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Munchkin.

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Munchkin.

Mensaje por Frey el Mar Jul 09, 2013 5:59 pm

Un día normal en una región apartada de Thonomer, la cámara nos muestra un entorno casi idílico, el sol brilla fuerte, un mar verde se extiende hasta el horizonte roto solo por las abruptas peñas montañosas que  se alzaban como gigantes grisáceos entre los árboles y arbustos, un cielo limpio y fresco con una brillante joya anaranjada y un suave olor a primavera que inundaba el ambiente. Un poco al oeste, el humo delataba un pequeño asentamiento, alejado de las fronteras y zonas conflictivas, pocas veces se había roto la paz de la zona, sin embargo,  en una parte de aquellas peñas,  se podía apreciar un agujero.

Aquella cuevecita minúscula y patética, llena de oscuridad, parecía no encerrar nada especial, apenas del tamaño necesario para que pasase un caballo pequeño, no parecía tener la más mínima importancia o relevancia para nadie, sin embargo había algo extraño en aquel lugar. Se pudo apreciar cuando la cámara se acerco, y una ensangrentada mano se aferraba al fango de la entrada, en la mano se pudo apreciar un anillo dorado con una brillante gema anaranjada, que se convirtió en humo cuando salió de la cueva, a medida que la figura se alzaba, se podía ver aquel aspirante a cadáver, un rostro humano con unas puntiagudas orejas y una poblaba barba, que se esfumaron  al contacto con la luz solar; a medida que se arrastraba, la mayor parte de su equipo en humo se tornaba, pero algunas partes aun permanecían ilesas, al final, las fuerzas se le acabaron y la vida le abandono, y cayó al suelo inerte aun con medio cuerpo metido dentro de la tierra.
Aquel lugar había aparecido hace escasas lunas, desconcertando a los habituales de la zona, muchos otros habían entrado, curiosos, aventureros, o equipos de rescate para los anteriores, sin embargo, como bien sabían en el pueblo cercano, nadie había salido, y como era natural en tan pequeña y calmada comunidad, los rumores volaban.

Al día siguiente, se procedía al entierro de aquel joven, varias personas del poblado se habían reunido para enterrar aquel cadáver, que había sido en sus buenos días un buen conocido de la comunidad, si bien el cuerpo estaba siendo enterrado bajo tierra, no era así como el destino determinaba que habían de acabar las pocas maravillas que habían logrado salir de la cueva junto al muerto. Una extraña vara de madera irregular y caliente al tacto, una botella de cristal con un extraño liquido blanco y para acabar una extraña carta con el dibujo de un enorme oso polar de dos cabezas, aquellas rarezas habían sido trasladadas a una habitación aparte por el erudito del pueblo, para tratar de averiguar algo sobre ellas y averiguar, así, que misterios se cernían sobre aquel lugar, algunos temían que fuera una entrada a los infiernos, otros, que una bestia se hubiera asentado allí y con ella, su tesoro, pero nada se sabía, y la incredulidad y los rumores, dieron paso a la codicia y a la muerte.

A pesar de los malos rumores que corrían de boca en boca, no se podía evitar que más de un curioso se aventurase hacia aquel lugar, o tratase de embaucar a otros para hundirse en sus tinieblas; si bien el reciente cadáver era el único que retornó.
La cosa ya se fue de las manos cuando de la casa del susodicho erudito, se pudo escuchar un rugido feroz, un llanto agónico, un cacareo y para acabar, una explosión que lo dejo reducido a cenizas, haciendo desaparecer de la faz del planeta su casa y todo cuanto allí se encontraba, rompiendo la tranquilidad del bosque y avivando, si cabía mas, el retrato de aquel lugar en las mentes de la gente.
¿Qué ocultaría aquella cueva?

Spoiler:
-Bueno, hacia eones que no hacia una publica, asique espero que no se me olvidase mucho como va esto, de todas formas mientras caliento, aquí tenéis los dos días que antecederán a la aventura, podéis llegar y entrar en la cueva cuando queráis, directamente después de la salida del cadáver, durante el entierro o tras la explosión, una vez dentro es cuando se aclararan la forma de obtención de artefactos Munchkiteros (si habéis jugado al juego de cartas, ya os imaginareis como ira….) incluso si queréis, podéis haceros toda la partida en el exterior, pero no me  hago responsable de las barbaries demoniacas que se le ocurran a mi cerebro en tal caso o.ó, en fin, no hay más, nos veremos en el siguiente turno, hasta entonces, bienvenidos, gracias y suerte! =D-
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Re: Munchkin.

Mensaje por Argoth Tíndel el Mar Jul 09, 2013 9:18 pm

-Señor, el correo. – Anunció mi joven sirviente al mismo tiempo que depositaba varias cartas sobre el amplio escritorio de mi estudio.

Era principio de mes, así que casi todas las cartas correspondían a consultas de magos que, por suerte o por desgracia, no habían tenido la fortuna de estudiar en una Torre de Hechicería bajo la tutela de un archimago como lo hice yo, así que me enviaban algunas consultas sobre objetos, conjuros desconocidos para ellos pero no para mi vasta colección de libros o cualquier cosa de ese tipo. Por lo general no dedicaba más de unos minutos a responder cada misiva, sin embargo aquel día algo llamó mi atención.

La enviaban desde Thoronomer, aunque no concretaban el nombre de la aldea sí que había un pequeño y elaborado mapa gracias al cual pude ubicarla más o menos, y contenía, además del mapa, varios esbozos de objetos con breves descripciones a pie de página entre cuyas líneas se leía más de una vez la palabra “misterioso” o el término “encantado”. Tal vez si eso hubiese sido todo no me hubiese interesado tanto como para acudir al llamado de aquel erudito, pero es que además la carta narraba cómo varios aventureros habían desaparecido en una cueva descubierta recientemente en la roca cercana a la aldea.

-Dugg, partiré hoy mismo. Dispón un caballo de los establos; provisiones para varios días y mi báculo. –

[…]

Días después me hallaba en el pequeño pueblo sin nombre que al final resultó más lejano a la capital, Phonterek, de lo que parecía en el mapa dibujado a mano que habían adjuntado a la carta.

Dio la casualidad de que mi llegada coincidió con el entierro de un joven de la localidad, al parecer alguien que en vida fue bastante bueno a juzgar por cómo algunos lo lloraban. Durante la ceremonia de entierro, recuerdo, el cadáver estaba desposeído de armas, báculos o cualquier otro tipo de protección frente a los seres del más allá, cosa que era extraña pero tampoco inusual, ya que más de una familia prefería sacar provecho a los objetos del difunto a darle a éste pobre una oportunidad frente a espíritus y no-muertos del otro lado.
Al concluir el acto en camposanto fui amablemente guiado hacia la casa del emisario de la carta para que allí, junto a él, estudiase los objetos. Pero por desgracia aquello jamás fue posible…

Lo recuerdo como si hubiera sido ayer. Sería imposible olvidar aquel horrible rugido que me congeló el alma; aquel horrendo llanto que sin hablar suplicaba la muerte; aquel extraño cacareo y ya, para rematar, la fuerte explosión que dejó reducida a cenizas la casa del hombre que iba a recibirme para tratar sobre los objetos que se habían logrado salvar de aquella extraña y misteriosa cueva.

Lo lógico hubiera sido irme de allí en cuanto tuve la ocasión, pero no. No era mi estilo abandonar una aventura tan envuelta por el misterio. Para empezar tenía que acercarme al lugar del último suceso extraño: La casa del erudito. Una vez cerca de allí empecé a investigar por mi cuenta; revolví los escombros para ver si daba con algún resto de mágico, rebusqué entre los edificios adyacentes por si algo había quedado incrustado en el barro o la madera que los componía y, finalmente, pregunté a cada habitante que pasaba por el lugar asaltándolo con una pregunta lo bastante clara y sencilla:

-Disculpe, ¿me podría decir si ha visto algo por aquí fuera de lo normal? Tal vez algún objeto mágico cerca del lugar, o que suceda algo a parte de la explosión y lo de la cueva. -
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Re: Munchkin.

Mensaje por Arianne el Mar Jul 09, 2013 11:38 pm

Nos perdimos. Como iba siendo usual. Cuantos más obstáculos se presentaban en mi camino, más despertaba mi curiosidad ante aquella historia; como si el mundo estuviese intentando advertirme de los peligros venideros. Gorm lo había oído cientos de veces, o eso decía: una cueva salida de la nada, que consumía las vidas de todos los que osaban aventurarse hacia su interior. El pueblo cercano estaba mucho más perdido que la misma cueva, desde luego— nos costó llegar, pero llegamos.

Cuando intentábamos alojarnos, me di cuenta de lo muy alborotado que estaba el ambiente. Al parecer, recientemente habían enterrado a un hombre que había tentado a la muerte en el interior de esa condenada cueva. Y después, no sé qué de un llanto y una explosión, cosas que me sonaban más a habladurías morbosas con las que la gente suele aliñar este tipo de sucesos. Pero sí, parecía que había pasado de verdad. Gorm y yo escuchábamos con especial curiosidad, pero yo ya lo tenía todo pensado: mi compañero no iba a poner un pie en ese agujero apestoso.

Pero claro, cuando se lo dije, se enfadó.

¿NO ME VAS A DEJAR IR CONTIGO?

Exhalé un suspiro de desesperación y me dejé caer en la cama de la posada, que se asemejaba más a un trozo de piedra que a una cama. Había pasado por muchas cosas, pero aquella era una aventura peligrosa, y no iba a dejar que Gorm viniese porque: primero, es tonto, segundo, es tonto, y tercero, no voy a ponerle en peligro voluntariamente. Ya he abusado suficiente de eso.

No. Tú te quedas cuidando del carro y de todo.

Él devoró una manzana con angustia. Hay que ver que en cualquier situación come, sólo que de diferentes maneras: come con miedo, come con alegría, come con tristeza. Pero come todo el rato. ¿Y quería que le dejase venir? Habrá visto más tierras que yo, pero en muchos aspectos es como un bebé. Por favor.

¿Y SI NO VUELVES?

Le hice un gesto para que bajase la voz.

Si no vuelvo... espérame.

Me costó toda una noche, pero logré convencerle de que iba a salir con vida de allí. ¿De verdad se cree que voy a permitir dejarle ahí, tirado, abandonado a su suerte? No, claro que no. Le iba a costar mucho más que eso deshacerse de mí. Gorm lloró y dijo que tenía miedo, y yo le envolví con mis brazos y le dije que le quería. Por eso no le dejaba venir, era por su bien. Él sollozó un «genial, ahora suenas como mi madre» y se quedó dormido.

Al día siguiente le escribí una lista de tareas que hacer para que no se distrajese en mi ausencia, mientras yo investigaba por ahí. El pueblo estaba bastante concurrido, y sentía que aquel maremagno no encajaba allí, en un sitio más bien hecho para la tranquilidad: debían haber más personas atraídas por los rumores, así que no estaba sola.

Eso es siempre una ventaja. O eso creo.
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Re: Munchkin.

Mensaje por Sahale Maghazu el Miér Jul 10, 2013 9:28 am

De alguna manera, los pasos de Inti me han llevado lejos, muy lejos de Uzuri, más allá de los bosques malditos de Theezeroth, el famoso túmulo de arboles malditos de las leyendas de mi pueblo, el lugar maldecido por los dioses, de donde nace la magia de las entrañas de la tierra, magia demoniaca proveniente de las almas errantes. Esos bosques están prohibidos para las criaturas, pues cualquiera que osase entrar probaría de primera mano el por qué, pues su propio cuerpo comenzaría a tornarse demoniaco y espectral, pronto su alma terrenal abandonaría el mundo de los Hidup y solo quedaría la carcasa de lo que fue alguna vez en vida. Pero eso no detuvo a Inti, y a mí tampoco, he seguido sus pasos más allá de las tierras de las leyendas, mucho más allá. Los caminos sinuosos del sino, me han llevado más lejos de lo que cualquier Phixit ha llegado antes, incluso más allá que cualquier leyenda o historia escrito o contada, nada me prepara para estas tierras y su gente.

Pero lo que vi, me sorprendió bastante, pues no esperaba tan bello paisaje en tan alejado lugar. El Sol abrazaba la vida del mundo, radiante y gigante, coronando majestuoso el cielo diurno. Sus fuertes brazos de luz, alcanzaban cada rincón del paraje, incluso más allá de lo que mis ojos pudiesen alcanzar alguna vez. La vegetación reinaba en aquel lugar, sobreviviendo aun a la amenaza de los hombres de acero. Los arboles y las plantas bajas, inundaban todo el lugar, creando un enorme terreno verde, rebosante de vida por donde se le viese. Pero como siempre, nada es tan bueno como se ve al comienzo, y esto lo digo con razón y no de simple despecho, pues al poco caminar me vi invadida por el paisaje del hombre salvaje, destruyendo los arboles para crear sus viviendas, quemando terrenos para cultivar sus alimentos, encerrando y comiendo a destajo a sus hermanos, dejando atrás cualquier ápice de civilización tras sus actos.

Al pronto caminar para alejarme de aquellos seres que destruyen su entorno para vivir, fui testigo de un grupo de tres varones jóvenes persiguiendo a un pequeño conejo aterrado, los niños corrían tras él entre carcajadas y risotadas, mientras que el pequeño orejudo gritaba de pánico. Allá por donde corriese el pequeño, los hijos de los hombres de acero lo seguían, tirando pedradas y carcajadas, lo hacían de puro gusto y diversión, pues se veía de lejos que jamás han matado a nada por ellos mismos, sino que los adultos les ponen los cadáveres en la boca, mientras ellos se hinchan sin darle las gracias a la indefensa criatura que criaron para matar. Decidí seguirlos por un rato, aquellos hombres de acero necesitaban un escarmiento, estoy aburrida de ver como destruyen a los bosques para su propio beneficio.

Unos minutos más tarde, el conejo pudo perderlos tras pasar por debajo de las raíces de un gran árbol. Los pequeños, ya exhaustos por su jueguito, dejaron su persecución satisfechos y comenzaron a caminar juntos de vuelta a su poblado, jactándose de su buen trabajo. Colérica, tome mi forma de guardián y subí a lo alto de un larga rama, que daba sombra al camino de los muchachos, me pose en el extremo de ésta y deje caer mi cola por encima de las cabezas de los chicos, meciéndola de un lado a otro, para así llamar la atención de las enfermas mentes de esos pequeños hombres de acero. Y exitoso fue el plan, pues apenas se acercaron a mi posición, uno de ellos apunto exaltado hacia la rama, avisándole a sus compañeros de una nueva persecución, esta vez de un animal mucho más raro y exótico, pero nada sospechan de lo que les espera.  

Los niños, creyendo que no los había visto aun, decidieron separarse y juntar algunas piedras de mayor tamaño de las que traían, pues su presa era mayor a un tierno conejito de cola esponjada. Para ser sincera conmigo misma, su plan era bastante bueno, separarse en tres posiciones, una por el mismo camino en el que venían, otra más adelante por el camino y otra por la derecha, dejando solo un camino posible para mi escape, era tan buena la idea, que incluso pudo haber funcionado si la trampa no hubiese estado preparada para ellos.

Los observaba de reojo a cada uno de ellos, hasta que el primer niño, el que se mantuvo en el camino, lanzo un piedra de considerable tamaño a mi rama, con el fin de asustarme y que saliera corriendo, pero no lo hice, lo que lo frustro de manera bastante cómica. El segundo pequeño, el que se adelanto por el camino, tomo una gran rama seca y trato de golpearme, pero su golpe fallo cuando salte hacía atrás. Los niños, al ver que reaccione, se emocionaron mucho, pero su euforia pronto menguo cuando volví a echarme en la rama, montando en cólera ante mi provocación. El tercer niño, algo más inteligente que los otros, tuvo la idea de levantar a uno de los otros pemusnah en sus hombros, para así subirse a la rama y tomarme entre sus manos, pero su plan fallo cuando, al levantarme, le arañe la cara, dejando una linda marca de sangre en su frente y nariz. El hombre de acero, cayó de la rama, producto de la sorpresa y del dolor, golpeándose fuerte contra el suelo, lo que termino por colmar el vaso de agua. Los tres tomaron largas y gruesas ramas  y golpearon a todas direcciones, aunque ninguna pudo darme, me obligaron a efectuar la siguiente parte de la trampa.

Con un grácil y ágil salto, baje de la rama y corrí camino abajo a toda velocidad, pero siempre controlando que los niños me tuvieran a la vista. Los hice correr un par de minutos a su máxima velocidad, lo que logro cansarlos bastante, para luego doblar e internarme en la frondosa vegetación del bosque, pero siempre haciendo el suficiente ruido para que no me dejasen de seguir. Me siguieron con el oído atento, hasta un gran arbusto frondoso, lugar donde me escondí en el interior. Los pequeños, creyendo que me tenían acorralada, comenzaron a romper el arbusto, lo que dio paso a la última parte del escarmiento. Volví a mi forma humana explosivamente, lo cual, debido a la sorpresa, hizo que los niños saltaran hacía atrás, cayendo al suelo de trasero. Empuñando mi lanza, comencé a gritar en idioma Phixit, desconcertándolos lo suficiente para darme el tiempo de caerle a palos en la cabeza. Los niños, corrieron asustados, gritando y llorando, pidiendo auxilio a sus madres, pidiendo perdón y rogando que los dejase. Me aburrí de perseguirlos, cuando a uno de ellos le comenzó a brotar sangre de la cabeza. Satisfecha y convencida de que algo aprendieron los pequeños hombres de acero, continúe mi camino por aquel misterioso bosque.

Pero mi camino fue mucho más breve de lo previsto, pues a escasos 10 o 15 minutos de caminata tranquila, me tope frente a frente con una extraña cueva que nacía de un peñasco de inmensas proporciones. El agujero, cubierto de oscuridad y humedad, típicas del submundo, tenía una extraña aura a su alrededor, un ambiente mágico se expelía desde sus entrañas, algo en las profundidades de aquella brecha subterránea te invitaba a entrar y explorar sus rincones. Mi lado humano se negaba a entrar al negro hoyo que se extendía frente a mí, pero el misterioso ambiente que allí reina termino por seducir mi lado felino. Mis instintos animales me terminaron obligando a caminar hacía la completa oscuridad del submundo, la curiosidad felina me obligo a querer desentrañar todos los misterios del inframundo. Pero al primer paso dado dentro de la cueva, parte de mi ya se arrepentía, pues todas mis cosas desaparecieron en el acto, todo menos mi colgante. Casi me devuelvo por donde entre, pero la curiosidad me estaba matando, ya no había vuelta atrás.
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Re: Munchkin.

Mensaje por Owen Silverfly el Miér Jul 10, 2013 2:30 pm

Los rumores corren como el viento, todos los rumores, los buenos y lo malos, los que hablan de milagros y los que hablan de maldiciones. Este rumor parecía más una maldición que otra cosa, aunque como pasa muchas veces con los rumores, suelen ser falsos, o contienen una mínima parte de verdad.

Owen se encontraba en Thonomer, en un poblado cuyo nombre no es relevante para la historia, por lo que lo omitiremos. En ese poblado circulaba un rumor sobre una cueva cercana a un poblado en la cual todo el que entraba, era incapaz de salir. Owen, por supuesto, no prestó mucho interes a dichos rumores; ¿cuantas veces había oído un rumor falso? No valía la pena correr el riesgo de viajar en vano. Al día siguiente de su estancia en ese poblado, desplegó sus alas junto a Siff y se puso en marcha hacia el horizonte, en busca de un nuevo poblado donde pudieran necesitar ayuda.

Los inescrutables azahares del destino quisieron llevar a Owen a un pequeño asentamiento, se disponía a preguntar a alguien como se llamaba ese lugar, pero escuchó a un par de hombres hablando:

-...Si, dicen que apareció ayer, el entierro será hoy, mucha gente irá a rendir culto.

-Una lastima por el chico, pero no debió haber entrado allí...

Las voces se fueron apagando, y Owen no consiguió escuchar más, pero había entendido que había un muerto, y hoy sería su entierro. Le pareció de mal gusto ponerse a preguntar cosas a la gente en un momento como ese, y más teniendo en cuenta que en los lugares tan pequeños no solían ser amigables con los extranjeros. En su lugar, decidió darse una vuelta por el asentamiento, sin embargo, era tan pequeño que pronto lo había visto todo y decidió mirar por las inmediaciones.

Siff y él se separaron un poco mientras andaban, y al cabo de unos minutos, Owen oyó la voz de Siff, que le llamaba:

-¡Oweeeeen! ¡Ven aquí! He encontrado algo.

Owen se dirigió hacia Siff, que estaba justo delante de la entrada de una cueva.

-Hm... ¿Que ocurre? Es solo una cueva normal y corriente... ¿A caso quieres que entremos?

-Me da mala espina... Noto algo raro en ella, ¿Podemos echar un vistazo?- Preguntó Siff, mientras observaba la oscuridad de la cueva.

-Está bien, pero solo un vistazo rápido.- Luego tocó su estrella y pronunció la palabra mágica que la hacía encenderse, y ambos entraron en la cueva, alumbrados levemente por la pequeña luz que proyectaba la estrella.

Parecía una entrada normal y corriente, había alguna hierbecilla sobresaliente de alguna roca, pero al fondo había un túnel más oscuro aun que la entrada.

-Siff, por algún motivo esto no me gusta, quiero que entres en el anillo, te invocaré si ocurre algo, no te preocupes.

Y dicho eso, Owen susurró unas palabras, haciendo que Siff se conviertiera en una pequeña luz brillante que se metió en el anillo.

Owen siguió abanzando poco a poco, pero cuando se quiso dar cuenta, su daga, su báculo, su estrella y su libro, empezaron a convertirse en humo, sin la ayuda que le proporcionaba su estrella de luz, pronto no supo hacia donde estaba la entrada y hacia donde continuaba el camino, ni si quiera con su prodigiosa vista de Divium conseguía vislumbrar algo.

Además, lo único que notaba que aun poseía eran su ropa y sus anillos, donde estaban guardadas sus invocaciones. Continuo andando, esperando encontrarse la salida, sin embargo, no había escogido el camino correcto, y lo que hizo sin saberlo, era adentrarse más y más en la cueva.
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Re: Munchkin.

Mensaje por Farimir el Miér Jul 10, 2013 6:00 pm

Aventura; esa era la única razón por la cual estaba dirigiéndome hacia un pequeño pueblito sin nombre en el reino de Thoromer, bastante alejado de su capital. Corrían muchos rumores de aquel extraño lugar, mas particularmente de una peculiar cueva. Según se decía, algo misterioso pasaba en dicha cueva. Algunos decían que eran solo bandidos, otros que había demonios y seres sobrenaturales, etc. Había cientos de hipótesis, teorías y explicaciones para las cosas que ocurrían en esa cueva; pero solo en algo coincidían todos: quien entra a la cueva jamás sale. Sin embargo comprobé que esa afirmación estaba equivocada poco después de llegar al extraño pueblito.

Me llevo un buen rato llegar a pie, recorriendo los bosques de Thoromer pero finalmente llegue a mi destino. Lo primero que escuche por la zona fue el hecho de que había un funeral. Aparentemente dicho funeral estaba dedicado al primer hombre que consiguió salir con vida de la cueva. No pude recaudar muchos datos sobre el estado del cuerpo aunque tampoco es que me hubiesen sido de tanta utilidad; no era un medico ni científico. Lo siguiente que escuche fue que había habido una gran implosión por la zona. La cabaña de un erudito, quien estaba estudiando objetos obtenidos aparentemente de la cueva, simplemente estallo en llamas. La casa y su contenido se esfumaron de la faz de la tierra en un segundo.

Sabía perfectamente que estaba yendo directo a la boca del lobo, pero algo me llamaba hacia aquel lugar. Si mi presentimiento tenía razón, tal vez estaría yendo directamente hacia la cueva de la que tanto había oído hablar. Si estaba equivocado, tal vez me topara con algún bandido, bestia peligrosa o solo perdiera un poco de tiempo; nada importante. Estaba decidido a adentrarme en aquel místico lugar. Quería averiguar los secretos y terribles cosas que allí se ocultaban, como un niño pequeño; más aún, quería sobrevivirlas. Quería poder salir de dicha cueva. Mis motivos no eran fama o fortuna o gloria; esas cosas jamás me fueron de mucha importancia, y el deseo de obtenerlas jamás influencio en mis actos. El único motivo por el cual yo buscaba esa cueva era la aventura; la aventura y el descubrimiento. Cualquiera puede hacerse famoso o rico de formas fáciles, pero el salir con vida de una cueva presuntamente llena de seres místicos; eso muy pocos seres han dicho hacerlo y de seguro más de la mitad mienten.

Después de varias horas de preguntar y preguntar, conseguí tener más o menos clara la dirección. Estaba en algún lugar dentro de un espeso bosque. Antes de que comenzara mi viaje, pude divisar un grupo de tres jóvenes lloriqueando con sus madres. Ellos les lloriqueaban sobre como un feroz animal salvaje les había provocado, para luego convertirse en una mujer de extraña ropa que los correteo con su lanza. De seguro dicha mujer sería una cambia formas; y lo más probable es que los jóvenes hubiesen iniciado la pelea. Las cambia formas del bosque tenían cierta reputación de pacificas a menos que se las molestara, y la verdad estaba dispuesto a creer más en dichos rumores que en los gritos de tres jóvenes.

Sin desperdiciar más de mi tiempo, comencé mi travesía por los bosques. No paso mucho tiempo para que llegase al lugar que esperaba. Habría caminado unos 20 o 30 minutos; tiempo bastante corto en comparación con lo que me llevo llegar a la cueva. No parecía una cueva muy misteriosa en realidad: una simple entrada rustica. Sin embargo siempre supe que las apariencias engañan, por lo cual entre a la cueva con mi escudo alzado y mi espada en mano.

Desgraciadamente no paso mucho tiempo desde que entre cuando sentí una gran falta de peso en ambos brazos. Con horror, contemple que mi escudo como mi espada se había ido. No solo eso, todas mis armas se habían ido. Solo me quedaba mi armadura. Entonces, escuche un pequeño sonido en el suelo, como de un objeto de peos medio golpeando contra la tierra. Me agache a recogerlo y comprobé, con alivio que era mi libro. El libro con la historia de mi pueblo, el cual llevaba mucho tiempo escribiendo, se había salvado de esfumarse. Tristemente no podía decir lo mismo de mis demás cosas. Al menos eso me daba mucho consuelo. Sin embargo ahora estaba desarmado, solo con un libro en una misteriosa cueva. Aun así no iba a dejar que eso me desalentara; sujete mi libro con fuerza debajo de mi axila e inicie la marcha, adentrándome cada vez más en la misteriosa cueva.
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Re: Munchkin.

Mensaje por Frey el Jue Jul 11, 2013 12:16 am

-Nada especial señor, quitando lo de la cueva y todos los atraídos a sus profundidades, no ha pasado nada raro. En cuanto a los objetos….no se si serian mágicos señor, pero antes de la explosión el erudito se llevo a su casa lo poco que se había salvado del cadáver que logro salir de la cueva, por lo que he oído eran una extraña vara de madera, un bebedizo y una carta, lamento no ser dé más ayuda.-- le comento, con voz débil y tímida, aquel anciano al cual había preguntado hace poco sobre los recientes acontecimientos. Poco después, llevado por  motivaciones desconocidas, desapareció de su vista para seguir con su vida.

Por otro lado, nos encontrábamos a aquellos insensatos que se habían atrevido a adentrarse en aquel lugar maldito.
Sus primeros pasos no fueron muy impresionantes, quitando el detalle de que se esfumaron la mayor parte de sus posesiones; la cueva oscura resultaba anodina y tediosa, paredes de piedra y largos y serpenteantes caminos se hundían sin cesar en las entrañas de la tierra, y sin forma de ver a estas alturas, salida alguna, podría dar la impresión de que estaban atrapados, mientras las escasas colonias de líquenes bioluminiscentes, se divertían jugando con sus mentes, haciéndoles creer que la salida o el tesoro de aquel lugar se encontraba allá donde su tenue luz azulada existía.

Por suerte para ellos incluso aquel laberinto subterráneo, tenia fin, y con el paso del tiempo, vieron una luz mucho más fuerte, pura y radiante de la que jamás podrían soñar producir aquellos musgos. Siguiéndola, encontraron una enorme cueva, con un tamaño inmenso, los lados y el  techo desde aquella entrada, apenas se podían vislumbrar, sin embargo, diversos agujeros en la roca, sugerían que aquella no era la única entrada a la caverna, al fondo, la tan atrayente luz.

Al acercarse, pudieron empezar a distinguir la fuente de aquella luz, dos enormes lámparas sostenidas sobre dos pilares altos y blancos, entre ellos, una pequeña escalinata del mismo color y aparentemente, mismo material, que conducía a una pequeña llanura de mármol, donde más de aquellas lámparas majestuosas esperaban, en el centro, un pedestal negro, al fondo, cuatro puertas doradas idénticas.

Algo se acerco al pedestal, las ondulantes luces de los pilares no nos dejaban adivinar su número o raza, lo que sí que podemos ver claro, es la deforme sombra demoniaca y abisal que se alza sobre las doradas entradas a otro mundo, danzando al tiempo que el fuego.
Una voz gutural, profunda y ancestral, con estas cualidades aumentadas por el eco de la cueva, hablo, -¿Más gente? ¿qué sois?, ¿ladrones o aventureros?, ¿asesinos o caballeros?, ¿buscáis poder y gloria o solo os recreáis en  las tinieblas del olvido y en la muerte de otros seres?, puf….como si importara, no puedo negar, mi naturaleza…- la sombra se difuminó y altero, hasta no ser más que un recuerdo de lo que era, un aleteo resonó en el área, y una figura, menuda y blanca, se poso sobre el pedestal, un pato.

Si, no estoy de broma, un maldito pato blanco, este ser extraño, miro hacia delante, y aun con su voz ancestral, aunque algo menos impresionante que antes, continuo su charla, -sí, soy un pato, ¿pasa algo?; por favor, no me comparéis con esos emplumados que vagan por vuestro mundo, es degradante. Yo soy el pato guía, y mi eterna labor es  guiar a los recién llegados a esta realidad hasta el final, para bien o para mal, bien, supongo que habéis venido porque os creéis capaces de surcar los peligros de este lugar y llegar hasta el tesoro que se guarda en lo más profundo, bien, veo que no traéis mucho de vuestro mundo, mejor, pocas cosas de allí os serian de utilidad, si queréis llegar, tendréis que usar la propia magia de este lugar, conforme avancéis, os topareis con muchas rarezas, armas, armaduras, pócimas bien etiquetadas, mascotas, escuderos, etc, no creo que haga falta deciros como blandir una espada o usar una poción de llama, lo que sí que tenéis que tener en cuenta, son las cartas.- dicho eso, con movimiento sencillo y elegante, saco unas pocas cartas de entre su plumaje, y las extendió. -Algunas de esas cosas anteriormente mencionadas, las veréis en forma de cartas, pero lo más importante de esto, es que encierran parte de los más fuertes poderes de esta realidad, con ellas, podréis cambiar vuestra raza o sexo, invocar bestias que hubierais derrotado, o matar a los que os amenacen, sean monstruos u otros seres *inteligentes*; para ayudaros, podéis coger  dos cartas, cada uno, para activarlas, basta con leer su nombre en voz alta y listo, pero hay dos cosas que os debo advertir, la primera, debido a un error, no estarán todas las cartas posibles, algunas como el báculo de napalm, la poción de pollimerizacion o el oso bipolar, no están, la otra, y es muy importante, es que yo soy un patito bueno, pero tengo dos hermanos, una negro y otro rojo, los patos del apocalipsis y del caos, tened mucho cuidado con ellos, bueno, ¡ya basta de charla! Adelante! Entrar por vuestra puerta preferida.-[/color][/color]
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Re: Munchkin.

Mensaje por Sahale Maghazu el Jue Jul 11, 2013 6:02 am

La oscuridad de aquel pasillo de piedra se volvía cada vez más y más profunda, y si no fuera por la tenue luz azulada que desprenden los musgos que de la humedad crecen, una persona normal no podría ver la punta de su nariz. Las curvas que se formaban en aquella garganta del submundo, se transformaban de a poco en laberintos naturales, tan intrincados que condenaría a la muerte por inanición a cualquier pobre alma que allí se aventurase. Hace ya unos cinco minutos que me encontraba caminando recto hacía el estomago del mundo y podía sentir como cualquier posibilidad de regresar por el camino se esfumaba en cada vuelta del sinuoso camino. Caminaba y caminaba, en casi total oscuridad, el camino parecía no tener fin, hasta que de pronto y sin previo aviso, una deslumbrante luz estallo al final de la última curva. Camine directo hacía la luz, sin siquiera preguntarme que había al otro lado, como si fuera una polilla dirigiéndome a una lámpara.

Cuando atravesé el portal de piedra, la potente luz me cegó por unos instantes, privándome de toda visión por unos segundos. Lleve mis manos a los ojos para protegerlos del golpe lumínico, debí haber estado en esa posición un par de segundos, estática como una estatua de mármol, esperando que mis pupilas se dilataran lo suficiente para soportar la luz artificial de la sala. Cuando abrí los ojos me encontré a mi misma en una gran sala cavernosa en el interior del mundo, sus dimensiones eran tales, que no difícilmente podía ver las paredes y el cielo de la estancia, no así, los diversos agujeros que perforaban la sala, dando a suponer que las entradas al inframundo son variadas y están repartidas por muchos lugares de este mundo.

Recorrí la habitación con la mirada, hasta donde esta pudiese alcanzar, pero nada era destacable en el perímetro. Lo verdaderamente importante en aquella enorme caverna subterránea, se encontraba inmóvil en el centro mismo del recinto, lugar donde dos gigantes de mármol se alzaban imponentes, sosteniendo en sus hombros las llamas que me guiaron aquí. Camine, o más bien brinque, hacía los grandes pilares blancos, allí pude ver que entre los enormes guardianes, una escalinata emergía hasta las alturas de una gran llanura de piedra blanca, en ella una profana sombra grito en gutural contra mi persona. Apenas la sombra comenzó a hablar, yo comencé a caminar escalones arriba, saltando uno por medio, mi alma felina estaba contenta en ese lugar. Al mismo tiempo que iba subiendo, le conteste a la sombra.

Nada de lo anterior, curioso Trupank. Sigue adivinando. Grite juguetona en respuesta a sus preguntas, pero nada respondió de vuelta, en cambio, el Tupank, se esfumo en el aire y se transformo en una extraña ave blanca. Mediante iba acercándome al ave, pude ver que se posaba tranquila en un pedestal negro, detrás del cual, se hallaban cuatro portales de oro esperando ser abiertos. Seguí mi camino hasta el pedestal y mediante me acercaba podía distinguir más rasgos del ave. Tenía un extraño pico, pues estaba aplastado y no parecía ser muy peligroso. Sus patas, tenían una extraña membrana entre los dedos, quizás para que fin. Su forma y características son desconcertantes para mí, no le hayo ningún fin a su curiosa anatomía. Pero eso no es lo importante.

¿Pato? ¿Qué cosa es un pato? Le pregunte perpleja ante su propia definición, pero el plumífero no me respondió, es más, me ignoro por completo y siguió su discurso. Espere calladita hasta que termine de hablar, ya sé que no le interesa mucho lo que tengo para decir, no vale la pena seguir intentándolo. Incluso permanecí callada cuando de entre sus nivales plumas, saco un par de cartas y me las entrego. Continuo hablando después de eso, pero ya no le prestaba tanta atención, pues la estaba dirigiendo hacía las cartas que tenía en mi mano. La primera tenía una imagen de un anillo con una gema anaranjada grabada en el centro, debajo de ella una pequeña descripción. La segunda tenía un gran felino de color anaranjado y rayas negras en su lomo, debajo otra pequeña descripción, mientras que la palabra “Tigre” coronaba la esquina superior izquierda de la imagen.

¿Error? ¿De qué estás hablando? ¿El pato del apocalipsis? Tienes que estar jugando. Bueno no importa ya, gracias por el discurso, Trupank. Me voy por la tercera puerta. Le dije con cara felina en el rostro, la curiosidad me estaba matando, ahora debía llegar hasta el final. Corriendo deje atrás al pato blanco y abrí la tercera puerta de izquierda a derecha, esperando un infierno allí dentro. Pero no fue así, en lugar del infierno y del pato del caos esperando mi llegada, encontré un largo pasillo zigzagueante de piedra. El lugar era húmedo y frio, lo que hizo que mi piel se tornara de gallina. El estrecho pasillo de piedra, estaba ornamentado con cinco puertas de madera enchapadas en acero, se veían viejas y mohosas, pero a claras luces, aun mantenían la resistencia suficiente para aguantar los golpes de esta chica. Un poco delante de mí, una criatura maldita estaba reptando por entre las rocas y el suelo, el Wipanku era de color verde enfermizo, en contraste a los que viven en las profundidades de Uzuri, los cuales son color rojo sangre.

El wipanku verde, reptaba lento por el pasillo, se notaba desconcentrado, lo que ayudo a que no notara mi presencia. Di un par de pasos hacia la criatura y entre por la primera puerta a mano derecha, la que resulto guardar un camino sin salida, bloqueado por un montón de rocas. Examine el lugar con la mirada, pero nada resaltaba, era igual a todo lo demás, paredes y techo de roca dura y húmeda, suelo de tierra y aire helado corriendo por el ambiente. Pero pronto encontré algo interesante, un hombre de acero se hallaba inerte bajo el grupo de rocas, parecía haber muerto hace un rato, pero no era seguro. Curiosa, me acerque unos pasos y le di unos toques en el hombre, para ver si reaccionaba, pero ningún movimiento fue efectuado por él caballero de armadura. Lo tome por las manos y tire con todas mis fuerzas para liberarlo, con algo de suerte aun estaría vivo y con más suerte aun, me acompañaría en este lugar en agradecimiento. No necesito estar sola en un lugar tan extraño como éste, además algo de compañía siempre viene bien, aunque sea la compañía de un hombre de acero.
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Re: Munchkin.

Mensaje por Owen Silverfly el Jue Jul 11, 2013 11:45 am

La escasa luz que se proyectaba era agobiante, tanto habría dado que no hubiera luz. Pero poco a poco, a lo lejos, se iba vislumbrando una luz azulada a lo lejos. Conforme se acercaba, lograba ver que la luz era inmensa. Llegó hasta otra cueva enorme y iluminada por la enorme luz. Tuvo que cerrar los ojos, cegado por la repentina oleada de luz, su gran vista de Divium era un estorbo con tantisima luz. Entrecerró los ojos y vio con claridad que la fuente de la luz eran unas lamparas sostenidas en dos pilares. En el centro se encontraba una escalinata, por lo que subió por ella.

Todo el suelo era ahora de mármol, y más de aquellas luces alumbraban la estancia, se fijó que al fondo habían cuatro puertas doradas, y justo enfrente de él, un pedestal negro.

Entonces vio como se acercaba la sombra y esta, a su vez, empezaba a hablar.

“Yo no soy nada de eso...” Pensó Owen, sin atreverse a contestar a la sombra, aunque esta tampoco le había dado tiempo a contestar. Pero lo más extraño llegó cuando la sombra dejo de ser sombra y se pudo ver claramente a un pato subido en el pedestal negro, Owen se quedó mirandolo unos segundos, entre sorprendido y relajado; aquel demonio no era más que un pato.

El pato continuó hablando, dijo que el les ayudaría a llegar hasta el final si querían encontrar el tesoro. Owen no tenía intención ninguna de encontrar un tesoro allí dentro, pero cuando el pato acabó de hablar, mencionó que tenía dos hermanos malvados... ¿Y si el pato mentía y el era el malvado? Owen cogió sus dos cartas y, sin preguntarle nada al pato, temiendo que le fuera a atacar, se dirigió hacia la segunda puerta, sin fijarse demasiado si era la primera, la segunda, la tercera o la cuarta.

Abrió la puerta y entro, encontrándose en una sala amplia y vacía, con tan solo azulejos y un cofre en el fondo, no le daba buena espina.

Pensó que lo mejor sería pararse un momento a sopesar lo que sabía y de lo que disponía, cerró la puerta y invocó a Siff.

-¿Que a pasado Owen? ¿Que hacemos aquí?- Preguntó el ícaro, al hallarse en tan extraño lugar.

-Es todo muy extraño, entré en la cueva, pero dentro solo había un camino, por lo que decidí seguirlo, conforme avanzaba, mis pertenencias se convirtieron en humo, todo salvo mi ropa y mis anillos. Lo cual agradezco, porque te hubiera perdido a ti también. Avancé más y llegué a una extraña cueva llena de lamparas y cuyo suelo era de mármol, había un pedestal negro donde se subió... un pato, si Siff, un pato no me mires así. El pato me dijo que esta era una realidad aparte, y que la mayor fuerza residía en estas dos cartas...- Owen se tomó un momento para enseñarle las cartas a Siff.- Dudo que estas dos sean las mismas, según veo aquí, una me da una daga y la otra convierte a alguien en no-muerto, no las veo excesivamente poderosas...

-Bueno, no me he enterado demasiado pero... El caso es que hay que avanzar, ¿no? ¡Pues avancemos! Mira, allí hay un cofre, ¿lo abrimos?

-Podría ser una trampa, ¿no te parece sospechoso que haya un cofre así de la nada? Tiene todos los puntos para ser una trampa... En fin “¡Daga retornable!- Owen pronunció las palabras de la carta y asombrado, vio aparecía una daga en su mano, no era demasiado larga, y si lo que decía en la carta era verdad, jamás la perdería.- Abriré el cofre, quedate atrás por si pasa algo, cubreme las espaldas.

Owen avanzó entonces poco a poco hacia el cofre, y con todo el cuidado del mundo, trató de abrirlo sin acercarse demasiado, alargando los brazos por si algo ocurría.
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Re: Munchkin.

Mensaje por Arianne el Jue Jul 11, 2013 11:50 am



Entré casualmente, como si fuese a darme la vuelta y salir en cualquier momento. Pero no lo hice. Había algo que insistía en que siguiese caminando, y la cueva no se hizo esperar: en un punto del trayecto, todo lo que tenía, menos mi lanza, desapareció. Todas mis pociones y mis dagas y mis tonterías se esfumaron, dejándome ahí con la sensación de estar desnuda. Pero no, no lo estaba; aunque mis ropas fuesen escasas para poder volar mejor. Sólo es que me había acostumbrado a llevar muchas cosas encima.

De alguna forma, esto me sirvió para saber que ya no había vuelta atrás. Ya me había metido en la boca del lobo, y ahora la única dirección era adelante. Allí abajo las luces eran tenues, y tuve que hacer malabares con mi lanza para conseguir que pasase por algunos caminos. Esperaba que no se hiciese más angosta o mis alas iban a resultar un problema serio. Sin embargo, una luz me cegó; y como un insecto perdido avancé hacia ella.

Por suerte mis deseos fueron escuchados por vete tú a saber quién y se trataba de una estancia amplia, más amplia de lo que jamás habría podido imaginar. Dos pilares y una escalinata me recibieron y yo me sentí minúscula, como si ni siquiera mis ojos de divium pudiesen llegar a vislumbrar la totalidad de ese lugar. Cuando llegué a la plataforma a la que llevaba aquella escalera, me encontré con otro pedestal, y cuatro puertas detrás.

Ya empezamos.

Escuché una voz que no me sobresaltó, como si el ambiente de aquella cueva me hiciese estar inconscientemente preparada para cualquier tipo de demonio, monstruo o criatura que quisiese matarme de maneras horribles. Agarré mi lanza con fuerza, por si acaso tenía que usarla. La voz me preguntó por mi procedencia y mis intenciones después aclaró que no importaba. Mejor, porque me lo tendría que pensar. La voz resultó ser un pato. Sí, un pato blanco. Me relajé pero no demasiado: los patos ya dan mala espina de por sí, pero había un gran porcentaje de posibilidades de que aquel no fuese un pato normal. Así que mejor me callo y escucho.

Lo que me explicó me hizo percatarme de que, básicamente, me había metido en un lío más grande del que pensaba al principio. No supe si eso me hizo estar más asustada o más entusiasmada, pero a fin de cuentas mi vida se resumía en una mezcla de los dos, así que qué más daba. Todo lo que tenía había desaparecido porque se supone que tendría que conseguir objetos por mi cuenta, a través de cartas. Bueno, eso no parecía enrevesado en un principio. Yo tomé las cartas que me ofreció y las miré en silencio absoluto. «Elemental del pelo» y «maldición de cambio de sexo». La de cambio de sexo me llamó la atención, porque no tenía ni idea de cómo me iba a servir más adelante, pero bueno.

Exhalé emitiendo el único sonido que había salido de mí desde que entré en la cueva. Ir en solitario me empequeñecía más, pero de alguna manera me permitía tener la mente más clara y ser más sensata; cosa que aquí se agradece. No obstante, me preguntaba si había más gente por allí. «Mi puerta preferida». Ah, llega lo que no me gusta: las decisiones. Entré por la primera puerta porque si me lo pensaba demasiado iba a ser peor, y me encontré con una estancia muy grande. Bien: podría alzar el vuelo si las cosas se torcían, espero. Si se torcían de una manera normal, que tampoco puedo pedir eso de este lugar. Era una estancia repleta de vegetación y árboles, que me recordó a cuando estuve en el Bosque de Silvide. Parecía más una simulación, un intento de traer un trozo de vida a una habitación cerrada, pero no veía ningún animal. No de momento.

Anduve unos pasos con lanza en mano y cartas al bolsillo. Mejor con cuidado.
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Arianne

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Re: Munchkin.

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