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La Contención de Anemos

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Re: La Contención de Anemos

Mensaje por Robyn el Vie Mayo 24, 2013 6:41 pm

- No quiero ser una aguafiestas, pero creo que deberíamos irnos.

Robyn asintió con determinación, a la vez que un aura roja iluminó su mano derecha. La lilim desapareció poco a poco de ese plano, haciéndose cada vez más transparente hasta desvanecerse. Si iba a salir corriendo, no se podía permitir llevarla a rastras con ella si no quería que la retrasase más de lo debido. Acto seguido, desplegó sus alas con fuerza. No se alzó en vuelo, puesto que no quería ser un blanco visible para toda la ciudad ya que si la perseguían la verían con facilidad. Más bien las utilizó para coger impulso y volar a ras de suelo. Por eso había desinvocado a Xana, no tenía la suficiente fuerza como para llevarla a ella. Notó el viento golpeándola en la cara, los gritos de la muchedumbre enfurecida cada vez más lejanos, como la capa que llevaba tiraba de su cuello al someterse a tal velocidad y corriente.

No tenía ni idea de a donde ir o de donde esconderse. Simplemente se dejaba llevar por sus instintos, que decían que huyese hacia los callejones oscuros donde con suerte podría esconderse hasta que todo eso pasase. Todo había cambiado en unos instantes, en un simple parpadeo. Maldijo un millar de veces en su cabeza, la hora en la que decidió ir a ese maldito continente flotante. Solo se había llevado decepciones y negativas ante esa gente. Su búsqueda de conocimientos había caído en saco roto. Aún mantuvo durante unos segundos la esperanza de que alguien la comprendería y dejaría enseñarla algo: Sin embargo, ante la perspectiva de que había un ladrón de las “Tierras Inferiores”, todo parecía ponerse en su contra al ser de allí por desgracia o suerte.

Cuando dejó de escuchar a la multitud enfurecida, se detuvo en seco en mitad de una callejuela. Se llevó las manos a las rodillas para intentar recuperar la respiración y detenerse a meditar su siguiente paso. Observó con no había nadie cerca. Todas las puertas y ventanas estaban cerradas a cal y canto. El mensaje se había hecho llegar y como es comprensible, los ciudadanos asustados se habían refugiado en sus casas para no molestar a la guardia de la ciudad. Ni se molesto en intentar abrir una de las puertas, ya que solo conseguiría que la delatasen y al parecer por allí no la estaban buscando. ¿Qué podía hacer ahora? El puerto de la ciudad estaría también cerrado y bajo estricta supervisión, si intentaba volver por donde había venido se toparía con la guardia que hubiese acudido a los gritos y si intentaba salir volando, podía correr el riesgo de ser un blanco fácil para sus armas.

En su mente, pudo escuchar como la lilim se reía de su suerte y como la recordaba que ella siempre había pensado que ir había sido una mala idea desde el principio. Carraspeo los dientes como signo de impaciencia ante sus impertinencias. No quería escuchar en esos momentos las sandeces de Xana y menos aún sabiendo que tenía razón y no dudaría en reprochárselo a partir de esos momentos cada vez que tuviese la mínima ocasión. Se colocó bien la capa y de nuevo se puso la capucha. Si sabían ya que había una Divium en la ciudad de las “Tierras Inferiores”, debería de ocultar su naturaleza para no levantar sospechas. Tuvo la idea de esconderse en uno de los callejones hasta que encontrasen a un ladrón o alguien que asumiese las culpas y levantase el bloqueo de la ciudad. En el primer callejón que pilló a mano, se escondió entre los restos de basuras y objetos varios. Tal vez no fuese la persona más sigilosa del mundo, pero sabía que si no quería ser vista debería de ocultarse en las sombras y no moverse mucho.

Desde la posición en la que se encontraba, podía ver una gran hilera de gente que se dirigía hasta un edificio majestuoso y de gran tamaño, conducidos por los que seguramente serían los guardias del lugar. Por los gestos y expresiones, debían de ser todos los presuntos sospechosos del robo. Así que si la pillaban la llevarían allí a saber para qué, lo mejor sería seguir oculta allí hasta que se pasase todo o tuviese una oportunidad de salir de Anemos sin poner en riesgo su vida. Por desear no perdía nada.
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Re: La Contención de Anemos

Mensaje por Amethist el Vie Mayo 24, 2013 7:32 pm

El mundo de la imaginación y la inconsciencia es complejo, en ocasiones absurdo, pero la mayoría de las veces descontrolado. Mis sueños pocas veces me dicen algo que sea valioso para los momentos de vigila, por ello siempre agradezco que mi mente sea selectiva: no conserva mucho de lo que de manera loca inventa. Pero no todo en el mundo imaginado es nocivo: sin duda el dios del sueño hace que el tiempo vuele y, cuando menos se espera, el cuerpo despierta con las energías recuperadas y el ánimo resuelto. Así recibí la realidad, rodeada de murmullos y bullicio propio de aquella ciudad de locos; de cierta manera, era un triste despertar, puesto que era evidenciar desde la primera respiración la bocanada de desgracia masiva en la que estaba inmersa.

Abrí los ojos, para recibir una panorámica de la fuente de aquel ruido, cuando mi mirada se centró en una figura minúscula, vestida de azul, que me comía con su mirada azulada inquisitiva, demasiado bondadosa para mi gusto, mientras una sonrisa bordada por unos cachetes rojizos y prominentes, terminaba de completar el encuadre de un duende, tan alto como un brazo extendido, que en pie, decidió darme la bienvenida:

-¡Por fin despiertas! ¡Llevo horas esperando este milagro! Eres… sí, sí… eres un ejemplar muy interesante. Te ves juvenil pero… ¿Por qué esa carita de malgenio, eh?-preguntó en cierto tono burlón y feliz.

Tal vez fuera el estado de hipnótico en el que estaba, o tal vez fuera cierto cansancio que sentía en mis ojos por tanto dormir, pero ese individuo me pareció tóxico desde su primera frase, y como se hiciera con cualquier insecto antes de aplastarlo, decidí ignorarlo. Volteé mi rostro, dejando claro que no contestaría sus preguntas, y luego de desentumir un poco mis músculos, moviendo mis piernas y brazos, me levanté. Ciertamente la criatura era enana, con dificultad llegaba a alcanzar mis rodillas.

-Hermoso espécimen sin duda- y su mirada inquisitiva volvía a repasar de arriba abajo una y otra vez mi figura, sin saber con exactitud qué era lo que le llamaba la atención: - Hace años no veía uno así… ¡Fascinante! Cabellos blancos, ojos lila, rostro pálido… bajita, como yo. Diría que han pasado décadas, casi el siglo- y una risita se escapó entre su sonrisa bonachona.

Le miré con indignación o aún peor, con furia, más ignoraba las costumbres de aquel lugar donde me encontraba y bien había oído las advertencias antes de realizar el viaje. ¡No! No tendría manera de ponerle un dedo a ese individuo obeso hasta no tener en claro si me era licito darle la lección que merecía.

-¡Largaos!-espeté con desgane, mirando una vez más el camino que habría de elegir para llegar a mi destino.

-¿Acaso será la altura lo que os tiene así de descompuesta, pequeña divium?...- y luego de un momento, bajando la voz como si revelara un secreto, en un susurro: - o , ¿estaréis en esos días que son horribles para todas las especies femeninas?... o…- y retomando su tono normal y juguetón: -es posible que dormir en semejante posición os haya afectado el sueño. Mi abuelo decía: “siempre se duerme mejor entre las dulces sábanas de la cama propia al calor del hogar y con una bella mujer al lado que al otro día las lava”- y soltó nuevamente su risita particular: -Sabio era mi viejito… un sabio entre todos nosotros. ¡Oh, Salabahd deth laph! ¡Qué cortesía la mía! Soy Ralphim, Ralphim Sacks, y seré vuestro guía mientras estéis en mi ciudad, la amable y hospitalaria Anemos. Ahora, ya que por fin estáis repuesta y despierta, os indicaré dónde se encuentra el Archivo de Tecnología e Historia Continental de Nubibus.

Despreciable. De todas las pesadillas vivientes que había tenido que soportar en mis 43 años de existencia, ese bicho era el peor de todos. ¿Por qué a mí? No tenía sentido y lo peor: no había solución. Con un suspiro, miré al duende de cara rojiza y cuerpo glotón, y sin ánimo de discutir le dije:

-Primero, un baño… eso necesito: un baño-

-¡Eureka! Ésa era la última posibilidad que iba a daros: siempre la respuesta está en la opción más sencilla de todas- y una vez más rió, con cierto nerviosismo que, por primera vez, sentí pena de mí misma por la compañía tan molesta que tenía.

Sin mayores opciones de decisión, seguí los pasos del pequeño, quien para mi sorpresa resultó ser ágil y veloz. Tal vez, su fuerza radicara en algún tipo de magia o artefacto que le daba mayor impulso a sus pasos y en cada salto avanzaba 3 de los míos. De esa manera, fui yo quien al final terminó corriendo tras de él. De cuando en cuando, miraba hacia atrás y con aire risueño me examinaba, riendo entre dientes. Y aquello aumentaba mi ira a niveles exponenciales: si sólo no estuviera en un lugar con tantas restricciones… si tan solo pudiera al menos arrancarle esa sonrisa.

-De seguro, debes pertenecer a aquella especie de diviums que controlan el agua… pero mucho más bajita que la última que viera, ¿1.50 tal vez?... no, no.. ¡1.60! -afirmó, como si fuera una idea que le rondará desde el primer momento en que me viera.

Aquellas palabras me parecieron suspicaces, ¿por qué sabía tanto? Pero sobre todo, ¿por qué sabía sobre ESO? La intriga me carcomía, pues había sido educada para no creer en las coincidencias, más sí en el destino. Miré a aquella criatura quien, sin saber muy bien por qué, se ruborizó ante mi mirada:

-Hacia allá… ¿le veís? Allí hay baños de acuerdo a cada especie- y se aclaró la garganta como si quisiera evadir el tema: - Os estaré esperando acá, Öndine.

Me dirigí al baño y al sonido de mi nombre, en la pronunciación que siempre había acompañado a aquellos elfos con quienes me había criado, no puede evitar voltear a verle. Él por su parte, parecía saber que estaba saliendo victorioso de nuestro fatídico encuentro, y con ademanes evasivos, huía de mi mirada contrariada. Decidí continuar hacia los baños y, luego de mirar la edificación de curiosa construcción, que como bien explicará Ralphim su servicio respondía a la necesidad de la raza a la cual pertenece el usuario, entré al sitio reseñado por un letrero plateado brillante en el que se leía “Diviums”. Aquello era realmente sorprendente, más lujoso que lo visto en Nubibus Ferrum. Cuando estuve dentro, por la primera ventana que noté… escapé.

No había terminado de salir cuando, de improviso, una alarma de robo empezó a sonar y, sin prestar atención a lo que anunciaba, como por reacción intuitiva, evadiendo las miradas malintencionadas y prejuiciosas de la gente, corrí lejos del lugar, internándome entre la multitud que, poco a poco, parecía perderse como tragada por la tierra misma. Atravesé una plaza y, volteando la ladera, vi un callejón oscuro, el cual me pareció el espacio idóneo para dejar pasar el peligro inminente; aunque no estaba muy segura de ser parte de aquéllos a quienes estaban buscando – ¡yo no había robado absolutamente nada... Sólo había dormido más de lo normal!-, debía buscar la manera de burlar la presencia de aquel minúsculo ser de risa detestable.

Los minutos pasaron, tal vez fueron horas, hasta que las voces confusas de lloriqueos y meclados con gritos y pasos masivos de gente, llegó a mis oídos. Algo no estaba del todo bien. Salí de mi escondite y, con sigilo, aguantando la respiración, observé la escena, acurrucada, aprovechando mi escasa estatura:

-¡Caminad, escoria inferior! Si se os ocurre pararos tendréis una caída muy larga hasta vuestras tierras de origen. Seréis sometidos a un interrogatorio, si se descubre que mentís, se os ejecutará, si se descubre que encubrís al ladron, se os ejecutará, si sois el ladrón, se os ejecutará... ¿Queda claro?

-Demonios, demonios… äbër däs ïst Schëiβë… Wäs känn ïch mächën? (“#$”#- ¿qué puedo hacer?)- pensé. Aquel viaje no podía ser más catastrófico de lo que hasta el momento estaba resultando.

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Re: La Contención de Anemos

Mensaje por Diego Espinoza. el Dom Mayo 26, 2013 12:26 am

Todo paso demasiado rápido, aun para mí. En menos de unos segundos, ya pareciera que todos me miraban mal, como si estuvieran a punto de lanzarse hacia mí. Algunos incluso comenzaban a acercarse. Estaba casi sin armas, en medio de un territorio desconocido, rodeado de individuos hostiles. No hace falta ser soldado para saber que mi situación era de verdad difícil. Sin embargo no me dejaría atrapar. Corrí hacia el primer hueco que encontré, empujando salvajemente a cualquiera que se cruzaba en mi camino. Ellos eran muchos, pero no eran más que civiles asustados, desorganizados, incluso una tropa de esclavos me la habría puesto más difícil la escapada. Apenas Salí de la “ronda” que se había formado a mí alrededor, corrí lo más rápido que me fue posible, sorteando personas por doquier. Llegado cierto punto, no sabía si yo escapaba de ellas o ellas de mí. Cualquiera que me veía salía escapando del lugar. No estoy seguro de cuanto corrí, solo sé que llegado un momento, no conseguía escuchar absolutamente nada.

Pare en seco, cuando ya estaba definitivamente perdido, en una zona que no había visitado con anterioridad. Lo grande que esa ciudad era no dejaba de asombrarme. En aquí lugar, no había un alma, ni un sonido más que el de mi pesada respiración. Las puertas y ventanas estaban cerradas, posiblemente para guarnecer a las personas que se ocultaban temerosas en sus casas, como si una nube de pese estuviera llegando a su ciudad. La verdad, para seres que se consideran tan superiores veía muy irónico su repentino temor hacia un solo “inferior”. Por más que fuese un ladrón, no era un ejército bárbaro invasor ni mucho menos.

Llegue a ocultarme en un callejón, a pesar de que no era nada bueno como escondite, debía planear con mucha determinación mi siguiente jugada. Esto era como cunado planeaba las estrategias de batalla, había que calcular cada paso, todas las posibles variantes, las consecuencias de cada acción, toda posible trampa. El procedimiento nunca cambio, solo la ubicación y las circunstancias. A pesar de que en ese momento no tenía ejército bajo mis órdenes, el planear como escapar de ahí, no era tan diferente a una planificada misión de asesinato, o una masacre, solo que esa vez en particular intentaría no matar a nadie.

El puerto donde había venido ya de seguro estaba cerrado para evitar que alguien escapase. Mi otra opción era lanzarme al vacío, la cual quedaba descartada automáticamente pues no tenía alas lamentablemente, y no quería suicidarme. No podía esperar que todo el alboroto pasara, llevaría demasiado tiempo y sería fácil encontrarme. Necesitaba un plan de acción. Estaba tan concentrado pensando que hacer, que ignore completamente lo que tenía a mí alrededor. Sin embargo, el sonido de una vos me devolvió a la realidad. Era un hombre armado, posiblemente de las fuerzas de seguridad de Anemos. Llevaba al menos a cuatro compañeros consigo. Detrás de él podía ver una larga fila de cautivos. Todos ellos eran de seguro visitantes de las “Tierras Inferiores”.

Su voz volvió a resonar en mis oídos, esta vez gritando “¡Eres de las tierras inferiores! ¡Ven aquí, estás detenido!”” –Claro que si, por un grupo de imbéciles- dije a modo de susurro para que no me oyera mientras salía de mi escondite. No podía dejarme capturar, y al mismo tiempo no podía escapar, puesto que los guardias de seguro conocían de hace años la ciudad mientras que yo solo tenía unas horas o tal vez menos. Tenía que pelear, aunque no quisiera, aunque después del trato que recibí en esa ciudad, no lamentaría mucho una pelea, sin importar su resultado. Me acerque a uno de los guardias, al parecer demasiado, ya que este desenvaino su espada y puso la punta cerca de mi cuello. Acto seguido, mando a uno de sus guardias a revisarme, quien se situó detrás de mí y comenzó a hacer un registro.-Sera más fácil si colaboras- dijo aquel hombre. Yo por mi parte tenía una idea, arriesgada, pero podría salir de aquella situación.- Hay una daga aferrada a la parte trasera de mi cinturón- le dije mientras examinaba su armadura. Parecía una buena aleación de metal, con protección en los brazos y las piernas, pero al mismo tiempo no limitaban para nada los movimientos debido a la ausencia de mucha protección en las partes como codos y rodillas, como en todas las armaduras de la guardia urbana que había visto en mi vida, aunque tal vez estas fuesen más flexibles o duras. Si lo que había escuchado de los Anemos era cierto, algo tendrían aquellas bellezas.

Apenas el hombre se acercó a mi espalda y vio mi cinturón, dijo con cara de duda- Ey, aquí no hay nada- Un segundo después, ya le había dado un poderoso codazo en la nariz que lo hizo retroceder.- Maldito inferior- grito el guardia mientras me tiraba una estocada hacia el hombro. De seguro su objetivo no era matarme, sino inmovilizarme para poder llevarme a su interrogatorio. Desde ese punto de vista, eso me daba más seguridad, aunque claramente no podía bajar la guardia. Esquive la estocada que aquel hombre me lanzo con su brazo derecho, haciéndome a un lado, lo que me posicionaba a su derecha. Al mismo tiempo, sujetaba su muñeca con mi mano derecha. Luego le di un golpe en medio del codo, justo en la unión. A pesar de la armadura, no estaba protegida la totalidad del codo, puesto que si no sus movimientos estarían limitados. Escuche un ligero “crack” señal de que posiblemente le había roto un brazo. El grito de dolor que siguió confirmo mis sospechas. Sin embargo, había tres hombres detrás de él por lo que inmediatamente solté el brazo del hombre y con ambas manos posicionadas en su pecho, le di un empujón con fuerza. El hombre retrocedió lo suficiente para frenar a dos de sus compañeros, sin embargo, el tercero consiguió avanzar hacia mí. Me tiro un corte descendente de derecha a izquierda con su mano izquierda. Yo conseguí adelantarme para sujetar su mano y frenar su ataque, con mi mano izquierda. Acto seguido el me tiro un golpe a la cara con su mano derecha. Conseguí frenarlo a escasos centímetros de mi para con mi mano izquierda. Viendo que no conseguiría golpearme con sus manos, le tiro una patada de costado con su pierna izquierda en la cintura. No pude evitar recibir el impacto del pie de aquel hombre en mi cintura, el cual me dolió bastante. Sin embargo, conseguí sujetar su pie pegado a mi cintura, una vez recibido el impacto, soltando su mano izquierda y usando la mía para sujetar su pierna izquierda y mantenerla pegada a mi cintura. Antes de que pudiera hacer algo para evitarlo, le di un rodillazo con mi rodilla derecha, a un costado de su rodilla izquierda; otro golpe de fractura, pero esta vez a la pierna, y otro grito de dolor se escuchó. Después simplemente lo sote, y el tipo cayó al suelo sosteniéndose su pierna mientras gemía.

Para entonces, los otros dos sujetos ya estaban corriendo hacia mí, y muy cerca para mi gusto. Uno de ellos me lanzo un corte que apenas logre esquivar, cortando solo un poco de mi ropa. Retrocedí esquivando sus golpes hasta que quede casi pegado a la pared de una casa. El hombre que daba los golpes estaba ya varios pasos adelantado a su compañero. Entonces, viendo que no tenía escapatoria, el hombre que ya se había cansado de perseguirme corrió hacia mí, listo para tirarme un corte descendente directo a mi hombro izquierdo. Cuando lanzo el corte, me hice a un lado rápidamente, girando mientras retrocedía hacia la derecha. Al mismo tiempo estire una de mis manos y alcance a darle un fuerte empujón a su espalda. Todo paso tan rápido que el hombre no alcanzo a poner la mano con fuera para frenar su impacto, y no pudo evitar darse la cara contra la pared. En pocos segundos llego su compañero. El hecho de ver lo que había pasado antes parecía haber bajado un poco su moral. Estaba nervioso, y como siempre pasa con los nerviosos, terminan atacando sin pensar. Me dio un corte en diagonal de derecha a izquierda hacia mi cabeza, el cual logre esquivar agachándome, mientras avanzaba con rapidez para quedar de espaldas a él. Sin embargo el demostró ser rápido, apenas noto que estaba a sus espaldas, se giró hacia la derecha, dando un corte de lado a lado. Levante mi brazo en señal de bloqueo, lo cual detuvo su ataque, y antes de que pudiera reaccionar, le di un golpe en medio del cuello. El golpe surtió efecto, y el hombre no pudo evitar llevarse la mano libre a su cuello por simple acto de reflejo. Se había quedado sin aire. Entonces aproveche mi oportunidad, sujete su brazo con ambas manos mientras me daba la vuelta, para pegar mi espalda contra su pecho, acto seguido tire del brazo para adelante mientras me agachaba, provocando que aquel hombre volara por sobre mi espalda y aterrizara duramente de espaldas al suelo.

Cuando finalmente creí haber ganado, escuche pasos acelerados viniendo hacia mí. Gire mi cabeza para comprobar que el tipo que había recibido mi codazo anteriormente se había recuperado, aunque tenía sangre en el tabique, posiblemente su nariz estaría medio rota. El tipo trato de lanzarme un corte por la espalda, pero yo logre desenvainar mi sable al mismo tiempo que me giraba, logrando desviar su ataque con un impacto de mi filo. El descuidado ataque que hizo lo dejo con la guardia baja y muy cerca de mí, por lo que estire mi mano a más no poder y sujete con fuerza su nariz. El hombre dejo escapar un ligero y agudo gritito al sentir mis dedos estrujar su tabique. La estruje con mucha fuerza, y luego le di un tirón con fuerza hacia mi dirección, girando y retorciendo su nariz, al mismo tiempo que me hacía a un lado, levantando ligeramente el pie para hacerle una zancadilla. El hombre, muy adolorido, no pudo vio que le estaba poniendo el pie, se tropezó, y cayo de cara al piso. Entonces, se quedó para no levantarse, sosteniendo su nariz mientras daba agudos gritos y un pequeño charco de sangre salía de su cara.

Sin embargo, aun la cosa no había acabado. No pude evitar escuchar el sonido del metal levantándose del suelo. Gire para observar al hombre que hasta hacia poco se había golpeado la cara contra la pared. Estaba sacando una daga de una funda de su cinturón. Al parecer, ahora lucharía con un ambidiestro, y yo teniendo solo un sable. Ahora las cosas se ponían feas de nuevo. El hombre no se hizo esperar y lanzo un rápido corte con cuchillo que apenas logre esquivar, solo cortando mi ropa. El combate fue duro. Los segundos pasaban como horas mientras esquivaba los ataques rápidos de aquel hombre. Debía evitar el ataque de una mano y usar mi sable para evitar que el otro impactara en mi cuerpo. Solo obtuve rayones en mi coraza y cortes en mi ropa, además de un ligero corte en mi mejilla, que probablemente me dejaría una cicatriz. El hombre comenzaba a cansarse. En un momento de descuido, dejo su estómago al descubierto, cosa que aproveche. Conseguí atrapar el brazo que usaba para su cuchillo con mi mano libre, y dando un golpe con mi sable, logre apartar su otra mano, aunque sin desarmarlo. Entonces antes de que se volviera a poner en guardia, le tire un rodillazo al estómago que el cuerpo del tipo, por mero reflejo, se contrajo. Solté mi sable inmediatamente y logre aferrar su otra mano, de ese modo, le inmovilizaba ambas manos. Proseguí dándole rodillazos continuos al estómago. No sé cuántos le habré dado, pero para cuando acabe, el hombre soltó su cuchillo y callo arrodillado al suelo, sujetándose con fuerza el estómago, y escupiendo algo de sangre.

Levante mi espada del suelo, la guarde en su funda, y observe a mí alrededor. Los guardias aún seguían tirados y adoloridos donde los deje. Sin embargo había perdido mucho tiempo peleando contra ellos y tenía que esconderme rápido pues cuando alguien viera eso aparecerían más guardias, y yo por mi parte estaba bastante cansado. Mientras contemplaba el lugar, no pude evitar percatarme de la presencia de dos personas, un hombre y una mujer (R y R Lutece). No sabía si serian de Anemos, aunque lo más probable es que no lo fueran, puesto que si no estarían escondidos en sus casas, y no medio ocultos en aquella plaza. Sin pensármelo corrí hacia ellos. Sabía que podían ser ellos los ladrones, pero en caso de que lo fueran, si nos atrapaban podía demostrar mi inocencia, y si no eran ladrones, pues me convenía estar con otros fugitivos.- Oigan, ustedes dos- grite mientras me acercaba- Por favor, ayúdenme, no soy el ladrón se los juro- dije apresuradamente mientras avanzaba. Esperaba que ellos hubieran escuchado ya la alarma y tal vez hubieran pasado por una situacion similar a la mia, en cuyo caso quizxas podrian ayudarme. Era posible y más que comprensible que ellos no sintieran confianza hacia alguien armado que acaba de pelear contra unos guardias, pero estaba más que necesitado y no quería ser capturado.
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Re: La Contención de Anemos

Mensaje por Frey el Dom Mayo 26, 2013 10:58 pm

Lo que pocos minutos antes era un paisaje completamente adorable, ahora se tornaba un lugar macabro, lleno de desconfianza, miradas indiscretas, y algo de temor generalizado; dependiendo a donde se mirase.
Muchos de los caminantes del parque se habían puesto nerviosos, muchos se difuminaban entre arboles y edificios, desapareciendo rápido de la vista, unos corriendo a sus hogares, otros simplemente a esconderse por miedo a que los tomasen como ladrones, entre ellos un centauro del cual se me ha encomendado escribir su historia.

No hacía falta ser ningún erudito para ver la poca estima que los habitantes de la ciudad tenían a los de las tierras inferiores; muchos incluso lo podrían llegar a describir como un profundo odio, al contemplar cómo les trataban; pero lo del ladrón se salía de la raya, es decir, si a los turistas normales ya se comportaban asi, ¿qué no le harían a aquellos extranjeros que hubieran roto sus leyes?, con la tecnología que tenían allí, los castigos deberían de ser terribles; o al menos eso fue lo que pensó el joven centauro.
Empezó a sentir la imperiosa necesidad de moverse, de alejarse de los demás, por la mente se le empezaron a pasar, en parte inspirados por la obra que acaba de presenciar, toda clase de situaciones macabras que se podrían dar si era confundido por el ladrón, puede que fueran ciertas, o solo fruto de la exaltación de los sentidos provocada por la repentina situación, pero lo cierto es que cumplía el único requisito por ahora dicho del ladrón, ser de las tierras inferiores, por lo cual podrían etiquetarle de sospechoso.

La hierba amortiguaba sus pasos mientras avanzaba, recto, erguido y rápido, sin llegar a correr, las ganas de esto no le faltaban, pero eso podría hacerle parecer más sospechoso, o, al menos, eso creía, pues sería como si estuviera huyendo.
No tardo en dejar atrás el parque y encontrarse otra vez en las calles de la ciudad, hace unas horas intensamente concurridas, ahora casi fantasmales, por las cuales intentaba desplazarse de la forma más silenciosa posible, estremeciéndose cuando sus cascos hacían ruido, y moviéndose siempre que podía por callejuelas y calles segundarias. No sabía del todo bien que hacer, una parte de el gritaba que se ocultara hasta que un aviso sonara indicando la captura del ladrón, pero no estaba seguro, pues si le encontraban antes de eso, ¿qué podrían pensar al verlo ocultándose en los recovecos más oscuros de la ciudad? y en base a eso, ¿qué no podría pasarle?.

Inundado en este tipo de cavilaciones, llego por extrañas casualidades de la vida a una plaza enorme, llena de muchos tipos diferentes de personas. Un grupo, potaba una vestimenta blanca con trozos metálicos, la sangre se le helo desde su pequeño camino a las afueras de la plaza cuando escucho a uno de estos hablar, o más bien, amenazar con la muerte a los allí reunidos si tenían algo que ver con el ladrón o mentían, era preocupante imaginarse las tácticas de interrogatorio de esos tipos.
Puede que el corazón se le helase al oír sus amenazas, pero cuando descubrieron a alguien escondido en los alrededores de la plaza y le ordenaron acercarse, se convirtió en un cubito de hielo enterito, por suerte, no se referían a él. El tipo al que se referían de todas formas, dudaba que lo olvidaran fácilmente los guardias, pues les otorgo una soberana paliza, para después correr hacia una pareja de figuras misteriosas en otro punto del lugar.

No creyó que fueran los ladrones, no solo por el aspecto, también por el hecho de que habría sido increíblemente estúpido por su parte ir a la zona de interrogatorios si lo eran. Dudaba; no sabía si ir con ellos y abandonar su retirado rincón de la ciudad o tratar de pasar esto él solo, al final, fue cuestión de lógica;, sería mucho más fácil para todos superar esta situación cuantos más y mejor colaborasen, si no eran el ladrón mejor, y si lo eran, esperaba de verdad que tuvieran un plan para escapar, pero no iba a quedarse allí parado esperando a que le atrapasen solo, sería mucho más fácil sobrevivir en compañía.
Con las manos bien visibles, para que no se sobresaltasen ni creyesen que se trataba de alguna amenaza, se acerco a ellos. -Buenos días, miren, he visto lo que ha pasado y bueno, creo que al menos usted- dijo refiriéndose a Diego, -tienen tan poco interés de ir a los interrogatorios como yo, y en fin, yo ya os lo adelanto, no he robado nada en esta ciudad, registradme si queréis, y pensé que si tenemos todos este mismo problema sería más fácil salir de esta cuando más seamos y más cooperemos, si no os incomoda que os ayude, por cierto, soy Freyo, encantado.-

Sial final eran ellos los ladrones o era una extraña trampa de los guardias, se tiraría el mismo por el borde de la isla, pero no podía correr el riesgo de dejar pasar una oportunidad asi de ayuda si estaban en la misma situación que él.
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Re: La Contención de Anemos

Mensaje por R&R Lutece el Miér Mayo 29, 2013 10:20 pm

Con curiosidad contemplamos como la guardia de la ciudad se aproximaba a aquel hombre. Y la siguiente escena, nos dejó sorprendidos. Haciendo gala de una destreza desmesurada, aquel tipo les dio una verdadera paliza a los guardias. Podría narrar la cantidad de golpes que el solo les había repartido a los que parecían cinco hombres entrenados pertenecientes a la ciudad más teologizada de todo Noreth... Y sin sufrir ni tan siquiera un simple rasguño.
Miré a Rosalind con sorpresa... ¿Como podía hacer aquello?
Los guardias apenas habían logrado ni tocarle, y el hombre detenía sus golpes como si su fuerza fuese despreciable, además, ni siquiera hicieron uso de ningún tipo de arma especial, valiéndose únicamente de espadas... Un hecho que me pareció de lo más peculiar tras nuestro encuentro con el hacha eléctrica de nuestro amigo el enano... Tenía dos teorías, o bien esa guardia estaba desentrenada, o a aquel tipo le habían bendecido los dioses. Miré a mi hermana, cuyos ojos ya estaban posados en mi. No nos hizo falta mucho para descubrir que pensabamos en lo mismo.

-Yo digo que estaban desentrenados.-Dije encogiéndome de hombros. Ella negó con la cabeza y suspiró.-Mucho deberían estarlo para recibir semejante paliza. Yo digo que ha recibido algún poder especial.-Me respondió ella al momento. Lo pensé durante unos segundos, y de pronto, ambos sonreímos y hablamos a la vez.-O quizás hayan sido ambas cosas...
Lo cierto, era que parecía la opción más viable.

Sin embargo lo peor llegó cuando de pronto, fuimos descubiertos... Por (Relativa) suerte fue aquel hombre quien nos había visto, y no los guardias. Nada más verle aproximarse, y tras haber contemplado lo que le había hecho a los guardias, ambos retrocedimos, más que por miedo, por defensa, colocando ante nosotros los ganchos en señal de aviso. Y protección, si aquel tipo se acercaba demasiado no dudaría en probar cuan protegido estaba por los dioses... Y la efectividad del gancho a la hora de abrir cabezas.

-Alto-Dije rápidamente cuando estuvo a distancia.-Puede que no seas el ladron, pero...-Dijo Rosalind impasible.-La paliza que les acabas de dar no pasará inadvertida.-Continué yo.-Y no querríamos llevarnos parte de tu mérito, la gente no se toma bien esas cosas por aquí.-Terminó ella al final.

Pero no, no era suficiente el tener a un hombre tocado por los dioses y la suerte ante nosotros. Por supuesto, tenía que acercarse el hombre caballo... ¡Claro! ¿Por que iban a acercárselos los hombres discretos? No, debían hacerlo aquellos que llamaban la atención como un faro en una noche sin luna.-Días... ¿Buenos? ¿Para quien? ¿Cuando? ¿Y donde? Para nosotros, aquí y ahora, no lo son.-Respondió con total sinceridad.-Y aunque es compresible que un hombre que destaca por ser medio animal no lo sepa, creo que deberías saber que cuanto más numeroso es el grupo más fácil es de localizar... Más cuando se dedican a dejar guardias ensangrentados y malheridos por el suelo de una plaza.-Añadió mi hermana.-De cualquier forma, seais quien seais, no es momento ni lugar apropiado para discutir sobre las situaciones...

Aquello que dije, no pudo ser más oportuno. Un sonido agudo empezó a llenar el aire. Como el silbido del aire entre las ramas de un árbol sin hojas, penetrante, potente, e hiriente. Y lo peor de todo, se acercaba a nosotros.
No tardé en ver como a lo lejos, en el otro extremo de la calle aparecía una luz que se movía a gran velocidad en nuestra dirección. Inmediatamente opté por la huida, entrando en el interior de la plaza para buscar una nueva vía de escape. Por desgracia, aquella bola de luz no venía de un solo sitio, y antes de que nos diésemos cuenta, nos encontrábamos entre las calles de las dos mujeres aladas, las únicas por las que no habían aparecido las luces.
Estas nos alcanzaron, y se detuvieron a un par de metros de nosotros, permitiéndonos ver que en vez de luces, eran en realidad Feericos... Muchos feericos.

-¡Quedais todos detenidos por las órdenes de la Brigada Mágica de Anemos! Se os acusa de robo, resistencia a la autoridad y agresión a la guardia.-Dijo uno de ellos, aunque no supe exactamente cual.

-¡Esperad! Nosotros no hicimos nada... ¡No robamos nada! ¡Tampoco les hicimos daño a los guardias!-Intenté explicarles, pero parecía imposible.

-Si eso es cierto, no tenéis nada que temer, tras sacaros la verdad con el interrogatorio se os dejaría libres...-Respondió de nuevo la voz.
Parecía lo lógico, pero no me gustó en absoluto la forma en la que dijo "Sacaros la verdad"... Definitivamente, si íbamos con ellos, no sería un final agradable para aquella visita.-Y para evitar posibles fugas... ¡Brigada Mágica! ¡Barrera!

De pronto, pequeños cristales hechos de luz empezaron a crearse a nuestro alrededor a una velocidad alarmante... En aquel momento, mi corazón se aceleró, y de pronto, todo parecía moverse más despacio.
Debía encontrar una forma de escapar ¿Pero como?
Miré a mi alrededor... Debía haber algo que nos ayudase. Siempre había algo... Solo había que mirar con buenos ojos... Pero no veía nada...
No veía nada...
Esa frase resonó en mi cabeza, y durante un segundo, las miradas de Rosalind y la mía se cruzaron... Y las ideas parecieron fluir de uno a otro ¿Cegarlos? ¿Como?
¿Espejos? ¿Luz? ...
De pronto lo vi...

Apenas habían transcurrido unos segundos, desde que aquel feerico había hablado, cuando miré hacia arriba y vi lo que al llegar a la plaza había podido contemplar. Una gran estructura metálica con piezas verdosas dispuestas en forma de conchas.
Seguía la cuerda que la mantenía en el aire con la mirada, descubriendo que esta se ataba a dos cerrojos metálicos incrustados en las paredes de la calle. Sin perder un segundo más, Rosalind y yo salimos corriendo cada uno hacia uno de aquellos cerrojos, y con un rápido movimiento del gancho, que empezó a girar en cauto pulsamos el botón, aquel cerrojo se partió y la cuerda quedó liberada...

Un segundo después, una ola de luz bañó la plaza con el cegador brillo del sol, y sin perder un instante, mi hermana y yo corrimos por la calle huyendo de aquella plaza, lejos de los feericos que, concentrados en su hechizo habían sido incapaces de ver a tiempo lo que habíamos hecho...
Durante varios metros no nos paramos, y cuando lo hicimos finalmente en una pequeña callejuela estábamos agotados de aquella carera. Y además... No estábamos solos, los dos hombres (Uno medio caballo) y las dos mujeres estaban también allí. Desgraciadamente, ahora eramos todos fugitivos...

-Por... Uff... Por los pelos...-Dije en apenas un susurro, temeroso de que aquellos seres nos escuchasen.-Ahora nos busca toda la ciudad como a viles ladrones y proscritos... Fantástica visita turística...-Dijo mi hermana, ante lo cual no pude más que suspirar y añadir.-Bueno... Al menos no somos lo únicos, no estamos solos... Y creo que desgraciadamente, la atención ya la hemos llamado.

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Pues nada, seguimos con todo. Mirad el post táctico, pues pronto pondré unos apuntes sobre la partida que serán bastante importantes. Comenzamos con el verdadero juego. Siguiente post, como siempre, el miércoles que viene (Si posteais todos antes, y yo puedo, pues antes será)


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Re: La Contención de Anemos

Mensaje por Frey el Dom Jun 02, 2013 7:02 pm

En algunos lugares y tribus alejados del mundo, donde las tribus humanas o antropomorfas viven alejadas del resto de Noreth, se consideraba que ver un Feerico traía buena suerte, evidentemente eso no debía de ser cierto, porque de ser asi, esto no debería de estar pasando.
Tras haberse presentado, un sonido correoso y agudo inundo la atmosfera, y una bola de luz se vislumbro en el otro extremo de la calle, era una lucecilla que crecía a cada segundo como el infernal sonido, algunos de los allí presentes optaron por la huida, y en aquel momento, aquello fue como una señal para empezar también a correr, al final, sin saber muy bien como, acabo reunido también con dos diviums.

Y entonces fueron cuando hicieron acto de presencia los miembros de la brigada mágica de la ciudad, una pequeña marabunta de la raza inteligente más hecha a la magia, y aunque el centauro no lo supiese en aquel momento, también entrenados a conciencia en las artes arcanas y tan amables como el resto de los ciudadanos de la ciudad, incluso más a juzgar por lo que hacia imaginar como y con qué palabras dijeron que les interrogarían.
Los encerraron, no en la cárcel o la sala de interrogatorios, pero no podían moverse, estaban casi rodeados de una nubecilla de cristales de luz, parecían completamente atrapados y sin escapatoria, rodeados y con semejante fuerza mágica delante de ellos, si hubiese solo uno o dos, quizás pudieran tentar a la suerte, pero había muchos.

Unos pocos segundos después de aquella encerrona, dos de los humanos se movieron, y el los siguió con la mirada, centrándose en Robert, era claro a donde se dirigían. Llegaron hasta dos cerrojos que sostenían una cuerda la cual siguió con la mirada hasta llegar arriba y mirar ese enorme artefacto metálico y cuando ellos golpearon sus amarres, instintivamente se puso en posición protectora, se giro un poco, cerro fuertemente los ojos y trato de taparse la cara con los brazos, un tras aquella respuesta, pudo notar el destello tras la oscuridad de sus parpados y la protección de los brazos.

Cuando abrió otra vez los ojos, lo veía todo un poco difuminado y tembloroso, al menos sus otros sentidos seguían funcionando correctamente y el sonido de las botas al golpear contra el suelo le trajo una sola opción en su mente, aprovecharse de eso para alejarse de los que trataban de atraparle.
Se compadecía de aquellos Feericos, el, viendo que por las acciones de los Lutece que se venía algo fuerte, pudo más o menos protegerse de semejante destello lo suficiente para aun poder correr, pero esos seres, lo recibieron de lleno…
Al final, acabo la carrera en una callejuela, no sabía cuan apartada de la brigada mágica, donde se reencontró con los mismos sujetos con los que se había quedado encerrado poco antes, recuperándose del fogonazo y la carrerita.
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Re: La Contención de Anemos

Mensaje por Diego Espinoza. el Lun Jun 03, 2013 12:18 am

Me sentí algo raro al principio. No era normal para mí encontrarme en situaciones de desesperación como aquella. De verdad me caería muy bien la aceptación de aquellas personas, puesto que me sería más fácil escapar de aquella ciudad con ayuda. Al principio me sentí algo nervioso, o mejor dicho ansioso, puesto que parecía que no me iban dar mucha confianza, ya que llamaba demasiado la atención. Aunque de todos modos, cualquier inferior llamaría la atención delos habitantes de Anemos siendo un inferior. Parecía como si los habitantes de Anemos tuviesen un sexto sentido para localizar inferiores, más aun en tiempos de alarma como el que estábamos experimentando. Sin embargo, pronto descubriría aquella pareja que no era yo el más proclive a llamar la atención. De la nada, apareció detrás mío un centauro. Estaba demasiado distraído con la pareja como para prestar atención a mí reta guardia. Si hubiera sido una serpiente me hubiese mordido, y daba gracias a los dioses de que solo fuera un centauro que aparentemente era pacifico, y cuyos objetivos eran compartidos con los míos.

El repentino alivio que sentí fue rápidamente eclipsado por un sonido repentino e hiriente. Casi parecía un arma especial. La primera impresión que tuve fue que era un arma especial de Anemos, hecha para aturdir o noquear con sonido al enemigo. Saque instintivamente mi pistola mientras que con una mano me tapaba el oído izquierdo. Pero mi teoría estaba lejos de ser acertada. No paso mucho tiempo antes de que aparecieran más guardias. Sin embargo estos no eran humanos toscos y armados como los que había enfrentado previamente, de hecho ni siquiera eran humanos. Era más como una luz, grande y resplandeciente, que casi me siega con su presencia. Por un segundo pensé en dispararle a la luz, pero eso de seguro hubiese sido el acto más estúpido de mi vida, ya que de seguro no haría nada a la luz, y muy posiblemente solo contribuiría a dar la impresión de que era un criminal loco y peligroso, si es que aún quedaban dudas de eso entre los de Anemos.

Comencé a correr, sin ver muy bien hacia donde me dirigía, solo asegurándome de dejar atrás aquella luz que parecía tener mente propia. Mis esfuerzos pronto demostraron ser infructíferos y antes de notarlo, ya estaba atrapado en una plaza, con la pareja de humanos y el centauro. Además, se habían unido al encuentro dos mujeres aladas. Una de ellas parecía ser una divium, la otra parecía una especie de vampira o algún ser demoniaco. Tal vez ellas habían sido las ladronas, o tal vez fueran miembros del cuerpo de guardias, pues no parecía que las luces las persiguieran a ellas, aunque también estaba la posibilidad de que se hubieran escondido muy bien.

Entonces escuche algo que me sorprendió, era una voz. En ese momento todo lo que sabía de lógica pareció quedar olvidado. Una luz estaba hablando conmigo, no solo eso, sino que me acusaba de robo, resistencia a la autoridad y agresión a los guardias. Al menos una de esas tres cosas era falsa, y las otras dos habían sido mera defensa. Entonces descubrí que no eran luces mágicas, sino feéricos, y por un segundo sentí algo de alivio, al comprobar que no eran luces parlantes o mi falta de salud mental. Sin embargo, volví a ponerme intranquilo cuando el feérico que parecía ser el líder dijo algo sobre sacarnos la verdad con un interrogatorio. Esa última frase no me cayó muy bien. Tampoco es que hice mucho para protestar pues antes de que pudiera reaccionar los feéricos crearon una especie de barrera de magia que nos atrapo. En ese momento sentía que era más o menos mi fin, o al menos que pronto me dolería todo.

Pero, por obra y gracia del destino, la pareja humana demostró su inteligencia, superior a la del os feéricos. Utilizando lo que parecía ser una especie de ganchos, derribaron una enorme lámpara de piezas de metal verdosas, de tal forma que el reflejo producido por el sol segó a los feéricos, dándonos el tiempo suficiente para escapar. Sin esperar que me avisaran, comencé a correr de la escena. No estoy seguro de cuanto habré corrido, tal vez horas, tal vez segundos. Fuera como fuese, llegamos a una callejuela con pinta de vacía. No solo estábamos la pareja, el centauro y yo, sino que se habían sumado las mujeres aladas. Entonces hablo la pareja, uno después del otro, de la misma forma peculiar que habían hecho cuando los encontré unos minutos antes.

No pude estar más de acuerdo en ellos- Entonces, no podemos salir de la ciudad, el puerto está muy vigilado y supongo que saltar al vacío queda descartado. Parece ser que la única solución es encontrar al ladrón y demostrar su culpabilidad, al menos así seremos demostrados inocentes del cargo de robar tecnología de Anemos. Al menos esa es mi opinión, ¿alguna queja?
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Re: La Contención de Anemos

Mensaje por Amethist el Lun Jun 03, 2013 12:39 pm

Arrinconada, ultrajada, sumida en la oscuridad de una callejuela, a punto de besar el piso donde estaba postrada, aquellas baldosas adoquinas pisadas por otros, me repugnan con su olor, me ocultó de las miradas, de un enemigo que no comprendo, observando desde las sombras como aquellos seres nos humillaban a todos, simplemente por haber crecido fuera de sus límites cognitivos. Seres iguales en apariencia y sapiencia con ego de superioridad y grandeza, nada podía ser más irónico como contradictorio. Qué lástima generaban, y qué ira despertaba su estupidez. ¿Acaso su sangre era diferente? ¿Acaso no sentían dolor o temor? ¿Acaso podían vencer a la muerte? ¡No! Eran viles criaturas, iguales a ésos que denigran con el título de “seres de Tierras Inferiores”, que por azares del destino habían conquistado conocimiento, más no sabiduría, pues evidentemente, eran presa de sus propios prejuicios. Una vez más la vida me demostraba como la fe en las razas vivientes era una completa pérdida de tiempo. Sólo podía confiar en mí… y tal vez en…

Sus gritos volvieron a sacarme de mis cavilaciones. La batalla de un humano entretuvo mi mirada curiosa, a penas alertada por unos leves ruidos originados a mis espaldas. Con presteza voltee y, para mi sorpresa, no era la única allí refugiada. Envuelta en su capa, otros ojos inspeccionaban la escena que ante nosotros se presentaba. Aquel ávido combatiente me entretenía sobre manera, incluso en algún punto de su lucha, mi corazón anheló que saliera victorioso, sólo por demostrar que el sin sentido de la vida existe. Era tan valiente como idiota y, tentando a su destino, estaba a punto de salir airoso. Lo vi huir y con una leve sonrisa siniestra bordeando mi rostro pálido, me concentré en la extraña que con el mismo interés me observaba.

Nos miramos y sólo bastó hacerlo para entender que éramos de los mismos, fugitivos. Ahora, de improviso, el destino me mandaba una nueva compañía pues era evidente que ante semejante amenaza cernida sobre nosotros, no habría escapatoria posible, no sola al menos. Más mi don nunca ha sido el de la palabra hablada, como tampoco el de la escrita, así que con una leve inclinación, la saludé.

El leve ruido y la emanación de luces por doquier, nuevamente capturaron nuestra atención y con renovado recelo, me agaché para observar con detalle lo que sucedía. Hablaban, eso era seguro, más lo que dijeran no alcanzaba a entenderles. Luego sentí fluir esa canalización mágica que tan bien conozco, pero con una potencia magna. Un poder más allá de lo que otrora hubiese conocido amenazaba a aquellos seres como castigo por su imprudencia. Ahora podría ver la materialización de eso a lo que me enfrentaba.

Una luz intensa rompió la conexión de todo. Como dictaminado por el destino, sentí como súbitamente la canalización de magia se rompió en el preciso instante en que cuatro figuras se dirigían corriendo hacia nosotras.

-¡Demonios! Han delatado nuestra posición- pensé para sí y levantándome tan pronto como pude salí tras de ellos, tan rápido como le permitieran mis alas.

Al cabo de un tiempo, por calles y callejuelas, cada una más oscura que la anterior, frenamos de nuestra huida. Como siempre, evité las aglomeraciones y desde una esquina, alejada de ellos, oigo sus palabras. Cuatro humanos, uno de ellos medio humano-caballo, hecho que captura rápidamente mi atención por ser el primero es tipo que observo con tal cercanía, y la divium de mirada penetrante, era el nuevo equipo de investigación. Les oí y gracias a sus palabras, en mi cabeza se aclaró la situación en la que me encontraba; incluso, hallé la verdad que escondía sus propuestas.

Agaché la cabeza en sentido aprobatorio y con cierto agobio por la peculiar presencia de todos ellos me dejé caer al suelo mientras recogía mis piernas y les miraba. Para mi desgracia ahora me deparaba el destino aguantar la extraña compañía de aquellos personajes, mientras un nuevo reto me alejaba de mis verdaderas intenciones en aquellos parajes.
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Re: La Contención de Anemos

Mensaje por Robyn el Lun Jun 03, 2013 3:19 pm

Intentaba mantener la respiración, moviéndose lo mínimo. Tenía la sensación de que en cualquier momento la escucharían o la verían moverse y sería llevada con los demás. No tenía miedo de la interrogación, más bien que al no encontrar al culpable o confundirla con el ladrón y la ejecutasen sin poder defenderse. Hasta ella sabía que sola contra una ciudad entera no podría aunque invocase a Xana. En estos momentos maldecía su falta de poder. Ya le gustaría poder invocar un portal hacia el mundo demoníaco y que apareciese cualquier tipo de criatura que arrasase a todos aquellos Anemienses. Todo por llamarla de las “Tierras Inferiores” Nadie podía situarla como inferior, nadie. Su orgullo era bastante grande y no estaba dispuesta a que nadie se lo tocase sin recibir sus merecidas consecuencias. En esos momentos seguía con su plan de no actuar, hasta ver una posible y factible salida de allí. Si todo iba bien, tal vez pronto pillasen al ladrón y podría salir como si nada, tan solo con el susto y una amarga experiencia al haber estado allí para nada.

Todo estaba tranquilo, sin menor rastro de ruido aparte del que producían los que iban a ser llevados al interrogatorio. Hasta que uno de ellos, empezó una reyerta con los guardias. No había visto como había comenzado, tan solo como poco a poco se iba deshaciendo de los que iban tras de él. Debía de admitir que aquel desconocido era diestro en lo que hacía, ya que se enfrentaba él solo, sin apenas utilizar armas, a sus rivales. Si aquel hombre era el ladrón, deberían de esforzarse mucho más si querían capturarlo. Incomoda se revolvió en su sitio, a la vez que apartaba momentáneamente su mirada del combatiente para observar a su alrededor. Juró en su cabeza que había notado como si alguien la estuviese observando. Miró a todos lados, con la esperanza de que solo hubiese sido su imaginación y no un guardia que estuviese cerca para ayudar a sus compañeros. Por fortuna, no había nadie cerca o eso pensaba. Ya que cuando estaba a punto de volver su mirada, se encontró una figura como ella agazapada entre las sombras.

Sus miradas cruzaron durante varios segundos. No sabía el por qué exacto, pero notó que esa figura también estaba ocultándose de los guardias y por tanto, era una fugitiva al igual que ella. La figura inclinó levemente su cabeza, en gesto de saludo. Robyn imitó el gesto con una pequeña sonrisa, ya no estaría tan sola al menos. Aunque de vez en cuando, Xana dejaba caer alguna de sus motivadoras frases sobre el destino que les esperaba y todo por culpa de la Divium. Tal vez no estuviese tan sola, pero como no se encontraba la lilim en ese plano ya no contaba con ella hasta que la volviese a invocar. Fue reconfortante ver que después de todo, había gente en su misma situación y que lo estarían pasando igual de mal que ella. De nuevo, volvió la vista al guerrero para ver cómo había acabado después de la batalla.

Para su sorpresa, había dejado a todos por los suelos y se encontraba en compañía de otros tres individuos. Un hombre y una mujer de apariencia algo similar y lo que parecía ser un centauro. Abrió un poco los ojos ante la sorpresa de ver a alguien de esa raza. Después de muchos años viajando, todavía no había visto a un centauro en vivo. Tan solo en historias y dibujos. Una amarga sensación de nostalgia la recorrió. Relacionaba este descubrimiento con su estancia en su tribu y eso le trajo muchos recuerdos, tanto buenos como malos. Con un leve suspiro la dejó pasar, hasta volver de nuevo su mirada a la congregación de extraños. Ante su perspectiva, ninguno de ellos parecía un guardia ya que lo hubiesen atacado en ese momento. Y de nuevo, por su instinto, intuyó que tampoco eran los ladrones. Más gente en su misma situación que se negaban a ser atrapados por los guardias. Desde su posición no podía escuchar bien lo que decían, tan solo murmullos. Si quería saber que estaba pasando, debería de acercarse hasta su posición. Iba a hacerlo, sabía de buena mano que siempre era bueno estar rodeado de compañía y más aún en situaciones de ese tipo. Ya que si les pillaban, podría utilizarlos como cebo o distracción.

Sin embargo, antes de que pudiese incorporarse para ir hasta donde se encontraban, un montón de luces comenzaron a rodearles. Estos huyeron hasta su posición. Robyn masculló una sonora maldición blasfema que seguramente habría aprendido de su compañera demoníaca. Estaban atrayendo las luces hacia ellas y eso no podía ser nada bueno. Se levantó rápidamente e intentó huir de nuevo con el impulso de sus alas. Pero los Feéricos, que resultaron ser eso las luces, se lo impidieron. Chasqueó la lengua en signo de desaprobación. Esos malditos la habían condenado, no fueron de tan ayuda como había pensando. Lanzó una mirada iracunda de silencioso odio a todos los allí presentes, menos a su antigua compañera fugitiva, que resultó para su sorpresa ser otra Divium como ella. Para evitar su huída, hicieron una barrera mágica que parecía ser infranqueable por las maneras tradicionales. Tal vez si saliese volando como antes… No, no podría hacer eso sino quería convertirse en un blanco móvil para los Feéricos.

- Ha sido un placer conocerte, cuando estemos de nuevo en el Infierno te recordaré cada día de tu existencia la magnífica idea que tuviste de ir a Anemos.

Iba a rendirse y dejarse llevar por los guardias, intentando defenderse acusando a los demás de los delitos presentados. Pero antes de que pudiesen cantar victoria, los dos humanos parecidos, salieron corriendo. No sabía muy bien lo que pretendían hasta que observó como golpeaban a unos cerrojos con unos extraños artefactos. Como si se tratase de un auto reflejo, se giró sobre sí misma para evitar que la explosión de luz afectase a su privilegiada vista a la vez que se tapaba un poco la mirada. La suficiente para después salir corriendo de nuevo hacia las callejuelas de la ciudad, impulsada por sus alas. No supo hasta que se paró agotada por la carrera, que había seguido los caminos de todos los demás. Su odio se mantenía, incluso había incrementado un poco más.

- Por vuestra culpa, habéis delatado mí posición y llamado la atención de toda la ciudad. – Increpó en voz baja, para no llamar la atención.

Se colocó al lado de la otra Divium, esperando recuperar sus fuerzas antes de pensar en sus siguientes pasos.

- Bueno, ahora que tenemos un cartel llamativo sobre nuestras cabezas y la atención de media ciudad, lo más sensato es buscar a ese ladrón. Perfecto, solo espero que la próxima vez que nos encontremos con esa Brigada haya una plaza llena de luces para poder montar tal espectáculo que se enteren hasta los de debajo de nuestra existencia. – Mantuvo el rostro serio, pasivo con un tono frío que no dejaba entrever su enfado interior.

Sabía que sonaba como una capulla y una ingrata, pero no iba a dar gracias a quienes la habían delatado y puesto en una situación peor. Respiró profundamente para intentar mantener la calma y no dejarse llevar por los nervios, para así pensar con mayor facilidad.

- Si vamos a buscar a ese ladrón, deberemos de encontrar una manera de no llamar la atención. Tal vez disfraces o algún camino por el que los guardias no vayan a patrullar, no sé, soy nueva aquí así que no conozco por donde podríamos ir.

Se encogió de hombros, mientras se ponía de nuevo bien la capa que se encontraba mal puesta después de esa última carrera.
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Re: La Contención de Anemos

Mensaje por R&R Lutece el Jue Jun 06, 2013 10:59 pm

El primero en hablar fue el hombre de la paliza. Sugería buscar al ladrón para demostrar nuestra inocencia. Algo que en principio parecía tener sentido, aunque el problema estaba en no tener ni idea de por donde empezar. Bueno, eso y el hecho de que ahora fuésemos proscritos. Los Anemos tenían una facilidad sorprendente para reconocernos entre los suyos. Quizás fuese porque todos los habitantes de la ciudad estaban en sus casas, porque eramos los únicos que parecíamos perdidos, o simplemente desprendíamos un aura sospechosa que ellos olían como los perros el miedo. No lo sabía, pero en cualquier caso, nos habían localizado. O al menos así era antes de que entrásemos en acción, algo que a una de las mujeres aladas no pareció gustarle demasiado. Nos quedamos mirándola arqueando cada uno una ceja, como si fuésemos un reflejo.

-Disculpe, señorita, no querría poner en duda su capacidad táctica, pero...-Empecé yo, infundiendo un toxico tono de respeto en mis palabras.-... ¿Preferirías acaso haber sido capturada por la brigada? Si es así está a tiempo de dar media vuelta y acompañarles al interrogatorio. Estarán encantados con su colaboración.-Continuó mi hermana.-Pero por lo que puedo suponer, al haber visto como se aprovechaba de la situación, asumo que tampoco le hace ninguna gracia ser capturada. A mi, por lo personal, no me gustó el tono en el que sonaba eso de "Interrogaros"-Le tomé el relevo al momento.-Sin mencionar que el movimiento tiene más efectos de la simpleza a la que lo ha rebajado. La lampara de volio desprende un destello continuo que durará un tiempo allí. Se ha atraído la atención, si, pero...-Dijo Rosalind sin inmutarse.-¿Sabes que es un señuelo? Mientras la luz dure, las tropas se irán acumulando en esa plazas, atraídas por la luz como si de insectos se tratasen. Sin embargo nosotros, por si no se había dado cuenta, nos encontramos lejos... Eso significa que mientras que allí se centra la guardia, dejan desvigilados, o al menos, un poco menos protegidos, los otros lugares de la ciudad. Es algo que nos convence. Aunque no creo que el mismo truco funcione otra vez. La próxima ocasión en la que nos encontremos con la brigada, si tienes una idea mejor puede encargarse de ponerla en práctica.-Terminé finalmente.

Me acerqué a la esquina de la calle donde estábamos, asomándome ligeramente por el borde para contemplar la situación. No se veía ni oía nada, y no terminaba de aclararme en si eso era bueno o malo. Suspiré ligeramente y volví al lado de Rosalind, contemplando a todos los que nos encontrábamos allí. Se me ocurrían muchas cosas que hacer, pero no eran buenas ideas, y el mayor problema era el centauro. Desde luego esconderlo sería una tarea de lo más complicada.
Lo primero de todo era organizarse, nadie de allí parecía dispuesto a volver con los guardias y someterse a su "interrogatorio". Por lo que sería mejor mantenerse juntos, según se decía, la unión hacía la fuerza, y era cierto que las cadenas de acero trenzadas eran más resistentes y elásticas que las de una sola pieza. Quizás si que nos conveniese quedarnos juntos, pero necesitábamos alguna forma de... Destacar menos. Todo estaba cerrado allí. Y nadie poseía alguna casa o local allí, o seguramente se hubiesen refugiado al momento en su edificio. A excepción de...

-Decís que lo mejor es ocultarse. Disfraces y esas cosas... Creo que podemos conseguir algo así.-Empecé a hablar, y miré a Rosalind, que me devolvió la mirada, pareciendo comprender lo que quería decir.-Bueno, si, es cierto... No creo que nos dejasen salir con el barco volador, pero aun tenemos la llave, y mientras no intentemos volar con él, podemos usarlo para refugiarnos y organizarnos. Más seguro que una calle es, desde luego.-Comentó ella.-Veamos... Tenemos un barco volador, es nuestro y así llegamos aquí. Allí tenemos ropa para cambiarnos y ponernos algo quizás menos llamativo. Excepto para el centauro, no se que haremos contigo... Pero allí podremos refugiarnos por el momento. Aunque no lo hagan ahora, no creo que podamos quedarnos allí para siempre. A saber cuanto tardan en encontrar al ladrón. O peor, en registrar los barcos.-Dije lo más rápido que pude, no debíamos perder más tiempo allí.-En resumen, si podemos llegar allí, todos tendremos un pequeño respiro en este caos. Os ofrecemos esa opción. ¿Alguien tiene una idea mejor?

Mientras esperaba la respuesta de los demás, me quedé mirando el lugar. Era una oscura calle situada entre dos hileras de edificios. Estos tenían todas las ventanas cerradas y las cortinas corridas, dando al lugar un aspecto abandonado, y el silencio que lo envolvía todo era siniestro y tenso, lo que había hecho que durante todo el rato las palabras saliesen como susurros, y a pesar de ello, se escuchasen perfectamente. La calle de al lado, a la que estábamos conectados era más amplia y luminosa, indicando que se trataba de un camino principal, sin embargo nada de la zona me sonaba, por lo que debía ser una calle por la que no habíamos pasado. Aun así, entre los tejados de los edificios se podía ver alta y clara la torre del reloj de la cual habíamos descendido. Si estaba en lo cierto, el embarcadero aéreo debía estar unas cuantas manzanas más allá de nuestra posición en ese momento, acercándonos a la torre pero sin llegar a ella. Rosalind y yo teníamos a hablar por los codos, sin embargo, no podía evitar sentirme incómodo al pronunciar muchas palabras en aquel momento. Desde luego la situación requería actuar. Y pronto.

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Nueva semana, nuevo mastereo. En este turno como podeis ver, hay poca acción. Pero no por ello es menos importante, de hecho, lo es y mucho. Mirad el off, que cuando pueda pondrá más indicaciones. Hasta el jueves que viene.


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Re: La Contención de Anemos

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