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Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth
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Las marcas de un guerrero son dignas de orgullo.

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Las marcas de un guerrero son dignas de orgullo.

Mensaje por Pema Eärwen el Mar Oct 22, 2013 1:25 am

La pelirroja tomó un sucio trapo que estaba en su mesa de trabajo y se secó con él, desde la frente hasta el pecho. Estaba mugrosa, llena de cenizas, sudor y aceite, como era usual después de un día completo de larga labor. Su blusa blanca de tirantes estaba algo sucia, pero no tanto si lo comparabas con el esfuerzo que hacía, ésta se adhería a su piel por el sudor que exhudaba, sus pantalones holgados estaban llenos machas y sus botas gruesas parecidas a las de un hombre se encontraban también desgastadas. Cualquiera hubiera dicho que ese no era el atuendo de una señorita, pero como Pema bien hubiera dicho "¿A usted que cuernos le importa?". Ella estaba feliz, nunca había pasado mejores momentos que los que tenía ahora. Contempló su taller con expresión orgullosa, no era el lugar más fino de Thalis Nertheliam, pero era a sus ojos una obra de arte, una que había creado con sus propias manos. Había ahorrado para lograr ese sueño desde los 13 años, haciendo trabajos mierda como criada, cazadora, costurera, carpintera y cocinera, incluso trabajó en otra herrería, con el apestoso pepenatas del señor Dastruss, quien gustaba de tocarle el trasero cuando estaba desprevenida y mofarse frecuentemente diciendole que mejor se fuera a fregar pisos como cualquier otra mujer de "su posición" haría. Sus hermanos, quien provenían de una buena cuna le habían ofrecido una buena cantidad de dinero, para que dejara de magullarse la espalda con trabajos que para sus ojos eran una completa perdida de tiempo ¡Pero esa no era Pema! Ella no era una mocosa mimada, ella era una leona, podría con ello ¿Qué satisfacción tendría si sus hermanos hubieran comprado un lugar cualquiera? Pema era una chica orgullosa, ella quería hacer aquél lugar, como diría ella, su nido, su refugio. Por fin cuando cumplió los 20 años, tenía lo suficiente para construir un lugar medio decente. Compró material y por meses enteros aquél martillo suyo fue su único amigo, hasta que por fin su obra estaba terminada.

-¿Ya es la hora?- preguntó una gruesa voz masculina, sacándola de sus recuerdos. Era Nemphis, su mejor amigo y compañero. Ellos se habían conocido en el taller del señor Dastruss y se hicieron inseparables. Cuando Pema renunció, arrojándole con fuerza su martillo en la cara del vejete pervertido, Nemphis no dudo en seguirla, ese recuerdo los hacía reír frecuentemente. Él siempre la apoyó en su sueño y cuando Pema por fin logró realizarlo no dudó en que quería que él formara parte de él. Ellos eran los únicos que trabajaban en el taller.

Pema asintió con una pequeña sonrisa cansada, sus tripas rugieron. Nemphis se acercó a la gruesa puerta del establecimiento y la cerró, dando por terminado el día. Se sentó en una mesa de madera que ahí se encontraba y le sonrió burlonamente a Pema -Si dejas un minuto más esa sopa ahí, se evaporará- le recordó, Pema maldijo por lo bajo y se apresuró a apagar el fuego donde hervía una gran cacerola de sopa de patatas. Sirvió dos cuencos y cortó una hogaza de pan, sirviendo cena para ambos.

-¿Y este día piensas ir a la cama temprano?- preguntó el hombre con la boca totalmente llena de pan, la pecosa le arrojó un cucharón de madera disgustada por sus malos hábitos.

-Aún tengo trabajo- suspiró revolviendo su cuenco, descansando su cabeza en su mano.

-Un día de estos desfallecerás-le dijo su amigo reprobatoriamente.

-¡Por fin tenemos clientes! No pienso fallarles- refunfuño Pema con decisión. Terminando la cena, Nemphis se despidió y salió del taller. Pema le despidió sonriente, antes de volver a su mesa de trabajo. Volteó a los lados, esperando que los asesinos imaginarios salieran de su escondite. Cuando vio que el terreno estaba seguro sacó de bajo de unas de las tablas del suelo un pequeño cofre, y al abrirlo ante ella vio un paisaje lleno de brillantes colores,  piedras preciosas de todas las clases. Al instante un desagradable deja vú le llegó.

Puso las joyas sobre su mesa. Debía crear una buena espada y querían que la empuñadura tuviera estas preciosidades. Se había ganado la confianza de unos tantos en la ciudad y esta tarea le fue encomendada. Muchos creían que la herrería era puro trabajo pesado, dando martillazos con fuerza bruta, pero era más que eso, era un arte crear una buena arma. Saco unas pinzas y con delicadeza comenzó a trabajar, mientras dejo que los recuerdos de ese horrible día la inundaran.


Hace un año

-Me han hablado mucho sobre ti- dijo el "su alteza serenísima" que se posaba delante de ella, viéndola como si fuera un desagradable insecto. Pema no dijo nada, se limitó a mirarle con confusión. El hombre le tendió un cofre y Pema casi se desmaya viendo las joyas que en él había.

-Su señoría desea una espada y quiere que tenga estas piedras preciosas en ella. No quiere cualquier espada- le miró de forma significativa y en seguida Pema comprendió, querían su habilidad en runas, aquél tesoro invaluable que le había dado su maestro. Ella no era ni la mitad de buena de lo que él era, aún tenía tanto por aprender, sólo podía hacer un par de cosas básica como aumentar su resistencia, pero comprendía, debía ser la herrera rúnica más cercana en la zona y los enanos no solían ser criaturas amorosas.

-Debe estar lista en dos semanas, y debes entregarla en el castillo del Señor. Cualquier falta de una joya, aunque sea mínima y cortaremos ese niveo cuello que usted poseé- dijo el hombre con arrogancia, el hombre no entendía porque su amo exigiría un arma de una mujer y más aún, de una chiquilla como aquella. Pema le miró fúrica y se recordó respirar profundo "Piensa en el pago..." se decía. Finalmente el estirado se fue y Pema se puso manos a la obra. Su taller apenas tenía unos meses, era su primer pedido de importancia, puso todo su empeño en aquella espada, hasta que quedó terminada. Cual fue su hastío cuando descubrió que "el poderoso señor" vivía al otro lado del mundo, debía pasar por caminos inestables y llenos de ladrones.

Tomó a su leal caballo Fury y se dispuso a iniciar la travesía que le llevaría 3 días. Pema estuvo todo el tiempo con los vellos de punta y la paranoía hasta la coronilla ¿Qué no podía "el poderoso señor" llegar con sus 30 000 guardias al taller o enviar a alguien? "¡Maldita aristocracia, maldita sangre azul!" Cuando por fin llegó al castillo ni si quiera le dejaron pasar, tomaron la espada le arrojaron un saquito con 1 kull de oro y 2 de plata y la despidieron con una patada en el trasero.

Pema estaba que explotaba, sin embargo ver su pago por su esfuerzo la relajó un poco. De mejor humor subió al lomo de Fury dispuesta a largarse de ahí. Cual fue su reacción al escuchar unos extraños ruidos detrás de ella. Su corazón martilleaba con fuerza amenazando con salir por su boca y un sudor frío recorrió su frente. Sin embargo antes de poder pensar en una solución, seis hombres armados montados a caballo, se posaron delante de ella, impidiéndole pasar. Fury relinchó y se agitó mientras Pema veía con temor la escena.

Ella no era una hechicera, no era una guerrera ¡No era nada! más que una presa fácil.

-Baja del caballo preciosa, y no te haremos daño- sonrió uno de ellos perversamente.

¿Qué podría hacer? Si huía, era obvio que la alcanzarían, si peleaba era obvio que la superarían, sin embargo fue un acto reflejo, no lo pensó, envió a Fury a la dirección contraria a sus atacantes, a todo galope. Con sus manos temblorosas rebuscó en sus bolsillos sus explosivos y los activó, podía escuchar el trote de los otros caballos tras ella. Tiró la primera bomba, que causaba una fuerte cortina de humo, eso le daría tiempo de una rápida huída. Escuchó la tos sofocada de sus atacantes y siguió andando y andando, pero pronto los balazos se hicieron presentes y con horror Pema siente como uno de los balazos le roza el brazo, grita, tiene miedo, siente dolor. El estruendo asustaba a Fury quien pataleó hasta dejar a la chica en el suelo y huye, al menos su dinero huía a salvo con su caballo. Se cubre su brazo sano, el cuerpo le duele por la caída, su brazo no deja de soltar aquél líquido rojo tan preciado. Escucha a los ladrones detenerse y acercarse a ella.

-El caballo se ha ido señor- se queja uno de ellos. Pero el líder de los maleantes sólo tiene ojos para la pelirroja de ojos esmeralda que tiembla como una hoja al viento. Está claro que no se irán sin recompensa. Se acerca a la chica y la coge por los cabellos, Pema ya tiene la vista nublada, sólo espera estar inconsciente para cuando aquél episodio pase, sabía lo que le esperaba. El hombre aspira profundamente su aroma y Pema no puede evitar soltar un patético gemido de dolor, de miedo, de desesperación.

El hombre comienza a besar su cuello y su hombro, de arriba a bajo y ella lo único que piensa es que nunca se había sentido tan humillada en su vida, sólo sabía que no sería su único final, no pensaba irse de aquí sin llevarse a alguien consigo. Con manos temblorosas busca en aquél escondite en su pierna, donde había guardado uno de sus únicos recursos de protección. Clava la filosa daga en el cuello del monstruo, sintiendo como su sangre chorrea por sus brazos y con sus última fuerzas intenta estrangularla. Cae muerto a su lado.

-¡Maldita perra!- gritan todos, sacando sus armas de fuego nuevamente. Pema sólo sonríe, bastardos todos ellos. Cierra los ojos esperando el inminente fin. Que nunca llega, pues ahí pasaban  los guardias de la ciudad, milagrosamente, ese no fue su fin.

-Fin del flashback-

Miró la cicatriz que se posaba orgullosa en su brazo izquierdo. Aquél suceso la marcó de por vida, le enseñó que era comer o ser comido, fue la primera vez que quitó una vida. Después de eso, se prometió no volver a ser una damisela en apuros, ese evento la hizo fuerte. esa cicatriz sería un recordatorio de la guerrera que debía ser.
Pema Eärwen
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Re: Las marcas de un guerrero son dignas de orgullo.

Mensaje por Mister Orange el Mar Oct 22, 2013 2:05 am

Ok, todo en orden, lastima que no perdiera el brazo de cuajo, pero quizas en otra oportunidad.
Mister Orange
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