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La Contención de Anemos

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Re: La Contención de Anemos

Mensaje por Amethist el Lun Jul 15, 2013 4:38 am


La improvisación parecía ser la carta más jugada de toda esa travesía. Sin importar por dónde tomara el problema, siempre rebotaba en la misma conclusión: reaccionaba al primer impulso que tuviera, la urgencia del momento irremediablemente le quitaba tiempo a la racionalidad y sólo dejaba como única guía lo que dictara el instinto de supervivencia. Muy dentro de mí sabía que no podía correr el riesgo de ser atrapada por aquellas huestes, no sin antes lograr lo que había motivado ese viaje… la verdad… mi verdad.

Seguíamos deslizándonos como sombras tímidas entre la oscuridad de aquellos callejones, evitando nuestro propio eco, el susurro de nuestros labios al conversar, cualquier suspiro o respiración forzada, incluso acallábamos nuestros corazones, acelerados pero templados, oyendo con atención y recelo, parando en cada una de las esquinas, pensando bien la manera de ir atravesando las calles desérticas, sin despertar sospechas, evitando las miradas de nuestros enemigos.

-Creo que… a medida que avancemos estaremos corriendo más riesgo...- susurré mientras el ruido continuo a la plaza parecía aumentar inexorablemente. Ambas nos sorprendimos, frenando en seco, cuando  la tierra en ocasiones parecía temblar bajo nuestros pies, como si algo pesado fuera y viniera, cayendo y removiendo las bases de todas las estructuras adyacentes. Intercambiamos miradas angustiadas y, sabiendo que no había marcha atrás, continuamos con mayor cautela.

Era bella aquella alada, de porte atrayente como altivo. Se había presentado como Robyn y era una maga invocadora, como también luchadora. Su mirada fuerte y aguerrida, guardaba cierta dulzura en lo profundo de sus iris oscuros y, en sus palabras dejadas como sutiles, se escondía ese ser que tanta envidia me generaba: un vivo ejemplar de mi raza. Su poder radicaba en crear esa entidad lujuriosa que la acompañaba a todos lados, alimentándose de su experiencia para así evolucionar al lado suyo.

-Sería una estupenda distracción… - comenté con una mueca risueña al oír las características tan particulares de su magia.

De pronto los ruidos, que otrora nos habían acompañado como basso continuo en nuestra huida, enmudecieron y volvimos a sentir el embiste de esa furia mecánica que otrora oímos cuando corríamos hacia el embarcadero. Un sonido aterrador, más fuerte, más profundo, alcanzó nuestros oídos y, luego de él, el mundo enmudeció. Era ese silencio que yo tan bien conocía, aquel que precede el ataque de un cazador, acechándonos desde las sombras: nosotras éramos su presa. La alada a mi lado también pareció notar el incómodo apaciguamiento de los murmullos y, adivinando mi pensamiento, llevó sus manos a sus armas, como lo hiciera yo buscando mi arco. Más no paramos de andar. Nos lo decía el instinto, nos lo aseveraba la razón misma.

-Sea lo que sea… es grande- dije con cierto temor en la voz -…la mejor opción será dividirnos y dejar que escoja a su presa.

Ella me miró con cierto desconcierto; mis palabras habían sonado fatalistas, y por ello, me sentí en la obligación de aclarar:

-Por supuesto, os esmeraréis en que vuestra invocación sea esa presa… ¿no?- sonreí sin darme cuenta que era una mueca distorsionada lo que había resultado en mi rostro pálido ante la expectativa del combate.  


Poco a poco, mi alma había adquirido ese aliento valeroso en que le envuelve la batalla próxima. Sentía los músculos tensos, los sentidos atentos, la respiración agitada y la fuerza del pensamiento puesta en aquello que nos seguía los pasos. Pronto se revelaría ante nosotras, pero mientras tanto… seguiríamos adelante. Era una cazadora, fría, calculadora; no sería una presa fácil. Nos jugábamos la vida, y tanto ella como yo éramos consientes de la importancia de salvaguardarla.

El enemigo, cansado de evadirnos, finalmente hizo aparición. Una sombra, tan grande como majestuosa, calló del cielo con la firme intención de asesinarnos sólo con su propio peso, aterrizando en frente de nosotras. Era enorme, una obra maestra de ingeniería fina, apreciable incluso para mí, un ser que poco prestaba atención a esos talentos, pero que, en el conocimiento que me venía de muchas lenguas que conociera y libros que leyera, entendía el valor de aquella criatura, mecánica, viva, perfecta, aterradora y sublime. Tenía forma de dragón y con él, empezó de nuevo la improvisación: el instinto gobernaba ahora nuestras acciones.

Tomé mi arco y lancé una flecha, directo a una de las ventanas que allí se alzaban. El sonido, por minúsculo que fuera, debió capturar la atención momentánea de la bestia, mientras nosotras corríamos en direcciones opuestas. Ésa fue la última vez que vi a la que fuera mi compañía más entrañable en Anemos, una completa desconocida. Mientras volaba bajo, tomé el arco y lancé una segunda flecha, que rebotó en su cuerpo metálico, destruyéndose en mil pedazos. Sonreí con amargura:

- Däs gëht äbër nïcht, Öndinë... Por ahí no es, Ondine… ¡así no es! –balbucee, hablando con mi propio ser estúpido. Tal vez en el fondo sólo quería distraer a la bestia de Robyn, mientras ella invocaba a su demonio. Sabía que estaba jugando con mi suerte, más ésa era la mejor salida que tenía. Volé, alejándome aún más de ese animal mecánico, evitando sus movimientos tan bien como me lo permitían las alas. No podía perder… no aún. Viraba en todas las direcciones, tratando de evitar sus embistes, volando siempre lo más bajo que me permitieran aquellas calles.

De la nada pareció que la invocación de la otra alada surtió efecto, más yo de ello nada supe, sólo cruzó por mi mente esa sospecha al sentir la distracción del artefacto mecánico. Sólo podía volar y huir de aquel adefesio. Mientras lo hacía, aguardaba mi destino, de alguna manera suponía ya sellado desde el momento que aquella criatura había aparecido.
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Re: La Contención de Anemos

Mensaje por Diego Espinoza. el Miér Jul 17, 2013 5:45 am

Estuve un pequeño ratito pensando en mi actual situación: no podía confiar en nadie, ya que cualquiera de los que me rodeaban tranquilamente podía ser el ladrón. La verdad dudaba mucho de que el centauro fuese el ladrón, pues es muy raro que un centauro se dedique al tipo de hurto que requiere agilidad y silencio, ya que los de su raza generalmente carecían de una o ambas cosas. Por lo general era más común un centauro saqueador o un centauro bandido que un ágil y silencioso ladrón centauro; sin embargo debía estar abierto a las posibilidades. Por su parte, los hermanos genios habían demostrado un gran intelecto, además de ser sumamente diestros o al menos el hombre, y ser bastante sádicos a la hora de la amenazas, como había demostrado la mujer. Esa pareja tranquilamente podía ser una pareja de ladrones. Después de todo tenían todo lo necesario y más para realizar un robo exitoso. Sin embargo, también estaba el hecho de que si quisiera robar algo, no hubiesen traído ese barco volador con ellos, pues no podrían usarlo para escapar (ya que los anemienses lo reconocerían y lo harían pedazos) y dudaba que quisieran dejar algo como ese barco volador atrás sin ningún motivo.

Mientras pensaba todas las posibles conjeturas y teorías, la puerta del barco se abrió. Ese sonido me saco del pensamiento y me alerto que debía entrar rápido. Apenas entramos todos, el hombre cerro la puerta y activo una trampilla en el suelo, la cual conducía hacia un nivel inferior por medio de una escalera. Posteriormente me entere de que era bodega, donde podríamos tener mas espacio para pensar con calma nuestras acciones. Para mi solo querían tenernos en un lugar donde no pudiésemos ver nada de valor para robar, en caso de que pensaran que el centauro o yo fuésemos el o los ladrones.

Una vez abajo, los hermanos comenzaron a hablar de ese modo tan jocoso y a veces molesto que siempre utilizaban. Explicaron con todo lujo de detalle y haciendo gala de un gran vocabulario, como el ladrón no podía escapar de la ciudad sin utilizar un barco volador aprovechando el hecho de que los anemienses eran demasiado orgullosos para volar en pedazos sus propias naves; por lo cual ese seria su objetivo, lo que lo llevaba a nuestra misma ubicación. Por otro lado también estaba el problema, también mencionado por los hermano, de que si los guardias llegaban a su misma conclusión irían a registrar todos los bracos del puerto de arriba abajo, incluyendo el barco donde estábamos en esos momentos.

El centauro expuso entonces su punto de vista de que deberíamos ir a cazar al ladrón. Fue enérgico, conciso y claro. Por alguna razón me recordaba a varios reclutas De mi batallón en mi época de servicio en el ejército. Sin embargo muchos de esos reclutas acabaron muertos a la primera batalla, y esperaba que el centauro no corriera la misma suerte. Su plan en si era bastante razonable y compartía hasta cierto punto su modo de ver las cosas. Sin embargo había muchas variantes que discutir, cosa que estaba dispuesto a hacer, pues ya todos habían hablado salvo yo. Era mi turno de opinar.

-Comparto el objetivo del centauro hasta cierto punto. Como ya se ha dicho, los guaridas no levantaran el bloqueo hasta que el ladrón sea capturado. Tal y como ustedes dicen- dije observando a los hermanos- la única manera de que el ladrón escape de la ciudad es robando un barco volador de Anemos. Aquí es donde surge, en mi opinión, un problema: supongamos que el ladrón logra evitar a los guardias y llegar a un barco volador. Para empezar, necesitaría toda la tripulación para operarlo correctamente, no solo un hombre. Sin embargo, digamos que logra de algún modo sobrellevar el hecho de que no haya tripulación, pero como podría operar correctamente el barco. Los únicos que saben como hacerlo quienes los manejan, y el ladrón no es uno de ellos. Lo único que podría hacer para escapar es secuestrar a un maquinista, salvo que el objeto que robo haya sido un manual o plano del mecanismo del barco volador, y aun así, no hay forma de que un solo barco volador operado por un novato logre superar a varios barcos voladores con tripulación completa y operados por profesionales. –Hice una pausa y volví a hablar-

A pesar de todo, es cierto y bien sabido que la única forma de salir vivo de Anemos es por medio de uno de esos barcos voladores. En ese punto les doy la razón, el vendrá aquí. Pero aquí es cuando tenemos otra complicación. Ustedes dijeron que los anemienses quedaron asombrados al verlos bajar de su barco volador. De seguro algún guardia los hará visto con su invento. En caso de que los guardias llegasen a la misma conclusión que ustedes, ustedes serian los primeros sospechosos. Después de todo, tiene un medio de escape, ya fueron vistos resistiéndose a la autoridad y aunque todos sabemos que solo un completo tarado lunático utilizaría un barco tan notorio como el suyo para escapar, los anemienses consideran a todos los “inferiores” como idiotas, por lo cual es posible que piensen que trataran de escapar en su barco volador. Eso implicaría que este será su primer objetivo a revisar; tal vez incluso escondan guardias aquí o solo quemen todo en el peor de los casos.- una vez mas, tome aliento y continúe hablando.

Es cierto que nuestra única posibilidad es capturar al ladrón, o al menos ayudar a capturarlo. En mi opinión debemos esperar aquí para capturar al ladrón, puesto que si nos arriesgamos a salir lo mas seguro es que acabemos topándonos con algún guardia o que el ladrón llegue al puerto y se escape antes de que nosotros lo encontremos. Respecto a tu idea, parece razonable- dije mirando al centauro- pero dime como es que podremos hacer que el vigía nos indique que llegan guardias sin que estos se percaten. Después de todo, no tenemos modo de ver más de lo que ellos ven, y no hay mucho lugar para ocultarse, de modo que aun sabiendo que vienen las guaridas, no hay mucho que podamos hacer. En mi opinión deberíamos salir de aquí cuanto antes, pero al mismo tiempo no podemos alejarnos demasiado y necesitamos un escondite desde donde podamos ver la entrada al puerto sin ser descubiertos. Otra idea seria continuar aquí escondidos, pero a menos que haya una puerta o escondite secretos que los guardias no puedan encontrar bajo ningún método, dudo que sea seguro permanecer en el interior de la nave. Esa es solo mi opinión, no se que piensen los demás.- Había terminado hablando mucho mas de lo que esperaba, pero al menos había expresado con claridad mis ideas y puntos.
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Re: La Contención de Anemos

Mensaje por R&R Lutece el Jue Jul 18, 2013 2:07 am

El centauro comentó casi al instante, respondiendo que en su opinión lo mejor era... Cazar al ladrón.
Me pareció una expresión de lo más peculiar. Sin embargo su propuesta era interesante. Buscarlo, capturarlo y llevarlo ante las autoridades, algo para lo cual si nuestra teoría era cierta debería llegar hasta donde estábamos. Lo único que había que hacer era que alguien se quedase vigilando por si llegaba alguien. Pero, tras unos instantes de espera, el otro hombre habló. Sus palabras nos hicieron pensar. Algunas de ellas eran ciertas, y tenían sentido para nosotros. Cuando terminó, fue nuestro momento de responder, algo que intentaríamos resumir, pero que como siempre... Era complicado.

-Es cierto... Nosotros habíamos contado con que él solo sería capaz de manejar el barco.-Dije mirando hacia el techo.

-Por la sencilla razón de que el nuestro puede hacerlo... Pero es cierto que los barcos de Anemos son mucho más complejos de manejar...

-Si seguimos esa lógica. Es imposible que pudiese pilotar un barco Anemiense. Y claramente el nuestro, a pesar de poder pilotarlo, no le llevaría muy lejos. No hay otra forma de bajar... Entonces...

-Claramente, no tenemos ningún lugar que los guardias no conozcan. Esta es su ciudad, no la nuestra. Tienen todas las ventajas, y nosotros nada. Aun así, hay algo que no creo que hiciesen... Los Anemienses... Es cierto que nos consideran a todos inferiores, estúpidos y locos. Pero...

-¡Oh! Es cierto... Son orgullosos...-Entendí lo que quería decir Rosalind al momento.-Son muy orgullosos, y sería un insulto para ellos que alguien que ha logrado robarles, fuesen tan estúpido como intentar huir en un barco que obviamente sería derribado instantáneamente. Sería para ellos... Como admitir que son inferiores a quienes consideran idiotas.

-Por tanto. No creo que vayan a tomar esa iniciativa que comentas... Al menos no todavía... Pero si es cierto algo.

-Está claro. El ladrón, no ha pensado en todo. Si fuese así, ya habría escapado. Sin embargo, aún está aquí. Es posible que el ladrón aun no sepa como escapar. Quizás ni siquiera haya visto como se tripulan esos barcos y no sepa en que se mete hasta que sea demasiado tarde.

-En resumen, es probable que no sepa como escapar, pero si sepa que la única forma se encuentra en este muelle.-De pronto, todos quedamos callados...-Sea como sea, en algo hemos coincidido. No sabemos exactamente donde, ni por donde, pero ese ladrón seguramente venga aquí. Y ayudar en su captura, es la única forma que tenemos de demostrar nuestra inocencia. Siendo así...

-Lo que debemos hacer es capturarle. Pero no podemos permanecer aquí mucho más. Y tampoco podemos alejarnos. Tarde o temprano, el ladrón, los guardias, o ambos vendrán a este lugar. Allí probablemente se decidirá nuestro futuro.-Me giré contemplando lo que teníamos alrededor... Algunos materiales de fabricación, comida. Nada realmente importante. Habíamos ido a ese lugar para encontrar algo que nos hiciese pasar desapercibidos en las calles de Anemos, y ahora la cosa se complicaba. Debíamos encontrar algo para pasar desapercibidos en los muelles. Por supuesto. Era una tarea sumamente sencilla...-Mmm... Ni siquiera hay edificios donde guarecerse. A nuestro alrededor solo hay aire, nubes y barcos. Y aun así, debemos escondernos aqu...

No terminé la frase. De pronto un repentino mareo acudió a mi cabeza. Mi visión se distorsionó y empecé a encontrarme mal. Sin poder evitarlo, me apoyé en un barril de manzanas que tenía al lado, y tras unos segundos, me senté en él. Me encontraba algo confuso... Era... Eso.

-¡Robert!-Exclamó Rosalind al momento, acercándose a mi asustada... Sacó un pañuelo de su bolsillo y lo colocó contra mi nariz, pasándolo rápidamente como una madre que le limpia el rostro a su hijo. Cuando apartó el trozo de tela este mostraba una mancha de sangre. Su rostro mostraba preocupación, pero poco a poco empezaba a sentirme mejor, y simplemente le sonreí con amabilidad.-¿Ha vuelto a pasar...?

-No te preocupes, ya estoy bien... Y si, es la Distorsión de nuevo...-Le respondí intentando quitarle hierro al asunto. De vez en cuando sufría extraños mareos y sangrados de nariz. Eran unas de las pocas veces en las que parecíamos estar desconectados, pues era solamente yo quien sangraba... Pero siempre yo, nunca ella. Si nos herían a alguno, el otro sufría las mismas heridas. Pero cuando la Distorsión me afectaba, era solamente yo.-Hacía mucho que no me daba. Era obvio que debía volver en cualquier momento. Pero podría haber ocurrido en peor momento.-De pronto me fijé en que los otros dos habían visto la escena. Probablemente no entenderían nada.-Oh, tranquilos, no es nada. A veces me dan jaquecas y tengo sangrados nasales, no es de importancia. Como iba diciendo... Debemos escondernos por aquí. Será mejor que salgamos a cubierta, y desde allí busquemos alguna forma de escondernos.

"Durante el breve tiempo que habían tenido de paz. Las dos comenzaron a hablar. Se contaron sus habilidades, sus poderes. Sus orígenes... Aquella conversación no la olvidaría la hidromante. Pues a pesar de que tan banal pudiese parecer, sería algo importante en su vida. Y tan rápido como llegó, aquello se esfumó. Cuando la paz se vio perturbada por la colosal figura metálica del dragón que ante ellas se alzaban. Era más que obvio que ni una ni otra eran rival para aquella cosa, que a pesar de tener alma de metal, desprendía por si sola un aura de poder que ponía en evidencia su capacidad letal.
Lo primero que se le ocurrió a Ondine fue tomar su arco con presteza y lanzar un certero disparo a una de las ventanas de los edificios cercanos. El ruido, ciertamente llamó la atención de la criatura, que si bien poderosa, no podía poseer la inteligencia de un humano. Pues al fin y al cabo no era más que una máquina.
Aquella distracción les dio a ambas el tiempo suficiente para emprender la carrera, en direcciones opuestas. De forma que cuando la criatura se volvió hacia ellas tuvo que deducir inmediatamente a por cual ir... Y antes de lograrlo, otro ruido captó la atención. El de otra flecha disparada por la mujer. Aquello no había siquiera arañado su durísimo armazón, haciendo que la flecha simplemente se partiese al chocar. Pero consiguió inmediatamente captar la atención de la criatura. Al considerarla el objetivo más peligroso. Al fin y al cabo, iba armada y utilizaba su armamento con naturalidad.

La bestia mecánica lanzó un chillido mientras comenzaba a caminar por la calle. Sus pasos eran lentos. Pero muy largos. Y la divium por su parte utilizaba sus alas para impulsarse a poca altura del suelo y así ganar velocidad...
Intentó escapar de él despistándole por las calles. Y su verdugo no hacía más que intentar seguirla... O así fue su intención, hasta que nuevamente algo logró distraerle, el tiempo suficiente como para que al girar una esquina, él perdiese el rastro de ella.
Una figura humanoide de cuerpo femenino y rasgos diabólicos se interpuso en su camino. Y tras un rápido análisis, fue detectado como un enemigo...
Se escuchó un nuevo chirrido metálico, seguido de un golpe y un grito femenino.
De un solo zarpazo, el dragón metálico había causado el suficiente daño a la lilim que esta se había visto obligada a regresar a su plano antes de morir machacada por la bestia. Aquel golpe era algo que Xana no olvidaría jamás. Un recuerdo de la supremacía tecnológica que aquella ciudad poseía sobre el resto del mundo. Y sin embargo, les salvó. Cuando el dragón vio desvanecerse a la invocación volvió a intentar localizar a las dos fugitivas. Pero había perdido su rastro, y cada una había huido en una dirección. A pesar de todo solo Xana había sido herida, y todo lo ocurrido había quedado tan solo en un susto. Quizás uno muy grande, que perduraría en su mente durante mucho tiempo, pero un susto al fin y al cabo. Y cuando Ondine se detuvo, muchas calles más allá para respirar tras la frenética carrera podría comprobar que no había rastro alguno del robot. Aunque tampoco de la guardia... ¿Donde se habían metido todos?"


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Off Rol:
Siguiente mastereo completado. Robyn ya ha abandonado nuestras narraciones. Ha sido separada y ya no hay complicación con ella. Habrá más información sobre el post en el off. Poco más que decir xD.


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Re: La Contención de Anemos

Mensaje por Diego Espinoza. el Dom Jul 21, 2013 6:24 am

Los hermanos no se tomaron su tiempo para responder a mis comentarios. A diferencia mía, ellos lo hicieron bastante resumido. En realidad pronunciaron una buena cantidad de palabras, pero considerando todas las que yo dije anteriormente no era quien para juzgar. Sin embargo lo único que ya comenzaba a ser molesto y extraño era como siempre acaban la frase del otro. Una cosa es que los enamorados hagan eso mientras se ven a los ojos y se dicen cursilerías estúpidas, pero esos dos hermanos lo llevaban al extremo. Casi parecía que aquel simpático par compartía una sola mente, dividía entre dos cuerpos. La verdad sabía que eso era imposible pero tampoco podía ignorar el hecho de que aquel peculiar modo de hablar no podía ser solo adivinanzas o simple obra del destino. Había algo raro en relación a esos hermanos, y no era solo su peculiar modo de hablar, su inteligencia y su barco volador versión norethiana.

Ellos parecieron estar de acuerdo con casi todo lo que dije. Hubo un par de puntos en los que no estuvimos cien por ciento de acuerdo respecto a las posibles acciones futuras del ladrón, pero todos coincidíamos en unas cuantas cosas: el ladrón, fuera quien fuese, no había pensado bien las cosas, de otro modo ya se habría escapado de Anemos, cosa que aún no había pasado puesto que de ser así habría sonado una alarma o el puerto hubiese estado lleno de guardias para cuando llegamos. Posiblemente el ladrón no hubiese pensado a futuro cuando se le ocurrió la idea de robar a los anemienses. Tal vez el pobre estúpido ni siquiera sabía la complejidad del funcionamiento de los barcos voladores de Anemos, así como la imposibilidad de manejarlos eficientemente sin tripulación.

Otra cosa en la que estuvimos de acuerdo fue en que, a pesar de no saber cómo escapar de la ciudad, el ladrón debía saber que la única salida no del todo letal debía estar ubicada en el puerto de Anemos. Si el ladrón había sido lo suficientemente hábil e inteligente para robarle a los anemienses de seguro debía poder llegar a esa conclusión tranquilamente. Aunque fuera un idiota afortunado debía saber que la única salida estaba en el puerto. Hasta el ser más estúpido podría sacar esa conclusión con unos minutos de razonamiento. También estaba la posibilidad de que el “hábil ladrón” fuese nada más que un idiota afortunado, en cuyo caso no debíamos creerlo capaz de emplear el mismo razonamiento lógico que un ladrón con experiencia. A pesar de que aquellas ideas no dejaban de preocuparme, la posibilidad de un escape por medio del puerto era probablemente la más acertada, y no podía dejar ir una oportunidad así con tanta facilidad. Sobre todo considerando que, al estar en el puerto de Anemos, teníamos una casi nula posibilidad de escapar. No era mucho, pero era mejor que nada.

Desgraciadamente, había un problema del cual todos estábamos consientes, algo demasiado obvio para ignorarse. Los guardias de la ciudad si eran personas con una gran capacidad de razonamiento. Debíamos suponer que ellos sabían lo mismo que nosotros sabíamos, o tal vez aún más. Después de todo, esa era su ciudad, y nosotros éramos simples turistas con algunas habilidades y muy buena suerte. Por si la amenaza de los guardias de Anemos no fuese mucho, la mujer pájaro que se había marchado anteriormente podría ser capturada, interrogada, y revelar nuestra ubicación en un intento por salvar su pellejo. Definitivamente nuestra lista de problemas había aumentado en gran medida al mismo tiempo que nuestra lista de aliados había disminuido.

Por ultimo pero no menos importante, todos coincidimos en el plan de acción: capturar al ladrón. En aquel momento parecía la opción más lógica. Al capturar al ladrón quedaría en claro nuestra inocencia. Sin embargo  había un par de  cosas que me perturbaban. Estaba dispuesto a compartirlas con el grupo, pero entonces algo paso de repente. Uno de los hermanos, el hombre, parecía estar sufriendo los efectos de una droga. Su rostro no se veía para nada bien. Súbitamente termino apoyado sobre un barril. Su hermana se precipito a ayudarlo, limpiándole la nariz con un pañuelo, mientras intercambiaba con él palabas que no llegue a escuchar. Mentiría si dijera que en ese momento me importo lo que le pasaba, pero les debía la vida a ese par de hermanos y lo menos que podía hacer era acercarme para ver si necesitaban algo. Pude observar que el pañuelo con el que la mujer le había limpiado la nariz a su hermano tenía una notable mancha de sangre; eso nunca fue una buena señal. A pesar de todo el hombre insistió en que no había sido nada más que una simple jaqueca y un sangrado nasal. No me convencían mucho sus palabras, pero si él decía que estaba bien, era suficiente para mí, al fin y al cabo era su salud la que arriesgaba, no la mía.

Ya había quedado claro que debíamos escondernos en el barco de los hermanos hasta decidir qué hacer, o hasta que el ladrón llegase; lo que pasara primero. Entonces decidimos que lo mejor seria salir a cubierta para inspeccionar un poco mejor nuestro alrededor. Yo estuve pensando en las dudas que me atormentaban mientras íbamos directo a la cubierta, por lo que no recuerdo mucho del tramo entre la bodega y la cubierta. Prácticamente avance por instinto, sin prestarle mucha atención a lo que me rodeaba, y a veces eso me hizo casi tropezar por la distracción. Mis pensamientos se vieron interrumpidos casi automáticamente cuando llegamos a cubierta y tuve una vista casi completa del puerto de Anemos. Lo primero que capto mi atención fue la entrada del lugar; estaba compuesta por un gran arco metálico con una escultura de una gran espada justo en el centro, apoyada sobre lo que parecía ser una flor abierta. A pocos metros de la entrada y antes de que empezasen a aparecer los barcos había varios edificios que parecían cerrados. Probablemente eran tiendas u oficinas que fueron cerradas con todo el alboroto. A continuación se podían apreciar las calles cruzadas del puerto, con un peculiar diseño, como de cuadricula. Esta “cuadricula” rodeaba los barcos voladores, los cuales estaban amarrados a postes a través de gruesas sogas, cuyo uso de seguro era igual al que tienen para los barcos comunes de Noreth: evitar que el barco navegue sin control. Lo que me decepciono del puerto fue la relativamente escasa cantidad de barcos. Apenas pude ver unos seis, y no muy bien precisamente, cosa rara ya que el puerto parecía capaz de albergar muchos más. Los barcos voladores que allí se encontraban eran prácticamente iguales a los barcos de agua de Noreth, y estaba seguro de eso pues en mi vida había estado en tantos barcos como un corsario. De seguro internamente aquellos barcos serían muy diferentes a cualquier cosa que hubiese visto, pero externamente las únicas diferencias que notaba eran la presencia de una hélice en el mascaron de proa y el hecho de que los remos fueron reemplazados  alguna clase de alas extrañas anemienses.

Después de dedicarle unos minutos de observación al majestuoso lugar, volví a pensar en aquello que me preocupaba.  Ahí fue cuando recordé que no había compartido mis preocupaciones con mis compañeros de grupo. Sin poder guardarme más mis ideas, comencé a hablar.- Hay algo que me inquieta.-les dije a todos por igual, sin mirar a nadie en particular.- Eso de entregar al ladrón, me parece bien, pero hay una serie de complicaciones con ello.- Yo había golpeado a guardias de Anemos, algunos incluso habían acabado con huesos rotos, por no decir casi todos o todos. Eso ya era perturbación de la paz, resistencia al arresto y agresión a fuerzas de la ley. Por su parte, los hermanos habían destrozado una gran lámpara para escapar de un escuadrón de Feericos. Eso podía considerarse resistencia al arresto, destrucción de propiedad pública, posiblemente agresión a fuerzas de la ley y tal vez hasta intento de homicidio considerando el pequeño tamaño de los feéricos en comparación con la gran lámpara. El centauro, por su parte, parecía el mejor librado. Su único delito había sido escapar de los guardias, sin contar cuando tiro la plancha del edificio, lo cual podría considerarse destrucción de propiedad privada si es que encontraban pruebas de que fue él. En definitiva, por más que entregásemos al ladrón, seguíamos estando en la lista de amenazas potenciales. – En el transcurso de nuestro escape de las fuerzas de Anemos, hemos cometido una pequeña serie de delitos, tales como daños a la propiedad pública y privada, agresión a la autoridad, resistencia al arresto, entre otras. Estoy de acuerdo en que hay que capturar al ladrón, pero pienso que no deberíamos arriesgar nuestra suerte de ese modo. A lo que me refiero es a lo siguiente: podríamos capturar al ladrón, y luego hacer que los guardias lo encuentren, de modo que no nos expongamos. Los guardias atrapan al ladrón, posiblemente levanten el sitio, y entonces podremos irnos.
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Re: La Contención de Anemos

Mensaje por Frey el Dom Jul 21, 2013 10:34 pm

Y tras sus escasas palabras, llego el momento de Diego para expresar su opinión. Un largo discurso, parecía que todos los allí presentes podrían llegar a ser muy conversadores cuando se lo proponían; cuando empezó a hablar, el centauro no pudo evitar sonreír ligeramente, y a medida que las palabras salían de aquella boca, esa mueca se desvaneció, dejando una cara impasible y pensante, lejos de estar disgustado con sus palabras, era consciente de la lógica que había tras ellas; aunque algunas cosas, como la imposibilidad de manejar un barco volador de anemos, no podía decir nada a favor ni en contra, si ya sabía poco de los barcos voladores normales, ¿qué sabría el de los de esta civilización súper avanzada?, quizás si que fueran híper complicados o quizás su avanzada tecnología lo dejo todo en un simple toca un botón y piensa a donde quieres ir, no lo sabía.

Y tras que ellos dos dieran sus opiniones, les toco el turno a los propietarios del barco, que comenzaron dándole en cierta forma la razón a Diego.

En resumen, parecía que la idea de cazar al ladrón y entregarlo estaba cobrando fuerza, asi como el tratar de pillarlo por ahí, por desgracia, algo rompió la animada paz y conversación.
Un mareo, unas gotas de sangre y una exclamación de su….¿hermana?¿gemela?¿amiga?, fue algo inesperado la verdad, y que hizo que se precipitase unos instantes, y se acercase a ver si podía ayudar en algo, por trivial que fuera; cuando se recupero, tras tratar de explicar un poco su situación, aunque por suerte no logro escuchar la parte de distorsión, que sonaba mucho más grave que un mareo espontaneo, sugirió salir de allí y mirar mejor donde o como esconderse.

Subió, salpicándose la cara con la luz solar, contemplando esta vez mucho mejor el enorme puerto que se hallaba bajo ellos, y rodeándolos.
Cruzándose con las maderas, velas y hélices de los demás barcos presentes en el área, que hay que hacer notar que no había muchos, se podía ver un enorme arco metalizado que era la entrada de la zona, junto a él una pequeña cantidad de edificios pequeños.
Se movió un poco por la cubierta. Que hubiera tan pocos barcos era bueno, al menos en parte, menos donde se podría esconder el criminal, menos territorio que cubrir, aunque a su vez, menos lugares para esconderse, quizás entre los edificios de la entrada. No se fiaba mucho de las expuestas cuadriculas que rodeaban a los barcos y los espacios sin nubes, incluso aunque allí se escondieran detrás de un barco una simple de aquellas fuertes y frías ráfagas de viento que le meneaban el pelo y la crin podría hacer que los barcos se moviesen lo bastante como para ser pillados.

Se giro hacia Diego cuando hablo, y le escucho con atención, era una buena idea, asi el riesgo era mínimo, por no decir nulo.
Se quedo pensando un momento, mirando a su alrededor y rebuscando en su mente cualquier posible fallo en el plan en lo dicho con anterioridad, no quería errores, y mirando donde podría ser buena idea esconderse, mirando un y otra vez el panorama.
Quizás un buen lugar para esconderse fuera cerca de la entrada, a menos que tuviera alas o mucha capacidad de salto, tendría que entrar por allí, y si entran los guardias, podríamos correr hacia la ciudad cuando pasaran de largo…-

Y entonces se percato de algo, si, por lo que sabían, el ladrón podría ser un divium o un antropomorfo raro que pudiera pasar, como no sabían nada el criminal podría ser de cualquier raza y procedencia, quizás incluso, un ciudadano de aquella ciudad.
-Bueno…aun hay una cosa después de todo esto que me preocupa, hemos hablado de que el ladrón no puede esconderse mejor que los guardias porque no conoce la ciudad, o que no sabrá como pilotar un barco, aunque pequeñito, después de todo, no he visto lo suficientes de esos barcos de la ciudad para asegurar que no exista una diferencia de tripulación requerida, pero…aunque solo sea una posibilidad….¿y si el ladrón no es un extranjero?¿y si nació y creció aquí, pero por alguna razón decidió robar algo?, hay muchas posibilidades y es posible que alguien si tuviera razones para mangar algo; se que dijeron en el comunicado que era alguien de las tierras inferiores, pero, no lo tengo muy claro, seguramente nadie viese el robo o el aspecto del ladrón, y dijeran eso por su manía a los de abajo. Si fuera de aquí podría esconderse mejor, quizás incluso hacer de piloto, y lo peor de todo, si lo es y lo atrapamos, con la mentalidad de esta ciudad….¿realmente estaríamos a salvo?, si no lo es, no creo que termine de importar tanto como entregarlo, aunque con tu idea, Diego, el riesgo es mínimo y no es mal plan; pero si nació aquí, seguro que le bastara decir alguna mentira descarada y el condenado será quien lo lleve…seguramente si sea lo mejor dejarlo con los planos en algún lugar visible e inmovilizado, en fin, espero que este equivocado, no puede haber tanto en nuestra contra, bueno, ¿vosotros que decir? rastreamos un poco por los barcos y vamos a la entrada a emboscarle, o hacemos otra cosa?
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Re: La Contención de Anemos

Mensaje por Amethist el Mar Jul 23, 2013 3:54 pm


Corrí y, aunque las fuerzas me abandonaban a cada paso que daba, no me di tregua en mirar hacia atrás y observar lo que a mis espaldas sucedía. Mi corazón latía frenéticamente, y no era para menos: en mi vida había visto tal colosal enemigo. Fue más que suerte lo que me había permitido huir de ese lugar, medianamente sana y salva, pues mis músculos adoloridos, empezaban a resentir los nervios de antes. Mis alas se agitaban de manera suave y acompasada, elevándome a pocos centímetros de la calle, lo suficiente para impulsarme y seguir corriendo. Viré, corrí, salté, pasé postes, casas, una arquitectura que parecía ser completamente desconocida, como si anduviera por lugares que por primera vez estuviera recorriendo: ése no era el camino que en antes había andado y, con esa suerte… no sabía exactamente hacia donde estaba huyendo. ¡Maldita la hora de haber llegado a ese lugar! Y… ¡Maldito el ladrón que había desatado el infierno!

Con sigilo, sin abandonar el sentido en el que veníamos andando, pero ignorando si aquello me llevaría a algún lugar conocido, finalmente, llegué a la plaza, la cual para mi sorpresa estaba totalmente desierta. Ni un ruido quedaba como testimonio de la presencia del ejército feérico que en antes habíamos vislumbrado desde la callejuela con la otra mujer divium. Me lamenté por no tener su compañía, aunque parlanchina, aquella chica había iluminado mi conocimiento sobre una raza a la cual pertenecía pero… ignoraba todo lo que de ella se pudiera decir. Como siempre, no dejé de hacer esa mueca turbada que ronda mi rostro cada vez que caigo en cuenta de lo irónica que es mi miserable existencia.

Observé con prudencia, pero también con temor, presintiendo el rastro de ese demonio alado mecánico que por poco logra su cometido. Más la astucia no vive en una máquina, y mi voluntad era mayor a su falta de racionalidad. Miré, escrutando cada esquina, cada arbusto, cada rincón oscuro, con mis ojos, tan lila como más pudieran ser, tal vez el único de mis sentidos en el que orgullosa podía decir que confiaba más. De pronto, divisé los baños… el camino estaba despejado y llegar allí no sería problema. Por supuesto, tendría opciones de sobrevivir allí, el agua corría a mares y todo el elemento le inundaba… aunque, igual que un ratón en su ratonera, tarde que temprano caería ante el embiste mágico y bélico de las gentes de este extraño lugar.

-Nëïn… Däs gëht überhäüpt  nicht… (No… no es una buena opción…)- me respondía una y otra vez, arrastrada por una fuerza invisible hacia allí, paso a paso, sin siquiera decidirme qué hacer. Por otro lado, estaba la opción de avanzar, mirar mejor, puesto que si era ése el sitio que el guía había escogido como “el lugar más cercano para que yo fuera a un baño” era porque de seguro quedaba de camino hacia el verdadero destino de mi visita: la Oficina de Registro de Inventos. Y, con esa esperanza encendida, reinicié el vuelo, elevándome a poco metros de la calle, surcando las sombras, sin atreverme a atravesar la plaza central, sospechando del acecho, aun cuando mis ojos me confirmaban la soledad que reinaba por aquellas calles.      

Avanzando unas cuantas calles hacia el este de los baños, luego de dar vueltas y más vueltas alrededor del lugar, acompañada solo por el eco de mis pasos, encontré finalmente lo que estaba buscando: un edificio alto y magnífico, de vidrios color celeste, con ventanales pequeños, pero de refinados marcos y artificio glamuroso, era la fachada de lo que en su portón de dimensiones colosales se reconocía como: Oficina de Registros – Anemos.
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Re: La Contención de Anemos

Mensaje por R&R Lutece el Miér Jul 24, 2013 1:32 am

Por suerte ninguno de los dos decidió hacer ninguna pregunta ante el suceso que acababa de darse. No me sentía con ánimo alguno de explicarles todo lo que pasaba conmigo. Y mucho menos tenía ganas de aguantar sus miradas de excepticismo ante las respuestas a sus preguntas. Es normal que no mucha gente de credibilidad a decir que vienes de una dimensión paralela.
Sin demorarnos demasiado, salimos por donde habíamos entrado... Y me percaté de lo perdidos que estábamos. Habíamos ido allí con intención de encontrar algo para escondernos, y salíamos sin nada más que planes e hipótesis sin ninguna base firme real. Algo era evidente. No teníamos ni idea de que hacer, y lo que hacíamos era una vaga esperanza que no nos obligase a quedarnos quietos esperando que la guardia llegase a nosotros. Triste, pero cierto.
Cuando llegamos a la cubierta, lo primero que hicimos todos fue contemplar con mayor detalle el embarcadero, que en primer lugar habíamos visto tan solo de paso mientras corríamos en dirección a la nave de la cual ahora salíamos. No habían muchos sitios donde poder escondernos. Y mucho menos sitios donde pasásemos verdaderamente inadvertidos. Llegué a plantearme incluso la posibilidad de estar perdidos, de no quedar más opción que dejarnos capturar y... Que fuese los que los anemienses quisiesen. De pronto, las palabras de los dos hombres perturbaron mis pensamientos, cada uno decía algo diferente, interesante, pero que no había pasado por alto. Al menos estaba bien darse cuenta de que no era el único que pensaba allí, a parte de Rosalind.

-Sinceramente, no se como funciona la justicia en Anemos, pero por mi parte, considero que el único delito cometido aquí por todos, es haber afirmado ser inocentes, mientras querían llevarnos a interrogatorio sin pruebas alguna. Creo que ese "delito" se paga bastante por el hecho de habernos hecho sufrir como lo han hecho.-Empecé respondiendo a sus palabras.

-Si además de eso les ayudamos a conseguir atrapar al ladrón, creo que es motivo más que suficiente como para que pasen por alto los delitos de destrucción de objetos. Al menos por lo que he visto. Nadie ha causado un destrozo mayor.-Añadió Rosalind.

-Personalmente, Rosalind y yo lo único que hemos hecho ha sido romper un cristal, porque un enano nos amenazaba con un hacha eléctrica. Suficiente justificación, a mi parecer.  Así como derribar una lámpara de volio de la ciudad. Las cuales he visto a montones. Cabe añadir que el mayor destrozo de esa lámpara habrá sido que se torció algún hierro que tenía. Puesto que no está fabricada con materiales muy frágiles.

-Además. En caso de que consideren que el hecho de intentar agredirnos, acusarnos y perseguirnos por toda la ciudad no es suficiente excusa para romper un cristal y abollar una lámpara... No seremos ricos, pero creo que tenemos suficiente dinero para pagar esos desperfectos. El acero y el cristal no son extremadamente caros. Y el volio según tengo entendido no es precisamente frágil... ¡El propio continente se asienta sobre anillos de ese material!

-El centauro... ¿Frey, dijiste? Lo único que hizo fue golpear con una flecha una plancha metálica. Ni la rompió ni la cortó ni nada. Y dudo que una simple flecha pudiese hacer más que una muesca en una placa de acero. O si no, los caballeros de brillante armadura tendrían una inútil protección sobre su cuerpo. Si hizo algo más antes de nuestro encuentro, no responderé por él.

-En cambio tú... Si es cierto que golpeaste y agrediste de forma bastante severa a varios miembros de la guardia de Anemos. No se si hiciste algo más antes de esa magistral aparición. Pero en cualquier caso lo tuyo dudo bastante más que se pague con una ayuda a capturar a un ladrón... Y el dinero no creo que reconforte a esos guardias. En resumen, por ti no respondemos. Si te encuentran probablemente a ti si que no te dejen tranquilo.

-Pero eres tú quien ha de apañárselas en ese aspecto. Y si quieres esconderte cuando esté todo, puedes hacerlo. En lo que respecta a nosotros, no te conocemos para nada.-Aquellas últimas palabras tenían doble sentido. No hablaría a los Anemos sobre aquel tipo. Pero por otra parte, también quería indicar de forma velada que no prestaría ninguna ayuda a su huida. No por simple crueldad, si no porque realmente no sabía quien era. Además, hasta el momento no había hecho más que complicar las cosas. Corría a nuestro lado, golpeaba y hería guardias, y poco más.-Sobre el ladrón anemiense... Lo pensé. Pero es una idea que descarté al momento. ¿Has visto esta ciudad? Sus calles son tranquilas, idílicas. Y por lo que he visto, no tienen ningún problema contra la gente de la propia ciudad. Su un ciudadano hubiese tomado los planos de algún invento, no creo que lo considerasen un robo. Tampoco he visto que tuviesen "privacidad" dentro de la propia sociedad. La gente entraba en las tiendas y se llevaba lo que quería. Sin más. Es una sociedad extraña.

-De hecho, aunque alguien hubiese decidido robar algo... ¿De que le serviría? Habría podido conseguirlo de formas más sencillas. Y con esos planos robados ¿Que haría? ¿La máquina? Obviamente no puede sacarle rentabilidad mientras esos planos sigan desaparecidos. Y en caso de que los devolviese tras copiarlos ¿Para qué lo haría? Se vería claramente que el artefacto pertenecía claramente al tipo a quien le robó los planos. Desde nuestra experiencia como inventores. Robar los planos de un objeto a alguien de tu propia ciudad, y usarlos en la misma, es una chapuza.-Dijo Rosalind, haciéndome pensar algo durante un segundo.

-... En la misma ciudad... ¿Podría intentar sacarlo?-Pensé en voz alta, pero negué con la cabeza ante esa idea.-Según se, todos los anemienses son felices en la ciudad y más les vale, porque tienen prohibido salir de la ciudad. Salvo los que llevan las naves voladoras... Y en el caso, realmente extraño de que fuese uno de ellos quien lo hubiese robado, nos traería al mismo sitio. El embarcadero. Y a pesar de que le de una mínima credibilidad, sigo insistiendo en que la probabilidad es casi nula.

-Nula o no, no importa. Sea quien sea sigue teniendo que pasar por aquí. Cuando venga y descubramos quien és podemos decidir como proceder. Hasta entonces, algo sigue claro... Hay que atraparlo, y pasará por aquí en algún momento... ¿Como era esa frase, Robert?

-Mm... ¿Si El Lobo no va a Keyback, Keyback va Al Lobo? No estoy seguro de que esa frase tenga demasiado sentido aquí.

De pronto. Una figura empezó a descender por las escaleras del embarcadero. Atravesando el arco de metal y cruzando al lado de la figura de la espada y la flor. De forma precipitada y con evidentes prisas y nerviosismo. Una figura indetectable por la distancia... Solitaria y veloz... Y acompañada, apenas un segundo después de un potente grito metálico. Aquel mismo que habíamos escuchado minutos atrás...

"Algo lejos del embarcadero. Sin saber que ocurría con el otro grupo, Ondine logró alcanzar su objetivo. La plaza. Y algo más allá podía ver los baños que se habían convertido en su primera meta, pero que en aquel momento pasaron a mostrarse más bien poco útiles... Podía ser que su magia fuese fuerte, pero las fuerzas de la ciudad lo eran también. Y aunque el agua la llamase, no tenía suficiente fuerza para defenderse. Si bien sería cierto que relatar la historia de como una maga de agua lograba resistir el ataque de la guardia de Anemos utilizando como fortaleza unos simples baños habría resultado de lo más jocoso e impresionante. También era improbable que acabase con un final feliz. Pensando, se le ocurrió que la probabilidad de que en las cercanías se encontrase aquello que fue a buscar a la propia ciudad, era realmente elevada. Y quizás mereciese el riesgo de deambular buscándolo, al fin y al cabo... No había nadie allí, al menos en apariencia ¿Que podía ocurrir?
Tras un rato de búsqueda, un gran letrero en un edificio aun mayor anunciaba que lo que buscaba estaba allí dentro. No era más que la oficina de registros de la ciudad. El lugar donde se encontraban todos los datos que la ciudad poseía.

Partidas de nacimiento, de defunción, viajes, inventario de comida, de máquinas, las patentes de los inventos que se desarrollaban, y aquellos que fueron cedidos. Todos los datos, básicos y resumidos, pero todos al fin y al cabo se encontraban en aquel lugar. Lo único que debía hacer para encontrar lo que buscaba era... Entrar, y lograr hallar una cosa entre las mil que podría haber allí.
Pues, efectivamente, en el interior de alguna carpeta, escrita y quizás codificada, se encontraba unas hojas que contenían los datos de algo que ella tenía, cuyo origen era desconocido, y cuya utilidad era aun más misteriosa. Le habían dicho que podría hallar datos de ella en aquel lugar, pero no que encontraría. Y desde luego, lo que allí podría ver la sorprendería.
Su tiara... La información. Tan cercana y lejana a la vez..."


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Off Rol:
Aquí está el siguiente turno. He de decir que estamos ya casi acabando, y que en apenas unos turnos todo acabará. Quizás de forma algo precipitada, pueda parecer. Pero... Bueno, en el off explicaré más.


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Re: La Contención de Anemos

Mensaje por Amethist el Miér Jul 24, 2013 2:52 pm


Me asomé con cautela al portón de entrada. Aquella edificación ejercía cierta presión psicológica sobre mí, amedrentándome como si fuera una especie de muro inquebrantable. Me sentí desarmada, sin ningún tipo de talento oculto para la misión que entre manos aguardaba. No se trataba de pretender ser más agilidad, o diestra, incluso no era cuestión de músculos o puntería, era… era enfrentarse al conocimiento mismo y en ese aspecto, me consideraba un ser insignificante y torpe frente a todo lo que me rodeaba. ¡Malditas culturas avanzadas, que hacen del resto de la humanidad un mar de ignorancia vergonzosa! Estudié con atención sus muros y estructuras, desde las sombras, con temor a revelar mi ubicación, aunque la soledad parecía ser mi única compañía. ¿Qué estaría pasando? ¿Qué destino depararía a los otros fugitivos? ¿y la otra divium? Meneé la cabeza, tratando de ahuyentar el mundo de ideas que sobre mí caían como una lluvia tropical, y fijé mi atención en ese portón, especialmente un anuncio grande metálico, que parecía contener información valiosa para mí.

-Registro de nacidos… piso 4; Registro de mayores… Registro de votantes… Registro de patentes… Registro de inventos donados… Däs (ése)… Däs müss sëïn (ése debe ser)- pensé. Aunque la lengua de los anemienses me era algo confusa, podía entender la traducción que a lengua común se hacía en aquel anuncio: -Piso 15 – finalicé.

El sol golpeaba la edificación desde el oeste, la hora menguada comenzaba, era la oportunidad de volar hacia el piso indicado desde el este, oculta tras la sombra que el sol erigía sobre la edificación y, sólo me restaba confiar en que alguno de los ventanales fuera la entrada directa al lugar que yo esperaba encontrar. Según lo leído, los registros de inventos donados colindaban con otros  tres departamentos en el mismo piso. Era ir por el todo o nada… pero como yo no tenía nada, sólo podía ver la ganancia de aquella estupidez.


Corrí hacia una de las esquinas, desde donde nacía una columna gigantesca que se elevaba hacia el cielo tan grande y alta, bordeando el edificio. Ningún ventanal tenía visibilidad ante ella.  Desplegué las alas y sin preámbulo, sin arrepentimiento, con la confianza que suele caracterizarme, emprendí el ascenso, contando uno a uno los pisos que superaba hasta llegar al 15 y, utilizando la columna como escondite, estudié cuál de las ventanas parecía ser la puerta de ingreso más segura al lugar. En una vi personas, en otra parecía haber sombras que se movían; al otro lado, un ventanal gigante mostraba un gran cuarto con estantes pero sin señales de vida, el problema es que no parecía estar abierta sólo un pequeño recuadro en su parte superior servía como entrada de aire al lugar. ¿Podría caber por esa minúscula rejilla? Dudé… mi plan parecía caer en picada ante la respuesta negativa. Tragué saliva, mientras mis alas hacían un esfuerzo extra por no dejarme caer.

-¡La información vale el intento!- pensé para mis adentros, y dándome valor, me dirigía a ese ventanal de dimensiones precarias. Con mis manos le empuje tanto como pude y sorteando la mayor dificultad (el ingreso de mis alas), logré mi cometido, cayendo sobre una alfombra roja y sedosa que cubría toda la instancia. Rápidamente, corrí a cubrir mis rastros y esconderme tras uno de los grandes estantes, de hierro aparente, más relucientes y curiosamente luminosos. Recuperé el aliento, mientras agudizaba mis sentidos. Algunas voces se escuchaban de los cuartos contiguos, más ése en el que estaba yo, parecía estar deshabitado. Leí el nombre que tenía el estante:

“Artefactos inferiores”

-¿Qué demonios? ¡Idiota! ¿Qué era ese sitio donde había decidido aterrizar? ¿Cómo “artefactos inferiores”?

Recorrí el estante y, de etiqueta en etiqueta, empecé a darme cuenta que había dado en el lugar indicado. “Equipo Decorativo”, decía una y con ella renové mis esperanzas como las ansias de continuar con la pesquisa. Mis ojos viajaban veloz por A… B…. brazaletes… Collares… había demasiado. La “T” casi al final del pasillo, me reveló un sin número de expedientes que contenían muchísimas creaciones patentadas. Las imágenes de cada una, hermosas y con característicos arabescos, que en nada parecían similares a la mía, fueron desalentando mi cometido. ¿Dónde está? ¡Tiene que estar! ¡TIENE que estar!

Pasos se escuchaban en el fondo, más no dentro de la recámara donde me encontraba.

-¡Rápido, rápido, Ondine… schnëll, Wässër…schnëllër!

Creí que no llegaría a encontrar lo que me proponía, cuando finalmente la imagen de mi tiara, ligeramente trastocada, pero era ésa, salió a mi encuentro. Leí el documento con ávido interés:

-“Tiara de Nubibus Ferreum…. ¿Wäs ïst däs?... Nein… Nein… NEIN!! Däs ïst Schëïβë!! (¿Qué es esto? No, no, no, ¡esto es mierda!) – grité, olvidándome de mi calidad de ladrona encubierta y el sigilo que me convenía mantener.

La desilusión alcanzó mi corazón. Aquel escrito parecía ser otra lengua, con caracteres que yo poco o nada podía entender. Superaba mis conocimientos y eso… eso me sumía en una terrible frustración. ¿Cómo haría para entender esos garabatos extraños? Sólo tenía una opción: robar esos documentos y encontrar a alguien que pudiera leerlos. Y mi mente vago entre los muchos conocidos que tenía: ninguno podía llamarse un experto traductor. Entonces… mi mente tuvo un lapsus que odié admitir, las caras de esos hermanos odiosos y soberbios aparecieron como la única respuesta posible a mis angustias. ¡Me iba el infierno en la negra suerte que estaba teniendo en ese lugar! Ahora, la esperanza de encontrar la verdad que tantos años había esperado, estaba servida en esos dos miserables cuyo odio ya me había ganado.

Como siempre reí, con sorna, pues era lo único que podía hacer cuando el resto del mundo parecía darme la espalda. La vida se ensañaba con furia sobre mi espíritu orgulloso y yo… sólo podía devolverle una sonrisa tan irónica como sus enseñanzas.  Como un vulgar ladrón, tomé la carpeta, la introduje en el bolso que cuelgo al cinto y corrí con el alma pendida de esos documentos, sabiendo que la huida no sería tan sencilla como la entrada, ¡apostaría mis canas a que ello sería así!
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Re: La Contención de Anemos

Mensaje por Frey el Vie Jul 26, 2013 2:23 am

-Espero sinceramente, que ustedes tengan razón, yo pensé eso un poco más que nada por la locura, que podría contradecir todo razonamiento y lógica, pero, gracias, lograron tranquilizarme en ese tema, por cierto, antes de seguir, quisiera aclarar una cosa en relación a lo que acabas de decir de que hice antes, me gustaría decir que por mi parte no cause daño alguno antes, llegue, pasee un poco por la periferia y me fui a ver una malditamente emotiva obra de teatro…-, cabe destacar que en este punto se le escaparon algunas lagrimas al rememorar algunas partes de aquella trama, se limpio las lagrimas con la manga y continuo, -por lo que, creo que de aquí soy el más limpio de todos, bueno, me he dado cuenta de que aun no me respondieron, digan, al final, ¿deberíamos aprovechar el cuello de botella que tenemos al inicio, entre las casetas, o veis mejor movernos por otras zonas?, quizás uno de nosotros pudiera darse una pequeña vuelta por el rostro del embarcadero y mirar si ya ha entrado mientras hablábamos bajo la cubierta.-

El viento frio mecía con ternura las barandillas de los barcos, al fondo, tras las interesantes formas del embarcadero aun se podía contemplar la enorme ciudad flotante bañada por el silencio y la luz solar que escapaba por las nubes, que pasaban sobre la ciudad, a veces parecía que tan a ras de suelo que se esperaba como una neblina húmeda, aunque a esa distancia bien podría ser un efecto puramente óptico. Entre las palabras de los allí reunidos se podía apreciar una amplia gama de sonidos, maderas crujiendo, el viento abriéndose paso entre desgastadas formas, chillidos metálicos terribles, fuertes y estridentes con la clara capacidad de helar un corazón, aunque eso ultimo, era nuevo.

Al fondo de todo, se había vislumbrado por un segundo una velo sombra que cruzo fugaz parte del embarcadero, poco después, ese sonido.
¿Quién era ese?, era la pregunta principal, habían estado tanto tiempo hablando e imaginando a un ladrón tratando de acceder a uno de los barcos que, aunque pudiera estar errado, esa fue la primera reacción, y la siguió, -Esa sombra, ¿vamos a investigar?- no había visto nada, o casi nada, una forma humanoide y oscurecida, apenas se podía distinguir en la distancia, pero se movía y rápido, su corazón empezó a latir con más fuerza y una leve sonrisa se dibujo en su rostro, puede que no fuera más que una ilusión, se estaba emocionando, -bien, a menos que esa sea un reflejo, quiero ir a ver que es, puedo llevaros a alguno si queréis, voy a correr, posicionarme tras algún barco cercano y cuando pase, ¡zas!, vamos, ¿quien viene?- ya se nos había emocionado con la adrenalina de la caza y como no sugirieran un plan mejor rápido, seguramente eso es lo que acabaría haciendo.
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Re: La Contención de Anemos

Mensaje por Diego Espinoza. el Lun Jul 29, 2013 5:08 pm

Me parece perfecto, solo asegúrate de recordarlo cuando te encuentres con las autoridades- A mi parecer era algo inocente el creer que solo el dinero o el hecho de estar huyendo por falsas acusaciones bastaría para impedir que las autoridades tomasen represarías contra ellos. La verdad, considerando lo inteligentes que parecían ser, podría considerarse incluso estúpido creer que los anemienses cambiarían su orgullo por cualquier cantidad de dinero que un “inferior” pudiese darles. Sin embargo, al igual que antes, no me importaba en lo más mínimo su situación. Si querían morir era cosa suya. Por mi parte, estaba más que listo para escapar de la ciudad sin tener ni el mas mínimo contacto con ningún anemiense, guardia o civil. Yo tenía mis propios problemas, dentro y fuera de Anemos. Solo debía salir de ahí a la primera oportunidad, sin importar lo que tuviese que hacer. Mi único límite era tirarme al vacio.

Cuando ya todos habían dicho lo suyo el silencio pareció inundar el lugar. No era un silencio incomodo ni nada de eso, más bien como una gran pausa. Después de todo, entre todos habíamos intercambiado gran cantidad de palabras. Hacía bastante que no hablaba tanto con nadie, y creo que aquella noche dije más palabras de las que había dicho en meses. Aunque siendo justo, casi todo lo que he dicho en meses se relaciona con los homicidios de ladrones y corruptos, y en esos casos me preocupaba mas por disparar que por compartir comentarios del sistema judicial de una ciudad flotante.

Lo que rápidamente cambio fue el escenario: repentinamente pude distinguir una sombra en medio del puerto flotante. Corría apresuradamente y parecía dirigirse hacia los barcos. –Sea lo que sea yo también lo veo y me inclino a pensar que es la persona que esperábamos, quien llego un poco temprano a la reunión- Entonces, el centauro pareció excitarse demasiado por la adrenalina que el momento generaba. No podía culparlo, de no ser por la discreción que debíamos mantener yo mismo hubiese corrido allí y le hubiese puesto una bala entre ceja y ceja.

-Detén tu caballo compañero- le dije al centauro- O mejor dicho, detente caballo; como prefieras. Yo también quiero ir directo ahí para agarrar a ese misterioso, pero ahora más que nunca hay que pensar las cosas antes de lanzarse a la acción. Estuvimos contemplando que llegaría hasta aquí y eso hizo, ahora tenemos que ver como atraparlo. Si escucha el más mínimo sonido saldrá corriendo y tú no eres precisamente silencioso- le digo al centauro- Voto por que lo dejemos entrar a uno de los barcos. Entonces estará atrapado en un lugar cerrado con casi ninguna salida no letal. Ahí será una presa más fácil de capturar- Otra vez estaba hablando de mas. Me costaba acostumbrarme a la idea de tener que compartir todo lo que pensaba con un grupo de personas. Todavía estaba cómodo con la simple idea de hacer lo que pensaba sin tener que contar con otros.

De repente, algo interrumpió mi escenificación mental de la emboscada que planeaba tender. Haciendo eco en el puerto, se escucho un gran chillido metálico. Basto con escucharlo por unos segundos como para que me diese cuenta de que era el mismo chillido que habíamos escuchado hacia unas pocas horas, cuando estábamos marchando rumbo al barco de los hermanos. Aquel sonido me provocaba escalofríos. Sentía como si algo malo estuviese a punto de pasar, casi podía olerlo en el aire.-Por alguna razón siento que algo malo está a punto de pasar- dije mientras miraba fijamente hacia la dirección de donde parecía provenir dicho chillido.


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Re: La Contención de Anemos

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