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Cuentos de Noreth
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Los ultimos pasos del oscuro pasajero. (Solitaria)

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Los ultimos pasos del oscuro pasajero. (Solitaria)

Mensaje por Desmond Morgan el Jue Sep 26, 2013 1:50 am

Altaïr bajaba amenazante con la luna de fondo, un par de conejos huían juntos de su depredador, juntos debían pesar entre 7 y 8 kg, nada que las garras fuertes de un águila no pudiera levantar, yo lo miraba sereno, posiblemente con esas dos piezas aguantaríamos tres días, quedaba poco para llegar a Cuernavilla, podría volver a ver a mi hermana, y el lugar donde crecí, el monumento al caballo, la taberna del gigante. Estaba regida por un “gigante” de verdad, en realidad lo llamaban Ben “el Gigante” pesaba 150 kg y media la nada despreciable altura de 2 metros, tenia unas cejas pobladas y vestía siempre con harapos, como buen tabernero, tenia don de escucha, pero no el de la palabra.

Entonces, con un chillido doble los conejos ascendieron con el águila y pude ver como esta los soltaba y se precipitaban al vacío haciendo un ruido sordo al llegar al suelo. Yo acampé ahí mismo y empecé a encender un fuego, hoy comeríamos conejo. Cuando Altaïr me trajo los dos conejos agarrados de la cola corté a uno de ellos las dos patas traseras y las lance lejos del fuego donde el águila no pudiera meter su pico, y mientras esta se saciaba empece a limpiar a los conejos para preparar nuestra comida de tres días.

El sol se alzaba sobre mi improvisado campamento a la par que me desperezaba podía oír como un carro se acercaba a al mismo  tiempo que veía como las piedras menos pesadas y mas pequeñas danzaban y saltaban alegremente en el suelo. Me levanté, el cielo aun estaba naranja eso quería decir que no hacia mucho que había amanecido. Según tenia entendido este no era camino para carros, no podía ser nada bueno. El carro que traqueteaba y parecía que iba a perder una rueda en cualquier momento se paró a mi altura y me giré. Altaïr no estaba, estaría sobrevolando la zona, siempre lo  hace por la mañana. Un hombre mugriento que iba acompañado de otros tres se bajó del carro, este iba ataviado con ropa negra ajada y remendada con punzadas torpes llevaba un parche en el ojo y notables marcas y cicatrices por toda su cara, era totalmente calvo, y rumiaba algo negro que se colaba entre sus dientes. Mis manos se dirigieron automáticamente a mis dos gemelas.

-Eh-apestaba a alcohol, y del malo, aunque por sus pintas no creo que se pudiera permitir de otro tipo. Miró sonriendo con aire de superioridad, y buscó la complicidad del grupo girándose hacia ellos con la misma sonrisa.-¿Puedes enseñarnos que llevas ahí?-preguntó fingiendo falsos modales.

-No.-respondí rotundamente. ¿Bandidos tan cerca de Cuernavilla? No solían acercarse por ahí a causa de Qui... a claro, esta muerto.

-Bien, bien.-dijo, en plan chulesco, mientras sus compañeros se apeaban del carro.-Creo que tenemos un valiente.- los otros rieron, y el bandido mugriento, aunque no el mas mugriento todo habia que decirlo, sacó un trabuco que probablemente había cargado con anterioridad y me apuntó. Mirada en el gatillo, Desmond. Cuando el bandido posó su dedo sobre el gatillo sabia que tenia unas décimas de segundo para actuar, posiblemente si salía bien el disparo no me alcanzaría y si salia mal, bueno esperaba que por lo menos no alcanzara ningún punto vital. Tenia esas dos posibilidad así que... Un chillido de águila resonó en toda la zona y atacó al bandido. Bien eso también me valía, saqué mis dos gemelas y rebane el pescuezo al bandido jefe, me dirigí hacia los dos que intentaban sacar los trabucos, le cercene el brazo con el que intentaba coger el arma a uno de ellos, y atravesé a otro sin dificultades.

-Esquiva esto, hijo de puta.-dijo una voz a mis espaldas, me giré y disparó. El disparo me levantó en el aire y caí al suelo pegando mi cabeza contra el, lo ultimo que pude ver fue la tierra levantarse y ver como el bandido era prensado entre dos placas de ella, sabia lo que significaba.

-Deb.-Había llegado a Cuernavilla.


Elegid como quereis vivir, por que muy pronto morireis

CÓDIGO DE MATANZA:

Codigo de matanza.

1) No matarás inocentes.
2) Los niños son criaturas vulnerables, tampoco matarás niños.
3) No dejes llevarte por los sentimientos. Ni te involucres emocionalmente, así solo conseguirás meterte en problemas.
4) No dejes que te cojan. Se muy meticuloso, sigiloso y cuidadoso.
5) Investiga siempre a tu victima antes de matarla. Tienes que estar seguro de que es esa victima la que tienes que matar
6) Siempre, siempre. Tienes que aparentar ser alguien normal. Actúa bajo lo que te he enseñado, y nunca deberías tener problemas.
Codigo de matanza propio: 1) Venganza.
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Desmond Morgan
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Re: Los ultimos pasos del oscuro pasajero. (Solitaria)

Mensaje por Desmond Morgan el Sáb Sep 28, 2013 3:48 am

La ciega de Cuernavilla. Curioso nombre para una mujer. No era una ciega cualquiera, claro que no era la ciega. Aquella chica había sido hija de un importante magnate de Cuernavilla, del capitan de la guardia, sin ir mas lejos, este tenia tierras, títulos, y todo eso que tiene la gente que aspiran a ser nobles, pero jamás lo sería a causa de un crimen, del que uno que si lo era habia salido impune. Aquella chica por supuesto se oponía, ella no quería ser una maquina de matar, pero aquel magnate estaba obsesionado con ello, aunque el lo negaba. Esta aceptó, el le dijo que era la unica manera, que era lo que debía ser, gracias a ello sería una gran persona, y haría un bien a la comunidad. Un padre que convirtió a su hija en una maquina de matar para que esta simplemente pudiera hacer algo productivo, para que pudiera hacer lo que el no había hecho, para en cierta manera, y sin que suene sarcástico, pudiera ver a través de sus ojos.

Suena como que aquel hombre tuviera una psicopatía obsesiva, posiblemente me venga de familia, a pesar de ser adoptado, aquel hombre era Quinn, y la ciega de Cuernavilla era mi hermana, Deb. Posiblemente esta historia os recuerde a alguien, alguien conocido como Desmond...
-¡Desmond! ¡DESMOND! Joder, Desmond, despierta.-abrí los ojos.-Menos mal, demonios, no has ido hacia la jodida luz.-Si, esta es mi hermana. ¿Os esperabais a alguien mas refinado? ¿Mas misterioso? Pues es una vulgar noble, y no digo vulgar menospreciándola, sino por su lenguaje.-

Yo también me alegro de verte, hermanita.- Dije devolviendole mi mejor sonrisa falsa, aunque en realidad en estos momentos no sabia si lo era.-¿C-Cuanto tiempo he estado inconsciente?-dije incorporándome, ella me empujo de nuevo a la mullida almohada.

-Dos horas, más o menos.-Contestó

-¿Que ha pasado aquí?.- Me encontraba en una habitación amplia, con una pared en color sepia, con cuadros extraños decorándola. Una cama mullida con techo y todo el confort que pudiera tener un..-¿Noble?-pregunté extrañado.-¿Ahora somos nobles?-no podía creérmelo.

-¡Si! Bienvenido al Castillo Real de Cuernavilla.- dijo levantándose y mirando a su alrededor.-

-¿Espera y tu ceguera?-pregunté.

-El poder que me enseñó el hombre que padre contrato va mucho más allá, ahora puedo ver gracias a mi mente, mi mente recrea el escenario gracias a vibraciones y ultrasonidos.-indico, sonriendo.

-Es decir que...-dije, esperando que terminara mi frase.

-Ahora mismo, puedo ver tu corazón, literalmente, latiendo a mil por hora. ¿A que es jodidamente perfecto?.-exclamó poniendo la mano en mi pecho.

-Emm. Si, supongo.-definitivamente había estado demasiado tiempo fuera.-Asi que eres reina gracias a...-

-Ha habido una fusión de dos poblados, Cuernavilla y Aguabrava.-

-Veo que eso no impide que los bandidos ronden a sus anchas alrededor del pueblo.-

-No soy reina por mi refinado lenguaje o por mi jodida manicura de princesita, soy yo quien mantiene a esos bandidos a raya. El ataque de hoy, ha sido el segundo en dos meses.-

-Vaya casualidad.-bromeé.- Deb, he venido por que recibí tu carta.-

-Si, eso me esperaba.-dijo bajando la cabeza.-Pero antes de ello te debo pedir un favor. El principe con el que me casé, no conseguimos tener descendencia, y... bueno.-

-No me puedo creer que me lo estés pidiendo.-sabía a lo que se refería, y no quería, no podía hacerlo.

-Desmond, lo tienes que hacer, no querrías empezar una guerra.-suplicó Deb. Me quede dubitativo aunque, seria la coartada perfecta Quinn en una silla asentía, me daba su aprobación, miré a Deb y asentí.

-Esta bien.-dije mirandola a sus ojos, que me miraban, perdidos en los mios.

-Acompañame.-dijo en tono amable, cogiéndome suavemente de la mano antes de salir me vistieron con ropas de noble, esto no me pegaba para nada -Despacio. Un pueblo os espera.-

-Por favor, no seas tonta, me puedes seguir tratando de tu.-dije.

-Lo siento.- dijo riendo.-La costumbre.-alguien que parecía el pregonero, vestía con una túnica roja con ribetes en oro y poseía una cofia en la cabeza, tenia un cono que amplificaba su voz y una campana, estaba a un lado del balcón.-Ya puedes.-dijo Deb.

-Pueblo de Cuernavilla.-empezó el pregonero.-Por orden de la reina, se proclama que desde ahora Desmond Morgan Finn, será conocido por su pueblo como Lord Desmond de Cuernavilla, regente de la alianza. Que la gloria sea con el ¡VIVA!-proclamó el pregonero. El publico lo imitó con vítores y vivas, Deb me levantó la mano, en la que tenia la herida de bala, me dolió y noté como la sangre volvía a brotar, era muy efusiva, sabía que esto le hacía mas ilusión a ella que a mi. Altaïr sobrevoló mi cabeza y se posó majestuosamente en el reposabrazos del balcón.

-Bien, Deb. ¿Y donde están esos bandidos?.-


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1) No matarás inocentes.
2) Los niños son criaturas vulnerables, tampoco matarás niños.
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4) No dejes que te cojan. Se muy meticuloso, sigiloso y cuidadoso.
5) Investiga siempre a tu victima antes de matarla. Tienes que estar seguro de que es esa victima la que tienes que matar
6) Siempre, siempre. Tienes que aparentar ser alguien normal. Actúa bajo lo que te he enseñado, y nunca deberías tener problemas.
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