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Munchkin.

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Re: Munchkin.

Mensaje por Argoth Tíndel el Jue Jul 11, 2013 3:20 pm

Tuve suerte con mi interrogatorio a los aldeanos. Únicamente perdí unos minutos con una joven y después otros con un viejo de la zona. El segundo me dio mucha más información sobre lo ocurrido, o mejor dicho sobre lo que había provocado la explosión… Una vara, un brebaje –seguramente algún tipo de pócima mágica inestable- y una carta… Curiosos objetos. Lástima que se destruyeran en la explosión, seguro estaba de que hubieran dado mucho de sí en el estudio de aquel erudito que me había citado con él días antes de su propia muerte.

-Muchas gracias, buen hombre. – Dije cuando al anciano terminó de hablar. Él volvió a sus labores y yo a las mías. Las suyas las desconozco, pero la mía estaba bien clara: Debía seguir investigando por el lugar para ver qué más hallaba.

El montón de cenizas, astillas y trozos de piedra que había dejado la explosión no eran precisamente una mina de información. Aunque pasé varias veces las manos por el lugar en busca de algún residuo mágico, no encontré nada pues al parecer todo había quedado destruido en el accidente, así que terminé renegando y marchándome de la zona cero hacia otro lugar donde poder obtener información. Como no, elegí una taberna del pueblo; era uno de esos hervideros de gente en días normales, así que en un día accidentado como ese estaba a rebosar. Había desde viejas hasta borrachos y niños, pero todos tenían la misma conversación en la boca: La explosión, la muerte del joven y la cueva. Quedándome allí un rato logré averiguar que varias partidas de rescate habían quedado atrapadas dentro de la oquedad cuando intentaron rescatar a otros aventureros. Desde luego parecía un lugar peligroso pero… ¿Qué albergaba para atraer tanto la atención de los aventureros de tantas partes diferentes?

-¿Qué se supone que hay en la cueva? – Pregunté un parroquiano, habitual de la taberna a juzgar por la peste de su aliento a cerveza demasiado fermentada, cuyo estado de embriaguez me daba una cierta seguridad sobre su respuesta.

-Tesoros… Gloria… No podría decirte exactamente, amigo, pero debe haber algo allí dentro… -

¿Tesoros? ¿Gloria? Eso sólo podía significar una cosa: ¡Había un dragón en la cueva! Al menos, a eso me llevaron mis cavilaciones lógicas, pues ninguna otra bestia acumulaba tantos tesoros y llamaba tanto la atención como una de las Grandes Sierpes que se describen en las leyendas más antiguas de Noreth. Sin embargo… ¿Qué posibilidades podía tener yo contra una de las míticas criaturas? Ninguna, obviamente. Aunque si se trataba de un dragón metálico… Quien sabe, tal vez se ofreciese a brindarme información de su especie sin pedir nada a cambio, tan sólo por ayudar a una especie tan joven como lo éramos nosotros, los humanos.

En aquel momento no pude escuchar a mi sentido de la lógica, únicamente mi instinto y mi sed de conocimiento insaciable me empujaban a entrar en la cueva y claro ¿quién era yo para negarles tan capricho? Así pues, me equipé bien con provisiones, la vara de mago y una daga que adquirí en la herrería local, y me aventuré dentro de la sinuosa y oscura cueva.

Recuerdo que los primeros metros no había nada que destacar de aquel lugar, era una cueva corriente y moliente, pero a medida que avanzaba me sentía más ligero y no era para menos; ¡Estaba perdiendo mis objetos! Primero fue la daga, que se desvaneció en los primeros metros, a continuación la armadura y finalmente los bolsos y el cinturón de provisiones. Sólo me había quedado la túnica para cubrir mis vergüenzas y el báculo mágico del cual pronto hice uso para romper el velo de tinieblas que se había adueñado del lugar. Por fortuna la luz de la gema mágica no tuvo que iluminarme durante demasiado rato, ya que pronto vislumbré una brillante luz blanca, pura como el alma de un niño, y que opacaba claramente la de mi bastón.

A medida que avanzaba pude ir definiendo mejor el origen de aquella luz tan pura, la cual provenía de dos enormes lámparas sostenidas por altas columnas de mármol lechoso. La escalinata, del mismo material que las columnas, me llevó hasta una planicie también de mármol en la cual danzaba una sombra extraña. No pude evitar ponerme en guardia y sujetar el báculo con ambas manos listo para lanzar un hechizo sobre cualquier cosa que se acercara a mí, sin embargo no tuve tiempo de reaccionar cuando aquella sombra que danzaba a la par que el fuego habló con voz ancestral. Seguramente sería algún tipo de guardián para las cuatro puertas de doradas que había justo al final de la sala.

-Busco… - Ni tan siquiera terminé de hablar cuando Él cambió de forma y aleteó. En un principio pensé que sería un ave majestuosa, algo, tal vez, como un águila, un halcón o incluso una lechuza –el ave de la sabiduría- pero al ver su auténtica forma… Dioses… ¿Un pato? ¿Qué clase de broma era aquella? Aun así, pese a su apariencia fuese un tanto patética, decidí no interrumpirlo mientras que parlamentaba sobre la extraña magia de aquellas cartas de las cuales me entregó dos; Elfo y Orcos: - Espíritu Guía – supuse que era eso gracias a mis años de estudio sobre criaturas mágicas: -Entiendo cómo funciona la magia en éste lugar, pero deseo cambiar una de mis cartas por otra. – tras hablar con el mayor respeto posible, extendí la mano izquierda con la que contenía el dibujo de los orcos y esperé a que me entregase una nueva.

En cuanto cambiase –o no- mi carta por otra avanzaría hacia la cuarta y última puerta del lugar. En todo momento tuve la carta del elfo escondida en un pliegue que había por dentro de la manga izquierda de la túnica. La otra, fuera cual fuera, estaría en otro pliegue dentro de la manga diestra, junto a la madera del báculo y esperando a ser utilizada si era necesario. Aparentemente estaba en el exterior tras atravesar la puerta pero… ¿Realmente habría tenido la fortuna de acertar a la primera la vía de escape?


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Re: Munchkin.

Mensaje por Farimir el Sáb Jul 13, 2013 10:17 pm

No estoy seguro de cuánto tiempo habré pasado caminando por los pasadizos la oscura cueva. La poca luz que veía provenía de algún hongo o musgo raro que creían en el suelo y las paredes. Aun así, su luz era muy poco nítida; como luciérnagas en medio de la noche. En esos momentos deseé con toda mi alma haber tenido un frasco para juntar varios de ellos y hacer una improvisada lámpara, aunque tampoco habría mejorado mucho mi situación. Mientras más avanzaba en la oscuridad casi total, más me perturbaba. Era imposible saber hacia dónde me estaba dirigiendo. Cada paso podía ser tranquilamente el último. Era imposible determinar mi posición, qué camino tomar, o siquiera si estaba yendo hacia adentro o hacia afuera de la cueva. Perfectamente podía estar caminando en círculos. En esos momentos deseaba más que nada una luz, una antorcha, una fogata, cualquier cosa luminosa.

Mis plegarias parecieron responderse cuando de pronto, divise un pequeño atisbo de luz al final de la oscuridad. Camine rápido hacia la luz, pero siempre a paso precavido, analizando la zona que estaba por pisar con la punta de mis dedos antes de avanzar pues no quería herirme de gravedad por alguna idiotez. En un par de ocasiones casi abandono por unos momentos; esa luz podía ser una trampa, podía ser un engaño, podía estar guiándome a mi muerte. Sin embargo, tenía una necesidad urgente, salir de la oscuridad y dicha necesidad superaba mi preocupación por la muerte detrás de la luz. Continúe avanzando lentamente hasta que por fin estuve lo suficientemente cerca para divisar una especie de entrada, la cual cruce sin demora.

Al segundo de entrar, fui asaltado por una cegadora luz que me hizo cerrar involuntariamente los ojos por un momento. Era el clásico efecto de la oscuridad: después de estar mucho tiempo en la oscuridad, cuesta volver a acostumbrar los ojos a la luz. Luego de refregarme un poco la cara y tomar mi tiempo, volví a abrir los ojos y pude contemplar una gran sala. Era mucho más grande de lo que me habría imaginado, más grande que cualquier zona de la cueva que hubiese visto, aunque para ser justos no había visto nada de la cueva hasta el momento.  Era tan grande que aun con la luz generada en el lugar no podía identificar bien las paredes y el techo. Sin embargo note que había varios agujeros en la zona, posiblemente otros pasillos que recorrer, todos llevando al mismo lugar. Este podía ser el centro de la cueva.

Lo que si pude notar fue la presencia de dos enormes columnas de mármol blanco que sostenían la gigantesca lámpara que me había guiado hasta ahí. También observe una escalera en el medio que parecía ser de los mismos materiales que las columnas. Subí lentamente la escalera, esperando que lo que sea que estuviese más adelante no fuera una trampa. Una vez más, mis suplicas se respondieron. Más adelante halle una especie de plataforma de mármol. En ella se encontraban varias de las lámparas gigantes, como la que me había guiado al salón en primer lugar. Más atrás parecía haber unas cuatro puertas doradas, y en el medio de la plataforma un altar negro.

Estaba a punto de avanzar cuando escuche una  profunda y resonante voz venir de más adelante. Algo se acercó al pedestal negro. No podía ver que o quien era debido a la gran luz de las lámparas. El ser comenzó tratando de adivinar que era, para luego terminar aclarando que no le importaba. –Acertaste cuando dijiste aventurero- le dije en voz baja a la sombría criatura, esperando no alterar sus nervios, pues la verdad estaba desarmado y sin ganas de combatir contra una criatura misteriosa que además tenía la ventaja del terreno.

Sin embargo, la sombra pareció tampoco tener deseos de una batalla. Entonces, la sombra comenzó a alterarse drásticamente. Se hizo más pequeña, mucho menos colosal y amenazante. En ese momento, se escuchó un aleteo resonando por la cueva, entonces un pequeño ser blanco de peculiar aspecto se posó sobre el pedestal. Era un…un…pato.- ¿Un pato?- no pude evitar pensar en voz alta al descubrir la verdadera identidad del ser. De haber estado en otras circunstancias me habría reído. Esa tremenda sombra gigantesca de tétrica y retumbante voz, la cual me había llegado a preocupar era solamente un pequeño pato. A pesar de lo jocoso del momento, no paso mucho tiempo antes de que volviera a inquietarme. Muchas dudas surgieron en mi cabeza: ¿Qué diablos hace aquí un pato? ¿Sera de verdad un pato o un horrendo ser que cambia de forma? Y lo más  importante ¿Cómo demonios un pato puede hablar? Eran muchas dudas las que surgían en mi mente, pero solo de una cosa estaba seguro: no subestimaría a este pato. Siempre creí que las apariencias podían engañar, y este pato podía ser en realidad un ser de grandes poderes mágicos.

Ahora todo dependía de si era bondadoso o malévolo. Pareció ser más un curioso que un malévolo. Escuche el largo discurso del pato. Cada frase que decía me inquietaba y asombraba aún más. Para empezar ese pato era el eterno guardián de la cueva o algo así, encargado de ayudar a los viajeros llegados a su realidad a llegar hasta el final; punto que aclaro luego de pedir por favor que no lo comparara con un pato. Lo último me inquieto: otra realidad. Al parecer esa no era una cueva común y corriente plagada de bestias sedientas de sangre, era algo mucho más misterioso y potencialmente peligroso. Era solo una simple fachada que ocultaba otra realidad. Lo siguiente fue lo peor de todo: para salir con vida de aquel lugar debía usar la magia de aquel lugar. Yo no era un mago, era un guerrero y el uso de la magia jamás había sido lo mío. Sin embargo, las cosas mejoraron cuando me entere que toda la magia de aquella realidad estaba como “almacenada” en unas extrañas cartas, de las cuales el pato amablemente me dio dos y luego me explico su uso.

Eso sí me alegraba, en esa realidad podía fácilmente ser un mago sin tener ningún “don”. Sin embargo el pato también aclaro que, primero algunas cartas no estarían disponibles para mi uso, cosa que no me importo mucho pues ni sabía que hacían. También me advirtió que él tenía dos hermanos, un pato negro y otro rojo, los patos del caos y el apocalipsis, quienes de seguro no serían tan hospitalarios conmigo. Una vez acabado todo el asunto, le di una ligera mirada a mis cartas, las cuales no había observado desde que me fueron entregadas. La primera decía “Espada Bastarda y Traicionera”. No sabía lo que quería decir Traicionera, pero una espada no sonaba para nada mal. La otra decía “Maldición, necrofobia” a juzgar por el nombre diría que daba miedo a los no muertos. Eso tal vez me sería útil más adelante.

Con ambas cartas en la mano y mi libro siempre bajo mi axila me dispuse a avanzar por la última puerta. Crucé la puerta con las dos cartas en mano, siempre alerta, esperándome una criatura de horrible aspecto al otro lado de la puerta. Sin embargo lo que me encontré dista enormemente de lo que esperaba: una habitación bastante grande y decorada de tal forma que parecía parte del exterior de la cueva. Sin embargo había puertas en medio del “exterior” lo que implicaba que era pura decoración, aunque muy buena. Sin esperar mucho, camine hacia la puerta más cercana y me dispuse a abrirla. Antes de hacerlo, deje el libro en el suelo, ya que si debía defenderme, necesitaría la carta de la espada, para lo cual debía tener ambas manos libres. Si no había nada del otro lado, recogería mi libro de nuevo y continuaría.

off: hable con Argoth y el me dijo que esta bien que yo entre primero a la cuarta habitacion, por lo que entro primero yo
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Re: Munchkin.

Mensaje por Frey el Mar Jul 16, 2013 10:18 pm

Un tirón, luego otro, y otro.
Al final, con un amplio elenco de ruidos, el cadáver salió de su pequeño refugio, dando a parar a un lado de la zona donde estaba la joven, las piedras, sin el cuerpo que resulto ser una buena viga, cedieron y cayeron hacia abajo con un fuerte estruendo; dejando ver tras ellas, un largo pasillo negro de ladrillos azules, también, por el mismo agujero por el cual se habían caído las piedras, se observaba otro pasillo siniestro, pero esa decisión podía esperar, lo importante, es que aquellos aventureros parecía que no tendrían que andar sin guía alguna, al otro lado de la ya inexistente pared de rocas, se encontraba una plumífera figura familiar, una criatura blanca.

Este ser, se giro al contemplar ese gran movimiento de rocas, y se quedo por un momento mirando a la joven, y después, al cadáver, hacia el cual voló, y coloco con delicadeza casi maternal el cráneo de este entre sus alas.
-Omh….es una pena, a veces hay bestias o maldiciones que entorpecen la muerte…- dicho eso, le dirigió una última mirada y giro bruscamente el cráneo con sus alas, partiéndole el cuello. -No te preocupes, como vosotros, el no puede morir; solo, volverá al principio, mejor eso que quedarse zombi por toda la eternidad, ¿no crees?, en fin, quédate con su armadura, te protegerá y no vendrá mal para cuando aparezcan las criaturas y cartas más…activas, por cierto, como parte de mi trabajo de guía, te aconsejaría que no fueras por el pasillo oscuro, ¡hasta otra!- y con un suave aleteo emprendió el vuelo y salió por la puerta por donde ella había entrado antes, dejando a Sahale a solas y con un cuerpo que se fue trasparentando hasta desaparecer y una armadura que se transformo en una carta.

El divium se aproximo al cofre con cautela, tenía toda la pinta de que algo gordo iba a saltar en cualquier momento, hirviendo su sangre y devorando sus huesos…y eso fue lo que paso.
Nah, por suerte para el parecía haberse apuntado bien que no todo en aquel arcano lugar era lo que parecía, y cuando las bisagras del viejo y mohoso cofre sonaron haciendo crepitar la sangre, solo encontró una carta, unas escaleras y un ser aviar blanco.
-¡Leñe! que susto me has dado- exclamó el pato guía cuando el divium abrió la tapa, inmediatamente paso de estar completamente repantingado en el cofre a ponerse en pie, -esta era mi zona de paz personal, ¿te puedes creer que nadie antes que tu hubiera abierto este cofre antes? Un cofre al principio con una carta que ya está cubierta de polvo y unas escaleras, ¡y a nadie se le ocurrió abrirlo! Desde hace…no se….quinientos o seiscientos años…en fin, no quiero molestar que parece que vas bien, ¡sigue asi!- dicho eso, se escurrió por las escaleras que estaban dentro el cofre hasta un largo pasillo tenebroso con un derrumbamiento a un lado, y una abertura en el techo que dejaba ver la posibilidad de seguir por allí.

En una sala cercana, otra alada se metía entre la maleza de una pequeña selva que parecía desierta, si no fuera por una simple araña que se balanceaba sin preocupaciones entre los arboles con su seda, hasta percibir el sonido de un corazón latiendo en tu territorio. Se movió con agilidad por las hojas y tallos verdosos, siguiendo aquel rítmico y deliciosos sonido que prometía comida…no le salió muy bien, unos minutos después su carta estaba tirada por el suelo, ¿habría sido una extraordinaria batalla?¿un reflejo o golpe de suerte? ¿o es que la araña se había resbalado y se había caído desde la copa de un árbol?, ni idea, por desgracia me distraje y no os lo puedo decir, lo que no me perdí, fue lo que vino a continuación; los arboles, empezaron a tornarse en colores ocres y desvanecidos, sus cortezas y hojas se abultaron, y tras unos segundos se pudo ver con claridad que pasaba, huevos, de araña, cientos, y estaban a punto de eclosionar, entre la marea negra en la que se había convertido el cuarto de la jungla, pudo apreciar mucho mejor un único punto verde, si se dirigía hacia allí se podría ver un enorme circulo esmeralda, con toda clase de inscripciones y runas, y en ella, tres trampillas, una de hierro, una de oro y otra de plata.
Al fondo de toda aquella escena, una figura negra sonreía, si se podía llamar asi a aquel gesto.

El pato se nos volvió a presentar sobre su pilar, tras la propuesta del humano, recogió entre su plumaje la carta de los orcos, susurrando que no todo el mundo rechazaría una horda asi, y le entrego otra, donde se veía la oración, maldición, pierdes un objeto.
Figuras humanas interrumpieron tras la cuarta puerta, parecía un lugar ideal, parecía que allí reinaba la paz, pero no del todo, a la derecha, entre los arbustos, podían ver a un humano de piel tersa y morena, de más o menos metro ochenta, embutido en una armadura de cuero marrón y con una maza en cada mano, ambas idénticas, respiraba pesadamente y sangraba, parecía haber recibido una buena paliza, si avanzaban un poco más hacia el fondo, podría ver la posible causa de aquello, un enorme orco verdoso tirado en el suelo, se camuflaba bien, de hecho, era difícil verlo entre las hierba que poblaba la sala, aun respiraba, pero de una forma tan leve, que apenas se podía percibir, estaba al borde de la muerte, parecía que sin salvación, en su boca, mecida por su aliento, se veía una carta.
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Re: Munchkin.

Mensaje por Argoth Tíndel el Miér Jul 17, 2013 4:06 pm

Finalmente me fue cambiada la carta de los orcos por otra. En éste caso era una maldición, su dibujo no lo observé muy bien, pero en la breve descripción que tenía abajo quedaba claro que era para arrebatar algún objeto. Bien, sería más útil que un contingente de orcos seguro.

A continuación me dirigí a la puerta y entré con paso calmado, sin prisa pero sin pausa. Una vez dentro observé el paisaje… ¿Un bosque? Eso parecía. Verde prado; árboles frutales a mis costados; un camino de tierra y una inmensa sensación de paz flotando en el ambiente. Aquello era lo más extraño, la paz que se respiraba en el lugar, que aunque no duró demasiado, sí que llamó mi atención. La llamó casi tanto como los dos hombres que encontré en cuanto avancé un poco por la sala. Ambos eran más altos que yo, a simple vista eran guerreros, pero sólo uno de ellos llevaba armadura, el otro iba en pelota picada y con un libro bajo el brazo además de un par de cartas en las manos. Por el contrario, el que sí llevaba armadura, tenía un par de mazas en las manos, sangre por el cuero de la armadura y un evidente cansancio que se reflejaba en su pesada respiración y que me daba una ventaja muy considerable si acababa por proclamarse un combate en la zona.

-Maldición, pierdes un objeto: El peto de la armadura. – Dije, antes de que ninguno allí presente tuviese ocasión de hablar.

A continuación avancé en dirección al hombre de armadura, con cautela y sin despegar mis ojos de él ni tampoco del otro sujeto, y alcé una mano en dirección al que sí estaba visiblemente armado:

-Cuidado con lo que haces, guerrero, mi magia no se reduce a las cartas. – Avisé.

Seguidamente volví a moverme, ésta vez en dirección al pielverde que respiraba débilmente tendido sobre la hierba de casi idéntico color al de su piel. Me había costado verlo, no puedo negar eso, pero cuando por fin lo divisé y pude comprobar que estaba casi muerto no pude evitar fijarme en que tenía, entre sus fauces abiertas, una carta con el dibujo de un clérigo. Por cautela intenté apartarla de ahí con el bastón, golpeándola suavemente hacia mi dirección para así evitar un posible mordisco y poder mantener la mano libre, en la que no llevaba el bastón ni carta alguna en la manga, apuntando directamente hacia el guerrero al cual debería haber afectado mi maldición. No me había olvidado del otro, sabía que lo tenía a mis espaldas y que podía actuar de una forma sorpresiva en cualquier momento, pero para eso tenía la carta del elfo, la cual podría usar para transformarme en un orejas picudas en caso de ser necesario y así, usando la agilidad de esos seres eternamente jóvenes, esquivar un ataque por su parte (si es que lo había).


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Re: Munchkin.

Mensaje por Arianne el Jue Jul 18, 2013 1:11 pm

La sala no tardó en manifestarse, en revolverse visceralmente. No podría percibir si estaba envuelta en un viento o en un sonido hueco, mis sensaciones se vieron nubladas por la incertidumbre. No entendía nada. Algo se movió a mi lado, entre la maleza, y yo tensé mi cuerpo. De las hojas bajas, de los tallos que rozaban el suelo, apareció un bicho. Una araña. Era completamente oscura, excepto por una marca en su abdomen; y también bastante grande para ser una araña, pero al menos no era gigante. Oscilé mi lanza y se la clavé al bicho, que agonizó durante unos instantes hasta que, en un haz de luz, su carta apareció para posarse sobre el suelo.

No había sido nada difícil. Demasiado bonito para ser verdad.

Inmediatamente después de eso, el entorno empezó a marchitarse; como si estuviese cayendo en manos de la muerte en cuestión de segundos. La sala empezó a inflarse y entonces caí en la cuenta de lo que ocurría: eran huevos. Huevos de la araña con la que había acabado, deducía. Al menos no habría arañas más grandes, pero eran millones; tantas que apenas podía ver lo que había detrás. Los huevos empezaron a eclosionar, y en milésimas de segundo me rodeaba un maremágnum de bichos asquerosos. Alcé el vuelo, haciendo que muchos de ellos reculasen, y a trompicones llegué a aquel punto verde que me llamaba en la distancia. Qué ironía, acudía siempre a la luz como un mosquito; el mosquito que era a ojos de las arañas.

Allí me topé con una plataforma circular con tres trampillas. Qué bien, otra vez con elegir puertecitas, cuando se sabe que la suerte no está necesariamente de mi parte. Una de hierro, otra de oro y otra de plata. Fue sólo entonces, mientras me debatía entre cuál coger, cuando me di cuenta de que unas arañas habían logrado encaramarse a mi tobillo y me habían mordido. Bien, genial. Por un minuto me arrepentí de haber dejado a Gorm en casa, seguramente él fuese de ayuda en temas de veneno. Sin embargo, la picadura no parecía haberme dejado nada más que un pie dormido, que a pesar de que lo diga como algo sin importancia, cuando tienes un pie inerte caminar es difícil. Me dirigí cojeando a la trampilla de plata, sólo porque era la que tenía pinta de pesar menos.

Bajé por una escalerilla casi deshecha, y llegué a otra habitación. No parecía una habitación. Sólo me percaté de que seguía en un sitio cerrado después de fijarme muy bien, además de que no corría brisa y me sentía igual de enjaulada que antes. Volé hacia una de las nubes y me encontré con que era sólida. Gorm me había hablado de Nubibus Ferreum, el hogar de muchos diviums, que estaba formado por nubes sólidas. Aquello debía ser del mismo material. Había un busto carcomido, y encima una carta que tal vez me podría ser útil luego. Un poco más allá, en otra nube, había un portal.

Mantuve el vuelo el mayor tiempo posible, porque cuando caminaba sentía mi pie dormido y gruñía. Qué asco. Seguro que esta es la peor manera de empezar en esto. Al menos tenía mis alas disponibles, y eso es lo que importaba de momento. Seguía preguntándome si habría alguien más jugando, pero por ahora estaba sola. Ahí, delante de aquel portón, adornado —o custodiado, quién sabe— con un ojo inmenso. No sé lo que me espera, pero dudo que sea algo agradable.


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Re: Munchkin.

Mensaje por Sahale Maghazu el Vie Jul 19, 2013 3:22 am

Tras algunos tirones puede liberar al hombre de acero de debajo del montón de rocas, pero no pasó lo que esperaba, pues el hombre había fallecido ya hace un tiempo y solo dejo tras de sí, un frio y vacio cuerpo escondido dentro de una coraza de un reluciente metal, como si fuese una tortuga. En todo caso, eso no es lo más extraño que pasó, pues inmediatamente después que liberara al hombre de acero de su tumba pétrea, las gigantescas y pesadas rocas se precipitaron sin tardanza hacía un gran precipicio que había en el suelo, el cual antes estaba siendo taponado por el cadáver. Las rocas, al bajar al piso inferior, dejaron a la vista un camino completamente nuevo frente a mis ojos. El nuevo camino tenía un fuerte olor a muerte y muchos restos óseos descansaban entre una gran puerta de acero al final del oscuro pasillo y mi cuerpo desnudo, las paredes de ladrillo azul le daban un aire pintoresco al pasillo, similar al camino de las almas errantes, lugar donde los muertos pasan a la otra vida.

Como toda mi atención se la llevó el gran desprendimiento de rocas y el nuevo pasillo descubierto, no me percate que el pequeño Tupank blanco de hace rato, estaba parado allí frente a mí, es mas no me percate de su presencia hasta que con un fuerte aleteo de sus torpes alas, alzo un pequeño vuelo y aterrizo sobre la cabeza del hombre de acero.
¿Entorpecer la muerte? Pregunte perpleja. El pequeño pato de blanco color, me dirigió una mirada fulminante para luego tomar entre sus alas el cráneo de hombre, el cual giro con tanta violencia que creí que le iba a quedar en los brazos.

Si, entorpecer la muerte. Al igual que ustedes, él no puede morir dentro de ésta cueva, pues las cosas no funcionan así aquí. No, al momento de morir, tu cuerpo reaparece algunos cuartos más atrás, una segunda oportunidad a cambio de algún objeto que hayas recolectado, es decir, a cambio de poder volverlo a intentar deberás entregar algunas cartas, simple, ¿no? Me preguntó el pequeño Trupank.

Si, eso creo. ¿A qué te refieres con “ustedes”? No soy solo yo, ¿cierto?

Supongo, eso veremos. Me miro fijo y desafiantemente, directo a los ojos, esperando alguna señal de mi parte. En todo caso, es mejor un par de objetos a quedarse como un zombie para toda la eternidad, ¿no? Continuo sin darle importancia a lo anterior. Luego me regalo la armadura del hombre de acero, la cual, de forma presta, se convirtió en carta apenas la toque. Antes de irse, me dijo que no tomara el pasillo oscuro, pues era peligroso y se fue raudo aleteando por la puerta por donde yo había entrado.

Me quede mirando completamente perpleja la puerta, esperando que el pato volviese para aclarar ese último consejo, pero jamás volvió Ehhh, hay un solo pasillo… Le dije al aire.

Un segundo después me recompuse, mi curiosidad felina me estaba volviendo loca, quería llegar al fondo de la cueva, ahora ya. Tome la carta de armadura y la amontone con las otras dos, las cuales llevo en mi mano izquierda. Me di vuelta y comencé a caminar hacía la gran puerta de acero del final, entonces vi, por primera vez el gran agujero por donde habían caído las rocas. El hoyo, oscuro y profundo se extendía un par de metros hacía las entrañas del mundo, pero la oscuridad era tal, que ni yo podía distinguir nada dentro del agujero. Ahora si estaba en un dilema, por un lado estaba la puerta de acero del final del pasillo, que aunque de lúgubre aspecto, al menos conocía su apariencia, cosa que no podía repetir con el agujero en el suelo, pues solo podía distinguir negrura sepulcral. Mi sentido común me decía que fuera por la puerta pero mi alma felina me gritaba que fuera por el agujero. No sabía qué hacer, apenas me decidía por una opción, la otra se volvía más tentadora, al final el camino con la puerta ganó.

Camine unos metros por el pasillo de ladrillos azules, donde pude ver una huesuda mano sosteniendo una larga liana de cuero trenzado, parecía ser un arma, pero nunca la había visto. El mango del arma, simulaban tres cráneos unidos por algo, dándole un aspecto siniestro al tema. Le arrebate el látigo a la necrótica mano, el cual inmediatamente se convirtió en una carta con la imagen del látigo en ella. Di dos pasos más en dirección a la pesada puerta de acero, pero algo en mi alma me molestaba, sentía un leve dolor que apenas si pasaba de molestia en el centro de mi pecho, mi espalda baja dolía un poco y mi mente estaba distraída. Un paso más hacia adelante y ya no pude más, la curiosidad de mi lado gatuno me empujo a correr y saltar directo al agujero por donde cayeron las piedras, una vez dentro ya no había vuelta atrás, pues las paredes eran de roca solida, húmeda y resbaladiza, la cual imposibilitaba completamente cualquier intento de escalada, lo que dejaba un solo camino posible, hacía abajo, directo al estomago del mundo.

El camino era oscuro y frio, mi piel se tensaba cada vez más, los vellos de mis brazos se erizaban hasta no poder más, si fuera un hombre de acero, probablemente estaría temblando inconteniblemente. Seguí bajando y cada metro la oscuridad se volvía más negra, hasta el punto que mis pupilas no daban más, cualquier otro ser no podría ver absolutamente nada ante esa oscuridad, pero gracias a mis ojos felinos, podía caminar sin estar tanteando las murallas. Metros infinitos parecía tener aquel agujero, hasta que al final de mi visión, unas pequeñas luces se hacían notar, eran luces danzarinas y se movían con el viento, por lo que inmediatamente, supe que eran antorchas las que iluminaban la siguiente sala. Unos dos minutos más me tardo salir de aquel negro túnel, el cual desemboco en una pequeña sala rectangular, iluminada por seis largas antorchas clavadas en las murallas. Todo el lugar estaba construido con ladrillos rectangulares de adobe, excepto el suelo, el cual estaba hecho con adoquines de piedra. Por todo el piso, habían repartidos grandes huevos blancos y al fondo del salón, en el lado opuesto al que estaba yo, había un enorme lagarto bípedo encerrado en una jaula de barrotes de hierro. El Yukto, parecía tranquilo y apacible, pero sus ojos añoraban libertad, no era un ser libre y era obvio que algo lo había encerrado contra su voluntad, cualquier ser con el alma muerta es peligroso, pues sus emociones están revueltas.

Camine unos metros hacía el yukto, pero él se enfureció, se abalanzo en contra los barrotes y se golpeo fuerte el cuerpo, trataba de alcanzarme con sus poderosas garras de la patas, las cuales eran grandes y musculosas, seguro que para matar a sus presas, les saltaba encima y haciendo uso de sus garras y dientes, les corta la garganta. Me detuve un segundo, respire profundo y di unos pasos hacia uno de los huevos, lo tome entre mis brazos y camine otra vez hacía el gigantesco lagarto. Otra vez, se abalanzo contra los barrotes, esta vez de forma mucho más violenta y temeraria, si no fuera por el acero entre nosotros, ya me hubiese asesinado. Camine lento y con la mirada gacha, para que supiera que no lo estoy desafiando, baje todo mi cuerpo a casi ras del suelo y deje el huevo a los pies del yuto. En la misma posición camine en reversa unos seis pasos y volví a subir la mirada, depende de cómo reaccione el yuto tendré que reaccionar yo.
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Re: Munchkin.

Mensaje por Farimir el Miér Jul 24, 2013 10:44 pm

Estaba a punto de continuar mi avance cuando algo me hizo reaccionar. Inmediatamente me voltee para ver un poco más a mí alrededor. Logre divisar, medio escondido entre unos arbustos, a un hombre, armado con dos grandes y potentes mazas de guerra, y lo que parecía ser una maltratada armadura. Estaba a punto de decirle algo a aquel hombre, cuando un sonido me interrumpió, una voz. No escuche bien lo que dijo, pero si pude distinguir la frase “pierdes un objeto”. No entendía bien a que se refería, pero lo comprendí todo cuando le di otro vistazo al hombre; su armadura había desaparecido, al menos la parte de su peto. Acto seguido me voltee para ver al nuevo “invitado”. Desde el momento en que lo vi su apariencia me genero desconfianza. Apoye lentamente mi libro en el suelo, con la carta de la maldición oculta entre sus páginas. En una sola mano mantuve la carta de la espada, en caso de que fuese necesario. No sabía qué tipo de cartas tendría aquel hombre, pero estaba dispuesto a comprobarlo. En esos momentos entendía la verdadera naturaleza de aquel mundo: impredecible, cualquiera podría tener cualquier cosa en cualquier momento, las peleas no eran algo que se pudiese calcular y el factor sorpresa estaba vigente en todas partes. Era sin duda algo muy tétrico.

El hombre continúo su camino hasta el guerrero mal herido y lo amenazo. No podía creer lo que oía. Las acciones de aquel hombre me provocaron una pequeña risa que no pude evitar- Vaya, tu enserio debes ser un cobarde y un idiota. Es decir, veo que te da tanto miedo un guerrero malherido que posiblemente no pueda ni moverse, que incluso tienes que amenazarlo con tu “magia”. Y como si no fuera poco, desperdicias una carta en un hombre fuera de combate- Hice un par de falsos aplausos- Te agradezco mucho por esa “demostración”. Sin embargo confió en tu juicio lo suficiente como para que te guardes tus cartas para una mejor ocasión a partir de ahora, o al menos no las utilices conmigo, ya que no tengo el mas mínimo interés en atacarte- Por que atacarlo cuando el mismo ya hacia un perfecto trabajo aumentando la dificultad de su situación.

Sin darle mucha importancia al “mago” me acerque al hombre ya casi muerto, me agache y le dije al oído para que me escuchara- Escucha, se nota que estas herido, posiblemente de gravedad. No creo que puedas moverte más que ahora, y gracias a la princesa mágica casi no tienes armadura. Te pido, que por favor me des tus armas.- dije señalando a sus dos grandes mazas.- No creo que te puedan ser útiles ahora, tus heridas son serias. Aunque puedas pararte milagrosamente no estás en estado de continuar avanzando por mucho tiempo, menos para combatir contra cualquier amenaza. Te juro por mi honor y las estrellas que si me las das ahora, te daré una muerte rápida y honorable, para evitarte horas de agonía. O si prefieres, te dejare morir en paz aquí.- Dicho eso me pare y retrocedí un poco para darle su espacio y permitirle pensar con claridad. Sabía que tomaría una decisión muy difícil, pero esperaba que entendiera la gravedad de su situación. Podría seguir avanzando tranquilamente solo con la espada, pero en aquel momento, veía como mejor opción el uso de las mazas de aquel hombre, pues eran armas muy parecidas a las que acostumbraba a utilizar. – Si tienes alguna carta, cualquier cosa que pudieses darme que no te fuese útil, también lo apreciaría- le dije antes de escuchar su respuesta. Estaba en terreno hostil, y cualquier cosa que tuviese a mi disposición debía ser aprovechada.

Off: en este turno, como podrás ver, no avanzo a la habitación del orco, espero primero a ver la respuesta del hombre y luego continuo.
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Re: Munchkin.

Mensaje por Frey el Jue Jul 25, 2013 3:01 am

Paso a paso se iban acercando al núcleo, donde el tesoro aguardaba impaciente, y a cada paso, mas rarezas encontraban, veamos cómo les va a todos.

En primer lugar, veremos cómo se encuentra en la habitación de las nubes, ya había escapado de las arañas y había tomado la carta, y ahora ante ella se mostraba impasible una extraña puerta donde un ojo dibujado en su rudo acero, al otro lado no se escuchaba nada, quizás no hubiera nada al otro lado al fin y al cabo, o al menos eso parecía.
Arriba y atrás de ella, se podían aun ver clavadas en el cielo las trampillas que daban acceso a la sala, por un segundo entre sus diminutas rendijas entro un destello brillante, si se le ocurría volver a abrir la puerta, vería que todo era un enorme campo de cenizas, pero seguramente eso no fue lo que llamo su atención, aquel plumífero parecía moverse con gran velocidad por todo el laberinto.

La puerta se abrió de pronto, propulsada por un infernal viento, si se lograba asomar, la vista seria como la que se espera tener en una acantilado, el viento fuerte y frio, las nubes grises y el mar azotando la costa despiadadamente, justo tras aquella apertura súbita, el pato guía apareció, empapado y con su plumaje levemente ensangrentado, avanzo, mas bien, rodo, hacia el interior de la nube y cuando pudo recobrar el conocimiento, se levanto mirando al portón con sus ojos grandes y llenos de sensaciones mezcladas e indefinidas, corrió y cerró la puerta como pudo, apoyándose en ella después.

-Mierda…mierda…mierda…, la que me lio en un segundo…- en ese momento se percato de la alada y la miro fijamente, -perdona la interrupción, si le tienes aprecio a tus extremidades yo que tu no entraría ahí…yo, me tengo que relajar un poco…- dicho eso, rebusco entre sus cartas, coloco una en el suelo e inmediatamente se formo una trampilla de madera por la que bajo.

Ahora, tras la aparición estelar del pato guía, veamos cómo le va a la cambiaformas.
Los barrotes de hierro le protegían de los ataques del reptil, aun asi, decidía acercarse a él, de la primera acometida, no saco nada en claro, a la segunda, volvió a acercarse, esta vez con un huevo de los allí presentes entre sus manos, había conseguido llamar la atención del bicho. Una vez dejó aquel huevo a su ibera, el reptil se calmo, con la parte de sus garras y mandíbula que sacaba a través de los barrotes trajo aquel preciado cascaron, estaba mucho más calmado, en sus ojos se veía la añorada libertad.

En un brusco movimiento de mandíbulas, rompió la parte superior del huevo, mientras los restos de la calcárea cascara saltaban por las cercanías, aquel reptil se fijo en el fondo del huevo, pronto, una voz empezó a inundar el ambiente.
-¡Tu!¡estas aquí!...te he estado buscando compañero, me he paseado por toda la maldita mazmorra y no te encontraba…- al principio, la voz denotaba felicidad, pero en las últimas palabras, parecía que estaba llorando, de pronto el raptor se quedo mirando a la joven, -¿Umh?, ¿qué estas mirando pequeño?- dicho eso, la cámara enfoco el huevo por arriba, se veía a través de ella otra habitación, parecida a un enorme desierto, de este portal, salió otro de los muchos exploradores de aquellos pasillos oscuros, miro la sala, a Sahale y al huevo, y pareció entender.
Era un muchacho alto, vestido de ropas normales con un importante roto en el lado derecho, en la zona baja de la caja torácica, que parecía haber sido causado por un tercer brazo conseguido por las cartas. A su espalda, se podría ver una gran espada curva, su rostro estaba oculto por una inexpresiva mascara blanca que solo dejaba ver su pelo marrón, le hizo una reverencia a la salvadora de su amigo, -nunca podre agradecerte lo bastante haberme vuelto a reunir con mi amigo, desde mi última muerte nos habíamos distanciado, ahora mismo ando de cartas, lo justo para sobrevivir, pero le aseguro que en cuando pueda le devolveré el favor, gracias-, dicho eso, le hizo otra pequeña reverencia, le acerco el huevo del desierto al raptor, portal por el cual se metió rápidamente, y su amigo trato de meterse tras el antes de que se notasen los efectos que había tenido la falta de ropa o protecciones de la cambiaformas.

Por último, mirar a los dos humanos que se encontraban en el mismo cuarto, mientras Argoth conseguía desprender la carta del clérigo de las fauces de aquel ser verdoso, Farimir, opto por dirigirse y hablar hacia el caballero herido.
Unos segundos antes, la carta de la maldición, se había transformado en una bola verdosa y malsana que se dirigió rápido hacia el individuo, despojándole de su armadura, poco después, hablo.
-Has sido más delicado, pero al fin y al cabo, ambos queréis lo mismo, todos estamos emponzoñados con el veneno de este lugar, la diferencia entre tu y yo, es que no temo a la muerte, solo sería un retraso, de todos modos da igual, voy a optar por ser bueno esta vez, le lance su marioneta lejos con una de mis cartas, tenéis hasta que vuelva de buscarla para salir de aquí, yo y mi escudero orco le entretendremos, solo correr, por cierto, ¡tu, el mago! Esta vez no te ha salido bien, parece que estoy terminar y estoy terminal, pero has ido precavido y eso me gusta, y tu tampoco está mal, tomadlas, total, yo no las necesitare…- tras decir eso lentamente, cortándose a menudo por espumarajos de sangre y toses, cogió una de sus mazas y se la lanzo, como pudo a Argoth, la otra, se la presto a Farimir.
Cuando ambos hubieron recogido sus cartas, paso un mísero segundo y el orco tembló, la trampilla que había bajo el se abrió de golpe y surgió de ella una extraña entidad verde, cerraremos esta escena con los gritos ahogados en cansancio y sangre del caballero gritando que corran.

Cabe destacar, que de aquellos cuyas historias seguimos, había otro, un divium, pero por razones que escapan a mi comprensión, no logro ver que le ha sucedido en este momento.
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Re: Munchkin.

Mensaje por Arianne el Sáb Jul 27, 2013 1:16 pm

Estaba observando por allí, pero el silencio no duró demasiado: imaginé que la tranquilidad allí no era algo de lo que agarrarse. La puerta se abrió de repente y pude vislumbrar lo que parecía una tempestad en su interior. Recordé haber volado durante una tormenta así, y casi perdí la vida desgarrada por una de las rocas hacia las que el viento me empujaba; así que aquella imagen no me hizo mucha gracia. El pato de antes apareció, con el plumaje mojado y alborotado, mientras yo presenciaba la escena. No sabía qué sentir, pero algo era seguro: no quiero entrar ahí.
El pato masculló maldiciones y se percató de que estaba ahí, entonces me miró –me perforó con la mirada, quién iba a decir que un pato fuese capaz de proyectar una apariencia tan profunda— y me avisó de que no entrase ahí. Ya, bueno. Un aplauso. Tampoco es que tuviese pensamiento de entrar, al menos no mientras mi pie estuviese dormido. Tal vez cuando estuviese en plena forma mi insensatez vuelva a roerme la prudencia. Espero que no, pero algo me dice que no tendré más remedio.

Usó una carta que abrió una trampilla en el suelo, y descendió por ella. Me pasé unos segundos ahí parada, y cuando me di cuenta de lo muy ridícula que quedo cuando no hago nada, decidí moverme. La escalinata bajaba hasta un pasillo iluminado por antorchas y lleno de arena, que se me metía en las sandalias y me molestaba en el único pie que tenía disponible. Vaya, qué bien. Parece que en cuanto el destino –o quien fuese— ha visto que tengo alas, ha dado por sentado que no me importan mis pies.

El pasillo llegaba hasta un oasis, donde el pato estaba descansando. La consternación y mi atención ante no bajar la guardia y estar concentrada me impidieron disfrutar de las vistas, ya que era mejor ir aceptando que hasta la partícula más aparentemente inofensiva puede atacarme aquí dentro. Me senté junto al agua, también; y revisé mis cartas: serían útiles, desde luego, pero tenía miedo de desaprovecharlas. De usarlas en el momento equivocado, en el lugar equivocado. Era consciente de que mi mano con esas cosas era más bien torpe y por mucho que pueda intentar explotar mis habilidades de nada sirve dejar al descubierto mis debilidades, y sé que en un momento de tensión es posible que no use la cabeza de buenas maneras. Guardé las cartas con sumo cuidado de nuevo en mis bolsillos y apoyé la cabeza en mis rodillas, abrazándolas con los brazos. Me puse a pensar, por primera vez desde que había llegado. ¿Había llegado dónde exactamente? ¿De qué iba esa cueva? Que yo sepa, las cuevas no suelen funcionar así. Se lo podría preguntar al pato, que estaba a mi lado, herido. Sin embargo, en lugar de inflarle a preguntas subjetivas estándar al estilo «¿dónde estoy?», «¿quién eres?», «¿qué es esto?»; simplemente formulé una cuestión.

- ¿Qué te ha pasado?

No es que estuviese genuinamente preocupada por el pato. O a lo mejor sí, un poquito.
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Re: Munchkin.

Mensaje por Argoth Tíndel el Sáb Jul 27, 2013 4:10 pm

Después de acercarme lo suficiente a la cara del orco como para tomar la carta ya apartada de sus fauces con el báculo, alcé la mirada y enarqué una ceja cuando el guerrero desnudo terminó de hablar. Por supuesto que me hubiese encantado rebatirle todas y cada una de sus palabras, pero como mago de una Alta Torre me estaba prohibido malgastar la saliva con seres irracionales y él claramente lo era. Mi aspecto me delataba como mago, señor de esencias si se prefiere, así que cualquier guerrero tan armado como el otro tipo representaba una amenaza incluso en un estado tan lamentable. Era –y es- la maldición de los lanzadores de conjuros, siempre éramos débiles al inicio de nuestros periplos y corríamos el riesgo de morir en cuanto pusiéramos un pie fuera de la seguridad de nuestros bastiones mágicos, con lo cual cualquier medida de precaución era poco.

Pero bueno, después de todo era un guerrero así que no podía esperar mucho de él. El otro, por su parte, sí que hizo gala de tener algo de materia gris y en “agradecimiento” por ser tan precavido me entregó una de sus mazas. Era mucho más pesada que mi fiel espada Corac, la cual ahora no tenía ni idea de por dónde vagaba, pero al menos era un arma que blandir además de mi propia magia y las dos cartas que me quedaban escondidas en las mangas de la túnica roja. A continuación mencionó algunas cosas más sobre una “marioneta” y el orco tendido sobre la hierba, que al parecer no era su enemigo sino su aliado.
¿Qué clase de criatura podía haberlos derrotado a los dos causándoles tales daños? La respuesta me llegó más pronto de lo que me hubiese gustado.

En el preciso instante en que daba la espalda al orco para alejarme ya de la zona, escuché como una trampilla se habría. Me giré raudo, estando ya a unos seis pasos de ese mecanismo, y contemplé con una mezcla de horror y admiración a la criatura que se alzaba ante mí. El horroroso aspecto de su cabeza de cefalópodo, su torso delineado y sus brazos tan grandes como troncos paralizaron mi cuerpo durante un segundo. Cuando recuperé el control de mis acciones lo primero que hice fue evaluar la situación: Una criatura de poder inmensamente superior al mío, dos guerreros que no me guardaban especial afecto y una muy posible batalla. Estaba claro que mi carne pertenecía al cañón, aunque todavía me quedaba una opción. La carta del elfo… ¿Qué podía ocurrir si me metamorfoseaba en uno? ¿Serían los elfos de ese lugar iguales que los de Noreth? Si era así ganaría bastante poder mágico y agilidad a cambio de resistencia, la cual ya era paupérrima de por sí en mi ser. Por el contrario si me equivocaba corría el riesgo de terminar bastante… Jodido, hablando en plata.

-Tengo que probar. – Me dije a mí mismo: - Debo conocer los secretos de cuantas magias se me pongan por delante antes de aspirar a “La Prueba de las Torres”. –

Sin dudarlo un solo instante más tomé la carta del elfo de la manga y pronuncié su nombre en voz alta. Ahora tocaba esperar el cambio y mientras eso ocurría yo tenía que deshacerme de todos los pesos extra posible, ya que de ser un elfo norethiano mi fuerza también quedaría reducida de forma considerable, así que sopesé la nueva maza durante unos segundos y la arrojé hacia delante con todas mis fuerzas, apuntando directamente a la base de aquella criatura. En esa zona el ser era mucho más estrecho, con lo cual se reducían las posibilidades de acertar, pero mis conocimientos sobre criaturas mágicas me decían que ese punto tenía mucho que ver con su poder y que de lograr quebrarlo condenaría al calamar a una muerte segura.


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