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Lo que dure la pesadilla

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Re: Lo que dure la pesadilla

Mensaje por Cynertryth D. Mosshart el Sáb Nov 23, 2013 8:00 am

Post VI

Las saetas desde la ventana en la planta surcaron el aire silbando a gran velocidad y presisción. Fueron 7 las que con mortal precisión habían logrado aminorar la presión atacante sobre el escudo del soldado. Sí, yo estaba en deuda con, no por que éste hubiera hecho en facto algo por mí. Si más bien porque por mi culpa, una fina pieza de armamento había sido reducida a astillas y mierda.

Con cada tiro, tenía que desviar conscientemente la mira de la cabeza del humano que me había abandonado. Charles era su nombre y mientras disparaba, no podía sacarme de la cabeza que había sido él quien, con alevosía y premeditación me había abandonado a mi suerte contra la piedra de aquella pared. ¿En qué mundo es un elfo más valiente que un hombre? Pensaba mientras llevaba la punta afilada de mis saetas de su cabeza a la cabeza de las mierda-cosas que se estrellaban contra el escudo del soldado.

Antes de que el ataque pudiera ser contenido en su totalidad, el humano fue mordido, y sangró. No pude evitar entonces pensar que Mordekaiser había conspirado en mi parte para cobrarse la venganza. Pero tampoco era mi intención que él muriera, ni lo deseaba; mi molestia se con el joven se acabo en el momento en el que en mi cabeza apareció la posibilidad de que este muriera; no era que mi importara de verdad, pero tampoco quería ser yo la que cargara con el peso de su muerte.

Ahora, era culpa por desearle mal. Sí, una personalidad contrastante. O ¿era culpa por que en el fondo sentía que se lo merecía?

El ataque fue contenido en totalidad; por fin; con al caída del último de las mierda-cosas, exhalé un fuerte suspiro desde mi posición. Cerré los ojos y me dejé caer sentada sobre el piso, recargándome en la pared, incómoda por las alas, pero aliviada. Con la ballesta entre las manos y la cabeza mirando el techo. Respiré y me tomé unos segundos para aclarar mi mente. No puedo, no se puede permanecer inquebrantable siempre.

Me puse en pie y me coloqué en el marco de la ventana, viendo hacía fuera; a punto estaba de cometer una estupidez, y ya con el cuerpo inclinado fuera del edificio, me sujeté bruscamente del umbral de la ventana con manos y alas. –Maldita estúpida de mierda, no puedes volar.- Pensé en voz alta para mí. Justo a tiempo lo recordé. Bajé de la ventana por el lado de adentro del edificio y con paso lento me dirigí a la planta baja. En el camino, en el mismo lugar dónde se había hallado la primer botella de ron, quedaban los restos a medio de llenar de una segunda. La tomé con las manos y la llevé conmigo; pude notar en esta misma habitación que había tres cubos de madera y algunos muebles gruesos.

Al acercarme un poco más, moví un poco los cubos, había líquido dentro de ellos; destapé todos comprobando, para mi agrado que había agua en ellos. Agua que parecía más bien potable. En uno de los muebles altos de la habitación, con puertas talladas y gruesas, había algunas prendas de vestir, entre los que destacaban algunos abrigos. Separé uno más o menos de mi talla y bajé al primer piso.

Al llegar al primer piso dejé la botella de ron sobre un mueble; y en voz alta anuncié a los presentes:
-En la habitación de la derecha, hay tres cubos con agua, llenos, también hay un ropero con algunas prendas y trapos; tal vez, si alguien se anima, pueda usar eso para limpiar y vendar la herida del chico; También hay un poco de ron en la botella; si alguien quiere o quieren sedar al joven; por cierto ¿Cómo está?...-

No detuve en realidad, mis palabras eran honestas, pero poco podía yo hacer por él; salí de la casa para recoger mis saetas. Una a una fui sacando las siete flechas que se habían alojado en los cráneos de las mierdas. Era difícil, pero nada que tirando con ambas manos y poniendo el talón de la bota en el cráneo no pudiera resolver. Con gusto, descubrí que de las sietes, sólo dos habían quedado inservibles; aun así, las rompí para separar la punta metálica y las guardé, desechando el resto de madera.

Regresé a la casa; desde el inicio, había tratado de evitar la mirada del soldado, pues en verdad me encontraba apenada, pero en mi camino de regreso al segundo piso, fue imposible para mi pasar justo junto a él. Sin mirarle, recibí su sus palabras; me costaba trabajo creer que no se escuchara de menos molesto, y aunque sus palabras eran verdaderas, no parecía en verdad enojado, no al menos conmigo; lo dejé hablar y luego recuperando el temple le regresé la mirada sin desclavarla de sus ojos y contesté:

-En verdad estoy apenada; Sr. Soldado; en verdad. No le haré perder el tiempo escuchando mis razones, estas no solucionan nada; estoy consciente de mi deuda con usted, deuda que espero pagarle, me deje o no. El soldado, luego, se dirigió a la orca; a la que sí le habló en un tono mucho más severo, luego, relajándose un poco, me habló de nuevo; con un tono mucho más amable:

-Mi nombre en realidad es Cynertryth; pero es algo largo y puede ser un trabalenguas.- Dije sonriendo tiernamente ante la formalidad y cumplido del soldado. No tengo un rango militar, así que sólo diré que soy de una ciudad diviums mayormente aislada, al norte en los archipiélagos; el nombre de esta es Alavasta y son músico de profesión. Le agradezco el cumplido Soldado Caentrium de Thonomer, aunque en verdad, este no es ni por poco el mejor de mis días; de hecho, disculpe usted mi rudeza, pero debo retirarme un momento.-

En el segundo piso, mojé un par de trapos vaciando sobre ellos agua de una de las cubetas, dejándolos bien húmedos pero sin desperdiciar agua. Después de todo, era la única que había en la casa y quién sabe dónde podríamos conseguir más. Me fui entonces a un cuarto pequeño que servía como baño. Dejé mis armas recargadas en la pared y cerré por dentro la puerta.

Comencé a desnudarme lentamente. Primero retirándome el guantelete de metal, luego, los mitones; entes de seguir, tallé un poco mis brazos en las cicatrices que llevaba en ellos. A veces, estás picaban, pero no era consciente de eso hasta que las veía. Me quité el peto de metal y la camisa de algodón debajo de este. La camisa, tenía costras endurecidas de la saliva del engendro. La sacudí, azotándola contra el piso y la saliva salió disparada como pequeños pedazos de tierra y polvo. Me quite también con cuidado las botas y luego el pantalón de cuero.

Justo al bajarlo un poco, un penetrante olor me llegó a la nariz. El culo me picaba un poco desde hacía algunos minutos; señal de que las plumas antes no habían hecho un buen trabajo. Me quité con cuidado las delicadas y justas bragas, deslizándolas lentamente por mis piernas desnudas. No pude evitar comprobarlas y con alegría noté que estás, a pesar de todo, no se habían ensuciado.

Tomé uno de los trapos húmedos y los exprimí sobre mi cara. Unas cuantas gotas tímidas cayeron de este y empezaron a rodar por mi cuerpo. Deslizándose suave y lentamente desde mi rostro, por el cuello, abriéndose paso lentamente por entre mis firmes pechos. Una gota rodo por mis labios y asomando ligeramente la lengua, la use para humedecerlos. Comencé a tallarme con la tela. El cuello, los hombros. Luego suave, pero firmemente sobre el pecho; siguiendo la hermosa y redonda línea que estos dibujaban. Dejando escapar un leve suspiro, continué lavándome sobre el vientre y entre las piernas….

Cambiando la tela, volví a exprimir la segunda, esta vez, sobre mis pechos, provocando que las delgadas gotas dibujaran con su estela, un delicioso camino sobre ellos hacia mis delicados y hermosos pezones, y entre ellos, deslizándose con ánimo aventurero hasta mi ombligo, donde rodeaban para seguir su camino, hacía abajo, por mi suave pelvis. Tomé con delicadeza el paño, y apretujándolo un poco, me limpié mi parte “especial.”

Mi parte “especial” la traté con un poco más de firmeza, me restregué el trapo ahí; en el culo, limpiándome la pequeña costra de mierda que se había formado ahí hacía unas horas. Como acto reflejo, no puede evitar desdoblar el trapo para verlo. Sí. Una película de mierda amarillenta y verdosa, mal oliente como aliento de culo de marinero se había adherido a este. Lo volví a doblar y repitiendo el proceso, me tallé el culo con el trapo. Volví a mirar, una película, pequeña y delgada se había formado en este; y no pude evitar pensar: “mierda, que ya me los estoy acabando, si tan sólo ese Arthur no se hubiera aparecido…”

El mismo trapo y sólo una vez más bastaron para que la mierda desapareciera por completo. Enrolle el trapo y lo tiré en un rincón. Con el primer pedazo de tela, continué entonces, limpiando lentamente mis piernas. Al final, y con el tejido ya casi seco, sacudí los restos endurecidos de la saliva del engendro de mis alas; dejándolas casi, casi limpias. Me apenaba tener que vestirme con la misma ropa ahora que me sentía un tanto fresca y limpia, pero no llevaba más y no me arriesgaría a regresar a mi habitación en la posada.

Me vestí con un poco más de prisa. Encendí la pipa que a bien pude encontrar en los bolsillos de mi chaqueta y regresé a la planta baja, no sin antes tomar el abrigo que encontré antes en la otra habitación. Sólo me había vestido con las botas, las bragas, el pantalón, los mitones y la blusa de algodón. Dejé el peto y el guantelete recargados en una pared, junto con la ballesta mi saco y el abrigo. Tomé entonces la guitarra, y viendo que todos estaban en asuntos que parecían más bien privados, me acerqué a Arthur y le dije.

-Oye, Arthur, todavía crees que huelo a mierda, ve a recoger un trapo en el baño del segundo piso.- Sonreí descaradamente pero aliviada, en tono de broma, luego le dije. –Por cierto, hay algo en tu rostro que me recuerda a un hombre de una isla cercana a la isla dónde nací. Es un músico prolijo en la zona; en su honor, te cantaré una canción suya, tal vez sea algún familiar lejano o algo.- Sin más preámbulo, comencé a cantar acompañada por los acordes flamencos de la guitarra.

-No te pares frente a mí, con esa mirada tan hiriente.
Puedo entender estrechez de mente,
Soportar la falta de experiencia.
Pero no voy a aguantar… estrechez de corazón.

…-

Al final; cuando Arthur mencionó su plan, y preguntó quien lo seguiría; no dije nada en un principio. Luego afirmé.

-Yo me uno al viaje; no me arriesgaré a quedarme o viajar sola, en mi corriente situación, no creo poder ser capaz de volar muy rápido o mucho tiempo, además, ya fuimos testigos de que algunas de esas cosas tiene rasgos de mi raza, poseen alas y saben usarlas, aunque no con propiedad; aunque, considerando que hay algunos que blanden escudos y armas, no me sorprendería verme perseguida en los cielos por cosas de esas con ballestas, lo cual sería horrible. Sólo tengo un detalle.
Es casi medio día, no sé cuanto tengas pensado avanzar o que tan lejos esté aquella ciudad que mencionas, pero, y considerando que no se quieran separar, creo que valdrá la pena esperar al menos este día. Reforzar los accesos al edificio y acuartelarnos; no creo buena idea viajar con heridos o si estamos cansados. –Dije, refiriéndome en particular al hombre de la armadura, el soldado recostado en el sillón, a la elfa con la que no me había presentado pero que era claro que estaba lastimada y al chico humano de nombre charles, al que había visto sangrar.

Sin más, arpegié suavemente las curdas de mi gibbons led jendrix esperando la respuesta de Arthur y de los demás.
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Re: Lo que dure la pesadilla

Mensaje por Charles Redwings el Sáb Nov 23, 2013 6:53 pm

Casi había comenzado a pensar que podríamos salir vivos de allí, casi había logrado reunir las esperanzas suficientes para seguir adelante después de derrotar a uno de aquellos seres, y de ver como aquellos que ahora eran mis compañeros venían a ayudar. Podíamos lograrlo, podíamos sobrevivir, podíamos...

-Mierd...AHHHH- Un grito salio de mis labios cuando la ensangrentada boca de uno de aquellos seres se poso en mi cuello, mordiendo, y agarrando un cacho de carne, el cual arranco con un movimiento similar al que hace una persona al morder una alita de pollo. De la mordida, comenzó a manar una enorme cantidad de sangre. Me lleve la mano derecha en un acto reflejo a la herida para taponarla, pero era imposible con las garras puestas, y el torrente de sangre mancho el amago de bufanda que era parte de mis ropas, y corrió hacia abajo, manchando toda mi parte superior de sangre, tibia, que desprendía un leve olor a oxido. Dolía como nunca, y si seguía así, en pocos segundos perdería la conciencia por la perdida de valioso fluido que corría por mis venas.  

Por suerte, justo entonces Arthur apareció y acabo con la criatura, hundiendo su rapier en el cráneo enemigo. Tras eso, me ofreció su gabardina para poder tapar mi herida. La agarre como pude he hice con ella una bola, la cual luego presione fuertemente contra mi ensangrentado cuello. Eso evitaría la perdida de sangre, pero no respondió la que ya había perdido. Comenzaba a marearme.

En medio de aquella batalla, lo comencé a ver todo medio borroso, mientras apenas me sostenía en pie. Parecía el mundo irreal, mientras todo comenzaba a dar vueltas a mi alrededor. Acabe por caer al suelo, pero sin perder la conciencia, mientras mi mano aun sujetaba fuertemente la enrollada gabardina que evitaba que se me escapara la vida. Pero eso no duraría mucho. No supe bien cuanto duro la batalla, solo que, derrepente los sonidos parecían haberse calmado un poco.

-....aght....- Entonces, los fuertes brazos de Arthur y de la fornida orca, Skirn, me levantaron y me sujetaron, no con demasiada delicadeza esta ultima.

Mientras aun continuaba con la mirada algo borrosa, estos me llevaron hacia la casa en la que habíamos estado anteriormente. Me tumbaron entonces en un sofá de la misma, el cual resulto sorprendentemente cómodo. "Que rico esta este sofá...." eras un pensamiento muy estúpido y banal, pero dado mi estado, no se me podía exigir mucho. Mire con ojos vidriosos la habitación, mientras trataba de evitar pensar mucho. Mi interior estaba ahora repleto de emociones en un torbellino caótico. Dolor, miedo, tranquilidad...

Pero justo entonces, empece a notar una calidez que recorría todo mi cuerpo, desde mi cuello hasta la planta de mi pies, pero especialmente en lo primero. Enfoque mi vista como pude, y observe al tipo que tenia a mi lado. Era Turar, el elfo, el cual estaba usando algún tipo de magia sanadora. No sabia que era capaz de tal cosa, pero dado el carácter especialmente mágico de los elfos, no era algo demasiado extraño. Estaba agradecido por esa suerte del destino, que lo había llevado a unirse a nuestro extraño grupo.

En poco tiempo, gracias a su milagrosa magia, mi cuerpo se encontraba mucho mejor, y la herida de mi cuello había desaparecido, como si nunca jamas hubiera estado allí. Aunque, aun así, el cuello me picaba de forma molesta, y la intensa fatiga no desparecía, dejándome bastante débil. Seguramente era algún efecto de la magia del elfo. Ya decía el dicho, que lo pica, sana (Bueno, aunque cosas como clavarse una cactus en el cuello, no sanaba mucho). Tire mis guanteletes entonces a mi lado en el sofa, pues estando cubiertos de sangre y fluidos, eran ya poco útiles para mi. Tendría que agenciarme luego una de las lanzas o espadas que había fuera, regalo de los no muertos de antes. Pero eso ya lo haría mas tarde. Ahora estaba cansado.

Me posicione en el sillón mejor, estando ya en vez de tumbado, solo sentado, y me quite con exasperante lentitud toda mi parte superior de la ropa que llevaba, dejando mi torso descubierto. La camisilla blanca interior que había llevado puesta estaba empapada de sangre, mientras que por suerte, las demás partes solo estaban algo cubiertas de sangre, al igual que mi cuello, parte de mi hombro y pectoral derechos. Aun así, la de mi pectoral estaba mas seca que la de mi cuello, y me dedique a quitármela y rasparmela con la camisilla manchada, pero, obviamente, por el lado en que esta no lo estaba. Mientras hacia esto, me dedique a contestar a aquello que preguntaba Arthur al otro lado de la habitación.

-Yo... seguiré con ustedes- dije en un tono cansado, pero firme.

-Ir solo en estos momentos seria un suicidio... y ademas, No hemos pasado por tanto como para separarnos ahora, ¿Verdad?- dije, en un tono levemente divertido, mientras volvía a ponerme las complicadas piezas de ropa que yo llevaba, salvo la camisilla, la cual había tirado en el suelo a mi lado.
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Re: Lo que dure la pesadilla

Mensaje por Geddry el Sáb Nov 23, 2013 7:22 pm

Geddry, necesito que prestes atención a esto, es de extrema importancia que los infectados del norte no te muerdan o arañen. ¿Entendiste?

Entiendo, mantenerme lejos y que no me toquen. ¿Puedo preguntar por qué?

Hemos recibido informes de que al poco tiempo de ser herido por los caminantes, inevitablemente mueres envuelto en fiebre, nauseas y vómitos. Pero lo preocupante viene después, pues tu cuerpo no alcanzara a descansar bajo el manto de la tierra antes de que tu cuerpo se vuelva como el de ellos. Los cuerpos muertos por la infección, vuelven a azolar a los vivos.

Esos recuerdos fugaces de una conversación a algunos kilómetros de la fortaleza enana de las drakenfang, vinieron a mi mente en cosa de segundos, reavivando datos que pronto serían útiles, pues mis cortas piernas no fueron lo suficientemente rápidas para ayudar al resto del grupo. Aun a varios metros de distancia, fui testigo impotente de cómo un caminante rodeaba sigiloso al cobarde chico de las garras, ciñendo sus pútridas fauces sobre su frágil y endeble cuello, condenándolo a la muerte segura. Cuando la bestia retiro su hocico, un sangrado profuso tiño de carmín las heladas tierras del poblado, el chico grito de dolor ante tamaña herida. Arthur, corrió en su rescate, atacando y asesinando a la criatura victimaria, y luego, apartándolo levemente de la zona de peligro. El chico se comenzó a apretar la herida, para evitar que su vida se esfumara en el aire, pero todo intento por conservar la más ínfima esperanza era cosa de tontos.

Dar’thund era un enano viejo, incluso más viejo de lo que debería ser posible para los nuestros, pero eso lo convertía en alguien demasiado sabio. Cuando él hablaba, todo el mundo lo escuchaba, pues lo que decía solía ser verdad, y si él dice que los heridos por los caminantes se convierten en traidores de su propia causa, pues yo no lo voy a discutir. Charles, pronto moriría bajo las garras putrefactas de los muertos, y luego, se levantaría para engrosar sus filas. Desde este momento, él ya era un peligro para todos, no tenía idea de cuánto duraría su proceso de infección, por lo que ingreso a la no vida puede ser en el momento menos oportuno. Solo queda una opción fiable y es cumplir con la misión que se me encomendó, nadie puede escapar del apocalipsis del norte, la supervivencia de alguno de los presentes, puede ser el fin de todo Noreth.

Me detuve en seco, ya no tenía sentido seguir corriendo. Baje el martillo hasta apoyarlo en el suelo y sobre su mango repose los brazos. Me quite el yelmo y lo deje a mis pies. Lo siguió el guantelete izquierdo y con la misma mano, limpie lo mejor que pude la tierra y el sudor de mi rostro. Sentí el viento helado corriendo por mi piel, refrescando el infierno que dentro de los yelmos nacía durante la batalla. Turak, dije en voz baja y el color azulado del martillo se desvaneció en el interior de la montaña partida en dos de la cabeza. Alce la mirada y seguí observando la escena de desesperada supervivencia de los pocos miembros del grupo.

Los pocos no muertos que quedaban, se agolpaban frente al escudo del soldado nuevo, él cual, aguantaba bastante bien la presión que aquellos ejercían sobre sus brazos. Cynerthryth, disparaba precisas saetas que golpeaban los cuerpos de los caminantes. La orca, el elfo y el duelista con arma de niña, lanzaban golpes con sus armas de filo, incesantes e incansables, hasta que finalmente los cuerpos necróticos dejaron de moverse, dándole un tétrico ornamento el, ya desolador, paisaje de la aldea. Arthur y Skirn, levantaron con cuidado el débil cuerpo del niño herido y lo llevaron al interior de la casa. Los demás los siguieron al interior de la morada.

Yo me quede afuera, una lucha aun más grande que la que debería afrontar para terminar esta misión, se llevaba a cabo en el interior de mi cabeza. El conflicto armado entre el deber y mi propia convicción estaba torturándome más de lo que quería admitirme a mí mismo. Debía asesinar a un muchacho apenas recién nacido, y ni siquiera estoy seguro del por qué. Le he mentido a gente que lucho a mi lado, que contuvo un grupo de caminantes que probablemente me hubiesen asesinado si hubiese estado solo. Me he deshonrado a mí mismo y por cuenta propia. Todo esto era demasiado. Me lleve la mano izquierda a los ojos y me los refregué con los dedos. Estaba completamente solo en un lugar que jamás había visitado, no tengo idea de a donde tengo que ir, ni que cosa tengo que hacer exactamente, lo único que me dijeron es que matara a los sobrevivientes de este diezmo divino.

Al poco rato, la divium salió desde el interior de la casa y comenzó a retirar sus proyectiles de los cuerpos de los caminantes. Estuvo un rato recuperando sus saetas, quebrando el cuerpo de madera de un par. Luego volvió a entrar a la vivienda, sin siquiera percatarse de mi presencia, y es que después de todo, mi cuerpo estaba sentado vario metro más allá de la casa. Segundos después me puse de pie y me volví a colocar el guantelete izquierdo en su lugar, inmediatamente después, tomé el yelmo entre mis dedos y lo afirme entre mi antebrazo y mi cadera. Seguí a la chica hasta el refugio temporal del grupo, allí me encontré con la imagen de un chico desangrándose en un sillón, un elfo curándolo con magia y un soldado tirado en un sillón. No dije nada y solo me pare al lado del chico, dejando el yelmo al lado de su cabeza y llevándome el martillo al hombro con ambos brazos. Debía hacerlo, tenía que matarlo ahora, antes de que se transforme en un caminante. Pero no pude hacerlo, mis manos dudaron un segundo y mi mente se quebró, volví a dejar el martillo en el suelo, recostado contra la muralla.

Señor soldado, no es necesario que seas tan cortes con la chica, después de todo es una divium, si quieres tirártela solo basta con pedírselo. Ya había conocido a muchos de su raza durante mi vida, todos eran seres libertinos y con una sexualidad desenfrenada, obscena y excitante. Toda su raza compartía rasgos finos y bellos, pero cuerpo demasiado frágiles para el gusto de los hijos de Karzun. Pese a su libertinaje, muchos de ellos también eran seres con un alto sentido del honor y el deber, muchos de los soldados de las nubes, lucharon a mi lado en la afrenta de los montes Keyback. Y por lo que acabo de ver, esta divium compartía la fiereza y valentía de aquellos buenos hombres alados… aunque de todas formas, eso no le quitaba lo puta.

Momentos después la muchacha de alas nivales regreso a nuestro lado, anunciando que había barriles con agua en la otra habitación. La mire unos momentos, mientras ella le cantaba Arthur, luego me dirigí a la habitación contigua. Retire la tapa de uno de los barriles y bebí largo y tendido de ese liquido vital. Regrese a la habitación justo a tiempo para escuchar el plan del duelista y el de la divium. Ambos parecían horribles planes, pero en ese momento no tenía cabeza para idear uno mejor, solo tenía en mente la imagen de Charles levantándose y atacando a todo el mundo. Y hablando del diablo, el chico se incorporo pobremente sobre su trasero y se despojo de algo de su equipamiento, dejando claras sus intenciones de seguir con el grupo de Arthur.
Yo seguiré con ustedes por ahora, pero algo me preocupa mucho más que los muertos de afuera, y eso es al caminante que tenemos dentro. Apunte al chico con mi dedo y luego lo volví a bajar. Cuando un caminante te hiere, solo es cosa de tiempo para que mueras y regreses como uno de ellos. Y ya que a ti te mordieron bastante feo, pronto regresaras, y no estoy dispuesto a morir por ello. Todo el discurso se dijo con un tono frio y severo, dejando ver claramente la gravedad del asunto.



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Re: Lo que dure la pesadilla

Mensaje por Mayla Erulaëriel el Sáb Nov 23, 2013 8:38 pm

Cuando acudíamos a ayudar al Hoplita, me tomo por sorpresa la flecha que cayo insertada en la cabeza de aquel caminante, divise de quien había sido esa flecha, desde el tejado se veía una chica con alas, muy hermosa, era la chica que cantaba esa bonita canción antes de que apareciera el monstruo, quede impresionada con la puntería de ella, pero después de todo, razas como la de ella están echas para ello.

Por suerte, pude aguantar unos minutos mas de pie y realizando movimientos torpes que... Aunque pude acabar con algunos caminantes se me dificultaba moverme dado que el dolor comenzaba de nuevo, para mi salvación logramos acabar con todos los que estaban allí, observe como el Hoplita caía casi desmayado imagino que por el cansancio, recostado en un árbol, a el chico de cabellos negros y garras lo mordieron y comenzaba a sangrar, lo llevaron dentro del edificio de donde estaban antes.

Yo no sabia que efectos tenia alguien después de ser rasguñado o mordido, pero mi mal presentimiento había regresado y... Ademas... Esto se volvía cada vez mas preocupante, la herida en mi estomago no había presentado casos de nada, no había dolor por su parte y no se había abierto mas, por ahora todo bien con eso, pero el dolor de la costilla se hacia cada vez mas acrecentado.

Me permití permanecer en calma, guarde mi espada en su funda y mire a mi alrededor, todos los no vivientes muertos y la cosa grande habían caído, todo esto me recordaba las escenas de antaño, cuando peleaba a un lado de mi padre, las escenas de las batallas eran claramente peores a estas... Y aunque salíamos ganando, la perdida de elfos y los heridos siempre era mayor, cuando regresábamos a la ciudad, las miradas de las mujeres, niños y ancianos, me hacían sentir tan mal, miradas llenas de tristeza, añoranza, todos con los ojos llorosos, las guerras no traen nada bueno, y pasa lo mismo aquí, ellos ya tienen a un herido, no creo que quieran otro dentro del grupo, debería irme y... 

Mi pensamiento y mi vista se nublaron, comencé a jadear fuertemente mientras me sujetaba la costilla, apretando los dientes fuertemente hasta hacerlos chasquear, suprimí un alarido de dolor y caí al piso con las rodillas en este y en poco tiempo mi cabeza también estaba pegada a este y mi torso inclinado, solo una vez me paso esto, pero aquella vez mi costilla si se rompió de verdad y me desmaye, ahora... El dolor de una costilla casi rota es mucho peor... Moriría aquí si fuera posicible, digo,   Todos saben que seguirán apareciendo esas cosas, "Pero que estas diciendo controla tus pensamientos Mayla" tienes que sentarte y descansar, si no empeorara.

Saque fuerzas de no se donde y pude ponerme en pie, todavía sujetando la costilla, caminando con paso un poco cansado vi, como el Hoplita entraba al edificio, para cuando el había entrado yo apenas daba algunos pasos llenos de dolor, pero aun así logre llegar dentro, oí como el tipo que me había ayudado afuera proponía que viajásemos con el, el pensamiento de ir sola volvió, pero algo me contradijo y ya salía de mi boca una pregunta -¿Puedo apuntarme a su viaje?, ya he estado el suficiente tiempo sola- dije mientras me recargaba en las puertas de el edificio, todavía jadeando un poco, lo dije con la suficiente fuerza para que todos lo oyeran, aunque estaban demasiado ocupados, tratando las heridas del chico.

Una completa contradicción, mi mente me traicionaba y tambien mis pensamientos, pero supongo que al final es lo que realmente deseaba, o simplemente no quiero estar sola otra vez, aunque la razón por la que no me había fundado el pánico a la soledad sea porque sabia que había mas personas vivas y las encontraría, ahora ya estoy aquí. Hermosamente sufriendo y con una costilla rota...

Antes de que recibiera la respuesta caí resbalando por la puerta y sentada con la espalda apoyada en esta.

Pude ver toda la escena, El elfo curaba al chico, el Hoplita estaba sentado en el sillón, la chica Divium fumaba una pipa mientras el espadachín hablaba con ella y había algo mas... En cuanto repare en ella una chispa prendió mi mente, un orco, apreté los dientes de nuevo, trate d levantados pero la costilla me lo impidió, estaba inmovilizada.

Por ahora lo dejaría pasad, no descansare hasta que termine con todos los orcos, o muera en el intento, desde ese incidente, no he podido crear una venganza digna, aunque por otro lado se los riesgos que requerirá tener una batalla con una bestia de esas, probablemente morirá. Y ademas no estoy en condiciones para ello, la venganza tomaría tiempo.

No había reparado en el enano, el cual Tomo la palabra, me asusto el echo de que siendo herido, te sumías en una fiebre terrible, por el momento no había tenido fiebre... Y esperaba que siguiera siendo así.


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Re: Lo que dure la pesadilla

Mensaje por Arthur fon Ronsenburg el Jue Dic 05, 2013 9:15 pm

Arthur tomo la botella de ron que Cyn trajo, la miraba a esta y luego miraba a Charles, luego volvía a mirad la botella. Se debatía si desperdiciar ese preciado elixir para sedar a charles o curar sus heridas, o bebérselo él y quedar sedado, por no decir ebrio. El esgrimista se acercó al humano herido, bebió un poco de ron, y luego en un trapo vertió el líquido, y comenzó a pasarlo por la herida de Charles.   –Parezco mamá…- Dijo Arthur muy levemente.

El grupo escucho la oferta de Arthur,  todos aceptaron, pero las inquietudes del enano alertaron a Arthur.  ¿Era cierto los dichos del enano? ¿Los pobres diablos que eran alcanzados por las fauces de los infectados, de verdad se convertían en uno de ellos?

Charles podría angustiarse con las amenazas del enano, otros podrían estar de acuerdo y apoyarlo, otros no, eso disiparía al grupo, bien lo sabía Arthur, así que él tendría que avanzar y decir algo para calmar los ánimos; en especial para calmar a Skirn, que ya estaba por reventarle la cabeza a Charles.

-Se bien los efectos que las mordidas pueden ocasionar, los he visto, de hecho…- Arthur subió la manga de su camisa,  y le mostro al grupo una gran mordida, quien la hizo, como la hicieron, solo él lo sabe. La mordida se veía cerrada, casi curada, pero aún era algo horrible de ver. - Llevo con esto más o menos una semana. Al principio me asusté mucho, intente matarme pero no tuve el valor para hacerlo. Así que me encerré en una habitación, y espere pacientemente que la infección me tomara, pero eso nunca ocurrió. No sé a qué se debe, no sé porque sucede, pero la infección es nula en mí, quizás así también sea en Charles. No se equivoquen, he visto que a las horas de ser mordido o infectado, las personas mueren,  solo para levantarse nuevamente…-

Arthur se bajó la manga nuevamente, suspiro, y volvió a hablar. –Creo deberíamos ver qué pasa con Charles, si llega a cambiar, yo personalmente me encargare de que no se levante. Pero no quiero matarlo, no quiero que muera sin haberle dado una oportunidad.-  Inmediatamente después de hablar, Arthur miro a la elfa, a Mayla, se quedó mirándola fijamente hasta que volvió a abrir la boca. - ¿Y a ti, cuando te infectaron?-

Arthur vio la herida en la barriga de Mayla, seguramente, con el caos ocurrido, la ataco uno de los infectados. Lo más importante para él ahora, es saber cuándo lo hicieron, o podría estar en una peor situación que Charles. De cualquier manera para él no importaría mucho, no le haría nada hasta que se convierta en uno de ellos… si llega a hacerlo.

Hubo debate, pero Arthur logro convencer al grupo de no hacerle nada a Charles, por ahora.

–descansen esta tarde, y la noche. Que mañana a primera hora nos largamos de aquí. Charles, tu deberás dormir en una habitación encerrado, no podemos arriesgarnos, mas… lo mismo va para ti elfa,  podrías decirnos tu nombre…

Aun había casas en pie, el engendro de antes no las había botado todas, así que a Charles le tocaría una solo para él, y así también pasaría con Mayla.  El resto se quedaría todos en la misma casa, podría ocurrir un ataque nocturno, y es mejor que si eso pasa, que estén juntos… si eso llega a pasar, a Mayla y Charles les sería muy difícil sobrevivir.

Ya habían pasado algunas horas después del mediodía. Arthur fue con Skirn a las demás casas para asegurar que Charles y Mayla no pudieran morderlos si llegaban a convertirse. Además buscaban comida, agua, cualquier cosa que les sirviera para sobrevivir.

La tarde paso sin muchos problemas, Arthur envió a Turar (y a cualquiera que quisiera ayudar), el elfo, a cazar algún animal que estuviera cerca.  El elfo antes de que el sol se ocultara llego con tres conejos, no era mucho pero sería suficiente. El grupo acordó que Charles y Mayla quedarían en la misma casa, no en las mismas habitaciones claro.  El grupo también busco otra casa para pasar la noche, una más amplia que el resto, que tuviera más habitaciones, y por suerte la encontraron, una para cada ser que habitaba ese desolado pueblo.

Cuando llego la noche, el grupo cocino los conejos, haciendo de ellos sopa, con bastante carne, un plato que cocino Arthur, y le quedo bien. Turar aún seguía nervioso, Skirn quería acabar con Mayla y Charles, para evitarse problemas, y al parecer el enano la apoyaba.  Así que Arthur le pidió ayuda a Cynertryth. Quería llevarles a los  “prisioneros” algo de comida, y el solo no podría, Turar no querría, y es mejor no pedirle ayuda para esto a Skirn o Geddry.

Arthur llevaría comida donde Charles, y le pidió a Cyn que fuera donde Mayla.  Arthur golpeo la puerta de Charles, entraría solo y solo si el humano le responde, se escuchó un muy débil sonido, eso fue suficiente para Arthur. –¿Sigues vivo?- Fue lo primero que dijo el esgrimista, con una gran sonrisa en la cara. –No es mucho, pero te mantendrá por unas horas sin hambre, mañana partimos temprano, así que te aconsejo dormir y reponer energías.- Arthur dejo el plato de comida en una mesa cercana, se tomó del sombrero y se despidió con un gesto.  Cuando Arthur vio nuevamente a Cyn, la tomo del brazo, enganchado el propio con el de ella,  y dijo que debían alejarse,  que ahora debía comer ellos o se enfriaría, y una sopa de conejos fría no sabe bien. – Oye, ¿Qué fue del soldado? Si tengo entendido aún sigue dormido en la primera casa… creo alguien debería despertarlo.-

Después de comer, y de que pasaran algunas horas después de que las lunas se levantaron.  Cada ser del grupo separado (en el que no estaba Charles ni Mayla),  se fue a dormir, Arthur no podía hacerlo, así que después de unos minutos, y cuando sintió que no quedaban almas despiertas, tomo el poco de ron que quedaba, bajo al primer piso, y comenzó a beber en la oscuridad que ofrecía la casa.
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Re: Lo que dure la pesadilla

Mensaje por Geddry el Vie Dic 13, 2013 3:58 am

¿Puede? ¿Estás dispuesto a arriesgar la vida de todos los presentes solo por una ligera posibilidad? Yo no estoy dispuesto a viajar con ese peligro latente, Arthur. Si tu quieres cargar una bomba de tiempo entre tus manos, pues bien, es cosa tuya, pero no nos pidas que te ayudemos.

Arthur se bajo la manga nuevamente, cubriendo la herida semi cerrada. Voltee ligeramente la mirada, enfocándola en el cristal de la ventana más cercana. El cielo se abría inmenso y azulado, indiferente al caos que vivía su contraparte metros más abajo. Las nubes, viajaban apuradas a su meta final, donde Karzun las espera para moldearlas en montañas con picos nevados. La soledad casi absoluta danzaba en medio del camino de tierra, levantando una fina capa de esta en el viento, esparciéndola algunos metros más allá. Un profundo suspiro y mi mirada, volvió a chocar con la del duelista.

¿Y qué propones? ¿Encerrarlo solo en una habitación durante una semana hasta que sus heridas sanen? ¿!Qué¡? ¿!Otra más¡? ¡No! ¡Me niego a viajar con dos personas que probablemente se lancen contra mi cuello mientras duerma! No sé cómo funcionan las cosas en tu raza, Arthur. Pero en la mía, una muerte como esa solo te asegura una eternidad en la nada. No hay honor muriendo por un descuido. Inmediatamente después, di media vuelta y desaparecí por la puerta principal de la casa, perdiéndome en la calle principal de aquel poblado, justo al momento de doblar en la primera esquina.

El sol poco a poco se iba debilitando ante el asedio constante de la triada lunar, retrocediendo lentamente hasta desaparecer en el horizonte. La luz se iba tornando anaranjada, incendiando el manto celeste, dejando tras de sí, el verdadero cielo raso, con los cientos y miles de fulgores estelares iluminando el cielo. Son cientos de forjas que tiene Karzun en su campo, donde crea cientos de mundos como el nuestro, habitándolos con sus hijos, forjados del acero y nacidos de la roca. Varias horas pasaron antes de que decidiera volver a la casa principal, para mi sorpresa, la puerta estaba abierta de par en par, así que decidí entrar para hablar con alguien del grupo, pero muy a mi pesar, nadie se encontraba allí. Volví a salir a la calle, la cual también estaba desierta. Voltee la mirada un par de veces, hasta que encontré un pequeño fuego muchos metros más allá. Lentamente, y apretando el martillo con fuerza en el cinto, camine hacia la pequeña llama danzante que destacaba al final del camino, justo fuera de una gran casa.

Reunidos junto al fuego, todo el grupo sano, se encontraba formando una especie de círculo. Sobre la llama, un caldero colmado de sopa con una cabeza de conejo flotando en la superficie, se calentaba hasta casi hervir. Los ánimos parecían espesos, las opiniones divididas, las relaciones quebradizas. Con el yelmo en la mochila, me senté al costado izquierdo de Skinr, la enorme orca que parecía dispuesta a asesinar a los infectados antes de que ellos nos maten a nosotros.

¿Dónde están las pequeñas calamidades? Pregunté, casi susurrando a la piel verde a mi lado.

Arthur decidió darles una oportunidad y los encerró en una casa, a ambos. Allí veremos si están infectados, o no.

Me parece una mierda de plan. Le decía mientras me servía un plato de sopa.

Más a mí. Deberíamos matarlos ahora, en vez de esperar a que sean un peligro.

Completamente de acuerdo. Luego de esa pequeño intercambio de opiniones, ninguno de los dos dijo nada más, hasta que Arthur y Cynerthryth se levantaron para llevarles comida a Charles y a la elfa. Entonces, decidí levantarme e ir a dormir a cualquiera de las habitaciones de la enorme casa que nos ofrecía su techo.

Entre al espacioso salón principal, aunque no le di gran atención a sus amplios muros de madera, y continué derecho por el pasillo hasta toparme con las escaleras que llevaban al segundo piso. Paso a paso, los viejos escalones chirriaban ante mi peso y el acero de las botas, haciendo un gran estruendo en la vivienda. Veinte escalones tenia la escalera, veinte pasos hasta que finalmente el pequeño pasillo del segundo piso se abrió ante mí. Tres puertas quebraban el paisaje plano de las murallas de madera gris y corroída por el tiempo. Tres puertas hechas de madera gruesa, de un color café fuerte y un particular olor a pino. Tres puertas que daban a habitaciones exactamente iguales, pequeñas y acogedoras. Todas tenían una litera en el centro de la habitación, apoyando su cabecera contra una de las murallas, además de un ventanal simple sin pestillo que daba a un pequeño balcón. Todas exactamente iguales, excepto una que poseía un enorme armario. Escogí una de las habitaciones simples. Deje la mochila en el suelo, provocando un ligero estruendo metálico cuando el yelmo impacto contra el fondo de madera. Abrí el ventanal y salí al balcón a tomar aire. Desde ahí se podía ver una casa que también poseía movimiento en su interior. Unas pequeñas luces iluminaban dos ventanas en la vivienda. Me quede observando la situación, hasta que Arthur salió por la puerta principal.

Así que los caminantes duermen allí… Dije pensativo.

Otra vez entré a la habitación, cerrando la puerta desde dentro la puerta que daba al pasillo. Me despoje de los botines y los brazales, así mismo me retire los guanteletes y las hombreras. El sudor seco solidificaba la tierra en mi rostro y mis brazos. Saque un pequeño paño de tela de mi mochila y lo humedecí en la cerveza que llevaba en la bota. Sin cuidado alguno, limpie la tierra de mi rostro lo mejor que pude. Luego, aun sentado en el piso, me recosté contra uno de los muros de la habitación, cerrando los ojos y cayendo en un ligero sueño. Aun tenía puesto la coraza y las musleras, por lo que, con el martillo apoyado a mi lado, listo para ser usado en caso de emergencia, nada podrá hacerme daño esa noche.
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Re: Lo que dure la pesadilla

Mensaje por Cynertryth D. Mosshart el Vie Dic 13, 2013 8:13 am

POST VII

Poco me importaban en verdad las heridas que mostrara cualquiera de los presentes ahí. Poco me importaba también si se convertían en esas cosas andantes con olor a mierda y muerte. Poco me importaba en realidad el destino particular o la historia de cada uno de ellos. Lo que sí me importaba era mi propia seguridad y mi deuda con el soldado, con el elfo y con el humano esgrimista que se molestaba en tratar de dirigir este extraño y variopinto grupo; y si mis deudas y mi seguridad dependían de la consolidación positiva de ese grupo, entonces tendría que apoyar, muy a mi pesar.

Por eso, cuándo el humano mandó al elfo a cazar, aproveche para prestarme como voluntaría. No me gustan los elfos, nunca lo han hecho. Tolero a las hembras de la raza, por que las que son jóvenes y salen de su extraña y misteriosa sociedad, se vuelven casi tan hedonistas como mi propia raza. Su superficialidad actuada y aprendida me divierte. Son arrogantes por naturaleza, pero en otras cuestiones. Los machos elfos, aunque macho es un adjetivo que poco tiene que ver con ellos, son maricas, a mi parecer. Todos.
Pero este elfo, haciendo gala de su mariconería, había vencido su miedo y se había acercado a mí, que a pesar de haberlo antes tratado con desprecio, tuvo el valor suficiente para tratar de liberarme de la viscosa baba del engendro. Eso a mis ojos, demostraba más carácter del que podía atribuirle al humano. Que poseyendo la estirpe valerosa de la raza humana, me había dejado morir colgada en la pared, además, claro, de huir del engendro.
Ese humano, era más elfo que el elfo, era más egoísta que los divium.

No me sentía mal por alegrarme de su herida. Ojalá eso le forme carácter, no me daba miedo que se convirtiera en una mierda caminante y muerta. Ya había demostrado su incapacidad para luchar como un hombre, ¿Qué daño podría hacer cómo una cosa de esas? En cualquier caso, si eso pasaba; tampoco me avergonzaría de descargar mis saetas contra él. O contra cualquiera.

Durante el viaje de caza, aproveché para agradecer, con toda el protocolo y respeto que pude al elfo. Con cada una de mis palabras, el parecía sonrojarse, al mismo tiempo en el que su pecho se hinchaba. Este, más que arrogante parecía escaso de amor propio. Como si siempre hubiera sido sobajado. Casi sentí pena por él, y aunque mi agradecimiento fue exagerado, fue sincero. Me hubiera gustado poder hacer algo por él, algo más que palabras, pero no me nacía nada más allá. Tal vez, y sólo tal vez si la ruleta de la vida nos ponía en una situación similar pero inversa, me aseguraría de ser yo quien le prestara ayuda. Eso fue lo máximo a lo que me pude comprometer.

De regreso, con tres conejos en la cuenta, el elfo era mucho menos tímido, y parecía más confiado. Una vez que la comida estuvo preparada. Como el grupo había decidido separa a los infectados. Nuevamente el humano de nombre Arthur me pidió, de buena manera que le llevará comida a la elfa.

Ella me apenaba. A pesar de que los elfos viven para siempre, y que ella seguramente había vivido más del doble de mi edad, a mis ojos no era más que una adolecente tratando de ganarse su lugar en el mundo. Poco sabía de ella. Mucho menos de lo que sabía de los demás. Lo que sí sabía es que había hecho valer sus instintos en batalla. Al menos no se escondía, eso ya valía.

Toqué la puerta del edificio y luego entré. No me acerqué no di más de un par de pasos dentro de aquella casa, manteniendo a mi espalda la puerta abierta y las alas alerta. Frente a mí, sentada en el suelo con aire pensativo, la elfa miraba el techo de la habitación en silencio.

-Eh! elfa, Traigo comida. No es mucho, pero es lo más que encontramos en los alrededores...-
La elfa me miró a los ojos, su aire reflexivo cambió, tratando de dibujar una sonrisa. Parecía aceptar de buena gana su destino, algo raro en los elfos.
-Sí. Gracias. No te preocupes.-
-Bueno, la voy a poner aquí.- Dije poniendo el tazón en una mesa vacía en el medio de la habitación. -¿Necesitas algo más? ¿Has encontrado algo de utilidad aquí dentro?

Está bien, y si, sólo encontré un par de vendas, además de los cuchillos de la casa y un poco de aceite animal.-

-¿Cómo sigues de la herida? ¿Duele mucho? Deberías tratarla. –Le dije, más por parecer interesada que por de verdad estarlo, hasta cierto punto, la elfa no me caía mal, y tal vez de todos, los heridos, sería con la que más empatía generaría. Mi preocupación por su salud, era superficial sí, pero tampoco deseaba el mal para ella.
- Iré a ver si el elfo conoce algo de medicina, en estos casos yo soy muy inepta, trata de descansar, tal vez mañana debamos caminar la jornada entera...-
-Está eso haré, muchas gracias por traería la comida Divium- me dijo sonriendo. –

Salí de la casa, cerrando por fuera la puerta, dejando a la elfa ahí, dentro, sola y herida. En verdad, me apenaba la situación, no importa que tan egoísta pudiera ser. Una persona herida era aunque fuera un elfo seguía necesitando ayuda. Ella había peleado, al menos, tal vez, al menos, eso. Un poco de atención.

De camino a la fogata, me encontré de nuevo con Arthur, por alguna razón, tal vez porque me había visto cagar en la azotea, parecía tenerme confianza. Y esta vez me pidió verificar que el soldado siguiera dónde lo habíamos dejado dormido. Sin perder tiempo, desplegué mis alas, y volé en esa dirección.

No es que le hiciera caso a ese hombre. No. Pero el también me había ayudado, principalmente a despegarme de  la pared, y aunque tenía un ala más bien lastimada por el filo de su sable, mi deuda con él también debía ser pagada. Por esa razón poco estaba dispuesta a negarle este tipo de favores.

Encontré al soldado sentado, inclinado para delante en el sillón sumido en la oscuridad, con aire sombrío, pero relajado. Se encontraba, por lo que pude ver, limpiando su hoja.

-Hace un rato cocinamos algo. Si no te apresuras se acabaran lo que queda y se quedará usted sin comer, mi buen soldado. –Le dije dirigiéndome a él con respeto.
El hombre se dirigió a mi con el mismo respeto respondiéndome que pronto se acercaría a comer.

Nuevamente, con él reiteré mi pena por haber roto su preciada lanza. A lo que él sólo respondió con una sonrisa de medio lado y unas palabras de que no me preocupara demasiado.

Mi última vuelta a la fogata, sólo fue para decirle al elfo, antes inflado en su ego que si conocía algún arte curativa, la aplicara en la elfa, pues tenía una costilla lastimada. No me quedé a ver si atendía el llamado y tampoco me preocupe por darle asistencia yo. Era más de lo que por hoy estaba dispuesta a hacer. Estaba cansada. El día había sido muy largo para mi. Muy largo tomando en cuenta que este día había empezado ayer en la mañana y poco había dormido, ahora, sólo se me antojaba el abrazo caliente del dios de los sueños.

A esta hora, pocas ganas tenía ya de encontrarme con nadie en las escaleras, y poco me fiaba de mis compañeros, aunque ya habíamos peleado casi juntos, no había entre ellos indicio de que no fueran a despertar como engendros, ni yo misma estaba a salvo de eso. Volé, por encima de la fogata, directo a una de las habitaciones del segundo piso.  Aleteando con fuerza, pude mantenerme en el mismo espacio para comprobar que la ventana que intentaba abrir no tenía seguro.

Grande fue mi sorpresa al encontrarme frente a mí sujetando su poderoso martillo al señor de la montaña. Listo para descansar, o tal vez, ya haciéndolo y siendo interrumpido por mí. Verdad o no, pronto se me ocurrió que era mejor pasar la noche cerca de él. Aunque, tampoco lo conocía, y eso no es algo que antes me hubiera detenido de gozar de una buena y vigorizante revolcada, la verdad es que como divium hay que tener cuidado con los enanos. Ellos están acostumbrados a una clase de mujeres robustas y fuertes. Con caderas anchas y pechos fuertes. Usan sus robustos miembros para embestir con fuerza desde cualquier posición, y siendo yo más bien delgada y frágil de cuerpo, no pensaba arriesgarme a darle desfogue al enano que después de una pelea, tal vez estuviera más bien con ánimos bélicos.

-Señor de la montaña, no era mi intención interrumpirlo, pero me alegra que sea usted con quien me he encontrado. Siéndole sincera, no encuentro en los demás alguien en con confiar. En mi tierra he tratado con señores de la forja del fuego y el metal y entre ellos he encontrado el compañerismo y honor que mi raza no tiene. En la presente situación, veo con poca seguridad dormir separados, y creo que permanecer cerca nos brindará mayor protección. Si a usted no le molesta, me gustaría compartir con usted la habitación…
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Re: Lo que dure la pesadilla

Mensaje por Caentoriumn el Jue Dic 19, 2013 12:02 am

Calma tras la tormenta. Me olvidé de muertos vivientes, de combate, de sangre y de muerte para únicamente enfocarme en mi salud corporal. Por mis esfuerzos debía de descansar, y eso fue lo único que hice en horas. Pude observar finalmente todo nuestro grupo que sin dudas era variopinto. Era una elfa, un humano esgrimista, el niño que me ayudó - y que ahora estaba en una situación paupérrima - una... mujer bastante masculina, un hombre afeminado, otro hombre pero con baja estatura y finalmente la ya conocida divium. Vaya grupo.

El hombre de patas cortas, gruñón como él mismo, bramó: "Señor soldado, no es necesario que seas tan cortes con la chica, después de todo es una divium, si quieres tirártela solo basta con pedírselo". En respuesta únicamente giré mi cabeza hacia él y le dije: "Eso es una falta de respeto. Aprenda modales." - con lo que sacudía mi cabeza en negación y pasaba a otra cosa. Pasando de ese pequeño altercado, ahora el grupo estaba en una cierta situación. Era aquello un debate, el chaparro, quizá a sabiendas de algo que nosotros ignoramos, acusó a Charles de que se volvería uno de ellos por su herida, si esto es cierto o no lo desconocía. Por mi parte solo opiné: "No creo que una simple herida pueda causar eso. Quizá lo pueda enfermar... y hacer que muera... pero que regrese de los Hados no lo creo. Son supersticiones en mi opinión" - dije sin mucho más. Rápidamente, Arthur intervino: "Se bien los efectos que las mordidas pueden ocasionar, los he visto, de hecho… Llevo con esto más o menos una semana. Al principio me asusté mucho, intente matarme pero no tuve el valor para hacerlo. Así que me encerré en una habitación, y espere pacientemente que la infección me tomara, pero eso nunca ocurrió. No sé a qué se debe, no sé porque sucede, pero la infección es nula en mí, quizás así también sea en Charles. No se equivoquen, he visto que a las horas de ser mordido o infectado, las personas mueren, solo para levantarse nuevamente…" - respondió y entonces quedé desconcertado. ¿Era posible aquello?... ¿una enfermedad en la que la víctima muere para luego revivir?. Me sonaba a fantasía pues Charles no había muerto, ni Arthur. Pero por otra parte... tampoco podía cerrarme a una idea, esto era posible de algún modo... si hay muertos con una no-vida... hay más cosas que yo desconozco.

El debate se siguió avivando sobre qué hacer con Charles, pero Arthur, liderando, convenció al resto -aunque a mí me daba muy igual- de que lo dejaran como está, y que de momento debíamos ir a dormir. El día de mañana tendríamos que partir muy pronto. De aquella forma, el niñato y la mujer orejona se separaron del grupo y así cada uno fue a sus cosas. Por mi parte, yo solo me dispuse a acostarme en el sofá.

Me quité las lagañas mientras bostezaba y me estiraba, pude notar en dicho estiramiento que mis músculos estaban bastante tocados, cuando se hacen tales cantidades de esfuerzos siempre queda una repercusión, todo es acción y efecto en esta vida. No salí de la casa, tan solo permanecí allí, distrayéndome con mi Xífos la cual fue manchada con la impura sangre de las abominaciones podridas. Mi tarea de limpieza fue interrumpida cuando la puerta se abrió para mostrar a la Divium, quien se acercó, bondadosa, diciendo: "Hace un rato cocinamos algo. Si no te apresuras se acabaran lo que queda y se quedará usted sin comer, mi buen soldado" - le miré y tan solo asenti con la cabeza mientras respondía: "Pronto ire". La mujer se disculpó nuevamente por haber perdido mi lanza, pero simplemente le dije que no se preocupara... ya me las iba a apañar por mí mismo, como he hecho en toda la vida. Sin mucho más que hacer, tras el retiro de la Divium, me fui hacia la fogata con el resto a comer un rato, quizá así podía reponer energías.

Tras la faena, tan solo volvi a mi sofá donde me acosté y tras minutos de trastabillar entre la consciencia y la inconsciencia, finalmente caí apaleado por el sueño. Finalmente, un muy bien merecido descanso.


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Re: Lo que dure la pesadilla

Mensaje por Mayla Erulaëriel el Lun Dic 23, 2013 7:18 am

Al principio, me asusto lo que dijo el enano sobre las coartadas, después me relaje con lo que había dicho el humano, ahora solamente necesitaba que la herida no se abriera y se infectara mas, pero pronto tenia que labarla y ponerme algo limpio sobre esta, aunque seria mejor si la dejara cubierta, la próxima vez recordare tener una armadura de cuerpo completo y no por partes, aunque no me guste.

Me hizo una pregunta, me pregunto que ¿como me habían infectado?... Le devolví la mirada fija, para después abrir la boca para hablar otra vez -No, no se si es un rasguño de alguno de "ellos", ya que no me di cuenta como me lo hice o me lo hicieron-dije mirando mi herida en el estomago, para después volver a hablar -hace algunas horas cuando llegue al pueblo, me introduje en una de las casas de enfrente, hay de todo allí, pero al subir al segundo piso, me encontré en una de las habitaciones, con 5 de esas cosas, los aniquile a todos, pero para ello, sacrifique mi costilla, o bueno casi lo hago, caí por las escaleras y me pegue en ellas- le dije haciendo una pausa para tomar aire y después volver a hablar, el dolor de la costilla se estaba intensificando -Momentos después, me di cuenta del pequeño rasguño, lo cual se me hace extraño ya que... Ninguna de esas cosas me toco... Por cierto, soy Mayla Alissa, princesa de los reinos elfos de Erinimar, aunque supongo que esos títulos no sirven de nada ahora. - le dije mirando el escudo de armas de Erinimar el una de la partes de la armadura que me cubría el brazo izquierdo, para después guardar silenció y escuchar lo que tenían que decir.

Todos quedaron de acuerdo en que el otro chico y yo, fuéramos a otra casa a descansar mientras ellos hacían otra cosas, solo esperaba que en ese periodo de tiempo ninguno de ellos intentara asesinarnos, pero eso en estos momentos es compresible, solo luchan por la supervivencia, como pude me Levante y fuimos a la casa de en frente.

Al cabo de un rato de habernos dejado en la casa de en frente, simplemente me fije en las cosas que habían, como cuchillos en la cocina, podríamos crear armas con ello, aceite animal, vendas, agua y entre algunas cosas mas, lo suficiente para vivir "mas o menos" valga la redundancia y aunque no es mucho, supongo que podríamos hacer algo con eso, después de que me dejaron sola, fui a donde estaba el agua y me lave la herida, y contrabajo fui a mi habitación otra vez, la costilla me estaba matando, pero pude llegar "bien" a mi habitación.

En seguida llego una chica con un cuenco de comida en mano, me miraba con pena, lo podía ver en sus ojos.

-Eh! elfa, Traigo comida. No es mucho, pero es lo más que encontramos en los alrededores...-
La miré a los ojos, tratando de dibujar una sonrisa.

-Sí, Gracias, No te preocupes.-
-Bueno, la voy a poner aquí.- Dijó poniendo el tazón en una mesa vacía en el medio de la habitación. 
-¿Necesitas algo más? ¿Has encontrado algo de utilidad aquí dentro?- me pregunto con sierro aire de curiosidad

-Está bien, y si, sólo encontré un par de vendas, además de los cuchillos de la casa y un poco de aceite animal.-le dije mirábamos fijo tratando de que mi sonrisa no se transformara en una mueca de color

-¿Cómo sigues de la herida? ¿Duele mucho? Deberías tratarla. – Me dijo, más por parecer interesada creí que su preocupación era superficil pero pude sentir algo de simpatía en los ojos de la chica. 

- Iré a ver si el elfo conoce algo de medicina, en estos casos yo soy muy inepta, trata de descansar, tal vez mañana debamos caminar la jornada entera...- dijo ella, a lo cual asentí y comente al respecto:
-Está bien, eso haré, muchas gracias por traer  la comida Divium- le dije sonriendo.

Seguido esto, sonreí hasta que salió de la habitación y me quede completamente sola, mi sonrisa se fue transformando en seriedad y la seriedad y dolor, social perfecciono un gemido y una mueca de este mismo.

Como pude me levante para poder llegar a la mesa, sujetando mi costilla con el brazo derecho, pude llegar, vi una silla a un metro de mi, atore mi pie entre las patas y la jale hacia la mesa, después de que me senté, comencé a comer, no paso mucho tiempo después de que terminara la comida, me senté en la cama, de mi boca salió una queja y una maldición en lengua Elfica, después un gemido de dolor y por fin pude estar mas o menos acostada, subí los pies y no tarde mucho en dormir, el cansancio me azotaba y la costilla producía en mi inseguridad, ademas de otros factores, como por ejemplo que debía mantenerla despierta por si alguien intentaba asesinarme, después de todo tenia con migo mis armas aun. Por otro lado estaba el echo de que si, como dijo la Divium íbamos a caminar, no tendría muchas oportunidades, y seria una carga para todos...

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Re: Lo que dure la pesadilla

Mensaje por Geddry el Sáb Mayo 03, 2014 12:08 pm

La noche había caído de lleno sobre las frías tierras del norte. Las estrellas apenas titilaban, luciendo un lúgubre y apagado brillo, lamentado el caos que se vivía bajo su mirada. Las lunas las imitaban en su pesar, su color estaba opaco, casi muerto, augurando un triste acontecimiento aún por llegar. El viento corría fuerte y helado, calando los huesos de cualquiera que se encontrase a la intemperie. La tierra se encontraba oscura, humedecida por el ambiente cargado de agua, pronosticando una pronta lluvia. Las nubes negras que se agitan enormes en el horizonte así lo confirman, una tormenta se avecina.

Cada miembro del grupo tomo el alivio que ofrecía la noche a su manera. Skirn logró conciliar el sueño en una de las habitaciones del segundo piso. Guarnecida por las sabanas llenas de polvo, cerró los ojos mientras pensaba en las palabras del enano. En su mente corrían cientos de recuerdos de aquella matanza en la tierra lejana que ella consideraba hogar. Los muertos llegaron al medio día, ocultos por el sonido de las olas y la corriente marina a su favor. Nadie pudo vaticinar aquella batalla. Los orcos no tuvieron oportunidad. Su enorme fuerza, de la que estaban orgullosos, no sirvió para nada contra aquellos enemigos putrefactos. No tardaron en destruirlos a todos, excepto a Skirn que corrió por su vida, mientras dejaba atrás su orgullo y su familia. Ella está viva porque su familia no lo está, y esa culpa la carcome por dentro, cada segundo que pasa despierta, siente ese puñal en su pecho.

Turar, empujado por los nervios, opto por no dormir esa noche. Solo se metió a la habitación con el armario y se quedó allí, esperando que el sol se levantase de nuevo en el horizonte. Por alguna razón se sentía más seguro bajo el cobijo de los rayos del astro rey, aunque sus ojos de elfo sean tan buenos de día como de noche. El elfo tenía miedo, y eso lo sabía todo el mundo. Allí, solo en la habitación, caminaba de lado a lado, sin descansar un solo momento, mascándose las uñas mientras recordaba la imagen de los caminantes devorando a sus pacientes. No recordaba bien la situación, pero la imagen de esos ojos azules devorando la tráquea de esa pequeña niña, jamás podrá olvidarla. Las manos cubiertas de sangre, arañando la cara de aquella mujer. Los dientes incrustándose en el estómago del perro callejero. Las manos pútridas rompiendo puertas y ventanas, en su inclemente marcha letal. Podía recordar perfectamente la imagen de él mismo, llorando acurrucado en un rincón, deseando que todo fuese una pesadilla con los ojos cerrados llenos de lágrimas. Lo recuerda bien, cada vez que cierra los ojos se ve a sí mismo llorando, y es por eso que tiene miedo, porque sabe bien que aquella pesadilla era tan real como lo es ahora, y eso le aterra.

Caentorium, tuvo un sueño más tranquilo, pero no por eso más reponedor. La batalla anterior lo había dejado agotado, tanto que, pese a tomar una siesta, no tardo más que minutos en volver a caer dormido en el sillón donde lo concilio durante la tarde. El soldado no soñó nada aquella noche, solo la reconfortante oscuridad que conlleva una noche sin sueños. Pese a esto, su cuerpo no hayo descanso alguno, pues la amenaza latente de los caminantes irrumpiendo violentamente en el poblado otra vez, lo mantenía alerta todo el tiempo, durmiendo con un ojo abierto.

Mayla, presa de la preocupación por su propio bienestar, también decidió no conciliar el sueño esa noche. Pudo sentir los ánimos caldeados durante las discusiones de la tarde, sabía bien que varios de sus compañeros preferirían verla muerta ahora, que tener que esperar para ver los resultados de aquella insignificante herida. Allí sentada sobre la silla de madera que eligió para reposar, mantuvo su vista pegada en el cristal de la ventana. Recordaba a los caminantes que ella misma elimino. La imagen de los muertos devorando a los vivos parecía no afectarle tanto como a los otros. Hasta ahora había tenido suerte y había logrado matar a una gran cantidad de ellos en su camino hasta este preciso momento. Repasaba con cuidado cada momento vivido durante el gran caos, tratando de precisar el momento exacto cuando se hizo aquella herida en el estómago, pero sin éxito alguno. El pasar de las horas y su corta edad, le terminaron por jugar en contra a la pequeña elfa, pues no se dio cuenta cuando sus parpados tomaron peso y se cerraron sobre sí mismos, llevándola a la tierra de los sueños, lugar donde se encontraría con recuerdos de épocas más felices.

Charles, el hijo de mercader, no tendría tanta suerte como el resto. Luego de comer, trató de dormir lo más posible y descansar para el viaje de mañana, pero cuando se recostó sobre su litera, pudo sentir como sus entrañas ardían en su interior. Su estómago se revolvía violento como un torbellino, mezclando la recién ingerida comida. El mismo se retorcía de dolor y lloraba en silencio, pues sabía que si comenzaba a gritar, el resto del grupo confirmaría que su la plaga estaba actuando en él. El joven Redwing se pasearía por toda la habitación buscando refugio de su tormento, pero jamás lo encontraría. Pensaría en su familia y en sus amigos, y lloraría por ellos, lloraría por la inseguridad que tiene alrededor se su suerte, lloraría por la duda de si aún están vivos o si ya se convirtieron en esas cosas. Lloraría pidiendo perdón por abandonarlos ahora.

Arthur, nunca quiso conciliar el sueño. Tiene demasiadas cosas en la cabeza como para hacerlo. El simple acto de cerrar los ojos, lo lleva a un campo de muerte y desolación. La imagen de una divium de ojos violetas siendo atravesada en el corazón por su espada, lo llena de culpa y una pena que nada puede curar. Llora cada vez que ve aquella imagen, se siente un niño pidiéndole un abrazo a su madre cuando ve la sangre de la divium besar su mano después de haber recorrido toda la hoja. Aquel hombre había cometido un acto de piedad, un acto que lo perseguiría durante toda su vida y quizás más allá. Es por ese acto que ahora se encontraba solo en medio de las penumbras, bebiendo el poco ron que adornaba el fondo de una botella. El esgrimista estaba sentado en el suelo con las rodillas pegadas al pecho, apoyado contra una muralla y con la cabeza gacha. En su mano derecha estaba la botella casi vacía, en la otra descansaba su daga desenfundada. Se esforzaba por mantener los ojos abiertos todo el tiempo, pero los débiles fulgores lunares que entraban por la ventana se lo impedían. Debía pestañear, y cuando eso pasaba, la imagen de unos tristes ojos violetas venía su mente. Arthur no podía contra ello, solo se limitaba a llorar cuando ocurría, llevando la botella a su boca cuando se daba cuenta de que lo hacía. Se mantuvo mucho tiempo así, incluso después de que el ron se acabara. Solo se mantuvo allí, llorando y llevando una botella vacía a su boca.

No es necesaria tanta formalidad, Cynetryth. El mundo se fue a la mierda, los modales no sirven para nada ahora. Puedes dormir en la cama si te place, mañana será un largo día, será mejor que te duermas pronto. Dicho eso, volví a bajar la mirada y cerrar los ojos. Podía oír el leve murmullo de los árboles siendo mecidos por el viento, parecían algo inquietos, pero nada fuera de lo común para el clima invernal de la región. La noche se mantuvo calmada y tranquila, no tarde más que unos minutos en caer dormido, minutos en los cuales la divium se mantuvo activa. Cuando mi cerebro se desconectó de la realidad, los paisajes oníricos vinieron raudos a mí. Me vi a mi mismo en un campo lleno de flores marchitas, la tierra estaba pútrida y los cielos teñidos en sangre. No había sol, ni lunas, ni estrellas. En el horizonte se perdían las miradas, una infinidad de flores marchitas era todo lo que adornaba el paisaje. Recuerdo que corrí sin dirección durante millas, hasta que mis piernas no pudieron más. Vi hacia el piso y lo vi cubierto de sangre, de mi sangre. Venía de mis pies, los cuales eran más masas informes de carne que pies de enano. De pronto, frente a mí, la imagen de una montaña saliendo del suelo hasta elevarse a muchos miles de metros sobre mí, me sobrecogió, no supe que hacer, así que solo me mantuve allí, estático hasta que la montaña se quebró en dos. Entonces, todo el lugar se comenzó a desmoronar, incluyendo a mí mismo.

Cynertryth, se mantuvo despierta durante algunos minutos luego de que el enano le cediera el lecho. Solo ella sabe lo que estuvo haciendo o pensando durante ese tiempo, pero se mantuvo en un suave movimiento. Finalmente cayó dormida. Solo Dios sabe lo que habrá soñado, pero tuvo la noche más apacible de todas, o al menos eso parecía en su rostro, el cual guardaba una apacible sonrisa que inspiraba calma y comprensión. La noche se mantuvo tranquila, hasta que un mal presentimiento la despertó de golpe. Pudo sentir como una extraña sensación en su pecho le presionaba fuertemente, como si su misma alma se encontrase bajo ataque. Trató de volver a conciliar el sueño, pero la angustiante sensación se lo impidió. Tras unos cuantos minutos luchando contra ella, decidió levantarse y salir al balcón, allí fue testigo de lo más horrible que podía acontecer en ese momento. Desde el balcón, pudo ver un extraño movimiento dentro de los lindes del bosque, era lento y torpe, pero parecía moverse hacia ellos. Presa de la curiosidad, Cynertryth alzo el vuelo unos cuantos metros, entonces, lo pudo ver claramente. A unos quinientos metros hacia el este, un enorme grupo de seres se desplazaba sin destreza alguna hacia la aldea. Eran caminantes, o eso parecía, a juzgar por el tamaño de la multitud, eran más de cien. Aterrada, voló rauda hacia la habitación y me alarmó, luego salió disparada por la ventana.

Rápidamente me equipe con la armadura y corrí escalones abajo, delante de mí, unos seis metros más allá, estaban Skirn y Turar, que desaparecieron tras el umbral de la puerta. Me disponía a hacer lo mismo, cuando un lastimero sonido llegó a mis oídos. Era un hombre llorando en la habitación del lado. Corrí hacía allí y pude ver a Arthur encogido sobre su propio cuerpo, soltando lágrimas mientras sostenía una daga manchada de sangre fresca.

¡Arthur! ¡¿Qué haces?! ¡Cientos de esas cosas nos atacan, vamos, vamos!

Tome al hombre desde el codo y lo obligue a levantarse. Dejo caer la daga y la botella vacía, la cual rodo algunos metros hasta chocar contra la pared. Estaba tan ensimismado en su pesar, que aún no asimilaba lo que estaba pasando. No fue hasta que cruzamos la puerta y nos encontramos con Skirn que el duelista reacciono. Agitó fuertemente la cabeza, se sacudió los brazos y se secó las lágrimas. Cuando lo hizo, un rastro de sangre ensució su rostro. Vi su mano y tenía un corte recién hecho en su palma izquierda. Cuando lo mire a los ojos me encontré con sus ojos fijos en los míos.

Quizás en otra ocasión te cuente, cuando tengamos más tiempo. Entonces, Arthur miro hacia el frente y se dirigió a Skirn, a turar y a Cynertryth, quienes se encontraban frente a nosotros. Tenemos que irnos ahora mismo. ¿Dónde están Caentorum, Mayla y Charles?

Mayla y Charles están en la casa donde los dejaste. El soldado fue a buscarlos, pero ya ha pasado demasiado, no podemos esperarlos más. En un minuto tendremos a esas cosas sobre nosotros. Le respondió Skirn con un nada sutil tono de pánico.

El sonido de aquel enjambre era perturbador. Cientos de gemidos que se mezclaban con el viento, gruñidos que calaban profundo en el alma, rugidos de bestias sin mente que solo quieren comer. El simple sonido que proviene de un enjambre no te deja pensar con claridad.

!No los dejaremos atrás¡ ¡A ninguno de nosotros! Cynertryth, eres la más rápida, ve a buscarlos y tráelos aquí. Nosotros juntaremos todas las provisiones que podamos mientras los otros llegan.

Así, todos menos la divium, nos dirigimos nuevamente a la casa donde nos refugiamos. Allí tomamos todo lo que pudimos y lo metimos en las bolsas. Algo de comida, agua y utensilios como cuerdas y aceite para lámparas.

Por otra parte, Cynertryth voló lo más rápido que pudo hacia la casa donde los infectados estaban. Allí, cerró sus alas y corrió hacia las habitaciones, pero justo al llegar al umbral del pasillo, una escena explotaba frente a sus ojos. Un par de pasos delante de ella, una impactada elfa se encontraba pegada a la muralla del pasillo. Se encontraba claramente asustada, indecisa de cómo actuar frente a la situación que ocurría a cuatro pasos de ella. En el suelo, un sobrepasado Caentorum se encontraba luchando con todas fuerzas para sacarse a Charles de encima. El muchacho ya no poseía vida en sus ojos, el brillo que normalmente tienen las orbes, ahora había desaparecido, en su lugar, ahora solo estaban unos ojos inyectados en sangre que pedían carne. El soldado forcejeaba con ambos brazos para alejar los furiosos mordiscos del joven Redwing, pero ya todo esfuerzo era inútil, pues una profunda herida en su cuello, dejaba correr la sangre a borbotones, manchando todo el pasillo de color carmesí. Cynertryth termino por tomar a Mayla y salir disparadas del lugar. Tras abandonar la casa, pudieron ver como el resto del grupo se encontraba saliendo del otro recinto, cargados con bolsas y mochilas. Arthur tuvo que haber visto directo a los ojos de Mayla o de Cynertryth, porque no fue necesario intercambiar palabras para que diera la orden de salir corriendo de allí.

Todo el grupo corrió en dirección opuesta del enjambre. Corrimos desesperados hacia el oeste, sin destino fijo, solo esperando que allá donde fuésemos, no nos esperase otro de aquellos infernales enjambres. Detrás nuestro, la imagen nada esperanzadora de un sol recién naciendo en el horizonte, iluminando levemente, los rostros pútridos de aquellos soldados sin bando.
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Geddry

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Re: Lo que dure la pesadilla

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