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Ayuda al viejo Rey Allant...

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Re: Ayuda al viejo Rey Allant...

Mensaje por Iron Man el Vie Jun 10, 2011 11:53 pm

De las manos del Galen seguía brotando la magia, más bien la anti-magia, que repelía la esencia maligna del lugar. Sus energía menguaban a cada segundo, y el demonio seguía avanzando con fiereza por la hierba negra y marchita del bosque, que se movía con un mortecino viento de la mañana. No sería todavía el medio día, y ya estaban metidos hasta el cuello en un lío. El antropomorfo pudo clavar sus garras en la dura piel del ser, que pronto emitió un gutural grito que rebotó entre los árboles para luego volver a sus propios oídos.

De la herida comenzó a brotar sangre de color rojo oscuro, mucho más que el de una persona normal. Salía a presión, como si algo estuviera presionando la herida, pero tan pronto como se cerró una capa de piedra se formó alrededor de la mano del peludo “hombre”, podía librarse si tiraba fuerte, e incluso podría sacar de ahí una valiosa arma de roca, algo así como un guantelete. Mientras tanto, dentro del campo de fuerza que de nuevo había logrado estabilizar el explorador experto, se reunía de nuevo la esencia de la magia. De nuevo aquel crío al que el hombre no pudo evitar lanzar una furiosa mirada.

Aunque el acto de Galen se quedó en eso, en una simple mirada. Mitsu fue más allá, y entrando en contacto físico directo con él rompió su concentración, la magia del chico se desvió hacia Mitsu, dándole a este un ligero calambre, no más que el emitido por uan descarga de electricidad estática, pero suficiente como para que el hechizo de Demian no surtiera efecto, por suerte para todos. Aun así el campo ya estaba afectado, ya era mucho más débil que antes.

-No lo dejéis moverse – gritó Galen mientras hacía un esfuerzo por sacar algo de su bolsillo. Mientras que el sonido de las pistolas de Jack y su dulce olor a pólvora quemada inundaban el ambiente del bolsillo de Galen cayó al suelo una pequeña piedra roja, no más grande que la uña de un dedo, pero sin embargo de esta se extendió un campo rojizo, igual de grande que el que él mismo había estado manteniendo. Bajó las manos y sacó de su cinto dos empuñaduras sin filo ¿Qué pretendía hacer con el mango de una…? ¿Espada? Ni tan siquiera parecían ser de espadas.

Al pulsar un botón un sonido parecido al zumbido de miles de abejas cortó el aire. Dos haces de luz roja salieron de las empuñaduras, uno de cada uno. La mirada de Galen se tornó más fría incluso que la del propio demonio, que pronto se quitó de encima al Shackal, arrojándolo contra Cross y haciendo que ambos rodaran hasta estar al lado de la piedra, rozándola apenas con las uñas. Galen dio un paso y siguiente no se encontraba en el mismo lugar, sino que estaba justo detrás del monstruo. Su velocidad no era humana, y sus armas no eran como nada que el hombre hubiera visto antes.

Como si de manteca se tratase los sables de luz del joven rapado atravesaron la carne del ser infernal, separando sus alas de él y haciendo que soltara un temible colazo que le alcanzó las costillas a Marek. Un colazo de esa envergadura hubiese dejado sin vida a cualquiera, pero el misterioso hombre se puso en pie, furioso y malhumorado mientras que su aura comenzaba a dejarse ver. Una energía oscura que lo envolvía por completo, capaz de repeler la magia del lugar por sí sola, sin necesidad de apoyarse en su propio escudo.

De un salto colocó ambas piernas en el pecho de la bestia y se impulsó con fuerza en las escamas del ser y rebotó hasta casi entrar de nuevo en su propio hechizo, pero frenó usando los pies de ancla. El “animal”, se revolvía con cada nuevo golpe, y el combate parecía decidido. Pero en ese momento la tierra tembló, Galen simplemente se esfumó, como la ilusión que era, y nuestros protagonistas se vieron envueltos en una densa niebla oscura que estaba dentro del campo rojo. Poco a poco fueron sintiendo como si su cuerpo no pudiera moverse. Sus músculos estaban demasiado relajados como para ponerse en pie, y sus ojos comenzaban a pesar.

(…)

Sin saber cuántas horas habían pasado, si es que había pasado alguna, volvieron a despertar. Desde luego no estaban en el bosque. Era una especie de cueva, llena de columnas que nacían en el techo para acabar en el suelo, o al revés, no se podía estar seguro. En el ambiente flotaba un penetrante olor azufre, mucho peor que el que había habido hacía poco por culpa del hechizo de Demian. Justo enfrente de ellos había una puerta; alta, acabada en un arco en punta y lisa. No tenía hoja, era más bien un hueco en la piedra, tallado por algo desconocido. De allí provenían algunos lamentos y gritos, pero era todo lo que tenían para salir de allí. Si es que a eso se le podía llamar salida.


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Re: Ayuda al viejo Rey Allant...

Mensaje por Franz Krieger el Jue Jun 16, 2011 4:22 pm

Y en unos instantes, solo unos instantes, aquel tipo, Galen, desenfundó un extraño sable que resplandecía con un color carmesí, acabó con aquel monstruo, aquel demonio que el chaval acababa de invocar. Jack ni si quiera vió como había llegado hasta detrás del monstruo, todo había pasado tan rápido que apenas sabía donde estaba, estaba tan extrañado que ahora mismo había encasillado a Galen como un dios. Y cuando saltó, impulsándose en el bicho, hasta llegar a unos escasos veinticinco centímetros de Jack, eso fue jodidamente brutal, es decir, no todos los días uno ve a un acróbata-espadachín, y si hubiese tenido una bolsa de pan de lembas, hubiese sido el mejor espéctaculo de la historia, ¡Lo tenía todo!

Y entonces, se esfumó, como un fugaz, ya no estaba ahí, simplemente... se había ido, y ahora una intensa y oscura polvareda cubría a Jack hasta las cejas, incapaz de resistir su efecto, sus rodillas le flaquearon y sus ojos se adormecieron, lo único que recordaba de aquello, era un duro golpe en la cabeza, y es que se cayó al suelo y se golpeó con una piedra.

*

Se despertó en un húmedo ambiente, una cueva. Podía oír un ligero rumor del agua, o quizás eran animales, quizás fuese su cabeza pero de lo que estaba seguro era de que alguien lo había llevado hasta allí. ¿Pero para qué?
Una vez se había reincorporado, se dió cuenta de que estaba junto al resto del "Equipo", el afeminado, el crio y el hombre lobo ese. Jack fue el primero en despertarse, se puso en pie y agarró sus pistolas, y empezó a recargarlas, una vez acabó las volvió a dejar en sus fundas y se acercó a la puerta que los tenía encerrados ahí.
Se encontraba en una especie de gran pasillo, pero no alcanbaza a ver las paredes, solo veía parte del suelo y parte del techo, pero las paredes de roca, o de lo que fuesen, estaban escondidas tras un espeso manto de oscuridad.

La puerta era gigantesca, de madera y con refuerzos de metal. No iba a ser el que intentase abrir la puerta. Dejaría que la abriese cualquier otro, al fin y al cabo, ahora estaban metidos en el juego de alguien y... ¿Quién le decía que eso no podía accionar algún tipo de trampa?
Carraspeó, volvió a donde estaban todos y se sentó en una roca.
Soltó una carcajada por lo bajo y después, ayudado con ambos dedos índice, silbó.

Silbó para despertarles... bueno, lo hizo para joderles el sueño y reírse un rato de ellos, pero... eso es confidencial.


Armas:
No sé si las tengo, master, así que voy a poner que sí
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Re: Ayuda al viejo Rey Allant...

Mensaje por Snarl el Jue Jun 16, 2011 10:54 pm

La espada del Schakal había podido traspasar la dura piel del demonio, y ahora pensaba en terminar de arrancar esa decrepita ala, pero sucedió algo que ni él creía que podría suceder, la herida rápidamente se cerró con una gruesa capa de dura piedra y no solo eso sino que la mano con la cual estaba sujeto a la mole había quedado atrapada entre la roca, Snarl dio un gruñido mientras veía al explorador avanzar rápidamente hacia ambos levantando lo que era una espada luminosa, miro nuevamente su mano y tomando su espada la incrusto con todas sus fuerzas en el cuerpo de ese demonio, la espada con dificultad pudo incrustarse en la roca pero fue lo suficiente como para agrietarla, rápidamente apoyo ambas patas en la espalda de la mole y tirando con fuerza pudo desprender su mano de esa prisión de roca, estaba listo para arrancar su espada y volver nuevamente a atacar a esa criatura, pero con una aparente facilidad fue arrojado por el explorador contra el cazador, sintió el dolor cuando una de las armas de este se incrusto con fuerza en su espalda, pero no fue durante demasiado ya que la misma fuerza los hizo rodar a ambos por el suelo hasta quedar tirados sobre el camino

Con agilidad el Schakal se levanto del suelo pero una de sus rodillas cayó pesadamente al suelo, sintió que sobre se acumulaba un peso enorme, sus ojos pesaban pero pudo levantar la mirada, pudo ver al explorador luchar contra la mole, con todas sus fuerzas intento levantarse, pero su cuerpo era de roca, ni un milímetro pudo moverse, mientras su visión se nublaba y todo desaparecía, en su mente se sentía derrotado, aquel explorador que no aprecia más que un miserable humano podía mas contra la mole que el mismo, apretó sus puños con fuerza para desplomarse contra el suelo y dejar que la oscuridad lo consumiera.

------------------------------------------------------8------------------------------------------------------

La oscuridad era todo a su alrededor, no podía mover su cuerpo pero si sentir su alrededor, era como si pudiera reconocer cada cm de ese lugar , pero todo era oscuridad aun, el aroma a azufre y muerte inundaba su olfato, los sonidos provenientes de la lejanía eran tan nítidos como el cristal, la tierra era cálida a diferencia de la del bosque , sabía que ya no estaban en el mismo lugar que antes, pronto pudo mover su cuerpo, pero un molesto sonido llego a sus oídos mientras se levantaba y sacudía su cuerpo, como si hubiera estado durmiendo durante largo tiempo, levanto su mirada hacia su alrededor y vio al cazador cómodamente sentado sobre una roca, con desagrado escupió hacia el suelo mientras miraba a su alrededor, varias sombras danzaban en la lejanía, mientras toda la luz provenía de un único punto, un enorme pórtico, no se podía ver mucho mas, la oscuridad reinaba mas allá de la luz, no se podía ver el techo ni tampoco las paredes.

El Schakal camino en silencio hacia la puerta parándose frente a ella y estirando su mano para tocarla percato algo que en parte le desagrado, ahora notaba que su mano aun resentía la roca en la que había estado, ante su mirada ahora traía un guantelete hecho de roca, podía mover sus dedos con naturalidad mientras sus propias garras ahora estaban protegidas por esa fría roca, ahora su mente recordaba, su espada había terminado clavada en la espalda de ese demonio , negó con su cabeza, realmente poco le interesaba ese pedazo de metal, aunque le era útil muchas veces prefería sentir la sangre en sus manos y no sobre su arma, levanto su garras y las paso por el pórtico, aunque no sucedió nada … se encogió de hombros mientras giraba sobre sus propios pasos y caminaba hacia los demás, al parecer todos estaban ahí, los dos mocosos y el cazador.

-Y ahora comienza todo… ya no más trucos, es hora de encontrarnos con el verdadero artífice de todo este juego *hablando para sí mismo con una sonrisa sínica y cerrando el puño de su mano haciendo que las rocas crujieran entre ellas*-


~La familia ... ¿Que sentido tiene cuando hay que despedazarla con tus propias fauces? ... ¿Cuando hay que caminar entre los cadáveres de aquellos que llamaste hermanos y pisar sus entrañas para seguir viviendo? ... la familia ... ~






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Re: Ayuda al viejo Rey Allant...

Mensaje por Iron Man el Sáb Jun 18, 2011 10:41 pm

El ambiente en la cueva era pesado y las sombras cada vez se movían más rápido alrededor de los aventureros, que poco a poco iban despertando de su letargo, aquel en el que habían sido sumidos por la ilusión del bosque. Cuando el Schakal se levantó también salvó su vida, o al menos eso le parecería, pues aunque seguían vivos la tierra o lo que fuera que pisaban en ese momento extendió sobre los cuerpos de los dos diviums, engulléndolos a medida que pasaban los segundos.

Unos aplausos lentos y pausados, dados con obvia ironía inundaron el aire mientras que enfrente de la puerta se iba formando una figura de la nada – Bien, bien, bien – dijo el ser de humo que poco a poco iba tomando consistencia, hasta que finalmente se materializó delante de ellos. Iba engalanado con una túnica de color ceniza. Un detalle que llamaba mucho la atención sobre él era el fuego sobre su cabeza, no es que se estuviera quemando, es que ese era su cabello. Sus ojos dorados relucían con la luz que daba su cabeza, la misma luz que dejaba ver sus dos orejas puntiagudas como las de un elfo. Tenía una cara alargada, con una nariz picuda y angular, como el pico de un pájaro carpintero. En la boca, adornada con una amplia sonrisa, había dos filas de serrados dientes como los de un tiburón pero mucho más largos.

-Habéis logrado llegar hasta aquí. Eso quiere decir que sois o muy valientes o muy estúpidos – rozó el brazo de piedra del antropomorfo dejando un frío antinatural en este que solo pasó una vez que el ser se había alejado – supongo que os visteis atraídos por el dinero que ofrecía mi buen amigo Allant – añadió mientras a su lado se formaba, a partir del espeso y negro humo de los bordes inferiores de su túnica, la figura del anciano rey, el mismo que les había ofrecido hospedaje y que les había alimentado - ¿Qué tierno es salir a buscar a sus hijos? ¿Verdad? – en su tono de voz se notaba la burla que estaba ofreciendo de manera gratuita a aquellos hombres.

Negó con la cabeza mientras que disipaba el humo, que en lugar de esfumarse fue tomando otra forma justo detrás del ser de piel oscura, que ahora les daba la espalda a los dos luchadores. Un trono de sombras se formó pronto bajo él, y con elegancia y cuidado se sentó sobre este, repantigándose en el cojín oscuro de este – Decidme, ¿Qué es lo que más ansiáis en este mundo? – pero antes de que pudieran contestar una sonrisa afilada se construyó en su rostro – Jack Crane, o Cross, el cazador de bestias que ahora colabora con uno. No está nada mal esa tal Stake. Sabes cómo buscarlas ¿eh? – delante de Jack comenzó a formarse la figura de Eleannor Stake ante él – Dime, Crane… ¿Qué crees que le puede pasar? – una espada atravesó el hombro de humo de la figura y un fuerte grito se ahogó en su garganta. El grito había sido claramente de dolor, pero no provenía de la boca del espectro humeante, sino de la puerta, la única salida. Un profundo grito de dolor – Jack… Ayu… ayúdame – dijo la voz de Stake, y en ese momento un vómito de sangre le cubrió la cara, el espectro había vomitado sangre y el grito se había callado ¿Qué ocurriría? – Eres libre de salir por esa puerta, pero te recomiendo hacerlo en compañía de nuestro amigo pulgoso. El cual, aunque lo escoda tiene miedo ¿cierto? –

Con un simple chasqueo de dedos el cuerpo del animal quedó enjaulado en una celda que apenas permitía a su pecho moverse cuando respiraba. Los barrotes humeaban demostrando que eran una ilusión, pero no se podría deshacer de ellos de ningún modo, por mucha fuerza que aplicase - ¿Quieres quedarte dentro o prefieres salir ayudar a este buen hombre a rescatar a su querida rubia? – fue la última pregunta que escuchó Snarl antes de los barrotes se deshicieran. – Bien, escuchadme. En este mundo hay cinco objetos que quiero. Los cinco artefactos – en la mano del demonio se formaron las figuras de cinco objetos, cada uno de un color. Uno blanco y con forma de sol, que era el que más destacaba, brillaba con fuerza pese a su tamaño – Buscadlos, cada vez que encontréis uno irá uno de mis criados y os lo arrebatará para traérmelo. Una vez los tenga todos… ¿Quién sabe? A lo mejor me apiado de vuestras almas y vuestras mentes -

Cuando saliesen de allí podrían ver donde se encontraban. Podrían ver como un mundo distinto a Noreth. Plagado de ríos de lava candente y con un suelo del mismo color que el cielo, rojo sangre. El olor a azufre se hacía más fuerte a más se adentraban. Había varios senderos, tres para ser más exactos. Uno mostraba un camino tenuemente iluminado y apenas visible, otro un castillo, una enorme fortaleza de piedra maciza, como la que habían habitado hace unas horas. Y el otro simplemente era negro, y de él salía un fuerte hedor a cadáveres putrefactos.

¿Qué camino tomar? Eso era decisión de ellos… si es que lograban ponerse de acuerdo, pues ahora cada uno luchaba por su más amado interés…



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Re: Ayuda al viejo Rey Allant...

Mensaje por Demian el Vie Jun 24, 2011 4:08 pm

Aquel día nada había salido como esperaba, al contrario, parecía como si la suerte estuviera en mi contra. Mi magia fue cancelada cuando Mitsu me interrumpió y le miré mientras me sermoneaba, algo molesto.

- Hay 2 magias diferentes en Raknor en este momento, la suya propia y la del bosque, una es interna y la otra externa, ¿cuál crees que se verá más afectada por un campo? - le dije cabreado - ¿Qué crees que sabes de invocaciones?, ¿acaso crees que no se cómo funciona?, Raknor aún posee fuerza interior, si algo le repele la magia externa a su cuerpo puede retomar la voluntad y usar el portal para regresar y en el infierno el bosque no podrá controlarlo - Me giré hacia Raknor, contemplando con impotancia cómo mi más confiable aliado era atacado sin piedad.

- Simios... - murmuré - ¿No valía acaso la pena intentar rescatar un arma tan poderosa como Raknor? - bajé la mirada. Alguna fuerza superior no quería que yo usara mis habilidades y me hallaba convertido en un completo inútil, un mago al que se le prohibía usar su magia, un invocador que veía su principal arma ser anulada. Maldije el momento en que acepté tal misión, maldije al rey y maldije a cada uno de los que me rodeaba en ese momento. Mantuve la mirada baja y una lágrima corrió por mi mejilla derecha, probablemente no era muy común que se derramaran lágrimas por un demonio caído, pero Raknor iba a tener al menos ese honor. No quise levantar la mirada, de manera que no vi si Raknor había efectivamente muerto o no, simplemente oí ruidos de un combate antes de que las sombras me rodearan, sombras que me hicieron caer en un profundo sueño.

Soñé con Raknor y nuestras aventuras juntos, soñé con el infierno que me ayudó a cruzar.

Al despertar la primera sensación que tuve fue por el olfato, aquel olor a azufre era intenso, tan intenso que por un momento pensé que aún estaba soñando, que aún estaba recordando el infierno. Me sentí, extrañamente, en casa, lo que hizo tardar mi despertar, estaba confortable allí, mi menta vagaba sin recordar que me encontraba en una misión peligrosa, sin recordar el bosque, ni siquiera, por un momento, lo ocurrido a Raknor.

De pronto recordé.

Me traté de incorporar de un salto, sintiendo esa presión en el pecho de cuando te das cuenta que te has quedado dormido en el peor momento posible, me sentí atrapado... y pronto descubrí que efectivamente lo estaba. Mi cuerpo estaba envuelto por la tierra, pero ésta parecía formar tentáculo envolviéndome, jalándome hacia abajo, como si quisiera devorarme.

- ¡Maldición! - exclamé mientras hacía acopio de mis fuerzas para intentar escapar. Intenté extender mis alas para ayudarme a impulsarme.
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Re: Ayuda al viejo Rey Allant...

Mensaje por Snarl el Vie Jun 24, 2011 10:31 pm

A veces los designios de la suerte son un tanto dolorosos , y esta vez no era la excepción, si aparte de que el Schakal se sentía cada vez mas incomodo con la presencia de esos mocosos y ese cazador, ahora se sumaba el estar literalmente encerrados en el propio infierno o por lo menos eso parecía, el Schakal camino hacia el cazador, había sido el primero en despertar y por lo menos le daría su merecido por silbarle como perro, pero algo lo detuvo unos instantes, los aplausos de alguien más, con desagrado sus orejas se movieron como lo harían las de cualquier animal acostumbrado a cazar, buscando el origen de ese sonido rápidamente, no demoro en encontrarlo, al igual que las manos que hacían aquel sonido, el humo a su alrededor comenzó a tomar forma, hasta aparecer un sujeto vestido como un sacerdote, no había mucho de diferente en el , a excepción de que su cabeza ardía y sus dientes parecían de bestia, se notaba su calva bajo aquellas llamas, pero al parecer era el que manejaba todo el juego en que estaba metido.

Lo que sucedió después no es muy digno de contar, una mujer que gritaba, sangre derramada, una jaula alrededor del antropomorfo, el odio que nuevamente nació en su carcomido corazón y una nueva misión, al final todo había tenido sentido, la verdadera naturaleza de la misión a la que habían sido llamados, el Schakal cayó al suelo después de que los barrotes de esa jaula desaparecieran como el humo que era, ahora tenía ante él un largo pasillo y a su lado como único compañero al humano … no podía ser más despreciable la situación, debían de buscar cinco objetos, y en cualquier momento dejaría abandonado al humano si con eso terminaba por salir de esa situación, con frialdad camino por el largo pasillo tras la puerta, mientras que llego a sus oídos un suave sonido, al parecer el mocoso invocador había despertado, y no la estaba pasando muy bien, una sonrisa maliciosa se dibujo en los labios del antropomorfo , mientras que seguía el camino, a su lado el cazador, que al parecer aquella imagen de la mujer le había afectado, el encariñarse con algo o alguien era una debilidad, aunque desde que se había sentido prisionero el Schakal estaba más desagradable de lo común, al final llegaron a una bifurcación , tres caminos ahora habían, y cada uno de ellos tenía un peligro que se podía notar, el aroma a muerte y a sangre se sentía fácilmente, mientras que el Schakal se detenía para mirarlos.

Durante un tiempo no escucho nada más que el sonido de su propia respiración, mientras colocaba su mano sobre el suelo y sentía el aroma que expelía ese lugar, cerro sus ojos y agudizo su oído, pudo escuchar los pasos del humano alejarse, al parecer había escogido un camino que apenas estaba iluminado, el sonido de las pisadas desapareció, mas el ruido de algo reptando y dos disparos fue lo único que rompió ese silencio que volvió a reinar en ese lugar, ahora el Schakal estaba solo, como siempre lo había estado, los mocosos terminarían muertos si tenía suerte, tampoco le era útil que murieran sin que él pudiera utilizar sus cuerpos aunque sea para romper una puerta con sus cráneos, el Schakal suspiro, mientras se levantaba y sacudía su cuerpo como si un escalofrió hubiera recorrido su espalda, aunque no hubiera sido recomendable, aquel camino que representaba muerte era lo mejor que había, aunque el aroma a cadáveres no dejaba que nada más pudiera olerse.

-Y así están las cosas… el cazador desaparece, me amenazan con encerrarme y ahora un enfermo mental me manda a buscarle las pelotas que perdió… grrrr… ja… jajaja…*una sonrisa siniestra se dibujo en las fauces de la bestia* pues si las cosas están así… tratare de obtener lo que más pueda… no me dejare matar tan fácil y quien intente ponerse en mi camino tiene los minutos contados-

Sin mirar hacia atrás, dio el primer paso entre ese lugar de muerte, tomando ese camino que quizás no tendría salid, aquel donde la muerte reinaba, y solo los cadáveres tenían permitido existir, sin temor, sin piedad, sin remordimientos, desapareció entre la oscuridad de ese camino, esperando encontrar aquello por lo cual había llegado tan lejos en esa impía cruzada.

“Quien no está dispuesto a arriesgar todo lo que posee, su vida y su alma, jamás lograra nada en su existencia”


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Re: Ayuda al viejo Rey Allant...

Mensaje por Iron Man el Dom Jun 26, 2011 3:55 am

{Demian]

La figura de humo estuvo unos segundos más mirando como el hombre-perro se alejaba de la sala cavernosa en la que se había dedicado a torturarlos mentalmente. Sus manos humeaban como si en ellas se prendiera grasa de animal, con un humo denso y negro, que caía hacia el suelo de la estancia como si fuera una cascada de maldad y oscuridad. Y es que, en el suelo todavía yacían dos personas. Ambos divium, inconscientes en el suelo y con los tentáculos retorciéndose alrededor de su cuerpo como lo haría una serpiente por su presa. El más pequeño despertó, un poco tarde, pero al menos consiguió quitarse de encima las extrañas extremidades, que se deshicieron como las sombras que eran. Sin embargo el otro no corrió tanta suerte.

El letargo de Mitsu era largo, tal vez demasiado, y eso le costaría la vida. Las sombras lo apretaron contra el suelo hasta que el sonido de sus huesos quebrándose pude comenzar a escucharse por toda la sala, amplificando por la magia negra del hombre de humo, que contemplaba con sus dos orbes de oro el espectáculo, siendo partícipe de este y moviendo sus manos al son de los crujidos como si se tratara del director de la orquesta, dirigiendo con sus finos, largos y puntiagudos dedos el sonido de la rotura de huesos y el desgarro de la piel. El cadáver, todavía vivo del joven, se alzó del suelo en todo su esplendor, era grande para ser un divium, eso podía arreglarse. Dos de los apéndices de oscuridad se cerró alrededor de una de sus alas y tiró con fuerza de esta, arrancándola con parte de los huesos, de su garganta salió un grito de verdadero dolor, un grito que recorrería todos los huecos de ese mundo y haría estremecerse al que jamás hubiera escuchado el grito de un torturado. Las lágrimas recorrían su rostro en una cascada que imploraba piedad y muerte, pues pese a la gran cantidad de sangre que perdía no lograba morir. ¿Por qué? ¿Por qué no moría? La respuesta era simple, estaba siendo torturado por el Dios de ese lugar, el mismo que reinaba sobre la muerte y la vida en ese plano, que podía arrebatarla o entregarla a voluntad.

Una sonrisa maquiavélica se extendió por todo el rostro de la bestia, haciendo que cada uno de sus serrados dientes de tiburón se viera con facilidad, destellando en un tono amarillo putrefacción, recubierto por una capa de sangre seca que terminaba de darle el aspecto de muerto en vida que le faltaba – Dime, pequeño… - de un momento a otro desapareció y en menos de un segundo estaba detrás del chico, haciéndole notar le frío que emanaba su humo oscuro, que comenzaba a tomar forma alrededor del cuello de Demian, ciñéndose a este como una soga -¿Quieres correr su misma suerte? – la soga comenzó a apretar hasta impedir el aire a los pulmones, obligándolo a contener la respiración, pero al segundo lo soltó – ¿O prefieres volver allí? – su mano hizo un ademán delante de los ojos del niño y delante de ellos dos se formó una imagen bien conocida por él. Un río repleto de almas, gimiendo como un perro herido a su amo en busca de ayuda, siendo arrastradas a una eternidad de dolor mientras tomaban los bajos de su pantalón para llevarlo con él. Por un momento tendría la sensación de que caía, de que su alma era separada de su cuerpo con un solo toque, no había dolor, pero el frío, ese frío penetrante que lo haría pensar que ya no existía en el mundo de los vivos.

Un chasquido de dedos y todo terminó. En sus manos una daga, y en su mente un mensaje que no habría modo de saber cómo se le había grabado – Acaba con quien compite por la vida –
-------
{Snarl}

El sonido de sus pasos era lo único que rompía el abismal silencio de la cripta en la que poco a poco se adentraba. El sonido de sus garras hincándose en la pútrida carne y rompiendo los huesos su quebrando los blandos cráneos que seguramente llevaban allí años. El frío era más intenso en esa senda, cada vez más lóbrega y oscura. Las paredes rezumaban un vapor extrañamente frío, que hacía parecer que la respiración se detenía por uno o dos segundos. Del techo goteaba algo, imposible ver el qué, algo muy espeso y que, de poder verse, se distinguiría su color rojo carmesí como la sangre.

Delante de él un tenue brillo morado, apenas nada, se alzaba en un altar a más de cinco metros del suelo, donde el túnel acababa y era imposible saber si había más terreno firme o no. En ese momento os sonidos de los huesos al traquetear se escucharon por el pasillo negro, pero ahora no era un ruido típico de cuando se les aplastaba la cabeza, ahora era el sonido traqueteante de cuando se alzan. Por detrás los cadáveres lo perseguían, y por delante tenía un camino inseguro. Debía de tomar una decisión rápida. Podía correr hacia delante y meterse en la encrucijada de caminos que había, aunque no lo supiese, delante de él. Podía quedarse a luchar o podía intentar coger la perla negra con una calavera en el centro que flotaba en el altar de piedra blanca que surgía majestuoso entre tanto negro mate, aunque esto último le costaría caro de hacerlo, despertado la maldición de su guardián.

Si cogía la perla de entre los muertos se alzaría uno en particular, ataviado con una pesada túnica de color violácea y una corona de doce puntas sobre la cabeza. En su mano diestra un hacha de proporciones astronómicas, negra como el manto de la noche sin luna ni estrellas que la arropen, con un doble filo capaz de cortar la más dura piedra in mellarse. Y en el centro, en su pecho a modo de colgante sobre la capa de gruesa piel morada, un colgante de un ojo reptiliano. Tal vez la fuente de su poder o tal vez lo que lo haría exterminar todo. Todo dependía de como jugara sus cartas el Schckal. Pero como no podía ser de otro modo el demonio de humo, rey absoluto, dueño y señor de esas infernales tierras quería divertirse, y dejó en su cabeza unas últimas palabras:

-De nuevo la traición te ronda… Usa bien el don que te he dado… - su voz se silenció un momento en la cabeza del Schckal antes de volver a hablar, dejando en su cinto una daga idéntica a la de Demian - Acaba con aquel que compite por la vida - ahora sí, se calló del todo.




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Re: Ayuda al viejo Rey Allant...

Mensaje por Demian el Vie Jul 01, 2011 4:55 am

La sensación de ahogo, de desesperación, pasó velozmente. Una vez que pude despertar completamente noté que pude ponerme de pie sin mayores dificultades, no había sido más que un susto pasajero... o al menos eso creí. Pronto la evidencia me mostró que, efectivamente, había estado en un enorme peligro. El otro mago yacía aún en la tierra... no, no sólo yacía, era devorado por ella, y en el preciso instante en que me percaté de ello sentí el crujido de huesos. Una extraña sensación me invadió por unos instantes, mientras apretaba mis puños, por un lado detestaba a esa persona que había intentado aleccionarme sobre magias que iban más allá de su entendimiento, él era en parte responsable de lo ocurrido a Raknor, pero por otro era una de las pocas personas que estaba conmigo en aquella horrenda misión.

Giré sobre mí mismo y miré fijamente a la criatura frente a mí. Su aspecto no lo alejaba mucho de un demonio... ¿sería un demonio?. Yo había estado en presencia de muchos demonios en mi vida, incluso me era posible llegar a dominarlos mediante mi magia, sin embargo aquel tenía algo diferente, su voluntad era poderosa, mi poder no parecía tener oportunidad de dominarle.

Me quedé mirándole, mientras Mitsu era torturado a pocos pasos de mí. Podrán preguntarse por qué yo no parecía mayormente afectado cuando alguien era tan brutalmente torturado a mi lado, la respuesta es simple, poco tiempo antes de esa misión yo estaba encerrado en el infierno, presenciando torturas incluso peores, no sentía lástima por aquel ser, hace mucho que había olvidado ese sentimiento, lo único que me preocupaba era mi propia suerte en ese momento, perder a un aliado aumentaba los peligros. Y ciertamente no quería ser el siguiente en ser torturado. Entonces la criatura me habló.

Lo sentí detrás mío, sentí el frío en mi cuello. Mi respiración se agitó un tanto, me quedé tenso, más no perdí la calma.

- No - dije haciendo acopio de mi voluntad - No quiero - fue entonces que sentí como si una soga me apretara la garganta, el aire dejó de entrar a mis pulmones y sí, en ese momento esaba asustado, extendí mis alas instintivamente, pero tan pronto como el ahogo había comenzado se había ido. Me mostró entonces una imagen conocida.

- No... no quiero volver - afirmé mientras recuperaba mi aliento. Era cierto, yo sabía lo que era el infierno y, quizás por esa razón, tenía miedo a la muerte, no quería que mi alma terminara en tales circunstancias, a merced de los demonios, no, mi destino era dominar sobre los demonios. Sentí una horrible sensación, como si fuera jalado, como si alma cayera.

- No quiero volver - afirmé nuevamente, con mis ojos y puños fuertemente cerrados - ¡No quiero! - grité. Todo cesó en un abrir y cerrar de ojos.

Miré la daga en mis manos y en mi mente un mensaje se repetía. "Acaba con quien compite por la vida". Lo murmuré unos instantes, pensando. ¿Significaba acaso que debía acabar con quien fuera que quedara vivo?, pensé, parecía lo más evidente. Suspiré con cierto desgano, quizás resignación. Sólo momentos atrás había sido despojado de mi principal arma de combate y no era proficiente en el combate cuerpo a cuerpo para sacar buen uso de una daga.

Comencé a caminar, hasta encontrar 3 caminos.

- Ni el izquierdo ni el derecho - me dije, mientras dirigía mis pasos al camino central - Lilith, eres mi última esperanza -

Mis tatuajes brillaron con un colór verdáceo mientras un círculo de llamas viles se formaba frente a mí. No sabía dónde estaba, pero ya no parecía como si estuviera bajo la influencia de aquel siniestro bosque, aún así no sabía si mi conjuro funcionaría allí, pero debía correr el riesgo.

- Mantente caminando algunos pasos frente de los míos - le diría a la demonio si la invocación era exitosa - y alerta a si encuentras a cualquiera -
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Re: Ayuda al viejo Rey Allant...

Mensaje por Snarl el Sáb Jul 02, 2011 9:26 pm

Muchas veces los caminos de la vida son extraños, llenos de dolor y sinsabores, pero otras veces la propia alegría puede ser motivo para despedazar todo y vivir amparado en la oscuridad y en el odio, en el pasado alguien dijo “Es mejor morir en el campo de guerra a vivir toda una vida bajo la sombra de otros” y para el Schakal no era precisamente eso lo que pensaba, si debía de traicionar, si debía de asesinar lo haría para sobrevivir, si debía de quitarle la vida a un infante no le temblaría la mano ni el pulso, mas jamás aceptaría vivir bajo la sombra de otro, ni bajo el mandato de alguien inferior a él, de alguien que no puede valerse por sí mismo o que la edad a nublado su juicio … jamás se sometería ante nadie y ante ello preferiría lanzarse al cuello del otro y aunque muriera se lo llevaría con el …

La pérdida de sus compañeros de aventura no le había influenciado ningún sentimiento de soledad, ni de lastima, tampoco sentía que había perdido algo o la tristeza de haber perdido a las personas que habían compartido con él durante ese tiempo … en realidad los sentimientos que nacían en el era la libertad de estar libres de aquellas cargas, jamás había necesitado a nadie y con aquellos que había tenido un vinculo en el pasado habían sido sepultados por la arena y el tiempo, ahora era él solamente , nadie lloraría por él cuando se marchara, al igual que él jamás lloraría por nadie que muriera, la vida era para aquellos que no dudaban en conservarla sin importar el costo, la muerte era para aquellos que no estaban destinados a ser más que cadáveres, los pasos que había dado desde que pido aquel castillo ya en ruinas lo habían traído muy lejos, había entrado a un bosque que estaba maldito, había luchado contra un demonio enloquecido, se había encontrado en las entrañas de la tierra donde la muerte reinaba, había cruzado miradas con el señor de esas tierras o por lo menos así lo intuía, y ahora viajaba por la senda de la muerte.

Bajo sus pies sentía la carne pútrida, bajo sus pies sentía los huesos que antaño caminaban sobre ese lugar, ningún sonido se podía escuchar en esa senda … quizás aquella sensación de escurrimiento con cada paso podría ponerle de puntas el pelo a cualquiera, pero el ya había caminado sobre cadáveres, ya los había devorado y sobrevivido en el campo de guerra, lo que realmente le colocaba los pelos de punta no era la situación en si … si no el ambiente, el frio calaba sus huesos, su aliento podía verse salir de sus fauces, aquel frio que no soportaba, aquel frio que le era tan contrario al haber nacido en el desierto, donde solo el calor era lo que reinaba, sus pasos lo llevaron hasta un brillo violeta, y al acercarse mas y mas a él pudo notar un alto altar, aunque la distancia del suelo era mucha , se podía notar que en la punta de este estaba aquel objeto que había contemplado durante unos instantes … aquel objeto que buscaba ese ser que le había encerrado y al cual no dudaría en arrancarle cada una de las extremidades de su despreciable cuerpo.

Sus pisadas se detuvieron, a diferencia del silencio sepulcral que había reinado hasta ese punto el traqueteo de huesos y metal pronto resonó por cada rincón de esa senda, su olfato sintió la peste de la carne muerta que hasta ahora tan solo había sido un olor habitual para él, mas ahora era más fuerte, como si capa tras capa se hubieran levantado y hubieran dejado libre su peste, lentamente se giro y a su alrededor los cuerpos de los muertos se levantaban… no era necesario contarlos, sus pobres cuerpos, sus huesos al descubierto, una sádica sonrisa se dibujo en los labios del antropomorfo, desde ese momento en que había sido arrojado lejos por el demonio, por el explorador que no valía ni una moneda de cobre , se había aguantado las ganas de despedazar algo, de hacer gritar o chillar a algún animal, de poderse desahogar de esa frustración que había sentido en ese momento y que ahora no hacía más que aumentar y aumentar, ahora ante el tenia cuerpos sin vida, que podían ser molidos a golpes hasta que no quedara nada de ellos, el objeto podía esperar, mientras su cuerpo estaba ansioso de despedazar esos cuerpos sin vida y arrancarles cada trozo de carne de sus huesos impíos.

-Llegan en el mejor de los momentos… *haciendo tronar los huesos de su mano* necesito descargarme… y creo que ustedes han tenido la fortuna de ser los primeros en aparecer *sonriendo de forma enfermiza y a la vez dejando escapar su aliento en el frio*-

Cuantos cadáveres levantados había no le importaba en lo más mínimo, aunque sus garras podían despedazar unos pocos también estaría en desventaja, pronto recordó la daga, no era un arma que utilizara demasiado, pero ahora hasta un hueso sería un buen rompe cráneos, los cadáveres comenzaron su lento movimiento, el paso de los años y la descomposición de sus cuerpos no los hacían muy agiles, pero en ello radicaba su superioridad numérica, el Schakal gruño, sabía que solo delante de él estaba el enemigo, aunque por alguna razón tras de él sentía un escalofrió, como si mas allá de lo que podía ver algo se retorcía por ser libre y terminar con la vida del que lo hubiera despertado, el guantelete de roca aun permanecía unido a su mano, y ahora que lo pensaba seria una perfecta arma para la ocasión, con rapidez tomo al daga que aquella voz había dejado en su cinto y empuñándola camino hacia los cadáveres que ahora lo miraban con ojos vacios y sin vida, no debía de desperdiciar fuerzas con una carrera, si no permanecer constantemente despedazando esas criaturas hasta que la ultima cayera en trozos a sus pies, los muertos levantaron sus espadas oxidadas y carcomidas por el tiempo, mientras los de atrás movían sus escudos lentamente, aunque pareciendo que eran expertos guerreros, el antropomorfo tan solo vio las espadas oxidadas en lo alto, antes de acelerar el paso y correr hacia ellos con el puño de roca presto a despedazar cualquier cráneo y la daga con el filo hacia atrás para dar un corte certero.


~La familia ... ¿Que sentido tiene cuando hay que despedazarla con tus propias fauces? ... ¿Cuando hay que caminar entre los cadáveres de aquellos que llamaste hermanos y pisar sus entrañas para seguir viviendo? ... la familia ... ~






~Sobrevivir es lo importante ... La forma no~
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Re: Ayuda al viejo Rey Allant...

Mensaje por Iron Man el Dom Jul 17, 2011 6:38 pm

{Demian}

La magia que el pequeño Divium invocaba con tanto afán dio sus frutos, cosa que no pasó desapercibida a los ojos de Razgriz, que se mantenía flotando a su alrededor en forma de un humo malsano y oscuro, un humo que cubría todo ese mundo. Las runas del cuerpo del muchacho se iluminaron para traer de otro plano a un ser demoníaco, su súcubo, que surgió lentamente del círculo de invocación. Lo primero que hizo el demonio menor al entrar en contacto con el aire viciado del Void fue dar un respingo hacia atrás, sintiendo un miedo irrefrenable por el aire denso que los cubría, sus capacidades parecían estar al máximo, como siempre que era recién invocada, pero esta vez, sin que el chico lo supiera, no la dominaba él.

Cierto es que era un poderoso mago para su joven, edad, pocos lograban dominar a los demonios sin morir ante sus garras o dientes, pero aun así, por mucho poder que él podía tener sobre los seres del sub-mundo, Razgriz era su amo y señor. La súcubo de Demian todavía tenía en su mente recuerdos de cuando era el hombre de túnica negra y piel gris quien dominaba en los infiernos, cuando su manto de terror no se limitaba a una fracción del mundo de las almas, sino que se extendía por todo el mundo – Amo… - dijo en un tono seco, como su le faltara en parte el aire. Su tono había sonado con miedo, y no era miedo a ser devuelta a su mundo, sino miedo por lo que antaño, mucho antes de que el niño naciera, había hecho. Ella junto con muchos otros fue de las que se unió a Allant para sellar a Razgriz dentro de ese mundo, esperaba no tener que volver a cruzárselo nunca, pero ahora estaba en su mundo – Lilith… - dijo en su mente el amo y señor de ese plano – Creo que me debes algo… ¿No?… - por un momento, y aunque el chico no lo viese, el bello cuerpo de la diablesa envejeció: sus pechos decayeron, su piel se arrugó, sus dedos se deformaron hasta el punto de parecer retorcidas zarzas de espino. Un grito se ahogó en la garganta del ser antes de recuperar su aspecto -¡No! ¡No por favor! – gritaba una y otra vez. –Deja de gritar, no te oye. No vas a morir ahora pequeña traidora. – repitió en su cabeza – Quiero que guíes a tu nuevo amo por este camino – chasqueó los dedos y nació un cuarto sendero solo para los ojos de la súcubo, un camino envuelto en llamas, llamas negras - ¡Morirá! – bramó, maldiciendo su suerte por dentro – El fuego solo quema las almas de los impuros ¿No es así? – una risa y nada más, se desvaneció en el aire llevándose consigo el humo que hasta el momento los había separado, aunque la súcubo sabía que seguía en ese lugar.

Recuperando su carácter altivo y superior se colocó detrás del niño para mirar los tres caminos que él veía y el que solo ella veía, que para el chico era un simple paso a un precipicio. Suspiró a su oído y maldijo nuevamente su suerte, maldijo el haberse encontrado con aquel demonio con el que había jurado un pacto hacía miles de años para luego traicionarlo – Es por ahí. – señaló el camino infesto de llamas negras que solo ella veía. La frase de Razgriz rebotaba en su cabeza como una pelota de goma en un cuarto pequeño: “El fuego solo quema las almas de los impuros”. Ahora solo quedaba esperar a ver si el chico aceptaba o no la determinación de la súcubo de caminar por un camino, válgase la redundancia, invisible a sus ojos, pero mucho más visible para la súcubo de lo que a ella misma le gustaría.
--
{Snarl}

Por su parte el antropomorfo no lo tenía mucho mejor. Los cuerpos de los muertos se levantaban una y otra vez frente a él. Su pétreo brazo los golpeaba con fuerza mientras la daga atravesaba una y otra vez el hueso de los cráneos para destruirlos, al menos en apariencia, pues muchos de los brazos de los caídos se aferraban a sus pies después de morir una segunda vez. Los golpes de las viejas espadas de hierro de los cadáveres golpeaban con fuerza en el brazo de piedra que el medio animal usaba para cubrir su cabeza y ocasionalmente su estómago. Los esqueletos no eran seres precisamente inteligentes, más bien estaban programados para seguir una orden, una y solo una, en este caso era acabar con todo lo que se adentrase en ese camino. Aunque la maldición de esos cuerpos sin vida tal vez había sido demasiado explícita, puesta en cuanto el Schakal puso un pie fuera los de la última fila cayeron. No había que ser mucho más listo que un perro normal para darse cuenta de que aquello significaba algo. Un esqueleto lanzó un golpe y Snarl lo esquivó con grácil salto hacia atrás aprovechando su increíble agilidad. En el momento en que sus pies dejaron de pisar cuerpos en descomposición y pasaron a pisar la fría roca marmórea los cuerpos de los no-muertos cayeron de nuevo al suelo, inertes de nuevo y sin más maldición que los alzara en contra de nada.

Ahora ante él quedaba la perla negra con una calavera flotando en el centro. Los gritos de las almas se escuchaban por doquier desde los cuatro canales negros que había. La torre de huesos llamaba al Schakal a su presencia. La magia negra que invadía el lugar lo empujó a trepar sin el más mínimo control de su cuerpo, como si durmiese un rato para, al despertar, tener entre las manos aquella pequeña pelota de cristal. Los minutos pasaron y allí no aparecía ningún sirviente del demonio a reclamar el tesoro, lo que pudo hacer pensar que todo había sido una simple mentira. Pero en cuanto el antropomorfo dio su primer paso para salir del lugar una densa nube negra se arremolinó en torno a la cumbre de huesos. Una figura cada vez más visible comenzó a hablar mientras que sus huesos blancos se formaban a partir de sombras: -Arrogante mortal. – fue su primera frase – Tienes la desfachatez de tocar aquello que no te pertenece, de robarlo de las manos de la misma muerte. – en su mano apareció de repente un hacha negra como la noche, rodeada de cadenas de oro que se perdían en la manga de su enorme abrigo morado. Sin decir nada más bajó al suelo de piedra, que comenzó a podrirse bajo las vendas de sus pies. El colgante del ojo de reptil que había en su pecho brillaba con fuerza, mostrando ser lo único que no se marchitaba ante él. Tal vez su punto débil.


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