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La sombra de la traición

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La sombra de la traición

Mensaje por Astilla el Jue Jun 13, 2013 6:48 pm

En la oscuridad de la noche, te recomendaría no mirar por la ventana. Cuando miras a través de ventanas oscuras, ves todo cuanto siempre has temido. Lo imposible es posible y existe dentro del tenebroso vacío. No se ve nada, pero todo puede ser imaginado. Ridículas y surreales caras que miran como si conocieran tus secretos más oscuros, de hecho, existen ahí. 
Pero no te preocupes. Estás a salvo. Solo es una ventana, simplemente puedes verlas,pero ellas no pueden atraparte en tu dimensión. 

Pero hay una cosa...

Eres vulnerable, en la intemperie. Qué quiero decir, te preguntarás. 

Tu reflejo. Él te permite coexistir con ellos. 

No parpadees.

* * *

Vuestros ojos solo perciben oscuridad. Del cuerpo solo os llega la sensación de frío que os produce el estar en contacto con la roca, tallada -deducís- por su tacto. Vuestros rostros están cubiertos por un áspero saco, uno del que podéis despojaros con vuestras manos, libres de cualquier cadena. ¿Qué ha ocurrido? La confusión nubla vuestro juicio. Solo poseéis un tenue recuerdo que no hace sino sembrar más dudas. 

Los tres estabais en la Ciudad Negra. El sol de la tarde ya empezaba a ocultarse en el horizonte, al otro lado del inmenso océano de olas rugientes. Unos podríais haber disfrutado de cierta cordialidad por parte de los habitantes de la urbe, no así con quien alguna vez se hizo llamar "Devoracorazones", sufriendo en su caso el rechazo y desconfianza de la sociedad humana. Nadie emprendió ningún acto contra el engendro, tampoco contra los dos humanos que compartían su destino. Lo último que recoge vuestra memoria es, en la oscuridad de la noche, el vítreo reflejo de vuestra propia figura en una ventana, un charco, el yelmo de un soldado... 

Una voz inunda la escena. Por el eco que produce en la sala, se hace obvio que os encontráis en una estancia de grandes dimensiones. De despojaros del saco que cubre vuestras cabezas, podréis comprobar que así es: una gran sala de piedra oscura, sin decoraciones, apenas iluminada por las antorchas que cargan consigo los soldados que os rodean.

-En pie. 

Dos simples palabras que retumbaron de forma imponente. No era una petición, sino una orden. Una que provenía de un hombre vestido con una impecable túnica negra y grisácea con el emblema de los dos dragones negros de la ciudad; sin ser necesario ser un resabido en el tema para saber que era de una exquisita calidad.

Su rostro no era visible. Por mucho que estuviese rodeado de antorchas, la luz parecía ser incapaz de apartar las sombras que lo encubrían. Ni siquiera los ojos más entrenados en la noche podrían apreciar lo que se encontraba tras aquél manto de sombras. Por su tono de voz, podría juzgarse que su edad ondearía entre los 30 y 40 años.

-Siento haber tenido que recurrir a métodos tan poco ortodoxos para traeros hasta aquí, pero el asunto que me ocupa ciertamente lo merece. 
 
El hombre sin rostro guardó silencio, expectante. ¿Qué estaba escuchando? 

-Sí, sí, callaos todos, no me andaré por las ramas.-aventó la mano en el aire, como si espantase algo invisible, devolviendo la atención a sus "invitados".- El Rey necesita del servicio de tres rostros desconocidos en la ciudad, y pueden ser los vuestros o los de otros. Pobres... se los arrancarán y los colgarán en los tapices... ah, es verdad, no lo harían... ¿tal vez? 

Obviamente, aquello fue una amenaza que todos pudisteis identificar. Aquél hombre, aquél chiflado cuya mente parecía saltar de un lugar a otro como un canguro desbocado, empezó a reír, recuperando la seriedad tan rápido como la había perdido. 
 
-Si colaboráis, no solo os permitirá abandonar Malik Thalish con la cabeza sobre vuestros hombros.-miró especialmente al engendro al escupir aquellas palabras.- Sino que se encargará de proporcionaros una recompensa acorde a vuestro esfuerzo. ¿No es generoso, nuestro querido monarca? Sshh, nadie sabe quién es. ¿Lo vi alguna vez? No, qué va... 

Totalmente consternado, el hombre de la túnica os dio la espalda, aunque los soldados allí apostados seguían apuntándoles con sus espadas y ballestas -los que no cargaban antorchas-. Al cabo de unos cortos segundos, volvió a dirigiros su atención. 

-¡Un asesino sega las vidas de nuestros ciudadanos! ¡Gente inocente que muere bajo una rosa de fino talle y albo semblante! ¡Dos hombres se ha llevado! ¡Dos muertes que debéis investigar para adelantaros al vil asesino antes de que siga con su carnicería! ¡Teníamos que que hacerlo así, no había más remedio! Vosotros lo comprendéis, ¿verdad? A situaciones desesperadas, medidas desesperadas. Nuestros pobres ciudadanos, a los que juramos proteger... ¿Lo he dicho muy rápido? Quizás algo más de dramatismo... sí, pero tengo la cabeza en otras cosas. Tengo prisa, soy importante.-carraspeó, impaciente.-¿Aceptáis?


Última edición por Astilla el Vie Jun 14, 2013 1:37 am, editado 1 vez
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Re: La sombra de la traición

Mensaje por Denahi el Vie Jun 14, 2013 12:25 am

Malik, la ciudad negra; nido de rateros, ladrones, prostitutas, piratas y asesinos por excelencia. Sólo hacía falta salir a pasear por las calles de aquella urbe para ver la podredumbre y la corrupción que inundaban sus calles como un río de pestilente mierda de Yak fresca. Había un mendigo en cada esquina, algunos eran auténticos pedigüeños, pero en otros casos aquella apariencia andrajosa y pordiosera sólo servía para ocultar las dagas de un experto asesino. Uno como yo.

Llevaba en la ciudad tres días. Habían sido largos y agónicos. Había tenido que renunciar a comer, para parecer más delgado; a lavarme, para apestar a rata descompuesta. No podía ponerme mis ropas de “gala”, que seguramente en aquel lugar hubiesen causado más de un suspiro al llevar incrustadas en algunas partes el símbolo del credo de asesinos de Zhakesh. No. Debía permanecer a la sombra para poder acabar con dos objetivos. Un par de fulanas que, por lo visto, no sabían mantener la boca cerrada y tragarse el orgullo. Habían revelado secretos y ahora yo me encargaría de que eso no volviese a ocurrir.

Pero bueno, no os aburriré con los detalles de aquellas dos muertes tan sencillas; a una la decapité con un tomahawk y a otra la ahorqué con la tela de sus propias ropas íntimas y la dejé colgando de un farol cerca del muelle, como aviso para sus compañeras.

Lo importante, lo realmente surrealista, fue el encuentro tan directo que tuve con los soldados de la ciudad. Estaba yo arreglándome y terminando de colocarme el traje de asesino, sería más o menos media noche, se suponía que debía dormir pero había recibido un nuevo encargo y ésta vez prometían un pago más jugoso que el simple tintineo de unas cuantas monedas de oro en una bolsa; ofrecían información de mi padre y las intrigas que había entorno a su muerte.
Como no podía dejar pasar aquella ocasión e iba con prisas, seguramente dejé la puerta abierta, cosa que permitió a tres soldados fuertemente armados colarse en la habitación de mi posada y enfrentarse directamente a mí. Intenté rechazarlos, pero eran más y mejor armados que yo, así que sólo logré dejarle un ojo morado a uno antes de caer. Recuerdo que durante la caída vi mi reflejo en el cristal, un charco a mi alrededor –tal vez sangre propia- y después sólo oscuridad… densa oscuridad.


[…]

Ni idea de cuánto tardé en despertar. Pero os aseguro que lo hice confundido, asustado también, por el tacto de la piedra tallada bajo mis manos libres de toda atadura. Lo que sí tenía era un áspero saco de esparto en la cabeza que me impedía ver. Sin embargo, a juzgar por el sonido de varias respiraciones fuertes, pude intuir que no me encontraba solo en el lugar, con lo cual preferí levantarme despacio, demostrando que no era ningún tipo de amenaza. Una vez en pie procedí a retirarme el saco de la cabeza muy lentamente, dejando que todos los allí presentes –soldados armados en su mayoría- viesen mi piel morena, propia de otras tierras, y juzgasen lo poco que podía hacer frente a las espadas con las que cercaban mi cuello y las ballestas que amenazaban mi corazón.

Probé a palparme cuanto bolsillo secreto conocía del traje de asesino, pero no encontré nada; ni una miserable daga entre los pliegues de la ropa. Decepcionado, mantuve una postura firme y disciplinada, propia de un militar, también de un asesino de los Credos; en general de alguien que ha recibido un entrenamiento duro. En aquellos momentos consideraba que si algo podía salvarme la vida sería tener un buen porte frente a quien fuese que nos había llevado allí.

Pasados unos minutos, no sabría deciros cuántos exactamente, se presentó ante mí –y ante los dos que había allí conmigo- un hombre cuya voz áspera sonaba ya anciana. Vestía una túnica negra impoluta, pero no podía ver su rostro por más que la luz de las antorchas intentaba rasgar el velo de oscuridad que cubría su rostro. Pero al parecer las sombras no habían devorado sólo su rostro, también habían hecho estragos en su mente que, pese a parecer graves, no impedían al muy cabrón lanzar amenazas bastante directas para quien tuviese dos dedos de frente.

Estuvo un rato hablando. En todo momento permanecí callado, aun así él ordenó que nos callásemos un par de veces, o tal vez se lo dijese a él mismo, quién sabe. La cosa es que, al terminar, nos hizo un ofrecimiento bastante curioso. Por lo visto había que ponerse al servicio de un rey, el de Malik ni más ni menos, para cumplir ciertos encargos. ¿Más trabajo?  ¿Para eso habían montado tanto numerito? En fin, cada cual tiene sus métodos para conseguir algo que está al alcance de la mano.

-Yo acepto. – Dije con voz segura y un tono que demostraba la firmeza con la que hablaba para mi edad: - Pero a cambio de mis servicios quiero información sobre alguien. Quiero conocer cosas sobre el asesino que vistió este traje antes que yo. Supongo, pues no es desconocida mi ropa en estos lares, que sabréis bien a quién me refiero, ¿cierto? Bien, pues es cuanto voy a pedir por poner mis habilidades al servicio del Rey. –

A continuación callé. Dejé que el silencio inundase de nuevo toda la sala y que mi interlocutor sopesase mis palabras. Sabía que había hablado bien, con respeto y educación suficientes para demostrarle que no me creía por encima de él, pero tampoco me sabía muy debajo. El tono, que era muy importante en momentos así, había sido firme, como la vez anterior. No había habido vacilación alguna en mis palabras y mi semblante permanecía serio casi por completo, aunque con una pequeña mueca de sonrisa formada en mis labios.


Última edición por Denahi el Miér Jun 19, 2013 12:55 am, editado 1 vez


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Re: La sombra de la traición

Mensaje por Onorkwood el Mar Jun 18, 2013 6:44 am

Era nuestra primera vez en una metrópolis y estábamos muy felices. Habla por ti, ese lugar era un asco por donde lo vieran. No te quejes tu aconsejaste que nos uniéramos a ese circo ambulante, que la pasaríamos bien. Y así es, tenemos refugio, comida y agua a cambio de casi nada. Me aburro sabes. Deja de quejarte y disfruta el paseo. Es una ciudad colorida. Si y muy creativa por los insultos que nos lanzan en cada esquina. Mejor regresemos al circo.


Onorkwood caminaba por la ciudad mirando con ojos maravillados lo que era una gran metrópolis. El ignoraba el odio y el olor a muerte que flotaban en el aire pero el estaba más ocupado pensando en que cosas nuevas vería. Regresando al circo unos sujetos intentaron robarle a Onorkwood. Para él fue comiquísimo romperle la mandíbula a ambos y reírse de lo divertida que era la ciudad.

(Cabeza de Onorkwood)
Spoiler:



Cuando regreso al circo, Onorkwood se dio con la sorpresa de que era cumpleaños de un enano llamado El "gran" Jim. Onorkwood odiaba a los enanos,o al menos una parte de el. Pero cuando le obsequiaron un gran trozo de queso de cabra, Onokwood perdió la cabeza

- ¿Por qué el enanito tiene queso y nosotros no? - preguntó el engendro muy cabreado
- Es su cumpleaños, y no le digas enano, eso es muy ofensivo - respondió el maestro de ceremonias del circo
- ES UN J O D I D O   E N A N O - Gritó Onorkwood


De repente el enano en un arranque de cólera se para sobre la mesa y corre directo a Onorkwood para atacarlo con el pico de una botella que acababa de romper. Ante estas circunstancias tan extrañas, nuestro distinguido héroe procedió a neutralizar, matar y engullir los globos oculares de dicho enano en un ligero ataque de ira. 


Creo que la cagamos. Si, ahora toda esta gente nos odiara y nos perseguirá con antorchas por toda la ciudad, la gente nos va a mirar mal. Y todo el trabajo que habíamos hecho para ganarnos el nombre de Lord Onorkwood Sir Canciller. Es una pena, pero deberíamos empezar a correr.


Onorkwood empezó a correr lo más rápido que pudo, la noche estaba aflorando y una lluvia molesta parecía que la acompañaría. Él no tubo problemas de eludir a sus perseguidores. ¿Qué tan difícil podía ser escapar de un montón de deformes? Era hora de tomar un descanso y pensar, con el lado útil de la cabeza, qué hacer ahora. Mientras se refugiaba en un callejón  un charco llamo su atención, un charco de agua formada por la reciente lluvia. Él miro dentro del charco y vio la oscuridad de su mente. La puerta de su psiquis gritó y todos los Onorkwood que vivían con él callaron. Ahora todo estaba oscuro.


(...)


Cuando los guardias quitaron el saco de su cabeza Onorkwood seguia dormido, las sombras de sus personalidades lo habían dejado en una dimension psíquica dentro de su mente, un como espiritual o algo así. Pero la voz de alguien tan inestable como él lo hicieron regresar. Con las primeras palabras del hombre el aun estaba algo mareado y su vista estaba nublada. Escuchaba sonidos que tal vez no existían, y ese lado de su mente que nadie conoce dijo Acepto . . .
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Re: La sombra de la traición

Mensaje por B el Jue Jun 20, 2013 8:58 pm

A la luz del día, escondidos bajo el manto de un árbol, el asesino enmascarado y su enorme araña hacen de las suyas, a un par de kilómetros de Malik-Thalish.
El sol hace brillar las manchas de sangre del sueño. Manchas que se hacen más abundantes y frescas en torno a Sihksa, la araña repleta de pinchos.
B mastica la manzana carmesí de su desayuno mientras observa a Sihksa comerse un cadáver, tendido en el suelo. El fiambre es casi un esqueleto, Shiksa casi ha terminado.
El enmascarado permanece tranquilo, pasivo, inmune a pesar de estar comiendo frente a un muerto.
 
Cuando la araña termina de repelar los últimos pequeños trozos de carne que se habían adherido a los huesos, se dirige al enmascarado.
Tengo…¡más hambre! –lo dice con alegría, como si eso fuera algo bueno.
¿Más hambre? Sihksa, te acabas de comer un hombre de por lo menos 75 kilos.
El desayuno es la comida más importante del día –informa la araña, poniendo cara de pena.
Por eso mismo me apetece salir de aquí y comer algo más que una simple manzana –replica el enmascarado.
Tenías que haberte guardado comida de ayer, como he hecho yo –mira hacia el cadáver –¿Ishina no te enseñó a ser previsor?.
No es necesario guardar comida si al día siguiente puedes comprarla. A ti te encanta la gente y eso es más difícil de comprar en la taberna de la esquina, por eso te la guardas.
La araña no tiene mucho que responder a eso.
¿Por qué no comes otra cosa?.
Es que no me apetece otra comida. Hagamos una cosa. Ve tú a por comida en la ciudad y yo cazaré algo por aquí, aunque sea un animal. Además así evito las miradas acusadora de la gente de la ciudad.
Pensé que tenías prohibido dejarme solo.
¿Vas a chivarle a Ishina que te he dejado solo unos minutos o vas a dejar de comportarte como una niña?
El enmascarado se ríe. Se acerca a la araña, le acaricia la cara y se marcha –Nos vemos en la puerta de la ciudad
 
 
De nuevo en la Ciudad Negra: Malik-Thalish. No la pisaba desde hace unos meses, cuando se presentó en ella por su investigación sobre el asesinato de su amigo Elexis. Sus pasos le llevaron al descubrimiento de la AIMT (Asociación de Intelectuales Mágicos de Thonomer), con quién está aliado desde entonces, a conocer a su arácnido guardián, y finalmente terminaron con una sangrienta batalla que tuvo como consecuencia la extinción de los Ojos de la Luna, un poderoso clan de mercenarios de la ciudad.
Fue una acción sigilosa, todo lo que puede ser el asesinato en masa de mercenarios. Aun así, probablemente habrían corrido rumores de que una araña gigante y un enmascarado con una katana la habían liado en la ciudad. Por eso mismo, decidió marcharse de allí lo más pronto posible y volver cuando los rumores hubieran desaparecido.
Ese tiempo de ausencia había pasado y B estaba de nuevo en la ciudad. Llegó ayer y lo primero que hizo fue visitar a sus colegas de la AIMT. Mantenían contacto mediante cartas, pero quería asegurarse personalmente de que todo iba bien. Después, cuando cayó la noche, se dedicó a hacer sus habituales paseos nocturnos en los que repartía justicia. Dos fueron los criminales que fueron torturados y asesinados por su castigo.
Sihksa se comió a uno para cenar y al otro para desayunar. Desde que estaba con ella, el problema de esconder los cadáveres era mucho menor.
 
Como era costumbre, la ciudad estaba repleta del gentío. Diversas personalidades recorrían las calles, aunque por todos era bien conocido que los extranjeros no están bien vistos en la Ciudad Negra.B estaba más que acostumbrado a esas miradas de sorpresa e incredulidad que solían apuntar a su máscara. Ya ni se cercioraba de ellas. Simplemente las ignoraba.
Se dirigía a una taberna cercana donde hacen un cocido exquisito. Había acudido ahí con frecuencia en sus anteriores visitas y su estómago siempre quedaba complacido, a la par que lleno.
 
Una pálida máscara. Su reflejo, en…¿ un cristal?
 
[…]
 
 
Aquello era lo último que recordaba. La única imagen que había visto antes de que todo se volviera negro. No recordaba nada hasta ahora. Había recuperado la conciencia, pero todo seguía siendo negro.
Lo primero que hizo fue llevar su diestra al lugar donde tenía envainada a Filo de Sangre. No había rastro de su katana, ni siquiera de la vaina. Tampoco de su katana ordinaria, de sus cinco cuchillos ni de su juego de astillas. Estaba totalmente indefenso.
Hace años, bajo las mismas condiciones, todo habría sido diferente. Hubo una época en la que B necesitaba un simple movimiento de mano para iluminar la más aplastante oscuridad, para crear fuego y achicharrar vivo a quién creyera que lo merecería. Pero ya no era esa época. Ahora se cubría la cara con una máscara, se hacía llamar B y sus habilidades mágicas habían quedado reducidas al cero.
Lo único que le quedaba era analizar su entorno. Deslizó su dedo índice por lo que parecía ser una roca hasta que una voz se pronunció. B se quitó el saco y observó cómo la tenue luz iluminaba a unos cuantas soldados. Analizó a todos, podían ser futuros rivales. Pero el hombre que merecía más protagonismo era el que tenía tantas ganas de habar. El justiciero enmascarado se puso en pie y comenzó a escuchar sus palabras.
 
Al principio le molestó el régimen de coacción que le habían servido. Si querían que matase a un asesino solamente tenía que pedirlo, sin siquiera necesidad de otorgar una recompensa. Puede que incluso B le hubiera dado las gracias. ¿Y qué era eso de que era un desconocido en la ciudad? Si hubiera sido de los que estallan en carcajadas a la mínima, se habría echado a reír en cuanto escuchó esas palabras. Hek Rakai, también conocido como Vulcano, el piromante que había provocado tantas pesadilladas en esas ciudad, que había matado tanto y que había transformado tanta carne en ceniza. El mismo que volvió después, de forma anónima, y siguió haciendo de las suyas.
Ese era él. Su verdadero nombre era muy conocido por esos lares, pero el de B el enmascarado era un nombre como cualquier otro.
 
Acepto –dijo cuando terminó el discurso y las respuestas de unos extraños a los que casi ni había prestado atención –Tan sólo tengo una condición: quiero torturar personalmente a ese criminal antes de que muera –Sin duda alguna el enmascarado presumía que si se agarraba a un asesino era para matarlo, no para encerrarlo.
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Re: La sombra de la traición

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