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Mensaje por Aileen Greenblade el Lun Sep 16, 2013 12:20 am

Que el viento sople en otra dirección





Habían pasado semanas desde que me separé del grupo de humanos con el que salí de mi ciudad y hasta ahora, de mi mundo conocido.
Había logrado subsistir con un poco de agua y comida que me habían facilitado así como de un poco de caza de alimañas como conejos, liebres y algún que otro ratón de campo. El agua me lo daban los ríos y sabía qué árboles eran los que daban frutos comestibles, al menos que yo reconociera como frutos, como las moras. Había otro tipo de frutos que no me arriesgué a comer por desconocimiento. Mejor era así, a los animales quizás les sentara bien, pero a saber a mi estómago. Si caía enferma tendría que volver con el rabo entre las piernas y enfrentarme a un buen sermón como poco y a un castigo ejemplar.
Si me ponía enferma que al menos estuviera bien lejos de casa y al lado de alguna otra aldea de humanos que hasta entonces, habían sido muy hospitalarios conmigo. La última vez, aunque si bien para mí fue un poco humillante, conseguí ganarme unas monedas cantando en una taberna como si de un feriante de poca monta se tratara, pero al menos con esas monedas pude pagar una confortable habitación y pasar la noche muy cómoda.
Eso había sido cerca del río Argen, pero ahora ante mí me esperaba el paisaje de Ehorinder Este, territorio de Rovemar. Una amplia extensión que se dividía en Ehorinder Oeste y Sur también. Si en los Bosques de Theezeroth recibieran calurosamente a los viajeros encantada me pondría en marcha, pero las historias que de allí se contaban ponían los pelos de punta a cualquiera, si ese bosque se había tragado ejércitos, qué haría conmigo. Ya me imaginaba a un grupo de enormes ocho patas peludas esperándome con un babero, aparté esa idea de mi cabeza con una mueca de asco. La suerte es que llevaba mantas y podría dormir a la intemperie, alejada lo justo de los caminos para evitar ser asaltada por algún que otro vándalo. Aunque con el mal despertar que me gastaba ya podían correr bien lejos si eso llegaba a pasar.

Los días fueron pasando y con suerte iba topando con pequeñas aldeas en las que me iba abasteciendo. Cuando se me acabó el dinero, ayudaba a la gente con su labor diaria a cambio de un jergón y algo de comida, unos recados aquí, un poco de costura allí, cuidar niños... cualquier cosa que me ayudara a llenar el estómago era poca.
Y así fue pasando el tiempo, lentamente, la verdad que no pensé bien a huir, medité en varias ocasiones. Podría haber cogido algo de dinero o algo para vender.

Todo iba más despacio de lo que yo quería, estaba claro que podría vivir muchos años, pero ese no era mi plan. Ya había cumplido un año desde mi huida y seguía en Ehorinder Sur. ¿Es que acaso estas bastas tierras no acabarían nunca? Yo quería aventuras pero al final lo que estaba consiguiendo era ser la sirvienta de alguien en distintos sitios. Todo para subsistir. A cualquiera que se lo contara no se lo creería, la hija de un importante cargo en la ciudad de Silvide, sirviendo a un mortal cualquiera, un pastor, un mercader, una ama de casa...Eso no era vivir aventuras. Empezaba a sentirme frustrada cuando un buen día de principios de primavera tuve la fortuna de cruzarme con un grupo de aventureros que iban narrando su último viaje. Por ese entonces servía en una posada como camarera, eso me permitía cobrar un sueldo con el que tener algo más de solvencia para un viaje y no tener que someterme a un vasallaje efímero. Eran tres hombres de entre veinte y unos treinta y cinco años. Les había tomado nota y estaba muy atenta a todo lo que comentaban: mapas, pasadizos, ruinas, trampas, monstruos, combates, huidas y buenos momentos. El corazón me empezó a latir de tanta emoción que no oí la primera vez a mi jefe y la segunda vez que me llamó me hizo sentir estúpida y distraída.
- ¡Eh! tú, novata, este vino se va a avinagrar sino lo llevas ya a su mesa.- su tono rudo y poco educado me hizo mirarle cuando se daba la vuelta con la cara colorada de ira, pero era algo que había aprendido a controlar. Me acerqué a la mesa de los aventureros y les serví sus copas de vino y una ración de patatas. Se habían quedado callados cuando me habían alzado la voz y me miraban como quien mira a un novato sin experiencia, noté compasión en sus miradas, como si dijeran "pobrecilla, si es que no va a durar aquí ni una semana". Ante sus miradas, sólo se me ocurrió decirles.
- Perdón por tardar en servirles - en otra ocasión no habría dicho nada, pero al menos quería parecer educada. Algo que por el comentario que devolvió uno de ellos se hacía brillar por su ausencia.  
- Tranquila mujer, tendrías que servir otras cosas-.
Cuando me encaré, supe que el joven no había sido porque estaba colorado y su mirada delataba a su compañero, el mayor de los tres se había callado, prudente y porque sabía que esos comentarios en ciertos qué lugares sobraban.
- ¿A qué te refieres?- dejé el mandil sobre la barra del bar y mi tono sonó bastante grave para que se entendiera mi ofensa. De aventurero a gusano. Si hacía falta ponía la taberna patas arriba. Fue a reprochar y su compañero mayor levantó la mano para que callara, pero él hizo caso omiso y se levantó hacia mí, con toda la gallardía que podía.
- Sólo digo,...-fue a pasar su mano por mi hombro pero la aparté con fuerza, y el hombre rió- que hay cosas con las que una chica como tú podría ganar más dinero y ser mejor trabajadora- soltó una sonora carcajada echando la cabeza hacia atrás. Cambié el tono de conversación, ahora iba a saber lo que era jugar.
Al escucharnos el tabernero se asomó para comprobar que no se liaba ninguna pelea en su local y observó cómo me defendía de su insulto. Él tenía una hija y no le hacían gracia ese tipo de clientes, yo lo sabía y sabía que no me diría nada si me defendía.
- ¿Sabes lo que se me da bien de verdad?- dije con tono sugerente.
El hombre me miró de abajo hacia arriba y negó con la cabeza.
- Cazar tipos como tú- dije volviendo a cambiar el tono de voz. Le había estado escuchando hablar de su puntería con el arco, pero apostaba que no era tan buena como la mía.- Tú y yo fuera, diez flechas cada uno. Quien más puntos saque en la diana gana. El ganador propone un trato que el perdedor no puede rechazar. ¿Trato?- dije extendiendo la mano para estrecharla.
Al principio no podía creer lo que oía, pero su orgullo prevaleció y estrechó la mano con fuerza, la justa para no hacerme daño. Al menos en eso sí fue considerado. El tabernero preparó una diana improvisada con paja y una sábana manchada en el centro con un círculo rojo, que seguramente sería vino. Él y su familia, así como el resto de los pocos que había en la taberna salieron a ver el encuentro. El hombre me ofreció su arco y negué con la cabeza, subí a mi habitación a por el mío.
Una vez preparados, disparé yo primero sin mucha dificultad dando en medio de la diana. Después disparó él, se tomó algo más de tiempo y acertó. Poco a poco veía cómo las miradas se centraban en mi persona, el tabernero no sabía que sabía manejar el arco de esa manera y menos el hombre que a pesar de haber acertado todas las flechas en la diana, tres habían caído en la parte blanca.
Soltando un suspiro y sonriendo, cosa que creí que no haría, hizo una reverencia y dijo - está bien, habéis ganado, ¿qué tengo que hacer?- ahora hasta me hablaba con respeto. Pensé en "pide perdón, cerdo", pero era muy poca cosa y él tenía un grupo. Así que si el destino me había brindado una oportunidad, no iba a desaprovecharla.
- Quiero ir con tu grupo de aventuras- a los tres se les quedó la cara hecha un cuadro, éste se giró para mirar a sus compañeros y pedirles permiso ante mi petición. Habló con ellos no mucho rato y regresó con su respuesta.
- Vaya, hablas más rápido que disparas- le dije en tono burlón. Él se encogió de hombros sin ofenderse por mi comentario, incluso se rió.- ¿Y bien?- dije sin querer sonar ansiosa ante la expectativa de largarme de allí.
- Tendréis que perdonarme por no ser elfo y sí, podéis venir. Salimos mañana a primera hora. No te retrases.
- Gracias- les dije a los tres- estaré lista para partir antes del alba.

Al fin había conseguido un grupo de aventuras con el que viajar en condiciones y vivir experiencias nuevas. Nos presentamos en condiciones y poco a poco me contaron sus historias, el más joven se llamaba Haran, era un aprendiz de mago, muy tímido, pero cuando cogió confianza conmigo era como tener un hermano pequeño, el mayor se llamaba Graham era un buen guerrero, sabio y experimentado que quería vivir de aventuras hasta que sus huesos se lo permitieran y retirarse a una tranquila aldea si llegaba a viejo. El de en medio, el más extrovertido de los tres, el bocazas de la taberna era un explorador que apenas cuidaba su imagen. No se arreglaba la barba, y el pelo se lo cortaba cuando le molestaba, se aseaba pero no se molestaba en lavar a fondo sus ropas, lo que le hacía parecer un borracho de pueblo, como a mí me gustaba decirle. Blake. En el fondo era la clase de humano que me atraía, aunque intentaba disimularlo porque sino no había dios ni humano ni orco que lo aguantara. Por no hablar de lo que duraban las vidas de los humanos. Nos llevábamos todos muy bien, éramos un buen grupo, una familia.

Un día, tras dos años de andanzas nuestros pasos nos llevaron a Zhakesh. Una basta dimensión de tierra donde no parecía que nunca diera el sol y me confundía pues tenía enormes bosques y rica vegetación. No sé como con tan poca luz podían salir aquellos vergeles. Al principio había aborrecido el paisaje y mi ánimo había decaído, sólo las conversaciones de Graham me habían ayudado a hacerlo llevadero, ya que los piques de Blake lo único que iban a conseguir es que lo matara en un arrebato de ira. Tras un par de escaramuzas que sufrimos, nuestros pasos nos llevaron a una ciudad interesante y enorme desde dentro y desde fuera era Zhak'Thrûgond. Haran dijo que ése era su sitio por una temporada, Graham dijo que se quedaría con él para descansar también. En el fondo se había visto que ya no quería tanta acción. Y Blake dijo que marcharía al bosque Verde de Dhuneden. Me dijo de ir con él. Y me sentí tentada, pero desistí de su idea, allí vivían elfos silvestres como yo, y él ya conocía mi historia.
Nos despedimos todos con un abrazo, habían sido mi familia esos dos años y jamás les olvidaría, pero eran mortales y en unos años ellos pasarían al otro plano y yo seguiría viva. Había escrito muchas de las aventuras vividas con ellos, así siempre podría revivirlas. Antes de que Blake partiera le dediqué una última pulla en referencia al día que nos conocimos.
- Pídeles que te enseñen a disparar en condiciones-.
A lo que él me respondió con una sonrisa - claro, de tu parte. Aunque podrías haberme enseñado tú, ya sabes...-. Me puse colorada pero por suerte él ya estaba lejos y de espaldas.
Me rasqué la cabeza, tenía un buen botín para iniciar más aventuras...¿Y ahora qué?



Última edición por Aileen Greenblade el Mar Sep 17, 2013 11:00 pm, editado 3 veces


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Mensaje por Crash Bandicoot el Mar Sep 17, 2013 3:35 pm

Aunque ha sido muy grato de leer... Debo pedirte que edites el último párrafo. Zhakhesh no es una ciudad, es un reino conquistado por los imperiales, que en estos momentos se encuentra en pleno alzamiento nacional. La gente es desconfiada (como es obvio) aunque no racista, y en estos últimos tiempos los ánimos están caldeados. No es raro que en algunas ciudades conquistadas por los imperiales se produzcan atentados contra el opresor, lo cual implica mucha sangre xD, quitando eso, Zhakhesh es una tierra donde no sale mucho el sol pero en cambio la lluvia abunda, aunque es una tierra hermosa si uno se da tiempo para conocerla, a simple vista parece un lugar muerto en su mayoría, de bosques oscuros y algo retorcidos, montañas sombrías y llanuras de colores negros y rojo sangre. No es difícil encontrar viejos campos de batalla ni pueblos en ruinas en algunos sitios, haciendo que en algunas ocasiones el paisaje pueda parecer un cementerio xD

Eso es todo, de momento.


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Mensaje por Aileen Greenblade el Mar Sep 17, 2013 11:00 pm

¡Listo! editado. Confundí el nombre de la región con Zhak'Thrûgond, la ciudad.


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Mensaje por Arañita man el Jue Sep 19, 2013 12:24 am

Todo correcto. Se procede a otorgarle el color.

Bienvenida al foro, señorita elfa ^^ Disfrute de su estancia rolera en el foro y de la agradable compañía de sus users :3



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Mensaje por Aileen Greenblade el Jue Sep 19, 2013 11:59 am

¡Muchas gracias!
Ya tenía ganas


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