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Requiem

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Requiem

Mensaje por Khiryn el Lun Jul 29, 2013 6:10 am

Réquiem

Casi había aprendido a entender que la situaciones a nuestro alrededor configuran nuestras vidas.
No es que nos volvamos víctimas de la situación, no. Pero en el ir y venir de la perpetua secuencia de los días, sí, existen situaciones que son ajenas a nosotros y que escapan de todo nuestro control. Son estas situaciones, a las que muchos llaman pruebas, las que configuran nuestras vidas. Es la manera en que las recibimos, aceptamos, las abrazamos o rechazándolas peleamos contra ellas.

Las situaciones que mantenemos en nuestras manos, bajo “nuestro” control, son aquellas en las que podemos apoyar nuestros hombros y brazos cuando están cansados, son aquellas que nos recuerdan el bien que vive en nosotros, o el mal. Son estas las que impulsan el espíritu como una flecha de ego que nos reanima a seguir adelante pensando “pude antes; puedo de nuevo.” Son las que nos traen la paz, la comodidad, la estabilidad y la confianza en nuestras decisiones, en el andar, en los sueños y los pasos que damos en cientos de decisiones que tomamos en el camino.

Sin embargo, las situaciones fuera de nuestro control, aquellas no controlamos, aquellas que escapan a nuestros deseos y esperanzas son, en verdad, las que configuran nuestras vidas. Son las que nos obligan a vivir de cierta manera; las que nos obligan a actuar; a levantarnos de la cama cada día, a ver el sol. Son aquellas nos obligan por la fuerza a tomar decisiones. Difíciles o fáciles eso no importa; lo importante es como las afrontas y lo que aprendes de ellas. Lo que obtienes de ellas.

“Las situaciones controladas nos dan estabilidad y empuje; las situaciones que se escurren de nuestras manos nos dan carácter para vivir en estabilidad y fuerza para empujar.”

Todas aquellas situaciones que controlamos hoy , fueron una decisión y una lección aprendida ayer.

Mientras estos pensamientos se elevaban en forma de humo en el frio amanecer de los alrededores de la desolación, el alba me saludaba con los primeros rayos y un sentimiento de nostalgia se apoderaba de mi corazón.

¿Alguna vez encontraré lo que estoy buscando?

No después de mucho tiempo, y antes de que la luz del astro solar se pusiera totalmente sobre mi cabeza, encontré un pueblucho en las orillas del pedazo de tierra seco y muerto que la gente de estos lares llamaba “la desolación.” En esta tierra roja y desteñida no solo la vegetación parecía carente de vida; si no la gente. Apenas me acerqué, los ojos vidriosos y muertos de los vecinos me observaron con desconfianza; sus rostros mostraban un insalubre y cadavérico tono amoratado, y sus cuerpos secos y delgados se veían viejos y frágiles, incluso en la gente joven. Aun así, no eran temerosos de los forasteros y aventureros que llegaban a este lugar. Se notaba por su andar erguido y orgulloso, y sus ojos, secos y fríos parecían haber visto ya los más terribles tormentos y dolores de la condición humana.

Me acerqué a lo que parecía ser una taberna; de alguna manera, se empezaba a contagiar el frío mortal que parecía manar de esta hermética gente; No soy una bebedora fuerte, y mucho menos de ron, pero sé, de buena fuente que el ron es una gran y caliente cura para el frío que comenzaba a sentir.

Como era costumbre mía, de no entrara un lugar del cual no pudiera salir; caminé las calles alrededor del edificio comprobando ventanas y puertas de acceso. Todo parecía en orden.

Entré en el lugar y el intenso olor a vinos baratos, cervezas e hidromiel se mezclaba con los sudores, vómito orines y otras secreciones más desagradables de los comensales. Solo al abrir la puerta el animado salón se quedó mudo, todas las miradas se posaron en mi, y luego regresaron a lo suyo con indiferencia. Hasta las ganas de pleito o plática parecían muertas en este lugar.

Caminé con pasos lentos y seguros hasta la barra donde un viejo con el rostro más muerto que vivo se me acercó, sin decir nada, solo haciéndome una seña para que le dijera lo que iba a pedir.

-Un vaso de ron y algo de comer,… que rayos; dame toda la botella…- le dije.

De inmediato sacó una botella de debajo de la barra, el corcho ya estaba roto, pero mirando a los comensales me quedó claro que no podía esperar nada mejor; quince minutos después, me sirvió un plato grande con carne seca y unas verduras de sabor amargo.

Sólo un vaso bebí dentro de ese lugar, el aire viciado y el escaso ánimo que albergan las tabernas de pueblos más alegres me deprimía aun más. Esta tierra de muerte, causaba estragos en mi persona, acostumbrada a los verdes y frondosos bosques.

Envolví los pedazos de carne en una servilleta de tela y los guardé en mi mochila; cogí la botella por el cuello y sin taparla empecé a caminar a la salida de la taberna; una plática de unos pueblerinos llamó mi atención…

-¿Te has enterado? –le decía un tipo a otro sentado en su misma mesa. –Un perro del infierno ha aparecido en la desolación; dicen que está en los huesos y que ataca a quien se acerque…
-Yo oí que es la obra de un nigromante que se ha hecho del Túmulo, y que lo ha puesto ahí para cuidar la entrada secreta.- Le contestó el otro.
Una más respondió. –Dicen que ha matado ya tres personas y cada una de ellas se ha convertido en un espectro al servicio del nigromante.-

Salí de la taberna sin alcanzar a oír el resto de la historia; si algo he aprendido es que los rumores crecen pierden veracidad cada vez que los escupe la boca de un ebrio, o de cualquiera. Aun así un perro venido de la muerte era suficiente aliciente para hacerme dudar e investigar un poco; tal vez, si me hacía con la cabeza del animal, podía ganarme unas cuantas monedas de estas gentes pre juiciosas. Otra cosa que había aprendido es que, las buenas noticias nunca llegan; las malas noticias se riegan y desbordan como agua que rompe una presa, si la gente hablaba de un perro maligno, algo debía de haber de cierto.

Mi caminó me llevó a la desolación.

Aferré las correas de mi mochila de viaje en mi espalda; la fresca mañana contrastaba con el intenso sol, este clima seco me había ya partido los labios y alternaba tragos de ron con grandes y largos sorbos de agua. Me apreté fuerte la capucha a la frente y la dejé suelta de atrás. Mis dagas rebotaban en mis muslos guardadas en sus vainas.

El sol del medio día quedó a mis espaldas; agotada como estaba, buscaba con impaciencia una sombra en la cual poder tumbarme a descansar un poco. Al poco entendí que era más fácil cavar un hoyo al pie de una roca mediana que encontrar un árbol con las hojas suficientes para hacer un aunque fuera una sombra pequeña en este valle desolado y muerto.

Sin saber por qué, me sentía más agotada de lo normal, no físicamente, un sentimiento agobiante me rodeaba; había algo más en estas tristes tierras; algo mucho más doloroso que los árboles secos y las ciénagas rojas; hasta el viento helado parecía un constante murmullo de lamentaciones; como si el último exhalar de los hombres se reuniera en este lugar y se arremolinara entonando su última epopeya fúnebre. Las noches en este lugar deben ser, seguramente las peores de todo el vasto Noreth.

Improvisé una madriguera bajo la saliente de una roca, en el linde de una elevación montañosa; una lagartija con aspecto dragonesco parecía interesada en mi, y me miraba con ojos curiosos sujetada a un metro de distancia en la pared de la roca. Me tumbé en el piso a descansar y beber agua para remojar la sed. Los labios se me había partido y tenía los pies cansados y doloridos por de caminar en terreno duro. Saqué de mi bolsa los pedazos de carne deshidratada y le mordisquee uno mientras imaginaba como se vería aquella lagartija si midiera unos 4 metros y tuviera alas; como si pudiera montarme en ella y volar sobre las nubes a un lugar más alegre; un lugar con vida.

Cuando los rayos del sol empezaron a ocultarse tras las montañas, me levanté y recogí mis cosas; caminé siguiendo un estrecho sendero al noreste.

Tan pronto el sol desapareció en el horizonte, dejando sólo unos rastros tenues de un cobalto pardo y sin brillo, el gemido ausente y doloroso de un canino armonizó con el lúgubre vaivén del viento. Como si él fuera le mismo viento el que elevara su voz, dolida, quejándose con amargura con una nueva y dolorosa perdida.

Corrí con sigilo a la fuente de aquel llamado de angustia; algo en el eco de esa oscura voz me deprimía, me angustiaba; como si la conociera de antes, pero ahora estuviera quebrada. Un sentimiento de prisa me llenó por completo, y un escalofrío recorrió fuerte mi espalda, haciéndome temblar hasta tambalear.

Me acerqué al recodo de una piedra y asomé apenas lo suficiente para ver la criatura que aullaba con tanto dolor de ultratumba. La imagen helo mi cuerpo, paralizándome por completo con una sensación aterradora y desgarradora. De pie, en cuatro patas, se alzaba, sobre un montículo de tierra la sombría y demacrada figura de un lobo, tan oscuro como la noche.
Tenía huecos de cabello en todo el cuerpo y la piel, desgastada y enferma se pegaba a sus flancos haciendo notar su ahora delgada forma; se le notaban los huesos y las patas se veían delgadas y débiles. Sí, sin duda, parecía un perro que regresó de la muerte; o tal vez, un lobo que se escapa por poco de ella, negándose a abandonar; esperando.

La cara del animal me regreso en el tiempo, como una ruleta que gira, encontré en mi mente algo que no quería encontrar; no porque no lo detestara; si no porque sería doloroso.

-¿Fox… Hound?-

Las palabras salieron de mi boca sin darme cuenta; las orejas del animal hicieron un rápido y débil giro en mi dirección y mostrándome sus afilados dientes, apretó la quijada y comenzó a gruñir. Sin retirarse de donde estaba, el lobo tomó una postura defensiva, enconándose hacía delante y estirando las patas traseras; la gruesa cabellera en su lomo se erizó, confiriéndole al canino una estatura mucho más grande y amenazante que antes; sus enormes dientes apretados dejaban escurrir unas gotas de saliva espumosa y amarillenta. Comenzó a ladrar, pesadamente.

-Foxhound.- dije de nuevo, esta vez con más volumen y saliendo de detrás de la roca y retirándome con lentitud la capa de la cabeza; descubriendo así, mi rubí, mis orejas, y el rasgo más distintivo de mi cuerpo, mi larga y gatuna cola. –Foxhoud, soy yo… ¿me recuerdas verdad? ¿Khiryn?

Foxhound me regresó las palabras con ladridos, hasta que el conjunto de mi nombre, cabello largo y rojo y la cola hicieron que recordara; su mirada cambió, de duro y terrible cancerbero, sus ojos pasaron a una especie de gesto de dolor y reproche; a un gesto de duda y súplica. “A la mierda” lo que dicen que los animales son pueden gesticular emociones; los que lo dicen, nunca han visto a través del dolor ni de un animal ni de una persona.

El lobo relajó sus músculos, y yo, aun temerosa, me acerqué a él; él me recibió con una mezcla de gruñidos y agudos chillidos de dolor. Agachó la cabeza y se echó sobre el montículo donde estaba parado. Me acerqué y acaricié lentamente su cabeza. Su cabello estaba sucio y enmarañado; saqué la bota con agua de mi mochila y se la metí en la boca, Foxhuond bebió casi con desesperación haciendo pequeños chillidos de dolor al tragar. Luego, saqué un poco de la carne seca que me quedaba y se la di con las manos; El lobo la tomó velozmente y sin masticar la tragó. Luego le di agua nuevamente.

“Maldito Necross; mira que dejarte aquí solo y perdido; cuanto tiempo llevará esperando…”

-Foxhound; dónde está Necross; vamos a buscarlo.- Dije tratando de animar al lobo, éste, dio un par de pasos en círculos, olfateo la tierra a sus pies y chillando se dejó caer nuevamente sobre el montículo de tierra a sus pies.

-Necross-

El sentimiento al comprender fue como si una lanza atravesara mi corazón y luego explotara dentro esparciendo esquirlas frías por todo mi cuerpo. La desesperación y angustia se apoderaron de mi cuerpo paralizándolo con su frío y terrible aliento.

-¿Necross? No. Él no. No puede ser. Es… Imposible. NO, él no. ¡Mierda! ¡Él NO!

Abracé al Foxhound y rompí en llanto.


Casi había aprendido a entender que la situaciones a nuestro alrededor configuran nuestras vidas.
Ahora estaba segura que las situaciones fuera de nuestro control, aquellas no controlamos, aquellas que escapan a nuestros deseos y esperanzas son, en verdad, las que configuran nuestras vidas. Son las que nos obligan a vivir de cierta manera; las que nos obligan a actuar; a levantarnos de la cama cada día, a ver el sol. Son aquellas nos obligan por la fuerza a tomar decisiones. Difíciles o fáciles eso no importa; lo importante es como las afrontas y lo que aprendes de ellas. Lo que obtienes de ellas.


Sentada a un lado de la tumba de Necross Belmont; el héroe desconocido, el hombre sin nombre; el hombre del lobo; brindaba en compañía del que en vida, hubiera sido su mejor amigo, compañero y confidente; bebía ron, justo como él lo hacía, estaba ebria y llorando perdidas, cómo él lo hacía. Recordaba tiempos más felices en más felices lugares y me inventaba aventuras; inventaba recuerdos. “¿Te imaginas, Necross, que hubiera pasado si hubiéramos viajado en barco hacia la nada? ¿Te imaginas Necross, verme montada de un wyvern mientras tú vuelas en otro; con Foxhound temblando de miedo por la altura? ¿Te imaginas Necross; si hubiéramos escaldo los colosos que nos tapaban con su sombra. Te lo imaginas Necross…? ¿Lo haces?... ¿Puedes imaginarlo? ¿Necross?” Cada palabra Salía ahogada, triste, pero con esperanza.


Me hubiera gustado aprender alguna canción de taberna para cantarla en este momento; me hubiera gustado aprender algna canción que hablara de leyendas y heroes; me gustaría saber una canción triste que te haga saber como se seiente.

Me hubiera gustado que no....-


Desperté tumbada sobre el montículo de tierra; la cabeza me daba vueltas y la botella de ron estaba vacía. Foxhound estaba a mi lado, despierto, con mirada triste y cansada; vigilando. Bebimos las últimas gotas en la bota de agua, y luego me puse en pie. Desenvainé una de mis cuchillas y sujetándome el pelo, lo corté por la mitad; mi largo cabello rojo; ahora solo me llegaba un poco más abajo en los hombros; el resto, lo esparcí en el viento.

-Debe haber una manera, buscaré la manera; mientras, déjame cuidar de Foxhound.-

En una corteza de un árbol más muerto que vivo, tallé unas cuantas palabras; luego la enterré en la cabeza de aquel montículo. Cargando al débil lobo, caminé con determinación de regreso a la ciudad.

-Nos volveremos a ver, Necross, en esta vida o en la otra…-





Las miradas sorprendidas se posaron en mi al verme caminar por las calles cargando al lobo que muchos creían un demonio; entré de nueva cuenta en la taberna y ordené una bota de agua y carne; también pedí una nueva bota de ron.

Cuando Foxhound y yo hubimos saciado nuestra sed y hambre; salimos, sin hablar, bajo las incipientes y desconfiadas miradas muertas de los lugareños; busqué entonces una botica que vendiera brebajes e insumos. No me costó mucho hallar una; estás tierras muertas están llenas de brujos y hechiceros.

Entre, esta vez, el lobo caminaba a mi lado, puesto que había recuperado un poco de su antaña fuerza.

Sin saludar, me dirigí con firmeza a una mujer que acomodaba frascos en un estate detrás de una barra.

-Señora; necesito algo para teñir mi cabello de negro… -Le dije.



(Off: me lo pensé largo y tendido para publicar este post; ahora, sé que los efectos on rol que pueda tener no me interesan tanto; Sí, es un roleo de forma privada que hasta cierto punto, justificaria que Foxhound se quedara conmigo; pero no es ese el motivo principal por el que lo escribií; este es un personal roleo de como imagino "yo" esta situación y es en primera instancia un homenaje que hago publico, dedicado al buen personaje de Necross Belmont. Espero; querido Necross que te guste a ti y a los que te conocieron.(y que por ende, hayan leido...)

Si las condiciones en las que en ON rol del entierro y lugar donde yace el buen hombre del lobo son iguales, entonces adelante; si no lo son, ni modo.

Saludos!)





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Khiryn

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