Conectarse

Recuperar mi contraseña

Últimos temas
» El amor... ¿perdido? ¿O reencontrado? [Isla de Sade] (priv. Atlas y Axis)
Ayer a las 9:53 pm por Atlas y Axis

» -A quien le pueda llegar a interesar.-
Ayer a las 9:51 pm por Balka

» Strindgaard se ha hecho invisible.
Ayer a las 5:47 pm por Runesha

» Anhouk, la forjafora
Vie Oct 20, 2017 10:04 pm por Anhouk

» Ingeniería Rúnica
Jue Oct 19, 2017 2:30 am por Staff de Noreth

» El cordero
Jue Oct 19, 2017 12:08 am por La Aberración

» Rakaash
Miér Oct 18, 2017 2:06 pm por Señorita X

» Llegando a ciudad esmeralda [El Gremio de la Pureza]
Mar Oct 17, 2017 4:57 pm por Veronika

» Malleus Maleficarum [Campaña +18]
Mar Oct 17, 2017 4:59 am por Lujuria

» Visión del primer paso...
Lun Oct 16, 2017 1:03 pm por Alegorn

» La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA]
Vie Oct 13, 2017 4:00 am por Aulenor

» [Historia de Asterion] El clan "Cuerno de Hierro"
Jue Oct 12, 2017 10:01 pm por Minos

» Índice de Personajes No Jugadores o NPC
Miér Oct 11, 2017 11:56 am por Minos

» Aracnofobia [Campaña]
Mar Oct 10, 2017 2:06 am por Almena

» La fuga (solitaria) [Phonterek]
Lun Oct 09, 2017 1:29 pm por Lilith, la sombría




Cuentos de Noreth
Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth

Las afiliaciones hermanas se hacen por invitacion de nuestros administradores hacia otros Admins de los foros que decidamos, o por invitaciones de ellos hacia nosotros, sin embargo nos reservamos el derecho de admision de estas mismas pues seran solo una limitada cantidad y minima. Para mayor informacion acuda a la sección de Afiliaciones


Andanzas del Azar *solitaria*

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Andanzas del Azar *solitaria*

Mensaje por Valeir Azahar el Mar Nov 05, 2013 4:48 pm


Capitulo 1: Encuentros

Aquel lugar estaba poblado por algunos individuos, realmente no les prestaba mucha atención pues yo estaba en mis cosas, así como ellos en las suyas. La mujer aquella se acercó a mí y me tomó la orden. “Una cerveza por favor” le dije a aquella damisela mientras me acomodaba en la silla. La construcción estaba hecha en madera, y todo alrededor parecía ser de madera; este lugar me encantaba, su nombre era “Le Baldeau”, yo era un cliente recurrente a esta taberna. El ambiente solía ser un ambiente pacífico y relajante, las peleas no frecuentaban y cuando había una la pagaban bastante caro, denegándoles la entrada al lugar.
 
Mientras miraba al horizonte navegando entre mis pensamientos, la mujer interrumpió mi concentración trayéndome la cerveza, la cual acepté con un gesto de agradecimiento. Di un pequeño sorbo e inconscientemente empecé a agitar mi pierna derecha. Era claro: estaba esperando a una persona. El día anterior un hombre, desconocía su edad, me había contactado mediante un mensajero, y me había citado a Le Baldeau, así que, ¿cómo rechazarle?. Pocos kulls me quedaban ya, necesitaba otro trabajo. El estafar gente es un trabajo muy variante, hay días donde te llenas los bolsillos y otros donde apenas y puedes comprarte un pan. La última vez que había asesinado a alguien había sido hacía 2 semanas, y ya necesitaba dinero para subsistir.
 
Unos minutos más tarde, cuando mi paciencia se estaba empezando a agotar, aquella puerta se abrió dando paso a unos rayos de luz, que hicieron contraluz al cuerpo de aquel hombre que me miró. Lo supe al instante, aquella persona era quien me contactó. Un chaleco de cuero con una camisa abajo, un sombrero de color beige y shorts cortos, aparte de un singular bigote blanco, igual que su pelo. Aquella persona no era definitivamente un hombre que creerías que contrataría un asesino, pero lo que se ve por encima muchas veces no es la realidad. Realmente, poco me importaba su apariencia, más me importaba su bolsillo, así que cuando se acercó a mí le hice un gesto con la mano señalándole que tomara asiento. Así hizo, se acomodó un poco, colocó los codos sobre la mesa y se inclinó un poco hacia adelante. “Tú y yo sabemos el motivo del porqué de mi presencia” – me dijo a la vez que yo volteaba hacia mi derecha y asentí con la cabeza. Volví mi mirada hacia la mesa, saqué el mazo de barajas y lo coloqué sobre la misma de forma sutil. Le miré a los ojos – “¿De quién hablamos?” – le dije en una voz baja, pero lo suficiente para que me escuchase. “Arem Estefano, así se llama. Estamos hablando de un hombre importante, en los últimos 6 meses ha estado moviendo negocios turbios e influencias del Imperio para sus propósitos sucios. Nos ha estado quitando el pan de la boca, y no lo podemos permitir.” – me dijo con un tono serio y molesto de hecho. Cogí cinco cartas, aparte el mazo y coloqué las 5 en un formación de arco sobre la mesa – “No me meto con política. Escogiste al hombre equivocado.” – le hice saber mientras observaba las barajas. – “No puedes rechazar la suma de dinero que te voy a ofrecer” – me dijo mirándome a los ojos, o eso percibieron mis sentidos. Yo seguía mirando la mesa. – “As” – murmuré, levanté la última de la izquierda y efectivamente era un As, un As de picas. – “Ni que me des una caja fuerte llena de kulls de oro. El Imperio es un negocio muy negro, y yo no pienso meterme allí. Poseo inteligencia, y quiero cuidar mi culo.” – le dije mientras observaba el As colocándolo enfrente de mi cara. – “Entonces quizá el plomo te convenza” – me dijo con un tono de voz bajo pero muy amenazante. Tomando el As con dos dedos (colocándola en el medio del índice y el medio) la arrojé sutilmente a la mesa y en un movimiento fugaz con mis ojos observé que poseía una pistola debajo de la mesa, y apuntaba hacia mí. Cualquier movimiento en falso y saldría muerto del lugar. Pero no era la primera vez que me apuntaban con un arma de fuego, así que sinceramente no me asustó. – “Amenazando a las personas con fuego… es gracioso ver como un tipejo como tú ponga a un tipo como yo en esta situación. Sin embargo, subestimas mis habilidades.” – le dije mirándole a los ojos por primera vez. Los nervios se notaron en su cara, era un enclenque, obviamente estaba protegido con un arma de fuego porque de lo contrario, ¿cómo demonios se defendería?, era un ser patético y débil, sin control alguno de ningún arma ni sus propias manos, apenas controlaba sus piernas para caminar y su culo para cagar. Aquel ridículo no me iba a asesinar, yo lo tenía muy claro.


Creé tensión manteniendo la mirada y poniéndolo nervioso al punto de que se le veía temblando y con la respiración acelerada. En un punto inesperado me arrojé hacia mi izquierda, entonces aquel hombre instintivamente soltó un disparo que falló. No estaba concentrado, y aparte de los nervios, no sostenía el arma de forma correcta. Bastó un movimiento rápido para hacerle perder el disparo, y ahora la ventaja la tenía yo. Con aquel estruendo la mirada de todos se posaron en nosotros, y bajo los ojos de todos meti mi mano en la chaqueta y la saqué revelando una daga en un movimiento que no tomó más de 1 segundo, y de una zancada hice una finta al tipejo aquel, como si le fuese a apuñalar, pero me detuve en el punto donde la punta de mi daga tocaba su cuello.
El frío roce del metal lo hizo entrar en un estado de shock. Levantó sus brazos sudando como una perra y soltando el arma. El tabernero se molestó y se preparó para separarnos, pero le hice un gesto con mi mano suelta para que se detuviese. – “Las armas de fuego no te dan ventaja. Menos para un tipo tan débil como tú. Te daré un consejo, alma miserable, la próxima vez no amenaces al asesino que contrates. Te perdono la vida porque no quiero que me denieguen la entrada a esta taberna, pero te lo juro que en otra situación te hubiera apuñalado la nuez de adán.” – aparté mi filo y lo guardé de nuevo en mi chaqueta. Me di la media vuelta y unos pasos más allá en dirección de la puerta, pero antes de irme me detuve – “Mi último consejo es que no intentes contratar a alguien que me mate.” – sonreí como un zorro y mientras el hombre aún con la tensión baja estaba perplejo en su silla, abrí la puerta y me retiré del lugar.


Última edición por Valeir Azahar el Jue Ene 02, 2014 1:42 am, editado 3 veces


avatar
Valeir Azahar

Mensajes : 21
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: Andanzas del Azar *solitaria*

Mensaje por Valeir Azahar el Mar Nov 05, 2013 5:36 pm



Capitulo 2: Persecución


La oscuridad de la noche se cernió sobre aquella ciudad Thonomer, donde me ubicaba yo, más exactamente en un tejado de alguna casa al azar. Estaba sentado en el borde, con mis piernas fuera del tejado y con mis brazos hacia atrás sosteniendo mi cuerpo a la vez que mi torso estaba inclinado hacia atrás. ¿Qué hacía?. Nada, no hacía absolutamente nada. Dejaba que las horas pasasen, una tras otra, hasta el punto que me diese sueño. Pero hasta que Morfeo no me llevase en sus brazos, yo me quedaría allí, observando la vida nocturna de aquella parte de Thonomer. La gente pasaba, muchos estaban borrachos, hermosas damiselas caminaban por el lugar, había de todo.

El frío de la noche me abrazaba, y a pesar de mi chaqueta de cuero, estaba un poco helado. Había un viento un tanto fuerte en el lugar que agitaba los árboles, pero era hermoso, no hay nada más relajante que escuchar el sonido del viento muy de cerca en tus orejas, y es más relajante cuando hay frío. Son esas cosas simples de la vida que te hacen suspirar. Pero aquel momento de relajo habría sido prontamente interrumpido cuando miré a un hombre que iba caminando apurado hacia mi derecha. Donde yo estaba, era una calle única que iba de forma horizontal. Las casas estaban pegadas unas con otras, igual los locales, tabernas etc. Aquel hombre iba, como dije, hacia mi izquierda, y en un punto de su trayecto me miró. No era difícil de descifrar: aquel hombre ya sabía de antemano que yo estaba allí. ¿Coincidencia, paranoia?... llámenme loco, pero aquella mirada no fue una mirada casual, me observó como asegurando un objetivo. Soy un asesino de profesión, el lenguaje corporal es algo que se me facilita y es parte vital de mi trabajo. Sin ella, no podría actuar, y es la absoluta verdad.

Esperé a que se perdiera, y entonces me levanté. ¿A dónde ir?, no lo sé, pero necesitaba salir de la zona. Me encontraba en Santa Marta, podría ir a San Bernardo, que quedaba cerca. San Bernardo era un pueblo que quedaba cerca de mi actual locación, y me sabía mover en aquel lugar. De hecho viví por un tiempo allí, y lo visitaba con cierta frecuencia. Pensaba  bajarme de aquel tejado y caminar lo más rápido posible hacia San Bernardo.

Me bajé de aquel tejado, por la parte de atrás de la casa usando una escalera que estaba allí que daban con un callejón propio del terreno de la construcción, sin iluminación alguna. Pocos metros me separaban de la calle, y caminé afuera, cuando llegué a la acera miré minuciosamente con las manos en mis bolsillos ambos lados, derecha e izquierda. No había mucho en realidad, transeúntes normales y algún que otro borrachín cantando tonadas de despecho. No detecté ninguna persona sospechosa, así que sin más me fui por el lado derecho que metros más allá desembocaría en tres caminos (cuatro contando en el que estoy). Caminaba algo cabizbajo y en contrario de la dirección de algunas personas, a un paso algo acelerado, pero no lo suficiente para parecer sospechoso. Toda esta situación parecía una estúpida paranoia de mi parte, pero he estado suficiente tiempo en el juego para saber cómo funcionan las cosas, y sabiendo esto, lo más probable es que en algún lado alguien (no necesariamente la misma persona) me esté observando. ¿Por qué entonces iría a San Bernardo, en qué cambiaría los hechos?. En nada más que en San Bernardo me controlaba mejor, y conocía muchos atajos. Si lograban atraparme, escapar no sería una tarea muy difícil para mí. ¿Quién me quería hacer algo?, aún no lo sé, pero no importa ba quién quería hacerlo, lo que importaba era salvar mi vida.

Tras unos minutos llegué a San Bernardo, la cual estaba colmada de gente como es usual. La plaza “del Rocher” me daría la bienvenida a aquel pueblo, una plaza decorada con bancos, grama natural y bonitos árboles que proporcionaban una refrescante sombra en los días acalorados. Caminé hasta uno de los bancos, este estaba debajo de un árbol y estaba hecho de madera con partes de acero; y me senté. Metí las manos dentro de mi chaqueta mientras observaba todo a mi alrededor. ¿Qué querían de mí?, no lo sabía, pero me estaban crispando los nervios, y me estaban molestando. Súbitamente, en un giro de mi cabeza, logré ver a un hombre vestido de negro que se escondía entre la multitud, caminaba hacia mi izquierda y para cuando estaba en el rabillo de mi ojo pude notar que me observaba, fue cuando posé mi mirada directamente en él que giró la cabeza. Novato.

Me levanté y me fundí entre la multitud, recordando como era su cuerpo traté de seguirle entre las personas. Era algo confuso pero tras unos segundos le divisé unas 7 personas más adelante. La única opción que tenía en ese momento era atraparlo antes de que huyese, secuestrarlo e interrogarlo posteriormente. Caso contrario, me tenderían una emboscada, era lo más seguro.

Aceleré mi paso mientras evitaba la gente sin mucho esfuerzo, siendo dando un paso a los lados o girando mi torso evitando que los hombros chocasen, claro que, sin perder el trayecto de mi objetivo. Me había adelantado unos cuantos metros, estaba relativamente cerca de él y el idiota aún no había volteado. ¿Por qué enviaron a un amateur para espiar a un veterano?, yo qué iba a saber, pero de hecho esto me beneficiaba, así que no podía quejarme. Me acercaba y me acercaba, giró en un cruce y así hice yo igual, lo tenía cerca. Para ese entonces, ya habíamos salido de la multitud, y solo habían algunos borrachos por allí. Era el momento perfecto. Aceleré el paso, cuando escuchó los sonidos se volteó, pero para ese entonces ya había dado una zancada hacia él y le apuñalé el muslo de su pierna izquierda. No quería matarlo, claramente quería información de él. Gritó de dolor, pero ya tenía su boca tapada por mi mano. Haciendo uso de la misma daga le amenacé colocándosela en el cuello y aplicando una ligera presión – “No trates de hacer movimientos en falso” – le susurré al oído – “Muévete conmigo” – rematé mientras lo dirigí a un callejón que quedaba cerca de donde estábamos. Lo llevé al fondo, era un callejón sin salida y mucho menos iluminación, le empujé hacia la pared mientras tomaba un barril y me sentaba encima a la vez que este tipo rebotó contra la pared y cayó al suelo de culo, afligido por su pierna. Con las piernas abiertas y mis manos reposando en ellas (aún con la daga en mano), me recosté a la pared y lanzando ligeramente la daga haciendo que diese vueltas y atrapándola de nuevo (reiteradas veces), empecé a interrogarlo – “Sé que me están persiguiendo
–  inicié – “¿Quién te mandó a espiarme? “ – seguí y le miré a los ojos. Balbuceó algunas palabras, estaba muy adolorido y no le entendí nada, supuse entonces que un pequeño susto le soltaría la lengua por lo que arrojé mi daga justo al lado de su cabeza. Por obra de reflejos, se echó al lado contrario con los ojos como platos mientras la daga rebotaba contra la pared y caía al suelo con el típico sonido metálico. Me extendí un poco con una sonrisa en la cara para extender de igual forma mi brazo (no pensaba levantarme) y coger la daga de vuelta – “Entonces, ¿decías?. No me hagas arrojártela a un ojo esta vez” – le dije mientras recogía el arma y me recostaba de nuevo a la pared. “N-no te diré nada…” – balbuceó de nuevo, pero esta vez sí le entendí. Sonreí de medio lado y detuve el jugueteo con la daga, giré entonces hacia el moribundo hombre – “No estás en posición de ser rebelde. Abre la boca, venga, este es el final de tu día… si no me dices nada, igual te matará tu jefe. Ahora, si sueltas la sopa te eliminaré y habrás hecho una buena obra antes de tu muerte, quizá Dios te deje entrar en su reino, sabes” – le dije sin evitar reírme. Me miró con una cara de trauma, se notaba que no sabía que hacer en la situación así que le di un rato mientras hacia malabarismos con mis dagas. Finalmente tras unos 2 o 3 minutos soltó la lengua – “Su nombre es Xavier… nos contrató para eliminarte…” – dijo adolorido y en voz baja. Volteé para verle deteniendo todo el alboroto con mis dagas, guardé una y la otra la mantuve en mi mano – “Xavier… descríbelo” – asustado (y no para menos) empezó a describirlo. Su descripción física era exacta/muy similar a la del tipo que me quiso contratar en Le Baldeau…. ¡no puedo creer que el pelmazo hizo caso omiso!... tendría que ubicarle y enseñarle de una buena vez que quien manda no es el contratista… quien manda es el asesino. A la final, quien tiene las armas y la habilidad y el entrenamiento, es el asesino, no un idiota que quiere deshacerse de alguien pero tiene que gastar su dinero para que alguien más lo haga.

Me levanté del barril y suspiré – “Bien. Una última cosa. ¿Cuántos son?. ¿Están en la zona?. ¿Dónde se reúnen?” – le dije en voz baja mientras miraba hacia la salida del callejón – “Xavier en Villamar… *tosido* son… alrededor de 3, sin contarme… y ahora mismo te deben de estar buscando… te vieron en Santa Marta y siguieron hasta San Bernardo, no sé dónde están ahora…” – finalizó con un tosido. Pobre hombre, me daba un poco de lástima… apenas era un amateur. Yo cometí los mismos errores, y una que otra vez me perdonaron la vida… ¿por qué quitársela?. De los errores se aprenden, y aunque podría llegar a ser un potencial enemigo en un futuro, no es como si yo no me hubiese convertido en eso para algunas personas. Así funciona este juego. Tras un rato de mirar a la salida suspiré y me volteé hacia él – “Bien, terminemos esto.” – le dije amablemente mientras cerraba sus ojos y se preparaba para morir, aunque yo no le iba a matar, solo le iba a desmayar. Hice una finta como si le fuese a apuñalar entre ceja y ceja pero giré la daga en medio viaje haciendo que la punta mirara hacia mí y le propiné un fuerte golpe en el área de la mandíbula debajo de la oreja, en ese pequeño espacio. Lo retruqué con la pared por el impacto y efectivamente cayó inconsciente tirado como un muñeco de trapo.

Me tenía que preparar para lo peor. Tres hombres rastreaban mi trasero, no me matarían así nomás, lo más seguro es que me intentasen emboscar para después de torturarme, raptarme. Eran tres cabezas contra una, y debía sobreponerme y anticiparme a sus movimientos de la forma más astuta posible. Donde se reunian eran en Villamar, que quedaba a dos pueblos de acá, para llegar, tenía que cruzar Pueblo de Aguas y Florazul, siendo el último el que limitaba con Villamar.

La noche era aún joven, y debía ponerme en marcha.


Última edición por Valeir Azahar el Jue Ene 02, 2014 1:42 am, editado 3 veces


avatar
Valeir Azahar

Mensajes : 21
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: Andanzas del Azar *solitaria*

Mensaje por Valeir Azahar el Dom Nov 10, 2013 6:57 am


Capitulo 3: Final del camino
 
Tras desmayar a aquel pobre hombre no perdi tiempo y salí de aquel oscuro callejón. Miré hacia todos lados pero no pude ver a nadie sospechoso. Ahora más que nunca tenía que activar mis sentidos y tener ojos por todas partes, eran tres quienes me perseguían y yo era una única cabeza, todo lo que tenía que hacer era ser sumamente cauteloso en mis rutas y movimientos y con suerte llegaría a Villamar intacto. Tomar rutas establecidas (calles) es lo más estúpido que podría hacer, aquello era cosa de novatos como aquel pobre diablo que desmayé. Un asesino de verdad no anda por las calles a menos de que esté camuflado entre multitudes, caso contrario lo mejor es vagar por callejones y entre construcciones, lejos del objetivo. Un verdadero asesino no ataca a su presa por impulso sino espera a que su victima se aisle pues así su cadáver pasará desapercibido. Si no había visto a estos hombres era porque ellos estaban entre las construcciones y escondites, quizá hasta dentro de algún local observándome por cualquier ventana. Me conocía estas tierras y más por lo que sabía exactamente donde ir y cómo ir así que sin perder tiempo me desvanecí de la vista de los peatones entre un callejón y empecé a caminar entre las construcciones y ocasionalmente en tejados de la forma más discreta posible y sin perder de vista mis alrededores. Estaba tensionado, es decir, ¿quién puede caminar por ahí tranquilo a sabiendas de que tres hombres buscan tu culo?... todos buscamos la supervivencia, eso es algo claro. Me aproximaba a Pueblo de Aguas pues mi paso era algo acelerado, en todo el camino estuve como un bicho paranoico volteando a todos los lugares y con mi mano izquierda siempre dentro de mi chaqueta en caso de un ataque repentino para sacar una daga, no era una actitud que debía tomar ya que si me estaban observando estos sabrían que yo sabía que ellos estaban tras mi rastro pero simple y llanamente aquello era inevitable, llámenme cobarde pero soy un humano y mi vida va por delante de cualquier cosa. Antes de darme cuenta pisé Pueblos de Aguas y velozmente me dirigí hacia una taberna. ¿Razón?, era un refugio. Si llegasen los tres y trataran de agredirme se formaría un gran pleito en la taberna y no es algo que les convenga, por otra parte, recalco que cuando eres un asesino de gran preferencia tu víctima ha de estar en un lugar aislado y una taberna no es precisamente un lugar solitario. Entré y me senté para descansar pero de tal forma que tenía vista hacia la ventana y la puerta, de tal forma que le daba la espalda al tabernero. No ordené nada, necesitaba mi estado de sobriedad como nunca… quién sabe qué desastre haría un asesino borracho…
 
Pasé un rato entre aquel bullicio, raramente no se había formado un pleito o por lo menos hasta aquellos momentos pues me hice mi lugar fuera de aquel lugar, a saber si luego aquellos borrachines se metieron a palos y mordiscos, eso a mí no me interesaba. Cuando cerré la puerta de aquel lugar por el rabillo del ojo y acompañado de una sensación de peligro enorme medio discerni una figura encapuchada en el techo de la iglesia pero para cuando volteé a ver bien ya no estaba. Sin duda alguna era habilidoso, desconozco si los demás lo eran pero por lo menos aquel hombre sí, o quién sabe… quizá era una mujer. Las mujeres suelen ser delgadas y por ello están dotadas – con el debido entrenamiento – de una muy buena agilidad, de hecho, las féminas pueden desempeñar el rol de asesino incluso mucho mejor que nosotros los hombres pues esas creaciones de Dios poseen tres cosas que nosotros no: dos pares de tetas y una vagina, cosa que utilizan a su maldito favor. Caer en sus prohibidas tentaciones es algo común, pero claro… depende de la mujer… no creo que un hombre caiga en babas por los pechos de la vieja loca de la esquina. Volviendo al tema, mis sentidos como dije me alertaron y mi respiración empezó a acelerarse un poco pues sabía que aquel por lo menos me venía rastreando desde el otro pueblo, sin embargo una duda invadió mi cabeza: ¿poseen comunicación?, sino es así están en un grave problema. Un equipo no se guía por acciones individuales sino por acciones de grupo, si uno no tiene la información del otro se crean incongruencias y podría llegar a afectar a la misión, es por ello que soy un asesino solitario, trabajar en equipo es algo difícil. Me quedé atónito por unos segundos y entonces me pregunté mentalmente – "Si me tienen localizados ¿qué lograré con ir a Villamar?" – al menos uno de ellos alertará a aquel gordo infeliz y este huirá como cerdo haciendo perder sentido a mi cometido y finalmente terminaría atrapado por estos y eventualmente muertos. Sabía lo que tenía que hacer y aquello era algo de sumo riesgo… pero tenía que hacerlo. Entonces me di cuenta (sin verlos o percibirlos) que aquellos tres formaban un eje o triángulo, dos seguían mis pasos y comunicaban a un tercero que estaba en la punta más delante de mí. Cualquier acto que yo hiciera estaba siendo rastreado como un puto radar y no había forma de escapar de su mirada. No podía adelantarme a sus acciones ya que había un tercero en la punta y finalmente llegué a la conclusión de que sí poseían comunicación. Toda aquella información surgió de mi mente en un chorro de iluminación. La verdad, el trabajo del asesino requiere más que solo perseguir y eliminar o engañar y eliminar, requiere un trabajo táctico a veces bastante arduo y con mi experiencia fue cómo logré sacar aquel resultado. Ahora bien, ¿qué demonios se supone que iba a hacer?, simple pero descabellado: reunirlos a los tres a un punto y luego… luego figurar qué demonios hacer, pero lo vital era agruparlos. Por separado y escondidos no me servían para nada. Así tras aquellos pequeños minutos de pensamiento caminé hasta un callejón bastante apartado y me recosté a una pared apoyando mi pie izquierdo en esta misma de forma que mi pierna izquierda quedaría flexionada, a la vez, mis manos estaban dentro de mi chaqueta. Me quedé así unos diez o veinte segundos y solté un suspiro al aire –“No soy nuevo en esto. Sé que están ahí. Díganle al tercero que venga y muéstrense ustedes tres”- dije con cierta resignación al aire. Sabía que me escucharon pero tardaron alrededor de dos minutos en mostrarse, pero finalmente lo hicieron.
 
El callejón no era sin salida pero su final estaba bastante lejos. Por la ‘entrada’ de entre el velo de la oscuridad tres figuras caminantes se mostraron con el poco de luz que había. Un encapuchado que fue el que vi poco tiempo atrás, un tipo de ropajes grisáceos al parecer lino con cuero y finalmente un tercero bastante alto con ropajes totalmente negros y una pañoleta en la boca.  Se colocaron en fila a unos cinco metros de mi presencia, puedo decir con toda la sinceridad de mi alma que no estaba asustado para ese entonces pues finalmente los tenía enfrente y no tenía el miedo de que me salieran de cualquier lugar. –“De sobra estar decir mi nombre, ustedes deben conocer hasta el último pelo que tengo en mi axila”- les dije mirando al suelo. Ninguno se inmutó y tras una pequeña pausa seguí – “Entonces fueron enviados por aquel cochinito” – sonreí –“Me costó figurarlo pero desmantelé su estrategia. Nada mal, pero que el ego no se les suba, eran tres” – solté una ligera carcajada y volteé al del medio, el encapuchado – “De hecho eran cuatro. No se preocupen, no está muerto, solo le desmayé. El pobre no tiene la culpa” – dije mientras mi sonrisa se desvanecía – “Entonces aquí estamos. Creo que se acabó el juego. Me hicieron correr tres pueblos, nada mal” – bostecé entonces y finalmente el encapuchado habló – “Cierra la boca y entréganos tu vida ahora mismo. Ya no puedes hacer nada, Azahar” – contestó seriamente. Me alejé de la pared y me coloqué mirando hacia ellos en la misma distancia pero ahora de frente – “¿Qué esperan?. Son tres, asesínenme.” – dije fríamente sin ninguna expresión. Una pausa se dio y una tensión terrible invadió el lugar, solo se escuchaba el frío viento pasar, y de repente observé en un acto de reflejo, en una milésima de segundo como el de la derecha estaba a punto de correr e igual el de la izquierda, el encapuchado por otra parte era más lento y todavía no parecía moverse. ¿Qué hacer, qué hacer?... yo no estaba en voluntad de acción, aquello que accionaba mis reacciones era mi subconsciente y en aquel temprano momento captado por mis reflejos… lancé un escupitajo. ¿¡Qué!?, sí, un escupitajo. Escupí a la cara del derecho y entonces empecé a correr como alma que lleva el diablo tomando atajos y más y más callejones.
 
La persecución era reñida pues ellos también eran bastante rápidos exceptuando el encapuchado. Una adrenalina feroz tomó control de mi cuerpo y hacía cosas ridículas sin sentir ningún cansancio pero teniendo en mente que después de toda la faena estaría exhausto. Salté y evadí cualquier tipo de mierda a la par que corría como loco pero sin embargo sabía que aquel hombre, aquel de ropajes de lino y cuero, se acercaba cada vez más y más… ni mi adrenalina era suficiente para la velocidad de aquel tipo. Empecé a entrar en pánico si es que ya no lo estaba y entonces se me ocurrió una idea. En carrera metí mis dos manos en mi chaqueta sosteniendo dos dagas y entonces me dirigí a un callejón sin salida que estaba al lado de una vieja casa quizá inhabitada. Corrí y aminoré el paso y entonces en un derrape me volteé y lancé una puñalada a aquel hombre raudo que venía en carrera sin que se diese cuenta que estaba armado. Se la encajé en el estómago y me abrí para que, con la carrera que llevaba, siguiese un poco más hasta pegarse con la pared y caer al suelo adolorido. Pero todo no terminaba allí pues el otro estaba muy cerca. Habiendo apuñalado con la izquierda solté dicha daga y volví a girarme esta vez para correr en contra del hombre de ropa con tonos oscuros. A medio viaje abrí mi postura y tomé su brazo desviándolo, derrapó un poco y se giró para lanzarme un corte a la cara el cual evadí echando mi cabeza hacia atrás y sin dudarlo le asesté la daga en la garganta dejando salir un sonido asfixiado mientras sus ojos se hacían enormes. Retiré mi daga y tomé aire pues estaba cansado… sin embargo, aún no terminaba todo. Algo tarde llegó el encapuchado, pero llegó, aunque fuese de último. Ante él tenía a un hombre cansado y desgastado, ese era yo.  Retrocedí unos cuantos pasos hasta pegar mi espalda a la pared respirando con la boca pues mi cansancio me mataba, el último de los tres sin embargo no parecía muy vital, también estaba cansado pero tenía más energías que yo. Se paró a 3m de mí – “Aquí… termina el juego… Valeir” – se abalanzó sobre mí con su arma la cual era una daga, en un acto de reflejo me quité como pude e impacto la punta de su arma contra la pared de concreto, sin pensarlo dos veces lo empujé por el costado llevándome con él haciendo que se estrellase contra la otra pared, la del frente (no la que marca el final del callejón) y haciendo caer su arma. Hicimos fuerza y terminó por clavarme un buen rodillazo que me haría retroceder hasta pegar mi espalda contra la otra pared adolorido. Se abalanzó contra mí pero le escupi la cara rompiendo su concentración y abalanzando yo mi cuerpo le metí un puñetazo en el mentón. Impactó contra la pared anterior y ambos quedamos recostados adoloridos y cansados. Tenía conocimientos de pelea pero estaba exhausto hasta el último músculo, en una situación normal le encajaría una sola patada y le desmayaría, pero aquel no era el caso. No podía quedarme mirando, el que tuviera la iniciativa ganaba y tras sacar fuerzas de flaqueza (sacar un poco de energía de la nada) rugí de furia y lancé un codazo que impactaría entre ceja y ceja y haría que quedase desmayado. Quedé estático, con mis brazos hacia abajo y jorobado… no aguantaba el cansancio y tras caminar muy torpemente inclusive más que un borracho hasta una posada que quedaba cerca… al abrir la puerta trastabillé y caí, entonces, perdí todo conocimiento.


Plano de Combate:


Última edición por Valeir Azahar el Jue Ene 02, 2014 1:41 am, editado 1 vez


avatar
Valeir Azahar

Mensajes : 21
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: Andanzas del Azar *solitaria*

Mensaje por Valeir Azahar el Mar Nov 12, 2013 6:29 am

Capitulo 4: La mujer de cabellos rojos


Salí de la oscuridad… salí de aquella prisión negra de la que simplemente no recuerdo nada. Mis ojos poco a poco percibieron la luz que irónicamente me cegaba, solté un quejido de dolor y respiraba algo fuerte con mi mano en el estómago, de la nada escuché una voz delicada, una voz que pertenecía sin dudas a una fémina pero que no podía ver y ni siquiera conocía – “¿Has despertado?” – dijo aquella mujer algo preocupada, o eso noté por su voz.

Finalmente logré abrir mis ojos y aunque veía todo borroso me di cuenta de que estaba en una habitación. Me senté y cabizbajo y desorientado traté de recuperar la vista y tras un rato finalmente lo logré, tan pronto como ya podía ver mejor giré mi cabeza para observar a la presencia femenina de mi derecha y efectivamente corroboré que era una mujer, poseía rasgos delicados, era increíblemente bonita, sus ojos eran de un increíble azul y su pelo era rojo-naranja. Aquella mujer me impactó por su belleza tan fina, me observó con una sonrisa mientras yo aún recobraba mis sentidos aunque yo también le devolví la sonrisa. Tras una pequeña pausa cambié la mirada a cualquier cosa – “Y… ¿qué pasó?. Yo solo recuerdo haber caminado moribundo” – le dije a aquella damisela mientras apartaba mi mirada – “Pues... llegaste a nuestra posada y te desplomaste. Justo estaba atendiendo a unas personas y me sorprendi, así que te llevé a esta habitación y tras hacer unas cosas cuidé de ti toda la noche, te veías bastante magullado” – replicó aquella hermosa pelirroja sin apartar la mirada de mí – “¿Por qué llegaste tan así?” – añadió la mujer de desconocido nombre – “Pues… sucedieron ciertas cosas. Dejalo en que tuve… un altercado y corri mucho y me dieron dos golpes fuertes, pero es todo. “  – le dije tratando de ocultarle lo que verdaderamente había ocurrido. No quería que se enterase de que yo era un asesino y mucho menos que mi método era engatusar a las personas pues… de alguna forma extraña… me importaba de alguna forma aquella desconocida. “Veo que no quieres hablar al respecto. "¿Estás bien, quieres algo de agua?” – me dijo amablemente mientras colocaba su mano en el hombro y yo la volteé a ver – “Estoy bien. ¿Cuál es tu nombre, damisela?” – le pregunté mientras miraba sus hermosos ojos – “Gabrielle Leonir. ¿Cuál es el tuyo?” – contestó con una sonrisa – “Mi nombre es Valeir” – contesté devolviéndole la sonrisa y acortando mi nombre, no quería nombrar el Azahar, no quería que supiese que soy un asesino… no quería espantar a esta persona. “¿Puedes levantarte, Valeir?” – me preguntó y sin decir nada traté de levantarme con éxito, aunque algo adolorido en el área del abdomen, un rodillazo es algo fuerte y además el esfuerzo físico que realicé yendo de pueblo en pueblo y luego corriendo me dejó exhausto sin dudas, pero de igual forma estaba habilitado para caminar. “Creo que sí” – le contesté y le sonreí ampliamente – “Muchas gracias de verdad, Gabrielle. No hubiera muerto pero sin tus cuidados hubiese despertado mucho peor” – le agradecí y ella solo me contestó con una sonrisa... una sonrisa sincera.

Cuando observé aquella sonrisa dibujada en su rostro me estremeci… habían pasado muchísimos años desde que vi una sonrisa sincera… mucha gente me traicionó en mi camino y desde entonces nunca pude volver a confiar en las sonrisas de la gente porque se podría decir todos son unos hipócritas, todos ocultan malos pensamientos sobre ti y es un hecho. Irónicamente es mi trabajo, ese es mi método, ganarme la confianza de las personas y luego rebanarles el cuello, ese es mi modus operandi. Pero… aquello fue diferente. Aquello realmente fue una sonrisa, una sonrisa pura de un ser puro… era algo que me decía mi instinto y mis conocimientos de lenguaje corporal, era real, era auténtico. Aquella mujer sin dudas me sorprendió.

Nos miramos unos segundos en silencio y luego me invitó a bajar para hablar un rato en la plaza y despejarnos un poco así que acepté sin chistar. Bajé las escaleras con cautela y cuando llegamos abajo le abri la puerta como un caballero dándole paso y luego sali tras ella y de ese modo nos dirigimos a una plaza de grandes árboles y bonitas flores, conseguimos una banqueta y nos sentamos.  “Entonces Valeir, ¿no tienes un segundo nombre o apellido?” – me dijo Gabrielle mientras observaba la gente pasar – “Sí, es… es Azahar” – repliqué tragando saliva y esperando que no conociera mi fama de asesino, que no era mucho pero uno nunca sabe – “Azahar… bonito apellido” – sentí como tres toneladas de peso fueron liberados de mi espalda y agradeci a cada deidad que conocía hasta a Mordekaiser – “Ah, ¿te gusta?. Lo heredé de mi padre” – le dije girándome hacia ella – “Sí, es bonito. ¿A ti te gusta el mio” – respondió con una pequeña risa – “Leonir… suena a una mujer fuerte. Estoy segura que va con tu personalidad” – repliqué sonriente. Se sonrojó un poco y cambió su mirada, tras una pequeña pausa siguió – “No soy una mujer fuerte… eso desearía.” – dijo con tono de seriedad y al parecer algo de tristeza por su mirada. Puse la mano en su hombro y le contesté – “Pues yo creo que eres una mujer fuerte y ni siquiera te conozco, eso percibo de ti” – mientras sonreía tratando de animarla. Me regaló otra de sus sonrisas sinceras y me dio las gracias. Tras una pausa le pregunté si quería algo de comer y me afirmó con la cabeza así que le sonreí y me dispuse a buscar algo de fruta y pan diciéndole que se quedara allí, que yo iba. A mitad de camino sin embargo, surgió un… pequeño altercado.

Mientras iba caminando estaba pensando en esta mujer por lo que estaba algo desconcentrado, sin fijarme me tropecé contra un gigantón y como era de esperarse esto no le gustó. “¿¡Qué te pasa inútil!?, ¡observa donde colocas tus sucias patas!” – exclamó aquel hombre de ropajes negros, sin un pelo en la cabeza y una cicatriz que le traspasaba el ojo izquierdo el cual a la vez estaba todo blanco, lo había perdido. Retrocedi un poco y le dije – “Ha sido mi culpa, lo siento de verdad, estaba algo desconcentrado” – tratando de calmar el asunto, pero aquello fue en vano – “¡No!, ¡ya que al parecer te gusta chocar contra la gente vas a tener que defender tu culo ahora mismo!” – bramó aquel calvo iracundo. No entendía la razón de tanta furia, tan solo tropecé con él… pero claro, al parecer alguna gente es intocable. “No quiero problemas, de verdad me disculpo por el tropiezo, no fue mi intención” – dije intentando nuevamente calmar a este gigante, pero nuevamente… fue en vano. Sin aviso de ningún tipo lanzó un derechazo al contra mi cabeza la cual por un acto de reflejo evadi echándome hacia atrás – “¡Ven acá!” – gritó histérico, pero yo sabía que no iba a poder luchar contra él mano a mano, la única opción eran mis dagas, pero entonces Gabrielle las vería y no resultaría muy bien para mí. Lanzó otro golpe que no logré evadir pero logré bloquearlo parcialmente siendo mi brazo derecho el que lo recibió y me empujó metros más allá. La expectante mirada de la gente se cernía sobre nosotros inclusive la de Gabrielle quien me miraba preocupada pero sabía que no podía intervenir. Tras el impulso solté un quejido y movi mi brazo en círculos para tratar de despejar el dolor, pero aquella bestia no iba a dejar de atacarme; lanzó un golpe linear hacia mi pecho pero lo evadi ágilmente, en ese instante momento aquella mole sería impulsado por su propia fuerza y al no haber acertado a nada seguiría de largo, pero en aquella milésima de segundo lo tenía a centímetros de mí y de forma perpendicular, aquel fue un momento donde mi subconsciente actuó y sin que yo lo pensará golpeé con todas mis fuerzas debajo de su oreja, al final del mentón, en esa zona flácida, allí. Sonó un fuerte sonido y el buscapleitos gigantón tras dar unos pasos más en carrera cayó al suelo desmayado y bocabajo.  Solté un suspiro y a la vez un quejido pues me habían golpeado la derecha y con esa misma propiné un golpe realmente fuerte que, sumado a los aceros en mis nudillos, desmayaron al buscapleitos.

La gente se animó y empezó a darme porras, entonces Gabrielle corrió hacia a mi y abrazó mi brazo derecho – “¿Estás bien?” – exclamó preocupada y sorprendida – “Adolorido… pero bien. No paran de lloverme golpes, ja, ja, ja…” – le dije con una sonrisa en la cara.

Tras mi afortunada victoria nos fuimos a su casa en la cual me atendió con un té y vendó mi cuerpo que estaba hinchado. Hablamos un gran rato y para cuando nos dimos cuenta ya la luna se mostraba en el alto cielo.

Miraba la ventana fijamente observando el cielo en un tenue silencio, Gabrielle estaba sentada frente de mí y ella hacía lo mismo. De repente nuestras miradas coincidieron y su penetrante mirada llegó a mí alma y estoy seguro que la mía también. Aquella noche nuestras almas se unieron en una sola.

Los giros de la vida son inesperados sin dudas. Un día me perseguían tres asesinos… y al otro conoci al amor de mi vida. Gabrielle, la mujer de los cabellos rojos.


Última edición por Valeir Azahar el Jue Ene 02, 2014 1:41 am, editado 1 vez


avatar
Valeir Azahar

Mensajes : 21
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: Andanzas del Azar *solitaria*

Mensaje por Valeir Azahar el Sáb Nov 16, 2013 1:33 am

Capítulo 5: Como por arte de magia

La hermana de la luna hizo presencia en sus dominios y de aquella forma la tenue luz del día se mostraba. En el suelo estábamos los dos abrazados con nuestros cuerpos desnudos en totalidad y siendo arropados únicamente por el frío. La mujer de pelos rojos seguía en sus sueños pero yo ya había despertado, sin embargo, me quedé un rato admirando sus rasgos faciales con ternura y antes de retirarme le regalé un beso en la frente y así me separé de sus cálidos brazos para luego vestirme con mis ropajes y recostado a la pared mirando a la ventana pensar y pensar. El tiempo pasó hasta que Gabrielle finalmente se movió un poco y tras un largo bostezo despertó apenada por su desnudez y rápidamente se colocó sus ropas, obviamente me reí para fastidiarle un rato.
 
Se recostó sobre mí colocando su cabeza en mi hombro y yo incliné mi cabeza hacia la suya para acariciarla con mi mejilla.  Hubo un silencio por unos minutos hasta que la pelirroja habló – “Peleaste muy bien contra ese tipo” – me dijo con su voz suave y delicada; le sonreí entonces – “Já, yo no sé pelear. Es decir, sé lanzar golpes y patadas pero no me he instruido en ningún arte marcial. Aquello solo fueron reflejos y causa de su torpeza” – repliqué siendo modesto y tragándome mi orgullo, pues realmente sentí la gloria al haber salido vivo de las garras de ese monstruo del averno, haberlo derrotado tan… así me había subido el ego. Se quedó pensativa un rato hasta que habló nuevamente – “Hmm… quizá…” – dijo sin culminar cosa que rápidamente avivó mi curiosidad – “¿Quizá… qué?” – contesté siendo consumido por la expectativa – “Pues… no te he dicho algo de mí. Yo… yo soy una luchadora experta” – contestó y entonces me separé un poco solo para colocarme enfrente de ella sorprendido – “¿¡Eres luchadora!?, ¿¡en serio!?” – exclamé con verdadera impresión. ¿¡Esta mujer, esta delicada fémina era luchadora, no, era luchadora experta!?... cualquiera podría jurar que esta chica es inofensiva, pero al parecer sabe de golpes y patadas, sin embargo, era algo que tenía que ver. “¡Oye, yo quiero ver eso!" – Exclamé con emoción que se me notaba hasta en el último rincón de mi cuerpo – “Ash… ¿de verdad quieres?” – dijo con cierta pena y volteando sus ojos, asentí con mi cabeza dos veces y entonces me dijo que fuéramos al patio trasero. Aquel lugar estaba adornado con una linda grama natural en el suelo muy verdosa y limitada por una cerca de madera color blanco que daba la figura de un cuadrado al lugar. Allí caminamos y nos colocamos en posición alejados el uno del otro; pregunté qué haríamos y me contestó que hiciéramos un simulacro de pelea, entonces acepté. Su posición de combate era extraña ya que colocaba sus brazos de forma que se veía todo el dorso de esta y así protegía toda su cara, por otra parte adelantaba una pierna ligeramente y la flexionaba, se mecía muy suavemente de atrás hacia adelante. Aquello era muy extraño para mí pues nunca me enfrenté contra alguien que supiera luchar, yo mismo no sé luchar como tal, solo defenderme, sé tirar un golpe y una patada pero no de forma disciplinada, aunque no se necesita mucha disciplina cuando tienes una barra de acero debajo de tus guantes pero… já, já, já. Me coloqué yo en posición, una posición normal de pelea tipo boxeo y así empezó la lucha. Nos movíamos en círculos sin dejar de estar frente el uno del otro sin acortar o aumentar la distancia… ninguno hacía ningún acto y yo solo calculaba a mi contrincante, en un momento dado hallé una oportunidad y me lancé con un golpe hacia ella el cual evadió sin mucha dificultad y entonces… entonces me propinó el golpe más fuerte que me hayan dado en toda mi vida. Caí al suelo de inmediato completamente desorientado, mis ojos no lograban fijarse en un solo objetivo tan solo veía todo dando vueltas y vueltas… no era la primera vez que peleaba, y hombres borrachos y sobrios me habían pegado en la cara en un pasado, pero puedo jurar por mi vida, mis ancestros y cualquier Dios normal o pagano que aquel golpe de esa aparentemente inofensiva y delicada mujer fue lo más fuerte que sentí en toda mi vida, por lo menos hablando de golpes. Quedé como un tonto tirado en el suelo mirando a qué se yo tratando de recuperar mi visión normal. Gabrielle se acercó a mí preocupada y acercó su cara a la mía tomándome por las mejillas – “¡Oh dios mío lo siento, te di muy duro!” – me dijo arrepentida – “Lo siento mucho de verdad, Valeir…” – añadió. Estaba muy tonto como para lograr decir algo pero finalmente cuando recuperé parcialmente mis sentidos hablé – “… Tienes que enseñarme a golpear así, já…” – le dije con una sonrisa en mi cara y tomándola por las mejillas acerqué su cara aún más y nos dimos un largo beso. Tras un rato separamos nuestros labios y ella me sonrió a la cara – “Lo siento… últimamente has recibido demasiados golpes y ahora yo vengo y también te doy uno” – dijo con pena. Aquello era cierto en parte, al parecer el destino había hecho un complot místico y había arreglado las mareas para que todos estos días yo, Valeir Azahar, hubiese recibido golpe tras golpe… de toda índole.
 
Las arenas del tiempo se movían y pasaron los días y más tarde en conjunto formaron semanas, tres siendo exactos. Cada uno de esos días Gabrielle y yo entrenábamos, mejor dicho, ella me entrenaba a mí. Me estaba instruyendo en su estilo de combate, uno que aprovechaba la velocidad y destreza por encima de la fuerza como tal y así, aunque un golpe mío no duela, con la técnica necesaria podría causar gran daño a un objetivo simplemente atacando áreas claves del cuerpo humano. Estos puntos ya los conocía, pero per sé no sabía luchar como tal y para eso la mujer de pelos rojos me enseñaba. ¿Por qué necesitaba aquel estilo siendo yo un asesino?... uno nunca sabe cuándo le van a desarmar en realidad, uno jamás sabe cuándo es el momento que te va a tocar pelear con tus puños desnudos y defender tu vida, el destino es una incógnita variable e imposible de descifrar.
 
Se hacía de noche y estaba magullado y con algunos moretones… esa mujer pegaba durísimo, pero ya me estaba acostumbrando al maltrato. Le sonreí exhausto y ella hizo igual y así abrimos la puerta trasera de su casa y fuimos a dormir.
 
La noche se esfumó y el día iluminó los cielos, el gran astro hizo su majestuosa presencia en aquella madrugada en el que el cielo estaba púrpura y el frío aire Thonomeriano erizaba mi piel. Me levanté algo desorientado, obviamente, por el estado semi-somnífero pues me acababa de despertar. Miré a mis alrededores mientras me frotaba la cara para que se me pasase los efectos del sueño al menos un poco y lo que noté fue que… ella no estaba. Me levanté y la busqué por todas partes pero no la conseguí esto me dio una sensación mala, pero traté de calmarme pensando que quizá fue a comprar el desayuno o algo… era extraño, aquella sensación no era buena. Dejé que las horas corrieran pero ella aún no hacía acto de presencia… empezaba a preocuparme y ponerme nervioso, ¿¡donde se metió!?... tras pensarlo un rato llegué a una tétrica, lamentable y horrible conclusión: ¿la habrán… raptado?. Y entonces como un destello surgió una idea: “los hombres de Xavier”. Tras permanecer incrédulo unos segundos grité de rabia pateando una mesa de madera la cual volteé por el puntazo y molesto abrí la puerta agresivamente. Mi respiración era agitada y mis pensamientos no eran claros, estaba poseído por el poder de la ira, ¡SE HABÍAN LLEVADO A MÍ GABRIELLE!. ¡ESE BASTARDO IBA A PAGAR CON SU CABEZA!.
 
La sangre de ese grandísimo hijo de puta iba a correr, lo iba a encontrar y masacrar. Sin perder un maldito segundo caminé furioso y mi destino era Villamar y NADA me iba a detener.


Última edición por Valeir Azahar el Jue Ene 02, 2014 1:40 am, editado 1 vez
avatar
Valeir Azahar

Mensajes : 21
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: Andanzas del Azar *solitaria*

Mensaje por Valeir Azahar el Vie Nov 29, 2013 4:39 pm

//desde este punto mi estilo narrativo cambiará//

Capitulo 6: Rapier


El flujo de personas en las calles era relajado, a esas horas no solía haber mucha gente por allí y quienes estaban eran mercaderes o simples peatones que iban a sus asuntos. Las calles mantenían una relativa paz y los únicos sonidos que habían eran de algunas personas hablando pero estas no eran suficientes para establecer un 'bullicio', y por ello, cuando el hombre de la boina azotó la puerta de madera agresivamente llamó la atención de los presentes quienes lo miraron de forma extraña pero él ignoraba a quien fuera, de hecho, el asesino ignoraba todo a su alrededor, iracundo, su cabeza solamente procesaba el rapto de su amada y solo miraba hacia adelante con una mirada intensamente molesta. A paso fuerte, largo y rápido empezó a dirigirse hacia Villamar y mientras pasaba la gente le miraba extrañado, sin embargo, el hombre solo miraba hacia adelante, él no escuchaba nada, hasta el sentido del tacto perdió pues aquel puntazo en una situación normal le habría hecho rechinar los dientes y maldecir, pero por los efectos de la ira él ignoró cualquier dolor. La distancia cada vez más era corta entre su actual locación y Villamar y llegó un punto en que, guiado por la idea de que quizá su amada estuviese muerta, empezó a correr como alma que lleva el diablo y las lágrimas inevitablemente corrieron por sus mejillas, quizá fuese así, quizá no, pero él realmente no tenía una idea de la situación de Gabrielle, pero lo cierto es que ella no estaba muerta. La mujer estaba en la mansión de Xavier quien la resguardaba en el cuarto piso, ella, vendada y amarrada, luchaba sin consuelo para salir de las cuerdas que la aprisionaban, pero era en vano.

Cegado y confuso, Valeir seguía corriendo y para aquel momento ya pocos minutos quedaban para alcanzar su meta, pero mientras él seguía en su mundo un espía de Xavier le divisió y con una mirada sospechosa este se escondió. En aquel punto del recorrido ya la gente escaseaba pues así igualmente hacían las construcciones, ahora estaba en una pradera la cual lleva el mismo nombre que la ciudad en la cual dicha pradera finaliza, siendo este Villamar. Aquel lugar de la naturaleza era el "puente" entre San Bernardo y Villamar y lo que los unía era un sendero de gravilla asimétrico que daba pequeñas y a veces largas curvas, este se desviaba hacia el noreste que era donde estaba la ciudad de Villamar.  El hombre de la boina corría raudo y valiente dispuesto a todo hacia dicha ciudad, a cada paso de su maratón levantaba polvo del suelo y zarandeaba sus brazos atléticamente, afortunadamente a aquella velocidad en la que iba su boina no se voló aunque estaba a punto de. Aquella carrera finalmente se detuvo cuando detrás de un árbol un hombre que empuñaba una espada de acero se mostró desafiante y sus intensiones no eran buenas pues este le prohibiría el paso al apurado hombre quien redujo la velocidad hasta postrarse ante su desafiador y con la furia aún fluyendo en su cuerpo gritó - "¡Echate a un lado, maldición!" - el hombre que no le permitia el paso se mostraba calmado, su pelo grisáceo danzaba al son del viento y el ropaje de tela suelta le acompañaba; sin mostrar mucha expresión facial replicó - "Entonces quitame la vida." - dijo valiente.

Aquello tenía aires de pela, Valeir sabía que no debía de perder tiempo pues esto era contraproducente así que estaba apurado, pero a la vez, incluso furioso, sabía también que él no era un duelista, su trabajo era el de un asesino, no el de un tipo que anda luchando por la vida, y, a la vez, sus dagas se quedaban cortas contra la espada de su contrincante quien empuñaba aquel filo forjado en acero con ambas manos.  Apretó la mandíbula pues no sabía qué hacer, el hombre de cabellera color gris no perdió tiempo y aprovechando que Valeir se encontraba desarmado lanzó un corte vertical-descendiente. La vida parecía irse de las manos de Valeir, perplejo, no tuvo capacidad de reacción más que apretar la cara y casi tener un infarto, pero aquello que parecería su muerte finalmente no fue así. Un sonido metálico retumbó los oídos de Valeir, una presencia apareció tras él, y con esto finalmente el cuerpo del hombre de la boina reaccionó y se echó hacia su izquierda. Arrodillado en el suelo observó qué era lo que le había protegido de aquel mortífero golpe y cuando sus ojos vieron lo que vieron, su cuerpo se estremeció de sorpresa. Xavier Monsalve, esgrimista de Malik-Talish, un espadachín adepto al duelo de movimientos sagaces y un cabello lacio y negro, este era un amigo de la infancia de Valeir pero el tiempo les separó, se habían visto una que otra vez en tiempos anteriores pero era muy rara la vez, y esta era una ocasión además fortuita.

En respuesta de la mirada del confuso Valeir el esgrimista sonrió mirándole sin girar la cabeza. Había visto a Valeir correr iracundo y lo estuvo persiguiendo pero este fue más rápido y finalmente Xavier no pudo alcanzarle sino hasta ese momento y por ello había llegado con retraso pero en el momento justo, azarosamente. Con gran destreza había no bloqueado sino desviado el ataque del agresor en un movimiento por encima del hombro de Valeir.

El interceptor, en un golpe bajo, trató de asestar un golpe con su espada cuando Xavier miró a Valeir pero no tomó en cuenta que este hábil esgrimista poseía excelentes reflejos y un movimiento de su cuerpo bastó para evadir el torpe golpe y de aquella forma el hombre gris, indefenso, se vio en penuria cuando Monsalve contraatacó audazmente. El filo de su espada ropera en un veloz estoque atravesó el cuello del hombre de pelos gris quien dejó salir un grito terrible y agudo, la baba cayó de su boca y miró en suplica al esgrimista quien le devolvió la mirada de forma fría y tenaz. Sin mucho más retiró la hoja del ensangrentado cuello del pobre diablo quien se desplomó en el suelo ya sin vida alguna mientras que Xavier retiraba la sangre de su espada ropera.

Amigable, el pelinegro le tendió la mano a su compañero, Valeir y este se levantó. "Eh... muchas gracias. Increible encuentro, ¿eh?. He tenido un golpe de suerte." - dijo el hombre de la boina nervioso y temblando pero sonriente, al parecer el susto que se llevó le había quitado toda ira. "Pues te venía persiguiendo desde hace rato pero ibas como un caballo... ¿qué pasó, Valeir?. No estabas huyendo de nadie. " - dijo Xavier intrigado - "Ellos... se llevaron a mi amada, la raptaron. Me prendí en fuego a buscarla, no puedo perder tiempo. Ella está en Villamar." - contestó Valeir mientras giraba su cabeza hacia donde quedaría Villamar - "¿Quién ha sido?. No importa, cuentame mejor en el camino, de momento te ayudaré en la causa. Vamonos de aquí" - finalizó el esgrimista. Valeir asintió con la cabeza y de aquella forma, uno al lado del otro caminaron a paso acelerado hasta la susodicha Villamar.

El rescate era próximo, ¿pero podría esta mujer aguantar?.
avatar
Valeir Azahar

Mensajes : 21
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: Andanzas del Azar *solitaria*

Mensaje por Valeir Azahar el Miér Ene 01, 2014 10:35 pm

Capitulo 7: Los Temerarios


La suerte y el destino se habían confabulado para salvarle el pellejo al estafador de Thonomer, Valeir. Aunque a ojos de los demás Azahar era un bastardo lleno de suerte, la realidad residía en que este hombre utilizaba herramientas trucadas, como sus naipes y dados, aunque si algo es cierto, es que su moneda no estaba trucada. Pero más allá de juegos de azar, dinero y apuestas, esta vez se había ganado un botín mayor: su propia vida, y aunado a eso, una ayuda valiosa de un antiguo amigo, Xavier Monsalve, tocayo del secuestrador de la pelirroja Gabrielle.

Vestidos con una armadura de valentía y armados con su ímpetu ambos hombres quienes forjaron una alianza – quizá temporal – partieron sin mucho chistar hacia el lugar donde retenían a la mujer de Azahar. Ya en Villamar, su única misión era localizar el paradero del escondite del otro Xavier, el secuestrador, quien una vez intentó forjar un trato con Valeir. Se vieron en aquel problema y ellos sabían que debían de maquinar rápido, el tiempo es valioso y desperdiciarlo en aquella situación no era una opción. Al verse en las tinieblas de la ignorancia, ni Xavier ni Valeir podían saber si realmente a quien buscaban estaba ya en los reinos de los Hados o si su alma seguía en su cuerpo; la ejecución debía ser próxima. La clave eran los distintos mercaderes que habían en la zona, estos hombres suelen enterarse de ese tipo de temas, igualmente con los contratistas, fue por esta razón que, bien pensado, ambos se separaron con el plan de buscar información y reunirse tras una hora en la plaza central donde compartirían información. La búsqueda finalizó tan pronto comenzó, había pasado una hora pero para ambos, por el apuro y el alboroto, parecía haber pasado algunos escasos minutos. Como acordaron los dos hombres, se avistaron en la plaza central, algo agitados por tener que caminar entre la multitud y correr de un lado a otro. “Sé más o menos donde conseguirlo, pero la construcción exacta, el paradero exacto, lo desconozco. Aunque aparte de eso pude obtener otra información valiosa.” – dijo Valeir entre algunos jadeos. “Perfecto. Yo he encontrado el paradero exacto mas no sé dónde se ubica, podemos complementar información.” – Dijo Xavier sonriendo de medio lado – “Seguro que sí. Me dijeron que quedaba en el área de Trinidad, al sur de la ciudad, en las afueras. Está resguardado moderadamente por soldados.” – Respondió Valeir seriamente – “Y el lugar exacto es la hacienda Laureles, supongo en esa área. Debemos movernos hacia allá rápidamente.” – Añadió Xavier – “No podemos trasladarnos hasta allá solos, son más que nosotros. Es indispensable la ayuda.” – Replicó el hombre de la boina – “No vamos a hacer toma de propiedad, Valeir, solo vamos a rescatar a tu amada. Cierto es, solo no podemos ir, por eso iremos cuando anochezca, nuestra protección serán las tinieblas, ¿y quién mejor para infiltrarse que mi persona?. Tú serás la distracción” – dijo Monsalve a Valeir con una sonrisa de medio lado, arrogante – “Oh, vaya, ¿te crees muy listo eh?. Pues me gusta tu plan. Marchemos en cuanto anochezca, pero de primeras descansemos. Nos vemos en esta misma plaza alrededor de cuatro horas más tarde, para cuando el sol ya no se muestre” – contestó Valeir. Como acto final, ambos sacudieron sus manos y cada uno fue por su cuenta.

Segundo tras segundo y minuto tras minuto, las horas corrieron, fluidas como el agua de un río dando paso a la inminente noche. Puntual y sin faltas, ambos hombres como ellos mismos acordaron se vieron nuevamente en aquella plaza, sin mucho decir, ya sabían lo que tenían que hacer, mas antes de partir Xavier decidió mostrarle algo a su par – “Espera. Observa esto que he comprado. Es un aparato con un cristal mágico, cuando observas por él podrás ver como todo se amplifica, como si fuera más grande. Aunque sea una ilusión, podemos ver desde grandes distancias otras cosas que a nuestro ojo desnudo no podríamos detallar tan bien como con esta cosa. Nos servirá para estudiar la hacienda y los distintos puntos de entrada. “ – dijo astutamente el esgrimista. “Vas un paso adelante, lo admito. Pero yo tengo algo que tú no tienes.” – Contestó riendo el asesino – “¿Qué es?” – Dijo rápidamente Xavier – “Con un dinero que ya tenía guardado en mis arcas pude comprar esto. ¿Ves este papel con ese dibujo?, al pronunciar unas palabras explotará de forma moderada. Vamos que no sirve para matar a alguien, pero podemos crear una brecha en algún lugar, mientras no sea de piedra. “ – añadió Azahar no sin antes agregar – “Y tengo dos de estas. “ – finalizó entonces con una sonrisa, la cual fue contestada de igual forma por el pelinegro. Armados así con sus nuevas pertenencias, ambos hombres partieron en aras de liberar a la mujer de pelos carmesí.

Tras perderse unos minutos, seguir adelante sin mirar atrás y caminar como mulas de carga, finalmente llegaron a aquel lugar, y era aquella su posición perfecta, como caída del cielo, para el uso del artefacto que compró Xavier. Rápidamente se tendieron en el suelo y el esgrimista rápidamente sacó aquel aparato y pronto, como le indicó quien se lo vendió, se lo colocó cerca del ojo derecho, cerrando el izquierdo, y de aquella forma pudo observar como todo se amplificaba como por arte de magia. La hacienda era relativamente grande aunque la guardia no abundaba, apenas habían dos en la entrada y otros cuatro cubriendo distintos puntos de dicha hacienda, alejados entre si. “Dos en la entrada y alrededor de cuatro hacen patrulla por allí, pero están alejados. Deshagámonos de ellos en la proximidad.” – decía Monsalve mientras seguía observando a través de su artilugio – “Tú eres el de la estafa, ¿no es así?. Ve y habla con ellos, como si fueras lo más inofensivo del mundo, yo de mientras me infiltraré en la hacienda y eliminaré con sigilo a uno de los guardias de la puerta, tú así haz con el segundo. De allí debemos asesinar a los otros cuatro, dos y dos, tú por el este y yo por el oeste. Reunámonos de nuevo en la fuente que ves allá en el centro, ¿entendido? “ – agregó de forma temeraria el peli negro – “Ala, ala… entendido pues. A ver qué excusa me saco del culo para engañarlos.” – contestó afirmativamente el asesino justo antes de retroceder unos cuantos varios metros para pretender que venía por el camino, para no levantar sospechas a los guardias. Cuando se acercó lo suficiente, dichos guardias le detuvieron. “¡Alto en seco!” – exclamó sin gritar, pero firmemente uno de los dos porteros. Ante tal llamado, Valeir, diplomático, se detuvo en seco como se le ordenó, y con una sonrisa amable habló – “Eh, tranquilos. Mi nombre es Antoniè du Coteau, he venido por citación del dueño de esta hacienda, Xavier.” – contestó noble pero engañosamente Valeir. “Nuestro señor no nos informó nada de eso. Retírese ahora.” -  replicó malhumorado el mismo guardia de antes – “Por favor, déjenme pasar, es de vital importancia el conversar con el Sr. Xavier. Se trata de una alianza entre nuestras familias.” – insistió Valeir – “Ya le he dicho que no. Aleje su presencia de esta hacienda o nos veremos forzados a hacerle daño” – finalizó el guardia amenazantemente. “Está bien. Por lo menos, antes de irme… entréguenle esto al señor Xavier.” – dijo Valeir mientras sacaba el papel con la runa inscrita. El guardia la tomó y observó muy extrañado, y justo en ese momento apareció Monsalve detrás, mirándole a los ojos a Valeir dando la señal. El asesino en un ávido movimiento sacó una daga a la par que se abalanzaba sobre el desprevenido lector, mientras que Monsalve antes de que el segundo portero pudiera reaccionar ensartó su espada ropera en el cuello de aquel y a la vez tapaba su boca. Se deshicieron rápidamente de sus adversarios sin emitir apenas sonidos, por lo que cumplieron la primera fase exitosamente. Ahora quedaban otros cuatro guardias y su eliminación era vital.

Con estas ropas nos veremos fácilmente. Mira estos uniformes, son color azul oscuro, nada mejor para la oscuridad que esto. Fundirnos en las sombras nos favorecerá, atacar desprevenidos.” – indicó Xavier. “Pensé que eras duelista, no un asesino. ¿De dónde sacas todos estos conocimientos de reconocimiento, infiltración y eliminación de objetivos?” – contestó Valeir desconcertado. “Algo he aprendido en todos estos años.” – dijo audaz el esgrimista. “Pues me gusta tu modus operandi” – finalizó el asesino Azahar, quien empezó a gustarle la forma en como procedía, y que en un futuro alteraría su forma de asesinar.

Ambos se colocaron los uniformes que quedaban perfectamente con la oscuridad del lugar. Aunque ciertas partes estaban iluminadas por antorchas, otros estaban sumidos en la penumbra, y serían estos lugares los que los compañeros utilizarían para su cometido. Ambos, acorde al plan, se separaron, Valeir por el Este y Xavier por el Oeste, rápidamente desplegándose en busca de sus presas.
avatar
Valeir Azahar

Mensajes : 21
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: Andanzas del Azar *solitaria*

Mensaje por Valeir Azahar el Jue Ene 02, 2014 1:35 am

Capítulo 8: Poseído

La cacería comenzó.  Como ratas, debían escabullirse entre las sombras y evitar todo contacto con la luz, debían atraer a sus presas a la trampa astutamente, en aquel momento no se trataba de luchar, de bloquear y esquivar, de sobrevivir… se trataba de eliminar objetivos cautelosamente sin levantar sospechas y muchísimo menos hacer ruido. Los dos hombres se separaron y empezaron la búsqueda de las pobres gacelas que serían atacadas por los dos leones. Guiados por un instinto asesino, ambos compañeros se sumieron en la cacería. El fuerte prevalece, el débil perece. Selección natural. Y aquellos cuatro que solamente hacían su trabajo prontamente se verían envueltos en un complot que arremetía contra sus vidas.

Xavier se desplegó astutamente. Sus pasos eran lentos y caminaba pegado a las paredes, y en cada esquina apenas se asomaba para prevenir cualquier movimiento o la venida de alguien. Se guiaba por los sonidos tratando de ignorar el sonar del danzante fuego de las antorchas, y cada paso que daba estaba meticulosamente calculado. Su primera víctima se mostró, era un patrullero que caminaba mientras silbaba. Estaba cerca de una pared y Monsalve estaba a unos diez metros de aquel hombre, asomado por una esquina que se posicionaba perpendicular al patrullero. Este se movía inocentemente en dirección de dicha esquina. Paso tras paso, Xavier esperaba pacientemente, pegando su espalda contra la pared, a aquel hombre, que ignorante de sus alrededores seguía avanzando hasta que finalmente dio el último paso de su vida. Se percató de la presencia pero antes de que siquiera pudiese hacer algo ya tenía, irremediablemente, la daga del pelinegro encajada en su cuello y su boca tapada. Llevó lentamente el cadáver del guardia hasta el suelo y lo echó al rincón donde solamente habitaba penumbra y donde, gracias al uniforme que portaba, muy difícilmente sería visto sino hasta que esclareciese.

Mientras tanto, Valeir se desplazaba por las paredes y rincones de aquel lugar ávidamente, con una fluidez envidiable y sin causar ruido paso tras paso, sin embargo, aunque su movimiento era rápido este no se dejaba ver pues se desplazaba entre las sombras. En un punto dado de su exploración avistó finalmente a uno de los patrulleros, uno que estaba adormilado y con aras de acostarse y descansar. Esto obviamente no sería así. Se adentraba por un callejón, estaba a, aproximadamente, 15 metros de Valeir. Este rápidamente caminó sin levantar sospechas y se escondio tras una estatua. El hombre pasaría detrás de dicha estatua, del lado opuesta de Azahar, y cuando estaba en la distancia correcta el asesino dejó su escondite para abalanzarse contra su víctima, rebanandole el cuello y, como era usual, tapándole la boca. Arrastró el cadáver hasta detrás de la estatua, donde se escondió anteriormente, y siguió su camino.

Los dos siguientes patrulleros serían eliminados fácilmente, y de esta forma los dos infiltrados ya tenían el camino libre. Ahora su única misión era entrar en la casa principal de la hacienda, que constaba de dos pisos, y rescatar a Gabrielle. Ambos se reunieron en la fuente, escondiéndose tras ella sentados. “¿Ahora qué?” – preguntó Valeir. “Obviamente no entraremos por la puerta principal, es suicidio. Necesitamos hallar la forma de irrumpir en la casa entrando por una ventana, la cosa es, ¿cómo escalar hasta allá?.” – indicó Monsalve. “Deben guardar escaleras en algún lugar. Usemos la lógica: si este lugar está pintado en las partes altas, obviamente tuvieron que usar alguna herramienta para darles elevación, ¿y cual otra sino una escalera?” – señaló Valeir. “Buen punto. Busca una, te espero en la parte de atrás de la casa. Debe de haber algún almacén, trata de no hacer ruido y extrae la escalera. Mucho cuidado en tus andanzas.” – dijo Monsalve afirmando la idea de Valeir. De aquella forma se separaron nuevamente. El hombre de la boina buscaría algún almacén mientras que Xavier esperaría hasta que trajesen las escaleras.

Pasaron unos diez minutos hasta que Azahar finalmente dio con las escaleras y llegó al lugar indicado. Sin intercambio de palabras, la susodicha herramienta fue colocada y fue Xavier el primero en subir, para percatarse luego de que una ventana estaba abierta y el paso en la habitación estaba libre. No dudó en hacer la señal a Valeir quien se encontraba abajo, y de esta forma ambos subieron, dejando la escalera por precaución. Ahora se hallaban en una habitación común, sin mucho adorno, con una cama y paredes pintadas de amarillo ocre, nada resaltante en realidad. Sin embargo, desde aquel punto y justo antes de empezar su avance, lograron escuchar una voz masculina que recitaba: “¿Has escuchado ese ruido?. Ve a ver, imbécil. Quizá algún incauto quiera robarnos” – fue lo que dijo aquella voz masculina. Al escuchar esto Valeir apretó la mandíbula y la sangre le hirvió, sus ansias de matar se alborotaron… la voz que había escuchado era la de Xavier, el raptor de su amada. “Es él. Matémosle.” – dijo el iracundo asesino, y en respuesta Monsalve tan solo sacudió la cabeza afirmativamente.

Sin sigilo ni nada, ambos salieron arrogantemente dejándose mostrar a quien le viere. El guardia enviado por Xavier a averiguar se percató de su presencia, estaba del otro lado, el lugar donde estaban era el segundo piso pero tenía un “agujero” en el medio que dejaba ver la sala principal del piso inferior. Allí, del otro lado del “agujero”, se encontraba una puerta abierta y dicho guardia, quien rápidamente gritó: “¡Infiltrados!” – y entonces cundió el pánico. Otro guardia se dejó mostrar, y cada uno corrió por los dos “caminos” de la planta, que rodeaban el dichoso “agujero”, en ánimas de matar a Xavier y Valeir. Grave error. Por parte del esgrimista solo le bastó un movimiento para terminarle la vida a su inocente contrincante, torpe, que a duras penas podía empuñar una espada. Mientras tanto, Valeir esquivó sin mucho problema el ataque de su oponente y le ensartó, sin darle muchas vueltas al asunto, una daga en el pecho, para retirarla y darle otra puñalada con la que cayó abatido. Xavier se fue por el camino de la izquierda y Valeir por el de la derecha, y luego ambos entraron a la habitación donde el otro Xavier, el secuestrador, se hallaba.

Allí, el repugnante, bajo y sucio hombre apuntaba con una pistola a ambos mientras usaba a Gabrielle como escudo. La mujer de pelos rojos seguía viva, pero estaba fuertemente amarrada y por ello el moverse era prácticamente imposible. “¡Atrás, o no dudo en volarle los sesos!” – amenazó el hombre quien sudaba por los nervios al no verse respaldado por sus guardias. “¡Sueltala, animal!” – gritó furioso Valeir. Xavier le tomó del pecho para apatarlo y evitar que cometiera una estupidez. “No te dejes llevar por la rabia, Valeir. Concéntrate. Hemos venido aquí para salvar a esta mujer.” – le dijo el esgrimista al hombre  de la boina. La mente de Valeir solamente procesaba asesinar al raptor de su amada, pero allí estaba su compañero para evitar que hiciese algo de lo que luego se arrepentiría. “¡Salgan de esta habitación ahora mismo, o la mato!” – exclamó el bigotudo. “No tienes control aquí… mata a quien quieras… solamente tienes una bala. A la final, siempre terminarás muerto” – dijo serenamente Monsalve, y por el carácter de su voz los nervios se le crisparon a su tocayo, quien empezó a temblar de miedo como el enclenque infeliz que era.

¿Reflejo, instinto, habilidad?... quién sabe, pero Monsalve anticipó el movimiento del raptor quien descargó su proyectil en aras de matar a Valeir, sin embargo, antes de que esto fuera así ya Monsalve había intervenido, causando que la bala se alojase en él y no en su compañero. Cuando sonó ese disparo, algo se prendió en la mente del confundido Valeir, un instinto asesino, algo que no había sentido jamás, unas ansias de asesinar descomunales. De aquella forma se abalanzó con un grito de guerrero en contra de Xavier, golpeándole reiteradas veces y tumbándolo salvajemente al suelo. “¡¡¡Maldito, desgraciado, hijo de puta, malnacido, te voy a arrancar la vida, maldito infeliz!!!” – gritaba Azahar mientras golpeaba como poseído al secuestrador. Los ojos de este pobre diablo ya se hallaban morados e hinchados, sus dientes rotos y su nariz rota por igual, pero esto no era suficiente. Valeir lo alzó y lo retrucó contra la pared donde le propinó más golpes y luego rodillazos. Se detuvo para escupirlo y arrojarlo voraz hacia el escritorio del mismo hombre, donde se golpearía la frente contra el filo de este, rompiéndosela. Lo alzó nuevamente para manipular su cabeza de tal forma que se golpease contra la madera de la superficie del escritorio. Cuando pensó que era suficiente lo volvió a retrucar contra la pared donde le tomaría por su pecho y sacaría una daga con la que apuntaría a un ojo. “¿¡¡¡Creías que eras muy listo no!!!?. ¿¡¡Eso creías!!?. ¡¡¡Ahora vas a saldar tus cuentas, maldita bestia!!!” – bramó poseído por un demonio el hombre de la boina, quien tras aquello le clavó la daga en el ojo varias veces. “¡¡¡Anda, defiéndete!!!. ¿¡¡Por qué no vas a buscar más mujeres para defenderte!!?. ¡¡¡Vamos hijo de puta, ¿Dónde quedó ahora tu astucia?!!! – le gritó para luego quitarle el otro ojo. “¡¡¡PERDÓN, PERDÓN, PERDONAME, PIEDAD, PIEDAD!!!” – exclamaba el tocayo de Monsalve entre llanto y un enorme desespero. – “¿¡¡¡PIEDAD!!!?” – bramó Valeir antes de apuñalarle varias veces la frente y luego rebanarle el cuello, manchándose de sangre completamente. “¡¡¡ESA ES MI PIEDAD!!!. ¿¡¡¡VERDAD QUE SOY TODO UN AMOR!!!?” – gritó como nunca antes, ruidoso y desgarrador.

La respiración del hombre de la boina era acelerada y profunda, se encontraba bañado en sangre derramada por aquel quien arrebató de sus manos a su amada. El hombre se hallaba confundido, iracundo y triste; se apartó del cadáver retrocediendo torpemente mientras trataba de recuperar la calma y se llevaba las manos a la cabeza. “Qué he hecho…” dijo en voz baja y cambió rápidamente la mirada a Gabrielle, quien le miraba con ojos llorosos. Valeir rápidamente acudió a ayudarla y entonces se escuchó un disparo.

Bum. Y se hizo el silencio.
avatar
Valeir Azahar

Mensajes : 21
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: Andanzas del Azar *solitaria*

Mensaje por Valeir Azahar el Jue Ene 02, 2014 6:58 pm

Capitulo 9: Fuego Cruzado

Y un sonido hizo el silencio. Un sonido tenaz, seco, frío y espeluznante que a nadie le gustaría escuchar con tanta proximidad. Un sonido que inspira peligro y temor, un estallido de ira pura. Un disparo.

El hombre se postraba ante tal escena empuñando un cañón de mano, allí en su estancia se regocijaba por lo que había logrado. Un proyectil fue disparado pero esta vez no tenía objetivo a Valeir, sino a Gabrielle. Un tiro en seco que mató instantáneamente, sin mucho dolor, a su amada. Sin gritos, llantos o torturas… fue una muerte rápida y concisa. Éste era un hombre de cabellos plateados, ancho de pecho y brazos, portador de ropajes oscuros confeccionados en seda. El rasgo más característico de aquella mórbida presencia era un tabaco que fumaba en relajo, aparte de un sospechoso sombrero alargado color negro. Una asquerosa sonrisa se plantaba en su cara, satisfecho de su asesinato. Su pose no demostraba sentimiento alguno, tan solo estaba allí, parado, recostado en el marco de la puerta que yacía abierta. Un humo nocivo salía del cañón de la pistola, delatando lo que ya era obvio.

Valeir entró en un estado de shock donde observó el cuerpo sin vida de Gabrielle. En una rápida examinación pudo notar que la bala había impactado en la sien de la pobre e infortunada muchacha, matándola ipso facto. Cuando observó el cadáver de Gabrielle un sentimiento sagaz fue expandiéndose por su cuerpo, uno de miedo… siendo consumido luego por un sentimiento de culpabilidad y la más profunda ira. Sus ojos se dilataron, su respiración se volvió profunda y sus ojos se abrieron como platos, Valeir no lo creía, pero había pasado ante sus ojos, sin que él pudiera hacer nada.

Impulso. Fue un impulso lo que le hizo abalanzarse contra el hombre del tabaco, feroz como una bestia, de un solo brinco como un tigre a punto de matar a su presa. Guiado por nada más que la ira, Azahar quería la muerte para aquel hombre, pero por esta misma ceguera su movimiento fue torpe y no contó con que el asesino de cabellos plateados supiera combatir. Cuando se lanzó contra este, el misterioso hombre del tabaco lo aparto con un codazo en la nariz, para luego propinarle otros dos golpes más en la cara y una patada en el pecho que lo impulsaría hasta el otro lado de la habitación, siendo retrucado impiadosamente contra la pared. El hombre, arrogante, rio de manera burlesca y se acercó hasta él, donde empezó a golpearlo sin remordimientos. La cara, el pecho, e incluso le metió un rodillazo en sus partes íntimas. Valeir estaba a punto de caer inconsciente, su rostro presentaba moretones y uno de sus ojos estaba morado. En la faena, tres dientes se le cayeron y otros dos se rompieron, aparte de dislocarse la mandíbula y romperse la nariz, sumado a esto, se le fueron rotas dos costillas. Postrado ante la pared, débil, golpeado y magullado, observó al hombre quien solo negó con su cabeza para luego sacar un cuchillo y colocar la punta en la nuez de adán de Valeir. “Muere” – se escuchó, pero la voz provenía de dos fuentes.

Y luego otro estallido. El golpeado Valeir solo pudo ver como su ejecutor cayó con un grito de dolor para luego morir, y cuanto este hombre se quitó del paso pudo dilucidar – con los ojos hinchados – a Xavier, quien tirado en el suelo sostenía una de sus tres pistolas, América. “Suertudo…” – logró decir entre tosidos y quejidos de dolor Monsalve. “¿Por qué?” – respondió apenas oyéndosele la voz a Valeir. “Recobré la consciencia hace unos segundos apenas” – le dijo Xavier para luego dejar caer su pistola. “Salgamos de esta mierda” – finalizó Valeir antes de desmayarse.


avatar
Valeir Azahar

Mensajes : 21
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: Andanzas del Azar *solitaria*

Mensaje por Valeir Azahar el Vie Ene 31, 2014 3:36 pm


Capitulo 10: Crónicas del Azar


La vida es una obra de arte, eso yo os lo puedo asegurar. Confiar en mí. Es una obra teatral, con drama, pasión, alegría, tristeza y tragedia… es la obra más hermosa de todas y lo mejor es que todos somos protagonistas de ella. Así fui yo protagonista de esta historia que os acabo de contar; tan solo un episodio en mis andanzas del azar.

 

Negro fue aquel día; no me recuperé de mi inconsciencia sino hasta el día siguiente. Xavier, mi gran amigo, me escoltó hasta un lugar donde me dieron tratado médico. Me encontraba en un estado delicado por aquellos tiempos, es decir… me llevé una buena paliza, pero vamos que no me cortaron un brazo o me arrancaron un ojo. Fue un gran amigo. Jamás olvidaré lo que hizo por mí. Honor y amistad son dos valores en decadencia, dos valores que no mucha gente posee… afortunadamente para mí, Monsalve, mi amigo de la infancia sí los poseía, y es por eso que es un excelente ser humano. De haber cambiado un poco las cosas… estoy seguro que se hubiera sacrificado por mí, aunque gracias a la providencia no llegamos a tal punto tan radical.

 

Las cosas claro está no fueron mejores para Gabrielle. Murió en el acto sin que pudiera intervenir, cosa de la cual me culpo aún hoy en día… y jamás se me olvidará su rostro en desesperación, sus ojos llenos de esperanza por la salvación… y que le haya quitado la vida ese maldito cerdo… no me lo perdonaré nunca. Los días subsecuentes estuve bastante deprimido por esta misma razón, incluso semanas más tarde seguía con los ánimos bajos. Ya pasaron meses tras eso y se puede decir que estoy ‘recobrado’ pero cada vez que recuerda esa mirada mi alma se amarga y ennegrece; es por eso que prefiero no pensar en aquello. Sin embargo, a veces ocurre sin yo querer… y hablo de pesadillas. Desde ese día mi sueño nocturno no es el mismo. Hay veces en las que duermo como un bebé pero hay otras donde simple y llanamente no puedo dormir; en esas horridas pesadillas escuchó el estallido del arma que le quitó la vida a tan preciosa mujer, escucho el gatillo jalarse… es horrible. Prefiero no hablar de ello.

 

¿Qué pasó con Xavier?. Bueno, él tuvo que partir de nuevo pues tiene una vida que atender. Se fue un miércoles, una semana después de lo ocurrido. No mentiré ni me haré el duro, me dolió un poco su partida, reitero, fue mucho lo que hizo por mí y aunque trágico, fue una experiencia agridulce. Se fue en un ocaso, montando un caballo. Nos sacudimos las manos y nos miramos, él tan solo sonrió y asintió con la cabeza, como si leyera mis pensamientos. Partió lentamente con su caballo y cuando ya estaba en la lejanía pude ver que miró hacia atrás. Desde ese entonces no he sabido nada de Xavier Monsalve de nuevo, pero espero lo mejor para él, y que sus andanzas sean fructíferas. Lamento mucho que le hayan disparado por mi culpa aún.

 

¿Y yo?... bueno, sigo ejerciendo mi oficio y sigo estafando caraduras, vamos, como ya es usual. Vivo el día a día sin mucho más, la verdad es que aquello me hizo madurar un poco más. Son esas experiencias tristes y negras que te hacen reflexionar, sabes. Se puede decir que ya no soy tan… ‘juguetón’, por decirlo de alguna forma, pero ey, sigo siendo Valeir Azahar.
 
Valeir tomó un último trago de su copa y se levantó ante la mirada de los demás. Unos con mirada de reflexión, otros de admiración.
 
En esta vida nunca esperéis que algo ocurra, dejar que las cosas ocurran. Para bien o para mal.
 
El hombre sonrió brevemente para luego pasar a una cara triste, entonces se dio media vuelta y caminó hasta la puerta de la taberna.
 
Esas han sido mis andanzas del azar… todos tenemos unas. Me gustaría oir la vuestra cuando vuelva a estos lugares.” – dijo Valeir antes de partir.


avatar
Valeir Azahar

Mensajes : 21
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: Andanzas del Azar *solitaria*

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba


 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.