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Mensaje por Eva Nicodemeus el Lun Dic 09, 2013 12:49 am

Las campanas de la iglesia sonaban haciendo eco por toda la ciudad, un sonido antes considerado como una llamada celestial que ahora se antojaba presagio de malos augurios. La imponente estructura de roca temblaba al compás de las campanas, sus contornos se volvían difusos y la oscuridad ascendía desde su campanario. Algunos lo consideraban una maldición o un castigo divino por los pecados cometidos, pero solo unos pocos sabían la verdad. Un lugar que se consideraba santo había sido profanado y sus puertas se habían convertido en un portal que comunicaba con otra dimensión.

El sol había abandonado a ese humilde pueblo, la oscuridad había atravesado ese portal para robarles la luz. Los campos se marchitaban, los animales perturbados por la permanente oscuridad huían o morían, y las personas enloquecían, la anarquía se imponía y el terror invadía los corazones de los que aun conservaban la cordura. Los más sensatos habían intentado dejar sus hogares y escapar de aquel infierno pero algo les impedía escapar, esa barrera invisible los dejaba entrar pero no salir.

Los más valientes habían intentado acabar con ello y habían cruzado el portal pero ninguno había vuelto, muchas vidas se habían perdido pero muchas más se iban a perder si aquello no acababa. Por eso habían mandado mensajes al exterior para reclutar a hechiceros de todos los rincones de Noreth, pero ninguno había hallado una respuesta a los que allí ocurría. Solo uno, el más anciano de ellos, había propuesto una posible solución, una peligrosa empresa que pocas posibilidades tenía del éxito.
Los magos localizaron a una decena de individuos que cumplían los requisitos para dicha empresa y los llamaron, dichos hombres y mujeres cruzarían el portal, pero sus cuerpos permanecerían en esta dimensión y serían sus espíritus los que viajarían. En el otro mundo sus espíritus buscarían un cuerpo donde sobrevivir y cumplir la misión, deberían encontrar la fuente del portal y destruirla desde el otro extremo.

*******************

La euforia me embriagaba mientras la sangre descendía por mi garganta, estaba caliente y ese calor recorría todo mi cuerpo, era un placer que no podía explicarse con palabras y solo aquellos que eran esclavos de la sangre podían conocer. La muchacha forcejeaba bajo la implacable fuerza de mis brazos pero yo no lo notaba, mi colmillos estaban clavados en su yugular en un beso eterno y me deleitaba mientras la desangraba.

La había encontrado en la taberna y la había seducido para que me acompañase al callejón de atrás. La pobre ingenua no había sospechado nada y había permanecido feliz hasta el último momento cuando el terror la había dejado paralizada, mirando a los ojos del implacable depredador.  Al final solo había quedado de ella un cuerpo pálido y frio tirado en el suelo, sus ojos carentes de vida se habían quedado fijos mirando al vacío.

-Lucho hasta el último segundo, estúpida muchacha.

Riga se deslizo por mi vestido hasta llegar al cuello y se enrollo en el, yo la acaricié mientras dejaba caer la antorcha sobre el cadáver y me marchaba de aquel lugar. Ya no me quedaba mucho que hacer en aquel lugar, pero no podía ponerme a viajar el día se pondría en pocas horas y debía refugiarme antes de que ocurriese.  Tampoco podía quedarme en aquella ciudad, llevaba demasiado tiempo en el y ya había rumores circulando sobre una bestia nocturna que iba asesinando a los jóvenes.

Me subí a mi carreta y me dirigí a las montañas donde esperaba hallar alguna cuerva donde dormir hasta la puesta de sol. Casi se me había acabado el tiempo cuando la encontré, dejé suelto a Destino para que campase a sus anchas mientras yo me escondía junto a la carreta en la cueva. Las horas pasaron lentamente pero sin complicaciones, yo permanecía en un inestable estado de ensueño perturbado por la influencia del sol. En algún momento algo se posó en mi hombro y me despertó, Riga intentaba comerse a un cuervo que daba salto sobre mi hombro.

-Estate quieta.

Riga me miro y se deslizo hacía suelo enfadada, el cuervo se quedó quieto en mi hombro y me picoteo suavemente en la cabeza para llamar mi atención, llevaba una nota atada a una pata. Le agarre con dulzura mientras cogía el diminuta nota, me gustaban los cuervos de cierta forma nos parecíamos, dos carroñeros, aunque yo prefería ser un depredador.

< Eva Nicodemeus, has sido elegida y si aceptas unirte a nuestra empresa se te recompensará muy bien>

El resto eran indicaciones para llegar a un lugar. Y me iban a hacer falta pues no pensaba dejar pasar aquella oportunidad, estaba aburrida y el dinero nunca venía mal. El cuervo alzó el vuelo y se marchó, yo me lo quede mirando con celos.

Fueron dos noches de viaje antes de llegar al lugar marcado en la nota, un zona del bosque de Physis donde se hacía imposible continuar en carreta. Continué a pie durante varias horas más, el día ya se había puesto pero estaba cubierta por las ramas de los arboles aunque no lo hacía más soportable. En algún momento mientras caminaba sentí una extraña fuerza que me golpeo, miré a todos lados buscando su procedencia pero no lo encontré. Me eche para atrás para recoger a Riga porque me sentía algo perturbada pero no pude, una barrera invisible me impedía volver en mis pasos. La serpiente repto hacía y de nuevo volvió hacia atrás, aquella barrera invisible no la afectaba a ella.

Sin más remedio continué caminando hasta una zona en la que los árboles se abrían dejando ver un pueblo, hasta ese momento no me había percatado pero al ver el oscuro cielo me di cuenta de que algo extraño pasaba.

-Bienvenida

Me sobresalte al oír la voz y me regañe a mí misma mentalmente por no estar atenta. El anciano que vestía una túnica marrón me hizo un gesto para que lo siguiese y me condujo por las calles del pueblo alumbrando con una antorcha.

-Nos complace que haya acudido señorita Nicodemeus, empezábamos a preocuparnos porque nadie acudiese.

Mientras caminaba junto al hombre no dejé de mirar a nuestro alrededor, buscando entre las pobres casas de madera un indicio de vida, pero solo había silencio y oscuridad aunque podía oler el aroma de la sangre en el ambiente.

-No va a encontrar a nadie, los pocos que quedan se han refugiado en la posada y nos están esperando.

-¿Qué se supone que ha pasado en este lugar?

-No tenga prisa, pronto le explicaremos todo.-El hombre se paró en seco y seguí su mirada para saber lo que ocurría- La iglesia

Y continuó caminando pero yo no pude de dejar de mirar lo poco que vislumbraba de aquella edificación, una oscura atracción me llamaba desde su interior.
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Eva Nicodemeus

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