo rondando aquella área tan sensible. Samantha asintió ante su permiso y entonces, la chica comenzó a ver la gloria

La ropa interior bajo con una mortal lentitud, Sam se mordió el labio inferior, mientras la mano de Necross bajaba más ante su asentimiento. Sus dedos rozaron su humedad y ella gimió por lo bajo. Un sonido suave, casi parecido a un ronroneo. Las manos de la chica no se quedaron sin más y bajaron por la espalda, acariciando cada cicatriz. Su mano izquierda siguió el camino hacia abajo, acariciando cada centímetro de piel disponible a su alcance, pasando las yemas de los dedos, hasta llegar al borde de la su ropa interior y acariciar la parte baja de la espalda, sin llevar la mano más allá. Sam miro entonces el rostro de Necross y con su mano derecha, las caricias subieron a través de su espalda, pasando a su estómago y yendo arriba, tocando su pecho y su mejilla… hasta el borde del parche. Con lentitud comenzó a quitarlo –me dejarías…?- pregunto. Sam tenía curiosidad, no por ver la herida, sino por saber cómo era todo su rostro. Esperando su respuesta, seguía con las caricias sobre la piel –quiero saber… como eres…- murmuro suavemente, y no se refería solo al físico… pero por ahora, no discutiría eso. Finalmente, se deshizo del parche, observándolo bien. La chica sonrió de forma que pareció brillar. –Eres.. Muy guapo- dijo, sin importarle la cicatriz que pasaba sobre el área del ojo que él no tenía. Ella retomo de nuevo las caricias sobre su mejilla, esta vez, siguió hacia arriba, pasando el dorso de su mano por su cien, hasta su cabello, donde se entretuvo acariciándolo. Abriendo las piernas por instinto, las coloco sobre la cintura del hombre, rodeándolo.

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Re: El paraíso de los tontos

Mensaje por Necross Belmont el Dom Mayo 05, 2013 1:41 am

¡Su parche! El símbolo que identifica a Necross, aparte del lobo y su gran espada. El parche fue removido, Necross solo se quedó quieto, solo su difunta esposa e hija lo han visto sin el parche. Lentamente era retirado y el hombre del lobo sentía como era removido. La pérdida de su protección ocular revelo un ojo cerrado y una herida cruzándolo.

Ella le dijo guapo, el hombre del lobo se acercó a su cara impetuoso y la beso con un toque de agresividad. Su mano derecha continuo jugueteando con la intimidad de Samantha, sin separarse de su boca el hombre del lobo unió sus sexos. Comenzó lentamente, mientras se sostenía con su brazo izquierdo, el derecho acariciaba la cintura de Samantha.

Sus movimientos estaban conectados con sus latidos, lentamente se abría paso por el interior de Samantha, mientras observaba cada detalle de ella, cada rasgo facial y como la luz lunar los magnificaba. Las piernas aprisionaron su torso, eso excitaba de alguna manera a Necross con el paso de los minutos aceleraba un tanto su actuar.

Tomo la cintura de la chica con ambas manos y se giró, dejando a ella sobre él. –Espero no te moleste el cambio de posición.- Necross sonrió pícaramente, olvidando por completo que no portaba el parche en el ojo. Con la nueva posición se abrieron infinitas posibilidades para el hombre del lobo.

Nuevamente sus manos inquietas recorrían la piel de Samantha, su brazo izquierdo en la cintura cerca de los muslos, y la mano derecha jugueteaba con los pechos de la muchacha. En ningún momento se quedó quieto, su pelvis continuaba chocando contra la de ella, con ternura pero con un toque de agresividad, aunque se movía despacio, no quería causar dolor.

– Bajo esta luz lunar te vez cada ves más bella.-
Comento sonriente, estaba contento, estaba alegre, termino siendo una buena noche. Aunque a la mañana estaba seguro que la anciana dueña de la taberna le cobraría extra, no importa. Ella vale mucho más que todo el oro del mundo.

El hombre del lobo llevo su mano derecha hasta la mejilla de Sam, mientras continuaba su noble tarea, bajo la cara de ella para buscar su boca, necesitaba sentir ese dulce sabor. Comenzó a moverse más rápido, él la culpaba a ella, ella le causaba tal nivel de excitación.
La muchacha levanto el cuello y el aprovecho de besarlo, con su boca intento cubrir cada centímetro de piel que pudiera. Su mano derecha no se despegaba de la cara de Sam, a la cual volvió nuevamente para besarla. No se podría cansar nunca de ese sabor tan especial que ella tenía.

Su lengua exploraba por enésima vez la de Sam, simplemente era una adicción para él, sus movimientos continuaron, esperaba actuar bien, aunque a esta altura ya no se preocuparía mucho, solo quería darle algo de cariño a Sam, y sentir algo de ese cariño de regreso.



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Re: El paraíso de los tontos

Mensaje por Samantha J. el Dom Mayo 05, 2013 3:32 am

-“Ámame… cara a cara. Sin reservas. Sin obligaciones. Sin barreras que obstruyan las palabras de nuestros cuerpos. Deja que mi corazón y el tuyo se fundan aunque sea por una noche en el fuego eterno del amor… Deja atrás los miedos, los anhelos, solo guarda la esperanza y el calor que puede darte mi alma…”-
(Ixtaleth, 2013)


Ella quito su parche... en respuesta, él le beso con impetuosa necesidad. Samantha no se quedó atrás y correspondió con la misma intensidad, la mano del hombre acariciaba el centro resbaloso de la joven, quien no pudo evitar comenzar a gemir. La humedad fue suficiente como para que se unieran y, si antes la magia se había sentido en las caricias ahora, era una energía en ebullición que cruzaba el cuerpo de ambos.

Lentamente Samantha podía sentir como su cuerpo le recibía, abriéndose pasó en su interior, la chica se apretó contra él, uniendo sus pechos. Oculto la cabeza en su cuello, respirando agitadamente… La barrera natural se rompió y Sam se quejó por lo bajo. Su cuerpo resintió la intrusión durante un momento… sin embargo la excitación se abrió pronto camino, llenando la habitación de aquel aroma a tanjarina, oscuro y especiado.

Sus corazones latían tan aprisa y su respiración se agitaba a tal punto que Sam pensó que podrían escuchar el tronar de su corazón en la habitación contigua. Sin embargo, no le importó, en ese momento se sentía especial, se sentía... necesitada. Pronto hubo un cambio de posición y añadió la sensación de poder. Ella sonrió negando, para nada, el cambio de posición fue… exquisito. Sam gimió en voz alta, cerrando los ojos. Sus caderas cobraron renovada vida, moviéndose al principio con lentitud, si bien, él se movía lento, Samantha deseaba más. Y más obtuvo.

Sus movimientos aumentaron en velocidad, la profundidad que el hombre alcanzaba en su interior le acercaba al cielo. Seguramente, casi podría alcanzar a su padre, el sol.

Bajo esta luz lunar te vez cada vez más bella.- Samantha le miro, sus mejillas sonrojadas, sus labios hinchados por los besos, sus pechos henchidos de placer. Sus caderas se movían, la muchacha le sonrió. En ese momento, ella no tenía limitaciones. No existía pasado, presente o futuro, no había prejuicios o complejos. Sam se apoyó en el pecho de Necross, mirándolo al ojo con el fuego del deseo. Su cabello hacia suaves cosquillas al caer en cascada hacia adelante, ella se inclinó, correspondiendo el beso impetuoso. La lengua de la muchacha recibió la del hombre, cruzándose en una danza caliente.

En medio de aquel beso, Samantha sintió algo extraño. Era… una sensación que comenzaba en el punto de su unión y se expandía hacia su pecho, que se acumulaba cada vez más… una ola de placer que amenazaba con desbordarse. No sabía que era exactamente, pero… lo sentía fuerte y claro y con cada envestida, esa sensación crecía.
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Re: El paraíso de los tontos

Mensaje por Necross Belmont el Lun Mayo 06, 2013 12:53 am

Extasiado, el hombre del lobo continuaba su noble tarea. Sus movimientos cada vez eran más rápidos, ya habían pasado varios minutos desde que comenzaron. Necross continuaba acariciando el busto. El hombre del lobo sentía la necesidad de un actuar más rápido. A medida que el tiempo pasaba la cama que sostenía los cuerpos de ambos comenzaba a empaparse gracias al sudor que expelían Necross y Sam.

Gracias a la postura, Necross podría observar cada detalle de Samantha, eso le agradaba. Su mano izquierda recorrió lentamente la espalda, esta vez uso esa mano a propósito, quería contrastar el calor ella emitía, con la frialdad de su mano. Los gemidos de Sam fascinaban al hombre del lobo. Su melodiosa voz armonizaba el momento.

El tiempo corría raudo, sin darse cuenta Necross y Samantha habían pasado una hora en ese bello acto. El hombre del lobo a medida que los minutos pasaban, comenzaba a acelerar la velocidad de su actuar, perdiéndose a momentos. Usaba el cuerpo de Samantha como ancla, aferrándose de ellas en ocasiones. Al ella estar sobre él, le dejo el control de la situación, como si ya lo hubiese hecho antes, la muchacha se movía con gracia. Necross subió su mano hasta su mentón, para acercar y juntar sus bocas.

Mientras la besaba, cambio de postura nuevamente, dejándola a ella debajo de él, A Necross le gustaba tener el mando. Pensó en intentar más posiciones, pero era su primera vez, quizás las otras las deje para una nueva ocasión. Cada vez las embestidas eran más rápidas, lo hacía de manera inconsciente, él se quería mantener tierno, pero el instinto carnal lo hacía olvidar eso y dejarse llevar.

El hombre del lobo sentía que el final se acercaba, cada vez que besaba a Sam su piel se erizaba, su torso rozaba el de Sam, él podía sentir el busto y los pezones de ella tocar su cicatrizada piel, el sudor recorría su cara, y la cara de ella. Necross observaba con lujuria sus finos rasgos, sus expresiones, y escuchaba atentamente los gemidos que ella provocaba.

La luna estaba mucho más baja en comparación a cuando comenzaron, Necross comenzó a embestir con un toque de agresividad, con un pronunciado beso dejo fluir su esencia dentro de Samantha, sus movimientos comenzaron a perder velocidad y fuerza, pero su boca no se separaba de la boca de Sam, como se ha dicho antes ella tiene un peculiar sabor que fascina al hombre del lobo.

Se acostó del lado izquierdo de la cama, junto a la muchacha, apoyo su cabeza con su brazo derecho y se quedó mirándola por un unos segundos.
Gracias por esa bonita experiencia.- Comento mirándola a los ojos, el suyo se abrió como plato cuando recordó que no tenía el parche, se cubrió con su mano para que no lo viera. Mi parche, ¿podrías alcanzármelo?

En su mente había duda, ¿debería detenerse? ¿Mantener una vida común y silvestre? Tal vez pueda vivir como lo haría cualquier mortal, tal vez con ella. No, tiene una misión, debe ir a Arthias. Pero volverá, está seguro de eso a menos que la muerte decida llevárselo antes, cosa que tampoco lo asusta.



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Re: El paraíso de los tontos

Mensaje por Samantha J. el Lun Mayo 06, 2013 1:33 am

Samantha sentía como aquella energía se juntaba en su pecho, directamente conectada a la unión entre él y ella. La posición cambio y, a pesar de que el tiempo paso, ella apenas lo sintió. Se encontraba tan centrada en él, en el placer, el deseo y el fuego que los invadía, que nada más tenia importancia. Pronto no hubo cabida a una ternura, no, era carne, sexo, sudor y deseo, aunque impregnado de un cariño nuevo y peculiar. El cariño de un inicio.

La joven rodeo la cintura del hombre con sus piernas, entonces, aquella sensación finalmente estallo en varios gemidos altos que se ahogaron con los besos de Necross, Sam se arqueo hacia adelante, sintiendo la deliciosa carga de placer. Todo se tornó luminoso para ella, incluso pensó que moriría de placer, definitivamente, habría jurado ver a su padre sol. Pronto, la sensación descendió, dejando una placentera tranquilidad. Samantha cerró los ojos, aun respirando con rapidez. Giro el rostro hacia él, cuando daba las gracias… Sam levanto su mano acaricio la barbilla de Necross.

Dicen que en el corazón no se manda y que, a veces, una simple mirada puede impactar. En este caso, un primer beso, o más atrás, una simple palabra amable. Fuera lo que fuera, Samantha sentía que podría llegar a querer a este extraño… bueno, ya ni tan extraño, porque después de lo que acababan de hacer… definitivamente, era más que un conocido casual. Ella pensó un momento antes de responder –no… no hay que dar las gracias por algo que disfrutamos los dos. –Le sonrió cuando el pidió el parche –no me importa si no lo llevas. No me molesta, creo que eres guapo sin el… o con el… - acerco su rostro al de Necross y beso justo sobre la cicatriz. –además… aún más apuesto sin ropa… -

Sam paso el parche al hombre, pues, quería que la decisión fuera suya y no tomada por ella. El joven paseo la mirada por el cuerpo de Necross con una expresión picara. Llego hasta donde comenzaba su pierna metálica y, al igual que con el resto de sus marcas, no le importó. Se acercó hacia él, acurrucándose contra su pecho, cerrando los ojos –Hare mi hogar aquí o en el próximo pueblo al que vaya… – murmuro contra la piel del hombre, mientras buscaba a ciegas la sabana para cubrirse –así… siempre podrás tener un hogar… si tú lo deseas. - giro su cuerpo, pegada a él, bostezando –sabes… estoy feliz… - dijo con la voz apagada –de haber conseguido un trabajo en esa fea taberna. – a pesar de los problemas, la joven se sentía… curiosamente y, por vez primera en su vida… bendecida.

Sam no supo el momento exacto en que se durmió pero, gracias al calor del cuerpo del hombre, el ruido de su corazón contra su pecho, su respiración y el hecho de que haya sido tan placentero, finalmente, su cuerpo se relajó lo suficiente como para descansar, abrazada de él y, siendo este el día de las primeras veces, Samantha pudo realmente reposar sin pesadilla alguna.
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Re: El paraíso de los tontos

Mensaje por Necross Belmont el Lun Mayo 06, 2013 3:05 am

El hombre del lobo decidió colocarse el parche, ha estado tanto tiempo junto a él que siente que es una parte de su cuerpo. -Si me coloco el parche es porque así me veo mas sexy.- Comento burlón mientras arqueaba una ceja. Ella le ofreció un lugar donde quedarse, donde pasar sus días en paz. El hombre del lobo se quedó sin palabras.

–Yo también me alegro, me alegro de gritarte en la taberna.- rio, y su sonrisa se mantuvo. Quiera responderle algo concreto a Sam, el problema es que las palabras no le salían, quedarse no es mala idea, el lobo tendría alguien con quien jugar, y la solitaria vida que ambos tienen se acabaría. Estuvo a punto de responder, pero noto que ella ya se había dormido.

Reposo su cabeza con ambas manos, mientras miraba el techo, mil y una ideas venían a su cabeza. ¿Qué hacer? Esa era la duda más grande que lo atormentaba, ¿qué tal si ella queda embarazada? ¿Podría abandonar nuevamente a la sangre de su sangre? Si dependiera de él, la decisión ya estaría tomada, pero existe algo encadenado a su alma, ese algo lo asusta e intriga al mismo tiempo, Edgar le prometió una respuesta si ayudaba a la gente de Arthias, y hasta que no consiga respuesta, no podrá dejar de moverse.

El sueño le gano a sus pensamientos, al igual que su amante, quedo agotado. Reposo la cabeza en la almohada y se acurruco a la espalda de Sam, abrazándola. Sus dudas quedaran para la siguiente mañana, por ahora solo disfrutara el momento, solo la disfrutara a ella.

El sol comenzaba a aparecer, en un parpadeo se acabó la noche, el hombre del lobo despertó y se levantó de la cama lentamente, intentando no hacer ruido, Gigi lo vio. Necross arqueo una ceja, la mirada que la loba le dio no le agrado al hombre del lobo, Necross sonrió cálidamente, no se estaba escapando, solo hay cosas que debe hacer y prefiere hacerlas ahora. La luz que entraba dejaba ver la habitación con más claridad, cerca de la cama, estaba la armadura que Necross usa en las batallas, su armadura lupina.

Se vistió como lo haría normalmente, decidió dejar sus espadas en la habitación, en un pequeño sofá. Salió de la habitación y allí estaba la anciana, tenía una cara de pocos amigos y Necross era el causante de esa mirada. -Seré anciana pero no sorda, me debes dinero.- Necross sonrió ampliamente y se acercó a la anciana para pagarle, salió de la posada y se dirigió corriendo a la cantina que por culpa de él fue destrozada.

Al entrar, el tabernero se llevó una mano a la cara, y amenazo a Necross. –Señor tabernero, quiero darle esto, disculpe las molestias que cause.- El tabernero miro incrédulo la pequeña bolsa, al abrirla vio alrededor de quince monedas de oro brillaban bellamente. -Espero que cuides a la muchacha, ella no merece ebrios busca pleitos.- Necross bajo la cabeza, –Le pido lo mismo si es que ella se aparece por acá, no puede acompañarme donde voy, no quiero ponerla en peligro.-

Antes de volver a la habitación, Necross se pasó por el mercado de la ciudad, su lobo correteaba palomas mientras el compraba frutas y algo de pan, una luz plateada cegó su ojo, una gargantilla de plata se exhibía, Necross la tomo y le lanzo un kull de oro al vendedor, salió corriendo con todo lo que había comprado. Esperaba que ella aun no despertara, quería darle una sorpresa. Subió las escaleras y abrió la puerta, sus ojos se iluminaron al verla.


Última edición por Necross el Lun Mayo 13, 2013 12:29 pm, editado 1 vez



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Re: El paraíso de los tontos

Mensaje por Samantha J. el Lun Mayo 06, 2013 4:18 am


El tabernero miro a Necross, negando con la cabeza. No era su asunto, pero, algo le dijo que la chica no se tomaría a bien que él se fuera sin ella. Permaneció unos momentos observando hacia la puerta por donde él se había ido… -oye cariño, ¿Quién era ese? – pregunto una mujer que salía de la cocina. Vestida de campesino, portaba escoba en mano. El hombre fue y beso a su mujer –nadie en especial. Si te he dicho que te amo, ¿verdad?- La mujer asintió sonriendo, abrazo a su marido y regreso a su trabajo.

En la posada, Samantha daba vueltas en la cama. Se sentía más solitaria y fría… Gigi se levantó y como si previniera una situación difícil, se acurruco junto a Sam. La joven abrazo a su querida compañera, permaneciendo un tiempo más dormida. La luz del sol se colaba por la ventana, iluminando a la joven que dormía sobre la cama y su loba. Su piel parecía brillar, sus cabellos se esparcían por la almohada, sus ojos cerrados con una serenidad que solo quien se siente seguro tiene.

Lástima que eso se rompería pronto. Ante la brisa de la puerta que se abría y la sensación de que algo faltaba en la cama, la joven abrió los ojos. Casi muere del susto al ver la impactante armadura, sin embargo, el zorro le hizo saber que era Necross… Necross vestido y listo para la batalla. Un Necross… que no le había levantado para cambiarse e ir con él. Un hombre que la iba a dejar.

Samantha sintió como si algo estallara en sus oídos, separándola de todo ruido, salvo el romper de cristales que se estrellaban contra el suelo. Aun así, no demostró expresión. -Te iras- No fue una pregunta. Fue una afirmación. La joven sintió que su pecho se encogía… -Puta- fue la palabra que le vino a la mente y de pronto, se sintió tan… sucia. –Debo usar el baño…- dijo mientras se levantaba con la misma expresión ausente, cubriéndose con las sabanas que arrastraron entro a la pequeña habitación y cerró la puerta. Recargándose en ella, se dejó caer suavemente hacia abajo…

Se llevó las manos al rostro y se dio cuenta de que lloraba. Un recuerdo vivo y fresco golpeo su mente, e hizo todo lo que pudo por no sollozar.

Flashback:
Spoiler:
*varios años atrás, Samantha tenía 5 años.*

La pequeña se aferraba a su madre con fuerza, dentro de aquella celda designada para los prisioneros condenados. La mujer acaricio el rostro de su hija, que apenas comprendía que pasaba. –mami… tengo miedo. ¿Podemos ir a casa? Quiero… quiero jugar con Joanna. – Minerva sonrió a la pequeña, alzándola en sus brazos –tranquila Sami, estaremos bien. No podemos ir con Johana querida… hoy no… hoy... quiero que me escuches Sam. Quiero decirte cosas importantes...- los ojos de la mujer se llenaron de lagrimas, con una de sus manos, Samantha limpio su rostro –mami… no llores...- la niña abrazo a su madre, intentando consolarla. Minerva acaricio la cabeza de la pequeña, sollozando. Trato de calmarse, de lo contrario, jamás podría darle el menaje que quería dar.

-Escúchame bien, mi niña. Vendrán cosas difíciles… cosas más difíciles que cuando perdiste tu muñeca favorita. Aún más difícil que cuando te metiste sin querer en la parte santa del templo… - Samantha mira a la mujer asustada –pero… quiero que sepas mi niña, que fuiste bendecida por el dios del sol. Y.. ¿sabes una cosa? El dios del sol aun manda sobre la luna. ¿Sabes quién hace brillas a las gemelas en el cielo? El. Así que, cariño… no importa cuán difícil sea la situación. Recuerda… ese dios que está arriba, te guardara… -La mujer beso la frente de la niña –Sami… nunca dejes que lo bueno que hay en ti se acabe mi niña. Tu estas hecha para brillar, como la luz del sol... a do quiera que vayas tu sonrisa da esperanza… Ya no poder estar contigo Samantha. –Al escuchar eso, la niña miro a su madre, con lágrimas en los ojos –mami… no quiero quedarme sola… no quiero que te vayas…- la mujer coloco el dedo índice sobre los labios de la pequeña –shhh- dijo con suavidad, acunándola en brazos.

-Duerme mi querida niña y descansa ya
Que tus sueños vayan a un mejor lugar.
Siempre aquí estaré, con amor te cantare
Mi alma te protegerá….
Tranquila mi niña, duerme corazón
Cierra ya tus ojos y olvida el dolor…
Siempre aquí estaré, nunca te abandonare,
Mi pequeña princesa tú serás… -


Para cuando la pequeña Samantha despertó, se dio cuenta de que se encontraba en brazos de alguien que no era su madre. El sacerdote del templo, quien, era prácticamente el dueño, le acunaba como si fuera su hija. La niña levanto la vista hacia él, confundida, antes de que girara el rostro a la escena que el hombre miraba con un brillo de placer. Entonces grito, grito y estiro los brazos, suplico por llegar a esa mujer que estaba atada, con la mirada en el suelo. Su madre. El hombre la apretó con fuerza contra su cuerpo, señal de que no la dejaría ir… y en ese momento, cuando las llamas del fuego ardiente tocaban la madera a sus pies y prendían los leños que servirían de ejecutor Minerva alzo la vista hacia Samantha… la pequeña lloraba y gritaba desesperada. El viento agito el poco cabello rubio que quedaba después de haber sido arrancado por el verdugo, las lágrimas surcaban sus mejillas como si quisieran apagar el fuego… y durante un momento tanto madre como hija hicieron contacto visual. –TE AMO- articulo la mujer, sin voz… Samantha asintió sabiendo, a su corta edad que nada sería igual. Comprendió por primera vez dos cosas. La primera era que estaría sola por siempre… y la segunda, que el amor podía traspasar las barreras del fuego porque, ella podría jurar que al ver el amor en los ojos amoratados de su madre, sintió una calidez que no tenía igual.

Lástima que esa escena tan hermosa cambio pronto, cuando la piel de la mujer se prendió fuego y sus huesos se calcinaron. El sacerdote estuvo presente, con la niña en brazos hasta que la última pieza del cuerpo de aquella victima… Para cuando aquel día acabo, Samantha solo observaba. Con los ojos abiertos, miraba fijamente a un punto inexistente… -Adiós…- murmuro

Sam se trató de componer. Poniéndose de pie, se miró en el espejo... se limpio las lagrimas, lavándose el rostro… sonrio. Tomo aire… no podía dejar de sentirse… ni siquiera sabía cómo explicarlo. Entendió por primera vez, como se sentiría su madre al dejar ir al hombre que la había concebido… pero, esa sería una historia que algún día podría leer en su diario… si es que aprendía a leer alguna vez. O a pelear, o… a vivir.

Finalmente Samantha salió del baño. Aunque sus nariz lucia algo roja y sus ojos algo hinchados, ella sonrió a Necross –fue… una noche muy reparadora. Gracias –se dirigió hacia su ropa y comenzó a vestirse, con lentitud. No se atrevió a moverse más rápido pues si lo hacía, sentía que se caería. Finalmente, se giró a él, sentándose en la cama. –Cuando piensas partir? – pregunto con la voz más tranquila que pudo.
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Samantha J.

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