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Contradicciones... [Privada <se requiere discreción...>]

Mensaje por Zakty el Vie Mayo 13, 2011 9:16 am

Si tuviera la oportunidad de nacer de nuevo… decidiría haber muerto en el vientre de mi madre… Aquella tarde observaba al horizonte mientras el Sol se ocultaba tras las dunas de arena, lo que me gustaba del desierto y de ciudades como Loc Lac eran las frescas y húmedas noches solitarias… qun que sabía que yo realmente no tendría noches solitarias… Abu dormía tranquilamente en aquella habitación que Abdul pagaba para mí y para ella, Asis cuidaba en la puerta dentro de la casa…mientras yo como de costumbre me posaba en la ventana.

Yo no solía buscar el trabajo, más bien… llevaban el trabajo hasta mi casa, puedo decir con toda seguridad que era la favorita de aquel idiota mantecoso… ¿Por qué? No sé, ni me importaba pero a cambio de ser la susodicha favorita, Abu, Asis… y claro yo, vivíamos de cierta forma… “decentemente”, como ya lo había mencionado, yo era a la única a la que Abdul pagaba una “casa”, mientras las demás debían estar buscando el trabajo, a mí me lo traía, mientras otras debían permanecer en la calle esperando, yo era llevada a los aposentos de algún sujeto rico al cual debería complacer a partir de sus más bajos instintos.

Pero esta ocasión sería diferente… nunca había sucedido y yo tontamente, ya por un estado automático no me había dado cuenta de aquella tontería… En esta ocasión alguien había llamado a mi habitación, se suponía que debía tener un guardia ahí… ese había sido mi primer error, si hubiese sido el guardia, generalmente llamaban por mi nombre… o frases como “Oye puta de lujo, te llama el señor…” “puta de lujo”… claro, como si ellos fueran de lo más digno en este estúpido y asqueante lugar… El caso era… que en cuanto la puerta sonó, Asis dio un leve gruñido levantando las orejas, me acerqué entonces a la puerta para preguntar quién era… No sé cómo pude haber sido tan estúpida y recibir esa respuesta como… “correcta”.

-¿Quién llama…?- Cité con una de mis armas en la mano, hice una señal a Asis para que callara y esperé la respuesta… -¿Quién te envía…?-

-Soy… un cliente nuevo, me ha enviado Abdul… es tu “superior” al mando… tengo la paga en la mano… y-

Escuché aquella temblorosa voz, desde adentro parecía ser la voz de un hombre grande… probablemente 40 años, era una voz grave, pero quebradiza, abrí la puerta con lentitud mirando de pies a cabeza al individuo… no había resultado ser más que un muchacho probablemente no más grande que yo… un poco, no sé y lo más importante ¿Cuánto podría pagarme alguien como ese individuo…? Lo miraba completamente incrédula… hasta que sonreí abriendo un poco más la puerta, segundo error… realmente no había nadie ahí afuera, salvo esa persona y yo… Asis gruñía y en sus ojos podía ver la desconfianza del sujeto… además, sentía algo extraño en mi interior, tenía un mal… un pésimo presentimiento…

Presentimiento que fue lentamente desgarrado cuando el hombre mostró frente a mí un saco lleno de joyas, pero… ¡Joder…! Era oro puro, diamantes… brillaba demasiado… volví a mirarlo y en su rostro noté una extraña sonrisa… pícara… no, lasciva… no, tampoco… era, era lúgubre… siniestra. Di un paso hacia atrás y dejé que el pasara, Asis simplemente lo miraba desde abajo, podía ver en la tensión de su cuerpo esas ganas de morderlo… entonces habló…

-No tengo efectivo, pero ha dicho… que puedo pagar de esta manera…-

Tercer error… ningún cliente me daba el pago a mí… en mis propias manos, sea lo que fuera, todo lo recibía Abdul antes que yo… Tan sólo dejó aquel saco en el suelo miraba directamente mi cuerpo, de aquella forma tan… asquerosa e indulgente que yo odiaba de los hombre, pero no podía hacer nada… no por ahora… Sabía lo que estaba pensando, sabía lo que iba a hacer.. dejé que se acercara a mí todo lo que quisiera. Primero sus manos fueron directamente a mi cabello, tomó un mechón y lo olfateo comenzando a masturbarse el solo… alcé una ceja mirándolo de pies a cabeza, su rostro ya excitado por sus mismas caricias era enfermizo… irrelevante… aquí comenzaba la acción… y la “acción” y todo gracias a mis estúpidos errores…


Última edición por Sekmeth el Sáb Mayo 21, 2011 10:04 am, editado 1 vez
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Re: Contradicciones... [Privada <se requiere discreción...>]

Mensaje por Invitado el Mar Mayo 17, 2011 8:48 pm

Acibarado destino era el que se había apoderado de las carnes de este hombre ¿Pero que podía hacer el si no más que continuar su vida a pesar de las desgracias? El pensaba que estaba loco dado que no podía controlarse cada vez que vivía una situación algo fuera de lo normal, la persona que vive en su cabeza para el es síntoma de demencia y paranoia, dado que se sentía observado en determinadas ocasiones. Este hombre era culpable de odiarse a si mismo por esa creencia de locura, pero esto se contradice ¿No dicen los expertos que el primer síntoma para saber que alguien no está loco es que esta persona piense que no lo está? Todo puede ser, aunque afortunada aquella personita amorfa le estaba dando cuartel a nuestro menesteroso caballero de la gran insolvencia.

Incandescente el sol abrasaba la ciudad sin ley de Sehra, la cual estaba desatendida por cualquier raíz de comprensión razonable, humanidad, y ley. Había quienes vagaban por las calles hambrientos pidiendo algo que llevarse a la boca mientras Siegel pasaba cerca de estos, a los cuales miraba con cierto desprecio pero sabía que en su interior no encontraba más sentimiento que pena pues ¿Cuántos pasos le separaban a el de esa clase de situación? Realmente…estaba muy cerca solo que la diferencia es que ellos no vendieron su humanidad acabando con la vida de otras personas para poder salvar la suya propia, aunque era algo en lo que no pensaba nunca por lo cual…no importaba.

Convocado fue por alguien desconocido, la gente de altas castas conocía la clase de trabajos que llevaba a cabo nuestro hombre, cualquiera mientras se pudiera pagar con monedas de oro, y para el la vida de una persona, lo valía. El aire levantaba el polvo y a su vez levantaba las ropas colgantes de Siegel quien se dirigía después de un mensaje que llegó a el de forma un tanto desconsiderada, se la encontró en uno de sus múltiples bolsillos haraposos, la noticia estaba escrita en un papel otorgándole una dirección, donde solicitaban de sus servicios y le daban una gran suma de dinero, como normalmente este hombre preparó su equipo y se dirigió a la dirección dada.

Las calles estaban abarrotadas de gente hambrienta y en la herrumbre, abandonados y olvidados por todo resquicio de vida se encontraban algunos, siendo ya invadidos por las hordas de moscas. La podredumbre se había arraigado de tal forma a las calles por las que pasó Siegel que difícilmente podría imaginarse como se salvaría esta gente de la hambruna. La dirección marcaba a una de las localizaciones más pobres de la ciudad, donde se encontraría con su contratista de forma personal que le daría un pequeño adelanto por su trabajo. Cuando llegó al edificio acordado, se dio cuenta de lo que resaltaba aquel edificio en el barrio en el que se situaba, era una gran casa fuera de ruinas llena de plantas por todas partes lo que significaba que era alguien con dinero, era difícil ver a alguien con plantas del estilo que el las tenía en esa ciudad. La puerta era grande y a los pies de esta se encontraban dos hombres con armas colgando de sus cinturones, vestidos de forma bastante similar, cualquiera diría que se trataba de una especie de uniforme los cuales abrieron las puertas para que Siegel entrara y una vez dentro, fue recibido en una gran sala llena de sofás, cobijas de gran tamaño mantas y muchas cortinas colgando del tejado, el color rojo y dorado era el dueño mientras que una alfombra de este mismo color ocultaba el suelo.

En aquella sala había muchos hombres que aparentaban ser de la aristocracia, rodeados de mujeres que los hacían la felación o directamente tenían sexo con el sobre aquellas cobijas y sofás, algunas sobre un hombre o varios hombres sobre una mujer toda clase de cosas se veían en esa sala, toda clase de depravaciones sexuales pues también había animales en el interior de este lugar…Siegel no se fijó para nada en las cosas que le rodeaban pues estaba allí por trabajo y con trabajo iba a salir, un hombre sentado en el final de la sala sobre un sofá bastante más grande, rodeado de mujeres que se reían de todos sus chistes por penosos que fueran y una mujer se desnudaba lentamente frente a el, fue el que llamó a nuestro hombre con una grata sonrisa sobre sus tapizados labios.

-¡Tú! Te estaba esperando ¡Acércate no tengas miedo! Estas mujeres no te morderán nada, a no ser que yo las diga.-Se rió de forma bulliciosa haciendo gestos de cercanía con la mano mientras decía a la chica semi-desnuda que bailaba que se retirara de donde estaba para dejar paso a Siegel, quien se acercó con semblante serio aun con su capucha puesta-Necesito que acabes con una persona por mi, asesino. Tengo muchos guardias pero ninguno de estos es capaz de darle caza, ni si quiera de averiguar quien es, siempre acaban perdidos sabe dios donde pero lo que si tengo claro es que es uno de mis “clientes” habituales en la calle, como habrás visto ya sabes de que trata mi negocio, y el hombre al que quiero que mates está acabando con todas estas chicas, a este paso encontrará a mi joya y acabará con ella, necesito que montes guardia en la casa de delante de la de esa chica, está claro que cada vez las mujeres a las que asesina son de un coste más alto, y no tardará en llegar a Sekmeth, la reconocerás su sensualidad no tiene limites, hice bastante bien en agenciármela, todos los clientes con los que se acuesta acaban muy contentos y me mejora los negocios, y ni hablar de las buenos momentos que me ha dado en la cama, tiene una buena lengua, parece que ya le a cogido practica a eso de meterse cosas en la boca.-El hombre era gordo y le costaba levantarse por esto, las mujeres de su alrededor le ayudaron a levantarse aunque de forma que parecía peloteo. Se acercó a Siegel y le continuó hablando:

-Te daré la dirección de la casa, deberás esperar en esa dirección hasta que veas algo sospechoso en la casa de Sekmeth, un cliente extraño. He intenta que Sekmeth no sepa que la estas observando, no le agradan demasiado los vouyeristas, ya me entiendes.

Siegel se dio la vuelta después de asentir con la cabeza a lo que el señor gordo le dijo:

-Cuando vuelvas, si quieres puedes tirarte a alguna de estas zorras, invita la casa.

Dijo para tirarse sobre el sofá, tocando pechos y mandando a la otra chica a bailar de nuevo mientras Siegel se alejaba paso a paso de aquella especie de mansión. No le gustó demasiado el ambiente, pero el era humano, no estaba mal que después de tanto tiempo pasara la noche con una mujer aunque se tratara de una prostituta, aunque lo especial era el dinero que le ofrecían, era un dinero muy elevado por una tarea bastante sencilla por lo que agraciadamente aceptó. Se dirigió a la dirección marcada con prisa, con su arbalesta oculta bajo sus ropajes, colgandera al igual que la ropa que lleva, según se acercaba a la dirección cada vez se encontraba con más mujeres que le preguntaban acechándole en el camino “¿Quieres pasar un buen rato?” de esta forma vio todo tipo de mujeres, de piel oscura, de piel blanca, altas, bajas, gordas, delgadas, feas, bellas, algunas incluso, con falta de extremidades sobre su cuerpo…Quien contrataría a una mujer así, no lo sabía, pero por algo estarían ahí.

Cuanto más cerca, mas mujeres y más hombres contratando sus servicios, algunos, incluso eran usuarios de sus servicios en mitad de la calle, siendo llevados a la felación en los portales de las viviendas. Estaba claro que aquel señor gordo tenía un gran imperio del comercio de mujeres y bienes carnales, por lo que eso explicó el por que tanto dinero, y si hablaba de su joya refiriéndose a esa tal Sekmeth quería decir que era su preferida, a Siegel no importaba que lo fuera y el por que lo era, el simplemente iba a realizar su trabajo para después acatar los beneficios, se adentró en la casa, la cual parecía abandonada pero no del todo, tenía las necesidades básicas para un ser humano aunque no de las formas más lujosas, la ventana de este recinto estaba muy oculta por cortinas, de tal forma que este posó su arbalesta en la ventana, ocultándola entre estas mientras observaba un resquicio la ventana de enfrente…Observando con extrema atención todo lo que ocurría en la habitación de esa tal Sekmeth durante varios días, observando como atendía a sus clientes y que clase de cosas hacía con ellos, que clientes la visitaban y haciéndose una idea de cómo eran esos hombres, y mujeres. Vio las cosas que le hacían hacer por dinero, se preguntaba como podía vivir así mientras seguía apuntando con su arbalesta, observando la habitación….Atento a ver algo inusual. ¿Aunque que era inusual para la vida de una puta? Esperaba y esperaba hasta un día en la noche, donde llegó un cliente que ofrecía sus pagos de forma directa sin que el guardia hiciera presencia, aunque se preguntó por que la puta abrió la puerta sin haber guardias…Siegel pensaba que era una estúpida o una chica muy inteligente, dado que si ese era su objetivo, estarían compinchados de alguna forma.

Vio como ese hombre se masturbaba olfateando el pelo de Sekmeth, algo asqueado mientras no lo quitaba del punto de mira…
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Mensaje por Zakty el Sáb Mayo 21, 2011 10:04 am

Creo, que lo que sentía en ese momento, realmente era lástima… o simple repulsión, no sé, no tengo… ni la menor idea de lo que sentía.

Tomé su mano dándole una leve sonrisa para tomar su miembro entre las mías y cité…

-¿Eres… algún cliente especial?-

El hombre negó con la cabeza llevando sus manos a mi cintura y apegándome a él, mientras sus “caricias”, que realmente eran molestas y algo obsesivas, bajaban sin cautela alguna a mi trasero.

-En realidad, esto es un presente para ti, el pago se lo he hecho yo directamente… a… Abdul… pero ¿Por qué preguntas? Ya estamos aquí, al fin y al cabo, soy un cliente… te pedí a ti, por que ya te había visto desde hace algún tiempo y… -

En este momento, sus manos comenzaron a desnudarme, la forma en la que hablaba era tan… tranquila, irrelevante, y lo seguía pensando… Fue aquí cuando drásticamente apareció un contraste, de aquella sigilosa y efímera voz entrecortada, surgió una extraña risa tan incoherente, sus brazos me azotaron sobre la cama abriéndome de piernas para aprisionarme con sus brazos…

-Debo decir, que a mí me gusta tener el control…-


Dicho esto comenzó a lamer mi cuello, me besó de una manera tan repugnante, si fuera otra persona simplemente no diría nada… probablemente me agradaría, pero no, introdujo su lengua hasta donde esta misma se lo permitía desgarrando mis ropajes para lamer desesperadamente cada parte de mi piel, no era la primera vez que me topaba con sujetos como este y más que éxtasis y placer erótico tenía unas irremediables ganas de que terminara ¿Acaso no podía simplemente penetrarme y ya…? No, ninguno hacía eso… Ese hombre parecía ser de aquellos que se corrían cada vez que escuchaban a una mujer gritar, pues al abrirme de piernas y después de lamer mis pechos sin control alguno, llevó sus manos a mi entrepierna para penetrarme con sus dedos, debo admitir que la manera tan salvaje en la que lo hizo me hizo dar un agudo gemido, más parecido a un grito de dolor ahogado.

Abrí los ojos respingando por la sorpresa… sus manos, sus dedos parecían moverse en mi interior como si quisiera desgarrarme la carne, parpadeé repetidas ocasiones intentando quitármelo de encima, pero era imposible… era más pesado que yo y mis armas no estaban ahí… además, Asis… ese hombre había dejado la puerta abierta para que Asis saliera, la escuché ladrar por fuera de la casa y rasgar la puerta… la escuché ladrar más fuerte por la ventana… y entonces pronuncié…

-Me… lastima…-

De aquel siniestro rostro una extraña sonrisa apareció de nuevo, y ante el semblante la expresión…

-Eso es lo que más me excita… lindura...-

Negué para mis propios adentros cuando el hombre sacó de mi vagina sus dedos, llevándolos a sus labios para lamerlos, me tomó entonces del cabello mientras me acercaba a él, sabía lo que quería… claro, esa era la señal de todos los hombres para “esa acción”, felación… hizo estampar mi rostro contra su miembro, momento en el que lo tomé para lamerlo, sin embargo… desespero, frenesí… locura y malicia, empujaba su pelvis contra mi garganta, sentía… sentía como su glande tocaba mi campanilla y contuve las ganas de vomitar cerrando la garganta, volvió a hacerlo una y otra vez, por mi mente pasaba… que eso podría ser una violación, pero ¿Quién demonios me iba a creer? Claro… a mí, a una prostituta… nadie…

No fue largo el momento que tuve que mover mi lengua para que sacara aquella cosa de mi boca… pocos minutos pasaron y ya se había corrido una vez, dos veces… y terminando la segunda parte volvió a azotarme contra la cama… era extraño, no niego que había ocasiones en el que ese “tipo de trato” me agradaba, me excitaba y con gusto lo hacía, que me trataran como lo que era, pero… ese tipo de trato sólo se lo permitía a ciertos clientes, no a cualquiera… y Abdul sabía a quienes si y a quienes no… sentía ganas de gritar… aquel hombre me estaba lastimando, en cuanto caí contra la cama, resbalé cayendo al suelo, volví a sentirme tonta, estúpida…

-¿Te gusta no…? ¿Es lo que eres…? Una zorra… puta… ramera… barata… -

-¿Quién eres…?-

Cité con una voz débil tratando de palpar alguna de mis armas, pero ninguna estaba a la mano, volvió a tomarme de los cabellos echándome en cuatro sobre la cama para penetrarme con fuerza, volví a soltar aquel gemido… intento de grito, escuchaba a Asis ladrar contra la ventana…

-¿Lo preguntas a todos tus clientes…? ¿Recuerdas sus nombres…?-

Pronunció agitado tomándome por el cuello para morderlo, cerré sus ojos cuando sentí sus manos estrujando mis pechos… era un punto, en el que no sabía que hacer, no sabía si era placer… miedo… angustia… Sentí como encajaba sus uñas en mi piel… no pude soportarlo, realmente solté una especie de grito que fue cubierto por una de sus manos haciendo mi cabeza a un lado, como el vampiro que está próximo a morder a su victima…

-Espera… por… fa…-

-Te conviene mejor que no grites… Sekmeth…-


…¿Cómo sabía él mi nombre…?
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Re: Contradicciones... [Privada <se requiere discreción...>]

Mensaje por Invitado el Miér Jun 01, 2011 12:13 am

Desaliñado y descuidado se apreciaba el lugar en el cual Jissa estaba situado, las cortinas estaban más que blancas de un tono marrón y llenas de polvo, el picor de nariz era muy notable cada vez que nos acercáramos a una de estas. Pero ni el mal olor, ni el picor de nariz desconcentraba a Siegel quien se encontraba apuntando con su ballesta al nuevo cliente que acababa de entrar, Siegel no conocía cuales eran las formas de esa chica ni el procedimiento que llevaba para que sus clientes acabaran en la cama con una de estas, pero sí podía apreciar que el nerviosismo en la cara de la chica no era común en comparación con otros clientes por lo que prestó mucha más atención que el resto, cargando ahora su ballesta. El no veía las acciones de la chica por gusto, aunque no podía negar que al principio, algunas de las cosas que hacía con sus clientes le provocaba la erección, ahora más bien lo que sentía era lástima ¿Cómo puede una mujer ganarse la vida así? ¿Cómo puede dejar que la hagan eso de esa forma? Siegel no encontraba otra explicación que por placer, no veía rostro de asco alguno cuando lo hacía con ese hombre y eso fue algo que lo extrañó, pero fuese como fuese apuntaba a ese hombre con toda su concentración, vio como lamía su miembro y como después la puso en cuatro sobre la cama, accidentalmente Siegel entró en erección pero eso no rompería su concentración en realizar su trabajo.

Escuchaba los gemidos y los golpes de un cuerpo contra otro, mientras el tenía posada su arbalesta sobre la ventana, ocultándose con esas polvorientas cortinas veía y a la vez quería dejar de ver aunque no sabía explicar por qué ¿Quizás era envidia? Siegel no podía negar que llevaba muchísimo tiempo sin acostarse con ninguna mujer, y ver a ese hombre el cual parecía bastante repulsivo con esa chica le hizo envidiar, aunque más que nada le hizo envidiar el hecho de que la chica parecía disfrutar. Siegel, aunque fuese un asesino seguía siendo humano, por lo cual seguía teniendo esos impulsos de acostarse con mujeres, y estaba ansioso por hacerlo, aunque el a había aprendido a dejar que no le afectaran esos impulsos.

Gemido tras gemido, golpe por golpe, la cama comenzaba a chocarse contra la pared y a Siegel cada vez le entraba más la envidia hasta que comenzó a sentir calor, pensó que era por su erección pero no era así. El no apartaba para nada la mirada del hombre que penetraba a la chica de forma bulliciosa, incluso babeante, sus babas se caían por todo el cuerpo de la chica, parecía un perro rabioso. Se lo hacía de una forma que imaginaría que era muy dolorosa, vio como mandaba el lubricante de la chica hacia su orificio anal para comenzar a meter un dedo…poco a poco otro dedo… hasta que acabó metiendo el puño entero dentro del ano de la chica, a lo que escuchó gritarla al oído, susurrándola pero en alto:

-¿¡Te gusta zorra!? ¿¡Te gusta?!

El hombre lo hizo con ella de mil y una formas, corriéndose fuera de ella, llenándola el cuerpo cada vez más de ese líquido blanco. Su cuerpo cada vez estaba más manchado, y su pelo, lo hizo en el suelo con ella, en cuatro, azotándola, sobre ella, levantándola las piernas, haciendo que se tumbara boca arriba para hacer lo mismo que hacía en su sexo, pero en la boca. Lo hizo de muchísimas maneras que a lo mejor perturbarían la mente de alguien inocente, pero cuando la chica acabó toda manchada de semen y el hombre ya quería parar, la dijo que le lamiera el miembro por ultima vez, Siegel aun permanecía atento…Comenzaba a odiar a ese hombre por la envidia de lo que acababa de hacer y escuchó:

-Mira…Aquí te voy a dejar mi propina.

La chica aun seguía lamiendo cuando alzó la vista y el hombre sacó un cuchillo de sus ropajes cercanos, lo levantó y se dispuso a clavárselo, pero antes de que la chica pudiera gritar…un grito se escuchó antes que el suyo cuando apareció el hombre al cual aun seguía lamiendo dado que no la dio tiempo a reaccionar, con un ojo perforado por un virote…Este hombre cayó directamente de espaldas comenzando a llenar el suelo de sangre...el grito del hombre se apagó rápido cuando cayó muerto.

Siegel no esperó a ver la reacción de la chica así que sin escrúpulo alguno cargó en su ballesta otro virote, este era el virote que iba unido a una cuerda y lo disparó de nuevo hacia la habitación, el virote se clavó en la cama en la que retozaron, guardó su arbalesta colgando de su espalda y se dispuso a saltar de una ventana a otra ayudándose de la cuerda, evidentemente no llegó de un salto pero continuó subiendo por la cuerda hasta poder llegar y entrar. Entró y miró hacia la chica sin esbozar gesto alguno sobre su rostro, su mirada se arrastró hasta el cadáver donde allí pudo ver a alguien que le llevaba acompañando durante toda su vida, allí estaba la criatura de quien no conoce nombre, estaba alimentándose del cadáver cual buitre con su pico alargado mientras miraba a Siegel con esos ojos vacíos, la criatura se notaba escuálida, sufría de escalofríos y temblores, parecía que en cualquier momento se iba a desmontar, pero podría decirse que esa criatura era bastante repulsiva y era la pesadilla de su infancia que le acompañaba durante toda su vida el le hablaba casi sin poder:

-¡Ergh!...Mata a la chica…grrr…¿Quién podría enterarse?....Errg…Puedes contar que no llegaste a tiempo se la ve tan bella…me gustaría ver como es por dentro….¡Ergh!

Siegel como siempre ignoraba a la criaturita, pero aun así le intimidaba y no podía dejar de mirarla, vio como la criatura se levantaba con sus manitas para ponerse medio de pie y se acercó a Sekmeth y con su enfermiza mano la tocó la mejilla. El lo miraba aunque esa criatura, era algo que el solo veía...la criatura lo tentó pero no para matarla precisamente, aun estaba erecto, se notaba en su ropa, aunque no tanto por que era ropa ancha y su rostro no mostraba ansiedad, simplemente, era serio, no mostraba nada. Sacó uno de sus cuchillos y se acercó al cadáver del cual debía presentar una prueba, tomó una de las manos del cuerpo y le cortó un dedo y lo guardó en un saquito para guardarlo entre sus ropajes, el suelo alrededor del cadáver se había llenado de sangre, y por la calidad de este seguramente estuviera goteando debajo de ellos.

Debía marcharse para cobrar lo que faltaba del trato, por lo que se acercó a la cama para recoger su virote…Sabía que no era bueno hablar con la chica…Aunque cada vez tenía más ansias de acostarse con ella, ya estaba desnuda ¿Qué le costaba hacerlo?...Comenzaba a dudar.
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Mensaje por Zakty el Dom Jun 05, 2011 8:57 am

Si… era verdad, tenía clientes a los que el sadomasoquismo les atraía, nos hacían comportarnos como esclavas sexuales, dispuestas a rendirnos ante sus jadeos como… como lo que éramos, prostitutas… yo odiaba esta reputación, la odiaba, quería salir de este agujero, pero por Abú no podía hacerlo, debía tragarme mi orgullo y continuar lamiéndole el falo a otros… y permitir que se acostaran conmigo quienes quisieran… Sin embargo ninguna otra noche había odiado tanto como esta, no… no era la noche, era ese asqueroso idiota… no era cliente de Abdul… ¡No lo era…! ¡Estaba abusando de mí…! Y yo… yo no podía hacer nada, no por el momento, estaba desarmada, me tenía literalmente empalada, inmovilizada… quería llorar, estaba llorando pero debía comprimir las lágrimas…

Su manera de follarme era tan violenta, comenzaban a dolerme las piernas, los muslos, sentía como si me estuviera desgarrando por dentro, aquella sensación que sólo llegaba a tener tras una verdadera orgía… tiraba de mis cabellos con brutalidad, me tiraba al suelo, a la cama… a la pared… una y otra vez había terminado empapada por su maldito semen… pero a él, no parecía importarle, no, no le importaba… Parte de mi peor sufrimiento lo sentí cuando el imbécil introducía sus dedos en mi cavidad anal… uno… dos… tres… simplemente no tenía piedad ante mi cuerpo… esbocé un grito. No… no lo esbocé ¡grité…! ¡Grité lo más alto que pude…! Pero eso no importaría, los oídos de aquel barrio ya estaban acostumbrados a escuchar gemidos, gritos… golpes, risas… ¿Qué más podía decir? Él parecía disfrutarlo, estaba rabioso… sediento de… de sexo, de dolor… de mi sufrimiento, susurraba a mi oído una y otra vez si eso me gustaba, clavaba sus uñas en mi piel… tenía marcas de sus dedos en mis pechos, el mecer de mi cuerpo encima o debajo de él era brutal, violento… Así era Sehra Seheri… una ciudad llena de ladrones, de gente sin escrúpulos… Hasta que Abú pudiera valerse de si misma… hasta que creciera un poco más, yo tenía que soportarlo… hasta poder escapar… por que de ninguna manera permitiría que ella pasara por lo mismo que yo estaba pasando…

Una y otra vez me azotó en el suelo… boca bajo, boca arriba, me trataba como si sólo fuera una maldita muñeca de trapo con agujeros, en realidad eso éramos nosotras para muchos hombres… Hubo, finalmente un momento en el que creí que todo terminaría… estaba tirada bajo sus piernas boca abajo… mi cuerpo, mis piernas, mi pecho… mi cabello, toda yo estaba batida en su asqueroso y repugnante semen… sentí de nuevo aquel tirón tan doloroso de cabellos y me introdujo su miembro hasta el fondo de la garganta, sentí ganas de vomitar, estaba… estaba follándome los labios, la lengua… mi garganta… y para no sentir tanto dolor debía hacerlo yo misma, eran unas ganas irremediables de morderlo las que sentía… y poco faltó para hacerlo hasta que escuché su voz… ¿Qué me dejaría propina…? Elevé los ojos en ese momento y vi el brillo de algo por encima de mí… pero, todo, todo había sido tan rápido… no supe, no supe que sucedió, iba a gritar… no, no iba a gritar iba a morderlo ¡Y lo hice… y gritó!... pero yo, me quedé inmóvil en ese momento, por que ese grito, no había sido por mi mordida…

Aún tenía su miembro dentro de mis labios cuando sentí esa extraña sensación, caí de espaldas al suelo sosteniéndome con las manos, mirando absorta la escena que frente a mis ojos se estaba presentando… Había un virote incrustado en su rostro… en uno de sus ojos, la sangre manchaba el piso, me acerqué a gatas completamente confusa… ida ¿Qué… qué había sucedido…? Reaccioné cuando el calor de la sangre llegó a la punta de mis dedos, miré mis manos con la mirada algo desorbitada y solté un leve alarido limpiando mis dedos en el suelo, en mis piernas, en las sábanas… traté de levantarme, pero mis piernas no respondían en ese momento por la situación… o por la violentación, ya no sabía porque… Fue en ese momento que una especie de silbido me hizo girar el rostro, miré por un momento a la cama, estaba ya dispuesta salir del lugar y buscar a Sají, mi mejor amiga desde que había llegado a este pútrido lugar… pero lo que vi entrar por la ventana me hizo retroceder… era otro hombre… llevaba, llevaba en sus manos el arma que probablemente… había dado muerte al occiso… una ballesta.

Volví a caer al suelo mirándole, buscando mis armas, todo el tiempo habían estado bajo mi cama, pero aquel hombre, el que ahora estaba muerto no me había si quiera dejado descansar un solo segundo, tomé entonces ambas en mis manos, mientras observé como se acercaba al cadáver para… cortar uno de sus dedos. Fruncí el ceño agitada, tenía miedo… y las palabras fluyeron… simplemente… salieron…

-¡¿Qui-quién eres…?! ¡¿Cuál… cuál era tu objetivo…?!.- Lo miré directamente a los ojos…- ¿Fuiste… tú… verdad…?-

Cité finalmente en un tono más despacio y lento… Estaba desnuda, con las piernas adoloridas, me dolían los músculos del esfínter y estaba segura de que estaba sangrando… pero la adrenalina que sentía en ese momento era lo que me mantenían en pie… Mantenía mis armas en posición de ataque, jadeaba… en ese momento había olvidado en que posición me encontraba… estaba… manchada de aquel líquido blanco… y frente a mí estaba un completo desconocido, quien probablemente había intentado asesinarme… o… ¿Me había salvado la vida…? No sabía que pensar… sin bajar las armas, sin dejar de mirarlo… entonces pregunté…

-Tú… ¿Me… salvaste…?-

Fue aquí donde se escucharon pasos provenientes de afuera… alguien llamó a la puerta golpeándola, escuchaba el ladrido de Asis, pero esas puertas no podían abrirse por fuera, sólo por dentro…

-¡¿Sekmeth… Sekmeth estás bien…?!-
Era Sají, Sají era la única que reconocía un grito de otro… quizás por eso éramos amigas…- Sekmeth escuché gritos… ¡contesta por favor…!-

Miré la puerta… miré al hombre parado frente a mí… y miré el cadáver… hice algo que simplemente no tengo ni la más mínima idea de porque… por que seme había ocurrido, tiré todas las sábanas, almohadas y edredones al suelo cubriendo el cadáver, aún sentía el dolor en mis muslos, había sido en segundos… segundos… o menos de un segundo, no sé… empujé al hombre con la ballesta a la cama destendida, aún tenía las saís en las manos… y fue aquí cuando Sají entró a la habitación, uno de los guardias había entrado con ella, el mismo guardia que debía haber estado cuidando la puerta… Sají esbozó una notoria faceta de asombro disculpándose ante la situación… mientras que el guardia me miraba con un rostro de extrañeza… anonadado… confuso… continuamente miraba al suelo… y nos miraba a los dos, al desconocido… y a mí… Por ahora, sólo esperaba que el hombre con el que ahora me encontraba, el que estaba vivo… no tuviera deseos de tratarme como una perra… para luego asesinarme, quería creer, que había sido “El caballero de mis sueños”, sueños que se habían esfumado con el tiempo… en mi infancia…
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Zakty

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