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El Castillo del Shogun // Privada: Batsy, Hanzo, Ukyo

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El Castillo del Shogun // Privada: Batsy, Hanzo, Ukyo

Mensaje por Ukyo Kojiro el Dom Nov 24, 2013 7:12 pm

Muchas son las historias que se cuecen en una población donde los mitos y leyendas abundan. Los comerciantes y pescadores en mayoría cuentan haber visto atrocidades o seres del más alla, algo que va más allá de su comprensión y, por razones culturales quizá, el resto del pueblo cree con temor, y cuando estas historias no salen de la boca de estos hombres, vienen heredadas de hasta generaciones anteriores y en consecuencia el pueblo de Thaimoshi ki Nao tiene muchas costumbres y respeta a estos seres desconocidos que hasta muchos, exceptuando los comerciantes y pescadores, dicen haber visto o haberseles aparecidos en sus sueños y/o pesadillas. Un misterio. Una de estas historias es la que os voy a contar a continuación, una historia donde tres guerreros valientes se aventuraron en un misterio que aterra a los pobladores de la tierra del sakura y del loto, las experiencias que estos hombres vivieron jamás la olvidaran.

La historia de la cual os hablo la centraré en Ukyo Kojiro, un hombre que ha vivido ya muchas cosas y es un samurai vagabundo, o ronin, aunque actualmente es un comerciante que zurca los mares de toda Noreth, pero jamás ha perdido la habilidad con su arma de preferencia, la mítica Nodachi, aquella arma de la cual se leyenda que puede partir por la mitad a un hombre montado en su caballo y al animal, de un solo corte. El hombre de pelos azules cuya única cubierta es un kimono y una hakama se hallaba en el centro de Thaimoshi ki Nao disfrutando un clima templado, las lámparas de papel estaban apagadas y se movian según el viento mientras que la gente alrededor compraba sea frutas o artilugios, descansaba o hablaba con otros. Ukyo, relajado, estaba recostado a la pared de una construcción cuyo material principal, como mucha de las otras construcciones, era de madera, una madera de buena calidad y muy bonita con patrones lineales. El hombre muy sereno únicamente observaba el pasar de la gente mientras divagaba en pensamientos cuales fueran, únicamente dejaba el tiempo pasar y pasar... de momento no tenía más nada que hacer. La calma en Thaimoshi se sentía en el aire y aquellos dias donde la paz reinaba era un alivio para los habitantes de la isla pues siempre habia problemas con mercenarios o asuntos internos con bandas de ladrones sin hablar de la mafia; pero ese es otro tema.

Una perpetua paz que no duraría mucho.

Un hombre de piel blanca vestido con ropajes desgarrados y bañado en suciedad corria hacia el gentio desde un camino que daba hacia las afueras de la ciudad, el hombre despavorido corria como alma que lleva el diablo y su cara estaba palida, sus ojos abiertos como platos y su expresión facial únicamente denotaba terror. Todas las personas observaron a aquel hombre de forma extraña pues, obviamente, no entendian que ocurrian, y el hombre de pelo azul igualmente le miró separando su espalda de la construcción y avanzando un par de pasos. El temeroso llegó trastabillando pero logró recuperar el balance y sosteniendose de sus rodillas con cara de pánico respiraba fuertemente, aquello se convirtió en un gallinero pero en vez de cacareos eran preguntas -"¿¡Qué ocurrió!?", "¿qué te pasó?", "¡Vio a un Oni, vio a un Oni!", "¿¡Un Oni, imposible!?", "¡Bah, no vio nada solo lo intentaron matar!" - y demás preguntas y exclamaciones de parte de diferentes individuos; mientras, Ukyo ni se inmutaba. Un hombre panzón y con bigote color negro exclamó al resto con una voz que se sobrepuso a todas - "¡DEJAR QUE HABLE Y CERRAR LA BOCA YA!" - y entonces un silencio se hizo entre todos los presentes escuchandose únicamente la respiración del hombre y tras unos segundos inició su relato - "Yo... caminaba por las praderas Kaizeki, iba rumbo a la casa de mi abuela porque tenia que entregarle unas yerbas medicinales... y... cuando iba por el sendero... aquello [jadea] ... se apareció..." - dijo el hombre entre gemidos y jadeos. Como siempre, un hombre exaltado en busca del saber gritó al pobre diablo - "¡¿Qué viste, qué viste?!" - exclamó desesperado y otro hombre lo tomó del hombro y le dijo - "Ya, calmate, deja que hable" - y así continuó el apanicado - "Y entonces... eso... ¡¡¡El Castillo Fantasma apareció delante de mí, tétrico, enorme, elegante pero siniestro, era hermosamente espeluznante!!!" - gritó a todo pulmón como si perdiese la cordura y de hecho, parecia que la hubiese perdido. Quebró, el hombre de ropajes desgastados y sucios cayó al suelo llorando... había observado por si mismo una de las leyendas más terorrificas de las tierras de Thaimoshi ki Nao que hasta el sol de hoy, siglos despues, sigue asustando hasta a los adultos. ¿Qué era?... dejame contarte la historia:

Mucho tiempo atrás en un régimen distinto al de ahora existia un shogun de nombre Misaki Kitamoto, aquel hombre era un samurai hecho y derecho, un mortal espadachín respetado por sus pares y temido por muchos. El hombre como todos los humanos pecaba de ambición, era un hombre con virtudes y defectos y uno de estos defectos era su vanidad. Misaki, el hombre de cabellos rubios, tenía planes para construir un enorme castillo, un castillo tan grande que albergaría piscinas, jardines y cientos de habitaciones dentro de sí, salas de entrenamiento, de meditación, baños y todo hermosamente decorado en oro y marfíl. Sin embargo, aunque su estatuto social era alto, Misaki no poseía tanto dinero para efectuar sus sueños y él bien lo sabía. La idea de este castillo al cual él nombró "Tokugawa" con el paso de los años le frustró hasta el punto que perdió parte de su cordura. Aquel hombre entonces, ya en la tercera edad, tomó una decisión firme pero necia, usando magos negros invocó a un demonio, Amakusa, para realizar un contrato. El castillo Tokugawa vería la luz mágicamente pero a cambio, Amakusa se iba a llevar el alma de Kitamoto pero esta vagaría en el castillo por la eternidad, sin embargo, todo aquel que entrase iba a ser despedazado con soldados del inframundo, antiguos samurais que ahora reposan en el mismisimo infierno. El shogun, cegado por la ambición, aceptó sin refutar ni chistar y entonces su destino estaría encadenado por siempre al castillo.

La magnífica construcción desde entonces se ha convertido un mito y son muy escasas las veces en las que aparece y cuando lo hace, la o las personas que lo ven huyen temblorosos, igual que el hombre relatado con anterioridad. El mítico castillo de Tokugawa.

Ukyo Kojiro no temio en ningún momento mientras el resto de los presentes temblaban del pavor como perros tras salir del agua, aunque sintio un miedo en su interior la curiosidad consumió su ser, otro defecto del ser humano. Para sorpresa de todos, el peliazul se hizo entre todas las personas para quedar frente al hombre que lloraba en el suelo y entonces dijo - "¿Las praderas Kaizeki?... bien. Lo comprobaré por mí mismo" - y cuando dijo esto último todos los individuos que estaban en aquel lugar lo miraron sin decir una palabra, aquel acto no se sabía si era de valentía o de necedad, pero una u otra, o ambas, Ukyo Kojiro estaba determinado a ir hacia aquella leyenda que aterrorizaba a toda una nación, la nación del sakura. Así, con pasos relajados y a lento desplace el ronin con una mano en la funda de su larga nodachi y otra suelta, caminó por el mismo camino que el ahora traumatizado hombre cruzó y su rumbo daba dirección a las praderas Kaizeki, lugar donde supuestamente el otro avistó aquella siniestra construcción.

Ambición y curiosidad no son malas, pero a veces traicionan nuestra vida y la venden a la muerte.


Última edición por Ukyo Kojiro el Lun Nov 25, 2013 3:05 am, editado 1 vez





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Re: El Castillo del Shogun // Privada: Batsy, Hanzo, Ukyo

Mensaje por Hattori Hanzo el Dom Nov 24, 2013 9:56 pm

En sus viajes, desde que escogió desaparecer del mundo, Hanzo ha conocido a bastante gente, pero hubo un sujeto que siempre le despertó cierto aire de inspiración y respeto. Un samurái de categoría, su nombre tiene muchas historias y legendas, y fue el maestro que le enseño a Hanzo.

Con el tiempo, Hanzo llego a igualar las habilidades de su maestro, el día que  el ninja escapo de su señor feudal, el maestro de este se sintió muy decepcionado. Eventualmente este tipo encontró a Hanzo; aunque ahora el desertor use mascara, su maestro supo reconocer su mirada. El maestro de Hanzo, lo superaba por diez años, diez años de conocimientos y experiencias que intento reflejar en su pupilo.

Ahora en el tiempo actual, nuevamente Jubei, como se llama el maestro de Hanzo, fue capaz de encontrarlo.

En la cima de una montaña, no tan alta para alcanzar a los dioses, ni tan baja para sentir a la humanidad cerca, Hanzo meditaba, pensaba en los días pasados, en los días futuros, y sentía como una presencia conocida para él, se acercaba cada vez más. –Siempre será fácil encontrarte si rondas los mismos lugares todo el tiempo.- con una pose inalterable, con los ojos cerrados y dándole la espalda a Jubei; Hanzo respondió: –Es fácil porque no me estoy escondiendo, el día que lo haga no podrás encontrarme.-

Jubei se sentó a un lado de Hanzo, imitándolo y cerrando el único ojo que tenía, el otro lo perdió en una guerra olvidada con el tiempo. –si te has tomado la molestia de buscarme, es porque algo sucede, ¿no, Jubei? el samurái del parche se cruzó de brazos y asintió con la cabeza. – Ciertamente, he escuchado rumores de que en la localidad, ha aparecido el castillo fantasma, supongo conoces la historia.-  Hanzo rompió su concentración y miro a Jubei. - Tu nunca has creído en supersticiones, ni mucho menos en fantasmas, hay algo que no me estás diciendo…- Jubei, que hasta ese momento siempre mantuvo una sonrisa, expreso la seriedad en su rostro. - No te puedo dar muchos detalles, pero los rumores son ciertos, y necesito que vayas a investigar, con tus técnicas podrías ser muy útil.-

Hanzo se puso de pie –Aunque haya adoptado las técnicas del ninjutsu… tu sabes que yo no soy muy sigiloso.- Jubei comenzó a reír. –Tu ve al castillo, estoy seguro que no tardaras en encontrarlo.-

Hanzo salto por la ladera, derrapando comenzó a bajar por esta, dejando atrás a su antiguo camarada de espadas. Emprendió su camino rápidamente, llegando al pueblo y preguntando sobre los rumores,  poniendo las piezas en su lugar, y al final se dio cuenta que todos los rumores daban a un lugar. - Las praderas Kaizeki
Ahora que conocía la locación, inexacta, ya que no se puede confiar mucho en los rumores, marcho rápidamente a ese lugar. Si Jubei lo fue a buscar personalmente es porque algo grande está sucediendo, si no le dio más información es porque algo trama el samurái.

Al llegar al lugar, noto que el ambiente se sentía extraño y mientras más avanzaba, mas crecía ese sentimiento de intranquilidad.  Al final logro encontrar famoso castillo, ciertamente era imposible de explicar cómo una estructura tan grande había aparecido de la nada. El castillo no fue lo único que encontró, también afuera, en frente del castillo, había un hombre de cabello azul; no era de extrañar que los curiosos vinieran a ver que sucedía, o a confirmar los rumores que se decían sobre el castillo.

El misterioso hombre cargaba un arma, eso quería decir que no es un típico campesino.  Hanzo se acercó sin intenciones de atacar, esconderse o hablar.


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Re: El Castillo del Shogun // Privada: Batsy, Hanzo, Ukyo

Mensaje por Batsy El Ultimo el Lun Nov 25, 2013 3:04 am

“No hay nada más brillante que las gemas preciosas, a excepción de una cuchara bien pulida, no hay nada que se compare a esta.”

Contar las andanzas del demente y peculiar engendro no es fácil, han sucedido muchas cosas y en ocasiones, su propia mente se pierde ene l ocaso del mundo Pero si puedo decirles algo, por donde se cruce, se contara la historia del ladrón de cucharas y salteador de botones. O por lo menos eso se ha dicho. Lo que relatare no es fácil decirlo, sucede cuando el pequeño ser escucho sobre un lugar lleno de luces, con personas raras, comidas raras y música aun más rara. Claro, para alguien que ha vivido casi toda su existencia en un bosque repleto de alimañas que te pueden comer de un momento a otro, esa noticia era interesante. Las aventuras que sucedieron desde el bosque de Theezeroth, hasta Thaimoshi Ki Nao, podrían llenar fácilmente un par de libros, ya que duro más de un mes y en ese tiempo, el devora corazones obtuvo dos chucherías nuevas, una cuchara torcida en forma de pulsera, al cual ahora adornaba su delgado brazo y una medalla de bronce a al cual le faltaba un trozo, pero en palabras de Batsy “Es linda y me puedo limpiar los dientes con ella”, así que era funcional a su forma de ver las cosas.

La llegada a Thaimoshi Ki Nao, no fue simple, habían hombres vestidos raros con armas raras, pero armas peligrosas, por lo que el antropomorfo, sabiendo que debía de tener cuidado, actuó como sabia hacerlo, trepándose a un muro y caminando por los techos, para que nadie lo viera. Quizás fue suerte o el hecho de su agudo olfato, pero el estomago del antropomorfo rugió, tenía hambre y la fortuna le sonreía, ya que cerca, el humo de algo cocinándose lo hizo salivar. Rápidamente corrió hasta quedar casi sobre el lugar que olía tan bien, a simple vista, era un hombre asando unas cosas con muchas patitas y un cuerpo como gusano, mas tarde sabría que eran calamares, pero por ahora, eran “cosas con patitas”, para el antropomorfo. Aprovechando que en ese instante el vendedor le daba la espalda, Batsy salto, produciendo un horrible sonido al caer sobre unas cacerolas y producir un sonido bastante notorio, las personas que le vieron al instante gritaron “Oni”, cosa que no comprendía el antropomorfo y aprovechando la situación, tomo todos las “cosas con patitas” y salió corriendo con estas en sus brazos. Creo que esta de más contar como fue perseguido por los guardias raros, como mujeres raras y de rostros blancos gritaban o como hombres raros intentaban capturarlo. Por suerte Batsy era ágil y su tamaño ayudaba, ya que pudo trepar a un árbol y de ahí subir a un techo, para intentar comerse esas “cosas con patitas”. El sabor era raro, el cuerpo chicloso y las patitas se salían de su boca, pero sabían bien y no demoro en lamerse las manos para limpiarlas y chupar el sabor que había quedado en estas. Fue ene se momento que escucho algo raro abajo y asomándose vio a un hombre raro, sucio, que hablaba.

El hombre raro hablo sobre un castillo, cosa buena para el antropomorfo, ya que un castillo significaba que habría chucherías lindas y hasta ese momento, solo había obtenido dos y quería más. Escucho con atención la historia, lo que decían y como un hombre de cabello azul decía algo de ir, Batsy supuso que debía de seguirle y cuando este caminaba hacia allá, el pequeño antropomorfo le seguía, a cierta distancia, lo suficiente como para ocultarse si lo requería.

Por suerte para él, habían algunos árboles y cuando el hombre se daba vuelta, Batsy se trepara a uno o hacia la técnica de la piedra, se ocultaba tras de cualquiera que le sirviera, fuera pequeña o grande. En un momento dado, vio que apareció otro hombre, raro … todos eran muy raros, por lo menos para Batsy, ya que si bien conocía a los mercaderes y guardias de las caravanas, sus ropas no le parecían comunes ni conocidas, y aun menos sus armas, de cualquier forma, les miraría, aunque fuera de lejos. De pronto Batsy se dio cuenta de algo, hasta ese momento solamente se había preocupado de espiar al hombre de pelo azul, y recién se daba cuenta de que ahí estaba el castillo, aunque era el castillo más raro que había visto en su vida, aunque no es que conociera muchos en realidad.
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Re: El Castillo del Shogun // Privada: Batsy, Hanzo, Ukyo

Mensaje por Ukyo Kojiro el Lun Nov 25, 2013 4:12 am

Un perpetuo silencio se posaba sobre aquel camino de tierra el cual era lineal y pocas veces tenía curvas. A los lados de dicho camino el pasto reinaba las tierras y habían unos que otros árboles y flores, los animales no rondaban esas áreas pero nunca faltaba un bichejo u otro, asimismo, algunos pájaros sobrevolaban el área libres y armoniosos. Aquello único que acompañaba el sonido del danzante viento eran los pasos de un hombre, Ukyo Kojiro, quien se dirigía hacia el Castillo Tokugawa, también conocido como el Castillo del Shogun. Los hechos narrados con anterioridad habían avivado una chispa de curiosidad en la mente de Ukyo, pero este tampoco era tonto y conocía la dichosa leyenda, ¿quién no?, era algo que se podría decir todos los habitantes de la isla del sakura conocían.

Paso a paso, sin prisa, el hombre de pelo largo y azul finalmente divisió en el horizonte aquello mismo que vio el hombre de ropa sucia, Kojiro se detuvo un momento y no pudo evitar sentir un miedo interior pero trató de canalizarlo y dejarlo ir, aquello no era un mito, aquello era real, allí, a unos cuantos metros de él, estaba el castillo que se alzaba imponente como un rey sobre toda el área y este volvía diminuto hasta el más fornido hombre. Dejó salir un suspiro y siguio su camino, él necesitaba verla más de cerca, necesitaba entrar, estaba preparado. Ukyo Kojiro es un hombre cuerdo pero aquello fue un acto de necedad pues su plan era ir completamente solo al lugar, pero sin embargo el destino tendría otros planes preparados para él, no tenía ni una idea.

El terror de ver aquella monstruosidad arquitectónica crecía cada vez que el samurai daba un paso más adelante y hubo un punto donde simplemente se detuvo pues sus manos estaban empezando a temblar. No era el área psicológica como tal, el saber que aquel era un castillo endemoniado, sino que... de una forma extraña, aquella cosa irradiaba una energía, un aura muy extraña, era desagradable sin dudas. A un lado a esto, el peliazul en un acto repentino giró su cabeza y entonces pudo observar a otro hombre no tan lejos de él que se acercaba, su vestimenta era en parte extraña pues era un uniforme de color negro y tenía alguna que otra parte metálica. Mientras que Ukyo no se asustó ni se colocó en guardia sí prestó atención a los movimientos de aquel individuo ignorando por completo el hecho de que el mismisimo Castillo del Shogun estaba erigido en frente de él, observó cada detalle del hombre uniformado y, cortés, habló - "Eh... buenas tardes, señor. Supongo ha venido a ver el Castillo de Tokugawa, ¿me estoy equivocando?" - pronunció relajado y con una sonrisa en su cara, parecía que sonreía con sus ojos cerrados pero... la verdad es que Ukyo parece tener los ojos cerrados todo el tiempo y quien le mira a primera vista cree que así es, la única forma de ver sus ojos es estar a muy escasos centímetros de su presencia. Perspicaz, Ukyo se dio cuenta o percibió más bien que el individuo de vestimenta oscura estaba algo desconfiado, ¿qué podría hacer?, el peliazul poco tenía de amenazante en realidad.

Tras aquello, el humano de cabellos lacios tintados en azul volteó su cabeza y dirigió su mirada nuevamente hacia aquella magnífica construcción creada por la mente de un shogun enloquecido y frustrado. Mientras que el temor aún yacía en su cuerpo la curiosidad de Ukyo también persisitía en este y, por ello, el hombre estaría dispuesto a caminar pasos más allá hasta finalmente tener frente a frente las grandes puertas del Castillo de Tokugawa. Quien le hubiese visto, campesino o mercader, hubiese pensado que el atrevido de pelo azul estaba completamente desquiciado, e incluso muchos samurais, pero Ukyo no pensaba en nada de esto. Frente a frente exhaló un suspiro y levantando su cabeza hasta donde su cuello lo permitía trató de ver cada detalle de aquella siniestra maravilla arquitectónica. Piedra y madera se juntaban para darle vida a la construcción y oro, marfíl y plata le otorgaban el don de la belleza pero aquel castillo, aunque de orígen de Thaimoshi ki Nao, tenía influencias de otras regiones a lo largo y ancho de Noreth, ejemplo de esto eran lámparas de gárgolas y figuras talladas en piedra que no hacían alusión a la cultura y/o folclore de la isla del loto. Ukyo volvió su mirada hasta las grandes puertas de madera y hierro y colocó una mano en una de ellas pues estas eran dos con una división en el medio; y antes de entrar miró por encima del hombro al individuo de ropajes oscuros - "Si estás aquí por esto, es tu momento, entra." - dijo sin ninguna emoción y entonces giró su cabeza finalmente y de aquella forma abrió aplicando bastante fuerza a una puerta a la par que se adentraba en ella.

Un largo pero no estrecho pasillo daba la bienvenida a quien se adentrase, a lo largo habían antorchas paralelamente alineadas, muy simétrico y calculado como si una máquina infalible la hubiese construido. A los lados solo habían paredes, nada de puertas que daban a habitaciones mas sin embargo dichas paredes no estaban vacías, tétricos cuadros las adornaban y en ellos pinturas de cualquier tipo pero si algo era cierto es que estas eran morbidas, no por ser explícitas sino por la incomodidad de mirarlo. Un perenne silencio reinaba como el león a los animales y el más mínimo ruido producía eco. Un hermoso suelo de tatami cuidaba los pies de quien se adentrara y el techo estaba a muchos metros de la cabeza de quien fuere aunque en realidad aquella construcción, internamente, poseía cuatro pisos, suena a poco pero estos eran enormes cada uno.

El peliazul, raudo y con el alma de hierro avanzó a paso lento hacia adelante, paso a paso, centímetro a centímetro, sin inmutarse pero observando todo lo que podía, aquel hombre estaba maravillado pero a la vez sentía un aura de perversión que a cada segundo se acrescentaba, pero su convicción era más dura que el adamantio. Llego hasta tal punto que el pasillo desembocó en una sala principal en la cual una enorme mesa de la más fina madera saludaba a quien llegase, era hermosa, encima de ella había un candelabro que aún brillaba, este fue confeccionado en oro puro y duro. En las esquinas habían estatuillas y el lugar no dejaba de estar iluminado. Desde aquel punto se podía observar que habían varios accesos, puertas que llevaban hacia quien sabe donde y, del otro lado de la mesa un camino que más adelante sería finalizado por una escalera que no daba al segundo piso sino a una parte más elevada del primero. Había un extraño viento en la sala, era frío y penetraba el hueso, Ukyo Kojori apartó la mano de la funda de su arma para entrecruzar su brazo con el otro y así protegerse del escalofrío. Una tensión entonces en el aire apareció espontánea y luego, de la nada, dos entes terroríficos y traidos del más allá surgieron como fantasmas delante de la mesa, a seis metros de la presencia del samurai. Aquellos entes del aberno portaban una espada cada una y eran unos esqueletos vivientos, sus huesos estaban carcomidos y corroidos y no parecían ser muy fuertes, estas bestias se acercaban al samurai y a cada paso que daban un peculiar sonido de huesos chocandos se escuchaba y hacía eco en el lugar. Uno de los dos corrio mientras que el otro caminaba aún e intentó agredir a Ukyo pero este desenvainó a medias su Nodachi y sacando la funda de su cintura sostuvo la funda y el mango de su arma con una mano en cada extremo de forma horizontal haciendo que el filo del arma del agresor chocase contra el acero del arma del peliazul y reproduciendo un sonido metálico agudo. El impacto hizo retroceder los brazos del guerrero esquelético y volviéndolo vulnerable, el samurai sin perder un segundo el samurai se colocó en posición y con su Nodachi ya un poco desenvainada la terminó de desenfundar gracilmente dejando salir un corte que cortaría la cabeza del guerrero huesudo degollandole y haciendole caer desplomado en el suelo Cortandole la "vida" de raíz la magia que sostenía sus huesos se disipó y cada parte de hueso se separó una de otra logrando una pequeña montaña de estos en el suelo.

En aquel momento Ukyo entendio que algo no los quería allí, y no era necesario ser muy inteligente para analizar que era el alma del shogun quien, celoso, no quería ninguna presencia de nadie dentro de ella. Pero, convicto, Ukyo Kojiro no retrocedería, seguiría adelante hasta su muerte.





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Re: El Castillo del Shogun // Privada: Batsy, Hanzo, Ukyo

Mensaje por Hattori Hanzo el Lun Nov 25, 2013 8:18 pm

Allí estaba, el rumor hecho verdad, el famoso castillo fantasma, la trama principal de una historia que era contaba a los niños para que se fueran a dormir, o para asustarlos si se portaban mal.  A paso lento el ninja se aproximaba al castillo, mirando a su alrededor, viendo como el tipo a unos metros de él demostraba una paz desconcertante.  ¿Qué sería lo primero que haría Hanzo? ¿Explorar alrededor del castillo, saber un poco más del sujeto de cabello azul?

Por ahora buscara información, vera con sus propios ojos si el castillo era realmente fantasma, o una invención de alguien retorcido.  Antes de que se pudiera dar cuenta, el sujeto de cabello azul ya le había hablado, Hanzo respondió solo con una mirada, demostrando con esta que su intención es adentrarse en el castillo.

–Supongo no iré solo.- Fue la respuesta a la invitación que hizo el sujeto de cabello azulado.

Según la información que recopilo, el castillo apareció hace poco, no sabe con exactitud cuánto tiempo lleva allí ya que la información es desigual, solo sabe que lleva más de tres días, pero no alcanza la semana.  Tampoco pudo ser construido de pronto y a modo de burla; Hanzo se acercó a una de las paredes después de que entro para confirmar su estructura, se veía roída, desgastada, pero muy bien hecha.  El castillo según las sospechas de Hattori, bien podría tener más de veinte años, pero eso era imposible, a menos que realmente se tratara de un castillo fantasma.

No, eso era imposible, Hanzo se negaba a  creer en historias de niños.  Con la mano derecha sobre su Katana, Hanzo camino junto al samurái desconocido, camino mientras observaba cada detalle, que en realidad no importaba pero le seguía fascinando la estructura interior del castillo. Su mirada se desvió a dos enemigos que de la nada aparecieron; ambas criaturas se acercaron con violencia ante los no invitados que entraron al castillo, el de cabello azul derroto a su enemigo, Hanzo en un rápido movimiento desenvaino su Katana, en diagonal ascendente, y corto por la mitad a su enemigo. Claro, estas bestias se levantarían nuevamente, así que el ninja clavo la punta de su Katana en el cráneo que cayó al piso, luego este sintió el pie del ninja.

-Rumores nos han juntado en este lugar, creo  develaremos lo que ocurre aquí, ambos.- Dijo Hanzo mientras guardaba su sable, su Katana. Con paso lento y desconfiado comenzó a caminar, no se sabe que otras criaturas pueda haber dentro, pero sin duda será interesante para el descubrir qué tipo de aberraciones oculta el castillo.

Por ahora, su interés está en ver que hay escondido dentro  de la habitación detrás de la mesa…


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Re: El Castillo del Shogun // Privada: Batsy, Hanzo, Ukyo

Mensaje por Batsy El Ultimo el Mar Nov 26, 2013 2:36 am

“Vengan lindas chucherías… vengan con el tío Batsy, si… el tío Batsy les cuidara *risa maléfica*”


La vida nos trae muchas sorpresas, algunas divertidas, otras tristes. La sorpresa más grande, es que nos deparara el mañana, el girar la esquina, el saber que existe tras la siguiente puerta. Para el pequeño antropomorfo, aquel enorme castillo, con sus lámparas de papel y sus paredes brillantes, era como un enorme cofre, esperando que lo abriera y pudiera encontrar las hermosas chicherías que tanto amaba. Durante un minuto miro el castillo, como se elevaba y brillaba, como una llama en la oscuridad, tanta atención tenía en este, que cuando se percato, los dos individuos habían desaparecido y las puertas estaban abiertas. De seguro habían entrado o eso creía el devora corazones, por lo cual, guiado por su curiosidad y sus ansias de obtener mar chucherías y quizás alguna cucharilla, el objeto mas valioso y buscado del mundo, era por eso que los humanos siempre tenían muchas, corrió hacia los muros del castillo.

Como era su costumbre, actuó como mejor le parecía, y utilizando sus garras y agilidad, escalo por el muro, una tarea titánica tomando en cuenta que eran bastante altos, pero cuando logro llegar hasta la parte superior, vio maravillado, con sus diminutos ojitos negros, que el lugar era más grande de lo que creía, lanzándose para aterrizar sobre un árbol, se encaramo por las ramas, hasta llegar hasta cerca de uno de los techos bajos y dejarse caer. Las tejas sonaron con su peso, mientras él, cual furtivo asesino, corría por estas, buscando algún lugar para entrar, no demoro en encontrar una ventana y corriéndola, entro a lo que parecía un enorme salón. Si bien parecía desierto, Batsy miro el techo, el cual estaba bastante alto y del cual colgaban docenas de pequeñas lámparas de papel. Sobre los muros habían cuadros o pergaminos, no sabía realmente, y en cada uno habían pinturas, hombres con rostros raros y armas luchando entre ellos o con cosas parecidas a sapos y serpientes. Pero lo que realmente le intereso era la enorme y larga mesa que estaba en el centro de la estancia y que al parecer, estaba servida. Batsy abrió a más no poder sus diminutos ojos, cuando vio toda esa comida, los animalitos con muchas patitas habían estado sabrosos, pero ya tenía hambre, a pesar de ser diminuto, su estomago era grande, quizás por el hecho de que en su crecimiento había tenido poco alimento y siempre había tenido hambre.

Con desesperación el diminuto ser se lanzo sobre la mesa, sin importarle que platos y cubiertos cayeran al suelo, lo único que le importaba era saborear la comida y lo logro, cuando se sentó en medio de la mesa y tomando un lechón asado para un rey, abrió su boca llena de diminutos dientes y le dio un mordisco a todo su rostro. Creo que el rostro del antropomorfo no pudo haber sido más tierno, aunque claro, la palabra ternura dista mucho de una visión a otra, pero para quien mirara a Batsy, podría ver la felicidad que reflejaba su rostro cuando arrancaba un trozo de carne y lo masticaba. De pronto se lanzo contra el rostro del cerdo, succionando el jugo que brotaba de este, hasta que de pronto pudo arrancar el ojo y comenzó a succionar los nervios, cual niño sorbe un jugo. Batsy estaba completamente sucio, restos de carne cubrían su cabeza y sus manos estaban chorreando de la grasa del lechón, era tanta su felicidad, que no escucho cuando aquello se acerco desde atrás. No se podría decir que era un hombre, un demonio o un monstruo, únicamente parecía ser una armadura vacía, pero que se movía y blandía una larga espada curva y de un único filo. De pronto, un sonido metálico hizo que Batsy se girara, para ver como la armadura rara levantaba la espada para dejarla caer sobre él, creo que no fue buena idea, ya que en ese preciso instante, había tomado un bocado y por la impresión, lo escupió al “rostro” de su atacante, la armadura retrocedió unos pasos, para limpiarse el rostro, pero cuando logro hacerlo, vio como Batsy se le lanzaba encima, con su daga colmillo en sus manos.

El antropomorfo no perdió tiempo y tomando ventaja del escupo en el rostro de la armadura, se lanzo desenvainando su daga, y riendo dementemente, comenzó a apuñalar el “rostro” de su enemigo. La máscara que poseía la armadura se triso y quebró ante los repetidos ataques a gran velocidad, terminando con la daga atravesando de lado a lado la “cabeza”, como si su portador hubiera muerto, Batsy cayó al suelo, con la armadura sin vida y completamente vacía. Con gran curiosidad el antropomorfo comenzó a ver si había algo dentro, sin percatarse de un extraño humo que brotaba del casco y que misteriosamente flotaba hasta la mesa, mejor dicho, hasta entrar por la cuenca vacía del lechón a medio comer. Únicamente el antropomorfo se giro cuando escucho un plato romperse tras de el, y al girarse, ver al lechón a medio comer parado en sus patas traseras y mirando con odio a Batsy, como recriminándole haberle comido. Batsy no pudo reaccionar a tiempo, cuando con un gruñido y chillido, el lechón asado se le lanzo encima, con ansias asesinas.
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Re: El Castillo del Shogun // Privada: Batsy, Hanzo, Ukyo

Mensaje por Ukyo Kojiro el Miér Nov 27, 2013 4:03 am

Allí, dos humanos y un antropomorfo ahora habitaban el temido castillo producto de terrores nocturnos y pesadillas de muchos. El ninja aquel despedazó al guerrero esquelético que restaba sin mucha dificultad y entonces, ambos Ukyo y Hanzo se vieron en un dilema: ¿qué hacer o a donde ir ahora?. Sin duda alguna, aquella construcción era terroríficamente enorme, constaba de muchas habitaciones repartidas a lo largo y ancho de los diferentes pisos que esta poseía y explorarla por completo era una tarea titánica, sin embargo y para no perderse a lo único que podían aspirar estos hombres era a seguir adelante, y adelante, y adelante... no había mucho más, tendrían que orientarse. Por otra parte, aquel escurridizo ser que les acompañaba mas estos no sabían de su presencia puesto a que estaba muy lejos, no tenía muchos problemas en desenvolverse en el ambiente del castillo, era un ser que podía trepar y hasta caminar por los techos y, al medir un único metro, el mundo se le facilitaba pero, a veces, también se le complicaba y por ello la habilidad de trepar es indispensable para su supervivencia, sin contar su agilidad. Mientras los dos humanos derrotaban a los valientes (o tontos más bien) esqueletos, el singular antropomorfo tenía una contienda con una armadura de carácter samurai la cual fue poseída por un alma vagante. Aquel objeto fue animado por esta alma y blandiendo (de alguna forma) una katana hizo acto de agresión contra el tenaz murciélago, y así empezó una contienda... graciosa.

Sin mucho más, Ukyo rodeó la mesa y entonces tras unos pasos se postró enfrente de la puerta que daba a una habitación o salón desconocido. Curioso, la abrió lentamente, aquella era una puerta deslizable, era de un material similar al papel o algo así, esta tenía tintada letras del idioma de Thaimoshi ki Nao en color azules oscuro o negro e iban de forma vertica-descendiente. Del otro lado  parecía haber un salón normal, con algunos lugares donde sentarse y todo parecía normal, dentro de lo que cabe en un castillo fantasma, claro está. Dudó un poco sobre entrar o no, pero finalmente se adentró en aquella sala. Desorientado, avanzó hasta divisar dos puertas, esta vez eran de madera y una estaba abierta, al parecer del otro lado de esta había un baño enorme. Por otro lado, las dos otras puertas permanecían cerradas a contraparte de la primera. Aquella sala era de igual forma de piso de tatami y también habían curiosos pero mórbidos cuadros en las paredes. De la habitación surgía una lígera pero inquietante neblina y la temperatura era baja, bastante fría y esto no ayudaba al samurai quien llevaba ropajes ligeros.

Los dientes de Ukyo temblaron y fue instinto cubrirse el torso con sus brazos; era extraño como de un salón a otro la temperatura cambiaba tan radicalmente, pero en realidad, esta pregunta pierde toda base cuando estamos tratando un castillo poseído por espíritus, entes del más allá y demonios. Regresando al punto principal, Ukyo Kojiro helaba y ahora pensaba en huir de aquel lugar, pero de repente la puerta que estaba tras él se deslizó cerrandose con furia; el samurai observó hacia atrás y trató de abrirla, pero como si una fuerza mágica superior a la suya lo impidiese, no puedo abrirla y vano fue también el intento de cortarla. Frustrado, el hombre empezó a oir una hermosa melodía que se reproducia en la nada, no había nada ni nadie presente... por lo menos de momento. Aquella música sonaba con una armonía impecable y su composición era perfecta, aquella música relajaba los sonidos de Ukyo, pero este sabía, por presentimiento, que nada bueno podría ser, y no estaba equivocado. Poco tiempo despues, de la nada, surgieron unos espíritus al parecer femenino que danzaban en círculos por el aire; aquella visión claro está espantó a Ukyo y por instinto defensor desenfundó su Nodachi lanzando un tajo que no haría más que traspasar a las dos almas, cuando esto sucedió, se enojaron ambas y todo en la sala empezó a temblar en una escena terrorífica. La música empezó a acelerarse cada vez más, mantenía su melodía principal pero esta ya no era calma por lo agresivamente rápida que se había volvido... aquello era un auténtico pandemonium.

La horrorífica escena sacada de una pesadilla lúgubre aterrorizó a Ukyo haciéndole hasta sudar y lo que duró apenas tres minutos para él duró casi una hora. Finalmente, de golpe, tanto la música como los espíritus se disiparon y todo volvió a la "normalidad" y lo único que se podía escuchar era la respiración del hombre de pelo azul quien tenía los ojos abiertos como platos y las manos temblorosas. Tomó un minuto para estabilizarse y finalmente recuperó su calma habitual, aunque le aterrorizó y bastante, Ukyo posee un carácter calmo y sereno, aquella situación a muchas personas les hubiese hecho llorar o quedar traumatizadas, a otras hasta morir de un infarto, quizá suene a exageración pero la realidad es la realidad, mucha gente es sensible mientras que otras no, Ukyo, en este caso, es indiferente. Exhaló un suspiro de alivio y se sonó el cuello diciendo al aire - "Por lo menos he salido vivo, aunque esto me ha quitado años de vida" - y entonces rió cínicamente tomando como algo gracioso una aparición cuasi-demoníaca.

Con la curiosidad en lo más profundo de su alma avanzó unos pasos y echó un vistazo al baño, lo observó un par de segundos y luego, despreocupado, siguió abriendo una de las puertas de madera y adentrandose en otro lugar.

A cada paso las cosas parecían ponerse cada vez más oscuras y lúgubres, no muchas personas habían estado dentro del Castillo de Tokugawa pero los que entraron jamás volvieron, y quienes lo hicieron (pocos) regresaron sin cordura alguna, vueltos locos completamente y algunos hasta murieron tiempo despues. ¿Compartirían el mismo destino el samurai, el ninja y el murciélago?. El destino es impredecible, solo sus actos lo determinarán.





Ukyo Kojiro, la Ráfaga Azul.
Movimientos de la Ráfaga Azul:








Filo mortífero
sentí en mi corazón
Vuelve.
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Re: El Castillo del Shogun // Privada: Batsy, Hanzo, Ukyo

Mensaje por Batsy El Ultimo el Sáb Nov 30, 2013 11:16 pm

“My archí enemigo… lechón samurái, nos volvemos a encontrar, por última vez”
Batsy, Castillo raro en ciudad rara con hombres raros.

Se puede relatar esa lucha como la más épica de la historia de Noreth, como la culminación de años y años de sucesos que terminaron desenlazándose como una cuerda a punto de cortarse. En las tabernas la historia se oiría, se contaría hasta que los personajes se olvidarían y fueran reemplazados por hombres con armaduras y espadas. Pero ahora, ante las paredes de aquel castillo, frente al banquete a medio comer, surgiría la leyenda del Último y del Asado.

Batsy no alcanzo a reaccionar, antes de que un par de kilo se lanzara sobre él y lo arrojara por el piso, rodando por este contra el enemigo que apenas había podido vislumbrar unos instantes. En la mente del antropomorfo solo había caos, para él la comida no se movía, por lo menos después de muerta, pero ahora aquel lechón a medio comer parecía enfrascado en hacerle pagar por su rostro a medio devorar. Los colmillos del lechón se incrustaron en el brazo del devora corazones, habiéndolo dar un chillido y golpeando son su puño el rostro de su enemigo, logrando que se separara. Batsy corrió en cuatro patas hasta posicionarse a una distancia prudente de su oponente y viéndolo con mayor atención, no sin quejarse de la mordedura, que si bien no causo heridas, si había dolido lo suficiente como para dejar una marca sobre su oscura piel.  Cualquiera reiría ante aquella batalla, una destinada pro los hados y que decidiría el destino del universo culinario de Batsy.

Las pinturas parecían tener vida, ya que los ojos pintados, inmóviles durante tanto tiempo, ahora estaban clavados ante los enemigos, como si estuvieran expectantes de la primera muerte ¿Acaso todo estaba ansioso de sangre?, era posible, era un castillo maldito, habitado por espectros y monstruos, no era difícil creer que las propias pinturas tuvieran vida y una muy retorcida.

Batsy blandió su daga colmillo, chillando y gritando contra el lechón, pero este, tan rápido como lo hubiera hecho un samurái, tomo la daga de la armadura y la blandió como si fuera una katana, el aire se corto de un movimiento, mientras Batsy retrocedía chillando nuevamente y con una notoria marca en su armadura, la cual le había protegido de haber sido cortado por la mitad. El lechón parecía un verdadero samurái, tomando una posición que el permitía desenvainar la daga con sus cocidas pesuñas. Batsy debió de respirar profundo, algo que no era fácil para su pequeña e infantil mente, pero debía de hacerlo, blandiendo su daga debía de acercarse a su oponente y aprovechando que la mesa estaba cerca, salto hasta esta y corrió por su borde, hasta dar un salto con la intención de atravesar al lechón, mas este último se movió más rápido que el antropomorfo, dando otro corte a su armadura y dejándole esta vez, una muesca en cruz, Batsy salió despedido por el aire, cayendo varios metros contra el suelo y gimiendo por el dolor, con rabia se levanto, algunas lagrimas se asomaban en sus pequeños ojos. A pesar de lo que cualquiera pudiera creer, Batsy seguía siendo un niño y aquella batalle le enfurecía y le daba miedo a la vez.  Apretando su arma, Batsy volvió a correr, en dirección directa hacia el lechón, este ultimo pareció sonreír cuando agacho su cuerpo levemente y espero para decapitar al antropomorfo, pero cuando estaba a punto de desenvainar, Batsy se hizo a  un lado, el lechón debió de girar su cuerpo para defender sus flancos y en ese momento sucedió el horror.

Horas antes, el lechón había sido asado durante horas y horas, haciendo que su carne fuera deliciosamente blanda y sus huesos exquisitamente sabrosos, lo que logro que el cuerpo fuera fácil de consumir. Al momento de girar, las rodillas del lechón crujieron, mientras se desprendían y partían en dos por el violento movimiento, haciéndolo caer al suelo, la desesperación se reflejo en la mitad cocinada del lechón, antes de ver como Batsy se lanzaba contra él y le atravesaba con su daga, empalándolo contra el suelo de tatami. El lechón comenzó a gruñir y blandir la daga con fuerza y desesperación, pero Batsy hizo lo único que podía hacer ene se minuto, atrapando una de las “manos” del lechón comenzó a hacer fuerza, la cual no se requirió en demasía y desprendió el miembro del cuerpo, para comenzar a comerse la carne de este. El proceso fue repetido, mientras el lechón gruñía, gritaba y chillaba, lo último que Batsy comió fue la otra mitad del rostro del cerco, antes de sentarse en el suelo, con el vientre como una pelota y dando un eructo bastante sonoro de su boca llena de dientes diminutos.

El devora corazones se había hecho con la victoria, con una comida deliciosa y con el equilibrio del universo conocido y por conocer. Las generaciones futuras cantarían alabanzas al poderoso antropomorfo, quien derroto a su enemigo y devoro su “corazón” como premio.

Ahora Batsy no sería conocido como “El Ultimo”, si no como “Batsy, Devorador de Lechones Samurái”
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Re: El Castillo del Shogun // Privada: Batsy, Hanzo, Ukyo

Mensaje por Ukyo Kojiro el Dom Dic 01, 2013 11:07 pm

Los pasos sonaban en el suelo de tatami y en aquel castillo únicamente estaban el samurai de pelo azul y el antropomorfo de apariencia de murciélago. Aquello era un laberinto espectral, las habitaciones no faltaban, al contrario, sobraban y apabullaban a quien se adentrase pues perderse era tarea fácil. Las escaleras para el segundo piso estarían en el centro del primer piso mientras que Ukyo estaba al oeste de esta, sin darse cuenta, avanzó de forma diagonal desviándose del centro. Distintas eran las cosas que vivía, algunas habitaciones no tenían nada, otras eran extrañas, algunas tenían retratos shunga incluso pero en muchas se podían escuchar cantos espectrales o ver fantasmas de verdad, el castillo sin duda alguna estaba poseído por un poder mágico maldito, un poder mágico demoníaco que es el que le mantiene en pie, de otra forma, el Castillo de Tokugawa no podría existir y sería nada más que una historia, pero de momento es algo tangible.

Tras caminar varias habitaciones desviándose del centro Ukyo entró a otra, aquello parecía un comedor con una cocina anexada, era bastante grande el lugar. El suelo jamás dejaba de ser tatami, en las paredes habían retratos de hermosas mujeres típicas de Thaimoshi ki Nao y había un solo retrato shunga en el lugar; una mesa de madera con bellos detalles tallados estaba pegada a una pared y un muro dividía el comedor de la misma cocina pero sin hacerla una habitación diferente. Para sorpresa de Ukyo y con la idea mental de que solamente él estaba en aquel lúgubre lugar, observó a una mujer hermosa cuyo pelo lacio y negro caía por sus hombros como una cascada, tenía vestimenta tradicional de la isla de Thaimoshi al igual que su maquillaje. Aquella mujer permanecía quieta y calma en su silla, la mesa tenía platillos por todas partes pero estos estaban vacíos, no había más que restos de comida. Intrigado por aquella mujer pero con una sensación de inseguridad, Ukyo dio unos pasos más adelante y observó bien a la mujer que ni se inmutó ante la llegada del samurai, ella solo miraba la mesa en un perpetuo silencio. "Eeeh... ¿hola?. Mi... nombre es Ukyo... Ukyo Kojiro" - dijo Kojiro algo preocupado. En respuesta, la mujer levantó muy lentamente la cabeza y la mirada hasta coincidir con el rostro de Ukyo, aquella era una escena bastante perturbadora pues el peliazul pudo notar una cosa... los ojos de esta mujer eran completamente negros, cosa que no pudo ver con anterioridad pues la mujer estaba cabizbaja. Sintió un escalofrío que le hizo mover los hombros y el cuello, retrocedió entonces unos pasos y colocó su mano derecha en el mango de la nodachi envainada en un acto de reflejo. Miró con ojos de extrañado y preocupado a aquella mujer que ahora no despegaba la mirada del samurai y este tampoco le quitaba un ojo de encima a ella. Así, una tensión se creó en el aire que pesaba más que un orco montado encima de otro... y en un movimiento instintivo, Ukyo no pudo evitar mirar por una fracción de segundo hacia otro lado, pero en esa mínima cantidad de tiempo la mujer atacó... de una forma no esperada.

Rápida como un misil, la mujer de una forma asquerosa y perturbante estiró su cuello como si fuese una serpiente y trató de morder a Ukyo con sus colmillos los cuales eran como los de un vampiro. Fue tan rápido el acto que la Ráfaga Azul mismo no pudo desenvainar su espada pero por sus reflejos avanzados sí pudo esquivar el ataque moviendo su torso. La mujer mordió el aire y tan rápido como abalanzó su cuello lo recogió. Aquella era un monstruo típico de la cultura de Thaimoshi, su nombre era Rokurokubi, se trata de una mujer que en los días es normal pero en la noche su cuello se extiende metros y metros y metros... es una oportunista, le gusta atacar en momentos clave como el descuido de Ukyo.

La ráfaga azul dejo salir un gruñido y miró enojado al Rokurokubi quien hacía danzar lentamente su elástico cuello mientras observaba como una serpiente a su presa a Ukyo. Era un duelo de reflejos, de instinto, de rapidez... ¿quién podría ser más rápido y ágil, la mujer de cuello serpiente o la ráfaga azul?. El lugar estaba muy tensionado... parecía que el aire se podía cortar con una cuchilla para mantequilla, el corazón de Ukyo sonaba fuerte pero él estaba calmado, atento y en un estado de concentración maximizado; era solo él y ella... el mundo, el castillo, todo se desvaneció.

Explosión.

Ambas mentes pensaron casi al mismo tiempo pero por una mínima milésima de segundo la mujer de la serpiente tenía la delantera, impulsó su cuello con potente velocidad y su objetivo para morder era el cuello de Ukyo, en una respuesta casi, casi exacta, el espadachín desenvainó su nodachi a la par que atacaba el cuello de la mujer, pero sin embargo y por un movimiento de torso erróneo pero fortuito, la mujer falló por centímetros el cuello del peliazul y este mismo apenas rozó el cuello de la Rokurokubo quien se llevó un raspón leve y cosmético. La yokai (demonio en el idioma de Thaimoshi) impulsó su cuello hacia atrás nuevamente y el samurai saltó hacia atrás mientras envainaba la nodachi devolviéndola a su lugar.

La tensión aumentó. Ukyo sabía que de no ser por su movimiento de torso esta le hubiera mordido el cuello y este hubiese sido infectado por el veneno de la asesina oportunista. Los reflejos y velocidad de esta mujer eran mucho mayor pues su cuello era más ligero que el brazo del espadachín sin contar que este mismo blande una espada, es decir, un peso adicional. En el entretiempo tuvo que empezar a pensar a toda máquina: ¿qué podía hacer para igualar o contrarrestar la velocidad de la mujer?... y entonces lo supo. Sí, sus reflejos eran muy buenos, pero esto no sería suficiente contra esta mujer, sin embargo, si conocía el patrón de ataque de la yokai podía anteponerse con la velocidad necesaria a este movimiento, es decir, contrarrestarlo con un movimiento preestablecido y preventivo. La demonio tenía como único patrón de ataque arremeter contra el cuello, si Ukyo, incluso con una diferencia de tiempo de una fracción de segundo, lograba hacer un movimiento preestablecido, este combate estaría en sus manos.

Preparó sus manos y sus reflejos, amplió un poco más su concentración... estaba listo para el tercer round y el definitivo. El resultado solo podría ser su muerte o la de su rival, tan simple como eso. Su mirada perpetua entonces fue rota por un estallido, la mujer nuevamente impulsó con gran ímpetu su cuello para tratar de morder la misma área pero de Ukyo, en respuesta el peliazul ejecutó un movimiento que ya tenía previsto. Tan rápido como pudo desenvainó su nodachi de forma vertical ascendiente con una trayectoria diagonal a la vez que se arrodillaba. El fugaz ataque ejecutado por el espadachín tuvo éxito, y su defensa así igual, fue un movimiento limpio y perfecto. Se arrodilló para evitar la mordida pero en el mismo movimiento atacó sin mucho ver pues sabía que el cuello de la yokai estaría allí. El filo de su nodachi la traspasó como mantequilla cortándole el cuello en dos mitades asimétricas, la parte desmembrada cayó como una serpiente al suelo y dejó salir un chorro de sangre que bañaría rocearía a Ukyo cubriéndole todo el frente de dicha sustancia carmesí.

Victorioso, Kojiro enfundó nuevamente su nodachi, dejó salir un suspiro de completo alivio pero también de indignación... estaba bañado en una asquerosa sangre de demonio. Escupió pues un poco había entrado a su boca, se levantó y miró sus ropajes de forma molesta. Quedó unos momentos estático pensando en qué podría hacer y luego fue esclarecido tras pocos segundos: debía de buscar un baño. Así, el sangriento hombre se apuró en conseguir un lugar en donde pudiera lavar sus ropajes teñidos en rojo.
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Re: El Castillo del Shogun // Privada: Batsy, Hanzo, Ukyo

Mensaje por Batsy El Ultimo el Lun Dic 02, 2013 2:34 am

“El agua es mala, muy mala”

Batsy, baños con olor a pepinos.


Si podemos decir algo de Batsy, es que le gusta comer, quizás fue porque durante casi toda su vida, únicamente pudo contentarse con los tendones de los huesos que el dejaban, o con la poca medula que podía succionar de los huesos, quizás esa fue una de las razones por la cual jamás creció y se quedo enano y petiso, fuera como fuera, a Batsy le gustaba comer cuando podía y a pesar de que no era muy recomendable, siempre terminaba con el vientre hinchado como balón, satisfecho y con una sonrisa en su rostro.

Volviendo a lo que nos importa, Batsy se había hecho con un renombre, o bueno, algo semejante por que de seguro nadie creería o sabría sobre ese combate, fuera como fuera, Batsy descanso unos minutos, totalmente apacible, mientras poco a poco su estomago se deshinchaba y el pequeño devora corazones, se levantaba de un salto, sonriendo y listo para encontrar nuevas chucherías. Aunque claro, antes de marcharse a otra habitación, reviso si había algo lindo en aquel lugar, pero anda le llamaba la atención y aunque habían cosas claramente valiosas, la mente de Batsy no se fijaba en el dinero, si no en las cosas lindas. De esa forma abandono la sala, aunque claro, no sin ver con atención si habían más enemigos, no quería otro encuentro con algo raro, por suerte para él, el pasillo se encontraba desierto y rápidamente, corrió hasta estar cerca de la siguiente puerta, la cual aprecia estar hecha de papel o tela, por lo que viendo que no había forma de abrirla, forma que el antropomorfo conociera, simplemente hizo un corte con su daga y atravesó la tela. La siguiente habitación era idéntica a la anterior, si no fuera porque en vez de una mesa llena de suculentos alimentos, solamente había una pequeña mesa con una figura de joyas sobre esta. La figura simulaba a un cisne, con las alas extendidas, hecho de gemas preciosas y bellamente talladas en cristal de cuarzo. A Batsy se le iluminaron los ojos y acercándose a la figura la observo, sacando su daga y comenzándola a golpear, haciendo que se destrozara en cientos de gemas y trozos, mas el antropomorfo hizo a un lado las joyas y tomo la cabeza del cisne, sonriendo alegremente y pronunciando.

-El patito dice cuak cuak, lindo patito que ahora es mío-


Guardando la cabeza de cisne en su bolsa de chucherías y saliendo por el mismo corte que había hecho. Poco más adelante, una puerta de madera dejo curioso a Batsy, que con lentitud entro, siempre con su daga pro delante, lo que vio le dejo perplejo, parecía un baño, pero muy raro, desde las paredes caía agua caliente a una enorme tina y habían varios cubículos por donde salía vapor desde el suelo. Con cuidado, Batsy se acerco a la gran tina, ya que había visto algo flotar sobre ella y estirando su mano, atrapo una de esas cosas, un pepino verde. El pequeño devora corazones miro con curiosidad ese pepino y llevándoselo a la nariz, lo olfateo, sacando la lengua y haciendo una mueca de desagrado, los vegetales no le gustaban, sabían feo para él. En ese instante escucho un chapoteo, como si un pie mojado pisara el suelo y girándose, vio que de aquellos pequeños cubículos, salían unos tipos raros. Poco más grandes que Batsy, su piel verde y llena de verrugas le recordaban las pinturas que había visto en la habitación de la comida, sus manos eran palmeadas y con dedos largos, piernas y brazos delgados y en su espalda, un caparazón de tortuga. Sus rostros eran raros, por que parecían tortugas mesclados con sapos y culebras, y tenían cabello en su cabeza, pero poco pro lo que Batsy veía. Las criaturas eran lentas, aprecian medias dormidas, aunque de pronto olfatearon el aire y comenzaron a girarse hacia Batsy, para abrir sus ojos enormes y abrir sus bocas, llenas de dientes afilados como él, pero más grandes. Batsy les lanzo el pepino que tenía en su boca, lo que hizo que cuando cayó al suelo, las cosas esas comenzaron a pelearse para tomarlo y comérselo. Batsy retrocedió unos pasos, tocando el borde de la tina, antes de que las cosas raras esas, le miraran nuevamente y estirando sus brazos amenazantemente, se lanzaban contra su cuerpo.

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Re: El Castillo del Shogun // Privada: Batsy, Hanzo, Ukyo

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