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Un encargo es un encargo (Libre, uno mas)

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Un encargo es un encargo (Libre, uno mas)

Mensaje por Haramir el Sáb Ago 03, 2013 6:34 pm

Me encogí un poco mas en la capa polar que portaba. Maldito el día en el que acepté el dichoso en cargo de ocuparme de los ogros de las montañas Drakenfang, mira que había grupos mercenarios, mira que había órdenes militares... Pero me habían tenido que dar el encargo a mi. ¿La razón? Sencilla, el grupo de ogros no era muy numeroso, y atacaban poblaciones de las montañas. Así que el paso de soldados y militares con armaduras pesadas era bastante difícil por aquellos pasos montañosos. ''Ahora que lo has aceptado, debes hacerlo'' Escuché en mi cabeza la voz de mi antiguo maestro Azoth, era una de las muchas frases que me repetía una y otra vez.. -Que si, que si... ¿No ves que en eso estoy? -Murmuré mientras proseguía el camino. Había tenido la suerte de poder dejar a Kumal en el pueblo, ya que el cachorro de tigre me entorpecía, no sabía pelear y a menudo me resultaba un estorbo en los combates.

No podía ir por el camino principal, lógicamente... Por ahí bajaban los ogros cuando deseaban atacar los poblados.. Así que me veía obligado a usar un camino para las cabras, desde el cual se veía el paso principal, aunque mi ruta era bastante mas escarpada, y de no tener el cuerpo que yo tenía, probablemente ya me habría despeñado. Alcé la vista al cielo y me quedé mirando las nubes y el sol unos segundos, iba a anochecer dentro de poco.. Debía de buscar una gruta o una cueva cuanto antes, colocar un par de trampas.. Demasiado trabajo todo, maldita sea que duro era ser cazador, con lo fácil que resulta matar en la ciudad. Rápidamente trepé a un árbol, no a la parte mas alta, sino a una rama que soportase mi pecho, eché una mirada alrededor, buscando alguna gruta, cueva, o cualquier cosa donde pasar la noche, no me atrevía a pasar la noche a la intemperie. Un cernícalo llamó mi atención, no... No era un cernícalo, era un buitre.

Mis ojos se posaron en la mancha negra que surcaba los cielos en círculos, como describiendo círculos alrededor de un cadáver, cosas de buitres... Cuan grande fue mi sorpresa cuando se lanzó en picado sobre una liebre que correteaba hacia su madriguera. Mi boca se quedó abierta. ¿Desde cuando los buitres cazaban? Son carroñeros desde los tiempos de los antepasados. Mi mirada siguió a la mancha negra, el buitre cogió a el animal y se lo llevó a gruta en la montaña mas cercana. Ladeé la cabeza, un buitre que caza y se esconde en una cueva en lugar de en una montaña... ¡Estaba amaestrado! Sonreí sin poder evitarlo, la primera pista sobre los ogros. Bajé del arbol y cual cazador, me agaché y fuí hasta la entrada de la cueva, aprovechándome de las sombras que los árboles me daban para evitar cualquier par de ojos que me observasen desde la lejanía.

Al final llegué a la entrada de la cueva, donde se apreciaba un olor a.. ¿Carne? Carne cocinada. Sin duda alguna, había alguien dentro. Pasé mis ojos una última vez por la entrada de la gruta, era algo rutinario, puro instinto. Encontré lo que buscaba, la criatura había pasado un cable de alambre atado a un par de huesos, para que cualquiera que intentase entrar hiciera sonar los huesos, y así alertar al morador. Silenciosamente desenvainé la espada y corté el cable de metal, afortunadamente cogí los huesos antes de que cayeran al suelo y armasen un jaleo, no necesitaba eso. Miré hacia dentro y ahí estaba la bestia... Asando la liebre que su buitre acababa de cazar. Llevé mi mano a la otra espada pero tuve otra idea mejor. Matarlo lo mancharía todo de sangre, y el olor podría alertar a los depredadores. Me acerqué silenciosamente y, con un movimiento mil veces ensayado en los entrenamientos, pasé el cable por su cuello, le pegué una patada en la espalda, empujando con la pierna hacia adelante, mientras mis manos tiraban del cable hacia atrás, ahogándolo. Sus cuerdas vocales ni siquiera sonaron, aunque la bestia tiró con fuerza, yo tenía la ventaja de la posición estratégica, así que al minuto se desplomó, sin pulso.

Arrastré el cuerpo fuera de la gruta, no sin esfuerzo.. Pues pesaba un quintal. Y lo tiré montaña abajo, dejando que rodase. Así los depredadores tendrían otro entretenimiento. Volví a colocar la trampa de la entrada y miré el campamento del orco. Un solo saco de dormir (Buena señal, no esperaba  nadie mas) La liebre asada, un par de hachas y una capa para el frió, tamaño ogro, la usaría como manta mas adelante. Me acerqué a la liebre y la cogí, sonriendo. -Hay que ver que suerte tienes Haramir... -Murmuré, dejando que se enfriase un poco antes de empezar a comer. Dirigí una mirada hacia el exterior, estaba anocheciendo. Suspiré y le di un bocado a mi cena, pasaría ahí la noche, ya partiré por la mañana.


Última edición por Haramir el Dom Ago 04, 2013 1:32 pm, editado 1 vez
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Re: Un encargo es un encargo (Libre, uno mas)

Mensaje por Invitado el Dom Ago 04, 2013 1:20 am

La mordida del frío de las montañas de Drakenfang no tenía impedimento en colarse por debajo de la capa de piel de oso. Incluso con esta y con su propio pelaje no podía evitar sentir como su cuerpo era levemente entumecido por la brisa helada que lo recorría. Su conocimiento de los terrenos de la montaña no eran demasiado extensos, pero si lo suficiente para que la bestia negra pudiese caminar sin preocupaciones por aquellas traicioneras tierras plagadas de criaturas cada cual más desagradable que la anterior. Trasgos, ogros, orcos... todas aquellas detestables formas de vida eran las que poblaban las bastas montañas heladas de Thargund.

¿Que había traído a Kashire por aquellas tierras? En ocasiones se había aventurado en ellas en busca de nuevas presas las cuales pudiesen despertar en el la verdadera emoción, que hiciesen que su sangre hirviesen por la pasión de la caza y la satisfacción de finalmente morder el cuello o el espinazo de la victima y desgarrarlo para verlo yacer entre sus dientes. Añoraba un adversario realmente digno, no había duda de ello, pero lo que lo había traído a esas montañas eran unos sucios ladrones orcos que se habían atrevido a entrar en su refugio en Eódhain para arrebatarle las reservas de comida que había ido almacenando después de meses de duro esfuerzo. Los muy hijos de puta habían saciado su hambre con sus víveres, y eso es algo que la bestia no podía perdonar.

Les había seguido el rastro por toda Thargund hasta llegar a aquellas mismas montañas, donde se le había comenzado a dificultar su vendetta personal. Estaba frustrado por la falta de huellas, por la rapidez de aquellos malditos orcos, por lo complejo que le había resultado todo desde que su comida había desaparecido ¿Desde cuando aquellas bestias imbéciles habían aprendido a evadirlo con tanta eficacia? Cierto era que sabía que ellos contaban historias acerca de ''La bestia negra de Eódhain'', así como también lo hacían los bárbaros de aquella extensa llanura, pero nunca se habían molestado en desarrollar esa clase de habilidades para evitar el combate con él. Según su experiencia con los Orcos ellos consideraban más bien un gran ''honor'' (Por llamarlo de alguna forma) poder traer la cabeza de aquél que tantas de los de su especie se había llevado. No le importaba, simplemente quería encontrarlo, cazarlos y devorarlos hasta los huesos para quedar satisfecho de una vez por todas.

¿Que veían sus ojos? Lo que su nariz había estado oliendo hacia rato. Un ogro muerto y ensangrentado se encontraba siendo devorado por una pequeña manada de lobos de la nieve. Teniendo a una presa tan fácil, aunque poco apetitosa, siquiera intentarían nada contra Kashire aunque ni siquiera de otra forma lo harían, los lobos rara vez trataban nada con la bestia en la que se había transformado. En cierta forma no pudo evitar mirarlos con cierta nostalgia, acudir a aquellos momentos del pasado en el que el mismo tenía su propia ''manada'' con la que cazaba, reía y jugaba... eran tiempos que quedaban muy atrás.

El ruido de bruscas pisadas en la nieve, acompañada del fétido y familiar olor al que estaba tan acostumbrado, consiguió sacarle del momentáneo ensimismamiento del que había sido presa por los recuerdos que dolorosamente atesoraba. La sangre comenzó a hervirle en las venas, la furia animal era lo único que actuaba como bálsamo para las heridas que portaba en su alma. La imagen de su querida Aradia siendo devorada por sus mismas fauces consiguió hacer aullar a la bestia, desgarrando el aire y el silencio nocturno, elevando hasta los mismos cielos las mil maldiciones que siempre entonaría hacia el hechicero cabrón que le hizo aquello.

Figuras grandes, feas y musculadas de forma barbara salieron de la oscuridad de la noche de caza en la que se había convertido. Allí estaban ellos, sus presas, los que mataría, descuartizaría y devoraría hasta los huesos para saciar su ira destada. Orcos de piel gris, no eran uno, ni dos, sino tres los que se alzaban ante él. Los lobos fueron inteligentes y marcharon de allí, dejando la carne restante del ogro con el que habían topado. Ellos no harían nada por él contra ellos... ni lo quería ¿Solo tres orcos? Dioses, quería más de ellos, aún si moría en la puta batalla ¿Acaso no era aquello lo que siempre buscaba? El dulce beso de la muerte en combate. No... lo que buscaba eran los cuellos DE AQUELLOS DESGRACIADOS COME MIERDA.

-¡VENID A MI! ¡GARJZUL!- rugió e insultó en su propia lengua a los orcos, provocando a uno de ellos adelantarse primero sobre el que se lanzó.

Portaba un hacha de mango de madera la cual alzó, bajando en tajo en busca del cuerpo de la bestia negra. La velocidad de reacción de esta era demasiado alta para la torpeza de un orco tan precario como aquél, siendo que simplemente esquivó el tajo descendente echándose a un lado para posteriormente lanzarse encima de él y derribarlo. Sus garras comenzaron a desgarrar la gruesa piel del orco que gritaba de dolor bajo las constantes cortes que estaba sufriendo su cara bajo los zarpazos de acero. Nada importaba ahora para Kashire Sinainé, nada excepto convertir a aquel animal imbécil en una masa sanguinolienta y reblandecida fácil de devorar.

Muerto ese... solo quedaban dos más. Alzó la vista hacia ellos, siendo el que ahora yacía bajo sus piernas había perdido todo rastro de vida, la cual parecía haberse sumado en ira a los amarillentos ojos de Kashire. Aquello que se alzaba ante los orcos no era otra cosa que la personificación de la ira de décadas de caza y soledad. Él era La Bestia negra de Eódhain.
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Re: Un encargo es un encargo (Libre, uno mas)

Mensaje por Haramir el Dom Ago 04, 2013 1:15 pm

Le di el último bocado a la liebre, terminándomela de una vez por todas, estaba un poco dura, el conejo era muchísimo mas tierno pero ¿Qué se le va a hacer? Es lo que hay, cosas de cazadores.. Agudicé el sonido en el silencio de la noche, escuché unos ruidos ladera abajo, sería algún animal terminando de sacarle partido al Orco que yo mismo había despeñado, benditas criaturas de la noche. Me acerqué a el borde del despeñadero y eché un vistazo hacia abajo. Tuve que agudizar mucho la vista e incluso entrecerrar los ojos para distinguir lo que pasaba, ya que no estaba muy abajo, pero al ser de noche era mas difícil. Observé a una manada de lobos terminar con la presa a la que yo mismo había dado muerte. El ogro se alimentaba de los lobos en vida, ahora los lobos se alimentarían de el ogro en su muerte, el ciclo de la vida. Aunque no fueron los lobos lo que me llamaron la atención.. ¿Había una figura humana? ¿Eso era un hombre?

Fui corriendo al interior de la gruta, cogí las espadas, me colgué a Sentencia a la espalda y salí corriendo para fuera de la gruta.  Si esa persona necesitaba ayuda iba a ayudarla, aunque ¿Por qué coño se había acercado a los lobos? La madre que lo parió... Algunos tienen el sentido común donde la espalda pierde su nombre. Miré el despeñadero, suspiré y comencé el descenso, con la postura baja para tener las manos mas cerca del suelo, me fui deslizando por la nieve y las piedras sueltas que había, creando una pequeña avalancha de piedras que saltaban en todas direcciones cuando yo pasaba, en esos momentos el factor sorpresa no era lo mio. Cuando ya estuve a apenas veinte metros salté un árbol al ver lo que vi. ¿Que coño era eso? La figura humanoide era sumamente extraña.. Tenía pelos por todo el cuerpo, ojos ambarinos de lobo, y colmillos de cánido. ¿Un hombre lobo? Pero... ¿Y la cola, y el tamaño descomunal, y el hocico?

Eché una mirada furtiva al claro, ahí estaba la bestia, mirando a los lobos... Claro que los miraba ¿Como coño iban a atacarle? ¡Estaba con ellos! -Muy bien Haramir, eres todo un genio... -Maldije en un susurro mientras volvía a esconderme tras el tronco. Escuché pisadas, mas allá de donde estaban los lobos, dirigí mi vista hacia ahí y divisé a tres orcos, grandes, como todos los orcos. Mi vista se estaba acostumbrando ya a la noche y a la oscuridad, bien.. Eso era buena señal. Fue entonces cuando lo escuché... Un aullido que me desgarró las entrañas, demasiado humano para ser de una bestia, demasiado salvaje para ser de un humano... Parecía el sonido de un lobo agonizante por el dolor, pero muerto de rabia por dentro. Dirigí otra mirada a donde los lobos, ya se habían ido.. Solo quedaba el medio hombre y los tres orcos, corrijo... Dos orcos, el lobo estaba desgarrando la carne subido encima de uno. Pero eran dos contra uno y.. Si atacaban los dos a la vez, el lobo tendría problemas. Suspiré y mordí mi labio inferior, sabía lo que tenía que hacer.

Me deslicé por la rama que cruzaba el camino donde estaban los tres, desenvainé las espadas, rezando a la madre noche que no se escuchara el sonido.. Tuve suerte. Me coloqué sobre los orcos y salté hacia atrás, cayendo justo detrás de ellos. Uno se dio cuenta y se dio la vuelta, levanto su mazo para... Demasiado tarde. Ya le había hecho un tajo con ambas espadas en la garganta, la sangre empezó a manar mientras el orco cayó al suelo, su vida se iba apagando... El otro se dió la vuelta al escuchar el ruido, pero antes de que terminase de girarse por completo ya había saltado yo sobre el, clavé mis espadas en su pecho, como un escalador se agarra a una montaña. Saqué una espada y la volví a clavar, y luego con la otra. Puñalada tras puñalada, puñalada tras puñalada, una y otra vez... Hasta que la bestia cayó de espaldas, tuve suerte... Se me llega a caer encima y hubiera tenido un serio problema.

Envainé mis armas mientras miraba al medio hombre, en señal de paz y de tregua. -He venido a cazar ogros, no orcos, siento si te he quitado tus... -Miré los dos cuerpos que yo mismo había dado muerte. -Presas, eso, siento si he matado a tus presas. Aquí hay caza para todos. Podrías... ¿Acompañarme? Hay recompensa, yo me lucro y tu... ¿Sacias tu sed de sangre? -Me costaba bastante saber que decir, tenía que tener cuidado con aquel monstruo, hasta en su forma humana era grande, la madre que lo parió, era enorme. -Entre los dos podemos rastrearlos, soy buen cazador y tu, bueno tu... Tu has nacido para esto. -Intenté relajar la tensión con una pequeña sonrisa. -¿Qué me dices? ¿Para donde hay que ir?
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