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Munchkin.

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Re: Munchkin.

Mensaje por Frey el Miér Jul 31, 2013 10:39 pm


El pato se incorporó levemente sobre la arena fina y humedecida, reviso entre sus plumas y cogió una carta pequeña, la convoco y le paso a la joven una copa con un liquido transparente, burbujeante, frio y fresco, mientras el tomaba otro.
-Ha pasado que casi me matan, hay numerosas criaturas, la mayoría no son rivales para mi, después de tantos milenios vagando por este lugar, pero aun hay seres y criaturas con las cuales ni yo ni mis hermanos podemos rivalizar, llevan vivas desde el primer momento, custodiando lo más grandes tesoros, y sin respeto por nada o nadie…y uno de ellos fue lo que casi acaba con migo y me hace perder todas mis preciadas cartas, nada importante.-

Y se volvió a tumbar en la cálida arena mirando a aquel techo luminoso donde el sol no se movía ni un centímetro en la cúpula celeste, disfrutando de su calidez a varios kilómetros bajo la tierra, hasta que finalmente, se acabo su bebida y volvió a mirar a la divium.
[color=white]-Tengo hambre…aunque no lo parezca, soy un buen cocinero, ¿te hace cenar? No tardara mucho en anochecer, aunque si prefieres seguir…en el fondo del lago hay una puerta, úsala a tu antojo-[/color ] comento el plumífero mientras el sol curiosamente seguía brillando sin parar en el cielo.

Por desgracia, parece que hay alguna presencia en aquella mazmorra, una presencia poderosa y perturbadora que me impide observar que extrañas casualidades habían deparado al divium, y también a la cambiaformas cuya visión se me acaba de ahogar en las oscuras profundidades del abismo, esperemos que se encuentres bien.

Por suerte, aun podía ver a los humanos, estaban en problemas, no podían apreciar la verdadera gravedad de la situación.
Farimir no había hecho de momento nada lo bastante interesante como para comentarlo, al menos por ahora, asique nos centraremos en Argoth, y ese ser que les acosaba.

Estaba empezando a dar uso de sus cartas, por un lado, desprecio la maza que le acababa de donar el caballero herido, y la lanzo con toda su fuerza a la base de aquel ser, al mismo tiempo, usaba otra de sus posesiones, para transmutar su raza, ya no era humano, se volvió unos centímetros más altos, sus orejas se volvieron puntiagudas, su piel se oscureció y sus rasgos se refinaron, su fuerza disminuyo, pero fue compensada por una mayor potencia mágica y destreza, aunque la transformación tan profunda le provoco unos pocos espasmos musculares y un segundo de confusión, se curó lo bastante rápido como para ver lo que paso a continuación.

El lanzamiento fue certero, la maza golpeo aquel sitio, y se deslizo por la superficie, fue como lanzarle una canica a una cortina, al final, la maza se deslizo por la trampilla hacia abajo y por un segundo todo estuvo en la más absoluta calma, mientras el escudero orco se convertía en la carta que había sido originariamente y se quedaba posada en una esquina y el caballero se levantaba como podía entre jadeos y brotes de sangre.

El suelo volvió a temblar, y aquella cosita verde se sumergió de nuevo en la oscuridad de la trampilla, otro segundo de tenso silencio, para después, surgiera un fuerte temblor y la tierra y rocas alrededor de la trampilla cediera y saliese volando, dejando un gran agujero en el suelo por el cual emergió otra vez la criatura verde, aunque más bien, ahora se podría apreciar que solo era una marioneta de mano, o mejor dicho, de ala.

Una gallina gigante, tan grande que chocaba contra el techo de la habitación, surgió de la tierra, en su aveza, junto a la cresta un chichón provocado por la maza, en su ala derecha, la marioneta que parecía una bestia verdosa similar a un pulpo, observó a los presentes con ojos furiosos, araño el suelo y trato de golpear a Argoth con su puño marioneta, los quería ver muertos.
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Re: Munchkin.

Mensaje por Argoth Tíndel el Jue Ago 01, 2013 2:28 am

Transformación. Metamorfosis. Como prefiera cada uno llamarla, pero curiosa en cualquier aspecto. Algunas leyendas contaban que poderosos magos podían convertirse incluso en dragones y que los más poderosos dragones podían alcanzar el cénit de su poder convirtiéndose en hechiceros humanos… Sin embargo no era mi caso. No había mutado hasta ser uno de los más grandes seres de todos los tiempos, ¿O tal vez sí? Después de todo en pocos segundos había crecido un par de centímetros, había perdido la barba y mis rasgos se habían afilado casi tanto como las dos picudas orejas que sobresalían en esos momentos entre la maraña de pelos blancos que poseía en mi juventud.

Cuando el aturdimiento inicial se disipó y me acostumbré a los agudos sentidos de mi nueva raza me detuve un segundo a pensar. Un elfo. Era uno de los legendarios elfos, o al menos eso creía, y estaba a punto de entablar combate contra… ¿Un calamar gigante? Pues no, porque la criatura se metió debajo de tierra por la misma trampilla por la que había salido y todo quedó en relativa calma durante unos instantes. Afortunadamente el desmesurado aumento de sentidos en tan solo un instante provocó que mi oído, ahora tan sensible como el de un lobo en guardia, fuese capaz de reconocer el temblor en el suelo antes de que sucediese. Así ocurrió también con la prodigiosa vista de orejas picudas con la que había sido bendecido, la cual permitió que divisase una carta apoyada contra una de las esquinas de la habitación.

Aunque continuaba algo sorprendido por el repentino cambio que yo mismo me había provocado no tardé en darme cuenta de cómo estaban las cosas en la sala. No me paré a pensar que en aquel preciso instante mi vida pudiese correr peligro, de hecho no tuve ni idea de qué peligros podía correr cuando eché a galopar directamente hacia la carta del orco y la tomé entre mis manos. Había dado la espalda al ser pulpiforme.
Observé durante unos instantes mi recién adquirido tesoro y a continuación me vi forzado a girar la cabeza hasta encontrar en mi vista algo, cuanto menos, chocante.

-¿Una gallina? –

Antes de querer darme cuenta ya había hecho la pregunta, aunque tampoco estaba muy fuera de lugar. Era una jodida gallina de las que G’Jal, el orco cocinero de la torre de mi maestro, echaba al guiso en los días importantes –aunque claro está, más grande- Aun así no me confié, no debía perder el tiempo y lo sabía, así que tracé un plan en mi cabeza y lo puse a funcionar en cuanto me hube recuperado de la sorpresa de ver a tal colosal gallina.

Lo primero que hice fue intentar evadir el golpe de la marioneta del maldito pollo, la condición de elfo reducía considerablemente mi resistencia y no estaba seguro de poder aguantar un ataque de ese calibre. A continuación alcé la carta del clérigo junto con la del orco escudero y dispuse a usarlas, ambas:

-Clérigo, deseo recuperar la carta: “Maldición, pierdes un objeto”. –

Justo cuando acabé de hablar –pero no de corretear para esquivar posibles golpes- la carta del clérigo envolvió a la del escudero en brillantes luces blancas y la reescribió hasta convertirla de nuevo en una de las primeras cartas que había obtenido: La maldición. Después el sacerdote desapareció de mi mano y yo continué con la ejecución de mi plan:

-Maldición, pierdes un objeto; Pierdes la marioneta. – Dije en voz alta y con tono claro y firme, sin vacilar. Así es como debía pronunciarse los hechizos para evitar fallos por una confusión de términos en el lenguaje arcano que, claramente, no estaba usando en esos instantes.


Finalmente rematé mi plan con un desesperado intento de usar mi recién ganada agilidad para trepar a uno de los árboles cercanos al ave de corral con un chichón –presumiblemente causado por el lanzamiento de mi maza- y lanzarle el único hechizo ofensivo que conocía. Si lograba subir al árbol cercano a la criatura extendería mi brazo derecho, abriría la palma de la mano y lanzaría mi conjuro de abrasadoras llamas. Mi poder por sí sólo solía ser bastante como para derribar a uno o dos enemigos que estuviesen en línea recta, pero en ésta ocasión mi intención era más bien la de causar un incendio en las plumas del ave que poder agrandar más tarde con mis otras dotes mágicas.

Si los engranajes giraban debidamente la pobre gallina terminaría con un ala desplumada, la carne casi frita y aturdida por la peste de sus propias plumas quemadas. Claro está, esa última parte del plan eran todo conjeturas y tenía muy claro que un solo fallo en mis suposiciones podía causar el estrepitoso fracaso de todo el procedimiento anteriormente mentado.


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Re: Munchkin.

Mensaje por Farimir el Sáb Ago 03, 2013 6:15 pm

El hombre pareció acceder a mi petición.  Me dio una de sus mazas y la otra se la obsequio al mago de más adelante. Pero algo en aquel hombre me inquieto; las palabras que dijo el moribundo me resultaron por demás extrañas. Según él dijo, la muerte solo sería un retraso, nada importante. Esa frase me dejo muy dubitativo. Pensé que tal vez las condiciones de la muerte en aquella realidad eran diferentes a las nuestras. Tal vez la muerte solo fuese temporal en aquel lugar. Sin embargo aún existía el pequeño problema de que debía morir para comprobar mi teoría y la verdad no tenía ganas de correr el riesgo.  Pero a juzgar por la situación que estaba generándose en aquel lugar tal vez alguno de los presentes comprobaría mi teoría. Según el hombre menciono, del otro lado de la puerta que tenía enfrente había una criatura o marioneta. Al parecer lo que estaba detrás de esa puerta había sido lo bastante destructiva como para causar graves daños a un hombre de grandes proporciones y a un escudero orco.
De pronto, pude escuchar como una trampilla se habría a mis espaldas, además de al guerrero medio muerto gritándonos que corriésemos. Luego de unos minutos entendí por qué. Con una simple mirada pude observar como una  bestial criatura de enormes proporciones. Era un ser de color verdoso, con gigantesca cosa brazos que se asemejaban a mazas de guerra. Además, su cabeza parecía la de un calamar. Era una criatura de la que jamás había escuchado. Sin embargo eso aumentaba el desafío, y me gustaba desafiarme a mí mismo con oponentes poderosos. Solo así conseguiría mejorar.

El mago, por su parte, no tardo mucho tiempo en entrar a la acción. Primero, lanzo la gran maza del hombre moribundo directo hacia la criatura. Afortunadamente, consiguió darle en el blanco, no solo eso, sino que consiguió hacer retroceder a la criatura. Por un momento, todo estuvo en relativa calma. Aproveche esa oportunidad para retroceder hasta la zona segura y dejar ahí las cosas que no quería perder (mi libro y la carta de la maldición. También deje la carta de la espada bastarda porque me estorbaría). Estaba seguro de que aquella criatura no sedería tan fácilmente. Era imposible esperar derrotar a un monstruo como aquel con una simple maza. Cuando me acerque de nuevo a la habitación, no te que el mago se había transformado en un elfo. Posiblemente otra de sus cartas. Sin embargo esta, al menos había sido bien utilizada.

Todo quedo en relativa calma por unos momentos. Desgraciadamente la calma no duro para nada. Poco después, se escuchó un extraño sonido, proveniente por debajo del suelo. Unos segundos después, una bestia criatura blanca, más grande que casi cualquier cosa que haya visto, emergió desde el suelo, haciendo un enrome agujero en este. Cunado observe fijamente a la criatura, contemple como horror que me enfrentaba a una bestial….gallina. –Tiene que ser un chiste, primero un pato guardián y ahora una gallina gigante. ¿Qué sigue, una gran paloma de fuego?- Ya comenzaba a cansarme el hecho de que las más insignificantes criaturas de nuestra realidad fuesen  bestias destructoras en la realidad donde  me encontraba. Lo peor fue que el gigantesco calamar verde apenas era una marioneta, sostenida pro una de las alas de la gran gallina.

El mago no tardó mucho en actuar, utilizando la agilidad de un elfo para trepar por un gran árbol. Parecía querer lanzar un conjuro o algo así. Esperaba que fuese un conjuro de ataque útil. El mago también consiguió utilizar la carta de Maldición: Pierdes un objeto, para quitarle a la gallina su marioneta de calamar. Al menos esa vez le había dado un buen uso, aunque todavía me parecía raro considerar la idea de una gallina gigante con una marioneta de calamar gigante. Yo, por mi parte, utilice la única carta que más o menos parecía servirme.  Levante mi gran maza del clérigo y pude observar como la gallina poseía un chichón en la cabeza, posiblemente causado por la maza que el mago había lanzado. Se me ocurrió una idea. Respire profundamente, tome carrera, y entonces avance a toda velocidad hacia el pollo. Frene de golpe y aprovechando la inercia, lancé con todas mis fuerzas la maza, apuntando hacia la cabeza de la gallina. El trayecto que la maza debía recorrer no era tanto, pero si era bastante largo. Esperaba que al menos el golpe le diera en un ojo para distraerla. Sin esperar a ver qué pasaba, retrocedí con rapidez hacia donde había dejado mi libro y mis cartas. Agarre la carta de la espada y dije en vos alta- Espada bastarda y traicionera. Acto seguido la carta se materializo en un gran mandoble de dos manos. Sin embargo no podía atacar aun a la gallina. Debía esperar a ver cuánto la había afectado mi ataque y el ataque del mago.
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Re: Munchkin.

Mensaje por Frey el Dom Ago 04, 2013 11:11 pm

En serio, ¿qué le pasa a este trasto? no puedo ver lo que le acontece a Sahale, ni a los Divium, tengo que llevarlo a reparar, en fin, al menos podemos deleitarnos con los sufrimientos de los dos humanos mientras se enfrentan a un rival de la talla del pollo primigenio.

Cada uno efectuando sus acciones en el gran combate, a pesar de ser un enemigo portentoso, no se rendían, seguían luchando, por un lado, teníamos al hechicero, que con el podrá extraído de aquel lugar, había cambiado su raza y añadido una profesión a su carrera, había usado sus recientemente adquiridos poderes clericales para recuperar la carta de maldición que había cambiado en un inicio por la de los orcos, a costa de un escudero leal, e inmediatamente la uso, quedándose sin carta alguna, había invertido mucho ene se combate, espero que le salga bien.

Aunque de momento, no parecía que debiéramos de temer por él, la carta se convirtió rápidamente en una pequeña bola de plasma purpura con un fuerte núcleo negro que salió disparada hacia la marioneta que usaba la gallina, la cual, despistada, dejo que le alcanzara, el muñeco se desvaneció, dejando al pollo sorprendido, mirándose a su ala anteriormente cubierta sin parpadear y con los ojos bien abiertos, mientras, el lanzador había aprovechado su nueva raza para subirse a un árbol y tratar de quemar a su rival desde allí.

Por otro lado, su compañero forzoso, había optado por otra salida, lanzándole la maza a la gallina gigante con la esperanza de que hiciera algo, y si que lo hizo, ese acto saco a la gallina de su momentáneo despiste, le golpeo en la cabeza, un poco por debajo del ojo, y después de eso, cayó al suelo y en el contacto con la tierra, se convirtió de nueva en la carta que había sido, y aunque pareciera que no, fue un golpe importante.

La gallina no se percato de la posición aventajada del elfo, asique cuando este lanzo su conjuro ígneo, por azares del destino o una misteriosa conexión con el otro humano, el golpe fue muy duro.

El conjuro le acertó de lado en un lateral de la cara, el pollo por la sorpresa y el impulso de golpear a Farimir, cayó al suelo por un momento, mientras su plumaje ardía, e inmediatamente rodo por el suelo, derribando árboles y rompiendo rocas en su camina, y cuando se levanto se le pudo ver muy cambiado…

Todo el lado derecho de su cara, cuello y buena parte del torso, estaba desplumado, aunque la llama principal se había apagado, aun había pequeñas flamas y ascuas en los bordes de su plumaje, pero no parecían avanzar en aquella masa blanca, también su ojo derecho se había quedado en cenizas, reduciéndose a cenizas y dejando ver su cuenca vacía, una parte de su piel, estaba quemada, es lo que pasa por haber tardado en acabar de apagarlo, más teniendo en cuenta que su movimiento le roció con fuego todo ese lado, una vez en pie, respiro y elevo sus alas, clavándolas en el limpio techo azul cielo, y empezó a contonearse, mientras gritaba como el infierno encargado y emplumado, arranco del techo una enorme roca con la que les trato de aplastar, devastando el cuarto a su paso, y provocando que aquel lugar empezase a temblar, mientras grietas oscuras se extendía por el horizonte y por el cielo.
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Re: Munchkin.

Mensaje por Farimir el Dom Ago 11, 2013 6:02 pm

No tenía idea de que hacer en esos momentos. Mi ataque había funcionado y le había dado directo por debajo del ojo. El golpe en si no pareció ser muy importante pero pareció bastar para que el pollo gigante se despabilase. No supe si había hecho bien al golpearlo o solo había empeorado la situación. Lo único que supe en ese momento fue que había conseguido llamar la atención del pollo. Por otra parte el conjuro de mi compañero había funcionado e instantáneamente la marioneta que el emplumado ser poseía desapareció bajo sus alas. El pollo se miró su ala vacía, sin entender lo que había ocurrido. Eso me dio la pauta de que el parecía no conocer sobre la magia de las cartas. Tal vez ninguna de las bestias que había en aquel mundo no conocían sobre el efecto de las cartas. Esperaba estar en lo correcto.

Por otra parte, el conjuro del elfo mago funciono y una gran llamarada de fuego salió de sus manos. Eso sumado al hecho de que las plumas de una gallina se prenden fuego fácilmente, termino provocado que el pollo se prendiera fuego, al menos la mitad de su cuerpo. Sus alaridos llenaron el lugar y comenzó a revolcarse y sacudirse por los suelos, tratando de apagar el incendio que había en su cuerpo. En el proceso casi destruyo todo el lugar debido a su torpeza y gran tamaño. Para cuando termino de sacudirse, se pudo apreciar el daño que había sufrido. Al menos la mitad de su cuerpo estaba irremediablemente incinerado. Se notaba que uno de sus ojos se había derretido completamente. Se notó la furia en sus ojos, o mejor dicho ojo, luego de que se recuperase del incendio. Además, sus plumas aún estaban prendiéndose fuego.

Después de aquello, el pollo elevo sus alas hacia el techo y con mucha fuerza, arranco una roca del techo y la lanzo hacia nosotros. Rápidamente, corrí hacia una de las esquinas y con un gran salto en largo logre esquivar la enrome roca que el pollo nos lanzó. Entonces supe que debía atacarlo. No tenía ningún punto débil que pudiese ubicar, por lo que ataque a lo único que podía. Corrí directamente hacia uno de sus pies y con gran fuerza le atravesé mi espada bastarda, aferrándome con fuerza a ella. Esperaba que eso le causase algo de daño al plumífero. En caso de que quisiese atraparme con su pico, soltaría la espada y me alejaría rápido
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Re: Munchkin.

Mensaje por Argoth Tíndel el Lun Ago 12, 2013 3:10 am

Por fortuna el plan había surtido efecto. La carta pronto tomó la forma de bola que la caracterizaba, con el exterior purpúreo y el centro negro como el alma de un nigromante, y salió disparada hacia la marioneta. Sin embargo yo, antes que de ver efecto alguno, me preocupé más por cómo iba a bajar después de la rama alta en la que había acabado para lanzar mi hechizo. Había una buena distancia y aunque mi nueva condición de elfo me beneficiaba con bastante agilidad extra, la merma de resistencia y fuerza muscular para lograr ésta no había sido poca.

Afortunadamente no tuve que preocuparme de eso hasta que lancé el conjuro de fuego, momento en el cual recordé la debilidad al fuego de los orejaspicudas y maldije por lo bajo a su raza –y en esos momentos también la mía-. Mi propia esencia había hecho estragos en la fina piel que me cubría la palma de la mano, dejándome una bonita quemadura de recuerdo que tardaría en sanar, aunque desde luego nada comparable con lo que le había ocurrido a la gallina. El pobre animal, si es que podía llamarse así a semejante mastodonte, había sufrido mucho más que yo por la eterna e insaciable hambre del fuego y eso se reflejaba en la forma que “chillaba” mientras que rodaba por el suelo derribando árboles y pulverizando rocas.
Para mi desgracia, en uno de aquellos giros la gallina logró partir el grueso tronco del árbol en el que me encontraba haciendo así que me fuese imposible evitar precipitarme directo hacia el suelo. Aunque no todo estaba perdido; la agilidad y la destreza que había ganado se sumaron a unos reflejos mucho más rápidos a los humanos y gracias a ello conseguí hacerme con mi bastón de mago, el cual iba cayendo a mi lado, y usarlo a modo de pértiga para reducir el impacto contra la hierba a los bordes del camino.
Una vez en el suelo, procuré ser rápido evadiendo los furiosos pasos de la criatura. Había visto caer el mazo del guerrero cerca de una de sus patas, pero con todo el barullo la había perdido de vista, así que no tuve más remedio que alejarme para conservar la cabeza y observar desde una posición más segura durante unos segundos.

La vista también se me afinó con el cambio; no me costaba nada diferenciar el rojo de las ascuas y el naranja de las pequeñas llamas en la distancia.
Raudo, veloz como el rayo, me di cuenta de que aquellos fuegos se iban a unir en un punto cercano al pecho, donde estaban las plumas más densas del animal. Si lograba que aquellos pequeños núcleos se convirtieran en una llama de, al menos, el tamaño de una antorcha, tal vez lograría incinerar el todo su pecho y que el voraz elemento rojo se extendiese por el resto de su cabeza.

No me quedaba otra; solté el bastón que se había roto tras la caída, respiré hondo un par de veces y me tomé el riesgo como a un hijo. Salí de mi escondrijo con la túnica roja ondeando tras de mí, arrastrando polvo a medida que mis babuchas se hincaban firmemente en el terreno. Alcé la vista y enfoqué mis dos orbes anaranjados sobre las llamas del mismo color. Extendí las manos y di un grito en el lenguaje de la magia:

-Na’maek! –

En ese preciso instante sentí que toda la energía que no había usado en el otro conjuro me abandonaba. Era elfo, tenía más esencia que un humano con mi rango de mago, pero eso no impidió que el lanzamiento de dos conjuros seguidos sin tener la suficiente resistencia mágica me fatigase; empecé a ver borroso y saber si había acertado o fallado no me era posible. En esos instantes sólo veía una gran mancha blanca con dos extremidades extendidas hacia el cielo para sujetar un pedazo de éste.


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Re: Munchkin.

Mensaje por Arianne el Lun Ago 12, 2013 11:28 pm

El pato se levantó para sacar una pequeña carta, de la que hizo aparecer una copa. Estaba llena de algo que al principio parecía agua, pero cuando me la acercó pude ver que burbujeaba. El vaso estaba frío y agradecí ese frescor en las manos, que estaban entumecidas de tanto tensarlas inconscientemente ante el peligro. Mientras tomaba un sorbo, el animal –o lo que fuese— me contó que casi lo habían matado, ya que existían criaturas ahí dentro contra las que no podían luchar. Ni decir tiene que no fue muy tranquilizador, pero ayudó que la bebida ayudase a reducir ese horrible hormigueo en mi pie.

Él acabó con un “nada importante” y se tumbó, mientras yo fruncía el ceño. No terminaba de procesarlo en mi cabeza. El tono de voz con el que hablaba me recordó a Gorm y fue como un pinchazo doloroso, como un sabor amargo repitiéndose en mi garganta constantemente. Recordé que era mi amigo y que no podía dejarlo ahí sin más. Casi me arrepentí de lo que hice, si no fuese porque mi orgullo y mi excesiva confianza taparon pronto el agujero.

Me preguntó si quería cenar y yo me encogí de hombros.

- No – declaré –. A mí también me han herido. Pero no es nada. Seguiré adelante.

Sentía que me quedaban grandes aquellas palabras, como si estuviese hablando como la heroína que no soy. Es cierto que no soy nada despreciable, pero tampoco me gusta ponerme en lo más alto; más que nada porque la mayoría de gente de lo más alto me cae como una patada en el culo. Confío en mí misma pero no estaba salvando el mundo con aquello, de eso estaba segura. Más bien estaba arriesgando mi vida. De eso sí estaba segura, fíjate.

“En el fondo del lago hay una puerta, úsala a tu antojo”. No entendía nada. Dadas mis alas, nadar se me da fatal. Me muevo como un animal enjaulado, pero no avanzo hacia ningún sitio. Sin embargo, esperaba poder ver algo si me sumergía un poco, ya que a lo mejor no era una puerta tal y como me la imaginaba. Me lo ha dicho el pato, y aquí las cosas no te las dan masticadas, o al menos eso creo. Dejé el vaso en el suelo y me dirigí hacia el lago, con paso decidido; de hecho demasiado decidido. Realmente no pensaba poder meterme ahí dentro. Me agaché sobre la superficie y miré mi reflejo. Me pregunto si soy lo único que no cambia aquí dentro, al menos yo no me veo diferente. Tengo la misma cara de malnacida.

Tomé aire y sumergí la cabeza, pero aunque sentí mi piel mojarse, hay algo que no cambió: no necesitaba mantener la respiración. Podía respirar. Era como si el agua se estuviese apoderando de mi cabeza y me estuviese arrastrando hacia el fondo. Me sumergí completamente y tardé un rato en llegar a la puerta –que era una trampilla— ya que ya he dicho que soy pésima para nadar. Sin embargo, al llegar allí le había cogido el truco, más o menos. Sólo esperaba no tener que moverme mucho, pasase lo que pasase. Toqué mis cartas para asegurarme de que estaban allí, quería tenerlas a mano si iba a estar en desventaja.

Llegué a una nueva estancia, sumergida también, y oscura. No veía paredes ni tampoco suelo. De nuevo, luces. Las seguí, intentando nadar de la manera más elegante que mi poca destreza me permitía, sin saber si me dirigen a la desgracia o a la fortuna. Pero se ve que de eso se trata el estar aquí.


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Re: Munchkin.

Mensaje por Jones "The butcher" el Mar Ago 13, 2013 10:31 am

Entre más me acercaba a la jaula de acero, el yukto se volvía más y más violento, se agitaba desesperado al otro lado de los barrotes, lanzado mordiscos y zarpazos a mi garganta. Intente bajar la mirada para mostrarle que no quería luchar y que lo reconocía como un superior, pero no funciono, ese animal no tiene idea de lo que significaba eso, seguramente nació bajo los brazos del hombre de acero, probablemente jamás ha sido libre, nació sobre las tierras de piedra del hombre salvaje. De todas formas no me di por vencida, seguí caminando cautelosamente hacía la jaula, esta vez bajando casi todo mi cuerpo y con el huevo por delante, pero el yukto solo se golpeaba más y más fuerte contra los barrotes, estaba furioso, descontrolado, hasta que deje el huevo a sus pies.

Apenas se dio cuenta de la cercanía del huevo, detuvo todos sus movimientos de golpe, no apartaba los ojos del huevo mientras movía la cabeza de lado a lado, parecía confundido, como si ese huevo no fuese suyo, pero estaba demasiado concentrado para que no le pareciese familiar. Estaba a punto de acercarme nuevamente, cuando el yukto, haciendo uso de su cabeza y sus manos, ayuda a entrar al huevo a la jaula. Allí, de un fuerte mordisco, le rompió la parte superior al ovosfero. Se quedo mirando hacía su interior un rato prolongado, hasta que desde el mismo huevo se pudo escuchar una voz masculina de corta edad, se escuchaba emocionada, muy feliz de que haya abierto ese huevo. Desde dentro del pequeño huevo, salió un guapo joven de corta edad, era muy alto, de piel quemada por el sol, sus ojos parecían sinceros y amables. Era un buen chico de verdad, estaba muy agradecido por haberlo ayudado a encontrar al yukto, que al parecer era su compañero.

No agradezcas, lo hice sin ninguna intención. ¿Devolverme el favor? Por ahora no me interesan mucho las cartas, pero se me ocurren algunas maneras de que me devuelvas el favor… Le dije con tono coqueto a la vez que le regalaba una sutil sonrisa.

Pero  el chico se puso muy nervioso, se sonrojo mucho y no sabía que decir, de pronto le paso el huevo del que había salido al yukto, el cual ingreso presto hacía el interior, y luego el chico lo siguió, quiso disimularlo pero no lo hizo a tiempo, le agradaba, le parecía atractiva, bueno era eso, o traía una daga en su pantalón.

Ponerse nervioso por una mujer… Extraños son los hombres de acero, simplemente curiosos, hay de todo tipo en su amplio mundo. Dije burlona pero alegre.

De nuevo mire por la habitación, pero esta vez estaba completamente sola, bueno no sola, estaba acompañada por los cuatro huevos y las antorchas. Desde el túnel por el que baje, entraba una ráfaga de viento helado, el cual hacía que las llamas de las antorchas bailaran una agonizante danza y provocaba que mi piel y mis músculos se entumieran. Ya podía sentir el frio del norte de acero y piedra, era muy distinto al de casa, éste es más seco, cala más profundo hasta el hueso mismo y te obliga a temblar para calentarte, es extraño y poco agradable, por eso mismo deje salir un poco de pelaje del espíritu guardián pero sin perder la forma humana, lo que provoco que se me notaran las marcas circulares de color negra en algunas partes de mi piel morena, donde más se podía notar eran en los hombros, parte media/alta de la espalda y en los muslos. Siempre se siente extraño quedar entre los dos mundos, pero por lo menos hizo que el frio siguiera su camino.

Comencé a caminar por la habitación, inspeccionando cualquier cosa que pudiese servir, pero nada había, solo cuatro huevos blancos. Me acerque al que tenía más cerca, transforme mi uña del índice derecho en una garra e imite al yukto, de forma suave golpee la parte superior del huevo con la garra, pronto el ovosfero se quebró y dentro pude apreciar algo verdaderamente extraño, era la sala donde conocí al pato, pero ahora estaba completamente vacía, solo las puertas esperaban la llegada de alguien. Decidí seguir investigando, así que di otro par de pasos y me acerque el siguiente huevo, éste guardaba en su interior un extraño lugar, allí la madre luna estaba reinando el cielo y bajo ella se extendía un enorme terreno, parecen ser cultivos de grano de oro, muchos hombres de acero las obligan  nacer todas juntas para luego consumirlas, en el centro del campo hay una enorme casa de madera de color rojo y blanco, desde allí suenan extraños sonidos. Apenas vi la madre luna en el cielo escogí ese huevo, pero los sonidos me daban mala espina, así que se me ocurrió un plan B en caso de que algo salga mal.

Me puse nuevamente de pie y tome el huevo que contenía las cuatro puertas del comienzo, lo abrace fuerte entre mis brazos y salte dentro del huevo nocturno. Pensé que sería algo mucho más violento, pero fue solo un parpadeo, apenas abrí los ojos pude ver que estaba parada a escasos 3 metros del granero. Deje el huevo en el suelo y cambie a la forma completa del ocelote. Debía averiguar qué cosa habitaba dentro de ese extraño recinto, pero de ninguna manera iba a entrar por la puerta principal, esos sonidos me ponían los pelos de punta, me obligaban a ponerme alerta, suena muy peligroso. En forma felina, decidí rodear el enorme salón de madera, si no encontraba ninguna entrada a nivel del suelo pues iba a escalar hasta el techo, seguro que debe haber una entrada arriba.
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Re: Munchkin.

Mensaje por Frey el Mar Ago 13, 2013 10:21 pm

¡Bien!, por fin logro sintonizar a los demás, salvo al divium, en fin, al menos estas casi todos, veamos qué pasa.

Para los humanos la cosa se pone caliente, el pollo primigenio, se les estaba resistiendo, a pesar de los continuados esfuerzos de los hombres, seguirá vivo, y muy cabreado.

La enorme roca se bamboleaba sobre sus cabezas movida por la inmensa fuerza de la criatura, destrozando lo poco que quedaba de la habitación y abriendo grietas en las paredes, y en una de esas ciertas, se podían ver un par de ojos brillantes.
Uno trato de atravesarle la pierna, el otro, incinerarle por completo, pero antes de que pudieran hacerle nada o recibir uno de esos golpes devastadores en los que el pollo tanto se había preocupado por darles, se pudo oír una voz clara y femenina de una de las grietas.

-Poción de Pollimerizacion- y el pollo, se ¿pollifico?, la enorme gallina de colosales poderes, recibió el impacto de una botella de aspecto sospechoso sobre su lomo, al instante, mermo su tamaño y su poder, hasta ser una gallina ordinaria, aunque aun le faltaba un ojo, esta, miro a ambos individuos y hecho a correr, tirándose por el agujero negro, al tiempo que varias cartas caían de su plumaje.
Ante todo pronóstico, la habían derrotado, pero con algo de ayuda, de un lado de la habitación, apareció una figura femenina, menuda y grácil, de largo pelo negro azabache y vestida de un pequeño vestido del mismo color, que parecía no estorbarle nada, no llevaba calzado alguno y sus ojos morados se reflejaban en las dos enormes espadas de acero curvo que sostenía con firmeza en los brazos.
Se acerco a las cartas sin apenas dirigirles una mirada, y antes que ninguno, las examino.
-No habéis sido muy inteligentes al retar al pollo primigenio, es una criatura fuerte que normalmente solo vivo en las zonas profundas de esta dimensión, tenéis suerte de que pasare por acá…bueno, pillen su parte del tesoro y sean buenos caballeros y ayúdenme a bajara, quiero seguir mi camino, me huelo que hay algo…épico cerca.- dijo la mujer al acercarse al agujero, tras repartir las cartas entres montoncillos, y escoger el suyo.

Abajo, las tinieblas eternas perduraban con fuerza, sin dejar ver las mesas, sillas y antorchas apagadas que poblaban el suelo.

Por otro lado, la divium se había decidido por navegar por el océano, bajo las tenebrosas aguas, no podía saber, que no estaba sola.
La débil luz de los corales apenas dejaba entrever una figura de larga cola y cuatro ojos que reflejaban aquella luz, el fino olfato de uno de sus hocicos, habían detectado el rostro de la mujer, y tenían curiosidad.
Se acercaron nadando en silencio, y con una par de firmes coletazos se plantaron a su lado.
-¿Qué demonios estás haciendo e este abismo?-, le pregunto el joven, este joven, estaba muy falto de cartas, por eso estaba allí, tenía una deuda que debía saldar, y no era buena idea tener la imagen de una cambiaformas metida en la cabeza todo el tiempo, -bueno, supongo que bienvenida a las salas del abismo, ¿tu también estas buscando al gran monstruo de las zonas acuáticas?, no sé si es una buena idea que una persona como tu se enfrente a ella…- de movió un poco más, y su montura reptiliana se paro sobre uno de los corales luminiscentes, dejándose ver bien en aquella zona inundada de aquel aire tan acuoso, -oye…¿que cartas tienes?, quizás podamos hacer un trato…-

Y ahora, Sahale.
Tras haber puesto “nervioso” a un desconocido, había decidido internarse en la zona de los cultivos, a pesar de los murmullos, gemidos y demás sonidos infernales que se producían en su interior.
Rodeo el granero, y pudo ver en la zona alta de una pared, una pequeña ventana, no era muy grande, pero dejaba ver el interior y entrar por si fuera necesario.

Una vez dentro, encontraría todo un espectáculo de criaturas.
En las vigas del techo, se posaban un par de criaturas voladoras de forma humanoide y con grandes arpas entre sus manos, Harpías, En el suelo, un enorme ogro anaranjado vestido con ropa confeccionada con paja bloqueaba la `puerta delantera, un señor pálido y trajeado estaba sentado tranquilamente  e una bala de heno, mientras un caballo no muerto devoraba otra, estaban todos muy nerviosos, y hablaban entre ellos.
-Os lo avise, ¡vayamos a los niveles inferiores!¡podemos hacernos más fuertes!¡será divertido!...mirad para que nos ha servido- espeto el ogro anaranjado.
-¡No es nuestra culpa!- comentaron a coro las Harpías, -no podríamos imaginar que el rojo nos estaría esperando-.
-Pero si fuisteis vosotras las que…- dijo otra vez la criatura de paja, antes de ser interrumpido por el hombre trajeado.
-Señores, hemos de aceptar la realidad, relajaos, estamos muertos de todas maneras, ya reaparecemos, o nos usaran como a muñecos de trapo, ha sido un horror conocerles-.

Unos segundos después de debate, algo llamo a la puerta, todo quedo en silencio, después, un destello, y un pato rojo entro en la sala.
-Gracias a vosotros- comenzó a decir la figura mientras avanzaba hacia dentro, al tiempo que las demás retrocedían, -he abandonado mis queridos niveles inferiores, y ahora, necesitare que os ocupéis de los guardianes por mi-
-Pero…- refunfuño el ogro naranja, -La última vez murieron muchos, y solo conseguimos pasar de lado…-
-¿Ves que me importe?, los distraeréis…- dicho eso saco una carta de su plumaje y los allí presentes desaparecieron, y el, simplemente se dio la vuelta y de marcho por donde había venido.
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Re: Munchkin.

Mensaje por Arianne el Dom Ago 18, 2013 11:28 am

Al parecer es más fácil sobresaltarme al estar flotando en un abismo acuático en el que puedo respirar pero no veo lo que tengo más allá de mis narices. Así que cuando escuché una voz a escasa distancia de mí, pegué un respingo. “¿Qué demonios estás haciendo en este abismo?”. Qué gracioso, es justo lo que yo me estoy preguntando. Me giré pero no conseguí ver más que su silueta y sus ojos, por mucho que forzase la mirada. Él me dio la bienvenida a la sala y me cuestionó si estaba buscando al gran monstruo de las zonas acuáticas, porque “no sabe si es una buena idea que una persona como yo se enfrente a ella”. ¿Cómo que “una persona como yo”? ¿Acaso me ve como una miserable cualquiera? ¿Quién se ha creído?

Me enfrentaría a él si no fuese porque el agua me resulta un obstáculo.

Entonces me preguntó sobre mis cartas. La verdad es que podría cambiar la de la araña, a lo mejor él tenía cosas más interesantes. Me llamó la atención una carta que tenía: la del brazo extra. Si utilizaba esa carta, un brazo más podría permitir que me moviese mejor en el agua y así bajar a luchar contra el monstruo ese, tal vez. A fin de cuentas ya le había cogido bastante el truco a eso de nadar, y lo más seguro es que el monstruo ese tenga también cartas útiles que pueda conseguir por mí misma.

¿Qué tal la del brazo extra? — propuse — Por esta carta de la araña venenosa.

Se la mostré.

Quiero luchar contra el monstruo y el brazo me serviría.

Me da igual que note que en parte es porque no me ve capaz de hacerlo. Tengo una lanza, supongo que me sirve. Aproveché para revisar mis cartas y me percaté de que tenía la del casco invisible, que también podría servirme para bajar abajo. La activé en voz alta y casi que no noté el casco posándose sobre mi cabeza, pero estaba ahí. Bueno, esa es la gracia de que sea un casco invisible.

Ahora mejor — le dije al de las cartas, mientras me acostumbraba al casco — Sólo me falta la tuya y estaré lista. O no. ¿Algún consejo?


Spoiler:

   
   
   

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