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Aprendiendo de un mundo salvaje. (solitaria)

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Aprendiendo de un mundo salvaje. (solitaria)

Mensaje por Samantha J. el Vie Mayo 24, 2013 2:51 am


Semana 4.

Samantha abrió los ojos. El cuchillo estaba ahí, pendiendo sobre ella con mortal tranquilidad. Su dueño sonreía desquiciadamente, igual que un payaso de circo que ha perdido la cordura. Que ironía, su vida se había convertido en eso, un espectáculo irónico y cruel, un torbellino hecho solo para entretener a alguien. Lo malo de esta situación, es que ni siquiera existía algún espectador. La joven de azules ojos respiro profundo, centrando los ojos en su atacante. -¿Moriré pronto?- pregunto con una voz apagada, hastiada. El encapuchado asintió, mientras ella cerraba los ojos y dejaba que su cuerpo flotara en el aire… su cabello caía en cascada hacia un infinito y oscuro vacío debajo de él. Sus ropas parecían etéreas, el collar en su pecho, apagado y pálido. –Adelante- murmuro… ¿De que valía la vida si no se tenía por qué luchar…?

Entonces, el cuchillo bajo con rapidez, como si el filo cobrara vida propia y quisiera acabar pronto con este destino. Se clavó directamente en el vientre de la mujer, que grito con fuerza… y lo vio.

-Volveré, con cada atardecer volveré, con cada briza del viento volveré. No te puedo forzar a que me esperes, la posibilidad de que muera es alta, pero ya he burlado a la muerte en incontables ocasiones, no sería tan difícil hacerlo ahora.- (Necross, "El paraíso de los tontos" 7 de mayo, 2013, 4:20 am)

Una lagrima plateada resbalo por su rostro, mientras la sangre manaba con lentitud, gota a gota dirigiéndose a un negro vacío. –Necross…- murmuro, recordando la última vez que el hombre le había sonreído. Despidiéndose hacia días atrás. La humana sonrió, estirando la mano hacia adelante, como si pudiera alcanzar la imagen de un recuerdo que ahora era tan distante. -¿Nos volveremos a ver…? – El collar en su pecho de pronto emitió un fuerte brillo. Un calor radiante inundo aquel espacio sin paredes, donde ella y su atacante flotaban… una nota electrizante la invadió, obligándole a arquearse hacia adelante, clavando más el cuchillo en su viento. Entonces, de pronto, Samantha sonrió. -¡HASTA QUE EL VIENTO REGRESE A NUESTRO FAVOR!!!!!-

***
Varias semanas atrás. Semana 1, día 1.


El día se oscurecía lentamente. El sol se retiraba a su refugio al otro lado del mundo, mientras la oscuridad se alzaba acompañada de dos lunas redondas y glotonas, aunque una cubría la mayor parte de la otra. Samantha sostenía con fuerza el collar que ella se había quedado, entre sus manos, emitía un suave brillo. Una lagrima resbalo por su mejilla, bajando en un camino largo hasta su escote, donde se perdió finalmente de la vista. La joven se mantuvo algunas horas más de pie, en aquella plaza, mirando en dirección a donde él se había ido. –por favor, dios del sol. Te lo ruego… tráele a mí de regreso.-

El viento comenzó a soplar y un frio que calaba le inundo. Gigi se mantuvo sentada todo el tiempo a un lado suyo y solo cuando los pies comenzaron a doler en serio fue que decidió marcharse. Ahora estaba sola… ahora no tenía dinero alguno. ¡¿Qué haría?! De pronto se dio cuenta de que, sin un trabajo, no era nadie. Maldijo por lo bajo, nadie en ese maldito pueblo daba nada por ella, pero tampoco quería dejarlo. Suspiro, tendrá que esforzarse al máximo.

Por el momento, mas valía encontrar un refugio, algún sitio donde dormir un poco. Dado que estaba descartado ir a una posada por no tener dinero y no había nadie que le diera alojamiento, se dirigió hacia los árboles que reposaban en la plaza, tranquilos y silenciosos, juntos, muy juntos, daban una perfecta sombra para ocultarse. Guardo el collar, de forma que no pudiera delatarla y, junto a Gigi, se dirigieron ahí. Observo las majestuosas piezas, troncos gruesos, derechos, copas cubiertas de ramas verdes… Ah, alguna especie de árbol que mantenía su verdor en invierno. Hermoso. La joven pensó en subir y quedarse en las ramas altas, pero decidió que mejor no, Gigi no podría subir. Así pues, se acurruco entre las gruesas raíces de uno de los arboles ubicados dentro de aquel pequeño bosque en medio de Thonomer y abrazada a la loba, se cubrió con su capa.

Aquella noche… fue la más fría que Sam había pasado. Si bien, nadie pareció querer perturbar la silenciosa paz de aquel sitio, la joven entendió una cosa. El mundo no estaba hecho para una jovencita solitaria, sin dinero. Gracias al calor de Gigi, pudo dormitar un poco. Y ese… era el final del primer día de su vida…
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Re: Aprendiendo de un mundo salvaje. (solitaria)

Mensaje por Samantha J. el Vie Mayo 24, 2013 5:13 am

Día 2. Semana 1.


Sam entendió muy bien que el tiempo es relativo. Tres horas pueden ser un segundo para alguien que necesita esperar, pero, un segundo pueden ser tres horas si lo que quieres es que el amanecer llegue ya. Abrazada de Gigi con fuerza, la joven temblaba de frio, el calor de la loba no era suficiente y en esa madrugada, envidio en gran manera a aquellas familias con suerte que disfrutaban de un sueño tranquilo en su cama. ¡Si ellos creían que su vida era mala porque apenas tenían para comer o subsistir, no sabían la suerte que tenían! Había quienes, como ella, debían estar fuera, a la intemperie, sin comida, sin abrigo… -por favor. Que acabe ya esta noche…-

El sol comenzó a despuntar a las seis de la madrugada. Samantha agradeció sus primeros rayos como nunca. Poniéndose de pie, miro al cielo… despejado y listo para un día que apenas iniciaba. Gigi bostezo, su noche había sido tan terrible como la de Samantha. Larga, fría y oscura. Poco a poco, los ciudadanos, ignorantes de la vida de esta joven y sumergidos en su propia realidad, reanudaban las actividades del día-a-día. Mujeres que llevaban a sus niños a las distintas escuelas, mercados que abren y venden sus frescos productos a las madres que inician sus tareas. Un mundo tan cotidiano, que Sam se sintió como una pieza sobrante en un rompecabezas que estaba perfectamente armado.

Salió de entre aquellos árboles, observando como las mozas barrían la entrada de las posadas. La música pronto surgió de aquellos lugares, haciendo pequeños festivales diarios que atraían turistas. Thonomer era todo un territorio que reunía a varias de las ciudades más grandes de Noreth, así que, era lógico que ahora mismo trataran de atraer la mayor cantidad de personas a este sitio, que venía a estar ubicado a la orilla de la gran extensión de tierra.
La joven se permitió escuchar la música de flauta, arpa, laúd y salterio que inundaban las calles, junto con los mozos que se apuraban cargando cajas –y… ahora como conseguimos comida Gigi?- preguntó, mirando a la loba. Entonces, al ver una multitud sonrió -¡lo tengo!-


Sam corrió entre la gente, tomando una caja de madera que algún tendero olvidó, la coloco en medio de la plaza… Al principio nadie le prestaba atención. Sin embargo, alzando las manos, grito con fuerza -¡Damas y caballeros! ¡Niños y niñas de todas las edades! Hoy, les traigo hasta ustedes una historia llena de aventura y romance. ¡La princesa que sabía que el mundo era bueno!-

Al principio, las personas parecían no prestar atención. Sin embargo, todo comenzó con un simple niño que se acercó, mientras su madre regateaba sobre el precio de algunas verduras. -¿Habrá caballeros andantes?- Samantha sonrió, asintiendo. ¡Caballeros andantes, gigantes y dragones, la princesa… ¡Que sabía que el mundo era bueno!- Samantha cerro los ojos, sumergiéndose en una historia muy vieja. Tan vieja como lo habían sido las cadenas que sujetaron sus muñecas alguna vez… ah, la situación en la que la imagino, fue por demás horrenda. La primer historia de su vida…

*Flashback*

Tenía cinco años de edad. El sacerdote encargado de aquel templo, le había obligado el día anterior ver como su madre moría. Si, una mujer inocente, calcinada hasta la muerte gracias a la avaricia de un hombre que pensó que Samantha podría dejar mucho dinero y poder. La pequeña había perdido completamente la inocencia al darse cuenta de cuan cruel y atroz es la muerte. Sabiéndose sola en el mundo, recurrió a lo único que podía ayudarle en ese momento, su imaginación. Así, pues, encerrada en esa habitación fría y oscura, donde su única compañía era el tintineo de cadenas que sujetaban sus tobillos, su esperanza de ver a su madre se alejaba volando por la única ventana de aquel lugar, pequeña y minúscula…

-Había una vez, hace muchos años, una princesa que habitaba en una torre muy alta y lejana. La joven observaba a través de la pequeña ventana en lo alto de su habitación, donde una avecilla se posaba todos los días a cantar. “Cuu, cuu” cantaba el pajarillo, alzando el vuelo, pero siempre regresando. La princesa se llama Elaiza y sabía muy bien que pronto, seria rescatada… pronto, su vida cambiaria porque un príncipe valiente, honrado e inteligente la rescataría, matando al cruel dragón dorado y sus secuaces, dos gigantes que custodiaban la entrada a la torre…-

Samantha lo recordaba a la perfección. De pequeña, había soñado con un hombre valiente que llegara y matara a aquel dragón; el sacerdote. Soñaba con que algún día, alguien vencería a los guardias que abusaban de las mujeres, que una familia le tomaría y aceptaría… ese sueño, jamás se cumplió.

-¡entonces! Un día!- grito de pronto, mientras levantaba lo brazos y exageraba movimientos. Ya no solo contaba la historia, sino que la actuaba, siendo el personaje de su propia obra Los cascos del caballo se escuchaban a lo lejos. -¿Eres tú, mi fiel príncipe? ¿Acaso, tú me salvaras del cruel dragón?!- Sin embargo, el príncipe tenía que luchar contra dos enormes gigantes que cuidaban la entrada. –Ji, Ja, Jo! Si quieres pasar, debes pagar! La princesa encerrada esta y el costo a verla es muy alto!-

Cierto. Los feligreses podían “pasar un rato adorando al gran dios” si pagaban la cuota. Enfermizo, un prostíbulo disfrazado de templo. Una doctrina de abuso, escudada en un dios que les había dado la espalda ante sus atrocidades. Religión corrompida, sucia, que solo abusaba del desdichado. La capacidad del hombre para destruir y manchar algo puro, bondadoso y único era increíble. Pero, esa cualidad se contrastaba con aquella en la que el ser humano podía ser realmente bueno…

-El príncipe, tomo su espada, la alzo por lo alto y gritó. –Jamás! Una dama es una dama y no merece ser vendida, cruel monstruo…!-

El viento soplo suave. Los niños observaban con ojos grandes, mientras Gigi salía de entre las sombras y ladraba a Samantha, como si fuera el enemigo a vencer. La chica tomo una vara y la blandió contra la loba, concentrada en su tarea. Las madres pasaron a observar pues, todos, sin importar edad o sexo soñaban alguna vez con lo mismo… ser rescatados de la soledad. Del dragón de la vida que ataca de formas insospechadas, deseosos de ser los héroes de su historia, de salvar o ser salvados… Las hojas de los árboles se levantaban en el aire, formando remolinos juguetones que agitaban los cabellos de la joven –y de un espadazo, corto la garganta del primero…-

Sueños que se habían cumplido no gracias a un príncipe, sino a ella misma. Aun recordaba su escape… uno de los gigantes, es decir, los guardias había muerto por su mano… un accidente realmente, aunque Sam no se arrepentía. La joven se dio cuenta de una segunda lección importante. Si quieres que tu destino se cumpla… debes hacerlo con tus propias manos. ¿Por qué esperar algo que puedes hacer?

*Continuara*

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Re: Aprendiendo de un mundo salvaje. (solitaria)

Mensaje por Samantha J. el Vie Mayo 24, 2013 5:47 am

-Aunque un gigante murió, el otro seguía con vida, listo para la guerra. Blandió su arma en alto… y el dragón se dio cuenta de que su princesa seria tomada a la fuerza!!-

Mientras Samantha contaba la historia, giraba, saltaba, sonreía o lloraba a según. La gente se congregaba cada vez más, mientras ella continuaba –finalmente, ante el dragón, el príncipe gritó -¡Tu bestia maldita! ¡Has secuestrado a la bella princesa y pagaras por ello! Muere ahora!- La joven no notó a el hombre que se movía entre aquellas personas, absortas en la historia. No se dio cuenta tampoco de como parecía observar a cada niño y niña, como si fueran una nueva presa. Samantha seguía perdida en su propia imaginación y es que, ¿Quién pensaría que un extraño va por ahí deseando niños? Nadie. Pero, la perversión humana no tiene límites.

-Y el dragón rugió, y el príncipe ataco. La bella dama deseaba con todas sus fuerzas ayudar, pero el dragón había tragado la llave. ¡Solo en su vientre yacía la liberación! La única forma de obtenerlo era, luchando. ¡Lucha príncipe valiente!- El hombre identifico a su víctima, sonriendo. Samantha dio un grito de guerra y entonces, el alzó la vista. La chica que atraía la atención tampoco estaba mal… pero, se desanimó de intentar algo contra ella porque seguro, iba acompañada. ¿Qué chica iría sola por el mundo? Nadie. Esta época, esta edad en el tiempo, podía ser un infierno para jóvenes hermosas, dulces y deliciosas como ella. No, mejor sería un crio indefenso, olvidado de su madre y dios.

-La criatura sangraba. El príncipe había perdido un brazo. ¡Su pierna quedaría para siempre perdida también! Pero no se rendiría. La princesa merecía ser salvada… otro golpe más y el dragón rugió, lanzando un zarpazo. ¡El ojo del adorado príncipe! La princesa pensó que el moriría para siempre, sin embargo, con un último esfuerzo… abrió el vientre del dragón y la llave salió reluciente… la bestia callo muerta al instante y entonces. ¡Entonces ella fue liberada finalmente, con el príncipe que, a pesar de sus heridas, seguía siendo tan guapo y apuesto…-

Curioso, ese príncipe tenia también un ojo azul, marcas de guerra en su cuerpo y una habilidad para beber como nunca. La gente aplaudió ante la historia –gracias, gracias. Si alguien gusta dar alguna moneda, seguiré viniendo aquí, cada día a contar más y más historias. ¡Traigan a sus niños! –

Las monedas no se hicieron esperar. La fortuna le sonreía a Samantha… recogiendo las brillantes perlas de regalo, sonrió. El día era mejor… bien podría hacer eso, mientras juntaba algo de dinero. –bien, vámonos Gigi, es hora de comer algo!!!-

Mientras Sam y Gigi se dirigían a una posada, cierta persona apretaba el hombro de un niño. Nadie intervino, nadie se dio cuenta… así era la vida a veces. Cruel con los más pequeños… La comida fue deliciosa. Samantha y Gigi habían ganado lo suficiente para ese día… pero era necesario más.

El resto de esa semana, Samantha y Gigi pasaron contando historias, reflejadas en su propia vida. Canciones que la chica había inventado. Cada día, un hombre iba a escucharla por dos razones. LA primera es que, quería asegurarse de que estuviera sola. La segunda… siempre había críos en ese lugar.
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Re: Aprendiendo de un mundo salvaje. (solitaria)

Mensaje por Samantha J. el Vie Mayo 24, 2013 6:26 am

Semana 2. Día 1.

Samantha sonreía. Esa semana, había sido la mejor. Realmente la gente le aceptaba más como una “cuenta cuentos”, que entretenía a sus niños durante las compras. Todos los días, a las nueve de la mañana y dos de la tarde, Sam tenía una historia o canción que comprar. Los guardias de la ciudad se paseaban cerca de la multitud de niños que se juntaba y alguna que otra jovenzuela interesada en las hermosas historias de “La cuentacuentos”. Gigi ladraba emocionada mientras buscaban caramelos, después de la última presentación, prácticamente cada niño y niña había dado una moneda. Mientras avanzaba entre la muchedumbre, algo se estrelló contra ella.

-amm, lo siento tu…- al bajar la mirada, se dio cuenta de que era un niño. De aproximadamente 10 años de edad, el chico levanto la mirada hacia ella… Sam se horrorizo. Uno de sus ojos estaba inyectado en sangre, mientras su mejilla izquierda se inflamaba -¿Estas bien?- preguntó, moviendo su mano hacia el rostro del chico. Este al instante se encogió en sí mismo, quejándose como si ella pudiere dañarle.

–Amm… lo siento…- ¿Qué cosas podrían haberle pasado al pobre chico? Instantáneamente, el carácter compasivo de Samantha salió a flote, aunque no supo cómo reaccionar –una moneda- dijo el niño con voz ronca. -¿Tiene una moneda señora? – La joven asintió, entregándole tres –ten, y esto…- le dejo también un par de caramelos. El niño siguió su camino pasando a Sam… la chica lo observo. –El… -

La imagen del chico rondo su mente todo el día ese chico le parecía familiar. De ojos color gris, cabello blanco pálido y vestiduras completamente negras –aunque roídas- no lograba pensar de dónde. Le costó identificarlo y para cuando lo hizo, la función de las dos iniciaba. ¡Eso era! Samantha comenzó con una canción de cuna.

-Nana, nanita nana, nanita ella…
Si un día necesitas mi mano yo te la daré…
Con el corazón, te sonreiré…
Si tú estás solo, yo siempre te acompañare…-


Sabia quién era el. El chico había estado solo, cada función hasta el día anterior, siempre se paraba en la esquina. Mirándola desde las sombras de una forma extraña… Samantha se preguntaba ahora por la historia del crio. Si lo volvía a ver, hablaría más con él.

-Y con mis manos yo te abrazare.
Nunca te dejare,
Ni te abandonare…
Porque siempre mi amor será para ti…-


La historia comenzó. De una forma u otra, Samantha no pudo evitar pensar en Necross, mientras contaba como el valeroso guerrero “N”, se enfrentaba a un demonio por rescatar a su amada. Era extraño pero, a este punto, ella se había acostumbrado a contar historias donde el héroe siempre tenía alguna dificultad fuerte y un brazo y pierna de metal. Esta vez, el demonio le arrancaba una pierna, que el intercambiaba por la vida de su amada.

Samantha no supo porque pero… ese día… algo cambiaria. Ella aprendería algunas lecciones valiosas.

1. Presta atención a la vida de otros.

La historia terminó. Los chicos se fueron con sus madres y cada cual a su casa. Mientras recogía sus cosas, pues, Sam se había hecho de un laúd, un cajón que servía de tarima y un sombrero gracioso, sintió que alguien la observaba. Levanto la vista… el chico que se había topado más temprano. Las nubes se juntaron en el cielo, mientras la lluvia fría amenazaba con llegar. Sam avanzó hacia el pequeño, y, cuando él la noto, se echó a correr -¡Espera!- grito la chica, moviéndose más rápido. Había dejado sus cosas (A excepción de una daga) en la posada donde vivía, así que no le costaba tanto. Gigi se había quedado también, pues, después del almuerzo la loba se había puesto algo mala, seguramente, no habrá estado bien darle tantas golosinas. Corriendo pues, tras aquel crio, lo perdió de vista de pronto, cuando el salto al techo de una casa, luego a otro y finalmente, se ocultó entre algunos callejones. La mujer se detuvo, ladeando el rostro –Vaya… - murmuro, suspirando. Parecía que no podría ver al chico… bueno, regresar a casa. Tampoco se preocuparía mucho por aquello…

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Re: Aprendiendo de un mundo salvaje. (solitaria)

Mensaje por Samantha J. el Vie Mayo 24, 2013 7:03 am

Advertencia: a partir de este punto, la historia se vuelve +18. Contiene violencia explícita mezclada con sexo y situaciones que podrían dañar sensibilidades.


Lección 2. Cuidado con tus promesas.

Samantha caminaba en silencio hacia la posada. Por alguna razón, sintió el deseo más fuerte de sostener la empuñadura de la daga con su mano derecha. Si bien, no sabía usarla, le daba cierta seguridad… El atardecer ya caía, aunque aún la gente paseaba por ahí, disfrutando de un atardecer no tan helado. El sol calentaba lo suficiente como para que el frio viento no fuera tan impactante contra la piel. La mujer avanzaba absorta en sus propios pensamientos, recuerdos distantes de hacía una semana. “Volveré…” Se abrazó a sí misma, sin soltar el arma. Cerro los ojos un momento, sintiéndose sola… -Necross…- Durante un momento, pensó que estaba loca, enferma y obsesionada. ¿Realmente pensaba que el volvería? Debería marcharse. Buscar una vida y un hogar propio… pero… ¿Y su promesa? Juro que formaría aquí un hogar…

Había caminado algunas calles, y faltaba un poco más, cuando algo le descoloco-¡Ahhhh!- Un grito le llamó la atención. Levantando la vista, las personas parecían ignorar el hecho de que alguien gritaba desde el otro lado de la calle, junto a un callejón. Todos pasaban rodeando al hombre y al niño, alejándose de ellos como si no existieran. Samantha frunció el ceño, ¿Cómo era posible que nadie lo notara? ¡Como si fueran fantasmas! La chica se encamino, pasando a varias parejas que tomadas de la mano pasaban de la escena. El niño volvió a gritar, mientras el hombre lo sostenía del cuello -¿eso es todo pequeño bastardo? ¿Solo 20 monedas? ¿No es suficiente el castigo que te doy? Seguro lo has gastado en golosinas ¿no es así? Dime. ¿Te gusta que te den por culo? Seguro es eso. Seguro pasas holgazaneando… - Entonces, ella lo reconoció. Lección 1 asimilada. Presta atención a la vida de otros. El chico era aquel joven de ojos grises y cabello plateado que se había topado más temprano. Aquel que había seguido, preocupada… el niño que cada día le escuchaba cantar o contar historias. Ahora, ese pequeño estaba siendo golpeado por un sujeto sucio y seguramente mal oliente. Mucho más alto que Samantha, ella sabía que no tendría oportunidad contra él. Aun así, no dejo de avanzar a ellos.

El chico fue arrastrado hacia el callejón. Samantha se sintió cada vez más horrorizada… Nadie hacia nada. ¿Ella como podría luchar contra el hombre? Ella era débil, no sabía pelear. Inútil completamente… sin embargo, sus palabras llegaron de pronto desde lejos, un pasado que había compartido con el hombre del parche. - Siempre tendrás un hogar aquí. Siempre estará abierto, esperándote… un plato de comida caliente, una chimenea encendida. Un trago de Ron y un plato para Foxhound. Necross…(Samantha, el paraiso de los tontos)- Samantha Saco la daga de la funda, asomándose al callejón. No dejaría a ese niño. No dejaría ese lugar. NO. Este sería su hogar y así lo haría… mas, al llegar al final de su camino, en aquella callejuela oscura, donde apenas daba la luz, quiso vomitar, gritar, llorar por la injusticia. No sabía si el hombre era el padre o no del chico, pero no tenía ningún derecho… sus ojos se llenaron de lágrimas y se sintió paralizada. El miedo, la indignación… -no…- murmuro, mientras una lágrima caía por su mejilla.

*contenido fuerte, puesto en spoiler*

Spoiler:
El niño tenía los pantalones abajo, mientras que el hombre que lo sostenía contra la pared se desabrochaba el cinturón. De un tirón, el sujeto bajo la prenda, junto a su ropa interior mugrienta. El pequeño gritó, pidiendo un alto –juro traer más. ¡Juro que habrá más dinero!- El hombre hizo oídos sordos, poniendo una mano sobre el pecho del chico, forzándolo. La joven tembló de ira, no podía quedarse quieta, mirando… sin embargo, su cuerpo no se movía. Su mente se había paralizado… ¿Tanta crueldad…? El sujeto golpeo al chico contra la pared, inclinándolo hacia adelante… un hilillo de sangre resbalo junto a las lágrimas del chico, desde su frente… No pudo ver más. Cerro los ojos, temblaba… los gritos del chico hicieron eco en su mente, en su pecho… -BASTA!- decía la criatura, y trataba de quitarse al hombre de encima. Este le tomo de las muñecas, alzándolas en el aire… Samantha no soporto los quejidos del pequeño y entonces, gritó con toda su furia. .


Fin del spoiler.

El sujeto se giró hacia Samantha y esta pudo verlo mejor. Sus ojos negros, con un brillo tan siniestro… el cabello del sujeto lucia enmarañado y poco cuidado. Sucio, pero musculoso. Por lo que Samantha alcanzo a ver incluso de su entre pierna descubierta, no había visto una ducha en años. –Déjalo- dijo la joven, cerrando los puños, levantando su daga, grito –fusta divina!- y al instante, en su mano izquierda apareció un látigo de luz. –Te castigare… - el hombre rio. Rio con ganas mientras subía sus pantalones…

Lección 3. Nada es lo que parece.

*continuara*

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Re: Aprendiendo de un mundo salvaje. (solitaria)

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