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El Castillo del Shogun // Privada: Batsy, Hanzo, Ukyo

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Re: El Castillo del Shogun // Privada: Batsy, Hanzo, Ukyo

Mensaje por Ukyo Kojiro el Lun Dic 02, 2013 3:12 am

Recapitulando, minutos antes el peliazul había tenido un enfrentamiento extraño pero que requirió el máximo de su concentración y bastante astucia para abatir a su contrincante, una Yokai (demonio) llamada Rukorukubo. Cuenta la leyenda que los Rukorukubo no es una, sino varias mujeres que de día son féminas comunes y corrientes pero que sin embargo, cuando duermen en la noche, su cuello se extiende metros y metros y funcionan como espías y oportunistas, lo extraño de la engendro que Kojiro se encontró es que no estaba dormida, pero quién sabe... en ese castillo nada era normal. Derrotó a la fugaz y ágil oponente no por reflejos sino, astutamente, ejecutando un movimiento preventivo ya pensado.

Fue bañado en la sangre que chorreó el cuello, asqueado, el samurai necesitaba limpiar la sustancia carmesí de su cuerpo, no era nada agradable ni cómodo estar completamente roceado por la sangre de una mujer cuyo cuello es elástico y enorme... una demonio. Guiado por su asco y a paso rápido, el espadachín buscó de habitación en habitación algún baño o por lo menos algo que tuviese agua para poder bañarse él y limpiar su ropa. Así, de cuarto en cuarto, no tuvo éxito en ninguno, e incluso en una parte de su recorrido fue asustado por una armadura samurai que cobró vida e intentó cortarlo por la mitad pero que afortunadamente el peliazul pudo salvarse; en otra habitación fue perseguido por unos espíritus femeninos que cantaban tonadas demoníacas en soprano, y en otra habitación se ganó un buen rasguño en su cuello al ser casi degollado por una trampa del castillo, una hoja que de la nada salió de una pared en un movimiento curvilineo y que de no ser por la agilidad y destreza de Ukyo, ahora mismo no tendría cabeza.

Tantos peligros recorrió el espadachín, tantos momentos donde su vida pendió de un hilo para finalmente encontrar un baño; sus esfuerzos habían dado sus frutos. Este baño se encontraba humedecido por vapor pues el agua estaba caliente, como aguas termales. Era una piscina de un tamaño considerable cuyas aguas estaban muy limpias, en una especie de tendedero pegado a la pared habían tres toallas de color rojo excepto una que era color blanco. Sonrió finalmente pues encontró aquello que tanto ansiaba, esto era un lugar donde purgarse de la asquienta sangre la cual ahora estaba seca en su piel pero algo húmeda en su ropa. Feliz, se acercó a las aguas y se despojó de toda ropa para luego sentarse en el borde, hundir los pies y poco más tarde zambullirse en la piscina. Nadó un poco más allá y se recostó sobre el borde teniendo el agua al nivel del pecho.

Recordó las ropas, se salió para tomarlas y luego proceder a lavarlas frotando un pedazo de tela propio de la misma prenda con otro (de la prenda igual) hasta remover la sangre aunque esta dejó una mancha roja no le dio mucha importancia y se volvió a zambullir para pasar el rato, ya fueron muchas las peleas y aquel castillo no daba señales de bajar la intensidad si no al contrario, cada vez más todo era peor, todo se volvía más peligroso y difícil, por ello aprovechó el quizá único momento de descanso que tendría en toda la jornada. Sin embargo, estos no eran los planes del Castillo, algo parecía estar observándolo y de una forma macabra y cruel le haría la vida imposible tanto a él como al antropomorfo que también habitaba el lugar mas el peliazul aún no tenía la gracia de haberlo visto. De entre el espesor del vapor que no dejaba ver más allá de unos metros, surgieron dos criaturas... dos seres bastantes curiosos pero horribles. Los Gakis son yokais cuyo aspecto asemeja a un hombre raquítico y de piel horrenda, encorvado y con la panza muy grande, como a punto de estallar. Estos seres están maldecidos con un hambre infinita, coman lo que coman su estómago jamás estará satisfecho y es por ello que se presentan en lugares donde haya agua a los desprevenidos humanos, son una leyenda en Thaimoshi ki Nao. Los dos engendros rieron de una forma asquerosa y dejando salir un aliento putrefacto que asqueó el olfato de Ukyo quien rápidamente se percató de su presencia.

Se exaltó al ver la apariencia hórrida de aquellos dos demonios raquíticos, rápidamente se salió del agua parándose poco más adelante de la pared desnudo, tanto su ropa como su nodachi estaba del otro lado... del lado de los gakis. Uno de los dos yokais se fue por el lado izquierdo de la piscina y el segundo, por defecto, se fue por la derecha... estaba rodeado y desarmado... la situación era precaria y Ukyo no tenía ninguna idea de la capacidad de los Gaki, pero sin embargo, si sabía de antemano que son capaces de devorar a un humano de pies a cabeza. Era momento de actuar.

Las dos aberraciones se acercaron a paso rápido y antes de que se diese cuenta ya estaban a escasos cinco metros de Ukyo quien no tenía idea alguna de qué hacer. Giró su cabeza un segundo para observar que detrás tenía las tres toallas y en un pensamiento instintivo se le ocurrió una idea que prontamente ejecutaría. Tomó sin ver dos de las toallas y corrió un poco más adelante, cuando los seres intentaron desgarrarlo con sus garras este les arrojó los paños a la cara confundiendolos por unos segundos e impidiendole la visión, al instante y aprovechando que los gakis estaban impedidos de acción saltó al agua de un chapuzón y nadó hasta el otro extremo velozmente, se salió y volteó para ver que los dos gakis corrían furioso contra él. Sin tomar ropa ni nada, tomó la katana pues fue lo primero que vio y la sacó de la funda justo a tiempo para defenderse del ataque de uno de los dos monstruos que se adelantó lanzando un zarpazo que Ukyo bloquearía hábilmente con el filo de la katana para luego darle un puñetazo torpe y así hacer retroceder al ente comelón. Igual de rápido, el otro engendro intentó morder el brazo izquierdo de Ukyo pero este lo rechazó atestando un golpe directo con el mango de su sable que impactaría la frente de aquel ser, trastabillando cayó al suelo adolorido. En consecuencia, el oponente que quedaba en pie lanzó nuevamente otro zarpazo pero esta vez Ukyo en un acto de reflejo le cortaría el brazo desde la base, la axila y luego habiéndole dejado indefenso lo cortó por la mitad sin ningún problema pues su carne era tierna y sus huesos no se acercaban a la dureza humana.

Solamente restaba uno de los dos el cual se levantó del suelo y observó con rabia al espadachín, este le devolvió la mirada iracunda pues estaba molesto ya que habían interrumpido su momento de relajo. Tomando la iniciativa esta vez, el samurai lanzo un tajo que le abriría el estómago al monstruo dejándole salir sus fluidos estomacales, tripas y demás vísceras, además de una sangre verdosa y asquienta que por suerte, esta vez no chorreó a Kojiro. Victorioso nuevamente, suspiró de alivio al saber que la amenaza había pasado... temporalmente. Del otro extremo surgieron esta vez no dos sino cuatro entes iguales a los anteriores... definitivamente el Castillo de Tokugawa o fuere quien lo manejase lo quería muerto, pero por convicción y curiosidad, Ukyo no dejaría su tarea.

Estaba allí y se iba a quedar allí hasta resolver el misterio que envolvía toda la leyenda.





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Re: El Castillo del Shogun // Privada: Batsy, Hanzo, Ukyo

Mensaje por Batsy El Ultimo el Lun Dic 02, 2013 3:57 am

“No me gustan los pepinos… saben feos”
Batsy, paraíso de pepinos flotantes.

Como antes había mencionado, Batsy no se puede considerar un lumbreras, pero tampoco un idiota consumado, digamos que alguien que está por bajo la media intelectual y que aun así, se las arregla para subsistir. Fuera como fuera, ahora Batsy estaba en problemas, aquellas cosas eran muchas, por lo menos una docena y claramente, el antropomorfo uno solo, estaba en su territorio y jugando con sus reglas, aunque Batsy no era un hueso fácil de roer, tenia los huesos bastante duros, como para que alguien se rompiera un diente. Si bien el pepino había servido en primera instancia, pronto un par de manos atraparon los hombros del antropomorfo y lo empujaron al agua, sumergiéndolo en el agua caliente, cosa que por un lado molesto a Batsy ya que sentía que se le quemaba la piel y por otro lado, porque estaba bajo el agua, donde no había aire. Batsy comenzó a patalear, intentar liberarse de aquellos brazos que le mantenían inmóvil, pero era imposible, no podía, sin importar la fuerza que utilizara, más y más manos comenzaron a aplastarle, apretándolo contra el fondo del agua. El diminuto antropomorfo gritaba bajo el agua, gritaba de miedo, gritaba de impotencia, gritaba por que el faltaba el aire y sentía como perdía fuerzas, de seguro ene se momento se encontraba llorando, por el miedo que le significaba estar ahogándose en el agua caliente. ¿Moriría así?, era probable, sus aventuras habían llegado a su fin, su leyenda se había acabado y sus huesos permanecerían en el agua caliente, hasta hacer una sopa con los pepinos.

Las fuerzas del antropomorfo se extinguían con cada latido, con cada instante, ese sería su fin de seguro, mas cuando su corazón estaba a punto de detenerse, mientras daba el último grito que sus pulmones podían dar, la daga dio contra la carne, incrustándose lo suficiente como para sentir que las manos que le presionaban se aflojaban, el devora corazón dio una patada, pudiéndose liberar y poder salir a la superficie, tosiendo con desesperación el agua que había llenado sus pulmones y llenándolos ahora con aire, tibio quizás, pero aire. Batsy tenía lágrimas en sus ojos, que se confundían con el agua que caía desde su pelo, estaba mareado, pero no lo suficiente como para saber que estaba en peligro aun, con desesperación cruzo la tina, para llegar hasta el muro. Frente a él, había varias de esas criaturas, rodeando a otra que tosía sangre y se llevaba su mano al pecho, por donde brotaba sangre entre sus dedos, Batsy había herido a quien le había intentado ahogar y ahora el resto le miraba con odio y un sentimiento que él conocía claramente, el hambre.

Los kappas, así sabría mas adelante que se llamaban, comenzaron a gruñirle y saltaron al agua caliente, mas cuando lo hicieron, estos gritaron de dolor saliendo inmediatamente y dejando que Batsy viera algunas quemaduras en sus patas, rápidamente, el antropomorfo comenzó a lanzarles agua, aun cuando sentía que se quemaba las manos, los kappas no se acercaban y cuando estaban lo suficientemente dispersos, se lanzo contra le más cercano, tomándolo desprevenido y atravesando su garganta con su daga, el cuerpo cayo, resonando cuando el caparazón choco contra el suelo, haciendo que los demás kappas se giraran hacia Batsy, pero este ya se había lanzado contra otro y de un movimiento había cortado su brazo limpiamente, el kappa grito tomando su brazo herido, pero su oponente había levantado su daga y rápidamente la incrusto en su pecho, deslizándola por su carne y abriendo en canal a su oponente.

La situación estaba cambiando a favor del antropomorfo, pero aun habían muchos enemigos, irónicamente, estos, al ver a sus compañeros muertos, comenzaron a huir, metiéndose en los agujeros dentro de algunos cubículos, como si fueran nidos, Batsy no lo pensaría dos veces y corrió, corrió hasta salir de aquel lugar y llegar hasta el pasillo, tropezándose y rodando por el suelo hasta chocar contra un muro, el cual se rompió como si fuera de tela y entrando a otra habitación, la cual claramente no estaba vacía, ya que lo primero que vio Batsy, era una estatua hecha de piedra y con una forma similar a un gato muy grande, pero con un rostro feo realmente.
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Re: El Castillo del Shogun // Privada: Batsy, Hanzo, Ukyo

Mensaje por Ukyo Kojiro el Miér Dic 04, 2013 5:34 pm

Como si el universo armase un complot místico en contra de Ukyo, ahora enfrente de él, del otro lado, habían surgido cuatro monstruos como los que acababa de matar. Kojiro miró al cielo y exclamó - "Oh vamos... ¿qué tan importante soy para querer matarme tanto?" - mientras suspiraba y negaba la cabeza en señal de indignación. Los Gakis se divieron en dos flancos en los bordes de la piscina y se acercaban caminando lentamente, aprovechando la lentitud de sus contrincantes dejó caer la katana para tomar la nodachi enfundada y colocarse en posición justo antes de que sus agresores empezaran a correr en contra de él. Los pasos torpes de aquellas alimañas se acrescentaban y en un punto dado, como bestias inútiles y poco inteligentes que son, se agruparon, haciendo una masa de estos seres malditos y asquerosos. El peliazul negó con la cabeza nuevamente para mostrar aún más indignación y cuando los Gakis, agrupados, estaban en la distancia necesaria, Kojiro lanzó un corte horizontal de extremo a extremo trazando un semi-circulo, de esta forma despedazó por la mitad a todos aquellos repugnantes monstruos quienes expelieron sangre verdosa a chorros y montones de tripas y carne podrida que, por suerte, no salpicaron a Ukyo. Otro suspiró exhaló el peliazul y se quedó un rato estático hasta que finalmente recobró sus sentidos y agitó, como si cortara el viento, su sable para retirar el exceso de sangre, carne y lo que sea que tuviese allí, proveniente del cuerpo de esos humanoides. Se acercó a paso lento a la piscina y sumergió su espada para lavarla unos segundos y así retirarla y enfundarla, se giró y tomó su ropa para vestirse... sí, había combatido a seis Gakis desnudos. Ha de ser gracioso ver a un samurai luchando desnudo.

Ya vestido y equipado nuevamente, decidió que ya era hora de salir de aquel lugar por lo que se dio media vuelta y caminó sereno hasta la puerta, abriendola, pero lo que observó del otro lado era bastante distinto a de donde había venido, cuando entró al baño. Quedó desconcertado pero entendió que aquello era un castillo encantado y con las cosas que ya pasó, esto ya parecía bastante normal en comparación. Como si no le importase simplemente salio del baño y cerró la puerta, ahora se encontraba en un pasillo no tan largo en el cual habían algunas puertas pero estas estaban cerradas, tan solo había una puerta al fondo, al final, y esta estaba entrejunta, dejando salir unos rayos de luz. Indiferente de las otras puertas, Kojiro avanzó hasta el final con paso calmado y sin mucha preocupación, el miedo que sintió al entrar ya no lo sentía, se había acostumbrado al ambiente lúgubre y de más está decir extraño.

Abrió la puerta y pasó a un salón central donde habían unas escaleras, aquellas eran el ticket de entrada para el segundo piso, finalmente saldría del primero... aunque ¿era esto algo bueno o malo?. Eso lo iba a averigar él. Dio unos pasos más adelante y nuevamente enfrente de él surgió un Gaki, aquello había sido el colmo para él y no pudo evitar soltar una maldición, ya estaba harto de esos seres. Sin embargo, cuando estuvo apunto de realizar un dash y cortarle la cabeza, algo cayó de los cielos y aplastó a aquel demonio menor dandole una terrible y repugnante muerte. Una gota de sangre viajó como un misil para impactar en la mejilla de Ukyo, cuando la sintió se la quitó con la mano pero sin dejar de ver a aquella cosa que había caído, al parecer era algo de piedra y para cuando observó mejor, alguna vez fue una estatua de un león pero que sin embargo ahora estaba despedazada.

Extrañado, caminó un poco más adelante cuando de la nada una neblina de mal presagio surgió en el lugar y todas las luces de los candelabros se apagaron una por una hasta dejar una penumbra. Aquello sin dudas espantó al peliazul quien rápidamente se puso atento a sus alrededores y retrocedio unos pasos. Segundos de tensión pasaban que solamente exhasperaban al pobre hombre quien apretaba los dientes en busca del qué se escondía... y luego apareció. La luz del candelabro central se prendió dejando mostrar una singular mujer... una mujer con la boca tapada. Su piel era refinada, llevaba un hermoso vestido, su cabello era bastante cuidado y sus ojos llevaban a un viaje por las estrellas... pero aquella mujer tenía aires de misterio. Ukyo Kojiro estaba confundido, sabía que aquello solo era una apariencia, pero se desconcertó aún más cuando la mujer dijo en voz baja pero clara - "¿Te parezco bella?" - el hombre tan solo quedó perplejo, no sabía qué responder, él sin embargo sabía la leyenda, pero el miedo no le dejaba actuar.

Aquella mujer es Kuchisake Ona, cuenta la leyenda que aquella era una mujer vanidosa que habitaba Thaimoshi ki Nao, la mujer se casó con un samurai al que solía engañar con otros hombres pues, por su belleza, tenía gran cantidad de pretendientes. Un día, guiado por la ira y los celos, el samurai haciendo uso de su katana tomó a la mujer y le hizo una sanguinaria raja de extremo a extremo en la boca mientras decía "¿Piensas que eres hermosa?". Desde ese entonces, Kuchisake vaga por las noches en oscuros callejones o lugares muy solitarios y pregunta a los incautos: "¿Soy hermosa?", sí responden sí -que es lo común- ella se quitará la máscara y mostrará su horrenda herida. La víctima correrá en pánico o responderá que no, lo que aviva la furia de la yokai quien se abalanzará con una velocidad fantasmal con unas tijeras grandes y afiladas para así rajar la boca del inocente.

Los sentidos de Ukyo se recobraron en parte, aunque no podía hablar, asintió con la cabeza ante la mirada expectante de la aparentemente bella mujer quien, cuando el hombre afirmó, dejó mostrar, como cuenta la leyenda, su herida. Un pánico cundió en el interior del peliazul pero logró canalizarlo y expulsarlo. Se paró firme con su mano en la vaina de su nodachi, y calmado e indiferente como lo es usualmente simplemente dijo - "No." - provocando que a una gran velocidad la yokai se lanzara, como lo dicta la leyenda contra él, pero no esperaba que el samurai, con gran reflejo, bloqueara el corte de sus tijeras desenvainando a medias su sable e interponiéndolo. Como un fantasma, Kuchisake-Onna apareció donde estaba antes pero esta vez se hallaba desconcertada, confusa y molesta. Jamás había ocurrido algo así. Ambos se miraron desafiantes.

El duelo iba a comenzar.


Última edición por Ukyo Kojiro el Miér Dic 04, 2013 5:58 pm, editado 2 veces





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Re: El Castillo del Shogun // Privada: Batsy, Hanzo, Ukyo

Mensaje por Batsy El Ultimo el Miér Dic 04, 2013 5:51 pm

“¡¡¡ME COMEEEEE… EL GATO ME COMEEEEE!!!”
Batsy, huyendo en el castillo raro.
Batsy corría por el pasillo, mientras atrás de el una criatura, muy similar a un gran felino, pero de rostro aun más amenazante, destrozaba el pasillo, dando zarpazos  al aire, intentando agarrar al antropomorfo, el cual corría tan rápido como sus piernas lo permitían, dando saltos o esquivando cuando las garras se acercaban mucho. Pero… ¿Cómo había sucedido esto?, recapitulemos un poco, hagamos un flashback y sigamos los acontecimientos que desencadenaron esta frenética huida.

Después de la terrible experiencia en aquellos baños, Batsy había terminado en una habitación nueva, la cual tenía como única decoración, una enorme estatua, tomando en cuenta que el devora corazones únicamente medía un metro.  Dando un largo suspiro, Batsy comenzó a derramar lágrimas de miedo por sus diminutos ojos negros, arrastrándose hasta una esquina, comenzó a llorar como niño pequeño, estaba asustado aun, había pasado por una experiencia terrible ya  pesar de su edad, su mente era bastante infantil. Gruesas lágrimas corrían por sus mejillas, mientras se encontraba abrazando sus rodillas, apoyado contra uno de los muros. Por la mente de Batsy pasaban las imágenes de esas manos tratando de ahogarlo, pero mientras pasaban los minutos, el sollozo lentamente comenzó a disminuir, hasta ser un simple gimoteo, a la vez que el devora corazones se levantaba y sacaba su “tesoro”, para desperdigarlo en el suelo y comenzar a verlo. El botón doblado era su mayor tesoro, después venia el collar de cucharillas que cada día era más grande, cucharillas de cobre, de latón, de acero, algunas muy raras y otras muy simples, pero todas muy pulidas y brillantes, no menos de treinta botones, algunos de latón, de cobre, de nácar o de oro, algunos muy bonitos y de formas irregulares, entre tantas cosas, la cabeza del “patito” relucía, al final, dos brazaletes hechos de cucharillas dobladas, una de bronce y la otra de acero, pulidas y brillantes.

Mas mientras Batsy observaba su tesoro, alguien el observaba a él. Los kappa habían desaparecidos y no se verían mas, pero en aquella habitación no estaba solo, o por lo menos, Batsy no se había dado cuenta de ello. Mientras el antropomorfo se alegraba con su tesoro, lo contaba y limpiaba en su sucio pelaje, un leve crujido se escuchaba, el cual Batsy no había percatado aun, mas cuando terminaba de guardar, un trozo de roca cayó al suelo y al girarse, Batsy vio que el león se había acercado hacia él, en silencio, quedando a menos de un metro a él y con sus fauces abiertas, llenas de afilados dientes. Instintivamente salto hacia la puerta, instantes antes de que el león intentara arrancarle la cabeza de un mordisco… volviendo al pasado, Batsy había hecho lo mismo con la primera gallina que se había comido… es una historia bastante interesante, pero es mejor continuar con esta.  

Batsy desenvaino sus dagas, y portando una en cada mano intento darle un golpe a esa cosa, pero al impactar el metal, el antropomorfo se dio cuenta de que era piedra y contra ella no podría luchar. Con el instinto de supervivencia al máximo, gateo por el agujero que había hecho al entrar, para correr por el pasillo, mas la puerta de tela y papel no pudo detener a la bestia que de un zarpazo la destrozo y comenzó a correr por el pasillo, persiguiendo a Batsy. El devora corazones corría con desesperación, mientras la bestia le seguía desde cerca, destrozando paredes y cualquier cosa que se atravesara ante él.  Cuando el antropomorfo se encontraba cerca, intentaba darle un zarpazo, pero los sentidos de Batsy le hacían saltar o agacharse. Sin poderlo evitar, Batsy comenzó a gritar, entre miedo y desesperación, ya que era la primera vez que una estatua le perseguía para comérselo.

-¡¡¡ME COMEEEEE… EL GATO ME COMEEEEE!!!-

Pronto se vio el final del pasillo, al parecer este terminaba en las escaleras centrales, Batsy corrió aun más rápido, terminando por detenerse ante la baranda de madera, bellamente torneada, mas la bestia estaba cerca y lanzándose para atrapar al antropomorfo, no vio que el pasillo terminaba. Batsy se hizo a un lado instantes antes de que la bestia golpeara la baranda y aun cuando intento sostenerse con sus garras, termino cayendo por el borde del pasillo, impactando varios metros más abajo del devora corazones, el cual estaba mirando con asombro el agujero que ahora había ahí y con su pecho subiendo y bajando con una respiración acelerada.
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Re: El Castillo del Shogun // Privada: Batsy, Hanzo, Ukyo

Mensaje por Ukyo Kojiro el Miér Dic 04, 2013 10:34 pm

Penumbra, tensión, misterio. Un duelo mortal estaba por empezar, ¿podría el samurai estar a la altura de una leyenda de toda una nación?. Kuchisake-Onna, la mujer de la boca cortada.

La mujer estaba molesta, solo miraba con ojos de depredador a Ukyo, analizaba su físico de arriba a abajo, ya no le quería rajar la boca, le quería degollar, sus ojos demostraban odio pues jamás le ocurrio lo ocurrido, jamás alguien había sido tan rápido como para bloquearle un ataque a ella, pero el peliazul fue capaz. Del otro lado, el samurai miraba expectante a la mujer de la boca rajada, aquella mujer era mucho más rápido que él y tenía cierto carácter fantasmagórico, realmente no sabía qué tan efectivo podría ser un ataque contra ella, por lo que decidió esperar al contraataque y analizar sus movimientos y su cuerpo. La sala se bañó en un tenaz frío, nuevamente Ukyo se veía enfrascado en un duelo de velocidad y reflejos, para su infortunio, si esa mujer se acercaba lo suficiente su nodachi iba a ser ineficaz por su tan larga medida, su única opción era la katana, pero esto lo tendría que aprender por las malas.

Como un destello fugaz, como un misil, Kuchisake-Onna avanzó a una velocidad efímera. Tan rápido como se dio cuenta, el peliazul dejó salir su nodachi para responder con un tajo diagonal ascendente hacia su derecha que por poco impactó contra la tijera de la mujer de una forma fortuita, repeliendo el ataque enemigo. La mujer, molesta, nuevamente se retiro hacia donde estaba, y en ese instante Ukyo entendió que la velocidad de la enemiga superaba la suya con creces, y que su nodachi únicamente había impactado por su medida. El pavor cundió en su cuerpo, en aquel punto no tenía una sola idea de qué hacer o cómo actuar, aquello no era una humano pues su velocidad lo trascendía, era algo del más allá y si no había eliminado a Ukyo era porque empuñaba unas tijeras. Y para peor, e irónicamente... la mujer dejó caer sus tijeras y de la nada una katana apareció en su mano derecha, la mujer irradiaba furia y esta vez iba a por todo, quería la cabeza del guerrero peliazul fuera de su cuello, lo intentaría una tercera vez. Con una expresión molesta y una mirada analizadora pero serena, Kojiro cambió su mano y la deslizo hasta su katana, iba a intentar algo descabellado.

Una ráfaga de viento helado chocó contra el inerte samurai haciendo que sus ropajes danzaran al son de aquella ráfaga. En aquel preciso instante, nuevamente Kuchisake-onna avanzó a una velocidad fantasmagórica, pero Ukyo en cuanto la vio desaparecer, en cuanto sus ojos captaron aquello, dio un salto hacia adelante mirando hacia el suelo y con su torso inclinado, en el aire, sin verla siquiera, simplemente adelantandose a sus movimientos, desenvainó su katana ejecutando un voraz corte horizontal. Un sonido metálico hizo eco en todo el lugar, por el impacto, Ukyo cayó hacia un lado desbalanceado, por lo que se tuvo que arrodillar. Por el rabillo de sus ojos observó como una katana daba lentas y torpes vueltas en el aire un segundo antes de caer al suelo y rebotar un poco. Aquella arma, sin embargo, no era de su pertenencia. Despreocupado, Ukyo se levantó y se sacudió el kimono y el hakama, para cuando terminó volteó su cabeza y vio que la mujer de la boca cortada estaba de espaldas, inerte. Por alguna razón, el sentimiento de peligro había pasado, el frío se disipó y las luces, una a una, se volvieron a prender. Kuchisake no había muerto, pues no había forma de que algo físico hiciese daño a algo etéreo, sin embargo, había sido no derrotada, sino humillada, pues quien le derrotó no fue nadie más que un simple ronin. La ira, el rencor, el odio, todo nació en Kuchisake, la mujer se volvio loca y empezó a exclamar gritos, pero no gritos normales, no, eran gritos desgarradores, gritos del más profundo odio, aquella yokai era prácticamente un demonio. Se volteó con sus ojos rojos como el rubí y su boca expelía un humo transparentoso de color negro, sus delicadas manos se habían tornado horripilantes y garras habían surgido, aquella visión del aberno espantó a Ukyo quien, antes calmo, ahora estaba perturbardo por aquella cosa.

Retrocedió despavorido con pasos torpes, trató de hallar su calma interior, sabía que el miedo solo era contraproducente y que en esa situación necesitaba mantener sus nervios calmados. Observaba expectante a la mujer quien perdió toda relativa cordura, y si antes las cosas eran tétricas, ahora se habían vuelto peor. Las luces, como poseídas, se apagaron dejando una tenue oscuridad, los candelabros se movían agresivamente, los adornos se cayeron y las mesas algunas también. La visión se desvaneció, apenas y podía discernir algunas cosas en la oscuridad... sus nervios se avisparon, no sabía qué hacer, pero mantuvo la calma ante todo de forma inteligente.

Entonces, esas pequeñas cosas de la vida que quedan el subconsciente nació en un recuerdo. Su memoria albergaba un hecho que ocurrió en su pasado, cuando apenas estaba en formación para ser un espadachín. Un día al azar, su maestro le vendó los ojos y le trató de entrenar para la lucha sin visión, pero Ukyo, necio, no se dejó. En su interior lamentó aquel gravísimo error que ahora le podría costar la vida, sin embargo, fue capaz de recordar los consejos de su maestro y las cosas que decía. Cerró los ojos y esperó a su enemiga.





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Re: El Castillo del Shogun // Privada: Batsy, Hanzo, Ukyo

Mensaje por Batsy El Ultimo el Jue Dic 05, 2013 1:00 am

“LA NARIZ… LA NARIZ LARGA ME PERSIGUE”
Batsy, horripilante relato de hombres narigones.

Al parecer, aquella incursión hacia el castillo no era tan fácil o divertida como había pensado en un inicio, ahora estaba algo asustado, para no decir completamente, la experiencia en los baños había sido espeluznante, sentirse ahogado era algo terrible para el pobre, quien como un niño, había llorado amargamente, hasta que sus chucherías le hubieran arreglado, cual niño que juega con sus juguetes para olvidar el dolor. Ahora, le había seguido una estatua de un animal raro y casi le había partido en dos, y únicamente su velocidad y destreza natural e instintiva, le habían dado la oportunidad de salvarse, poco a poco, Batsy se daba cuenta de que ese lugar no era un juego y que debía de ponerse más serio… si es que aquello era posible para alguien con una nuez por cerebro y un maní por instinto común. Pero como todo en la vida, hay que abrirse pasos, ya sea con sangre o lagrimas, aunque para el pequeño antropomorfo, sería mejor con un suculento pollo.

Batsy comenzó a tranquilizarse, ya que el ataque de esa estatua había hecho que su corazón se acelerara a tal punto, que tosía por que el faltaba aire, poco a poco se calmo, mientras escuchaba un ruido raro más allá de la baranda, mientras se acercaba, sus pequeños ojos, no muy útiles en la oscuridad, pero si lo suficiente para ver a dos individuos que luchaban, según Batsy, uno de ellos era el hombre raro de pelo azul y la otra era una mujer rara con algo en la cara. Los ojitos del antropomorfo, veían como luchaban, la mujer parecía atacar más que el hombre raro, aunque usaba unas cosas raras en las manos, cosas que el reconoció como tijeras, porque una vez había entrado a una tienda de un vendedor de telas y había visto una, e intento probarla, con el resultado de cortar todas las telas, el grito del vendedor, sus maldiciones y huir por que él quería matar, pero esa es otra historia.

Mientras el devora corazón veía la lucha, no muy lejos de él, dos figuras surgieron desde las sombras, a simple vista parecían hombres con las ropas tradicionales de Taimoshi Ni Kao, aunque levemente diferentes, de sus espaldas, surgían dos alas y aprecian llevar una especie de mascara roja en sus rostros, con unas pronunciadas y largas narices. Los “hombres”, parecían hablar entre ellos, apuntando hacia los luchadores, mientras uno negaba y el otro afirmaba. En esos instantes, Batsy se giro y los vio, eran raros según él, muy raros, tan raros como para investigarlos, hasta ahí llego la idea de la precaución y predomino la nuez y maní que tenia dentro de su cráneo. Como si fuera un gusano, se arrastro pro el suelo para no levantar sospechas, siempre ene l amparo de la oscuridad que se había hecho en ese instante. Con cada metro que avanzaba, los tipos parecían más raros, hasta darse cuenta que no eran mascaras lo que llevaban, si no que eran sus propios rostros y la nariz larga, era de ellos, los ojos de Batsy se abrieron de par en par, habían muchos seres raros ahí, en ese instante, escucho sus voces.

-Al parecer, Kuchisake-Onna está molesta… es la primera vez que alguien detiene su tijeras, quizás aquel samurái sea divertido-

-No te engañes hermano, hasta ahora, nadie ha podido sobrevivir a Kuchisake-Onna, y si lo hace, sería un milagro o estaríamos ante un prodigio de estas eras-

-Vamos hermano, sabes que es un anhelo encontrar a alguien que nos pueda entretener, llevamos muchos años y hasta ahora, es el segundo que llega hasta aquí, el anterior simplemente paso antes de que ella le preguntara si era bella-

-En eso tienes razón hermano, los pisos superiores aun están intactos, así que no debió de sobrevivir ante los Onis, ahora disfrutemos de la batalla, apuesto cinco monedas a que muere en los próximos tres minutos ¿y tú?-

-Cinco monedas a que la derrota, ¿Qué te parece?-

-Siempre fantaseando ¿no hermano?

-Mira hermano, parece que esta por morir *apuntando hacia la batalla*-

En esos instantes las luces volvieron a brillar, se había acabado la oscuridad y Batsy, tan oscuro como era, ya no estaba amparado ante la oscuridad que le había rodeado. Los rostros de ambos “hombres” se giraron hacia el antropomorfo, el cual les miro con sus diminutos ojos, se dio media vuelta y comenzó a gatear hacia el otro lado, alejándose como si anda pasara.

-¡¡ATRAPALO HERMANO!! *grito uno de esos hombres, mientras hacía aparecer dos bastones con unas argollas en sus puntas y saltando comenzaron a perseguir a Batsy*-

El devora corazón, ante las palabras de aquellos tipos, se levanto y comenzó a correr, mientras miraba hacia atrás y veía como los hombres no corrían, si no que volaban rápidamente hacia él, sus bastones golpearon la madera donde antes había estado Batsy, astillándola y destrozándola, mientras el antropomorfo utilizaba toda su destreza para huir, porque él era así y no había más remedio. De pronto, un trozo de madera doblada hizo que Batsy se tropezara y terminara deslizándose por el suelo, directamente hacia el agujero que la estatua había roto, para terminar colgado de sus manos. Mirando hacia arriba, el antropomorfo miro que los hombres estaban por golpearle con sus bastones, por lo cual se soltó, cayendo varios metros hasta tocar el suelo y una vez ahí, salir corriendo con las manos en alto y gritando hacia la mujer y el hombre raro.

-LA NARIZ… LA NARIZ LARGA ME PERSIGUE-
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Re: El Castillo del Shogun // Privada: Batsy, Hanzo, Ukyo

Mensaje por Ukyo Kojiro el Jue Dic 05, 2013 2:30 am

Penumbra. Muchas personas nos preguntamos, ¿qué seríamos de nosotros sin el sentido de la vista?. Las tareas cotidianas, caminar, cocinar, ir de un lugar a otro, arreglar la casa, limpiar el hogar, atender cosas qué hacer, todo se volvería más complicado. Muchos, al imaginar ver tan solo un profundo negro, nos da un pavor, muchos alegan incluso que sería un verdadero infierno, sin embargo, hay personas que simplemente nacen así, y por alguna razón al perder el sentido de la vista, su sentido auditivo incrementa de una forma bastante aguda, provocando que incluso tengan más reflejos y capacidad de reacción que una persona con visión. Los monjes de Thaimoshi y los maestros samurais, algunos, han intentando aprender a agudizar su sentido auditivo para luchar sin la vista, y esto ha sido un éxito, aunque requiere tiempo y práctica. Lástima que el samurai, por su juventud, rechazó neciamente la propuesta de su sensei para aprender esto, y ahora mismo estaría pagando las consecuencias. Sin embargo, sus consejos, aquellos que Ukyo recuerda, le fueron de infinita ayuda, y por ello se salvó el pellejo. Dejame seguir la historia, joven aventurero:

La perpetua oscuridad reclamaba su trono en aquella sala donde Ukyo, la ráfaga azul y Kuchisake-Onna, la mujer de la boca cortada, una leyenda en toda la isla, desatarían un mortífero duelo. La yokai no se veía afectada por la lobreguez del lugar, sin embargo, el samurai sí. Exitosamente, Ukyo había logrado derrotar a la espectro que esta vez iría por una segunda oportunidad. Un único ataque, era todo.

El hombre de pelo azul se calmó de forma absoluta, como recordaba por su sensei, se concentró de una forma tal que incluso el sonido de los candelabros agitandose y demás adornos desaparecieron, él únicamente se concentró de forma totalitaria en Kuchisake quien respiraba como poseída, la ira la consumió y sería esta quien la condenaría. Aplacó todo sentimiento, aplacó todo pensamiento dejando su mente en un blanco absoluto, todo para él desapareció, era tan solo su presencia y la presencia de la iracunda Yokai, nada más, nada menos. Su mano derecha apretaba con gran ímpetu la vaina lista para desenfundar su nodachi, era tal el nivel de concentración que su frente sudaba, estaba listo para el ataque, estaba preparado para hacer honor a su título: "La ráfaga azul", estaba preparado para realizar una acción sobrehumana, todo estaba listo, la tensión apretaba el lugar, todo parecía a punto de explotar como una bomba y entonces... entonces sucedió. Como una explosión, Kuchisake-onna decidió realizar su último ataque, esta vez con incluso mayor velocidad, ¿su objetivo?, la cabeza del samurai. La onda sonora recorrió el viento agitándolo entrando a su oído haciéndolo vibrar y su cerebro lo asimiló, en aquella fracción de segundo, Ukyo Kojiro con un movimiento perfecto desenvainó su espada a una velocidad fantasmal tensionando su brazo con gran fuerza, no hizo un corte horizontal, vertical o curvilineo, únicamente la desenvainó para colocarla al frente suyo. Y entonces... algo ocurrió. Algo extraño ocurrió.

Se escuchó un sonido sintético de algo quebrándose agresivamente, tan pronto como esto ocurrió las luces se volvieron a encender liberando de la prisión de las tinieblas finalmente al samurai de cabellos azules quien, sorprendido abrió sus ojos los cuales ahora estaban un poco sensibles por el acostumbramiento a la oscuridad. En el suelo, la Yokai lloraba en desesperación, tirada como una muñeca de trapo, su llanto era espectral y tensaba los nervios de cualquiera, y poco a poco se desvaneció hasta finalmente desaparecer y como único rastro habían retazos de una piedra color rojo, eran pedazos de rubí. Ella era un Yokai, es decir, un espíritu demoníaco, al ser eso, Kuchisake-Onna era un ser completamente etéreo lo que quiere decir que puede estar en el plano físico pero las cosas físicas no tienen repercusión alguna en ella, solo la magia o armas encantadas. Sin embargo, el secreto de esta mujer es un rubí ensangrentado que guardaba celosamente entre sus pechos, y al ser destruida, ella también es destruida por los siglos de los siglos. Cuando el samurai desenfundó a ciegas su nodachi, afortunadamente por la medida de dicho sable, impactó contra el rubí de Kuchisakke quien iba velozmente contra él en línea recta. Por la velocidad en la que iba, y por la fuerza y firmeza con la que sostenía su arma Ukyo, el rubí simplemente cedió y se estalló, desvaneciendo la "vida" de la mujer quien ya no existe más.

Se recostó en la pared para descansar su brazo tensionado y aliviar su dolor de cabeza producto de tanto esfuerzo mental. Sus sentidos no funcionaban bien, pero en un momento se dio cuenta de no una, sino tres presencias que ya estaban allí pero él simplemente estaba en otro mundo. Divisó un pequeño monstrecillo con la aparienca de un murciélago quien huía como buscando a su mamá, detrás de él habían dos Tengus, típicos del folclore de Taimoshi ki Nao. Su aspecto era el de hombres altos vestidos de forma tradicional (tradicional en la isla, claro), de sus espaldas surgían dos alas y su rostro era de un color rojo con una nariz bastante larga, un aspecto extraño sin dudas. Sus armas eran báculos y desconcertantemente para el peliazul, uno dijo: - "Já, me debes cinco monedas, hermano" - y el otro lo miró de mala manera pero luego ambos miraron hacia el samurai y el murciélago. El pequeño monstruo ni siquiera representó una amenaza para Kojiro, sabía que los Tengu ahora eran prioridad, pero en aquel preciso instante su brazo derecho no estaba en sus mejores condiciones.

No parecía terminar.





Ukyo Kojiro, la Ráfaga Azul.
Movimientos de la Ráfaga Azul:








Filo mortífero
sentí en mi corazón
Vuelve.
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Re: El Castillo del Shogun // Privada: Batsy, Hanzo, Ukyo

Mensaje por Batsy El Ultimo el Jue Dic 05, 2013 8:20 pm

“¡¡¡SUELTAME… SUELTAME NARIGON!!!”
La gran travesía de Batsy por los aires.
Alivio, calma, tranquilidad y paz… cosas que Batsy no encontraba ni por asomo en aquel extraño lugar. Si bien la nuez y el maní habían hecho de las suyas, gran culpa la tenía Batsy en sí, ya que su sentido de la auto conservación era casi inexistente cuando su curiosidad reinaba sobre su propia seguridad. Batsy había corrido, como si le persiguiera un animal salvaje, aunque no distaba mucho de aquellos hombres con larga nariz. Cuando ya quiso percatarse, el hombre había terminado con aquella mujer y de ella no quedaba nada o eso parecía, más Batsy debía de correr y huir, ya que si bien sabía luchar y era aficionado a apuñalar por la espalda, aquellos hombres alados eran muy fuertes para él.

La fortuna estuvo de su lado, ya que si bien el hombre de pelo azul y raro no le había atacado, su suerte fue truncada por un mal lanzamiento de dados y sus piernas no habían sido lo suficientemente rápidas como para evitar que le atraparan, para su desgracia. Uno de los Tengu había dado un salto y su mano atrapo la armadura de Batsy, quien sin darse cuenta, seguía corriendo mientras era levantado, cuando sintió que la armadura se le subía por las axilas, abrió los ojos, para ver que estaba a un metro sobre el suelo y que alguien le sujetaba. El Tengu giro a Batsy, tomándole del cuello y apretándole, mientras este pataleaba por su vida y arañaba el antebrazo de su oponente con desesperación, le estaba faltando el aire y sentía que las garras se le incrustaban en la carne. EL hombre de la larga nariz le miro enfurecido, mientras apretaba más y más, y Batsy derramaba gruesas lágrimas de sus ojos y chillaba asustado y con desesperación. Poco a poco, el aire escapaba de los pulmones del antropomorfo, para no volver ¿moriría? Era posible, ya que aquel agarre era tan terrorífico como su experiencia en los baños, ¿su inocencia comenzaría a morir? Era probable, pero no antes que su existencia, eso era seguro. El Tengu levanto al pequeño Batsy, para mirarlo con desprecio absoluto.

-Maldito animal, me has hecho perder cinco monedas-

-¡¡¡SUELTAME… SUELTAME NARIGON!! *gritando con sus últimas fuerzas*-

Batsy sintió que le movían, cuando apretó su quijada con fuerza y el Tengu, demostrando su grandiosa fuerza, lo lanzo por los aires, rumbo hacia uno de los pilares, con la intención de destrozar al pobre antropomorfo, pero al parecer, la existencia de Batsy ha hecho feliz a alguien, por que los hilos de la fortuna se alinearon de tal forma, que únicamente rozo el pilar, sin mayores daños que un rasguño en su armadura, si no que termino rompiendo una de las débiles paredes de tela y papel, terminando dando contra una pila de sacos de harina y odres de cerámica. Se había salvado por tercera vez, todo un record para una sola tarde. Batsy comenzó a toser, tratando de respirar y llevándose sus manos a su garganta, donde habían quedado las marcas de aquellos duros y fuertes dedos. Rodando por el suelo, termino cubierto de harina, pepinillos encurtidos, remolacha en almíbar y lo que aprecia ser trigo en grano. Había terminado en un pequeño almacén donde se almacenaban provisiones y ahora estaba cubierto totalmente por ellos y oliendo completamente mal y sucio por la harina que se le pegaba al cuerpo como un engrudo por los jugos de los encurtidos.

El Tengu, dando por muerto a la alimaña, se centro en atacar al samurái, quien aun estaba cansado por la lucha contra la mujer rara, debería de enfrentarse a ambos tengus … o eso era lo que cualquiera pensaría, ya que en el almacén, Batsy se levantaba, sosteniendo su daga y claramente molesto, aun mas que cuando sus hermanos destrozaron sus tesoros… el hombre con la nariz larga pagaría, pagaría muy caro, por que Batsy le metería la daga entre sus alas y la giraría … la giraría … ¡LA GIRARIA!
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Re: El Castillo del Shogun // Privada: Batsy, Hanzo, Ukyo

Mensaje por Ukyo Kojiro el Vie Dic 06, 2013 12:12 am

A veces, los combates no solo están determinados por la fuerza y/o técnica de quien fuere, en muchas ocasiones es tan solo la suerte, el azar, el que cambia el rumbo de una u otra cosa. Y es que este mundo no fue cambiado solamente por ciertos hechos, muchas veces, también fue por suerte, para bien o para mal, el azar es incontrolable. Con la misma suerte que tendría alguien de disparar una flecha y acertar a una hoja que iba cayendo de un árbol, Ukyo había acertado en un punto clave, y más que clave, decisivo, pues había destruido el rubí sanguinario de Kuchisake-Onna, no porque él quiso pues ni siquiera sabía de su existencia, y tampoco por reflejos, fue tan solo un movimiento fortuito que había condenado a la historia a una mujer, pero que sin embargo, era muy seguro que las leyendas siguieran surgiendo de boca en boca, y que las malas lenguas siguieran haciendo cizaña del mito de la mujer cortada, pero lo cierto era que un espadachín de pelo azul la había terminado sin que alguien supiera.

Mas aquella proeza no fue degustada por el samurai, quien ahora se veía envuelto en una nueva amenaza, no uno, sino dos míticos Tengus. ¿Qué son estos?, se tratan de seres con cara roja y nariz alargada, normalmente habitan los árboles, como pinos y cedros, de las zonas montañosas de Thaimoshi, normalmente dos alas salen de sus espaldas, siendo característicos con su nariz alargada, aunque esto puede variar ya que otros llevaban un pico en vez de la nariz. Los Tengu son famosos por ser los iniciadores de las artes marciales de Thaimoshi, como el Jiujitsu, y también fundadores de artes de la esgrima, como se puede ver, los Tengu son maestros guerreros y son de temer, y para el reiterado infortunio del samurai peliazul, dos de estos eran sus oponentes. Solo y cansado, tanto física como mentalmente, Kojiro se vio abrumado ante su patética situación que parecía solamente empeorar más y más, desde verse rodeado por monstruos de hambre eterna -o gakis- hasta luchar con un ser etéreo, y ahora, con dos expertos luchadores armados con báculos.

Uno de los dos narices largas tomó al murciélago que había visto arrojándolo lejos, Ukyo ni siquiera miró hacia atrás, tan solo se concentró en sus dos enemigos cuyas intenciones no eran buenas. La tensión que había provocado en su brazo fue demasiada, por ello, estaba inhabilitado al combate, a todo lo que se reducían sus acciones era a evitar hasta que su brazo se recuperara, pero aquello no iba a ser fácil considerando que los caras rojas poseían alas y eran expertos en sus materias, ahora, la vida de Ukyo se reducía a aquel momento donde más que nunca debía tratar de sobrevivir y aferrarse al borde del acantilado, caso contrario, estaría perdido. Debajo de sus pies la muerte, encima, el triunfo, ¿sería la fuerza de convicción suficiente?. Uno de los dos cargó contra el peliazul, con ánimos de meterle el báculo en la cabeza, pero fue un movimiento de pies que apartó a Ukyo de que su cráneo fuera destrozado irreparablemente. La ráfaga continuó cuando el otro se alzó unos centímetros del suelo haciendo uso de sus grandes alas, para acercarse fugaz hasta donde estaba el samurai y con su báculo, atacar hacia el cuello de Kojiro, quien de un salto hacia atrás logró evitar el golpe, en sucesión y sin descanso, el otro, que no volaba, se abalanzó contra el espadachín esta vez no para hacer uso de su báculo pues lo guardó, sino para agarrarlo con intenciones inciertas pero peligrosas para la vida de Ukyo; sin embargo, este logró echarse para atrás y quedar contra una pared que era de madera. En respuesta del vivaz samurai, que esquivaba todo tan rápido como una gacela, casi instantáneamente  hizo una estocada con su arma apuntando al pecho del hombre, este como pudo lo esquivó, pero el arma traspasó su manga y la pared por completo, sin pensarlo dos veces, Kojiro hizo fuerza con su hombro y brazo hasta arrancar la manga de su kimono, quedando con una manga normal y la otra arrancada salvajemente.

El tengu dejó clavado su báculo en la pared y se giró hacia el samurai quien ahora, a sus espaldas, tenía el almacén, los dos narices largas estaban uno al lado del otro y se acercaban lentamente a Ukyo quien retrocedía a la par, en un momento y divinamente sincronizados, los caras rojas se abalanzaron ambos por los flancos de Ukyo, en respuesta, este esquivó a uno pero fue inevitable salirse de las fauces del otro quien le tomó por un brazo y como un monstruo lo alzó sin apenas esfuerzo con ese mismo brazo, sin ayuda del otro. En ese momento, Kojiro tosió sangre que le caería en los ojos a su oponente, este, por ira y fastidio, lo arrojó hacia el almacén impactando contra unas cajas de madera que contenían manzanas, haciendo caer algunas que rodaron por el suelo unas más rápidas que otras. Soltó un quejido el adolorido hombre, su espalda le estaba matando y aquello iba más allá de su alcance, eran dos contra él solo. En medio del caos, tomó una naranja pues recordó que estas tenían propiedades que daban energías, justo lo que necesitaba. Con su mano izquierda se la llevó a la boca mientras se levantaba y miraba con odio a aquellos seres.

Estaba exhausto y parcialmente abatido, pero aquel hombre no se rendiría, temerario. "¿Sois dos maestros de las montañas, fundadores del jiujitsu y de escuelas de esgrima, y sois necesarios ambos para poder derrotarme?. Vamos... no soy tan bueno" - dijo mientras tosía sangre que caía en su naranja, pero que igualmente comía. Entonces, las luces se apagaron, y con unos segundos de retraso, exclamó - "... ¿Y ahora necesitais las luces apagadas?" -
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Re: El Castillo del Shogun // Privada: Batsy, Hanzo, Ukyo

Mensaje por Batsy El Ultimo el Vie Dic 06, 2013 2:01 am

“ARRE CABALLITO… ARRE WIIIII”
Batsy, montando un hombre pájaro.

Hasta ese momento, Batsy se había ocultado, su espalda le dolía y sus brazos también, sin olvidar que su cuello se resentía enormemente con las heridas y moretones que habían quedado por el agarre del hombre narigón, mas ahora estaba viendo como ambos tipos, luchaban contra el hombre de pelo azul y no las pasaban muy bien. En la mente del antropomorfo solamente había una idea, meterla la daga hasta que el saliera por el otro lado del cuerpo al narigón que él había lastimado, mas sus piernas no le respondían como quería y comenzó a moverlas para que no dolieran tanto.

Mientras Batsy se preparaba, miro que el combate estaba en lo más duro, ya que ambos hombres narigones luchaban con el tipo del pelo azul y hasta ese momento, no le habían podido tocar, cosa que había sido diferente con Batsy ¿acaso era más fuerte y rápido que él?, eso no lo sabia realmente, pero no le importaba. Mientras luchaban, el antropomorfo en miniatura se deslizaba desde esa bodega, en silencio, corriendo rápidamente y riendo maliciosamente hasta ocultarse tras las grandes escaleras, ahí se agazapo, como una pequeña bestia acechando a su presa, la cual no era otra más que aquel narigón que el había lastimado.

Mientras esperaba, Batsy sintió que algo recorría su cabeza y golpeaba su nariz, moviéndola disgustado se limpio, para darse cuenta que era sangre, cuando el pequeño la vio se asusto, ni siquiera cuando sus hermanos le habían golpeado había sangrado, era la primera vez e instintivamente lamio el dorso de su mano, sintiendo el sabor de su propia sangre y no gustándole para nada. Llevo su mano hasta su cabeza y sintió un pequeño corte que ardía y dolía, el hombre narigón pagaría, por primera vez, Batsy hacia una mueca de desagrado e ira, aferrando su daga más fuerte y listo para atacar en el momento propicio, momento que se dio como por arte de magia.

De pronto las luces se apagaron y todo quedo en la más absoluta oscuridad, Batsy apenas podía ver la punta de su nariz y eso porque la tenía a centímetros de sus ojos, pero si podía oír bastante bien con sus enormes orejas. Deslizándose por la oscuridad y literalmente “viendo” por el sonido, ya que era natural que como murciélago pudiera moverse por el sonido y por los leves chillidos que daba, pudo encontrar a los demás, no sabía cuál era cual, pero aguardando, escucho una voz.

-Al parecer este hombres es interesante hermano… pero los juegos han terminado, déjamelo a mí, yo lo terminare de un golpe, me ha aburrido ya-


Ante los ojos de Batsy, algo de luz surgió, mientras el hombre narigón levantaba su mano y de esta, una esfera se creaba, una esfera azul, Batsy aun estaba agazapado a su espalda, así que no le habían visto, mas el si le había visto y viendo las heridas en las muñecas de ese hombre, supo que había sido él. Batsy, levantando la “cola” se preparo y dio un salto, aterrizando directamente en la espalda de ese hombre y clavando su puñal en todo el hombro, riendo maniacamente, mientras el hombre narigón dio un grito y lanzo la esfera que desapareció en el aire. El pequeño antropomorfo se agarro del pelo de aquel hombre, tirándolo mientras metía más su daga colmillo entre los huesos de su hombro, riendo y hablando entre risas.

-ARRE CABALLITO… ARRE WIII-

A la vez que el Tengu alzaba vuelo y se movía erráticamente, intentando agarrar a la alimaña de su espalda, pero Batsy evitándolo tirándole del cabello y apuñalándolo más. Con los violentos movimientos, el Tengu no podía maniobrar correctamente en el aire, golpeándose contra muros y al escalera, lastimándose las alas y con la risa burlona y maniaca del antropomorfo que había sacado la daga y la había vuelto a clavar, pero errando el hombro y dando en la base del ala, haciendo que el Tengu diera un horrible grito de dolor y se precipitara contra el suelo en picada, sin poder evitar el maldito chillido del antropomorfo que reía desquiciada mente.

-Muajajajajaja… Muajajaja…-
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Re: El Castillo del Shogun // Privada: Batsy, Hanzo, Ukyo

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