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El despertar

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El despertar

Mensaje por General Zod el Vie Ene 31, 2014 4:15 am

Algunos pueden decir que soy cruel
otros me llaman monstruo
pero yo no soy más que la viva encarnación de la humanidad en estado puro.
Si me atacan me defiendo
si me hieren, mutilo
si tratan de erradicarme, yo los exterminare de la faz de la tierra.

General Zod


¿De verdad pensáis que estaréis a salvo de mi?... -¿Dónde estoy?- Volveré… -¿Qué es este lugar?- Volveré…
Aturdido buscaba algo que poder identificar, mientras en mi cabeza aun escuchaba las últimas palabras que había dicho, mi mente no dejaba de reproducir una y otra vez lo que había visto durante los últimos días, así como mi ejecución y eso hacía, que me llevara la mano al pecho, pero al tocarlo podía sentir que no había latido, mi corazón ya no estaba, era imposible, yo estaba vivo, pero no tenia corazón.
Me encontraba en una sala completamente blanca, en la cual lo único que destacaba era yo, un hombre completamente desnudo, cubierto de sangre, la cual no dejaba de emerger de mi pecho y por mucha sangre que cayera, yo no me sentía mareado por la perdida, así como el suelo totalmente blanco, no cambiaba de color, era como si el liquido carmesí se evaporase antes siquiera de tocar el piso. -¿Qué es este lugar?- Me consideraba un hombre con el suficiente valor, como para enfrentar a los orcos, incluso para volver la espalda a mi propia gente en pos de un bien común, pero esta situación, era lo bastante desconcertante como para sentir cierta congoja. Asustado busque algo por los alrededores, empecé a correr tratando de buscar una salida y de pronto lo vi, un punto negro, era muy lejano a mi pero yo empecé a correr tratando de alcanzarlo. Mis pasos sonaban como si pisara agua en aquel lugar, incluso producían ondas las cuales empezaron a moverse, extendiéndose tanto que este lugar parecía que no tuviera final. Algo ocurrió entonces, no había vislumbrado final alguno en aquel lugar, ni horizonte pero me choque, choque con algo que parecía en instancia humano, vestía una armadura y en su cinto, se podía ver que portaba una espada, el tenía que saber algo así que le di la vuelta violentamente, desesperado por obtener respuestas, pero cuando lo hice me vi a mi mismo, pero no era como yo, el tenia un semblante más oscuro y eso me hizo dar un paso atrás. -¿De qué tienes miedo?- Y cuando hizo esa pregunta yo di un paso atrás. -¿Temes a la muerte?- Entonces el rio y su negra armadura pareció diluirse, como una mancha oscura, la cual se extendió por todo este mundo de blanco, cubriéndolo totalmente por la oscuridad, mientras una macabra carcajada resonaba con eco.

-¡No! ¡No! ¡Déjame salir!- Grité al ver lo que sucedía, definitivamente esto no era el mundo real, no en el que yo me había criado, fue entonces que un fuerte impacto me puso en pie, me alzo en el aire como si estuviera crucificado. Nuevamente vi una luz, pero esta roja y esa luz, esa maldita luz empezó a penetrar en mi ojo izquierdo mientras yo gritaba tan fuerte como podía, a causa del dolor atroz que sentía. Lo primero que ocurrió fue, que la alta temperatura de aquel metal, hizo que mi globo ocular hirviera en la cuenca, mientras los nervios eran cauterizados y literalmente, se me derretía el ojo. El dolor era tal que suplicaba que esto acabara, gritaba que me mataran… pero yo ya había muerto.
El incandescente metal repitió el mismo proceso, pero con el ojo derecho, hasta que las cuencas de mis ojos quedaran completamente vacías, tan solo rellenas por una oscuridad que pareciera llorar sangre. Horripilado acercaba mis manos temblorosas a mi rostro, incrédulo, dolorido y derrotado, temblando a causa del dolor y del miedo.

Estaba arrodillado en el negro suelo, carente de visión tan solo podría guiarme por el oído, el dolor de mis ojos era tal, que si tratara de taparlos, si llegaba a tocarlos siquiera, me revolcaría en el suelo como nunca lo había hecho. Mi respiración estaba agitada, las piernas apenas me respondían, mis manos buscaban algo en la oscuridad y mi oído, tan solo podía escuchar la nada, el silencio infinito tan solo perturbado, por mi propio ser.
Al fin algo pude palpar con la mano, no era algo solido como un muro, era como carne. -Por favor… por favor…- Repetía deseando que fuera un hombre, una mujer, un niño, alguien, pero privado de mi vista tan solo podía hacer suposiciones de que era lo que tocaba y desde luego, no podía ser algo humano. Sentí como algo se introducía bajo mi piel, aquella cosa de carne era como un fino hilo que recorría mi brazo, podía sentirlo bajo mi piel, yo gritaba y golpeaba mi brazo, tratando de detener su serpenteante avance, pero era imposible, pronto, esos mismos hilos empezaron a entrar por todos lados. Sentía como perforaban mis oídos, como atravesaban mis dedos, como cada pedazo de mi ser, estaba siendo atravesado por finos hilos que parecían alfileres y que una vez dentro, por debajo de mi piel, serpenteaban. Y de pronto, sentí como mi piel empezaba a estirarse, esos alfileres tiraban de mi piel hacia afuera y yo podía sentir como dolorosamente y poco a podo, mi piel era arrancada de los músculos y de la carne, no podía creerlo pero el dolor fue tal que aun no entiendo, porque no me desmaye, aunque más adelante lo entendería.
Caí al suelo, abrazándome con los brazos en carne viva, el simple hecho de tocarme a mí mismo, me hacia sangrar y me dolía, dolía tanto como siempre imagine que les dolía a mis enemigos cuando se lo hacía. Balbuceos substituyeron a las palabras en mi boca, era incapaz de articula nada, pues tenía la garganta en carne viva, todo mi ser estaba en carne viva pero seguía consciente, vivo, dolorido y sintiendo como los músculos todavía palpitaban. -¡¿Qué clase de tortura demoniaca es esta?!- Me preguntaba horripilado, pero entonces sentí como si algo tirara de mi. Podía escuchar grotescas risas que provenían de la oscuridad, podía escuchar como babeantes fauces se abrían y reían sin cesar, llenas de gozo, de satisfacción.
Empezaron a devorarme, sus dientes se asemejaban humanos, pero no podían serlo, era imposible, sus bocas eran exageradamente grandes como para ser humanas, pero eso que importaba, estaba siendo devorado, en una vorágine de sangre y dolor. No había escapatoria, no había esperanza, no podía dejar de sentir el dolor.


Última edición por General Zod el Dom Feb 02, 2014 1:05 am, editado 1 vez
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Re: El despertar

Mensaje por General Zod el Sáb Feb 01, 2014 4:49 am

Volveré… ¡Reclamaré lo que me habéis arrebatado!... -¿Dónde estoy.- Preguntaba cansado mientras abría los ojos, pero estos fueron cegados por luz blanca, eso me hizo parpadear un par de veces, para darme cuenta de que nuevamente, estaba en aquel lugar completamente blanco, el lugar que había visto antes de sufrir tan indecible tortura, un mundo completamente blanco sin horizonte. Pero esta vez era diferente, yo estaba tumbado en el suelo, recogido en este. Sentía los músculos agarrotados, como si hubiera hecho un sobreesfuerzo físico, pero lo cierto era, que no hacia ni diez minutos yo estaba siendo devorado y torturado.
Con miedo volví a buscar a mí alrededor, tratando de encontrar una salida, pero por mucho que intentara correr, nada cambiaba, no había final en este lugar y tan solo una oscura mancha, rompía la armonía del blanco puro de este sitio, pero aunque tratara de llegar hasta donde estaba la oscuridad, algo me lo impedía. Por mucho que avanzara, aquella mancha oscura no se hacía más cercana.
Bajo mis pies nuevamente, empezaron a emerger aquellas ondas como cuando agitas el agua, las cuales poco a poco se extendían tanto como, suelo podía ver. Di dos pasos hacia atrás y nuevamente, me choque. Me di la vuelta y ahí estaba, era yo nuevamente frente a mí, el vistiendo la armadura con ese semblante oscuro y una sonrisa dibujada en su rostro. -¿De qué tienes miedo?- Al oírlo empecé a negar, la ultima vez, mi tortura comenzó después de verme a mí mismo, lo agarre de los hombros tratando de que callara. -¡Sácame de aquí!- Le grite con desesperación, pero el simplemente se limitaba a sonreír. -¿Temes a la muerte?- Preguntó y entonces, su armadura se esparció por todo el lugar, absorbiendo aquel blanco puro que inundaba la sala, convirtiéndolo de nuevo en aquel lugar oscuro, yo negaba con la cabeza, otra vez viviría esa horrida pesadilla y nuevamente, seria torturado hasta morir.

Empecé a correr, tenía que huir de aquel espantoso lugar, mas fue inútil… pues entre las sombras discerní horripilantes formas, monstruos, parecieran gigantes, con grandes bocas simulando una macabra sonrisa. Estaban riendo. Quede paralizado por el miedo de esa visión, las piernas me temblaban, mis ojos se abrían y se cerraban con incredulidad, mientras ellos me miraban con esas sonrisas, riéndose. Al fin pude empezar a correr, pero no sin sentir como me temblaban las piernas, siendo como el miedo estrujaba mi pecho helándome la sangre. Pero no había escapatoria, algo me sujeto, como si fuera una fuerza invisible, la misma que me había sostenido la primera vez que vi este lugar. Nuevamente el ardiente metal perforo mis ojos, ensañándose, procurando minuciosamente de que yo sintiera tanto dolo como pudiera experimentar. Pero para mi desgracia esta no era la peor parte y yo, tan solo podía gritar pidiendo ayuda, pero nadie acudiría a salvarme, pero gritaba con la esperanza de que así sucediera, de que todo fuera un sueño.
Acto seguido fui despellejado, como los animales… hilos se introdujeron por cada rincón de mi ser y me arrancaron la piel, dejándome en carne viva, sangrando, sintiendo como la sangre abandonaba mi cuerpo, bañando mis músculos, para después ser devorado por aquellos gigantes de horribles fauces.
En este lugar, solo había lugar para el dolor, para el sufrimiento y una vez más, desperté recompuesto en aquella sala blanca, sin detalle ninguno, a excepción de aquella mancha negra, ese punto negro inalcanzable y tarde o temprano, me aparecería ante mi mismo vestido con mi armadura para volver a preguntarme. Las horas se me antojaban días, los días parecieran meses y los meses, se convirtieron en años, hasta que perdí la noción del tiempo y me abandone a mí mismo, perdiendo cualquier esperanza de escapar, descendiendo en una locura sin control. El tiempo que pasaba en aquella sala blanca, lo dedicaba a hablar conmigo mismo para no olvidar quien era yo y porque estaba aquí.


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Re: El despertar

Mensaje por General Zod el Sáb Feb 01, 2014 5:46 am

La noción del tiempo ya no significaba nada para mi, tan solo podía esperar a ser devorado y torturado una y otra vez sin fin, un escarmiento eterno, una maldición que me impediría descansar en paz. Poco a poco las palabras que me repetía a mí mismo, empezaban a perder el sentido y mis recuerdos se hacían cada vez más borrosos en una niebla oscura. Mis pensamientos ahora, solo eran ocupados por los grotescos rostros de las criaturas que aguardaban devorarme en la oscuridad, si realmente existía el infierno esto era sin duda lo más parecido.
Ahora ya ni siquiera intentaba huir, pues tenía comprobado que no surgiría efecto, e incluso aguardaba esperar verme a mí mismo, para ver el reflejo de mi ser, verme como era antaño, mas no podía imagina por que se aparecía ante mí, para después desaparecer y enviarme a aquel foso de tortura sin fin, no comprendía el porqué pero tampoco, sabia porque no debería estar allí, pudiera significar algo o tal vez solo fuera producto de mi locura, de mi mente dubitativa. Rogaba porque cada vez fuera más corta la tortura, pero nunca sucedía, tenia contado cuanto tiempo transcurría desde mi estancia en este lugar, hasta la oscuridad, había contado cuanto tiempo dedicaban a torturarme. -Una hora en la luz, veinte y tres en la oscuridad… una hora en la luz, veinte y tres en la oscuridad.- Repetía una y otra vez, sin cesar, a pesar de que me viera a mi mismo en mi armadura. -¿De qué tienes miedo?- El me seguía preguntando, siempre hacia la misma pregunta, pero no le respondí, simplemente me limite a repetir lo mismo. -¿Temes a la muerte?- Prosiguió el, pero otra vez, se quedo sin respuesta.
La oscuridad me envolvió y esas veinte y tres horas de tortura, darían comienzo de un momento a otro y así fue, total para despertar nuevamente en aquella sala blanca, sin nada más que una mancha negra en un lugar inalcanzable.
Durante los últimos meses, mis delirios fueron cada vez más incongruentes. -Dos sonríen, uno hace palmas, el otro se ríe.- Decía sin cesar, sin siquiera saber a que me refería. Tal vez fuera a los gigantes que me devoraban, tal vez simplemente intentaba recordar algo que mi memoria había borrado de mi cabeza, pues ahora solo podía recordar una oscura niebla en mi mente y cada vez que apartaba esa niebla, solo podía ver esas sonrisas que me iban a devorar. Me iban a devorar, pero el yo que se aparecía ante mí, siempre tenía el mismo semblante oscuro, con una sonrisa malévola en su rosto. Era tal mi perturbado estado mental, que ahora oía mi propia voz como un eco, impidiéndome escuchar lo que me decía a mí mismo, pero sabía lo que iba a decir, me iba a preguntar nuevamente, el estaba allí para eso, para torturarme ¿Por qué iba a estar sino?

Pero era extraño, si tanto detestaba ese lugar ¿Por qué no simplemente le pedía que me matara? Seria todo más rápido, no tendría que seguir sufriendo. Pero de nada serviría, las otras veces que había intentado hablarle, simplemente me había ignorado y se había desvanecido convirtiéndose en la oscuridad, esa delirante y macabra oscuridad, a la que ahora me veía obligado a llamar mi realidad. Nuevamente el proceso se repitió y durante veinte y tres horas, fui torturado de la más macabra forma que pueda recordar, me sacaron los ojos con acero incandescente, me despellejaron y me devoraron, este era mi tormento, cada día de mi vida lo sufría y lo sentía como si estuviera vivo, pero era imposible. Antaño estaba seguro de haber muerto, pero este dolor era tan real que me hacía sentir… vivo.


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Re: El despertar

Mensaje por General Zod el Dom Feb 02, 2014 1:46 am

Las torturas eran cada día más, y más familiares, sabia cuando me sucederían y que me iba a suceder, todo se repetía en un bucle infinito y no importaba que hiciera, o que dijera, no había forma de eludir la fuerza que en primer lugar me atrapaba y me desgarraba los ojos. En cierto modo, creía que si lograba eludir a aquella fuerza intangible, podría tratar de escapar y lo había intentado ¡por Elhias! Que lo había hecho, pero no había forma, era imposible la huida y tan solo el tormento me aguardaba en la oscuridad. Pero lo más perturbador no era el dolor, el dolor en vida formaba parte de mi, aquí tan solo se mostraba ante mí, como una dolorosa tortura, un doloroso castigo, pero lo más perturbador, era verme a mí mismo, siempre, antes de sucumbir al dolor y el sufrimiento que me aguardaba en la oscuridad, una imagen de mi se aparecía, repitiéndome siempre las mismas preguntas ¿de qué tienes miedo? - ¿temes a la muerte?, pero mi pregunta era ¿Por qué aparecía frente a mí, para no decirme nada? Le había pedido ayuda, le había suplicado, pero él nunca me hacía caso y siempre sonreía, siempre tenía en su rostro una sonrisa esbozada.
Poco a poco, con el tiempo fui recobrando una falsa cordura, había perdido toda la intención de resistencia, simplemente, me quedaba sentado en aquel lugar hecho de puro blanco, sin horizonte ninguno, lo único que perturbaba la armonía de aquel lugar era una mancha negra, una mancha tan lejana que por mucho que corriera no la alcanzaba y aunque corriera hacia ella, esta no parecía estar más próxima, con lo cual también había desistido de ello.
Mi rostro con el tiempo, también sufrió un cambio, pasó del miedo a un semblante de depresión, con grandes ojeras y cada vez más escuálido y débil. -¿De qué tienes miedo?- Ahí estaba el otra vez, mirándome con sus color miel a través de mi yelmo, con aquella maldita sonrisa. -¿Temes a la muerte?- Yo me levante, para estar a la altura de su rostro y poder verme reflejado en sus ojos. Tan patética era la impresión que me di a mí mismo, que de mis ojos empezaron a caer lagrimas, acto seguido me arrodille mientras la oscuridad se extendía nuevamente. Tenía las manos cubriendo mi rostro ¿Por qué tenía que sufrir esta condena? ¿acaso no había escarmentado ya suficiente? Me decía a mí mismo, al tiempo que empezaba a sentir una furia inconmensurable, una mueca de rabia se esbozo en mi rostro. Las manos me temblaban con fuerza. -¡Venid por mi! ¡Acabad conmigo!- Exclame con rabia, la suficiente como para cometer una locura.

Tan pronto como la oscuridad me envolvió, la fuerza que me sostenía para que me arrancaran los ojos, nuevamente me tenia preso, pero esta vez era diferente, pues ya poco me importaba lo que me pasara, si podía hacerlo arrancaría el metal incandescente de lo que fuera que lo sostuviese y me cortaría la cabeza, pues hasta la fecha, la tortura solo concluía cuando sentía que había muerto a manos de los gigantes. Pero por mucho que me resistí, por mucho que luchara nuevamente no hubo forma, fui apuñalado, despellejado y devorado, como otras incontables veces. Pero esta vez había sido diferente, pues tan solo podía sentir rabia y dolor, quería matarlos. Quería matar a cuantos existieran en este lugar, incluido a mí mismo. -Os matare… os matare a todos. ¡Todos sufriréis y os postrareis ante mí!- Grite mientras me retorcía de dolor, al sentir como era devorado por aquellos gigantes grotescos. -Todos… mo… moriréis…- Susurre mientras sentía que las fuerzas me abandonaban de nuevo, cuando la oscuridad desaparece y todo vuelve a comenzar en ese lugar.
Una vez allí, desperté de nuevo y el sentimiento de furia todavía no se había desvanecido, mi labio temblaba de rabia, mis puños se apretaban con fuerza, tanta que incluso me está hiriendo las palmas de las manos. Las uñas me clavaban en la carne y tenía tan apretados los dientes, que me dolían. -¿De qué tienes miedo?- Y ahí estaba el otra vez… pero esta vez todo terminaría.


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Re: El despertar

Mensaje por General Zod el Dom Feb 02, 2014 6:10 am

-¿De qué tienes miedo?- Me había vuelto a aparecer ante mí mismo, pero esta vez yo iba a morir, de una forma u otra. Rugí con fiereza al escucharlo y cargue contra él. El si era tangible, ya me había chocado conmigo mismo antes y esta vez no fue distinta.
El golpe iba dirigido a su cintura, literalmente lo embestí con el hombro, rodeándolo con los brazos, tratando de derribarlo, el cayó al suelo golpeándose con fuerza. -¡Cállate y muere. Cállate!- Grite mientras le golpeaba, no me importaba romperme las manos golpeando el yelmo, es más, tal era la rabia que había estallado en mi, que prácticamente no sentía dolor. Conocía esta sensación causada por la adrenalina, que anulaba mi sentido del dolor, al menos hasta que se evaporase de mi sangre. -¡Te matare. Los matare a todos!- Le gritaba con furia, pero a pesar de mis golpes el no parecía inmutarse, a pesar de que les estaba desfigurando el rostro a base de golpes.
El estaba tendido en el suelo, su cara sangraba, tenia hundida la nariz y los dientes rotos, yo a cambio tenía las manos rotas y los huesos de los nudillos, habían atravesado la carne haciéndolos claramente visibles, pero el seguí ahí tendido y nada sucedía, no aparecía la oscuridad. Mi agitada respiración pronto empezaba a calmarse, lo había matado, nadie sobreviviría a una golpiza así, me había matado a mi mismo, o eso era lo que mi cerebro entendía, me había asesinado a mí mismo. En un principio, sentí una gran impresión, el verme allí tendido muerto desde luego no me era agradable, pero si la oscuridad no se extendía estaba bien para mí, prefería quedarme en este lugar, con tan solo aquella mancha negra lejana.

Mire hacia la mancha negra, algo veía distinto en ella, no sabía describirlo, yo entrecerraba los ojos para poder distinguir, que era lo que se me hacia diferente. -¿Lo ves ahora?- Entonces de un salto, me di cuenta de que al tipo que había matado, estaba otra vez en pie y vivo, mirándome con esa sonrisa y el semblante siniestro. -¿Por qué vas a temer a la muerte, cuando ya estás muerto?- Esta pregunta me la había hecho ya antes, pero la tortura que aquí sufría era tan real, que me costaba creer que había muerto, pero era consciente de ello. -¿Acaso has olvidado porque estás aquí?- Cuando me hizo esta pregunta, simplemente intente recordar el porqué estaba aquí, pero los recuerdos eran borrosos, además sentía como si se me hubiera olvidado algo extrañamente importante, algo que necesitaba recordar pero no lo conseguía, tan solo sabía que ahora tendría que estar sufriendo una horrible tortura. Todo esto resultaba simplemente desquiciante. -¿Por qué estoy aquí? ¡Habla! O esta vez, te aseguro que pienso cortarte a trozos con mi espada.- Mi otro yo no parecía en absoluto amedrentado, pero si satisfecho y no entendía la razón por la cual el irradiaba esa oscura alegría. -Fue la muerte lo que te trajo aquí, no hablo de la muerte física de tu cuerpo no, los que te condenaron hicieron muy bien su trabajo. No, de hecho, el único culpable de estar aquí eres tu.- ¿Cómo se atrevía a decirme eso, después de la paliza? Con rabia en mi rostro, empecé a caminar hacia él, lo iba a matar. -Despierta de una vez, si hubieras hecho bien tu trabajo, no estarías aquí. Si los hubieras matado a todos, no estarías aquí, si hubieras gobernado sobre ellos no estarías aquí. Me lamento de verme a mí mismo, tirado en el suelo como si fuera un ovillo de lana. Si la muerte es lo que te trajo aquí, solo la muerte te sacara.- No entendía a que se refería, tal vez se refería a la madre muerte o simplemente empleaba metáforas para confundirme y darme falsas esperanzas de escapatoria. -Yo puedo sacarte de aquí. Es decir, tu puedes salir de aquí.- Lo mire fulminándolo con la mirada.
-Se mas conciso, explícate.- El suspiro y comenzó la explicación. -Yo no soy más que un producto de tus delirios, como todo lo que aquí ves, esa mancha oscura es tu corazón, tu verdadero corazón. Yo solamente estoy aquí para guiarte.- Dijo con total naturalidad. Si de verdad era un delirio ¿entonces porque podía golpearle? Si tan solo era un guía ¿Por qué no me enseño a salir de aquí entonces? ¿Si de verdad tan solo era un producto de mi mente enferma porque no simplemente desaparecía o aparecía cuando lo deseaba? ¿Por qué un delirio mío querría torturarme de esta forma? -Tienes muchas preguntas, yo tengo una simple respuesta, estoy aquí para que recuerdes.- Yo lo único que quería era volver a matarlo. -¿Recordar qué? Exactamente.-
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Re: El despertar

Mensaje por General Zod el Mar Feb 04, 2014 2:36 am

-¿Recordar qué? Exactamente.- Comente mientras mi colérica mirada se centraba en el. -Recordarte quien eres, recordarme a mí mismo quien soy.- Aun con las manos rotas aun podría golpearle, pero me acerque a él y trate de agarrar la espada, no obstante esta cayó al suelo, a causa de que no podía sostenerla. -Tú eres, el general Zod, un azote cuyo propósito debería ser más fuerte que ningún otro sentimiento, tu visión, tus ganas de luchar. Desde el mismo momento en que llegaste aquí, diste por sentado que habías muerto, pero no trataste de luchar simplemente una parte de ti decidió aceptar este macabro destino. Tienes miedo.- Me dijo, mientras caminaba a mi alrededor mirándome, como inspeccionándome con la mirada. -Tienes miedo de este lugar, miedo de tu propia muerte. ¿Por qué tienes miedo, porque tienes miedo de algo, que ya ha sucedido?- A pesar de su falta de lógica, su raciocinio era correcto, cada vez que era tortura en este lugar, el dolor era tan real que me hacía sentir vivo de nuevo y por ello temía morir, tal vez fuera a eso a lo que se refería. -Les tienes miedo a ellos…- Entonces la oscuridad regreso, extendiéndose hasta los confines de este mundo fueran cuales fueran. -No, otra vez ¡no!- Y ahí los pude ver de nuevo, aquellos gigantes con sus deformes rostros sonrientes, pero aunque tenía miedo, la rabia era más fuerte que este. -¿De qué tienes miedo, si ya estás muerto? ¿No los reconoces?- Menuda pregunta, por supuesto que los reconocía, me basto verlos una vez y los recordaba con total nitidez. -Dos sonríen, uno hace palmas, el otro se ríe.- Recordaba aquella frase en mis delirios y aunque todos, estuvieran sonriendo realmente, sus acciones si eran acertadas, uno de ellos daba palmas y el otro reía aunque sin emitir voz alguna. -Pero sus rostros no te son desconocidos, recuerda, intenta hacer memoria ¿Quiénes son ellos y porque están aquí, porque nuestro castigo posee unos monstruos con su apariencia?- Mientras mi otro yo, el cual por fin estaba en la misma oscuridad que yo había experimentado, desde hacía más tiempo del que pudiera recordar, en mi mente empezaron a formarse imágenes ¿Quiénes eran ellos, los conocía? Entonces los vi, como si los viera a través de una pequeña rendija detrás de una puerta, pero no podía ser. Haciendo acopio de mi valentía, mire a la cara de los monstruos y entonces me di cuenta, a pesar de su extravagante aspecto.

-Ellos…- Comente con furia recordando. -Si… ellos.- Respondió mi otro yo complacido. Esos rostros, como podía haberlos olvidado cuando por su culpa soy yo el que se está pudriendo aquí. Recordaba por fin algo, sus rostros, eran las caras de los mismos que me habían condenado, el gigante más alto tenía el rostro del rey de Zhakhesh, el que estaba a su lado era el juez que me sentencio, el que aplaudía era el guardia que me obligo a ver las ejecuciones de mis camaradas. Solo quedaba el gigante que reía, al cual casi no me atrevía a mirarle, hasta que gracias a mi otro yo, empecé a recordar. -Así es Zod… es el.- Traidor, perro y malnacido, el cuarto gigante esbozaba la misma cara del traidor por el cual mi rebelión fracaso. El miedo poco a poco empezaba a ser aparcado, mientras la rabia se apoderaba de mí. Apretaba tanto los puños que no me importaba que mis manos estuvieran rotas, o que me sobresalieran los huesos, no me importaba ya estaba muerto y aunque el dolor era para mí tan real como si aun perteneciera en el mundo de los vivos, lo único que podía sentir eran las ganas de matarlos que sentí antaño. -Sabes lo que tienes que hacer. Así que… ¿Qué vas a hacer… General?- Furioso, fulminando con la mirada a aquellos seres, no pude más que responder. -Matarlos a todos.-

De pronto desperté en aquel lugar homogéneo, hecho de luz, como si todo esto no hubiera sido nada más que otro producto de mis delirios, a causa del sufrimiento que había hecho en mí en este lugar, pero al verme de nuevo a mí mismo, no podía hacer otra cosa que pensar si lo último que recordaba había sucedido realmente, o simplemente este lugar había encontrado otra feliz forma de torturarme, para que creyera tener alguna esperanza, pero al verme a mí mismo otra vez como ya había sucedido en incontables ocasiones, tan solo pude esperar a ver que iba a suceder. -¿Temes a la muerte?-


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Re: El despertar

Mensaje por General Zod el Mar Feb 04, 2014 4:12 am

-General Zod, en vista de lo acontecido en esta sala… -No- así como los crímenes que usted ha cometido… -¡No, no!- este consejo os declara culpable de alta traición… -No…- condenado a sufrir el sonnelos... -Volveré… para cumplir con mi destino, cumpliré con mi obligación…-- Recuerdos… algunos son tan dolorosos que preferiría eliminarlos de mi mente, pero la venganza sin razón carece de sentido, antaño había jurado regresar para aplastarlos, pero ahora solo quería regresar para cumplir con mi voluntad, la revolución que yo mismo inicie en vida, ahora se aparecía ante mí como una simple nimiedad ¿Por qué conformarse? ¿Por qué si tan solo miraba por su bien, yo fui traicionado y sacrificado? Antaño no lo entendía. Eran débiles, enfermos, inútiles que no sabían dirigir una nación, idiotas que no podían ver más allá de sus narices. Zhakhesh, se suponía que jamás lo volvería a ver, pero cuando en mi intento de salvarla fallara, tan solo podía pensar en que todo había sido un fracaso y esa frustración, me cegó. Yo no aspiro a ser el simple dirigente de una nación. -¿Temes a la muerte?- Yo, los matare a todos, al final todos se arrodillaran ante el general Zod. -Dame mis armas y mi armadura, no te pertenecen.- Mi otro yo, no solo obedeció sino que fue él quien coloco la armadura, mientras mi convicción era absoluta, ahora lo había entendido, el miedo me atenazaba en este enfermizo lugar y me consumía, pero eso se acabo, pues gracias a todo este sufrimiento pude comprender, que cuando se avecina un gran cambio, se deben hacer enormes sacrificios.

-Necesitaras algo mas, antes de partir.- Entonces mi otro yo sé arranco del cuello un colgante, era una especie de amuleto, pero yo había olvidado largo tiempo atrás que era. -Sin él, no podrás salir de aquí y créeme, que no te conviene perderlo.- Con semblante serio y frio tome el collar, para inspeccionarlo. No suponía nada para mí en estos momentos, de hecho ni siquiera recordaba que tenia este collar o si se me había enterrado con el. -Una vez fuera, recuerda lo que has aprendido aquí y protege ese collar.- Entonces despojado de todas mis pertenencias, mi delirio se desvaneció, como si nunca hubiera existido, deshaciéndose como si hubiera estado hecho de arena, pero eso no fue lo que más llamo mi atención, lo que lo hizo fue que aquella mancha negra, ya no estaba en aquel lugar, ya no existía simplemente, se había desvanecido con él, tal vez aquella mancha, solo fuera el reflejo de mi propia voluntad, o simplemente siempre había sido un delirio.
Como muchas otras veces sucedió, mi armadura extendió la oscuridad y cuando esta se extendió del todo, nuevamente estaba en mi pequeño purgatorio personal, pero todo era muy distinto, ahora podía ver… el acero incandescente que me arrancaba los ojos, ahora se asemejaba a un hombre empuñando un cuchillo al rojo vivo, estaba rodeado de otros cuatro, todos ellos me eran desconocidos.
Una mujer portaba consigo una maquina de hilar, los mismos hilos que me atravesaban y me despellejaban y finalmente los gigantes, todos ellos habían sido los causantes de mi sufrimiento los últimos años que consigo recordar. Todos morirán. Todos sucumbirán.

De la oscuridad emergió un corcel, este era alto como un percherón, sin duda se notaba que era de esa rara por su aspecto. No obstante carecía de piel y su cráneo era visible, su pecho estaba abierto y se podía ver a través de este. No cuestione su aparición, pues se acerco a mi y empujo mi hombro con su morro, quien sabe quizás, el fiel corcel que tuviera en vida había decidido seguirme al otro mundo.
Mi mirada se cruzo con la del fuerte caballo, enseguida supe que el seria quien me llevara sin objeción, no podía explicar el porqué, simplemente el estaba aquí por alguna razón, como todos ellos, como yo he intuí que su propósito era sacarme de aquí, o eso creía yo.
Saldría de aquí, el mundo será mi recompensa y aquel que se interponga, sentirá el azote de Zod.


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Re: El despertar

Mensaje por General Zod el Jue Feb 06, 2014 6:42 am

Es ahora cuando me doy cuenta, que en el camino hacia la victoria, siempre iba a estar solo, tan solo yo podría salir de este lugar, aunque ahora hubiera descubierto un nuevo aliado, un corcel muy apropiado para este mundo sin duda, de aspecto cruel y esperaba que de la misma mentalidad que su aspecto. -Me ayudaras a salir de aquí… ¿no es así?- Como soldado, sabía que los animales no entendían nada mas que, las ordenes que les enseñaban, pero este corcel no parecía ni remotamente un animal domestico. Extendí mi mano hasta que esta, se poso en su cráneo justo encima de sus narices, la criatura me dejo hacerlo eso solo significaba una cosa. Este ser me tenía suficiente confianza, o aprecio como para permitirme cabalgarlo y eso me hizo sonreír. No entendía ni el cómo, ni el porqué esta criatura estaba aquí, pero esperaba que hubiese un buen motivo.
Sin pensármelo dos veces monte en su lomo, provisto ya de una silla de monta con un gusto exquisito me atrevía a decir. Dos calaveras adornaban ambos lados, la primera estaba debajo de la cruz de su lomo, era pequeña y sus ojos refulgían un tono verdoso. La segunda era más grande y estaba a la altura de la mitad del animal, justo debajo de la silla. Mire hacia atrás contemplando los obstáculos, que se interponían entre yo y mi destino, ahora, aquellos grotescos gigantes ni siquiera me parecían tan grandes.

-Creo… que te llamare Krank, es un buen nombre para ti.- Comente mientras desenvainaba la oscura espada, entonces espolee al macabro corcel y este se levanto sobre sus patas traseras relinchando como si hubiera salido del mismo infierno. Sus pezuñas parecieron prender fuego, sus ojos brillaban con fulgor y junto con sus gritos un cerúleo humo lo acompañaba. Cuando puso de nuevo sus patas delanteras en el suelo, estas provocaron un fuerte estruendo que hizo eco por todo el lugar, y como si fuera su disparo de salida el animal empezó a correr, acelerando a cada zancada que daba con sus fuertes patas. En mi rostro unos ojos de eufórica locura, estaban abiertos completamente, las venas estaba hinchadas confiriendo quizás una visión más aterradora de mi, pues una horrida sonrisa los acompañaba. La venganza, cuan necesaria acción. En este lugar fui humillado, destruido y torturado y al fin, después de tanto había llegado el momento de clamar venganza, rebanando a mis enemigos, degollando sus cuellos, viendo como caían desangrados, solo así cuando los viera sufrir, me daría por satisfecho.

El primero de ellos, el hombre que portaba el cuchillo, en apariencia era un hombre viejo, su cara estaba llena de arrugas y surcos, tenía un semblante escalofriante. Sus ojos eran grandes y expresivos. Tenía el cabello largo de color blanco, acompañado también de una larga barba, que llegaba hasta su cintura, esta estaba sin arreglar prácticamente a excepción de dos trenzas. Sus compañeros eran cuatro sujetos idénticos a él, pero eran más bajos de estatura y estaban desprovistos de arma alguna, aunque eso no me detendría.
Krank supo bien que hacer, mientras lo espoleaba con fiereza para que corriera tan rápido como pudiera, la intención era tan simple como tratar de embestirlos con toda la fuerza del equino, mientras que el acero de mi espada buscaría el cuello del anciano.
La criatura hizo el primer contacto, con toda la fuerza que pueda tener una criatura de sus proporciones, embistió al primero de los cuatro, provocándole una muerte instantánea. Las heridas de ese tipo no me eran desconocidas, su pecho se hundiría, rompiendo las costillas, astillando los huesos y perforando los pulmones, el corazón quedaría oprimido bajo todo el tejido desplazado y sus entrañas, en el mejor de los casos se habían rasgado y ahora mismo, inundaban su cuerpo con la sangre que derramaba, pero con la fuerza del impacto el frágil cuello de la víctima no lo resistió y se quebró, dejando su cabeza colgando únicamente por el tejido de la piel y los músculos.
Un segundo anciano trato de detenerme pero fue inútil, con una simple orden el animal volvió a subirse sobre sus patas traseras, solo que esta vez al caer tendría otro objetivo. La criatura sacudió sus patas y logro golpearlo en la cabeza, el hombre al ser golpeado, cayó al suelo a causa de la conmoción y antes de que pudiera darse cuenta, las fuertes pezuñas del animal cayeron sobre su cabeza, aplastándola y esparciendo sus sesos por el suelo.
Desmonte y con la espada, me tuve que defender de los otros dos, estaban desarmados y no suponían mayor problema para mí que un par de cortes. El primero fue a la altura del estomago. En cuanto el filo cortó carne, de inmediato empezaron a emerger las entrañas, embadurnadas de sangre. El morirá agónicamente intentando recolocarse los intestinos. El segundo corte fue a la altura del cuello, justo en la yugular, no trataba de decapitarlo ni mucho menos. Cuanta mas agonía sufriera más satisfecho me sentiría yo.

Estaba caminando hacia mi objetivo final, el anciano con el cuchillo incandescente, una amplia sonrisa de satisfacción acompañada de unos ojos encolerizados, se podía distinguir en mi rostro.
El anciano no parecía, estar muy preocupado pues su rostro no cambio, pero yo desde luego sí que iba a disfrutar con su muerte.
Me atacó, yo trate de bloquearle y acto seguido le lance un puñetazo, el cual impacto justo en su nariz rompiéndosela, eso lo confundió y no pudo reaccionar a tiempo, cuando mi espada se clavo en su pierna. El anciano se arrodillo dolorido, podían sentir dolor, que interesante.
Quería torturarle hasta haberme satisfecho, pero dudaba que mi tiempo para escapar fuera inagotable, no iba a esperar que todo fuera tan fácil, no, pero sí que podría divertirme sabiendo que morirá en agonía. Tomé el cuchillo incandescente que él había soltado, cuando le había herido en la pierna y con él, sin mostrar aprensión alguna le hice lo mismo, que me había hecho a mi durante todos esos años. Empecé a hundir aquel cuchillo en su ojo, pudiendo ver de primera mano lo que ocurría, su ojo empezaba a hervir formando burbujas en su globo ocular justo antes de empezar a derretirse, como una gelatina.
Sus gritos de dolor me eran reconfortantes, al tiempo que el acero se hundía más y más, hasta llegar al cerebro. Eso fue lo que lo mato y su cuerpo cayó al suelo, con el cuchillo clavado en su ojo derecho.

La siguiente víctima, con ella simplemente ni me moleste en utilizar mi nueva montura, pues parecía que aquella mujer, tan solo planeara herirme tras perder los ojos, tan doloroso era cuando me despellejaba que el simple hecho de recordarlo, hacia que mi cuerpo quisiera temblar. Pero ella no reaccionaba simplemente estaba ahí sentada, girando una rueca, hilando sin parar. En mi opinión, perfecto solo me facilitaría el trabajo. -Haz lo que tengas que hacer, pues mi cometido a llegado a su fin.- Dijo ella, no sé si simplemente quería mofarse de mí, pero no iba a rechazar esta oportunidad desde luego. -Como quieras.- Dije con frialdad, aun manteniendo aquella macabra sonrisa. La tome por la cabeza y con fuerza, la empuje contra la rueca, haciendo que la aguja entrar por su boca y se clavara en el paladar, su cuerpo empezaba a sufrir espasmos ante el daño ocasionado pero esto no iba a ser tan sencillo, no para ella. Lo que hice fue poner en marcha la rueca tire tan fuerte como para literalmente hacer que la parte superior de su boca, se partiera en dos. -Solo me faltan ellos.- Volví a subir sobre el corcel y nuevamente este empezó a tomar velocidad, cargando contra aquellos gigantes los cuales según yo me acercaba a ellos, estos iban menguando y menguando hasta alcanzar una estatura y aspectos humanos. Tal fue la rabia que sentí al volver a ver, a aquellos que me condenaron que proferí un rugido de furia, a estos no es que quisiera torturarlos o no, quería verlos muertos, cubiertos de sangre, viendo como su cuerpo se retuerce ante los espasmos nerviosos, tan solo verlos muertos por mi propia mano.
El primero fue el que antaño fuera el rey de la tierra negra, el rey Zhakheshiano un hombre, al que había jurado lealtad, al cual le había procurado innumerables victorias y que dejo que Zhakhesh cayera en la ruina. Su muerte fue rápida pero no indolora, junto con la inercia que traía del animal, con un golpe vertical de la espada, rasgue desde su cuello hasta su mentón eso, hizo que un gran chorro de sangre surgiera de la herida. Su cuello había sido seccionado en vertical, dejando la tráquea abierta por completo, la lengua caía por debajo de la mandíbula y su mentón se había roto.
Haciendo que el caballo girara rápidamente, pude asestar otro golpe fatal, con el que atravesé la cabeza del guardia, aquel perro que me obligo a ver como morían aquellos allegados a mí, mis camaradas… mis hermanos.
El juez recibió un corte en la yugular y se arrodillo, tratando de tapar la herida que no dejaba de sangrar.  Por último, quedo el traidor, el cual lejos de intentar defenderse empezó a correr gritando, supuse intentando escapar. Pero no lo conseguiría, no lo consiguió en vida y menos aun en mi muerte. El animal cabalgo con velocidad, hasta que lo alcanzamos y con un rápido movimiento, decapite al traidor por la nuca. Lo primero que debió sentir, sería como el acero cortaba su carne, para después notar que sus vertebras estaban siendo destrozadas. Por un pequeño instante, estaba seguro de que sufrió un dolor atroz.
La cabeza cayó al suelo y rodo por este, esparciendo sangre por el suelo mientras su cuerpo caía de bruces al suelo, fue entonces que una luz ilumino el lugar, un pequeño espacio luminoso en la oscuridad. -¡Arre!- Indique al animal, que se dirigiera hacia la luz, todos habían muerto y esa tenía que ser la salida, tenía que serlo…


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Re: El despertar

Mensaje por General Zod el Sáb Feb 08, 2014 1:59 am

Allí por donde camine, siempre se encontrara sangre, pues el rumbo que he tomado solo se puede completar cuando todos, se hayan sometido. Unos eligen creer en una falsa paz, creyendo que nunca finalizara, pero la guerra es eterna. Aunque unos vivan en paz, lejos se esta desarrollando una feroz batalla, donde la gente muere, los hombres y mujeres sufren, los hijos quedan huérfanos al amparo de una sociedad que los discriminara y encerrara, para venderlos a una familia que no los querrá. Este es un mundo cruel y solo, alguien más cruel puede gobernarlos. Los imperios luchan, los reyes se lucran del sufrimiento mientras, gente humilde que trabaja sin descanso, se ven obligados a luchar en su día a día, para que los máximos dirigentes se llenen los bolsillos y puedan vivir en paz. La paz no es más que otra mera ilusión, creada para que las personas se sientan menos amenazadas, pero este falso sentimiento no es eterno. Es fácil destruir la esperanza. Si matas a la familia y allegados de alguien, este enloquecerá, intentara matarte, o bien se suicidara, al fin y al cabo, todas las acciones que podamos hacer en nuestra vida, no significaran nada cuando la madre muerte, clame por nuestras almas. No importan los medios, solo importa completar tu objetivo, si alguien se interpone aplástalo, si alguien te humilla haz que lo pague con dolor y sufrimiento.

------

-¡Mas rápido!- Exclame mientras espoleaba al corcel, para que acelerase el paso, aquella luz era mi salida solo podía ser eso. Pues en este lugar nunca había habido una luz y como aquella mancha oscura en el lugar de blanco homogéneo, aquella luz no parecía moverse del sitio por mucho que corriese, aquella blanca esfera no parecía acercarse ni alejarse, simplemente parecía inalcanzable pero en mi convicción de que era la salida, tan solo podía esperar que no fuera otro delirio.
Según cabalgaba mas y mas, empecé a sentir una extraña sensación por todo mi cuerpo, no sabía identificar que era, mas se sentía como recordaba que era el frio, pero no puedo recordar cómo era la sensación que causaban las bajas temperaturas, ni el tacto con el hielo, ni siquiera con el agua, no recordaba si tenía sabor, ni como era su color o su olor, pero nuevamente iba a sentirlo. -Volveré… voy a regresar.- Me decía a mi mismo con convicción, no con palabras, pero en mi mente se repetía sin cesar, sin olvidar como había llegado hasta aquí y el porqué. Tan solo recordaba dolor y sufrimiento de mi vida, la cual se mezclaba con el dolor sufrido por las torturas de este infierno. No sabía cuánto tiempo había estado aquí, no sabía qué hora era, ni que día, ni que año, no, lo único que podía recordar del mundo era dolor y dolor es lo que traería con mi regreso.
De pronto sentí un agudo dolor, tal vez fuera aquella la sensación del frio que había olvidado, pero se parecía mucho a la sensación de arder ¿Por qué? Ahora que ya estaba tan cerca ¿Por qué no podía simplemente salir de este maldito lugar? Un rugido de furia emergió de mis fauces, mientras el caballo corría a cuanta velocidad le era posible.

Empecé a sentir el fuego en mi interior, tan real me parecía que sentía como si ardiera literalmente, incluso podía ver como de mis manos emergía humo, sentía mi rostro arder y mi vista poco a poco se iba nublando con el mismo humo, que veía emerger de mis manos. Dolor, indescriptible dolor, pero a pesar de él me aferre al caballo tan fuerte como era capaz, no iba a caer, saldría de aquí por mucho dolor que sufriera.

Aquella luz brillante, esta vez sí, cada vez estaba más cerca, eso me hacia preguntar el ¿Por qué ahora? Pero la situación no era apta para quedarme a averiguarlo, posiblemente esta sería la única oportunidad que tenia de salir de aquel maldito lugar. -¡Mas rápido!- Grite al animal, quería que fuera tan rápido como pudiera, de hecho ya lo estaba haciendo, pero era tal mi afán por dejar este lugar, que no importaba. Estaba furioso, no solo por los recuerdos, sino también por el sufrimiento que estaba padeciendo y ocurrió de pronto, que una luz verde me rodeo. Era fuego. Fuego que emitía llamas verdes y cuando este se hizo presente, el dolor fue aun más agudo. Sentía mi carne descomponerse poco a poco, tostándose como si alguien me hubiera echado en una sartén pero aun y con eso, la luz estaba cada vez más cerca y no me detendría por mucho dolor que sintiera.
Si alguien pudiera verme, lo que vería en mi lugar, sería un corcel envuelto en llamas, cargando un hombre ardiendo y gritando bajo su negra armadura, un hombre con la suficiente desesperación como para no soltarse del caballo aun sintiendo que la vida que le quedaba se iba a consumir con aquel destello verde que lo estaba consumiendo.
Perdí mis ojos, estos habían sido derretidos a causa del calor pero algo increíble sucedía ¡podía ver! A pesar de la carencia de mis ojos, podía vislumbrar que había frente a mí, podía ver la cabeza de mi caballo cabeceando al ritmo de su trote, corriendo tan rápido como sus piernas le permitían. Podía ver aquella luz en el aire cada vez mas y mas grande, eso fue lo suficientemente llamativo como para ignorar que junto a la carrera, piezas de mi carne se desprendían. Mi mano derecha prácticamente había desaparecido, se podían ver los huesos en ella, los tendones siendo carbonizados y deshaciéndose en el aire como ceniza, todo mi cuerpo estaba pasando por el mismo proceso, cuanto más me acercaba a aquella luz más intenso era el dolor y más intensas las llamas, pero al fin… alcance aquella luz, el caballo pareció que era lo que quería, alcanzarla a toda costa y para ello salto junto con un estruendoso relincho, acompañado por mis gritos de rabia y de dolor, después… todo volvió a oscurecer.


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Re: El despertar

Mensaje por General Zod el Lun Feb 10, 2014 1:40 am

La oscuridad restaura aquello que la luz no puede curar.

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¿Qué dictamina, que está bien o mal? ¿Por qué alguien, solo por ser más poderoso económicamente, que otros, se cree con derecho a decidir sobre las vidas de otros? Mi crimen, no fue más que la defensa de mi nación ante tales atrocidades y por ello, fui condenado al peor infierno que los Zhakheshianos podemos imaginar. La maldición eterna. Un castigo por siempre, condenado al sufrimiento eterno en la oscuridad que el mismo se había forjado. Pero yo no iba a quedar allí, jure regresar, prometí que volvería y todos sucumbirían, el estar allí solo me hizo convencerme aun mas, fui mutilado, torturado y despellejado por aquellos que me condenaron a ese infierno sin fin, pero con mi regreso no hallarían en mi el hombre que una vez fuera, sino que encontrarían a un monstruo, un monstruo con la crueldad necesaria para gobernar este impío mundo. Si el mundo es cruel, eso es porque solo se doblegara ante alguien más cruel que el.

-¡Rápido, más rápido!-  Alcance a gritar entre dolor y agonía, mientras el caballo se adentraba en aquella luz tan siniestra, que al fin había alcanzado, pero cuando esto sucedió, mi mundo se volvió oscuro nuevamente, pero tenía una extraña sensación, una sensación que no había sentido de verdad en muchos, muchos años.
Frio… tengo frio, yo debería estar muerto, pero recuerdo esa sensación, recuerdo que era sentir el frio.
Oigo un silbido, es como si el viento se colara por alguna grieta. Resulta espeluznante.
Puedo sentir algo… es duro, al tacto parece una roca maciza.
¿Dónde me hallaba? No sabría explicarlo, aquella roca estaba fría, prácticamente se sentía congelada. Extendí mi mano, tratando de hallar algo en la oscuridad y así fue, algo que también parecía roca choco en la oscuridad contra mi mano, así que utilice la otra mano para ayudar a levantar lo que fuera que tocaba, era pesado sin duda, pero tras un pequeño esfuerzo escuche un ruido hueco entonces, pude notar que aquella posible roca se desplazaba si yo la movía.  Era demasiado pesada como para que yo la levantara, no obstante no lo era para moverla y así lo hice. La empuje hasta que sentí que esta se esfumaba de mis manos para ser seguida de un estruendoso golpe, denotando que se había roto incluso a causa del golpe, pero ¿Dónde estoy? Me preguntaba.

Me incorporé, tratando de ver algo pero la oscuridad de este lugar era prácticamente total, apenas podía ver a unos dos metros de distancia, incluso menos prácticamente ni siquiera podía verme los pies.
Sentía un ligero dolor de cabeza, con lo que me lleve las manos al rostro, para tratar de con un masaje aliviar esa molesta sensación, pero cuando mi mano toco mi rostro no hallo piel que tocar, sino algo duro… un poco grumoso tal vez. Asustado aparte la mano de mi rostro y, empecé a buscar algo con lo que hacer un fuego para darme luz.
Me arrastre por el suelo, palpando, buscando algo. Al final me tuve que conformar con un poco de musgo seco, eso me serviría para lo que pretendía hacer.  Busque en mi cinto, la daga, con ella podría hacer chispas y seguramente lograría encender ese musgo. Así fue como lo conseguí, utilizando el filo de la daga contra el metal de la armadura, pude sacar chispas a causa de la fricción, estas cayeron sobre el seco material y este predio fuego bastante rápido, eso solo podía significar que tampoco tardaría mucho en extinguirse así que sin perder el tiempo, valiéndome de la luz que proyectaba, busque dentro de mi rango de visión que era de unos cinco metros, algo mas duradero. Tuve la suerte de ver una vieja antorcha tirada en el suelo, el aceite de estas no suele acabarse a menos que se utilice así que tras atraparla, trate de encenderla esperando que aun fuera funcional.

Una llama broto, ahora ya tenía una luz decente y de poco me fue soltarla, al ver donde me encontraba. Mi mano temblaba a causa de que una sensación de emoción me embargaba, poco a poco sentía una euforia que no sabría explicar. Recordaba este lugar, si, lo recordaba muy bien. Aquí fue fin, en este lugar fue donde morí, pero eso ya no importaba. -Yo… he… he regresado.- No podía creerlo, estaba aquí de nuevo así que en cuanto vi este lugar, tras mis palabras una macabra risa empezó a emerger de mi, una carcajada maligna, oscura y cargada de odio. -¡Os dije que volvería!- Tanto mi carcajada como esta exclamación, resonó con fuerza por todo el lugar produciendo un fuerte eco dentro de la cámara, no solo había escapado de aquel infierno, sino que nuevamente estaba vivo ¡vivo!
Este lugar que antaño fuera mi sepulcro, estaba hecho para aquellos criminales cuyos crímenes, se consideraban los más atroces de entre los Zhakheshianos. Mi tumba… se decía que estaba tan profunda bajo la tierra, que jamás la luz la alcanzaría y no mentían, pues la tumba en la que yací estaba perfectamente ubicada para que ninguna luz la bañara con su destello.

Di un paso hacia atrás, tenía la intención de darme la vuelta y marcharme de este lugar, pero al hacerlo sentí otra sensación ya olvidada, el contacto con el agua, porque podía jugar que estaba pisando agua. Quité el pie de ahí y me agache un poco, mientras enfocaba con la antorcha hacia aquel pequeño charco. Sentía curiosidad por ver mi aspecto, pues no era consciente del tiempo que llevaba aquí, solamente sabía que había regresado. Al verme, en primera instancia me quede paralizado, pues la imagen que veía ante mí, no era la recordaba de cómo solía ser, no, era mucho más macabra mi propia visión de lo que esperaba. No tenia carne, no tenia piel, solo huesos podía ver, pero cuando recobrara la compostura empecé a reír, a reír a carcajadas como un maniaco, no me importaba mi aspecto, de hecho si hubiera tenido rostro todavía lo que verían de mi seria una amplia sonrisa acompañada de un semblante oscuro y malicioso.
Tarde unas horas en hacerme a la idea, a pesar de la euforia inicial, ahora ya no sabía si considerarme humano, o que, sabía que era un no-muerto y por suerte para mí, no todo mi poder mágico se había desvanecido, aun podía sentir en mi algo de magia, mas era débil, muy débil en comparación a la que recordara. No obstante, esto era una segunda oportunidad, y desde luego que iba a aprovecharla.
Antes de salir, quise hacer una comprobación, pues si aun bien aun podía sentir algo de poder mágico en mi, era mejor asegurarse por completo de ello.
Como nigromante, podía sentir a los muertos, sin duda los fantasmas de este lugar, eran crueles, no me extrañaba que estuvieran aquí.
Me detuve frente a una de las tumbas, en ella había escrito: Linda Blaroff, asesina de niños; Esta tumba era una de las que estaba en la decimoquinta planta, no me llamaba demasiado la atención, pero me valdría como para probar mi magia, esperando que esta aun fuera funcional y no se hubiera desvanecido con el tiempo. -Tag der Toten.- Aun recordaba la pronunciación del conjuro. Sentí como la magia fluía por mis huesos, un siniestro humo verde, del mismo color que las llamas que me abrasaron en aquel lugar, me estaba embriagando con su presencia, entonces escuche golpes. La tumba se abrió y de ella emergió un esqueleto, no estaba en tan buen estado como yo, pero era prueba más que suficiente para mostrarme que aun quedaba magia en mí, no obstante por el momento su presencia no me era necesaria así, que anule el conjuro y el cuerpo cayó al suelo inerte haciéndose pedazos.
Tras haber comprobado que mi magia todavía era presente, decidí salir del sepulcro y grata sorpresa recibí al hacerlo, pues allí fuera, en la entrada estaba él, el caballo en el cual había cabalgado para escapar de aquel infierno y más me agrado el verlo, cuando vi que me reconocía y se acercaba a mi despacio con la cabeza agachada, hasta que pusiera su cráneo desnudo desprovisto de piel, bajo mi mano.

El sol se ponía, dejando frente a mí una hermosa visión del atardecer que daría paso a la oscura noche, yo estaba a lomos de mi fiel montura, contemplando todo un nuevo mundo dispuesto a recibir al ser más cruel que hubiera deseado tener. -Vamos Krank.- Di como orden al corcel, el cual empezó a caminar en dirección al sur, dirigido por mí. -No habrá piedad para nadie.- Y mientras marchaba hacia una nueva aventura, reí con plena satisfacción de estar nuevamente vivo.
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Re: El despertar

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