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La Contención de Anemos

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Re: La Contención de Anemos

Mensaje por Amethist el Dom Jun 09, 2013 1:56 am

Los veía discutir y proponer, uno detrás de otro, imponiendo cada cual sus ideas, y mi cabeza no dejaba de pensar en ese ser pequeño y molesto, que hasta hacía pocas horas había tratado de ser mi guía en aquella ciudad. Tan cerca había estado de encontrar la información que venía a buscar y como agua se resbalaba de mis manos la posibilidad de conocer la verdad. Si tan solo no hubiese descansado tanto, hubiera conocido más los alrededores y tendría mayor conocimiento en la ubicación de la ciudad; pero contrario a ello, de todos esos desconocidos, yo era la que menos ideas podía dar al respecto. Con honestidad, no tenía idea en qué lugar nos encontrábamos o hacia dónde quedaba el puerto con la susodicha nave de la esperanza.

Inspeccioné sus rostros y vi en ellos la misma confusión que me invadía, la duda de no saber qué hacer, por qué rumbo huir, o qué hacer con exactitud; incluso, la motivación más plausible sería lograr escapar de aquella isla flotante y sellar ese capítulo para siempre: sobrevivir como se pudiera, huir y dejar a su suerte a todos esos “inspeccionados” que serían objeto de la ira de ese pueblo; más bien sabía yo que ese sitio era una fortaleza inescrutable, una prisión de la cual ninguno de sus cautivos podría ver la luz del sol hasta que el culpable fuera encontrado. Sí. Había oído muy bien los relatos de Anemos, y ahora, más que nunca, maldije el momento en que tomé la decisión de ir en busca de aquella aventura.

La divium de cabellos oscuros, cuya presencia había descubierto algunas calles atrás y a quien había seguido cuando huíamos de los feéricos, se acomodó a mi lado y sin saber muy bien por qué, disfruté de su compañía: tal vez fuera que notaba en el ímpetu de sus palabras, la fuerza que yo a su edad también blandía; tal vez era la presencia de alguien que como yo, tenía alas y compartía mi misma fisionomía; tal vez era que agradecía en ese momento la presencia de ella, en medio de las dudas por las que todos atravesábamos. Lo cierto, es que su cercanía me agradó, más las respuestas arrogantes de los dos humanos que estaban allí no pudieron parecerme menos descorteses, y más aún cuando yo compartía el sentimiento de la alada a mi lado. La manera como habían evadido el peligro que ellos habían atraído hacia sus propios seres, casi nos condena a nosotras. Había sido astuto, no se podía dudar, pero también imprudente y arriesgado.

-Tenéis razón, humanos. De esta isla no hay manera de escapar, así que sólo nos queda enfrentar el reto de solucionar esto.

Me puse de pie, y notando sus miradas sobre mí, cosa que pocas veces me hace sentir cómoda y menos segura de lo que he de decir, aclarando la garganta continué:

- Me inclino por seguiros, humanos. Por el momento creo que es la solución más acertada, aunque en el fondo dudo que sean nuestras ropas lo que nos delata frente a los ojos de ellos: sospecho que deben tener más conocimiento de cada uno de nosotros del que podemos imaginar- e inconscientemente mi mente recordó las palabras del duende Sacks; aquel pequeño conocía demasiado para ser una simple coincidencia.

Me perdí de nuevo en mi raciocinio, en el objetivo primario de ese viaje y en mi odio absoluto a esa nueva situación en la que me encontraba apresada, sabiendo que el tiempo corría y, por supuesto, que aquellas calles, aunque vacías, podían esconder a más de un escucha detrás de sus paredes. La oscuridad nos envolvía y sin embargo, creía no ser la única en sentirme muy insegura allí. Aferré mi arco con fuerza y casi gruñiendo espeté:

-Tomad una decisión pronto y larguémonos de acá… este sitio no me gusta-

Observé sus caras y escruté sus miradas. Cabía la posibilidad que por alguno de esos estúpidos estuviéramos en semejante problema, más ante las probabilidades de éxito de la empresa solo restaba confiar y aguardar a que nuestros pasos nos guiaran a un mejor destino.

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Re: La Contención de Anemos

Mensaje por Frey el Dom Jun 09, 2013 10:02 pm

Miro hacia arriba y a los lados mientras escuchaba como los demás hablaban, no dejaba de escucharlos, pero no le gustaba aquel sitio. Puede que las ventanas estuvieran cerradas y las cortinas echadas, pero eso no le daba mucha confianza, algún resquicio en las ventanas o algún ojo tras las cortinas podría estar observándoles, y en aquella ciudad donde más de uno diría que se encontró el equilibrio entre magia y ciencia, no se podía estar seguro de forma alguna de que a pesar de que como los Lutece comentaban el cebo debería de estar aun brillando, no estuviesen en camino los Feericos o algo o alguien peor que ellos hacia aquel apartado lugar. La posibilidad de que algo los estuviera observando desde las alturas era, ciertamente, inquietante, no tenían mucho tiempo; esperaba que al menos no los estuvieran escuchando porque entonces sí que estaban perdidos, pues una cosa era verlos y estar allí y luego moverse a otro lugar y otra oír el posible plan del barco, al cual estaría encantado con ir.

Aquella decisión era solo cuestión de lógica, él quería salir de allí conservando la vida, y para eso o escapaba o demostraba que no era el ladrón, las tácticas de interrogación eran, o al menos se las imaginaba por lo vivido, demasiado bestias como para ser una opción, y si lograba escapar podría ser un fugitivo de por vida, seguramente lo perseguirían incansables, a menos que capturasen al ladrón, cosa que nunca tendría forma de saber por o que se quedaría en alerta hasta su muerte, visto lo visto la única opción apetecible era ayudar a la captura del criminal.

-Ya se encontrara algo-, dijo en respuesta a las palabras de Lutece sobre que sería más difícil esconderle, -voy con vosotros, cualquier cosa mejor que vagar sin rumbo, sin plan y sin compañía- era una oferta que no podía rechazar. La verdad, si tenía una idea de cómo podría pasar el algo más desapercibido, su parte humana no era excepcionalmente grande, si hubiera sido humano habría sido un tanto menudo, y su cuerpo de caballo grande, quizás podría meter su parte humana en una cabeza de caballo falsa y quedar como si solo fuera un animal con algunas armas en las alforjas, ya había pasado por algo similar una vez, y no fue especialmente agradable, sin embargo si efectivo, de todas formas, deseaba no encontrarse una cabeza de caballo en la cama, del cuarto de los Lutece que posiblemente tendrían en el barco y encontrar otra opción de esconderse.

Sea cual fuere la decisión de los demás, esperaba que acabara rápido, imaginarse ojos clavándose en la nuca, espiándolos y juzgándolos, no era una sensación agradable.
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Re: La Contención de Anemos

Mensaje por Diego Espinoza. el Vie Jun 14, 2013 2:20 am

No habían pasado ni dos minutos desde que el pintoresco grupo y yo habíamos llegado a la plaza, cuando una de las mujeres comenzó a replicar por que el repentino haz de luz que la misteriosa pareja había utilizado para que escapáramos del lugar. La mujer comenzó a quejarse sobre como el repentino escape había fastidiado su escondite. Si algo nunca hice fue soportar a las quejumbrosas. Sin embargo la pareja hablo primero, otra vez utilizando esa extraña forma de hablar suya; diciendo uno media frase y el otro, otra. Ya comenzaba a cansarme un poco, pero era algo bastante peculiar y divertido de observar.  Sin embargo, lo siguiente que comentaron, lejos de hacerme gracia, me hizo poner toda mi atención en sus palabras.

Al parecer, ellos tenían un barco volador, de seguro como los de Anemos, pero de menor calidad, al fin y al cabo, por más inteligentes que habían demostrado ser, esos dos no eran rival para los ciudadanos de Anemos. Aun así, la idea de una maquina voladora siquiera similar a los grandes barcos voladores de Anemos ya era un asombro total. Esas personas de por si debían ser muy inteligentes. Por lo general no era de dar cumplidos a desconocidos, pero esas personas ya tenían algo de mi respeto; al menos mi respeto como inventor. Mi sorpresa continúo cuando las personas nos ofrecieron refugio en su barco volador. Además de inteligentes parecían ser generosos.

Otra de las mujeres, quien parecía ser la más calmada de las que habían aparecido de golpe, nos dijo algo muy acertado. Los guardias de la ciudad de seguro ya sabrían casi todas nuestras vidas desde nuestro nacimiento hasta el día de hoy.- También queda el detalle de que los ciudadanos de Anemos parecen tener un sexto sentido para detectar “Inferiores”. Pienso que necesitaremos más que ropa para poder ocultarnos; en especial, como ya ha quedado claro, al centauro. Sin embargo, diría que conversemos eso desde la seguridad de su barco volador-

No tenía ni idea de a cuantas calles estaba el barco volador de los humanos, pero nos convenía darnos prisa. De seguro el “señuelo” que los humanos habían dejado en la plaza no duraría mucho. Además, para cuando aquel gran brillo de disipara, de seguro más de la mitad de los guardias de la ciudad estarían reunidos en un mismo punto, por no mencionar a la condenada patrulla mágica de Feéricos. Al menos ahora estábamos momentáneamente seguros, teníamos un rumbo fijo, y si llegábamos a nuestro destino sanos y salvos, tendríamos un escondite temporal. Sin embargo no podíamos quedarnos ahí para siempre, puesto que en cualquier momento los guardias de la ciudad verían un gran barco volador diferente a los demás y no dudarían en revisar dentro de él. Debíamos encontrar al ladrón pronto, pues no solo estábamos en una misión a contrarreloj, sino que también éramos fugitivos buscados y de seguro clasificados como peligrosos
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Re: La Contención de Anemos

Mensaje por Robyn el Vie Jun 14, 2013 1:31 pm

Desde el momento que los vio por primera vez en el callejón, supo que algo pasaba con esos dos humanos de apariencia similar. Como era obvio, no aguantaban sus maneras de hablar e incluso desde el tono del respeto, notaba cierto desagrado hacia ella en sus palabras. Se cruzó de brazo, mientras ladeaba ligeramente la cabeza con su rostro calmado y neutro que no dejaba ver lo que pensaría en su interior. En este, estaba pensando la forma de descuartizar a todos los presentes menos a la otra Divium ya que pensaba que se encontraba en la misma situación que ella. Obligada a colaborar con la panda de desconocidos que la habían obligado a delatarse. Y encima eran ellos los que la incitaban a volver con los guardias. Era obvio que estaba furiosa, pese a que no lo dejase ver. Lo peor era la forma en la que simultáneamente se alternaban para acabar las frases del otro. Como si fuesen la misma persona, en dos cuerpos diferentes. Eso fue lo que más le llamó la atención.
- No sé que es peor, los Anemienses o esta panda de mortales. Deberías matarlos a todos por sus impertinencias. – Escuchaba de nuevo en su cabeza las voces de su compañera demoníaca. – O déjame salir y yo me encargaré de ellos. ¡No, tengo una idea mejor! Una orgía en medio de la calle ya nos han pillado, mejor que nos cojan haciendo algo que nos guste y que de paso se unan. Intentó mantener su concentración en la conversación que estaba teniendo con los presentes y no con ella. – Vale, pero cuando salga quiero que me dejes cerca del centauro. Hace tiempo que no yazco con uno y quiero ver como monta
En ese mismo momento dejó de escucharla. Bastante ya tenía con lo que estaba pasando, como para dejarla salir en un momento tan delicado como este. Bastante llamaba la atención, para sacar un demonio por las calles de esa ciudad flotante. El siguiente plan parecía ir hacia el barco de la curiosa pareja y buscar disfraces. No pudo evitar rodar algo los ojos, al darse cuenta que sería bastante difícil disfrazar a un centauro. Pero algo era algo y si podían estar en un barco apartado y no en una calle, a merced de ojos y oídos curiosos, sería lo mejor que podrían hacer. Si no recordaba mal, el embarcadero estaba algunas calles más lejos que aquí, así que lo que vendría ahora sería escapar por las calles esperando no encontrar alguna brigada como la que se acaban de topar por allí.
- No dudes en que cuando me encuentre con la brigada la ponga en práctica. – Se limitó simplemente a decir. – Tened en cuenta, pareja de pensadores, que hubiese preferido que no hubieses llamado la atención de esa manera y nos implicarías a nosotras en esto. No obstante ya es tarde para seguir con esa banal conversación, así que lo mejor será que nos digáis donde se encuentra vuestro barco para ver lo que podemos hacer.
No quería discutir más con aquellos, solo quería salir de allí cuanto antes y volver a su vida tranquila de búsqueda de conocimientos y buscar gente con la que se pudiera acostar Xana. Sería la última vez que pisase una ciudad voladora hasta dentro de un largo tiempo. Mientras esperaba a que los demás se pusiesen en marcha, comprobó que su arco y flechas estarían listos para cualquier cosa que sucediera. De nuevo, se posicionó cerca de la otra Divium. No sabía cómo sería ella, pero sus palabras denotaban que tampoco estaba en una situación muy cómoda para ella. Tal vez por ser una congénere o porqué los demás también la habían delatado a ella, había decidido que lo mejor sería estar cerca de ella. Esperaba que al ser de la misma raza la hiciera confiar un poco en ella pese a sus bruscas palabras. Si la cosa se ponía fea lo mejor sería tener al menos alguien de más o menos confianza a su lado.
- Veo que tu también estas tan jodida como yo. Lamento haber tenerte que conocer en esta situación, hermana. Me llamo Robyn.- Extendió su mano hacia la suya en señal de saludo, ya que antes en el callejón no habían podido haberse saludado en condiciones. Tenía la costumbre, desde que nació en su tribu, de llamar hermanos y hermanas a todos los Diviums. Ya que la había enseñado a que pese al exilio que les habían obligado a hacer, ellos seguían siendo iguales pese a la utilización de diferentes magias o costumbres. Los únicos en ser la verdadera raza superior entre tanto terrestre. 
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Re: La Contención de Anemos

Mensaje por R&R Lutece el Dom Jun 16, 2013 11:05 pm

La primera en hablar fue una de las mujeres aladas. Parecía importarle bien poco lo que hiciésemos, mientras fuésemos a un lugar mejor. Y en cierta forma tenía sentido. El siguiente fue el centauro que había creído escuchar que se llamaba Frey, el secundaba nuestra propuesta.
No sabía si eso era bueno o malo, podía ser de ayuda, pero si hubiese querido largarse solo nos habría ahorrado problemas. desgraciadamente echarle del grupo en ese momento no parecía buena idea. El hombre con el poder de los dioses también parecía coincidir con nuestra sugerencia de ir al barco, aunque más bien quería estar en el barco, porque respecto al resto, parecía tener algunas cosas que decir. Y finalmente la otra mujer alada tan descortés como el momento en el que la habíamos conocido, también decidió que nuestro barco podía ser una buena idea.
Magnifico, en ese momento teníamos a cuatro extraños que iban a ir a nuestra preciada embarcación para ocultarnos de la racista civilización más avanzada de todo Noreth. Y con la cual no parecíamos contentos... Salvo las dos mujeres aladas, que por su forma de mirarse y hablar parecían las más amistosas entre si. Me encogí de hombros, no había nada que hacer para evitar esa situación.

Junto a Rosalind, nos adelantamos hacia el borde de la calle, para contemplar así el camino y asegurarnos de la no-presencia de nadie en las cercanías. Definitivamente, nadie nos estaba siguiendo por ahora, y tampoco se escuchaban ruidos ajenos a los nuestros, que eran ya de por si escasos. Les hicimos una seña al grupo que nos seguía, no sin antes indicarles que hiciesen el menor sonido posible, aunque con el centauro estaba la cosa complicada. Los cascos eran un gran problema.
Casi me ponía nervioso no saber como referirme a las dos mujeres, cuyo nombre no había sido revelado, así como nosotros no habíamos dicho el nuestro. Pero siendo sinceros ¿Era momento para ello? En mi opinión, y en la de mi hermana, no.
Sin más distracciones y palabrería, continuamos el camino que había que seguir hacia el embarcadero celeste, donde nuestra nave debería estar esperándonos, y esperaba que nadie más.

"Un poco lejos de allí. En la plaza donde el grupo había sido descubierto, gran parte de la milicia Anemiense se había reunido en el lugar. Unos cuantos hombres contemplaban la gran bola de luz que tapaba la calle, y una multitud de feericos se movía por la plaza, como si un enjambre de moscas se tratase, hablando con la gente y explicando lo sucedido. Varios guardias que por su uniforme se podía saber que eran de alto rango escuchaban con el ceño fruncido y clara expresión de insatisfacción en su rostro, mirando con frialdad y falta de sentimientos a la Brigada Mágica.

-Entiendo... Así que escaparon derribando la lámpara. Y los guardias fueron repelidos por un solo hombre.-Dijo finalmente con un tono que denotaba una rabia contenida.

-Así es, Capitán... Disculpe el fallo. Les daremos caza.-Respondió uno de los feericos, el líder de la Brigada.

-¿Cazarlos? No, vosotros intentareis atraparlos. Y espero que esta vez sin fallos... De cazarlos se encargarán los Ingenieros. Me han comunicado que es la ocasión perfecta para probar al M.D. 2.4-Le cortó rápidamente el hombre. Ante aquellas palabras los feericos palidecieron y tornaron su rostro de culpa en sorpresa.

-... Entiendo...-Fue la única respuesta del feerico ante aquellas duras palabras. Al parecer, habían pasado a un escalón más alto que ellos, relegándolos a un mísero segundo puesto. Si aquello sucedía significaba que la situación era mucho más seria de lo que había parecido en un principio. ¿Que habrían robado? ¿Que les habría hecho recurrir a los Ingenieros de Anemos?

De pronto, la luz del callejón se apagó, y unas finas partículas de polvo verdoso fueron arrastradas por la brisa. Al ver aquello, el hombre dio un grito a forma de señal a los hombres que le seguían. Ellos dieron a su vez las indicaciones a dos chicos jóvenes que se encontraban ante una gran caja de metal que minutos antes allí no se encontraba. Estos asintieron y empezaron a abrir las pesadas puertas. En su interior, la oscuridad era absoluta, y solo unos pequeños ojos rojos brillaban en aquel espacio. Cuando las puertas estuvieron abiertas el suelo tembló, y poco a poco la figura fue saliendo de su contenedor...
Y un grito metálico sonó con fuerza en Anemos."


Rosalind y yo continuábamos la caminata, cada vez más cerca. Si no recordábamos mal, apenas unas dos calles más allá debería estar el embarcadero. Todo parecía sencillo, los guardias no nos habían encontrado por el momento, y empezaba a pensar que quizás fuesen más estúpidos de lo que parecían. Pero cuando aquel estridente chillido resonó por entre las calles, no pude evitar girar mi rostro para mirar atrás... ¿Que había sido eso? Sonaba un tanto distante, pero aun así se podía sentir la fuerza. Sacudí la cabeza intentando no pensar en aquello y continuamos el camino, hasta que finalmente ante nosotros nos encontramos con una gigantesca plaza, y más allá, pasarelas de madera y acero llevaban al embarcadero, y allí, nuestra nave. Sonreí con satisfacción, pero pronto volví a la seriedad. Solo había un problema, con el cual ya había contado, pero el cual no había solucionado.
Habían tres guardias caminando por la plaza. Eran tres, si, y eran guardias. Pero el lugar era enorme, lo cual hacía que no pudiesen percatarse de todos los detalles. El problema era que no eramos precisamente discretos, y se movían. Sería difícil intentar pasar sin que nos viesen.

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Off Rol:
Otro mastereo. Todos han posteado (Más tarde o más temprano, pero todos al fin y al cabo :'D). Así pues, aquí tenéis el mío. Este turno es medio simple. Tendréis más explicaciones en el Off. Suerte a todos, y hasta la semana que viene.


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Re: La Contención de Anemos

Mensaje por Amethist el Vie Jun 21, 2013 7:07 pm


Los miré a todos con cierta curiosidad, escondiendo esa molestia y malestar que tan bien entrenada tenía, simulando mis verdaderas preocupaciones, repasando sus rostros, sus expresiones corporales, su manera extraña de asumir el reto de llevar a cabo una incursión detectivesca en un lugar desconocido, ante el eminente peligro de unos seres que nos repudiaban con tal fobia, como para  jugarnos la vida en aquella empresa. No se trataba de correr o huir, escondernos o atacar, era una tarea de astucia y lógica, de evadir sin cuartel, de trabajo en equipo, y todo ello me aburría, y más con aquellos seres, inferiores todos, con quienes no compartía ni cultura, ni al parecer, la misma inteligencia. Una a una, sus palabras me sonaron como pequeños ecos de ideas lejanas, que nada aportaban a la conversación y en cambio nos hacían robar tiempo valioso para la retirada. 
¿Qué tan difícil podía ser moverse de allí? Medio desesperada ante las palabras reiterativas del centauro, que luego continuaron en el humano y repicaron en la mujer alada, me levanté de un tajo y alejé de su estúpido conversatorio; quería  oír, sentir, escudriñar, con atención profunda cómo la tierra y el viento traían noticias de más allá: movimientos alocados, rumores quedos de la persecución. De pronto, las palabras cálidas de la divium me trajeron de vuelta a esa realidad de la cual quería huir, mientras los demás arremetían el paso, dirigidos por la pareja humana. Me sorprendió la amabilidad de la mujer, como también lo que generaba en mi ser, esa contrariedad innata de quien sabe que por mucho tiempo condenó algo de sí mismo que resultó después, con los años y la experiencia, ser la regla de la normalidad.  
-Öndine- dije en un susurro. Haber crecido entre elfos drows no me permitía tener la confianza que ella expresaba con su acento característico. Yo era más fría, más seca, más mortuoria, y por primera vez sentí envidia de poseer ese calor ajeno a mis palabras. Al llamarme hermana, no pude evitar mirarle con desconcierto, así solía llamar yo a aquellas con las que había crecido, sufrido, e incluso matado, elfas todas, como por mucho tiempo pensé que era. -¡Vamos!- espeté: -… o nos dejarán atrás.
Partí, corriendo tras los demás, que nos llevaban algo de ventaja. Me sorprendió las calles desiertas, oscuras, sin vida, sin algún alma que pudiera denotar que aquella ciudad alguna vez estuvo habitada, ¿dónde estaba la gente? Nuestros pasos se oían terriblemente, con un eco que persistía en el ambiente por largo aliento, más sólo quedaba esa opción, ¿acaso podría haber otra? Solo restaba confiar y seguir, a un par de humanos, que no inspiraban confianza y en cambio sí algo de angustia. ¡No podían ser normales, más si se responden y contestan todo el tiempo… es porque algo de locura debe haber! Meneé la cabeza, como tratando de domar mi mente inquieta y una risa oscura y siniestra brotó de mis labios:
-Al primer paso en falso… ¡les mato!- pensé para sí y saboreé esa sangre soñada, un premio demasiado bajo pero, en ese momento, suficiente por aguantar tanta estupidez.
Corrimos, y luego de un tiempo de escabullirnos como sombras, un gran estruendo retumbó sobre la tierra. Todos volteamos, más aquello sólo era un distractor. Continuamos, algo atemorizados por lo que dejábamos a nuestras espaldas. Arribamos a lo que parecía ser el lugar donde reposaba el barco que nos serviría de escondite provisional, más cuál es mi sorpresa al ver lo bien custodiado que estaba aquel embarcadero. Miré con cierto desconcierto a los demás e ira a quienes, hasta allí, nos habían guiado. 
-Bien, estúpidos genios… ¿acá que hemos de hacer? ¿Tanto vale vuestro barco como para arriesgarnos a ser prendidos por estos guardias?- dije en mi característico acento siseante, ocultando el enojo que todo ello me producía: -Veo tres, más si les matamos, sería anunciar nuestra posición casi de la misma manera que vosotros con aquellos feéricos… ¿alguno de vosotros posee el poder de hacer algo útil? En mi caso soy un ser que nació para la oscuridad, y la muerte es lo único que puedo provocar en mis iguales- repliqué.
Tomé mi arco y tan ágil como me es posible ser, apunté una de mis flechas a la cabeza del humano que había guiado nuestros pasos. 
-Bien, yo por mi parte exijo mi indemnización al respecto- y una sonrisa fría y cruel se reflejó en mi rostro pálido, de mirada lila devoradora. Al menos deshaciéndome de uno de esos dos, el otro dejaría de tener un eco incesante y fastidioso. Les haría un favor y, de paso, me lo haría a mí también. La ironía del momento parecía arrebatarme la poca compasión que mi alma guardaba, y allí estaba el plato servido, a merced de mi voluntad. 
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Re: La Contención de Anemos

Mensaje por Robyn el Lun Jun 24, 2013 9:41 pm

Parecía que al haberla hablado la había despertado de un sueño o traído de nuevo a esa realidad. Quería pensar que estaba en la misma situación que ella, comprobando las posibles maneras de escapar sin tener que unirse a esa panda de chiflados. No pudo evitar sorprenderse en cierta manera al escuchar hablar a la Divium. Sus pocas palabras habían sido frías, directas. Era la primera vez que había visto como alguien de su raza hablar de esa forma. Normalmente su gente era cálida y muy parlanchina, tal vez por los efectos del alcohol en su sangre. Bueno, al menos lo eran con los de su propia raza. Por eso se había extrañado de esa manera. Tal vez el mundo había cambiado más de lo que podía haber pensado desde que se fue de su tribu. Al ver como se marchaba Öndine corriendo detrás de los pasos de los demás, fue ella la que se despertó de sus pensamientos.
Como había pasado hasta esos momentos, las calles se encontraban completamente vacías y silenciosas. Ni un alma circulaba por ellas, solo los fugitivos de las Tierras Inferiores. Tenía la horrible sensación de que sus pasos sonaban más de lo que debían, como si fuesen simples ladrones que temían ser encontrados por la guardia de la ciudad. ¡Mucho más lejos de la realidad! Solo quería irse de allí cuanto antes y no volver a saber nada de esa condenada ciudad el resto de sus días. No obstante, tendría que sufrir lo que parecía ser una aventura de las que le leía su madre por las noches antes de dormir. Donde a gente corriente, le pasaban cosas extraordinarias. Todo lo pintan muy bonito cuando están fuera, pero dentro parece una pesadilla de la que no se puede despertar uno hasta el final.
Quería preguntarle más cosas a la mujer de ojos lila. Sin embargo, sabía que lo mejor sería mantener la boca cerrada e intentar seguir haciendo el menos ruido posible. Aunque seguía pensando que el centauro era demasiado grande y ruidoso como para que la gente en sus casas lo haya dejado pasar desapercibido. Por si acaso, mantenía las manos preparados por si en cualquier momento aparecía una patrulla como la que se habían topado hacia unos instantes o por si los dos humanos de aspecto curioso al igual que su manera de hablar, intentaban hacer algo. Aunque todos se encontraban en la misma situación, su experiencia le había enseñado a no fiarse de nadie y menos aún si alguno de ellos podía ser realmente el ladrón al que tanto buscan.
El aparente silencio, fue roto por lo que parecía ser un estruendo metálico. Más bien un chillido proveniente de unas calles más atrás de las que se encontraban. No pudo evitar sentir un escalofrío. Sabía que era algo malo. Sin embargo, no podía llegar a imaginarse lo que podría resultar. Conocía de sobra la capacidad que tenían los Anemienses en tecnología y rumores de alguno de sus increíbles inventos. Solo esperaba que hubiese sido algo de su imaginación, por el ataque nervioso que estaba a punto de tener. Pero no, pudo notar en el rostro de los demás esa misma sensación de incertidumbre y desconcierto ante ese ruido. No era su imaginación. Cada vez más, notaba como el aire se llenaba de tensión. Le costaba respirar con normalidad. No le gustaba para nada esa sensación. Siguió el camino que trazaban los hombres sin decir ni una palabra. No quería estar más de lo necesario allí.
Antes de que se pudiera dar cuenta, se encontraban ante una plaza gigantesca. Y como no, habían tres guardias allí pasando guardia. Se llevó una mano a la sien en señal de cansancio. Como se había podido imaginar no podían ir las cosas sobre ruedas, tenían que haber complicaciones. Una rápida idea se le pasó por la cabeza, intentar crear un señuelo para distraer a alguno de los guardias e intentar pasar desapercibida. Aunque con el centauro todo sería más complicado. Otra solución sería matarlos e intentar esconder sus cuerpos o tirarlos por el embarcadero. Iba a intentar ver lo que habían pensado los demás, cuando se encontró a su compañera alada apuntado con su arco a uno de los dos hombrecillos curiosos. Su cara era todo un poema. Un minuto que se había girado y las cosas se habían ido de riendas. 
- Joder, ¿cómo es que siempre los de tu raza están como una puta cabra? ¡Ja! Esto se pone interesante. Solo te recomiendo que te des prisa, ese chillido no era bueno.
- Öndine, comprendo tu frustración pero escúchame si les matamos no conseguiremos nada. – Intentó acercarse un poco a ella, levantando las manos en señal de que no le iba a hacer nada a ella. – Debemos de encontrar una manera de salir o de demostrar que no somos las ladronas. Nos han jodido sí, pero es tarde para lamentarlo. Ahora debemos de ocuparnos de los guardias y buscar un disfraz o un refugio seguro, hermana.
Si antes el aire estaba cargado, ahora hasta podía notar el peso sobre sus espaldas y el sabor del miedo y el nerviosismo en su boca. No podían arriesgarse a permanecer allí más tiempo, debían de actuar rápido. 
- Tengo un plan. Crear una distracción que entretenga a alguno de los guardias e intentar pasar desapercibidos u ocuparnos entonces del otro. – No estaba segura si la invocación de Xana funcionaría, pero no se le ocurría algo mejor en esos momentos. – O podríamos intentar matarlos o dejarlos inconscientes, ya que supongo que tenemos un experto en eso entre nosotros. – Comentó burlonamente y con una pequeña sonrisa traviesa, mientras observaba al que había dado esquinazo a los guardias antes. – O podéis decir un plan mejor antes de que nos matemos entre nosotros. Solo daros prisa. 
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Re: La Contención de Anemos

Mensaje por Frey el Lun Jun 24, 2013 10:35 pm

Fue un alivio, por fin, salir de aquel estrecho callejón, donde todo parecía tener una oscura alma que les observaba, pero las calles aun deshabitadas, no eran mejores.
 
Seguramente sus pasos fueran los más ruidosos del grupo, pues los demás tenían calzado y pies más blanditos, sin embargo sus cascos de caballo provocaban que se estremeciera con cada paso que hiciera un poquito más, menos mal que no podía verse al completo, la verdad es que caminaba de una forma un tanto…extraña, para tratar de no llamar la atención.
 
En las calles desiertas, no abundaban los sonidos, apenas aparecían de vez en cuando algún roce del viento, algún insecto ruidoso o en general algo más allá de sus propias respiraciones y pasos; o al menos, el no escuchaba más centrado en andar sin hacer ruido, por eso aquel estruendo metalizado que retumbo como una tormenta entre las calles,  fue una muy poco grata sorpresa, un cambio enorme en medio de aquel desierto con ventanas.
 
Por desgracia, no había forma para ellos de determinar el origen de ese ruido, asique no sabía si tendría que preocuparse o seria solo una puerta muy grande que se cerro de golpe, el fantasma de aquel sonido le perseguiría durante su estancia.
 
Al final, llegaron todos a la zona que querían, el embarcadero, donde les esperaba una guarida donde reorganizarse y segura, en teoría.
Pero aun quedaban tres retos antes de llegar, tres guardias de la ciudad patrullando la zona.
Aun los observaba con inquietud, pensando en la mejor forma de sortearlos, las palabras de la Divium  cortaban el aire, la escuchaba, pero aun estaba mirando a la zona, buscando alguna forma de  evitarlos,  al menos hasta que un sonido familiar, y tras este unas preocupantes palabras, al final, se giro, y ver a una de aquellas aladas apuntando a la cabeza de uno de los Lutece con su arco, aquello no le gusto un pelo.
 
El  también desenfundo su arco,  y apunto directamente a la Divium, procurando estar un poco alejado de los demás en aquel lugar por si propiciaba alguna reacción negativa ; -Haznos un favor a todos, baja ese arco, ahora mismo pelearnos entre nosotros es todo menos útil, tenemos que llegar al barco para tratar de salir de esta pesadilla, y cuando mas seamos más fácil será, en lugar de centrarte en acertarle entre las cejas, céntrate en pensar en cómo pasar,  por mi parte me gusta mucho lo de la distracción, una flecha, una piedra, un cebo….en el lugar adecuado y vía libre, incluso para asegurarnos y no tener que repetir el proceso en la salida podríamos atacarles por la espalda y esconder sus cuerpos inconscientes…, ella tiene razón, no conseguirás nada matándolos, salvo darnos una razón para no fiarnos de ti, solo que ella parece tener más paciencia que yo para estas cosas….- respiro y se centro, si se comparaba su voz con la de hace cinco minutos, se podría apreciar un brusco cambio, antes era mucho más amable y conciliadora, aunque tampoco hubiera hablado mucho, pero esto le había sacado su faceta más seria. para él, aquello no se diferenciaba tanto en aquel momento de una partida de caza, un objetivo que sería mejor lograr con el sigilo, un grupo para ayudarse mutuamente, pero ya había aprendido que las peleas no llevarían a ninguna parte, muchas veces se había tenido que joder y resignarse por gente que no sabía trabajar en equipo, y eso le ponía de los nervios, lo suficiente como para extirpar el miembro corrupto si amenazaba a él, su objetivo y sus compañeros, compañeros a la fuerza, si, pero compañeros, aunque ese miembro fuera uno de ellos.
 

-No me gusta que la gente que no respeta a sus compañeros, te juro que no quiero soltar la cuerda, pero si pones en peligro esta cacería y a los demás, no dudare en usar tu cuerpo como distracción, por favor, bajemos los dos el arco- le dijo de la forma más amable de la que fue capaz, esperando no tener que lamentar ninguna perdida.
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Re: La Contención de Anemos

Mensaje por Diego Espinoza. el Mar Jun 25, 2013 2:14 pm

Al parecer la idea de escondernos en el barco volador de aquella pareja fue aceptada por todos. Las mujeres aladas aun parecían disgustarse sobre como habían sido descubiertas gracias al señuelo de la lámpara gigante. Por mi parte le deja la vida a esas personas, o al menos la salud. Si no hubiese sido por ellos, de seguro me habrían capturado e interrogado, o tal vez incluso arrojado de la ciudad. El centauro también parecía agradecido, o al menos no tenía problemas con lo que había pasado, a juzgar por el hecho de que no se había quejado aun, cosa que ya me daba una impresión medianamente buena de él; al menos más que de las mujeres.

Sin perder demasiado tiempo comenzamos a caminar hacia el barco volador. Iba a paso rápido pero con cuidado de no hacer casi ningún ruido. También procuraba no adelantarme a la pareja que hacía de guía, puesto que sería fácil perderme. En ese momento, a pesar de la mucha curiosidad que sentía por ver aquel que probablemente era el único barco volador del mundo construido por gene no anemiense, mi principal preocupación era la de llegar rápidamente al escondite, sin llamar demasiado la atención en el camino. No tenía problemas en pelea, como previamente lo había demostrado. Pero si volvíamos a toparnos con guardias, salvo que tuviésemos muy buena suerte. No estaba consiente de cuánto tiempo había pasado desde que comenzó la caminata cuando el gran silencio que nos inundaba se vio roto. De pronto, se escuchó un estridente grito, o chirrido, mejor dicho, metálico. La preocupación me inundo a penas escuche ese sonido. Anemos era famoso por sus increíbles inventos bélicos, así como por su recelo de su ciudad. Ese sonido, si estaba en lo correcto, debía provenir de alguna de sus máquinas, de seguro destinadas a la caza de criminales, como lo éramos yo y mis “compañeros”. A partir de ese momento apure un poco el paso. Una cosa era pelear contra un grupo de guardias mal entrenados, o escapar de una patrulla de Feericos. Sin embargo, si nos encontraba lo que fuera que emitió ese ruido, estaríamos peleando contra una maquina jamás vista, y por ende, de la cual no teníamos conocimiento alguno.

Finalmente el recorrido pareció llegar a su fin en una gran plaza. Esa ciudad comenzaba a hacerse muy monótona, todo parecían ser casa similares, grandes plazas y callejones oscuros. Estaba seguro de que nuestro escondite estaba cruzando aquella plaza. Sin embargo, note que teníamos un obstáculo: tres guardias que vigilaban la zona. Tres guardias tampoco eran tanto peligro, pero estaban en un espacio muy grande, por lo que nos resultaría muy difícil pasar por encima de los tres sin que ninguno escapara y alertara a los demás. Estaba absorto en las posibilidades de cómo superar la guardia cuando de pronto las palabras de una de las mujeres me saco de mis pensamientos. Las quejas de aquella mujer me taladraban la cabeza como un pájaro carpintero a un tronco. No solo insultaba a la pareja, también cuestionaba la importancia del único escondite que teníamos en toda la ciudad. Yo comenzaba a cuestionar su inteligencia. Luego, como me esperaba, volvió a replicar por que la pareja la había “descubierto”. Lo siguiente que vi fue como decía que su talento era matar, y acto seguido apunto con su arco a la cabeza de uno de los dos humanos. Instintivamente saque mi pistola, la cual estaba cargada.

Antes de que hiciera algo, el centauro saco su arco y le apunto a la mujer. La otra mujer, que no había hecho o dicho nada hasta ese momento, o al menos no a nosotros, intento tranquilizarla, aunque sin resultados. Por mi parte, aún tenía mi pistola en manos, por lo que apunte me puse de costado a la mujer y le apunte directo a la cabeza. –No eres la única con fama de matar a los demás- dije con seriedad en mi vos. Esa mujer era una bomba de tiempo dispuesta a estallar en cualquier momento. Solo esperaba que lo hiciera en otras circunstancias- Para ser alguien que llama estúpidos a los demás, eres una idiota impulsiva, o al menos actúas como tal. Digamos que llegas a matar a uno de ellos antes de que ponga una bala en el cerebro, entonces, el sonido del cuerpo posiblemente atraiga a los guardias, quienes llegaran y te atraparan, pro no mencionar a todos nosotros.- Entonces la otra mujer dijo un plan que me sonó bastante bien. Ella proponía crear una distracción que entretuviese a los guardias.

-Propongo lo siguiente: Si alguien puede atraer a los guardias de alguna forma a este o a otro callejón, algunos de nosotros podríamos acercarnos con sigilo, noquearlos por la espalda y luego esconder los cuerpos, o quías llevarlos a dentro del barco y dejarlos atados si prefieren. No podemos pasar desapercibidos. No te ofendas, centauro, pero tus cascos hacen demasiado ruido como para pasar inadvertidos ante los oídos de las guaridas, por lo cual deberías esperar aquí a que acabemos con los guardias. Todo lo que podemos  hacer es noquearlos en perfecta sincronización para que así no llamen a sus compañeros
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Re: La Contención de Anemos

Mensaje por R&R Lutece el Miér Jun 26, 2013 11:26 pm

Rosalind y yo permanecimos unos momentos contemplando la plaza, buscando alguna forma de atravesarla sin ser vistos. O al menos, con posibilidades de hacerlo. Lo cierto es que la cosa era complicada.
De pronto, la voz de una de las mujeres aladas sonó a nuestro lado... Y empezaba a sentir un cierto odio hacia las diviums, dada su tendencia a amenazar y ser descortés, entre su anterior amenaza de muerte, y la forma de tratarnos de la otra, sin duda nuestro cariño no hacía más que reducirse... Si es que teníamos alguno. Nos giramos, para ver como tensaba su arco y me apuntaba a la cabeza. Arqueé una ceja al ver aquello ¿Que pretendía?
al momento, a nuestro alrededor hubieron armas desenfundadas. Un arco, una pistola, y palabras de calma de la otra mujer alada.
Antes de que la mujer hiciese cualquier tontería, me aproveché de la situación. Había cometido un serio error al intentar amenazarme de aquella forma tan ineficiente. La distancia que nos separaba era de apenas dos metros, por lo que usar un arma a distancia como el arco, con tan poco espacio, era sin duda una estupidez...
Con un simple paso me encontré justo ante ella, y aprovechando la velocidad y precisión que tenía con las manos, adquirida gracias a mi trabajo, agarré la flecha que había cargado por su extremo, y se la arrebaté de un grácil movimiento.
No sería muy fuerte, ni especialmente veloz, pero en destreza sobresalía lo suficiente como para quitar una simple flecha a una divium.

-¿De veras quieres salir de aquí con vida?-Le pregunté en un susurro para que mi voz no sonase por toda la plaza.-¿Te crees útil trayendo muerte? Así lo único que atraes es a la tuya ¿Piensas que si intentas matarnos nadie de aquí se enterará? ¿O acaso pretendes llamar la atención de toda la guardia hacia aquí? No demuestras ser más inteligente del nivel al que nos pones a nosotros.

Mi voz sonaba severa y fría. No tenía por costumbre tomarme bien las amenazas de muerte, y si bien había sentido la imperiosa tentación de destrozar su arco con el gancho, preferí limitarme a mi buen juicio y no crear sonidos innecesarios. Bien podía sacar ahora otra flecha, pero a esa distancia a la que nos encontrábamos, antes de que la pudiese cargar de nuevo podría, tanto yo como el resto allí presente, que parecía tan incómodo como nosotros, dejarla fuera de combate. Si quería intentar matarme, al menos podría haber sido suficientemente inteligente como para alejarse.

-Insensata...-Le espetó Rosalind acercándose a ella con fiereza. Casi parecía más ofendida que yo por aquella amenaza.-Si te atreves a volver a amenazar, o tocarle tan solo un pelo a mi hermano o a mi, comprobaré si eres capaz de sobrevivir a una caída de varios kilómetros sin alas.

-Rosalind-Dije apoyando la mano derecha, en la que sostenía la flecha arrebatada, en el hombro de mi hermana.-Cálmate, no ganas nada así. Y todos los demás... ¿Podéis bajar las armas de una vez? La mejor forma de cruzar una plaza vigilada no es apuntándose con armas y lanzando amenazas ante la guardia. Al menos no en esta dimensión.-Miré a la otra mujer, la otra divium que aunque un tanto descortés, parecía la más sensata del grupo. Era la única que no estaba a tan solo un paso de lograr que nos descubriesen inminentemente. ¿Con quienes nos habíamos encontrado? ¿Una panda de descerebrados? Si bien sentía un importante odio hacia la mujer que me había apuntado con un arma, y un leve aprecio ante aquellos que habían intentado defenderme, ya fuese por sus intereses o simplemente por mi, nada quitaba el hecho de que si seguíamos perdiendo el tiempo nada de lo que habíamos pasado habría servido para absolutamente, nada.-Tu idea es interesante, pero ¿Como vas a distraerlos? No creo que debamos matarlos, si lo descubriesen... Si así tratan a la gente por no ser de Anemos, no quiero imaginar la pena por asesinato. Pero distraerlos... Si...

-Si solo pudiésemos lograr que se alejasen de la plaza...-Continuó mi hermana, casi leyéndome los pensamientos.-Exacto... Eso es. Solo necesitamos que vean u oían algo que les haga alejarse. Podríamos usar un cebo pero sería arriesgado.

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Off Rol:
Notareis que este mastereo es más corto. Bueno, es cuestión de la situación. Debido a las acciones, no podemos avanzar en la historia, así que nos quedamos otro turno en el mismo sitio. Si se soluciona en este turno el conflicto creado, se seguirá,  si no, pues continuaremos. No tengo ningún problema xD solo seguiré la lógica de la situación. Pero tened cuidado, quizás no podamos estar allí eternamente, o nos acabarán descubriendo. Habrá más información en el Off. Buena suerte, y hasta el miércoles que viene.


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Re: La Contención de Anemos

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