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Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth
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Demonios

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Demonios

Mensaje por Io el Sáb Ene 11, 2014 7:33 pm

DEMONIOS

Por: Sejen
Editadas por:  Io





Historia:

Los Dioses crearon el concepto de Caos como una tendencia que tenían los humanos al desorden, la guerra y diversos actos oscuros e inconcebibles. Al inicio de los tiempos el Caos no era más que eso, un concepto abstracto que sin embargo fue mutando a través de la tendencia de los habitantes del viejo continente a la guerra, oscurantismo y los vicios inconfesables. De ahí nacieron los Dioses del Caos, los demonios primigenios que se coronaron cono señores de las plagas más terribles que jamás azotaron este terrible lugar, cada uno caracterizando y venerando cada una de las terribles facetas de lo que les dio la vida.

Sin embargo, fue gracias a la predisposición de las razas civilizadas a jugar con los asuntos oscuros y mórbidos que albergan y flotan entre los reinos mortales y divinos que estos seres comenzaron a ganar poder. Entre rezos, sacrificios y templos en su honor su poder iba incrementando de forma dramática. Del Caos, como nacieron ellos, surgieron también las hordas de seres de menor nivel conocidas como demonios. Los demonios, así como sus señores, no eran más que manifestaciones del mismo Caos que los seres inteligentes habían traído sobre si mismos en forma de plaga divina. Pero no amedrentados con el mal que ellos portaban, si no aun increíblemente alegrados y felices de la visión de muerte y destrucción que ellos traían, muchos humanos y razas hermanas comenzaron a ir en busca de la vida eterna entre las filas demoníacas, buscando primero convertirse en siervos suyos y, a su debido tiempo, ascender a ser uno de ellos.

Sin embargo, pronto los Dioses Luminaris y Elhías se alertaron ante la situación y, entre planos de divinidad y realidad enfrentaron a la creciente amenaza que ponía en jaque su soberanía y control sobre las criaturas que poblaban el planeta. Elhías batalló ferozmente contra los Señores del Caos, llegando a ser herido por la llameante hoja del señor oscuro de la guerra, su homónimo y antónimo a la vez, Rhaggorath. Sin embargo, Luminaris logró encerrar a esas criaturas en su propio reino, minimizando el poder, control y cantidad de ellos que existían en el plano de los mortales. Durante cientos de años, nada ocurrió. Los demonios parecían, en su encierro, una amenaza de cuentos y leyendas, de historias para niños y antítesis de religiones. Figuras mitológicas que muchos temerían pero jamás llegarían a ver. Sin embargo, pronto los esfuerzos del panteón se verían de nuevo vuelto fútiles por la avaricia y tendencia al Caos de los humanos.

“El foso Negro” como es conocido actualmente, no siempre fue el vientre de la amenaza que ahora se acerca a Noreth. Durante siglos, fueron verdes prados al sur de Theezeroth. Extrañamente, existían varias fuentes de agua cristalina en ese lugar, agua que brotaba de lo más profundo de la tierra y limpiaba la decadencia de Theezeroth, debido a ello, no eran pocos los antropomorfos que intentaban llegar a estas aguas, en un vano intento de curar sus mutaciones y volver a ser lo que eran. No existen registros de que alguna vez alguno pudiera lograrlo, más las historias abundaban y los antropomorfos que aún conservaban rastros de su vida pasada, viajaban hasta este lugar, sucumbiendo ya fuera por falta de alimento o porque sus mutaciones eran demasiado profundas. Sus cuerpos eran consumidos por los prados, haciéndolos desaparecer como si jamás hubieran existido.

Fue debido a estas energías puras, que el lugar fue elegido por un grupo de invocadores, quienes torpemente creían que las fuentes milagrosas podrían otorgarles el poder requerido para domar a los seres de otros planos, que equivocados estaban. Cuando las lunas se alinearon y las estrellas fueron propicias, los invocadores se reunieron en la más antigua de la fuente y recitando los cánticos, abrieron una pequeña brecha entre ambos mundos, más las energías que deseaban controlar fueron demasiado y aun sus experimentadas mentes no pudieron controlar las energías liberadas, los cuatro invocadores fueron poseídos por las bestias que ansiaban controlar. Los cuerpos de los invocadores mutaron horriblemente, convirtiéndose en una representación de los demonios que ahora les habitaban. Los recién llegados iniciaron lo que sería el origen del “Foso Negro”, comenzando con contaminar las fuentes puras de magia, las cuales, como volcanes hicieron erupción en toda la pradera, contaminando la hierba y quemándola, dejando solamente tierra oscura, como si la huella demoniaca hubiera tocada cada punto de ese lugar. La contaminación podría haber consumido cada rincón de Noreth, pero asombrosamente fue detenida por una fuente impensable, el propio bosque de Theezeroth mantuvo a raya la contaminación, de forma inexplicable, las fuentes de magia salvaje se convirtieron en una barrera para que la contaminación no se expandiera indefinidamente. Esto fue tomado como un problema para los cuatro demonios, que poco a poco comenzaron a traer sus huestes por la brecha que hasta cierto punto, le permitían traer a sus ejércitos, aunque claramente, únicamente demonios y bestias menores, ya que la brecha, después de su ingreso, había quedado reducida a una miserable línea entre ambos planos.

Cada demonio o mejor dicho cada Señor demonio, comenzó a trazar sus propios planes, extrañamente, la posesión y control no fue total, si no que quedaron rastros de humanidad que durante mucho tiempo fueron las barreras de aquellos demonios, mas también con el paso de los años, estos comenzaron a  ganar poder y a disputarse el territorio del Foso Negro, como aquellas tierras habían sido bautizadas.

El invocador Magnus, el Rojo, fue poseído por Yigoniath, el gran Mago y dominador demoníaco, su cuerpo se deformo hasta ser una mezcla de muchos seres, que constantemente se deformaban y mutaban en otros, como las mareas de la magia que habitaban en su interior. Yigoniath quien sin pensarlo, utilizo al brecha para traer a sus seguidores, claro que la brecha era pequeña y los grandes demonios que el servían no pudieron atravesar, aun así, los esbirros y demonios menores, crearon en la zona más al sur del Foso, el territorio de Yigoniath, sobre la tierra negra una gran pirámide de oro y gemas  fue erigida, y en la punta de esta una gema demoniaca, que parecía rasgar el cielo y absorber la propia magia del Foso. En su interior, ríos de mercurio fluían, mientras puentes de metales preciosos y obsidiana llevaban hasta un trono deforme, donde Yigoniath tomaba asiento, y sus súbditos les servían, llevándole la oscura esencia de las fuentes en bandejas para alimentarle. La pirámide fue conocida más adelante como la aguja, torreón de la magia, madre de la posesión, pues la gema proyecta siempre un haz de luz hacia el cielo, haciendo que las nubes giren en torno a ella, propagando la terrible magia del amo de la transformación Yigoniath, esta tierra baldía siempre es cambiante, alrededor de la pirámide una terrible y siniestra niebla de color morado y rojizo, flota en el aire, mutando y poseyendo todo lo que toca, corrompiendo a los espíritus de los que allí fallecieran en su día.

El interior de la pirámide se compone de puentes entrelazados, haciendo cruces, formando laberintos sobre el ardiente mercurio que recorre el submundo.

En la cúspide de la pirámide se alza el trono de Magnus el rojo, elegido de Yigoniath, la silla se encuentra bajo el cristal demoniaco, nutriendo de magia el cuerpo cambiante del señor de la transformación, este trono esta engarzado de joyas y hermosas piedras, conductoras de la magia demoniaca bañando a los siervos de la magia del dios de la transformación.

El invocador Typhus fue poseído por Ghadrakha, el señor demoniaco de las enfermedades y las pestes, su cuerpo muto, sus entrañas ardieron y su cuerpo se hinchó como una enorme bola de grasa, que constantemente supuraba pus y gusanos de las heridas abiertas, sus seguidores, tan enfermos como él, crearon su palacio en la zona oeste, cercano al gran océano, donde utilizando su propio pus, crearon un jardín de enfermedades y descomposición para su amo, que casi risiblemente, constantemente se bañaba en un lago hecho de los cuerpos de sus sirvientes. El palacio de Ghadrakha esta erigido de barro, sangre y el propio pus del amo de la enfermedad, de aspecto asimétrico no posee forma alguna definida, pues puede cambiar tan fácil como fue creado, alrededor siempre se encuentran moscas e insectos alimentándose de la pútrida carne de los que yacen en este lugar, corrompido por la enfermedad y la peste. El interior del palacio no es distinto, de su aspecto exterior, vísceras supurantes y horrendas criaturas se alimentan en el suelo que forman, las paredes enteramente compuestas de carne pútrida, hacen este lugar un habitáculo cuyo olor insoportable resulta vomitivo. Más abajo en el subsuelo hasta las profundidades, las paredes están llenas de criaturas parecidas a serpientes con bocas humanas, alimentándose continuamente de la carne en descomposición que componen las paredes de este foso. En este lugar no hay cámaras de tortura, pues no hay ser vivo sobre el mundo que pueda subsistir sin caer enfermo.

Arriba en la superficie se erige el trono de Typhus, amo de la pestilencia y la enfermedad, el elegido de Ghadrakha. Este trono no es estático, no está anclado sino que se encuentra en la espalda, de una gran inmundicia, un ser gigante con la tripa abierta, sus entrañas desparramadas, lleno de pústulas y heridas supurantes, el cual camina sobre los cuerpos yacientes de la sala haciendo que estos se regeneren y se vuelvan a pudrir. Por todo el palacio y sus alrededores, una vomitiva niebla se alza enfermando todo aquello que logre llegar hasta aquí. A este lugar lo llamaron la guarida de los enfermos, pues todo ser que allí habite, vive consumiéndose por la enfermedad y la putrefacción.

Khârn el Traidor fue poseído por  Rhaggorath, gran señor de la muerte, la sangre y el sufrimiento, sus ansias de guerra eran legendarias en otros mundos y por ello, sus sirvientes, seres creados para la guerra y con una sed de sangre tan amplia como la de su señor, construyeron su palacio, de osamentas y cuerpos de aquellos que morían como sacrificios para él, en la zona más al norte, muy cerca del propio bosque, ya que la matanza le atraía y entre más cerca del enemigo, mas ríos de sangre podría crear. El palacio de Rhaggorath fue edificado con cuerpos muertos, mutilados, sus muros altos fueron construidos con cadáveres frescos. El maligno amo de la sangre conjuró estos muros para que aquellos que viven en el jamás encontraran la muerte, por ello pasarían lamentando su miserable existencia por toda la eternidad. Dentro de los muros del palacio se halla un gran árbol de cadáveres, cuerpos mutilados formando un horrible árbol de muertos que sollozan, padecen y aun sangran, los siervos de Rhaggorath se bañan en la sangre que aun gotea de esta vil construcción.

El palacio de Rhaggorath fue conocido como la basílica de los lamentos, sus paredes fueron construidas con piel, piedra, sangre y fuego, en su interior bastos ríos y enormes cataratas de sangre nutren y complacen al señor del sufrimiento. El suelo se compuso de esqueletos aullantes cuyos huesos estaban mancillados por la sangre, infinitas cámaras de tortura recorren los pasillos hasta las profundidades del mundo, dejando escuchar los lamentos infinitos. Más arriba en la superficie, se erige un trono, el trono del elegido de Rhaggorath, Khârn el traidor. Ese trono se contempla sobre una montaña de cadáveres y huesos, empapados en sangre, tras la gran silla se alzan picas de metal incandescente con cabezas clavadas que gritan de dolor sin descanso. El trono tiene varios ornamentos compuestos enteramente de calaveras y cabezas aullantes.

La invocadora Skarn fue poseída por la conciencia de Lluuhgua, señor de la depravación y los vicios obscenos. Sus sirvientes, tan perversos como él mismo, erigieron su palacio dentro de un enfermizo bosque de apariencia mágico, pero retorcido y lúgubre por igual. Su castillo, de altos y puntiagudos torreones parecía hecho de piedra maciza y llena de simbología erótica, pero en su interior se halla el verdadero horror. Cientos de pasillos oscuros en los que se oyen los gemidos, quizás de dolor o quizás de placer, de cientos de decenas de criaturas. Mazmorras con los instrumentos de placer y tortura más mórbidos que puedan existir, salas enormes donde día sí y día también se organizan insanas orgías entre los horrendos seres que veneran al señor de la depravación mientras éste mira con aprobación las monstruosidades en su honor.

Los falos y otra simbología de carácter pornográfico decoran por completo en forma de estatuas, murales con dibujos de gente o animales copulando y demás son aquello que diferencia ese lugar con el de sus hermanos. Quizás menos sangriento y doloroso, pero sin duda alguna increíblemente horrible en su propio derecho. El trono de Lluuhgua se encuentra en lo más profundo y oscuro del castillo, en una enorme sala decorada y acomodada para que a diario se formen enormes fiestas de desfase, con substancias y mórbidas sesiones de intercambio sexual. El trono está colocado en un pedestal, donde siempre puede observar todo aquello que sus seguidores deciden hacer en su honor.

Aun intentando tomar completo control sobre los cuerpos que ahora poseen, así como preparar sus huestes para la guerra contra los Dioses, los Señores del Caos buscan que ahora aquellos que habían prometido lealtad y servicio a ellos a través de rezos y culto acudan a ellos para formar parte de sus filas, y unirse en la verdadera batalla por el control del plano mortal de Noreth.

 
Cultura:

Los cultos demoníacos son habitualmente despreciados y clandestinos, por la visión corrupta y malsana que se tiene de estos seres; sin embargo, pocas son las ciudades o razas que se libran de tener cultos escondidos tras sus murallas. Los humanos son los que más bastamente adoran a este tipo de entes, no solo por su predeterminación a jugar con las artes oscuras, sino también por su facilidad para ser influenciados, manipulados y engatusados por ellas.
 
Los cultos al señor del Caos Rhaggorath están bastamente extendidos por las tierras de Noreth, pues sus mandamientos de matanza y derramamiento de sangre atraen a todos los que ansían por batalla para ponerse de su lado. La adoración a Rhaggorath está especialmente extendida en reinos marciales como Zhakhesh, o en las tribus orcas de todos los lugares del continente. A diferencia de otros Dioses o demonios, los adoradores del Señor de los Cráneos no construyen templos en su honor; en su lugar, veneran a su Dios en el campo de batalla con gritos de batalla y derramamientos de sangre.

Es dicho que Rhaggorath es el demonio más fácil del que obtener favor, pues cuando los otros suelen pedir requisitos como altares, sacrificios y rituales, Rhaggorath solo exige ofrendas de sangre fresca y cráneos.

Los cultistas de Rhaggorath tienen una feroz rivalidad con los acólitos de Lluuhgua, tal como lo hacen su señor y su séquito demoníaco. Mientras Rhaggorath es representado como un demonio marcial que actúa de forma agresiva asesinando a otros, el hedonista Lluuhgua es un interiorista que solo busca darse placer con cada uno de sus actos. De este modo, estos dos representan opuestos. Aun así, también está fuertemente resentido con Yigoniath y sus maquinaciones; sin embargo Lluuhgua, considerado un debilucho sin ningún honor guerrero, es a quien más profesa odio y desprecio el señor rojo del Caos.
 
Los cultos al señor del Caos Lluuhgua, aun si pareciesen menores por su poca iniciativa activa, no palidecen ante los de su hermano. Los cultistas de Lluuhgua son aquellos que buscan el placer y exploran los límites del mismo, llegando hasta extremos perturbadores y resultando corruptos en el proceso. Sadomasoquistas, artistas, prostitutas o cualquiera que se regocije en el hedonismo es bien recibido en los brazos del príncipe negro. Los humanos, con su tendencia a caer en los vicios más profanos, tienen tendencia a caer en la influencia del más joven de los Dioses del Caos, como demuestran los cultos de Lluuhgua en Phonterek. Los drows también lo veneran extensamente, y un importante Culto de Placer tiene origen en las entrañas de Jyurman. Aunque los cultistas de Lluuhgua desprecian las trifulcas bélicas, aprecian el combate como una forma de arte, gustándose de ver duelos y combates de gladiadores.

Lluuhgua da su favor a todo aquel que tome partido por el arte, sea la pintura, el combate, la poesía o cualquier otra pasión. El favor de Lluuhgua ayuda al artista a crear, potenciando sus creaciones hasta niveles inimaginables, mientras a la vez son corruptos hasta convertirse en demonios a su servicio.

Lluuhgua tiene una actitud neutral respecto a otros Señores del Caos y sus respectivos cultos, y comúnmente está demasiado centrado en sus propios asuntos como para participar en las diversas disputas y contiendas que nacen entre ellos, o en alianzas que se puedan formar. Sin embargo, Lluuhgua es el opuesto natural de Rhaggorath, por lo que mientras el Señor de los Cráneos detesta la decadencia del Príncipe Negro, éste considera a su hermano poco sofisticado.
 
Los cultos al señor del Caos Yigionath pueden parecer a priori menos numerosos u obvios que los de Rhaggorath, sin embargo tiene un firme control en las mentes de los mortales. De hecho, muchos más siguen a Yigoniath que los que saben que lo hacen. Sus maquinaciones y diversos nombres a menudo esconden el verdadero poder tras los eventos acontecidos. Adoradores mortales del Señor del Cambio tienden a ser hechiceros, eruditos o estudiosos. A diferencia de los demás, Yigoniath no tiene mayor influencia en una raza, si no que todas aquellas que ansían conocimientos y mejorar caen en sus zarpas, especialmente elfos y humanos. Los cultos de Yigoniath, sin embargo, son los menos conocidos pues como su amo se ocultan bien y solo actúan cuando todo está premeditado.

Algunos de sus adoradores terminan siendo muy poderosos, pero el Cambiador de Caminos tiene tendencia a mutar a sus seguidores, por lo que los más altos niveles de poder son difíciles de alcanzar pues muchas veces éstos terminan siendo mutados en bestias sin conciencia. Aquellos que obtienen el poder verdadero de Yigoniath, sin embargo, resultan en poderosos hechiceros así como grandes magos.

Siempre hay un estado de rivalidad entre los corruptos poderes del Caos. Mientras Yigoniath representa el cambio, la evolución y tramas a largo plazo, su enemigo el Señor de la Decadencia Ghadrakha se opone a todo lo que Yigoniath busca crear. El Señor del Caos Rhaggorath también tiene una profunda desconfianza de su hermano, impidiendo que sus seguidores busquen respuestas en el camino de la magia. Sin embargo, cuando las breves y escasas alianzas entre las fuerzas del Caos se llevan a cabo, suelen ser instigadas por Yigoniath.

El culto al señor del Caos Ghadrakha es en muchos aspectos muy distinto al de los demás, pues comúnmente este comienza después de haber ganado la bendición del demonio. Los que siguen y adoran a Ghadrakha son aquellos con sangre infecta en su cuerpo, azotados por terribles enfermedades que buscan la ayuda de este señor del Caos como un bálsamo que les permitan librarse de su horrible destino.  Por ello, todas las razas con capacidad para enfermar y ser envenenados por las terribles plagas de Ghadrakha pueden obtener una bendición por parte de su Dios. No importa tampoco la clase social, aunque aquellos con más tendencia a enfermar y recibir enfermedades contagiosas son los que más papeletas tienen para formar parte de las pútridas filas de este demonio.

Aquellos que lo adoran no solo encuentran poder a través de la enfermedad, si no que disfrutan de ella y de transmitirla a otros. La misión de estas criaturas es expandir a través de todos los rincones de Noreth la terrible maldad que se esconde en la putrefacción de su señor. Por ello odian profundamente a los seguidores de Yigionath y al susodicho, pues mientras ellos defienden la decadencia y el fin de todas las cosas como un modo de vida, Yigionath equivale al cambio, la evolución y la faceta más impredecible de la vida.

Los cultos a otros demonios son también comunes, ya que aunque solo los cuatro primigenios lograron materializarse en el plano mortal, muchos príncipes demonios o archidemonios inferiores en la jerarquía han quedado atrás en el plano del Caos, y también han hecho méritos suficientes como para ser orados y otorgar bendiciones a sus seguidores que, si bien no tan poderosas como la de los Señores del Caos, benefician a aquellos que les dedican oración a través de la magia profana.

La cultura de los mestizos es otra de las facetas causadas por el arribo de los demonios al plano mortal, pues muchos humanos buscaron obtener sangre demoníaca para estar a la altura de lo que sus señores esperaban de ellos. Los mestizos son humanos con sangre demoníaca en sus venas, haciéndolos mitad hombre mitad demonio. Esta sangre puede haberse obtenido como obsequio de algún demonio o señor del Caos, o por herencia familiar (pues los demonios pueden reproducirse con humanos).

Al tener conciencia humana, sin embargo, los Mestizos no están tan estrechamente ligados ni tienen poderes tan poderosos como los demonios completos, haciendo que existan mestizos que se niegan a profesar devoción a un demonio mayor y a la vez obteniendo ningún poder mágico de su parte. De esta forma, los Mestizos a su vez no son vistos como un peligro de una forma tan elevada como los demás demonios, aunque sí sufren marginación a ojos de prácticamente cualquier facción civilizada. Los demonios, a su vez, los tratan como el escalafón más bajo de la jerarquía, solo por encima de los propios humanos. Usualmente son tratados como esclavos mientras que los humanos son asesinados y transformados, por lo que dentro de El Foso aún tienen probabilidades de sobrevivir.
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Re: Demonios

Mensaje por Miss Style el Dom Mayo 24, 2015 1:02 am

Los demonios, tengan éstos la apariencia que sea o los rasgos físicos que los Señores Demoníacos o los dioses oscuros les otorgue, todos ellos comparten un destino común: la alianza con su Señor de las Sombras. Sean conscientes o no de ella, los demonios deben su vida al Caos mismo que las razas vivas son capaces de cometer en la tierra de Noreth, por lo que fomentar este Caos les permite tener cuerpo, fuerza y vida en un mundo al cual no pertenecen. En ese sentido, incumplir los sacrificios, las ofrendas o dejar de practicar los modos de vida y el culto de su Señor acarrea a todo demonio  la muerte. Por el contrario, entre más sea la cuota pagada a los dioses del Caos, el demonio podrá gozar de la fuerza y la protección que éstos otorgan a sus súbditos.

Caso similar sucede con los mestizos, algunos incluso sin el conocimiento de esa necesidad básica a cumplir deberes con los señores de la Sombra. Al tener sangre mortal pero esencia maligna, los mestizos no pierden la vida al desobedecer las prácticas de sus señores, pero en el mundo material fuera del foso perderán poder, se volverán débiles como si la ancianidad les hubiese llegado antes de tiempo. Sólo la práctica del culto, las ofrendas de muerte, sangre, dolor, depravación, tormento o engaño redimen el cuerpo penitente de un demonio que ha dejado el camino que su Señor le ha trazado.

CLASES DE DEMONIOS

Por: Sejen
Editadas por: Io


Los Demonios de Rhaggorath:

Los demonios de Rhaggorath son grandes masas de músculos, corpulentos y siempre de gran tamaño que usan armamento pesado de cuerpo a cuerpo para avasallar físicamente a sus víctimas. Las protuberancias físicas como cuernos, garras y colas musculosas son comunes en este tipo de demonios, que sin embargo son incapaces de usar magia. Algunos pueden poseer alas membranosas como las de los murciélagos, o su media parte inferior similar a la de un sátiro. A pesar de que su fuerza física es extraordinaria, su resistencia no está a su altura por lo común, convirtiéndolos en balas de cañón de cristal.

Estos demonios son guerreros que odian la magia y veneran al Señor de los Cráneos, por lo que siempre prefieren tomar la alternativa que les permita destruir a sus oponentes de forma directa con sus propias manos. Muchos de ellos fueron alguna vez guerreros que excusaron su tributo a este Señor Oscuro en la marcialidad, honor y bravura; pero ahora poco más que la más pura de las matanzas es lo que ansían, siendo incapaces de controlar sus impulsos homicidas.

Ventajas:
Gran fuerza física.
Incapacidad para sentir miedo.
Tienen bersérker por defecto.
Gran destreza con armamento cuerpo a cuerpo.

Desventajas:
El master decide cuando entra el demonio en berserker (siempre con una justificación adecuada).
Resistencia muy inferior a su fuerza física.
Incapacidad para sentir miedo.
Capacidad intelectual muy inferior a la humana.
Incapacidad de usar magia divina.

Fortaleza: 15
Resistencia: 8
Destreza: 12
Agilidad: 10
Esencia: 0
Espíritu: 15
Velocidad: 15 metros / turno
Resistencia al calor: 10
Resistencia al frío: 15
Oído: 5
Vista: 5
Olfato: 10


Los Demonios de Lluuhgua:

Los demonios de Lluuhgua son los más perversos de todos si caben, pues se regocijan en los más oscuros placeres en un controvertido y grotesco hedonismo. Pueden embaucar a los humanos para convertirlos en muñecos que los satisfagan,  gracias a sus capacidades hipnóticas idénticas a la de los súcubos y lilims. A diferencia de los otros demonios, ellos no buscan un objetivo asertivamente, si no que buscan satisfacer el día a día de sus mórbidos deseos.

Pocos hay que se nieguen a todos los placeres, y aquellos que sucumban son bienvenidos por esta deidad, que les proporciona la capacidad de aparentar belleza ante los ojos que la ven. Sin embargo, terminan tan corruptos por la magia de sus propios deseos que quienes los ven a sin esa cortina quedan a la vez atemorizados y fascinados, buscando los límites de la depravación y lo extremo — amputaciones sexuales, zoofilia, pedofilia, etcétera. Son incapaces de diferenciar entre el dolor y el placer, pues su única diferencia con súcubos y lilims es el nivel de crueldad y depravación.

Ventajas:
Gran agilidad y destreza.
Capacidad mágica para resultar atractivos y atrayentes a ojos ajenos.
Pueden coexistir discretamente con humanos al poder parecer humanos.
Intelecto equivalente al humano.

Desventajas:
No poseen capacidades combativas definidas como sus congéneres.
Tienen necesidades sexuales inquisitivas (ninfomanía)
Tendencia al sadismo y masoquismo.
Tendencia a hacerse cortes, amputaciones, etcétera.
Incapacidad de usar magia divina.

Fortaleza: 8
Resistencia: 8
Destreza: 12
Agilidad: 12
Esencia: 10
Espíritu: 10
Velocidad: 18 metros / turno
Resistencia al calor: 10
Resistencia al frío: 15
Oído: 4
Vista: 6
Olfato: 10


Los Demonios de Yigionath:

Los demonios de Yigoniath son entes de magia caótica y cambiante, convirtiéndolos en los más inverosímiles de los demonios aquí listados. Pueden tener cientos de brazos, miles de ojos, múltiples bocas o simplemente cabeza de cuervo. Su inverosimilitud, sin embargo, es una demostración de la caprichosa magia que corre por sus venas pues es en realidad que estos entes poseen las mayores capacidades mágicas entre los acólitos de los Señores del Caos.

Aunque aquellos que caen en las zarpas mutágenas de Yigoniath suelen ser académicos, magos o eruditos en busca de conocimiento y poder, es posible que también hayan guerreros deformes y cambiantes entre sus hordas, pues  a diferencia de Rhaggorath, Yigoniath no desprecia la fuerza bruta. Aun así, Yigoniath es veleidoso y no dará su bendición a nadie que no resulte útil a sus planes y cábalas, en muchas ocasiones siendo estos “útiles” nada más que peones sacrificables. Sin embargo, bendice fuertemente potenciando sus capacidades a sus paladines, de los que tiene pocos pues son sus favoritos y han logrado demostrar su utilidad suficiente tiempo como para que el Señor del Cambio no quiera perderlos. Sin embargo, aquellos menos útiles… Sus mutaciones terminan siendo poco beneficiosas.

Ventajas:

Gran comprensión mágica.
Resistencias a todas las magias, incluida la divina.
Al morir, explotan de con un retraso de unos segundos en un perímetro equivalente a su poder mágico.
Inteligencia sobrehumana.

Desventajas:
Debilidad física
Pueden mutar de forma espontánea si el master lo decide (con una justificación adecuada)
Son extremadamente paranoicos, siempre creyendo que les va a traicionar.
Incapaces de ser aceptados en una civilización por su cantidad de mutaciones descontroladas.
Incapacidad de usar magia divina.

Fortaleza: 5
Resistencia: 5
Destreza: 10
Agilidad: 10
Esencia: 15
Espíritu: 15
Velocidad: 12 metros / turno
Resistencia al calor: 10
Resistencia al frío: 10
Oído: 4
Vista: 6
Olfato: 10


Los Demonios de Ghadrakha:

Los demonios de Ghadrakha son corrompidos en muchas ocasiones en contra de su propia voluntad, a diferencia de los anteriores. Las enfermedades de Ghadrakha se esparcen con rapidez por humanos y bestias por igual, y su corrupción hace mella incluso en los más fuertes; terminando rechazados como leprosos.

De esta manera, aquellos infectados o bendecidos por Ghadrakha verán su cuerpo descomponerse, ser corroído lentamente y convirtiéndose en un contenedor de infecciones, enfermedades, plagas y corrupción. Sus poderes, además, controlan estas cosas, permitiendo hacer enfermar a aquellos que toquen

Ventajas
Enorme tolerancia al dolor
Gran capacidad para resistir cortes de armamento de filo
Gran capacidad para resistir impactos de armas contundentes
Resistencia enorme al cansancio

Desventajas
Poca destreza y agilidad
Muy bajo intelecto
Muy baja capacidad para ver, oír u oler
Gran cantidad de enfermedades que impiden coexistencia con humanos
Incapacidad de usar magia divina.

Fortaleza: 10
Resistencia: 20
Destreza: 5
Agilidad: 5
Esencia: 10
Espíritu: 10
Velocidad: 8 metros / turno
Resistencia al calor: 10
Resistencia al frío: 20
Oído: 3
Vista: 3
Olfato: 4


Los otros demonios

Existen otros demonios, creados a imagen y semejanza de otros archidemonios aun si no son los primordiales. Sus apariencias varían muchísimo, yendo desde criaturas similares a Rhaggorath hasta monstruos que parecen sacados de las filas de Yigoniath, esto debido a que los archidemonios a los que sirven probablemente forman parte de las filas de alguno de los cuatro primordiales. Sin embargo, al recibir poderes de archidemonios menos poderosos, ellos mismos tienen una variedad de talentos menos amplia, haciéndolos por ello más genéricos.

Sus bendiciones, ya no solo corporales, se manifiestan a través de la magia profana que le otorga aquel al que sirvan. Por ello, dos demonios pueden poseer magia profana muy diferente, distinguiéndolos así unos de otros según a quién sirvan.

Ventajas:
Su abanico de capacidades no se ven restringidas por los designios de uno delos cuatro primordiales.
Gran parte de sus bendiciones se dejan ver a través de la magia profana.
Su apariencia no se ve restringida por los designios de uno de los cuatro primordiales.

Desventajas:
No son tan poderosos como los siervos de los cuatro primordiales.
Aun cuando puedan vivir en el Foso Negro, no son especialmente bien tratados por los demás demonios.
Sus señores no pueden acudir en su ayuda al estar sellados en otra dimensión.
Incapacidad de usar magia divina.

Fortaleza: 9
Resistencia: 9
Destreza: 9
Agilidad: 9
Esencia: 12
Espíritu: 12
Velocidad: 10 metros / turno
Resistencia al calor: 10
Resistencia al frío: 8
Oído: 6
Vista: 6
Olfato: 6


Los Mestizos

Los Mestizos son criaturas humanoides con rasgos de demonio como cuernos, colas, afiladas uñas no-retráctiles; grandes ojos de colores particulares como blanco, rojo, dorado y piel de colores rojizos, amarillos u oscuros. Por esta apariencia son comúnmente tratados de forma marginal por cualquiera de las razas civilizadas de Noreth, y no menos por los demonios que los tratan como inferiores.

El tamaño de los cuernos, garras y colas dependen en gran medida de la sangre demoníaca que corre por sus venas, haciendo que aquellos otorgados estos rasgos por demonios posean rasgos más evidentes y aquellos que los obtengan por genética (cuanto más lejana es la sangre de los demonios, menos evidente) no tanto. Es posible para un Mestizo reproducirse tanto con humanos como con demonios, pero no podrá engendrar con elfos, cambiaformas, antropomorfos o enanos.

Ventajas:
Al no tener tanta sangre demoníaca, no son tratados como una amenaza inminente.
Son capaces de aprender otras magias que no sea la profana.
Tienen un intelecto equivalente al humano.
Son capaces de vivir sin servir a un señor demonio.

Desventajas:
No tienen transformaciones corporales tan beneficiosas como sus congéneres.
Son tratados como escoria por demonios y razas civilizadas por igual.
Suelen incomodar a la gente a su alrededor.
No pueden usar magia divina.

Resistencia: 10
Fortaleza: 10
Agilidad: 10
Destreza: 10
Esencia: 10
Espíritu: 10
Velocidad: 12 metros/ turno
Resistencia al calor: 10
Resistencia al frío: 10
Oído: 5
Vista: 5
Olfato: 5
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Miss Style

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