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A la sombra del coloso.

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Re: A la sombra del coloso.

Mensaje por Ludovico Reverearis el Jue Jun 20, 2013 11:52 pm

Con cierta tenteción de largar una pequeña risa al ver a todos los caballos pintados, marchamos con Necross y una de las muchachas hacia una posada cercana a descansar. Ya era tarde y mañana seguramente sería un día aun más largo que éstos cuatro días de viaje por el desierto. Marchamos en silencio, se podía apreciar la flata de confianza y dudas entre nosotros, entre el grupo, aunque cada tanto Necross lanzaba un comentario tajante y directo, que al parecer a él le causaban gracia, debo admitir que su sentido del humor parece demasiado alto. Por mi podría pintarse la cara y hacerle compañia, en un puesto callejero a esa, ténebre bufona, tal vez así ganarían unas monedas de oro en total. La otra muchacha me causaba cierta intriga, tan reservada y cubierta. Seguramente era una de esas mujeres con complejos hacia sus cicatrices, o tal vez sólo no quiere pasar frío. En fin, así fue cómo marchamos, callados y duvitativos, esos metros hacia la posada.

La posada no era nada de otro mundo. Había estado en tantas estos últimos meses que ya toda me parecían igual, parecían ser la misma. Sin conocer el lugar, ya podía imaginarme cuales pasillos llevaban a las habitaciones y cuales a los baños, tras que puerta se encontraban los trapeadores y tras cual la cocina. Casi podía generar un mapa en mi cabeza. Las maderas poco se diferenciaban de posada y posada, tal vez las mesas que se tambaleaban no estaban ubicadas en los mismos lugares y el hombre o mujer que atendía no era el mismo, pero lo demás variaba muy poco. El mismo olor a sábana lavada sin ganas, las camas incómodas y desgastadas que apenas te mueves ya chillan de tanto uso que les han dado las parejas de una noche.

Al entrar Necross avisó al dueño que él sería quien pague, mientras con ésta muchacha marchábamos a nuestras respectivas habitaciones. Ella rápidamente decidió ocupar la última habitación, caminando a un paso acelerado, cerrando la puerta y, sin decir ni un cortés "Hasta mañana", desapareció de mi vista. Miré hacia atrás para ver si Necross había visto ésto, pero él no se encontraba tras de mi, por lo que no tendría cómplice con quien cotillear sobre lo ocurrido. Tomé la anteúltima habitación, por lo que me encontraba en la habitación contigua a la muchacha. No fue por nada, tal vez los instintos de supervivencia mandan al humano a agruparse. Sentado en la cama procedí a quitarme mi pesada armadura, la dejé a un lado de ésta y salí con algo de ropa más suelta hacía el vestíbulo, quería tomar un pequeño baño. Al bajar le pregunté al hombre que nos había atendido si ésto era posible; afirmó y me dijo que esperará un momento mientras calentaba el agua y llenaba la bañera. Me encontraba sentado en una de las mesas, solitario y pensante. No podía parar de imaginarme qué es lo que nos depara el futuro a todos nosotros, cómo grupo y también individualmente ¿Por qué nosotros? Esa era mi pregunta con más prioridad sobre ésto. El tiempo voló, cómo un suspiro de adolescente enamorada y el agua ya estaba lista.

Me sentía sumamente relajado luego de semejante baño. A éstas alturas, poder acceder a ésto era lo más parecido a un lujo. El sueño me aguardaba en mi habitación. Habían pasado unas cuántas horas cuando algo interrupió mi sueño. Los rayos del sol de dignaban a darle inicio al día, golpeando mi ventana. Escuché puertas abrirse y cerrarse con violencia, pasos por aquí y por allá, fuertes, apurados, y luego algo desatar mi total curiosidad, un grito chirriante, un grito que pedía auxilio por si mismo y que se veía ahogado en el miedo. No reparé en lo que realmente sucedía, pero no me importaba, mi curiosidad y mis valores me sacaron de un sólo tirón de la cama. Me calcé mi armadura y con mi espada desenfundada corrí hacia la puerta. Al abrir la puerta todo era caos. Una especie de bandada de quien sabe qué cosas eran esos retoños voladores estaban acosando el pueblo, con sus pequeños tridentes y lanzas, se movían en pequeños grupos y maltrataban a quien se les cruzara por su camino, con esa risa despreciable que se formaba en sus bocas. Algunos de ellos se abalanzaron sobre mi al verme salir de la posada. En mi mano derecha portaba mi gran espada, que tantas veces me había sido útil y con la izquierda me apresuré a tomar mi daga de la cintura. Con mis piernas un tanto flexionadas me coloqué en posición defensiva para recibir el ataque de éstos retoños. Vinieron volando hacia donde me encontraba, flotando sobre mi cabeza cual abeja que acecha una flor. Alcé mi espada, con la cual trataba de atinar alguna estocada a alguno de ellos, y con mi daga trataba de bloquear lo más que podía sus ataque, pero eran demasiados. Mis guantes se estaban abollando un poco de tanto recibir golpes, hasta que una explosión detrás de mi hizo que me encogiera de hombros y cerrará mis ojos. Mis oidos habían quedado aturdidos, y apenas pude abrir mis ojos, pude ver cómo uno de éstos engendros revoloteaba mareado en el aire, mientras que los otros tres habían volado un poco más alto, cómo defensivamente. Giré mi cabeza para mirar que había pasado allí atrás; era la muchacha del grupo, no voy a negar que realmente me alegré de verla allí. El retoño que se encontraba un tanto mareado, realizó un gesto de odio con su cara y se abalanzó sobre ella.

No podía reparar en qué sería de ella, esperaba que se encuentre bien luego del ataque, pero quedaban tres engendros volando sobre mi, queriendo atacarme. Aplicando la misma tecnica anteriormente empleada, continué con mi defensa. Malditos, no se daban por vencido, podríamos estar así hasta que nos cansemos. Yo por mi parte no pude acestar ni un golpe, estaban demasiado altos y se movían de manera errática. Un grito causó que mis cabales comiencen a salirse de su lugar; era un mujer, que al parecer estaba siendo secuestrada por uno de éstos retoños. No podía esperar mucho tiempo más o se la llevarían. Para mi sorpresa y fortuna la muchacha apareció a mi lado, con algo envuelto en una especie de saco, que parecía simular una especie de boleadora. Eso es... -¡Me alegro de verte! Rápido, dame eso y toma mi espada, si bajan demasiado intenta matarlos- por lo que ella me dió su especie de arma prefabricada y yo le confié mi espada. -Quedate cerca mio y agacha la cabeza- le dije, y comencé a revolear la tela por sobre mi cabeza y la cabeza de ésta muchacha, que antes no me había logrado percatar, pero ahora podía notar algunos claros rasgos de höriges en ella, cómo sus orejas, pero poco me importaba demasiado, me preocupaba salir vivo de ésto y lograr ayudar a la mayoría de personas inocentes que allí se encontraban.

Girando ésto con mis dos manos por sobre nuestras cabezas y con los engendros tratando de esquivar ésta especiel de hélice, emprendimos a paso lento pero apresurado el camino hacia la mujer que estaba siendo llevada por los aires. Mientras la hörige trataba de atinar algún golpe, sin lograr éxito alguno, yá nos encontrábamos a unos metros de la mujer, que a gritos de auxilio y movimientos bruzcos luchaba por zafarse y lograr así su libertad. Ese era un buen momento, por lo que le dije a la hörige -Es tu turno, yo rescataré a la mujer, trata de acercarte luego hacia nosotros. Devuélveme mi espada-, intercambiando equipamiento. Ella dejó la espada en el suelo y tomó la boleadora con ambas manos, para no perder envión; una vez que me aseguré de que ella tenía bien sujetado ésto, me agaché, tomé mi espada y corrí hacia donde la mujer, seguido por uno de los engendros que nos había seguido a la muchacha y a mi en nuestro recorrido; estaba a punto de ser llevada quien sabe donde, por los aires. El retoño había logrado levantarla a una altura considerable de un metro aproximadamente, sujetada por su cabello. Al acercarme lo suficiente, alcancé a tomarla por la cintura del pantalón, y tiré con fuerza hacia abajo. El retoño no la soltó, por lo que se vino hacia abajo con la mujer, que cayó súbitamente al piso; aprovechando ésta oportunidad, alcé mi espada mientras el retoño se venía abajo. Ésta se incrustó bajo la mandibula del engendro, haciendo palanca; pude sentir cómo mi brazo se apretaba contra la cota de malla, debido a la fuerza generada y al cansancio de haber girado ese saco por un tiempo considerable. La hoja de mi espada atinaba a flexionarse por el peso aplicado sobre la punta de ésta, lo que provocó que al engendró simplemente se le saliera la cabeza del cuerpo, separada cómo quien saca una tapa de un frasco que se encontraba muy apretada. El cuerpo cayó con violencia, petrificado, al suelo, aplastándole la mano a la mujer había caído junto a él.

Ahora sólo me quedaba ver qué harían los demás, mientras la hörige se acercaba a mi revoleando su saco por los aires. -Deja eso ya o te vas a cansar. Toma tus armas, es momento de defendernos- le dije, colocándome en posición defensiva junto a ésta muchacha. Estaba cansado, pero la adrenalina no me abandonaba, todavía tenía energías para combatir algunos engendros más de éstos. Podía escuchar los gritos de la gente del pueblo, pero me encontraba demasiado lejos y en riesgo cómo para poder ayudarlos a todos, era lo que más quería, pero si no podía salvarme yo ¿Cómo salvaría a los demás? No debo perder la cabeza, concentración. Las armas sonaban chirriantes al chocar entre ellas, defendiendo a su poseedor y atacando a su contrincante ¿De donde salieron éstos demonios? Ésto no pinta nada bien.
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Re: A la sombra del coloso.

Mensaje por Bast Snowclaw el Vie Jun 21, 2013 1:15 am

Por suerte las cabezadas fueron tán leves qué estube a pie del cañon para ver la qué se nos veia encima, ¿Gargolas? o eso parecian, mi grito fué lo que sín duda alertaría a los demas, pronto ví como si fuesen una interminable plaga, atacar a todo lo que se ponia en frente, pude observar como el barbaro pelirrojo, arrojadamente, valiente, se fué contra el que parecía el lider, admiré esa valentia, mientras miraba como parecía querer lanzarse contra la gargola jefe, esa estraña cosa, unos cuantos empezaron a molestarme, traté de sacudirme. -Fuera, fuera bichos ¡¡asquerosos!!.- Decia enfurecida, miré como el hombre del lobo también estaba allí espada en mano a centimetros de donde aterrizo el guerrero pelirrojo despues de que la gargola, le mandase a volar, yo sacudia mis manos, mientras bufaba a esos molestos seres que parecian querer ensartarme con sus aceros, menos mal qué suelo ir preparada, sacudi mis brazos y les amagué un golpe, qué hizo que se quedase algo confusa a una de ellas que dudaba si sería atacada o no, apreté los dientes emitiendo el grotesco bufido de un gran felino y heche a correr por el tejado en dirección contraria.

Mientras avanzaba habilmente por las tejas, viendo como esos diablillos de piedra querían acosarme, resbale haciendo caer unas cuantas tejas al suelo qué fue lo que salvo a un pobre hombre de ser atacado, ya que las gargolas se apartaron para que las tejas no las dieran, miré hacia abajo viendo salir primero a la estraña chica con rasgos felinos, y despues al caballero de brillante armadura, o al menos así lo llamaba yo, la chica de rasgos felinos se le ocurrío algo muy ingenioso, como meter la gargola en la capa, atarla como un saco y usarla de honda golpeando a los demas, me giré a mirar las tres gargolas que aun me seguian.
-¡¡Sois realmente pesadas!!.- Dije bufandolas, enseñando mis colmillos, estas no parecian nada intimidadas.

-Pues si no es por las buenas...sera por las malas.- Dije entre dientes, cogiendo de mi espalda guardado en cuero, mi lucero del alba, empuñandolo con dos manos, miré a una de las gargolas, agitaba el lucero del alba, pero parecían que esquivaban, una se lanzó contra mi, pero retrocedí con agilidad evitando un corte con su acero, dí un rugido de guerra y conseguí dar a una con el lucero del alba hasta estrellarla contra el tejado, lo golpee varias veces tratando de combertirlo en grava, mientras las otras primero parecieron sorprenderse ante esto, parece que sirvio de algo, miré hacía las otras dos gargolas que parecian aun más enfurecidas, será mejor que baje, me deslicé por las tejas hasta que de un salto caí entre el caballero y la chica de rasgos felinos. -¿una mano?.- Empuñe mi lucero del alba, bufando y poniendome en posición de combate, viendo como las gargolas que me seguian se acercaban.

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Re: A la sombra del coloso.

Mensaje por Jacke Midnight el Sáb Jun 22, 2013 7:17 pm

Notaba como todo iba de mal en peor, como me llevaron a cuestas esas gárgolas  como ese humano y su fétido olor se pegaban a mi, y por si no fueran demasiado los cerdos que ya había, me echaba a mi las culpas de traer a estos inmundos bichos. Gárgolas de piedra, parecían ser. A él le tenía a la espalda, ambos parecíamos mirar todo lo que a nuestro al rededor acaecía, mascullé solemnemente mientras mis retinas observaban cuidadosamente el terreno, y el material del que estaban echas esas... cosas, gárgolas o lo que los dioses quisieran que fueran.

-Yo no he traído a ningún bicho excepto a vos, parece ser. No necesito la ayuda de nadie, mas bien, tu la necesitas de mi.

Dicho eso, y habiendo visto como se intentaba deshacer de una de las gárgolas  me distraje un poco y una me atacó por la retaguardia, malditos cobardes, bufé, me levante. Guardé mi arma y mis uñas crecieron algo, junto al brillaje de mis ojos que ahora abandonaron el color plateado para dar la bienvenida a un ámbar lujoso. Abrí mis brazos, enseñando mis colmillos, mis pelos erizados y mis garras a flor de miel, mi salivaje también había crecido de considerable manera, como si de un río en pleno torrente de bajada en invierno se tratara, mis labios fueron manchados por ese flujo. Un ruido, un rugido, venía del interior de mi palpitante pecho, que ahora se encontraba algo agitado.

-¡Venid! ¡Vamos! ¡Venid a por mi! Malditos bichos inmundos. ¡No necesito la ayuda de nadie para cortaros las extremidades y dárselas de comer a la naturaleza!

Bufé, vociferé, y abrí la boca al mas no poder. Pude pues en ese preciso instante, ver como una de ellas venía hacia mi, yo estaba preparado, ahora era mas consciente de cuanto todo me rodeaba. El dulce partir de las ramas como un oleaje en pleno bosque, el viento que susurraba suavemente a través de los rincones mas incógnitos de mis oídos  La humedad, percutiendo de manera tenaz a lo largo y ancho de toda mi terca cara. Y el grito y sonido estúpido de esa maldita gárgola cargando en su frecuentado ataque hacia mi.

Era el momento, era justo el instante que esperaba, o era ahora; O no podría vencer de un solo movimiento. Justo al estar a unos 15 centímetros de mi, mi enorme brazo se alegraba haciendo que mi mano felizmente cogiera de manera agresiva la cabeza de aquella gárgola  Duramente y en un dinámico movimiento la lance sin soltarla contra el suelo que a mis pies chisporroteaba como fuego encandilado en una hoguera de verano. No acabó ahí la cosa, esa maldita bestia es dura, es de piedra. No servirá mi arma, no al menos con su filo. Y aún no abusaré de ella. Lancé algo lejos esa estatuita, y de un salto Licano y el rugido de la noche salté de inmediato cayendo en el centro de su espalda.

Fue entonces cuando mis zarpas humanas se volvieron mas agresivas, cogiendo su cabeza, su nuca. Y comenzar a dar numerables y brutales veces contra el suelo. Una, y otra, y otra y una vez mas. No paraba, me empezaba a volver loco, mis colmillos crecieron un poco y ahora en cada va y ven que le daba al maldito ser, mis ojos brillaban cada vez mas y mis gruñidos se hacían mas sonoros. Quería sangre. la Primera sangre. Pronto fue cuando el delineado de aquel bicho empezó a ceder como un acantilado que era reversado por el oleaje, violento. Se desprendía y se agrietaba ante mi violenta cruzada. Tras eso, le arranqué un ala. Y me puse de pie, pegando le un pisotón en la cabeza con todas mis fuerzas, haciendo ahora si; Añicos esa parte.

-No volverá a levantarse.

Dije con voz, algo más antinatural y gutural, mis ojos no dejaron de brillar. Pues escuché el ajetreo, no era la única gárgola que había, y me acababa de acordar.










Que comience la fiesta.
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Re: A la sombra del coloso.

Mensaje por Invitado el Sáb Jun 22, 2013 11:44 pm

Su cabello rojo se movía entre las ramas de los árboles frondosos de aquel bosque, tras de ella, un ejército de orcos la perseguía. Las flechas cruzaban a su alrededor, algunas golpeaban contra sus hombreras o su cota de malla. No se detenía ni un solo momento.
Pronto, después de varios kilómetros de correr, se encontraron en un campo abierto.
Ocho orcos con armaduras negras la rodeaban, apuntando con sus flechas y manteniendo un silencio tan profundo que se podía escuchar la tensión de sus arcos, dispuestos a matarla.
-Bien-dice ella suspirando
Sus ojos brillaron y se tornaron un color amarillo, su cabello parecía en llamas. Sintió el calor entrar por sus venas. La primera flecha cruzó el viento a gran velocidad, ella corrió hacia su ejecutor, la flecha le atravesó el brazo, no le interesó. Tomó al orco entre sus manos y le rompió el cuello, usó el cuerpo sin vida como escudo para el resto de las flechas, pronto el escudo es desechado y utilizó uno nuevo. Las flechas la atravesaron e hirieron en brazos, costados y piernas, ella siguió corriendo. Uno a uno, los orcos cayeron y su sangre cubrió la pradera florida, ella caería a su lado unos minutos después, herida y cansada.

Abrió los ojos de golpe respirando con dificultad, ese recuerdo no era agradable para ella. Sus pies descalzos sintieron la fría madera del suelo de la habitación, sus pasos cansados la llevaron al tocador de la habitación donde se miro al espejo. Se fijo en sus ojos ambas, su cabello rojo y sus pecas alrededor de la nariz, recordó a su madre, muy parecida a ella a esta edad, y por un momento quiso destruir el cuarto, pero no podía permitirse ese lujo, ya estaba quedando corta de dinero y necesitaría buscar algún trabajo.
 
-Todo menos camarera-se dijo para sí misma
 
Había llegado al lugar hacia unos días, su viaje la había traído hasta la tierra muerta, había cruzado casi al otro extremo del mundo conocido. Se sintió tan lejos de las montañas, tan alejada de su pasado. Se hospedaba en una posada barata, que apenas y podría cubrir con el oro que aun mantenía en sus bolsillos, pronto tuvo que ayudar a la posada como camarera, pero su humor no ayudo mucho y asusto a varios clientes al rompes su mesa en pedazos. Le habían permitido quedarse, después de haber arreglado sus desastres, pero no podría trabajar con ellos de nuevo.
Prosiguió a deshacerse la ropa sucia que llevaba para dormir, darse un baño y tomar sus cosas, esta vez para irse, pensando en cruzar el desierto de noche, tal vez asaltar una caravana y robar un caballo.
 
No recordaba mucho de anoche, sólo sus sueños atormentándola, no porque sean fantasiosos, si no por que son sus recuerdos. Ve una y otra vez los orcos que ha matado, a la gente que ha robado y a veces, cuando el sueño es placentero, mira a los que ha salvado, a los niños que a arrancado de las garras de bestias, de las mujeres indefensas y de los ancianos. Entre sus pasos y recuerdos la noche callo rápido.
 
-Más vale que espere a algún distraído-se dijo
 
Se instalo cerca de una cantina recargada contra una pared suficientemente lejos para no ser vista,no lo suficiente para que ella no los mirara. Personajes pintorescos llegaban al lugar, como un bárbaro, un hombre con un lobo, que no sabía cómo le habían dejado meter al lobo, una rata giganta, una chica con cola, que parecía esforzarse por dejarla quieta y una muchacha pintada de blanco.
 
Esperó afuera unos minutos, comenzó a ver a los caballos, no sabía si era por la alegría de conseguir transporte para salir del lugar o por que los animales eran realmente preciosos. Antes de poder tomar uno, la puerta de la cantina se abrió y Airena corrió a esconderse. La mujer del rostro pintado, comenzó a dibujar sobre los pobres seres, causando algo de disgusto a la pelirroja, que con fuerza apretaba los puños, no quería tener un transporte pintado con el gusto de un niño.
Al desaparecer la mujer, Airena volvió a su cometido de ver los caballos, pero ninguno le causo tentación de tomarlo, ahora marcados. Decepcionada se marchó hacia la entrada del pueblo y pronto su carácter cambiaría.
Al amanecer, después de dormir a las afueras, un aleteo poco familiar, no era común de escucharse en su tierra natal, comenzó a retumbar en sus oídos. Extrañas criaturas aladas comenzaban a elevarse por el cielo, gritando y guturando. Tenían rostros grotescos, no de animal, tampoco de humano. Dirigió su vista hacia una posada, donde vio a las personas de la noche anterior, combatiendo a las bestias.
 
Metió la mano bajo su cota de malla, que cubre parte del cuello, y saco un cuchillo, con una cadena a su alrededor, se lo enredo en su brazo y sostuvo el arma fuertemente.
 El cuchillo-colgante tenebre que llevaba consigo, tenía mucho que no lo usaba como arma, diseñado para unir parejas tenebres en matrimonio. Se dispuso a entraren en combate cuando pudo ver a una mujer herida cerca de dos de los combatientes. Prefirió atenderla acercándose, una de las gárgolas había caído encima suyo y su brazo estaba lastimado. Airene empujo la gorgola inerte lejos de la mujer.
 
-¿Sabes dónde hay más gente?-pregunto, furiosa por la poca consideración que le tuvieron a una persona inocente.
-Adentro, en la posada-dijo la mujer, sosteniendo su brazo, que por obra divina no estaba roto
-De seguro hay algún sótano en la posada, te llevare
 Airene sostuvo a la mujer con su brazo sano y la llevo a la entrada, apenas unos tres metros de distancia. Ahí, el resto de la gente, asustada, se abalanzaba desesperada contra una puerta hacia el sótano. Una de las bestias había entrado y al parecer bloqueaba la puerta.
 
-Váyase con ellos
 Airena avanzo unos pasos hacia la bestia, que gritaba, parecía reír. Abrió la palma de su mano, creando una esfera de luz brillante, se abalanzó sobre la confiada bestia y solto la esfera frente a su rostro. El ser se hizo hacia atrás unos metros, lo suficiente para abrir paso a la entrada al sótano, pronto la gente ingresó a el y la puerta se cerró duramente. La gárgola, cuyo nombre desconocía Airena, camino desconcertada, tratando de salir por una de las ventanas y volando erróneamente, rompió el cristal para estrellarse apenas al otro lado de la pared. Airena saltó a traves de ella,y con su rodilla golpeó el ala izquierda, inutilizando su vuelo. Al levantarse, la gárgola, ya sin estar desorientada, golpea con fuerza a Airena, esta sostuvo el golpe, apenas. Sin soltar el puño de su rival, levanta la pierna y da otro fuerte rodillazo al pecho de piedra, agitándolo. La bestia se vuelve hacia atrás, tosiendo.
 
-¡Vamos! ¿Eso es todo lo que tienes?-dice furiosa
Con un golpe en el pecho, la gárgola cae. Airena mira a la criatura un momento y busca examinarla. Voltea alrededor, viendo a los del bar peleando, un licántropo enfurecido destrozando una de las gárgolas, la chica del rostro pintado y al sujeto del lobo. Mira a los mas próximos, la chica de la cola y  un hombre que llevaba una armadura.
-Son muchas y ustedes muy pocos, se cansaran antes de acabar con todas-les dice con seriedad pero levantando la voz para ser escuchada-Alguien los mando y si eliminan la raíz, ellas se irán.
 
Airena tenía la impresión, que sin desearlo, estas personas eran los responsables de que las gárgolas llegaran

Spoiler:
Off: Lamento los espacios, este formato de escritura nuevo no me hace caso por mas cambios que le trato de hacer
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Re: A la sombra del coloso.

Mensaje por Necross Belmont el Dom Jun 23, 2013 7:51 pm

Las batallas ya fueron destinadas, aunque una nueva recluta estaría luchando a favor del grupo sin ella saberlo.  Primero veremos como actuó Khiryn y Ludovico. Ella al tomar la pasada arma quedo desprotegida,  sufrió varios cortes en su brazo por parte de las gárgolas, nada grave, pero no es algo que se deba tomar a la ligera. Ahora pasemos a Bast, que estaba más cerca de ellos.  Ambos, Ludovico y Khiryn, estuvieron a punto de golpear a la cambiaformas, por suerte se dieron cuenta que ella no era parte del ejercito enemigo.  Gracias a sus trabajos propios, y el de equipo, ya habían matado a tres gárgolas, la última intento escapar, pero solo encontró su muerte gracias a la poderosa arma de Bast.
 
Necross saco su espadón, su pesado filo serviría contra estas criaturas de roca. –¿Ayuda tuya? Déjame recordarte que fuiste tú el que fue elevado y arrojado por esos pequeños bastardos.- Comento Necross al aire, comento altanero, mientras esquivaba un inminente golpe.  Un extraño e incomprensible sonido salió de su boca, eso hizo que su lobo correteara alrededor de una de la criaturas voladoras, mientras que el, con su espada aplastaba a una de las criaturas, aunque se necesitó más de un golpe para matarla.
 
El hombre del lobo estaba concentrado en el enemigo, lo que rompió su concentración fue el feroz aullido que soltó Jacke, Necross quería hacer lo mismo, pero no portaba su armadura, así que Foxhound aulló en su lugar. Aunque ninguno lo admitiría, entre hombre y licántropo habían acabado con la mayoría de los enemigos. El resto, al ver la masacre de sus camaradas gárgolas decidieron escapar.
 
–Debemos reunirnos con los demás.- Comento tajante el hombre del lobo, no le importaba si Jacke lo seguía, solo quería asegurarse  de que sus camaradas estuvieran a salvo. Necross suspiro aliviado al ver al trio sano y salvo, aunque estaba algo curioso, no sabía que Khiryn tenía rasgos felinos. Pronto una voz desconocida lo desconcertó.
 
Ciertamente somos muy pocos, ¿es que acaso nos ayudaras?- Necross se dirigió a Airena. Aun sin guardar su espadón, comenzó a dar órdenes, serio como solo él puede ser cuando la situación lo amerita. - Debemos limpiar este pueblo, y veo que somos los únicos que portan armas. No he visto guardias o algún tipo de fuerza de paz aquí, así que es nuestro deber ayudar a estas personas. No les ruego que me sigan, eso ya depende de ustedes mismos. Pero si algo de compasión tienen, o ven esto como algo divertido e interesante, me acompañaran.-
 
El hombre del lobo espero alguna reacción, a alguien que alzara la voz para abandonar y largarse. Necross continúo hablando. – Como ella dice, debemos cortar esto de raíz, en algún lugar debe estar el líder de estas criaturas; avanzaremos, hacia el norte de la ciudad, ya que parece que aquí no hay nada. Mientras buscan, intenten matar todo lo que encuentren. Iremos en pares, Bast, tu ve con ehh… mierda, necesito nombres, ¡y los necesito ahora!-
 
 Necross sonrió ante el grupo, guardo su espada y dicto los pares, Ludovico iría con Bast, Khiryn con Jacke, y Necross con Airena.  El hombre del lobo se dirigió a ella casi obligándola. Antes de comenzar a correr, el hombre del lobo le dio una mirada a su caballo, el pobre aún estaba pintado, eso lo hizo sonreír. Se separaron y comenzaron a correr, Bast y Ludovico por la derecha, Jacke y Khiryn por la izquierda y Necross con Airena corrieron por el camino frente a ellos.
 
Por donde quiera que miraran estaba infestado de criaturas, parecían una plaga que nunca terminaría. Hábilmente, las parejas separadas acababan con las criaturas en frente de ellos, aunque por cada enemigo que mataban, tres más aparecían. Necross no perdió el tiempo, continuo corriendo y solo atacaba a las criaturas que le impedían el paso. Ashelia, desde su palacio observaba el caos que las gárgolas causaban en los habitantes de Jahara.
 
Solo observaba sin inmutarse, aunque a veces se preocupaba por los guerreros que ella invoco. –Ella, a ella tu no la llamaste, que hace una extraña en todo esto, a ella no le incumbe.- Hablo la metálica voz, luego Ashelia le respondió.  - No lo sé, pero puede ser de utilidad, ya demostrara de lo que es capaz…- Nuevamente, la metálica voz comenzó a hablar. - ¿Y qué opinas del hombre del lobo? Está haciendo de líder, espero sepa guiar al grupo.- Ashelia se cruzó de brazos. –Lo hace, pero él no es un líder, solo quiere salvar a la gente del poblado, mas mi preocupación es que su manera de guiar lleve al grupo a su muerte.-
 
Algo inquietaba a la bruja de las arenas, algo que no quería comentarle a la voz en la nada, algo siniestro que surcaba su mente…
 
Los pares continuaron su avance, el grupo de Jacke y Khiryn, al igual que el de Necross y Airena;  quedaron rodeados de enemigos. Eran cinco en cada lado, no les permitían el paso, no podrían seguir avanzando gracias al bloqueo, pero Ludovico y Bast lograron llegar al final de la ciudad. Allí, ambos lograron ver al líder de las gárgolas, estaba rodeado de fuego, y al ver al dúo, chillo fuertemente. Inmediatamente, el noble guerrero y la ex bufona de la corte, sacaron sus armas, la criatura lanzo una bola de fuego contra ellos, el dúo la esquivo, pero inmediatamente lanzo otra, explotando a los pies de Ludovico y mareándolo un poco, no sufrió daños, pero el mareo le nublo un poco la visión.
 
Necross con su espadón y la ayuda de Foxhound intentaba matar tantas criaturas como le fuese posible, pero estas eran rápidas, no conseguía dar un golpe mortal. Uno de los tridentes enemigos se clavó en su brazo, la herida era leve, pero no le permitía maniobrar bien su gran arma. Jacke y Khiryn estaban algo mejor, con el salvajismo  propio de una bestia, Jacke ya había matado a dos gárgolas, Khiryn no se quedaría atrás, con la agilidad propia de su raza, consiguió matar a una gárgola de un certero golpe en la cien con una de sus armas, la bestia quedo paralizada y dando espasmos en el piso, al parecer tenían un punto débil.
 

Ludovico y Bast aun intentaban acercarse a la gárgola de fuego, para referirnos a ella, la llamaremos Diábolos. Diábolos, era demasiado rápido, y sus ataques lo eran mucho más, el dúo no lograba mucho, ¿que podrían hacer? Podrían esperar al resto del grupo e intentar un ataque en equipo, o entre ellos dos intentar matar al Diábolos, cualquier decisión que tomen debe ser pensada cautelosamente, ya que su vida depende de las decisiones que hagan, las vidas de ellos y del resto del pueblo.



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Re: A la sombra del coloso.

Mensaje por Khiryn el Mar Jun 25, 2013 6:55 am

Todo pasó muy rápido, y en verdad me alegré que el hombre de la taberna no pusiera mucha atención en mis rasgos felinos. Al parecer, la idea de atrapar a una de las criaturas había sido exitosa, tanto que el hombre me pidió el “arma” a cambio de la suya; y de un momento a otro, en mis manos blandía su espada enorme que apenas podía levantar. En verdad esta era la primera vez que peleaba de esta manera. Gracias a su idea, pudimos salvar a una mujer de ser arrastrada por las gárgolas y ahora tenía de nuevo mi capa con la criatura envuelta de nuevo. Por mucho que me doliera aceptarlo, el hombre de la taberna tenía razón, usar a la gárgola de piedra como bolea me estaba fatigando; y antes de que pudiera hacer nada; la chica arlequín estaba entre nosotros; por un momento me alegré de verla; después de todo, parecía que el destino nos ponía juntos de nuevo; como una especia de prueba. En verdad, esta era mi primer pelea lado a lado con gente desconocida, y me alegró que respondieran y que estuvieran a mi lado.
 
Seguí el consejo del hombre, así que soltando la capa solo de dos lados, desenrollé el cuerpo de la gárgola que se encontraba dentro y con un rápido movimiento me la volví a poner. La capa había quedado desgastada y raída, con varios hoyos y cortes. De inmediato, desenvainé mis hojas y tal como dijo el hombre de la taberna, me dediqué a defenderme. Mis cuchillos no eran largos, algo que los hacía poco efectivos contra estos enemigos voladores, pero las armas cortas son más fáciles de maniobrar para la defensa y como estás criaturas no parecían muy inteligentes, no tuve muchos problemas en desviar sus estocadas.
 
En pleno apogeo de la lucha, una voz femenina que no reconocí se hizo presente y con un toque de reclamo nos ordenaba ir a por el líder de aquella horda. Sin dejar de esquivar y defenderme, volví la mirada para ver de dónde venía la voz, pero no pude distinguir una imagen concreta, de inmediato volví la mirada hacia Bast y luego a Ludovico haciéndoles un gesto de duda: “¿Qué diablos?”- pensé. Luego lancé un leve gruñido felino y hablando en voz baja murmuré: -Sí, claro, tal vez si seguimos el camino de baldosas amarillas…-
 
De un momento a otro, las gárgolas se replegaron, dejándonos respirar un momento, por una esquina apareció el hombre del lobo y el otro hombre de la taberna, el serio con cara de pocos amigos, su aura era terrible, como una bestia sedienta de muerte sólo de ver esos terribles ojos plateados se me puso la piel erizada. Le temía. Le temía más a él que a las gárgolas. Nos reagrupamos, y me sentí tranquila de ver a todos los del bar, bueno a casi todos. Me tomé un momento, enfundé mis hojas y levanté el arcabuz. Y me aseguré de poner pólvora en la recamara. Me acerqué al grupo y escuché al hombre del lobo dando órdenes. Nos dividiríamos en parejas para llegar a la raíz del asunto. Por primera vez pude ver a la que era dueña de la voz que oímos antes. Me alegró el hecho que estuviera dispuesta a ayudar, aunque sus motivos no quedaban claros, puede que también hubiera soñado con la bruja, o tal vez… ella fuera la bruja usando un avatar distinto. Me colgué el arcabuz en la espalda y desenvainé de nuevo mis cuchillos, miré alrededor y pude notar que la rata no estaba.
 
-Alguien sabe que pasó con la rata?-Dije en voz alta, esperando respuesta; pero la respuesta que obtuve fue que en la repartición de parejas, me tocaba equipo con el hombre de los ojos plata. Sentí nauseas y un escalofrió me subió desde la base de la columna hasta los hombros, se erizó el cabello. No confiaba en él, y él no confiaba en nadie. Sin decir palabra acepté el destino, tal vez el hombre del parche sabía mi sentir, y por eso nos forzaba trabajar juntos, de ahora en adelante, todo era una prueba.
 
Sin embargo caminé detrás de él; prefería llevarlo delante que darle la espalda.
 
Los problemas no se hicieron esperar. Un grupo de gárgolas cayó sobre nosotros; yo, como pude traté de defenderme, regresando las estocadas en cualquier ocasión que el enemigo estuviera lo suficientemente cerca. Tuve un golpe de suerte, al parecer esas cosas era sensibles si se les golpeaba la sien; miré al hombre que acompañaba, su aura salvaje era temible y en los brazos hinchados se le marcaban las venas, el parecía con menos problemas para defenderse que yo. Traté de decirle mi descubrimiento, aunque dudaba que sirviera para algo:
 
-¡Son sensibles en la sien!
 
Una gárgola más me atacó; intercambiamos estocadas muchas veces, y mis dagas se estaban mellando por golpearlas contra roca; pero no tenía apertura para atacar. Me estaba cansando y a este ritmo no le habría hecho ni un rasguño cuando la criatura me matara. Lentamente mi lado animal fue aflorando, perdiendo un poco la razón, mi cuerpo comenzaba a liberar mucha estamina, los ojos inyectados mostraban un ámbar encendido, como una hoguera; mis heridas empezaron a sangrar un poco debido a la adrenalina pero el dolor esa escaso ahora. Yo también soy salvaje.
 
Intercambio de estocadas y desvié el arma de la gárgola apenas para hacer un hueco más o menos aprovechable. Lancé en un ataque toda la agresión que tenía. Una ráfaga de golpes dirigidos a la cabeza de la criatura; no apuntaba bien por el cansancio y por la escasa apertura que logré, pero al menos esperaba que uno de los golpes fuera lo suficientemente certero para dejarlo aturdido y acabarlo en el piso…  
 

65 Líneas.


Off:
Accion de pelea.:

En el momento en el que khiryn "ve" una pequeña apertura en la defensa-ataque del enemigo, ejecuta esta habilidad.
Golpes relampago: Esta técnica solo puede ser usada con armas pequeñas como dagas o espadas cortas, consiste en una rápida serie de hasta 7 golpes usando el arma o el cuerpo, al realizar esta técnica se queda completamente exhausto y se debe descansar un momento, además si el primer golpe es bloqueado, el resto de ataques no podrán ser ejecutados.

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Re: A la sombra del coloso.

Mensaje por Invitado el Mar Jun 25, 2013 7:06 pm

-Ciertamente somos muy pocos ¿Es que acaso nos ayudaras?-escucho las palabras del hombre del parche, sin mucho ánimo.
 No deseaba ayudarles, no por que fueran unos villanos, si no porque no les interesaba la seguridad del pueblo, ya se lo habían dejado muy claro en el momento que tuvo que rescatar a la mujer. Estos sujetes venían por otra cosa y no sabían diferencia en las cosas importantes de la vida. “¿Acaso nunca han sido infelices?” Se preguntaba así misma mientras recordaba a sus padres pereciendo ante orcos y su poder acabando con todo rastro de piel de esas bestias, el olor a carne chamuscada, todavía lo puede oler algunas mañanas.
 -No les ayudare a ustedes…-dijo mirándolo con ira-si no a la gente que ustedes son inútiles para proteger.
 Volvió a meter su mano en su cota y amarro el cuchillo-colgante a su mano, esperando que esta vez sí lo pueda utilizar. Escucho las palabras del sujeto, hablando como si fuera un buen líder, y lo aparenta, pero un buen líder sabe el nombre, habilidades y fuerzas de los que manda, si no los conoce, no podrá ser eficiente. Airena dice su nombre entre dientes, escuchando el de los demás. Llamo su atención el de Bast, el único nombre que el tuerto, llamado Necross, sabía. La miró de reojo, confirmando que fuese una tenebre, lo mas cercano a alguien familiar que podría tener en kilómetros, ya que no es una raza que suele salir de sus murallas. A jusgar por ella, de seguro la tenebre también se habría dado cuente del cabello rojo y la piel blanca, aunque Airene no tenía pinta de esa etnia humana, sus padres le habían dejado rasgos que no llevaría un nómada.
 Acompañó al del parche por toda la ciudad, viendo a la gente gritando y sin que él la mirara, aprovechaba para llamar la atención de toda gárgola que viese, desde hacerle muecas hasta arrojarle rocas o malas palabras. Pronto los rodearían, pero así alejaría a las bestias de las personas, de los inocentes que podrán vivir un día más. Pronto se arrepentiría de sus acciones
 Acompañados del lobo de Necross, su paso fue detenido por más de esas criaturas. Vio como el lobo se movía a gran velocidad para tratar de atraparlas, pero sus esfuerzos eran en vano ante la gran habilidad de las criaturas. ¿Acaso habían cambiado de estrategia al vernos? Airena sabía cazar y sabía que un cazador busca cambiar si su objetivo lo sorprende.
 -No podremos eliminarlas como las primeras, de seguro cambiaron de estrategia-le dijo a Necross haciéndole frente a su propio grupo de seres-¿Tienes alguna idea, líder?
 Se dirigía a el con sarcasmo, no esperaba que la guiara hacia la victoria, pero podría confían en que la ayudara a salir de esta. Se supone que su viaje la llevaría a vivir aventuras como estas, por lo que sonreía constantemente mientras miraba a las bestias, que chillaban y amenazaban con trinches. Miraba sus ojos, buscando algo, una debilidad, miedo al menos.
 Pensaba que podría entrar en modo berserker, sin embargo, no confiaba en lo absoluto en los sujetos de alrededor, tendría ganas de arrancarles los brazos al penas mirarlos.
 -El líder del grupo debería de ser el único pensante, ellas no parecen muy listas
 Una de las gárgolas ataca con su trinche, Airena lo sostiene y al jalarla al suelo la hace caer. Esta se levanta y vuelve a sobrevolarla, sin separarte de su grupo, como un enjambre. Sostiene el trinche del suelo, corre unos metros hacia a ellas y lo usa para levantarse en el aire, pateando a una en el pecho y con sus manos estiradas sostiene el ala de otro par para hacerlas caes al suelo. Desorientadas, las gárgolas se elevan de nuevo.
 -Como odio las criaturas de piedra-se dice a si misma de forma molesta-Mira hacia su compañero, que parece comenzar a llevar ventaja sobre sus enemigos.
 No podía permitir que le ganara, no era algo que la hiciera sentir bien. Usó el mismo movimiento, elevándose con el trinche del suelo, pero ahora atravesando los el ojo izquierdo de una de las gárgolas con su arma y haciendo que el mimo par de hace un rato, cayera de nuevo la suelo y sus alas se dañaran. Ahora quedaba sólo una en el aire, esta, al darse cuenta, se lanzó en kamikaze hacia Airena, que recibe de golpe el impacto.
 -Maldita
 Antes de que la gárgola se inmute, entre chipas contra la piedra, el cuchillo de Airena atraviesa el cráneo de la bestia. Cuando esta cae, la pelirroja se frota el costado, donde recibió el golpe. El dolor fue leve, pero le molestaría durante unos minutos mas.
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Re: A la sombra del coloso.

Mensaje por Bast Snowclaw el Vie Jun 28, 2013 6:10 pm

Mis pupilas se dilataban, observando todo, el grupo se había dividido un poco, ahora ese barbaro pelirrojo con olor animal can estaba con la chica de rasgos felinos, ví al hombre del lobo llamado Necross hablar con una pelirroja, más en este momento nos habíamos adelantado el caballero, y yo por delante, miré hacía la gargola jefa dando un bufido, más miré nuevamente al caballero qué ahora mismo estaba a mi lado, le sonreí aunque se daría cuenta de que mis pupilas ahora se asemejaban más a la de un felino, de hecho lo era. Sonreí y observé a mi alrededor, buscando algo. -¿Creeis que podamos lanzarle algo?- Buqué en los alrededores, quizas lanzarle algo la atraiga.

Más la mirada del caballero parecía que pensaba en otra cosa, le miré con atención, tras pensar unos instantes, parecío decidirse hablar, tenia un plan, miré hacia atrás, parecía que todavia no iban a conseguir llegar en los proximos minutos, su plan era bueno, desde luego, aunque el caballero no sabia mi carta maestra
. -Espera ahí...- Dije, miré alrededor, no iban a ver nada, tenía que ser un truco estupendo de  magia, aunque en realidad no fuera magia, si no mi naturaleza, pura y dura. Me escondí tras una casa, y arreglando todo para que no hubiese estropicio para ello, empecé mi transformazon, por suerte al ser hija de cambiaformas, no me llevo mas de un minuto o dos, salí de detrás y miré a ludovico, dando un rugido, más este parecío inquietarse, me acerque de ronroneante manera, para indicarle que era yo.

Mire hacía la gargola, andando lentamente, no parecia que me mirase, si no lanzar esas bolas de fuego explosivas, me ericé y solte un rugido llamando así pues su atención y empezó el baile, empecé a hacer gala de mis habilidades felinas, correr pasando cerca de ella, saltando y lanzandole un zarpazo, provocandola a que me intentase perseguir, y golpear, ya sea con sus bolas de fuego o ella misma, empece a corretear y a brincar, tratando de provocarla y que se fijase unicamente en darme, mientras a su vez, me acercaba a donde estaba el caballero, veamos ahora cual es su movimiento, su carta, su truco para tratar de neutralizarla en lo que los otros, conseguñia llegar.

Tube que hacer una maniobra levantando mis patas traseras encogiendome esquivando una bola de fuego que casi impacta contra mi hermosa cola, rugí con fiereza y zigzagueé para tratar de marearla, ahora era mucho mas rapida, incluso podria coger impulso y cambiar repentinamente de dirección, vamos..venga, quiero que me la quiten de encima, esto se ponía feo, rugí hacia el caballero exigiendole que se pusiera más en marcha, trote sobre unos escombros saltarinamente, mientras la gargola parecía lo suficientemente enrabietada, al menos eso había salido muy bien.

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Re: A la sombra del coloso.

Mensaje por Ludovico Reverearis el Vie Jun 28, 2013 11:23 pm

Nos encontrábamos expectantes con la mujer de rasgos felinos luego de eliminar unas cuántas gárgolas. Nuestra táctica había dados los resultados esperados, algo que me motivaba y subía mi moral, tratando en consecuencia, de que mi ego no subiera, aunque creía merecer reconocimiento, pero no sería yo. A nuestras espaldas, la mujer a la que acabábamos de rescatar de ser llevada por esa gárgola, era por fin puesta a salvo por alguien que, valientemente, se acercó hasta allí; diciéndonos de manera casi autoritaria que éramos muy pocos ante todas esas gárgolas que allí continuaban, acechantes en el cielo; tenía razón, debíamos eliminar a su líder o quien fuere que organizaba y mandaba a éstas cosas para luego llevarla a un grupo mayor de ciudadanos y dejarla totalmente a salvo. La felina me miró, haciendo un gesto de no comprender qué estaba diciendo quien nos hablaba, o al menos sería por su modo de decirlo, respondí con un gesto de asombro ante lo que sucedía. Hacíamos lo que podíamos, lo que dábamos abasto con el número que combatientes que éramos, a diferencia del total de gárgolas que allí se encontraban, que claramente nos superaban en número. Para nuestra sorpresa y tranquilidad, la bufona se unía a nosotros dos -¿Una mano?- preguntó a su particular manera. Mi primer reacción fue abatirla de un golpe, pero por suerte alcancé a darme cuenta que era uno de nosotros. -No nos viene mal, señorita- respondí agradablemente. La felina delataba algunos cortes en su brazo a causa de portar mi espada y quedar un tanto desprotegida, me sentía culpable por eso -¿Estás bien?- le pregunté mirando su brazo -Pronto tendremos tiempo para curar eso- dije, tratando de calmarla y que pareciera de poca importancia.

Al parecer la gárgolas empezaban a retroceder sin sentido alguno. No había percibido nada más allá de lo que podía ver, por lo que me encontré sorprendido de su posición a la defensiva, algo pasaba y nosotros no nos estábamos dando cuenta. Sin perder tiempo, Necross, con su lobo, y el gran bárbaro se acercaban a nosotros. La felina preguntó por la rata, cierto, alguien faltaba... Era la rata y su compañero, tal vez no lo habían logrado, me lamenté en silencio. Pronto alguien apareció por nuestras espaldas, era la muchacha quien había terminado de rescatar a la mujer, parecía muy valiente y segura, eso me gustaba, gente con actitud. Necross le preguntó si nos ayudaría, algo ciertamente razonable, a lo que respondió con una negativa terrible, casi defenestrando nuestra labor, repeliendo ira de su mirada. Me mordí la lengua para no generar alguna problemática dentro del grupo, pero lo cierto era que en verdad quería que me de algunas explicaciones de su respuesta, y no de la mejor manera, ni la más cortés. Me contuve y tragué mi rabia. Imbécil, no sé de donde venía, pero probablemente en su viaje hasta aquí, algo de arena se escondió en su vagina... Mujeres, siempre tan imprevisibles, impredecibles. Creo que la gran mayoría habíamos quedado sorprendidos ante su respuesta, aunque al fin y al cabo dependía de ella. Quitando importancia a lo sucedido, Necross procedió a formar pares, tocándome con Bast, al menos así la había nombrado Necross.

Marchamos con Bast hacia el norte, cómo los demás, aunque por caminos diferentes. El pueblo parecía estar muerto, las gárgolas acechaban cómo buitres en los cielos, cada tanto algunas descendían hacia el pueblo, pero no sobre nosotros; los ciudadanos del lugar espectantes, dentro de sus casas, a lo que podría llegar a pasar; pero nada. -Por cierto, me puedes decir Lud- le dije a Bast, me parecía sensato que sepa mi nombre, ya que yo sabía el suyo. Marchamos unos minutos, pero el silencio se comía todo lo que veíamos, nuestros pasos hacían más ruido que el resonar de mi armadura al paso. Algo no pintaba bien, esas gárgolas continuaban allí y no se iban, nos encontrábamos separados, no sé por qué, no creo que haya sido una buena idea, lo mejor hubiera sido mantenernos unidos. Toda la calma se cortó en un segundo, cuando por detrás de una construcción se asomaba algo. Una bestia proveniente del mismo infierno. Su cuerpo rojizo y sus alas incendiadas en fuego, volaba bajo por entre la ciudad. Para nuestra desgracia, se nos encontraba justo frente a nosotros, a unos cuántos metros. Nos miró fijo, cómo expectante y chilló con un grito digno y estrepitoso, debíamos pensar rápido. -¿Creéis que podamos lanzarle algo?- Me preguntó Bast -No, no lo creo, se ve muy fuerte- dije, mirando fijamente a la criatura, pensando en algo. Repentinamente una bola de fuego voló hacia nosotros, arrojada por éste engendro, la cual de un salto hacia el costado pudimos esquivar, dejándonos caer en el suelo. -¡Por aquí!- grité con todas mis fuerzas para que los demás nos escucharan y luego me dirigí a Bast -Trata de distraerlo, yo lo haré caer y luego al que éste le de la espalda, podrá tener un golpe claro- dije rápidamente, tomando su hombro, esa sería nuestra táctica y no podíamos. Bast, dando un salto rápido se alejó entre las construcciones; cuando quise ver que hacía el demonio, ya era tarde, una bola se dirigía directo a mi, traté de esquivarla, retrocediendo sin levatarme del suelo, pero mi intento no salió cómo esperaba, y la bola explotó bastante cerca de mi posición. El calor era insoportable y la explosión me había aturdido, por lo que comencé a retroceder con mis piernas y hombros lo más rápido que pude.

Un gran grito animal surgió de entre las casas, desviando la atención del demonio por un instante, era mi oportunidad y debía ir hacia un lugar seguro. Me paré cómo pude y un tanto encorvado y trastabillando troté entre lo que divisaba cómo un posible camino hacia los callejones que se formaban entre las casas. Me tomó un minuto, tal vez algo más recuperarme de mi mareo, ya me encontraba listo para eliminar a esa criatura. Los rugidos continuaban, no comprendía de qué se trataba, pero debíamos aprovechar. Trotando lo más rápido que mi armadura me permitía, me escabullí entre las casas, mirando cada tanto hacia donde se encontraba el engendro, para llevar a cabo lo planeado. Atravesando callejones podía verlo, luminoso y volando, sólo debía avanzar algunas casa más para tener un golpe claro. Girando en una esquina, me asomé y pude divisar claramente al demonio de espaldas a mi, tratando de acertar algún ataque a lo que parecía ser una gato enorme de color blanco ¿Qué hacía eso allí? No comprendía. El animal me rugió con furia al verme, cómo tratando de llamar mi atención. No podía buscar una posición mejor, el tiro era limpio y sólo estaba a unos metros de él -¡Maurus iustitia!- grité hacia el demonio, apuntando con mi espada hacia él. Las sogas etéreas volaron hacia sus alas; todo era cuestión de ver qué sucedería luego. Había que acabar con él cuanto antes.

Acciones de pelea con Bast:
Nuestra táctica es la siguiente: Bast se encuentra distrayendo al demonio, dándome algo de tiempo para encontrar una ubicación adecuada. Al encontrarla, lanzo mi habilidad de Amarre Ajusticiador contra las alas del demonio, esperando que caiga al suelo por no poder volar. Al caer (En caso que caiga) el que se encuentre a sus espaldas será quien lo ataque, al tener un golpe más claro y menos arriesgado. Si no cae, Bast correrá hacia mi, por ser más rápida, y nos ocultaremos atrás de la casa en la que yo me encuentro, esperando a que aparezca el demonio. Si aparece, trataremos de atacarlo por sorpresa


Última edición por Ludovico Reverearis el Sáb Jun 29, 2013 7:16 pm, editado 1 vez
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Re: A la sombra del coloso.

Mensaje por Jacke Midnight el Sáb Jun 29, 2013 4:36 pm


Ese estúpido se cree mejor que yo. Y podría matarle con las manos atadas al culo. Dije para mí mismo de manera orgullosa. Pero la verdad es que, en el frío y gélido apogeo, habíamos matado a todas esas malditas gárgolas, o eso parecía. No me llenó en absoluto. Son seres débiles, aunque duros de piel. Nada que mi puño no pueda hacer. Al menos tengo las alas, que servirán de joya o recuerdo para mi voluminosa pelirroja. Ojalá que cuándo vuelva al refugio, ella esté esperándome sin ropa alguna, con su mirada pilla y temblorosa el pulso al verme. Yo soy el macho, su macho alfa. Miré al estúpido que tenía a mi lado, he de reconocer que por humano y mortal que sea; Sabe luchar. Mis ojos aún estaban incandescentes pero ya volvía a recobrar el color luna llena que solían tener. Mi pecho marcaba la diferencia entre la bestia que en mi interior rugía en los barrotes de la razón, queriendo salir a matar, y mi lado humano, el mas asqueroso para mi. Pues enfundar la piel de estas alimañas no era de muy mi agrado.

Volvíamos a la taberna, o eso parecía. En realidad yo iba sin rumbo, guiándome por el olor de aquella graciosa chica ¿Como era su nombre? Creo que Bast. Me recordaba un poco a mi pequeña pelirroja, cuando era infantiloide. ¿O es que tal vez mi espíritu de líder de la manada, me ataca y traiciona, viéndola como un cachorro muy cercano a mi especie? Quien sabe. Yo odio a todos por igual. No me gusta la gente, y mataría a este estúpido solo por relamer sus tripas entre mis fauces y su páncreas en mis garras. Sentí la imperosidad de perderme y divagar en mis miles de pensamientos, entre tanto rojo sangre y pelirrojo cabello, había una mujer, aquella misteriosa mujer. Ahora, estaba perdido en ese pensamiento en el que ella, decía que había que encontrar al líder. Yo no soy el perro de caza de nadie. Pero buscaré al jefazo, solo por satisfacción personal, y ayudar a aquella pequeña gata-leopardo. Su olor era inconfundible, así que partí hacia allá, mirando de reojo muy de vez en cuando al mortal que a mi lado pues se hallaba.

A los instantes de ser abrazados por el viento y bienvenidos por el destino, nos encontrábamos nuevamente en grupo. Ahí está, la pequeña Bast. La miré. Luego miré a la otra gata, mas niña que mujer, pienso yo que era. Noté como él daba ordenes. Eso queridos amigos, no me gustó ni un pelo. Y como era de esperar, salté a la mínima. Me puse en medio, con mi melena algo erizada y mis ojos fundiéndose entre el plateado  el amarillo. Entre la noche y el día. Entre la razón y la furia.

-Alto ahí humano. No sigo ordenes de nadie. ¿Queda claro? Si estoy aquí es para que esos estúpidos susurros de esa furcia cesen sobre mi maldita cabeza. ¿¡Queda claro?!. Yo soy un líder de manada, un macho alfa. Y estoy aquí por satisfacción personal, no por ayudar a una mole de cucarachas que se retuercen en su nido entre la suciedad de sus propios vómitos. Espero haber hablado bien claro y conciso, esta vez.

Dije de manera seria, con voz grave. Gutural. Animal. Se notaba mi furia en el interior de mi palpitante pecho, de mi crepitante mirada e inquietante respiración. Miré a todos, a Bast de una manera mas... Singular. No quería asustarla, no a ella. No obstante, escuché que yo "Debía" de ir con Khyr, la otra gata niña. La miré, le eché un vistazo, y capté su particular olor. No cambié mi expresión en ninguno de los momentos. Pero si. Iré con ella, quiero sangre y que los susurros cesen. Pero lo hago por mi. Para mi. Sobre mi. Conmigo. Yo soy el único.

-No obstante, acepto bajo mi propio criterio, el ayudar a esta gata a encontrar sus garras en la batalla. Pero que conste en todo momento; Que no lo hago, ni por ella, ni por los demás.

Ese era mi porte. Esa era mi personalidad. Un líder, un lobo. Mas bestia que hombre, mas agresivo que pacifico. La miré, y a los instantes de silencio me remití mientras caminábamos por donde le dijo ese estúpido a esta alimaña con forma de gato. Ella iba a paso rápido, yo en cambio opté por uno mas calmado y deliberado. No se porque tiene tanta prisa. A los instantes, parecía que estábamos rodeados nuevamente de las gárgolas, y eso fue lo que mas me gustó de todo. Sonreí, sonreí de voluminosa manera haciendo que los destellos que se causaban en mis temibles fauces dieran luz y arrojaran luminosidad en la penumbra en la que me encontraba. Bufé emitiendo un tembloroso sonido entre bestia del inframundo y bestia lobo. Mis ojos nuevamente eran dos rubíes en la mismísima boca del infierno. Mi preparación: Perfecta. Me puse casi a cuatro patas, flexionando mis dos enormes y bien preparadas piernas. Fuertes, robustas. Rudas. Sin pensármelo salté por encima de la gata, yo tenía esa agilidad. Mis garras salieron, mi melena un poco creció al igual que mis fauces y mi musculatura. No obstante, no me transformaba, solo daba mas indicios de mi naturaleza real. Entre un rugido me aposté sobre una de ellas. ¿La sien? Esta bien. Sonriendo canónicamente, casi volviéndome loco e incontrolable; O eso parecía. Me lié a puñetazos duros, secos, rápidos y sin miramientos a la sien de aquel estúpido bicho. Hasta que finalmente le partí el craneo de forma brutal. Me corté un poco en los puños, alentador para cualquier hombre lobo. Ya había 4 de 5. Sonreí brutalmente.

Salté nuevamente, hacia otro, esta vez iba con mas fuerza, le arranque la pierna de cuajo, y reventé su cabeza contra la pared cercana manchando la de sus flujos vitales. Manchándome a mi también. Moví los brazos como un salvaje que baila frente a la hoguera de su tribu y aullé fuertemente con el espíritu del lobo que había encerrado en la prisión de carne de mi cuerpo. Mis ojos brillaban aún más. Ya me había cargado a dos, y ella a 1. Quedaban dos. Una de las gárgolas venía volando hacia mi, salté nuevamente, cogí su cabeza y brutalmente aterricé en el suelo, incluso agrietando levemente la base de éste donde yo me encontraba, y hundí la cabeza del bicho en esa grieta. Su cabeza quedó fracturada, demasiado como para seguir con vida. Su cráneo perdió partes en la fractura. Yo respiraba. Hiperventilaba, sonriendo. Mi mirada clavada en la zarpa que tenía apostada sobre la criatura. Mi respiración daba algo de terror, parecía una bestia. Y ésta resonaba por todo el lugar. Comencé a reírme. Antes de dirigirnos a por nuestros..."Compañeros".







-Jah....jajajaja.....jajajajajajajaja.....JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA....


Un Guerrero no hace la furia. Es la furia la que hace al Guerrero.



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Re: A la sombra del coloso.

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