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El Castillo del Shogun // Privada: Batsy, Hanzo, Ukyo

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Re: El Castillo del Shogun // Privada: Batsy, Hanzo, Ukyo

Mensaje por Ukyo Kojiro el Vie Dic 06, 2013 3:28 am

En medio de la tenue oscuridad, el peliazul esperaba expectante algún sonido que se emitiese para tratar de esquivar cualquier acto de agresión contra él, pero bien sabía en su interior que en las tinieblas, sin el nivel de concentración que tenía antes, poco podía hacer contra los dos Tengus, por ello, de una u otra forma, aceptó en su interior su muerte. Oponente a la penumbra, una luz azulada en una forma de esfera surgió de entre las manos de uno de los dos Tengus - "Al parecer este hombres es interesante hermano… pero los juegos han terminado, déjamelo a mí, yo lo terminare de un golpe, me ha aburrido ya" - pudo escuchar Ukyo de uno de los caras rojas, de una forma arrogante. Si sus dos maestrías físicas no eran suficiente, ni sus alas, aparte de todo y como para añadir la cereza encima a la situación, los Tengu también poseían magia. Estaba perdido, estaba en un punto sin retorno, lo podía ver... Ukyo lo podía ver, él lo sabía. Sin embargo, el destino, aunque alineara hechos para hacerle sufrir, finalmente hizo algo a favor del peliazul que no sería nada más y nada menos que salvarle su propia vida. Aunque más que el azar, fue una temeraria (o necia) acción de aquel monstrecillo que una vez vio, sí, el murciélago. Este, veloz y ágil como él mismo, se había lanzado contra uno de los dos Tengus, hiriéndole mientras su -al parecer- hermano volteaba viendo la situación; el nariz larga simplemente voló más allá y ahora era solamente aquel quien había apostado por Ukyo.

De un golpe, todas las luces se encendieron dejando ver con mayor detalle como el otro tengu caía en picada de forma errática y el murciélago riendo de una forma tan sádica como espantosa. El peliazul suspiró en su interior como nunca, había escapado, no por sus propios méritos, de la muerte, pero lo había hecho al fin. El otro Tengu y ahora único rival volteó para mirar a Ukyo y exhasperarse por lo relajado que estaba mientras comía la naranja gustoso - "Esto está delicioso... siento algo... en mi garganta... ¿quieres un poco?" - dijo mientras masticaba con la boca algo cerrada. La respuesta del nariz larga fue unicamente una mirada de indignación, para luego mostrar un rasgo serio en su cara, estaba preparado para eliminar al espadachín comelón de naranjas, pero si no habían podido entre dos... ¿podría él solo?.

Rápido y firme avanzó contra Ukyo atacando con su báculo que había guardado, de una forma vertical-descendiente que por el mismo carácter mencionado, Ukyo la pudo evitar sin mayor problema, aún comiendose la naranja. "¡Esto me encanta!" - dijo el peliazul extasiado por el sabor de algo que, curiosamente, jamás había probado. El Tengu creyó que Kojiro le estaba humillando, y ante tal irrespeto se molestó aún más realizando un ataque de barrido con su arma, pero que Ukyo, energizado por la naranja y en un subidón de animos, esquivó saltando hacia atrás sin dejar caer en ningún momento su fruta. "¿¡Por qué demonios no comí de esto antes, hubiera sido tan feliz!?" - exclamó en una degustación que a su paladar, era de niveles épicos. El alado se enfurecía cada vez más y más, y por ello sus ataques eran cada vez más brutos y aunque eran más fuertes, se volvían más fáciles de evitar. Como una danza, el samurai evitaba cada ataque que el Tengu lanzaba iracundo, y es que cada vez era más fácil y además, aquella naranja le había subido los ánimos y energías de una forma bastante extraña, el sabor que esta expelía por su boca lo llevaba en un viaje culinario-espiritual que extasiaba su cuerpo, había encontrado sin más su fruta favorita. En un punto dado de aquel desorden, finalmente la naranja se le acabó, sus ojos se abrieron como platos, no podía creerlo, era como un niño cuando su juguete preferido se le rompía, así mismo estaba. Aprovechando su descuido, el Tengu, traicionero, le atestó un poderoso golpe con el báculo en todo el pecho, aunque no se lo logró quebrar, sí le hizo un daño bastante fuerte que incluso le hizo toser de una forma tal que prácticamente salió un chorro de sangre por su boca, para luego, por el poder aplicado, retroceder torpemente hasta ser detenido de forma agresiva por la pared.

Su respiración se aceleró, no podía tomar mucho aire y sus ojos estaban desorbitados mientras que apretaba la cara y rechinaba los dientes. El yokai se acercó hasta a él y le miró con furia en los ojos - "¿Te gusta humillar, eh?. ¡Llegó tu fin, malnacido" - dijo perdido entre la rabia. Nuevamente, Ukyo se encontraba al borde de la muerte, estaba indefenso... o eso parecía. Aquel hombre de las alas alzó sus brazos por encima de la cabeza preparandose para descargar un golpe de fuerza tal que rompería el cráneo de Kojiro, pero este en un acto meramente instintivo, y sin mucha explicación, ejecutó la mortal técnica del Tsubame Gaeshi, de la escula que porta el mismo nombre. Invirtió su mano, de forma que desenvainaría su espada de forma ascendente pero al revés, como un colmillo. Con este voraz movimiento, haciendo uso de gran tensión en su brazo, cortaría el brazo del Tengu siendo esta la primera fase de la técnica, para luego ejecutar la segunda, de la misma forma que lo subió, lo bajó con gran fuerza para encajarla en el estómago del nariz larga y rasgarsalo sanguinariamente, abriéndoselo en una herida terriblemente profunda. El hombre de la cara roja gritó desesperado dejando caer su báculo mientras retrocedía torpemente colocándose una mano en la herida latente de su estómago. Haciendo uso de sus alas, cobardemente huyó.

Mientras tanto, el peliazul luchaba para permanecer con vida, su brazo finalmente había quedado inútil ya, el nivel de tensión utilizado contra Kuchisake y ahora para ejecutar el Tsubame, pero más que eso, el golpe propinado por el Tengu fue bastante fuerte y ahora su caja toráxica estaba hinchada, de forma que poco aire podía recibir. Se deslizó con la espalda en la pared hasta caer sentado y rechinar los dientes adolorido como nunca, entonces, cuando volteó la cabeza por mera casualidad, vio una naranja... una suculenta naranja... no dudó en tomarla con sus manos como si fuera un tesoro y masticarla para sentir su gustoso y ácido pero a la vez dulce jugo, un deleite para él. Se tumbó al suelo mientras se la comía y disfrutaba finalmente de un muy bien merecido descanso.

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Re: El Castillo del Shogun // Privada: Batsy, Hanzo, Ukyo

Mensaje por Batsy El Ultimo el Vie Dic 06, 2013 4:47 am

“Rico brazo, a Batsy le gustan los brazos”
Batsy, festín de tengus.
EL mundo giraba en oscuridad, giraba y giraba, mientras una risa burlona y chillona se escuchaba en la penumbra. Batsy se estaba mareando ya antes de dar contra el suelo, la caída había sido alta, más de lo que cualquiera hubiera pensado, por suerte, el Tengu fue quien se dio contra el suelo de madera y no el antropomorfo. Había sido divertido, mas cuando la luz volvió a encenderse, el antropomorfo, vio las dos profundas heridas que había ahora en el cuerpo del Tengu, y ahora se disponía a dar el último golpe por la espalda, y girar la daga… girarla… y girarla, mas no alcanzo, ya que una mano fuerte le agarro del brazo y lo lanzo por los aires. EL Tengu había logrado atrapar a la alimaña que le había lastimado y ahora se defendía. Cansado, agotado y claramente adolorido, el hombre de la nariz larga se levanta, su ala estaba lastimada, su rostro magullado y sus ropas destrozadas, pero aun tenía suficiente fuerza como para destrozar a ese insecto, más las cosas no sucedieron así.

Un grito desgarrador se escucho, un grito que superaba a los que había escuchado Batsy en su vida, el segundo hombre con larga nariz, retrocedió unos pasos, mientras el suelo quedaba manchado de sangre, estaba herido y de gravedad o eso parecía, sin siquiera mirar a alguien, extendió ambas alas y de un fuerte impulso se elevo, desapareciendo en la abertura de la escalera, dejando un camino de sangre por donde había pasado. El otro hombre con larga nariz miro con odio tanto al samurái como al antropomorfo, que había terminado aterrizando en el suelo gracias a sus reflejos, esos dos le habían herido y de gravedad, era una ofensa y un insulto. Con gran dificultad y apretando su hombro para que parara de sangrar, elevo el vuelo, mas no siguiendo a su hermano, si no subiendo hasta las escaleras, quedándose a la mitad.

-Malditos sean…¡¡¡MALDITOS SEAN TODOS!!! NO AVANZARAN MAS, ESTE LUGAR SERA SU TUMBA DESGRACIADOS-

Con esas palabras, levanto su mano, entre sus dedos y palma, una esfera de gran tamaño se formo, de color cambiante y claramente peligrosa, Batsy no debió de mirar mucho para saber que debía de tener cuidado, y corrió hacia el almacén, ya que era una zona más alejada de las escaleras. El Tengu, lanzo la esfera contra las escaleras y con un gran estruendo, esta fue destrozada, cayendo los tablones y dispersando muchas astillas como dagas, las cuales en su gran mayoría, quedo atravesando los muros o enterradas en el suelo. Las escaleras habían desaparecido, la “única” forma de subir, mientras el Tengu se elevaba y desaparecía por el oscuro agujero que había quedado.

El antropomorfo asomo su cabeza por el agujero, más no se veía nada más que la escalera destrozada, el campo de astillas y estacas y las luces que parecían danzar erráticamente. Sin preocuparse mas, Batsy miro hacia dentro, al parecer, el hombre del pelo raro y azul estaba dentro y el cómo niño bueno que era, se sentó en el suelo a bostezar y rascarse las orejas. En ese instante lo vio, y lo reconoció, era el brazo del hombre de la nariz larga y sin preocuparse, lo tomo entre sus manitos para verlo. Parecía un brazo normal a simple vista y sacando la lengua, probo la sangre, era dulce, muy dulce, como una fruta o jarabe de árbol y sin siquiera pensar mucho, ni tampoco las consecuencias de sus actos, se llevo el brazo a la boca y comenzó a chupar desde la herida la sangre que quedaba dentro y el “juguito” como decía él.

- Rico brazo, a Batsy le gustan los brazos-


Pronuncio entre mordiscos a la carne y lamer el hueso que sobresalía, junto con meter la lengua en el centro del hueso, buscando medula. El ruido de succión era más que notorio, ya que los modales para comer de Batsy eran bastante … primitivos y dejaban mucho que desear, al igual que la higiene de estos, ya que estaba manchándose completo con el brazo y la carne, mordisqueando el brazo como si fuera un dulce caramelo.
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Re: El Castillo del Shogun // Privada: Batsy, Hanzo, Ukyo

Mensaje por Ukyo Kojiro el Vie Dic 13, 2013 6:26 am

Un místico aire corría por las misteriosas habitaciones del Castillo de Tokugawa, aquello finalmente había alcanzado una paz absoluta pero temporal. No surgirian más engendros, el único que de momento estaba en presencia del samurai era aquella alimaña en forma de murciélago, su nombre era Batsy, un curioso ser que el peliazul no tuvo la oportunidad, hasta ese momento, de conocer bien. Aquellas corrientes aéreas danzaban melodiosas para los oídos de quien tuviera el placer de escucharlas, era aquella brisa que se posa tras los días de guerra, cuando la faena finaliza, es aquella brisa quien sopla, pero en realidad. ¿había la brega terminado?. No, aquello solo era un entretiempo.

Corrieron los minutos cayendo como el agua en una cascada, el miserable hombre de cabellera azul se hallaba tirado en el suelo, rumiando la pobre fruta que era clavada en sus dientes extrayendo cualquier presencia de jugo para a posteriori arrancar los pedazos de esta. Era esta fruta, la naranja, que le daba energías y le otorgaba un placer inigualable, pero su cansancio rebasaba todo rastro de reciedumbre alguno. Aquel golpe que le propinó el ser místico de Thaimoshi, el Tengu, había alborotado su extraña enfermedad drásticamente, pero por alguna razón, el efecto de la naranja lo apaciguaba, y de esto el peliazul se estaba dando cuenta, pero sus sospechas únicamente permanecían en una vaga teoría de la cual no quería redundar mucho pues ánimos le faltaban.

Así el tiempo siguió corriendo, sin que este se detuviese un instante, Ukyo cayó inconsciente, en un viaje llevado en los brazos de morfeo. Para cuando se despertó, habían pasado varias horas. Se levantó desconcertado y desorientado, lo primero que su mente procesó fue una palabra, una palabra mágica y jugosa: "Naranja". Aquello se había vuelto sino una obsesión. Sus músculos estaban descansados y su pecho estaba un poco apretado impidiendo la debida respiración mas este podía oxigenarse de forma correcta, lo suficiente para mantenerse de pie y con consciencia de sus actos y sus alrededores. Con paso torpe, el samurai se dirigió lentamente hasta el almacén, tomando dos naranjas, una se la guardaría en su cadera, apoyada por su hakama y dicha cadera, y la otra se la llevó a la boca, mordisqueandola con placer, haciendo que sus fuerzas corrieran de nuevo por sus venas. Era tiempo de seguir avanzando, pero como un hecho que no recordaba las escaleras ahora no eran más que retazas de madera afiladas y otras no eran más que aserrín que empolvaba el suelo. Ahora, su camino hasta el segundo piso había sido imposibilitado por el Tengu a causa de una rabieta por el hecho de haber sido derrotado en su combate, ambos hermanos. Así, ahora el samurai se encontraba en una encrucijada que atravesaba su ser como espadas; ¿qué debía hacer ahora, a donde ir?; esa era la cuestión que flagelaba su mente. Pues aplomo era, el hombre no le dio mucha importancia y se dio media vuelta por donde vino, pero tal fue su sorpresa que cuando abrió aquella puerta, el lugar de donde vino, aquel pasillo, ya no era. Ahora existía en una habitación bastante oscura en la cual una única vela combatía las tinieblas que se asentaban en el lugar. Aquella vela se encontraba en un pérdido rincón y quien le acompañaba era un niño quien se postraba inerte y cabizbajo.

La escena que se le era presentaba causó un inevitable escalofrío que recorrió los hombros y nuca de Kojiro, quien aterrado pasó velozmente a otra puerta que dilucidaba apenas por la escasa iluminación que otorgaba la valiente vela que ardía eterna. Al abrirla entonces, solo sintió un vacío, ligero como una pluma, para reaparecer en el plano físico en una leve caída que provocó un golpe en la espalda bajo pero doloroso. ¿Donde se encontraba el despistado hombre?. Sus ojos divisarían una espesa neblina grisácea que enfundaba el lugar, guardandolo, poseyendolo. Un calor se sintió y cuando observó más alto en las paredes, allí tirado en el suelo, pudo ver armas, para cuando se levantó del piso pudo entonces conocer que aquello no era más que una herrería. Martillazos se escuchaban del otro lado de una puerta donde quizá se estaba fabricando algún arma, pero la realidad desconocida para Ukyo es que no había nadie martillando... era solo un sonido espectral, algo que una vez ocurrió. De entre aquella neblina que se movía de forma lenta y espesa pero fluida; surgió un hombre, un... peculiar hombre. Era este un hombre bastante fornido, sus ojos eran completamente blancos y su pelo era largo, flechado pero lacio y de color negro fuerte. Era bastante alto, midiendo dos metros exactos, su piel era pálida como la de un espectro y en su mano tenía una enorme katana, no, aquello no era dicha arma, era una nodachi, pero incluso más grande. Aquella formidable arma estaba hecha de un acero no-común, su fuerza, su tenacidad, superaba a la del acero corriente.

Este hombre se presentó con el nombre de "Raitto", sin más adorno o título extra. Aquel hombre fue alguna vez el herrero de aquel castillo, fabricando letales armas y las mejores katanas en varios muchísimos kilómetros, sin embargo el tiempo le arrebató la vida celosamente. Ahora no era más que un espectro, pero de alguna forma inexplicable, era tangible.

Sin razón aparente, Ukyo fue retado a un combate con las palabras graves y de ultratumba de este ser... el combatir no era algo decidido por el ronin, era algo decidido por el castillo, por el marionetista que movía los hilos de este lugar. Y así, bajo el son de las puertas cerrandose con ira por alguna fuerza fantasmagórica, nuevamente Ukyo se veía forzado a combatir por su pellejo. Las miradas se cruzaron, y el fuego del combate se avivó. Supervivencia.





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Re: El Castillo del Shogun // Privada: Batsy, Hanzo, Ukyo

Mensaje por Batsy El Ultimo el Sáb Dic 14, 2013 2:59 am

“Pollito… rico pollito… jugoso y lleno de sangre y vísceras”

Sueños de un murciélago demente.


Batsy había estado royendo el brazo durante varias horas, la carne no estaba tan mal, era como una mescla entre rata y pollo, pero más fibrosa y algo más dura, de cualquier forma, Batsy había terminado rompiendo los huesos, golpeándolos contra el canto de un muro, para obtener la deliciosa medula, al cual goteo la sangre que había almacenado, el antropomorfo termino u comida con el vientre hinchado y feliz y como era natural para el, se hecho a dormir, ya que aunque comía en abundancia, siempre estaba delgado, su cuerpo quemaba alimentos aceleradamente, algo peligroso si no comía lo suficiente. Mientras el tiempo pasaba, cualquiera que viera a Batsy se peguntaría ¿Qué oscuros y nefastos sueños podrían gestionarse en aquella diminuta masa gris?, ¿en aquellos rincones de una mente de nuez? Nadie sabría, ni el propio soñador, ya que usualmente, los sueños desaparecían cuando despertaba y no quedaba de ellos más la sensación de que eran buenos. Entre sueños, unas palabras fueron pronunciadas con una sonrisa, sonrisa llena de dientes irregulares.

-Pollito… rico pollito…jugoso y lleno de sangre y vísceras-

A la vez que hablaba, parecía querer estirar sus brazos, como si quisiera atrapas a la escurridiza ave, que ya más de un mal momento le había otorgado. Las horas pasaron y cuando el murciélago abrió uno de sus ojos, se encontraba solo, del hombre raro ya no había señales y ningún ruido se escuchaba en ningún lugar, levantándose del suelo y rascándose su trasero a través de la tela de su pantalón, miro hacia todos lados, la escalera no era útil ya , ni sería bueno subirse por una pared, ya que de seguro esos hombres raros con alas le esperarían, así que era mejor buscar otro lugar por donde subir y llegar a las chucherías lindas y bellas.

No costo que la nuez que tenia por cerebro, en esos momentos, obligara al devora corazón a caminar, internándose en el castillo, por un largo pasillo sin puertas. Con cada paso, el pasillo se hacía mas y mas largo, era raro, ya que había caminado durante largos minutos y parecía no avanzar, fue cuando Batsy se giro hacia atrás y vio que no había avanzado más de un par de pasos, cosa que molesto de sobre manera al diminuto guerrero. Con rabia, dio un salto hacia adelante y como si avanzara a una gran velocidad, se dio cuenta que impacto contra uno de los muros, rompiéndolo, al ser de tela y papel, entrando a una nueva habitación, llena de polvo y suciedad.

Mientras el antropomorfo se levantaba, un leve cuchicheo se escucho, como si muchas voces hablaran en voz baja. Levantándose y sacudiendo el polvo de su cuerpo, Batsy miro todos los objetos que había, algunos muy raros, otros no tanto. Gruesos y altos armarios se encontraban a cada lado, sombrillas y zapatos lanzados descuidadamente, telas apolilladas y cobres cerrados y oxidados, era una bodega y Batsy la estaba explorando. Mientras avanzaba se escuchaban voces que hablaban muy bajo, cosa que el antropomorfo escucho y cada vez que sucedía, se giraba para saber quien le seguía, fue tal su curiosidad y su molestia, que tomando una sombrilla, comenzó a golpear el aire, siendo su malas suerte, que en uno de esos golpes, dio contra el armario. En esos instantes, el devora corazones lo vio, sobre la sombrilla, se abrió un único y gran ojo, el cual miraba con molestia al murciélago y surgiendo una boca bajo este, saco una larga lengua para lamer la mano del vampiro amorfo, el cual por sorpresa, dejo caer la sombrilla. Pronto, por todos lados se vieron ojos y bocas, cada objeto tenía una boca y ojos, la sombrilla se paro en su palo el cual se convirtió en una pierna humana y comenzó a dar saltos, mirando al murciélago.

En un parpadeo, todos los objetos, sandalias, sombrillas, cuadros, etc., comenzaron a moverse y a rodear a Batsy, quien instintivamente salto sobre uno de los armarios, lejos de aquellas cosas, las cuales sacaban sus largas lenguas e intentaban atrapar al antropomorfo… estaba en problemas, serios problemas.
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Re: El Castillo del Shogun // Privada: Batsy, Hanzo, Ukyo

Mensaje por Ukyo Kojiro el Dom Dic 15, 2013 2:19 am

Espadas
Choque
¿Ilusión?


¿Quién diría que lo que parecía un choque de titanes, una batalla de samurais; hubiese durado apenas unos escasos segundos?. Incluso se podría decir que aquello era gracioso. Solo bastó un movimiento por parte de ambos. El antiguo espíritu del herrero se lanzó un asalto con su katana de forma descendiente a gran velocidad, Ukyo aún estaba algo cansado, la resaca de sus esfuerzos con anterioridad se sentía en su cuerpo, por ello, apenas y pudo reaccionar contra el ataque, desenfundando su sable de forma horizontal, provocando que, fortuitamente, le cortase un pulgar a su émulo. Quedó estático, como una estatua, inerte. Raitto dejó caer su arma pero no se inmutó por el dolor, aunque su mano temblaba y sangre brotaba de la herida provocada por el mortal filo de la nodachi.

Para sorpresa de Kojiro, aquel hombre sonrió, lo que desconcertó al pobre peliazul quien no sabía qué iba a ocurrir a continuación, pensó cualquier cosa horrible y no era para menos, tomando en consideración su historial desde que entró, pero lo que ocurrió no era nada de lo que esperaba. El prominente hombre sonrió de medio lado y le dio las gracias a Ukyo mientras que inclinaba su torso como es tradición en Thaimoshi para demostrar respeto. “¿Gracias por qué?... no podrás empuñar una katana nunca más, corté el pulgar de tu mano derecha” - dijo hasta preocupado el poeta de pelos tintados en azul. En respuesta, Raitto negó con la cabeza y miró hacia una pared unos segundos antes de empezar a hablar. “Fui maldecido. Obligado fui a permanecer aquí hasta la eternidad... incluso cuando morí, mi alma fue encadenada a este castillo. Solo hay una forma de liberarme, pero yo no puedo, siquiera, salir de esta maldita herrería” - dijo de forma distante y con cierta ira notoria en sus palabras. “Pues todo en este lugar parece encantado por una magia demasiado fuerte, recalco, demasiado. Mi estadía aquí no ha sido muy placentera” - respondió Ukyo, bajando sus defensas y enfundando su nodachi de nuevo. “Ni tampoco lo será. Conforme vayas subiendo, las cosas se irán poniendo peor. Amakusa es una perra.” - replicó el herrero. “¿Amakusa?” - dijo Kojiro intrigado por esta mención... ¿era acaso ella quien manejaba todo?. “Sí, ella misma. Es una maldita demonio con gran poder mágico, lo suficiente para mantener este castillo vivo durante siglos únicamente por magia. Si su magia se disipa, simplemente esto dejaría de existir. Pero no te explicaré toda la historia, buscate un libro” - arguyó con mal carácter. “Siempre y cuando me digas donde buscar uno. Estoy hastiado de estas lides.” - contestó Ukyo con fastidio, no era para menos después de todo lo que ocurrió.

Raitto entonces tuvo una genial idea, aquel era el momento perfecto. Se volteó animado hasta donde estaba Kojiro, le observó por unos segundos de arriba a abajo y tras analizarlo, sonrió diciendo - “Sí... sé donde puedes encontrar libros sobre eso, sé donde puedes relajarte mientras lees algo, pero después de que lo hagas, tienes que hacerme un gran favor” - dijo algo agitado Raitto - “Sí, eh... claro...” - dijo confuso Ukyo - “La gran biblioteca. Abre la puerta donde estás, camina hasta el fondo, la puerta a tu mano izquierda, coloca la mano en el pomo y espera tres segundos, entonces entrarás a la biblioteca. Estantería A-5, allí encontrarás libros sobre Amakusa y este castillo” - respondió ante la primera duda - “Cuando leas tu cháchara, busca la estantería D-2, busca el libro “Cadenas en la piedra”, ábrelo y encontrarás una llave entre cualquier página, debe estar ahí. El libro te dará el resto de las instrucciones. Léelo atentamente, samurai” - completó Raitto con expresión seria. Ukyo le miró en respuesta y se hizo el silencio.
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Re: El Castillo del Shogun // Privada: Batsy, Hanzo, Ukyo

Mensaje por Batsy El Ultimo el Dom Dic 15, 2013 3:45 am

“ ¡¡¡No me comaaaaaaan!!!”
Ataque de los objetos asesinos.

Y la situación por un lado era graciosa, por la otra terrible, Batsy, el poderoso murciélago, señor de Los Pollos Descabezados, Amo de las Chucherías y Vencedor del poderoso Lechón, era ahora acosado por… objetos, exactamente, objetos que en su tiempo habían sido meras posesiones, gracias a la magia del lugar, habían cobrado vida y no solo eso, su no ansias de carne de murciélago, más precisamente del antropomorfo que tenían frente. Con la rapidez que se le caracterizaba, Batsy subió sobre uno de los armarios, mientras los objetos le miraban fríamente, con las bocas abiertas y las lenguas babeantes, deseosos de comerse al antropomorfo. A pesar de todo, el devora corazón está relativamente tranquilo, aquellos objetos no eran tan peligrosos, o eso parecían, ya que su tamaño era pequeño y ni comparado con los hombres raros de largas narices o los sapos tortuga de los baños con pepinos, de todas maneras, el murciélago no se arriesgaría a lanzarse contra ellos, eran muchos, demasiados para luchar él solo.

Durante unos minutos pensó que hacer hasta que sintió un mordisco en una de sus patas, una de las sandalias había escalado por uno de los lados del armario, y había llegado hasta su pierna, para darle un fuerte mordisco. Con gritos Batsy comenzó a sacudir su pierna, golpeando la sandalia para que le soltara, cuando otro mordisco, ahora en su mano derecha, le hizo darse cuenta que aquellas cosas sabían trepar y no estaba salvo.

-¡¡¡No me comaaaaaaan!!!-

Fue el grito que dio, antes de arrancarse las sandalias que le mordían y dar un salto hacia el armario del frente. Observando el contrario, pudo ver que mas y mas objetos subían, algunos mordiendo la madera, otro con largos cordeles a modo de brazos, más cuando había saltado, los objetos se habían girado nuevamente y empezaban a repetir el proceso. Batsy debía de huir, y girándose hacia el muro, enterró sus garras en la madera, comenzando a escalar para buscar algún lugar lejos de aquellas cosas, mas le seguían y a pesar de ahora colgar desde el techo, aquellas cosas le miraban con hambre y claramente con deseos de comérselo.

Moviéndose lentamente por el techo, enterrando sus garras con fuerza para sujetarse, Batsy comenzó a moverse, buscando un lugar para descansar, mas cuando llevaba tan solo un par de metros avanzado, el techo crujió, para desplomarse y lanzar al antropomorfo al suelo, donde debió de ágilmente, ponerse de pie, para verse rodeado de aquellas cosas. Con gran destreza saco su daga y se preparo para una lucha a muerte, mas los objetos no se acercaban y abriendo paso, la sombrilla, la misma que había tomado al empezar, se acerco dando saltos, mirándole con su único ojo… seria una lucha interesante, mas nada de eso sucedió, si no que la cosa esa, se presento.

-Tu no ser del castillo Karakasa Kasa*comenzó a decir la sombrilla, con su larga lengua colgando*-

-Batsy estar aquí por las chucherías… así que no me coman o me defenderé-


-Kasa Karakasa, no, no, no atacar nosotros… nosotros tener hambre y Karakasa Kasa querer comer-

-¿Y me quieren comer a mí?-

-A si es Karakasa Kasa, nosotros comerte y estar satisfechos-

-¿Y si les digo donde hay mucha comida?-

-Nosotros dejarte ir y Karakasa Kasa comer bien-


Durante un instante mas el murciélago y la sombrilla conversaron, hasta lograr llegar a un trato, si bien Batsy era un tonto la mayor parte del tiempo, ahora había sido inteligente, se acordaba donde había mucha comida, en los baños… y con esa idea, camino entre los objetos que le miraban con hambre, seguido de la sombrilla. Durante unos instantes caminaron por el largo pasillo, hasta llegar a la puerta tan bien conocida del baño y abrirla. Aquellas cosas que eran una mescla de tortuga y rana, estaban mojándose la cabeza, cuando Batsy entro y le miraron con odio y claras intenciones de acabar con él, pero en aquellos momentos, la sombrilla dio un paso, saltando y mirando a los Kappas, su larga lengua se relamió los labios y dio un grito.

-COMIDA KARAKASA KASA-

Como una ola, detrás de Batsy, un sinfín de objetos, todos con bocas y ojos surgieron, lanzándose contra aquellas criaturas mitad tortuga y mitad rana, la lucha había comenzado y Batsy la vería como niño inocente y feliz.
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Re: El Castillo del Shogun // Privada: Batsy, Hanzo, Ukyo

Mensaje por Ukyo Kojiro el Miér Dic 18, 2013 9:55 pm

¿Quién era Amakusa?. Esto le intrigó a Ukyo quien exhausto de los repetitivos combates decidió relajarse un poco y leer algo interesante, como lo era la mención de Raitto y una posible aclaración de quien era el que movía los hilos del Castillo de Tokugawa. Bajo la instrucciones del herrero maldecido Kojiro salió por la puerta, caminó algo despistado hasta el fondo y se giró hasta la puerta que se encontraba a su mano izquierda. Observó la puerta, esta era de madera y tenía algunos adornos metálicos un tanto espeluznantes, esta se notaba vieja. Recordando lo que Raitto le dijo, colocó su mano -algo temblorosa- en el pomo hasta que los tres segundos finalizaron y así la abrió. Tal como se le fue indicado, la biblioteca le dio la bienvenida, pero no le advirtieron de lo tétrica que era. Habían espíritus que simplemente estaban sentados allí, leyendo un libro... como si dos líneas de tiempo -atemporales- se unieran. Otros simplemente vagaban por el lugar... pero lo cierto es que eran totalmente inofensivos. Tratando de aplacar el miedo, Ukyo tragó algo de saliva, suspiró y siguió adelante en búsqueda del dichoso libro que le explicaría quién era Amakusa.

La estantería A-5, por su letra, no fue difícil de encontrar, y tampoco necesitó mucha guiatura. Llegó hasta la estantería, que igual que sus pares, su madera estaba vieja y parecía que se iba a volver polvo, las telarañas abundaban y muchas, incluso, tenían manchones de sangre. Nada bonito. Observó los libros pero fue uno que especialmente le llamó la atención, era de color negro con detalles rojos y su título era, tan seco como suena: "Amakusa". Extrañado, lo tomó sin mucho vacilar y tomó asiento en una silla con una pata defectuosa, pero esto no le importó. Abrió el libro, pasó la portada y entonces empezó a leer... no habían capítulos, no habían indicaciones ni bibliografías, el libro tan solo poseía contenido sin más. Así, empezaría a nutrirse de información: "Amakusa. Este nombre suena raro, pero ciertamente ella es todavía más rara. Nació un 12 de mayo en unas tierras de Thaimoshi ki Nao desconocidas. Creció como una niña discriminada por sus pares al poseer cabello rojizo y ojos esmeralda, aparte de ser más alta que el resto. Fue marginada, y por ello, con el paso del tiempo, adoptó una actitud muy mala, vengativa y rencorosa. Empezó a leer libros de magia negra y pronto descubriría que, al su alma estar llena de odio y negrura, las artes mágicas malditas se le daban muy bien, y con el entrenamiento debido pronto se convertiría en una verdadera prodigio. Su posición la reafirmó cuando le hizo explotar la cabeza a tres de los niños que la molestaban." - leyó abriendo sus ojos y levantando las cejas, pero continuó - "(...) Amakusa se vio consumida por tanto su propia magia como la magia de un archidemonio, y por ello trascendió de humana a un demonio. Sus poderes magicos ahora habían sido amplificados peligrosamente, y Amakusa perdio toda cordura, volviendose un ser impiadoso, completamente maligno, descarado, vil y que disfrutaba del dolor ajeno." - aquello inquietaba a Ukyo, ahora comprendía la clase de poder que ella manejaba. "(...) La demonio Amakusa engañó a un hombre de Thaimoshi, un shogun, haciéndole creer que cumpliría sus sueños, pero en realidad se apoderó de su alma y del Castillo de Tokugawa (el sueño de dicho shogun), que ahora no hace más que alimentarla. Quienes han entrado simplemente mueren. Nadie ha regresado, eso solo es un cuento de hadas. El Castillo vaga por todas partes de Thaimoshi, apareciéndose en ciertas épocas e invitando a los atrevidos (necios) a que se adentren a una muerte garantizada." - finalizó. En ese momento, el peliazul se conmocionó un poco, ahora vio que lo que había hecho era una total idiotez, sin embargo, no había punto de retorno y su única opción era seguir adelante. Sin embargo, se llenó de agallas y marcó como su objetivo asesinar a la demonio Amakusa, aunque esto quizá suene como algo trillado e ingenuo.

Tomó otro libro que le llamó la atención mas no lo leyó, únicamente se lo guardó para darle lectura más adelante. Recordó en ese momento, cuando se levantaba de la silla, que debía cumplirle un favor a Raitto, así que se puso en marcha haciendo uso de las indicaciones por parte de este. Buscó la estantería D-2, que no estaba muy alejada de la A-5, y pesquisó hasta hallar el libro "Cadenas en la Piedra", entonces hizo lo mismo para encontrar la llave. Pasó página tras página y no dio con la llave, extrañado, volteó el libro y lo sacudio de manera que si había algo dentro caería, pero solo cayó una hoja. Sin ningún motivo se agachó, extrañado, para recoger el pedazo de papel, para su sorpresa solo tenía escrito: "Mira adelante", entonces, tras dudarlo unos segundos así hizo y a pocos metros de él había un hombre vestido de una forma muy diferente a como se visten en Thaimoshi ki Nao, de hecho, aquella vestimenta era bastante extraña para la época. Era un hombre alto con lo que ahora llamamos un "Tuxedo", sus ojos eran completamente negros y su cabello era rubio. En su dedo índice de su mano derecha hacía dar vueltas con perfecta armonía una llave. El samurai erguió su torso lentamente sin quitar la mirada de aquel -a sus ojos- extraña presencia. Tras un minuto de silencio, el rubio rompió el mutismo diciendo: "¿Es esto lo que buscas?" - seguidamente de sonreir -sarcásticamente- con los ojos cerrados.





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Re: El Castillo del Shogun // Privada: Batsy, Hanzo, Ukyo

Mensaje por Batsy El Ultimo el Dom Dic 22, 2013 6:05 pm

La guerra es muy divertida, suceden muchas cosas y Batsy se puede quedar con muchas chucherías.

Batsy, la gran batalla de las cosas con ojos.


En ese instante, el murciélago, con un coeficiente intelectual de un niño retrasado, estaba viendo un combate para nada ortodoxo y mucho menos, simple de describir, mas ahora intentare dar una idea de cómo fue, para los diminutos ojos del murciélago amorfo.

Aquella sombrilla o quizás paraguas, se había lanzado contra las cosas rana-tortuga, si bien Batsy se había mantenido alejado, no se había perdido detalle de aquella batalla. Por un lado, se sentía feliz por no ser comido por aquellas cosas, por otro lado, bailaba de alegría al ver como aquellos que le habían intentado ahogar sufrían, si, era un murciélago vengativo ¿Lo dudaban?, como cualquier niño pequeño, miraba con una sonrisa desdentada y a la vez afilada, las escenas que sucedían en tal combate. En un rincón, aquellas cosas con caparazón se estaban defendiendo, sus manos golpeaban las sandalias o las cosas que les atacaban, rompiéndolas con su fuerza o incluso arrancando sus ojos, más de un jarrón o tetera se balanceaba con su “rostro” ensangrentado, sin su ojo y con su boca dando alaridos, por otro lado, un grupo de cosas con ojos habían atrapado a uno de esos sapos, comenzándolo a morder y literalmente a arrancarle su verde carne, manchando todo con su verdosidad.

La sombrilla se encontraba en espectacular y majestuosa batalla contra uno de las kappas más grandes, karakasa no dejaba de sonreír de forma grotesca, mostrando su larga lengua y su boca llena de dientes, el kappa había agarrado un bastón y se defendía con este. Karakasa, se lanzo contra él, con su boca abierta, pero el sapo se defendió, golpeando el costado de la sombrilla y haciéndola caer, para ser lanzado al suelo por la larga lengua que sin darse cuenta, le había sujetado su pierna. Rápidamente, el kappa fue arrastrado por el suelo, este gritaba y se intentaba de sujetar de alguno de los sapos o tortugas que habían, derribando a varios y haciéndolos presas fáciles, as su rápida carrera se detuvo cuando los dientes de karakasa se cerraron sobre la delgada pierna, haciendo que la sangre verde y espesa saltara por todos lados.

Batsy veía el espectáculo, sin darse cuenta, uno de los kappa, exactamente el mismo que le había intentado ahogar, se había librado de la batalla, no sin antes perder un brazo y estar seriamente lastimado, pero en cuanto había visto al murciélago, había comprendido que había sido él, y solo EL, el causante de toda aquella carnicería. Arrastrando una de sus piernas y sosteniendo su herida con su mano, había logrado quedar atrás del murciélago que reía infantilmente. Solo se requirió instante, para que el kappa juntara todas las fuerzas que le quedaban y se lanzara contra la espalda del murciélago, mas antes de poder llegar, una daga se incrusto en la mitad de su cabeza, matándolo en el acto y casi instantáneamente, no sin antes ver como el murciélago se daba vuelta y miraba con asombro lo que había sucedido. Y en efecto, el devora corazones estaba sorprendido, el solamente había celebrado la batalla y había sacado su daga para alzarla en victoria, ni si había dado cuenta del ataque y tan solo había sido un golpe de suerte, que al parecer le sonreía nuevamente al torpe antropomorfo.

La batalla continuaba, en algunos puntos las cosas se daban un festín, un banquete de carne verde, en otros lados, las cosas medio tortugas, medio sapos, luchaban y parecían ganar. El hijo de theezeroth solamente miraba absorto, sin percatarse de que su venganza ya se había cumplido al morir aquel kappa, pero en su mente una faltaba y mucho. Los gritos de aquella batalla resonaban por los pasillos, las voces de los kappas y de las cosas parecían hacer eco y más de algún habitante del castillo raro, se preguntaría que sucedía con los kappa, si solo supieran.

Pasaron muchos minutos hasta que el combate se detuvo, con una clara victoria para las cosas, no sin graves bajas, pero que al parecer no les importaba en lo absoluto. Los kappas restantes se habían sumergido y desaparecido en las cloacas de los baños, karakasa se daba un verdadero banquete con la carne, y parecía que crecía con cada bocado. Ya cuando las cosas se habían levemente calmado, Batsy aprovecho y comenzó a explorar los cadáveres, en su mayoría, eran huesos con algo de carne en ellos, carne verde y apestosa. Las cosas estaban satisfechas y como si no fueran más que objetos normales, se dejaron caer, inertes y únicamente la sombrilla permanecía atenta y con su ojos agudo observando. Batsy se acerco a esta con una sonrisa y karakasa le respondió.

-Tu cumplir y Karakasa Kasa cumplir también, no comerte por que ya haber comido, poder irte y siempre tener un amigo en Kara karakasa, si este no tener hambre-

-Yo querer las chucherías que las cosas sapo-tortuga, tener escondidas *diciendo con una sonrisa*-

-Karakasa Kasa no saber que ser chucherías, pero nosotros solo querer comer, ahora que estar llenos, volver a bodega para descansar-

La sombrilla dio un salto y todas las cosas con ojos se levantaron nuevamente, con diminutas piernas saliendo de sus cuerpos y siguiendo a su pastor sombrilla, volviendo a la bodega donde Batsy les había encontrado, para nuevamente descansar, hasta que el hambre les despertara y volvieran a comer. Por su lado, el murciélago comenzó a buscar por la habitación, hasta encontrar lo que quería o eso era lo que pensaba. En el centro de la gran tina, con más de un cuerpo flotando y medio hervido, había un diminuto cofre, el cual cabía en la palma de Batsy, era lo que tanto quería Batsy y abriéndolo, se encontró muchas y diminutas gemas, muy hermosas, pero que para Batsy no le interesaban, y derramando su contenido dentro de la tina, guardo el diminuto cofre, sin más adorno que unos acabados de bronce brillante, en su bolsa de chucherías, feliz, el antropomorfo salió de los baños, para nuevas aventuras y nueva venganza contra el hombre de la larga y roja nariz.
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