Conectarse

Recuperar mi contraseña

Últimos temas
» Reunión en sueños [Partida Publica]
Hoy a las 1:15 am por Skurk Äsping

» El amor... ¿perdido? ¿O reencontrado? [Isla de Sade] (priv. Atlas y Axis)
Ayer a las 8:32 pm por Atlas y Axis

» [Evento] El Cuestionario Diario
Ayer a las 3:20 pm por Alegorn

» - Apocalipsis now -
Ayer a las 5:59 am por Niris

» [Off , reglas y reclutamiento] Reunión en sueños
Sáb Ene 20, 2018 9:47 pm por Jan Egiz

» La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA]
Sáb Ene 20, 2018 4:16 am por Strindgaard

» Creación de reglas estandarizadas para las resurrecciones de personajes
Jue Ene 18, 2018 7:41 pm por Señorita X

» Reglas de Resurrecciones
Jue Ene 18, 2018 7:36 pm por Staff de Noreth

» Un error a la vez [Libre]
Jue Ene 18, 2018 3:28 am por Jan Egiz

» Escucha el Llamado de los Caídos.
Miér Ene 17, 2018 4:16 am por Strindgaard

» Maleficarum [Solitaria +18]
Vie Ene 12, 2018 8:09 am por Lujuria

» Aracnofobia [Campaña]
Jue Ene 11, 2018 2:55 am por Almena

» Sistema de corrección de partidas por pares
Miér Ene 10, 2018 1:33 pm por Strindgaard

» El cofre maldito [Privada con Masterización]
Lun Ene 08, 2018 8:29 pm por Vanidad

» Reglas de Noreth
Lun Ene 08, 2018 7:38 pm por Rectina Pomoviejo




Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth
Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth

Las afiliaciones hermanas se hacen por invitacion de nuestros administradores hacia otros Admins de los foros que decidamos, o por invitaciones de ellos hacia nosotros, sin embargo nos reservamos el derecho de admision de estas mismas pues seran solo una limitada cantidad y minima. Para mayor informacion acuda a la sección de Afiliaciones


La Contención de Anemos

Página 1 de 6. 1, 2, 3, 4, 5, 6  Siguiente

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

La Contención de Anemos

Mensaje por R&R Lutece el Dom Mayo 12, 2013 12:55 am

-¿¡Pero que dices!? Nosotros no hicimos nada-Le gritó Rosalind mientras retrocedía asustada. Yo me coloqué a su lado, erguido y con el gancho en mi mano izquierda por si decidía hacer algo estúpido. Aquel enano tenía el rostro rojo de rabia, y empuñaba un extraño arma, similar a un hacha, pero de filo romo recubierta por una nube de rayos danzantes.

-Rosalind, mantengámonos atrás, no parece atender a razones.-Le respondí en un intento vano de calmarla... Algo complicado, pues yo también estaba nervioso. La situación se había torcido de forma impensable en solo unos minutos. Y ni siquiera teníamos culpa alguna.

-¡Mentirosos! Ya sabía yo que tanto interés tenía que traer malas intenciones. ¡Todos los de Las Tierras Inferiores sois iguales! ¡Solo buscáis aprovecharos del poder de los demás para destruir y causar daño!-Dijo hecho una fiera mientras blandía el arma en nuestra dirección.

Cuando vimos el metal ante nosotros, nos separamos, echándonos cada uno hacia un lado y rodeando a aquel hombrecillo hasta volver a juntarnos tras él. La habitación estaba cerrada, aquel hombre había cerrado las puertas en cuanto el comunicado empezó a sonar por todas partes. Quien quisiese que había cometido aquella imprudencia, nos había dejado en una posición bastante mala... Teníamos que escapar de allí, no creía que aquel hombre fuese a matarnos... Al menos no en aquel momento, los Anemos parecían tener su justicia bien diseñada, y aquello probablemente le habría causado muchos problemas, pero un golpe de aquello, y probablemente quedaríamos inconscientes, o algo peor. Y lo que ocurriese después... Era ya otro asunto. ¿Que podíamos hacer? Como siempre, no llevábamos más armas que nuestros ganchos, y aunque las tuviésemos, no las habríamos usado, aquello no habría mejorado nuestra imagen, ni nos habría hecho parecer más inocente. ¿Que había allí? Mesas, papeles, trozos de metal y madera, nada útil... Los dos retrocedíamos mientras aquel hombre se nos acercaba peligrosamente, hasta que mi espalda sintió el frío tacto de la pared detrás de mi... Sentí un escalofrío. "Atrapados". Pensé... Pero escuché un crujido a mi espalda... No era piedra... Miré hacia atrás con el rabillo del ojo. Un cristal... Era el ventanal de aquella torre. Entonces, una idea surcó mi mente, y mis ojos se cruzaron con los de Rosalind... Lo supe al momento, había pensado lo mismo.

Ambos nos giramos, y de un golpe fuerte, el cristal saltó en mil pedazos, y tras él salimos nosotros. Rodeados de miles de lágrimas de cristal centelleante, de múltiples formas y tamaños, y bajo nosotros, el gran vacío de las nubes... Una caída mortal...
Y el ruido del metal contra el metal sonó...

~ Horas Antes... ~


Anemos, ciudad de la ciencia y de la magia. El continente del Progreso, la isla flotante, el otro reino... Había tantos nombres para aquel lugar que casi era imposible no conocerla, y mucho menos elegir entre uno a la hora de mencionarla.
Habíamos logrado el permiso para visitarla, la razón dada para aquella visita era el conocimiento. Habíamos explicado que éramos unos científicos, y que solo buscábamos conocer la ciudad, verla con nuestros propios ojos y pensar sobre ella para los nuestros. Se habían mostrado bastante reticentes, pero finalmente habían optado por concedernos el permiso, haciéndonos una advertencia. Si queríamos conocimiento, podíamos intentar buscarlo, pero allí no encontraríamos respuestas, solo interrogantes. En resumen, desde aquel momento nos advertían de que no iban a darnos información sobre sus máquinas y descubrimientos, y que aquella visita solo nos serviría para calentarnos la cabeza intentando descubrir como funcionaba todo lo que allí tenían.

No vimos mucho problema. Aunque el trato y las palabras frías llegaban a ser tan afiladas cono una daga de ferrystalum. Pero no importaba, al fin habíamos llegado y ya no importaban aquellos humanos ancianos de rostro arrugado y pelo canoso. Lo cierto es que la ciudad nos sorprendió a ambos.
Los edificios eran altos, y construidos de roca y metal. Tenían multitud de ventanas y vidrieras de colores, y la vegetación abundaba por todas partes. De hecho, nos quedamos extrañados al ver que justo a la entrada de la ciudad, dos manzanos y cuatro naranjos nos daban la bienvenida con sus frutos impregnando el aire de olor, y alguna que otra flor abierta entre sus hojas. Algo bastante extraño, pero supuse que sería cuestión del clima del continente.
La ciudad además parecía bastante animada, la gente caminaba y paseaba con tranquilidad entre los edificios y las plantas. Principalmente podíamos ver humanos, pero también había bastantes enanos caminando de un sitio a otro y feericos volando como grandes insectos de miles de colores. También habían otras razas, pero su aspecto denotaba que no pertenecían a la ciudad...

Eran demasiado... Nosotros. Se notaba que no estaban acostumbrados al lugar, y lo miraban todo con curiosidad. Aun así, la cantidad de estas personas no era en absoluto cuantiosa. Respiré profundamente y me acerqué al primer naranjo, observando los frutos de color intenso y brillante. Parecían realmente bien cuidados.

-Vaya... Jamás habría imaginado Anemos... Así... Parece como si conviviesen en armonía con la naturaleza.-Dije mientras acariciaba la corteza del árbol. Unos segundos más tarde un silfo pasó ante mis ojos volando a lenta velocidad y cargando con dos grandes uvas hacia alguna dirección desconocida.-Aunque no se me hace difícil imaginar por que es así...

Me giré y regresé al lado de Rosalind, que se había quedado contemplando el manzano y después había imitado mi gesto. Juntos comenzamos a caminar por las calles, contemplando los detalles que nos envolvían. Los árboles formaban grandes parques alrededor de lo que se podrían considerar los barrios de la ciudad. Y en el interior de la zona urbana, habían tiendas, talleres y casas. Todas compartiendo estructuras muy similares, y a la vez, muy diferentes, por extraño que pareciese. Pero así era todo en Anemos, al parecer. En aquella ciudad parecía tenerse todo en cuenta. Había tuberías metálicas alrededor de los edificios que llevaban a un depósito central. Al principio no comprendí que eran, pero cuando, al ascender por unas escaleras que conducían a una zona más elevada de la ciudad, vi que el depósito contenía gran cantidad de agua no me costó imaginarme que se trataría de un sistema de canalización de agua de lluvia.

También habían algunos edificios que se internaban en la tierra, y de los cuales podíamos ver a gente sacando vagonetas flotantes llenas de minerales. Intentamos acercarnos a una, simplemente curiosos por ver más de cerca aquel curioso artefacto que parecía poder tener muchas aplicaciones, pero en cuanto nos vieron cerca nos obligaron a retroceder.

-Vaya, parece que ni dentro de la ciudad nos van a tratar bien.-Replicó Rosalind mientras se sentaba en un banco. Yo hice lo mismo y le sonreí.-Según se dice, los minerales de Anemos son extremadamente útiles y valiosos, hay algunos que se rumorea que solo existen en este continente. No me extraña que no se atrevan a dejar que nos acerquemos.-Ella se encogió de hombros y sacó una manzana de la bolsa que portaba.-Una cosa no quita la otra. Casi da miedo acercarse a un edificio, no vaya a ser que tengan tecnología de ladrillos avanzados y puedan ofenderse por contemplarlos de cerca.-Respondió antes de darle un mordisco a la fruta.-¿Entonces que hacemos en estos bancos? Seguro que tienen algún diseño de comodidad y confort que no debemos conocer. No creo que sea para tanto. Además, aun tenemos que ir a visitar algún taller, quizás allí nos dejen ver alguna cosa interesante. Este lugar tiene tantas cosas que resulta difícil inspirarse...-Añadí con voz tranquila.-Coincido, hay tantas cosas que las ideas se te atascan.

------------------------------------------------------------------------------------
Off Rol:
Bien. Pues he aquí el inicio de la partida. El primer post. Aclaro que la primera parte (Cursiva) se trata de lo que podríamos decir, un Flashforward. Es decir, un anticipo de lo que ocurrirá, para dar una pequeña introducción al tema. El resto es el presente, y la parte que continuaremos con la historia. Cabe mencionar que pronto colgaré un Post Táctico (De explicaciones) en la zona de Fuera del Personaje, y allí se mencionarán datos importantes cada turno. Dicho esto, me pongo a escribir dicho Post xD


avatar
R&R Lutece

Mensajes : 50
Edad : 22
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: La Contención de Anemos

Mensaje por Frey el Dom Mayo 12, 2013 10:43 pm

La criatura se removía nerviosa, seguramente no acostumbrada a llevar gente como él, a pesar de todo, continuaba con su trabajo, elevando a sus pasajeros por los cielos a trabes de las nubes, casi alcanzando al horizonte para llevarlos a uno de los destinos más increíbles que podían verse en aquel mundo.
Al final, apareció brillante en el confín del mundo por donde el sol caía cada noche, aquel cuya historia se me ha confiado para ser relatada, tardo unos cuantos segundos en darse cuenta de ello, pues prácticamente todo el trayecto había estado mirando abajo, pues ver montañas, bosques y lagos del tamaño de insectos, a el no le provocaba la sensación de vértigo, era una vista preciosa, tanta vida, tanta historia, antigüedad y poder, a merced de ser tapados con el pulgar, aquella vista pues, le resultaba magnifica y no quería perdérsela , cuando el mundo desapareció bajo su dedo no se sentía grande, se sintió muy muy pequeño, pero al final, todo esto paso de largo, cuando el horizonte se transformo en una, quizás la más, grande e impresionante de las ciudades de aquel basto mundo antiguo.

No había sido fácil llegar hasta ese punto.
Antes de nada, tubo que enterarse de su existencia, pues haber vivido solo tanto tiempo en un bosquecillo aislado, había repercutido en su conocimientos de rumores y leyendas del resto del mundo, con el tiempo se fue poniendo al día de muchas de ellas, algunas más útiles de interesantes que otras, una de las ultimas, apuntaba directamente aquí, al cielo, donde se desarrolla este capítulo de la historia de innumerables vidas, ya había oído hablar antes de las ciudades y poblados que se extendían por las nubes y de la gran ciudad divium, Nubibus Ferreum , de hecho ya se había propuesto visitarlas antes, pero esto parecía diferente a todo lo demás, era algo más que una ciudad de nubes, las descripciones poéticas y mitos no parecían tener fin, y variaban demasiado de una fuente a otra como para que fuese todo fiable y verdadero, sin embargo, algo tenía que haber tras todas aquellas palabras, algo de verdad, un origen desde el cual la imaginación empezó a trabajar, ya tenía prevista una visita a la ciudad de los diviums asique pensó que no pararía nada por tratar de subir un poco más arriba.

Quizás algún día me toque relatar las sucesos que acontecieron en aquella ciudad nubosa, pero de momento, lo único importante es que pudo confirmar la existencia de aquella maravilla flotante y enterarse de que se podía llegar a ella desde las nubes, lo malo es que necesitaría permiso para entrar, una condición que no terminaría de entender hasta mucho mas tarde.

Volvió allí, algún tiempo después, no había sido fácil, ni simple, pero había logrado permiso para entrar, por suerte, solo quería entrar a visitarla y admirarla, y comerse algún plato típico de allí, por lo cual sus razones no habían supuesto un grave problema para entrar, y ahora, la curiosidad y las ansias de exploración había crecido durante meses sin detenerse animadas con cada pensamiento de la isla voladora, en los últimos días apenas había podido pensar en nada más que ello.

Y en esos preciosos momentos, aquel lugar se alzaba como un coloso celeste, majestuoso y poderoso.
Parecía un pequeño paraíso, edificios de muchas formas, colores y tamaños y con un uso mucho más extenso y mejor del cristal y el vidrio de lo que había visto en muchos otros lugares, y aunque fuese una ciudad de equilibrio entre magia y ciencia, la naturaleza estaba aun presente, embelleciendo la ciudad y deleitando los sentidos de los viajantes y residentes con puros colores, deliciosos aromas y suaves sonidos del viento entre las ramas y frutos.
Al principio fue un poco difícil de admirar, subir tan alto no era lo normal para él, se sentía extraño mareado, y aunque trataba de no aparentarlo, respiraba mas pesadamente, como en su primera visita a las nubes pero más intenso, quizás debiera de haberse quedado antes un poco más en Nubibus Ferreum para terminar de acostumbrarse, le dolía la cabeza, se sentía algo cansado y estaba levemente mareado, pero anda que a este cabezota le impidiera empaparse de aquella belleza, mientras aquellas sensaciones se disipaban, quizás por su propia naturaleza, no olvidemos que es un antropomorfo, alguna extraña magia o ciencia de la zona o simplemente que el mismo fascinado por todo aquello se olvidaba del dolor de cabeza, dudaba si adentrarse en la ciudad, era un sitio muy bonito la verdad, pero en el cielo, la tierra o bajo el mar, de humanos, elfos, enanos u diviums, las grandes masas de gente seguían poniéndole como mínimo nervioso e incomodo, por lo que antes de probar suerte, decidió rodearla no adentrarse mucho.

Sin prisa pero sin pausa, comenzó a pasear por la periferia de la ciudad, admirando las obras de arte y arquitectura que allí se encontraban.
avatar
Frey

Mensajes : 79
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: La Contención de Anemos

Mensaje por Amethist el Lun Mayo 13, 2013 9:16 pm

El viento mece mis cabellos de manera frenética, casi puedo sentir la independencia de cada uno de ellos, danzando una coreografía caótica sobre mi cabeza. Considerando la manera como se habían resuelto los acontecimientos, volar había sido el premio esperado, la materialización de una alegría plena. Más surcar aquellos cielos sólo podía llenarme de nerviosismo racional, pues estando tan cerca de lograr mi objetivo por nada en el mundo quería errar el camino hacia una ciudad que prometía respuestas. La velocidad me cautivaba; nací para sentir esa bocanada de aire cada vez que se estrella temerariamente en mi rostro; mis alas nunca habían conocido tal altitud, la fuerza contraria de un viento ligero. Con el temor dibujado en mis facciones, pero con ese espíritu que sólo el aire puede brindarme, no puedo negar que disfruto de este viaje como ninguno otro.

Y mientras asciendo, sólo puedo dar gracias al vacío que me rodea. Pero si de artífices he de hablar, todo fue posible gracias a ese personaje enigmático. Sus palabras hicieron eco en el más oscuro rincón de mi memoria:

-Con que a Anemos quieres ir… blis… blis- y una mirada suya inspeccionó mis ojos, sumiéndome rápidamente en la penumbra producida por su sombra dominante, extendiendo su brazo hacia mí con un simple papel que parecía ser mi tiquete de entrada a dicha ciudad y en el fugazmente leí “visita esporádica – búsqueda de archivo histórico Nubibus Ferrum”. Ése era Aeolo, divium gigante de alas formidables, impetuoso, huraño, fiel soldado y al parecer, tan viejo como el más joven de los elfos: -claro, las mantarayas siempre pueden ser de utilidad, más… blis.. blis… intuyo que para uno de nuestra raza, ellas no llenan las expectativas que las propias alas nos brindan –e hizo una mueca que poco faltó para ser un gesto de desagrado- sí, un guerrero que porta ojos como los vuestros, siempre preferirá hacer ese recorrido por sus propios medios… blis… blis.

¿Qué notaba en mis ojos? ¿La crudeza, la sabiduría, la idiotez? ¿Acaso eran las vidas que había quitado las que se traslucían en mí mirar? ¿Mis errores? ¿Mis frustraciones? Es posible… es probable. Los ojos son el espejo del alma, rezaban las drows. Y sin que se lo mencionara, el veterano héroe de guerra sacó de su equipaje una brújula, pequeña, dorada, la cual colgaba de una cadena finamente tallada en oro. Sin exigir nada a cambio, me la entregó y con algunas explicaciones pude entender lo práctico que era aquel objeto. Según él, el recorrido por mis propios medios iba a ser más que satisfactorio, y me exigiría poco: resistencia y seguir la dirección que aquel artefacto marcara.

-Milady Oranlinde (así me llamaban en aquella ciudad), encuentre sus respuestas y espero que pronto vuelva a éste, su hogar…- luego mencionó algo más en esa lengua que aún no puedo dominar pero que, sin duda alguna, hacía alusión a mi linaje y pasado. La necesidad en cada sílaba se percibía con una mezcla de tristeza, ¿por qué? Parecía que las interrogantes no cesarían nunca de aparecer en esta cruzada. Con la idea fija que me movía, me despedí de Aeolo, activé el artefacto, prometí mi regreso y con él el de la brújula, y emprendí el rumbo.

La mente divaga mientras las nubes fluyen, encogiéndose, alargándose, moldeándose a medida que el viento las surca, repitiendo “Anemos… Anemos”. Un continente flotante ¿Nunca hubiese sospechado que existiera uno? No, nunca. Ni siquiera en mi imaginación más retorcida le había concebido posible. Claro, Nubibus Ferrum también escapaba a la lógica, pero aquellos seres, hermanos de raza, distaban demasiado de ser como yo… y sólo recordar sus tradiciones banales y mórbidas, me revolvía el estómago de asco e indignación, desconcentrándome del rumbo. ¡Por más pasado que quisiera reconstruir, sabía que mi presente me alejaba del de ellos y mi futuro estaría aún más distante!.. Ésa era una promesa que mantendría hasta el fin de mis días.

De pronto, la realidad volvió a llamarme. Los cielos se despejaron. A mayor altura el cuerpo empezó a enfriarse y, como saliendo de una irrealidad vaporosa, surgió una isla de enormes proporciones, tan ancha como larga, rica en relieves, tupida de verde, un paraíso elevado sobre el continente. Mis ojos no daban credibilidad a la belleza que se presentaba, tanta era… que asfixiaba. Nunca había sido buena para apreciar la perfección. Embelesada, al borde del hastió, me encontraba con aquel panorama, cuando a la distancia observé una de las mantarayas y lo que parecía ser el puerto de llegada. Sin dudarlo me abalancé en aquella dirección, sin percatarme en las grandes masas que arribaban allí y que sin rumbos claros se movían hacia todas las direcciones posibles.

Llegué agotada y las multitudes empezaron a afectar mis sentidos. Por supuesto, era de esperarse que apenas posara mis piernas en tierra, llegaran a preguntarme las razones de mi presencia allí. La seguridad era impresionante. Fueron toscos, pero… yo lo era más. Así que no sentí pena, ni recelo. Tan pronto terminaron de inspeccionarme y verificar una y otra vez mi arco, el carcaj, las dagas, y, curiosamente, mi tiara, además del papel que me diera Aeolo, se fueron.

Sola, entre un mar de gente, sentí que las fuerzas me abandonaban. Quería sentarme, descansar, pero con tantos seres a mi alrededor, todos conmocionados por la ciudad y sus atracciones, se me iba la paciencia. Un trago de agua que en mi cantimplora llevo, refrescó un poco mi ánimo. El esfuerzo había sido grande y sin mayores dilaciones repasé con rapidez el lugar: el viento me trajo el dulce aroma a naranja y allí supe que debajo de uno de aquellos árboles, ojalá el más alejado de la entrada principal a la ciudad, con la esperanza de no tener tanto ruido cerca, allí retomaría el aliento y recuperaría mi energía.

Así lo ideé y así lo hice. Sentada, apoyada sobre el tronco grueso de un sauce, rodee mis piernas y dejé caer sobre ellas mi cabeza. Antes de sumirme en el sueño reparador, pensé:

-Una oficina de registro de inventos… hacia allá debo dirigirme tan pronto… ahhhh… tan pronto pueda sentirme mejor.
avatar
Amethist

Mensajes : 372
Edad : 29
Link a Ficha y Cronología : Amethist
El Sendero de un Guerrero

Nivel : 7
Experiencia : 910 / 3500

Volver arriba Ir abajo

Re: La Contención de Anemos

Mensaje por Robyn el Lun Mayo 13, 2013 10:56 pm

Volvió a estirar la mano para comprobar si había amainado la lluvia, pero como siempre la suerte no la acompañaba. Se acurrucó de nuevo sobre el muro de fría piedra, mientras se hacía una pequeña protección temporal con sus alas, gracias a las cuales apenas sentía algo de frío o de humedad. Había perdido hace bastante la noción del tiempo. Esa tormenta la estaba pareciendo eterna. Aún se lamentaba haber gastado sus últimos dineros en comida para ella y Xana, aunque esta comía más por capricho que por necesidad. Por eso no tenían dinero para poder alojarse en una taberna o posada del camino y debían de aguantar la repentina tormenta refugiadas en el pesebre, junto a una mula y un buey. En su mente maldecía una y otra vez su falta de previsión sobre sus ahorros. Su compañera se había dedicado a seducir y asesinar a pobres desgraciados con menos dinero que ellas, por lo que por tres que mataban apenas les llegaban para mantenerse bien un día. Nueve años que llevaba viajando por toda Noreth y era la primera vez que debía de refugiarse en un lugar como ese. No le importaría dormir entre pienso de animales, si no fuese por el mal olor de sus compañeros de habitación, esos animales.

Resopló bastante cabreada. Sin saber qué más hacer para aliviar su espera, cogió el cuchillo de su daga y empezó a observarlo detenidamente, para después comenzar a jugar con él. A sus espaldas podía escuchar los gemidos de Xana junto con su amante, para Robyn la lilim veces rivalizaba con los rebuznos de los asnos. Ya se había acostumbrado a ver como se acostaba con cualquiera en cualquier parte, sin importarle si la veían o no. Era su naturaleza demoníaca y no podía hacer nada para cambiarlo. Pero sí que pensaba que podría bajar un poco el tono de sus gritos, ya que los tenía clavados como aguijones en su mente. No lo aguantaba más. Guardó de nuevo su cuchillo en la funda y comenzó a andar hasta donde se encontraban. Con una patada algo violenta apartó a la Lilim. Pudo escuchar los lamentos, quejas e insultos de ambos, más les hizo el mismo caso que el revoletear de una mosca. Lanzó las ropas a los dos amantes para que se tapasen, antes de que los peores instintos de ella se levantaran. Seguía siendo una Divium con sus virtudes y defectos, y no quería más orgías en un establo.

- Creo que ya habéis tenido suficiente por hoy. Vais a asustar a los animales y estos alertaran al dueño de la taberna. Así que dejar de joderos durante unas horas, después cuando amaine lo que queráis pero no mientras yo esté aquí ¿Entendido?

Observó como el hombre iba a protestar furioso, pero las caricias de la lilim le hicieron tranquilizarse y no montar más escándalo. Robyn lo agradeció en su mente, mientras volvía a sentarse en su sitio y jugaba de nuevo con la daga. Notó como los otros dos también se sentaron a sus lados. El hombre sacó de uno de sus bolsillos un mendrugo de pan que partió en tres trozos. En absoluto silencio, los tres comenzaron a comer. Apenas se podía escuchar como masticaban. Lo más audible eran los golpes de las gotas de lluvia contra el duro pavimento y el techo de madera de aquel lugar. No tenía intención de hablar, simplemente dejar llevarse por sus recuerdos hasta poder de nuevo retomar su viaje. Hasta que el extraño interrumpió sus pensamientos y silencio:

- ¿Qué hacen dos bellezas por aquí? Es raro ver a gente como vosotras a este lado de Noreth.

Arqueó una ceja de manera escéptica. ¿Qué clase de pregunta era esa? Odiaba cuando la gente quería rellenar el silencio con conversaciones banales y más aún después de una situación tan “violenta” como la que había sucedido unos minutos antes.

- Vamos al famoso reino de Anemos, en busca de conocimientos tal vez prohibidos para poder despertar a una hueste demoníaca y dominar esta triste superficie. – Se limitó a responder con una sonrisa Xana.

El hombre en vez de extrañarse ante la respuesta o huir desprevenido, se rió como si hubiese escuchado un chiste o una broma muy graciosa. Robyn asintió con la cabeza, sabía que los seres inferiores no sospecharían nada hasta que de verdad consiguiese despertar estos poderes. Se encogió de hombros y acabó de comer su trozo de pan. Si él no se lo creía era su problema. Observó de reojo como la lilim se iba acercando de nuevo al hombre y reanudaba sus caricias. La Divium se levantó del sitio y estiró de nuevo su mano.

- Parece que ha escampado, es hora de retomar nuestro viaje. – Se giró para ver a Xana como ya estaba de nuevo sobre el hombre. – No tardes mucho.

Caminó despacio, hasta donde se encontraba el caballo del infortunado. Había accedido a estar con ellas en el pesebre, al ver cómo debería de mantener una habitación separada para la alada si quería gozar de la compañía de la otra, por lo que prefirió estar allí y ahorrarse los costes. Recogió todo lo de valor que había en las alforjas del caballo, junto con una capa bastante discreta y una mediana bolsa de oro. Perfecto. A sus espaldas, pudo escuchar de nuevo unos gritos. Esta vez no eran de placer, más bien eran agónicos.

- La verdad es que no lo hacía tan mal. Pero no sabía utilizar bien la lengua y no solo me refiero a hablar.

Robyn rodó los ojos con pesadez, a la vez que se dejaba apoyar sobre la barandilla del barco volador. Se encontraban de camino a Anemos en uno de los famosos barcos voladores del continente. Habían tenido que pagar una cuantiosa suma que gracias a la generosa aportación del hombre, podían haberse permitido. Sabía que podía haber volado hasta allí, no obstante, pudiendo viajar cómodamente y sin cansarse prefería mil veces eso. Una vez en el puerto comenzaron a registrarlas y preguntarlas sobre el motivo de su visita a la ciudad. Respondieron que por placer, para visitar su cultura sin intentar entrometerse en sus asuntos. Xana había resguardado todos sus rasgos que podían delatar su naturaleza y Robyn dejó a la vista su arco y daga para que no sospecharan de que llevara algo escondido.

Al parecer coló sin muchos problemas. Así que aprovechando su suerte momentánea, comenzaron a visitar la ciudad de Anemos. Sabían que no eran bienvenidas allí, así que para no levantar muchas sospechas se limitaron a ir en principio por los espacios más públicos del lugar. La verdad es que la arquitectura, la decoración, sus gentes, eran un regalo a la vista y los sentidos. Por eso no diría que estaba sufriendo demasiado al tener que dar vueltas por allí.
avatar
Robyn

Mensajes : 65
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: La Contención de Anemos

Mensaje por Diego Espinoza. el Mar Mayo 14, 2013 12:44 am

Diario del Fantasma. Volumen #7. Capítulo 1.

Podía sentir con sumo gozo la suave caricia del viento pasando por mi rostro. Era sin duda una sensación única. En ese momento sentí pura envidia hacia las diviums, los grifos, dragones, y cualquier ser capaz de levantar vuelo. Sin duda era una de las sensaciones más hermosas que había podido experimentar. Jamás había estado tan alto en el cielo en toda mi vida. Lo más cerca que estuve de elevarme sobre las nubes fue una vez hace mucho tiempo, en medio de una batalla, la primera vez que utilizaron un cañón contra mi unidad, aunque esta vez solo volé un par de metros en el aire, producto de una explosión provocada por un cañonazo que dio en el polvorín del barco en el que estaba. Claro que en esa ocasión solo había volado un par de metros para luego caer en el agua. En este caso, me elevaba a miles de metros del suelo, sobre un extraño armatoste o “Barco volador” como algunos lo llamaban; otra obra de ingeniería impresionante de parte del continente flotante de Anemos, hacia donde me dirigía en ese momento.

Desde mi última batalla contra un desafortunado grupo de traficantes de armas, descubrí que debía extender aún más mi arsenal, pues cada vez mis enemigos estaban más y mejor armados. Por esa razón me dirigía a Anemos, tal vez pudiera inspirarme un poco viendo su superior tecnología, tal vez podría desarrollar algún arma nueva a partir de ver su tecnología. Aunque no obtuviera ninguna nueva tecnología, ya pensaba que el viaje no había sido en vano, pues la sensación de volar que estaba sintiendo, era algo inigualable. Generalmente los viajes hacia Anemos eran increíblemente caros, afortunadamente, “encontré” un pequeño tesoro que un grupo de piratas “extravió”, y pude utilizarlo para pagar el viaje.

No supe bien cuanto tiempo había pasado desde que entre al barco volador hasta que llegue al continente flotante, pues estuve casi todo el tiempo contemplando ese paisaje casi único. La verdad, necesitaba conseguirme un barco volador, aunque primero lo primero y en ese momento andaba buscando armas potentes. Cuando arribe finalmente en Anemos, de inmediato fui recibido por una gran multitud, todos con ojos de desconfianza y duda. Lo primero que divise fueron los guardias, los cuales me echaron un vistazo. Una vez que comprobaron mi permiso para estar, y me revisaron exhaustivamente, me dejaron pasar, aunque no me vieron con buenos ojos.

Desgraciadamente para mí, había tenido que dejar la mayoría de mis armas. Se sentía raro no tenerlas encima. Solo llevaba un sable, una pistola, la bolsa de balas y la de pólvora, y una daga escondida en mi bota, que por suerte no habían notado. Además de eso, llevaba mi siempre útil coraza, y mi mochila, con mi catalejo, algunas provisiones y una cantimplora. Ninguno de esos objetos llamo demasiado la atención de quienes me revisaron. Sin duda la seguridad de aquel lugar era muy estricta, pero eso no aminoraba la belleza que estaba presenciando. Ese lugar, sin duda era especial, en muchos sentidos. Nunca vi paisaje más hermoso. Los edificios, las calles, incluso los arboles con fruta, de las cuales tuve que agarrar una para probar, ya que eran públicas. Ahora, tenía que averiguar si había alguna especie de arsenal a la vista. Tenía entendido que Anemos no vendía su tecnología, y robarles sería un suicidio, sin embargo, aun podía explorar con la vista. Las armas de los guardias, tal vez alguna defensa, preguntar, curiosear. Mi objetivo era claro, fui allí por inspiración, y eso era lo que obtendría. Con esa mentalidad, comencé a pasear por la ciudad. Era algo de una belleza impactante. A cada vuelta que daba, más me sorprendía por la hermosura que mis ojos presenciaban. Esa visita, sería bastante larga o al menos lo sería si todo salía bien.

La desconfianza de la gente no me importaba, me resultaba completamente idiferente. La magnificencia de aquella ciudad flotante era suficiente como para eclipsar los feos gestos de sus precoses habitantes. Deseaba que todas las ciudades de Noreth fueran similares a esa en la que estaba, o al menos la mitad de hermosas.
avatar
Diego Espinoza.

Mensajes : 57
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: La Contención de Anemos

Mensaje por R&R Lutece el Mar Mayo 14, 2013 10:30 pm

-Cara...-Dije lanzando la moneda de plata al aire.-Cruz...-Contrarió Rosalind mientras el disco metálico giraba en el aire.

Coloqué la mano justo debajo, y cuando cayó, la figura del pergamino, la espada y la llave se mostró clara en la parte superior. Sonreí y guardé la moneda de nuevo en mi bolsillo mientras continuábamos el camino. Rosalind se quedó un segundo mirándome pensativa, pero finalmente continuó caminando.-Ganaste... Otra vez...-Admitió sin poner sentimiento alguno en su voz.-Solo si se considera correcto el resultado superior-Respondí con total tranquilidad, dedicándole una simple mirada de complicidad que respondió con una leve sonrisa.-Todo es cuestión de perspectiva... Hermano...

Ante nosotros se alzaba un edificio de bastante tamaño. Tenía dos plantas principales, y una torre de cierta altura. Según decía el bello cartel de hierro y cristal tintado que tenía encima de las grandes puertas dobles de roble, aquello era un taller de desarrollo experimental.
Sabíamos que los Anemos no nos dirían nada abiertamente, pero quizás pudiésemos averiguar algo simple. ¿Quien sabía si aquella ciudad poseía los planos para una jarra de zumo que conservase su frescura? Sería realmente útil. No tendríamos que preocuparnos de beber jugo de naranja caliente nunca más, y podríamos tomarlo como recién exprimido.
Al llegar a las puertas encontramos a una mujer en el mostrador, que nos miró con la misma curiosidad con la que nosotros nos acercamos a ella.

La charla fue rápida y de poco interés. Resumidamente, pedimos permiso para contemplar las instalaciones como parte de la visita a la ciudad, y tras unos momentos accedió y llamó a un hombre... Muy bajito.
Al parecer se trataba del dueño de aquel lugar, el ingeniero jefe. Y era un enano de cabellera negra y espesa y rizada barba del mismo color. Su mirada era jovial, pero se mantenía rígida al dirigirla a nosotros. No, desde luego ni tan siquiera allí mismo nos iban a tratar un poco mejor... Pero no podíamos hacer nada por evitarlo así pues no nos quedó más remedio que aceptarlo.

-¿Y sois ingenieros, decís? ¿Que se supone que habéis fabricado? Si es que puedo saberlo...-Preguntó el hombre mientras emprendía la subida por las escaleras. Había accedido a mostrarnos las instalaciones, aunque advirtió que solo nos conduciría a algunas estancias, debido a que otras estaban totalmente restringidas. Y que por supuesto, no iba a permitir que nos separásemos de él... ¡Ni que tuviésemos intención de hacerlo! Había que admitir que la belleza de la ciudad era impresionante, pero empezaba a mermar nuestra paciencia aquella desconfianza y un trato digno, casi, de un criminal.

-Actualmente solo portamos uno de nuestros diseños encima, y es apenas un modelo inicial, tenemos bastantes mejoras que aplicarle. Lo llamamos "Gancho".-Explicó mi hermana rápidamente mostrando el suyo y tendiéndoselo al hombre, que sin ningún reparo lo cogió y lo examinó a fondo.-También poseemos un barco volador, aunque su tamaño y tecnología desde luego no es digna de comparación con los de esta ciudad.-Añadí yo con tono cordial.

-Por supuesto que no lo es. El día que los de las Tierras Inferiores desarrolleis barcos como los nuestros, ya nos encargaremos de que no alcen el vuelo.-Replicó él sin siquiera dirigirme una mísera mirada. Aquellas palabras se clavaron bastante profundo... Era una insinuación muy abierta de que intentarían sabotear todo intento de desarrollo.Mm... Este cacharro es un modelo muy basto. Utiliza tecnología bastante arcana... ¡Ja! Si hasta mi pelador de patatas es más complicado... Pero no os culpo, los de ahí abajo estáis aún a mucha distancia. Y eso me gusta. Si vuestros artefactos son innovadores, es un problema menos el que tendremos que atender.

Casi nos sentimos ofendidos ante aquella comparación. Pero era normal, siendo realistas y sinceros, nuestros diseños estaban muy lejos de ser perfectos, y mucho más de ser capaces de rivalizar con los de aquella ciudad. Desgraciadamente, entre nosotros había un abismo insalvable... Por ahora.
Probablemente aquel enano cabrón estuviese cabreado en aquellos momentos, pues después de desfogarse a gusto criticando cada minúsculo detalle de nuestro gancho, y tras devolvérnoslo, se mostró bastante más contento. Aunque no más amistoso, parecía que "Anemos" y "Amistoso" no podían ir en la misma frase sin un "No" de por medio.

Finalmente llegamos a una habitación con varias mesas y materiales por todas partes. Madera, acero, minerales de colores y brillos que no me sonaban en absoluto familiar, y objetos que casi no era capaz ni de intuir que función tendría.
Me quedé contemplando una especie de artefacto compuesto por dos conchas verdosas anclado a una pared... Y al momento Rosalid acudió a mi lado, ambos quedamos unos segundos mirándolo extrañado ¿Que demonios era eso?
La respuesta nos llegó de improviso, cuando el enano golpeó un pulsador naranja en la pared, y ambas partes de la concha se cerraron un instante, para momentos después abrirse, dejando escapar una voluta de un luminoso y brillante color verde que empezó a flotar y se detuvo a unos centímetros del techo.

-Es un generador de luces Vólicas. No es más que polvo luminoso activado con partículas de volio que lo hacen levitar. Ambas partículas se mezclan cuando las conchas se golpean, y el choque produce la activación energética de los componentes. Así se tiene una luz que no ocupa espacio, y tampoco produce riesgos como una antorcha.-Explicó rápidamente, como si fuese lo más sencillo.-Aunque probablemente desconozcáis a lo que me refiero

-En realidad...-Empecé, mientras mi mirada se cruzaba con la de Rosalind.-Si mal no he entendido, lo que creáis es una mezcla de polvos de dos materiales, uno que emite luz y otro que levita. Al mezclarse y aplicársele energía mediante el choque del recipiente, se activan sus propiedades...-Expliqué con total naturalidad. Lo cierto es que, aunque hubiese intentado complicarlo, era bien sencillo.-Aunque le veo varios inconvenientes. No puede ser eterna, debido a que la energía que se le proporciona es muy baja. Y además consume los materiales, pues utilizando esos minerales en polvo, cuando la energía se acaba caerían al suelo y fácilmente podría ser arrastrado por corrientes de aire, que según puedo intuir, a estas alturas no son extrañas.-Remató Rosalind mientras se miraba las uñas con gesto de indiferencia.

-¿Pero que...?-Empezó a decir el impresionado enano.-... Demonios, pensáis rápido... Bah, no importa, tampoco era tan complicado. Cualquiera de esta ciudad sabe como funciona.-Refunfuñó finalmente mientras nos daba la espalda y continuaba el camino. Rosalind y yo intercambiamos una mirada cómplice y continuamos. Habíamos igualado el marcador. Anemos 1 - Lutece 1.

[...]

-Según tengo entendido, la ciudad flota gracias a un gran entramado de mecanismos basados en el mineral flotante. El Volio... Pero no termino de entender como funciona...-Le dije a nuestro anfitrión mientras tomaba aquel zumo de melocotón que nos había servido.-Estamos intentando encontrar un sistema de vuelo más eficaz para nuestro barco, como explicamos hace unos minutos, el actual funciona por compresión de aire, y no es muy eficiente.

-¿Y creéis que yo os daré las respuestas? Pues olvidaos, nadie en Anemos os va a enseñar a construir un peligroso armamento. Nos separamos del suelo por una razón ¿O es que no entendéis eso los de abajo? ¡Sois unos irresponsables! Y no vamos a darle una espada afilada a un niño que no sabe ni como usarla. Acabará matando a toda su familia y a él mismo.-Nos espetó con rudeza aquel hombre, que había pasado de ser poco amigable, a ser realmente odioso.

-Yo... No estamos hablando de armas ¡Hablamos de un sistema de vuelo! Y no queremos desentramar todos los secretos de la ciudad. Solo teníamos curiosidad sobre su sistema de vuelo, y ver como mejorar el nuestro.-Intentó responder mi hermana.

-¡Ja! Un simple sistema de vuelo ¿No? Está claro que no lo usaríais para nada malo. En la antiguedad todos los reinos acudieron a Anemos en busca de su poder ¿Y ahora insinuas que solo tienes curiosidad?

-Disculpa pero... No fuimos nosotros los que inventamos una máquina capaz de convertir en aire todo a lo que disparaba, no fuimos nosotros los que huimos por miedo a que nos robasen las... Armas... que fabricamos... Lamento no decir lo mismo de esta ciudad.-Intervine yo, ya cansado de aquella falsa hospitalidad que nos ofrecía.

-¡¿Como te atreves?!-Gritó el enano lleno de ira.-¡¿Huir?! ¡Nos marchamos para que no destruyeseis el planeta! ¡Ya estoy harto de aguantaros! No tenía ni por que haberos enseñado todas estas máquinas. ¡A saber que traman vuestras horribles mentes! Ahora mismo voy a...

-¡ALERTA! ¡ALERTA!-Interrumpió de pronto una voz que resonó en cada rincón de la ciudad, haciendo estremecerse cada piedra que componía los edificios.-¡HAN SIDO ROBADOS POR LOS HABITANTES DE LAS TIERRAS INFERIORES LOS DISEÑOS DE CUATRO PROTOTIPOS PELIGROSOS! ¡LA CIUDAD ENTRA EN ALERTA ROJA! NINGUNA PERSONA PODRÁ SALIR O ENTRAR EN LA CIUDAD HASTA QUE SEAN CAPTURADOS E INTERROGADOS TODOS LOS VISITANTES ACTUALES. SE EJECUTARÁ A LOS LADRONES DE ACUERDO A LAS LEYES DE ANEMOS. SE RUEGA LA COLABORACIÓN CIUDADANA. SE DECLARA EL ESTADO DE CIERRE TOTAL.

Al escuchar aquellas palabras no pude evitar sentir un escalofrío recorriendo todo mi cuerpo... Cierre total... Ejecución... Interrogatorio. Prototipos peligrosos... ¿Que había sucedido? No pude saberlo. La mirada de Rosalind y la mía se cruzaron durante un instante, aquello no olía nada bien... Y tras aquello, a quien miramos ambos fue al enano... Su rostro estaba rojo, cargado de rabia, mirándonos con rudeza. Sin esperar un momento se lanzó sobre la puerta, cerrándola con llave y guardándosela en un bolsillo a la vez que tomaba un hacha metálica, sin filo alguno de una esquina y la empuñaba con fuerza.

-¡Vosotros! ¡Sois unos ladrones! ¡Vais a morir como lo que sois, malditos bastardos!

------------------------------------------------------------------------------------
Off Rol:
Pues continuamos con la partida. Como podréis ver, en este post tampoco hay referencia a vuestros personajes (Dado que actualmente las historias están separadas, pero no os preocupeis, probablemente en el siguiente ya empiecen a enlazarse. Visitad en Post Táctico (Que pondré en cuanto lo termine de escribir) para conocer vuestra parte. ¡Suerte!


avatar
R&R Lutece

Mensajes : 50
Edad : 22
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: La Contención de Anemos

Mensaje por Robyn el Jue Mayo 16, 2013 8:19 pm

Con sumo detalle observaba cada detalle, cada palmo visible de la ciudad. Nunca antes había visto una ciudad tan sofisticada y bella, tanto en arquitectura como en plano urbanístico. Era como si todo estuviese diseñado para flotar de acorde con la isla, como si en cualquier momento se fuesen a volar. Muchos lugares a los que intentaron acceder estaban cortados a su paso. Los Anemienses eran conocidos por su sumo recelo y desconfianza a los que consideraban habitantes de las tierras inferiores, incluso a los Diviums los consideraban extranjeros pese a su capacidad para volar y surcar los cielos como ellos. Esto reducía mucho sus posibilidades de poder encontrar algo de conocimiento, puesto que no le permitían el paso a sus bibliotecas o centros importantes. Se limitaba, entonces, a recorrer las calles de la ciudad sin un punto fijo a donde ir.

- Menuda experiencia más fascinante, ¿eh? De haberlo sabido hubiese elegido que me llevaras de vuelta a mi plano. Cualquier cosa es más interesante que caminar sin un rumbo fijo mientras nos miran con desconfianza y aire de superioridad. ¡A nosotras! – Exclamó la lilim, mientras se interponía en el camino de Robyn.

La comprendía muy bien. Su paciencia tenía un límite y no toleraría que la observaran y hablaran de esa forma. Y menos habiendo pagado casi una fortuna solo para ver edificios y lugares prohibidos a su paso. Se bajó la capucha de su capa, a la vez que se acariciaba con delicadeza las sienes. Respiró tranquila y se sentó en el banco de piedra más cercano. Ya le empezaban a doler los pies y sus ganas de pasear habían disminuido a una velocidad constante e imparable.

- La verdad, es que no esperaba que esto fuese así. Vale que no nos dejasen comprar nada, pero ni siquiera dejarnos entrar en una de sus bibliotecas arcanas me parece excesivo. ¿Qué se creerán ellos raza superior? Me río yo de sus superioridades. – Siguió con la mirada a las personas que pasaban delante de ellas, devolviéndoles la mirada de desconfianza pero con tintes de superioridad. – Supongo que hemos venido para nada.

Si hubiese sido en cualquier otra parte, ya hubiera asesinado a alguien por atreverse a tratarla así. No obstante, las fuertes medidas de seguridad junto con la constante presión de estar siendo vigilada la hicieron retroceder. A ella no le interesaba los artefactos mecánicos, ni sus armas avanzadas solo quería sus conocimientos mágicos. Si quería ayudar a Xana debía de conseguir nuevas ramas de poder. Y, al parecer, allí no encontraría nada de su agrado. Antes de que se levantara de su sitio apesadumbrada ante el estrepitoso fallo de su búsqueda, escuchó como una voz retumbaba por todos los rincones de Anemos de manera fuerte y contundente. Un escalofrío recorrió su espalda, algo le decía que no iba a ser nada bueno.

Y en efecto lo era. Dirigió en un principio una mirada fulminante a su compañera. Sabía que era juguetona y traviesa, por eso en un despiste podría haberse separado de ella y robarle a alguien con sus encantos. Pero, al observar su mirada de preocupación e incredulidad, comprendió al instante que ella no había sido. Si ninguna de ellas había sido, ¿no habría nada de qué preocuparse, no? Ambas se giraron lentamente sobre ellas. Todos los Anemienses las estaban fulminando en esos momentos con sus miradas. Creían que ellas eran las ladronas y si era cierto lo que acababan de escuchar, estaban en un gran apuro.
avatar
Robyn

Mensajes : 65
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: La Contención de Anemos

Mensaje por Frey el Vie Mayo 17, 2013 10:42 pm

Alto y cristalino, destacando sin mucho esfuerzo en aquella pequeña llanura en la cordillera de enormes edificios colindantes, cercado por pequeñas colinas plagadas de arboles y paseantes que disfrutaban bajo de la atenta mirada de aquel enorme ojo anaranjado, la estructura lucia extrañamente en armonía con el paisaje.

El edifico de forma armoniosa e irregular, cautivaba con facilidad la vista de los caminantes, aunque los más habituales parecían ignorarlo fácilmente, de colores claros y blanquecinos y con escasa presencia de cristal brillaba bajo el astro rey y con cada reflejo solar emitido desde su superficie aumentaban en el centauro las ganas de explorarlo, y averiguar qué lugar era aquel, que tan diferente y artístico se presentaba en medio de una de las partes con mayor naturaleza que había vista de la isla.

El interior era cálido y acogedor, a la vez que oscuro y animado, con un gran recibidor de paredes bajas, un poco más y podría darse con la cabeza en el techo, y un suelo rojizo y suave, casi como si fuera de lana. En las paredes, diversas entradas enmarcadas con madera oscura dejaban paso a varias habitaciones, algunas restringidas y unas pocas con un cartel sobre ellas y en el inscrito algunos nombres que nunca antes había escuchado o leído. El recinto no estaba muy lleno, unas pocas personas de diversas razas se paseaban y hablaban entre ellos en el interior de aquella sala casi ignorando al cuadrúpedo salvo por alguna mirada ocasional; finalmente, Frey, movido por la curiosidad entro por una de aquellas puertas.

Al final del tenebroso y corto túnel, una habitación mayor aun de la que venía, con innumerables asientos que apuntaban todos hacia un solo escenario de madera al fondo del cuarto, tardo un poco en darse cuenta de que había dado a parar en un teatro, justo cuando la representación empezaba.
La curiosidad, responsable en gran medida que le había hecho llegar hasta aquella ciudad y adentrarse en este edificio, una vez más, ejercía su poderosa magia haciendo que cuando el escenario se empezase a iluminar y los decorados empezasen a brillar, no pudiera moverse de la sala.

Los decorados parecían casi reales, quizás basados o ayudados en alguna magia o tecnología de la ciudad, solo habría que identificar si actuaba sobre el escenario en si o sobre los sentidos de los espectadores; los actores se sabían muy bien el papel y no se salían de él en ningún momento, logrando transmitir la emoción con cada gesto y palabra, convenciendo a todos de la verdad del engaño que contemplaban.
El aire mientras cambiaba el olor de las cenizas por la lluvia y el suyo por la sangre, traía consigo una triste historia de muerte y sufrimiento que logro embelesar al centauro desde el principio al final, haciéndole olvidar por completo el mundo más allá de las puertas de la sala.

Un rato después, un extraño sonido empezó a ser escuchado por toda la ciudad, aquel teatro no era una excepción.
Tardo un segundo en percatarse, hacia poco que la representación había acabado y el final aun le daba vueltas en la cabeza, mientras escuchaba ese anuncio, ¿ladrones de las tierras inferiores?, eso no le pintaba bien, desde que llego había notado las miradas desconfiadas de los nativos, pero no parecían importarle mucho, no era la primera vez ni la ultima que le miraban de manera parecida, pero no importaba, sin embargo ahora sus miradas no eran solo de desconfianza, era algo mucho más peligroso lo que asomaba amenazante en sus ojos, lo que provoco que un escalofrió recorriera su espalda, se encontraba en graves apuros.
avatar
Frey

Mensajes : 79
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: La Contención de Anemos

Mensaje por Diego Espinoza. el Miér Mayo 22, 2013 12:36 am

No habían pasado ni dos horas desde que llegue a Anemos. De hecho desconocía completamente cuanto tiempo había pasado. Lo único que sabía es que al parecer, la belleza de la ciudad podía verse fácilmente eclipsada por la actitud de sus habitantes. Aquellos seres tan soberbios. Se creían mejores que yo, superiores a mí. Si hubiéramos estado en cualquier otro lugar de Noreth, no habría dudado ni un segundo en abrirles la cabeza a golpes, o acuchillarlos, dispararles, hacerlos estallar, y cualquier horrenda muerte que me viniese a la mente. Desgraciadamente para mí, estábamos en el lugar más fortificado y con las mejores armas de Noreth. Era consciente de que si hacia algo estúpido bien podía terminar muerto de formas que ni siquiera sabía que eran posibles. Moriría antes de darme cuenta si tocaba a algún anemiense. Por más que me fastidiara como una patada en el culo, tendría que aguantar a esa panda de petulantes y su maldito desdén.

Sin embargo, más allá de las miradas de desprecio y miedo, y el hecho de que dos tipos armados me seguían de lejos, y nadie me dejaba entrar a bibliotecas o lugares de mucho conocimiento, la visita no fue tan mala. Ciertamente había sido un gran costo el pagado y me decepcionaba un poco el recibimiento. Por fortuna había sido dinero robado el que invertí, no dinero propio, de otra forma habría estado furioso. Aun así, el solo hecho de ver un barco volador ya me dio varias ideas. Sin duda la capacidad de volar me sería muy útil en mis misiones, podría matar bandidos disparándoles sobre sus cabezas y ellos ni siquiera notarían que paso. Sin embargo, aun tenía que solucionar el problema del tamaño y el sonido, pero de por sí una maquina que vuela ya era milagro suficiente como para pensar en mejorarla tan prontamente, aunque no me sorprendería que los anemienses vieran esas cuestiones como cosas de poca importancia, o demasiado básicas. Después de todo, para ser el continente más tecnológicamente avanzado en todos los campos, a pesar de poseer el mejor armamento del mundo, son una bola de cobardes, que sol quieren sacar sus juguetitos si deben usarlos contra alguien del mundo al que ellos denominan como “inferior”.

Después de un rato caminando, ya comenzaba a cansarme, por lo que pare un poco para reponer energías. No sabía que me había cansado mas, si le hecho de recorrer una ciudad tan grande, o el hecho de que la gente mirara mis armas, o mi ropa, o mi misma cara con gesto de desconfianza, cosa que ni se molestaban en ocultar. Por suerte nadie me había insultado directamente aun, pero era obvio para mí lo que pensaban y como me veían, por lo que no hubiera sido mucha diferencia en realidad. Una vez concluido mi descanso, comencé a caminar otra vez por las bastas calles. A pesar de haber visto ya varias de ellas, nunca me cansaba de presenciarlas, eran más velas que cualquier ciudad que hubiera visto, y eso que había visto muchas. Sin embargo mis placenteros pensamientos se vieron pronta y repentinamente interrumpidos por un escandaloso sonido. Parecía ser una alarma. Vaya, incluso las alarmas de Anemos ya eran diez veces mejores que las del resto de Noreth. Según entendí, alguien de las tierras “Inferiores” había robado algo a los anemienses. Podría ser algo tan complicado como un pelador de papas, o tal vez algún arma rara anemiense o planos. De seguro media ciudad se alborotaba pro la cosa más estúpida que se pudiese imaginar. Sin embargo, y a pesar de sus posiblemente ridículos motivos, los anemienses estaban molestos. De golpe, pareciera que todos los pocos anemienses que estaban cerca de mí se alejaron, casi como rodeándome. – Mierda- dije para mi mismo al ver mi situación actual. Para peor, casi no tenía armas, y de las que tenia, pues, mi pistola parecía un juguete de bebe al lado de sus armas, y mis armas de filo no ayudarían en nada. Además, de por si me acusaban de robo, ahora no quería que me acusaran de homicidio también, aunque hubiera más de uno en ese momento que quisiera matar
avatar
Diego Espinoza.

Mensajes : 57
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: La Contención de Anemos

Mensaje por R&R Lutece el Miér Mayo 22, 2013 11:21 pm

-¿¡Pero que dices!? Nosotros no hicimos nada-Le gritó Rosalind mientras retrocedía asustada. Yo me coloqué a su lado, erguido y con el gancho en mi mano izquierda por si decidía hacer algo estúpido. Aquel enano tenía el rostro rojo de rabia, y empuñaba un extraño arma, similar a un hacha, pero de filo romo recubierta por una nube de rayos danzantes.

-Rosalind, mantengámonos atrás, no parece atender a razones.-Le respondí en un intento vano de calmarla... Algo complicado, pues yo también estaba nervioso. La situación se había torcido de forma impensable en solo unos minutos. Y ni siquiera teníamos culpa alguna.

-¡Mentirosos! Ya sabía yo que tanto interés tenía que traer malas intenciones. ¡Todos los de Las Tierras Inferiores sois iguales! ¡Solo buscáis aprovecharos del poder de los demás para destruir y causar daño!-Dijo hecho una fiera mientras blandía el arma en nuestra dirección.

Cuando vimos el metal ante nosotros, nos separamos, echándonos cada uno hacia un lado y rodeando a aquel hombrecillo hasta volver a juntarnos tras él. La habitación estaba cerrada, aquel hombre había cerrado las puertas en cuanto el comunicado empezó a sonar por todas partes. Quien quisiese que había cometido aquella imprudencia, nos había dejado en una posición bastante mala... Teníamos que escapar de allí, no creía que aquel hombre fuese a matarnos... Al menos no en aquel momento, los Anemos parecían tener su justicia bien diseñada, y aquello probablemente le habría causado muchos problemas, pero un golpe de aquello, y probablemente quedaríamos inconscientes, o algo peor. Y lo que ocurriese después... Era ya otro asunto. ¿Que podíamos hacer? Como siempre, no llevábamos más armas que nuestros ganchos, y aunque las tuviésemos, no las habríamos usado, aquello no habría mejorado nuestra imagen, ni nos habría hecho parecer más inocente. ¿Que había allí? Mesas, papeles, trozos de metal y madera, nada útil... Los dos retrocedíamos mientras aquel hombre se nos acercaba peligrosamente, hasta que mi espalda sintió el frío tacto de la pared detrás de mi... Sentí un escalofrío. "Atrapados". Pensé... Pero escuché un crujido a mi espalda... No era piedra... Miré hacia atrás con el rabillo del ojo. Un cristal... Era el ventanal de aquella torre. Entonces, una idea surcó mi mente, y mis ojos se cruzaron con los de Rosalind... Lo supe al momento, había pensado lo mismo.

Ambos nos giramos, y de un golpe fuerte, el cristal saltó en mil pedazos, y tras él salimos nosotros. Rodeados de miles de lágrimas de cristal centelleante, de múltiples formas y tamaños, y bajo nosotros, el gran vacío de las nubes... Una caída mortal...
Y el ruido del metal contra el metal sonó...

Bajamos a toda velocidad, colgados de aquellos pequeños canales metálicos que recogían el agua de lluvia... Todo gracias al gancho, una ironía que al fin el objeto cumpliese una misión derivada de su nombre. Saltaban algunas chispas debido al roce, pero no importaba, pues ni eran abundantes, ni peligrosas... No más al menos que el enano que veía alejándose mientras Rosalind y yo descendíamos de forma un tanto temeraria. Quizás haberse lanzado así había sido un riesgo considerable, pero era la única forma que vi de salir, además... El metal no estaba muy lejos del cristal, de forma que fue fácil alcanzarlo, y de todas formas ¿Que importaba? Ya lo habíamos logrado, habíamos sobrevivido. Finalmente, el camino llegó a su fin, cuando el depósito de gran tamaño frenó mi avance, y solté mi artefacto cayendo los dos metros que me separaban del suelo con total gracilidad. No era un salto precisamente impresionante.
Rosalind se bajó casi al mismo tiempo que yo, y contemplamos con extraña curiosidad como a nuestro alrededor no había nadie, cuando minutos antes había estado plagado.

La ciudad parecía haber muerto tras las voces de alarma, y la única vida que vimos allí fue la de un niño a lo lejos corriendo hacia el interior de una casa. No costó mucho darse cuenta de que todos se habían refugiado en sus hogares. Puertas cerradas, ventanas atrancadas y cortinas echadas, todos habían huido simplemente ante el peligro de los ladrones que habían atacado la ciudad.

-¿Crees que nos habrá visto alguien bajar?-Preguntó Rosalind en vos baja, puede que los ojos fuesen ciegos, pero seguro que no faltaban orejas cerca.

-¿Vernos? Es posible. Será mejor que nos alejemos del lugar cuanto antes.-Le respondí justo antes de ponerme en marcha.

Las calles estaban todas igual, no se escuchaba más ruido que el del viento al moverse entre los edificios y el del agua discurrir por las estructuras que nos habían salvado la vida. Íbamos en silencio, intentando no llamar la atención por si había ojos u oídos alertas, y finalmente llegamos a un sitio que aún tenía gente... Era una especie de plaza, y habían muchas personas. Unas cuantas tenían un traje de color blanco con planchas metálicas, además llevaban en el pecho un emblema, supuse que era la guardia de la ciudad. Cerca de ellos discurría una fila de personas cuyas manos se encontraban encadenadas, todas se dirigían a un gran edificio vigiladas atentamente por la guardia.

-¡Caminad, escoria inferior!-Gritó uno de ellos.-Si se os ocurre pararos tendréis una caída muy larga hasta vuestras tierras de origen. Seréis sometidos a un interrogatorio, si se descubre que mentís, se os ejecutará, si se descubre que encubrís al ladron, se os ejecutará, si sois el ladrón, se os ejecutará... ¿Queda claro?

Sentí un escalofrío al escuchar aquello. Toda esa gente era perteneciente a las tierras de Noreth, y los Anemos los estaban encerrando para... Interrogarlos. Aunque sus palabras no parecían mostrar que fuesen a tener compasión... O justicia misma. Contemplamos el resto de la plaza, intentando encontrar algún detalle que nos ayudase... Al parecer el puerto aéreo de los barcos estaba totalmente cerrado y vigilado, escapar en ellos era imposible al parecer.
De pronto sentí un golpe de mi hermana, y cuando me giré para ver que quería, señaló en una dirección. Indicaba un callejón, donde al principio no pude ver nada, pero que al final descubrí a una figura escondida, parecía una mujer con alas... Una divium. Mi mirada se paró en los otros caminos, no era el único donde una figura escondida contemplaba el espectáculo. Al parecer, no eramos los únicos que habíamos escapado. Otra mujer alada, un centauro, y un hombre. Al principio pensé en hacer una alianza, pero entonces surgió una duda en mi cabeza ¿Sería alguno de ellos el verdadero ladrón? Quizás así fuese, pero antes de decidir si proponerles una alianza o no, la voz de uno de aquellos guardias sonó por toda la plaza.

-¡EH! ¡TÚ! ¡EL HOMBRE DE AHÍ!-Gritó con fuerzas... Al principio sentí un miedo increíble, y palidecí del horror... Pero cuando comprobé que las miradas no se dirigían a mi, si no al otro hombre, me sentí un poco más aliviado.-¡Eres de las tierras inferiores! ¡Ven aquí, estás detenido!

------------------------------------------------------------------------------------
Off Rol:
Continuamos la partida. Al fin nos encontramos todos... Aunque en una región un poco conflictiva. Mirad el Off para más información. Sobre todo Diego Espinoza...
El siguiente mastereo es el miercoles que viene.


avatar
R&R Lutece

Mensajes : 50
Edad : 22
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: La Contención de Anemos

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Página 1 de 6. 1, 2, 3, 4, 5, 6  Siguiente

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba


 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.