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Lluvias dispersas

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Re: Lluvias dispersas

Mensaje por Necross Belmont el Sáb Ene 25, 2014 11:28 pm

¡¡!Tú no eres Necross!!

¿Era cierto? Dracul cree que en su pasado alguna vez tuvo ese nombre, pero ella, la mujer frente a él, con ferocidad le decía que el engendro no podría ser el humano con ese nombre. Pero Dracul no tendría tiempo de pensar, de analizar la situación, ella ya estaba cerca de él con la intención de matarlo. En parte  Dracul quería eso, quería descansar y dejar de escuchar a la espada, dejar de matar, dormir plácidamente de una vez por todas…
… pero para eso ya habrá otro momento.

Por ahora, él debe, necesita buscar a la mujer alada; también debe demostrarle a Khiryn que él si es el hombre del lobo, y no el engendro que hace poco arraso con la ciudad.

Ella continuaba su ataque, Dracul solo se defendía; pero supo, que para hacerle saber a ella que él en efecto es Necross, debería luchar. Ya decidido, Dracul empuño fuertemente su espada, y cuando vio que el ataque de ella tuvo una apertura, le rasgo levemente una de las piernas. Ella tenía dagas, más velocidad, mejores reflejos… Dracul sentía emoción por luchar con ella.

Dracul solo vestía una camisa negra, más de un corte le vino por las dagas de Khiryn, su defensa era pobre, le era difícil mantener el ritmo al defenderse de los ataques de ella. Dracul devolvió el ataque, cada vez más rápido, con más precisión, con esa técnica que alguna vez tuvo, y que perdió con el tiempo. Nuevamente, volvía a ser él.

Atrás dejaba las muertes, los ataques, la tristeza, la confusión. En esta batalla, el ser oculto, el hombre del lobo, el último Belmont volvía a la vida, sin recuerdos, sin pasado ni futuro; pero ahora él es dueño de su destino, y se ha propuesto a recordar su pasado, a crear su futuro, y a mantenerse como Necross, en el presente.
Dracul/Necross, ya viendo que si no detenía los ataques de ella moriria, tomo una decisión. Sin duda ella lo mataría, pero él no quería matarla. Y para alejarse de ella, tiene dos opciones, escapar, o matarla; y aunque escape, ella lo seguiría.

Con ese pensamiento, Dracul bajo su defensa, y cuando el inminente ataque de ella llego, Dracul sintió una apuñalada en su vientre, debajo de las costillas, y a un costado del estómago.  Rápidamente Dracul dejo caer su arma y rodeo con ambos brazos a Khiryn, así no dejaría que ella lo volviera a atacar. Khiryn era fuerte, pero Dracul no la soltaría, aun debía escucharlo.

- Eso que viste, ese engendro de brazo mutante, no era yo… Dracul siguió con su agarre, moviendo su cabeza hacia atrás en caso de que ella le diera un cabezazo. - Yo soy él… Dracul no se sentía merecedor de ese nombre, no por ahora, primero deberá descubrir que sucedió con él, descubrir su pasado. - Sé que lo soy, aquí no hay titiritero, nigromante, nada… solo un ser confuso que ha olvidado su nombre. Ella, inquieta, le dio un cabezazo a Dracul, pero este no se inmuto, solo retrocedió algunos pasos y volvió a concentrar la fuerza en sus brazos.   Perdón… por todo, por hacerte cuidar a Foxhound, porque nuestro encuentro sea así… por lo que viste aquí… perdón.

El ojo de Dracul comenzó a sangrar, con su ojo cerrado, se parecía a lo que alguna vez fue.  Dracul acerco su cabeza al hombro de Khiryn, y comenzó a susurrarle  - ¿Puedes oír la voz en el viento? Es casi como una canción de cuna… con la esperanza atrapada en la oscuridad… serás tu quien la deje brillar.- Dracul hablaba a modo de despedida, con una aire melancólico. Cuando dijo la última palabra, dejo la que energía eléctrica recorriera su brazo izquierdo, el brazo que perdió.

Dicha electricidad recorrería la espina de Khiryn, la intención del engendro era dejarla inconsciente, y así poder escapar. Cuando lo logro, vio por última vez a Khiryn.  La tomo en brazos, y se dirigió a alguna casa que aun estuviera en pie, que se salvara del fuego anterior. La noche seria fría, así que el engendro cubrió a Khiryn con una cobija, y de sus ropajes saco algo, un recuerdo que ella le dejo hace mucho tiempo al hombre del lobo.  En una mesa cercana a la cama, Dracul dejo una trenza de cabello rojo.

Quería sentirse limpio, el engendro pensó en quizás  enterrar a los cadáveres que dejo, pero eso le llevaría mucho tiempo  y Khiryn podría despertar. Llego a la conclusión de que algo podría hacer, asi que Dracul tomo los cadáveres de las personas, y los recostó uno al lado del otro, detrás de una casa; Foxhound, su alguna vez camarada, lo ayudaba, arrastrando los cuerpos como podía.

A los pocos minutos, el engendro termino su trabajo.  Ya estaba por amanecer, y este es el momento en el que debe despedirse del lobo. Dracul  busco su armadura, se apretó los amarres del peto, se puso su casco, y se arrodillo frente al lobo.

–Amigo de tantas aventuras, debo encomendarte una misión. Hasta que yo no vuelva a ser el Necross que conociste, no podrás viajar conmigo, mientras tanto, deberás cuidar a Khiryn.  Yo iré a buscar respuestas, y cuando llegue el momento volveré por ti.  Viajare por esta tierra hasta que descubra quien soy, iré al fin del mundo porque también debo buscar a On… En ese momento Dracul sufrió un terrible dolor de cabeza. El nombre de ella, de la mujer alada lo tenía en la punta de la lengua, pero no podía decirlo, no podía recordarlo con exactitud.  Foxhound lamio su mano, y Dracul le acaricio el lomo.

El engendro se puso de pie, dijo en voz baja el nombre de su espada –Zalera… Y su mandoble voló a su mano. Apenas la tomo, el brazo izquierdo de Dracul comenzó a mutar, su armadura nuevamente se hizo su piel, y sus ojos volvieron a demostrar el infierno que vivía.

Foxhound al ver que Dracul se iba, comenzó a dar tímidos pasos y seguirlo, Dracul negó con la cabeza, y le dijo… - Tendrás una buena vida, sin mí… hoy, mañana, y por mucho, mucho tiempo… El engendro comenzó a correr, alejándose de las dos personas que considera amigos, de su lobo, del único ser que lo acompaño siempre cuando su nombre era distinto. Foxhound aulló, despidiéndose de su amo, del ser que desde pequeño lo cuido, del ser que siempre lo hacía entrar en batallas absurdas.

Ambos se despidieron a su manera, con la promesa de encontrarse nuevamente en el futuro.



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Re: Lluvias dispersas

Mensaje por Khiryn el Dom Ene 26, 2014 5:46 pm

Cuando desperté, Foxhound lamía mi rostro entre chillidos y gruñidos graves. Abrí los ojos y al momento lanzó un ladrido. Estaba aturdida y me dolía la cabeza. Tomándolo con cariño por el cuello, lo aparté un poco para poder herguirme. Luego recordé lo que había pasado y enseguida voltee en todas direcciones esperando ver a mi enemigo. -¿Necross?

Nada.

Me levanté del colchón dónde había dormido. ¿Cómo acabé aquí? Eché un rápido vistazo a la casa que me había servido de morada, pero salvo por mí y el lobo, estaba vacía. Salí de ésta asegurándome llevar todas mis cosas. Ya en la calle, el olor putrefacto de los cadáveres se hizo muy presente. Di la vuelta a la calle, siguiendo el olor y lo que me encontré fue más que horrible.

Todos los cuerpos de la gente asesinada se encontraban dispuestos en hilera, en algún momento, alguien los había reunido todos. Moscas, hormigas, gusanos y demás aves de rapiña se arremolinaban sobre ellos sirviéndose de sus cuerpos como si fuera un banquete en una gran fiesta. Perros y gatos, más salvajes y hambrientos, ratas y otros roedores habían empezado ya comerse ojos y pedazos de carne. Me llevé una mano al rostro para cubrirme nariz y boca. El olor era insoportable. La escena asquerosa y vomitiva.

-¿Es esto en lo que te has convertido, Necross?-

Las palabras que me había dicho antes de desmayarme revoloteaban en mi cabeza como un vago pero latente recuerdo. Más que sus palabras, recordaba su voz. Un escalofrío me recorrió la espina dorsal.

Caminé hasta una vieja botica por la ciudad fantasma; con pesadez, tomé 3 barriles de buen tamaño llenos de alcohol o cualquier sustancia que oliera flamable, lentamente los hice rodar de regreso hasta dónde se estaban los cuerpos. Una vez allí, me dediqué, a pesar del bicherío congregado sobre los cadáveres, a bañarlos con el líquido; asegurándome de que no quedara hueco y todos quedarán bien mojados. Me alejé entonces un poco, y usando piedra de pedernal, encendí un poco de yesca hasta hacer una pequeña flama.

-Qué la madre muerte guíe el camino de cada uno de ustedes hasta su cálido regazo y encuentren paz.- dije en voz baja y lancé la yesca encendida sobre los cadáveres.-

El fuego encendió rápidamente, y el crepitar de las llamas comenzó a devorar la carne, primero en una flama amarillenta y pura, luego en llamas verdosas cómo los fuegos fatuos de los cementerios. Una estampida de animales corrió en todas direcciones alejándose de los cadáveres. Entre éstos, un cuervo negro que se salvó por poco de quemarse las plumas. El cuervo se posó en un tejado muy cerca de mí, y mirándome, me dedicó un par de graznidos. Le regresé la mirada con frialdad.

-Dicen que los cuervos traen buena suerte y que pueden maldecir a quien les hace daño, pero tú no. No serás tú, cuervo de la carroña quien maldiga mi destino; perdiste todo el respeto de tu estirpe al comer cadáveres, que la vergüenza caiga sobre ti como el martillo al yunque.-

Mis palabras iban dirigidas al cuervo, pero también había descargado sobre él mi sentir sobre el que antes fuera mi amigo y ahora se había convertido en repartidor de desgracia y muerte.

El cuervo inclinó la cabeza sin dejar de verme y a pesar de su pico, deformó su mueca para parecer contrariado. Luego, abriendo el pico otra vez, habló conmigo:

-Juzgas con fuerza, con mano dura, fría, severa pero insolente. Tú no eres quien para juzgar nada y menos aun sin saber el por qué de las cosas. Muchas veces, no somos dueños de nuestros propios destinos y jugamos bajo voluntades superiores. Tú, Hörige de la cabeza adornada por un rubí, tienes hoy la dicha de guiar tus propios pasos, pero no dudes que llegará el momento en el que tu camino sea el capricho de alguien más, y que tus brazos serán los suyos, y tu espada el filo de “su” justicia. Y te pregunto, ¿Serás capaz de ser tan dura contigo misma, así como hoy lo eres conmigo; o con tus recuerdos? ¿La vergüenza de la que hoy me haces parte, caerá también sobre ti?-

El cuervo finalizó con un fuerte graznido y extendiendo sus alas echó a volar. Más que sorprenderme que el cuervo hablará conmigo, me sorprendió lo que dijo. Vi como se alejaba dando por finalizada la plática sin darme derecho de réplica, pero aunque se hubiera quedado no habría sabido que decirle. Bajé la mirada al suelo, pensativa, y luego volví a mirar las llamas verdes que devoraban los cadáveres; en mi mente confundida, trataba de atar los hilos que me dieran la explicación a lo que pasaba.

Después de un rato, y sin haber encontrado paz, me dirigí al lobo que se encontraba sentado en el suelo a mi lado.

-Vamos Foxhound, tenemos que seguir a Necross. ¿Por dónde se fue?-

Incapaz de mentir, el lobo miró en la dirección en la que su antiguo amo había desaparecido, luego, agachó la cabeza y con suavidad me mordió la cola. Si este lobo fuera una persona, estoy segura que le habría visto llorar y decirme que no fuéramos. O es qué ¿era yo quién no le quería seguir?

Llevándome una mano a la cintura y otra al mentón para ridiculizar la pose de quien piensa, caminé lentamente en dirección contraria.
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Re: Lluvias dispersas

Mensaje por Necross Belmont el Vie Ene 31, 2014 7:33 am

Dracul, ha caminado por las frías tierras de Zhakhesh por más de seis meses. Su camino, manchado en sangre, no le ha dado respuestas sobre el paradero de la mujer alada, pero gracias a Khiryn, a Foxhound, ahora sabe su nombre anterior, el nombre que tuvo antes de morir, pero que no se atreve a pronunciar.

También, gracias a la Hörige, Dracul puede ignorar la voz de su mandoble, ya no se deja llevar por las ansias de sangre que la espada necesita. De hecho, después de tanto tiempo sin sangre que recorriera el filo de la espada, la voz se quedó en silencio, pidiendo, casi rogando por alguna victima; pero ahora el engendro es capaz de ignorar esa voz.

Con sus pensamientos claros, sin una voz que lo obligue a matar, Dracul es capaz de buscar en forma más eficiente a la mujer alada. Pero hasta ahora no ha tenido suerte, solo sabe que su nombre comienza con “on”. El recuerdo de esas dos letras, y el hecho de no saber el resto, le causan una profunda tristeza, pero una gran esperanza al mismo tiempo. Sabe que si la encuentra a ella, sabrá más de quien fue, de quien fue Necross, incluso ha pensado en la posibilidad de volver a ser Humano, de ser amigo de Foxhound, de no tener que vivir buscando algo, buscando una verdad escondida en su mente.
Pero… ¿de verdad querría ser humano? Dracul ha cometido atrocidades, el mismo se ha dado cuenta de ello, pero sus movimientos, no han sido guiados por él, fue la espada la que lo obligo a matar, pero Dracul siempre se arrepintió de lo que hizo… pero hay humanos, que matan sin piedad, sin lamentarse, lo hacen porque les gusta ¿fue así en su vida pasada? Quizás el engendro, cuando su nombre era distinto, mataba gente porque si…

Quizás él fue así, quizás Necross era así, quizás por eso ahora está siendo castigado, quizás por eso ahora es un engendro. Pero no hay tiempo para sentirse decepcionado por un pasado que quizás no ocurrió, solo encontrar y recordarlo.

Tras muchos días de caminar, matando animales salvajes para reponer energías, llego a un claro, donde el verdor del césped no existía, donde la tierra estaba manchada en sangre… aunque por lo que ha visto, en este lugar es común ver la tierra de color carmesí.  

Lo que apareció frente a los ojos de Dracul, fue una guerra entre humanos, un pequeño grupo, no más de veinticinco personas por lado. Otra guerra sin sentido. ¿Por qué pelean? ¿Es  por territorios, por honor? ¿Por qué un humano dejaría su vida en el campo de batalla? ¿Porque renunciaría a su humanidad, por un bien mayor?

En ese momento, Dracul se dio cuenta de algo, un recuerdo llego a su mente; él dejaría todo, sería capaz de morir, volver, y morir una vez más por la mujer alada. No está seguro porque, es algo que tiene claro sin siquiera saber su nombre, el engendro viajaría hasta las entrañas de la tierra por ella.

En esa batalla de humanos frente a sus ojos, el engendro no tiene nada que hacer. Cuando estaba listo para caminar en la dirección opuesta, dos soldados, de uno de los bandos que combatían, lo encararon. ”Es un aliado de los rebeldes”, decía uno.  “debemos matarlo, es una abominación”, dijo otro. –Déjenme en paz.- Fue lo único que el engendro dijo. Pero las personas que bloqueaban su camino, se veían jóvenes, demasiado jóvenes para estar en la guerra. Uno de ellos ataco a Dracul, este no se inmuto, dejo que la espada enemiga golpeara su cuerpo de acero. Cuando el muchacho se asustó por el ataque inefectivo, el engendro lo tomo con su garra y lo arrojo muy lejos.

El segundo tipo, imitando a su compañero, ataco a Dracul, pero el engendro sin ganas de matarlo, lo golpeó fuertemente con el mango de Zalera.

Las tropas del bando correspondiente a los soldados atacados, vieron al engendro “luchar” contra sus soldados, y enviaron un pequeño grupo para que acabaran con la abominación, creían que luchaba por el bando rival. -  ¡¡Mátalos!! ¡¡Mátalos a todos!!- Nuevamente la voz en la mandoble de Dracul se materializaba en su mente, el engendro intento no sucumbir ante la fuerza de Zalera, intentaba mantener su espíritu en alto, y no dejarse doblegar ante la voz en su mente. Pero entre los golpes enemigos, que hicieron que Dracul se arrodillara, la voz gritando por almas dentro de su mente, y la posibilidad de nunca ver o encontrar a la mujer alada, causo una ruptura en Dracul. Pronto, volvió a ser el mismo sujeto que despertó de una tumba hace seis meses, el mismo que causo una mirada de desilusión en el rostro de Foxhound y Khiryn.

No pudo evitarlo, sus ojos se volvieron completamente rojos, y de un fuerte golpe se sacó a las personas que lo golpeaban. Con la mandoble fuertemente apretada entre sus dedos, más de un cuerpo partió por la mitad, con su garra, más de un pobre ser sucumbió ante el agarre del engendro.

Pero los sacrificios para Zalera no eran suficientes,  necesitaba más, más muertos… y por suerte frente a él había muchos humanos para sacrificar. Desde que se despidió de Khiryn y Foxhound, Dracul consiguió muchas nuevas heridas, pero a medida de la sangre corría por Zalera, su mandoble, sentía como su vitalidad volvía, como el dolor se iba, como robaba lentamente la vida de esos seres que acababa de asesinar, y volvía propia esa energía.

El engendro, sediento por las vidas de los soldados, corrió directamente al campo de batalla. Con su embestida, logro tumbar más de un cuerpo. Su ataque no tenía bando, atacaba a los soldados sin importarle el color de su bandera, las causas por la cual luchaban, o su estado físico. Dracul solo quería añadir un poco más de sangre a la tierra.

En medio de la pelea, y sin decir algo, ambos bandos de humanos se unieron cuando vieron que no podían ganarle al engendro.  Y Dracul se sintió bien, por cada ser que terminaba bajo el filo de su espada, una aura oscura se formaba en la silueta del engendro, eso asusto a algunos soldados. Pero Dracul no los dejaría escapa… no cuando la diversión recién comienza.



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Re: Lluvias dispersas

Mensaje por Necross Belmont el Mar Feb 04, 2014 2:17 am

Los soldados torpemente intentaban escapar de la mandoble de Dracul. Pero sus intentos no fueron fructíferos.  Aunque el engendro era lento, era muy capaz de acabar con sus víctimas; cierto descontrol nacía en el, ya que no podía para de atacar, pero al mismo tiempo, su parte racional aún se mantenía despierta. Ya que por mucha furia que tuviera, intentaba darles una muerte rápida e indolora a sus víctimas, cosas que  era muy difícil de conseguir.

Después de horas de batalla, el engendro quedo de pie, con miles de flechas clavadas en su garra, con su armadura cubierta de sangre, miro al piso y vio los cadáveres de los soldados que lo provocaron. Y se preguntó a si mismo ¿estará ella decepcionada de lo que es ahora? Dracul miro sus manos, la derecha, la otra no puede llamarse mano. Se preguntó a sí mismo en que se había convertido.

Noto que en su silueta, se dibujaba un aura oscura, algo violeta, quizás por todas las personas que mato, quizás es Zalera que se manifiesta de alguna manera. No entendía lo que pasaba, como paso de ser un humano a un engendro,   –Todo es culpa de la espada…- Él lo sabía, pero no podía soltarla, secretamente le gustaba todo el caos que era capaz de provocar, pero al mismo tiempo, su ser, lo que  es, le daba asco.

¿Por qué peleaban estos humanos? ¿Valió la pena sacrificar sus vidas por intentar detener al engendro? Ya no podría obtener respuestas, algunos soldados escaparon, quizás un mal común pueda unir a los enemigos más odiados; ese mal común era Dracul ¿quizás su presencia en este mundo solo sirva para causar caos?

–El trato sigue en pie, después de tantos sacrificios, te daré información sobre tu pasado… ¿Quieres saber dónde conociste a la mujer alada?- Dracul cayó al piso, de rodillas. –¿Por qué no me dices su nombre?- Pregunto mirando su mandoble. – Si lo hago, no conseguiría más sacrificios, ¿quieres o no?-

Dracul asintió, Zalera le conto al engendro sobre una tierra lejana, una tierra que el piso alguna vez, el lugar donde por primera vez vio a la mujer alada.  Dracul comenzó a caminar, le tomaría varios días llegar a ese lugar. Pero ahora tenía una motivación, podría saber más sobre la mujer de sus sueños.

Pasaron los días, y el camino en frente de Dracul se abrió a una ciudad oscura, con gente triste. Era de noche, y antes de que el engendro pusiera un pie dentro de dicha ciudad, pudo ver un gran castillo en medio de esta, y ese castillo, le resulto muy familiar. - Arthias.- Ese era el nombre de dicha ciudad.

Entro a la ciudad con cautela, no quería que nadie lo viera.  Corrió hacia el castillo, el pueblo parecía fantasma, no había gente a estas horas de la noche, algunas casas tenían luz en su interior, entregada quizás por una vela, o una apacible chimenea. El engendro recordó que el también vivió así por un tiempo.

Pero al acercarse al castillo, noto que allí si había seguridad, dos guardias que luchaban ferozmente contra el sueño, cabeceaban de vez en cuando para mantenerse despiertos. Dracul no quiso luchar, quizás una batalla contra ellos atraiga más gente; y si eso sucede, él no podría encontrar las respuestas  que necesita.  Como quien está en un lugar conocido, el engendro rodeo el castillo, conocía una entrada alternativa, poco vigilada, pero no sabía el porqué, su memoria, su instinto le comanda que hacer, donde moverse, adonde ir.

El camino no fue fácil de recorrer, el tamaño del engendro entorpecía sus pasos, su garra no le ayudaba a moverse, pero al final, logro su cometido. Dentro del castillo, se podía sentir el olor a muerte, aun cuando ha pasado mucho tiempo desde la última vez que Dracul estuvo aquí.  Paso por un umbral sin puerta, vio un gran agujero en una de las paredes del pasillo, el recuerdo de una pelea contra un gigante llego a su mente, no era claro, pero algo logro recordar.

Ya había visto muchos lugares familiares, dentro de su mente el engendro iba viendo escenas sobre batallas pasadas, gente corriendo de criaturas infernales, ¡la mujer alada junto al hombre del lobo! Es aquí, Dracul de  poco comenzó a recordar los eventos, las muertes provocadas, un lugar con el cielo color violeta...

En su descuido, el engendro torpemente cayó por una abertura en el piso, y sintió miedo, miedo de estar solo, una desesperanza que nacía en la oscuridad que lo cubría. Pero allí la vio a ella, desde arriba, la mujer alada se asomaba tímidamente...

Dracul se había golpeado la cabeza cuando cayó, y ahora estaba en su mundo de sueños.

( Ondine )
La noche cerrada apenas se lograba vislumbrar por el ancho ventanal del lugar, a lo lejos un ala del castillo se alzaba con soberbia tétrica, mientras en lo alto, apenas en un palco que se alzaba sobre la habitación, ella lo observaba, sin que él lo notara.

-Te he visto... Me has visto. ¿Acaso aún tu mente me rechaza? – suspiró con cierto tono entristecido, mientras de sus ropajes ventiscos sacaba un instrumento.

Era una tonada lánguida, suave pero mortuoria. Sus cabellos la cubrían pero entre ellos sus ojos lila revelan la concentración que tenía en él, en el espectro de ese amor que alguna vez conoció.


-No... Pero necesito saber más de ti, cuéntame. ¿Quién eres?-  Dijo mirando hacia arriba, apoyando su espalda contra la pared. Un sentimiento de paz nació en Dracul cuando comenzó la melodía que ella dulcemente tocaba.

Ella lo oyó, y una sonrisa cubrió su rostro mientras seguía su tonada. De alguna manera sabía las dudas que él tenía, pero también las vetas que en ese mundo de ilusión ambos compartían. Bajo la mirada, y cerró los ojos con tristeza, sin parar de tocar, como si con la música pudiera responder a esa historia de amor y miedos que ambos habían construido desde sus días en ese castillo. Tocaba para él, tocaba para ella, tocaba por ambos y por esa familia que se escapó de sus manos.

Al finalizar, lo volvió a ver y con sutileza contestó:

-Soy quién soy... pero tú para mí lo eras todo.


-¿Como pude ser todo? ¡¡Mírame!! No soy más que un ser repugnante en este mundo lleno de caos... tu dime, ¿quién soy?- Dijo con furia, con violencia, demandaba de ella una explicación, quizá así su corazón perdido vuelva a latir.  -Dime... quien eres tú...-
Suspiró, y alzando sus alas, descendió hacia él, deteniéndose en una de las esquinas de la habitación. Lo miró con recelo, con compasión y sí, con amor. Pero su rostro ocultó aún entre la plata de sus cabellos, no se revelaba en su totalidad:

-...y cuando me conociste yo era mucho peor de lo que vos sois ahora... Tú me sanaste... y ahora, aunque no pueda sanarte, te diré que he dejado gracias a ti mi huella en este mundo... – y sonrió, dejando que la luz que se colaba de las lunas evidenciara su cuerpo femenino traslucido en la blanca túnica transparente que le cubría.

Él la conoció delgada, demasiado, ahora exhibía una curvas pronunciadas; él la amó cuando su rostro tenía colores, ahora es la sombra de un cadáver y su mirada revela su palidez mortuoria.


-¿Dónde estás?- Pregunto con dolor -dime... yo te necesito...- Dijo con la respiración cortada, el aire no le llegaba, su casco no lo dejaba respirar. Se escondió en la oscuridad, y se quitó el casco. Ella podría ver solo unos ojos rojos, muy diferentes a los que alguna vez tuvo.

Sigilosa, caminó descalza hacia él. Sus pasos poco o nada se oyeron en la oscuridad que les envolvía. Huía de la luz de las lunas, del color que ellas podía revelar en ella, de ese resplandor que diera a entender la palidez siniestra de su muerte, la poca vida que sus ojos encerraba. Se deslizó y cuando más angustiado encontró a su interlocutor, con suavidad tomó la mano que retenía el casco, mientras detrás de él emergía su figura diminuta.

-No voltees... no mi mires... no soy digna de tu mirada, pero recuerda al menos una cosa.

Sus alas se desplegaron y alzando el vuelo le rodeó con sus brazos, emergiendo desde atrás. Sus cabellos cayeron al lado de él y sus alas los envolvieron a ambos. Así lo había retenido ella cuando él había partido para Loc Lac buscando su destino.

-Recuerda el calor de mis besos, la dulzura de mis palabras... ese cariño que sólo tú despertaste en mí... recuerda... recuerda que te amé, porque merecías ser amado.
Una lágrima se deslizó por su rostro mientras la voz se le quebraba con cada palabra.


-Wasser... ese es parte de tu nombre- Dijo agitado, con la mirada triste, pero su alma por fin estaba tranquila, la sentía, sentía sus brazos, sus lágrimas que caían por la piel de Dracul  - Yo... yo aún te amo, y por ese amor que algún día te prometí, no dejare de buscarte... yo fui Necross, el que volvió de la muerte, por ti, y nada podrá alejarme nunca, nada podrá esconder tu figura de mi pensamiento...

Y el engendro, en su mundo de sueños, cambio el paisaje. Sentía frio, ese frio que es capaz de helarte los huesos, él estaba de pie, bajo una puerta esperando a alguien, no tenía su garra, sus brazos, sus manos eran de un ser humano, y a lo lejos, la figura de ella, de la mujer alada, se recortó contra el horizonte.

Dracul despertó, llovía, y desde un agujero en el tejado el agua caía sobre su armadura. Lloro, el engendro lloro por ella, por no poder saber concretamente quien es, Dracul escondió sus lágrimas con la lluvia que sobre el caía.



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Re: Lluvias dispersas

Mensaje por Necross Belmont el Mar Abr 08, 2014 5:23 pm

Entre recuerdos perdidos, lluvia cayendo, y la imagen de ella casi despidiéndose de Dracul, el engendro se durmió, ahora por voluntad propia, no por su torpeza anterior. Aunque logro conciliar el sueño, el engendro no pudo dormir mucho, fueron casi una media hora. Aún era de noche, y Dracul aprovecharía para escapar sin que nadie lo viese. Ya tiene una pista de la mujer alada, Wasser, era su apellido; ahora su búsqueda se haría un poco más fácil.

Necesitaba salir de esas tierras muertas, necesitaba un lugar que pudiera reconocer, como sucedió en el castillo anteriormente. Necesitaba encontrar a la mujer alada, solo así el engendro será el humano que es en sus sueños.
<<-0->>

Dracul lo logro, salió de esas tierras condenadas. En sus viajes, consiguió un manto que cubría su brazo, y parte de su casco. Lejos de las tierras lluviosas, el engendro pudo conocer más de la vida fuera de la muerte. Los rasgos distintos de la gente, la bondad que algunos pueden tener, así como el odio que se puede sentir; y eso es lo que más sentía Dracul, odio.

No es que el engendro lo sintiera, eran las personas que lo veían, que sentían miedo por la apariencia de Dracul, luego lo atacaban, sentían un odio irracional por el engendro.  Dracul no mataba a quien intentaba atacarlo, intentaba mantener su furia controlada, el engendro solo daba la vuelta, y buscaba otro camino.

Pasan algunos meses, y el engendro aun no obtiene las respuestas que necesita. Aunque no todo fue malo en los viajes de Dracul. De vez en cuando, se detenía un algún bosque, a sentir como los animales hacían ruido, aunque la primer vistazo del engendro, estos escapaban.

El hambre de almas que sentía el engendro, ya no era tan fuerte como en un principio, ahora para saciarla, cazaba animales. Desde el encuentro con Khiryn, que aprendió  a que no debe quitar vidas que no le pertenecen, y ninguna jamás le pertenecerá, a veces hasta se arrepiente por los animales que debe matar.

Cuando se encontraba en alguna ciudad, el engendro se quedaba en algún callejón oscuro, esperando que llegara la noche, siempre cubierto por su manto. En las ciudades que estuvo, se formó una pequeña historia.
Algunos le temen, otros lo admiran, y es que es un ser misterioso. Una mirada a sus ojos, y todos negaran, el haberle conocido

Era lo que se decía, cuando se hablaba del engendro cubierto por un manto.

Sus viajes lo hacían recorrer un camino sin un destino final, no sabía dónde ir, o donde podría encontrar a la dama alada. Su sendero sin rumbo lo llevo hasta Thonomer. Recordó el arte que es leer letras, podía leer, lo que el mismo escribía, y es que a veces con ramas de árboles, escribía en la tierra, y leía lo allí escrito, así practicaba.  Pensó que quizás en algún libro antiguo podría encontrar información, la información que necesita. Pero las bibliotecas de la ciudad a la que llego, no aceptarían a un engendro.

Dracul entro al lugar donde descansan los libros por la noche. La iluminación era pésima,  a duras penas podía ver el titulo de los libros que se exhibían. Una pequeña lámpara servía como iluminación para toda la sala, El engendro la tomo, y con ella se ayudó a buscar algo que le sirviera.

El engendro se quitó el casco, quizás así podría leer mejor. De las estanterías, tomo un grueso libro, en el, estaban las razas conocidas en este mundo, escrito por un aventurero con sed de conocimientos. Dracul abrió el libro, y una por una comenzó a buscar una raza que se asemejara a lo que es la dama alada. –“Huma… hu… humanos, no. La estirpe… mas…abundante.” No tienen alas… Dracul cambio de páginas, buscando la siguiente raza. “Licantro… Licántropo.” ¡No tienen alas!

Y asi el engendro se mantuvo leyendo, por horas, cada una de las razas de este mundo, poniendo atención a cada detalle, hasta que llego a cierta raza, el creador del texto, los llamo engendros. – “Estos tal vez sean los seres más temidos, odiados, despreciados y perseguidos de todos los antropomorfos. Seres de pesadilla, criaturas terriblemente mutadas por la magia, los hijos mutantes de una naturaleza que desde hace tiempo los ha abandonado”.-

Y allí se quedó pensando, el engendro dudaba si alguna vez podría ser lo que Khiryn le dijo que fue. Miro su mano derecha, luego su garra, y finalmente el casco que reposaba en la mesa, junto al libro que leía. Pero Dracul tenía algo que hacer, y no podía quedarse pensando.

–“Raza humanoide que posee al menos un par de alas en la espalda. Distintos de los humanos en varios aspectos, son ligeramente más pequeños, difícilmente sobrepasan 1,60 metros de estatura.” ¡Ella! ¡Ella es una divium!-

Ya tenía la información que necesitaría, pero un rápido recuerdo llego a la mente del engendro, en palabras de la dama alada, ella decía que era una drow, no una divium.  Dracul entonces, comenzó a buscar información sobre esta raza. Busco en varios libros, pero en muy pocos había información sobre estos “drows.” La única información que todos los libros compartían, es que eran muy peligrosos para ser estudiados.

Pero un libro polvoriento, tendría una frase que serviría a lo que busca el engendro. –Jyurman… Él sabía que ese era un lugar, quizás allí pueda saber más sobre la dama alada, sobre la divium de sus sueños, sobre la llamada Wasser.

Lo siguiente que hizo el engendro fue buscar un mapa, intento comprenderlo, y paso varias horas estudiándolo, se quedó allí hasta que tuvo claro donde debía ir. Y el bosque sombrío, sería su próximo destino.



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Re: Lluvias dispersas

Mensaje por Ithilwen Erulaëriel el Miér Abr 09, 2014 12:08 am

¡Alma! si vienes del cielo,
si allá viviste otra vida,
si eres imagen cumplida
del Soberano Modelo,
¿Cómo has perdido en el suelo
la fe de tu original?
¿Cómo en tu lengua inmortal
no explicas al hombre rudo
este fatídico nudo,
entre un Dios y un animal?

R. Pombo. La hora de tinieblas.



El corazón se le caía a pedazos. Al cerrar los ojos por breves segundos, la pesadilla retornaba a ella: eran los rostros que no había podido ver, pero que sabía habían sido arrojados por la muralla, perdiéndose más allá del tiempo, escapando de la vida y siendo uno con las estrellas; era la sangre de sus protectores, guerreros entrenados por años en Erínimar, esas vidas que ella debía resguardar, y habían sido mutiladas por una población en la cual había creído tan ciegamente. ¡La culpa la corroía! ¡Ilusa había sido la heredera al trono de los altos elfos, error que le había costado caro, muy caro! Y aunque por sus brazos corría aún la sangre de sus heridas, mientras con lo que quedará de su escolta había tratado de escapar de aquel pueblo enfurecido, y el sudor por su frente corría aún fresco, sus ojos estaban allí, fijos desde lo alto, tratando de encontrar en ella misma la fuerza para levantar su plegaria, a pesar de sus culpas. No podía llorar: era tan grande la tristeza que sus lágrimas estaban ausentes. Y aun así, como una estatua de eras pasadas atascada entre el hielo que pisaba, se dejó consolar por los rayos de luz que se filtraban por las paredes cristalinas y que bien ella sabía que de las lunas provenían, y oró por las almas de aquellos hermanos caídos.

-Perdón… perdón, hijos de Erínimar. Perdón… perdón...- repetía, apretando sus manos con insistencia entre palabras y rezos mezclados con lágrimas. Cayó de rodillas rendida ante el sufrimiento y la amarga derrota.

Sin embargo, el tiempo era valioso y en su oración se prometió a sí misma sacar a los que habían sobrevivido de la matanza de ese país de nieve, aunque ello le costara la vida misma. Más allá de los lamentos y revivir esa pesadilla en su mirada vacía, su espíritu conocía muy bien los designios de los dioses, y en ellos no había tiempo para sus sollozos. ¡Ithilwen de la Casa de Erulaëriel no sería honrada en un ataúd de hielo!

Secó su rostro, se vendó uno de sus brazos, tapando la sangre para que aquellos sobrevivientes no se preocuparan por ella, y ayudándose de su báculo se levantó, buscando a los pocos que quedaban a su lado. Había sido una expedición de casi 40 elfos y ahora sólo 8 quedaban. Un total fracaso, pero el reto era llegar a Erinimar y contar lo que en aquella aventura habían aprendido del mundo exterior más allá de sus fronteras. Sin embargo, ¿cómo lograrlo? Los barcos habían sido saqueados, el mar era inclemente, quedaba la opción de caminar, pero en medio de la nieve y el frío aquella osadía era imposible, ¡los elfos no habían nacido para la brutalidad de la muerte!

Rodeada por lo que quedará de su gente, oyó a lo lejos las quejas de uno de sus guardines.

-Cubrid bien esa herida, Mïniël- refutó a una de los heridas, cuyo brazo maltrecho mostraba claramente los inicios de la gangrena, y volteando la mirada a los que recién llegaban, preguntó: -Ayändäll, ¿qué habéis encontrado bajo vuestra vigilancia en las inmediaciones? ¿Qué os tiene tan inquietos?

-Mi señora- adelantó uno haciendo una pequeña venía antes de continuar, algo agitado por la caminata: -hemos encontrado algo… pero no nos atrevemos a tomarlo, ¡expele una energía maligna y no somos versados en los caminos esotéricos!-  

-Entiendo. Mostradme el lugar, Thümbriel- atajó la de cabellos azabache con el ceño fruncido.

Caminaron un buen tramo hasta llegar al lugar, una recámara donde yacían sobre el piso unas cuantas pieles. Sin duda alguien había habitado aquel lugar por una larga temporada, sin embargo, desde hacía también bastante lo había abandonado. En un rincón estaban dos armas, ambas con una energía poderosa, más allá de la comprensión de la longeva. Miró con atención aquellas armas y con sigilo las tomó:

-No nos harán daño, pero esconden un poder demoniaco- aclaró para sí: -Han reposado por algún tiempo aquí y en paz ha dormido su poder como las consciencias que detrás de él se esconden. Es magia que no logro entender pero su naturaleza proviene de las sombras- suspiró, meditando la siguiente decisión: -Las llevaremos, pues estuvo en el camino de nosotros encontrarlas y está en el sendero de los dioses darnos la luz para saber por qué han llegado a nosotros. No me arriesgaré a dejarlas para que sean manipuladas por otra criatura… quizás una vil y cruel que haga estragos con este poder.

Envolvió las armas en una de las pieles y las resguardó dentro de su carcaj vacío. La prioridad era salir de ese iceberg que los había guarecido de un ataque eminente, más ahora las posibilidades de lograrlo eran más que escasas.

-Yo las llevaré- sentenció Ithilwen mientras la mirada de los suyos apenas si podía ser de aprobación. Más ninguno se atrevió a contradecir a la infanta de los solares, y con ello, todos se pusieron de pie y emprendieron el camino, siguiendo la única opción posible, aunque ciertamente deshonrosa.

Al salir el viento arremolinó sus cabellos lisos como sus pensamientos. La brisa desalentaba pero más lo hacía el paisaje eternamente invernal. Con una sonrisa, la líder entre ellos trató de reanimar a los suyos, aunque incluso el ánimo de ella se encontraba derrumbado. Al fin y al cabo, nada en aquellos parajes podía ser como lo que la elfa había presupuesto: el mundo se había hecho viejo y con ello cruel.
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Re: Lluvias dispersas

Mensaje por Necross Belmont el Miér Abr 09, 2014 3:34 am

Los días se hacían eternos, las noches muy cortas; para el engendro que buscaba una respuesta, parecía que el tiempo jugaba en su contra. Dracul sabía cuál sería su destino, de la biblioteca robo un mapa, lo leía con torpeza, pero logro entenderlo.  El bosque de Jyurman, donde la dama alada creció, ese sería su destino.

Su trayecto fue medianamente agradable, de vez en cuando se detenía a cazar animales, para alimentar su alma. Aunque Dracul no comía mucho, si sentía necesidad por almas, pero lo hacía para sí mismo, no para Zalera, su mandoble.

Eventualmente, el engendro se detenía a mirar el paisaje, un valle lleno de verdor, con animales por todos lados, y como antes lo hiciera, Dracul inhalo profundamente el aire limpio de ese lugar. El engendro evitaba las ciudades, los pueblos, y las villas, él sabía que  los humanos lo mirarían con desprecio.

Eventualmente, el engendro salió de Thonomer.  Paso por la jungla, luego por el bosque maldito, en este último sector, el engendro se sintió a gusto, como si la magia corrompida de ese lugar le hiciera una invitación, una invitación a quedarse permanentemente.

El engendro pensó seriamente en vivir el resto de sus días entre los monstruos de Theezeroth. Después de todo, él también es un monstruo.  -No, ella me espera…- Se dijo a sí mismo, ignorando la invitación del bosque.

La segunda invitación llego por parte del foso de demonios, aunque esta vez, Dracul lo rechazo inmediatamente, el aire allí simplemente se sentía repugnante, como si una  fuerza dentro del engendro, rechazara la estadía en ese lugar.
<<<-->>>
Su meta había sido conseguida, su llegada al bosque Drow llego muchos meses después desde que salió de la polvorienta biblioteca. El engendro se abrió paso por el bosque, sentía como sombras pasaban a su lado, camuflándose en los árboles, en las ramas de estos.

El primer movimiento hostil, llego por parte de los desconocidos, una flecha que viajo hasta la rodilla del engendro, esta termino rebotando y no pudo atravesar la armadura de Dracul. A esa solitaria flecha, muchas más la siguieron, estas continuaban rebotando contra  el engendro.  Dracul, enojado, tomo con fuerza su espada, y comenzó a correr, no podía ver a sus enemigos, así que solo le quedaba escapar.

Una boleadora atrapo sus pies, cuando el engendro cayó al piso, los cazadores salieron de sus escondites. Ahora que los podía ver, el engendro con su garra rompió la cuerda que lo ataba. Furioso comenzó a atacar a sus enemigos, Dracul sospecho que eran las drows del libro, sabía que no sería fácil librarse de ellas. Con torpeza el engendro intento defenderse, sus enemigas eran demasiado rápidas, y estaban muy bien organizadas. Dracul logro atrapar a una de ellas con su garra, y la apretó tan fuerte que le rompió varios huesos; el engendro  dio el golpe final con el filo de Zalera.

Ese cuerpo muerto sobre la mandoble, fue lanzado a lo lejos, como una advertencia. En su mente, el engendro conto a sus enemigos, comenzaron cinco, ahora le quedan cuatro.  Valerosamente, una de las cazadoras se lanzó a luchar cuerpo a cuerpo con el engendro. Ella con dagas, y Dracul con su mandoble; el engendro no era rápido, pero si fuerte, y con su espada en su mano derecha, hizo un corte desde abajo hacia arriba, verticalmente.  La Drow cazadora se defendió del ataque, logro sobrevivir a este, pero no vio cuando la garra de Dracul la hizo prisionera. El engendro se desnivelo al hacer esa maniobra, pero mientras recuperaba su equilibrio, uso la fuerza eléctrica que habita en su cuerpo, friendo a la presa en su garra.

Las drows restantes tomaron sus arcos, y nuevamente lanzaron flechas contra el engendro, mientras este se defendía, nuevamente una boleadora llego  a sus pies, antes de que cayera, una red lanzada desde los arboles lo aprisiono.  Dentro de la red, Dracul intento luchar, pero mientras más lo hacía, mientras más se movía, más se enredaba.

El filo de Zalera logro cortar un poco la red, y Dracul ayudándose de su mano derecha, se liberó. Antes de ponerse de pie volvió a caer, aun tenia las piernas atrapadas. Mientras desesperadamente cortaba las ataduras, una de las drow le pateo la cabeza, haciendo que su casco se desprendiera.

La furia que en ese momento sintió Dracul fue demasiada, no le gustaba estar sin su casco, que los demás fueran capaces de verlo realmente. Con sus ojos rojos como el fuego del averno, el engendro volvió al ataque, esta vez de una forma más salvaje, menos controlada, más sanguinaria.

Con un solo corte de su mandoble, el cuerpo de una de las drow restantes quedo en el piso, partido a la mitad. Las dos últimas que quedaron, viendo que no podrían ganarle a Dracul, escaparon. El engendro lleno de enojo, de sed de venganza las persiguió, aunque corrió poco, con cada paso que daba recuperaba la conciencia, y recordaba porque estaba en ese lugar.

Dracul, cansado, regreso por su casco; lo tomo, y se quedó mirándolo. –¿Es esto lo que soy? ¿Un asesino?- El engendro retomo el paso, con su mandoble arrastrándose y sostenida por su mano derecha, y su casco en su garra. Se tambaleaba, su cuerpo al absorber las vidas de las drow, estaba lleno de energía, pero su alma, al tener que luchar, se vio desgastada.

Camino, hasta que sintió  su mente tan agotada, que se vio obligado a descansar. Se recostó contra un árbol, y se quedó mirando su casco, preguntándose si de verdad podría encontrar alguna vez a la mujer alada, si realmente alguna vez se sentiría en paz… según él, eso necesitaba para ser feliz, sabía que esa paz vendría de la mano de la divium en sus sueños.



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Re: Lluvias dispersas

Mensaje por Ithilwen Erulaëriel el Jue Abr 10, 2014 11:43 am

¿Quién hizo ceremonia de cenizas?
¿Quién amó lo perdido, quién protegió lo último?
¿El hueso del padre, la madera del buque muerto,
y su propio final, su misma huida,
su fuerza triste, su dios miserable?

P. Neruda. Sonata y destrucciones.




Miraba las estrellas, mecida por las dulces olas mientras las gotas de lluvia emergían del cielo para encontrarse con sus ojos, bañados por el sin sabor y la zozobra. Se frotaba las manos y luego el pecho, como el noble Dimaethor le enseñara, mientras arropada entre varias pieles se sentía quebrada por la inclemencia del frío y la dureza con la que los dioses le enseñaban. ¡Ah!, ¡si al menos su protector estuviera allí! Tal vez… sí, quizás bajo su mirada vigilante ella habría podido salvar más… evitar el desastre. Estudiaba las estrellas y luego aterrizaba en los rostros de los pocos elfos que la rodeaban: ¡la vida había sido muy cruel con todos!

Los escasos 8 guerreros se apañaban con todo lo que el mediano navío exigía: unos izaban las velas, otro se encargaba del timón, otros eran diestros con los nudos, más algunos simplemente animaban a sus semejantes, imposibilitados para ayudar por sus propias heridas. Ella leía el firmamento y designaba el rumbo, estudiosa de los cielos había aprendido que era ése desde siempre su lugar en el mundo: guía para su pueblo, protección para los disminuidos. Alrededor, ellos corrían como hormigas, con la ligereza que sólo su raza les confiere: el secreto era pasar desapercibidos, cruzar las aguas tan rápido como la luz de las lunas los cobijara, y buscar provisiones, maneras más seguras de atender a los enfermos y continuar el rumbo. El hogar de luz y los altos árboles de secoya los llamaba, su voz y su calor llenaba sus corazones de esperanza. Una que en medio de la oscuridad parecía menguar por momentos.

Atenta en las estrellas, indecisa frente a las opciones, sopesando lo que traían consigo y el hambre que pronto les vendría, la joven elfa designó el destino final de aquella cruzada, y si sus cálculos eran exactos, llegarían a la frontera entre Jyurman y Keybak,  habitada en su mayoría por humanos egoístas. Difícilmente encontrarían en esas villas protección alguna; más el Bosque Sombrío nacía sobre aquella orilla, extendiendo sus garras hasta lo profundo de la tierra; era espeso y peligroso, pero la de cabellos azabaches sabía las fortalezas de los suyos: entre el verde los imperecederos obtendrían la fuerza para luchar, planear y sobrevivir; en cuestión de tiempo podrían encontrar una mejor manera de llegar a las tierras de solares. Era arriesgado, pues no desconocía la verdad de aquellos parajes oscuros: territorio de traidoras y vasallas del poder corrupto del lugar, las drow, señoras de Jyurman, habían sido la comidilla de más de una leyenda en la Ciudad de Luz. Pero ellos, al igual que sus hermanos oscuros, también estaban condenados a la vergüenza desde el momento en que la responsabilidad divina de Ithilwen Erulaëriel frente a los suyos había flaqueado, entregando confianza en quién no la merecía; habían sido obligados a usurpar y robar, entre otras muchas más acciones condenables, y ese navío era prueba de ello, tomado días atrás por la fuerza y el engaño de uno de los locales mercantes.

La operación había sido milimétricamente realizada, más nada de loable había en la tarea. ¿Cómo haría para darle la cara a su padre cuando narrara cómo con 8 elfos a su cargo se había hecho a un robo, dejando a algún miserable pescador y su familia sin el único sustento para subsistir?, ¿qué no diría el viejo monarca cuando se enterara de lo que su primogénita había hecho y de los muchos errores que había cometido desde el arribo al país de las nieves? ¿La castigarían las estrellas por su osadía y falta de liderazgo? Sí, estaba condenada por los astros y ahora debía aceptar el precio de una dura derrota y el suplicio de ver a los suyos cargar sus culpas.

--//--


La urbe era grande y la pobreza abundante. Las pieles extraídas del refugio de hielo les servían muy bien para andar sin ser avistadas las diferencias físicas que ellos presentaban con respecto a los humanos que vivían allí. Niños corrían, aunque siempre bajo la mirada vigilante de los mayores, andaban en grupos, incluso armados, ¡tanta así era la inseguridad en aquellos linderos! Las calles eran barriales por las lluvias, las casas eran pobres construidas apenas con chamizos. Muchos de los que allí habitaban tenían miradas lánguidas y caídas: la desilusión y la hambruna se pintaba en sus rostros y sus carnes.

-No desesperéis - atajó ella, la de orejas puntiagudas y rostro dubitativo: -No hemos de desesperar, Ëlberëth nos protegerá aún en estos parajes desolados- suspiró con resignación forzosa. La mirada de los suyos le corroboraba lo poco creíbles que resultaban sus palabras: - ¡Hemos hecho bien en dejar el navío atrás! Su uso ya no era necesario en nuestra empresa. Su madera nos ha proporcionado el medio para transportar a nuestros enfermos y debemos estar agradecidos que la selva que se alza nos sirve de resguardo y amparo.- completó con determinación. -Más hemos de acudir a la urbe por alimento y resguardo, y tristemente temo que acá sólo seamos enemigos. A pesar de todo compartimos rasgos con los drow y el miedo es visible en las cuencas de estos pobladores... Y eso que lo único que buscamos es una hogaza de pan- terminó lo último con desilusión,, tirando de la improvisada carreta donde dos de sus guerreros yacían recostados y sudorosos.

-Mi señora- habló uno, haciendo una pequeña venía con la cabeza antes de seguir hablando: -Certero acaba de llegar con noticias: ¡hay una posada cerca de la plaza central, que pudiera servirnos de resguardo provisional!- esbozó con alegría: - ¿Qué os parece señora si acudimos allí? No tenemos cómo pagar nuestra estadía, pero es posible que estos humanos reciban algunas baratijas como prenda de trueque. Los listones, incluso las dagas y accesorios pueden sernos de utilidad para pernoctar al menos una o dos noches.

-Si Certero confía en el lugar, yo confío en su juicio: ¡Vamos allí!- ordenó, jadeando un tanto y con fuerza volvió a tirar de la improvisada carreta que entre todos habían construido para arrastrar a los enfermos. De la retaguardia bufó uno de los suyos, el que más alto rango entre ellos tenía, y entendía su posición a fin de cuentas sólo había tomado malas decisiones desde que desembarcaran en los glaciales: -Nuestra senda nos llama a un lugar tranquilo; nuestros hermanos necesitan un lugar para descansar y sanar- se repitió para sí, animándose en su argumentación. Más insegura que nunca, la de ojos celestes pedía en secreto a los dioses un poco de paz para aquellos que, como ella, habían visto como en un segundo lo habían perdido todo. La duda la corroía y la tristeza aún yacía muy cerca de su corazón.

Como lo dijera el alto elfo de la casa de los Adrülth, nobles de Erínimar y arqueros habilidosos, la posada era un lugar miserable, pero allí, gracias a los brazaletes de la elfa y otros tantos aportes de los demás, pudieron lograr acomodación para todos. Mientras la de cabello azabache se encargaba de ayudar a los muy lastimados elfos de su guardia, encomendó la tarea a los demás de vigilar y reunir noticias: lo último que quería la solar era estar involucrada con los drow, a quienes temía por ser conocida entre sus gentes la maldad con que suelen tratar a las demás razas.

-¡Recordad!- dijo antes de verles partir: - ¡Cubriros muy bien!

En grupos de a dos salieron los elfos a reunir noticias del poblado, y desde la ventana ella observó cómo sus hermanos se perdían en la oscuridad de la noche que caía:

-Nuestros rostros pueden no revelar en demasía nuestra raza- aclaró ella a uno de los hechiceros que junto a ella se había quedado para resguardarla en caso de algún problema: -... pero las orejas y el brillo de nuestra piel sí. Espero que como el viento se deslicen por los lugares oscuros y nunca revelen nada de sí: nuestro linaje es el de Elhías y por ello somos el estandarte de la luz. ¡Que la gracia de Thëroniëth marche con ellos a su lado!

Cerró la ventana y corrió las cortinas.
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Re: Lluvias dispersas

Mensaje por Necross Belmont el Jue Abr 10, 2014 1:56 pm

Agotado, el engendro siguió su camino, sabía que el bosque no le daría tregua, así que necesitaba salir de allí, encontrar un lugar donde pudiera pasar la noche, y buscar respuestas en la mañana. El camino fue agotador, sus pies se sentían pesados, y de a poco volvía a escuchar la voz de Zalera. –Sabes que te gusto, quieres hacerlo de nuevo. Busca más drows, mátalos a todos… ¡aliméntame!-

-No… nunca más.- Dijo en voz alta el engendro. No volvería a dejarse controlar por la espada, no quería volver a causar destrucción. Quería paz, quería a la dama alada, y no se rendiría hasta encontrar los que desea.

El engendro llego a una villa, una urbe de gente pequeña que serviría para descansar la noche. Dracul busco el rincón más oscuro, y se quedó allí, esperando que sus ojos se cerraran. Hacia frio, pero el engendro no tenía nada con que cubrirse. Algo se escuchó desde la calle, era una pequeña niña; ella al ver al engendro se asustó, desde su perspectiva, solo veía unos ojos rojos escondidos en la oscuridad.

Dracul noto el temor de la pequeña, y desvió la mirada. De pronto el engendro sintió algo en sus piernas, algo lo había rozado. Cuando quiso ver, había una manta sucia y desgastada a sus pies, no había rastros de la niña, ella dejo el regalo para Dracul y escapó.

Dentro del casco, se había dibujado una leve sonrisa, aunque también un gesto de confusión. Dracul no pensó más y durmió cubierto por la cobija recién entregada.

El engendro tuvo un sueño extraño, no estaba en el bosque, ni estaba en la urbe; se encontraba, al parecer, dentro de un castillo. Miro sus manos, y estas eran normales, tenían piel, miro más abajo, y allí estaba Foxhound, el lobo que despertaba un sentimiento de hogar cada vez que era recordado.  Miro hacia su derecha, y allí había un tipo encapuchado, miro a su izquierda, y allí estaba la dama alada.

Dentro de su sueño, el engendro escapada, miro hacia atrás, y unos seres de pesadilla o seguían, a él y a su grupo. Pestañeo y el escenario cambio, ahora estaba dentro de una habitación,  un tipo de elegante sombrero estaba frente a él, a su lado derecho el tipo encapuchado, a la izquierda, la dama alada.

Nuevamente en un pestañeo, el escenario cambio, ahora Dracul caminaba sobre la nieve, con un ser metálico a su lado, y este cargaba a la dama alada.  El engendro no podía reconocer  al ser  a su lado, pero este le parecía conocido, como si fuera un hermano, como si fuera parte de su alma.

–Amo Necross…- Una voz melancólica se escuchó dentro de la mente de Dracul.

El engendro despertó de un golpe, literalmente, ya alguien lo había pateado. Cuando este abrió los ojos, vio a un hombre frente a él, gritando cosas, demostrando enojo. Cuando Dracul logro escuchar lo que decía, este exigía de vuelta el manto que cubría al engendro. –Sucio monstruo, has manchado la cobija de mi hija. Ya tenemos suficiente con los elfos oscuros, no necesitamos más abominaciones en este pueblo, ¡lárgate de aquí!- Al sujeto violento, más gente se le unió, todos le gritaban cosas a Dracul, este no se inmuto, solo se puso de pie, dejo que la manta cayera por su cuerpo, y se alejó sin voltear.

La multitud enfurecida comenzó a lanzarle piedras al engendro -¿Por qué aguantas que te traten así? ¡Eres más fuerte que ellos! Defiéndete Dracul, ¡mátalos a todos!- El engendro sentía cada  con mucha fuerza la voz de Zalera, su cabeza dolía, así que corrió al bosque antes de que Zalera tomara el control.

Al llegar a los límites del bosque, el engendro comenzó a expeler de su cuerpo un aura oscura, pero esta nacía desde la espada. En su mente escuchaba las voces de mil personas, los gritos de todos los sacrificios que hizo. Dracul dejo clavada a Zalera en la tierra, y el ojo de la mandoble comenzó a moverse erráticamente.

Dracul quedo de rodillas en el piso, intentando apagar las voces en su mente. –Entenderás, que desde que llegamos a este bosque, he estado alimentándome con la energía maligna que aquí hay. Existe en vastas cantidades, y ahora usare esa energía para aniquilar a esa aldea, a los elfos, y a cualquier ser que intente detenerme…- Dracul no podía mover su cuerpo, se puso de pie, no porque quisiera, sino porque ahora la espada lo controlaba.

–Inclusive aniquilare a esa dama alada que tanto atesoras. Solo estaremos tu y yo, no hay nada ni nadie que pueda separarnos.-

–¡No dejes que te controle! ¡¡Pelea Dracul!!-

Una voz conocida se escuchó y acallo la voz de Zalera. –Si se acerca a la dama alada, perderemos toda esperanza. Debes…- Súbitamente la voz se silenció, nuevamente dominaba la voz de Zalera. –Primero este pueblo, he sentido una energía muy pura aquí, será un buen alimento, ¡será delicioso!

El cuerpo no le respondía, el engendro intentaba mantener el control, pero el poder maligno de la espada era mucho más fuerte. Ahora Dracul se convertiría en lo que no quería ser, un engendro



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Re: Lluvias dispersas

Mensaje por Ithilwen Erulaëriel el Jue Abr 10, 2014 9:59 pm

Comenzarás a aceptar tus derrotas con la cabeza erguida y la mirada al frente,
con la gracia de un niño y no con la tristeza de un adulto.
Aprenderás a construir hoy todos tus caminos,
porque el terreno del mañana es incierto para los proyectos,
y el futuro tiene la costumbre de caer en el vacío.

Anónimo.




-No os preocupéis, Thümbriel de Äshkiëht - habló con delicadeza la de cabellos azabaches, cuando ya dentro del cuarto asignado, los enfermos fueron dispuestos sobre sus respectivas camas y ella atendía el dolor de uno de ellos. – Veréis que en breve regresarán y descansarán- dijo, concentrada en la tarea de dar de beber a los suyos. Sólo eran dos los heridos a cargo de ella y el joven hechicero del aire, en cuyas manos había quedado su seguridad. Esa responsabilidad intimidaba al mago de cabellos dorados, pero acataría las órdenes como lo había hecho desde que había escogido su camino al servicio del rey. Ambos se habían quedado en la posada mientras los otros cuatro guerreros se dirigían a escudriñar el poblado humano.

Aunque todos habían arribado a la urbe con magulladuras, cortadas, y heridas, sólo esos dos que ahora descansaban sobre sus respectivas camas estaban en seria gravedad: ninguno sanaría totalmente, y eso sólo ella lo sabía. La imperecedera arremangó sus vestidos, lavó sus manos y rostro, y luego, con la paciencia y el conocimiento que había heredado de los muchos años bajo la mirada exhaustiva del templo, examinó nuevamente a cada uno de sus guardianes. Un brazo cercenado, apenas cauterizado por uno de los sanadores antes de sucumbir; el otro, presentaba graves heridas en el pecho, lleno de pequeñas y profundas laceraciones producto de millones de astillas que había recibido, algunas perforando órganos vitales. La hemorragia interna de éste último estaba controlada, más su debilidad era aún notoria y bien sabía la dama de luz que sólo el tiempo dictaría el rumbo de su curación. Mientras aquel dormía apacible, la otra, de rostro afligido, seguía con insistencia los ojos de su señora.

-Abandonad los malos pensamientos, Mïniël de Büldräht… la tristeza no es la medicina que ahora necesitáis. Ya habrá tiempo de llorar a los nuestros y de que oréis por el alma de ese hijo que ha sucumbido en la oscuridad fría de Abanisia.

Con cuidado la elfa, de porte orgulloso, aun cuando sus vestidos estaban roídos, arrugados y las pieles de animales burdos le protegían, posó su mano sobre el brazo lastimado de la guerrera, maestra de espada, y oró a sus dioses:

-Thëroniëth, lïmt, mörandë, nömmär. Thëroniëth, limtüeth, mento, Aÿiä… ¡Thënëriath des Mëerës!

Una luz pura, blanca, como los primero rayos del sol en el nuevo día, llenó con su calor a la elfa herida. Esta solar de ojos celestes y cabellos como el sol sonrió al sentir el tacto de la cura y su poder de repeler el dolor: la señora de los imperecederos era un alma de sanación y a través de su magia la voluntad de los dioses se hacía presente entre ellos.

-Viëlen Dänk, Ithilwen Erü da näntë (luna bendecida de Dios)- dijo quedamente la enferma.

Ella sonrió mientras una gota de sudor recorría su frente cansada.

-Descansad ahora, hija de la luz.

--//--


Siguiendo las órdenes de la infanta de Erínimar, el veterano Lüdriëlh y Öldrath el “Certero”, como le llamaran por ser uno de los arqueros más venerados de la Ciudad de Luz, siguieron a paso firme la callejuela que llevaba al ala norte de la villa, desde donde se observaban las cúpulas de los árboles oscuros y, al este, las olas briosas que llegaban del mar. La humedad del ambiente hacia una mezcla con el aire malsano del lugar, entremezclado con sales marinas y cierta bruma que se desplegaba desde el bosque hasta el mar. Pero ellos iban ágiles, a paso firme, en sigilo y sobre todo, cubriendo con sus toscas pieles, traídas de los glaciares, aquello que los hacía diferentes a los humanos o criaturas diversas que vivían en cierto equilibrio allí. Creaban un perímetro, vigilaban la oscuridad, trataban de medir entre cada uno de los lugares el riesgo y el acierto de tener a la heredera de la corona del reino de la luz allí, buscaban cómo proteger a la dama de los solares.

Entonces una escena curiosa les llamó la atención:

Dos sombras, que luego se convirtieron en tres, y en breve en diez, estaban discutiendo, cada vez levantando la voz, incluso gritando. Lo que había comenzado como un inocente “Sucio monstruo”, ahora era un conflicto con algo que se defendía toscamente de los agresores.

-Ëtwäs pässiërt dä (algo pasa allí)- susurró Lüdriëlh.

-Jä- contestó el arquero, quien con su mirada de elfo, intensificada por ese entrenamiento en los bosques y en batalla, luego de un tiempo corto, agregó: -Un engendro… un demonio.


Última edición por Ithilwen Erulaëriel el Sáb Abr 12, 2014 7:42 pm, editado 5 veces
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