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Mensaje por Héredor Magnusson el Lun Mar 10, 2014 7:09 am



Sentado en una butaca de roble, perfectamente tallado con una jarra en la mano a medio beber, observa pensativamente el pergamino que dejó encima de la mesa de trabajo.

Recien volvía a la gloriosa Drunk’ Thrond echaba de menos el fulgor y el ruido de sus entrañas, el martilleo sin cesar, y el olor a cerveza, pase un tiempo en mi posada favorita bebiendo cerveza pequeña, pero acogedora, y con la mejor cerveza posible. Reencontrandome con viejos conocidos y contando pequeñas e insignificantes aventuras. Pequeñas, pues ansiaba que solo fuera el comienzo de sus aventuras.  
No era gran cosa, había estado en la colina de cristal, en Baruk`Grund y hasta llego a Zhak`Trûgond.  Maravillosa ciudad, un lugar interesante al que ir como discípulo de la magia rúnica.

Pero ya estaba de vuelta, por fin, y después de unos días de recuperación de descanso a volver a la querida forja, a pesar de que tenía empleados y familiares (que también eran empleados) que cuidaban del negocio, siempre estaba bien encargarse uno mismo de sus cosas. Además siempre había más clientes cuando Héredor estaba presente. De hecho un suceso bastante especial ocurrió esta misma mañana, y no hubiera sido posible de no estar presente.

Ser invitado a una competición, Héredor, estaba encantado, siempre dispuesto a demostrar lo que valía
-me canso de estar siempre a la sombra de los logros de mi abuelo, muchos clientes con comentarios absurdos de que es gracias a la sangre de mi abuelo que hago proezas, despreciando todo mi mérito y esfuerzo propio- murmuraba para si mismo mientras daba otro sorbo. -Pero pronto eso acabará-

Se levanta recoge el pergamino y vuelve a leer las condiciones del pedido. Entusiasmado y a la vez un poco decepcionado. Encantado haría una pieza con la mejor calidad y aspecto posible y encantado se enfrentará a otros herreros. Solo que hacer una pieza puramente decorativa, le frustraba un poco. Sus piezas de arte, no solo eran bellas. Si no que también tenían extrema calidad y resistencia, lo que era parte de su belleza. Pero hacer un pedido que no será lucido en los combates y en la batalla.

Bueno, al fin y al cabo es buena publicidad y así estará mas cerca de hacerse un nombre.

Deja otra vez el pergamino en la mesa de trabajo y vuelve al horno donde los materiales ya llevaban un tiempo calientes y ya estaban a punto.  Saca su tenaza y una pieza candente de acero, y comienza a martillar.

Estuvo un rato bueno con esa pieza, martillando con su herramienta, luego cambiando de herramienta a otra más pequeña, para mayor precisión, recalentando la pieza, y martillando más. Recalentando nuevamente, y volviendo otra vez con un cincel.  Templa la pieza en agua fríai, la deja en la mesa de trabajo, coge otro pedazo de acero al rojo vivo pero más pequeño y comienza a martillar.

No se sabe bien cuantas horas pasaron cuando comenzó, pero sin notarlo por estar concentrado, entró un enano, de aspecto más joven que Héredor.

-Disculpa maestro- así lo llamaban todos los herreros jóvenes que se iniciaban en el oficio, pues era sabido que Héredor, no tenía problema alguno en dar un par de consejos a nuevos herreros.

-Pasa Belfor- Héredor deja las herramientas en su lugar, se seca el sudor y el hollín de la cara, se quita el guante, y se acerca al joven enano.

-Aquí están las joyas, que me pidió- dijo entregando varias esmeraldas, unos cuantos rubíes, y más minerales y metales preciosos necesarios. -Le rebajaron el precio en la sala dorada y le mandaron saludos y respetos a su abuelo-

Otro favor que recibe por ser nieto de Aradun, era práctico si, pero no quería las cosas hechas, quería conseguirlas por mérito propio.

-Deja la factura, luego me pasaré a pagar lo que falta, no quiero la ayuda de esos peloteros-

El chico obedeció, se despidió educadamente y se retiró.


Para comprender bien el estilo del escudo, Héredor decidió antes de elaborar el casco, hacer el blasón al  completo.

El escudo era bastante normal en cuanto a forma, se trataba de un escudo normal, algo más alto, que ancho, la parte de abajo era un semicírculo, y la de arriba un rectángulo sin mayor cambio en la geometría del escudo.
El decorado del blasón era bueno, el escudo estaba dividido en tres partes. Un eje horizontal, que en la jerga de los blasones sería un cortado, que dividía el interior en dos. en la parte inferior había un castillo de dos torres encima de un esmalte sinople, que es como se llama al verde. Y la parte superior estaba dividida verticalmente en dos mitades, en los que se apreciaba en cada lado un dragón de color esmeralda y rojos ojos, de perfil, erguidos sobre sus patas traseras y mirando hacia arriba y hacia afuera, es decir en diagonal. Ambos sobre el color metalizado de plata.

Para aguantar el escudo tenía dos armas de asta, llamadas Espontones, de los que Héredor, hacía siglos que no forjaba, pues casi no se usaban en comparación con las alabardas. La diferencia radicaba en que la Moharra, o punta de la lanza, en forma de corazón, o de hoja.  En este caso, de hoja, y con dos falsaguardas, es decir, dos aletas que salen de la hoja.
Obviamente los espontones eran de decoración, y estaban recortados para que no desentonan con el resto del blasón, pues es sabido que un espontón puede llegar a los 2 metros sin problemas.

Héredor comenzó por el escudo, forjó uno de 50x60 centímetros, de acero, bien pulido, hizo las respectivas divisiones, y cubrió la superior con una capa de plata. Durante los momentos en los que dejaba descansar el escudo, se pondría con las moharras de los espontones, una vez acabada la forma de la hoja, comenzó a decorarla, la hoja estaba hecha con un acero menos brillante, para así poder pulirlo y decorarlo. Héredor pulio y trato formas en la hoja por ambas partes, eran tallos que giraban sobre sí mismos y en varias direcciones describiendo bonitos círculos y en algunas puntas florecían en una flor y en otros casos simplemente culminaban como hojas o las puntas de los tallos sin desarrollarse aún, daba una imagen de creciemiento a la vez de darle majestuosidad a la pieza. Luego también pulió y afiló las puntas con un acabado perfectamente recto que delimitará el filo de la decoración. Unió las moharras con unas astas de roble pulido y barnizados. Y los dejo aparte para seguir con su obra.  

Asi termino teniendo ambas piezas más o menos al mismo tiempo, solo que el escudo necesitaba más detalle. Para los dragones encrustro y tallo dos piezas de esmeralda, al detalle dejando ver dos dragones brillantes y detallados. Para los ojos, incrustó en la cara un rubí de buen calibre aunque pequeño, que brillara y llamará la atención, pero no tanto como para que le robará protagonismo a la esmeralda que componía el cuerpo del dragón. El castillo de dos torres era menos impresionante, simplemente lo talló en relieve en el acero. Añadio el color del esmalte. Coloco las piezas de espadón, que aguantan el escudo. Se alejo y admiro su trabajo. Era un blasón imponente, y a la vez bonito, mezclaba colores pintorescos y emblemáticos para su ciudad, con coraje y fuerza, que requería cualquier figura que comandaba tropas. Por tanto necesitaba de un yelmo que tenga esas características, que simule fuerza y represente la ciudad y su belleza.

Fabricó un yelmo pequeño de acero y bañado en bronce, uno que cubriera por delante solo hasta la comisura de la boca y que dejaba a la vista la cara como si de un antifaz se tratara, aunque al revés, pues la forma del antifaz era la que dejaba al aire libre, tenía dos puntas circulares como dos hojas en la comisura de la boca a cada lado. y luego se retiraba hasta las orejas dejando también por fuera la mandíbula. A niveles prácticos, no era muy útil, pero un exceso de metal frontal no era bueno para la decoración, que era lo que importaba al fin y al cabo. Sin embargo la parte superior de la cara estaba alargada hacia delante y hacia abajo dando cierto cobijo a la cara.

De la punta redondeada superior, brotaba una línea que rodeaba la geometría del “antifaz” que tenía el yelmo, como las cejas sobre los ojos.  Llegando a cerrarse en la parte que se encuentra por encima del tabique nasal y haciendo una figura simétrica. Ahí donde se cerraban las líneas de ambos lados, Héredor introdujo unas piezas de hierro cónicas, como púas. Se trataba de tres púas metálicas, dispuestas una encima de la otra desde encima de la nariz, y siendo una más grande que la anterior (siendo la más pequeña la inferior).

Horas habían pasado, al yelmo le había añadido tonalidades verdes y algún que otro baño con polvo de esmeralda (es decir esmeraldas trituradas) Héredor, ya visualizaba su obra acabada y comenzaba a sonreír… aun le faltaba el toque maestro y el detalle que había pensado. Pero lo dejo por el dia. Guardo el yelmo casi acabado, y se fue a tomar unas cervezas, no sin antes avisar a su ayudante, de que disponga lo necesario para llevar el blasón a donde ha de ser valorado, y que mande un mensajero diciendo de que espera una generosa contribución, por su obra, pues estaba seguro que sus competidores poco podrían hacer.

Después de litros y litros de cerveza y unas buenas horas de sueño, Héredor se encontraba en la forja cuando el ayudante llegó.
-Maestro, todo esta listo para el traslado-
Héredor estaba sentado, bebiendo cerveza. y el yelmo ya estaba situado encima del blasón. El yelmo tenía las mismas decoraciones de tallos creciendo en círculos esparciéndose en todas las direcciones, pero sin flores esta vez. Solo tallos y algunas hojas, las hojas tenían tonalidades verdes por el polvo de esmeraldas, y algún que otro tallo también.

Pero lo más novedoso que tenía eran unas piezas de acero que salían de la parte superior del casco y de cada lado que se doblaban hacia atrás como si fueran cuernos, y que tenían unas láminas pequeñas de metal, simulando el tejido de las alas de los murciélagos. Esto en conjunto a los pinchos que tenía en la parte frontal, y que la forma de antifaz del casco tenía en la parte frontal que además era alargado, cual hocico se tratara, simulaban una especie de cabeza de dragón. Las orejas que parecían alas de dragón, las púas y la forma de casco que recordaban un poco a un hocico más las tonalidades verdosas.
Era lo que buscaba, un yelmo pintoresco y emblemático que representa la fuerza y el valor que el blasón simboliza.
-Vayamos a por nuestra recompensa joven Belfor- Héredor se levanto mirando al chico.

Ahora solo faltaba cobrar.
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La Herrería Rúnica de Héredor

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Mensaje por Alice Lydell el Lun Mar 10, 2014 5:06 pm

Oh!!! Qué bonito Blasón!!

Egoístamente me alegro de haberte asignado éste Hijra; espero que lo hayas disfrutado.


On:
El marqués quedó encantado con el Blasón y el yelmo; lo pagó de buena gana y con una gran sonrisa en el rostro diciendo que este mismo iría a su colección privada y que lo colocaría en la pared de su propia habitación.

Sin embargo, quedaste en segundo lugar. Pero esto no es motivo para desanimarse.
El vencedor, fue el bien conocido y viejo Rindalf.

Si bien Rindalf no presentó un trabajo tan engalanado, pues omitió los adornos con piedras preciosas, su trabajo fue por mucho más impresionante.

El famoso enano de la forja, llegó acompañado de su séquito de trabajadores y jalando sobre una carreta con un par de toros. Rindalf presentó el Escudo montado sobre un modelo de tamaño real de un humano. Este modelo, cabe mencionar, vestía una poderosa y elegante armadura con motivos dragonescos. El escudo, totalmente utilitario esra tan grande como un escudo de torre, y el yelmo que vestía la armadura también lo era.

Sin duda, el acierto de Rindalf fue fabricar un blasón y yelmos enormes, hermosos y utilitarios.


Off:


Hijra aceptada; aprovecho éste tema para solicitar tu color!!

saludos!!


That´s what I said!
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