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La Contención de Anemos

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Re: La Contención de Anemos

Mensaje por R&R Lutece el Lun Jul 29, 2013 11:41 pm

El hombre no parecía del todo convencido con nuestros argumentos. Y como habíamos dicho al principio, no conocíamos exactamente las leyes Anemienses. Pero preferíamos creer eso, porque si nos fijábamos en el trato que habíamos recibido nada más llegar... Bueno, poco les importaría que le entregásemos al ladrón. O siquiera que nos escondiésemos tras dejarlo maniatado. Fácilmente podría ser todo solo un pretexto para matarnos a todos. Pero... Bueno, por mi parte prefería pensar en positivo. Si íbamos a morir, al menos quería haciéndolo estando tranquilo el tiempo que nos quedaba. Y si no... Pues tendríamos razón, en cualquier caso, salía ganando.
Pero toda conversación quedó en pausa cuando la misteriosa figura hizo aparición. No podía ser otra cosa. Corriendo, nervioso, como si algo le persiguiese... Un guardia no se comportaría así, debía ser el ladrón o... Quizás una de nuestras antiguas compañeras. En cualquier caso debíamos acercarnos. El centauro se puso bastante animado con la situación, algo realmente contraproducente, más aún porque ni parecía haberse fijado en el grito chirriante del aire. Si bien, por su forma de escapar, probablemente habría algo en la plaza que le impediría dar la vuelta, tampoco me parecía inteligente dejar que intentase huir. Además, si lo que le perseguía era un grupo de guardias, si entrábamos en escena corriendo como locos seguramente habrían pensado que eramos sus cómplices. Por suerte Diego intervino, aunque con una expresión de mal gusto que quizás no agradase al centauro.

Fui a intervenir en su conversación. Pero fue entonces cuando se escuchó de nuevo aquel grito metálico tan espantoso, tan cercano, tan hostil... Al hombre no parecía gustarle ese sonido, y a mi y a Rosalind tampoco. Tras calmarnos un poco, descendimos del barco volador, y empezamos a caminar lentamente por el puerto. Intentaba ocultarme tras las cajas y los barriles que había diseminados por todas partes, para así poder ver a aquel hombre sin que nos descubriese. Por desgracia, conseguir sombra en aquel lugar, el sol, aunque anocheciendo, se encontraba en cielo despejado, puesto que las nubes estaban bajo nuestros pies.
Cuando estuvimos a unos veinte metros pude advertir su indumentaria. Iba vestido con ropa común de las tierras inferiores, puesto que me había percatado de que todos los humanos de Anemos vestían con traje. Los enanos eran la excepción, y los feericos... Los únicos que tuve tiempo de ver intentaban conjurar algo sobre nosotros, y no era tiempo de ver como vestían. Y era humano, eso sin duda. Demasiado alto y delgado para ser un enano. Y mucho más para ser un feerico. Además, andaba de forma lenta y pausada, fatigado... ¿Llevaría corriendo mucho tiempo? No... Aun así había algo en su forma de andar...

No tardé en darme cuenta. Era un anciano. Una barba blanca le caía de la barbilla, y apenas tenía pelo en la cabeza. Su rostro estaba surcado de profundas arrugas y grandes gotas de sudor... Lo miré incrédulo ¿Ese... Ese era el ladrón?
Le hice una seña al centauro, cuyo cuerpo era mayor y más fuerte, para que hiciese de muro. Supuse que lo comprendería, al fin y al cabo quedaba bastante claro que si le señalaba a él, al anciano, y a un punto del suelo hasta alguien con poca inteligencia supondría que no le decía que cargase contra el agitando los brazos y chillando como un cerdo en el matadero. Pero por si acaso, y sin fiarme de su lógica, añadí en un susurro."No Pase". Y tras aquella indicación, me coloqué en el final de las cajas, esperando a que el hombre pasase por delante de nosotros, parecía dirigirse a un barco aleatorio, si es que realmente iba a uno... O si el era el ladrón... Realmente... Un anciano... No me lo había imaginado así.
Una vez su figura desapareció de mi vista al pasar por las cajas, rápidamente rodee las mismas para quedar a su espalda, mientras que, si me había hecho caso el centauro, se habría colocado delante de forma repentina, impidiéndole así pasar al toparse de frente con aquella mole de carne, musculo y pelo.

Mientras salía de mi escondite junto a Rosalind, cada uno con el gancho en una mano, escuchamos un fruto ahogado, signo de sorpresa, y un momento después nos vimos al hombre, de cara a nosotros. Se había girado súbitamente al ver a Frey, y se había encontrado con nosotros dos. No tardó más que unos instantes en darse cuenta de que estaba rodeado. puestos que a los lados solo había un montículo de cajas, y el vacío. Y antes de que se suicidase o intentase escalar por las cajas. Seguramente le habríamos agarrado, puesto que Diego debía estar allí también. El hombre mostró su desesperación y se derrumbó.

-¡No! ¡Perdonadme!-Nos suplicó casi entre lágrimas.-Yo... No... ¡No quería! ¡No era mi intención que se armase este lío! Yo... Yo solo... No lo haré más... Lo juro...

Se llevó las manos a la cabeza, y entre sollozos agarró sus cabellos con frustración. Desde luego había algo en ese hombre... Y no era maldad. Más bien... Arrepentimiento. Pero no estaba seguro de que pasaba, estaba hablando muy rápido, ni siquiera sabía quienes éramos, pero nos miraba con miedo desde el suelo, cubriéndose con las manos, como si temiese que le fuésemos a golpear. Deduje que posiblemente nos confundía con la guardia de la ciudad. Algo estúpido, era obvio que no pertenecíamos a Anemos. Pero aun así... El nerviosismo que mostraba... Seguramente ni siquiera estaba viendo eso.
No tardé en sacar mis hipótesis... Ese hombre no había planeado ningún robo. Por eso había actuado de una forma tan errática y sin sentido. Era anciano, y sin intención original de cometer un robo, probablemente no se diese cuenta de que escapar era difícil. Probablemente no sabría siquiera si podría manejar un barco volador, por eso se había dirigido a uno de forma aparentemente aleatoria, con total probabilidad, en el que había llegado a la ciudad, sería el que le resultaría más familiar. Pero no eran más que eso. Teorías. Y había que probarlas.

-Has robado los planos de las armas...-Dije con voz severa. Si quería que hablase, la mejor forma era que siguiese pensando que era de Anemos.

-Si... Digo... ¡No! Yo...-Empezó. Estaba nervioso, demasiado. Casi sentía lástima por él, pero era o él o nosotros.-Yo... Si, robé los planos... No quería causar problemas... Pero ¡No es un arma! No... No se siquiera como funciona eso. Pero... Me explicaron para que servía y... ¡Puede salvar vidas!

Quedé perplejo ante aquellas palabras. ¿No era un arma? Los Anemienses habían mencionado que se trataba de algo así. Y el hombre siquiera tenía los conocimientos para hacer funcionar el dichoso aparato. Además...

-... Puede salvar vidas...-Dije en tono pensativo... Rosalind parecía comprenderme. Dio un paso adelante y extendió la mano hacia el hombre.

-Danos los planos. Ahora.-Le apremió... Y el hombre, sin pensarlo un segundo, extrajo un sobre marrón de la chaqueta que vestía. Rosalind lo tomó al momento, y lo abrió, sacando hasta la mitad los papeles que había en su interior. Avancé el paso de distancia que nos separaban, y yo también empecé a contemplar lo que había.

Efectivamente, eran unos planos sobre una máquina... Los planos estaban escritos en algún tipo de código. No eran letras en lo que estaban las anotaciones. Pero a la vez lo parecían... Rosalind extrajo los papeles un poco más, y pude ver un boceto. Había algo extraño en él. Me fijé... Las medidas, los números estaban al revés... De pronto me percaté de que todo lo escrito tenía los caracteres al revés. Al parecer los ingenieros intentaban mantener así el secreto de lo que escribían. Era un truco bastante sencillo, pero que en principio confundía, y costaba de leer. También había algo extraño. A pesar de que ahora podía distinguir las palabras, no entendía exactamente que decían... "Cobi cintanadir da buju tamparutoru" anunciaba como título. Decidí ignorar el escrito. Podría descifrarlo, pero eso más tarde. En ese momento tenía más curiosidad por saber que demonios era, y la forma más sencilla era fijándome en el boceto.
Mostraba la imagen de un cubo de un tamaño respetable. Tenía anexas secciones, en las que unas indicaciones marcaban que había algún tipo de mineral o gas, a judzar por los dibujos. No terminaba de entender que era. A simple vista solo podía decir que se trataba de una caja para guardar algo, pero esa caja tenía compartimentos a los que había que añadir alguna sustancia que no podía identificar por el código en el que estaba escrito. No me quedó otra opción, miré al hombre de forma severa, y este apartó la suya. Quería que hablase, cada una de sus palabras era una pista...

-Yo... Mi pueblo... Pasa hambre...-Empezó al momento.-Esa máquina... Ayudaría a preservar la comida.

Aquello me hizo volver a los planos, busqué inmediatamente la palabra "Comida" en los planos. Pero no estaba... Intenté asociar conceptos, buscar algún sentido o patrón en las frases, y al final lo encontré... Bueno, en realidad fue Rosalind. Señaló con el dedo una palabra, y susurró. "Cimedu".
Un pequeño dibujo mostraba una manzaja con una flecha señalándola y esa palabra escrita... El código...
Sonreí. Era muy sencillo. Tras un rápido vistazo por el resto del documento descubrí que era. Al momento cogí los planos, los volví a meter en el sobre y los dejé a los pies del hombre.

-No miente... No es un arma... Es una especie de cubo de almacenamiento de comida, que la preserva a través de frío...-Dije con pesar... Ese hombre realmente no tenía mala intención, pero... Los Anemienses... No creía que eso les importase.

De pronto, el chillido sonó de nuevo. A mi espalda. Y un momento después sentí un terremoto a mis pies. Escuché incluso crujir el suelo. Me giré tambaleándome por el seísmo provocado, y me encontré de frente con una mole de metal con forma de dragón que nos contemplaba a todos allí. Sus ojos mecánicos no mostraban piedad, si no fría obediencia.

-¡Mierda!-Grité inmediatamente al ver aquello. ¿Que íbamos a hacer contra eso?

"La diosa fortuna parecía sonreir a la mujer nuevamente. No solo encontrando rápidamente el lugar donde se había de ocultar la información que buscaba, logró entrar al edificio a través de un hueco en las ventanas, llegando por los azares del destino a la habitación indicada. Encontrar en aquel sitio el estante que contenía lo que necesitaba fue cosa de tiempo, a base de prueba y error. Tardó un rato, pero repasando nombres finalmente llegó a un apartado de Tiaras, entre ella, un dibujo fielmente impreso revelaba que los datos encontrados eran los que necesitaba... Pero ella, como los Lutece, se encontró con el problema del código Anemiense... Para ellos la tarea de descifrarlo fue cosa de probar, al fin y al cabo estaban acostumbrados a razonar y buscar hipótesis hasta dar con la correcta. Ondine era más dada a la batalla, y siendo incapaz de descifrar lo que ponía, lanzó una maldición al aire, sin preocuparse de su discreción, y viéndose condenada a pedir ayuda a quien primero se le ocurrió que podría ser capaz de hacerlo. Aunque que quisiesen, era un detalle totalmente diferente.
Y eso, por ventura o por desgracia, ella misma lo sabía. Guardando aquellos documentos en su bolso, inició lo que sería su huida. ¿Aquello sería considerado robo? Técnicamente eso era información que iba a conseguir de todas formas. Pero se había infiltrado y había tomado sin permiso aquellos papeles... Estaba claro que aquello sería considerado un delito si la descubrían... Pero esa era la cuestión... Si la descubrían.

Pronto, las voces empezaron a sonar por el edificio, preguntándose entre si que había sido aquel grito que se había escuchado, y extrañados, a la par que alertaron, empezaron a buscar. Por suerte para ella. Los ciudadanos se creían realmente seguros, superiores... ¿Como iba a entrar un habitante de las tierras inferiores en su oficina de registros sin que absolutamente nadie se diese cuenta, hasta que delató su presencia? ¡Sería insultante! Y por eso, casi tocándoselo a broma registraban las habitaciones. Solo si por algún casual había sucedido algo...
Y no tardaron en entrar en su habitación. Tres personas, dos mujeres y un hombre, comentando en carcajadas la improbabilidad de que alguien se hubiese colado. La divium, situada tras el estante donde había encontrado la información, estaba en un punto ciego para aquellas personas. Pero no tardarían en girar una esquina y descubrirla. Hiciese lo que hiciese, debía ser rápida."


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Off Rol:
Y os presento vuestro último turno... Esta es la última ves que deberéis postear, el siguiente mastereo revelará el desenlace de la aventura, y cerrará la partida. Ha sido un placer rolear con vosotros. Podeis mirar el off para recibir los datos necesarios para que completéis vuestros post. Y si... Efectivamente, los planos robados eran de... Si, eso xD


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Re: La Contención de Anemos

Mensaje por Amethist el Jue Ago 01, 2013 5:12 pm


Parecía resultar todo de maravilla. ¡Al fin algo bueno saldría de este viaje! Encontrarme allí, en el lugar indicado, el piso adecuado, con la ventana en dirección hacia el lugar esperado, sin vigilancia; claro, nunca preví que fuera tan estrecha y sin embargo… ¡los milagros podían suceder!

Al guardar los papeles en mi bolso, sentí los pasos de gente y, segundos después, unas voces alegres que se dirigía hacia el cuarto donde yo me encontraba.

-Schëïβë! Däs gëht nïcht (¡Esto no va bien!)… Ïch müss schnëll vön hïër rausgehen aber was kann ich machen? (debo salir rápido de acá pero, ¿qué puedo hacer?)

Otra vez la mala fortuna había hecho su entrada triunfal en el recinto, intoxicándolo todo con su presencia. “¿Qué hacer? ¿Qué hacer?”, me repetía una y mil veces esa pregunta, acurrucada tras uno de los estantes, esperando a ver quiénes eran esos enemigos bulliciosos, cuyos pasos torpes les habían delatado antes que sus voces. Aparecerían y finalmente tras el amplio portón de metal, lo hicieron. Tres figuras atravesaron entre comentarios jocosos y risas. Dos mujeres de mediana edad, humanas, con trajes que distaban mucho de ser los normales (aunque, trabajando en semejante lugar, no se podía esperar demasiado de su indumentaria), y un hombre de canas, ya avanzado en años, con rostro rugoso y entradas en el cabello. Para mi sospecha parecía que aquellas criaturas sabían de muchas cosas, menos de combate, y eso tranquilizó mi espíritu combativo, el cual ya alertado empuñaba con fuerza el arco y tanteaba con la otra mano las plumas de las flechas.  De súbito, me quedé estudiando sus rostros, alegres, despreocupados, y entendí que yo había sido la causante de su aparición allí, cometiendo la torpeza de gritar y no me convenía matarles, incluso alertarles de mi presencia o del aparente robo que cometía… ¡solo debía salir, huir de ese lugar!

El ruido sordo y seco de la puerta al cerrarse cortó mi respiración como mis esperanzas: por ahí sería imposible alcanzar la libertad sin alertar a todo el edificio; esos engranajes hacían un escándalo terrible al cerrarse. Mi mente volvía a la diminuta ventana, sólo podría salir por allí pero necesitaba una distracción para que aquellos humanos no notaran mi forcejeo traspasando aquellas estrechas dimensiones. Observé con atención el lugar y la respuesta vino a mí en forma algo peculiar.


El techo estaba cubierto de cables de diversos colores, relampagueante y cada ciertos centímetros había lo que parecía ser pequeños difuminadores de agua.  Sonreí al ver que todo el cableado parecía estar unido por una capsula con millones de botones que se alzaba al fondo del pasillo, en el ala contraria a donde me encontraba. ¿Para qué era todo ello? ¡Piensa! ¡Piensa! No fue difícil deducir cuál era la labor de los dispensadores de agua: reaccionar frente a un posible incendio. Sin duda el contenido de todos aquellos estantes valía el esfuerzo por preservarse. Sentir la presencia del agua fluir por aquellos conductos me llenó de confianza, aun cuando no podría manipular aquellas cantidades del líquido encapsulado dentro del metal. Y fue así que deduje qué podían ser los cables de colores y tubos interconectados: ¡la información debía preservarse y estaba en la cuna de una civilización que cimentaba su pensamiento en eso: información!

-Sehr schlau! (¡Ingenioso!)- pensé, al recordar el efecto que tenía la humedad del bosque de Jyurman en el papel. Los libros morían con el paso del tiempo, por la acción del agua o el calor, pero en esa atmosfera parecía que la temperatura era ideal, incluso corría una pequeña bocanada de aire que no provenía del exterior. Debía ser de los tubos, los cuales servían de ventilación y regulación de la humedad y la temperatura del lugar. Todo conectado a esa extraña máquina al final del pasillo.

Sabía que no era capaz de crear fuego, ese elemento era la antítesis de lo que yo significaba, pero también era cierto que con un buen golpe en aquella máquina podría proveerme de uno lo suficientemente vistoso para activar el funcionamiento de los difuminadores. Pero, no era conveniente usar las flechas, dejar una sola migaja de mi estancia allí podría significarme el final de la misión.

Con delicadeza, mientras seguía oyendo sus voces cada vez más cerca, deslicé mis manos hacia el cinto y abrí mi bolso. En el fondo, al lado de los papeles robados, se encontraba la cantimplora, la cual no dudé en abrir. Acompañada de mi mano que salía de allí, observé como el líquido ascendía en frente de mí, formando una delicada figura delgada. Mi magia funcionaba, a pesar que ya habían pasado varios años en que no le practicaba con esos menesteres.  Al tacto de los dedos, se cristalizó y el hielo se reveló en su mayor pureza, quedando una vara punzante de dimensiones iguales a las de mis flechas. Era lo único que podía alcanzar a crear con tan poco agua de mi cantimplora, pero lo suficientemente duro para penetrar esos controles y ocasionar el fallo que buscaba.

Cerré los ojos y me concentré en el objetivo. Mi mente estaba inquieta, y bien sabía que no podría lograr mi cometido en una segunda oportunidad. Era un solo tiro, la única opción para triunfar o sucumbir. Con sigilo, como quién aterriza de un sueño, me dirigí a la esquina opuesta del estante, desde donde alcanzaba a ver la máquina, más no los rostros de los humanos. Era cuestión de tiempo para que alguno me viera; sus voces se sentían cerca, pisándome los talones.

Respiré e invoqué nuevamente la ayuda de la magia. Mis dedos dejaron de agarrar la vara, permitiéndole levitar según mi voluntad. La suavidad del elemento, lo cristalino de su movimiento, necesitaba recuperar ese dominio que en otro tiempo había llegado a tener, y mi ser pareció recordar. Observé el objetivo y con la fuerza de la convicción, con el último aliento de quien se juega el todo en un solo tiro, lancé la saeta en dirección a aquel centro de mando.

Las chispas, emanaron de allí, y escondiéndome entre una de las columnas observé a los humanos correr hacia el centro de mando, pasando casi por enfrente mío, sin percibir mi presencia. El fuego apareció, en medio de ruidos y luces que activaron todo el lugar. El agua emanó de cada uno de los difuminadores que había en el techo de la habitación y sin tardanza emprendí el vuelo en medio del canto de alarmas que por doquier se disparaban.

La ventana era mi salto a la libertad, y por allí atravesé, quedando mis alas tan aprisionadas que tuve que hacer gala de todas mis fuerzas para salir de allí, rasgando algo de mi propia piel en la tarea. Sin embargo, al lograrlo, y luego de sentir como la sangre se agolpaba en mi cabeza por la posición en que había estado para salir de allí, caí sin remedio en el vacío en medio de un grito sordo, que nadie percibió pero reunía toda la angustia de mi ser. Era una sensación vertiginosa, sin  opción de abrir mis alas a causa del dolor para contrarrestar la caída. A cada tramo ganaba velocidad, pero… ¡NO! ¡No me dejaría morir! ¡No así!. Combatí mi propio escozor y las desplegué, planeando por el lugar. Me alejé de aquel edificio, cubierta por las sombras de la arquitectura del lugar en dirección hacia el embarcadero, donde de seguro se encontrarían aún los hermanos extraños. Para este momento, imaginé las caras de sorpresa de todos los seres angustiados que dejaba en aquel Registro, preguntándose cómo pudo pasar aquel desastre sin encontrar ninguna pista de la vara de hielo, derretida por el calor de las chispas. Quería sonreír, pero el dolor de mis alas no me lo permitía.

Finalmente, llegué al sitio buscado. Más no fui la única, al aterrizar cerca de una de las torres de luz, hacía también su entrada triunfal la máquina infernal que otrora nos hubiera perseguido a la otra divium y a mí. Para mi desgracia, miraba con fría crueldad a ese hermano pedante que era mi única carta para entender las instrucciones de mi tiara.

-  Wäs känn ïch mächën gëgën eïn Drächën? (¿qué puedo hacer contra un dragón?)-

-Nïchts! (¡Nada!)- me contestó el buen juicio.

Si la criatura mecánica no hacía nada a los que parecían la única fuente de conocimiento para mí... no intervendría. La suerte de los demás, poco o nada me importaba. Con ese razonamiento, callé y observé, desde las sombras una vez más, como el día que todos nos conocimos.        
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Re: La Contención de Anemos

Mensaje por Diego Espinoza. el Vie Ago 02, 2013 1:11 am

No paso mucho tiempo antes de que comenzáramos a movilizarnos. Después del súbito silencio que surgió después de escuchar aquel penetrante grito metálico, comenzamos a movilizarnos. Con suma cautela y silencio, bajamos del barco. Intente “camuflarme” con mi alrededor. Trate de ocultarme tras los algunos de los barriles o cajas que había en la zona, pero era muy complicado. Debido al hecho de que nos encontrábamos en una ciudad que flotaba al nivel del cielo, las mismas nubes se encontraban justo bajo nuestros pies, y la luz del sol, aunque cada vez menos radiante, iluminaba el puerto de Anemos, haciendo casi imposible la tarea de encontrar una sombra lo suficientemente grande como para cubrirnos. A pesar de todas las complicaciones que surgieron en ese momento, conseguí posicionarme a una distancia suficiente del hombre misterioso como para poder observarlo sin que este me detectara, aunque eso también fue posiblemente por que tenía cosas más importantes que hacer.

No podía ver con suficiente claridad a aquel tipo, pero a juzgar por su figura era claro que era un varón. Era demasiado alto para ser un enano, y bastante flaco. Definitivamente no era un anemiense, cosa que descartaba la teoría que el centauro había expuesto anteriormente. Hasta donde había alcanzado a ver, los anemienses no vestían ninguna ropa similar a las que aquel hombre llevaba, ni siquiera los más pobres de la ciudad vestirían, de seguro, ropas similares. Definitivamente era un lugareño de Noreth, quien por cierto se veía bastante cansado y fatigado. Definitivamente aquel hombre había estado corriendo durante un buen rato. Yo solo podía desear que su apariencia no se debiera al cansancio de una persecución de guardias ni a la exaltación provocada por el susto de ver lo que había provocado aquel chirrido metálico. Definitivamente ninguna de las dos opciones nos convenía, aunque si había que elegir, prefería mil veces a los guardias antes que descubrir que cosa había generado un chillido de tan tremenda magnitud.

Fue entonces cuando conseguí echarle un vistazo más minucioso al hombre. Me sorprendí muchísimo al darme cuenta de que aquel ladrón era nada más que un anciano. Su barba canosa denotaba vejez. Además, parecía que llevaba corriendo todo el día debido al sudor en su cara, cosa que tal vez no fuese del todo errada. AL fin y al cabo, el anciano no parecía dirigirse hacia ningún barco en específico. Sin duda alguna habíamos sobreestimado a ese ladrón. De hecho el parecía estar más perdido que nosotros en aquella ciudad. Posiblemente se había tardado tanto en llegar al puerto por que no se le había ocurrido escapar por ahí, o porque, una vez pensada la idea, se había perdido entre los callejones de la ciudad. Fuera cual fuese el motivo de su gran retraso ya no tenía importancia; estaba en frente nuestro, y al estar agotado seria mucho más fácil alcanzarlo y atraparlo. Además, mientras observaba al anciano, el centauro se posiciono, utilizando su gran cuerpo a modo de muro impidiendo que el anciano avanzara, mientras los hermanos y nos movíamos hasta posicionarnos justo a sus espaldas. Los hermanos parecían sostener entre los dos ese extraño gancho que con anterioridad habían usado para golpear una extraña lámpara en un callejón y permitirnos escapar. Por mi parte, saque mi pistola aun cargada y me prepare para meterle una bala en medio de la rótula al anciano si buscaba escapar. Al fin y al cabo, un ladrón es un ladrón y puede querer escapar.
Entonces escuche un grito de exaltación, nada muy fuerte, más bien como una exclamación de sorpresa repentina. Al parecer el anciano se había topado de golpe con el centauro, quien obstruía su paso. Cuando se giró, se encontró con los hermanos del gancho y conmigo. El anciano miro a su alrededor desesperado, buscando una salida. Al poco tiempo después se dio cuenta de que estaba rodeado. Solo para asegurarme, avance un poco hacia el limite de la ciudad, de modo que pudiese atrapar al anciano si este hacia algo idiota como tirarse al vacío. Después de todo sin ladrón vivo, no podría irme de la ciudad puesto que no levantarían jamás el sitio. El anciano no tardó mucho en derrumbarse, presa del miedo y la desesperación. Al igual que todos los ladrones que he capturado antes, comenzó a suplicar y lloriquear prácticamente de rodillas. Dijo que no quiso provocar todo ese lio, que no fue su intención, y finalmente termino jurando no hacerlo más mientras se llevaba sus manos a la cabeza y tironeaba de sus cabellos con frustración; una súplica clásica. A pesar de todo, vi algo en aquel anciano que pocas veces había visto en una de mis víctimas; no era maldad, parecía genuino arrepentimiento y podía confirmar eso debido a que tenía mucha experiencia escuchando actuaciones y melodramas de muchas personas y hasta ese momento no recuerdo haberme detenido.

Sin embargo algo me generaba ese hombre además de lastima. Era difícil de explicar, pero sorprendentemente no le dispare en la cara. Lo vi cubrirse la cabeza con los brazos, postura típica de defensa para alguien sin entrenamiento que es atacado en el suelo. De seguro pensaba que le íbamos a dar una paliza, aunque para ser honesto, de haber sido un par de años más joven lo hubiera hecho; en realidad lo hubiese arrojado al vacío como si fuera un saco de papas. Desafortunadamente lo necesitaba con vida, por no mencionar que después de analizar su conducta y escuchar su historia comenzaba a poner seriamente la duda si se merecía una ejecución. Lo más probable es que aquel anciano tuviese algún motivo en particular para actuar de ese modo el cual posiblemente distara del interés propio. Eso en realidad le daba bastante sentido a su extraña conducta: posiblemente todo haya sido una simple improvisación, o un plan muy mal trazado por alguien que ni siquiera quería robar algo en primer lugar. Eso explicaría de una u otra manera pro que se tardó tanto en llegar al puerto y por qué parecía no tener idea de qué hacer cuando llego allí. La verdad es que él estaba más perdido que nosotros.

La única mujer del grupo no tardo en hablar, acusando al hombre de haber hurtado los planos de un arma anemiense, a lo cual el hombre no supo que responder bien, posiblemente debido al cansancio y a la terrible jaqueca que debía producirle toda la situación. Sin embargo de sus desvaríos logre extraer una frase muy importante: “No es un arma…Puede salvar vidas”. Eso me resulto en extremo extraño, después de todo porque otro motivo pondrían los anemienses en alarma máxima a toda su ciudad si no les estuviesen robando algo de suma importancia. Ansioso por demostrar que decía la verdad el anciano le dio los planos que había hurtado a los hermanos apenas estos se lo pidieron. Acto seguido, los hermanos comenzaron a observar con suma atención los documentos. A juzgar por las expresiones que hacían al principio, parecía que les tomaría su tiempo descifrar todo aquello. Por muy listos que fuesen dudaba seriamente que pudieran descifrar la tecnología anemiense. Parecían haber más obstáculos a cada minuto y muy pocos progresos. Después de un rato no pude resistirme ahechar un vistazo por sobre las cabezas de los hermanos. Lo primero y único que vi, ya que sabía que no podría descifrar las palabras anemienses por lo cual no había motivo para perder mi tiempo en ello, fue un dibujo de una especie de cubo de enorme tamaño que a juzgar por el resto del dibujo requería de algún metal o material extraño para funcionar. Parecía destinado a almacenar algo, pero no sabía que era. El hombre dijo entonces que su pueblo pasaba hambre y que dicha maquina podía conservar la comida. Poco después los hermanos corroboraron que el hombre no había sido estafado, cosa que solo me hizo enfadar un poco-¿Entonces todo este alboroto fue por un cubo conservador de comida? Uno esperaría algo como un arma de destrucción masiva para poner a la ciudad bajo alerta total.- La verdad me encontraba más que enojado. Los planos de la terrible maquina robada eran únicamente unos planos para un conservador de alimentos. En esos momentos solo quería tener a un anemiense entre mis manos para aplastar su garganta.

Entonces el chillido metálico sonó por tercera vez, distrayéndome de mis pensamientos. Acto seguido, voltee mi cabeza para contemplar a un ser que jamás creí que vería en mi vida: un dragón hecho de metal. Ya había visto dragones de gran tamaño en mi vida, pero el hecho de ver a un dragón de metal era algo completamente diferente. Esa era sin duda la maquina más destructiva que hubiese visto. Estaba frente a un ser casi tan poderoso como un auténtico dragón, con piel de acero y posiblemente con un arsenal de armas anemienses. Estuve a punto de darle un tiro con mi pistola. Espere a tenerlo un poco más cerca para disminuir los riesgos, pero entonces note algo interesante. El dragón de metal no parecía prestarnos atención a nosotros, sino más bien al anciano. De seguro aquel ser, por más tecnológicamente avanzado que fuera, estaba diseñado para seguir una simple orden: capturar al ladrón.- No nos atacara, no somos su objetivo- dije sin poder dejar de contemplar a la gigantesca máquina, que sin esperar más sujetó bestialmente al anciano con sus garras. Sin duda no lo mataría, debía llevarlo a juicio, después del cual seguramente lo matarían. No pude contemplar mucho más con demasiada concentración porque luego de capturar a su presa, el dragón de metal lanzo un poderoso grito metálico, mucho más fuerte que los anteriores. No me llevo mucho tiempo darme cuenta de lo que estaba pasando: estaba indicando que había capturado su presa, por lo que los guardias llegarían al puerto en cuestión de minutos o menos.- Mierda, los guardias llegaran pronto- pensé. Debía ocultarme antes de que llegasen, los demás harían lo que quisieran. Rápidamente me aleje corriendo de la zona, pero sin salir del puerto. Planeaba ir directo hacia el barco volador de los hermanos. Sin embargo, en el camino encontré varios barriles en un ladron del puerto, cerca del barco volador. Rápidamente corrí hacia esa dirección y me oculte, agachándome y poniéndome detrás de los barriles. Confiaba en que una vez capturado el ladrón los guardias estarían demasiado ocupados como para ponerse a registrar la zona.
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Re: La Contención de Anemos

Mensaje por Frey el Sáb Ago 03, 2013 1:56 am

Redujo su nerviosismo unos momentos, y miro al hombre, no tenía nada en contra de los caballos, pero aquella comparación no fue muy amable, seguramente, fuera como haber comparado a diego con un mono, aunque quien sabe, quizás eso le alagase, en todo caso, aquella intervención logro hacer que no cargara hacia aquel individuo, al menos de momento, y se quedara a escuchar a Diego.

Después de aquella charla, sonó otra vez aquel rasgado sonido metálico, daba muy mal aspecto al asunto, pero aun asi la emoción del momento, que aunque no saliera corriendo, se le podía notar en cada movimiento de sus músculos o en su mirada profunda e inquieta.
Bajaron y se desplazaron lentamente por la zona del puerto, entre cajos, barriles y mantas que ocultaban contenidos indescriptibles, avanzaban de forma cautelosa, ocultándose, o al menos tratándolo, tras cada posible recoveco entre barriles y materiales varios.

Una vez, lo bastante cerca, se pudo apreciar más detalles de la difusa figura humanoide que observaron desde el barco.
Vestía muy diferente a los demás personajes con los que se habría cruzado en la ciudad, al menos, la mayor parte, por su extraña forma de vestir, quizás pudiera observarse su procedencia de alguna clase de ciudad o pueblo de las tierras que se extendías por debajo de aquel continente flotante, pero por el momento, solo se pudo apreciar que no era natural de anemos como el centauro había temido minutos antes.
Pudieron apreciar otra cosa muy importante en aquel individuo, era un humano, eso reducía enormemente la lista de complicación de las cuales podría darles aquel ladrón, es decir, no debería, en teoría, tener una magia tan prodigiosa como la de un elfo, ni debería de ser capaz de lanzar fuego o acido por los ojos, bueno, quizás con todo si pudiera, pero por aspecto parecía que no, de hecho, en su forma de correr cansado y agonizante, se pudo ver una alarga barbar blanca que le caída desde la cara, era un anciano, por unos segundos apenas se movía por inercia, ¿aquel era el individuo que les había acarreado tantos problemas? sin duda no era como lo había imaginado, creía que sería más, grande, fuerte, letal…

Le pidieron que se interpusiera en el camino del viejo, para que no escapara, mientras la parte de la caza de centrarse en el objetivo y perseguirlo hasta el final se distanciaba cada vez menos del territorio de las emociones, se paro donde le indicaban haciendo que el hombre no pudiera escapar por aquel camino, no sin arriesgarse con él.

Al final, tensos instantes después de aquel acto, se desvelo el final de todo, solo era una buena acción, buscaba ayudar a su pueblo con lo que parecía ser una maquina de conservar alimentos, después de eso, la parte de la emociones cobro fuerza, aunque todo se desvaneció por unos segundos al ver aparecer en escena aquella maquina de destrucción masiva que los de la ciudad habían soltado en su búsqueda, aunque había estado activo desde hace rato, era la primera vez que lo contemplaba, aunque lo había oído mucho antes, pasaba de ellos, solo le interesaba el viejo.

Esa mole se aproximaba, y las opciones eran nulas, una parte de el sugería salvarle, pero no podía ayudarle de ninguna forma sin que como mínimo, aquel ser le atrapara o peor aún, le destrozase allí mismo, aunque al ser inocente no tenía mucho que temer de los guardias, si que estaba tan atrapado como el anciano, en aquella ciudad, apenas podría hacer nada, pero quizás, aun pudiera ayudar de alguna forma.
-Anciano, no creo poder hacer mucho ahora, pero creo, que aun pudo ayudarte, de cierta forma, no tengo casa, ni objetivo preciso, dijiste que tu gente pasa hambre, dime su nombre, puedo arar la tierra, cazar, pescar, has robado, pero no quiero que la parte buena de tu acción de pierda en el olvido, por eso quiero ayudar-, ahora que la caza había terminado, parecía mostrarse algo más, emocional, hasta el punto de acercarse a los Lutece y comentarles, -si hago algo, seguramente esa bicho me aplaste, pero me da pena solo poderle ayudar asi, sois mucho más hábiles de mente de lo que soy o seguramente seré, si tenéis algún plan para ayudarle, algo que pueda funcionar mínimamente, por decídmelo, quiero ayudar al viejito, a todo esto, ¿dónde se ha metido el humano que andaba con nosotros antes?- había perdido de vista a Diego, pero no tardaría en volverlo a ver.
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Re: La Contención de Anemos

Mensaje por R&R Lutece el Lun Ago 05, 2013 11:09 pm

En principio pensé que estábamos acabados... Aquella máquina estaba diseñada para matar claramente. Su cuerpo era de acero, bronce, y trazas de otros metales que no pude identificar a simple vista. En su pecho tenía unas letras y números grabados, y sus manos terminaban en filosas y amenazantes garras. Por si fuese poco, su boca estaba dentada, llena de púas triangulares de aspecto amenazador. Aunque mi temor no era tanto su metal, como lo que pudiese llevar también por dentro. ¿Escupiría fuego como los verdaderos dragones? Lo desconocía, pero de cualquier forma... Habíamos podido huir del enano usando los conductos del agua. Habíamos escapado de los feericos derribando una lámpara. Nuestro ingenio y velocidad de pensamiento nos habían salvado en ambas situaciones, y sin embargo, en aquella me era imposible encontrar una salida. No había forma de escapar, estábamos atrapados. Cerré los ojos durante un momento, intentando buscar algo que se me hubiese pasado, alguna idea fugaz, por mínima que fuese... Pero nada... Era nuestro fin...
Eso pensé, hasta que me di cuenta de que, tras unos segundos, seguía allí, vivo, ileso... No nos atacaba, por alguna razón. Su mirada, de ojos hechos de luces y cristales, estaba fija en el anciano, concentrando toda su atención en él. Durante un instante la estúpida idea de atacarle aprovechando esa distracción acudió a mi mente. Por suerte fui lo suficientemente racional como para detenerme solo. No teníamos oportunidad de ganar y no era a nosotros a quien quería. Nos ignoraba, no le importábamos, solo aquel tipo que acababa de encontrar.

Sin que ninguno se lo impidiésemos, el dragón mecánico extendió con chirridos metálicos una de sus descomunales zarpas hacia el hombre, que presa del pánico y del horror había quedado paralizado. Su rostro estaba blanco, cadavérico, casi sin vida. Casi habría pensado que había sufrido un infarto de no ser por el brillo de miedo de sus ojos y el temblor de sus labios. Estaba asustado, no habría visto nada peor antes en su vida... Yo en su situación, también lo habría estado. Ya imponía respeto la metálica figura estando a su lado, como para además ser su objetivo. Era una obra de admiración y temor a partes iguales. Era... Era el enviado de los anemienses. Bajé la mirada, entristecido a la par que avergonzado. No podíamos ayudarle. Si lo hacíamos solo serviría para que nos matase a todos. Solo había una opción... Hablar con sus dueños, los señores de la ciudad... Que a judgar por el chillido metálico que dio, no tardarían en llegar alarmados por aquel sonido.
Diego había desaparecido con celeridad, pero Frey continuaba allí, y el hombre, aferrado y atrapado entre las tenazas de metal que envolvían todo su cuerpo permanecía quieto.
El hombre caballo me hizo una sugerencia, había prometido a aquel hombre ayudar al pueblo, pues al parecer era lo único que podíamos hacer todos allí... Una desgracia, una tristeza... Coincidía en sentimientos con el centauro, un sentimiento de lástima hacia aquel hombre inundaba mi corazón, así como la frustración al saber que no podía hacer nada. Negué con la cabeza a sus palabras.

-... Esa cosa es demasiado hasta para nosotros... Solo...-Empecé, aun sin atreverme a mirar a los ojos, ni a la bestia, ni al anciano, ni al propio centauro. Sentía lástima de mi mismo por no hacer nada, por no poder hacer nada.

-... Solo nos queda una opción... Hablar con los guardias de Anemos. Aunque algo me dice que sería más productivo atacar al dragón. Aun a sabiendas de que es un suicidio. Sobre el humano, no lo se, le perdí la pista, pero no creo que ande lejos. No ha podido salir del embarcadero.

Rosalind había dejado claros nuestros pensamientos. Probablemente no sirviese para nada, pero aun así tenía que intentarlo. Y realmente, no tardaron demasiado en hacer acto de presencia. Antes de que transcurriesen dos minutos, ante nosotros teníamos un muro infranqueables de soldados con sus espadas apuntándonos directamente. Fue aquel momento en el que empecé a dudar de si realmente estábamos haciendo lo inteligente, o si deberíamos haber huido como sugirió el otro humano... Aun así, era tarde para retirarse. Fingiendo una tranquilidad que no teníamos, permanecimos al lado del dragón, como si este estuviese a nuestras órdenes, y no a las suyas, como si fuese un escudo, cuando la verdad no podía estar más lejos... Miraba a los guardias, esperando que alguno se pronunciase, que dijese algo, que nos explicase que pasaba, que nos pidiese perdón, o que nos matase. Cualquier cosa era mejor que esperar. Segundos después, mis súplicas fueron escuchadas, y un hombre cuyo traje era de color gris, a diferencia del blanco níveo del resto de la guardia. A su paso, los soldados se separaban, y el hombre no portaba armas en manos, aunque una pistola de aspecto realmente amenazador colgaba de su cinto amenazante.

-... Tenemos al ladrón, por lo que veo. Pero... ¿Quien demonios sois vosotros y que hacéis aquí? ¿Cómplices de robo? Sois muy valientes, o más bien muy estúpidos por haberos quedado.-Dijo en tono severo aquel hombre, erguido y mirándonos como si no fuésemos más que despojos.

-Si fuésemos cómplices no habríamos detenido al ladrón antes de que alcanzase un barco volador, ni nos habríamos quedado aquí mientras os acercabais.-Repliqué con tranquilidad, de nuevo, fingida.

-Solo somos unos visitantes de lo que llamáis "Las Tierras Inferiores" que vinieron a pasar el día y acabaron acusados de robo en falsos, siendo perseguidos y amenazados por toda la ciudad. Para acabar ayudando a la guardia a capturar a un hombre y así acabar con el problema en el que los prejuicios nos han metido.-Añadió mi hermana, acercándose a mi y apoyándose en mi brazo.

-¿Ayudarnos? ¿En que nos habeis ayudado, si puede saberse? Yo veo al ladrón bien atrapado entre las garras de Meca-Draco.

-Precisamente en eso, señor... Si está entre sus garras es debido a que lo detuvimos, o si no, ya estaría dentro de uno de sus barcos, donde seguramente no habría podido atraparlo vuestra, siendo sinceros, espectacular creación.

-¿Me tomáis el pelo? ... De todas formas... ¿Que más da? Habeis admitido en público que habeis estadu huyendo de la justicia. Eso es un delito.

-Un momento...-Se apresuró a decir de pronto Rosalind.-Un delito huir de la justicia... Y dígame, señor... ¿Acusar en falso y amenazar con la muerte a inocentes, no es considerado un delito?

-¡Por supuesto que si! Pero... Teníamos motivos para desconfiar de todos los habitantes de las tierras inferiores. Y no estamos dispuestos a permitir que una tecnología armamentística de gran calibre caiga en vuestras manos.

Aquello fue el colmo de mi paciencia. Ante la mirada atenta de todos, que se apresuraron a dar un paso al verme agacharme en el suelo, extendí la mano para recoger el sobre que había quedado en el embarcadero cuando el dragón había cogido al anciano. Levanté las manos en gesto de paz, y me acerqué al hombre dos pasos, lo justo como para que, al extender la mano, él pudiese tomar los planos. Sin dudarlo, y sin modales alguno los tomó y los abrió, revisándolos, como si esperara que faltase algo, o que los hubiésemos intercambiado. Finalmente, con un gesto de frustración los pasó hacia atrás, haciendo que se perdiesen entre la muralla de guardias que había ante nosotros.

-Dígame, señor... ¿Desde cuando un artefacto para conservar alimentos es considerado un arma de gran calibre?-Dije una vez los ánimos se hubieron calmado... Mis palabras parecieron alarmar al hombre.

-¿Qué...? ¿Como...?-Intentó hablar, ante lo cual mi hermana se me adelantó.

-¿Como lo sabemos? Él nos lo explicó, y echando un vistazo para comprobar la veracidad de sus palabras, comprobamos que esos planos no corresponden a ningún arma.

-... Habéis... No... No importa eso ahora.-Parecía estar guardándose alguna pregunta, pero había algo de odio en su mirada.-¿Queréis explicaciones? Son sencillas. Nosotros consideramos esa tecnología un simple artefacto doméstico para preservar carnes, pescados y verduras. Sin embargo... ¡A saber que descabelladas ideas bélicas se os habrían ocurrido para su uso! ¡Rayos heladores! ¡Cabinas de congelación instantánea! No podíamos permitir que os llevaseis algo que pudieseis usar para la guerra.

-¿Perdón? Este hombre, y los aquí presente, solo pensamos que podía tener usos positivos... Nadie había pensado en un uso bélico... Hasta que lo anunciaste. Nosotros no somos los que elevamos toda una ciudad con el motivo de separar nuestras armas de todo el mundo. Nosotros no somos los que vemos como peligroso todo lo que se nos pone por delante. Hasta donde yo se... Los que están pensando en guerra no somos nosotros...

-Y sin embargo hemos sido perseguidos, atacados, acosados, repudiados, amenazados, despreciados... Y aun con esas, hemos ayudado a la captura del ladrón que tantos problemas parecía generarles, por querer tener alimentado su pueblo. Dígame, señor... ¿Quien es aquí el delincuente y quienes las víctimas?

De pronto el silencio se hizo en la zona. Nuestras palabras habían sido contundentes y acertadas. Pero aun así, seguíamos en su ciudad. Podían alterar las leyes a su antojo, y no podríamos haber hecho nada por detenerlo. Pero era nuestra única baza, si iban a condenarnos, sería ante toda la guardia de Anemos, y mi última esperanza es que entre sus filas, más personas comprendiesen los motivos por los que habíamos tenido que huir. Si fuese así... Quizás la justicia de Anemos fuese muy dura con nosotros, pero entre ellos, la cosa no podía ser igual.
Empecé a ver los ojos de duda en muchos soldados que cerraban el paso, algo que empezaba a darme esperanzas... Quizás al final había resultado acertada mi decisión... Aunque no podía vender la piel del oso antes de cazarlo.

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Off Rol:
Si... Este post se supone que debía cerrar la partida pero... Me habeis pedido un turno más. Ondine incluso ha decidido que continuaría un turno más para cerrar mejor la historia. He de agradecer esto, pues me hace ver que verdaderamente os ha gustado el final que le estaba dando, y queríais dejarlo mejor terminado. Valoro mucho esto, y... Si vosotros estáis dispuestos a un turno más, yo no me opongo como veis. Pero esta vez si. Aquí tenéis el turno final.


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Re: La Contención de Anemos

Mensaje por Frey el Vie Ago 09, 2013 11:44 pm

Solo se podían escuchar en el horizonte enrojecido y tembloroso los pasos fuertes de un corcel, a sus pies en la desamparada tierra solo quedaban exiguos restos terrenales manchados de sangre y barro, el lugar parecía haber sido testigo de una cruenta batalla, en el fondo, sin que se pudiese percibir siquiera su respiración, se encontraba de rodillas un individuo de ropa destrozada y piel cubierta de marcas y sangre, el largo y ondulado cabello rubio le ocultaba el rostro en una cascada dorada.

El sonido del caballo se hizo mas y mas fuerte, hasta que tras el horizonte se pudo ver la figura de la cual provenía el sonido del caballo, , sobre el mamífero de pelaje marrón, se podía ver otro guerrero, con una enorme capa de color tierra cubriéndole completamente, salvo un brazo que sostenía firme y envuelto en acero una enorme maza con púas de aspecto doloroso, el individuo cabalgo directo hacia el hombre arrodillado y le asesto un severo golpe con su maza, un golpe que produjo un sonido estremecedor y crudo mientras las vertebras de hacían añicos, los músculos y tendones cedían y la vida escapaba de aquel cuerpo, un certero golpe en toda la boca que mando volando la cabeza al horizonte.

No, no exagero, esa es la forma más cercana y clara mediante la cual tengo forma de decir a todos ustedes, lo que le pareció al centauro las palabras de los Lutece, siendo, por supuesto, los humanos como el hombre a caballo y los guardias el señor arrodillado, fue un golpe tan claro y fuerte de palabras, tonos y verdades, se quedo con la boca abierta…¿cómo podrían contradecir aquello?, no vio necesidad de decir nada más, le parecía que cualquier palabra que cualquier palabra, argumento o uso de la lógica, quedaría corta en aquel momento después de esas palabras, y que solo haría el ridículo o lo empeoraría.

Si no eran capaces de ver la verdad en aquellas palabras, algo iba muy muy mal en aquella ciudad.

[…]

El dragon ya no estaba delante de ellos, los guardias se habían ido, y la ciudad, en teoría, debería volver pronto a la normalidad, para bien o para mal.
La visita, dentro de lo que cabe, no había sido del todo mala, al menos, la obra de teatro, y tras aquellos acontecimientos recientes, no se puede decir que ardiera en deseos de quedarse allí, y no tardaría mucho en irse, pero antes, tenía un par de cosas que hacer.

-Bueno…creo que poco me queda ya por hacer aquí…si necesitan ir a alguna parte, me encantaría llevarlos, yo aun tengo que quedarme al menos unas horas más…de todas formas, ha sido un placer conoceros-
Unas horas después, ya no estaba en compañía de los Lutece, se había quedado solo en la ciudad, y tras ver la segunda parte de la obra de teatro, la cual le dejo un sabor más agridulce que la anterior, se paseaba ahora por el mercado de la ciudad.

Todo un elenco de colores, olores y voces se combinaban en armonía en aquella atmosfera, mientras miraba de tienda en tienda, de puesto en puesto, había de todo, incluso algunas cosas que no sabía muy bien de que se trataban exactamente, nada le llamaba especialmente la atención, ya tenía todo lo que necesitaba, y lo que no, fundamentalmente alimentos, podría obtenerlo de la naturaleza, con perderse unas horas en cualquier bosque.

Pero algo le llamo la atención, un arco, ya tenía uno, pero aquel tenía algo especial, no tardo mucho en entrar a la tienda de armas y preguntar por él.
Y cuando más le contaban, más seguro estaba de una cosa, tenía que hacerse con él, ya tenía uno, pero con solo la mitad de aquellos datos ciertos, valdría la pena dejar al otro en la reserva, y de todos modos, no necesitaba el oro para nada.

Un tiempo después, descendía de la ciudad flotante, había sido una experiencia, extraña, pero irrepetible, y ahora partía de nuevo a esas tierras inferiores a seguir con su vida.
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Re: La Contención de Anemos

Mensaje por Diego Espinoza. el Sáb Ago 10, 2013 11:02 pm

Me encontraba bastante impaciente en esos momentos. Después de todo, estaba escondido detrás de unos barriles en el medio de un puerto flotante lleno de guardias en Anemos. Al menos ya tenía una gran historia que contar, aunque no me servía de mucho pues no tenía nadie a quien contársela y siempre que hacia contacto verbal con alguien era porque era un ladrón con quien quería divagar antes de matarlo o comenzar a torturarlo. De una u otra forma me era difícil verle el lado positivo a la situación. No pude contemplar mucho de lo que paso con los humanos y el centauro después de que yo saliese huyendo del lugar. Pude escuchar levemente lo que parecían ser una pequeña tropa marchando. Sin duda alguna aquellos debían ser los hombres de Anemos, quienes llegaban para “ajusticiar” a los “criminales”. También escuche el leve sonido de varias espadas desenfundándose, señal de que estaban en posición de combate, listos para matar antes de preguntar, o solo con la intención de parecer amenazantes. Sin embargo de seguro los humanos no los encontrarían tan peligrosos. El hombre había mantenido total temple ante dos amenazas pronunciadas por una loca mujer con cerebro de pollo, por lo cual de seguro n ose vería asustado. La mujer, por su parte……pues me sentía más compadecida del pobre guardia que intentase atacarla. Y respecto al centauro, pues a juzgar por su tamaño parecía estar más que preparado para sostener pelea por un tiempo.

Pero ya que después de eso no escuche más sonidos que una charla apenas audible, deduje que no habría pelea. Entonces me puse a pensar en el anciano, a quien seguramente arrojarían del muro. No me sentía mal por el anciano, a pesar de que solo quería alimentar a su pueblo. No sentía lastima, pues aquel sentimiento hacia mucho que había quedado olvidado. A pesar de todo, solo lo compadecía. Pero también le tenía respeto a su valentía. Un hombre como el, capaz de arriesgar su vida en más de una forma solo por alimentar a su pueblo. Su misión había sido noble y su obrar aún más, aunque tal vez debió planear todo con más anticipación antes de ejecutar el golpe. No negare que fue cruel abandonarlo en aquel momento de necesidad. Juraría que me vio suplicando ayuda, aunque yo solo le mostré mi espalda mientras huía. Lo hice porque supe que no podría hacer nada contra un dragón metálico. Tenía que vivir, vivir para matar. Debía sobrevivir, volver a mi ciudad y retomar mi cacería, mi guerra persona que ya bastante se había retrasado con todos los problemas que ocasionaron los molestos y estúpidos anemienses.

Mientras contemplaba mi posición y mis posibilidades de actuar después de que los guardias se llevasen al ladrón, no pude evitar observar un cierto brillo diminuto provenir de una esquina de mi escondite. Aquel particular objeto brillante se encontraba justo en uno de los bordes del lugar donde yo me encontraba, a punto de caer al vacío. Estire con cuidado y lentitud mi mano para alcanzar dicho objeto y cuando lo acerque a mi cara pude notar que era un anillo. De seguro aquel anillo se le había caído a alguno de los anemienses y este, pensando que había caído al vacío, no se había molestado en buscarlo. A juzgar por lo que había podido ver de la ciudad y sus habitantes el escaso tiempo que estuve deambulando libremente, debía haber cientos de anillos desparramados por Anemos sin que nadie lo notase. Sin ánimos de desaprovechar la oportunidad y sabiendo que nadie extrañaría uno de cuatro mil anillos, me lo puse en el dedo mayor. Me quedaba de maravilla.

En ese momento sentí una ligera brisa en el aire, difícil de describir. Sentí como si algo hubiese cambiado en mí. Sentí como si mis pies y brazos fuesen apenas más ligeros. Fue una sensación extraña, pero no me llevo mucho tiempo demostrar que el anillo que en esos momentos poseía no era un anillo común y corriente. Sin duda aquel objeto podría serme algo útil en mis próximos viajes.
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Re: La Contención de Anemos

Mensaje por Amethist el Mar Ago 13, 2013 12:48 am


Nada está perdido si se tiene el valor de proclamar que
todo se ha perdido y hay que empezar de nuevo.
Spoiler:
[Julio Cortázar]


Luminoso, amplio, impoluto, con una belleza inmaculada, sólo alterada por la presencia del gran dragón mecánico, así vislumbre el embarcadero. Pretendía buscar, entre todo lo que allí se encontraba, el prometido barco de los hermanos humanos, el cual en mi lógica desconocedora de seguro saltaría a la vista ya que no muchos seres en las “tierras inferiores” tenían la tecnología o el conocimiento para crearse su artefacto volador. En ese sentido, rastrear a aquellos dos petulantes era tarea medianamente fácil. Pero la presencia de la mole mecánica cambió mis planes de manera drástica. Oculta entre los edificios y algunos toneles, ¡vaya a saber los demonios para qué eran utilizados! , observé desde las sombras el espectáculo que ofrecía el magno objeto.  Una discusión se daba en la distancia. Sus voces llegaban como eco a mis oídos, confusas, algo aireadas, pero inentendibles.  Callé y aguardé a que la tranquilidad reinara de nuevo o la batalla me obligara a salir de mi escondite para salvar aquello que podía darme la información que buscaba.

[…]

La multitud de guardias que otrora se agolpara en aquel lugar, ya había lo abandonado, llevándose consigo lo que alcancé a distinguir como una figura envejecida. El dragón mecánico, entre rugidos  y bramidos de engranajes, también se había marchado, quedando sólo el recuerdo de unas cuantas lozas quebradas en aquel lugar donde había aterrizado. En su defecto, parecía que poco a poco la gente iba llenando las calles y los anemienses retomaban sus labores, algo sorprendidos de todo el ajetreo que aquel robo había causado en la ciudad.

Mi vista no se apartaba de las tres figuras que se habían quedado en el lugar, observando la escena: el centauro, y los dos humanos. ¿Dónde estaba el de las pistolas? Difícil saberlo, pero desde donde yo me encontraba no quedaba ni rastro de su presencia. Pronto el primero se alejó de los segundos y sentí que ése era el momento que estaba esperando, detestándome por lo que debía hacer, por tener que acudir ante ellos y rebajar mis pretensiones. Pero obtener respuestas, a estas alturas de mi existencia, valía la sumisión del orgullo.

Los miré desde la distancia y el ambiente hizo el resto: ellos encontraron mis ojos. Mordiendome uno de los labios, me acerqué lentamente hacia ellos, sintiendo su enojo como la desconfianza que les generaba mi presencia.

-Creo que me porté mal con vosotros- inicié algo alejada y vociferando las palabras entre los dientes, pues cada una de ellas pesaba en mi ego más que todo el continente junto sobre mis hombres. Era mi manera de disculparme, aunque, dudo si ellos en algún momento me habrían oído. Luego continué: - pero… un ladrón podía estar en cualquier lado- dije acercándome más, con cierta cautela, mientras sacaba de mi bolso los documentos que había robado.

-Acá tengo esto… - dije después de un tiempo, y extendí mi mano con la valiosa carga - sé que no os apetecerá ayudarme pero también sé que tenéis curiosidad por la tecnología de este lugar y yo por saber qué es lo que dice-.

Esperé a que su mirada encontrara mi tiara, repasara aquella caligrafía compleja y, pese a su desconfianza, encontrarán en ello interés como el por qué me importaba esta búsqueda… la deducción haría el resto.

[…]

Ante las palabras de los humanos, agradecí de manera seca y huí de su presencia, llena de sinsabores y preguntas. No era suficiente… no aún. Me tomé un tiempo breve recorriendo el lugar, buscando por calles y callejuelas al feérico que me había dado la bienvenida a aquel lugar de pesadilla, más tal parecía que la tierra se lo hubiese tragado. Sin respuesta y con cierta pesadumbre al no haber encontrado todo lo que me proponía en un principio, emprendí el regreso.

Tres horas me tomó llegar donde Aeolo al embarcadero de mantarayas, llevando en el cuello su valiosa brújula, la cual apuntaba a Nubibus Ferrerum. Aquellas nubes de aspecto suave pero consistencia maciza, parecían recibirme con cierto aire acogedor. Sin duda, en mi corazón una parte se sentía como en casa.

-Habéis encontrado las respuestas que buscabais…blis…blis, lady Oranlinde?- arremetió en esa voz recia y seca que tenía el guerrero de alas enormes.

-No exactamente…- dije, extendiendo hacia él el objeto que me había permitido arribar a aquel lugar: -creo que aún me falta mucho por averiguar… mucho que no entiendo… mucho que parece escaparse de mis manos por alguna razón.

-Eso… blis.. blis.. Eso es porque las cosas interesantes, cuando son valiosas, toman tiempo y esfuerzo en conseguirse.

Sonreí ante las palabras del viejo Aeolo y sin más preámbulo me escoltó en silencio hasta el templo central, domicilio del Sumo Sacerdote de Nubibus, antiguamente el hogar de mi familia.    
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Re: La Contención de Anemos

Mensaje por R&R Lutece el Dom Ago 18, 2013 2:02 am

Finalmente, el capitán cedió, y dándose la vuelta movió su mano en el aire con gesto de resignación. Los guardias empezaron a agruparse, y pronto se marcharon del lugar, aunque el capitán se permitió unos momentos de retraso. Tras volverse hacia nosotros nos lanzó una advertencia... Que por el momento estábamos perdonados, y que podíamos sentirnos agradecidos, dado que aquellas situaciones no se daban más que de forma excepcional, aunque no era difícil entender entre líneas que se refería a que aquello había pasado por primera vez, y no se repetiría una segunda. Un pequeño aviso de que no se nos ocurriese causar más problemas o lo pasaríamos mal. Sutil, sencillo, pero comprensible.
Finalmente, aquel hombre se retiró, y el dragón mecánico desplegó sus alas aún con el anciano entre sus zarpas y salió volando... Mas en el último momento, antes de que el guardia se marchase, avancé un paso y le llamé... Había una pregunta más que quería hacer, aunque tentaba a la suerte.

-Y... ¿Que harán con él...?-Pregunté mientras contemplaba la figura desvanecerse en el horizonte, amparada por el manto de sombras de la noche.

-¿Realmente importa? Eso es asunto nuestro. Aunque vosotros salgáis indemnes, ese hombre era un ladrón, y eso es innegable. Se le juzgará según las leyes Anemienses...-Dijo mientras se volvía, esbozando una maquiavélica sonrisa.-Pero si os puedo decir que no logrará contar a nadie lo que vio aquí... Y espero que por vuestro bien... Vosotros no sepáis nada, o acabareis como él.

Suspiré mientras se marchaba... ¿Que le harían? ¿Le encerrarían de por vida? ¿Le borrarían la memoria con algún aparato extraño? ¿O... Lo matarían? Aunque cruel, me parecía que sería la última opción, y me apenaba por aquel hombre. Al final todo se había resuelto de forma trágica. Pero al menos seguíamos vivos, que ya era más de lo que otros muchos podrían haber dicho... Miré mi cadera, de la cual pendía la flecha que la mujer alada había colocado en su arco... Al final había quedado sin uso. Y no porque no quisiésemos, la verdad es que no se había planteado la situación perfecta, y al final... Bueno, me llevaría un cachivache de recuerdo por si en alguna ocasión volvía a verla.
Frey se ofreció para llevarnos hacia algún sitio, pero definitivamente, viendo el trato de la ciudad, consideramos más apto pasar la noche en el barco y zarpar a la mañana siguiente, aunque casi daban ganas de hacerlo en medio de la noche por si cambiaban de idea y volvían a declarar otra alerta... Con nuestra suerte, podía ocurrir eso y cosas mil veces peores.  Así pues rechazamos con toda la amabilidad posible aquel ofrecimiento, y nos dispusimos a regresar a nuestra nave... Cuando un fuerte aleteo sonó a nuestra espalda. La mujer, la misma de la flecha había regresado.
Nuestro primer instinto fue ponernos a la defensiva, pero cuando esta empezó a disculparse... Sentimos un regocijo interior enorme, que apenas lográbamos ocultar con máscaras de fría indiferencia. Ante todo, debíamos mantener el tipo. Finalmente nos entregó uno papeles... Primero nos horrorizamos, pensando el problema que podría causarse con aquello pero... No había nadie allí, ni parecía haberse dado ninguna alarma. Además, si había algún problema, le tiraríamos los papeles en la cara y alegaríamos total inocencia, aunque... Con las últimas palabras del guardia no creía que sirviese para nada. Aun así... La curiosidad nos mataba, y finalmente lo tomamos y lo leímos. El código era el mismo que el anterior, por lo que descifrarlo no fue en absoluto complicado, aunque los datos sobre ella eran interesantes... Una corona cedida a los sacerdotes de Nubibus Ferreum hacía generaciones en una reunión para afianzar un lazo de comercio entre ambas ciudades flotantes... Hablaba sobre energía mágica y capacidades sobre el agua. No terminaba de quedarme claro debido a los conocimientos escasos sobre la conjuración de la magia. En lo referente a artefactos, minerales y materiales, tenía una noción. Pero la hechicería era todo un desconcierto.

-Interesante...-Dije mirando fijamente la tiara de la mujer.-Así que es eso...

[...]

El día siguiente amaneció tranquilo. No pareció haber problemas, y la gente ya casi había olvidado el suceso del día anterior, o al menos se afanaban en intentarlo. Ponían sus mejores sonrisas y atendían con amabilidad, aunque todos sabíamos en el fondo que nada había cambiado y que seguían viéndonos como a intrusos, ladrones, y criminales... Era una tristeza que una ciudad tan avanzada en tecnología estuviese tan retrasada en mentalidad, sociedad y moralidad.
Aquel día había amanecido radiante, con el dorado sol sobre el cielo iluminándolo todo, y con las nubes bajo la ciudad, de forma que sobre nuestras cabezas no había más que un mar celeste. Las calles estaban llenas de vida, con gente por todas partes paseando con total tranquilidad, casi se diría que había más que el día en el que llegamos, pero aquella visión no podía si no parecerme extraña. Al fin y al cabo, el día anterior había recorrido sus calles totalmente desiertas, y como si hubiese recobrado la vida mediante algún hechizo mágico, ahora rebosaban de actividad.
Dábamos un rápido paseo por las cercanías del embarcadero, para despedirnos de la ciudad (Que no de sus habitantes) y echar una última mirada de inspiración, por si alguna idea se nos ocurría de todo lo que veíamos... En un momento dado, mi mirada se posó en un edificio en concreto. En su fachada, unas estructuras colgaban y mantenían a un grupo de personas delante de un gran cristal roto... Sonreí de medio lado al ver aquello y me aproximé a un árbol de la ciudad, tomando una manzana de una de las ramas, y volviendo en dirección al barco acompañado de Rosaline.

-Pues no sirvió demasiado... ¿Verdad hermana?-Dije tranquilamente, mientras jugaba con la fruta entre mis manos, estaba prieta, y era de un color rojo intenso que daba ganas de morderla... Pero no, quería llevármela de aquel lugar. Un recuerdo.

-Bueno... Eso depende, hemos conocido gente, hemos... Hemos visto el código Anemiense, así como echado un vistazo a la ciudad.-Me respondió con voz tranquila.

-Tambien hemos visto sus lamparas de volio, y la resistencia y utilidad de estos artefactos... Oh, sin olvidar esas hermosas armas eléctricas con las que nos amenazaban.

-Tambien hemos conocido a su guardia, y la forma en la que juzgan a todos los que no pertenecen a este lugar... Hemos sacado muchas cosas en claro. Aunque ninguna nos ha revelado nada sobre nuestro propósito inicial

-No... Pero hay algo que está claro... Mm... Cara-Dije con una sonrisa, sacando la moneda de plata de mi bolsillo.

-Oh, si, eso está más que claro, hermano... Cruz...-Contestó ella, tras lo cual lancé la moneda al aire, y al tomarla, me mostraba la imagen de la mujer alada en un lado...-Veo la cruz...

-Y yo la cara...-Sonreí mientras la guardaba de nuevo en el bolsillo, y en su lugar sacaba la llave del barco, el cual ya casi teníamos delante.-Todo es cuestión de perspectiva.

-La crearemos... Eso está claro...

-La creamos, la crearemos, la... ¿Creemos?

-O creamos, de nuevo. Un verbo algo complicado.

-No creo que más que hacer flotar una ciudad.

Sin ninguna pria, metí la llave en la cerradura y la giré, entrando en la cabina de mando y liberando la presión del aire para que la nave comenzase a moverse. Rumbo a... ¿Quien sabía? Había muchas cosas que explorar en ese momento. Keybak y sus minerales serían un gran sustento, pero podríamos buscar algo de inspiración en nuevos sistemas... O quizás comenzar la fabricación de nuevos en Thonomer. Podríamos visitar alguna ciudad y ofrecer algunos servicios a cambio de dinero. Pero algo llamaba nuestra atención en concreto. Un lugar muy específico que se había nombrado el día anterior... Núbibus Ferreum, la ciudad de las nubes... Anemos nos había dado en aquel viaje el motivo, la intención, el motor que puso en marcha nuestros deseos de construir una ciudad flotante. Nuestro fin. Hacer rivalidad a la grandiosa Anemos. Podrían tener toda la tecnología que quisiesen, pero su hermetismo era su punto débil. Y quizás, con el tiempo, acabásemos derrocándola. Era un sueño bonito, pero lo primero era lo primero...
¿Como hacerla flotar?


Si una manzana puede flotar... ¿Por qué no una ciudad...?
~ Fin ~


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R&R Lutece

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Re: La Contención de Anemos

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