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Lo que dure la pesadilla

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Lo que dure la pesadilla

Mensaje por Arthur fon Ronsenburg el Mar Oct 22, 2013 5:23 pm

Una luz rojiza cubrió las lunas, como un rayo paso ante sus ojos, la noche se sintió más oscura que antes, el caos estaba a punto de desatarse sobre esta tierra, y un enfermo fue su anunciante. El primero de muchos cayo en cama en el mismo segundo que las lunas se cubrieron de un color carmesí.  Muchos fueron los que pudieron ver el evento, algunos sintieron terror, otros admiraron como las lunas cambiaban su color, un espectáculo maravilloso sin duda; pero este dio paso a días oscuros que pronto llegarían.

Como dije antes, con el tinte de las lunas cayo el primer enfermo, un tipo común, de familia amigable, en una ciudad desconocida. Sus síntomas eran iguales que los de la gripe, el tipo vomitaba, tenía fiebre, y una descomunal hambre, con nada se sentía satisfecho.  El tipo estornudo en la cara de su esposa, un grave error fue no taparse la boca. La esposa del tipo sin saberlo fue la segunda contaminada. Pronto la enfermedad se extendió por toda la ciudad, como era por aire, fue fácil que los niños con un menor sistema inmunológico cayeran.

La noticia de que toda una ciudad fue infectada en menos de una semana corrió rápido por el mundo, muchos se enteraron de esto, los médicos más experimentados llegaron a la zona, que se declaró en cuarentena por su gobierno. Intentaron buscar una cura, pero como en estos tiempos no hay mucha tecnología, o medios para mantenerse fuera de la enfermedad, los mismos médicos resultaron infectados, y cuando volvieron a sus hogares, esparcieron la infección.

En otras ciudades, la infección prolifero a una velocidad alarmante, casos de muertes por la enfermedad aumentaban por cada segundo que pasaba.  Los rumores de un ejército de cadáveres llegaron a los oídos de mucha gente, decían que un nigromante muy poderoso atacaba las ciudades, acababa con sus habitantes, e iba en busca de la siguiente, decían que era poderoso ya que más de mil cuerpos muertos estaban a su disposición.

Ellos creían que era un nigromante.
Eso solo quedo en rumores, ya que nadie creía que alguien podría ser tan poderoso, no lo creían hasta que ellos mismos lo experimentaban, pero como nadie quedaría con vida, los rumores seguirían siendo rumores.

Nuevamente,  las lunas se cubrieron de un color carmesí.

Es de noche, está a punto de llover, y en una ciudad perdida de Thonomer, la horda llego sin avisar.  Las tropas se alistaron al combate, pero no eran demasiadas, la mayoría estaba enferma.  No fueron suficientes, la armada de muertos llego a la ciudad, entraron a las casas, devoraron a sus habitantes, y continuaron.  La horda evitaba los grupos armados, pero eran lentos, ellos volvían a morir a manos de los habitantes de esa ciudad.

Como el ejército de esa ciudad no fue suficiente, más de una persona que no tenía nada que hacer allí se unió a la batalla, otros buscaron gente para ayudarlos a refugiarse, allí es donde Arthur, un antiguo pirata, ayudaba a la gente que intentaba escapar del caos.

En la horda de muertos, se podía ver no solo humanos, también había orcos, trasgos, diviums, elfos, enanos, etc. La infección no discriminaba a nadie, y atacaba a todos por igual. De pronto pareció que a la horda de muertos se le unieron refuerzos, ya que su número creció descomunalmente. ¿De dónde vinieron? En ningún momento se vio al grupo acercarse por ningún lado, ¿tal vez ya estaban aquí? Podría ser, pero nadie se concentra mucho en eso, solo intentan salvar sus vidas, escapar de la masacre que se está creando allí.

Una caravana salió de la ciudad, dejando atrás cientos de personas, que imploraban que se detuviera, que los llevaran con ellos. En ese momento apareció el antiguo pirata, ahora esgrimista. Arthur les decía que se fueran con ellos, que en esta ciudad no sobrevivirían, pero un grupo de mucha gente, siempre será blanco fácil para los enemigos, así que deberían irse ahora, mientras la horda aun esta en esta ciudad.

Eran quince personas, doce humanos y tres criaturas humanoides. Ellos escaparon a los bosques, para desgracia de ellos, la horda los siguió. Uno a uno comenzaron  a caer, siendo devorados por enjambres de muertos al momento en que tropezaban o eran alcanzados. Dejando atrás a sus nuevos camaradas, Arthur guio al grupo fuera del bosque. No había un lugar real donde pudieran esconderse, ya que llegaron a un claro, y donde viera solo se veía más bosque. Para su suerte (o desgracia) encontró una pequeña villa, una aldea pequeña. Estaba vacía, Arthur no se atrevió a gritar por ayuda, ahora en su grupo solo quedan diez personas.  Como parecía no existir vida, El esgrimista busco una casa grande donde ocultarse.  Más cadáveres reanimados aparecieron, dejando en cinco el número de sobrevivientes. Arthur entro en cualquier casa, o único que quería hacer era refugiarse, descansar un poco, y recuperar las fuerzas, ya que la fatiga era demasiada. Antes de lograr entrar, una persona se quedó atrás, dejando a Arthur con un humano y dos humanoides.  Entre ellos cubrieron la entrada,  ya estaba por amanecer, y la horda  se desvaneció tan pronto aparecieron los primeros rayos de sol.

El esgrimista suspiro con alegría, lo peor ya había pasado. O eso creía él.
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Re: Lo que dure la pesadilla

Mensaje por Charles Redwings el Miér Oct 23, 2013 12:11 am

Todo había comenzado a ir de mal en peor aquella noche donde el cielo se tiño de carmesí. A lo largo y ancho de todo Noreth, muchos se preguntaban que era aquello y a que se debía. Monarcas, grandes magos, caballeros y simples y modestos campesinos, todos, se hacían sus propias paranoias sobre aquel extraño fenómeno. Incluido yo, un joven de oscuros y despuntados cabellos, mientras pasaba la noche junto a los caminos, en medio de un viaje a Phonterek para visitar a un viejo amigo. Aquel fenómeno no hizo otra cosa que causarme un escalofrió que recorrió toda mi columna vertebral de parte a parte, acompañado de un impropio temor.

Aquella misma noche, mientras los cielos aun estaban teñidos de rojo, no dude e invoque a mi Lilim, Asmodeus, demonio con la que mantenía un estrecho contrato que la ataba a mi y la obligaba a acatar mis ordenes y deseos. Así pues, pensando que quizás alguien del mundo demoníaco supiera sobre aquel extraño fenómeno, le pregunte que sabia sobre aquello que estaba pasando. Una risa fue todo cuanto salio de sus labios, antes de anunciar que desconocía que causaba aquello. Mas dijo también que no era la primera vez que algo así cubría la tierra, y que hacia muchos, muchos años, un antiguo Amo le había echo las mismas preguntas bajo el mismo cielo rojo como la sangre.

Jamas volvió a ser invocada por el después de aquello. Su contrato fue roto al poco tiempo y nunca se supo mas de aquel sujeto, ademas de que no fue convocada por ningún otro hechicero hasta muchísimo tiempo después de aquel suceso. Aquello por supuesto, había ocurrido hace cientos de años, sino quizás mas de un milenio atrás, según las palabras de esta. Aun así, eso no quitaba que tuviese una muy mala sensación sobre aquello. Parecía que algo malo y terrible iba a ocurrir.

Nunca jamas había deseado estar tan equivocado. Desde que empece a oír noticias de que los muertos estaban regresando a la vida, supe que aquello se iba a poner mucho peor. Un nigromante poderoso era la causa de aquello decían. Pobres necios. En cuanto me encontré por primera vez con aquellas..."criaturas" que ya no podía catalogar de ninguna forma como humanas o de cualquier raza común, supe lo que era el autentico terror, por primera vez en mi vida.

Mas, quizás por suerte, quizás por el destino, conseguí huir de aquella reciente y cada vez mas amenazante horda de seres en apariencia no-muertos. Y tras una serie de sucesos en los que lo había perdido todo salvo mis ropajes ya algo desgastados y mis fieles garras de acero, las cuales me habían salvado la vida en mas de una ocasión desde el comienzo de aquel apocalipsis, me encontraba ahora en una casa en medio de una villa desierta de toda vida, salvo por las otras tres supervivientes que me acompañaban. De dos de ellos desconocía incluso el nombre, pero del tercero era incapaz de olvidarme a cada segundo.

A fin de cuentas, de no ser por Arthur y su liderazgo, los pocos que quedábamos allí ni siquiera hubiéramos pasado del primer día fuera de las murallas de la ciudad en la que nos habíamos ocultados, como sucias y cobardes ratas. El nos saco a unos pocos de allí y tras un viaje en el que perdimos a muchos, habíamos logrado llegar hasta esa casa, relativamente seguros desde hacia un rato, en cuanto el sol salio y las hordas de gules, como así los llamaba yo, se escondían o sencillamente se iban en busca de presas. La habíamos fortificado levemente en la entrada al llegar, pero mas allá de eso, aquella era una casa común, si ignorábamos el polvo, que demostraba que aquello llevaba sin inquilinos mas tiempo del deseado.

Aun así, ese seria su hogar, al menos por las próximas horas, esperaba. Lo deseaba de veras en el fondo de su corazón, aunque su generalmente inexpresivo rostro no lo demostrase.  

Ahora, me había limitado a subir a una de las habitaciones del piso superior, y me había sentado frente a lo que parecía haber sido el despacho de alguien. Un hombre de negocios, un comerciante quizas, por lo que pude ver en algunos papeles que había encontrado por la misma. Me senti cómodo en la silla que debió de pertenecer al señor de la casa, el cual posiblemente se encontrase muerto. Ojala que si. Estar muerto debía de ser mucho mejor que todo aquello. Mas aun así, mis pensamientos volaron sentado en aquella, sorprendentemente cómoda, silla.

"¿La situación en todo Noreth estará igual? Alguien...algo..debe de haber sobrevivido...si..debe de haber algo... " Me mordí el cuero de mi dedo pulgar molesto mientras pensaba y pensaba. Ahora que habían llegado tan lejos, que debían hacer y hacia donde debían de ir era lo que mas le importaba. El mar era la opción a ojos de Charles mas segura. Pero este estaba demasiado lejos de ellos como para planteárselo siquiera....al menos, en situaciones normales. Y esta no lo era.

"Situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas" Termino de pensar mientras se decidía a levantarse de la silla e ir a buscar a Arthur para hablar y planear algo. El sonido de sus guanteletes, los cuales tenia dentro de un zurrón de tela atado a su cintura para usarlos con rapidez en caso necesario, tintinearon en cuanto salí de la habitación, dispuesto a encontrarme con el viejo lobo de mar.
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Re: Lo que dure la pesadilla

Mensaje por Cynertryth D. Mosshart el Miér Oct 23, 2013 7:17 am

Este post, contiene material sexual explicito y lenguaje que puede ser considerado obsceno o vulgar.
No es mi intención ofender a nadie. Léanlo bajo su propia responsabilidad.



Post I

Desperté con un horrible dolor de cabeza y sabor a vino en la boca. Me sorprendió notar que era de noche; o al menos estaba muy oscuro. Me senté en la cama y me llevé las manos a las sienes para apretarme la cabeza. El piso estaba frío y yo estaba desnuda; desnuda salvo mis brazos; de alguna manera siempre me las arreglaba para conservar mis mitones negros en su lugar.

Me tallé las cicatrices de las piernas, a veces picaban, luego puse la palma de la mano en la delgada sábana que cubría el colchón; estaba húmeda, mucho. Me dolían las alas. Se me movió el estomago y algo regreso a mi boca. Corrí apenas, tambaleándome en la habitación hasta el baño. Sin alcanzar a llegar, vomité. Podría decir que ahí iban mis tripas si no hubiera reconocido la cecina entre la pasta rojiza de vino y bilis que me había embarrado en los pies. Salvé, por poco mi cabello.

Me limpié la boca con el dorso de la mano y regresé sobre mis pasos a la cama; la noche, o lo que parecía ser la noche estaba roja, nubosa detrás de la ventana; mientras caminaba, los acordes de mi última invención bailaban en mi cabeza al ritmo de las dolorosas punzadas que daban los tiempo del bombeo de mi corazón. Una botella de vino en la cama y una pipa de opio junto a ella me recordaron, solo un poco algo de lo que había pasado anoche.

Había terminado de tocar mi repertorio en el espacio que el posadero me dio en su bar. Una pareja que me había ido a ver tocar desde el primer día se me acercó al terminar la presentación; el chico era muy atractivo, y está demás decir que su chica podía ser la hermosa modelo de un pintor; me invitaron a tomar unas rondas con ellos. Al anochecer, nos habíamos ido a un fumadero de opio. Conseguimos ahí un poco más de vino, además del opio, y después de fumar un rato, nos habíamos ido directos a mi habitación en la posada. Pero ya no éramos sólo nosotros tres; más gente se nos había unido.

Nos drogamos y bebimos, cantamos hasta que el posadero subió a callarnos; al final se unió. Ya no recuerdo cuantos fuimos al final; ni cuantas vergas tuve en la boca. Sólo me llegaban como flechazos los recuerdos difusos de un desconocido dándome por atrás, en posición de perro mientras éste me tiraba con fuerza de las alas mientras yo lamía vino de las tetas de una pelirroja a la que otro tipo follaba por la boca.
En mis recuerdos, otras parejas, o tríos, no sé, estaban regados por la habitación.

Volví a sentarme en la cama y tomé la botella de vino, todavía tenía un poco, y bebí de esta. El dolor de cabeza se amainó un poco, pero me sentía temblar. ¿Por qué estaba oscuro? ¿Por qué la noche es roja? Con una cabeza como la mía, en los límites de la realidad y las alucinaciones, me costaba trabajo diferenciar y escoger que era real o no.

-Maldita sea.- Dije. –Otra vez estoy alucinando; un día de estos me voy a quedar loca de verdad; mira ahora habló sola.-

Decidí salir a la calle y respirar un poco de aire fresco. Me vestí con calma mientras comprobaba que todo estuviera en orden y en su lugar. Mientras recogía mis cosas, me encontré con una pareja de hombre tirados, durmiendo en el piso, totalmente desnudos; los miré con calma tratando de recordar sus rostros; nada. Bueno, al menos no eran feos, pensé. Todas mis cosas estaban; todo menos mi guantelete de acero del brazo izquierdo. Eso me molestó.

-Mierda, ahora me vine a meter con un maldito ladrón.- Dije. Y Justo después de quejarme uno de los tipos hizo un gemido, se movió un poco sin despertarse, abrazó al otro tipo y luego se quedó tranquilo. Eso me hizo reír, el tipo tenía frío.

Salí caminando de la habitación con todas mis cosas, por el momento no me sentía con fuerza o ánimos de volar. Al salir de la posada, me llamó la atención ver que las calles estaban como desiertas, pero eso me agradaba; tomé la guitarra en posición de ejecutar y comencé a arpegiar con suavidad una balada. Pronto, por la desierta calle, se recortó la silueta de una mujer. Sin detenerme, caminé hacía ella, y ella hizo lo mismo, aunque su caminar era raro, lento y torcido como si estuviera herida. Me acerqué con un poco más de velocidad dejando de tocar. Cuándo la tuve enfrente la reconocí, a penas. Debajo se rostro demacrado y torcido, debajo de las supurantes heridas en sus hombros, debajo de la piel azulada y necrosa, debajo la sangre en todo su cuerpo estaba la mujer pelirroja de mis recuerdos.

Un nuevo flechazo me hizo recordar que en la vorágine de alcohol, ella se había puesto mi guantelete, y aun lo llevaba.

-¡¿Pero qué mierda te paso?!- le grité.

Pero no hubo respuesta, solo gemidos. Di un par de pasos atrás y tomé mi ballesta. La chica, o sus despojos no se detenían y una mirada de sádica se reflejaba en sus muertas pupilas. Tuve miedo, y cargué una flecha.

-¡¿Pero qué mierda te paso?!- repetí con más fuerza.
No me gustaba sentirme acorralada, así que le apunté a la cabeza con la ballesta.

-¡No te acerques o te vuelo la cabeza!- Grité amenazadoramente.

La mujer abrió la boca, escurriendo un torrente de sangre de ésta. No se detuvo. Más bien, se precipitó con violencia. Contuve la respiración y solté la saeta. El proyectil surcó el aire y se clavó de lleno en la frente de la pelirroja, que se desparramó al piso pesada y torpemente. Coloqué una nueva saeta en la ballesta y me acerqué.

-¿Pero qué coño..?- Comencé a decir, pero un movimiento brusco de la mano de la mujer me interrumpió; instintivamente, disparé una segunda flecha contra esta, clavándola del hombro contra el piso. Se quedó inmóvil.

Me acerqué para verla de cerca; parecía muerta, incluso olía como una. Me puse a su lado izquierdo y dejando la ballesta en el piso, me incliné para quitarle rápido mi guantelete. Era un asco estar junto a ella, y vomité un par de veces en mi boca antes de poder quitarle por completo la pieza de mi armadura. Cuando se la quité por fin, sacudí las partes en el aire un poco, y sin perder mucho tiempo me las coloqué. El acero no había conservado el olor a muerte de la pelirroja. Me incliné un poco sobre el cadáver y jalando con fuerza, le quité la saeta que tenía en el hombro. Un borbotón de sangre salió cómo con esta. Agité la flecha para quitarle los restos de piel impregnados y luego la guardé en el carcaj.

Me incliné de nuevo para retirar la flecha en su cabeza. Tiré de ella con fuerza, y al sacarla, el cadáver de la pelirroja abrió los ojos y dando un grito violento me lanzó una mordida. Instintivamente me erguí con rapidez y poniendo todo mi peso al frente comencé a darle pisotones en la cabeza.

-¡Qué mierda te pasa! ¡Qué mierda eres! ¡Qué mierda te pasa! ¡QUÉ MIERDA ERES! ¡MALDITA PUTA VETE A LA MIERDA! ¡¡¡MAL-DI-TA-PU-TA!!!-

Le pisé la cabeza con fuerza tantas veces que su cabeza quedó hecha pulpa bajo el talón de mis botas. Y por fin dejó de moverse. El asco de la resaca, el sabor a vino en mi boca, el hecho de recordar lo que horas antes había hecho con la tipa esta, su cerebro en mis botas y el olor a cadáver me hicieron vomitar de nuevo. Vomité justo sobre el pecho y lo que quedaba de la cabeza de ella.  Guardé la saeta que tenía en la mano en el carcaj, me limpié la boca otra vez con el dorso de la mano y me apreté los ojos con los dedos, tenía la mirada un poco borrosa, por las lágrimas que siempre provoca vomitar.

Por las calles vacías, el eco de muchos pasos comenzó a sonar. Miré en derredor y vi muchas siluetas que se acercaban, en la nubosa penumbra, cerca del amanecer, no distinguí más que sombras lentas que reptaban y caminaba lentas y torpes. Con mucho esfuerzo, comencé a aletear, hasta levantar vuelo, la fuerza hizo que me doliera la cabeza un poco, pero era necesario. Volé. Volé hasta el vacio techo de piedra de un edificio. Las cosas, se habían quedado torpemente detrás. Cargué una saeta en la ballesta y esperé el sol.
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Cynertryth D. Mosshart

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Re: Lo que dure la pesadilla

Mensaje por Mayla Erulaëriel el Miér Oct 23, 2013 9:43 pm

La joven elfa creía que la primera noche moriría, se acosto bajo la luz de las estrellas en un claro del bosque, y vio como las lunas se tornaban de rojo, en ese momento tuvo un mal presentimiento.

Desde hacía algunos días cuando merodeaba por la cuidad que acababa de dejar, note... Una extraña gripe... Por suerte nadie llego a estornudar cerca de ella, pero si opto por salir de allí cuanto antes, ya que ese tipo de cosas viaja por el aire y podría contagiarse, además de que en esos momentos no estaba en condiciones económicas, ni para comprar medicina ni para hacerla por ella misma,  si busco los ingredientes para ello y me da fiebre o algo parecido no aguantaría mucho y moriría antes de poder encontrar las plantas, antes de partir hacia en bosque en la madrugada, vi , en la ventana de una casa, como una madre cuidaba a su hijo, se podía apreciar en la escena que el chico tenía fiebre y que ella le ponía compresas de Hielo, o un paño mojado en la frente para bajarsela, el chico tosía, podía ver que cada vez se ponía peor, la escena la contemple por varios minutos entonces la luz de la vela se apagó.

Yo comencé  a caminar hacia el bosque,  entonces comencé a sentir un mal presentimiento, no había dormido en toda la noche y ya casi amanecía, ahora que lo recordaba… antes de llegar al último pueblo había estado, había escuchado rumores de unos hombres que viajaban en una carreta, por el mismo camino en el que iba, de una enfermedad, decían que si  te contagiabas con ello morirías, pero en seguida resucitas  otra vez con propósitos diferentes, no le puse mucha atención a la conversación hasta que menciono los síntomas, comenzabas como con una liguera gripe, después venia la fiebre y si estornudabas el virus viajaba por el aire... Me quede parada en seco... Levante un poco más la cabeza y luego la moví en señal de desaprobación, de seguro eran chismes sin sentido.


Pero lo que había oído se convirtió en realidad, para entonces las lunas ya se habían puesto rojas y una semana después fue cuando llegue al pequeño pueblo, los rumores se  habían aclarado más y más a pesar de que en un principio no creía en lo que los hombres habían dicho sobre eso, pero al ver los síntomas, no dude en salir corriendo del ultimo pueblo en el que estuve,  nunca pensé que lo que el viajero describió como hambre, seria carne humana. Y desafortunadamente o afortunadamente no sé qué sea mejor, lo tuve que descubrir por mí misma.


Ahora estaba acostada sobre un montoncito de hierbas, en una parte clara del bosque, me había quitado la espada de la cintura y el arco y el carcaj de la espalda, la capa de cuerpo completo me estaba sirviendo en esos momentos como manta para resguardarme un poco del frio y que no se abriera mientras me sentara, comiendo un poco de frutas secas,  bebiendo agua, viendo la luna roja, no había tenido el valor para encender una fogata, primero porque nunca sería capaz de cortar una sola planta a menos que no sea por una necesidad extrema y segunda porque no tenía los instrumentos para hacerlo correctamente.

Aquella noche iba a ser turbada, me senté inmediatamente y cerré los ojos, algo se acercaba a mí con pasos tan lentos como los de un Caracol, podía por las pisadas, que un leve sonido lo acompañaba, un goteo de algo que parecía ser agua o algo por el estilo, pero este goteaba cada vez que sonaban sus pasos, el número de pasos o de pies se incrementaron.
Abrí los ojos agarre la mochila que traía conmigo, me puse la capa una vez más, me acomode la espada a la cintura, el arco y el carcaj a la espalda  y comencé a caminar, algo me decía que si no dejaba la mochila, me alcanzarían pronto... ¿Pero espera?, porque estas huyendo, y ¿si son humanos comunes?,  nunca puede uno saber...


Una sensación de terror me recorre la espalda, infundada desde mi cabeza, no puedo hacer más que correr, algo me dice que estoy en peligro, puede que mis sentidos me engañen, pero también puede que los rumores y todo sean ciertos depuesto de todo, lo comprobé con la fiebre del chico y los demás cosas rondando pero... Aun así , nada me asegura lo contrario, al adentrarme en el bosque encontré una cabaña, mis esperanzas se iluminaron, al ver la luz de una vela desde la ventana, pero pensé también que podía atraerlos, corrí hacia la casa, al llegar a la puerta, me la encontré entreabierta, dude por un segundo si entrar o no, me quite el arco de la espalda y saque una flecha del carcaj, la coloque, entonces patee la puerta, esta choco con la pared de madera de la casa produciendo un ruido sordo, me pare frente a la entrada y apunte dentro, casi inmediatamente salió una tipo, no tenía un brazo, abría y cerraba la boca queriendo morder, corrí hacia atrás, no podía perder de vista la cosa que me perseguía,  le dispare una flecha al pecho, pero no dio resultado, por lo menos este cayó al suelo y se retorcía, le puse el pie en la cabeza y otro en el pecho para que no se moviera , saque la flecha y rápidamente le aplaste el cráneo, entonces dejo de moverse.

Entonces así era como se mata a uno de esos…  además de que los matas si les aplastas la cabeza, los atrae el ruido…

La vela que estaba prendida se apagó al abrir la puerta rápidamente, ya que todo el aire del bosque entro por este, no me atreví a prenderla de nuevo, ya dentro, una cosa tenía en claro, no podía dejar que me atraparan, eso significa, viajar ligera, solo con lo necesario. No me fije ni siquiera en que tenía la casa, solo me limite a recorrer las habitaciones por si acaso

El piso es de madera, al igual que las paredes y el techo,  husmee todas las habitaciones de la casa, no había rastro de los dueños parece que aquí estaba segura por ahora, pero no podía quedarme mucho tiempo todavía estaban los que había oído antes, tenía que apurarme, guarde en una alacena mi mochila, saque de ella la armadura forjada en mi reino, me puse las rodilleras, coderas, la pechera que me llegaba hasta los hombros, todo lo hice rápido no quería perder el  tiempo, las armas ya las tenía conmigo, la bolsita con los Tetsubishi que tenía en la mochila me la colgué en el short, ya estaba lista.

Podía escuchar los pasos de los últimos a los que había oído, ahora sabía que Tierra firme no era seguro lo mejor era andar sobre los árboles, pero no podía hacerlo siempre. Guarde la mochila en la alacena otra vez y cerré las puertas de esta en la mochila ya solo quedaba mi ropa, la comida y el agua, no sabía cuánto tiempo iba a estar sin comer, dormir o tomar agua así que mejor estaba preparada, podría cazar, o simplemente podía beber agua de algún rio, por lo pronto debía encontrar un refugio o alguna cuidad donde encontrar comida de nuevo.

Salí de la casa y comencé a correr lo más rápido que pude por el bosque, esperaba no toparme a ninguna otra bestia, pero mis rezos fueron en vano,  una de esas cosas se me atravesó en frente, no tuve más remedio que cortarle la cabeza con mi espada, y asi cada que me iba encontrando con uno, debía evitar las mordidas lo más que pudiera, tenía el presentimiento de que algo pasaría si me dejo morder.  Subí a la copa de un árbol, me sorprendí al saber que no me quedaba mucho para el siguiente pueblo, pero no podía estar segura de lo que había allí, baje del árbol y me dispuse a seguir corriendo para llegar al pueblo próximo.


Última edición por Mayla Alissa el Miér Oct 23, 2013 11:45 pm, editado 1 vez
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Re: Lo que dure la pesadilla

Mensaje por Geddry el Miér Oct 23, 2013 11:32 pm

Los desafortunados sucesos que ocurrían en aquel pequeño poblado perdido de la gracia de Dios, eran demasiado extraños como para ser explicados con simple lógica o experiencia en el tema. Era bien sabido por cada persona de los alrededores que una extraña enfermedad estaba emponzoñando el aire, contagiando a todo aquel pobre diablo que tuviese la mala suerte de tener contacto con otro enfermo. Los síntomas eran simples y comunes, similares a un simple resfriado, eso fue lo que la ayudo a extenderse tan eficazmente por la tierra. Las victimas de aquel misterioso mal, caían en cama con una fuerte fiebre, y bañados en la lluvia argéntea de la ignorancia, los aldeanos trataban a los afectados exactamente para eso, con paños humedecidos y rodajas finas de papa, trataban de bajar su delirio febril, solo para darse cuenta que la fiebre solo aumentaba, lo hacía hasta tal punto que la victima terminaba por ceder ante la enfermedad, pero no por mucho tiempo, pues enseguida los cuerpos frescos se levantaban llenos de ira para acabar con el sufrimiento de los vivos. Armados con una furia implacable y un hambre insaciable, se alimentaban de sus antiguos amigos, de sus hijos y sus familias, de sus vecinos, de todo aquel que osase ponerse frente a ellos, y tal como los muertos andantes cuando caían en los dedos esqueléticos de la parca, los cuerpos carentes de alma volvían a levantar la tierra de los caminos.

En poco tiempo, el poblado entero cayó en las garras de la no muerte, fue solo cuestión de tiempo para que todos los poblados de los alrededores se le unieran en la terrible desgracia de la infección. Así, poco a poco, cada rincón de aquel olvidado lugar fue perdiendo cada muestra de vida que antes poseía, todo a manos del enjambre de muertos vivientes. Pronto, los caminantes eran demasiados para el pequeño terreno donde nacieron y siguieron el único camino lógico, comenzaron a separarse en pequeños grupos, cada uno con una dirección distinta, así que en días la horda, que en un principio no eran más que un millar de humanos en proceso de descomposición, ahora era conformada por cientos de enanos, orcos, diviums y elfos, era todo un muro de muertos imparables.

En un principio, los grandes reinos y los poderosos monarcas de estos, estaban conscientes del suceso que acontecía en la lejana Thonomer, pero decidieron hacer oídos sordos ante los lamentos de la gente, alegando que era un problema exclusivo del norte, por lo era responsabilidad de La aguja del norte y sus guerreros de la orden de la armadura blanca controlarlo. Eso fue en un principio, pero ahora mismo la situación es demasiado grave como para volver a ignorarlo. Hace ya una semana que nadie sabe nada de Tirian Le-Rain y su regente Lord Dragonites, y los consejeros de los grandes reyes del sur se están preocupando. El acontecimiento es tal, que humanos, enanos, orcos y elfos se han unido en un consejo secreto para afrontar la situación, deliberando en que será enviado un representante de cada raza para investigar lo que sucede en las heladas tierras del norte, para así controlar lo mejor posible la situación. También se dijo que nadie fuera de ese círculo podrá saber nada, ni siquiera los mismos monarcas, menos aun la gente común.

Fue así como nos reunieron a mí y otros tres seres, todos con una misión, viajar al norte y averiguar qué pasa exactamente. Sin contarme a mí, los miembros eran Khlaesh, un elfo de unos 600 años, versado en la biomancia, él sería nuestro miembro de apoyo y curación. Una divium de aspecto frágil, cuyo nombre nunca se nos revelo, pero teniendo en cuenta que su único equipo era un robusto arco, era fácil adivinar que era una arquera. El otro sujeto, era un orco de una envergadura grosera, debe medir fácil unos tres metros y medio, además es mucho más grueso que yo. El hacha que porta, haría sentir vergüenza propia a cada enano del mundo, pues su hacha era más alta y casi tan ancha como yo.

Los cuatro nos embarcamos en el largo viaje a Thonomer, el cual duro varios días. Y tal como nos fue ordenado, justo antes de llegar cada integrante tomo un rumbo distinto. A mí se me había encargado la zona oeste de la región, por lo que pronto me vi rodeado de grandes árboles que crecían desde el nevado suelo. Todo allí me ponía demasiado incomodo, desde la situación de los no muertos hasta la fulminante orden extra que me encomendaron… No dejes testigos, no podemos permitir que el caos se extienda fuera de Thonomer. No puedes dejar a ningún sobreviviente escapar de la zona.
Fue una orden estricta, fue tal, que no me vi capaz de rechistar, así que solo acepte. Normalmente no haría tal acción de matar a un inocente, pero esta no eran un situación normal, desconocía completamente hasta que punto a infección puede extenderse, así que un solo sobreviviente de la catástrofe del norte, puede causar toda una pandemia en el resto de Noreth… No puede permitirlo, aun a costa de mi propio honor.

La noche me tomo de sorpresa en medio de un espeso bosque de pinos y abedules, el frío era soportable para un enano que ha vivido más de 200 años bajo tierra, pero sin lugar a dudas los humanos de la zona morirían rápidamente sin el equipo adecuado. Se me dijo que solo podía descansar cuando fuese estrictamente necesario, pues era demasiado peligroso, tanto para mí como para el resto de Noreth, pues nadie quiere que una horda de 100 caminantes salgan a tres metros de ti mientras duermes. Por supuesto, tampoco nadie quiere que el grupo encargado de dar la primera pista de la situación muera antes de poder darla. Fue por eso que decidí seguir caminado entre las sombras de aquellos gigantes forestales, normalmente no hubiese sido problema caminar durante la noche, pero aquel resplandor rojo que emitían las lunas facilitaba aun más la tarea.

Pasaron las horas y ninguna muestra de vida apareció en mi camino, no fue hasta que el linde del bosque se aproximaba cuando vi un fuego de vida moverse al final de mis ojos. Cauteloso, pero con la seguridad propia de los de mi raza, camine rápido hasta donde los árboles se acababan, pero no alcance a escapar de la vigilancia permanente de las gloriosas copas verdes, cuando sentí una fuerte presión a la altura de mi tobillo. Lo primero que pensé fue que me estaban atacando, por lo que dirigí la mirada en todas las direcciones, excepto hacia mi tobillo, por lo que fue una gran sorpresa encontrarme con la mitad de un hombre abrazado de mi pierna mientras mordía el metal de mi armadura. Me quede observando un momento, el hombre carecía completamente de una mitad inferior, poseyendo solamente desde el ombligo hacía arriba, por lo que una muestra de sangres y tripas mostraban desde donde había venido. Sus esqueléticas manos mostraban una carencia de alimentos severa y el enfermizo tono de su piel dejaba ver que hace ya varios días había pasado a mejor vida… aunque ahora que lo pienso, esa no es la mejor forma de decirlo.

Pero pese a toda la bizarra descripción que antes otorgue, eso no fue lo que más me sorprendió de aquel caminante a medio comer. Lo que más me sorprendió de aquel cuerpo, fueron sus ojos, esos ojos inyectados en sangre y furia, carentes de todo brillo, fuego o ganas de vivir, no eran más que un par de orbes secos y oscurecidos por la sangre coagulada. Fue entonces que lo vi, esos seres no eran humanos, no eran enanos, no eran seres vivos, ni siquiera eran muertos, no eran más que un cascarón carente de consciencia o emoción alguna, no eran deshonroso enviar a ese pobre bastardo a la siguiente vida, o donde fuese que fuesen los caminantes luego de morir. Así que solo di una fuerte patada hacía adelante, lo que provoco que las fauces del hombre se aflojaran y se desprendieran de mi tobillo. Me acerque a él y di un potente pisotón que le reventó la cabeza.

Golpea la cabeza… Dije en un tono de voz tan bajo que no superaría al susurro de un enamorado, repitiendo lo que me había dicho la divium del grupo.

Así seguí caminado hasta que los árboles se acabaron unos pocos metros más allá, entonces lo vi, una pequeña villa abandonada hace tiempo, pero que en vista de los sucesos recientes, había sido invadida por un pequeño grupo de sobrevivientes, o eso creía yo. No lo había notado, pero los rayos rojos que provenían del extraño suceso lunar se habían desvanecido y en su lugar, los primeros rayos del sol se asomaban por sobre el horizonte. Seguí hasta la casa en donde el movimiento se percibía y golpee a la puerta. Dos golpes, fuertes y secos, acompañados de un saludo, eso y nada más.

Abran la puerta por favor, los caminantes ya se fueron. No tengo donde ir, estoy completamente solo. Por favor, necesito ayuda.

Detestaba mentir de esa forma, pero solo me limitaba a repetir el dialogo que se nos ordeno que dijéramos en caso de encontrarnos sobrevivientes numerosos. Toda la maldita situación me está haciendo enfermar, no sé hasta qué punto podre soportar traicionarme a mí mismo para salvar al resto.
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Re: Lo que dure la pesadilla

Mensaje por Arthur fon Ronsenburg el Jue Oct 24, 2013 8:28 pm

Junto con Arthur y Charles, había otros dos seres, una mujer corpulenta, de grandes dientes, y una piel color café, era descendiente de la raza de los orcos, que miraba con algo de desprecio a sus compañías.  El otro tipo era un elfo solar, de nombre Turar, con cabellos rubios, un tanto oscuro, él era el más nervioso del grupo, aun no lograba tranquilizarse, y no es para menos.

–¡Cómo es posible que no haya licor en esta casa!-  Fue lo que grito fuertemente Arthur, mientras a los dos humanoides les regalaba una sonrisa. El esgrimista subió al segundo piso, en busca de Charles, quizás el haya encontrado algo para calmar la ansiedad. Pero Charles tenía otros planes, o algo quería planear. - ¿El mar? El mar nos queda algo lejos colega… pero no es mala idea, aunque si logramos salir de Thonomer, creo estaríamos a salvo, no creo la enfermedad se haya esparcido más allá de estas tierras, eso quiero creer, de verdad quiero hacerlo…- Arthur suspiro, bajo la cabeza y su desesperanza fue demasiado notoria, cuando se dio cuenta de lo que hacía, levanto la cabeza, y le sonrió a Charles. - ¿Por cierto, no habrás encontrado algo de licor?-

Skirn, como se llamaba la orca, llamo al par de humanos, había alguien detrás de la puerta de entrada, alguien  que parecía estar vivo. Al mismo tiempo un sonido de escucho en el techo de la casa, algo había aterrizado allí. Arthur se puso nervioso, envió a Charles a ver el asunto de la puerta principal, en el veía a alguien que tendría voz, para comandar a la orca y el elfo, si ser comido en el intento.  Arthur  busco una salida al tejado, llego a una habitación con una gran ventana, y para su sorpresa, en un pequeño mueble, se exhibía una botella de licor. Arthur la abrió, sintió su aroma y supo que era ron, inmediatamente.

Con botella en mano, el esgrimista subió por el ventanal, escalo por el tejado, y llego a la cima de la casa, solo para encontrar a una Divium con aspecto cansado, Arthur saco su rapier y apunto en dirección de la Divium.

Por otro lado, en el bosque que rodeaba el pequeño pueblo, una elfa intentaba buscar refugio. Mientras corría, escucho una súplica, alguien había gritado que lo esperara, que lo ayudara. Era un hombre, junto con una mujer, y dos pequeños niños. - Por favor, detente… necesitamos ayuda, no sabemos dónde estamos, ni para donde vamos, y esas cosas están por todos lados… por favor, ayúdanos.- El hombre, su mujer y sus hijos tenían el cabello oscuro, ropas desaliñadas, y rasgos finos, los ojos estirados y la piel blanca, se parecían a la gente  que hoy en día vive en Asia.

¿Que podría hacer la elfa? ¿Abandonarlos a su suerte? ¿O guiarlos hasta algún lugar seguro? Esa decisión es de ella y solo de ella.

Geddry, sintió los murmullos que dentro de la casa se escuchaban, pero hubo algo que lo perturbo un poco, mientras estaba afuera, pudo notar como los soles comenzaban a oscurecer a una velocidad alarmante, un eclipse, era lo que estaba ocurriendo.  La primera cara que el enano vio fue la de skirn, ya que ella fue la que abrio la puert. Al entrar, el enano vio a la orca de brazos cruzados que lo observaba con furia, al elfo que agitado, respiraba aceleradamente, y al humano que Arthur envió.

- ¿No eres una de ellos, cierto?- Pregunto el esgrimista de manera despreocupada a la Divium, que en esa pose, pareciera que estuviera cagando. Un fuerte olor llego a la nariz de Arthur, y le pidió a los dioses que fuera el olor de los muertos que se podrían,  y no la mierda de ella. Arthur estuvo a punto de hablar, pero noto el eclipse que ocurría. Cuando el sol desapareciero completamente, hubo un silencio sepulcral, y a ese silencio, lo siguió un alarido furioso en la lejanía. En el cielo solo se veía un círculo brillante, la circunferencia que ocultaba al sol.

Desde la siluetas que alguna vez fue el sol, aparecieron centenares de criaturas voladoras, Divium, engendros con alas, eran lo que más se veía, y al parecer, no tenían las intenciones de charlar con Arthur o Cynertryth.   No sé tú, pero no quiero quedarme a ver que quieren esas cosas, yo entra…- Antes de terminar de hablar, un Divium tacleo a Arthur, este quedo colgando del tejado y el Divium cayó a la calle, aunque se levantaría rápidamente, ya que  tenía una hambre descomunal por carne fresca.

-¡Rápido! Entra a la casa, ¡diles que cierren todas las entradas!- Arthur sabía que probablemente dentro ya hubiesen hecho lo que le pidió a la Divium. Pero debía asegurarse de cualquier manera.  Arthur logro subir por la cornisa, la Divium ya había desaparecido en ese momento, logro entrar a la casa, y un enjambre de muertos voladores se lanzaron contra la ventana, no la habían roto, pero el esgrimista sabía que pronto lo harían. Bloqueo la puerta de esa habitación con algunos escombros, y bajo las escaleras para reunirse con el grupo.

Arthur noto la presencia del enano, hizo un gesto con su sombrero y se presentó, eso también iba para la Divium.   Soy Arthur fon Ronsenburg. Bienvenidos sean a nuestro peculiar grupo. Divium, necesito tu ayuda, ve con… emm… el humano, que nombre desconozco, y bloqueen las puertas de arriba, el resto nos quedaremos aquí. No podemos dejar que esas criaturas entren.-
Los infectados como enjambre chocaron contra las puertas de la casa. Arthur comento que los demás  cubrieran las ventanas, él se quedaría allí, ya que con su rapier, podría atacar a los enemigos haciendo pasar su arma por pequeños orificios.  

Mayla llego en ese momento a la ciudad, que ahora era solo oscuridad y muerte. Noto que los infectados se agolpaban en una sola casa, así que ella podría escapar y refugiarse en otra. Aunque la gran mayoría rodeaba la casa, unos cuantos renegados caminaban por las calles; vieron a Mayla, y corrieron para atacarla.  Una de las casas tenía una puerta abierta, estaba cerca de ella y se veía fuerte, como para aguantar un ataque, lo que ella no sabía, es que en el segundo piso de esa casa, estaba toda una familia de infectados, ahora, ¿Qué hará la elfa?

En la otra casa, el grupo de nuevo estaba reunido, empujando la puerta para que los infectados no entraran. De pronto, y desde detrás de la puerta, se escuchó una voz, una voz de ultratumba.

–Vamos… permítanos el paso…  solo queremos masticar su piel un momento…-  

Era uno de los infectados, Arthur logro ver por un pequeño agujero y alcanzo a ver su sanguinaria sonrisa, era un humano convertido. ¿Cómo es que pueden hablar? ¿Cómo es que saben dónde ellos están? ¿Por qué salieron cuando el eclipse se desato? Muchas son las dudas, pero muy pocas las respuestas que obtendrán.
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Re: Lo que dure la pesadilla

Mensaje por Geddry el Jue Oct 24, 2013 11:09 pm

Lo gracioso de vivir decenas de años como mercenario, es que has visto una cantidad de cosas que la mayoría no creería posibles, desde ejércitos de niños furiosos hasta monstruos hechos de arena mucho más alto que una casa azolando los pobres poblados del oeste. Es por eso que situaciones como esta no afectan de tal manera a los veteranos, pero las experiencia no solo te da nervios de acero para afrontar las calamidades, también te da un preciado don, te da la capacidad de reconocer a los novatos, a los niños que decidieron lanzarse a la aventura armados con nada más que la mellada espada de su padre y sus pañales sucios. Ese don te da la capacidad de sentir el nerviosismo y emoción que preceden a la muerte prematura, puedes ver los pequeños detalles que pocos más verían, detalles mínimos, pero que, a los ojos de un experto, separan a los recién nacidos de los adultos, puedes ver la tormenta de emociones y pensamientos en los ojos de las personas, sentir su respiración agitada, su miedo siendo exudado por cada poro de su piel, puedes sentir esa atmosfera de incertidumbre y eso fue exactamente lo que sentí cuando una mujer respondió a mi falsa petición de auxilio.


¿Quién diablos eres? ¿No eres uno de ellos, no? Sonó una voz fuerte y segura desde detrás de la puerta. Sus esfuerzos para esconder su miedo eran increíbles, pero para el oído atento es fácil reconocer cuando la voz se quiebra, aunque solo sean unas milésimas de segundo.

Tarde unos momentos en responder, pues los brillantes rayos de esperanza que nos lanzaba le astro rey, poco a poco se estaban desvaneciendo tras el velo negro de un extraño suceso astronómico. Un eclipse completo estaba confabulando con aquella plaga para acabar con nuestras vidas y eso era preocupante, puesto que las posibilidades de sobrevivencia con cualquier grupo que no sea el mío, eran poco menos que escazas.

Me llamo Geddry, por favor abran. No soy uno de ellos, no me han mordido tampoco. Seguí insistiendo por unos momentos, hasta que finalmente pude ver a la dueña de la voz, no era nada menos que una enorme orca, de casi dos metros y una oscura piel café. Sus ojos denotaban desprecio por los demás sobrevivientes en aquella habitación, incluyéndome, pero era claro que tenía miedo, ella le temía a la muerte, tenia pánico de convertirse en un caminante más, seguramente debió dejar a alguien querido atrás cuando aconteció esta calamidad.

Apenas la orca cerró la puerta, fuertes gemidos comenzaron a estremecer a los árboles cercanos, agitando a los pequeños animalejos que en sus copas normalmente habitan. Era señal inequívoca que un grupo considerable de caminantes se acercaba a la villa, era cosa de minutos antes de que estuvieran golpeando las puertas, ventanas y paredes.

¿No eres uno de ellos, cierto? Pregunto cada vez más impaciente la orca.

Ya te dije que no. Mira, no hay sangre, no hay mordidas.

¡Mentiras! ¡Hay sangre en tu bota, te mordieron! Pronto serás uno de ellos. ¡Hemos dejado entrar a la infección en el único lugar seguro que teníamos. Dijo un elfo de cabellos dorados, era la viva imagen de la desesperación y el pánico, si no se tranquilizaba iba a morir pronto.

Es sangre de un caminante, me lo encontré en el bosque hace un minuto, le aplaste la cabeza con mi pie. Respondí algo molesto ante la duda.

¿Caminantes? Pregunto la orca.

¿Ehh? Sí, así les puse. Me parece mejor que muertos vivos, o alguna porquería como esa. ¿Cómo les decían ustedes?

Pero nadie alcanzo a responder. Un fuerte sonido vino desde el segundo piso, acompañado de un grito y sonidos de pasos rápidos viniendo hacia acá. Inmediatamente me puse en guardia, sacando el escudo y la alabarda, bajando mi centro de gravedad. Pero mi sorpresa fue grande cuando desde la esquina que se formaba en el descanso de la escalera, apareció una joven alada, era bastante guapa para ser tan delgada, poseía bonitos rasgos y una mirada bastante peculiar. Tras de ella, un hombre que empuñaba una espada ropera vino corriendo con una mueca de preocupación adornando su juvenil rostro.

Rápidamente y sin mucha preocupación de los modales, el hombre se presento bajo el nombre de Arthur y luego grito ordenes al grupo, obviamente era el líder del pequeño grupo. Todos, excepto la divium y el juvenil humano, nos quedamos en el primer piso. Inmediatamente después de las ordenes, nos pusimos en marcha para bloquear las puertas y ventanas, apenas si llegamos antes de que la horda golpease violenta la vivienda, un muralla de carne, huesos y gemidos, sedienta de sangre y carne fresca, exigía nuestras vidas. Debe haber fácilmente unos 40 caminantes tras las murallas de piedra.

No atine a nada más que ayudar a Arthur con la puerta, pues debido a mi tamaño, sería inútil tratar de defender una ventana. Así que, haciendo uso de todo mi peso, me agolpe contra la puerta, en el afán de que así tendríamos mayores posibilidades.

¡Quita¡ ¡Quita¡ Ponte justo tras de mí, yo bloqueo la puerta, tu usa tu arma de niña para meterle entre los tablones. Antes de que el hombre pudiese responderme una espectral voz sonó tras los viejos tablones que conformaban la puerta.

Sorprendido ante la noticia de que los muertos pudiesen hablar y razonar, seguí mi tarea de colocar trabas ante su avance, esta situación se estaba volviendo sumamente peligrosa, espero que la recompensa sea equivalente al riesgo… Espero.
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Re: Lo que dure la pesadilla

Mensaje por Mayla Erulaëriel el Vie Oct 25, 2013 2:23 am

Tenía que evitar esto lo más que pudiera, no podía seguir así, si no lo hacía, iba a morir seguramente, sus brazos y piernas  comenzaron a temblar ¨¿De que estas hablando?, ¿cuándo la princesa Elfa de Erinimar ha rechazado una batalla o la guerra?¨ era cierto, no podía dejar de pelear y rendirme así, tenía que afrontar la situación.

Baje del árbol de un salto cayendo agachada, me levante sin apoyarme, con la cabeza gacha mis hombros se movieron un poco, alce la cabeza y comencé a reír… una carcajada con tono eufórico, reí hasta privarme, me sentía extasiada, impotente, furiosa , pero sobre todo con deseo de sangre, nunca había experimentado ese tipo de deseo, era diferente de todas las guerras a las que había asistido contra los orcos, elfos e inclusive humanos, no era lo mimo, era un deseo que no podía controlar, mire mis manos y me puse una en la cara haciéndome en fleco a un lado de los ojos dilatados por la emoción y el temor.

Y miren que tenemos aquí, los primeros que saciaran mi deseo de sangre, venían corriendo a mi cuatro caminantes, todos horribles, entrecerré los ojos y saque la espada de su funda, corrí hacia ellos, al primero le corte la mitad de la cara y en seguida cayó al piso, el segundo fue cortado por la mitad, pero la otra mitad de su cuerpo todavía seguía moviéndose hacia mí, decidí dejarlo para el ultimo, al tercero le hice un corte vertical al cráneo, enseguida cayó al piso, y el ultimo, era una mujer que avanzaba a mí con dificultades debido a sus pies, estos estaban tosidos,  abrió su boca como masticando, entonces metí mi espada por aquel asqueroso hueco y la empuje dentro, la caminante ya había muerto pero yo seguía empujando mi espada, hasta que esta salió por la parte de atrás de su cráneo,  saque mi espada de su boca y le di una patada al cuerpo para que cayera hacia atrás, estaba tan excitada que no notaba cuando la sangre de aquellas horribles cosas caía sobre mi ropa,  ahora solo me faltaba el ultimo que seguía arrastrando su cuerpo hacia mí por medio de los brazos, la sangre y las tripas dejaban rastro y cada vez salía más de  los dos extremos de su cuerpo cortado, solté otra carcajada, puse mi pie sobre la parte de atrás de su cabeza y la aplaste como si fuera una cucaracha que me acababa de encontrar en el baño, la sangre salía a cantares bañando la tierra y el pasto de un hermoso color rojo, -¡¡¡ESCORIA… ESTO ES UNA PORQUERIA!!!- dije entre carcajada y carcajada, me sentía como nueva y quería más, en mi rostro se había dibujado una mueca de felicidad, me sentí tan bien, tan bien que no sabía si mi jadeo era por el cansancio o la felicidad… pero por otro lado no daban combate, era algo aburrido  -En efecto… Es una mierda- dije mientras sacudía la espada para quitarle la sangre y la metía otra vez en su funda.

Seguí corriendo por un rato más, no se me habían aparecido más caminantes en los últimos diez minutos , a lo lejos oí un grito de auxilio, ¨qué estúpido es el que este  gritando¨ pero no era solo una voz si no barias, me dirigí hacia donde estaba la voz aunque sabía que eso me retrasaría más de la cuenta, pero sentía que era mi obligación ayudar a alguien en estas condiciones, en este momento las rivalidades se habían ido, de seguro ya no quedaban muchas personas ¨vivas¨  y sería un milagro si me encuentro con alguien normal,  comencé a correr hacia donde estaban las voces , subí a un árbol y vi, en efecto que,  dos caminantes amenazaban a una familia, dos adultos y dos niños,  vi como los niños se apegaban a su padre y su esposa también lo hacía, salte del árbol cayendo en cuclillas en la espalda de uno de los caminantes, al mismo tiempo que mi espada entraba por su cráneo hasta enterrarse en su cerebro y seguido en la tierra, todo esto acompañado de un sinfónico frito de rabia mío, saque la espada rápidamente me gire para enfrentar al otro caminante que ya se había abalanzado sobre mí, tuve que poner mi brazo para que no me mordiera, y funciono, no recordaba que traía mi armadura conmigo, sus dientes no podían atravesar el metal forjado por elfos de Erinimar, le deje mi brazo en la boca, pero no le duro mucho el sabor a metal, ya que  antes de que pudiera hacer algo más, mi espada ya había atravesado su cabeza, le di una patada al cuerpo y me gire para ver a la familia que me miraba fijamente,  volví a agitar hacia tras mi espada para quitarle la sangre y guardarla en su funda.

-OH, señorita, como podemos agradecerle….- dijo el señor quitándose a los niños de encima y acercándose a mí, parecía que se había fijado en mis orejas y ya sabían lo que era, los niños estaban aterrados y solo miraban los cadáveres y la sangre escurriendo de estos, ellos estaban temblado y solo desviaron la mirada a mi cara para descubrir mas horror en sus rostros… y la madre… ella era la más extraña de todos, me miraba con repulsión y asco, no me pareció extraño, después de todo es humana, que podía esperar…- De nada, noble señor… ha sido todo un placer ayudarlos- dije haciendo una reverencia con la cabeza, después de eso pasee mi mirada por cada uno de los integrantes de aquella familia, solo eran unos campesinos comunes y corrientes, me sorprende que hayan podido sobrevivir tanto tiempo , el señor se dio cuenta del comportamiento de la mujer -Rosa, no seas grosera… ella nos acaba de salvar…- dijo el hombre disculpándose, a mí la verdad era que no me importaba, más de una vez ya había estado acostumbrada a ese trato, desde que Salí del reino de Erinimar ya no soy tratada como una princesa, y eso me ha beneficiado de buena o mala manera, ya no importaba.

-Dígame señorita, ¿usted sabe algo sobre estas bestias?... nosotros huimos del pueblo en el que vivíamos por estas criaturas, pero ahora están por todos lados, no sabemos que hacer o a donde ir- dijo el señor… ese no era mi problema y no me importaba  mucho lo que pasara con ellos, además si me los llevaba conmigo solo estorbarían, además… esa mujer… -No sé qué sean estas bestias pero si se algo, con sus gritos de seguro vendrán más, el ruido los atrae, solo los matas si les rompes la cabeza y… otra cosa… no sé qué pase si te muerden y llegas a escapar…- al decir lo último mire a la mujer, y  esta me devolvió la mirada con reproche y asquerosidad pero no le tome mucha importancia.

-Bueno cerca de aquí hay un pueblo lo sé porque lo he visto, solo hay que llegar allí, probablemente,  allá gente que los ayude , pero no puedo prometerles nada, ustedes deciden que hacer pero una cosa si les advierto… ¡¡Si no saben defenderse no reprochen tomen lo que tengan y traten de hacer algo para sobrevivir¡!- dije, me despedí de ellos  y en seguida emprendí la marcha otra vez,  sonreí para mis adentros, ellos ahora tenían una mirada muy diferente a cuando me los encontré, por lo menos ahora sabían que tenían que hacer.

De camino al pueblo me encontré con más caminantes, pero por suerte pude matarlos a todos sin un solo rasguño, desde la entrada del pueblo pude ver como los caminantes se amontonaban en un solo edificio, eso puede significar que hay personas vivas dentro, pero… y ahora qué hago digo no hay por donde entrar, tengo que encontrar un refugio por lo menos hasta que se haga de día que es cuando menos frecuentan y si es que no destruyen ese edificio primero, pude ver que  del otro lado de la calle había una puerta abierta,  pero para cuando logre divisarla algunas de esas cosas ya me habían visto, mate a tres de ellos y entonces jadeando agotada por el cansancio, pude correr hacia la casa y cerré la puerta sin ser vista, arrastre algunos muebles y asegure la puerta con estos,  recorrí la sala, el comedor y la cocina, ni señal de caminantes… Solo faltaba el piso de arriba. Pero primero me tomaría mi tiempo, debía comer y descansar, para mi gran suerte la alacena estaba llena de comida, comí algunas sardinas como si fuera la primer comida en todo un año. Lave mi cara, hice mis necesidades y descansé un  poco en un sofá que había en la sala, pero el descanso se convirtió en sueño y el sueño en dormir.

Desperté unas horas después me imagino yo, desde dentro todavía  se oían los gruñidos y golpes que daban al otro lado de la calle, pero no les preste mucha atención, todavía me falta por recorrer el segundo piso,  comencé a subir lentamente las escaleras que daban arriba, hasta ahora no había nada en el pasillo, solamente dos habitaciones, puertas blancas… tenía que asegurarme de que estaba segura en aquella casa, pero… tenía un mal presentimiento, algo me decía que no estaba sola.

Abrí la primera puerta de la primer habitación de aquel único pasillo, me sentía inquieta por alguna razón, entre a la habitación y nada… muy bien podría quedarme en esa habitación y esperar pero… por alguna razón, algo me seguía molestando y mis brazos y piernas estaban temblando otra vez,  Salí de la habitación dejando la puerta abierta,  camine hacia la siguiente puerta, esta estaba al fondo, trague saliva ¨ No seas cobarde cuantos caminantes no has matado ya¨ me dije a mi misma para tranquilizarme pero es que este lugar es muy diferente de un bosque.

Puse mi mano sobre la manija de la puerta, trague saliva de nuevo, abrí rápidamente la puerta para adentro y la cerré de nuevo, los pasos rápidos se oían fuertemente ,me quede jalando la manija de la puerta, eran cinco… cinco caminantes… muy bien yo podía hacer esto, inspire fuertemente aire y exhale varias veces, cinco no son nada… después de eso que hiciste en el bosque… no puedes dejar que esto te venza así de fácil Mayla tu puedes…

Y creo que tenía la idea perfecta para esta ocasión sin embargo no me duraría mucho y supongo que simplemente funcionara una vez, a ver, a un lado de la puerta tengo las escaleras, podría usarlas con un bien fin, pero no sabría si podría funcionar, si algo salía mal seria mi fin… los golpes ya se habían calmado supongo que pensaban que ya me había ido. Me quite el arco de la espalda y  coloque una flecha en este.

Entreabrí la puerta sin hacer el menor ruido, y me subí el barandal que cuidaba que nadie se callera a las escaleras, me puse en posición de cuclillas estire un pie y patee la puerta antes de subirme por completo, la puerta se abrió lentamente pues no le pegue tan fuerte.

Entonces salió el primero.

Apunte directo a su cabeza y le dispare la flecha se clavó en la puerta con su cabeza todavía en esta, esto hiso mucho ruido y salió el segundo entonces me tire por el barandal y caí escaleras abajo golpeándome una costilla al mismo tiempo que daba un frito de dolor, pude pararme de pie entonces el segundo que salió se tiro también por el barandal cayendo en las escaleras y golpeándose en la cabeza, la sangre salió de esta y mancho las escaleras forradas de una alfombra de rosas, para entonces el tercero ya venía bajando las escaleras con dificultades y atrás de este venia el cuarto y el quinto… acomode otra flecha en el arco y volví a dispararla, también acertó y este cayó al suelo pero aún se movía, tire mi arco y el carcaj a un lado y saque la espada de su funda. El cuarto, ciertamente el padre de la familia de caminantes se abalanzo sobre mí, antes de que llegara le di una patada en el pecho con mucha dificultad, la costilla me seguía doliendo, el camínate callo hacia atrás, me puse sobre su pecho para que no se levantara y le pise el cráneo, entonces dejo de moverse, la madre que venía bajando las escaleras era la más peculiar, estaba… desnuda… enarque una ceja y la espere, antes de que pudiera hacer algo y cuando abrió la boca le metí la espada por esta la cual salió por la parte de su cerebelo…

Al levantar el brazo un punzada recorrió mi costilla y caí de dolor al piso soltando la espada, como un futbolista que se lastima el pie pero en vez de eso me estaba sujetando la costilla y chillando de dolor, me quede hay varios minutos agonizando, tenía que ver si en esta casa había una pomada o algo para calmar el dolor y la inflamación, en cuanto el dolor paro me puse de pie, le saque la flecha y la espada a los cadáveres y los guarde recogí el arco y el carcaj, subí las escaleras y recogí la otra flecha que había disparado, me metí al cuarto y cerré la puerta  con seguro, deje mis cosas sobre la cama y me asome a la ventana que daba a la calle el sol estaba a punto de salir, por lo menos ya había pasado lo peor… por ahora.
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Re: Lo que dure la pesadilla

Mensaje por Cynertryth D. Mosshart el Vie Oct 25, 2013 7:09 am

Post II

A los primeros rayos del sol me levanté los cristales colocando los soportes detrás mis orejas. La luz matinal, en mi estado me molestaba más de lo que le molestaría a cualquiera. Ya desde hacía algún tiempo, las tripas se me movían en el estomago. El vino estaba ejerciendo su poder, no contento con haberme hecho vomitar ya un par de veces, ahora me exigía un nuevo descargue.

Durante el amanecer, me había quedado en guardia, mirando en todas direcciones y pendiente de ruidos, pero ahora en la claridad de la mañana podía atreverme a relajarme un poco.
Caminé hasta la esquina del edificio y eché una mirada a las calles, no vi nada. Ahí mismo. Me desabotoné el cinturón y me “senté” en el aire. Esta posición era especialmente difícil para los diviums puesto que el peso de las alas muchas veces no hace caer; sin embargo yo lo contrarrestaba extendiendo los brazos al frente con la ballesta en las manos. Haciendo uso de mi torpe gracia y habilidad me bajé los pantalones hasta las rodillas y descargué.

Un caliente chisguete de orina amarillenta me provocó un fuerte escalofrió al salir de mi cuerpo. Acto seguido, como un una saeta empujada por la tensa cuerda, la mierda, empujada por más mierda comenzó a salir. Oscura, aguada y sin cuerpo, parecía más una masa para galletas que algo más sólido y carácter. La sensación de dejarla salir era agradable y asquerosa en partes iguales, una no puede negar nunca que cagar le da placer al cuerpo, pero sinceramente me preocupaba el hecho de que al caer, esta se desparramaba como si fuera un charco aforme, y lentamente se acercaba al tacón de mis botas, botas que por demás aun tenían sangre de cabeza de persona-cosa.
Sesos; sangre y sesos.

Di un par de pequeñísimos pasos al frente para evitar que la mi mierda me ensuciara las botas. Concentrada estaba en esto que no oí los pasos en la escalera detrás de la puerta que se conectaba al interior del edificio; está se abrió de súbito y tal cual, atravesando el marco de ésta apareció un hombre todo engalanado y valiente dijo algo a lo que no le presté atención y luego desenvainó una espada que apuntó en mi dirección.

Sin cambiar de posición lo miré asombrada, y después de una rápida revisión concluí que no era una de esas persona-cosas; molesta, desvié la mirada al frente.

-¡¿Qué no ves que estoy cagando maldita sea?!¡¡¿¿ No puede una dama tener un poco de privacidad al momento de hacer sus cosas??!! –

Con toda la tranquilidad que pude sacar de mi cuerpo ante la ridícula situación, y sin mirar de nuevo al mozalbete, acaricié suave y lentamente mis alas, sujeté con fuerza un puñado de plumas más o menos débiles, grandes y viejas y las arranqué de un tirón. Luego, con toda la dignidad que me quedaba, me las froté una a una en el culo, tratando de limpiarme los restos de mierda que siempre se quedan. Me levanté echando el cuerpo para delante y me subí el pantalón cerrando el cinturón.

Estaba tan ensimismada e irritada por el momento incómodo que apenas noté que el cielo se oscurecía de nuevo. Cuándo levanté la vista, una nube oscura con alas se movía en nuestra dirección. Todo fue muy rápido. El mozalbete gritó algo así cómo que entrara al edificio y atrancara las ventanas y luego fue embestido por lo que parecía ser un congénere mío, pero deforme y pútrido. Asegurándome de llevar conmigo mis cosas, hice, sin tener mucho más que hacer lo que el hombre me pidió.

Otra de esas malditas cosas aterrizó en el tejado, pero sobre estimando su físico divium cayó con más fuerza de la que sus huesos podían soportar, haciendo que estos tronaran y se rompieran con el fuerte impacto.

-Estúpido engendre de mierda- le dije al momento en que le lanzaba las plumas llenas de mierda sobre su destrozado cuerpo.

Di un par de fuertes aletazos y llegué hasta la puerta, crucé el umbral al interior del edificio y caminó abajo por las escaleras, me detenía un poco en cada puerta abierta para comprobar la existencia de persona-cosas o algunas otra cosa. Y la hallé. En una de las habitaciones, encontré algo que se me había antojado hacía un tiempo, vi una pipa y una caja metálica para guardar tabaco. Me fui tras esta recompensa y luego bajé a la planta principal. En ella, había una congregación extraña; otro muchacho de rasgos de las personas del archipiélago, un elfo inestable, cosa que no me sorprendió, todos los elfos “varones” que había conocido hasta el momento, eran maricas, y este claramente no era la excepción. Además había una orca; la cual, dejaría en paz por el memento pues eran seres supersticiosos y volátiles; no quería verme bajo sus pies, y vaya que si se lo proponía me cogía sin mucho problema. Pronto además, dejaron entrar a un enano.

Interesante, fue mi apreciación. Culturalmente, me agradaban los enanos, venía de un país dónde había importantes colonias de ellos, eran ruidosos, fiesteros y nobles, y bebían cómo nadie; normalmente alegres eran excelentes compañías, además que, la raza divium, aun siendo tan baja, era naturalmente más alta que la raza enana, lo que no nos hacía tener que verlos para arriba como el grueso de las demás razas, además, eran amantes inagotables, sólo debían moderar un poco su fuerza y jamás, jamás estar arriba; cómo cierta compañera de academia a la que se le quebró la cadera cuando su amante enano se puso sobre ella en actos de lujuria.

Me dio un poco de vergüenza; bueno no, más bien incomodidad. Si me veía como me sentía, entonces me veía muy mal, pero yo creo que me veía peor; aunque el enano me hizo sentirme un poco mejor. A pesar de haber acabado de cagar, tener una postura como de títere de trapo con la cabeza inclinada hacía un lado, con el olor a vino en la boca, los ojos vidriosos de la mala noche, el pelo grasoso y la sangre y sesos en las botas, su mirada no fue de total desaprobación. ¡Por eso me gustaba los enanos! Ven más allá de las apariencias.

Pronto, el hombre de la azotea se reunió con nosotros; dio unas órdenes, y aunque me pesaba tener que cumplirlas, su lógica, pues… era lógica; así que sin querer, me había convertido en soldado de este tipo, y éste, me mandaba a morir, de regreso cuesta arriba por las escaleras y aquí sí; aquí quería a la orca protegiendo la delantera pero no, en cambio, me mando con el crio, que de todos, se veía mas inexperto y débil. Le eché una última mirada al enano cerrándole un ojo de manera coqueta y luego miré al tipo que daba las órdenes con un gesto de “cierra la maldita boca” seguido de “si me matan te las verás conmigo,” con un poco de “ni creas que me voy a arriesgar por este niño.”
Miré al chico con aire maternal y sarcástico.

-Ea! Las damas no van primero.- ¡Arre! ¡Arriba primero y a por ellos!- le dije. Luego murmuré en mi legua natal. –A la luz y sonido de Mordekaiser…-

A pesar de lo apresurada de la situación, me tome todo un minuto en llenar y prender la pipa con tabaco. Y otro más en cargar una de mis pistolas. Normalmente, esto se lleva mucho menos tiempo, pero por consecuencia del alcohol, me temblaba un poco la mano.

Subí las escaleras, pistola en la diestra, ballesta en la siniestra, lentes, sombrero, botas, cuero y pipa. Al llegar a la puerta, el chico se debatía la vida empujando y tratando de contener la embestida de persona-cosas que arremetían por fuera. Uno ya había logrado meter una reptante mano y esta abanicaba el aire en busca de la carne del chico. Me acerqué tranquilamente, le di una buena calada a la pipa, estiré la derecha acercando la pistola y apuntando con un ojo cerrado tras los lentes y jalé el gatillo.

La bala lo alejo un poco, lo suficiente como para que retrajera la mano y pudiéramos cerrar la puerta. Enfundé la pistola en mi espalda baja y tomé la ballesta cargada con ambas manos. Luego exhalé el humo.

-No se mueren con una flecha, y no puedo contenerlos, esta ballesta no se carga tan rápido; así que si entran, tendrás que demostrar tu valor con la espada, si es que llevas una.- Le dije al chico.
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Re: Lo que dure la pesadilla

Mensaje por Charles Redwings el Vie Oct 25, 2013 11:21 pm

Una vez que había comenzado a bajar al piso inferior de la casa, no había tardado nada en llegar donde Arthur y exponerle razonadamente mi plan sobre escapar hacia el mar. Este me escucho, y tras lo propio, el opino sobre ello. No le parecía una mala idea, aunque el pensaba que conque consiguiéramos escapar de esa región, era suficiente. Mas, su tono y sus palabras indicaban que no estaba seguro de ello, por mucho que quisiera auto convencerse. Me sorprendió levemente su estado. Pero, incluso con todo lo valiente y capaz que se le había visto tiempo antes, cuando nos había sacado a los 4 presentes de aquel aprieto pasado, era normal que lo que sucedía le pasara factura. No era de piedra, a fin de cuentas, era humano. Yo por mi parte y aun a pesar de la situación, mantenía mi expresión absolutamente neutral, la cual contrastaba con su semblante mas animado. Aun así, me hizo algo de gracia su pregunta final. Aunque, ciertamente, no lo exprese.

-No, aunque todavia no eh revisado bien el lugar.- Dije en un tono gris, sin sentimientos claros, mientras le miraba. Y entonces, al final añadí, con una muy leve sonrisa. -Pero, aun así.... créeme que, de haber encontrado algo.. ya me lo hubiera acabado.- Sonaba como una broma, sin duda. Mas, siendo absolutamente sinceros, no lo era. Algo capaz de eliminar esas molestas sensaciones que sentía en todo momento, cuando pensaba en lo que estaba ocurriendo y en nuestra situación, seria aceptado con una facilidad impropia incluso de un pirata sediento tras días sin probar sus labios liquido alguno. Aquello no estaba siendo fácil para nadie. En especial para aquel elfo solar, uno de los miembros del improvisado grupo cuyo nombre ignoraba, el cual parecía apunto de volverse loco si las cosas seguían como estaban.

Entonces, la otra y ultima integrante del singular grupo, una orca de aspecto feroz y bastante mas alta que cualquiera de los presentes, nos llamo a nosotros para que viésemos algo que había al otro lado de la entrada del domicilio. Al tiempo, algo sonó chocándose contra al tejado del mismo. ¿Que diablos había sido eso? Arthur me mando a mirar el asunto de la puerta mientras este subía para ver que ocurría arriba. Con un leve asentimiento, me dirigí donde la fea orca y y para mi sorpresa pude ver como esta ya había abierto la puerta, dejando entrar algo. No, era algo, era alguien. Era un enano, vivo, a diferencia de todo lo demás hay fuera. ¿Como diablos había llegado hasta allí?¿Habría estado refugiado en una casa cercana hasta que habíamos llegado y tras vernos había decidido acercarse? Antes de ninguna presentación por mi parte, tenia intención de interrogar a ese tipo, pues su estadía hay podía poner al grupo en peligro dependiendo de sus intenciones.

Mas, derrepente, un cambio en el tono de la luz fuera de la casa me alarmo muy de sobremanera, aunque solo se me noto escrutando mejor tras la entrada. Algo estaba ocurriendo con el sol. Un eclipse, parecía. Pero eso era absurdo, algo así no ocurría a esas velocidad. Pero, pensándolo con algo de lógica, tampoco el cielo se teñía de carmesí todos los días. Y entonces, a lo lejos, el sonido claro de aquellos seres que ahora tan bien conocía, llego a mis oídos, Aquellos engendros volvían. Me mordí ligeramente el labio mientras pensaba una gran cantidad de palabras mal sonantes. Aquello no podía estar ocurriendo otra vez. Apenas se habían llegado a ese maldito lugar, que se suponía seguro, y ya volvían los problemas. Sonidos de golpes en la zona superior de la casa terminaron de convencerlo de que debían de actuar con rapidez. La puerta principal por suerte ya había sido cerrada. Por las palabras que había logrado escuchar del enano, de nombre al parecer, Geddry, este parecía estar bien y "sano", sin mordiscos que pudieran resultar a la larga, letales para el y los que estuvieran cerca.

Mientras mis aparentemente inútiles compañeros entonces charlaban con el enano, me dirigí con calculada velocidad hacia las ventanas cercanas, asegurándome de que estuvieran bien cerradas. Entonces Arthur bajo al primer piso de nuevo. Y no regreso solo. Una mujer con alas, claramente una Divium, le acompañaba. Ni siquiera me moleste en preguntarme de donde había salido. Esa casa parecía ser maldito tornado que atraía a cualquier superviviente en las cercanías. Ademas, por lo menos el enano estaba decente. Aquello divium parecía haber acabado de salir de una fosa común, por como lucia y por un ligero tufo que llego a mi nariz al llegar ella.

Entonces, mientras engendros no-muertos, o caminantes, como había oído llamar a aquel tal Geddry momentos antes, comenzaron a agolparse contra la casa. Uno incluso hablo a través de la puerta. ¿Esos malditos seres eran inteligentes? Ahora si que estábamos jodidos. Arthur entonces comenzó a impartir ordenes. Y no pude estar mas agradecido de que a mi me mandase arriba en vez de tener que permanecer abajo, aun a pesar de que ni siquiera se supiese mi nombre. Yo no era un luchador, era mejor que tratase de intentar contener a lo que fuera que estuviese arriba que quedarme abajo y estorbar. Justo cuando me disponía a subir, entonces la divium me dedico unas palabras y una mirada que, aun frente a lo que parecían sus intenciones, no me gusto nada. Me preguntaba de donde diablos había salido esta tía. Pero no era momento para ello, así que subí a toda velocidad al segundo piso, y me encargue de reforzar a toda velocidad las ventanas, tirando sobre la primera que vi una cama y poniendo frente a otra un armario. La tercera, con puerta de madera, me encargue de cerrarla haciendo presión con la espalda para evitar que entrasen cualquiera de aquellos engendros, mientras sacaba mis guanteletes de la tela y me los ajustaba con prisas. Entonces, justo cuando terminaba de ajustar mi guantelete izquierdo, el cual se coloco con un ligero clic, algo golpeo la ventana a mis espaldas, logrando colar una pútrida mano en la casa.

-¡Joder!- gruñi, molesto ante aquello. No podía hacer algo con esa mano mientras cubría la ventana, y por alguna razón desconocida, aquella maldita mujer alada no había subido aun al piso en el que me encontraba. Entonces, justo cuando una buena metralla de insultos hacia aquella mujer había comenzado en mi cabeza, la tipa entro en la habitación al mas puro estilo comando, pistola y ballesta en mano. Tenia incluso una maldita Pipa. ¿De donde mierda la había sacado y que hacia fumandola? Ya, sinceramente, ni le importaba. Entonces, con su pistola, la Divium apunto hacia la mano con intención de disparar. "Mierda" fue todo lo que pensé antes de que esta disparara. Gracias al disparo, la mano se fue hacia atrás y la ventana se cerro, pero yo me había llevado la garra abierta para no hacerme daño hacia mi oreja derecha. El maldito zumbido de la pistola me había dejado un pitido muy, muy doloroso, que me dejo viendo chiribitas durante unos segundos.

Pero, tristemente, no había tiempo ni para quejarme por mi oído magullado. Me mordí la cara interior de mi labio inferior para que un dolor ayudase a paliar al otro, y me puse recto como un resorte, mientras me quitaba el guantelete del oído. Este no sangraba, así que parecía que no había perdido el tímpano, aunque aun oía el terrible pitido. La divium entonces hablo de nuevo, y pesa a lo mal que había comenzado a caerme nada mas llegar, no pude hacer otra cosa que asentir levemente, aunque algo molesto.

-Por ahora, mejor no pensemos en esa posibilidad. Y no uso una espada.- replique, mientras levantaba levemente mi diestra enseñando la garra de negro acero. Entonces, volví a pegar la espalda contra la ventana, para evitar que esta se volviera a abrir o cediera frente a aquellos engendros, para después apresurar a la divium.

-Pégate contra la ventana de la cama o la de la estantería, y vigila con la ballesta la otra. Si cedemos aquí arriba, los de abajo están perdidos- decía, mientras las ultimas palabras me salían junto a un golpe a mi espalda, contra la ventana de, esperásemos que robusta, madera. Los gules volvían a intentar entrar.
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Charles Redwings

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Re: Lo que dure la pesadilla

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