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La desolación. La tumba del Héroe

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La desolación. La tumba del Héroe

Mensaje por Khiryn el Miér Jul 31, 2013 6:29 pm

Las noches húmedas y frescas del Silvide lo hacían un lugar cómodo para dormir; si no fuera por lo insectos voladores con sus inagotables zumbidos y sus enormes agujas como jeringas chupándome la vida, lentamente, muy lentamente. Incluso en las copas de los árboles el croar de las ranas llegaba a ser molesto.  Las ardillas nocturnas y las siempre nocturnas lechuzas cazadoras, se agitaba por momentos en los árboles vecinos. Una o dos veces distinguí el voraz aleteo de una de estas al caer cual flecha certera sobre su presa; una serpiente de tierra.  Los grillos y su continuo cantar acompañaban al rumor del rio que llevaba la base de la orquesta, y que en las noches parecía bramar con mayor potencia.  Un bosque agitado, tanto de día como en la noche.

Agité la cola para ahuyentar  a un par de moscos y me rasqué el brazo; no podía girar con libertad puesto que mi cama era un ligero colchón de ramos y hojas entre las dos más gruesas ramas que pude encontrar en los árboles de las cercanías. Estaba a oscuras y mi mochila colgada en una tercera rama cerca de mí, sobre el tronco del árbol. Con el brazo izquierdo sobre el filo de las ramas, y sobre éste descansaba la cabeza, mientras intentaba de atravesar la oscuridad con los ojos para ver algún animal que valiera la pena cazar. Con la derecha me rascaba un piquete en la espalda.

Las hierbas altas se agitaron y levantaron un quejido al hacer espacio al paso de un gordo y viejo jabalí. Su paso lento y cansado se dirigía al rio; seguro a beber antes de regresar a la madriguera; estuve tentada a rastrear el origen del camino del animal, y así asegurarme una fuente de comida; por lo regular, los jabalís viven en pequeños grupos, cuyas madrigueras se encuentras a pocos pasos la una de la otra; si la encontraba, me aseguraría la comida del día por varios días.

Lo consideré un momento, aunque al final me deshice de la idea, seguir el rastro de un jabalí hasta su morada, aunque no imposible, era una tarea complicada en la oscuridad; además un buen trozo de pierna de este animal, me aseguraría comida para el día siguiente, el Silvide no era un bosque donde los animales comestibles escaseaban.

Descendí la copa del árbol con felino sigilo, pegada al tronco y boca abajo. Llegué hasta las ramas más gruesas y bajas, a unos dos o trs metros sobre el cansado cuerpo del animal. Un salto desde aquí, me aseguraría la potencia para atravesar el corazón del jabalí en una sola estocada recta y certera. Me puse en posición y me abalancé al suelo.

Desenvaine sendas dagas en el aire durante la caída, dando un giro con el cuerpo que me asegurara caer de pie, con las dagas al frente.


Última edición por Khiryn el Miér Jul 31, 2013 9:00 pm, editado 1 vez
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Re: La desolación. La tumba del Héroe

Mensaje por Khiryn el Miér Jul 31, 2013 6:43 pm

Caí al piso afirmando bien las uñas de los pies en la tierra, con los brazos extendidos y las dagas dentro del cuerpo del animal. La puntería no había sido la mejor, la gruesa piel del porcino había desviado el camino de mis hojas dentro de su cuerpo, evadiendo el corazón. El ataque y el susto hicieron que el animal chillara brincara y se agitara con violencia, tratando de encararme con los colmillos frontales. Mi agilidad me salvó esta vez, permitiéndome girar el cuerpo al ritmo de la bestia, quedando siempre a su costado izquierdo. Con toda la fuerza que pude extraer de aquel baile, saqué la hoja de la cuchilla de su cuerpo, provocando nuevamente un fuerte chillido del animal. Con rapidez violenta, le clavé la hoja en el cuello, dando fin a su agonía.

El jabalí cayó pesadamente sobre su costado derecho en el piso, quedando un levantado a la altura de la cadera. El silencio esta vez se hizo palpable. Sin duda, los gemidos agudos del animal habían puesto en alerta al bosque, ahora hasta el rio parecía haber perdido su rumor.
Lo que había empezado como una perfecta cacería sigilosa, había terminado en un ruidoso baile.

Extraje del animal ambas cuchillas, las que tallé sobre su pelaje para limpiarlas un poco. Un borbotón de sangre manó de la cavidad en su cuello. La hoja había entrado entre la columna, dividiendo los huesos vertebrales, provocándole un trauma del que murió.

Revisé al animal antes de cortarlo, con el ruido que había hecho, ahora tenía pocos minutos para largarme del lugar y encontrarme otro sitio apropiado para dormir. Al darle la vuelta noté algo que me dejó helada. A la altura de la cadera, incrustada tenía una flecha negra. El hasta se había roto, y solo unos pocos centímetros sobresalían.

Supuse que el animal era viejo por su modo de andar pero estaba equivocada, no era un animal viejo, estaba herido por un cazador. Saqué la flecha del cuerpo del animal y la olisqueé un poco. No tenía veneno. Solo pude notar que la punta de la flecha era de un excelente metal, que estaba tallada y era una punta especial para cazar. Por seguro, el cazador que la lanzó tenía buen equipo; traté también de identificar la madera del hasta, pero no pude.

Me guardé el pedazo de flecha entre las ropas y corté un grueso pedazo de carne de la pierna del animal; enfundé las cuchillas.

Los ágiles e inconfundibles pasos de un conejo en la maleza por fin rompieron el silencio; estaba a unos cincuenta metros en dirección en la que había venido el jabalí. Los conejos no hacen ruido en la maleza a menos que estén escapando. Era el cazador.
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Re: La desolación. La tumba del Héroe

Mensaje por Khiryn el Miér Jul 31, 2013 6:53 pm

Me puse el pedazo en la boca y con toda la velocidad y seguridad que pude extraer de mis piernas trepé a la copa del árbol donde antes me encontraba. Cada segundo contaba y cada paso en vertical me restaba mucho tiempo. Un cazador experimentado, a un de noche, sería capaz de distinguir las marcas de mis garras en la base del árbol, y si era capaz de desperdiciar una punta de flecha de tan buena calidad en un jabalí, quien sabe que sería capaz de hacer para capturar una Hörige adulta.

En pocos pero largos segundos llegué hasta la copa del árbol; no perdí tiempo. Me colgué la mochila de viaje en los hombros y me acomodé el arcabuz a modo de tenerlo disponible, también me aseguré de tener unos balines y la pólvora a la mano.

Desecndí de la copa hasta las ramas más largas y gruesas, sin llegar al suelo y avancé por el bosque saltando y corriendo de rama en rama; cuidando de ser lo más sigilosa posible; pero también lo más rápida.

Detrás de mí, solo el rumor del rio levantaba su voz, si este era un cazador, o no se había acercado, o peor, era muy silencioso. Me detuve en una gruesa rama y volví la mirada, había avanzado cerca de unos 25 metros. Traté de mirar por entre la espesura del bosque y la densa noche, pero no vi nada. Nada. Ni siquiera un reflejo o una silueta, nada.

Me vino a la mente que si el cazador que hubiera disparado esa flecha encontraba el cuerpo del jabalí, notaría las profundas cortadas realizadas por mi par de dagas.

“Estúpida, debí haber subido el jabalí al árbol.” – pensé.

Me di la vuelta y seguí mi camino, alejándome de la escena, ahora con más sigilo y cautela que velocidad, me quedaba claro que si el cazador había podido encontrar mi rastro, este no se encontraba cerca. No menospreciaba yo para nada la astucia de nadie, pero mis orejas eran agudas, mi olfato poderoso y mis ojos sensibles, y ninguno me daba razones para pensar que alguien estaba cerca.

Mientras me alejaba, metí un poco de pólvora y un balín en el arcabuz, lo llevaba apuntando alto para evitar que el balín rodara y se saliera; más valía estar preparada.

No dejé de caminar hasta después de unos doscientos metros; que fue donde encontré un lugar más o menos apropiado para pasar la noche: la copa del árbol que había escogido era alta; y más o menos separada del resto; sus gruesas ramas ofrecían una buena atalaya desde la cual vigilar la noche, y su espesura lo hacía un lugar menos peligroso para dormir.

Ya en la copa del árbol, dejé nuevamente mi mochila cerca del tronco, y me dispuse a comer; despellejé el jabalí y lo comí crudo, no me arriesgaría a encender un fuego con un cazador en las inmediaciones. Observé la noche largo tiempo, en todas direcciones. Hasta que el cansancio me derribo, y dormí.
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Re: La desolación. La tumba del Héroe

Mensaje por Khiryn el Miér Jul 31, 2013 8:00 pm

La noche transcurrió con la única novedad de que al más ligero ruido que percibía despertaba. No fue una buena noche. Aun así, los momentos de sueño profundo fueron los suficientemente reparadores para no desmayarme de cansancio en la mañana. Le di un trago a la bota de agua que llevaba entre mis cosas para sacar esa sensación caliente y amarga de la mañana y con cuidado, miré por encima de las ramas; buscando desde la copa algún indicio de algo que hubiera podido pasar mientras dormía. No vi nada.

Bajé la copa con cuidado, el agua se me acababa, y aunque sabía que el pero lugar de un bosque son las riveras de los ríos, debía rellenar la bota. En el día, era mucho más llamativo andar entre los árboles que al nivel del piso; me aseguré de llevar la capucha bien sujeta sobre la cabeza, en ese momento, mi cabello rojo intenso, creaba un fuerte contraste con los tonos pardos y verdes del bosque; la capucha del color de la arena, se disimulaba mejor.

Caminé con sigilo agazapada; llevaba la mochila en la espalda y para estos momentos, solo deseaba que no me estorbara si pasaba lo peor. El arcabuz, bien sujeto en las manos, cargado y listo para disparar, con el cañón apuntando al cielo. El rumor del rio se hacía cada vez más fuerte. Estaba ya en el extremo más este del bosque, cerca de sus lindes. Más allá, se levantaba una gruesa cordillera que la hacía de frontera entre el Silvide y Physis.

Al llegar cerca de la orilla del rio, note un extraño olor, un olor raro para existir en los bosques; olía a excremento de caballo. Rápido llené la bota con el agua corriente del rio y luego me puse a recaudo tras un árbol. Las gruesas pisadas de un caballo se acercaron al rio por el otro lado de este. No era solo uno, eran dos. Que estúpida fui, claro, las partidas de cazadores nunca abandona la ciudad en solitario, siempre un cazador va acompañado de un “recuperador.” Otro cazador que le apoya; incluso, el que apunta a los puntos ciegos del cazador.

No me atrevía mirar, o correr; esperaba que los cazadores bebieran rellenaran sus botas y se largaran; no me moví ni un palmo. Sólo escuchaba y trataba de recoger todos los olores que manaran de aquellos hombres y sus caballos.

Maldita curiosidad la mía; después de haber pasado algunos minutos sin que los caballo emprendieran retirada; no pude evitar asomarme. En efecto, eran dos monturas, negras como la noche, pero hermosas. Sus cabellos azabaches reflejaban los rayos de luz de la mañana y desprendían un brillo hipnotizante y hermoso; y aunque las dos monturas estaban ensilladas, solo una de ellas llevaba un jinete. Era una figura humana; aunque no pude en ese momento saber a ciencia cierta si era un humano o alguna otra raza, tampoco si era hombre o mujer. Vestía todo de negro y la capucha en su cabeza cubría la mayor parte de su rostro, sumiéndolo en un velo oscuro y misterioso. No pude ver si estaba armado o si llevaba armadura, puesto que una capa negra y larga, cubrían su pecho y torso.
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Re: La desolación. La tumba del Héroe

Mensaje por Khiryn el Miér Jul 31, 2013 8:28 pm

La capucha de la persona en el caballo se levantó un poco, no pude ver sus ojos, pero si su boca, moviéndose. No me quedé a escuchar lo que saldría de la misma y aun que pude oírlo, no entendí nada; tal vez era un encantamiento. Sin volver la mirada, corrí a toda prisa en dirección este, a la salida del bosque. No escuché las pisadas de los caballos siguiéndome, solo los fuertes y rápidos braceos del sujeto de oscuro mientras atravesaba el rio; era rápido. Cuando estuvo del mismo lado del rio, dejé de escucharlo, por un momento dudé se me seguía, pero al volver la mirada noté que no solo me seguía, me daba alcance. Sus pisadas eran tan o más sigilosas que las mías, y su velocidad impresionante. Además, era listo; aunque algunas personas pudieran pensar que hacer una persecución a caballo en medio de este bosque sería buena idea, la verdad es que no hay espacio suficiente para maniobrar al caballo a grandes velocidades, él lo sabía, por eso desmontó.

Llevaba el arcabuz en las manos; listo, al menos, esperaba que el balín no hubiera rodado fuera del cañón en la persecución.

-¡Khiryn!- Gritó la sombra tras de mí y su voz heló mí sangre.

Empecé a disminuir la velocidad, giré con calma para encararlo y apunté el cañón del arma contra su cuerpo; entrecerré un ojo para apuntar u recargue mi rostro en la culata de madera. Estaba fija, firme, erguida y sería; todo era perfecto para hacer un disparo, salvo que estaba asustada.

-¿Es usted a la que llaman Khiryn?- su voz era masculina, gruesa y fúnebre. Sería y sin miedo; tampoco se le oía agitado por la carrera

-¿Cómo sabe mí nombre?- Contesté después tomar aire.

-Traigo noticias de Zhakesh para usted.- El hombre se había detenido, estaba a unos 7 metros y el cañón de arcabuz le apuntaba el pecho; no parecía ni un poco nervioso.

-No conozco a nadie de ese lugar, debe estarme confundiendo, lamento haberle hecho perder el tiempo, ahora déjeme tranquila.

-Son noticias sobre una persona que tal vez conozca; su nombre es Necross Belmont. El Conde Kolhehim, ha escrito de su puño y letra una carta para usted. El hombre con movimientos lentos, se metió la mano entre las ropas y sacó un sobre oscurecido por la humedad.

¿Y que noticias son estas acerca de Necross?- Pregunté sin importarme mucho el sobre que el hombre llevaba en la mano.

-Murió.
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Re: La desolación. La tumba del Héroe

Mensaje por Khiryn el Jue Ago 01, 2013 1:00 am

Post VI

…Murió…

La palabra rebotó en mi cabeza fuertemente, sin llegar yo a comprender su significado de inmediato.
Murió.

Al principio odié a la persona frente, y contuve el primer y fuerte impulso de volarlo en pedazos a balazos; ¿Murió? ¿Cómo?

El cañón de mi arcabuz empezó a descender poco a poco; de repente, se sentía muy pesado; ahora también, sentía los estragos de la carrera anterior, estaba sofocada; la mochila me pesaba infinitamente. El cabello me acaloraba; tenía escozor en la piel; los parpados pesaban y los ojos no miraban en la dirección correcta. Todo estaba mal. Todo “me” estaba mal.

El hombre permaneció en su distancia, de pie, erguido e inmutable. No veía su rostro, ni lo que llevaba bajo la negra capa. Era raro, como una presencia así. Un encapuchado de negro; una sombra oscura pero humana era la portadora de las peores noticias. Era como hablar con la muerte directamente.

-No puede ser el mismo Necross; ustedes deben estar en un error.-

-Necross Belmont tenía un lobo. –respondió. Estamos en custodia de él.-

Ya no podía negarlo más. Esta confirmación se sintió como si una alabarda hubiera atravesado mi corazón; fragmentándose en mil esquirlas heladas que recorrían mi cuerpo, paralizándolo de frio terror. Necross. ¿En verdad?

Cerré los ojos tratando de evitar que las lágrimas brotaran en chorros. Bajé el arcabuz y me llevé una mano a la cara tallándome los ojos. El ruido sordo del balín golpeando el suelo. Luego el del arcabuz y ahora tenía ambas manos en el rostro; no pude evitar llorar.

Secándome la cara le lancé la peor de las miradas a la sombra frente a mí; culpándolo.

-¿C… cómo?... la voz se me quebraba.

-La información está en la carta.- Dijo extendiendo el brazo hacía mí; su tono no cambió ni un poco.
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Re: La desolación. La tumba del Héroe

Mensaje por Khiryn el Sáb Ago 03, 2013 5:24 pm

VII

Avanzábamos a buen ritmo, sin embargo, el viaje era más largo y cansado de lo que esperaba; me molestaba tener que detenerme a descansar; pero los caballos tenían sus propias necesidades. Hace 20 días habíamos salido del Silvide y ahora los caminos se tornaban cada vez más secos y fríos, oscuros desolados y tristes. No sé; tal vez no eran los caminos, tal vez era yo la que se entristecía.

Mi cuerpo era presa ahora de una terrible ansiedad que se había apoderado de mí desde el momento en que la sombra pronunció el nombre de Necross. Aunque se había portado respetuoso, su escasa muestra de sentimientos al tema me hacían odiarle, ¿Qué le costaba mostrar un poco de empatía? Y luego pensaba. ¿Por qué habría de mostrarla? Todo se había vuelto irreal desde ese momento. El Silvide, las orillas del Physis y el resto del camino; apenas recuerdo nada de este. Montada en el negro corcel, casi nunca levanté la mirada, había memorizado ya el movimiento de los músculos de mi montura y los relieves y costuras de la silla. De alguna manera, nada parecía tener sentido, y yo misma, extraviada, me dejaba llevar por una sensación de ausencia, mientras mis pensamientos vagaban hacia los lugares que pensaba antaño olvidados; y de nuevo la sangre y la muerte de mis señores queridos me recriminaba en el alma.

La comida tampoco ayudaba; sin ánimos de cazar, el sombrío a veces compartía un poco de carne deshidratada conmigo; y yo sólo cazaba cuando la presa era evidente; de vez en vez pasamos por algún asentamiento en el camino para rellenar las botas de agua o comprar algo de carne.

El hombre, se había ofrecido a guiarme hasta un lugar llamado el Túmulo en las lejanas y duras tierras de Zhakesh; esta fortaleza, además estaba en el terreno más hostil; escenario de una encarnizada batalla que, según el sombrío, había pintado aguas y tierra de rojo; secándolo todo, dejándolo muerto. Sin más, era el viaje más largo que jamás hubiera hecho; y pensándolo bien, que hubiera llevado ese caballo de respaldo era una gran ventaja para mí, pues me dejaba montarlo.

Platicábamos poco; mientras que yo a veces trataba de distraerme comentando alguna situación, el sólo respondía con monosílabos y movimiento de cabeza. A veces sólo me ignoraba.

No hacía más que mirar atrás. Tratando de entender porque estas situaciones pasan.
Pensando.

“Es verdad Necross, ¿Es verdad? Será que ¿sólo somos víctimas de la situación? ¿Será que jamás nuestros pasos son guiados por nuestra voluntad? ¿Será qué, es el camino quien lleva las riendas de nuestra vida? ¿Y nuestra muerte?” Tuve mucho tiempo para pensar y reflexionar en los días que siguieron. Hasta que llegamos al Túmulo. Para este momento, ya me había hecho a la idea de que la muerte de Necross era verdad, con todas sus consecuencias, entre ellas el egoísmo de querer verle, no poder hacerlo y recriminar su recuerdo por eso.

La desolación de Zhakesh se me hacía un espacio muerto, olvidado y frio, justo como yo me sentía en ese momento, una tierra roja, dura y cenagosa, teñida de sangre desolación y tristeza. Hasta el viento frió parecía elevar las voces susurrantes de los espíritus caídos, entonando una oscura misa de réquiem infinita. La sensación me daba escalofríos. Casi sonreí, pensando que sí, este era un lugar apropiado para morir. “No te culpo Necross, nadie debería poder vivir en lugar así.”
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Re: La desolación. La tumba del Héroe

Mensaje por Khiryn el Sáb Ago 03, 2013 9:23 pm

Post VIII

El sombrío que me guiaba rompió por fin el murmullo del viento. Acercándose me dijo:

-A partir de este lugar, deberás viajas con los ojos vendados.-

Ya me lo había advertido con antelación; ya habíamos tenido una sería y larga discusión sobre el asunto, al final, no pude evitar acceder a sus condiciones, así que afirmé moviendo la cabeza y detuve mi montura junto a la suya. El pasó una fina cinta de tela negra y me cubrió los ojos. Es raro, pensar que en un lugar como lo es Noreth, con tantas diferentes razas y tantas diferencias entre los sujetos de una misma, que este humano siguiera pensando que mis limitaciones eran cómo las suyas. Sí, no vería el camino a la fortaleza oculta, pero sabría encontrar mi camino en los olores, tal y como lo hacemos, los animales.

Yo era animal, cuando me convenía serlo.

Del camino a la fortaleza no vi nada, y aunque en verdad traté de recoger y guardar los olores a cada paso que dábamos, todo me parecía semejante, como si no importara cuanto hubiéramos camino, el viento frio con sus susurros de cantos fúnebres me traía siempre el mismo olor desolado y muerto. Olor a tierra dura y roja. Lo más notorio fue al pasar por el umbral del Túmulo.
La sensación del piso cambió, y el aire también, aquí bastante menor la temperatura. La estructura metálica se levantaba junto a la roca, el edificio se veía viejo y abandonado, aunque también mostraba indicios de cuidado reciente. Si alguien quería habitar este enorme lugar, debía tener mucho trabajo por delante.

El sombrio me quitó me la venda de los ojos.
No presté atención a los detalles de la fortaleza, de hecho, desde que entré una sensación de error anidó en mi cabeza. Tan pronto como había sentido el cambio de aire dentro de Túmulo, ya quería irme, ahora pensaba, que si tal vez no veía la tumba de Necross, no estaría muerto y lo podría volver a ver. Negación.
Caminamos largos pasillos, angostos y amplios, hasta que llegamos a un terreno abierto; Era como una especie de jardín interior, pero las plantas se habían convertido en polvo; y los árboles se encontraban secos y marchitos. En el centro de este, pude reconocer a una figura canina, echada de lado sobre un montículo de piedra, frente a un monolito bajo.

Foxhound.

Corrí a él y él al principio no me reconoció, se levantó pesadamente, como cansado y me mostró los dientes, me detuve frente a él y le hable. Meneó las orejas, agachándolas me lanzó un chillido agudo y abriendo la boca se puso a jadear pesadamente, me acerque y le abracé, soltando la primer lágrima. El cuerpo de Foxhound se sentía desganado, mucho más delgado que en nuestro encuentro en el Silvide; tenía huecos en el cabello que dejaban ver su piel, y este se le había puesto cenizo y sin vida. Tenía un plato lleno con alimento y un cubo con agua fresca, sin embargo, se notaba que la tristeza también le había embargado el alma, y este apenas había comido lo suficiente para recuperar las fuerzas cada día y no desfallecer.

Solté a Foxhound dando unos pasos atrás, me erguí y contemple la tumba del Héroe. Tal vez, muchas personas le debían la vida a este hombre sin siquiera saberlo, un héroe desconocido, enterrado en un tierra infértil, dentro de una fortaleza oculta, no, no era un buen lugar.

-Estupido. Sabes que ridículo te vez. Odio esta situación. Los funerales ni mi presencia te sirven de nada ahora. ¿Sabes? Llegué a la conclusión que hacer un funeral, es pudo egoísmo. Tu, no sabes nada, no vez nada, no sientes nada, y sin embargo aquí estoy, sintiéndome mal porque no estás; ¿Ya vez? Puro egoísmo. Apenas y pienso en ti, a la que le duele y no quiero que sea es a mí. ¿Puedes sentirlo? Si estuvieras vivo, ambos nos burlaríamos y reiríamos de esta desafortunada situación.

¡¿Por qué no puedes sentirlo?!
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Re: La desolación. La tumba del Héroe

Mensaje por Khiryn el Dom Ago 04, 2013 5:56 am

Post IX


Permanecí en silencio de pie, al pie de la tumba; Necross estaba sentado a mi lado. El sombrío se había desaparecido tan pronto me mostro el lugar y no lo volví a ver hasta más tarde. Me llevó, con amabilidad un plato de comida y una vasija con agua. Comí y bebí un poco. La tarde estaba avanzando y la oscuridad fría comenzaba a reinar en el Túmulo.

Me permitieron quedarme en la fortaleza esa noche y descansar del viaje, pero no permitieran que mi estadía se prolongara mucho más. Me ofrecieron incluso un colchón, un baño y una habitación. No apetecía dormir en un colchón, y la noche nos abrazó a Foxhoun y a mi sentados cerca el uno del otro; mientras que yo le contaba historias a Necross; muchas de las historias que no le conté en Silvide y otras tantas que nacían de mis propios deseos. Las inventaba en aire, para los oídos que no iban a escucharlas.

Al cansancio acumulado del viaje y el golpe de encontrar a Foxhoun fueron por fin contundentes, y con la noche ya muy avanzada, mis lágrimas dejaron por fin de rodar y caí dormida sobre la tumba.

La lengua húmeda de Foxhound me despertó; el sol estaba alumbrando con los primeros rayos. ME dolía la espalda y el costado derecho, así como el brazo y el cuello por haber dormido en mala posición. Poco pasó para caer en cuenta de dónde estaba y porque había despertado ahí. Le regresé una caricia al canino, quien agacho las orejas.

-¿Vendrás conmigo Foxhound? ¿O prefieres quedarte en horrible lugar?-

La presencia de una persona se hizo apenas notar; un sombrío distinto a que me había guiado antes se acercó a nosotros.

-Es tiempo de que salga del Túmulo. –Djo de manera determinada. –Yo la escoltaré; por supuesto, deben salir con los ojos vendados tal y como entraron; tiene una hora para preparase antes de partir y la estaré esperando en aquel salón. –Dijo señalando la puerta de una habitación espaciosa del otro lado del lugar en el que estábamos.

Durante esa hora, aproveché para asearme un poco; también le di un baño a Foxhound; muy a su pesar. Hice mis necesidades físicas y luego regresé a la tumba, darle el último adiós al Héroe sin desconocido. Trencé mi cabello largo y rojo y lo até con un par de listones por ambos extremos luego, tomando una de mis dagas, lo corte por arriba de la atadura del primer listón; amarré entonces la trenza de mi cabello alrededor del pequeño monolito que servía de cabecera a la tumba.

-En esta vida, o en la siguiente, Necross Belmont; nos volveremos a ver.

Foxhound lanzó entonces un aullido; fuerte y poderoso, rompiendo el infinito murmullo de réquiem en el viento. El aullido era tan fuerte y doloroso que retumbó por todo el túmulo, saliendo de este. Y luego el viento, trajo el sonido fúnebre de las voces muertas desde todo Zhakesh y juntos unieron las voces y cantaron la canción de Foxhound. Yo también rompíe el silencio y grite, armonizando con el viento y la poderosa voz de Foxhound.

Cantamos. Hasta que se nos acabó el aire.

Nos echamos una mirada al finalizar. Es hora de irnos…
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Re: La desolación. La tumba del Héroe

Mensaje por Khiryn el Dom Ago 04, 2013 6:44 am

Post X

La salida del Túmulo fue tal cual la entrada. Ojos vendados y llevados por un guía. Me había facilitado una montura para que me llevara a las afueras de la fortaleza. Así que iba montada; y foxhound caminaba al lado.

Al llegar al punto final. El guía nos facilitó un odre con agua y una cecina seca para el camino. Nos indicó también que un día de camino en dirección al este encontraríamos un asentamiento más o menos decente para descansar. Le dije que le enviara a lord Kohlehim mi profundo agradecimiento. Nos despidió y esperó hasta que no hubiéramos avanzado unos doscientos metros antes de emprender su camino de vuelta.

La mañana se nos presentaba luminosa y fría, y las veredas en la desolación era casi inexistentes; fácil perderse en este lugar, supuse. Así que me guiaba con la posición del sol.

El viaje fue callado, solo el sonido de las pisadas de ambos resonaba en la tierra entre nosotros; cada paso levantábamos una pequeña polvareda que nos teñía pies y patas de rojo. Traté de acercarme al lobo, pero este estaba distraído y caminaba muy separado de mi; a veces se adelantaba muchos metros y otras tantas retrasaba su paso. Miraba atrás y se quedaba estático; mirando con la cola y orejas agachadas. A la mierda los que dicen que los animales no gesticulan, este lobo, tenía un rostro de infinito pesar, y una soledad hiriente.

Cerca del medio día y con el astro rey sobre nuestras cabezas, encontré una saliente en la roca en la orilla del nacimiento de una cordillera, me refugié ahí del sol; abrí la mochila y le eché una mirada al mapa que siempre llevaba conmigo. Luego saqué el odre de agua y bebí unos tragos, luego se lo extendí al lobo y este apenas bebió. Compartí con él también la carne seca que nos diera el guía. Tampoco quiso comer mucho. Esperé que los rayos del sol disminuyeran su intensidad, mientras que Foxhound, sentado bajo el sol a unos metros de mí, miraba atentamente atrás; como esperando. A veces, un chillido salía de su boca. Otras era un aullido apagado que disimulaba con el malestar que provocan las pulgas. Pero nunca se rascaba.
Cuando el sol bajó empecé a caminar nuevamente. Llamé al lobo que me seguía con cierto pesar. Pero no obedecía en realidad. Muchas veces en el camino traté llamarlo pero sin éxito. Traté de insitarlo, incluso en el momento en que vimos al único conejo en toda la desolación; traté de jugar con él, como lo hacía Necross a la cacería; sin éxito, y totalmente distraído, el lobo viró en la dirección contraria y me dejó cazar sola. Al final también perdí el interés y el conejo escapó; cuando Foxhound me vio regresar sin la presa, solo me ignoró y siguió su camino. Éramos una pareja extraña, un par de desconocidos, caminado hacía el mismo lugar, pero sin ir en verdad juntos.

Seguí intentando persuadirlo, incluso, quise morder su cola, como lo hicimos antes en el Silvide en un tiempo más feliz y este, ni se inmutó, no me regresó el gesto, no hizo nada. Harta, y cansada, un arranque de ansiedad tomó mi cuerpo, lo sujeté por el cuello y le miré los ojos: -¡Maldita sea, Fox! ¡A mí también me sabe mal esta situación! ¡Así que no te hagas el interesante conmigo y ayúdame! ¡Hazme caso maldita sea!

Foxhound me lamió la cara y se hizo atrás, liberándose de mis manos y caminó en la dirección que nos señalara el guía. Yo me quedé, de rodilla en el piso mirándolo.

“No eres tu verdad, soy yo. Soy yo quien no se ha ganado tu confianza ni tu obediencia. Soy yo la que no soy líder. Soy yo a la que tú cuidas y no la inversa…¿Verdad?”

Estaba claro para mi ahora. ¿Cómo esperaba yo, que un animal del calibre de éste lobo me escuchara? Él estaba totalmente apegado a un líder. Yo no tenía ese nivel ahora. No podía esperar que mi aun después de mostrar mi debilidad, Foxhound me respetara como líder. Debía cambiar, algo tenía que hacer o perdería también a Foxhound, este se iría. “Mejor solo que con mí compañía.” Y yo no quería ser la protegida de esta manada. Me quedó claro que el objetivo de este viaje, sería ganarme la confianza de aquel. El mejor amigo y compañía de Necross.

La noche nos cogió entrando al pueblo, tal y como lo había descrito el guía “más o menos decente.” Era tarde y el único lugar con luz era la posada del pueblo. Pedí una habitación para mí y el lobo, accediendo a pagar una tarifa más alta por la no razonable razón de querer meter un lobo en la habitación. Justo al entrar, el lobo tomó posesión de la única cama.

-Ni creas que me harás dormir en el piso.- le dije.

Este era parte del juego. Ahora, alguno de los dos debía demostrar un poco de carácter, y esa era yo. Me aventé en la cama y me estiré, moviendo al lobo a la orilla. Este se quejó y comenzó a luchar por el lugar. Después de todo el día que finalmente hiciera esto, me dio una cálida esperanza. Luchamos un rato; aunque al final, compartimos el lecho en partes iguales. Eso ya era ganancia.

A la mañana siguiente conseguí algo de comer y una botella de ron en el salón de la posada. Beber antes del medio día era algo que nunca hubiera hecho. Pero el aliento de licor parecía despertar en foxhound recuerdos. Agradables recuerdos.

Caminé por las calles de la ciudad luego del desayuno y encontré una botica. Entre y vi a una vieja con facciones de bruja acomodar frascos de vidrio en una estantería detrás de una barra.

-Señora. –Le dije. Quiero teñir me cabello de negro. ¿Puede ayudarme?...
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Khiryn

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Memoria del Carbunclo


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Re: La desolación. La tumba del Héroe

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