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Muerte, Amor y Otras Miseras

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Muerte, Amor y Otras Miseras

Mensaje por Fenris el Miér Ago 21, 2013 2:19 am

Capitulo I
~

"La pista"
-¿Disculpa? -se oyó una voz murmurante a mis espaldas - Tengo un mensaje para usted, señor.
Esa taberna estaba de verdad tranquila esa noche. Los borrachos no abundaban y solo se veían algunos grupos de personas o algún que otro solitario bebedor en su silla en la barra con la cabeza gacha. Jugaba a las cartas con un grupo de humanos de aspecto humilde, casi todos hombres de edad avanzada y barba gris, silenciosos. Solo nos limitábamos a jugar nuestras partidas y a bufar cuando el resultado no nos favorecía. El que me entregaba el mensaje era un niño, y tenia la total certeza de que era uno de esos muchos huérfanos pobres cuyo destino siempre terminaba haciendo encargos por una misera moneda.
El niño me extendió un pequeño trozo de papel doblado en dos. Mire unos segundos al niño y luego tome el papel, mientras lo sostenia con una mano y lo observaba, con la mano libre le tendía tres kulls al pequeño. Este los tomo y corrió lejos, pensando que podría arrepentirme de mi buena acción.
Abrí el papel y leí un mensaje escrito en pulcras y delicadas letras elficas:

"Conozco a tu enemigo, debe morir. Estará de pasada por este mismo pueblo por un asunto de negocios dentro de dos días. Nos veremos dentro de una hora en el callejón justo al lado de la vivienda en la que te hospedas. Estate listo. Firma, un viejo conocido"

El rostro anciano, de cejas pobladas, largo cabello rojizo cayendo por los hombros y esa fría sonrisa se dibujo en mi mente casi al instante. "Gabranth". Otra idea paso fugazmente por mi cabeza luego, y era la posibilidad de que esto fuera una trampa para poder capturarme, no seria la primera vez que ese anciano esclavista trataba de poner sus garras en mi. Pero si era verdad... si de verdad alguien quería ver al anciano muerto... seria una oportunidad esplendida y no debería desperdiciarla.
Los viejos con los que jugaba a las cartas se me habían quedado mirando con la cejas arqueadas. Deje las cartas sobre la mesa y me pare, colgando mi espada  sobre mi espalda de nuevo.
-Buena partida, caballeros. He de irme, salud.

Con paso firme, esquivando transeuntes y con la mente llena de preguntas, me dirigí hacia la pequeña casa en donde amablemente unas personas habían aceptado que me quede un par de días despues de que los ayudara con una molesta banda de ladrones que venia acosandolos hace meses. No era un lugar amplio, pero no necesitaba mas que una cama mas o menos blanda y estaría mas que cómodo. Al lado de la casa, había un callejón bastante oscuro y que no invitaba a uno adentrarse, avance en el, internandome en lo que se asemejaba bastante a la boca de un lobo.
Sin lugar a dudas este no era el lugar mas bonito del El Imperio.
Entre las sombras pude divisar a una figura encapuchada, vestida con una túnica marron oscura y de aspecto mugriento. A pesar de no ser visible mas que una pequeña parte de su boca, se identificaba una figura femenina a través de la túnica. ¿Acaso era la persona que buscaba?
Camine unos pasos hacia ella y la figura hablo con una voz sedosa y dulce.
-Tanto tiempo sin vernos... Fenris -dijo aquella persona
-¿Te conosco? -pregunte, un poco a la defensiva.
-Si, y valla que me conoces. Pero debido a un esclavista y poderoso mago, llamado Gabranth, no recuerdas nada de aquellos años en donde nosotros nos conocimos. Una lastima la verdad.
Totalmente intrigado, y sin bajar la guardia, me permití acerca dos pasos mas hacia aquella persona. No tenia ni la mas mínima idea de quien podía ser, ni siquiera su voz me resultaba familiar.

-¿Recuerdas algo antes de que aquel despreciable hombre se halla autoproclamado tu "amo"? -pregunto la figura encapuchada, con un cierto dejo de mofa en su voz.
-No, el primer recuerdo que tengo es el de su cara y de una mugrosa y fría celda. Si trato de ir mas atrás de eso... solo siento un intenso dolor en cada parte de mi cuerpo -dije, sin saber exactamente porque demonios estaba hablando con aquella persona. -¿Pero a ti que mierda te importa? ¡Dime quien eres y como has podido localizarme!
La mujer rió, dejando a la vista una hilera de perfectos dientes blanquecinos.
-Parece que el viejo asqueroso no te quito ese mal humor. Cerca de aquí esta la plaza de este sucio poblacho imperial, vamos allí, Fenris, tenemos varias cosas de las que hablar.
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Re: Muerte, Amor y Otras Miseras

Mensaje por Fenris el Dom Sep 01, 2013 6:12 pm

Capitulo II

"La Respuesta"
El día era soleado y y se escuchaba el cantar de los pájaros en las copas de los pocos arboles que había en aquella plaza destartalada. El cielo se mostraba de un azul claro inmaculado, sin una sola nube a la distancia. Caminaba con paso lento junto a aquella curiosa figura, a aquella extraña persona que me producía muchísima desconfianza, pero a la vez curiosidad, ¿De verdad había conocido a esta persona en el pasado? No se veía ni a un alma en aquella plaza desolada, lo cual era lógico teniendo en cuenta que apenas habían pasado unos minutos después del mediodía.
Esa persona rompió el silencio súbitamente.
-¿Y a que te estas dedicando, Fenris?
Yo le dirigí la mirada lentamente, con ojos inexpresivos y meditando muy bien mis palabras antes de decirlas.
-Sobrevivo. Intento olvidar la vida miserable que llevaba. Simplemente, trato de ser libre.
Ella soltó una risita entre dientes, una hilera de dientes blancos y perfectos asomaron a la luz. Sentí un dolor de cabeza punzante al ver aquella sonrisa tan reluciente.
-Tu no cambias, de verdad es como si estuviera mirando al viejo elfo que conocí. ¿Sabias que en realidad Fenris no es tu nombre?
Una expresión de confusión atravezo mi rostro. Ella volvió a reír.
-¡Que curioso! Parece que conoces ni tu verdadero nombre. Creo que tenemos muchas cosas que hablar... Drassler.

Un arranque de furia me invadió como si me hubieran inyectado el mismísimo odio en el cerebro. Desvaine mi tanto y tome a aquella persona del cuello, fui lo suficientemente rápido como para que ella no pudiera reaccionar a tiempo, sus pequeñas y pálidas manos sostenían la mía, que le apretaba con firmeza. La hoja apuntaba directamente a su corazón.
-Aquí acaba mi paciencia contigo, alimaña. O me dices quien eres y de donde demonios saliste o sufre las malditas consecuencias -note que las ultimas palabras las dije gritando, mi corazón ardía en deseos de atravesar su miserable cuerpo. La desconocida levanto una mano temblorosa y se quito la capucha de un tirón.
Dos ojos de color zafiro, grandes y profundos me penetraron como si de dos flechas se tratasen. Su rostro era hermoso, como pocos había visto en mi vida, sus facciones eran delicadas y evidentemente eran elficas. Llevaba el cabero rubio como el oro, atado en un rodete y decorado con un adorno en forma de tribal dorado.
-Soy Myrraell... -dijo, volviendo a respirar con algo de dificultad -estuve a punto de ser tu esposa.
Myrraell:

Estábamos sentados en lo que parecía ser un banco de madera con oxidados decorados de hierro. Esta mujer... Myrraell, estaba inclinada unos centímetros mirándome con preocupación.
-¿Estas bien? -dijo, en un susurro.
-Necesito saber... -dije, con dificultad -¿Quien eres... que paso? No entiendo na...
-Calla -dijo, interrumpiéndome e irguiéndose sobre el banco, mirando al frente. La seriedad se había plantado en su rostro.
-Nos conocimos de jóvenes, en Erinimar. Eras un completo desconocido, ni siquiera sabia tu nombre, la misma noche que nos conocimos termine en tu cama -dijo, sin perder la nota de seriedad en su voz -Estuvimos juntos un año y hasta dijimos que nos casaríamos, pero tu desapareciste. Así sin mas, me desperté una mañana y ya no estabas, ni tu ni ninguna de tus cosas.
Pasaron los años y yo no pare de buscarte. Me entere que, de alguna forma, terminaste convirtiéndote en un esclavo y que estabas bajo las ordenes de un esclavista imperial, un tal Gabranth. Busque a ese tipo, incluso te vi una vez, caminando junto al carro tirado por caballos que llevaba a tu amo, pero no eras el mismo, los tatuajes, tus ojos, eras totalmente distinto. En ese momento... desistí, sentí que ya no eras Drassler, ya no eras el hombre del que me enamore.

La mirada de aquella mujer bajo hacia el suelo.
-Investigue que significaban tus marcas y encontré escritos muy antiguos sobre ellos. Es una magia antigua olvidada por casi todos, la llamaban la Magia del Lirio, consistía en hacer una tinta para tatuar con unas plantas con propiedades mágicas muy familiares a los lirios. Mezclados con otros pigmentos e ingredientes se conseguía esta tinta que al grabarla sobre la piel le daba determinadas habilidades mágicas al portador. Fuerza, velocidad, inteligencia, astucia, versatilidad, todo dependía de como se grabase en la piel.
Mientras hablaba, no pude evitar dejarme de mirar mi mano. Me quite el guante y vi aquellas lineas de color cielo que recorrían mi piel. Quería decir que... esto... ¿era magia?
Cuando levante la cabeza observe que Myrraell me estaba tendiendo un libro. La expresión de su rostro era de tristeza y tenia los ojos lagrimosos.
-Toma, de aquí es todo lo que he aprendido sobre esta magia. Quizá no quieras saber nada de esto pero... no se, creo que te sera útil en algún momento, o sino, solo leelo por curiosidad. Nunca esta de mas saber de donde venimos

Tome el libro, conmocionado y sin saber que decir. ¿Esto de verdad podía ser así? Mierda, ¿de verdad le creo a esta mujer? No parecía estar mintiéndome, pero no podía ser ingenuo.
-¿Porque debería creerte? No recuerdo haberte visto en mi vida.
Ella sonrió.
-Parece que no tienes ningún recuerdo de tu vida anterior a ese imperial por algún motivo, debió de haberte borrado los recuerdos de algún modo para doblegar tu voluntad aun mas fácilmente, quizá fue cuando te hicieron estas marcas. ¿Que es lo primero que recuerdas?
-Dolor -le dije, apartando mi vista de ella. Me sentía demasiado vulnerable y no me gustaba para nada.
-Quizá algún día comprendas todo esto. Quizá algún día vuelvas a ser ese hombre del cual me enamore, o si el antiguo Drassler te viera ahora... no te reconocería. -la mujer se levanto y se coloco la capucha nuevamente. -Oh, por cierto, ¿Recuerdas como conseguiste esa espada?
La mire extrañado, arqueando las cejas.
-Me la entrego un desconocido encapuchado en.... -abrí los ojos de par en par. Señalándola con el dedo, exclame: -¡Eras tu! ¡Tu me diste la espada esa noche!
Ella rió, divertida, como si yo fuera un niño que acaba de dar con las respuestas correctas.
-Así fue. El nombre de la espada, "Radagasth"... recuerdo que ese seria el nombre de nuestro hijo si algún día llegábamos a tenerlo -comento con un dejo de suavidad y dulzura en sus palabras. Se volteo y comenzó a caminar, alejándose de donde me encontraba.
-¡Espera! ¡Y que hay de Gabranth!
-En el libro, en la primera hoja están las instrucciones, considerarlo... un regalo de despedida. Buena suerte, Fenris. Quizá nuestros caminos se vuelvan a cruzar algún día.
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