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Lo que dure la pesadilla

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Re: Lo que dure la pesadilla

Mensaje por Cynertryth D. Mosshart el Jue Nov 07, 2013 7:29 am

Post IV


Si mis tetas fueran grandes y aguadas, me las habría comido con el impacto. Por suerte, su tamaño rondaba la decencia de los estándares de belleza de mi raza y su firmeza era incuestionable. La belleza de la juventud en su máxima expresión. No tanto así mis ideas y mi mente, que pensaba en esta mierda mientras yo caía precipitadamente al suelo, envuelta en una asquerosa, pegajosa y espesa baba de monstruo.

El choque fue fuerte, pero amortiguado por mis alas y la misma saliva que me rodeaba y me había hecho caer. Por fortuna para mí, llevaba la boca y nariz cubiertas al volar por un pañuelo, así, pude, con suerte, evitar que el escupitajo de la bestia se metiera por mi boca. Sin caer por completo al suelo, quedé pegada a la pared de un edificio por la viscosa baba. Pendiendo casi por completo de una de mis alas, inmóvil por la posición en la que quedó mi cuerpo y sin mucho soporte, podía mover mis brazos, sí, pero eso no me serviría de gran cosa.

Comprobé con mis manos mi cabeza, primero para asegurarme de no haberme roto nada ahí arriba. Luego el resto de mi cuerpo, espalda, piernas… nada. Al parecer, el dolor era sólo por el golpe y los nacientes moretones que empezaba a mostrar, me alegré. La raza divium puede dominar el cielo con su habilidad de volar pero a cambio, nuestros cuerpos eran frágiles comparados con otras criaturas de nuestra estatura, una caída como esa podía haber resultado fatal.

Me retiré la baba que tenía en el rostro con el dorso de la mano para poder ver con mayor claridad. Por alguna razón, la situación me hizo recordar el día que decidí entrar, guiada por la lujuria a los baños comunitarios de los varones nobles. Estaba bastante poblado ese día y luego de casi una hora, había acabado casi tan pegajosa como me encontraba ahora. Claro, ese día, todo lo anterior había valido la pena. Justo ahora, sin absolutamente nada de lo previo a este final, más bien me encontraba molesta.

-¡Oye mierda! ¡Se hubiera agradecido al menos un beso primero!- Le grité, pataleando para tratar de liberarme de la baba.

Comencé a zarandearme por completo, intentado sin éxito zafarme de la pegajosa situación, pero a cada movimiento lo único que lograba era esparcir más el asqueroso fluido. Pronto, mis dedos estaban ya pegajosos, mis manos, los codos y mientras más me movía, más difícil era seguirlo haciendo. Me estaba desesperando.

La voz de Arthur llegó a mis oídos, y por fortuna, este mandaba al chico de la garra ayudarme, por un momento me sentí aliviada, pero grande fue mi decepción al ver que antes que ayudarme, el chico iba con el herido elfo y le brindaba ayuda; intercambiaron palabras que no escuché y luego se fue; de nuevo a la retaguardia; ahora, era el elfo quien a regañadientes y más asustado que si estuviera rodeado de Orcos debutantes se acercó a paso lento e inseguro a mí.

-¡Tsk!-¡Fags!- Dije en mi propio idioma a modo de quejido leve para mis oídos. Sabía ahora que no podía contar con ninguno de los dos; y sin dejar de tratar de zafarme, traté de estar al pendiente de los movimientos de los demás. El enano había desaparecido detrás de la bestía aprovechando la confusión, mi ataque había sido menos efectivo de lo que esperaba pero al menos el buen enano lo había sabido aprovechar haciendo caer a la bestia al poco tiempo. Por su parte, el silbante arco de una elfa había hecho acto de presencia, siendo igual de inefectivo que yo. Desde dónde estaba, no podía ver al soldado al que le robé la lanza ni al esgrimista de nombre Arthur.

Después de moverme un rato, y sin dejar de murmurar todas las maldiciones que se me ocurrían en mi idioma y en el humano, noté que gran parte de mi ala, la que estaba mucho más adherida a la pared, en verdad estaba adherida a una ventana tomé mi pistola por el cañón y golpeando el vidrio con el pomo de la misma, traté de romper el vidrio, esperando que esto me hiciera llegar al piso. Lo primero era salir de ahí, ya que, aunque la bestia estuviera en el suelo, estar ahí mucho tiempo me convertía en el blanco obvio para esta o para cualquier mierda que se acercará.

Rompí el vidrio luego de varios golpes, y aunque pude liberarme un poco, no caí al suelo. Me dirigí entonces al elfo que dudaba de ayudarme o no.

-¡Oye tu! ¡Caga flores! ¿Me vas a ayudar o no? ¡Ayúdame a bajar de aquí antes de que esa mierda se ponga en pie!

Sin esperar a que me ayudara, traté de liberarme por mi cuenta; pero ahora mis movimientos eran más torpes y limitados, la baba, me había cubierto gran parte del cuerpo, formando una película casi uniforme, pero con grumos espesos en algunas partes, y por si fuera poco, esta se estaba endureciendo lentamente.

Si esto continuaba, me vería hecha piedra en poco tiempo.
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Re: Lo que dure la pesadilla

Mensaje por Caentoriumn el Sáb Nov 09, 2013 2:10 am

Aquel joven se acercó a mí con comida y aquella mujer de rasgos refinados y con dos alas brotantes de su espalda se presentó bajo el nombre de "Cyner". Recostado a la pared y con el casco en mi mano derecha tomaba aire y trataba de descansar un poco, pero las cosas para un soldado nunca son mantequilla y de hecho, estamos entrenados para soportar enormes cantidades de cansancio al punto que una persona común simplemente se desmayaría. Llevar 27Kg en bronce puro y duro no es moco de pavo, correr y accionar con ella tampoco lo es, de igual forma y a pesar de todo mi entrenamiento aquello fue demasiado y me era requerido descansar. Volviendo al puto inicial, las cosas para un soldado no son cosa fácil y prontamente nos veriamos envueltos en una situación apretada. Aquel sonido que retumbó en mis oidos y posiblemente en el de todos revelaría una figura gigante y mórbida de rasgos asquerosos y pútridos, tonos grisáceos y garras negras y malformadas tanto como su cuerpo en sí, grandes y variados ojos hacian su cara aún más asquerosa y para rematar una baba de aspecto pegajoso brotaba de su boca. Suspiré quizá de rabia y decepción, tenía que volver a la acción pero entonces todos aquellos hombres se dispusieron a atacar sin más siendo comandados por la emplumada quien groseramente se acercó a mi lanza la medio tomó y para cuando pensé apartarla despegó de la firme tierra -"¡¿Qué se supone que haces?!" - grité en furia. ¡Esa lanza es sagrada para nosotros los hoplitas!.

Sin que pudiera hacer mucho todos se lanzaron en combate y antes de que pudiera hacer algo entre acciones y acciones aquella bestia estaba herida y sentada en el suelo. Me llené de ira cuando aquella idiota aparte de hacerle absolutamente nada a aquel gigante con mi lanza fue despedida con un escupitajo que la dejó pegada a una pared de un edificio. Por los momentos todo lucía bien aunque me sentía algo inútil por no poder participar mas sin embargo si algo era cierto es que también tenía pánico por dentro pues era la primera vez que estaba en una situación de esta índole y aparte era la primera vez que veía una criatura tan enorme. En medio de todo aquel show escuché unos ruidos detrás de mí para solamente voltearme y observar alrededor de 15... ¿muertos vivientes?, ¡no sé cual era su nombre pero aquellas cosas eran un espanto!. La presencia de alguien detrás de mí (ahora miraba a los muertos caminantes) me alertó y era el mismo joven que me brindó alimento, aquel valiente joven (aunque igual parecía algo asustado) me habló -"Perdona las confianzas, pero creo que ahora mismo debemos de encargarnos juntos de esas cosas.... así que, si puedes sujetar ese enorme escudo, úsalo para ayudarme a plantar cara y hacer retroceder a estos seres.... y si tus compañeros se encontraban en el bosque.... espero hallan logrado huir..." -fue lo que me dijo, entonces voltee a verle y tras mirarle un segundo (quizá atemorizante por mi mirada habitual) le respondi - "No estoy acostumbrado a esto, estoy acostumbrado a una falange pero puedo tratar de repelerlos con mi escudo a la vez que te protejo. Escucha lo que haremos: aunque desorganizados vienen en fila (no en columna) así que lo que haremos será recorrer la distancia necesaria para combatir contra el primero del extremo izquierdo de tal forma que la fila se vuelva una columna. Atacar y retroceder será nuestra arma más eficaz" - le dije y observé su garra - "Eso no creo que sirva de mucho, pero si puedes arrancarle una extremidad entonces bien" - Culminé.

Me coloqué en posición y antes de desenfundar mi Xiphos la arrojé con fuerza a uno de esos monstruos y rápidamente desenfundé mi Xiphos y procedi a ejecutar el plan. Era un suicidio, pero para eso fuimos entrenados ¿o no?. "Detrás de mí y con los ojos atentos. ¡Atento a nuestra retaguardia!" - culminé y me coloqué enfrente del primer muerto caminante del extremo izquierdo, a 3m de él.
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Re: Lo que dure la pesadilla

Mensaje por Arthur fon Ronsenburg el Lun Nov 11, 2013 12:35 pm

–¿Este es el primer eclipse no?-

Nuevamente, la escena comienza con un sujeto desconocido, en una sala pobremente iluminada con algunas velas. - Así es, si conseguimos más especímenes podríamos intentarlo de nuevo, necesitamos a esa gente especial, los poco que pueden sobrevivir a esto. Esperemos que lleguen a nosotros, y no tengamos que salir a buscarlos.-

-//-

Siguiendo los consejos del enano, Arthur decidió ayudar a la Divium, luego vería que hacer con los infectados que se acercaban por el bosque; aunque según él, no tendrían mucho que hacer contra ellos.   -¿Estas ebria?- Podría haber preguntado si estaba bien, si se había roto algo, pero no. Arthur pregunto lo más evidente, a la chica desde que la conoció le apestaba la boca a licor. - ¿¡Qué demonios es esta cosa?!- Dijo Arthur respecto a la baba.

Un fuerte estruendo se escuchó e hizo eco por todo el lugar, y un enano era la causa de ello. El golpe que Geddry le dio a la bestia acertó, haciendo que el engendro cayera de espaldas. La bestia quedo con los brazos paralizados, solo gritaba y eso hacía que los infectados con armadura se acercaran más rápido.

Arthur metía mas las manos en la baba, luego llego Turar, y entre ambos intentaban liberar a Cynertryth. –Hey… ¿te puedo cortar unas plumas? Mas que pregunta, Arthur ya había puesto su sable detrás de las alas de Cyn y comenzó a pasarla entre las alas y la pared.  Con eso, y gracias a que la baba había tomado un poco de cuerpo, logro separar las alas y la pared.
Cynertryth ahora está libre, pero una de sus alas tendría  la baba ya endurecida.

-Lo siento belleza, pero creo me necesitan en otro lugar.- Arthur corrió hacia donde estaba Charles, el hoplita, y la elfa.

Caentoriumn, se mantenía en pie gracias a su escudo, protegiendo a Charles, mientras las criaturas, se agolpaban en frente de él. Si bien su escudo era grande, los infectados no caminaron en fila, desorganizados y con una leve inteligencia, dejaron caer sus armas para lanzarse de frente al escudo. Caentoriumn solo debía contener a los infectados, mientras Charles los despedazaba; pero para desgracia de ellos, no todos botaron sus armas. Los que no lo hicieron, los que no parecían tan descompuestos, que no eran más de cinco, se alejaron del par de humanos, tres de los cinco caminaron a su alrededor hasta quedar detrás de ellos. Una vez allí, se lanzaron contra los humanos; cabe decir, que eran lentos, pero peligrosos.

Los otros dos fueron por la elfa…

Skirn, la orca, miro con furia al enano, quería ser ella la que lo acabara, pero ya nada había por hacer, el engendro no se podía mover y no hacía más que gritar. Con un gesto la orca le ofreció al enano acabar con la criatura.  

Mayla estaba en desventaja, los  infectados  venían por ella, pero la elfa noto que Arthur se acercaba por detrás, cuando el esgrimista estaba relativamente cerca, comenzó a caminar más lento. Arthur se acercó por detrás de uno de los infectados, cruzo una pierna por delante a la del infectado escogido y lo hizo caer, para clavar su espada en el cráneo enemigo. Queda uno de ellos, mientras los otros tres están más cerca de Caent y Charles. ¿Entre un humano y una elfa podrían derrotarlo no?

Turar corrió hacia los humanos asediados por los engendros, Arthur  y Mayla estaban ocupados con unos, Cyn… no se sabe que haría, y Geddry estaba a un lado de Skirn, y a los pies de ambos estaba el engendro aun gritando… las cosas parecían ponerse a favor del grupo por fin…
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Re: Lo que dure la pesadilla

Mensaje por Cynertryth D. Mosshart el Miér Nov 13, 2013 6:24 am

Post V

Pude, con la ayuda del humano y del elfo, por fin despegarme de la pared. Aunque el saldo no fue blanco. La hoja del humano, que se coló entre la pared y mis alas se había hecho paso entre la saliva dura de la bestia y al hacer palanca para intentar zafarme, esta se había raspado levemente mis alas, provocando un leve y superficial corte, pero alargado.
Del corte brotaron unas cuantas gotas de sangre, y unas de mis plumas se quedaron pegadas a la pared, como sello y recordatorio de mi breve pero horrible estancia como gárgola de templo en ese mismo lugar.

Caí al suelo torpemente, para cuándo me levanté, el humano ya se había marchado, al parecer, desde dónde estaba no había podido notar que un nuevo grupo de “Cosas” se había aproximado al edificio dónde estaba y pude notar cómo el chico que había rehusado ayudarme se encontraba casi encarando a las cosas que se acercaban a él; y digo casi por que más bien usaba como escudo al soldado al cual le había robado la lanza, al parecer, ese hombre si valía para matar.

-Gracias. En verdad Gracias.- le dije al elfo que se quedó conmigo para ayudarme, y luego dirigiéndole una sonrisa rematé en mi propio idioma: -I see you´r not as fag as I tough.-

Giré la cabeza tratando en encontrar al enano con la mirada, pero el cuerpo tendido de la bestia me lo impedía. No me preocupé por él; después de todo, fue él quien derribo a la bestia y al parecer la mujer orco le hacía compañía. Tuve el impulso de pedirle al elfo que fuera en ayuda del enano, pero no era yo nadie para darle órdenes y hasta cierto y a pesar de todo, me quedaba claro que era yo quién estaba en deuda con el elfo. Si la vida y Mordekaiser lo permitiera, le retribuiría yo la ayuda al elfo.

Giré de nuevo pero en dirección al edificio; las cosas avanzaban lenta pero contundentemente, éstas, estaban armadas y parecían mucho más inteligentes y peligrosas que todas las que antes se nos habían aparecido, claro, salvo la bestia gigante. Agitando levemente las alas y sacudiéndome las manos y brazos, traté de quitarme lo que me restaba de saliva del engendro, saliva, que se había endurecido, situación que me hacía más estorboso el andar pero misma que facilitaba su limpieza.

Corrí, con toda la velocidad que pude extraer de mis piernas al interior del edificio, Sin acomodarme ni un segundo, deslicé lo pies dentro del cuero de las botas y con una mano tomé la pechera de acero, y con un ágil movimiento me enfundé en ella sin tomarme el tiempo de apretar los broches. Tomé  el guantelete con una mano y con la otra la ballesta. Me colgué la ballesta en la espalda y comencé a avanzar escaleras arriba, tratando de impulsarme levemente con controlados aletazos para subir con más velocidad. Mientras subía me iba colocando el guantelete de metal.

Entre a una habitación de la planta alta. Mi guantelete aun no estaba apretado y la pechera de metal bailaba en mi cuerpo. Me descolgué la ballesta de la espalda y coloqué una saeta. Me acerqué a la ventana con cuidad. Estaba cerrada.
La pude abrir justo al tiempo para ver como algunas de esas mierda-cosas rodeaban al soldado y al muchacho de las garras. Arthur, por su parte encaraba a otra cosa y la elfa que antes descargará su arco contra el engendro gigante también se encontraba con ellos.

Saqué la parte frontal de la ballesta, me incliné al frente haciendo contra peso con las alas extendiéndolas hacía atrás. Tomé la ballesta con ambas manos y recargué la culata en la parte interna del hombro, ladee la cabeza y cerré un ojo. Contuve la respiración.
Mi ojo que apuntaba se clavó en la cabeza de una de las mierda-cosas que se había colocado detrás del chico de las garras y del soldado. Era uno que, por la distancia, sería difícil de alcanzar para cualquier otro que no volara como un virote. Un último vistazo en derredor, nadie se abalanzaba.

Solté la saeta contra la cabeza de la cosa…
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Re: Lo que dure la pesadilla

Mensaje por Geddry el Jue Nov 14, 2013 8:03 am

La alabarda se clavó profunda en su espalda, separando carne, nervio y hueso para siempre. El sonido de sus vertebras resquebrajándose iba inundando el ambiente mediante el acero iba haciendo aparición al interior de su cuerpo. La sangre de tonalidad verdosa iba brotando desde la herida a una velocidad pausada y calmada, sin prisas ni apuros, como si no quisiera abandonar a su propietario, casi como si estuviera consciente que al tocar el piso, la vida de su dueño se desvanecería en las raíces del mundo. El engendro reacciono al golpe con un movimiento mudo y errático, se agito violento cuando se percato de que mi acero había podido contra su carne, pero ya era demasiado tarde, el daño estaba hecho y era irremediable, con fuerza y sin cuidado alguno, retiré la alabarda con un leve giro de muñeca y los espesos ríos de sangre se convirtieron en estruendosas cataratas que salpicaron el piso frente a mis pies, manchando mis botas de ese tono verde musgo tan característico. Entonces, la bestia, soltó un enorme rugido que se hizo escuchar en cada rincón de aquel poblado olvidado de la gracia de Karzun y la eterna clemencia de Delia. Aquel era el rugido de una bestia herida, de un animal que presiente su propia muerte y la anuncia a los cielos en busca de ayuda de los otros miembros de su manada, pero nada llego en su auxilio, solo más acero.

Con movimientos erráticos, más parecidos a espasmos musculares que a movimientos racionales, la bestia se agitaba en sus cuartos traseros, por un momento pudo haber sobrepuesto de ese primer ataque, pero el segundo golpe terminó el trabajo. Con un rápido movimiento, gire en mi propio eje y el hacha principal golpeo con tal fuerza la espina del engendro, que hizo volar gotas de sangre y sudor por el aire, humedeciendo, una vez más, la tierra con el sufrimiento de sus hijos. El estruendo de sus vertebras quebrándose fue seguido por un aullido lleno de dolor, y luego, el colapso de su bestial existencia. Sus músculos, ahora privados de las señales eléctricas provenientes de su espina, ahora ya no respondían a los intentos de tensión en absoluto, lo que produjo que todo el tren inferior del engendro se relajara, obligándolo a colapsar sobre sí mismo, dejándolo de espaldas, lisiado de por vida y desprotegido de nuestros ataques. La titánica criatura seguía moviéndose errática, o al menos así lo hacía su torso y brazos, los cuales ahora tapaban su cara, como si estuviese dando su último esfuerzo por sobrevivir. Finalmente, otro aullido cargado de pena, buscando auxilio fue proferido a los cielos en busca de apoyo, pero solo llego mi acero para sacarlo de su agonía.

Cuando la bestia llego a tierra, yo estaba a 4 metros de su cabeza, así que solo camine hasta tener sus sienes frente a mis ojos. El tiempo se hizo nuestro, cazador y presa envueltos en un juego mortal que llegaba a su fin, un momento inmortalizado en la memoria de ambos. El ruido del ambiente se iba reduciendo a cada paso, hasta volverse nulo. Los aullidos de la bestia desaparecieron en el aire, los caminantes a nuestras espaldas ya no fueron más, Arthur, Cynertryh, Skirn, Turar, Charles, todo el mundo se desvaneció en la atmósfera de gris nubosidad del alrededor. Los huesos chocando contra el acero del escudo del hoplita se esfumaron, todo el mundo se redujo a ese mínimo espacio en el norte de Noreth. Solo éramos la criatura y yo.

Las gotas de sudor nacían en mi frente para morir entre los cabellos de mi barba. Recorrían su carrera no definida por patrones a través de mi rostro, limpiando un poco la tierra que en ella había encontrado refugio. Mi respiración estaba agitada, aumentado más el ya asfixiante calor que había dentro de la armadura. La sangre corría desde la espalda, manchando la tierra y la suela de mis botas, dejando huellas verdosas tras mis pasos.

Pronto, estábamos frente a frente. La bestia se seguía agitando, aunque cada vez más lentamente. Movía las manos alrededor de su cabeza, tratando de proteger su cara y su cráneo, pero todo fue inútil cuando mi arma logro atravesar una de sus sienes, clavándose hondo al interior de su cerebro. El engendro se volvió un torbellino cuando eso sucedió, se convirtió en una furia violenta e impredecible de golpes dados al azar, pero todo se detuvo cuando, utilizando la fuerza de mis dos manos, gire mi alabarda dentro de su cabeza, revolviendo sus sesos y acabando con sus terminaciones nerviosas. Así, la tormenta furia y dolor, se apaciguo y se torno una leve llovizna. Los golpes al viento cesaron para siempre, al igual que los gritos, ahora estaba en completo silencio, solo con un leve movimiento explosivo, igual que una gallina recién decapitada. Pero el muy hijo de puta no se iría fácilmente, pues usando un último recurso logro trabar mi arma en su cabeza, dejándome desarmado ante un apocalipsis.

Con el trabajo terminado, voltee la mirada para echar un vistazo alrededor. El grupo de caminantes armados que habían salido desde los altos pinos del bosque cercano, ahora se había visto diezmado por el soldado nuevo, Charles y la elfa de la flecha. De todas formas aun estaban en problemas, pues los caminantes comenzaban a contraatacar, de forma lenta y torpe, pero la inexperiencia e inmadurez de los niños dejaban muchos puntos ciegos en su defensa, sobre todo por qué Charles se esconde detrás del soldado.
Por otra parte, Cynertryth ya había sido liberada de su prisión mucosa y ahora corría hacia un edificio cercano, parecía estar bien, pero una de sus alas estaba lastimada, le faltaban plumas y pequeñas lágrimas rojas teñían la blancura nival de sus plumas. Arthur y Turar ahora estaban apoyando al grupo contra los caminantes, el esgrimista se encargaba de un no vivo con gran facilidad, después de todo, su arma de niña si era útil en algunas situaciones. En total reposo y sin ninguna utilidad real, estaba la orca, justo a los pies inertes del engendro, totalmente inmóvil, quizás pensando en la inmortalidad del cangrejo. Agite la cabeza en señal de desaprobación y volví a mirar alrededor, con el fin de encontrar un palo o una pata de alguna mesa para sustituir mi arma por un rato, pero algo hermoso brillaba unos metros más allá.

Recostado contra el blanquecino muro de una vivienda, se encontraba un cuerpo en avanzado estado de descomposición. Su rostro, carente de carne y emociones, miraba con profunda reflexión el vacio de sus propias cuencas. Su torso estaba cubierto por una armadura de escamas metálicas, las cuales ya habían perdido su lustre. Sus brazos esqueléticos, tenían un color grisáceo, como si hubiesen sido tratados con fuego luego de que su alma haya abandonado su pecho. Era un cadáver extraño, sí, pero lo realmente peculiar de aquel cuerpo, era el objeto que descansaba en su mano izquierda, la cual aun mantenía algunos jirones de carne pútrida y purulenta. Lo que tanto llamó mi atención, fue un martillo hecho por herreros de mi raza, ese brillo tan particular, solo podía ser obra de maestros labradores enanos en alguna forja bajo tierra. El nivel de experticia dado a cada toque en ese martillo, la sabiduría añadida a martillazos en cada detalle, aunque sea el más mínimo, era solo posible si la manos que los dieron fueron criadas en las entrañas de la misma tierra, solo los hijos del acero pueden crear tan maravillosos trabajos.

Maravillado y expectante, camine hipnotizado hacía el cadáver del hombre. Nada se interpuso en mi camino, nadie rompió la inocencia de aquel momento. Tome el martillo entre mis manos y lo acaricie con la yema de los dedos, o más específicamente, con la punta del guantelete. Aprecie cada detalle de esa obra de arte, las terminaciones, los ornamentos, la estructura, todo había sido con suprema experiencia. En la cabeza del arma, una montaña partida en dos embellecía la vista.

Conozco a este clan… Estas muy lejos de tu hogar, amigo mio. Dije en un tono demasiado bajo como para ser escuchado por nadie más que no sea yo o el martillo.

Seguí apreciando esta nueva adquisición un rato más, todo mientras el clamor de la batalla resonaba a mis espaldas. La empuñadura estaba cubierta por un forro de cuero, en el cual, una palabra había sido escrita con sangre. La letra era endeble y casi inentendible, pero luego de un gran esfuerzo, fui capaz de leer la palabra Turak. En un principio no entendía lo que aquello significaba, pues no era ninguna palabra que yo conociese, pero todo cobro sentido cuando mis labios dibujaron dicha palabra en el viento. Inmediatamente, desde el centro de la cabeza del martillo, comenzó a salir una ligera bruma color azulado, la cual se expandía ligera y lentamente por el espacio. Sorprendido por aquella magia, deje caer el martillo, lo que me hizo testigo de su verdadero poder, pues apenas golpeo el suelo, una espesa capa de hielo azulado cubrió una pequeña zona de tierra, dejando libre solamente mis pies.

Fue entonces que recordé lo que significaba aquella palabra, era la palabra que utilizaban en las áridas tierras del oeste para el hielo. Aquella era un arma rúnica, manufacturada entre las arenas del desierto muerto de Woestyn Ölüm. La volví a tomar entre mis manos, este vez con gran decisión y sin miedo alguno, entonces emprendí rauda carrera en dirección a los caminantes que aun quedaban pululando entre los jóvenes inexpertos. Iba a probar que tan bien  trabajaban los enanos de las tierras muertas. Apenas alcanzara a los caminantes armados, lanzaría un martillazo lateral directo a su escudo, justo en el centro, sería un golpe concentrado, dando todas mis fuerzas en aquel. Si vas a probar el trabajo de un maestro debes hacerlo bien, debes dar todo tu esfuerzo para tratar de destruirlo y eso mismo es lo que iba a hacer.
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Re: Lo que dure la pesadilla

Mensaje por Charles Redwings el Jue Nov 14, 2013 5:54 pm

Después de hablar, la aparición de una elfa, vestida con protecciones ligeras ademas de con ropajes mas normales, a nuestras espaldas fue algo que realmente me sorprendió. ¿Era ella aquello que había visto antes ayudando a luchar contra el monstruo? Quizás. Sus palabras estuvieron a punto de provocarme un tic nervioso, aun a pesar de que acababa de abatir a alguno de esos engendros con un arco que portaba. ¿Es que todas las mujeres allí parecían tomarse ese maldito apocalipsis como un simple juego? Acabe por mantener mi pétreo rostro a duras penas y conteste en voz neutra.

-Sea como quieras...- No soné muy convencido, la verdad. Entonces, Caent comenzó a hablarme. Tras escuchar las palabras de este, no pude evitar sentir un leve escalofrió en el cuello, y una seguridad mayor a la de antes, aun a pesar de ser estas sensaciones casi contrarias. El tipo parecía saber lo que hacia, sin duda alguna, y parecía tener mucha mas experiencia que yo en combate. Bueno, eso tampoco es que fuera muy difícil. Jamas había participado en una verdadera batalla. Ni pensaba hacerlo.

-De acuerdo...- Mi voz sonaba todo lo segura que podía sonar en aquella situación -Tu diriges- Dije, tras lo cual seguí sus instrucciones, poniéndome detrás de el, tras lo cual al poco comenzamos a avanzar hasta posicionarnos donde queríamos. Aunque no había sido como esperábamos. No todas las criaturas estaban en un orden tan perfecto como habíamos pensado al principio. Entonces, para bien o para mal, diez de aquellos malditos engendros soltaron sus armas y se lanzaron contra Caent y su enorme escudo. debido a este repentino gentío delante de nosotros, había tenido que reaccionar con rapidez, olvidando momentáneamente a aquellos que aun conservaban sus armas.

"¡Ahora!" Pensé, justo cuando la oportunidad de acabar con uno de aquellos no muertos apareció ante mi. El ser estaba justo al lado del gran guerrero, pero a la suficiente distancia como para que si me enfrentaba a el, no causar problemas al mismo. Este llevaba una armadura roída y medio descubierta en zonas con claras roturas. Pero tenia casco. Mas, este era de aquellos que estaban abiertos por debajo, dejando toda la cara al descubierto. Con un ágil movimiento y un rápido juego de manos, llegue hasta el de un salto, y aprovechando mi agilidad superior, inicie mi ataque. Mi brazo derecho, con fuerza, redujo la distancia hacia la poca del ser, introduciéndose en esta, segando carne y rompiendo de forma brutal los dientes que allí quedaban. Mientras, mi zurda, hacia lo propio en la zona del cuello. Allí, cuando atravesó, pude notar como la grasilla y algunos fluidos no identificables, se introducían por las hendiduras del guantelete metálico. Era asqueroso. Y el olor que el engendro soltaba no ayudaba en absoluto.

-Arght......!- Apreté los dientes y entonces, comencé a separar las manos con fuerzas. Mi intención era partirle la cabeza a ese ser, pero, mi fuerza no era suficiente para tal cometido, y el engendro se movía tratando de liberarse, cosa que dificultaba aun mas la tarea. Entonces, con un ultimo esfuerzo, tire con mas fuerza. La cabeza no se rompió, aunque toda su boca estaba destrozada, pero un crujido que me puso los pelos de punta y dejo lazo al ser, me indico que al menos, acababa de dañar de mala manera el cuello y la columna de  ese ser, impidiéndole la movilidad. De una patada, me quite al ser de encima, sacando mis garras de su cuerpo, las cuales ahora estaban pegajosas y apestosas. "Uno" pensé, casi distraído. Había sido un acto inconsciente en relación a la absurda propuesta de la elfa. Aun así, me saco una leve sonrisa. Cosa que no quitaba que la situación era de terror.

Todo había ocurrido con sorprendente rapidez, y me gire para volver a posicionarme mejor en la retaguardia del grandullón. Mas, entonces, otra vez ahí, vi que tres de aquellos engendros que aun portaban sus armas, habían tomado posición detrás nuestra. Mierda, estábamos jodidos. No todos aquellos bichos eran igual de subnormales. ¿Que las les iría al otro grupo? Tan centrado como estaba ahora en los tres seres frente a mi, no me había percatado de que la bestia había ya caído y que los demás se dirigían hacia nosotros, con intenciones de ayudarnos. Lo siguiente a esto solo la loca rueda del destino lo sabria.
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Re: Lo que dure la pesadilla

Mensaje por Mayla Erulaëriel el Sáb Nov 16, 2013 1:31 am

Escuche que el chico de las garras me respondió pero en seguida fue a ayudar al otro, el cual parecía un Hoplita bastante grande y fornido... Suspire, supongo que ya seria para la otra este pequeño juego, por ahora tenia que concentrarme a lo que tenia enfrente y después de disparar esas dos flechas...

Mis dos flechas no habían surgido efecto con ninguno de los caminantes, maldecía para mis adentros había perdido 2 flechas... Pero bueno supongo que después de todo podría recogerlas, así que no me tenia que preocupar por ellas, por ahora, supongo que podré usarlas mas adelante para que mi costilla no empeore... Pero aun así, el dolor no va en decadencia.

Dos caminantes se dirigían hacia mi, mientras estaba en posición de atacar, antes de que pudiera hacer algo un hombre apareció... Tenia aspecto de esgrimista, muy para estos tiempos, este hombre mato a uno de los dos que se me acercaba por detrás -Muchas gracias señor... Me has salvado... Pero, nos quedan otros, estaré encantada de cubrir sus espaldas, le debo mi vida... En verdad muchas gracias- le dije mientras miraba al otro caminante buscando la manera de atacarlo sin salir lastimada.

Para nuestra... Mala o buena suerte algunos caminantes traían armas y otros no... Junto con algo de armadura esto seria bastante difícil por lo menos me cabe a la idea de que eran soldados en vida pasada, no me había puesto a pensar en ello antes pero...  no creo que la causa de su estado sea... Una simple gripa... Digo, algo lo tiene que haber causado...

Se me estaba aserrando demasiado el segundo caminante así que lo único que hise fue intentar apartar su escudo de una patada de gancho al estomago y agarrarlo rápidamente por la cabeza en parte de arriba, he intentar meter mi espada por su garganta, hacia arriba para que saliera por su cráneo y luego sacarla rápidamente empujando con mi pie y que callera hacia atrás, todo esto en un movimiento hábil y rápido.

Me hice para atrás de nuevo con espada en mano, gemí del dolor por la costilla, cada que me dolía se iba incrementando el dolor, pero ahora no podía desfallecer... Nos habían rodeado aunque seguían bastante mal formados avanzando lentamente... -Que le parece si ayudamos a los demás, creo que si nos juntamos y creamos un circulo podremos acabar con ellos mas rápido ¿No le parece? - dije mientras jadeaba un poco.

Algo me decía que el monstruo de diez metros ya no vivía... Los sonidos habían dejado de producirse... recuerdo que antes de estar metida en esto vi que el enano se escabullo por alguna parte, decidí no darle mucha importancia... A lo mejor fue el, el que termino esa parte del trabajo, pero ahora no podía voltearme para ver que había pasado, tenia otro problema delante mío.

 Haa si mis flechas hubieran funcionado ahora no estaríamos en esta situación y podríamos continuar con los demás, pero... Por otro lado se que, no soy lo suficientemente fuerte como para vencerlos a todos de una sola ves y eso me molesta... Maldición.... Me di una cachetada y me obligue a no pensar mas en ello, ya tenia suficiente con lo que estaba pasando como para que recordara mi carga ahora.

Aunque no lo vi, pude sentir como el oteo elfo regresaba para ayudar y la Divium... ¿Había sido liberada?, no lo sabia ahora tenemos que acabar con esto rápidamente y no se si mis heridas empeoraran o sanaran, lo mas seguro es que sea la primera opción pero debo optar por no pensar en eso ahora todo lo que me falta es que me desmaye aquí  mismo... Por favor no...

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Ímpetu de un guerrero

Mensaje por Caentoriumn el Lun Nov 18, 2013 4:08 am

¡Malditos entes demoniacos!, ¡ni sé cómo llamarlos!. No hay adjetivo despectivo que pueda decirles, son hórridas y morbosas creaturas pútridas y malolientes, desconozco si salieron de la tierra o fueron enviados por algún dios a modo de plaga, pero lo que sí sé es que son horriblemente fastidiosos. Mi plan había funcionado... parcialmente, claro. Tomando el punto en el plano (imaginario) aquellos monstruos (juzgando por sus acciones, muy poco inteligentes), se abultaron enfrente de mi escudo agitados y expeliendo un olor desagradable trataban de  atacarme pero chocaban irremediablemente contra mi escudo aunque algunos lograban raspiñar un poco mis brazos la mayoría de sus golpes y garrazos impactaban contra el escudo, rasguñandolo pero sin embargo sus intentos de ataques no eran competencia contra mi fornido escudo y mi fuerza que, aunque mermada, aún lograba resistir y ya que estos cadáveres vivientes eran débiles no necesitaba mucha fuerza en realidad, con mantener el escudo en alto y hacer algo de presión era suficiente. Mas sin embargo mencioné que fue un éxito parcial pues parte de aquella horda maloliente no se agolparon enfrente de mí sino que nos rodearon atacando por la retaguardia. Tenia dos opciones en aquel preciso instante: efectuar una defensa a doble dirección o mantener a los zombis juntos enfrente de mi escudo.

Pensé unos segundos las posibilidades y llegué a la conclusión personal de que, si hacia una defensa a doble dirección iba a terminar exhausto y tenía la posibilidad de resultar herido o muerto mientras que, conteniendo a aquellos monstruos infernales, podría mantener una defensa efectiva. Observé en un rápido movimiento de cabeza al humano que empuñaba un sable y a una mujer delicada, de una bella piel y unas extrañas orejas, primera vez que veía una mujer con tales rasgos, era extraña pero no le di mucha importancia, aunque lo que sí pude notar cuando giré mi cabeza fue que aquellos dos luchaban contras entes armados de la misma clase de los que estaban enfrente de mí, únicamente que estos poseían armas; de momento tenia que ocuparme de todos aquellos monstruos. Aunque los podía contener, yo no era eterno y mi cansancio se drenaba cada minuto como una fuga de agua, gota a gota, lenta pero efectivamente, y esto significaba que mi brazo no iba a durar por siempre, en otras palabras, si no me deshacía de estos cadáveres vivientes mi brazo iba a colapsar y aquellos monstruos se me iban a echar encima y sin yo poder hacer nada. Me puse en marcha sin chistar y efectué mi movimiento. Con mi fiel Xiphos empuñada (gracias a los dioses que tengo un arma secundaria) fuertemente lancé dos estocadas por encima de mi escudo de forma imprecisa pero en vista de que estos monstruos estaban muy juntos a alguno que otro le tenía que dar o eso esperaba, cuando realicé este ataque doble guardé mi mano detrás de la seguridad de mi escudo para hacerla descansar en el entretiempo y así observé hacia atrás para ver como iban las cosas en la retaguardia.

Poco sabia yo de entes más allá de lo humano y por ello poco sabia yo qué eran estas bestias, por qué habían salido y exáctamente qué eran, eran un misterio para mí pero todo lo que pude hacer era esperar que su cuerpo fuese similar al de un humano, similar al menos pues en apariencia eran 'humanos', es decir, tenian ojos, boca, brazos y piernas... descompuestos, pero tenian.

No hay peor forma de luchar que no sabiendo a qué te enfrentas, eso es algo que a mí y a mi ejército nos ha tocado aprender por las malas. He estado cerca (por no decir a un centímetro) de la muerte por no conocer bien al enemigo y las sorpresas físicas o tácticas que te pueden dar no son muy agradables.

La situación era engorrosa pero debiamos permanecer unidos. A la par de lo anterior mencionado, poco sabía yo quienes eran pero de momento tenía a este valiente joven ayudandome, a aquel hombre con aires de liderazgo y aquella mujer de misteriosos pero hermosos rasgos. En momentos como este solo hay dos cosas por hacer: avanzar y rezar por misericordia, el resto... el resto lo decide el destino, y nosotros, sus títeres, simplemente nos movemos conforme a los que nos depare el cruel futuro. Resistir es todo lo que podemos hacer, pero la muerte llegará eventualmente.

Sin mirar a nadie, concentrandome en el frente exclamé a los que me escucharan - "¡Inteligentes no son, atacarles por el flanco y eliminarles!" - mientras aún los contenía y trataba de que lo poco que restaba de mi energía me fuere suficiente para mantenerlos apartados de mi cuerpo, no quería resultar muerto, por lo menos no contra estos imbéciles. En un momento de iluminación decidi realizar algo que nosotros llamamos "despeje", ¿qué significa?: si los enemigos se agrupan en nuestros escudos tal cual bestias iracundas contamos hasta tres y todos a la par echamos hacia atrás nuestros escudos y rápidamente hacia adelante golpeando a los enermigos y causando unos segundos de dispersión causando que se desorganicen por el frente y así ejecutándolos con nuestras lanzas. Similar a eso haría en aquellos momentos. Me preparé mentalmente para el cansancio y reuni energias necesarias, sabía que tras esta escaramuza iba a caer inconsciente, pero aún con eso en mente decidi sacar fuerzas de flaqueza. Tomé el mayor aliento que pude, conté a tres y apreté los dientes, entonces descargué un fuerte golpe con mi escudo para tratar de dispersar a aquellos monstruos. Estaba preparado para luchar, de una u otra forma iba a tener que terminar inconsciente, pero prefería hacerlo de una buena forma. Tenía 6m límites, eso calculé mentalmente, luego de eso iba a caer al suelo y quién sabe cuando me iba a despertar. Observé a uno de los monstruos y con escudo en mano lancé un corte para rebanarle el cuello.

Hay que recalcar que los esfuerzos físicos que logra un Hoplita no tiene parangón, y es por ello que sigo de pie. Ya había vivido esto, luchar en una guerra es más exhaustivo, me lo sabía de memoria: al cuarto minuto tendría dificultad para concentrarme y respirar debidamente, al quinto minuto mis extremidades no responderian bien y mi visión se pondría borrosa de a ratos y finalmente, al sexto, toda consciencia se despegaría de mi cuerpo y me desplomaría al suelo sin importar qué, cuando o cómo. Estaba listo mentalmente.
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Re: Lo que dure la pesadilla

Mensaje por Arthur fon Ronsenburg el Miér Nov 20, 2013 2:43 pm

Una saeta cruzo el viento, y se alojó en uno de los cráneos enemigos. El virote que disparo Cynertryth tuvo un resultado satisfactorio, no tanto fue así con el ataque de Charles. El humano logro acabar con el primer enemigo que enfrento de una manera genial y brutal, pero no vio cuando desde las sombras uno de los infectados se lanzó sobre él. El infectado no detectado por el humano de garras, sintió un profundo dolor en su cuello, el infectado sobre él, le mordió con furia sanguinaria la piel, arrancando un trozo de carne.

-Elfa, sígueme… creo necesitan ayuda por allá.-
L a sangre de Charles comenzó a caer con desenfreno, En eso llego Arthur y clavo la punta de su rapier en el cráneo enemigo, haciendo que este cayera muerto… aunque ya parecía estarlo.
- Oye Divium, cúbreme, tengo que sacar a este tipo de aquí.- Gritó fuertemente Arthur.  

-Ok, escúchame Charles. Te dejare aquí, la pelea aún no termina y si me quedo contigo nos comen a los dos… aprieta esa herida, no dejes que siga sangrando.- Arthur se quitó la gabardina y se la entregó a Charles, con eso podría apretar un poco la herida, y evitar el desangramiento masivo. El esgrimista corrió rápidamente hacia donde estaba Caent, vio que Skirn se acercaba, y ella podría con el último infectado.

Los disparos de Cynert continuaban, eso ayudo bastante a aligerar la presión que estaba frente al escudo de Caentoriumn. Arthur apareció junto a Turar y Skirn, los tres se pusieron detrás del hoplita y cuando tenían oportunidad atacaban a las criaturas; Arthur con su rapier, Turar con una de sus dagas, y Skirn le quito la espada que cargaba Caent.

Los pasos lentos del enano no fueron suficientes como para que alcanzara a luchar, al momento de su llegada, los enemigos ya no estarían allí, así que sus ganas de probar su nueva adquisición deberían esperar un poco más. ¿Quién sabe? Quizás existan docenas de engendros mutantes que sirvan como blanco para su nueva arma.

Después de un tiempo, entre humanos, elfos y orcos lograron dispersar a la masa hambrienta que se agolpaba detrás del escudo de Caentoriumn. -Creo no nos han presentado adecuadamente… oh no, no hay tiempo para esto.- Arthur corrió nuevamente hacia donde estaba Charles. –¡Ayúdenme a llevarlo a la casa!-

Arthur con la ayuda de Skirn levantaron con cuidado el cuerpo de Charles. Lo entraron a la casa que antes les sirvió de refugio  y lo recostaron en un sofá cercano. Turar, el elfo, se arrodillo cerca de Charles, y con su magia, (así es, es un curador)  comenzó a recuperar las heridas de Charles.  La herida sano, pero aun el humano estaba débil.

El peligro había pasado momentáneamente, ¿pero ahora que hará el grupo? ¿Cada uno seguirá un camino diferente, o se mantendrán  unidos?

- Supongo que ahora estamos a salvo… ¿Qué harán ustedes?  Yo me quedare con el elfo y la orca, ya que me acompañaron  desde el pueblo anterior. Iremos a una ciudad cercana… relativamente… ya que dicen que allí podría haber una fortaleza con otros sobrevivientes, y que se han mantenido luchando contra esas cosas de afuera.  Pero también he escuchado que de allí nació el rayo que cubrió las lunas de rojo… si alguno nos quiere acompañar, bienvenido sea.-
El camino será peligroso, los eclipses y las lunas entintadas de carmesí ocurren sin previo aviso, y al parecer, esos eventos atraen más infectados de lo normal.

-¿Quién demonios se bebió todo el  ron…?
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Re: Lo que dure la pesadilla

Mensaje por Caentoriumn el Sáb Nov 23, 2013 2:22 am

Cúmulo... cúmulo de zombis que se agrupaban para hacernos la vida imposible, como si toda esta situación no fuera suficiente, como si un perverso Dios nos quisiera hacer sufrir, como si una autoridad estuviese probando mis habilidades. Inaudito era aquello.

Alma rauda, alma valiente, estaba preparado para lo peor y estaba dispuesto a desmayarme, la adrenalina fluía en mi interior y mis ojos solo mostraban furia. Empecé el despeje. Ejecuté el golpe y aquellos descerebrados se dispersaron, obviamente, aquellos bichos apenas y se mantenian en pie y de hecho el caminar era algo dificultoso para ellos, eran seres descompuestos, su carne era pútrida y sus huesos estaban carcomidos y desgastados, podridos y amarillentos. Como los míticos berserkers entré a la batalla, raudo y con un grito de furia empecé a atacar lo que veía. Pero mis calculos fallaron sin dudas. Al minuto tan solo empecé a sentir un revuelto en el estómago y mi visión se tornaría borrosa y confusa, me quedé estático un momento y solo escuché un sonido sagaz, parecía de un arco o algo similar, sentí una presencia que tomó mi arma pero yo estaba perdido y desorientado, mis sentidos apenas y funcionaban. Todo entonces lo empecé a ver como si el tiempo se hubiese ralentizado, no ponía atención, mis ojos se controlaban solos... el estado de cansancio era tal que estaba a punto de desmayarme pero logré tomar control de mi cuerpo. Me retumbé contra un árbol mientras el resto eliminaba a los restantes. A pesar de mi actual situación podía escuchar flechazos, sonidos de flechas zurcando los aires con gran velocidad, traté, algo desorientado, encontrar al o la autor/a de aquella ráfaga de saetas hasta que tras pesquisar divisé a una mujer con alas, era la misma que me arrebató mi lanza.

La "vida" del último cadáver caminante se desvaneció, y así cayó al suelo para regresar nuevamente al tormento eterno. Aquel niño que me acompañaba cayó abatido, sí, me di cuenta tarde, pero me di cuenta al fin. Su brazo sangraba y el resto le ayudó a llevarlo dentro de la construcción, por mi parte pasé un minuto más afuera y caminé hasta la casa observando como el elfo auxiliaba al malherido. Todos estaban reunidos en aquella casa pero poco me importaban lo que hacía, caminé desganado y exhausto en totalidad hasta un sillón y me eché tirando mi escudo perezosamente dejandolo caer al suelo y reproduciendo un sonido metálico. Recuperaba energías rápidamente, pero necesitaba más minutos para recuperarme.

Cuando mi vitalidad se vio incrementada lo suficiente para poder hablar sin jadear, observé a la alada mujer de bellos rasgos, sí, aquella que arbitrariamente me había despojado de mi lanza y vi a un hombre de características... afeminadas, por otra parte estaba una mujer de rasgos masculinos, de piel verde, era extraña... pero eso no me importaba, lo que sí me importó es que ella fue quien me despojó de mi Xífos. Primero giré mi cabeza hasta aquella mujer y traté de regañárla - "¡Tú!... si no tuvieses tu capacidad de volar te hubiese ensartado mi Xifos directamente en tu cuello. Jamás tomes la lanza de un hoplita... jamás" - le dije sin gritarle y de hecho ni siquiera parecía molestia, ¿por qué?... sus rasgos... su belleza me dominaba, maldición, es definitivo, las féminas son la debilidad de todo hombre. Así en cuanto culminé me giré hacia hacia la mujer de rasgos masculinos y de piel verdosa - "Y tú... te aprovechaste de mi estado, pero ya estoy algo recuperado. Devuelveme mi Xífos, no quiero más problemas" - le dije severamente y esta vez mi tono sonaba molesto, lo cual era una contradicción si comparamos lo que le dije a la mujer de las alas y al hombre afeminado.

En aquel sofá sin perder tiempo me acosté en él, corta parte de mis piernas y mis pies sobraban por mi altura, pero cuando estás muy cansado hasta una cama de piedra con paja es cómoda. Es la realidad. Sueño sin embargo no tenía, pero sí quería y más que todo necesitaba descansar, coloqué un brazo en mi frente y descansé recapitulando los hechos hasta ahora: qué giro. Como una ruleta ahora estaba bruscamente de un lado de mi vida. Desde aquel carmesí eclipse todo se volvió una auténtica locura. Aquellos entes putrefactos salieron de la tierra, infernales, para hacer nuestra vida imposible. Creció un odio en mi ser, jamás me había enfrentado contra estas criaturas aberrantes pero si de algo estaba seguro es que las odiaba fervientemente, rencor, eso era lo que sentía. Estaba reponiendome para la próxima vez que tuviese en frente a uno de estos monstruos degollarles impiadoso, preparado estaba para la carnicería.

Abrí mis ojos y entonces observé detenidamente a aquella mujer, aún recuerdo su nombre, era Cyner. Tras un perpetuo silencio pronuncié - "¿Cyner era tu nombre, cierto?. Mi nombre es Caentoriumn, soldado de Thonomer, de las filas de Bérico IX. Perdona por el regaño, es... algo prohibido entre nuestras filas. ¿De donde proviene usted, hermosa damisela? " - le dije mientras me sentaba ya con mis energías parcialmente recuperadas. Mi lanza ya no tenía salvación pero aún estaba provisto de mi filo y de mi escudo, aunque también estaba despojado de mi yelmo. Igualmente, los brazos de esos tipos no eran fuertes pero de igual forma si eran como los anteriores, estos podrían tener armas y algunos no eran tan descerebrados. Era interesante, sin dudas, pero de igual forma los odiaba.
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Re: Lo que dure la pesadilla

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