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Los rostros de Olhien

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Los rostros de Olhien

Mensaje por Hecate Graymark el Miér Ago 14, 2013 3:25 pm

Nacer en la más salvaje naturaleza te convierte a su vez en un salvaje, pero aun así allí se encontraba ella, un licantropo que llamaba hogar al bosque y casa a la cueva más solitaria que pudiese encontrar, para los que supieran quien era sería un espectáculo de lo más absurdo. Sostenía un libro entre sus manos y su mirada estaba perdida en ese océano de palabras, su cuerpo parecía de piedra, acostada contra la librería solo se movía para pasar las paginas y el parpadeó involuntario de sus cansados ojos. Pero aquel libro no era uno cualquiera, por su brillante encuadernación y las letras minuciosamente grabadas en oro sobre su tapa se podría decir que era un libro digno de un rey, pero erróneo pensar que era su cubierta lo que la hacía valioso porqué su contenido era cien veces más exquisito.

El titulo de dicho libro era “El camino de Olhien”, y aunque disfrazada como una intensa novela con parte de leyenda, no andaba lejos de ser un relato verídico decorado con misticismos innecesarios. Pero antes de comprender la profundidad de este relato expliquemos por qué había llegado a las manos de aquella mujer lobo.

En un recóndito lugar de los bosques de theezeroth se alzaba una majestuosa biblioteca que de pocos era sabida su ubicación, preguntarse porque levantar una biblioteca en medio de un bosque era de lógica pero que mejor lugar había para esconder conocimientos de magia que un bosque repleto de ella. Pero ahí no se acababan las peculiaridades de esta, nadie la custodiaba y ya nadie recordaba quien la construyo, se podía decir que ella misma era su custodio eterno. Aunque corrían historias de dicha biblioteca que atraían la atención de cualquier mago ávido de poder, no había ni un solo caso de que hubiese conseguido hallarla de verdad, pues un poderoso hechizo fortalecido por la magia del bosque la hacía invisible a cualquiera, excepto de aquellos que ella quería que la encontrasen. Pero no se acababa aquí, al igual que el edificio, los libros también poseían magia, una magia antigua que buscaba a su destinatario y que sin lugar a dudas lo encontraba.

Y aunque ignorante de este hecho la licantropa había sido llevada a este lugar para encontrar ese libro y desencadenar una serie de acontecimientos que estaban por suceder. Nada mas flanquear las enormes puertas de roble  se había encontrado con una sala de enormes dimensiones que contenía un sin fin de librerías repletas de libros que llevarían siglos sin haber sido tocados. Atrapada por aquel lugar lo recorrió sin saber que esperar hasta que uno de aquellos volúmenes mágicamente fue a caer justo enfrente suya, y como no, se trataba de “el rostro de Olhien” que la había estado llamando hasta allí. Y sin darse cuenta el libro la embrujo entre sus paginas.

<< Los rostros de Olhien

Aun cuando un mundo es joven su final ya ha sido marcado en los finos hilos del destino, y para que esto se lleve acabo como se ha predicho los seres divinos se encargan de controlar estos hilos, estos seres que confundidos por los mortales por dioses no siempre son tan perfectos como ellos los hacen parecer, y es que la oscuridad puede llamar a cualquiera, y así es como ellos se divierten manipulando la vidas de los necios mortales que piensan que ellos son los únicos en decidir lo que hacer con sus insignificantes vidas, convirtiéndolos en marionetas que nunca sabrán que lo son.

Se suele tender a pensar que todo ser vivo nace, ya sea natural o artificialmente, pero no se puede decir lo mismo de Olhien que su existencia se formo un misero instante y desde ese momento ya sabía cual era su misión, nada más había para ella que aquello que le habían grabado en la mente, era su razón de existir y lo único que conocía, el controlar el tiempo de los mortales, un reloj que marcaba cada segundo de cada vida.

Y así fue como siglo tras siglo fue cumpliendo su misión sin plantearse si era lo correcto, para ella solo eran nombres, en el marco del reloj aparecía grabado un nombre y ella lo hacía funcionar para que esa persona dejase de existir. ¿La razón? Que alguien había elegido que su destino era desaparecer. Con lo años había ido comprendiendo la función del reloj y de su trabajo, ella no podía macar la muerte de las personas, las personas morían por si solas cuando llegaba su hora, su objetivo y la intención de aquellos que habían creado el reloj, era la de borrar y manipular el destino, y así poderlo cambiar a su favor.

Cada vez que accionaba aquel reloj, y las manecillas recorrían el ciclo de aquella vida, una parte de aquellas creencias que había sido obligada a seguir se desquebrajaba. Las cadenas que habían aprisionado su mente y le habían robado su voluntad se hacían más débiles, y eso la hacía juzgar la credibilidad de todo aquello que conocía. La habían robado su destino, la capacidad de elegir su camino y así mismo ella lo había hecho con millones de personas, atrapada por la ignorancia que le habían obligado a parecer.

Luchando contra aquello para lo que la habían creado decidió cambiar su destino y usar aquel reloj para devolver el destino de las personas, pero primero el suyo propio. Programo el reloj para hacerla desaparecer y devolverla todo lo que la habían arrebatado, el reloj desaparecería en aquel mundo fragmentado en 3 partes que nunca deberían juntarse y ella se reencarnaría en una simple humana que nunca sabría nada de dioses o de artefactos capaces de controlar el destino de las personas.


….........  >>

La joven siguió devorando aquel libro, cada capitulo era más intenso que su anterior, y cada detalle mas esclarecedor, hasta su final.

La última pagina del libro tenía una dedicatoria del autor <<A mi querida hija Olhien la luz de mi vida, nunca te olvidaré>>

La licantropa estaba perpleja sostenía el libro en sus manos todavía pero no sabía porque aquel libro la había perturbado tanto, el embrujo que la había llevado a leerlo se había evaporado y la había dejado un vacío que dolía, era como buscar la respuesta de algo durante años y encontrarse que la verdad era una desilusión. Cerró el libro con resignación, y lo volvió a colocar donde tenía que haber estado todo ese tiempo. Pero en cuanto el libro fue colocado en la estantería una sensación de mareo la hizo caer al suelo, todo su cuerpo parecía enormemente pesado, la costaba tener los parpados abiertos y su respiración se volvía cada vez mas lenta. Un pequeño escozor se fue formando en su muñeca que crecía hasta convertirse en un desgarrador dolor que le taladraba la muñeca, era insoportable, algo la estaba quemando, solo quería que parase, no podía más era horrible, y...... ceso.

Estaba tirada en el suelo jadeando, su cuerpo se había cubierto de sudor y pequeñas lagrimas se asomaban por sus ojos impidiendola ver con claridad, se llevo la muñeca al pecho y fue cuando lo vio, alrededor de las misma se había formado una enredadera de símbolos, mirándolo mejor no eran  dibujos si no letras, era una palabra que no conseguía descifrar.

******************************************


El sonido de los festejos se alzaba por toda la ciudad, las calles abarrotadas de gente se habían teñido de los colores mas vistosos con una recargada decoración con motivo del mar, las mujeres lucían sus largos vestidos de color azul y adornaban sus cabellos con conchas, los hombres  se jactaban de sus gorros de pirata y sus espadas de madera. Pero en  la plaza central de aquel pueblo pesquero era el lugar establecido para las actividad principales del festejo en donde la gente acudía a saludar a los reyes del mar de este año. El Rey del  mar, decidido en la celebración anterior, debía permanecer sentado durante toda la celebración hasta acto principal del día que se llevaba a cabo a medianoche, donde se daba concluida la fiesta, consistía en despedirse del Rey del Mar que se embarcaba con aquellos que el hubiese elegido a lo largo de aquel día y que gozarían de ir con él a la Isla de los Tesoros, una pequeña isla en la que durante siglos los piratas habían ido escondiendo sus tesoros y que gracias a ella se debía la prosperidad de aquel pueblo. Aunque años atrás esta isla fue saqueada por los aldeanos todavía se relatan historias de tesoros escondidos que aun no han sido descubiertos y por ese motivo su ubicación es desconocida, y solo se es revelada a unos pocos que son elegidos por el Rey del Mar.

La Reina de Mar, que al igual que su consorte representa una parte de un todo, el Rey es quien embarca a los marineros para conducirlos a la fortuna, y ella es quien los ayuda a regresar a casa, y como parte de dicha costumbre tiene que esperar junto al mar durante cuatro días solo pudiendo retirarse a descansar con la puesta del sol, y dejando en su lugar un farolillo en la orilla. Y cuando estos regresen tienen que dar una pequeña ofrenda a su Reina por haber velado por ellos.

Y así sucedería este año, pero antes de eso se tendrían que realizar diferentes prueba y juegos durante los cuales el Rey del Mar decidiría quienes serían sus marineros.

******************************************


No muy lejos de allí cuatro desafortunados acababan de recibir la marca de Olhien, cuatro palabras grabadas en sus cuerpos que no sabían que significaban ni que podían hacer para hacerlas desaparecer, y las misma palabras escritas frente a ellos

Primer objetivo: Ser el elegido del Rey del Mar 


No entendían que era lo que acababa de pasar, y si debían seguir de verdad las palabras que misteriosamente se habían presentado ante ellos, pero independientemente de que las hicieran caso o no, al final todos estaban destinados a llegar a ese pueblo, y entonces empezaría la primera parte de la prueba, hacer caso a unas palabras escritas en el aire o ignorarlas, pero esa marca que habían recibido les hacía presentir que estaban encadenados a algo de lo que no podían escapar.




Dicen que la realidad nos engaña y la fantasía nos confunde. Para mi la realidad se terminó y la fantasía se marchó.
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Re: Los rostros de Olhien

Mensaje por Fenris el Jue Ago 15, 2013 4:50 am

Nunca había visto a el Capitán tan destrozado. Y no era el único.
Asgrath tenia la cabeza entre las rodillas y estaba seguro que las lágrimas brotaban desde los ojos del larguirucho hechicero.
Dorianh estaba apoyando la pared contra la corteza de un gran árbol, con la mirada fija y compungida, perdida en algún punto de la hierba. Tenia numerosos arañazos en los brazos y un corte en la mugrienta mejilla que no paraba de gotear sangre.
Balir... bueno, estaba echado panza arriba sobre la hierba, durmiendo profundamente y con un fuerte olor a alcohol.
-Dorianh, despierta a ese maldito enano gruñó el Capitán, mientras le tocaba el hombro a Asgrath para que se incorporara y recuperara la compostura. Ver a nuestra compañía así era tan extraño y... hasta perturbador. Pero creo que cualquier persona que hubiera vivido aquello estaría en un estado igual, o quizás peor.
Recordaba todo tan vivido, aun lo sigo recordando. Los gritos de las mujeres, niños llorando, el fuego, la sangre, ese par de ojos atravesándome. No, ¡No quería nunca volver a tener que ver esos ojos!

Dorianh había hecho que Balir se incorporara y miraba todo con aire confundido y con todo el aspecto de no entender muy bien en donde estaba. Asgrath ya estaba erguido, pero la crispación aun estaba presente en su rostro.
-No voy a hablar de lo que ocurrió allí comenzó a decir el Capitan Garret, mirándonos a todos lentamente, uno por uno -Fallamos el trabajo añadió, como si esas palabras le producirán tal sensación de amargura que no pudiera contener la mueca.
-Yo me voy -dijo Asgrath, con la voz quebrada -A la mierda esto, a la mierda esta vida, yo me largo -comento por ultimo, le sostuvo la mirada a Garret unos segundos y luego se dio la vuelta, camino unos metros y luego termino desapareciendo entre las sombras del bosque. No cruzo palabra ni palabra con Balir, ni con Dorianh, ni conmigo. Pasaría un tiempo hasta que volviera a verlo, pero para entonces, los dos eramos dos personas totalmente diferentes.
-¿Alguien mas? -se escucho decir al Capitán, observando el suelo y con el ceño fruncido.
Balir no abrió la boca, solo saco una petaca de whisky y la dejo en el suelo delante de el. Se acomodo la barba, se abrocho bien la capa y dijo con su curioso tono de vos
-Me retiro. No intenten buscarme o tendré que matarlos -dijo, comentando lo ultimo como si estuviera diciéndote como estaría el clima mañana -Buenas noches, caballeros -luego de eso se marcho, con paso un poco tambaleante. Nunca mas me volvería a encontrar ni volvería a saber nada de ese extraño enano, fue como si esa noche el bosque lo hiciera desaparecer de la faz de la tierra.
- Yo me quedare con usted, Capitán -dijo el enorme Dorianh mirando a Garret. Era el mas incondicional de todos nosotros hacia nuestro líder, y todos sabíamos que ni las mas crueles de las torturas hubieran separado a ese gigante de Garret. Según me había contado Asgrath hace un tiempo, el Capitán había salvado a Dorianh tras encontrarlo a la intemperie en una fría noche de invierno hace muchos años, incluso le había ayudado a recuperarse de las heridas. No se habían separado desde entonces y no lo harían ahora.
-Fenris... -dijo Garret, mirando con ojos casi suplicantes.
Pero yo ya había tomado mi decisión.
Tenia la armadura quemada y manchada de sangre, mis armas estaban sin brillo y tenían diversas muescas, mis músculos estaban cansandos y sentía que la espalda se me partiría al medio en cualquier momento. Asgrath había hablado por mi, a la mierda la compañía.
-Lo siento, Garret, hasta aquí llego yo -dije, colgándome la espalda a la espalda y sintiendo un dolor punzante al sentir el peso de mi filo. -Lo de la aldea fue... suficiente. Se nos fue de las manos y cometimos demasiados errores. Todo se podría haber evitado -Garret seguía con su vista clavada en mi, pero sus ojos ya no eran suplicantes sino que su mirada se había vuelto inexpresiva y fría. -Ahora, si no te molesta, mi paga... -dije, extendiendo mi mano hacia el. El Capitán dejo caer una pequeña bolsa de cuero con monedas en su interior, las mismas monedas que había ganado por todas esas misiones que había pasado en su compañía. Suficiente para poder subsistir unas pocas semanas y reparar mi equipo.
-Gracias. Nos volveremos a ver. -dije, despidiéndome.
-Ve, elfo. Y recuerda, si vas a morir...
-Muere libre. -añadí, completando la frase de Garret, les di la espalda y me marche, metiéndome en la mas profunda oscuridad de la noche.

Paso una semana y yo me encontraba recostado en una cama, algo dura pero acogedora. Había decidido descansar un par de días en un pequeño pueblo de leñadores, gente amable que aceptaban de buena gana a los viajeros, un buen lugar para alguien como yo, se podría decir. La habitación en la que me encontraba era rustica y algo tosca, pero al menos tenia un techo, una cama y un baño, por lo que no tenia absolutamente nada de que quejarme al fin y al cabo. Había limpiado toda mi armadura hasta que brillara y mis armas estaban nuevamente en un estado bastante decente, y todo reposaba sobre una silla justo enfrente de la cama.
Miraba las marcas de mi cuerpo, esas finas lineas plateadas que recorrían mis piernas, mi pecho, mis brazos, mis manos. Esas lineas que tanta curiosidad me causaban. ¿Como me las había hecho? ¿Porque eran de este color? ¿Tenían algún significado? Preguntas, preguntas, preguntas, mi cabeza era un constante torbellino de preguntas y de vez en cuando el pensamiento amargo aparecía: Gabranth.
Me quede profundamente dormido en la cama, con el fuego del odio hacia mi antiguo maestro ardiendo dentro de mi pecho. Me arrepentiría de haberme dormido en ese momento.

¿Que fue lo que soñé? No lo recuerdo con precisión. Sombras, muchas sombras, olor a carne quemada y, de repente, un dolor tan agudo como pocas veces había sentido, únicamente comparable a un millón de agujas moviéndose sobre el dorso de mi mano, como si estuvieran escribiendo algo.
Frente a mi unas palabras aparecieron como si de una vision se tratase, finas y delicadas letras elficas donde podia leer claramente:
[u]Primer objetivo: Ser el elegido del Rey del Mar[/u]
No podía moverme y el dolor era insoportable, hasta que de repente unas manos me tomaron el brazo con suavidad y abrí los ojos.
Estaba en mi habitación, me había quedado dormido y al parecer había comenzado a gritar, por lo que la dueña de la taberna había ido a ver que me pasaba. Le dije amablemente que se fuera y me dejara solo, cuando cerré la puerta de la habitación sentí un dolor punzante y agudo en el dorso de la mano izquierda, de tal magnitud que un grito entre dientes se me escapo entre los dientes.
Me quede totalmente perplejo al ver lo que tenia allí. Letras. ¿Que decían? Ni puta idea, lo único que sabia era que dolía y ardía. No era un hombre muy dado para los idiomas, solo sabia elfico que era mi lengua madre y con el tiempo mi maestro me había enseñado el común, pero hasta ahí llegaban. ¿Que eran esas letras? ¿Quienes era el Rey del Mar? ¿Como habían llegado hasta allí? Me dirigí hasta la mesa de noche, donde había un vaso de agua y me lo eche de lleno en el dorso de la mano, luego comencé a frotarme la piel, tratando de quitármelo. El dolor me impidió seguir haciéndolo, no salia.
¿Acaso había sido ese sueño? El dolor, ese horrible dolor, las agujas moviéndose sobre la superficie de mi mano...
Ese día no volví a dormir. Tampoco el otro.

Luego de ese pequeño pueblo de leñadores, aun con algunas pocas monedas, llegue a un pueblo pesquero mucho mas grande y mucho mas alegre, ya que los sonidos de fiesta llegaban desde la plaza central del lugar. La simple curiosidad me llevo a ver que atraía tanto alboroto. La gente saludaba con emoción a dos personas, un hombre y una mujer.
-Disculpe. ¿Me explicaría que es esto? ¿Acaso hay una fiesta? -le pregunte a una joven de largo cabello rojizo con una estrella de mar decorando su cabellera. Con entusiasmo me explico todo detalladamente. ¿Rey del Mar? ¿Reina del Mar? ¿Isla de los Tesoros? Todo sonaba de los mas interesante y una chispa de interés se encendió en mi al escuchar esas palabras que me hicieron recordar las palabras que aparecieron ante mi cuando aquella extraña escritura había aparecido en mi mano. Mire al hombre el cual parecía ser aquel "Rey del Mar", entre la curiosidad y la duda comencé a caminar por la plaza, sin dejar de pensar en que hacer y sin quitarle la vista a ese hombre. ¿Acaso seria el Rey al que se refería mi sueño o solo era una casualidad?.
Luego de dar unas vueltas, termine sentándome en un banco de la plaza, bajo la sombra de un gran árbol, observando los puestos y las gentes con curiosidad. Sin darme cuenta me acariciaba las marcas grabadas sobre mi muñeca, las cuales aun desconocía y aun ardían levemente.
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Re: Los rostros de Olhien

Mensaje por Etlhan VII el Sáb Ago 17, 2013 11:17 pm

Un salto, otro más, una voltereta, una hermosa floritura en el aire y una parada de espaldas a la ventana de la habitación. Etlhan se ejercitaba de forma ruidosa en su habitáculo, sus pies, desnudos, resonaban en la chirriante madera que conformaba el suelo de la estancia, por un momento se sintió bien, se permitió sonreír para sí mismo.

El golpe débil de unos nudillos repicaron sobre la puerta de su habitación, acabando con aquél momento de ensoñación. Con tranquilidad, deslizó las dagas que estaba usando minutos atrás debajo de la cómoda y con aire resuelto abrió la puerta no sin antes pillar una toalla de uno de los cajoncillos del mueble.

Con un leve giro del pomo entreabrió, y asomó un poco el rostro, su vista dio con una muchacha que no pasaría de los veinte años, bien cincelada, de cabellos largos y dorados, bello rostro, ahora sonrojado por la visión del atractivo del asesino. Como él por sí mismo no podía ofrecerle una respuesta,  decidió abrir al completo y  ver qué era lo que la chica quería, tenía varias respuestas a esa pregunta,  pero obvió por la lógica, claro. Etlhan la recibió con una camisa de lino blanca de cuello abierto, ahora empapada en sudor y arremangada. Estaba en calzones, pues hacía calor en aquél pueblecito, así que afloró la imaginación de aquella mozuela, que tuvo que hacer grandes esfuerzos por no desviar la vista a otros lugares que no fuesen a aquella extraña cara tan pálida.

-Se, señor..-Tomó una pausa.-Caramedino quiere saber si se encuentra usted bien, desde el piso de abajo nada más que estamos escuchando ruidos procedentes de su habitación ¿Requiere de alguna ayuda?.-La pregunta intentó ser de lo más inocentes, pero Etlhan la había cazado al vuelo. Negó con la cabeza y sonrió, una sonrisa de amplia, de dientes perlados perfectos, arrebatador. Con un gesto  rápido e impredecible,  colocó el índice de su mano derecha en los labios suaves y rojizos de la joven, esta enmudeció tanto como él. Sin quererlo dio unos pasitos hacía atrás sobresaltada, pues, sin haberlo querido, en aquella corta conversación la chica se había internado más allá del umbral de la puerta.

Una vez devuelta a su lugar, el asesino soltó aquél dedo afilado de la cálida boca de la chica y cerró la puerta suavemente. Libre de la molestia, Etlhan volvió a sus quehaceres, volatilizando aquella muestra de simpatía, volviéndose a sumergir en su habitual rostro inexpresivo. Iba ya a tomar una de sus dagas escondidas cuando una música lejana cruzó su ventana abierta y empapó sus oídos.
El asesino se asomó por de la ventana, la suave brisa del día le desbarató el poco orden que quedaba en su melena de color azabache. El olor a vino, pan y almizcle penetró en sus pulmones como buena nueva, reconfortante. Por un momento pensó alargar su estancia un poco más, pero luego recordó que solo estaba de paso, un contrato le esperaba a pocas semanas de viaje de allí, y él nunca faltaba a la cita.

De vuelta al interior de su habitación,  tomó un tiempo para ordenar sus pensamientos, abrió uno de sus fardos sin pensárselo y metió algunas cosas para un viaje inesperado. Alguna muda de abrigo, una o dos dagas, sus guanteletes y algunas monedas. Terminado el equipaje, volvió a hacer un inventario de sus pertenencias no incluidas y se aseguró de guardarlas en el baúl del viajero que todas las habitaciones disponían. Se aseguró de que el candado estaba bien cerrado y aun así receló de la medida de seguridad.

Dejó de darle vueltas al asunto y se cambió de ropa, tomando como vestimenta una camisa holgada de lino, de puño ancho y cuello cerrado, unos pantalones de cuero negro, calzando finalmente sus botas de viaje. Como último toque, se ciñó bien el cinturón, envainó algunas dagas del fardo a este y con aire resuelto, cruzó la puerta con salida al largo y estrecho pasillo del piso superior.  Al avanzar de camino hacía las escaleras, el asesino notó un ligero picazón en el pecho, nada serio, sabía de la alta humedad del lugar, y de los picores que producía, pero pronto cambió de idea al notar que el dolor se convertía en una punzada.

Etlhan perdió el equilibrio, acabó con una rodilla en el suelo, su mano halló asidero en la pared a tiempo, y con ello no acabó de bruces. Su mano derecha buscó rápidamente los botones de la camisa, casi arrancándolos, veneno, fue lo primero que pasó por su mente, lo habían envenenado vilmente.  Su pecho palpitaba por el ardor y al dirigir la vista a la zona afectada vio unos caracteres que no reconoció, magia fue su conclusión, y no era precisamente mala.

Alguien se la había jugado, un enemigo jurado de su cliente, un propio rival o incluso aquella chica que días atrás le había servido la comida. El dolor comenzaba a cesar, dio gracias a que remitiese, aunque aún no entendía cómo es que no estaba muerto. En su mundo un descuido podía significar irse de este mundo, y últimamente él estaba siendo muy descuidado.

Recuperado en cierto modo, Elthan volvió a tomar pie, se abrochó la camisa y siguió su camino, nadie le tenía que ver en aquél estado y menos ver la marca extraña que ahora portaba. Con rapidez pasó la recepción de la posada, la sala contigua, la taberna y salió por la puerta principal, todo sin esperar  a tener que escuchar las monsergas del posadero o aguantar las miradas de los otros huéspedes o borrachos.

Ya en la calle tomó el camino más directo hacía los muelles, necesitaba reflexionar, buscar alternativas y sobre todo respuestas sobre lo ocurrido, un mago quizás, no importaba, pagaría los servicios de este si le ayudaba a responder a lo que le había sucedido de forma tan súbita. Su camino se dificultó al pasar por la plaza mayor, allí la gente parecía celebrar algún festejo, dado a que la mayoría estaban bailando o simplemente haciendo bulla, vestidos como piratas o en caso de las mujeres, todas de azul, aquello ya le parecía una marea enbravecida.

Sin venir a cuenta fue arrastrado y entre codazos y empujones se unió a un baile del cual no quería ser participe. Varias damas lo tomaron de las manos, hicieron que danzase, se marease, algunos tipejos le daban palmadas sonoras mientras le gritaban hasta lo ensordecedor. Ya perdiendo la noción de su entorno, dio de costado con un carromato bien decorado con temática marina y por poco acabó en el suelo.
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Re: Los rostros de Olhien

Mensaje por Drizzt De'Lartz el Lun Ago 19, 2013 7:19 pm

¿Qué era el tiempo, para un elfo? En los dos siglos de vida que llevaba, nunca se había puesto a reflexionar sobre el gran paso que supuso para sí mismo, el hecho de estar y vivir en la superficie. ¿Qué objetivo tenía en la vida? ¿Cuál era su destino? ¿Acaso era morir luchando en el frente de una gran batalla, vivir los últimos días plácidamente al lado de alguna mujer que apreciara, o quizá era el camino el que le despojara la vida? Estas preguntas, últimamente embargaban a menudo a la mente de Drizzt, que no pudo reprimir una sonrisa de ironía.

Siempre había imaginado que cada paso que daba era un paso a su meta. ¿Cuál? No lo sabía y aun así, seguía caminando con la sonrisa yendo contra el viento de cara, dejando que el viento ondeara sus cabellos al aire.

- ¿Qué será? - preguntó al vacío que se extendía ante él.

Era mediatarde, cuándo a lo lejos divisó luces en un pueblo pesquero cerca de la costa. La Luna empezaba a salir mientras el astro Sol, se marchaba por el horizonte. Se cernía seductora, para arropar a todos aquellos seres que dormitaban por la noche, mientras que él, disfrutaba con aquel espectáculo. Bajó de nuevo la vista hacia aquel pueblo, que por lo que veía no dormirían pronto aquella noche. El ruido se oía hasta su posición dónde se encontraba. En lo alto de un risco que sobresalía en una montaña cercana, Drizzt veía, con recelo el pueblo. No tenía intención alguna de pasar por aquel pueblo, a menos que fuera realmente necesario...

Vislumbró la silueta de algún personaje entre el follaje y el espeso bosque que había en el lindero de la montaña en la que estaba. Sentía por momentos, curiosidad, por aquel pueblo que estaba de fiesta y porque negarlo, por aquel personaje que se movía por aquel enmarañado bosque. Se levantó del borde del risco en el que se había sentado y miró por última vez, desde su posición, aquel pueblo, algo le atraía.

No tardó en bajar de la montaña, silenciosamente cómo siempre hacía y empezó caminar en dirección al pueblo, siempre con los sentidos puestos a cualquier ruido o cualquier extrañeza que surgiera en el ambiente.

En cuánto estuvo a unos cientos metros del pueblo, rodeó el pueblo, en busca de la forma de infiltrarse sin tener que dar parte de su presencia a aquel pueblo que estaba de fiesta. El ruido era mucho más intenso, la música se oía alegre, al igual que la gente que gritaban y se unían en los cánticos, las luces que colgaban eran multicolores, maravillando a Drizzt.

Tras el momento de ensimismamiento, encontró una forma de subir al tejado de una casa, y desde ahí ir acercándose, hasta dónde procediera el ruido…


Última edición por Drizzt De'Lartz el Vie Ago 23, 2013 11:25 pm, editado 1 vez


"No leas por leer, ni imites, sino que debes tener interés por descubrir tú mismo estas cosas, se debe reflexionar."

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Re: Los rostros de Olhien

Mensaje por Aikki Nageru el Mar Ago 20, 2013 3:38 pm

El sonido de los festejos tenia aturdido a el joven Aikki, la gente se encontraba alborotada y causaba muchos disturbios. A tardías horas del día varias personas se encontraban ahogadas de borrachera sentados como podían en las calles de la ciudad.
El pequeño Divium noto que había muchas mujeres bellas en el festival, como era costumbre de el, intento cortejar a gran cantidad de mujeres. Hubo una humana excepcionalmente bella, su nombre era Casie. Era de alta estatura alrededor de 1.80 metros, Aikki no se sentía acomplejado por la altura de el y ni intimidado por la altura de ella. Luego de varios intentos de cortejarla, la humana cansada de negar sus invitaciones y no prestar atención a sus alagos le pregunto -¿Por que motivo se encontraba en el pueblo?
- Intento encontrar algunas cosas- respondió Aikki.
- Imagino que estas aquí por la competencia.
- ¿Competencia? ¿De que?
-Para ser uno de los marineros del rey...
- marineros, ¿Que es eso?
-No eres de por aquí verdad, todos conocen al rey y la reina del mar.
- No soy de por acá y tampoco conozco a esos reyes.
-  Bien cada año el rey elije a unos marineros para una "expedición" y poder encontrar un tesoro. La reina lo que hace es guiarlos nuevamente hacia el inicio. O al menos eso es lo que se cuenta y mas detalles no conozco.
- Un tesoro, reina.... Parece interesante quiero participar.
- No cualquiera puede entrar, como te dije son elegidos por el rey.
- Como sabes cuando son seleccionados?
- Desconozco esos detalles. En fin, me has hecho perder bastante tiempo enano. Hasta luego.
-Hey Casie, cuando vuelva con el tesoro a casa voy a ser tu rey - Dijo Aikki haciendo el gracioso.
- Si vuelves con algún tesoro, puedes buscarme. Hasta entonces.

 Aikki siguió recorriendo las calles, pero esta ves no estaba buscando mujeres, ahora estaba interesando en encontrar a ese rey y pedirle de alguna forma que lo elija como marinero.  
-Ahora entiendo porque hay tanta gente reunida-Pensó Aikki.

Se subió a un pilar o lo que mas bien parecía ser una estatua, buscando un palacio o algo lujoso que sea digno de un rey, para su decepción no vio nada similar, talvez lo que le contó esa humana era solo una leyenda o simplemente estaba jugando con el.  En la orilla del mar vio un barco que parecía bastante lujosos, eso tenia sentido ya que supuestamente era el rey del mar.
Lo pensó unos segundos y se decidió, la única "pista" que tenia era poder ir a ese barco y se que se encuentre el rey o que unos guardias o lo que sea lo lleven ante el.  Este lujoso barco no se encontraba muy lejos, posiblemente a no mas de 1200 metros, podría ir volando y llegar en muy poco tiempo pero el joven no quería llamar demasiado la atención así que, bajo de la estatua y se puso en camino hacia el barco.

Paso caminando por el pueblo, cada ves había mas personas borrachas y mas euforia en ellas. El barco ya lo podía ver con detalle, era enorme mucho mas grande de lo que pensó, blanco con terrazas dentro de el, ventanas grandes a los costadas y lo que parecían marcos y barandas de oro.  El joven quedo asombrado, luego de unos segundos de poder recuperar el aire y dar un paso para avanzar hacia el barco, una mano lo agarra del hombro, el joven se dio vuelta y una figura humanoide encapuchada se encontraba tras de el.


Cuando notes mis alas va a ser lo ultimo que sientas





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Re: Los rostros de Olhien

Mensaje por Invitado el Vie Ago 23, 2013 4:52 am

Las ciudades y sus festividades, uno de mis lugares de recreo preferidos. Mis viajes siempre intentaban dar con lugares donde se estuviese realizando algún tipo de fiesta para conseguir empaparme de toda aquella alegría, diversión y entusiasmo que se podía respirar en cada uno de los detalles que daban más ánimo a las, por lo general, calles de una ciudad normal y corriente. Había llegado hacía apenas un par de minutos y ya me sentía emocionado, no conseguía sacarme una gran sonrisa de los labios mientras veía a los niños jugar a que se encontraban en una aventura épica donde todos se habían asignado un rol distinto: Uno de cabello negro, el más pequeño de todos con unos cuatro años, interpretaba una especie de pícaro; una chica de pelo rubio interpretaba una arquera elfa de unos ocho años y un ultimo de pelo rojo, piel blanca y flacucho, interpretaba lo que a mi me parecía como un mago que no podía tener mucho más de siete. Puede que en el futuro aquellos niños se convirtiesen en grandes guerreros después de que su ciudad fuese arrasado por un gran mal, sobrevivirían juntos y al final conseguirían vengarse de aquello que destruyó sus hogares... o tal vez simplemente serían pescadores, tenderos y amas de casa ¿Quién lo sabía?

En ese momento de despiste fantasioso los niños me habían rodeado, mirándome algo extrañados como si yo fuese algún tipo de juguete nuevo de extraordinaria procedencia... eran tan monos. Me puse de cuclillas para poder quedarme de cuclillas frente a ellos, acto al que retrocedieron un poco y acción a la cual cambiaron la idea completamente al percatarse caer en que yo seguía exhibiendo mi sonrisa.

-¿Sois vosotros los guardianes de esta ciudad acaso?- pregunté amablemente - Siendo no dudo en que podréis darme algunas direcciones. -

En cuanto formulé, la pregunta no pude evitar fijarme en como la chica contestaba con un ''Sí'' y acto seguido se llevaba los dedos a los sonrientes labios que habían dicho la mentira. Eso era lo mejor que tenían los niños, eran terriblemente obvios y fáciles de leer en intenciones, además de que en su mayoría no habían perdido ese resplandor de vida a que a los adultos parecía desaparecerles nada más comenzar a conocer un poquito de aquél terrible y bello mundo.

- Podemos hacerlo, pero antes vos deberéis responder a algunas de nuestras preguntas - respondíó, con su mejor cara seria actuada, la chica de cabello rubio. No tenía problema con ello, así que simplemente asentí, observando como el pequeño pícaro se me acercaba poco a poco por la derecha. Seguramente en el futuro sería un gran maestro del sigilo, pero para eso aún le quedaba. - ¿Eres un tenebre? - preguntó la chica, inclinando yo la cabeza hacia la derecha para dejar que el de cabello negro tocase mi pelo blanquecino, lo cual había sido su intención desde el principio.

-Si, lo soy. Aunque no me crié entre los de mi raza - respondí, dándoles algo de información extra. Sabía porque preguntaban eso, al fin y al cabo los tenebre no tenían buena fama fuera de Zhakhesh.

-¿A que... habéis venido a nuestra ciudad?- le tocó esta vez preguntar al pelirrojo, con una timidez bastante marcada en su voz.

-Pues... principalmente a pasarlo bien, comer y disfrutar de las fiestas. También he escuchado que puedo ir a una isla de tesoros si un tal ''Rey del mar'' me elige para ir con él- volví a responder, fijándome en los relucientes ojos del pequeño que se había dado el gusto de hundir los dedos en mi pelo. Vi en el rostro de la chica que también quería hacerlo, pero seguramente en su fuero interno una frase de la tesitura de ''Ya soy mayor para esas cosas'' la contenía de ello. -También puedes tocarme el pelo si quieres, legendaria y rubia arquera.- le sugerí con mi encantadora sonrisa como arma.

Por último le tocó preguntar al más pequeño de ellos, escogiendo una de las más simples - ¿Quién eres? - y yo, sonriendo aún más ampliamente, mientras la chica se abandonaba a su curiosidad y me toqueteaba el pelo por la parte trasera de la nuca, le respondí - Mis padres me llamaron Lucius Devon, pero yo soy Lunático- dije con entusiasmo, mientras escuchaba el susurrar de la niña algo de ''Las lunas'', por lo que deduje que había dado con el tatuaje de estas que tenía en el cuello.- ¿Ahora podríais decirme cual es la taberna que está entre la más cara y la más barata? Un termino medio. Las personas que te encuentras en las muy caras son demasiado ostentosos y estirados generalmente, en las más baratas te encuentras demasiado a menudo gente que te quiere clavar una daga por la espalda por desgracia.-

-Podéis ir a la Moza de blanco... el dueño es mi tío y, como decís, no es ni barata ni cara, suele estar llena de buenas personas. Lo sé por que a veces me paso por allí con Padre para saludar al tío Jasper.- respondió el pelirrojo, que, aunque aún había un atisbo, se le había esfumado su timidez- Puedo guiaros... si vos queréis.-

-¿Tu eres el mago, no? Guíame entonces, se dice de los magos que suelen ser muy sabios y que dan buenos consejos.- le dije al niño para que me hiciese de guía a través de aquella festiva ciudad.

El pelirrojo sonrió abiertamente, entonando un decidido ''Si, señor'' comenzó a guiarme a través de las abarrotadas calles junto con la chica rubia y el pequeño moreno. Más de un ciudadano me siguió desconfiado con la mirada, fijándose seguramente en la tonalidad blanquecina de mi pelo que, para muchos, era marca de tenebres. Ni que decir de mis dorados ojos, estos ya eran la prueba definitiva de que mis orígenes no eran los más confiables para los que se consideraban ''Buena gente''. Seguramente se preguntaban que hacía yo siguiendo a aquellos sonrientes y felices niños, que jugaban entre ellos y me lanzaban miradas de autosuficiencia en los momentos en los que me ponía a ojear con curiosidad edificios que me llamaban la atención. Estos me iban dando información de los mencionados, incluyendo alguna que otra cosa de más que, sin embargo, no dejaba de resultar divertido... como que la mujer del ebanista a veces iba demasiado por diversas tabernas. No pude estar del todo seguro de ello, pero podría haber jurado que me hicieron el viaje más largo de lo necesario para enseñarme todo lo que les plació. No me molestaba, desde luego, siempre era bueno conocer todos los lugares y cotilleos de los mismos cuando se llegaba a una nueva ciudad.

Al llegar a nuestro destino, la taberna llamada ''La Moza de Blanco'', no pude evitar fijarme en la imagen del cartel que colgaba frente a la puerta. Este mostraba una imagen tallada en madera de roble a una mujer con vestido blanco y unas considerablemente grandes tetas ''La hizo el ebanista, su mujer le insistió mucho en ello'' me dijo el pelirrojo. Los chicos se despidieron llegado a este punto, excusándose en que querían seguir protegiendo la ciudad de los posibles intrusos, y yo los despedí apropiadamente como bien les debía. Al entrar en la taberna estuve feliz de encontrarme con un ambiente animado, juerguista y lleno de tantas risas como bromas se gastaban. Era una taberna del montón a decir verdad, con unas pocas mesas, la barra en la que el típico tabernero servía a los conocidos y extranjeros por igual. Lo más destacable de esta era sin duda que era bastante grande, estando yo seguro de que debía tener a la fuerza alguna habitación para mi. Me acerqué, algo cabizbajo, dejando la visera de mi gorra ocultase mis ojos pero siendo que mi sonrisa se exhibí amplia y confiada.

-¡Usted es el tabernero!- afirmé y no pregunté, apoyando los codos sobre la barra y mirando con mis ojos dorados a aquél con quien muy pronto haría negocios. Era bajo, algo orondo pero con los músculos trabajados. Su pelo era de un rojo marchito por la edad, identificándolo en cierta forma con el niño que se había ofrecido a guiarme.

- Muy seguro está usted de eso ¿No cree, buen amigo? - contestó con cierta desconfianza tanto por mi condición étnica como por las ropas que la gente solía tachar de extravagantes y que yo vestía– Pero si, yo soy el tabernero ¿Qué se le ofrece? - puntualizó.

- Me gustaría una habitación, rápido a ser posible... me encuentro terriblemente cansado después del largo viaje que he hecho y me gustaría dormir un poco para poder disfrutar plenamente de estas fiestas –

- La verdad es que tenemos habitaciones libres, señor, pero solo las más caras de las que tengo a disposición... no sé si está en posición de... permitírselo – fue cuidadoso, tanteándome con la mirada de arriba abajo y esperando no ofender con sus palabras.

- Oooh ¿Cual es el precio? Mire, ya sé. Le ofreceré un kull de oro por noche ¿Que le parece? ¿Hay trato? - contesté cambiando a una sonrisa de carácter más malicioso.

- Pero... señor... yo hablaba de diez de plata... -

- No es usted muy inteligente si se niega a aceptar felizmente un kull de oro – lo saqué y lo puse encima de la barra – aquí lo tiene, y haciendo cálculos creo que tengo pagado para más de una semana... aunque no creo que me quede tanto tiempo. Puede quedarse con el sobrante. -añadí sonriente - ¿Me guiará alguien o simplemente me señalará el camino a seguir? -

- Esto... si, mi hija se ocupará de guiarle – consiguió reaccionar, estupefacto ante mis palabras - ¡Christine! Ven y guía a este... señor a la 7V – y ante su llamada se giró una belleza pelirroja que consiguió cautivarme con sus ojos verdes casi al instante. Oooh, que maravilla habría sido llevármela a la misma cama que acababa de alquilar... pero realmente no estaba para eso ¿No lo estaba en realidad? Ya se vería al llegar allí.

A paso rápido me llevó a través de mesas y mesas, observando yo con diversión como las miradas se giraban a su paso mientras yo seguía su perfecta figura. Para llegar a mi habitación tuve que subir unas escaleras que, en cierta forma, desee que fueran eternas al tener yo tal vista de tan bello trasero y... una vez más ¿Realmente no tenía ganas de hacerlo con ella? Cada vez lo dudaba más. Ella se paró y me miró formalmente de ninguna otra forma más, mostrándome una puerta que seguramente daba a la habitación en la que podría descansar un poco mi querido cuerpo.

- ¿Te apetecería pasar conmigo? - pregunté, casi por instinto, al ver como me tendía la llave y yo la agarraba rozando la punta de la blanca piel de sus dedos. A lo que obtuve como respuesta una carcajada sarcástica y unas simples palabras.

- En tus sueños, tal vez – contestó, habiendo adquirido su mirada una tesitura aún menos... amigable.

- Lo dudo mucho, ni en mis sueños he visto bellezas como tú, el contoneo de tu cadera es más que un sueño me temo... - repliqué sonriente, ignorando la respuesta negativa.

- Que le sea agradable la instancia – se despidió, suavizando un poco el tono en respuesta a mis halagos, pero yéndose igualmente de mi lado... realmente era una pena no poder acostarme entre esas bonitas y redondas tetas.

Entré en la habitación, cerrando la puerta con llave y comenzando a desnudarme de todas mis protecciones y ropa. Dormir completamente desnudo en los pastos de la Ciudad de las Tres Lunas era lo que más echaba de menos, aquella sensación de paz era demasiado bella como para no echarla en falta. Simplemente me acosté en la cama, sin siquiera tomar la molestia de taparme con las finas sabanas, e inmediatamente después de hacerlo noté como si la palma de la mano izquierda me comenzase a arder, me dolía sin saber yo por qué. Giré mi mirada hacia esta, agarrándome la muñeca por instinto y observando como en mi mano se iba formando una especie de anillo de símbolos los cuales desconocía por completo su significado u origen ¿Qué diablos era aquello? Dolía como los mil infiernos y ni siquiera podía evitarlo, odiaba aquella maldita sensación y estuve deseando que parase durante todo el transcurso de esta. Me esforcé en no gritar, en no articular ruido y simplemente me retorcí en mi cama hasta que el dolor cesó, dejándome empapado de sudor mirando al techo de la habitación. Ante mí, y sin siquiera fuerzas para sorprenderme de ello, aparecieron las siguientes palabras.

Primer objetivo: Ser el elegido del Rey del Mar

Aquello era jodidamente divertido, en exceso que lo era. No me arrepentía en lo más mínimo de haber venido a esta ciudad, ya que solo al haber visto a tremenda belleza pelirroja y encontrarme con lo que se presentaba ante mí como un juego merecía la pena el viaje. Iba a ser una gran aventura que contar a mi Maestro cuando volviese.
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Re: Los rostros de Olhien

Mensaje por Argoth Tíndel el Vie Ago 23, 2013 4:36 pm

Habían pasado largos meses desde la última vez que abandoné la torre. Tras recuperarla, purgarla de criaturas indeseables y conseguir que los hechizos de mi maestro no me matasen, por fin llegaban tiempos de bonanza a mi vida. Libros, cantidad de ellos, esperaban en la biblioteca a que los devorase, artefactos de todas las clases, formas y colores reposaban en sus estantes, también a la espera de ser probados, pero lo que más me atraía de aquel lugar, donde más cómodo me sentía y también el lugar con mayor cantidad de cosas interesantes, era la sala de invocaciones. Sus paredes, todas ellas cubiertas con manchas de sangre y marcas profanas, contaban por sí solas una larga historia y, a la vez, planteaban una duda que muchas noches me impedía dormir: ¿Cuántos aprendices habrían perdido allí la vida? ¿Fui uno de los pocos afortunados que sobrevivió al contacto con un demonio? Y de ser así… ¿Por qué? ¿Qué impulsó al maestro a salvarme a mí y no a otros antes que yo? Tantísimas preguntas estaban a punto de encontrar respuesta.

Lo dispuse todo para un ritual. Dibujé las marcas profanas, necesarias para llamar a los espíritus, y me purifiqué varias veces antes de entrar en la antiquísima estancia. Aquella vez sus paredes me parecieron diferentes, más tenebrosas y cargadas de malas vibraciones. Ni el báculo, ni tampoco el libro de hechizos de mi maestro me reportaban seguridad alguna. Era como si algo me estuviese vigilando.
Llegó la hora y yo llevé a cabo la invocación, recité las palabras del tomo arcano y vertí la sangre de engendro, obtenida por medios muy poco seguros, sobre el círculo de invocación. La marca vital más primaria recorría ahora las líneas dibujadas en el suelo con el polvo blanco que se usaba comúnmente para ese tipo de conjuros. Pero cometí un error, uno que delató mi condición de novato en lo que a convocaciones se referían; en el círculo interior había dejado una parte borrada al pasar por allí, seguramente la túnica, al girar con mis pasos, deshizo la señal.

-¡No! – Fue lo único que tuve tiempo de gritar antes de que una tremenda explosión mágica me estrellase contra el muro que había tras de mí. Por fortuna el golpe se vio frenado por algunos trastos mágicos, así que no me abrí la cabeza, pero el conjuro… Había salido mal. Las fuerzas espirituales estaban descontroladas, espectros y fantasmas salían de forma desordenada por un vórtice que ocupaba el lugar de la mal dibujada marca. Uno de ellos se frenó ante mí, escrutándome con sus vacíos ojos lechosos, y mostró una sonrisa al mismo tiempo que alargaba su mano lánguida y transparente, cuyos dedos brillaban con el azul eléctrico de la magia en su estado más puro.

Nada de lo que había leído con anterioridad sobre los fantasmas me fue útil en aquellos momentos; no hubo un frío sobrenatural ni tampoco sentí como si me arrebatasen el alma, todo lo contrario. El calor que surgía de su fantasmal apéndice iba dibujando marcas extrañas en mi pecho. No las conocía, no sabía cuál era ese lenguaje, pero algo malo debía ser cuando aquel condenado espectro no hacía más que tapar mis gritos de dolor con infernales carcajadas que rebotaban por todas las paredes de la sala de invocaciones. Recuerdo que después unas palabras se dibujaron en el aire, posiblemente también fue obra del fantasma, y a continuación una sensación de vacío en mi interior. El intenso calor de la marca fue cediendo terreno hasta que la fría presencia de los espectros lo aplacó por completo.

-Sal ahora de aquí, aun tienes fuerzas para hacerlo. – Me dije a mí mismo, y sin esperar un solo instante más corrí lejos del lugar, de la habitación y de los pisos altos de la torre, ahora contaminados por un vórtice por el cual podían entrar muchas más cosas que simples fantasmas.

Los días siguientes los pasé investigando sobre las palabras, rebuscando entre los libros para ver si alguno me podía dar alguna información sobre “El Rey del Mar” y sus “Elegidos”, ya que por lo visto yo tenía que convertirme en uno. Finalmente hallé información sobre unos festejos en un pueblo cercano a la costa, a unos dos días en barco de Thalis y en el cual se nombraba cada año a un soberano de las aguas y su consorte, también ponía –aunque de forma mucho más difuminada por la tinta corrida- que el anterior escogería a sus elegidos durante algún momento en los festejos.

Debía apresurarme, era menester llegar a tiempo o podría perder algo más que un poco de piel por unas quemaduras, así que me abastecí con unas pocas provisiones, algo de dinero y los atavíos de mago –el báculo, la armadura, la espada y un tomo en blanco para anotar todo aquello que me sucediese durante el trayecto-. Miré por última vez a la torre desde su entrada y partí para, tal vez, no regresar.

En dos jornadas, tal y como especificaba el libro, me encontraba ya en la aldea de dichos festejos. Al haber llegado al atardecer, las gentes del lugar –al menos las que yo crucé ya estaban bien hartas de vino, cerveza y otros licores. Avanzar entre el gentío no era tarea fácil, y mucho menos con un aspecto tan cantoso como el mío, un hombre envuelto en una túnica con capucha y portando un bastón que lo delataba como mago debía de pararse muchas veces a responder preguntas de los niños, o de los borrachos de turno. Pero afortunadamente al fin llegué donde quería, lo más cerca de la plaza que se me permitió, y me quedé allí esperando a que la ceremonia del rey del mar se llevase a cabo.


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Re: Los rostros de Olhien

Mensaje por Hecate Graymark el Sáb Ago 24, 2013 6:37 pm

Theodor miraba los festejos con un brillo de ansias en sus oscuros ojos, deseaba encarecidamente unirse a ellos pero había tenido el privilegio de ser el Rey del Mar de ese año. Solo había ido una vez a la isla de los Tesoros, ya habían pasado 2 años pero no podía olvidarlo, aquel lugar estaba repleto de restos de barcos que habían terminado sus días allí, barcos que siglos atrás seguramente hubiesen sido la maldición de los marineros honrados que habían tenido la mala suerte de toparse con ellos. Había oido que años atrás cuando descubrieron la isla no podían andar 5 metros sin encontrarte un diamante , o un cofre con cientos de ellos, pero de eso hacía mucho y cuando él estuvo apenas quedaba nada, pero si sabías donde buscar todavía podías llevarte una sorpresa. Los piratas eran cuidadosos a la hora de esconder sus tesoros mas valiosos y eso era lo que fomentaba aquellos festejos, la idea de encontrar aquello que tan minuciosamente había sido escondido, tesoros más grandes de los que jamas habían soñado.

-Estoy preocupada- Dijó Fiona, la dulce esposa de Theodor, que se había visto obligada a ser la Reina del Mar- A veces cuando veo a los hombres partir pienso que nunca volverán, debería estar agradecida de que fuésemos horados con esos tesoros, antes de ello este pueblo apenas era conocido, por no hablar que las pesca nunca fue muy bien, estoy agradecida por no tener que preocuparme por si tendré algo que llevarme a la boca mañana, pero....

Theodor dio un golpe seco sobre el reposabrazos de su trono y miró con severidad a su mujer, y la indicó con un gesto de la cabeza que mirase a su alrededor.

-Es un día de celebración y somos el centro de las fiestas, debemos mostrar nuestras mejores sonrisas por ellos.-Comento casi en susurros mientras saludaba a los aldeanos, la mayoría vecinos de toda la vida que disfrutaban de aquel día intentando alejar toda preocupación, agradecidos por la prosperidad de su pueblo.

-Querido mio, no quiero que pecar de desagradecida, pero ¿Nadie se ha preguntado alguna vez que fue de aquellos piratas? O ¿Si alguna vez volverán a por lo que es suyo?- Se había inclinado hacía su marido, hablaba con calma y bajito para no llamar la atención- ¿que pasaría si descubriesen que les hemos estado robando durante años?

-No hemos robado nada, esos tesoros no tienen dueño, y si no han vuelto hasta ahora a por ellos, dudo que lo hagan. Y ahora callate mujer y disfruta.

Fiona suspiro y se volvió a los festejos con una sonrisa falsa, pues aunque su marido no quisiese pensar en ello, en algún momento su suerte se volvería contra ellos, y ella solo rezaba porque ese día no ocurriese.

La música cesó de pronto, la gente enmudeció y clavo su vista en el escenario, donde momentos antes una decena de actores habían estado interpretando un obra, ahora en su lugar se encontraba un hombre que todos conocían, era el ayudante del Alcalde del pueblo, había sido nombrado hace pocos meses y era la primera vez que participa en los festejos.

-Vecinos y vecinas míos, forasteros que tenemos el privilegio de acoger en tan felices días, para aquellos que no lo sepan, que serán pocos, cada año nos reunimos y celebramos la prosperidad de nuestro hogar, y los privilegios que nos han sido otorgados, Y para compartirlos con todos realizamos estos festejos para elegir a esos pocos afortunados que podrán visitar la Isla de los Tesoros, aquellos que sean los elegidos podrán registrar la isla y si tiene la suerte de encontrar algo serán dueños de aquello que encuentren.-El hombrecillo que apenas superaba el metro y medio mostraba una enorme sonrisa, orgulloso de ser el centro de atención.- Pero hay sus normas, nadie podrá subir al barco si no ha sido elegido, aquel que sea descubierto intentándolo se le tratará como a un criminal y recibirá su oportuno castigo, solo se podrá permanecer cuatro días en la isla, si para entonces no ha vuelto al barco será abandonado a su suerte y el barco zarpará de regreso, y todo aquel que encuentre algo deberá informar de lo que ha descubierto. Bueno, y para concluir se da comienzo a las pruebas del Rey del Mar, todos podrán participar, vecinos y forasteros, solo el Rey de este año podrá elegir a aquellos que lo acompañen, y no tendrán por que ser los ganadores de dichas pruebas. Las pruebas se dividirán en cuatro, concluirán a últimas horas de la noche y cuando amanezca el Rey del Mar y sus elegidos embarcarán.-el hombrecillo hizo un gesto con la mano y cuatro hombres subieron al escenario.

Un anciano encorvado que se sostenía gracias a un bastón fue el primero en hablar, acariciaba su larga barba canosa mientras miraba hacía la muchedumbre, tras una pausa casi eterna hablo:

-La primera prueba consistirá en una prueba donde se juzgarán vuestros cocos, yo juzgaré si tras esa fachadas de idiotas hay una pizca de inteligencia, aquellos que crean que son lo suficientemente listo como superarla tendrán que enfrentarse a una serie de acertijos que tendrán que resolver.- El viejo sonreía con malicia, deseando darle una lección a los incultos aldeanos.

Y así uno a uno los tres hombres que quedaban dijeron cada prueba. La segunda consistía en un duelo con espadas de madera, ganaba el primero en acertar un golpe a un zona vital, y el tercero que era uno de los favoritos de la gente, era una batalla de comida, los participantes debían sentarse en la mesa y terminase una cantidad desorbitada de carne, los ganadores serían los que se acabasen todo sin vomitar.

-La cuarta prueba y más esperada por todos, es el juego de las doncellas, diez de nuestras hermosas hijas serán coronadas como las Princesas del Mar, y tendrán desde el principio de las pruebas hasta el momento de la misma para esconderse por el pueblo.-El cuarto hombre miró a una de las jóvenes que se encontraban cerca del escenario, su propia hija que miraba excitada a su padre, deseosa de comenzar la prueba- Las normas son sencillas, las jóvenes no pueden salir del pueblo ni esconderse dentro de ninguna casa, una vez encontradas las persona que lo haya hecho tendrá que traer a la joven hasta aquí, la joven podrá intentar oponerse o volver a escaparse, pero nunca se podrá hacer daño a una de las jóvenes. ¿Entendido?- La gente comenzó a gritar entusiasmada y las diez jóvenes subieron al escenario para ser coronadas- La prueba comenzará cuando hayan acabado las anteriores.

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Off-General
Spoiler:
Este mastereo será de 2 turnos por así decirlo, el primer turno postearan aquellos que quieran participar en una de las 3 primeras pruebas, cada uno puede participar en una sola prueba y si lo desea en ninguna, si no queréis participar en ninguna de las pruebas es cosa vuestra, podéis esperar a la segunda parte y no postear, o hacerlo y describir por que no lo hacéis.
Quien quiera participar en una de las tres pruebas tiene libertad para elegir cual, en el caso de los acertijos tendréis que elegir vosotros los acertijos y responderlos, o por el contrario fallarlos, eso ya como veáis la cantidad de ellos es también cosa vuestra. En el duelo de espadas de madera es sencillo, si uno de vuestros pjs es diestro con la espada ganará el duelo seguramente porqué se enfrentará a un aldeano que no tendrá mucha habilidad, pero como tenéis un tema de off-rol para comentar sobre la partida, si 2 de vosotros participáis en el duelo os doy libertad para poneros de acuerdo y pelear entre vosotros, y en ese caso yo decidiré según lo que hagáis al ganador. Y el tercero si alguno quisiese participar pues le animo que se ponga cerdo, el tipo de comida que se va a comer y todo eso se lo dejó a quien quiera participar, pero si mas de uno elige esta prueba que concuerde con el que escribió antes, pero esto con todas. Como hay mucha libertad estar atentos al post del otro para que concuerden.
El tiempo limite es hasta el jueves por la noche, en ese momento indicaré los ganadores o aquellos que han llamado la atención de el Rey del Mar, pero hay no se acaba la cosa, en el siguiente mastereo será cuando de comienzo al juego de las Doncellas, que aquí aquellos que no hayan participado en las anteriores me gustaría que participarán o en el caso contrario ya me buscaría yo una forma para que vayan a la isla, pero al no ser los elegidos no sera tan bonita como la del resto. Y aquellos que han participado en las primeras tres pruebas estarán obligados a participar en el juego de las Doncellas.

Aikki, Drizzt y Etlhan
Spoiler:
Aikki y Drizzt: Vosotros recibiréis la marca en este turno y veréis el objetivo de la misión, tenéis 2 opciones participar por voluntad y que la marca os aparezca antes o durante una de las pruebas, o que como vuestro pj no quiere participar os aparezca durante la explicación de las pruebas y os veáis obligados a participar o lo ignoréis y paséis.
Etlhan solo comentarte que tu estas en un caso parecido a ellos pero tu ya has recibido la marca, como no comentaste nada del objetivo a ti te aparecerá como ellos y tendrás las mismas posibilidades.




Dicen que la realidad nos engaña y la fantasía nos confunde. Para mi la realidad se terminó y la fantasía se marchó.
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Re: Los rostros de Olhien

Mensaje por Aikki Nageru el Dom Ago 25, 2013 12:12 am

Aikki se volvió para ver al hombre que le toco el hombro y rápidamente se lo saca y lo mira. Quiso mirarle el rostro pero la sombra no se lo permitía. El encapuchado levanto sus manos y en ese instante el joven diviums puso su mano en la cintura en donde tenia escondido su cuchillo. El encapuchado se percato de la situación tensa y le dijo con una voz suave
-No te preocupes mi intención no es hacerte daño... -
-¿Porque la capucha? -Pregunto extrañado, ya un poco menos tenso dejando la mano cerca del cuchillo por si las dudas.


- Oh... Bien te explicare, pero por favor saca tu mano de... lo que me imagino es un cuchillo... Bueno paso a explicarte. Mi nombre es Earl, fui uno de los marineros seleccionados por el rey hace ya algunos años. Fue una buena experiencia, las cosas que viví en esa isla no las experimente en ningún otro lugar debo admitirlo. Pero no todo es gloria y festejos, muchos de mis camaradas han muerto...
- Antes de que sigas... me llamo la atención que es lo que quieres puesto que, no me conoces....¿Como sabes que yo estoy aquí por eso? ¿Y como puedo ser seleccionado? -interrumpió el pequeño el relato del desconocido.
- Oh claro perdón, soy amigo de Caise, ella me comento que te fuiste muy entusiasmado con la idea de volver con un botín... ¿O me equivoco? - Dijo Earl de forma chistosa.
- Em sis puede ser, así que ella te estuvo hablando de mi... - Insinuó Aikki.
- Bueno si.  Prosigamos... Responderé la  segunda pregunta.... Cuando yo fui seleccionado, tuve que pasar unas pruebas... ¿Ya las pasaste?
- Mmmm na..-Respondió con vago interés en la respuesta.
- En pocos minutos se anunciaran estas pruebas. Si quieres ser seleccionado mejor que prestes atención en lo que se va a anunciar pronto... Debes dirigirte hacia donde se encuentra el rey y la reina y esperar a que el alcalde diga unas palabras... Bueno Casie me pidió que te diga que tengas cuidado... Mi consejo... Confía solo en algunos pocos.
-interesante... Bueno muchas gracias por los consejos, cuando vuelva hablare con Casie. Hasta luego Earl voy hacia donde me dijiste...
- Espero que ese pequeño se las arregle para pasar las pruebas... Me cayo bien -Pensó el encapuchado


Así fue, luego de la inesperada ayuda del encapuchado. El joven siguió las indicaciones y se digio hacia donde se encontraban El rey y La reina del mar. Había una multitud de gente a las costados de los reyes. Ellos sonreían y aveces hablaban algo en secreto. La gente parecía muy emocionada al verlos sonreír de hecho parecía que los conocían de toda la vida. Todos los que los veían, parecían felices y orgullosos, la reina no era tan bella como el joven esperaba y se la notaba un poco raro, quizás estaba tímida al ver tanto publico, después de todo esto era una gran fiesta.
Un ligero cosquilleo comenzó a molestar al joven, en la parte superior de su mano derecha, como si un bicho lo hubiera picado le dejo una roncha roja, que a medida que pasaban los segundos una lineas negras comenzaron  trazarse sobre lo rojo, la picason paso a ardor, un ardor que nunca había sentido dolía mucho. Segundo tras segundo los cuales parecían eternos iban pasando Aikki soportaba el dolor, algo que era difícil pero no quería llamar la atención. De repente el dolor comenzó a cesar y un símbolo negro apareció en su mano.



"Primer Objetivo: Ser elegido El rey del mar"


Eso significaba el símbolo negro que tenia el joven en su mano, sin comprender nada de lo que había pasado. Primero un mínimo dolor, luego dolió mucho y después una especie de tatuaje o cicatriz apareció... ¿Que clase magia es esta? -penso
Sin darle tanta importancia a la marca, la cual merecía. El ayudante del alcalde comenzó a hablar,  era una persona de baja estatura como el, también noto bastante carisma... no tanto como la que tenia Aikki. Luego de unas palabras breves, un viejo con la barba larga, la cual no dejaba de tocarse hablo de ciertas pruebas. La primera, la que llamo la atención de Aikki se trataba de una serie de acertijos que abría que resolver con astucia... Indico la cara del viejo. Luego otras dos pruebas que no eran tan entretenidas como esta, un combate con espadas de madera y una competencia de comida. La ultima prueba estaba descartada ya que el cuerpo pequeño del joven no podría resistir tanta comida como la de un orco, y la segunda prueba podría llegar a ser, pero entre tantos aquí tal ves le tocaría un feroz adversario y no valía la pena arriesgarse.

- Gonh, Donh... Que opinan, nuestra mejor chance son los acertijos ¿no? Ambas mascotas le hicieron una mueca de aprobado, pero antes de disponerse a resolver los acertijos escucho sobre la cuarta prueba... Encontrar  a las princesas. Eso llamo mucho la atención tal ves con suerte podría quedarse con alguna bella princesa. Antes de dar la prueba estaba la coronación de ellas.

Una a una fueron subiendo, para gran sorpresa de Aikki, Casie se encontraba en una de las chicas. - Hey Casieee!! -Grito Aikki a todo pulmón, pero obviamente ella no iba a oírla, de todos modos se la quedo mirando y saludando como todo un idiota. Se veía mucho mas bella de la ultima vez sus pechos resaltaban y su sonrisa era muy llamativa.

Luego de la coronación de las princesas, llego el turno de pasar por las pruebas. Aikki se fue acercando y paso por entre la gente hasta llegar al anciano de barba larga y blanca. Aikki se tapo la mano derecha en la cual tenia la marca y saludo al anciano con un gesto de su cara.

- Bueno joven, esto sera rápido y expeditivo, ya que muchos otros quieren pasar la prueba. Primer acertijo:
"Las raíces no se ven,
y es más alta que un árbol,
Arriba y arriba sube,
y sin embargo no crece."

- Uhmm, es bastante fácil... Las montañas -Respondió Aikki con seguridad.

- Bien, No eres tan tonto como pareces. Continuemos, segundo acertijo:
"Dos padres y dos hijos fueros a pescar,
tres peces pescaron y tocó a un pez cada uno,
¿Como lo explicas"?

- Uhmm, esta es un poco mas complicada que la anterior... dame unos segundos para analizarlo - Dijo Aikki amablemente. --En realidad solo eran tres personas: el hijo, el padre de este y el abuelo - Respondió con poca humildad en el tono de voz

-Bueno joven.. estoy sorprendido pero haber cuantos aguantas... Tercer acertijo:
"Treinta caballos blancos
en una sierra colorada.
Primero mordisquean,
y luego machacan,
y luego descansan."


Aikki estuvo unos pocos segundos pensando, la mención de la comida le recordó que tenia un poco de hambre, pero luego volvió en si y respondió  - Claramente es una dentadura - Dijo con una gran sonrisa, mostrando los dientes con sarcasmo.
La gente que se encontraba alrededor estaba sorprendida por ver a un joven que este tanto tiempo hablando con el anciano. Llamo la atención de muchas personas inclusive la de Casie y el rey.

- Bueno mi joven astuto, este sera el ultimo acertijo ¿Estas preparado?
"Situémonos en una isla pequeña isla, la cual podría ser a la que vallan los seleccionados, la  vegetación es abundante, la cual está rodeada de tiburones. Si un lado de la isla comienza a arder, y el viento está a favor del fuego, ¿Cómo haremos para salvarnos del fuego?"


Aikki lo miro extrañado, era una pregunta muy difícil, nunca había escuchado algo así, era una pregunta que requería mucho ingenio. Lo miro directo a los ojos y comenzó a rascar su barbilla, luego rasco su pelo y sin darse cuenta dejo expuesto el símbolo, el cual el anciano noto.
- Bueno mi respuesta es la siguiente: Prendemos fuego en la mitad de la isla, de manera que cuando lleguen las llamas del incendio inicial no tengan vegetación para arder. -Dijo el joven medio temeroso.

- Increíble, me has dejado mas que sorprendido muchacho... Y no solo por los acertijos - Agrego el anciano de barba blanca.  La gente estaba emocionada, ya había una persona que había superado la prueba.

-Bien puesto que te voy a sorprender aun mas... Responda este acertijo...
"Un ojo en la cara azul
vio un ojo en la cara verde.
"Ese ojo es como este. ojo",
dijo el ojo primero,
"pero en lugares bajos,
y no en lugares altos"."


Aikki se comenzó a reír al ver que el anciano no tenia idea de lo que estaba hablando, ya que este acertijo era uno de los mas difíciles que conocía y se lo habían enseñado de niño en su pueblo.  La gente se encontraba enloquecida lo cual llamo mas la atención del rey y la reina. Casie se sonrojo al ver como el pequeño se estaba divirtiendo.  De este modo el pequeño diviums paso la prueba ante el anciano de barba blanca, y de varios modos posibles llamo la atención del rey y la reina.  

Aikki vio que Casie se encontraba observando así que aprovecho y le guiño el ojo con una sonrisa de galan.
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Re: Los rostros de Olhien

Mensaje por Fenris el Vie Ago 30, 2013 7:39 pm

Pruebas. Ahora tiene sentido. Así que este es el modo en que tendría que "ganarme el favor" de este Rey. ¿Que harías tu si una visión extraña te dice, sin explicación alguna, que hagas lo que sea para ganarte la simpatía de un hombre al que no conoces? Usualmente, no le hubiera dado ni la mas mínima pizca de importancia al asunto, pero ahora era un poco diferente. Ya no tenia una compañía, ya no tenia compañeros de armas, era un mercenario desempleado sin nada mejor que hacer que seguir las palabras de un sueño. Pero... esas palabras, mi mano, creo que esas cosas no suceden en los sueños normales.
Habría una serie de pruebas, de la cual la única que podría seguir seria la que correspondía a un combate con espadas de madera. Vamos, los acertijos no me sientan bien y no me degradaría a sentarme a comer como si fuera un animal, la prueba de las espadas de madera parecía la mas honorable.
Escucho al anciano hablar sobre la ultima prueba y miro una a una como subían las princesas para ser coronadas. Ninguna de ellas le llamo la atención, salvo una muchacha vestida de verde, con el cabello corto y muy negro, de grandes ojos azules y de figura delgada y fina. Mis ojos recorrieron las finas curvaturas de su figura hasta el hartazgo, pocas mujeres conseguían atrapar mi atención de aquella manera, su rostro era casi angelical y un rubor asomaba sus tersas mejillas. Pero no era momento para esto, piensa en las pruebas, Fenris, maldita sea, las pruebas ¿Las haría? ¿Valdría la pena hacer esto?
-Ahora comencemos con la segunda prueba ¡El duelo con espadas de madera! ¡Acérquense aquellos que estén dispuestos a probar su fuerza ante el Rey! -dijo el ayudante de este.
"Al demonio", pensé. Me comencé a mover entre la gente hasta llegar al lugar donde se llevarían a cabo los combates, justo en el mismo lugar donde estaba hablando el pequeño ayudante del Rey.
-¡Ya tenemos dos combatientes! -escuche gritar al hombre, quizá con demasiada emoción de sobra. Estaba ansioso por ver contra quien me enfrentaría.

A decir verdad me termine llevando una pequeña decepción. Un hombre gordo, con apenas unos pocos cabellos en la cabeza y un bigote muy poblado, iba vestido con ropas grises y llevaba un olor a pescado terriblemente fuerte, por lo que termine asumiendo que se trataba de un pescador. Era un tipo grande, sus brazos tenían el tamaño prácticamente de dos brazos míos, debía de tener fuerza, pero dudaba de que se pueda mover rápidamente.
-Sus armas, caballeros -nos dijeron, tendiéndonos a cada uno una espada hecha de madera, algo desgastada por el uso y con un mango rasposo y un poco astillado. Podrían haberse esforzado en hacerlas un poco mas vistosas.
-Te aplastare, elfito. -dijo el gran hombre, soltando una risa idiota -Te usare como carnada cuando termine contigo y usare tus malditas orejas como collar.
Me limite a mirarlo y a girar la espada de madera haciendo círculos con mi mano. Esto seria bastante fácil.
-Prepárense, damas y caballeros. Estos dos valientes guerreros se medirán en combate el uno con el otro para demostrarle al Rey, como pelea un verdadero hombre. El primero que toque a su oponente en una zona en la cual le daría muerte si esto fuera un combate real, ganara el combate. ¡Que comience el duelo!

Aquella gran montaña de hombre se abalanzo sobre mi de forma torpe, intentando darme un golpe en la cabeza con la espada en un golpe descendente. Lo esquive con facilidad y el hombre siguió de largo dando traspiés, se volteo y trato de nuevo la misma estrategia, pero volvió a fallar mientras yo lo esquivaba, ni siquiera tenia que esgrimir la espada para evadir esos ataques. El tipo ya se veía agitado cuando paro.
Tomo aire y comenzó a intentar golpearme en el pecho con la espada de madera, levante mi espada desviando su ataque y dejándolo con su arma por encima de su cabeza y con el brazo levantado. Dejándome una abertura, mi puño voló hacia su rostro, impactando en su nariz. El gigante soltó la espada y se llevo las manos a la cara, farfullando maldiciones hacia mi y hacia todo elfo en el mundo.
Camine unos pasos hacia el, me coloque detrás y le golpee en la pantorrilla haciéndolo caer postrado de rodillas, el tipo era tan lento que no reacciono en ningún momento. Le tome del poco cabello que tenia en la parte de atrás de la cabeza y pase rápidamente el costado sin filo de aquella espada de madera por el cuello de aquel gigante, dándole una muerte ficticia.
Había ganado.

-¡Un aplauso para el elfo! ¡Tenemos un ganador! -dijo el pequeño y griton ayudante.
Cuando me di cuenta, el publico entero estaba eufórico y me aplaudía y vitoreaba. Que curioso, jamas había estado antes ante una multitud que festejara algo que tuviera que ver conmigo.
Deje caer la espada de madera y le di una palmada brusca en la mejilla a aquel hombre que aun estaba de rodillas sobre el suelo.
-Suerte para la próxima, grandote -le dije, mientras me marchaba. Me moví entre la multitud hasta llegar al pequeño banco en donde había estado sentado antes, un par de humanos se me acercaron y eufóricos me habían hecho preguntas y comentarios acerca del duelo pero no le di importancia a ninguno de ellos. Cuando me senté, dirigí mi mirada al Rey y a la Reina, note como los dos me devolvían la mirada.
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